Cultura material del socialismo cubano: 1961-1989.

Cesta de picnic Perma Plastic Products
Cesta de picnic Perma Plastic Products

Cesta de picnic. Hecha en las Filipinas por Perma Plastic Products. Cortesía Mirta Suquet.

En los años ochenta, el embajador cubano en Filipinas compró esta canasta de picnic para cuando sus hijos, que vivían en Pinar del Río al cuidado de unos parientes cercanos, fueran a la escuela al campo. Este conjunto de vajilla plástica producido por la empresa filipina Perla Plastic Products, que además incluía vasos y cubiertos que no aparecen en las fotos, amenizaba los almuerzos dominicales de los hijos del embajador y de sus primos durante la visita semanal que los padres de estos últimos hacían al campamento que les había sido asignado.

Deben haber llamado mucho la atención los tíos y los primos cuando los domingos desempacaban esta cesta de picnic. De seguro pasaban un buen rato disfrutando del forzado picnic, haciendo a un lado el recuerdo de la magra ración del comedor de los albergues que los devolvería a la realidad pocas horas después.

Vajilla de picnic Perma Plastic Products

Vajilla de picnic. Hecha en las Filipinas por Perma Plastic Products. Cortesía Mirta Suquet.

Vajilla de picnic Perma Plastic Products

Vajilla de picnic. Hecha en las Filipinas por Perma Plastic Products. Cortesía Mirta Suquet.

venda de gasa
venda de gasa

Envase para venda de gasa. Hecha en Cuba por el Grupo Especial de Materiales de Curación. Colección Cuba Material.

Durante la era soviética, en las farmacias cubanas se vendía venda de gasa de fabricación cubana, comercializada por el Grupo Especial de Materiales de Curación. Los rollos de gasa de 5 x 550 centímetros costaban 15 centavos, y los de 10 x 914 centímetros, 40 centavos.

venda de gasa

Envase para venda de gasa. Hecha en Cuba. Colección Cuba Material.

Orinal
Orinal

Orinal. Hecho en Cuba. 1973-1974. Colección Cuba Material.

Los orinales infantiles que el gobierno cubano vendió durante los años setenta eran estrictamente utilitarios, carentes de todo adorno o accesorio superfluo. Un orinal rojo o verde servía, además, lo mismo para una niña que para un niño, abaratando así costos de producción y complicaciones en la distribución y comercio.

Orinal

Orinal. Hecho en Cuba. 1973-1974. Colección Cuba Material.

Lata de esmalte tapagoteras
Lata de pintura Siboney

Lata de pintura Siboney. Hecha en Cuba por la Empresa Consolidada de Pinturas. Colección Cuba Material.

En las paredes de las viviendas cubanas se puede detectar no solo el impacto del régimen político cubano actual en la cultura material, la arquitectura y la vida doméstica, sino también la propia temporalidad castrista y sus clases sociales. La pintura, ya fuera a base de agua, de acetato o de aceite, nunca estuvo al alcance de todos. Se requerían amigos, relaciones, influencias y dinero para comprar un lata de esmalte de paredes, de barniz o de pintura de aceite, pese a tratarse de productos de la industria local.

No tenía más de 16 años cuando un vecino, un año menor que yo, me regañó porque me recosté a las paredes blancas de su casa. Se ensuciarían, me dijo. Y, ciertamente, la posibilidad de cambiar el color de las habitaciones resultaba tan remota como cambiar el gobierno, por lo que ese muchacho aventajado (¿avejentado?) quería cuidar las suyas.

Lata de esmalte tapagoteras

Lata de esmalte tapagoteras. Hecho en Cuba por la Empresa Consolidada de la Química. Colección Cuba Material.

esmalte sintético Duracrom

Etiqueta de la lata de esmalte sintético Duracrom. Producido por la Empresa Consolidada de la Química. Colección Cuba Material.

Pin «III aniversario de la Revolución». 1962. Colección Cuba Material.

Este pin o broche fue producido para celebrar el tercer aniversario de la huida, el 1 de enero de 1959, del dictador Fulgencio Batista, provocada por el avance del movimiento revolucionario, que pese a su diversidad este pin resume en el rostro de Fidel Castro. No solo el rostro de este aparece en el pin como imagen de la revolución, sino también su famosa frase, pronunciada por primera vez en el entierro de las víctimas de la explosión del barco francés La Coubre, cerca de dos años después de la victoria.

Nótese que se trata, sin embargo, de una de las pocas imágenes que, a partir de 1959 en adelante, circularon de Castro vestido de civil.

Camisa safari Ultra. Finales de los años setenta o principios de los ochenta. Colección Cuba Material.

Como las guayaberas, la camisa safari tiene cuatro bolsillos, pero carece de alforzas y está confeccionada con un tejido mucho más grueso, de polyester. Se ha dicho que fue Celia Sánchez quien encargó esta prenda, dando instrucciones de que se combinara el estilo de las guayaberas con el del traje formal. También se ha dicho que Sánchez la presentó ante el Buró Político, en una pasarela sorpresa. Allí estaba el Ministro de Relaciones Exteriores Raúl Roa, a quien se cuenta que le gustó el diseño y se dispuso a usar las camisas safaris. No sé cuándo ocurrieron estos hechos, pero el Buró Político se creó en 1975 Celia Sánchez murió en 1980, por lo que tiene por fuerza que haber sido durante la segunda mitad de los setentas.

Se dice también que Celia Sánchez encargó una prenda similar, inspirada igualmente en la guayabera, que se llamó guayahabana.

Cucharas plásticas
Cucharas plásticas

Cucharas plásticas. 1970s-1980s. Colección Cuba Material.

