Cultura material del socialismo cubano: 1961-1989.

estuches de plumones

Estuche de plumones
Estuche de plumones

Estuche de plumones. 1980s. Colección Cuba Material.

Un estuche de plumones era un objeto que los niños solíamos codiciar. En la Cuba soviética no se comercializaban apenas variedades entre las que pudiéramos escoger –curiosamente, tampoco se encuentran muchas en las áreas de los supermercados y farmacias norteamericanos dedicadas a utensilios de oficina y escolares, ni siquiera durante las ventas vacacionales llamadas “back to school”. Porque eran escasos y su trazo mucho más bonito y permanente que el de los lápices de colorear, mi hermana y yo cuidamos los que teníamos en casa tanto que se han conservado hasta el día de hoy.

Mi abuelo también cuidaba con esmero su estuche de plumones, el de la foto de arriba, que usaba para subrayar o señalar las cifras relacionadas con los grados del aguardiente que obtenía con la destilación del vino de arroz que producía desde los años ochentas. También circulaba con ellos los números con los que inventariaba su extensa colección de discos de acetato, o cualquier otro dato que fuera de su interés.

He encontrado plumones de tres estilos diferentes, dos de ellos genéricos y presumiblemente producidos por la industria socialista, y unos terceros, sin dudas los mejores, fabricados en Japón, país con el que la Cuba de los setentas y ochentas mantuvo relaciones comerciales. De estos, apenas quedan dos, y el estuche azul donde aun se lee el nombre de la marca, Rushon, que me enseñó de niña unos conceptos diferentes sobre el diseño y la materialidad.

Estuche de plumones Rushon.

Estuche de plumones Rushon. Hechos en Japón. 1980s. Colección Cuba Material.

Tetracor, gotas

Tetracor en gotas
Tetracor en gotas

Envase del medicamento en gotas Tetracor. Producido por Chinoin, en Budapest, Hungría. Colección Cuba Material.

Según el portal sobre las marcas genéricas y sus equivalentes, el Tetracor se emplea para tratar fallos respiratorios. Este, que se comercializaba en Cuba proveniente de la Hungría socialista, era producido por el laboratorio farmacéutico Chinoin, fundado en ese país en 1910, nacionalizado en 1948, y luego privatizado una vez más en 1991 como empresa mixta con capital también francés. El nombre del medicamento, de raíz griega, alude a un particular acorde musical. Todo lo opuesto del silbido de quien no alcanza a respirar bien. Curiosidades de los nombres.

Tetracor en gotas

Envase del medicamento en gotas Tetracor. Producido por Chinoin, en Budapest, Hungría. Colección Cuba Material.

Tetracor en gotas

Envase del medicamento en gotas Tetracor. Producido por Chinoin, en Budapest, Hungría. Colección Cuba Material.

tamborcito artesanal

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tamborcito artesanal
tamborcito artesanal

Tamborcito de fabricación artesanal. 1970s. Colección Cuba Material.

Con este tambor jugábamos mi hermana y yo de pequeñas. No era un juguete. Dice mi mamá que lo vendieron como adorno. Artesanía. Lo compró mi papá durante un viaje de trabajo que hizo al interior. Más o menos, en los años setentas. Hace años perdió el asa de cuero trenzado, blanca y negra. También jugó con él mi hija, cuando nació, en el 2002.

una Habana doméstica para los photoshoots

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Imagen tomada del blog Cooking Lessons.

Si repasamos las principales revistas sobre moda editadas en los Estados Unidos y Europa, o si hacemos una búsqueda en internet bajo los criterios “Cuba” y el nombre de cualquiera de estas revistas, encontraremos que todas ellas en algún momento han publicado un reportaje sobre la isla en los últimos años. “Cuba Libre”, “Soy Cuba” y “The New Cuba” son algunos de los títulos concebidos para satisfacer o despertar la curiosidad de los lectores. Buscando imágenes de algunos de estos espectáculos creados por y para la alta costura internacional, descubro que algunas de las escenas e interiores se repiten de un reportaje a otro, como también se han repetido los automóviles clásicos norteamericanos.

Por ejemplo, la cocina que la French Revue des Modes usó como locación para la sesión de fotos que la revista publicó en la primavera de 2010 es la misma que Andrew Moore fotografió para su libro Inside Havana, publicado en 2002. La French Review des Modes usó también la misma habitación de la casa de Josie Alonso, en la calle Calzada del Vedado, en la que en 2015 Annie Leibovitz desnudó a Rihanna para su reportaje “Cuba Libre” publicado en Vanity Fair.

En un país donde pululan las ruinas y espacios interiores otrora fastuosos y hoy venidos a menos, a los directores artísticos de estas revistas no parece interesarles la búsqueda de una locación original para sus photoshoots. Ello, teniendo en cuenta todos los trámites burocráticos que el gobierno cubano impone a los productores extranjeros antes de concederles permiso para producir cualquier trabajo artístico en la isla, quizás se deba a que el propio gobierno (es decir, alguna de sus instituciones o funcionarios) sea quien “selecciona” y “recomienda” dichas locaciones, embolsándose los pagos por ese concepto. De ser así, el gobierno de la isla se estaría beneficiando económicamente no sólo al no haber desembolsado suficientes recursos para impedir el deterioro de las condiciones materiales de las viviendas sino también al embolsarse otros tantos por concepto de explotación comercial de dicho deterioro.

La poca creatividad de los fotógrafos y productores extranjeros a la hora de seleccionar las locaciones, sin embargo, puede deberse también al interés de los propietarios de las viviendas fotografiadas en cultivar contactos en el gobierno que les garanticen el estar siempre en las listas de los posibles locales en los que la revista sobre moda de turno realizará el próximo photoshoot.

Imagen tomada de Vanity Fair. 2016

Imagen tomada de French Revue des Modes.

chapillas de inventario

chapilla de inventario
chapilla de inventario

Chapilla con número de inventario. Colección Cuba Material.

No sé cuándo comenzó esa práctica, pero ya en los años setentas y durante todos los ochentas el mobiliario de los centros escolares y de trabajo tenía adherida una chapilla de aluminio o calamina con un número de inventario. A veces, si no había chapa, el número aparecía inscrito con pintura, preferiblemente roja, y una caligrafía primitiva. El estado cubano marcaba así los objetos de su propiedad, que en teoría era la propiedad del pueblo, pero que todos sabíamos no nos pertenecía, entre otras cosas porque jamás tuvimos poder de decisión sobre su estética, conservación o uso. Las chapillas, por lo general, se colocaban en lugares muy visibles, llegando a veces a dificultar el uso correcto de equipos y mobiliario.

De esas chapucerías se burla la viñeta “Ali Wattwatt y los audacios“, escrita por Bruno Enríquez y publicada en Cubasolar, y orientada a “educar” a la ciudadanía el uso correcto de los instrumentos de trabajo.

chapilla de inventario

Chapilla con número de inventario. Colección Cuba Material.

aceite ricino aromatizado

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aceite ricino aromatizado
aceite ricino aromatizado

Frasco de aceite ricino aromatizado. Comercializado por el MINSAP, Cuba. 1980s. Colección Cuba Material.

Conocí el aceite ricino, de oídas, cuando comencé la escuela. De vez en cuando algún niño lo traía a cuento para referirse a su sabor desagradable. Como jamás lo vi escrito, lo llamé siempre aceite de ricino, nombre con el que, al parecer, también se le conoce. Este purgante se utiliza en Cuba, además, para suavizar el pelo y, según la cronología de historia y política cubanas escrita por Leopoldo Fornés Bonavia (publicada por Verbum en el 2008), el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) lo utilizó,,bajo el gobierno provisional de Carlos Mendieta,  como tortura contra los periodistas de Acción Francisco Ichaso, Jess Losada y Eduardo Héctor Alonso, entre otros, el 12 de diciembre de 1934 (Acción era dirigido por Jorge Mañach y Mendieta había sido nombrado presidente por indicación del sargento del ejército Fulgencio Batista luego del golpe de estado al también gobierno provisional de Ramón Grau San Martín). En su historia de Cuba, Hugh Thomas refiere que, “en mayo de 1939, Felipe Rivero, editor del semanario Jorobemos, que había criticado al gobierno (de Federico Laredo Bru), fue obligado a beberse el contenido de una botella de aceite de ricino por cuatro matones no identificados, sin duda a sueldo del gobierno” (p. 534). También según Thomas, en su alocución del 5 de agosto de 1951, transmitida por la CMQ, el político y líder del Partido Ortodoxo Eduardo Chibás se refirió a “los coroneles del aceite de ricino” (p. 585) minutos antes de dispararse un tiro fatal en el abdomen.

