Cultura material del socialismo cubano: 1961-1989.

Documental sobre los carnavales de La Habana y sus reinas de belleza.

Tapa de un pomo de esmalte para uñas

Tapa de un pomo de esmalte para uñas. Hecho en Cuba. 1980s. Colección Cuba Material.

De los esmaltes para uñas —pintura de uña le decíamos— que se comercializaron en la Cuba de la Guerra Fría, solo recuerdo dos diseños de envase y ningún nombre comercial: un frasco pequeño, más ancho que alto, de tapa plástica alargada de estilo art deco, que también servía de brocha, y un pomito de aspecto ordinario, más alto que el primero y con tapa en forma de cilindro, también con brocha incorporada. No tengo que decir cuál me gustaba más.

En casa, mi mamá, mi hermana y yo nos pintábamos poco las uñas, aunque de vez en cuando mi mamá se arreglaba, ella misma, las suyas. Yo, que por entonces las llevaba largas, no tanto por vanidad como por vagancia y falta de cultura de salón de belleza —nunca fui a la peluquería a arreglarme las manos ni supe que mi mamá o mi abuela lo hicieran—, me las pinté pocas veces.

Pintarse las uñas en la Cuba de los años ochenta era todo un proyecto. En casa no habrían más de diez pomos de esmalte para uñas, y en casa de mi abuela muchos menos. Una vez escogido el color, había que mezclar bien la emulsión para unir sus componentes, que tendían a separarse en estado de reposo —para ayudar en la tarea, algunos envases tenían una pequeña esfera de metal adentro, que sonaba como una campanilla cuando se batía—. Tras comprobar que no quedaban trazos de emulsión perlada o transparente en la mezcla, podía entonces uno aplicarse la pintura o barniz, como mínimo en dos tandas o capas, espaciadas con cinco minutos de intermedio en los que había que esperar pacientemente a que la primera mano de esmalte se secara. Tras repetir el procedimiento una segunda vez, los siguientes minutos debían invertirse en soplar las uñas recién pintadas para asegurar que el esmalte se secara bien, no fuera a estropearse.

Quitarse la pintura, al cabo de los días, era otro proyecto. El quitaesmaltes que se vendía en Cuba tenía elevadas concentraciones de acetona —no sé si, incluso, se vendía bajo ese nombre— y no siempre se encontraba en las tiendas. Podía suceder que las mujeres usaran acetona pura, comprada de contrabando o conseguida a través de algún trabajador industrial con acceso a esta sustancia. Por otra parte, el algodón, que solo se vendía en rollos etiquetados como «algodón quirúrgico«, podía también a veces escasear. Una vez que no teníamos algodón en casa, tomé un blúmer viejo de poliéster para quitarme la pintura. Me enrollé el dedo con la tela y lo introduje en la botellita de acetona —exactamente igual a la de los siropes medicinales, los laxantes, la leche de magnesia y otros medicamentos, e incluso la resina líquida—, pero en cuanto la tela entró en contacto con la sustancia química se deshizo en mi dedo. El producto era tan fuerte que diluyó la fibra sintética con la que estaba confeccionado el blúmer.

A veces, los pomos de esmalte de uñas se lavaban y se guardaban para usarlos con cualquier otra sustancia, una vez agotado el contenido de estos. Mi abuelo solía reutilizarlos para aplicar goma de pegar líquida o tintura de yodo, que solía utilizar para cualquier irritación de la piel.

Pastillas para limpiar el inodoro WC Mat

Pastillas para limpiar el inodoro WC Mat. Hecha en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

Los productos que limpian y desinfectan el inodoro de manera automática apenas se conocen en la Cuba de hoy. En la de la Guerra Fría, sin embargo, se comercializaron durante los ochentas, al menos en La Habana. Sin competencia de fabricantes o de marcas, sin una oferta estable, y muy probablemente con muy poca demanda, en las tiendas del mercado paralelo local alguna que otra vez se vendieron WC mats. Importados de Alemania del Este, donde los producía la empresa estatal VEB Polymer Pößneck, con sede en la ciudad de Poessneck, en el estado de Turingia, deben haberse producido específicamente para el mercado cubano, a juzgar por las instrucciones del envase en español. O quizás se exportaban también a otros países del mundo hispanohablante.

Pastillas para limpiar el inodoro WC Mat

Pastillas para limpiar el inodoro WC Mat. Hecha en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

Pastillas para limpiar el inodoro WC Mat

Pastillas para limpiar el inodoro WC Mat. Hecha en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

Pastillas para limpiar el inodoro WC Mat

Pastillas para limpiar el inodoro WC Mat. Hecha en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

Papel para envolver regalos

Papel para envolver regalos. Colección Cuba Material.

En una de las gavetas de su escaparate, mi abuela guardaba la lista donde había anotado los regalos que recibió cuando se casó, en 1945, quizás 46. Tenía dos copias, una manuscrita y otra mecanografiada, ambas detallando los objetos y dinero recibido junto al nombre de la persona o familia que se los obsequió, a quienes luego envió una linda nota de agradecimiento. Cuando mis padres se casaron, en 1972, no hicieron lista de regalos y dudo que hubieran enviado postales de agradecimiento, difíciles de imprimir entonces e inconcebibles cuando me casé yo, en el año 2002 (como regalo de bodas solo recibí un juego de copas de cristal Lalique, sin envolver, que me envió un médico, compañero de mi abuelo desde los tiempos de la universidad, un perfume artesanal hecho en la Habana Vieja, posiblemente también sin envolver, y un dibujo a lápiz de una calle de La Habana).

El socialismo cubano también transformó la cantidad, forma, frecuencia y tipo de regalos. A partir de 1959 se regaló menos, se regaló mal, y la calidad y el diseño del papel con que se envolvieron los regalos disminuyeron mucho. Hasta los ochentas, sin embargo, me dice mi mamá, en las principales tiendas por departamentos de La Habana podía encontrarse un departamento «de regalos» donde, además de ofrecer el servicio de envolver la mercancía sí así lo prefería el cliente, podían comprarse pliegos de papel para envolver regalos, en algunos casos con diseños de estética soviética. Siempre que se recibía un regalo bien envuelto, no obstante, se abría con mucho cuidado para no romper el papel de la envoltura y poder volver a utilizarlo.

Con los papeles para envolver regalos que mis abuelos conservaron durante las últimas décadas, Cuba Material les desea a todos un feliz 2019.

Papel para envolver regalos

Papel para envolver regalos. Colección Cuba Material.

Papel para envolver regalos

Papel para envolver regalos. Colección Cuba Material.

Papel para envolver regalos

Papel para envolver regalos. Colección Cuba Material.

Papel para envolver regalos

Papel para envolver regalos. Colección Cuba Material.

Papel para envolver regalos

Papel para envolver regalos. Colección Cuba Material.

Papel para envolver regalos

Papel para envolver regalos. Colección Cuba Material.

Papel para envolver regalos

Papel para envolver regalos. Colección Cuba Material.

Papel para envolver regalos

Papel para envolver regalos. Colección Cuba Material.

máquina de afeitar eléctrica Kharkov
Máquina de afeitar eléctrica Kharkov

Máquina de afeitar eléctrica Kharkov. Colección Cuba Material. Regalo de Mirta Suquet.

Del libro Designed in the USSR: 1950-1989 (Phaidon, 2018), el colectivo de Russia Beyond seleccionó 10 objetos de consumo que, en su opinión, tuvieron un gran impacto en la formación de la identidad socialista de posguerra. El cuarto objeto listado es la máquina de afeitar eléctrica Kharkov:

If you’ve ever watched the ultra-popular Soviet movie, Irony of Fate, you might remember when the main character, Nadia, gifts her boyfriend a razor for New Year’s, (“the latest model,” she says). This isn’t the same exact one, but such a device was a luxury because most men at this time still shaved the old fashioned way – with brush and razor. This particular item was produced in 1966 at the Kharkov Electrical Equipment Factory.

En la mucho más improductiva y atrasada economía cubana, las máquinas de afeitar Kharkov, de las que se vendieron varios modelos posiblemente ya desde los setentas y hasta la caída del comunismo en la Unión Soviética, eran también un objeto o regalo de lujo. Las tres máquinas que ilustran esta entrada pertenecieron, las dos primeras a un profesor de matemáticas de nivel medio superior, de la provincia de Pinar del Río, y la tercera a un técnico de la Empresa Eléctrica de la Ciudad de la Habana que con frecuencia viajaba a los países de Europa del Este.

máquina de afeitar eléctrica Kharkov

Máquina de afeitar eléctrica Kharkov-25. Regalo de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

Máquina de afeitar eléctrica Kharkov

Máquina de afeitar eléctrica Kharkov. Colección Cuba Material.

Perfume Esencia de rosas

Perfume Esencia de rosas. Hecho en Bulgaria. Regalo de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

Los perfumes búlgaros Esencia de rosas eran bastante cotizados en la Cuba de los ochentas. Cuando a mi hermana le regalaron uno, estando ya en el preuniversitario, quise uno para mí, pero jamás lo tuve. Alguna que otra vez cuando abrí su gaveta tomé el lindo pomo de perfume de mi hermana para abrir el estuche de madera y sacar el pequeño tubo de cristal que contenía la fragancia.

Perfume Esencia de rosas

Perfume Esencia de rosas. Hecho en Bulgaria. Regalo de Marial Iglesias. Colección Cuba Material.

Perfume Esencia de rosas

Perfume Esencia de rosas. Hecho en Bulgaria. Regalo de Marial Iglesias. Colección Cuba Material.

Silla diseñada por Gonzalo Córdoba
Silla diseñada por Gonzalo Córdoba

Silla diseñada por Gonzalo Córdoba.

En Cubarte: Diseñar, crear… creer:

Como dos figuras singulares, diferentes, aisladas, únicas, raras para algunos, se alzan Gonzalo Córdoba y María Victoria Caignet en el panorama de la cultura cubana de los últimos 20 años, dado su entusiasmo y pasión –al parecer inagotables pese a acercarse ya a las 8 décadas de vida—por desarrollar en nuestro país un diseño industrial acorde con los materiales locales existentes, las condiciones climáticas, la racionalidad económica, el sentido de lo bello y la expresión de códigos y valores de una isla en cuyo destino se entrecruzan culturas provenientes de diversas regiones del mundo.
Por esas y otras razones se decidió otorgarles . . . el Premio Nacional de Diseño en su primera edición, otorgado por la Oficina Nacional de Diseño por la obra de toda una vida, a quienes han laborado juntos ininterrumpidamente desde 1959 en diversas empresas cubanas, comenzando por aquel Taller de Diseño de Interiores y Muebles de la Comisión de Proyectos Turísticos, en la entonces Junta Central de Planificación, hasta la Empresa de Producciones Varias (EMPROVA). Resulta sorprendente conocer que ambos realizaron más de 6 mil diseños para ser producidos por empresas tales como la textilera Ariguanabo y el Combinado del Vidrio, y un sinnúmero de pequeños talleres en los que tenían como norma que todos los materiales debían ser nacionales: maderas, textiles, pieles, tejidos de fibras, mármol, metal, y cuando se trataba de diseñar el interior de espacios públicos u oficinas, incluir siempre obras de artistas cubanos de la plástica, consagrados o jóvenes talentos.