En un mueble del comedor de mi abuela, encontré un cartucho con cucharas plásticas, posiblemente desechables.

No sé dónde ni cuándo las compró, pero no las usó nunca. Comparadas con las que se fabrican hoy en día, son de un plástico tan duro y resistente que parece un despilfarro utilizarlas una sola vez. Mi abuela nunca lo hizo, ni en los cumpleaños, ni los fines de semana cuando a su casa iban, cerca del mediodía, familiares y amigos a comer saladitos, tomar highballs y pasar el rato.

Salero de cerámica
Salero de cerámica

Salero de cerámica. Hecho en Cuba, en la Isla de la Juventud. 1980s. Colección Cuba Material.

Las cerámica cubana se fabricaba en la Isla de la Juventud, desde inodoros hasta vajillas. El color gris que, por lo general, caracteriza a estos productos se debe a la composición de la arcilla empleada en su fabricación.

El salero de la foto vendió en las tiendas minoristas y, además, se distribuyó a restaurantes y centros de gastronomía. Parece un chiste, pero no tiene más que un orificio para que salga la sal. Debe ser por eso que en casa jamás se utilizó.

En los años ochenta también se vendió un salero plástico de importación. En casa tampoco lo utilizaron. Sus orificios, pequeños, se tupían con la gruesa sal que llegaba a la bodega.

En casa de mis padres no recuerdo que usáramos salero. Y los de casa de mis abuelos siguieron siendo los de «antes».

Salero plástico

Salero plástico. 1980s. Colección Cuba Material.

Manual de usuario de las bicicletas soviéticas
Manual de usuario de las bicicletas soviéticas

Manual de usuario de las bicicletas soviéticas (en ruso). 1972. Colección Cuba Material.

En 1972, Cuba ingresó oficialmente en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), la organización de cooperación económica de los países del bloque soviético. A través de este organismo, el país obtuvo préstamos y ayudas económicas para el desarrollo. Cuba pudo importar, además, una serie de bienes de consumo que no se producían en la isla, y la tecnología para fabricar algunos de ellos. Entre estos últimos, bicicletas.

Ya en 1972 se comenzaron a vender en Cuba bicicletas soviéticas. Aquí pueden descargar el manual del usuario, en ruso.

Los soviéticos producían también bicicletas «dobles», es decir, de dos sillines, y algunas de ellas llegaron a la isla. Recuerdo haberlas visto en Varadero. En la villa Kaguama las alquilaban, solo para los huéspedes, y una vez que fuimos a visitar a unos amigos de mis padres mi hermana y yo montamos una.

Funda para documentos y carnés. Colección Cuba Material.

Cuando estudiaba la primaria, mi abuelo me llevó a plasticar mi distintivo escolar. Caminamos, rumbo al mar, por la avenida 23 hasta la esquina, creo, de 23 e I. Allí, al lado de una barbería que aún conservaba la espiral giratoria azul, blanca y roja que identifica a ese tipo de negocios, un señor mayor se dedicaba a plasticar documentos. Los ponía dentro de un nylon que desaparecía bajo una plancha rústica que, en cuestión de minutos, transformaba el papel en un plástico rígido e impermeable, de superficie corrugada y bordes romos.

Una versión de aquellos carneses plasticados, un poco más tosca, eran las fundas hechas con acetato de radiografías y bordes de tela, plástico o tape (cinta adhesiva), muy parecidas a las que se fabricaban para proteger las libretas de racionamiento o los cuadernos escolares. Muchos años después de que se retirara en los ochentas, incluso avanzado el siglo xxi, mi abuelo continuaba guardando sus carnés de salud e identidad en una de esas fundas. Por las tardes, cuando se bañaba y entalcaba, se ponía una camisa de algodón sobre una camiseta y se echaba en el bolsillo un peine, un pañuelo, un bolígrafo y la funda de los carnés.

Funda para documentos y carnés. Colección Cuba Material.

Regadera plástica
Regadera plástica

Regadera plástica. Hecha en la URSS. 1980s. Colección Cuba Material.

Cuando visitaba a mis abuelos, a veces les ayudaba a regar las plantas con esta regadera.  Me la deben haber comprado mis padres en el sorteo anual de juguetes. El agua salía por un plato en forma de girasol, de color amarillo que hace años se extravió (o se utilizó para otra cosa).

Mis abuelos tenían su propia regadera, mucho más grande, de metal verde y pico que terminaba en un plato con muchos orificios, como los de las duchas.

Mi regadera plástica era más linda y moderna que la de metal de mis abuelos, pero no creo que haya sido ese el motivo por el que decidieron conservarla cuando se rompió.

Recipiente de cristal refractario Simax. Hecho en Checoslovaquia. Colección Cuba Material.

A Gertrudis Caraballo Gálvez, mi abuela, le encantaban los recipientes de cristal refractario. No para hornear; pocas veces la vi hornear algo en ellos. Los utilizaba para guardar la comida en el refrigerador y, muchas veces, para servirla en la mesa. En ellos guardaba, por ejemplo, col agridulce y pescados encurtidos. Siempre les decía Pyrex, como antes de 1959, cuando todavía esa marca se vendía en Cuba, sin hacer distinción entre los Pyrex y los recipientes socialistas.

Cada vez que viajaba a Checoslovaquia enviado por la empresa eléctrica, mi tío Leopoldo le traía un nuevo utensilio de cocina. Además de sartenes de teflón, cucharas de freír y termos, le regaló varios recipientes de cristal refractario.

Portavasos

Portavasos. Colección Cuba Material.

Mi mamá dice que estos portavasos son de origen socialista, pero no está segura. Tampoco sabe si mis abuelos los compraron en Cuba o si algún amigo o familiar se los trajo de regalo, al regresar de un viaje por Europa del Este o la URSS. Los usaron poco, en cualquier caso. Mi abuelo siempre prefirió los portavasos de cartón.