(según Wikipedia, el aceite ricino, en efecto, se ha usado como método de tortura, ya que en elevadas dosis produce vómitos, diarreas agudas, náuseas y cólicos)

(el aceite ricino, uno de los más antiguos que se producen, se conoce también como Palmacristi)

morfina

ámpulas inyectables de morfina
ámpulas inyectables de morfina

Envase de ámpulas inyectables de morfina. Hecho en Cuba. MINSAP. Colección Cuba Material.

Cada ámpula de 20 mg de clorhidrato de morfina se vendía, en los años ochenta, a un precio de 30 centavos, bajo receta médica. El envase advertía que “puede causar hábito”. La producía el MINSAP.

ámpulas inyectables de morfina

Envase de ámpulas inyectables de morfina. Hecho en Cuba. MINSAP. Colección Cuba Material.

Campeón, limpiador suave

limpiador suave Campeón
limpiador suave Campeón

Limpiador suave Campeón. Hecho en Cuba. Colección Cuba Material.

La etiqueta lo anuncia como limpiador de cazuelas, fregaderos, azulejos, lavamanos, etc. Campeón era un limpiador multiusos, quitagrasas, comercializado en polvo, y producido por la industria cubana. Con frecuencia, el nombre de esta marca se usaba como sustantivo genérico para referirse a todo tipo de detergente o polvo limpiador.

Limpiador suave Campeón. Hecho en Cuba. Colección Cuba Material.

leche en polvo en paquetes de nylon

Envase de leche en polvo La Lechera
Envase de leche descremada en polvo ECIL

Envase de leche descremada en polvo ECIL. Producida por la Empresa del Combinado Industrial Lácteo (ECIL), hoy Empresa de Productos Lácteos. Colección Cuba Material.

Cuando se vendía leche en polvo en moneda nacional y se podía adquirir por la libreta de abastecimiento, venía envasada en paquetes de nylon. He conseguido dos de éstos, de las marcas ECIL y La Lechera. El diseño e imagen de marca de la leche ECIL remiten a los años setenta. Recuerdo perfectamente, sin embargo, la leche en polvo La Lechera. La consumíamos en los años ochenta, aunque posiblemente se comercializara desde antes.

ECIL es el acrónimo del Combinado Lácteo, empresa fundada en 1971 en la provincia de Las Villas. Es también el nombre con que se conoce el poblado villaclareño El Lácteo, precisamente por la ubicación allí del Combinado de la leche.

La leche descremada en polvo La Lechera se producía, en cambio, en La Habana por la Empresa de Productos Lácteos Metropolitana.

Envase de leche en polvo La Lechera

Envase de leche en polvo descremada La Lechera. Producida por la Empresa de Productos Lácteos Metropolitana. Colección Cuba Material.

lecciones de idioma ruso de Novedades de Moscú

lecciones de idioma ruso
lecciones de idioma ruso

Discos de acetato con lecciones de idioma ruso, editadas por el semanario Novedades de Moscú. 1975-1976. Donación de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

No era feo el diseño de estos discos que enseñaban el vocabulario del idioma ruso. En la contracubierta, en ruso, inglés, francés, español y árabe, se explica:

El semanario NOVEDADES DE MOSCÚ publicará en los años 1976-1976 una guía de conversación de idioma ruso. Las lecciones correspondientes irán en 6 grabaciones.

Las suscripciones pueden formalizarse a través de las respectivas firmas de su país que mantienen contactos con “Mezhdunaródnaya Kniga” y se encargan de distribuir las publicaciones periódicas soviéticas.

Dirección del semanario Calle Gorki  16/2 Moscú K-9, URSS

Gracias a Tamara Álvarez por la traducción del título.

estuche para lápices

estuche de lápices
estuche de lápices

Estuche de lápices. 1980s. Donación de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

Cuando estudiaba la escuela primaria, llevaba los lápices y los bolígrafos (había que escribir con bolígrafo obligatoriamente, al menos en primer y segundo grados) en un estuche de vinyl, tipo funda, hecho por un talabartero, que cerraba con un zíper y hacía juego con la mochila-maletín que mis padres nos mandaron a hacer a mi hermana y a mi cuando comenzamos la escuela. Cuando llegué a la secundaria, a mediados de los años ochenta, en las tiendas “sacaron”, quizás un par de veces y en cantidades siempre insuficientes, bolsos de nylon, “popis” (tenis o zapatillas deportivas) y estuches como el de la foto para guardar los lápices. De venta liberada (es decir, con precios no subsidiados), estos productos distinguían a los hijos de familias con dinero (miembros de la clase profesional, dirigente, militar o “bisnera”) de aquellos cuyos padres no podían pagarlos o simplemente no alcanzaban a comprarlos porque se agotaban casi al momento de la venta. No tuve estos estuches de vinyl que cerraban con broche magnético y estaban adornados con cisnes y otros dibujos kitsch que me encantaban. El de la foto, cuando ya no se usó más para llevar los lápices a la escuela, fue adaptado como contenedor de cosméticos. Aún tiene pegadas las bandejitas de sombras compactas para los ojos y coloretes que la mamá de mi amiga le compró por su “quince” y que, cuando el contenedor original se rompió, decidió pegar en este estuche para lápices.

juego de mesa Estrategia Militar

juego de mesa Estrategia Militar
juego de mesa Estrategia Militar

juego de mesa Estrategia Militar. Hecho en Cuba por la Industria Ligera. 1980s. Donación de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

El juego de mesa Estrategia Militar se estudiaba como parte de las actividades del Círculo de Interés de la SEPMI, acrónimo de la Sociedad de Educación Patriótico Militar, fundada el 28 de enero de 1980 y disuelta, según reporta Jorge Enrique Rodríguez para Diario de Cuba, a principios de los años noventa. De acuerdo con esta publicación, la SEPMI:

—que tuvo entre sus instructores, para formar pilotos de aviación, a René González, uno de “los Cinco”— reclutaba a adolescentes, bajo el eufemismo de “la guerra de todo el pueblo”, con el fin de adoctrinar a los futuros paracaidistas, especialistas en telecomunicaciones, choferes profesionales, francotiradores, ingenieros militares de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Conozco a quien se matriculó en este Círculo de Interés para estar cerca de un muchacho de quien estaba enamorada.

bombillos incandescentes importados de Alemania

Envase del bombillo incandescente Narva
Envase del bombillo incandescente Narva

Envase del bombillo incandescente Osram. Hecho en Alemania occidental. 1980s. Colección Cuba Material.

Además de los bombillos incandescentes Tungsram, fabricados en Hungría, en Cuba se comercializaron dos marcas de bombillos incandescentes fabricados en Alemania, cuando aún quedaba algo de comercio minorista accesible para cualquier ciudadano nacional que percibiera algún tipo de ingreso y cuando aún había dos Alemanias. En los años 1980s, las marcas Osram y Narva, la primera fabricada en Alemania occidental y la segunda en Alemania del Este con tecnología Osram, se vendieron en ferreterías y establecimientos del mercado no racionado durante los años 1980s. Algunos de ellos, atesorados luego de la caída del socialismo de estado en Europa del Este y la desintegración de la URSS, sobrevivieron la recogida de bombillos incandescentes que el gobierno cubano llevo a cabo hace poco más de una década.

Hay una película, All my girls, cuyo drama tiene lugar en la fábrica estatal de bombillos Narva.

Envase del bombillo incandescente Narva

Envase del bombillo incandescente Narva. Hecho en Alemania del Este. 1980s. Colección Cuba Material.

Envase del bombillo incandescente Narva

Envase del bombillo incandescente Narva. Hecho en Alemania del Este. 1980s. Colección Cuba Material.

Envase del bombillo incandescente Narva

Envase del bombillo incandescente Narva. Hecho en Alemania del Este. 1980s. Colección Cuba Material.

Skodaexport, memorabilia

estandarte Skoda Export
estandarte Skoda Export

Estandarte promocional de Skoda Export. 1980s. Colección Cuba Material.