La cubanidad contemporánea de los ambientes fue orientación permanente en todos los proyectos que participaron ya fueran hoteles, hospitales, casas de gobierno, viviendas, restaurantes, casas de protocolo, pabellones para ferias y exposiciones, escuelas, círculos infantiles, lo que extendían hasta el vestuario de los trabajadores que debían tomar parte de estas actividades, según lo expresado por ambos cada vez que le preguntaban acerca de sus puntos de vista. En más de una ocasión arremetieron contra todo tipo de lujo (dado lo artificioso del concepto) apoyándose en aquella observación de José Martí sobre “el lujo venenoso es enemigo de la libertad, pudre el hombre liviano y abre la puerta al extranjero…” pues su máxima, la divisa insobornable que sustenta su trabajo fue siempre, y es, la defensa de nuestro diseño… y creer en lo nuestro y crear lo nuestro.

Durante las décadas de los 60 y 70, Gonzalo y María Victoria formaron parte de numerosos proyectos y exposiciones en los que parecía cobrar fuerza la idea de un diseño nuestro, local, “tercermundista”, apropiado a las circunstancias locales y que estableciera los vínculos necesarios con la escena artística internacional, con la cultura occidental a la cual pertenecemos. En esos años se debatía intensamente acerca del valor del diseño en la calidad de vida de la sociedad cubana, de su más que importante papel en la sustitución de importaciones (para el ahorro de divisas) como posible renglón de exportaciones, así como lo concerniente a su significación en la escala de valores culturales, morales, ideológicos y políticos.

Recuerdo la creación de la Escuela de Diseño Industrial e Informacional, adscrita al Ministerio de la Industria Ligera, a fines de los 60, dotada de un magnífico equipo de profesores y dos importantes graduaciones; la visita a Cuba de Tomás Maldonado (Director de la Escuela de Ulm, heredera de la mítica Bauhaus), Gui Bonsiepe, Yuri Soloviev, Armand Mattelart; la creación de varias oficinas de diseño industrial (en especial la del Instituto Cubano de Investigaciones y Orientación de la Demanda Interna), contribuyendo al desarrollo del diseño de objetos en sus diversas escalas pues los planes de construcción a lo largo del país se multiplicaban y exigían, en consecuencia, respuestas a las crecientes demandas de mobiliario, iluminación y ambientación en general.

Por primera vez se debatía el concepto de diseño ambiental, defendido inteligentemente tantas veces por el arq. Fernando Salinas (quien al ser nombrado Director de Artes Plásticas en el naciente Ministerio de Cultura, 1976, no vaciló en cambiar el nombre de su oficina por el de Dirección de Artes Plásticas y Diseño) mediante artículos, ensayos, coloquios, seminarios, eventos. Ya desde entonces, y mucho antes, Gonzalo y María Victoria tenían muy claros la profundidad de dicho concepto, su alcance e integralidad, su inserción en las distintas esferas de la vida cotidiana, por lo que se sintieron como peces en el agua en medio de aquel clima cultural vivificador. Para ellos resultaba vital la plena conciencia del fenómeno pues veían en él un modo eficaz de superar la dependencia y el subdesarrollo despiadados que hace menos libres a nuestras naciones no solo en lo económico sino también en lo ideológico y cultural.

La práctica concreta de ambos resultó un modelo de rigor y análisis, de sencillez y de tener los pies en la tierra pues nunca cedieron a los cantos de sirena del lujo y la importación salvo cuando un objeto solicitado rebasaba las capacidades tecnológicas existentes en el país: su labor fue descolonizadora en muchos aspectos. Aunque trabajaron siempre “hacia adentro” de los espacios en busca de la belleza y el rigor funcional de los mismos, influyeron también en el “hacia fuera” ya que los arquitectos con los que laboraban reconocían de inmediato sus cualidades humanas y profesionales (en especial Antonio Quintana y también Raúl González Romero, Mario Girona, Galván, Josefina Rebellón, entre otros) quienes tomaban en cuenta sus observaciones para mejorar, en resumidas cuentas, el proyecto global en que se encontraban. Gonzalo y María Victoria “no caían en paracaídas”, como se dice vulgarmente, luego de la obra concluida, con el fin de “adornar” lo bien o mal diseñado, sino actuaban desde el inicio a la par de arquitectos y otros técnicos.

¿Cuando comenzó todo? Conversando con Gonzalo en medio de su última exposición con María Victoria, a propósito del Premio Nacional de Diseño (Diseñar, diseñar, diseñar, en el Centro de Prensa Internacional, La Habana, mayo 2004) y ante mi asombro de ver una silla diseñada por él en 1950, me confesó que fue el pintor Mariano Rodríguez quien lo estimuló a decidirse por esta especialidad, luego de visitarlo varias veces en una tienda de venta de muebles importados que Gonzalo administraba en la calle Calzada de El Vedado: “tu tienes mano para diseñar objetos y no importar más ninguno”, le dijo un día sobresaltado… En la exposición pude ver una de esas famosas sillas, nombrada Jaialai (por su similitud con las raquetas del deporte vasco), de cabilla redonda y junquillo, conservada intacta por más de 50 años.

De 1950 a 1958, una vez lanzado de lleno al diseño industrial, Gonzalo es llamado a diseñar el interior de importantes espacios de recreación: las cafeterías Wakamba, Kimboo, Karabalí, el bar La Zorra y el Cuervo, el Miramar Yacht Club, en La Habana, el Hotel Internacional en Varadero, y otros más que muchos recordamos por su coherencia, comodidad, “estilo” (una palabra muy en desuso), elegancia, frescura…en fin, personalidad que nos remitía a valores y códigos de ciertas zonas de la cultura cubana y caribeña aún cuando no pudiésemos determinar con claridad la pertenencia de esos rasgos en el diseño.

A partir de 1959 se une a María Victoria para compartir juntos nuevas aventuras y proyectos de interiores desde la JUCEPLAN y el MiCons, especialmente el complejo turístico Guamá, al sur de Matanzas, los hospitales Naval (La Habana) y Lenin (Holguín), salones de recepción, lobbys y oficinas en el Palacio de la Revolución, de las que emergen los diseños de la butaca Guamá y la mesa Isla, ambas de 1959. Durante el cuatrienio 1967-1971 su actividad internacional es grande pues significa el comienzo de una serie de participaciones en los Salones del Mueble de París y de Milán (considerada esta la meca del diseño de mobiliario) y exhibiciones en el Museo Liljab de Estocolmo, la sede de la FAO en Roma y el diseño interior de las Embajadas de Cuba en Checoslovaquia, Dinamarca, Suecia, Mongolia, Austria. Siguiendo la línea de objetos nuevos, crean las sillas MiCons, PR y PC en 1965, cuyos modelos se muestran en la exposición de este mayo del 2004.

En 1967 conocen a Setph Simon, cuya Galería en París no tenía muy buenas perspectivas a pesar de contar entre sus diseñadores y artistas a Noguchi, pero de inmediato se arriesga a exhibir objetos de los diseñadores cubanos, en madera y mármol, recién llegados a Francia. Para sorpresa de todos, aumenta la clientela y las ventas y la motivación a continuar trabajando juntos durante varios años, lo que significó para ellos, modestamente, su introducción en ciertas zonas del mercado europeo. Entre 1972 y 1973 experimentan con telas en sus diseños para cortinas, manteles, doyles, camisas y hasta en luminarias de estructura de madera. De esta época nace su famosa vajilla Pescadora (paltos, portavasos, bandejas, cubiertos) en maderas preciosas y dos años adelante María Victoria emprende por su lado una nueva vajilla, esta vez en vidrio. Ya ambos habían lanzado las butacas Flora y Adria en 1974 y un conjunto de banquetas, con lo cual queda en evidencia su tenacidad y persistencia. Sorprende la variedad de soluciones que ambos enfrentan, lo mismo para ambientes domésticos y masivos (siempre en busca de la máxima eficacia y ahorro de materiales) que para ambientes de carácter privado o selectivo. No discriminan ingenio y talento entre unos y otros. Para ellos la divisa es la misma: creer en lo nuestro, crear lo nuestro.

Las exposiciones se multiplicaron a partir de 1979 en la Galería Habana hasta la última en 1991, Diseño amigo, en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, antes de esta que ahora comento a propósito del Premio.

Sin dudas, por lo que han sido mayormente conocidos es por su labor en la EMPROVA a partir de 1974, bajo el estímulo constante de Celia Sánchez Manduley, quien vio en ellos la garantía de impulsar un diseño cubano desde su origen hasta su recepción. Será bien difícil, cada vez que se nombre dicha empresa, no recordarla a ella (ya fallecida) y a ambos, aún hoy todavía en activo a pesar de su retiro oficial. Córdoba se encuentra enfrascado en la remodelación del complejo turístico Guamá, y María Victoria dedicada al diseño de tapices textiles en su casa, lo cual es un buen síntoma para quien pueda albergar dudas sobre las capacidades intelectuales y físicas de ambos.

Su labor de diseño, comenzada en el campo del mobiliario y que durante las décadas del 80 y 90 continuó produciendo modelos únicos como las sillas JG (1985), Queta, Matías y Luigi (1990) y la butaca MV (1987), se ha extendido a otros campos entre los que hallamos el desarrollo de textiles (en hilaza de algodón y fibra de henequén, por ejemplo), estampados, vidrio y soplado, la madera, el mármol y los metales (para objetos de escritorio), luminarias… porque su interés, en resumidas cuentas, es el ambiente, los espacios en los que el hombre vive y trabaja, sueña y reflexiona, goza y duerme.

Nada humano es ajeno a la actividad de diseño desde finales del siglo xix cuando se planteó la desaparición de las diferencias entre artes mayores y menores, y se luchó por dotar de significación cultural al universo de los objetos que rodean al hombre a pesar de que, en gran parte del siglo XX, una gigantesca ola de banalización y frivolidad (imbuida más por el espíritu de “embellecer” los productos) marcó esta actividad en determinados sectores del consumo y la industria dependientes (en especial en los países en vías de desarrollo) que preferían, y prefieren, importar antes que diseñar y creer en sus propias capacidades.

Entre el consumo desenfrenado (sobre todo si es de productos extranjeros) y el estímulo a lo local se ha movido una vasta zona de la teoría y la praxis de la actividad de diseño en nuestras regiones económicamente menos desarrolladas aunque exista hoy una mayor conciencia acerca de la estetización de la vida cotidiana y el diseño ambiental como disciplina rectora del mejoramiento de nuestros espacios.

Solo en el mundo moderno algunos países escandinavos han logrado superar tales obstáculos, barreras o dicotomías, luego de desarrollar sus propias escuelas y profesionales, anticipándose así a modelos que hoy podemos considerar válidos aunque respondan específicamente a sus realidades materiales y espirituales, bien distintas a las nuestras. En ellos el diseño ha alcanzado una importancia histórica y un enorme prestigio como actividad de altos valores culturales y espirituales: Gonzalo Córdova y María Victoria Caignet han asumido, desde el principio de sus carreras, esta rica herencia y se han apropiado de sus expresiones tanto como del impulso que esta disciplina cobró en los años iniciales de la revolución de Octubre de 1917 cuando un notable grupo de creadores (arquitectos, artistas, escritores, dramaturgos, cineastas) decidieron transformar el antiguo orden prevaleciente en la gigantesca geografía de la entonces Unión Soviética.