Con ellos, Cuba Material brinda por un 2018 feliz.

Salvavidas
balsa

Mi hermana recostada a una balsa. Circa 1981.

Cuba, se ha dicho, es un país de corcho. La frase se refiere, en realidad, a su gobierno, el de los últimos casi sesenta años, y en especial al hecho de que, durante todo ese tiempo, este se haya mantenido a flote a pesar de su pésima gestión económica y de haber atravesado crisis políticas tan graves como el Mariel o las Causas 1 y 2 de 1989. Se mantuvo a flote, incluso, tras la desaparición de la Unión Soviética y del bloque regional que ese país lidereaba.

Cuba Material despide el 2017 con balsas y salvavidas, todos comercializados en los años setenta y ochenta en la Isla, cuando la patana sobre la que flotaba su gobierno parecía bastante más segura. Después, durante la década siguiente, no se vendieron más. Desde entonces, los cubanos hemos intentado permanecer con la cabeza más o menos alejada del agua. Algunos, construyendo embarcaciones rústicas para llegar, con suerte, a Estados Unidos. Otros, pataleando con más o menos suerte.

balsa

Mi hermana y yo descansando en una balsa. Guanabo, La Habana. 1975.

Salvavidas

Eida del Risco nadando con un salvavidas. Alrededor de 1970. Cortesía Eida del Risco.

Salvavidas en forma de pulpo

Salvavidas en forma de pulpo. 1979. Foto cortesía de Ernesto Fumero.

Exposición Pioneros: Building Cuba's Socialist Childhood
Exposición Pioneros: Building Cuba's Socialist Childhood

Exposición Pioneros: Building Cuba’s Socialist Childhood, inaugurada el 17 de septiembre de 2015 en la Arnold and Sheila Aronson Galleries de Parsons School of Design, curada por María A. Cabrera Arús y Meyken Barreto.

Fragmento del texto que escribí imaginando un futuro museo del socialismo cubano para Beyond the Sugar Curtain: Tracing Cuba-Us Connections Since 1959. ¡Anímense a donar objetos o documentos desde ahora mismo!

Todos los recuerdos que poseo de la casa de mis abuelos, la que fuera a inicios de siglo una casona de arquitectura ecléctica en el barrio El Vedado, se relacionan con la increíble cantidad de trastos que guardaba. Mi generación, la que nació en la década de los años setenta, y todas las que le siguieron, creció en un entorno material doméstico que, antes de volverse ruinas, se había llenado de tarecos. Objetos en desuso, rotos, inservibles, gastados, mutilados, se guardaban en espera de una “segunda vuelta” en que pudieran servir para reemplazar, completar, reparar o simplemente “inventar” una nueva materialidad, solución temporal a la siempre predominante escasez.

La relación de los cubanos con el mundo material comenzó a cambiar en el mismo año 1959, cuando el nuevo gobierno impuso un arancel a las importaciones de artículos de lujo. Un giro de tuercas mucho más dramático lo constituyó, sin dudas, el racionamiento de una serie de artículos alimenticios de primera necesidad decretado en 1962 para hacer frente a la escasez que resultó de la mala administración socialista. Al año siguiente, se crearon las Oficinas de Control de Abastecimientos, conocidas como OFICODAs, y se decretó el racionamiento de una serie de productos no alimenticios, de factura industrial, que pasaron a adquirirse mediante cupones distribuidos en los centros de trabajo o, en su defecto, por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) que existían ya en cada vecindad.

Desde entonces, con el mismo entusiasmo con que se habían dado a celebrar el triunfo de la Revolución Cubana, la Concentración Campesina del 26 de julio de 1959, la victoria de Playa Girón el 21 de abril de 1961, los carnavales que cada año reciclaban carrozas y serpentinas; el mismo entusiasmo con que celebrarían también la inauguración del Pabellón Cuba y de los mosaicos de La Rampa en 1963, el Salón De Mayo en 1967, el primer Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) en 1975 o el regreso a tierra, el 10 de octubre de 1980, del módulo de aterrizaje de la nave espacial Soyuz-38, tripulada por el primer cosmonauta cubano, los residentes de la isla se dedicaron a guardar todo lo que creían que en algún otro momento podrían necesitar. Tres décadas bastaron para almacenar una considerable cantidad de objetos antes de que la crisis económica causada por la caída del campo socialista a partir de 1989 y la desintegración de la Unión Soviética en 1992 obligara a echar mano de estas reservas materiales.

Desde el año 2012, la colección Cuba Material y el archivo digital homónimo se dedican a recuperar y preservar la cultura material que sobrevivió al período postsoviético, en el que los habitantes de la isla consumieron casi todo lo que habían guardado durante las décadas previas. Se trata de una colección de objetos que fueron guardados por su valor sentimental o aval político, porque aún continuaban en funcionamiento o porque de tanto atesorarlos para cuando las cosas se pusieran peor—así de avieso se presentaba el futuro—terminaron perdidos o sepultados entre otros tarecos, en los rincones más remotos de los closets y barbacoas. . . .

Leer texto completo en la edición no. 3 de Beyond the Sugar Curtain: Tracing Cuba-Us Connections Since 1959.

Perga
Pergas

Pergas. Colección Cuba Material.

La perga, un vaso desechable de cartón parafinado y capacidad de cerca de medio litro, era el recipiente donde servían la cerveza y la malta que se vendía a granel. Y era también el único vaso que los comercios usaban los carnavales.