Los técnicos cubanos que viajaban a Checoslovaquia, o los que, en Cuba, trabajaban con técnicos checoslovacos, entraron en contacto en algún momento con objetos publicitarios de las principales compañías de ese país, entre ellas la compañía exportadora Skodaexport. Porque mi tío solía viajar a Checoslovaquia con regularidad, casi todos los años, mis abuelos tenían pines y estandartes de Skodaexport. No servían para nada, pero nunca se deshicieron de ellos, quizás porque, como yo, en estos objetos intuían una materialidad un poco más desarrollada que aquella que caracterizaba al socialismo cubano.

pines Skodaexport

Pines promocionales de la compañía checoslovaca Skodaexport. Colección Cuba Material.

pin Skodaexport

Pin promocional de la compañía checoslovaca Skodaexport. Colección Cuba Material.

pin Skodaexport

Pin promocional de la compañía checoslovaca Skodaexport. Colección Cuba Material.

pin Skodaexport

Pin promocional de la compañía checoslovaca Skodaexport. Colección Cuba Material.

pin Skodaexport

Pin promocional de la compañía checoslovaca Skodaexport. Colección Cuba Material.

caja de fosforos Skodaexport

Caja de fósforos promocional de la compañía checoslovaca Skodaexport. Colección Cuba Material.

caja de fosforos Skodaexport

Caja de fósforos promocional de la compañía checoslovaca Skodaexport. Colección Cuba Material.

perfumes soviéticos

perfume Violeta
Perfume Moscú Rojo

Perfume Moscú Rojo. 1980s. Donación de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

Además del famoso perfume Moscú Rojo, a partir de la década de los años setenta en Cuba se comenzaron a comercializar perfumes provenientes de Europa del Este, principalmente de Bulgaria, y de la URSS. Éstos son algunos de los perfumes soviéticos que estuvieron a la venta en el mercado paralelo, algunas veces sí, otras no. Llama la atención que sus nombres no hayan sido traducidos al español para el mercado cubano y que, a excepción de Moscú Rojo, todos conservan gran parte del contenido original.

Perfume "Acacia Blanca (Biélaia Acatsia)"

Perfume “Acacia Blanca (Biélaia Acatsia)”. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material.

Perfume Romeo

Perfume Romeo. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material.

perfume Violeta

Perfume Violeta. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material

ht: Tamara Álvarez y Alexis Jardines tradujeron los nombres.

cosméticos Sah

Agua de colonia en spray Sah
Agua de colonia en spray Sah

Agua de colonia en spray Sah. Hecha en Bulgaria. Colección Cuba Material.

La línea de cosméticos para hombres Sah hoy se produce en Macedonia. Antes del desplome del socialismo de estado en Europa del Este se fabricaba en Bulgaria y se exportaba a Cuba, donde se comercializaba en el mercado paralelo. Para el mercado cubano, las instrucciones sobre cómo aplicarse la colonia en spray fueron traducidas al español. Además de la colonia, en Cuba se vendió la crema de afeitar de la misma marca.

Crema de afeitar Sah

Crema de afeitar Sah. Hecha en Bulgaria. Colección Cuba Material.

bombillos incandescentes Tungsram

Envase de bombillo Tungsram
Envase de bombillo Tungsram

Envase de bombillo Tungsram. Hecho en Hungría. Colección Cuba Material.

Hace unos años, el estado cubano recogió los bombillos incandescentes que aún quedaban en los hogares. Parte de la campaña “revolución energética” consistió en sustituir estos bombillos por focos ahorradores, de filamento fluorescente. Me cuentan que, como cuando sustituyeron los viejos refrigeradores americanos, en cada casa se presentó un inspector estatal que contabilizó los bombillos existentes, posteriormente reemplazados por bombillos ahorradores. Como resultado, los interiores de las casas y comercios cubanos se iluminan hoy con una mortecina e insípida luz blanca.

Hace unos años, mientras registraba la antigua vitrina de la sala de mis abuelos, encontré un bombillo incandescente Tungsram que nadie vio cuando los inspectores estatales se personaron para efectuar el cambio de bombillos. Mi abuelo se preocupó por el gasto energético que sus 100 watts conllevarían, si algún día se veía en la necesidad de utilizarlo. Mi mamá me sugurió fotografiarlo para Cuba Material. Todos estuvimos de acuerdo en devolverlo a su sitio en el fondo de la vitrina. Cualquier día se podría necesitar.

A principios de año, mientras registraba otro de los closets de casa de mis abuelos, una barbacoa de difícil acceso, encontré otro bombillo Tungsram. Se trataba, esta vez, de un foco de 40 watts con base de metal, producido por Action Tungsram, empresa de patente norteamericana, registrada en 1975 en el estado de Pensilvania, según se anuncia en el envase.

En efecto, el sitio de patentes Trademarkia asegura que Action Tungsram fue registrada en el estado de New Jersey en 1976, a nombre de unos propietarios con domicilio legal en Pensilvania. Action Tungsram aparece también listada en el libro Multinationals from the Second World War: Growth of Foreign Investment by Soviet and East European State Enterprisesde Carl H. McMillan, editado en 1987. Allí, en una tabla que lista las inversiones del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) en occidente, se incluyen tres subsidiarias de la empresa húngara: Tungsram, en Austria; Tungsram Manufacturers, en Irlanda; y Action Tungsram, en los Estados Unidos. Según este libro, para 1983 las filiales irlandesa y norteamericana habían dejado de operar.

Envase de bombillo Tungsram

Envase de bombillo Tungsram. Hecho en Hungría. Colección Cuba Material.

bonos de gasolina

Bono de gasolina. Imagen tomada de Libreta de apuntes.

Bono de gasolina. 1987. Imagen tomada de Libreta de apuntes.

El 2 de enero de 1968 el gobierno cubano decretó el racionamiento de la gasolina. A los choferes de autos europeos se les asignó 8 galones al mes, mientras que a los dueños de automóviles norteamericanos se les asignó 20 galones. En Libreta de apuntesel blog de Norberto Fuentes:

. . . El buen amigo Rafael del Pino, Rafa el Infalible, me hace llegar un bono de gasolina para que pueda enfrentar la eventualidad de que el tanque se me quede seco en el camino. Es el bono que traía en su billetera cuando se montó con toda su familia en el Cessna que lo trajo a los Estados Unidos. A tenor de que para un lector extranjero o muy joven resulta una incógnita el bono y su uso durante largos años del proceso, sí les puedo asegurar que este es un buen bono. Por lo menos Del Pino no tuvo que deshacerse de él ante la exigente mano del pistero mediante el cual confirmaba que él, el general Rafael del Pino, héroe de la aviación revolucionaria, con un número certificado de derribos en la batalla de Bahía de Cochinos y un sinfín de misiones internacionalistas, estaba autorizado a recibir en el tanque de su coche Lada la cantidad prevista de cinco litros de gasolina. No hubo necesidad de gastarlo y Del Pino ha recorrido miles de kilómetros con el documentito en el bolsillo desde que despegó para siempre —en 1987— de una pista habanera, la de Ciudad Libertad. Cinco litros que nunca se consumieron. ¿O Rafael los donó exprofeso a la patria antes de su partida?

tela antiséptica bebitex

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Tela antiséptica Bebitex
Tela antiséptica Bebitex

Tela antiséptica Bebitex. 1973. Colección Cuba Material.

Cuando nació mi hija, en el 2002, el sistema de racionamiento de productos industriales me asignó algunos metros de tela antiséptica para hacer pañales y culeros de bebé. Cuando fui a comprar la tela, por insistencia de mi abuela, me la dieron doblada, sin protección o envase. Tampoco tenía etiqueta o nombre comercial. A cambio del cupón correspondiente y cierta cantidad de dinero, me llevé varios pliegos de la tela blanca con que las madres cubanas han hecho, por décadas, los pañales de sus hijos, festoneados y bordados por ellas mismas o por sus madres, abuelas, vecinas o costureras.

Cuando yo nací, en 1973, ya el gobierno cubano vendía tela antiséptica mediante una libreta de racionamiento emitida especialmente para las embarazadas y los recién nacidos. En aquella época, sin embargo, la tela antiséptica tenía nombre comercial: bebitex, y se vendía empaquetada en nylon, adornado con motivos infantiles. El empaquetamiento establecía, además, la cantidad de tela y su fabricación: cubana.

En algún momento, en las tres décadas que median entre el nacimiento de mi hija y el mío, el empaque de nylon y la marca comercial bebitex se dejaron de producir y comercializar. Los embarazos de las mujeres cubanas transcurrieron, entonces, menos adornados.

Tela antiséptica Bebitex

Tela antiséptica Bebitex. 1973. Colección Cuba Material.

medicamentos

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Frasco de Curare

Frasco de Curare. Producido y comercializado en Cuba por los laboratorios norteamericanos Merck. Pharmaceuticals. Colección Cuba Material.

En su artículo “Drug Wars: Revolution, Embargo, and the Politics of Scarcity in Cuba, 1959-1964”, originalmente leído en el Cold War Seminar organizado por la Tamiment Library de la Universidad de Nueva York, la historiadora Jennifer Lambe explora el impacto que tuvo en la vida cotidiana de los cubanos la sustitución del régimen farmacéutico capitalista por uno de naturaleza socialista, con posterioridad al triunfo de la revolución cubana. Según expresa el Resumen del texto:

La Revolución Cubana de 1959 marcó el comienzo de muchos cambios radicales, tanto socioeconómicos como políticos. Ahora bien, las convulsiones macropolíticas del momento también se manifestaron de forma concreta en las vidas de cubanos ordinarios. La repentina escasez de medicamentos diarios, vinculada estrechamente a las tensiones diplomáticas con los Estados Unidos, fue una de ellas. Este artículo rastrea las batallas transnacionales provocadas por la repentina desaparición de drogas farmacéuticas norteamericanas de los anaqueles cubanos. El material trata de entender las carencias farmacéuticas no sólo como un efecto político sino como una realidad social que proveyó un espacio para la articulación de nuevas formas de sociabilidad y políticas alrededor del cuerpo.