Herederos de ambas experiencias históricas, del know how norteamericano y del savoir faire francés, vertieron todo su talento y capacidad en la olla cubana (ya de por sí un verdadero ajiaco, al decir de Fernando Ortiz, donde se mezclan diversos componentes culturales de varias partes del mundo) para producir un conjunto notable de objetos en los que puede sentirse también, y con particular fuerza, el todo mezclado guilleneano. Claro que no partieron de la nada, ni de inspiraciones divinas, pues nadie puede hacerlo ya desde que el Renacimiento divulgó la apropiación del legado clásico greco-latino para transformar en lo adelante (hacia todo el mundo moderno y contemporáneo) las viejas nociones de pureza y originalidad que tantos inútiles dolores de cabeza han causado.

Por esos sus creaciones resultan vivas, familiares, a tono con las circunstancias de la vida, por muy difíciles que estas sean. No encontraremos en sus diseños nada disparatado, snob, frívolo, antiguo, absurdo, tonto, inútil, imposible de realizar. Son diseños de aquí y de ahora, afincados en nuestra realidad, expresión de lo mejor de una cultura artística que bebe de lo académico y popular a la vez, que se nutre de las fuentes en cualquier lugar del mundo, sean del Lejano Oriente o de Jamaica, a 70 millas de distancia. De ahí su espíritu democrático y universal, su respuesta, anticipada ya desde la década del 60, a los intentos de una globalización que amenaza con borrar nuestras diferencias y nuestras conquistas.

Por eso cobra tanta fuerza la divisa del trabajo de estos dos premiados, con toda justicia, diseñadores: creer en lo nuestro, crear lo nuestro.

Muebles y vajilla diseñados por Gonzalo Córdoba y María Victoria Caignet

Muebles y vajilla diseñados por Gonzalo Córdoba y María Victoria Caignet.

Vajilla diseñada por Gonzalo Córdoba y María Victoria Caignet

Vajilla diseñada por Gonzalo Córdoba y María Victoria Caignet.

Paquete de café molido (y mezclado con chícharos) comercializado en el mercado normado
Paquete de café molido (y mezclado con chícharos) comercializado en el mercado normado

Paquete de café molido (y mezclado con chícharos) comercializado en el mercado normado. 1990s. Foto cortesía de Mónica López.

El café que por siglos han bebido los cubanos, de un tiempo a esta parte en pequeños tragos azucarados y fuertes, quizás para tapar un poco el sabor a chícharo molido con que se mezcla, se comercializó a partir de la era socialista en pequeños sobres de nylon transparente. No sé si alguna vez tuvieron marca comercial y diseño, pero sí creo recordar que venían en dos tamaños (asumo que de 4 y 8 onzas respectivamente), según las cuotas establecidas por las OFICODAs (Oficinas para el Control de Abastecimientos). Estas garantizaban (en teoría al menos), en el año 2017, 225 gramos de café al mes por persona, según el documento El mercado de la distribución de productos de consumo en Cuba Julio 2017.

Bolsa de nylon de una tienda por departamentos de Praga
Bolsa de nylon de una tienda por departamentos de Praga

Bolsa de nylon de una tienda por departamentos de Praga. 1984. Colección Cuba Material.

Si bien en los ochentas en Cuba cualquier bolsa (jabita) de nylon era codiciada, reutilizada infinidad de veces y preservada casi para la eternidad (sépase que había poquísimas), las «de afuera», incluso si se trataba de las de los países socialistas, representaban el colmo de la buena fortuna y distinción. Desde mitad de la década guardé, hasta hoy (aunque en realidad hace casi treinta años que dejó de interesarme), una bolsa de nylon que mi tío Feli había traído de Checoslovaquia, en la que, supongo, nos habría dado algún regalo. No era más linda que las de las tiendas Intur, pienso ahora, pero así me parecía entonces, y tenía además un nylon mucho más resistente y unas pestañas en la boca de la bolsa que te permitían cerrarla con un maravilloso click, por lo que la veía como un híbrido entre cartera y bolsa comercial.

Sin embargo, el papel de envolver de las tiendas por departamentos checoslovacas sí se parece bastante a los de los establecimientos comerciales cubanos del mercado paralelo. Aun así, mi abuela también guardó el que mi tío traía de sus viajes, y cualquier otro que tuviera un diseño impreso.

Papel comercial para envolver con el logotipo de una tienda por departamentos de Praga y algunas de las marcas en venta

Papel comercial para envolver, de una tienda por departamentos de Praga. 1980s. Colección Cuba Material.

Printomal de Sarrió

Envoltura comercial española. Printomal de Sarrió. Colección Cuba Material.

libreta de racionamiento de productos de vestir
libreta de racionamiento de productos de vestir

Libreta de racionamiento de productos de vestir. Mujer. 1970s. Colección Cuba Material.

En 1963, el gobierno cubano extendió a las prendas de vestir y el calzado el sistema de racionamiento que ya existía para una serie de productos comestibles. Parece ser que, en un inicio, los productos se adquirían mediante cupones que distribuían los centros de trabajo y los Comités de Defensa de la Revolución (CDRs), en los casos de aquellas personas que no estaban vinculadas a la vida laboral. Ya a finales de los sesentas, según cuenta la escritora estadounidense Margaret Randall, quien vivió en Cuba durante más de una década, existía la libreta de racionamiento y los consumidores, al menos en La Habana, se encontraban divididos en grupos. Identificados por letras (creo haber visto hasta la I), el gobierno (a través de las autoridades de comercio interior) había asignado a cada grupo una serie de días para comprar.

Recuerdo en más de una ocasión haber escuchado a mi madre y a mi abuela comentar que «les tocaba comprar», y muchas veces las acompañé a las tiendas, en La Habana, como solían llamarle al distrito comercial que, en realidad, quedaba en Centro Habana. Y como era una niña y no tenía ni idea de que existía un mercado libre, todo me parecía perfectamente normal. Tampoco sabía que muchas de las cosas que mi mamá compraba en las tiendas del mercado racionado las adquiría porque tenía una amiga que trabajaba de dependiente en una de las tiendas y le facilitaba muchísimos productos (incluso metros de tela) sin pedirle siquiera el cupón de la libreta que la autorizaba a adquirir solamente determinada cantidad.

Libreta de racionamiento de productos de vestir. Hombres. 1970s. Colección Cuba Material.

Libreta de racionamiento de productos industriales. 1991. Colección Cuba Material.

libreta de racionamiento para adquirir la canastilla prenatal

Libreta de racionamiento para adquirir la canastilla prenatal. 1973. Colección Cuba Material.

En Julio Díaz Acosta, “Consumo y distribución normada de alimentos y otros bienes.” Pp. 333-62 in Cincuenta años de la economía cubana, edited by Omar E. Pérez Villanueva. Havana: Ciencias Sociales, 2010:

Vale distinguir que clasificaban como productos amparados en cupones anuales o semestrales, aquellos como calzado, prendas de vestir, confecciones, ropa interior, artículos de punto, etcétera, u otros objetos de uso duradero. En tanto, los agrupados en casillas comprendían a variantes que se le ofrecían al comprador, ya fueran artículos de mercería, quincalla, perfumería, etcétera, y que podían, en ocasiones, intercambiarse varias casillas por un objeto determinado o tener alternativas entre géneros. (p.345)

En Carmelo Mesa-Lago, Cuba in the 1970s: Pragmatism and Institutionalization, revised edition. Albuquerque: University of New Mexico Press, 1978:

The new rationing booklet distributed in the second half of 1973 remained unchanged as far as food was concerned, but introduced significant modifications in manufactured goods. Many of the latter were freed from rationing (“liberados”) and could be bought even when travelling to the interior; among them: film, still and motion-picture cameras, projectors, record players, parts for bicycle and kitchen appliances, coffee sets and crystal cups, silver wedding rings, stationary, plastic shoes and slippers, deodorants, and some cosmetics and perfumes (including brands with such exotic names as “Red Moscow” and “Bulgarian Rose”). A number of goods were put on limited distribution. Two or three times a year each consumer has the option to one or more of the following: toothbrushes, handkerchiefs, socks and stockings, underwear, slacks, pajamas, rubber shoes, raincoats, swimsuits, threads, cream cleansers, pots and pans, irons, meat grinders, hoses, and selected furniture. Hotel and vacation resorts were provided with convenient, freed goods such as swimsuits, lifesavers, sunglasses, cosmetics, and stationary. Some twenty manufactured goods remained strictly rationed such as pants, shirts, dresses, skirts, blouses, leather shoes, and fabrics. To facilitate buying, each member of the family received a booklet allowing direct purchases, certain goods (such as toys at Christmas time) were to be sold by appointment to avoid long queues, and specialized stores (e.g., for infants) were opened. (p. 43)

En i-friedegg:

La tarjeta de “productos industriales”, conocida popularmente como “la libreta de la tienda”, era la variante de la cartilla para el calzar, el vestir y adquirir productos para el hogar, no comestibles. Ésta, fue tan o más severa que la de la comida, y también se fue devorando a sí misma. Para 1973 cambió su diseño de casillas a uno más comprensivo de cupones a tirar que ofrecía la compra a través de la disyuntiva. Adquirías con el cupón número tal una camiseta o un pote de pulimento para muebles, y con otro un destornillador o una dulcera de cristal. La gente la bautizó como María La O. Y las combinaciones eran tan alucinantes que parecían escapadas de “El Maestro y Margarita” de Bulgákov.

Al principio se podía comprar cualquier día. Después esta tarjeta fue subdividida en “grupos de compra” identificados con letras y números (A1, A2, A3, A4; B1, B2…), de manera que había que acudir a las tiendas exclusivamente de acuerdo con un calendario que disponía un ventana de tiempo para comprar aquello con lo que se tenía la fortuna de coincidir durante el día que le tocaba a cada quien, según su grupo.

Esta libreta igualmente tenía su glosario de palabras oficiales como “básico” y “no básico” y “dirigido” para el caso de los juguetes; además de producto “adicional” y “convoyado”, éste último un engendro satánico de mercado en que el consumidor para llevarse a casa algo que podría usar —como un cepillo para el cabello— tenía que pagar también por un guante de soldador (como ha relatado el periodista y escritor Andrés Reynaldo que le pasó a su madre).

***

El 3 de marzo de 1969 se comenzaron a distribuir en La Habana los cupones del Plan San Germán para la distribución de productos industriales. Las familias habaneras dispusieron hasta el 6 de marzo para recoger sus cupones. El plan dividía los consumidores en grupos, a los que se les asignaba días específicos para comprar. El día 10 de marzo se inauguró el Plan en La Habana con el grupo uno de consumidores. Ya para entonces había sido introducido en el resto del país. El 10 de febrero el periódico Granma declaró que se habían entregado 122,718 libretas de racionamiento.

Papel de envolver de La moderna poesía
Papel de envolver

Papel de envolver. 1980s. Colección Cuba Material.

La práctica ocasional de envolver algunos de los artículos industriales o de ferretería que los comercios cubanos vendían a los clientes allá por los años ochentas también requería, además de cartuchos, de papel para envolver, por lo general de textura y apariencia similares a las del papel kraft, adornado con algún diseño kitsch. Una excepción, por la calidad de su papel y diseño, es el papel de envolver diseñado para La moderna poesía –histórica librería que se encuentra en la esquina de las calles Obispo y Bernaza, en el extremo sur del boulevard de Obispo– tras su remodelación en 1983.

Siendo tan feos los envoltorios cubanos y tan escasos los papeles para envolver regalos, muchas personas reciclaron estas feas envolturas como papel de regalo.

Papel de envolver de La moderna poesía

Papel de envolver de La moderna poesía. Colección Cuba Material.