Mi abuela guardaba varias tiras de pergas con diferentes diseños, lo que delata que no las adquirió en la misma ocasión. Ella tenía un cargo en el Comité de Defensa de la Revolución (CDR) de su cuadra, y con seguridad las obtuvo entre los suministros que el CDR recibía para organizar fiestas, ya fuera para agasajar a delegaciones extranjeras como ocurrió durante el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que se celebró en Cuba en 1978, o para el disfrute de los vecinos del barrio.

Perga, dice Google, es el nombre de una ciudad turca que estuvo bajo dominio griego y persa, además de otras metrópolis. Y Atech, dice también el buscador, es una compañía de diseño establecida en Francia en 1986 que le puso ese nombre a sus macetas cónicas, de formas bastante similares a las de los recipientes cubanos.

Llama la atención que en un país donde en 1968, con la Ofensiva Revolucionaria, el gobierno cerró por un tiempo los bares, las imágenes reproducidas en las pergas celebren, precisamente, a los borrachos y las borracheras.

Perga

Perga. 1980s. Colección Cuba Material.

Perga

Perga. Colección Cuba Material.

Perga

Perga. Colección Cuba Material.

Y aquí, la fábrica de estos envases:

Fábrica de envases perga

Fábrica de envases perga. Rancho Boyeros, Habana. Foto cortesía César Beltrán.

Cantimplora militar
Cantimplora militar

Cantimplora militar. Colección Cuba Material.

Es posible que la escasez, la militarización del vestir y de la vida cotidiana en Cuba a partir de 1959, y la moda internacional fueran las principales causas de la popularidad de algunos accesorios y prendas de vestir militares en Cuba durante los años ochenta. Por ejemplo, todos queríamos tener un cinturón tipo zambrán, lo más parecido a los cinturones de color caqui que veíamos en películas y revistas extranjeras. Muchos varones, incluidos los rockeros, codiciaban las botas militares, tanto las de fabricación soviética como las cubanas, algo parecidas a las Dr. Martens que veían en los pies de los punks y rockeros capitalistas.

A falta de canecas u otro recipiente para llevar líquidos, las canecas militares aliviaron la sed de alcohol de muchos en conciertos y campismos.

La cantimplora de la foto, que encontré en casa de mis abuelos, es norteamericana. Su marca, Palco, producida por Worcester Pressed Aluminum Co. de Worcester, Massachusetts, era la del reglamento del ejército norteamericano y los Boyscouts y Girlscouts of America. No sé si fue mi abuelo quien la compró antes de 1959, para mi mamá o mi tío, o si mi tío la obtuvo en alguna movilización militar después del triunfo de la revolución.

h/t Gracias a la labor de detective de Jorge Gautier, he podido saber la marca de esta cantimplora.

Bolsa de sueros
Bolsa de sueros

Bolsa para extracción de sangre. Colección Cuba Material.

En la consulta de mi abuelo había un palo de madera de color verdoso, bordes cuadrados y puntas torneadas que se usaba para sostener las bolsas de los sueros. Por su aspecto, estoy segura de que estaba allí desde antes de la revolución, cuando mi abuelo y su papá daban consultas en la casa. Como en Cuba nada se bota, siguió allí, probablemente hasta el día de hoy.

Mi abuelo reutilizaba los nylons de las bolsas de suero para guardar jeringuillas y otros instrumentos. Me he encontrado estos dos en el estante de medicamentos.

Bolsa de sueros

Bolsa de sueros. Colección Cuba Material.

Estuche de plumones
Estuche de plumones

Estuche de plumones. Colección Cuba Material.

A mí me encantaban los estuches de plumones, quizás porque en la Cuba soviética en que me tocó vivir escaseaban, y por la rara nitidez y viveza de sus colores y trazo —por ese mismo motivo es que quizás odiara las crayolas—. De niña tuve solo un estuche de plumones, de la marca Rush-on, fabricada en Japón. En casa de mis abuelos, he encontrado otro estuche, sin marca comercial.

Estuche de plumones Rush-on

Estuche de plumones Rush-on. Hechos en Japón. Colección Cuba Material.

Envase del medicamento en gotas Tetracor. Producido por Chinoin, Fábrica de Medicamentos y de Productos Químicos de Budapest, Hungría. Colección Cuba Material.

Según el portal sobre las marcas genéricas y sus equivalentes, el Tetracor se emplea para tratar fallos respiratorios. Este, que se comercializaba en Cuba proveniente de la Hungría socialista, era producido por el laboratorio farmacéutico Chinoin, fundado en ese país en 1910, nacionalizado en 1948 y privatizado una vez más en 1991, cuando fue convertido en una empresa mixta con capital también francés.

El nombre del medicamento, de raíz griega, alude a un particular acorde musical, quizás parecido al silbido de quien no logra respirar bien. Curiosidades de los nombres.

Tamborcito artesanal
Tamborcito artesanal

Tamborcito artesanal. 1970s. Colección Cuba Material.

Mucho jugamos con este tambor mi hermana y yo, de pequeñas. No era un juguete. Mi papá lo compró en algún viaje que hizo al interior, por trabajo. Eran los años setentas había poco que comprar, mucho menos juguetes. Tenía una correa trenzada con tiras de cuero blancas y negras, que hace tiempo perdió.

Imagen tomada del blog Cooking Lessons.

Si repasamos las principales revistas sobre moda editadas en los Estados Unidos y Europa, o si hacemos una búsqueda en internet bajo los criterios «Cuba» y el nombre de cualquiera de estas revistas, encontraremos al menos un reportaje sobre la isla publicado en los últimos años. «Cuba Libre», «Soy Cuba» y «The New Cuba» son algunos títulos, pensados para satisfacer y/o despertar la curiosidad de los lectores. Buscando imágenes de algunos de estos reportajes creados por y para la alta costura internacional, descubro que algunas de las escenas e interiores se repiten de uno a otro, como también se han repetido los automóviles clásicos norteamericanos en muchos otros medios.