A principios de este año pude organizar la vitrina que antes estuvo en la consulta de mi abuelo, el doctor Leopoldo Arús Gálvez, hoy escondida en el cuarto de desahogo de su casa (antiguo cuarto de criados). Se trata, ahora, de un mueble de cristales empolvados y armazón oxidada que, desde hacía muchos años, se encontraba atiborrado de envases y frascos de medicamentos, emulsiones, colirios, tabletas, ámpulas de inyección, jeringuillas, agujas hipodérmicas, bandejas, termómetros y estuches de gasa y de algodón. Lo recuerdo, sobre todo, como el lugar donde mi abuelo guardaba una réplica de cerámica de un corazón, que de niña me gustaba pedirle que me ensañara, y que casi nunca me dejaba tocar para que no se rompiera. Y también como el lugar donde había un frasco de Curare que nunca vi, y donde sabía que había otros venenos como Estricnina y Morfina, porque mi abuelo también me lo había dicho.

En las cinco repisas de cristal del interior de la vitrina se mezclaban con total promiscuidad tres diferentes regímenes farmacéuticos: el del capitalismo, el del socialismo de estado, y el del postsocialismo. Nos tomó dos tardes a mi mamá y a mí deshacernos de la basura que por años también se acumuló en esa vitrina. Tuvimos que romper las ámpulas y destruir las pastillas vencidas para prevenir que las personas que viven de lo que recogen de los contenedores de basura las usaran o las revendieran. Separamos aquellos medicamentos que podían ser de utilidad, y mi mamá los donó al consultorio del médico de la familia. Alguna manguerita de suero y un par de guantes quirúrgicos estaban ya calcinados, y se deshicieron apenas los toqué.

Conservé, para la colección de Cuba Material, todos aquellos medicamentos del capitalismo que mi abuelo había guardado por más de cinco décadas. Se trataba, por lo general, de muestras médicas que los laboratorios farmacéuticos de entonces le hacían llegar a él y a su papá, que también era doctor. Muchos de estos laboratorios tenían sucursal en Cuba y todos los envases o frascos de medicamentos tenían diseños y tipografías deliciosas. A este grupo pertenece el pequeño frasco de Curare.

Otra gran parte del lote la componen los medicamentos producidos o comercializados por la industria farmacéutica socialista. Ahí encontré los medicamentos genéricos producidos por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) o importados de Europa del Este, similares al antibiótico oral Gricín, al que ya me he referido, vendidos luego de que se decretara el racionamiento d medicamentos el 11 de febrero de 1962. Aún se conservaba, por ejemplo, el envase de píldoras de medazepam, de aspecto bastante moderno, comercializado bajo la marca Rudotel por la empresa de Alemania del Este GERMED y producidas en la planta de Dresden Ver Arzneimittelwerk.

Finalmente, a estos dos regímenes farmacéuticos los completaba una serie de medicamentos que mi papá, mi hermana y, últimamente, yo hemos estado enviando a mis abuelos y mi mamá desde principios de los años 1990s. Pomos plásticos de 500 píldoras de vitaminas, Advil (o Ibuprofén), Tylenol (o Acetaminofén) y Tums para los problemas estomacales; tiras de curitas y de Alka Seltzer; pomadas para los dolores reumáticos, pastillas para dormir, laxantes y jeringuillas desechables. De estos no conservé ninguno. Mi mamá guardó para ella y para mi abuelo los que creyó necesitar.

Al final, tomé para Cuba Material las dos repisas inferiores, que aún siguen luciendo atiborradas de medicamentos. Mi mamá y mi abuelo tienen, en cambio, tres repisas limpias y despejadas para seguir guardando las medicinas que les mandamos desde acá.

Envase de tablets de Rudotel (medazepam). Producidas en la RDA por Ver Arzneimittelwerk y comercializadas en Cuba por GERMED. Colección Cuba Material.

Estuche de tabletas de Estricnina. Producidos y comercializados por el MINSAP. Colección Cuba Material.

Día de las Madres, sin flores

día de las madres
día de las madres

Foto tomada el día de las madres, circa 1980.

Esta foto, tomada, creo, un día de las madres más o menos cercano a 1980, es muy reveladora. En ella estamos mi hermana y yo sonrientes, en una mano un jarrón y en la otra una postal florida, de las que circulaban en Cuba por el día de las madres. Tengo muchas fotos en posiciones y con atuendos diferentes, pues durante toda mi infancia mi abuelo nos usó, a mi hermana y a mi, de modelos en las muchas fotos que tomó, reveló e imprimió como entretenimiento. Pero los elementos que componen esta fotografía son particularmente raros: dos búcaros de vidrio y dos postales de felicitación. Pienso que no debe haber habido flores ese día y, para “resolver”, mi abuelo organizó la composición de la fotografía con un sucedáneo: una representación de las flores.

Los vestidos que llevamos mi hermana y yo son, también, un manera de resolver la escasez. Los hizo mi mamá con lienzo, adornado con cintas bordadas que, por el diseño, parecen importadas de la URSS. A la izquierda, yo llevo “popis” o tenis deportivos, casi seguro de fabricación cubana. Mi hermana calza zapatos ortopédicos, estilo “Mary Jane”, hechos en Cuba. Así celebramos el día de las madres alrededor de 1980 mi hermana y yo.

algodón y gasa quirúrgicos

Rollo de algodón quirúrgico

Rollo de algodón quirúrgico. Hecho en la República Popular China. 1980s. Colección Cuba Material.

No recuerdo que, antes del desplome del socialismo soviético, en Cuba se vendiera el algodón en motas, como se puede comprar ahora en casi todas partes del mundo. EL algodón se vendía entonces en las farmacias, comprimido en rollos y envuelto en un papel gris, bajo la marca Snowflake. Los rollos más grandes pesaban 25 gramos y la etiqueta los identificaba como fabricados en Shanghai, en la República Popular China (esto lo decía en mandarín, en inglés, y en francés, nunca en español). La etiqueta de estos rollos de algodón también indicaba (sólo en francés) que la exportación de este producto corría a cargo de la Sociedad Nacional China de Importación y de Exportación de Productos Químicos. En la colección de Cuba Material tengo rollos de algodón de esta marca en al menos tres tamaños diferentes, todos más pequeños que el que se describe aquí aunque con igual factura y diseño.

En las farmacias cubanas de la era soviética también se podía adquirir gasa, esta última de fabricación cubana. Envasada en cajas de cartón, la gasa se vendía también en rollos, comercializados por el Grupo Especial de Materiales de Curación, una institución cubana. Se vendía a un precio de 15 centavos en su variante de 5 x 550 cm y de 40 centavos en el caso de vendas de dimensiones de 10 x 914 cm.

Venda de gasa. Hecha en Cuba por el Grupo Especial de Materiales de Curación. Colección Cuba Material.

Venda de gasa. Hecha en Cuba por el Grupo Especial de Materiales de Curación. Colección Cuba Material.

termómetros

Termómetro soviético
Termómetro soviético

Termómetro Normalgias. Hecho en la URSS. 1970s. Colección Cuba Material.

Todos los cubanos usábamos el mismo termómetro, un Normalgias fabricado en la URSS. Antes de la caída del socialismo en Europa del Este y la desintegración de la URSS también se vendieron en Cuba termómetros chinos, más pequeños y embutidos en un estuche de goma, de forma cuadrada y de color azul. Tengo la impresión de que estos últimos eran los que se usaban en los hospitales en los años 1980s. Era difícil leer la temperatura en ellos, pues los ángulos del cuerpo del termómetro no dejaban ver la barra de mercurio. Ambos termómetros se ponían en la axila para medir la temperatura.

Durante la crisis del Período Especial, en la que hasta los termómetros escasearon, éstos se vendían en la bolsa negra. Es posible que todavía se puedan adquirir así.

Termómetro soviético

Termómetro Normalgias. Hecho en la URSS. 1970s. Colección Cuba Material.

juguetes cubanos: plastilina para modelar Tainito

Estuche de plastilina para modelar Tainito
Estuche de plastilina para modelar Tainito

Estuche de plastilina para modelar Tainito. Hecho en Cuba. Colección Cuba Material.

Pocos de los juguetes que se comercializaron en mi infancia, en la década de los años 1970s, eran producidos en Cuba. Los juguetes cubanos eran los más feos, los de peor terminación o factura, los menos codiciados por los niños. Casi todos caían dentro de la categoría de “dirigidos”, la menos atractiva de las tres ideadas por el Ministerio de Comercio Interior para organizar la venta anual de juguetes.