Sobre de papel cartucho
Sobre de papel cartucho

Sobre comercial de papel cartucho. Tempranos años ochentas. Reutilizado para guardar fotografías en 1985. Colección Cuba Material.

Antes de la caída del muro de Berlín, los consumidores cubanos recibían muchas de las mercancías que adquirían en los comercios, tanto del mercado racionado como del paralelo o libre, en cartuchos o bolsas de papel. La industria papelera cubana las producía de todos los tamaños. Las había chiquitas, donde se envasaban las medicinas que se vendían en las farmacias, los espejuelos comprados en las ópticas o reparados en los establecimientos dedicados a ello, los sellos que los coleccionistas adquirían en las tiendas por departamentos, las fotos reveladas en los estudios fotográficos e, incluso, el salario devengado cada mes.

Había también cartuchos un poquito más grande, donde los bodegueros envasaban pequeñas cuotas de arroz, azúcar  y otros alimentos distribuidos a granel, a los que les doblaban la boca con un pliegue que parecía más bien un nudo. Y había cartuchos de un papel más fino y de tamaños diversos, en los que las dependientes de las tiendas envolvían los productos industriales y la ropa que los consumidores adquirían, muchas veces luego de haber entregado el cupón habilitado para ello en la libreta de racionamiento. Cuando comprabas la camisa o el módulo de uniforme escolar que te tocaba ese año, por ejemplo, te los llevabas a casa envueltos en un cartucho que tenía estampado algún diseño, por lo general bastante kitsch, cuando no se trataba de un texto o ilustración alegórica a algún evento (político) reciente –por ejemplo, el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes o el Vuelo Espacial Conjunto URSS-Cuba. Por último, algunas tiendas –y cuando digo algunas solo me viene a la mente el mercado Centro, en Centro Habana– envasaban la compra en bolsas de papel de tamaño bastante grande y material resistente.

Todos esos cartuchos serían hoy, si los hubiera, un lujo desde la perspectiva de cualquier consumidor cubano, pero se nos hacían bastante feos entonces, sobre todo cuando los comparábamos con los cartuchos o envolturas de la época prerrevolucionaria con los que, a veces, uno podía tropezarse o descubrir de pronto en una gaveta o closet, o con las jabas de nylon que el resto del mundo (y las tiendas cubanas para turistas o técnicos extranjeros) habían comenzado a usar ya en los ochentas.

Sobre para espejuelos graduados

Sobre de papel cartucho con datos sobre espejuelos graduados. 1980s. Colección Cuba Material.

Sobre de pastillas de tetraciclina

Sobre de papel cartucho para pídoras de tetraciclina. 1978. Colección Cuba Material.

Sobre de papel cartucho con datos sobre la reparación de relojes

Sobre de papel cartucho con datos sobre la reparación de relojes. 1981 Colección Cuba Material.

Sobre de papel de la librería Imprenta Nacional, nacionalizada

Sobre de papel de la librería Imprenta Nacional, nacionalizada. Tempranos años sesentas. Colección Cuba Material.

Bolsa de papel cartucho del supermercado Centro

Bolsa de papel cartucho del supermercado Centro. Años ochentas. Colección Cuba Material.

Sobre de papel cartucho que promociona el Vuelo Espacial Conjunto Soviético-Cubano

Sobre de papel cartucho que promociona el Vuelo Espacial Conjunto Soviético-Cubano. 1980. Años ochentas. Colección Cuba Material.

Fragmento de un sobre de papel cartucho con diseño que promociona el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes Cuba '78

Fragmento de un sobre de papel cartucho con diseño que promociona el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes Cuba ’78. Colección Cuba Material.

Sobre de papel cartucho

Sobre de papel cartucho. Años ochentas. Colección Cuba Material.

Sobre de papel cartucho

Sobre de papel cartucho. Años ochentas. Colección Cuba Material.

Sobre de papel cartucho con formulario oficial sobre salario devengado

Sobre de papel cartucho con formulario oficial sobre salario devengado. 1980s. Colección Cuba Material.

Jaba de nylon de las Tiendas Intur
Jaba de nylon de las Tiendas Intur

Jaba de nylon de las Tiendas Intur. 1980s. Colección Cuba Material.

Durante los años ochentas, las jabas de nylon eran objeto de colección. Tanto las tiendas del mercado racionado como las del mercado paralelo envolvían los productos a la venta en cartuchos de papel. Estos no eran precisamente feos, pero así lucían cuando los comparábamos con las escasísimas –inaccesibles para la mayoría– jabas de nylon. Y es que estas últimas eran el sello distintivo del comercio en moneda convertible (más bien, convertida) –chavitos que fueron cambiados por dólares estadounidenses, rublos, cheques de viajero o, a fines de los ochentas, oro, plata y piedras preciosas– al que solo tenían acceso los turistas, los técnicos extranjeros, la comunidad exiliada y, sí, a finales de los ochentas, quienes tenían oro o plata que venderle al gobierno a cambio de unos pocos bienes de consumo de la industria capitalista, comercializados a precios exorbitantes.

Por muchos años coleccioné una pequeñísima jabita de nylon de las Tiendas Intur, como mismo mi abuela había guardado por décadas unas ediciones en miniatura de un diccionario del idioma español, en dos tomos, y alguna que otra novelita. Pero más codiciadas aun eran las jabas de nylon de tiendas extranjeras, por el viaje al exterior que connotaban, privilegio al que muy pocos cubanos pudieron aspirar (no ya llegar a realizar). Pero a ellas les dedicaré otro post.

Jaba de nylon de las Tecnitiendas

Jaba de nylon de las Tecnitiendas. 1980s. Colección Cuba Material.

Jaba de nylon de las tiendas de Cubalse

Jaba de nylon de las tiendas de Cubalse. 1980s (¿?). Colección Cuba Material.

Jaba de nylon de las Tiendas Intur

Jaba de nylon de las Tiendas Intur. 1980s. Colección Cuba Material.

Cámara de fotos Kiev 4A.
Manual de instrucciones de la cámara Kiev-6C TTL

Manual de instrucciones de la cámara Kiev-6C TTL. Colección Cuba Material.

A mi abuelo siempre le gustó tomar fotos. En muchas fotos familiares a partir de los años cuarenta se le ve con una cámara al cuello. Para entretener su hobby, compró muchas cámaras e implementos de fotografía. Con ellas nos hizo a mi hermana y mi nuestras primeras fotos, y casi todas las tantísimas que hoy dan cuenta de parte de nuestra infancia y juventud en Cuba. Cuando murió el año pasado, a los cien años, aun conservaba algunas cámaras en la gaveta de su cómoda y en su antiguo «cuarto oscuro», a pesar de que hacía muchos años que se había alejado de la fotografía. Entre sus equipos, encontré esta cámara Kiev, modelo 4A, que compró en 1967. Más tarde, parece que en el año 1982, compró por poco más de 200 pesos una cámara Kiev 6C TTL, pero esa no la he visto y de sus documentos apenas conservo el manual del usuario y el recibo de compra.

Cámara de fotos Kiev 4A.

Cámara de fotos Kiev 4A. 1966. Comprada en Cuba en 1967. Propiedad de Leopoldo Arús Gálvez. Colección Cuba Material.

Manual del usuario de la cámara de fotos Kiev 4A

Manual del usuario de la cámara de fotos Kiev 4A. Colección Cuba Material.

Manual técnico de la cámara de fotos Kiev 4A

Manual técnico de la cámara de fotos Kiev 4A. Colección Cuba Material.

Etiqueta con especificaciones sobre la cámara de fotos Kiev 4A

Etiqueta con especificaciones sobre la cámara de fotos Kiev 4A. 1967. Colección Cuba Material.

Recibo de compra de la cámara de fotos Kiev C6

Recibo de compra de la cámara de fotos Kiev C6. 1982. Colección Cuba Material.

Tarjeta de garantía de la cámara de fotos Kiev 4A

Tarjeta de garantía de la cámara de fotos Kiev 4A. 1967. Colección Cuba Material.

Tarjeta para las reparaciones de cámaras fotográficas

Tarjeta para las reparaciones de cámaras fotográficas, entregada con la compra de una cámara de fotos Kiev 4A. 1967. Colección Cuba Material.

Manual de la cámara Kiev 6-C TTL, comprada  en Cuba en 1982. Precio: 202 pesos.

Manual de la cámara Kiev 4 y 4A y certificado de compra.

Constitución de la República de Cuba.
Constitución de la República de Cuba.

Constitución de la República de Cuba vigente desde el 10 de octubre de 1940. Editada en 1947 por la Editorial Minerva. Colección Cuba Material.

Tengo a mano los textos impresos de las Constituciones que entraron en vigor en Cuba en 1946 y 1976 respectivamente. De ambas circulan varias ediciones, por lo que este comentario es parcial y limitado, pero llama la atención, cuando se comparan, las diferencias en la iconografía y diseño de las portadas de ambos documentos, sobre todo la ausencia, en el segundo, de los símbolos del republicanismo, en particular la alegoría de la República de Cuba. En el primero de estos textos, impreso en 1947 —a menos de un año de haber entrado en vigor la nueva Carta Maga— por la editorial habanera Minerva, especializada en libros para la enseñanza, adorna la portada una representación pictórica de dicha alegoría, inspirada esta en la de la República francesa y, como aquella, ataviada con el gorro frigio de la libertad y portadora de una lanza y, en este caso, un escudo. En el texto de 1976, sin embargo, impreso también a escasos tres meses de aprobada la constitución que legitimó el socialismo de estado, la alegoría republicana ya no aparece. El documento no tiene más adorno que el fondo rojo que identifica el comunismo mundial.

En el blog Alegoría cubana, Dany Mazorra comenta, sobre la portada del texto de la primera constitución cubana, aprobada en 1901, que:

Las imágenes de estos primeros años son triunfalistas e ídilicas. Las portadas alegóricas estaban encaminadas a reafirmar la convicción de que eramos un país moderno, merecedor de la libertad  en los primeros años del siglo XX.

En 1976 la república queda reducida, en la portada de la nueva Constitución, a un nombre, restringido por un montón de «tesis y resoluciones».

Constitución de la República de Cuba.

Constitución de la República de Cuba vigente desde el 24 de febrero de 1976. Editada por el Departamento de Orientación revolucionaria del Comité Central del PCC. 1976. Colección Cuba Material.

Sigue el debate en torno al nuevo Proyecto de Constitución de la República de Cuba en el blog La Cosa.

Envase de desodorante
Envase de desodorante

Envase de desodorante. 1980s. Colección Cuba Material.

Así les decíamos en los ochenta a los desodorantes sólidos de barra. La industria socialista producía solo un tipo, sin marca comercial, por lo que no había manera de llamarlos mas que por su nombre genérico y su forma, quizás para evitar confusiones con el desodorante líquido que bajo la marca Desodoral también se vendía en frascos de cristal, exactamente iguales a los de los jarabes médicos. El desodorante sólido de barra, o desodorante de tubito, era sin embargo el más usado.

Durante uno de los años en que asistí al Palacio de Pioneros, cerca del Parque Lenin, matriculé en el círculo de interés Perfumería y Cosméticos, en el pabellón de la Industria Ligera. Apadrinado por la Empresa de Perfumería y Cosméticos Suchel, allí aprendimos a hacer, entre otras cosas, desodorante de tubito. Su fabricación requería de pocos ingredientes, entre ellos, además de alcohol, sosa cáustica, que endurecía la preparación. Debía agregarse con cuidado para no precipitar la mezcla o endurecerla demasiado, como nos sucedió más de una vez. Guardé por años la libreta donde anoté las fórmulas del desodorante, de jabones y creyones de labios, hasta que un día, en los noventa, decidí botarla cuando por fin tuve la certeza de que nunca podría volver a fabricarlos, lo que además ya no me interesaba.