Por ejemplo, la cocina que la French Revue des Modes usó como locación para la sesión de fotos que la revista publicó en la primavera de 2010 es la misma que Andrew Moore fotografió para su libro Inside Havana, publicado en 2002. La French Review des Modes usó también la misma habitación de la casa de Josie Alonso, en la calle Calzada del Vedado, en la que en 2015 Annie Leibovitz desnudó a Rihanna para su reportaje «Cuba Libre» publicado en Vanity Fair.

En un país donde pululan las ruinas y espacios interiores otrora fastuosos y hoy venidos a menos, a los directores artísticos de estas revistas no parece interesarles la búsqueda de una locación original para sus photoshoots. Es posible que, entre los muchos trámites burocráticos que el gobierno cubano impone a los productores extranjeros para concederles permiso para trabajar en Cuba, incluya el requisito de que sea alguna institución o funcionario estatal quien «seleccione» y «recomiende» las locaciones, embolsándose con toda seguridad algún pago por ese concepto. De ser así, el gobierno cubano estaría beneficiándose económicamente no sólo del dinero que se ahorra no comprando materiales de de construcción para que los particulares puedan dar mantenimiento al patrimonio construido, sino también de los ingresos devengados por la explotación comercial de este.

La poca variedad de locaciones puede deberse, por otra parte, a la gestión personal de los propietarios de las pocas viviendas que aparecen en los fotoreportajes, quienes con toda seguridad habrán sabido cultivar contactos tanto en el gobierno de la isla como en el extranjero que les garantizarían el estar siempre en las listas de los posibles locales en los que la revista sobre moda de turno realizaría el próximo photoshoot.

Imagen tomada de Vanity Fair. 2016

Imagen tomada de French Revue des Modes.

Chapilla con número de inventario
Chapilla con número de inventario

Chapilla con número de inventario. Colección Cuba Material.

No sé cuándo comenzó esa práctica, pero ya en los años setenta, y durante todos los ochenta, todo el mobiliario de los centros escolares y de trabajo tenía su correspondiente chapilla de aluminio o calamina con un número de inventario. A veces, si no había chapilla, el número se escribía a mano, con pintura, preferiblemente roja, y mala caligrafía.

El estado cubano marcaba así los objetos de su propiedad, que en teoría era la propiedad del pueblo, pero que todos sabíamos no nos pertenecía, entre otras cosas porque jamás tuvimos poder de decisión sobre su estética, conservación o uso. Las chapillas, por lo general, se colocaban en lugares muy visibles, y podía ser que incluso entorpecieran el uso de lo que se inventariaba.

De esas chapucerías se burla la viñeta «Ali Wattwatt y los audacios«, escrita por Bruno Enríquez y publicada en Cubasolar, orientada a «educar» a la ciudadanía el uso correcto de los instrumentos de trabajo.

Chapilla de inventario

Chapilla de inventario. Instituto Cubano de Investigación y Orientación de la Demanda Interna. Colección Cuba Material.

aceite ricino aromatizado
aceite ricino aromatizado

Frasco de aceite ricino aromatizado. Comercializado por el MINSAP, Cuba. 1980s. Colección Cuba Material.

La primera vez que escuché mencionar el aceite ricino, fue en la escuela primaria. De vez en cuando, alguien lo traía a cuento para referirse a su sabor desagradable, siempre agregándole la preposición «de» a su nombre: aceite de ricino.

Este purgante se utilizaba en Cuba, también, para suavizar el pelo y, según la cronología de historia y política cubanas de Leopoldo Fornés Bonavia (publicada por Verbum en el 2008), el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) lo utilizó como método de tortura durante el gobierno provisional de Carlos Mendieta. Le fue administrado a los periodistas del diario Acción, dirigido por Jorge Mañach, el 12 de diciembre de 1934. Entre ellos se encontraban Francisco Ichaso, Jess Losada y Eduardo Héctor Alonso.

En su historia de Cuba, Hugh Thomas refiere que, «en mayo de 1939, Felipe Rivero, editor del semanario Jorobemos, quien había criticado al gobierno [de Federico Laredo Bru], fue obligado a beberse el contenido de una botella de aceite de ricino por cuatro matones no identificados, sin duda a sueldo del gobierno» (p. 534). También, según Thomas, en su alocución del 5 de agosto de 1951, transmitida por la CMQ, el político y líder del Partido Ortodoxo Eduardo Chibás se refirió a «los coroneles del aceite de ricino» (p. 585) minutos antes de dispararse el tiro fatal en el abdomen.

Wikipedia confirma que el aceite ricino, en efecto, se ha utilizado como método de tortura, ya que en elevadas dosis produce vómitos, diarreas agudas, náuseas y cólicos.

El aceite ricino, uno de los más antiguos que se producen, se conoce también como Palmacristi.

Limpiador suave Campeón
Limpiador suave Campeón

Limpiador suave Campeón. Hecho en Cuba. Colección Cuba Material.

En el envase se anuncia como limpiador de cazuelas, fregaderos, azulejos, lavamanos, etc., un limpiador multiusos, quitagrasas, en polvo, producido por la industria cubana. La fama del producto hizo del nombre de esta marca un sustantivo genérico con el que los cubanos, aún hoy, designamos cualquier tipo de detergente en polvo o limpiador.

leche en polvo descremada La Lechera
 leche descremada en polvo ECIL

Envase de leche descremada en polvo ECIL. Producida por la Empresa del Combinado Industrial Lácteo (ECIL), hoy Empresa de Productos Lácteos. Colección Cuba Material.