Por eso me sorprendió encontrar un estuche de plastilina cubana con un bonito diseño y presentación. El estuche contiene varias barras de plastilina de diferentes colores, cada una envuelta en un papel encerado, y un instrumento de madera, con una de las puntas en forma de paleta, para trabajar la plastilina. Contiene, además, un manual con instrucciones e ideas sobre cómo trabajar y qué hacer con la plastilina. A juzgar por su factura y diseño, parece haber sido producido en los años 1960s.

Se trata, además, de un “juguete” muy nacionalista. El nombre, el de una de las culturas aborígenes que habitaban la isla antes de la colonización; el envase, con la imagen de un niño Taíno; y las ideas sugeridas, principalmente utensilios y objetos relacionados con el modo de vida de esta tribu, sugieren todos un interés en promover “lo nacional”, “lo cubano”. En este caso, la cubanidad es asociada expresamente con la cultura aborigen y no con la criolla o con las prácticas modernas.

En la obra On Becoming Cuban: Identity, Nationality, and Culture, el historiador Louis A. Pérez (1999) observaba que:

In October 1959 the Agricultural and Industrial Development Bank of Cuba (BANFAIC) sponsored an “Exposition of Cuban Toys,” designed “to exhort the public to buy toys produced in Cuba.” The organizers affirmed: “In addition, the social function of the toy must be stressed, for from the most distant past to the present this has been one of the principal means to promote in the child knowledge of the civilization in which he develops.” (p. 483)

Pinche aquí para ver el manual en pdf de la Plastilina para modelar Tainito.

(nota: Esta entrada es una actualización de una entrada publicada el 3 de septiembre de 2014)

estuches de jabones de tocador

Estuche de jabones Aquazul
Estuche de jabones Aquazul

Estuche de jabones Aquazul. 1980s. Colección Cuba Material.

Entre otras cosas, en el mercado paralelo se podían comprar, algunas veces, estuches de jabones de tocador. Algunos eran de fabricación nacional, como los de la línea masculina 5 PM o los de la marca Aquazul. Otros, se importaban de Europa del Este. Tal es el caso de los jabones Nautik, producidos en la RDA.

Estos jabones se compraban, casi siempre, para regalar en ocasiones especiales. A quienes cumplían años, o durante los días de los padres, las madres, o los enamorados, o incluso como detalle de cortesía con un médico a quien se quisiera agradecer.

Por regla general, una vez consumidos los jabones, se guardaban las cajas. Éstas servían para almacenar objetos o, incluso, para adornar coquetas y aparadores. La caja de jabones Nautik fotografiada en esta entrada contuvo, hasta hace pocos días, cintas de pelo importadas de la URSS, en un surtido de variados colores. Las cintas, cuidadosamente dobladas, tenían justo el ancho de la caja de jabones. Quien las guardó en ella tuvo el cuidado de señalizar la caja con el nombre de su nuevo contenido.

Estuche de jabones 5 PM

Estuche de jabones 5 PM. 1980s. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones Nautik

Estuche de jabones Nautik. Hechos en la RDA. Donación de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

esencias de sabores de alimentos

Esencias de sabores de alimentos importados de Checoslovaquia
Esencias de sabores de alimentos importados de Checoslovaquia

Esencias de sabores de alimentos importados de Checoslovaquia. 1980s. Colección Cuba Material.

Cuando era niña, mi abuelo, que antes ya había hecho vino casero, a veces con uvas caletas que recogía en la playa de Jibacoa, heredó de un amigo, psiquiatra del hospital Mazorra donde él también trabajaba, un alambique de cristal. Mi abuelo comenzó entonces a destilar vino, del que obtenía un ron de sabor muy parecido al pisco peruano. Durante la década de los años 1980s fue perfeccionando su pasatiempo, que se convirtió en casi la única fuente de bebidas alcohólicas cuando llegó el Período Especial.

Parte de la mejoría fue posible porque mi tío, que solía viajar con frecuencia a Checoslovaquia, compraba allí esencias de alimentos para, con al aguardiente que mi abuelo obtenía, producir licores y brandies. Mi abuelo guardaba estos estos pequeños frascos, como todo lo relacionado con la producción de ron, como si fueran tesoros. Aún tiene las libretas donde anotaba la cantidad de aguardiente que obtenía de cada botellón de vino y el grado de alcohol que producían.

conjunto de contenedores de alimentos de la República Popular China

Set de contenedores plásticos
Set de contenedores plásticos

Set de contenedores plásticos para alimentos. Hechos en la República Popular China. 1980s. Colección Cuba Material.

En un país en donde las amas de casa acostumbraban a almacenar la comida en envases de alimentos reutilizados como contenedores, a falta de mejores opciones, este set o conjunto de contenedores plásticos de tres tamaños diferentes, fabricados en la República Popular China, representaba todo un lujo y una certeza de la modernidad que el socialismo era capaz de producir y llevar a los espacios domésticos.

A diferencia de otros productos de la industria china destinados a la exportación, cuyos envases e incluso marcas comerciales aparecen glosados en inglés, a los fabricantes de estos contenedores de alimentos no se les ocurrió traducir la información técnica que aparece en la parte inferior, que a continuación reproduzco, en mandarín, por si alguien se anima a traducirla.

Contenedores plásticos para alimentos

Contenedores plásticos para alimentos. Hechos en la República Popular China. 1980s. Colección Cuba Material.

avíos de pesca

flotadores pesca
flotadores pesca

Flotadores de pesca Znak. Hechos en Checoslovaquia. 1980s. Colección Cuba Material.

Los restos materiales del flujo de personas entre los países miembros del campo socialista y Cuba abarcan todas las esferas de la vida cotidiana. De ello dan cuenta una serie de productos de uso doméstico no suntuario que parecen distinguir estos intercambios de aquellos establecidos con los países del área capitalista. En estos últimos países, los pocos cubanos que tenían la suerte de viajar adquirían principalmente ropa y electrodomésticos. No tenían tiempo ni dinero para comprar otro tipo de artículos menos preciados.

Los técnicos, ingenieros y cuadros políticos cubanos que viajaban a Europa del Este, en cambio, también compraban, siempre que podían, ropa, calzado y electrodomésticos. Sin embargo, en sus maletas venían toda una serie de productos menos suntuarios. Quizás, debido a las mucho más limitadas variedad de la oferta de artículos de ropa y electrodomésticos, su limitada calidad y poca actualización con relación a las últimas tendencias del mercado, y las diferencias de clima. No pudiendo adquirir un buen pitusa Levis, los cubanos gastaban sus pensiones diarias en lo que pudieran conseguir.

Durante sus viajes a Checoslovaquia, mi tío compró avíos de pesca. Entre ellos, unos paquetes de flotadores pequeños, marca Znak, que se vendían por poco más de 4 coronas checas. En sus excursiones de pesquería a la costa del este de La Habana, él y mi abuelo no alcanzaron a utilizarlos todos. Hace poco encontré en su casa uno de estos paquetes sin abrir.

Asociación de Amistad Cubano China, calcomanía

Calcomanía propagandística de la Asociación Cultural Cubano China
Calcomanía propagandística de la Asociación Cultural Cubano China

Calcomanía propagandística de la Asociación Cultural Cubano China. 1960s. Foto 2017, Vedado, Ciudad de la Habana.

La Asociación de Amistad Cubano China se llamó, inicialmente, Asociación Cultural China-Cuba, nombre bajo el que fue fundada en 1959. Por años estuvo dirigida por el general retirado Moisés Sio Wong, hasta que éste falleciera en el 2010. Desde niña, esta calcomanía ha estado en una de las alas de la puerta del “cuarto de los tarecos” de casa de mis abuelos. En la otra, un sello con mensaje revolucionario, también de los tempranos 1960s. Por dentro, de una de las alas siempre ha colgado un Sagrado Corazón de Jesús, de metal ennegrecido, al que últimamente se le ha pulido el corazón desde que, a sus 99 años, mi abuelo se ha acercado a Dios y a la fe. Se encuentra entre cordeles que sostienen pomos y arandelas. Herramientas y quincallas cubren casi toda la superficie de la otra ala.

crayolas Arcoiris

Estuche de crayolas Arcoiris
Estuche de crayolas Arcoiris

Estuche de crayolas Arcoiris. Hecho en Cuba. 1980s. Donación de Meyken Barreto. Colección Cuba Material.