Los recuerdo siempre de color azul, con mucho olor a alcohol. El uso volvía romos los bordes de la barra, y cuando esta se dejaba sin tapa se arrugaba y cuarteaba, como un cutis viejo. Una vez agotado el contenido, el plástico de las tapas del envase servía para sustituir los topes traseros de los aretes cuando estos se perdían, y el tubo se usaba como rolo para amoldar el pelo.

Argolla para cortina de baño
Argolla para cortina de baño

Argolla para cortina de baño. Colección Cuba Material.

El baño del apartamento Pastorita donde vivía con mis padres y mi bisabuela, tenía azulejos rosados y piezas sanitarias de cerámica blanca. Cuando mi bisabuela se mudó para allí, recién inaugurado, tenía calentador y, por tanto, los herrajes de la ducha y del lavamanos tenían instalación para agua caliente. Cuando nací, sin embargo —o poco después, porque así es como siempre lo he recordado—, ya por esas tuberías no circulaba más que aire. Me acostumbré a que la llave izquierda de la ducha no servía para nada (la derecha se utilizaba poco, pues muchas veces cuando ponían el agua no llegaba con fuerza para subir hasta la regadera de la ducha), como tampoco servían las del lado izquierdo del lavamanos y del fregadero.

Nuestra ducha hacía un rectángulo en un extremo del baño y tenía el tubo para la cortina empotrado en las paredes de los lados. No sé si tuvimos más de una cortina de baño, pero solo recuerdo una de color rosado y dibujos en blanco que se deshizo en pedazos, manchada de moho, al paso de los años. Cuando era niña, sin embargo, aún era una cortina nueva y colgaba de unas argollas con forma de caballito de mar. Luego, cuando no quedó más remedio que botar la cortina, los caballitos de mar continuaron colgando de la barra de aluminio hasta que, ya con dólares, durante el Período Especial, pudimos al fin comprar una cortina nueva que, esta vez, venía con sus ganchos. Entonces, mi mamá guardó los caballitos de mar para cuando los volviera a necesitar.

Teléfono de disco TA-68
Teléfono de disco TA-68

Teléfono de disco TA-68, fabricado en la URSS. 1978. Colección Cuba Material.

En 1958 en Cuba había un teléfono por cada 28 habitantes. En 1960, cuando el gobierno nacionalizó la Cuban Telephone Company (CTC), existían 2,17 aparatos telefónicos por cada cien habitantes, lo que ubicaba a Cuba en el cuarto lugar del ranking latinoamericano y el 46vo. en el raking mundial en cuanto a esta tecnología. Desde entonces, en muchos hogares coexistieron los sobrios teléfonos norteamericanos que había instalado la CTC, por lo general de color negro, con los escandalosos y livianos teléfonos fabricados en la URSS, generalmente de color rojo y de fabricación posterior —data de los setenta.

En casa de mis abuelos había, en el comedor, un teléfono Kellogg norteamericano, sólido y pesado, en torno a cuyo disco estaban inscritas, al lado de cada número del dial, tres (o dos) letras del abecedario, pues antiguamente los números telefónicos locales se escribían con una letra inicial seguida por una corta serie numérica. En la consulta de mi abuelo, en el otro extremo de la casa, había encontrado cambio, desde los ochenta, un moderno teléfono rojo de fabricación soviética. Por el manual del usuario (escrito en ruso con apenas el nombre en ingles y francés, además de este idioma), me entero de que se trata del modelo TA-68, fabricado en 1978.

Leo también en el libro Designed in the USSR 1950-1989 que existía un modelo similar al teléfono rojo de mis abuelos, un poco más ancho, diseñado especialmente para el Kremlin. Se trata del STA-2, y su disco de marcado estaba adornado por el escudo de la URSS. Este teléfono estaba protegido, además, contra escuchas y cualquier otra interferencia, gracias a un revestimiento interior a base de grafito.

Según Foresight Cuba:

La primera conversación telefónica en castellano se realiza en La Habana, en octubre de 1877 . Alexander Bell patenta el teléfono 7 meses después con los aparatos usados en La Habana en el año 1878. El primer servicio telefónico fue inaugurado en la Habana el 6 de marzo de 1882. En el 1899 había 1500 teléfonos en La Habana. El 18 de julio de 1909, (Durante La Segunda Ocupación Norteamericana) se le concedieron los derechos de explotación a la Cuban Telephone Company, la cual instaló una central automática por primera vez en la historia. En este año había ya 4077 teléfonos instalados. Muchos de ellos servían como medio de comunicación entre los centrales azucareros.

En 1994, cuando la compañía estatal de teléfonos de Cuba se convirtió en ETECSA luego de asociarse con una empresa de telecomunicaciones italiana, regresaron a Cuba los modelos Kellogg, esta vez de la serie 500. Para entonces, el resto del mundo había evolucionado a la tecnología digital. ETECSA logró aumentar diez veces la cantidad de teléfonos fijos en la isla, dice hicuba.com, ascendiendo esta en 2017 a cerca de 16 aparatos por cada cien habitantes, según mis cálculos. Según estas cifras, antes de ETECSA, tras treinta años de economía socialista, Cuba habría incrementado la tenencia de teléfonos de 2,17 a cerca de apenas seis aparatos por cada cien habitantes.

Teléfono de disco TA-68

Teléfono de disco TA-68, fabricado en la URSS. Manual del usuario. 1978. Colección Cuba Material.

Recibo de compra en la cadena de tiendas conocidas como "casas del oro y la plata".
Recibo de compra en la cadena de tiendas conocidas como "casas del oro y la plata".

Recibo de compra en la cadena de tiendas conocidas como «casas del oro y la plata». 1988. Colección Cuba Material.

Cubaencuentro: La gran estafa del oro y la plata:

Cuando en marzo de 2005 comenzaron a distribuir las ollas arroceras en algunos lugares del interior de la Isla, salió por el noticiero una señora anónima que, después de dar gracias al Comandante por su regalo, dijo: “Esto no se ve en ningún lugar del mundo.” Tenía, qué duda cabe, razón esa ingenua mujer que posiblemente no había estado nunca ni siquiera en La Habana: cosas así no se ven en otro lugar, salvo en los libros que recogen las asombrosas historias de otros caballeros “biencomúnhechores” como Stalin, Mao y Kim Il Sung, señores absolutos de países donde el estado ha pasado de ser el legítimo monopolio de la violencia que dijera Weber a monopolio de todas las cosas, incluidas las personas.

Reveladora evidencia del poder del estado totalitario en la Cuba de Castro fue otra de esas cosas que ciertamente no se ven en ningún otro lugar del mundo: aquella estafa gigantesca que se conoció popularmente como “la Casa del Oro y la Plata”. Quienes vivieron en la Isla a fines de los ochenta seguramente lo recordarán: el estado “compraba” objetos valiosos –joyas de oro, plata y bronce, copas de bacarat, piezas de mármol, lámparas antiguas– en una moneda creada ad hoc con la que podían adquirirse, en tiendas especiales habilitadas para la ocasión, ropa, comida y electrodomésticos que brillaban por su ausencia en las tiendas ordinarias.

Como es de rigor en un auténtico monopolio, los precios de estas mercancías eran mucho mayores que los que alcanzaban más allá de la durísima “cortina de hierro” que ha sido el mar para nosotros, así como era menos lo que el estado ofrecía a cambio de los objetos de valor. No era aquella, en rigor, una operación de compra y venta según las reglas de un libre mercado, sino una suerte de regreso a las prácticas feudales usadas en tiempos de la República por algunos propietarios de centrales que pagaban a los trabajadores con bonos que únicamente servían para comprar en sus propias tiendas. Solo que ahora el señor no era el gran terrateniente, a menudo extranjero y absentista, sino el estado socialista, y los siervos todos los ciudadanos del país.

Fue con semejante “transacción” que el estado socialista completó el despojo de la burguesía cubana iniciado en los primeros años de la Revolución. Si con la Ofensiva Revolucionaria de 1968 las nacionalizaciones habían alcanzando a los pequeños comercios, ahora, dos décadas después, se llegaba hasta el interior de las casas y las alcobas, ya no con la violencia de la expropiación forzosa sino mediante un recurso al individualismo consumista que tan satanizado había sido en los años de radicalismo comunista. Al abrir aquella abusiva posibilidad de acceso a un mundo que hasta entonces solo se dejaba entrever en las maletas llenas de “pacotilla” de los visitantes de la “comunidad”, en las de los marineros que podían comprar en los puertos de países capitalistas o a través del cristal oscuro de alguna “diplotienda” reservada a los privilegiados de la nomenklatura, el estado consiguió apoderarse de muebles y objetos personales que habían sobrevivido a las sucesivas nacionalizaciones socialistas del patrimonio burgués.

Era tanta la tentación y la necesidad que, en la disyuntiva entre el reloj de oro de la abuela, el propio anillo de bodas o la lámpara que siempre estuvo en la sala de la casa, por un lado, y por el otro un televisor en colores, un pantalón nevado o un short reversible, muchos no dudaron en optar por las mercancías, aun a sabiendas de que sus pertenencias valían más de lo que el estado pagaba por ellas. Y no faltaron quienes se entregaron a una suerte de “fiebre del oro” que no buscaba ya, como la histórica de los conquistadores españoles, en los territorios vírgenes del Nuevo Mundo, sino dentro de las antiguas máquinas de coser Singer -que contenían, según se decía, cierta pieza de metal valioso-, y, utilizando detectores del precioso elemento, bajo los suelos de lugares donde se sospechaba pudiera haber algo escondido.

Una cosa está clara, más allá de la anécdota: la Casa del Oro y la Plata marcó el triunfo definitivo de la moda y la frivolidad sobre la austeridad y la uniformidad socialista. Como es de esperar en un contexto tan provinciano como el de toda dictadura comunista, proliferó entonces el mal gusto y la ostentación hortera dentro y fuera de las casas. El entorno urbano se llenó de jeans nevados y prelavados mientas las sesiones fotográficas de las celebraciones de quince tuvieron su gran espaldarazo. Convertidos de la noche a la mañana en “nuevos ricos”, muchos de los afortunados que poseían abundancia de oro y plata para vender compraron unas lámparas ornamentales cuyos fláccidos filamentos, una vez conectado el equipo a la corriente, se estiraban, encendían y coloreaban mientras se oía una musiquita cursilona y el brillante penacho giraba. No era raro encontrar aquellos artefactos, símbolos de un status recién adquirido, en la sala de alguna casona antigua y despintada, cerca de un ventilador Órbita y de un viejo “frigidaire”.

La entrada de aquellos productos “capitalistas” en un entorno doméstico donde los objetos procedentes del campo socialista convivían con los de antes de la revolución conformó ese curioso “estilo sin estilo” que caracteriza los interiores de las casas cubanas de los últimos años, en los que la pintoresca confluencia de objetos de diferentes épocas y orígenes, fotografiada en no pocos de los catálogos sobre La Habana que se publican en Europa, produce a menudo un gracioso efecto surrealista o barroco que en ningún caso deberíamos estetizar, pues esa “simultaneidad de lo no simultáneo” no es sino otra evidencia del lamentable subdesarrollo en que nos ha hundido la dictadura de Castro.