Cuando el gobierno cubano vendía leche en polvo en moneda nacional en el mercado normado, esta venía envasada en paquetes de nylon. Conservo los envases de dos de las marcas, ECIL y La Lechera, la segunda todavía en venta en los años ochenta.

ECIL es el acrónimo del Combinado Lácteo, empresa fundada en 1971 en la provincia de Las Villas. Es también el nombre con que se conoce el poblado villaclareño El Lácteo, precisamente por la ubicación allí del Combinado de la leche. La leche descremada en polvo La Lechera, en cambio, se producía en La Habana en la Empresa de Productos Lácteos Metropolitana.

leche en polvo descremada La Lechera

Envase de leche en polvo descremada La Lechera. Producida por la Empresa de Productos Lácteos Metropolitana. Colección Cuba Material.

lecciones de idioma ruso
lecciones de idioma ruso

Discos de acetato con lecciones de idioma ruso, editadas por el semanario Novedades de Moscú. 1975-1976. Donación de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

Era bonito el diseño psicodélico de estos discos que enseñaban el vocabulario del casi psicodélico idioma ruso. En la contracubierta, en ruso, inglés, francés, español y árabe, se lee:

El semanario NOVEDADES DE MOSCÚ publicará en los años 1976-1976 una guía de conversación de idioma ruso. Las lecciones correspondientes irán en 6 grabaciones.

Las suscripciones pueden formalizarse a través de las respectivas firmas de su país que mantienen contactos con «Mezhdunaródnaya Kniga» y se encargan de distribuir las publicaciones periódicas soviéticas.

Dirección del semanario Calle Gorki  16/2 Moscú K-9, URSS

h/t: Gracias a Tamara Álvarez por la traducción del título.

Estuche para lápices
Estuche para lápices

Estuche para lápices. Hecho en la República Popular Democrática de China. 1980s. Regalo de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

A la escuela primaria llevaba los lápices y los bolígrafos (en primer y segundo grado nos obligaban a escribir con bolígrafo) en un estuche de vinyl, tipo funda, que mis padres mandaron a hacer con un talabartero. Cerraba con un zíper y hacía juego con la mochila tipo maletín que mis padres le encargaron a ese mismo artesano cuando comencé el primer grado, en 1979.

Ya para cuando entré a la secundaria, las tiendas estatales alguna que otra vez vendían, en cantidades limitadas y a precios elevadísimos, bolsos de nylon y estuches para lápices importados de China, país cuyos bienes de consumo casi se acercaban a la idea que teníamos, al menos en El Vedado, de las cosas «de afuera». Muy pocas familias, por lo general de profesionales, dirigentes, administradores estatales o «bisneros», podían comprar estos productos. A lo más, mi hermana y yo alcanzamos a tener, alrededor de 1985, un bolso de nylon para llevar los libros a la escuela.

Uno de los estuches para lápices que ilustran este post, cuando su dueña ya no los utilizó más para la escuela, fue utilizado como estuche de cosméticos. Aún tienen pegadas láminas de colorete y de sombras compactas para ojos que alguna vez recibió como regalo de los «quince».

Estuche para lápices

Estuche para lápices. Hecho en la República Popular Democrática de China. 1980s. Regalo de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

Estuche para lápices

Estuche para lápices. Hecho en la República Popular Democrática de China. 1980s. Regalo de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

Juego de mesa Estrategia Militar
Juego de mesa Estrategia Militar

Juego de mesa Estrategia Militar. Hecho en Cuba por la Industria Ligera. 1980s. Regalo de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

En el Círculo de Interés de la Sociedad de Educación Patriótico Militar (SEPMI) del Palacio de Pioneros de Pinar del Río, se estudiaba el juego de mesa Estrategia Militar. Fundada el 28 de enero de 1980, la SEPMI desapareció en 1992. Según Diario de Cuba, la SEPMI, «que tuvo entre sus instructores, para formar pilotos de aviación, a René González, uno de «los Cinco»[,] reclutaba a adolescentes, bajo el eufemismo de «la guerra de todo el pueblo», con el fin de adoctrinar a los futuros paracaidistas, especialistas en telecomunicaciones, choferes profesionales, francotiradores, ingenieros militares de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)».

Hubo quien se matriculó en este Círculo de Interés para estar cerca de un muchacho de quien estaba enamorada.

Perfume Moscú Rojo

Perfume Moscú Rojo. Regalo de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

Durante los años setenta Cuba importó una variedad de perfumes baratos, de esencia sintética, fabricados en la URSS y otros países de Europa del Este. Además del famoso Moscú Rojo, estuvieron a la venta en las tiendas del mercado paralelo los perfumes Acacia Blanca, Romeo, Violeta, entre otros. Sus nombres, a diferencia de los de muchos otros productos soviéticos, no fueron traducidos al español para el mercado cubano (valdría la pena investigar las derivas de los nombres de marca y su traducibilidad del cirílico al español). Llama la  atención también el hecho de que, con excepción del perfume Moscú Rojo, casi todos los demás frascos que conservo poseen gran parte del contenido original.

Perfume Acacia Blanca

Perfume Acacia Blanca (Biélaia Acatsia). Hecho en la URSS. Colección Cuba Material.

Perfume Violeta. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material.

Perfume Romeo

Perfume Romeo. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material.

h/t: Tamara Álvarez y Alexis Jardines, quienes tradujeron los nombres.

Envase de bombillo Tungsram. Hecho en Hungría. Colección Cuba Material.