En Cuba, a los crayones para colorear se les llama crayola, como la marca norteamericana (igual pasa con el detergente de lavar, al que llamamos Fab y los refrigeradores, a los que decimos Frigidaire). Se les llamó así, incluso, durante el período de socialismo de estado, a pesar de la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con los Estados Unidos, del embargo norteamericano, y de la sovietización de la sociedad y la economía cubanas. La marca local Arcoiris identifica correctamente las crayolas como crayones para colorear, aunque utiliza el cubanismo creyones, no reconocido por la RAE.

jabones de tocador del campo socialista

Jabón Palmier
Jabón Palmier

Jabón Palmier. Hecho en Rumanía. 1980s. Colección Cuba Material.

En los años 1980s se comercializaron en Cuba, en la variante conocida como “venta liberada” o “mercado paralelo”, jabones de tocador de mucha mejor calidad y diseño que los jabones Nácar del mercado racionado. Vendidos a precios mucho mayores que el de estos últimos, muchas familias los compraban para regalar o celebrar ocasiones especiales.

Mis abuelos guardaron algunos de estos jabones producidos en Europa del Este (RDA y Rumanía), junto a algunos Nácar, en el fondo de un closet, por tanto tiempo que los olvidaron. Ni siquiera se acordaron de ellos durante los años más difíciles del Período Especial.

Jabón Palmier

Jabón Palmier. Hecho en Rumanía. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Palmier

Jabón Palmier. Hecho en Rumanía. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Palmier

Jabón Palmier. Hecho en Rumanía. 1980s. Colección Cuba Material.

 

Jabón Lili

Jabón Lili. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Lili

Jabón Lili. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

jabon Lili

Jabón Lili. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Lili

Jabón Lili. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Jubileu

Jabón Jubileu. Hecho en Rumanía. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Jubileu

Jabón Jubileu. Hecho en Rumanía. 1980s. Colección Cuba Material.

jabon Eau de Cologne

Jabón Eau de Cologne. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Eau de Cologne

Jabón Eau de Cologne. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Pine Needle

Jabón Pine Needle. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

jabón Pine Needle

Jabón Pine Needle. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

el radio de la profesora invisible

Radio Agrícola II
Radio Agrícola II

Radio Agrícola II. 1970s. Donación de Pablo Argüelles. Colección Cuba Material.

A los 99 años, murió en Cuba Juana Rivero Casteleiro, conocida como Cuca Rivero o “la profesora invisible”, de quien varias generaciones de cubanos recibimos clases de música entre preescolar y cuarto grado. Dos veces por semana, las maestras y auxiliares pedagógicas traían a las aulas un radio Agrícola II (el de mi escuela era de color anaranjado) y, a la hora señalada, sintonizaban el programa de Educación Musical que se transmitía por la frecuencia de Radio Rebelde. En sus clases “invisibles”, Cuca Rivero orientaba ejercicios de vocalización y enseñaba a los niños canciones, casi siempre de contenido patriótico y “revolucionario”. A partir del curso escolar 1975-1976, el programa fue incorporado en el plan de estudios nacional como una asignatura.

En una entrevista publicada en el blog Desde Cuba, Cuca Rivero explica:

—Sí, durante 26 años ininterrumpidos impartí clases por radio en un programa llamado Educación Musical de Radio Rebelde, a los niños de toda Cuba, desde preescolar hasta cuarto grado. Tuve una etapa experimental de 1962 a 1974 y después comencé en 1975, hasta 1993. Un total de 376 escuelas del país oían ese espacio. Yo no olvido la experiencia de haberle impartido clases a maestros de música en ejercicio de las escuelas públicas, ¡gratis!, antes de 1959. Ellos solo habían estudiado piano, pero dirección coral, no. Fue algo hermoso, pero esta vivencia de mis clases por radio superaron todo lo vivido por mí en ese sentido profesoral y educativo.

“Esos programas se grababan en la EGREM. Yo dirigía un equipo excepcional de profesionales que me ayudaron en eso: la asesora literaria era Mirta Aguirre, las compositoras, Gisela Hernández y Olga de Blanck; el ilustrador, Nelson Castro; la cantante, Bertha González, y el pianista, Mario Romeu, todos estrellas. Se transmitían en mi voz, a las tres de la tarde, dos veces a la semana.

“Tampoco olvidaré que subimos al Pico Turquino, y estando allá, ante el busto de José Martí, cuando me dirigí a los niños presentes, uno de ellos gritó: ¡Esta es la profesora invisible! Le pregunté por qué lo sabía y me dijo: ‘Por su voz, porque yo oigo sus clases por el radio de mi casa’. Y es que en aquel programa siempre decía: ‘Llegó la hora de cantar y aquí estamos los profesores invisibles para enseñar a cantar, jugando’. ¡Se me salieron las lágrimas en la montaña más alta de Cuba, mirando al niño y a la vez la imagen del Apóstol que escribió La Edad de Oro! para muchachos como él”.

Radio Agrícola II

Radio Agrícola II. Donación de Pablo Argüelles. Colección Cuba Material.

cold cream Fiesta

Pomo de Cold Cream
Pomo de Cold Cream

Pomo de Cold Cream. 1980s. Colección Cuba Material.

En los años 1960s se emitió una ley que prohibía utilizar nombres en cualquier idioma que no fuera el español en los envases de alimento. El cold cream, sin embargo, continuó llamándose cold cream, a pesar de las políticas más nacionalistas de la era posrevolucionaria. El que se muestra, producido por la Empresa de Perfumería y Jabonería Suchel, fue cubanizado con la marca Fiesta, que atenúa su carácter extranjerizante. El pomo, poco atractivo si se le compara con otros envases de cosméticos de la mima época, incluso con aquellos producidos en Cuba, no deja dudas de que se trata de un producto nacional producido para ser consumido en el país.

Gricín, antimicótico oral

Tabletas antibióticas Gricín
Tabletas antibióticas Gricín

Tabletas antibióticas Gricín. 1980s. Hechas en la RDA. Colección Cuba Material.

El envase de las tabletas antimicóticas Gricín, fabricadas por el laboratorio farmacéutico VEB Arzneimittelwerk Dresden de la antigua RDA, es uno de los pocos envases de medicamentos de la era soviética en la colección de Cuba Material. Estos envases fueron diseñados a partir de normas técnicas, establecidas por la Comisión de Envases del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) de los países del Bloque del Este.

trabajo voluntario por la quincena de la Victoria de Girón

Carné de participación en la jornada de trabajo voluntario "quincena de la Victoria de Girón"
Carné de participación en la jornada de trabajo voluntario "quincena de la Victoria de Girón"

Carné de participación en la jornada de trabajo voluntario “quincena de la Victoria de Girón”. 1966. Colección Cuba Material.

Otro de los carnés entregados para dejar constancia y registro de la participación en el trabajo voluntario. En este caso, una movilización de apoyo a la “sexta zafra del pueblo”, en la que mi tío Leopoldo Arús Caraballo participó cortando caña.

los coleros y la venta anual de juguetes

Reconocimiento a trabajadores del MINCIN que participaron en la venta anual de juguetes
Reconocimiento a trabajadores del MINCIN que participaron en la venta anual de juguetes

Reconocimiento a trabajadores del MINCIN que participaron en la venta anual de juguetes. 1971. Carné facilitado por Janet Vega Espinosa. Colección Cuba Material.

En 1971, los turnos para la venta anual de juguetes se repartieron por teléfono. Se dice que en La Habana fueron tantas las llamadas para adquirir un turno que las líneas telefónicas colapsaron. Algunas personas, los llamados “coleros“, se dedicaron a llamar por teléfono para conseguir turnos que después vendían. Contra ellos el estado lanzó una campaña que llevó por título “¿Quién mató a ‘Billy’ el colero?”. El tal Billy, de aspecto medio chulampín, con ropa que parece de procedencia extranjera, como también lo es su nombre, cuelga (posiblemente ajusticiado) del cable de un teléfono alcancía.

canicas de cristal

canica
canica

Canica. circa 1980. Colección Cuba Material.

¿Dónde se fabricaban las canicas de cristal con que jugaban los niños cubanos en las décadas de los años 1960s, 1970s y 1980s en Cuba? ¿Se importaban de China? ¿De la URSS? Se compraban una vez al año, durante la venta anual de juguetes que el gobierno organizaba en todas las tiendas del país durante varios días, única oportunidad en que los niños cubanos renovaban, o ampliaban, el repertorio de juguetes con el que jugarían durante los siguientes doce meses y única vez en que sus padres les regalarían juguetes a sus hijos, a menos que se arriesgaran a adquirirlos en la bolsa negra o tuvieran la posibilidad de viajar al extranjero por motivos de trabajo. Como era niña, nunca se me antojó comprar canicas con una de las escasas tres posibilidades de juguetes a que tenía derecho. Pero la forma y los colores de las “bolas”, como les decimos en Cuba a las canicas, me gustaban mucho.

trabajadores de avanzada

Diploma de trabajador de avanzada
Diploma de trabajador de avanzada

Diploma de trabajador de avanzada. 1969-1970. Donación de Ricardo Hernández. Colección Cuba Material.