Aun otra reflexión cabe hacer a propósito de aquella controlada implementación estatal del consumismo después de tantos años de forzosa austeridad y racionamientos sin cuento. Si, como señala Agnes Heller, el capitalismo no existe más que en el discurso oficial de los países comunistas que lo maldice con la constancia de un ritual, ese aspecto conceptual persistía de alguna forma en la súbita concreción de la Casa del Oro y la Plata. Algo de simbólico o de abstracto poseían las baratijas en aquella Habana posterior a la llegada del Sputnik y anterior a la caída del muro de Berlín: no se compraba sólo unos zapatos de marca o un televisor en color no soviético, sino también un pedazo de un mundo que, más allá del desahogo inmediato de las muchas estrecheces, aparecía investido de los valores de lo lejano y lo prodigioso.

Muy a contrapelo de la doctrina y de la propaganda, de la escuela y los discursos, el sistema que prometiendo el reino de la libertad no había hecho más que engrosar el de la necesidad hacía evidentes las bondades de la sociedad de consumo, confiriéndole un aura que esta ya no tiene allí donde forma parte natural del paisaje urbano. Se daba así el hecho insólito de que el mundo de las mercancías equiparara o aventajara en aura al mismísimo oro: no solo al metal preciso en sí mismo sino incluso a prendas que poseían además un valor sentimental o familiar. Extravagancia producida, evidentemente, por la artificialidad que significa la supresión del mercado en la sociedad totalitaria.

Claro que valía la pena vender las reliquias familiares, desplazarse hasta La Habana si uno vivía en provincia, ir a Miramar para hacer aquella cola kilométrica en la que, según un chiste del momento, se habían encontrado Mariana Grajales y José Martí, deseosos de tasar el Titán de Bronce y la Edad de Oro, respectivamente. Y hacerla otra vez y aun una tercera en busca de una mejor oferta. Como valía la pena hacer las otras colas larguísimas en Maisí o Tercera y Cero, y dejar fuera los bolsos y los abrigos, mostrarle al vigilante de la entrada aquellos billetes de extraños colores, y, antes de gastarlos todos, quedarse con uno para poder seguir entrando a la tienda aunque sólo fuera para mirar.

Justo en esa transformación de los fungibles en mirabilia que refleja aquel recurso al que no pocos acudieron, consiste la restauración del aura de la que hablo. Aquí se produce, quizás, la última peripecia en la contribución de la Revolución Cubana al realismo mágico: como José Arcadio Buendía no olvida, en la gran novela de García Márquez, el día en que su padre lo llevó a conocer el hielo, muchos niños cubanos podemos recordar el día que de la mano de nuestros mayores entramos a aquellas tiendas maravillosas. Yo recuerdo perfectamente mi rito de pasaje al otro mundo encantado, que culminó con un saldo escaso pero memorable: un prelavado y dos pull-overs, uno de marca Ocean Atlantic y otro que decía El Colony, más unos zapatos de “pega-pega”, también de marca Ocean Atlantic.

Vasija de cerámica
Vasija de cerámica

Vasija de cerámica. Colección Cuba Material.

De la presencia aborigen en el archipiélago cubano, los cubanos modernos heredaron, además de objetos, vocablos y prácticas, cierta tradición de alfarería. Durante los sesentas, setentas y ochentas, el gobierno de la isla promovió la producción y comercialización, para consumo interno y para exportación, de algunas formas y motivos inspirados en dicha tradición, dando sostén a un discurso nacionalista (y latinoamericanista), muchas veces lastrado por el facilismo y la fealdad simplona, con el que, sin embargo, intentó proyectar su autenticidad y legitimidad.

La vasija de abajo la compró, me dice, mi mamá en un taller de cerámica que había en el barrio Siboney, que había sido fundado durante la República con el nombre de Biltmore. El nuevo gobierno no solo habría rebautizado el otrora aristocrático barrio con un topónimo de raíz indígena (los siboneyes eran una de las tribus que, se cree, los colonizadores españoles encontraron en Cuba a su llegada) sino también se habría encargado de proletarianizarlo (solo hasta cierto punto) llenándolo de centros de trabajo, entre ellos un taller artesanal, ubicados en mansiones palaciegas construidas con el solo propósito habitacional.

Vasija de cerámica

Vasija de cerámica. Colección Cuba Material.

Vasija de cerámica

Vasija de cerámica. Colección Cuba Material.

Con la colonización española, la cerámica indígena sería desplazada por la peninsular, mucho más elaborada. Según José Luis Vega («¿Alfarería autóctona?», en Opus (1998):56), esta última cedería, para mediados del siglo xvii, a la influencia de la cerámica mexicana, que un siglo después sucumbiría ante la popularidad de la cerámica inglesa.

Pipa de madera
Pipa de madera

Pipa de madera vendida en Cuba a finales de los ochentas. Colección Cuba Material.

Según mis padres, fue a finales de los ochentas, o quizás durante el cambio de década, cuando compraron esta pipa. Solo consiguen precisar, él, que «fue en La Habana cuando había escasez de cigarrillos», época que ubica «algunos años antes» de que se fuera del país en 1992, y ella, desde Cuba, que fue «en la tienda porque entonces no había tiendas especiales para tabaco y ron como ahora», para a continuación pedirme que le lleve una lámpara recargable porque, agrega, «parece que este año va a haber tormentas». En cualquier caso, este objeto permitió que muchos fumadores dieran rienda a su vicio cuando el gobierno cubano no pudo continuar garantizando la venta estable de cigarros.

Disco "Intercosmos" (carátula)
Disco "Intercosmos" (carátula)

Disco «Intercosmos» (carátula). 1980. EGREM. Regalo de Sergio Valdés García. Colección Cuba Material.

El 18 de septiembre de 1980, despegó del cosmódromo de Baikonur en la entonces Unión Soviética, hoy Kazajistán, el cohete Soyuz 38. Se dirigía al complejo orbital Saliut 6 y llevaba a bordo al teniente coronel, piloto de la fuerza aérea cubana Arnaldo Tamayo Méndez y al astronauta soviético Yuri Romanenko, capitán de la nave. Ayer, 7 de junio de 2018, despegó de ese mismo cosmódromo el cohete Soyuz MS-09. Lleva a bordo a los miembros de la expedición número 56-57: la astronauta de la NASA Serena Auñón-Chancellor; Alexander Gerst, astronauta de la Agencia Espacial Europea (ESA), y Sergey Prokopyev, del programa Roscosmos. Se dirigen a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), a donde llegarán mañana viernes.

La estadounidense Auñón-Chancellor es de origen cubano. Su padre, nacido en Cuba, emigró a Estados Unidos en 1960, por lo que esta cubanoamericana es el segundo astronauta de origen cubano en viajar al espacio. El programa «Levántate Cuba», de Televisión Martí, la entrevistó a inicios de esta semana, poco antes del despegue de la Soyuz MS-09. En la entrevista, concedida en inglés y doblada al español, Auñón-Chancellor explica, respondiendo a una pregunta de la presentadora Maite Luna sobre cuál era su comida favorita, que «mi familia me ha preparado platos cubanos como los que comemos en las fiestas». Eso, al menos, es lo que se escucha en off en español, seguido de una breve pausa en donde escuchamos a la astronauta decir, en inglés, «including frijoles negros», que la voz en off en español traduce como «así que llevo frijoles negros». La noticia, publicada en la página web de Martí Noticias, traduce:

«Mi familia me ha preparado platos cubanos (…) llevo frijoles negros», dijo riendo.

Es muy probable que Auñón-Chancellor no lleve frijoles negros al espacio y que, en realidad, solo se estuviera refiriendo a los platos cubanos que suele comer con su familia, que es justamente lo que Maité Luna le había preguntado. La astronauta no se va de picnic, sino en misión de trabajo a un lugar donde la vida humana depende de condiciones anteriormente probadas en laboratorio. Sin embargo, la noticia de que una astronauta cubanoamericana llevaría frijoles negros al espacio, que puede leerse solamente en las páginas de Televisión Martí y Martí Noticias, ha sido aplaudida por los cubanos en las redes sociales.

También, casi cuatro décadas atrás, el disco “Intercosmos” producido por los Estudios de Grabaciones EGREM con dirección y producción musical de Vicente Rojas Salermo y Reynaldo Fernández Pavón, instrumentales de Vicente Rojas (“Hermanos en la hazaña”, tema del documental homónimo) y Juan Pablo Torres (“Andromedason”) –este último interpretado por el Grupo Algo Nuevo– y canciones de Silvio Rodríguez (“En el jardín de la noche”), Juan Formell para Los Van Van (“Vuela la amistad”), Oscar Domenech para el Cuarteto Yo, Tú, Él y Ella (“Brilla mucho más”) y Las D’Aida (“En el espacio sideral”), José López López para Los Latinos (“Camino al porvenir”), Osvaldo Rodríguez para los 5 u 4 (“El hombre que anda”) y Aldo Baqueros para Los hermanos Bravo (“Un saludo desde el cosmos”) llevó, aunque solo figurativamente, algunos elementos de la gastronomía cubana al espacio.

Este disco de carátula de doble tapa que presenta el vuelo de la Soyuz 38 como un “nuevo triunfo de las ideas del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario” incluye las siguientes letras:

“En el jardín de la noche”

Por Silvio Rodríguez

En el jardín de la noche hay una rosa, luminosa,
que me mira fijamente a los ojos,
parpadea y me quiere decir cosas,
tantas cosas que no sé, que no sé.

Y es cuando alargo los brazos
para llevarle mis manos tan abiertas
que casi me siento llegar con el pie.

Pero yo, quiero ser de noche el dueño
de los ojos, de la altura,
y he de fundir la montura para galopar mi sueño.

Volaré, tengo que domar el fuego
para cabalgar seguro en la bestia de futuro
que me lleve a donde quiero.

En el jardín de la noche hay una rosa, luminosa,
que me mira fijamente a los ojos,
parpadea y me quiere decir cosas,
tantas cosas que no sé, que no sé.

Y es cuando alargo los brazos
para llevarle mis manos tan abiertas
que casi me siento llegar…

Volaré, volaré al jardín del cielo,
en un pájaro violento, en un corredor del viento,
en un caballo de fuego.

Volaré, quiero ser de noche el dueño
de los ojos de la altura, y he de fundir la montura
para galopar mi sueño.

***

“Vuela la Amistad” 
Por Van Van

La amistad, como (¿?) se echó a volar
con las alas de la libertad.
La hermandad de los pueblos conquista el cielo
y crece, crece sin parar.
Crece sin parar.
La hermandad de los pueblos conquista el cielo
y crece, crece sin parar.

Vuela la amistad.
Soviéticos y cubanos unidos al cosmos van.
Vuela la amistad.
Vuela Cuba, vuela Vietnam. Son principios de hermandad.
Vuela la amistad.
La bandera de mi Cuba soberana en el cosmos está.
Vuela la amistad.
La hermandad de los pueblos conquista el cielo y crece sin parar.
Vuela la amistad.
(Bis).

***

“Brilla mucho más” 
Por Cuarteto Yo, Tú, Él y Ella

La que llevaron a caballo los mambises,
la que cumplió el camino de la libertad,
la de las franjas y la estrella solitaria,
esa es mi bandera, y en el cosmos está.