Hace unos años, el estado cubano recogió los bombillos incandescentes que aún quedaban en los hogares. Parte de lo que se conoce como «revolución energética» consistió en sustituir estos bombillos por focos ahorradores, de filamento fluorescente. Me cuentan que, como cuando sustituyeron los viejos refrigeradores americanos, en cada casa se presentó un inspector estatal que contabilizó los bombillos existentes para luego reemplazarlos por bombillos ahorradores que, supongo, las personas debieron de comprar. Estos, los bombillos ahorradores, pequeños y de poca capacidad de iluminación, son los responsables de la luz mortecina y hambrienta que vemos en los interiores de las casas y comercios cubanos, todos invariablemente de escasa iluminación.

Poco después, mientras registraba la antigua vitrina de la sala de mis abuelos, encontré un bombillo incandescente Tungsram que nadie vio cuando los inspectores estatales se personaron para efectuar el cambio de bombillos. Mi abuelo se preocupó por el gasto energético que sus 100 watts conllevarían si algún día se veía en la necesidad de utilizarlo. Mi mamá me sugurió fotografiarlo para Cuba Material. Todos estuvimos de acuerdo en devolverlo a su sitio en el fondo de la vitrina. Cualquier día se podría necesitar.

Además de los bombillos incandescentes Tungsram, fabricados en Hungría, en Cuba se comercializaron otros dos tipos de bombillos incandescentes fabricados en Alemania en los años 1980s. Las marcas Osram y Narva, la primera de Alemania occidental y la segunda de Alemania del Este, aunque producida con tecnología Osram, se vendieron en ferreterías y establecimientos del mercado no racionado durante los años ochenta. Algunos  también sobrevivieron la recogida de bombillos incandescentes que el gobierno cubano llevo a cabo hace poco más de una década. He encontrado asimismo un bombillo soviético de marca Dredl o Predl, y uno polaco de marca Polam, los que, supongo, también se vendieron en Cuba por aquella época.

Algunos de estos bombillos, sin embargo, no son para uso doméstico. Mi abuelo los guardaba como repuesto para aparatos de fotografía o mecánica.

Caja de bombillos Tungsram. Hechos en Hungría. Colección Cuba Material.

Bombillo Polam. Hecho en Polonia. Colección Cuba Material.

Envase de bombillo Narva. Hecho en la RDA. Colección Cuba Material.

Bombillo Dredl. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material.

nota: La película All my girls se desarrolla en parte en la fábrica estatal de bombillos Narva.

Bono de gasolina especial
Bono de gasolina especial

Bono de gasolina especial. Imagen tomada del blog Libreta de apuntes.

El 2 de enero de 1968, el gobierno cubano decretó el racionamiento de la gasolina. A los choferes de autos europeos se les asignó 8 galones al mes, mientras que a los dueños de automóviles norteamericanos se les asignó 20 galones. En Libreta de apuntesel blog de Norberto Fuentes:

. . . El buen amigo Rafael del Pino, Rafa el Infalible, me hace llegar un bono de gasolina para que pueda enfrentar la eventualidad de que el tanque se me quede seco en el camino. Es el bono que traía en su billetera cuando se montó con toda su familia en el Cessna que lo trajo a los Estados Unidos. A tenor de que para un lector extranjero o muy joven resulta una incógnita el bono y su uso durante largos años del proceso, sí les puedo asegurar que este es un buen bono. Por lo menos Del Pino no tuvo que deshacerse de él ante la exigente mano del pistero mediante el cual confirmaba que él, el general Rafael del Pino, héroe de la aviación revolucionaria, con un número certificado de derribos en la batalla de Bahía de Cochinos y un sinfín de misiones internacionalistas, estaba autorizado a recibir en el tanque de su coche Lada la cantidad prevista de cinco litros de gasolina. No hubo necesidad de gastarlo y Del Pino ha recorrido miles de kilómetros con el documentito en el bolsillo desde que despegó para siempre —en 1987— de una pista habanera, la de Ciudad Libertad. Cinco litros que nunca se consumieron. ¿O Rafael los donó exprofeso a la patria antes de su partida?

Tela antiséptica Bebitex

Tela antiséptica Bebitex. 1973. Colección Cuba Material.

Cuando nació mi hija, en el 2002, el sistema de racionamiento de productos industriales me asignó algunos metros de tela antiséptica para hacer pañales y culeros de bebé. Cuando fui a comprar la tela, por insistencia de mi abuela, me entregaron sin envoltura o envase los metros que tenía derecho a adquirir. Lo que compré tampoco tenía etiqueta o nombre comercial. Entregué el cupón correspondiente y pagué unos pocos pesos y, a cambio, me llevé a casa varios pliegos de la tela blanca con la que las madres cubanas confeccionan desde hace al menos medio siglo los pañales de sus hijos, festoneados y bordados por ellas mismas o por sus madres, abuelas, vecinas o costureras.

Cuando yo nací, en 1973, ya el gobierno cubano había racionado la venta de tela antiséptica. Para adquirirla era necesario poseer el cupón o casilla correspondiente de la libreta de racionamiento que se otorgaba a las embarazadas y los recién nacidos. La tela antiséptica de entonces tenía nombre comercial: bebitex, y se vendía con una envoltura de nylon donde podía leerse el nombre y las especificidades del producto, adornados con motivos infantiles. Era además un producto de fabricación nacional.

En algún momento dentro de las tres décadas que median entre el nacimiento de mi hija y el mío, desaparecieron el empaque de nylon y la marca comercial. Hoy en día posiblemente ni si quiera se produzca tela antiséptica en la Isla.

Envase de colirio Borazinc
Caja de ámpulas de Aminofilina intravenosa de 10 ml

Caja de ámpulas de Aminofilina intravenosa de 10 ml cada una. Producidas por Laboratorio Farmacéutico 04. Comercializada a un precio de 0.76 centavos. Colección Cuba Material.