El movimiento de trabajadores de avanzada era, según los define la historiadora Linda Fuller (1992, “Cuban Unions and Workers Control,” pp. 54-75 in Cuba: A Different America, editado por Wilber A. Chaffee y Gary Prevost), una fuerza de trabajadores de élite, electos en asambleas laborales. En 1969 sumaban 235,000 individuos, es decir, el 12 portento de la fuerza de trabajo del país (muchos más que los miembros del Partido Comunista). De 1969 es el más antiguo de los diplomas de trabajador de avanzada que conservo, gracias a Ricardo Hernández, quien donó a Cuba Material su colección de memorabilia política.

Diploma de trabajador de avanzada

Diploma de trabajador de avanzada. 1970-1971. Donación de Ricardo Hernández. Colección Cuba Material.

Diploma de trabajador de avanzada

Diploma de trabajador de avanzada. 1971-1972. Donación de Ricardo Hernández. Colección Cuba Material.

Diploma de trabajador de avanzada

Diploma de trabajador de avanzada. 1972-1973. Donación de Ricardo Hernández. Colección Cuba Material.

Diploma de trabajador de avanzada

Diploma de trabajador de avanzada. 1976. Donación de Ricardo Hernández. Colección Cuba Material.

Diploma de trabajador de avanzada

Diploma de trabajador de avanzada. 1979. Donación de Ricardo Hernández. Colección Cuba Material.

juguetes: granjas y camiones

Juguete Granja
juguete Granja

Juguete Granja, exhibido en la exposición Pioneros: Building Cuba’s Socialista Childhood, curada por Meyken Barreto y María A. Cabrera Arús. 17 de septiembre de 2015 – 1 de octubre de 2015. Arnold and Sheila Aronson Galleries, Sheila C. Johnson Design Center. Parsons School of Design, The New School. New York, NY. Colección Cuba Material.

La granjita era uno de mis juguetes preferidos. Ahora pienso que me gustaba porque me transportaba a un mundo diferente del trópico socialista donde vivía. Uno donde había haciendas y granjeros que tenían tractores, camiones y cosechadoras, animales de corral, estanques y pacas de heno. Y donde vivían en mansiones de dos pisos, bien delimitadas por muros de piedra, de las que sólo conocía por la literatura o la televisión.

La “granjita” me gustaba, además, porque tenía 103 piezas, con las podía entretenerme un largo rato. En mi infancia austera, la granjita fue uno de los mejores juguetes que tuve.

* * *

En Hechos de Hoy: Un camión gallego con volquete, el juguete al que aspiraba todo niño cubano, de Camilo Venegas:

Por estos días, una tres décadas atrás, las tiendas de los pueblos de Cuba se llenaban de juguetes. En su afán por cambiar todas las cosas de lugar, la revolución había removido el Día de Reyes para julio, de manera que coincidiera con la celebración de sus más importantes fechas.
Siguiendo los preceptos del igualitarismo, a cada niño nos correspondían tres juguetes: básico, no básico y dirigido. En el 75 o el 76 (estábamos en 3ro. o 4to. grado), por fin alcancé un camión gallego. Me pasé dos horas mirándolo, sin hacer nada con él.
En el Paradero de Camarones, un camión gallego de volteo -o volquete- era el mejor juguete al que se podía aspirar. El Chiqui tenía uno que llegó a cargar toneladas de fango de la zanja de su casa. Cuando el mío se sumó a las obras, reconstruimos por completo aquella vía fluvial, imprescindible en el desagüe durante los temporales. (…)

Continuar leyendo.

Juguete Granja

Juguete Granja. Foto Geandy Pavón. 2015.

Nota. Una versión anterior de esta entrada se publicó en el 2013.

juguetes básicos, no básicos y dirigidos

munecos de goma
munecos de goma

Muñecos de goma exhibidos en la exposición Pioneros: Building Cuba’s Socialista Childhood, curada por Meyken Barreto y María A. Cabrera Arús. 17 de septiembre de 2015 – 1 de octubre de 2015. Arnold and Sheila Aronson Galleries, Sheila C. Johnson Design Center. Parsons School of Design, The New School. New York, NY.

He reunido aquí algunos comentarios sobre el sistema de venta de juguetes en la Cuba socialista, para en entradas posteriores ilustrar algunos de estos juguetes en particular.

En El fogonero: Básico, no básico y dirigido:

Ni Santa Claus ni los Tres Reyes Magos tenían permiso de entrada al Paradero de Camarones, por eso el que nos traía los juguetes era el camión del MINCIN (Ministerio de Comercio Interior). La fecha de entrega tampoco era el 6 de enero, sino un día de julio en el que siempre llovía y las horas se estiraban como si tuvieran un muelle en cada minuto. Una semana antes se hacía un sorteo.
Aracelia y su hijas, Nancy y Aracelita, echaba todos los números de los núcleos (que es el nombre por el que se llamaba a las familias en el borde superior de la Libreta de Abastecimiento) y los iban sacando de uno en uno. Con ese mismo orden consecutivo los niños podíamos pasar a comprar los juguetes. Mi suerte siempre fue pésima, pero en los dos últimos años me tocaron el 4 y el 2.
Con el cuatro alcancé un tren enorme, con estaciones, puentes, túneles, pasos a nivel y una locomotora con la luz encendida que pitaba al cambiar de vía. Con el 2, me compré una bicicleta de hembra (había ido una sola de varón y le tocó al 1). Básico, no básico y dirigido. Teníamos derecho a tres juguetes. El primero con un costo superior a los 6 pesos, el segundo de 2 a 6 pesos y el último, que sólo costaban centavos, era el que te dieran, de ahí su nombre tan preciso.  (…)
* * *
En esto de vivir es del carajo: Los Reyes Magos:
(…) Un día, de pronto, gracias a nuestro gran líder, los juguetes desaparecieron de las tiendas, así como la comida, que era mucho peor y se implantaron las así llamadas ¨libretas de racionamiento¨, desde ése momento, desaparecieron los Reyes Magos y los juguetes que llegaban al país, exclusivamente por esas fechas, se dividían en ¨básicos, no básicos y adicionales¨, a cada familia, según dónde viviera, la metían en una lista, que supuestamente, sorteaban a ver a quienes correspondía comprar el primer día, a quién el segundo y así, la clasificación de los juguetes la determinaba alguna oculta persona de ¨arriba¨, que decidía cuál era un juguete básico y cuál no. En general, se suponía que los básicos eran los más lindos y llamativos, los no básicos, los siguientes en el gusto y los adicionales la pura caca que sobrara.
A mi, en los dos años o tres, que participé en éste sistema, creo que el límite de edad era 12 años, después de eso, dejabas de ser niño a todos los efectos, jamás me tocó el primer día, mi mamá recorría con nosotros la tienda y nos decía que miráramos y decidiéramos qué queríamos, total, por gusto, porque al quinto día, cuando nos tocaba comprar, ya no quedaba nada que sirviera, mi año más afortunado fué uno en el que quedaba un muñequito de lo más chulo, que se suponía venía en pareja con la hembrita, pero que a esas alturas, habían divorciado sin más preámbulos, así que a mi me tocó el machito y a Ade, mi prima, la hembrita.
En esas lides, metían cualquier cosa que se les ocurriera, así que un año me tocó un tocadiscos portátil alemán de maletica, que no sería ningún juguete ni cosa parecida, y que cuando lo recibí me morí de desilusión, pero que en años subsiguientes fué uno de los objetos más útiles de la casa y una de las maravillas más recordadas por mi familia.
Roto entonces, el encanto de la infancia, las cosas se volvían más prácticas, y la gente negociaba en las calles juguetes de un tipo por otro y se hacían tratos de todo tipo.
Y no debería lamentarme, porque en años subsiguientes, los juguetes, sencillamente, desaparecieron, casi hasta hace poco, en los que los empezaron a vender de nuevo a precios prohibitivos, sin necesidad de libreta de racionamiento, pero sólo a aquellos que pudieran pagar semejante extravío. (…)
* * *
EN Baracutey cubano: Los Tres Reyes Magos. La Epifanía del Señor, por Zoé Valdés:
(…) Mamá empezó a pasar noches haciendo cola para un teléfono público. La cola para poder conseguir una llamada desde aquel aparato negro triplicaba la vuelta a la manzana. El teléfono se hallaba situado bajo las arcadas frente al Parque Habana, en la calle Muralla, junto a mi escuela primaria (hoy Fondo de Bienes Culturales, después mudaron mi escuela para la calle San Ignacio). Tampoco era fácil comunicar con el Centro desde donde se repartían los turnos que daban el derecho a comprar los juguetes del Día de Reyes, había que discar y discar, una y otra vez. A mi madre se le hinchaba el dedo de tanto meterlo en el disco descascarado. Tenía el derecho a veinte intentos, si en esos veinte intentos no lo conseguía debía volver al final de la cola, coger otro turno, dormir noches y madrugadas para que no le quitaran el puesto. A veces pagaba al de atrás de ella para que la dejara llamar hasta cincuenta veces. Todo eso sucedía tres meses antes o más, no recuerdo bien, al Día de Reyes, durante el castrismo, claro, y mientras hubo Día de Reyes.
Las madres debían dar el apellido del niño. A mí siempre me tocaba el último día, por lo de la V de Valdés, y entonces había que navegar con suerte para que en ese último día nos concedieran uno de los primeros números. Lo que nunca fue el caso. En consecuencia, año tras año, las opciones a las que pude acceder, eran las mismas, o casi…
Sólo teníamos derecho a tres juguetes por niño. El básico, el no básico, y el dirigido. El básico era el juguete más importante y caro, el no básico era el de menor importancia y menos caro, el dirigido era el impuesto por el gobierno, el que había que comprar obligatoriamente, y por supuesto, el más barato. Yo soñaba con una bicicleta y con patines, esos eran juguetes básicos, preferencialmente para varones. A las niñas nos tocaban juguetes “de niñas”, muñecas, juegos de tocadores, cocinitas, en ese orden… Cuando nos llegaba el turno de compra a mi madre y a mi ya sólo quedaban muñecas de las más baratuchas, juegos de tocadores plásticos (un espejo, un peine y un cepillo), y una cocinita de lata. Para el no básico sólo podía elegir entre el juego de parchís o el dominó, rara vez alcanzaba el de ajedrez. Y en el dirigido siempre escogía lo mismo: un juego de yaquis.
Aclaro que sólo se podía comprar en una tienda indicada por el gobierno. A nosotros nos dieron La Ferretería La Mina, junto a la casa, pero como era un lugar perdido en La Habana Vieja, los peores juguetes llegaban a esa tienda.
Una vez me tocó una muñeca española, de las que mandó el dictador Franco, para congraciarse con Castro. En otra ocasión mi madre compró el derecho a un juguete básico a la madre de Los Muchos, que no tenía dinero para gastárselo en juguetes, o se lo cambiaba por comida. En esa época debía elegir entre desayunar con leche condensada o tener una bicicleta. Por fin la tuve, me costó no sé cuántos, infinidad de desayunos, porque mi madre sacrificó la cuota de latas de leches condensada de varios meses para que la madre de Los Muchos le diera el derecho al juguete básico de uno de sus hijos. Así logré hacerme de la bicicleta, era azul y blanca, y todavía hoy sueño con ella. Con esa bicicleta recorrí La Habana Vieja completa. Incluso cuando me perdía la gente me localizaba por la bicicleta azul y blanca. Mi madre preguntaba de calle en calle: “¿No han visto a una chiquita menudita ella montada en una bicicleta blanca y azul?” Lo mismo hacían mi abuela y mi tía, cada una por su lado. Las respuestas eran siempre las mismas: “Pasó por aquí como una salación en dirección a Egido”. Egido era mi límite.
La bicicleta me fue quedando chiquita, y se fue poniendo mohosa, herrumbrosa, y entonces la heredó Pepito Landa Lora. Su padre la volvió a pintar y a engrasar. Y mi madre volvió a sacrificar otras cuotas de comida para que yo tuviera los patines. Tuve aquellos patines rusos que pesaban una enormidad, y cuando se les fastidió la caja de bolas, Cheo me construyó una chivichana, y luego una carriola, cuando la chivichana se partió en dos.
Maritza Landa Lora y yo cogimos vicio de parchís y de yaquis, con los yaquis éramos unas expertas. Armamos competencias de barrio donde nadie podía ganarnos porque tirábamos la pelota altísimo y hacíamos unas figuras y maniobras estelares con las manos, parecíamos más bien malabaristas.
De más está contarles –muchos de ustedes habrán pasado por lo mismo- que los cambalaches y el mercado negro de juguetes se acentuó a unos niveles grotescos. Entonces cambiaron el sistema por unos bombos o tómbolas a los que había que asistir masivamente, y los papelitos dando vueltas dentro de aquel aparato, eran repartidos al azar. Aunque el azar también se negociaba. A nosotros nos tocó el bombo o tómbola de la iglesia del Parque Cristo, pero ese día mi madre se había hecho Testigo de Jehová y no quería renunciar al teque de la que la había reclutado en eso, por ir a lo del maldito bombo. A mí me dio una especie de perreta, porque se trataba de mis últimos Reyes, o sea ya con catorce años nadie tenía más derecho a los juguetes. Y mi madre sacó el palo de trapear y me hizo ver las estrellas y los luceros del universo. La Testigo de Jehová ni se inmutó, por eso no creo en ellos ni en ninguno. Hasta que a mi madre se le pasaron los tragos y dejó de ser testigo de Jehová para pertenecer a otra secta, creo que la de Adventista del Séptimo Día; ella cambiaba de religión en dependencia de cómo le dieran los tragos mezclados con el Meprobamato. Total, que para mis últimos Reyes me tocaron los peores juguetes, que ya de por sí todos eran malos, porque para la época ya apenas llegaban juguetes de España ni de ninguna parte del mundo: Un juego de tocador, un dominó, y una muñequita plástica negra, que mi madre sentó en el sofá, o sea, la puso de adorno, y la que yo encontraba horrenda hasta que fui encariñándome con ella.
Después se acabaron los Juguetes del 6 de enero, también el concepto de Reyes Magos se había extinguido desde hacía ratón y queso; lo sustituyeron por dos eventos: los Planes de la Calle, aquellas recholatas festivas e ideológicas entre pioneros comunistas, y por el Día de los Niños, el 6 de julio, lo que lo aproximaba al día escogido por Castro para el Asalto al Cuartel Moncada, un 26 de julio, fecha intocable en la Cuba de los Castro. (…)
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(…) El Básico, que era el juguete principal o el mejorcito, el No básico, era el juguete con menos importancia en cuanto a calidad o no sé qué, y el Dirigido, no era más que, si acaso, un juego de yakis, una suiza o algo menos que ésos dos mencionados.
El derecho a comprar los juguetes para el extinto Día de los Reyes en Cuba llegaba en forma de sorteo. Había varios días en los que tenías la posibilidad de comprarlos, pero cuando te tocara, que podía ser desde el primer día hasta el quinto o sexto. En fin, que el primer día, quizás, pudieras comprar hasta una bicicleta rusa, si es que te tocaba el número uno en la lista, pues solo llegaba una bicicleta por tienda. Luego eran otros tipos de juguetes como son: los bebés, las muñecas, los disfraces de vikingos para los varones, patines, etc. Si te tocaba el segundo día, al menos, podías soñar con algún juguete que valiera la pena, pero a partir del tercero, todo lo que quedaba eran juguetitos que no llenaban la imaginación de ningún niño.
De todas formas ya sabíamos que los Reyes Magos no existían. Habían sido expulsados de nuestros sueños, habían tenido que partir al exilio en busca de la libertad que necesitaban para repartir juguetes sin racionamiento, sin temor a la represión y sin que los llevaran a la cárcel con camellos y todo.
Pero la benevolente revolución tenía para nosotros, los niños de antaño, una forma de vender esos juguetes importados de la Unión Soviética y China, de la mejor manera que saben hacerlo: controlado, limitado y basados en la llamada igualdad social para el pueblo. Al final, todos éramos iguales, pero había otros más iguales que nosotros.
Y era así como siempre nos tocaba, a mi hermana y a mí, comprar casi el último día de la famosa venta de juguetes, donde teníamos que conformarnos con algo parecido a un juguetito que pudiera costar ahora el precio de noventa y nueve centavos en cualquier tienda de Miami. Por supuesto, aquellos estaban por debajo de la calidad de cualquiera de éstos ahora.
Y era así como “celebrábamos” el Día de los Reyes Magos, que ya no llamaban así, porque los Reyes Magos se habían convertido en opositores al régimen y cabalgaban por otras partes del mundo llevando sus sueños en bolsas cargadas al hombro, repartiendo ilusiones a otros niños que no tenían que usar pañoletas de pioneros comunistas, ni gritar consignas arcaicas llenas de odio. Nosotros, seguíamos siendo los niños cubanos que la revolución magnánimamente nos hacía llegar sus limosnas, mientras que los hijos de los dirigentes, o los “hijos de papá”, como se les conocía, tenían los mejores juguetes comprados en países capitalistas que los demás mirábamos como algo lejano e imposible y, boquiabiertos y estupefactos, no entendíamos entonces esa “igualdad social” de la que nos hablaban. (…)