En el cosmos está, por el cosmos va.
Desde las alturas brilla mucho más.
En el cosmos está, por el cosmos va.
Desde las alturas brilla mucho más.

La de la marcha del pueblo combatiente.
Simboliza el valor, la dignidad.
La que, hermanada con la insignia de otros pueblos,
ha defendido la justicia y la igualdad.

En el cosmos está, por el cosmos va.
Desde las alturas brilla mucho más.
En el cosmos está, por el cosmos va.
Desde las alturas brilla mucho más.

La que se honra en volar junto a mi enseña,
la de la patria de Gagarin, que nos da
todo su amor y su calor, todo su ejemplo
en la lucha por el progreso y la paz.

En el cosmos está, por el cosmos va.
Desde las alturas brilla mucho más.
En el cosmos está, por el cosmos va.
Desde las alturas brilla mucho más.
(Bis).

***

“Camino al porvenir” 
Por Los Latinos

Internacionalistas somos, compartimos como hermanos
en nave espacial, al cosmos, soviéticos y cubanos.
Regocijo y emoción sentimos todos por eso,
por nuestra revolución, vamos camino al progreso.
Mantendremos la amistad soviéticos y cubanos
y la solidaridad de nuestros pueblos hermanos.
Mantendremos la amistad soviéticos y cubanos.
Camino al progreso, soviéticos y cubanos.
Internacionalistas somos, al mundo lo demostramos.
Camino al progreso, soviéticos y cubanos.
Y vamos todos los pueblos que luchamos por la paz
camino al progreso, soviéticos y cubanos.
Qué regocijo y emoción sentimos por todo eso.
Camino al progreso, soviéticos y cubanos.
En nave espacial al cosmos, soviéticos y cubanos.
Camino al progreso, soviéticos y cubanos.
Camino al progreso vamos, luchando por la igualdad.
Camino al progreso, soviéticos y cubanos.
Unidos, hacia el futuro, soviéticos y cubanos.
Camino al progreso, soviéticos y cubanos.
Que viva la libertad de los países hermanos.
Camino al progreso soviéticos y cubanos.

***

“El hombre que anda” 
Por Los 5 u 4

Trabajo es tiempo, tiempo es espacio,
ciencia es el hombre que anda despacio.
Sin la sapiencia de un buen maestro
no habría experiencia de alumno diestro.

Boris Petrov calló su voz
cuando más alta y fuerte vibró.
Cuando su vida nos enseñó
que ser hermano es igual a dos,
que no hay riqueza ni ambición mayor
comparable a sentir el amor.

Y hoy es el eco, palabra inmortal,
de lo que fue su mayor ideal.
Erguida Cuba, orgullosa, moral,
porque hay un vuelo conjunto espacial.

Boris Petrov calló su voz
cuando más alta y fuerte vibró.
Cuando su vida nos enseñó
que ser hermano es igual a dos,
que no hay riqueza ni ambición mayor
comparable a sentir el amor.

Y hoy es el eco, palabra inmortal,
de lo que fue su mayor ideal.
Erguida Cuba, orgullosa, moral,
porque hay un vuelo conjunto espacial.

***

“En el espacio sideral” 
Por Las D’Aida

En el espacio sideral se oye un sonido, y no es normal.
Es como un güiro y un timbal, es como un güiro y un timbal.
Ay, ¿qué será? Ay, ¿qué será?
Es algo nuevo, pronto lo sabrás.
Es algo nuevo, pronto lo sabrás.

En el espacio sideral hay un olor, no es peculiar.
Es a guarapo y a tamal, es a guarapo y a tamal.
Ay, ¿qué será? Ay, ¿qué será?
Es algo nuevo, pronto lo sabrás.
Es algo nuevo, pronto lo sabrás.

Por el espacio sideral vuela algo raro, ya verás.
Con boina verde va un caimán. 
Con boina verde va un caimán.
Ay, ¿qué será? Ay, ¿qué será?
Es algo nuevo, pronto lo sabrás.
Es algo nuevo, pronto lo sabrás.

En el espacio sideral hay dos objetos a observar,
La guayabera, la palma real.
La guayabera, la palma real.
Ay, ¿qué será? Ay, ¿qué será?
No me preguntes, te lo digo ya.
No me preguntes, te lo digo ya.
No me preguntes, te lo digo ya.

Patria o Muerte, Venceremos, que Cuba en el cosmos está.
Es que Cuba en el cosmos está.
Caballero, no hay problema, Cuba llegando ya está.
Es que Cuba en el cosmos está.
Todos los países del mundo por la paz y la amistad.
Es que Cuba en el cosmos está.
Patria o Muerte. 
¿Cómo?
Ahí llegó el socialismo, por la paz y la amistad.
Es que Cuba en el cosmos está.
Todos los países del mundo, con solidaridad.
Es que Cuba en el cosmos está.
Caballero, no hay problema, que Cuba llegando está.
Es que Cuba en el cosmos está.
No me pregunten, caballero, que Cuba en el cosmos está.
Es que Cuba en el cosmos está.

***

“Un saludo desde el cosmos” 
Por Los hermanos Bravo

Salimos del yugo cruel 
hace apenas una veintena; 
eliminamos las penas 
que trae el capitalismo; 
construimos el socialismo 
como lo enseñó Fidel.

Con gran esfuerzo logramos
junto a la URSS ir al cosmos,
con el (¿?) hermanos
a los pueblos saludamos.

Prueba de internacionalismo,
de igualdad y de hermandad,
de la solidaridad,
eso es el socialismo.
Por eso ahora arrollamos,
por el éxito obtenido
Encima del mundo andamos y
Junto a nuestros amigos,
Desde el cosmos saludamos
a nuestros pueblos hermanos.
(Bis).

Encima del mundo andamos
Y junto a nuestros hermanos.
Desde el cosmos saludamos.
Desde el cosmos saludamos
a nuestros pueblos hermanos.

A nuestros pueblos hermanos,
Desde el cosmos saludamos.
Desde el cosmos saludamos
a nuestros pueblos hermanos.

(Bis).

Disco "Intercosmos" (interior)

Disco «Intercosmos» (interior). 1980. EGREM. Regalo de Sergio Valdés García. Colección Cuba Material.

h/t: Agradezco a Sergio Valdés García por los materiales gráficos.

He tomado algunas ideas de este texto del ensayo «Una plantilla de zapatos y el Vuelo Espacial Conjunto Soviético-Cubano, un pequeño relato», que formará parte del catálogo de la exposición El fin del gran relato, curada por Henry Erick Hernández.

***

La entrada «Former Bomber Commander, Second European ISS Skipper and Cuban-American Flight Surgeon Prepare for June Launch to Space Station» publicada en el blog AmericaSpace, refiere que Auñón-Chancellor, en efecto, consideró llevar algo de la gastronomía cubana a la ISS, pero nada más se ha dicho con relación a eso. Lo que sí aseguró la astronauta, antes del vuelo, es que llevaría consigo el estandarte del instituto preuniversitario al que su padre asistió en La Habana:

An engineer and flight surgeon by education, Auñón-Chancellor is the daughter of Dr. Jorge Auñón, a Cuban exile who came to the United States in 1960. As a result, she will become only the second person of Cuban ancestry to fly into space, almost four decades after Arnaldo Tamayo Méndez launched aboard Soyuz 38 to the Salyut 7 orbital station in September 1980. She plans to take a banner from her father’s Havana high school, but admitted to Michael Galindo that she was “still working on” plans to get some bite-sized Cuban food to take to the ISS.

***

Buscando en internet una entrevista que Tamayo Méndez diera a su regreso a la Tierra donde, creo recordar, hablaba de los deseos que tenía de beber pru oriental (h/t: Emilio Garcia Montiel), una bebida típica del oriente de la isla (el astronauta nació en la provincia de Guantánamo), tropiezo con un prontuario de términos usados en el centro del país para referirse a la coctelería más reciente de inspiración popular, publicado en el numero 68 de la revista Signos:

Vueloconjunto. Esta palabra o expresión corresponde a una fórmula de cali- dad no recogida por norma técnica alguna. Es un producto que se prepara con proporciones variables de alcohol (preferiblemente etílico fino o clase A), mezclado con un poco de ron añejado o ron madre. Por ejemplo, la dosis exacta es: a una caneca de alcohol a 93 grados se le añade 1⁄2 caneca de ron madre y de 2 a 21⁄2 canecas de agua al gusto para un rendimiento aproximado de 11⁄2 botella del preciado Vueloconjunto. Este producto es de los más demandados en el mercado negro. Su denominación nace de un importantísimo hecho histórico para Cuba, acaecido en el 19 de septiembre de 1980: se trata del primer vuelo cósmico conjunto del soviético Yuri Romanenko y el cubano Arnaldo Tamayo, uno blanco (el soviético) y uno negro (el cubano), metáfora del alcohol incoloro con la coloración oscura de los añejos.

En lugar de ser la gastronomía o coctelería cubanas las que incursionan (metafórica o realmente) en el «espacio sideral», es el programa de la conquista del cosmos el que deja su marca en la gastronomía y coctelería cubanas. Nada más y nada menos que en un menjunje etílico que serviría, si acaso, para ayudar a olvidar.

Perchero plegable

Perchero plegable. 1980s. Colección Cuba Material. Regalo de Mirta Suquet.

De fabricación alemana o soviética, estos percheros plegables se vendieron en Cuba en los ochentas en las tiendas del mercado paralelo.

Perchero plegable

Perchero plegable. 1980s. Colección Cuba Material. Regalo de Mirta Suquet.

Perchero plegable

Perchero plegable. 1980s. Colección Cuba Material. Regalo de Mirta Suquet.

Cesta de picnic Perma Plastic Products
Cesta de picnic Perma Plastic Products

Cesta de picnic. Hecha en las Filipinas por Perma Plastic Products. Cortesía Mirta Suquet.

En los años ochentas, el embajador cubano en Filipinas compró esta canasta de picnic para cuando sus hijos, quienes vivían en Pinar del Río al cuidado de unos parientes cercanos, fueran a la escuela al campo. Este conjunto de vajilla plástica producido por la empresa filipina Perla Plastic Products, que además incluía vasos y cubiertos que no aparecen en las fotos, amenizaba los almuerzos dominicales de los hijos del embajador y de sus primos durante la visita semanal que los padres de estos últimos hacían al campamento que les había sido asignado.

Deben haber llamado mucho la atención los tíos y los primos cuando los domingos desempacaban esta cesta de picnic. De seguro pasaban un buen rato disfrutando de lo que pudieran quizás haber pensado picnic, haciendo a un lado el recuerdo de la magra ración del comedor de los albergues que los devolvería a la realidad pocas horas después.

Vajilla de picnic Perma Plastic Products

Vajilla de picnic. Hecha en las Filipinas por Perma Plastic Products. Cortesía Mirta Suquet.

Vajilla de picnic Perma Plastic Products

Vajilla de picnic. Hecha en las Filipinas por Perma Plastic Products. Cortesía Mirta Suquet.

Postal por el día de las madres
Postal por el día de las madres

Postal por el día de las madres. Hechas a mano en Vietnam para Xunhasaba. Colección Cuba Material. Regalo de Mirta Suquet.

El gobierno cubano importó de Vietnam, ¿en los sesentas?, postales para enviar felicitaciones por el día de las madres. De formato plegable, alargado y sin texto, solo mostraban un dibujo realizado en una lámina de tela muy fina. Las producía la empresa exportadora de libros y revistas de Vietnam Xunhasaba, fundada en 1957 y aún hoy operativa. Con ellas, Cuba Material les desea mucha felicidad a las madres cubanas.

Postal por el día de las madres

Postal por el día de las madres. Hechas a mano en Vietnam para Xunhasaba. Colección Cuba Material. Regalo de Mirta Suquet.

venda de gasa
venda de gasa

Envase para venda de gasa. Hecha en Cuba por el Grupo Especial de Materiales de Curación. Colección Cuba Material.

Durante la era soviética, en las farmacias cubanas se vendía venda de gasa de fabricación cubana, comercializada por el Grupo Especial de Materiales de Curación. Los rollos de gasa de 5 x 550 centímetros costaban 15 centavos y los de 10 x 914 centímetros, 40 centavos.

venda de gasa

Envase para venda de gasa. Hecha en Cuba. Colección Cuba Material.

Orinal
Orinal

Orinal. Hecho en Cuba. 1973-1974. Colección Cuba Material.

Los orinales infantiles que el gobierno cubano vendió durante los setentas eran estrictamente utilitarios, carentes de todo adorno o accesorio superfluo. Un orinal rojo o verde servía, además, lo mismo para una niña que para un niño, abaratando así costos de producción y complicaciones en la distribución y comercio.

Orinal

Orinal. Hecho en Cuba. 1973-1974. Colección Cuba Material.

Lata de esmalte tapagoteras
Lata de pintura Siboney

Lata de pintura Siboney. Hecha en Cuba por la Empresa Consolidada de Pinturas. Colección Cuba Material.

En las paredes que forman muchos de los espacios interiores de las viviendas cubanas se puede detectar no solo el impacto del régimen político cubano actual en la cultura material, la arquitectura y la vida cotidiana del país, sino también la propia temporalidad castrista (como los troncos de los árboles o la distancia entre las estrellas) y sus clases sociales. Las paredes blancas serán así la más clara distinción de privilegio, en tanto las latas de pintura, aun aquellas de nombre de raíz nacionalista, nunca estuvieron al alcance de todos. Se requerían amigos, relaciones, influencias y dinero para comprar un lata de esmalte, de barniz o de pintura de aceite, pese a tratarse de productos de la industria local.

Recuerdo claramente una vez cuando, con no más de 16 años de edad, un vecino que era un año menor me regañó porque me recosté a las paredes blancas de su casa. Se ensuciarían, me dijo. Y, ciertamente, la posibilidad de cambiar el color de las habitaciones resultaba tan remota como cambiar el gobierno, por lo que este muchacho aventajado (avejentado) quería cuidar las suyas.

Lata de esmalte tapagoteras

Lata de esmalte tapagoteras. Hecho en Cuba por la Empresa Consolidada de la Química. Colección Cuba Material.

esmalte sintético Duracrom

Etiqueta de la lata de esmalte sintético Duracrom. Producido por la Empresa Consolidada de la Química. Colección Cuba Material.

Cajetilla de cigarros negros 1975 1er Congreso PCC
Cajetilla de cigarros negros 1975 1er Congreso PCC

Cajetilla de cigarros negros 1975 1er Congreso PCC. 1975. Colección Cuba Material. regalo de Ernesto Celis.

Cuando el gobierno cubano convocó al primer congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) en 1975, comercializó una edición especial de cigarrillos de picadura de tabaco negro para celebrarlo. El envase, sin marca comercial más que la de la casa productora, la Empresa Cubana del Tabaco, es de mejor calidad que los que se vendían regularmente en los establecimientos minoristas nacionales. Es muy posible que haya sido producido en el extranjero.

El logotipo del congreso es un diseño de Orlando Hernández Yanes (h/t César Beltrán).

Cajetilla de cigarros negros 1975 1er Congreso PCC

Cajetilla de cigarros negros 1975 1er Congreso PCC. Regalo de Ernesto Celis. Colección Cuba Material.

h/t. Gracias a Ernesto Celis, por el regalo de la caja de cigarros 1er. Congreso del PCC.

Camisa safari Ultra
Camisa safari Ultra

Camisa safari Ultra. 1980s. Colección Cuba Material.

Como las guayaberas, la camisa safari tiene cuatro bolsillos, pero carece de alforzas y está confeccionada con un tejido mucho más grueso, de polyester. Se ha dicho que fue Celia Sánchez quien encargó esta prenda, dando instrucciones de que se combinara el estilo de las guayaberas con el del traje formal. También, que Sánchez la presentó ante el Buró Político, en una pasarela sorpresa. Allí estaba el Ministro de Relaciones Exteriores Raúl Roa, a quien se cuenta que le gustó el diseño y se dispuso a usar las camisas safaris. No sé cuándo ocurrieron estos hechos, pero el Buró Político se creó en 1975 Celia Sánchez murió en 1980, por lo que tiene por fuerza que haber sido durante la segunda mitad de los setentas.

Se dice también que Celia Sánchez encargó una prenda similar, inspirada asimismo en la guayabera, que se llamó guayahabana.

Cucharas plásticas
Cucharas plásticas

Cucharas plásticas. 1970s-1980s. Colección Cuba Material.

En un mueble del comedor de mi abuela, encontré un cartucho con cucharas plásticas, posiblemente desechables. No sé dónde ni cuándo las compró, pero no las usó nunca. Comparadas con las que se fabrican hoy en día, son de un plástico tan duro y resistente que parece un despilfarro utilizarlas una sola vez. Mi abuela nunca lo hizo, ni en los cumpleaños de mi hermana y míos, ni los fines de semana cuando a su casa iban, cerca del mediodía, familiares y amigos a comer saladitos, tomar highballs y pasar el rato.

Salero de cerámica
Salero de cerámica

Salero de cerámica. Hecho en Cuba, en la Isla de la Juventud. 1980s. Colección Cuba Material.

Las fábricas de cerámica cubanas estaban en la Isla de la Juventud. Allí se producía desde inodoros hasta vajillas. El color gris que, por lo general, caracterizaba a estos productos se debe a la composición de la arcilla empleada en su fabricación. El gobierno vendió el salero de la foto a través de las tiendas minoristas y, además, lo distribuyó a los restaurantes. Parece un chiste, pero no tiene más que un orificio para que salga la sal.

En los ochentas, el gobierno también vendió un salero plástico de importación. En casa nunca lo utilizamos, pero sus colores, material y factura son mucho más atractivos que los del salero de arcilla gris que se fabricaba en Cuba. Sus orificios, de tan pequeños, se tupían con la gruesa sal que el estado vendía.

Salero plástico

Salero plástico. 1980s. Colección Cuba Material.

Manual de usuario de las bicicletas soviéticas
Manual de usuario de las bicicletas soviéticas

Manual de usuario de las bicicletas soviéticas (en ruso). 1972. Colección Cuba Material.

En 1972, Cuba ingresó oficialmente en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), la organización de cooperación económica de los países del bloque soviético. A través de este organismo, el país obtuvo préstamos y ayudas económicas para el desarrollo. Cuba pudo importar, además, una serie de bienes de consumo que no se producían en la isla, y la tecnología para fabricar algunos de ellos. Entre estos últimos, bicicletas.

Ya en 1972 se comenzaron a vender en Cuba bicicletas soviéticas. Aquí pueden descargar el manual del usuario, en ruso.

Los soviéticos producían también bicicletas «dobles», es decir, de dos sillines, y algunas de ellas llegaron a la isla. Solo recuerdo haberlas visto alguna vez en Varadero, en la villa Kaguama, a la entrada de la península. Allí las alquilaban a los huéspedes y, una vez que fuimos a visitar a unos amigos de mis padres, mi hermana y yo montamos una.

Estuche para carné
Estuche para carné

Estuche para carné. 1970s y/o 1980s. Colección Cuba Material.

Cuando comencé la escuela, en los ochentas, fui con mi abuelo a plasticar mi distintivo escolar. Caminamos, rumbo al mar, por la avenida 23 hasta la esquina, creo, de 23 e I. Allí, al lado de una barbería que aún conservaba la espiral giratoria azul, blanca y roja que identifica este tipo de negocios, un señor mayor se dedicaba a plasticar documentos. Los ponía dentro de un nylon que desaparecía bajo una plancha rústica que, en cuestión de minutos, transformaba el papel en un objeto plástico, rígido e impermeable, de superficie corrugada y bordes romos.

Una versión de aquellos carneses plasticados, un poco más tosca, eran las fundas hechas con acetato de radiografías y bordes de tela, plástico o tape (cinta adhesiva), muy parecidas a las que se fabricaban para proteger las libretas de racionamiento o los cuadernos escolares. Muchos años después de que se retirara en los ochentas, incluso avanzado el siglo xxi, mi abuelo continuaba guardando sus carnés de salud e identidad en una de esas fundas. Por las tardes, cuando se bañaba y entalcaba, se ponía una camisa de algodón sobre una camiseta y se echaba en el bolsillo un peine, un pañuelo, un bolígrafo y la funda de los carnés.

Estuche para carné

Estuche para carné. 1970s y/o 1980s. Colección Cuba Material.

Regadera plástica
Regadera plástica

Regadera plástica. Hecha en la URSS. 1980s. Colección Cuba Material.

Cuando visitaba a mis abuelos, a veces los ayudaba a regar las plantas con esta regadera.  La compramos en el sorteo anual de juguetes. El agua salía por un plato en forma de girasol, de color amarillo. Mis abuelos tenían su propia regadera, mucho más grande, de metal verde y pico que terminaba en un plato con muchos orificios, como los de las duchas.

Mi regadera plástica era más linda y moderna que la de metal de mis abuelos, pero no creo que haya sido ese el motivo por el que decidieron conservarla cuando se rompió.

Portavasos

Portavasos. Colección Cuba Material.

Mi mamá dice que estos portavasos son de origen socialista, pero no está segura. Tampoco sabe si mis abuelos los compraron en Cuba o si algún amigo o familiar se los trajo de regalo, al regresar de un viaje por Europa del Este o la URSS. Los usaron poco, en cualquier caso. Mi abuelo siempre prefirió los portavasos de cartón.

Con ellos, Cuba Material brinda por un 2018 feliz.

Salvavidas
balsa

Balsa. Alrededor de 1981.

Cuba, se ha dicho, es un país de corcho. La frase se refiere, en realidad, a su gobierno, el de los últimos casi sesenta años, y en especial al hecho de que, durante todo ese tiempo, este se haya mantenido a flote a pesar de su pésima gestión económica y de crisis políticas tan graves como el Mariel o las Causas 1 y 2 de 1989. Se mantuvo a flote, incluso, tras la desaparición de la Unión Soviética y del bloque regional que ese país lidereaba.

Cuba Material despide el 2017 con balsas y salvavidas, todos comercializados en los setentas y ochentas en la isla, cuando la patana sobre la que flotaba su gobierno parecía bastante más segura. Después, durante la década siguiente, no se vendieron más. Desde entonces, los cubanos hemos intentado permanecer con la cabeza más o menos alejada del agua. Algunos, construyendo embarcaciones rústicas para llegar, con suerte, a Estados Unidos. Otros, pataleando con más o menos suerte en la isla.

balsa

Balsa. Guanabo, La Habana. 1975.

Salvavidas

Salvavidas. Alrededor de 1970. Cortesía Eida del Risco.

Salvavidas en forma de pulpo

Salvavidas en forma de pulpo. 1979. Foto cortesía de Ernesto Fumero.