En «Drug Wars: Revolution, Embargo, and the Politics of Scarcity in Cuba, 1959-1964», originalmente leído en el Cold War Seminar organizado por la Tamiment Library de la Universidad de Nueva York, la historiadora Jennifer Lambe explora el impacto que tuvo en la vida cotidiana de los cubanos la sustitución del régimen farmacéutico capitalista por uno de naturaleza socialista, tras el triunfo de la revolución cubana. En el Resumen del texto, Lambe dice:

La Revolución Cubana de 1959 marcó el comienzo de muchos cambios radicales, tanto socioeconómicos como políticos. Sin embargo, los conflictos macropolíticos del momento también se manifestaron de forma concreta en la vida cotidiana de los cubanos. La repentina escasez de medicamentos de uso diario, vinculada a las tensiones diplomáticas con los Estados Unidos, fue una de ellas. Este artículo rastrea el conflicto transnacional provocado por la repentina desaparición de drogas farmacéuticas norteamericanas de los anaqueles cubanos. El texto trata de entender las carencias farmacéuticas no solo como una consecuencia de lo político, sino también como una realidad social que proveyó un espacio para la articulación de nuevas formas de sociabilidad y de políticas sobre el cuerpo.

A principios de este año ayudé a mi mamá a limpiar la vitrina de medicamentos que alguna vez mi abuelo (y quizás también mi bisabuelo) tuvo en su consulta, hoy escondida en el cuarto de desahogo de su casa (antiguo cuarto de criados). Pulimos sus cristales empolvados y su estructura de hierro, algo oxidada, y botamos gran parte del contenido que guardaba: emulsiones, colirios, tabletas, ámpulas de inyección, jeringuillas, agujas hipodérmicas, bandejas, termómetros y estuches de gasa y de algodón.

De niñas, a mi hermana y a mí nos gustaba pedirle a mi abuelo que nos mostrara la réplica en cerámica de un corazón que allí guardaba y casi nunca nos dejaba tocar, y el frasquito de Curare, que me decía paralizaba los músculos cuando entraba en el torrente sanguíneo y que, por eso, los indios lo untaban en la punta de sus flechas.

Durante la limpieza fue fácil distinguir, por la tipografía y diseño y calidad de los envases, los regímenes farmacéuticos capitalista, socialista e incluso postsocialista. Nos tomó dos tardes a mi mamá y a mí romper ámpulas y destruir píldoras vencidas para evitar que quienes hurgan en los contenedores de basura las consumieran o, de alguna manera, las distribuyeran. Separamos los medicamentos que podían ser de utilidad y que no habían expirado, y mi mamá los donó al consultorio del médico de la familia. Varias mangueras de suero y un par de guantes quirúrgicos estaban totalmente calcinados y se nos deshicieron en las manos antes de que pudiéramos siquiera tirarlos a la basura.

Conservé para mí muchos envases de medicamentos de la era republicana, de producción nacional, mas comercializados por laboratorios norteamericanos o europeos con plantas y/o sucursales en la Isla. La tipografía de sus envases es hermosa.

Para Cuba Material guardé todos los medicamentos comercializados por la industria farmacéutica socialista, entre ellos los medicamentos genéricos producidos por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP), y otros, con marcas comerciales, importados de Europa del Este o de la URSS. De allí llegaba el medazepam bajo la marca Rudotel, producida por la empresa de la RDA GERMED en la planta de Dresden Ver Arzneimittelwerk.

Finalmente, mi mamá guardó para su uso los medicamentos que mi papá, mi hermana y, últimamente, yo hemos estado enviando. De diseño mucho más feo que los otros dos grupos, se trata de grandes pomos plásticos de vitaminas, Advil (o Ibuprofén), Tylenol (o Acetaminofén) y Tums, tiras de curitas y de Alka Seltzer, pomadas para los dolores reumáticos, pastillas para dormir, laxantes y jeringuillas desechables.

La colección de medicamentos de Cuba Material ocupa ahora las dos repisas inferiores del gabinete de mi abuelo. Mi mamá y este tienen, para ellos, tres repisas limpias y despejadas, donde podrán seguir guardando las medicinas que les mandemos desde acá.

Envase del medicamento Avafortán

Envase del medicamento Avafortán. Importado de la RDA. Producido por Asta Werke AG Chem Fabrlk. Evasado en Cuba por Empresa de Suministros Médicos. Precio de venta de un peso. Colección Cuba Material.

Envase de colirio Borazinc

Envase de colirio Borazinc. Hecho en Cuba por el Ministerio de Salud Pública. Precio de venta, 60 centavos. Colección Cuba Material.

día de las madres
día de las madres

Foto tomada el día de las madres, circa 1980.

En esta foto, tomada, creo, un día de las madres más o menos cercano a 1980, mi hermana y yo, sonrientes, sostenemos un jarrón y una postal con flores, de las que Correos de Cuba ponía en circulación cuando se acercaba el día de las madres. Dos búcaros de vidrio y dos postales de felicitación con flores en lugar de flores de verdad, les regalamos ese día mi hermana y yo a mi mamá y mi abuela.

Los vestidos que llevamos ambas los cosió mi mamá. Eran de lienzo, adornado con cintas bordadas. Yo calzo «popis» o tenis deportivos comprados en el mercado paralelo. Mi hermana, zapatos ortopédicos estilo «Mary Jane», hechos en Cuba.

Así celebramos ese día de las madres, alrededor de 1980.

Rollo de algodón quirúrgico
Algodón absorbente

Algodón absorbente. 1980s. Colección Cuba Material.

Antes del desplome del socialismo soviético, el algodón que se vendía en las farmacias se comercializaba en rollos comprimidos. Los más comunes se importaban de la República Popular China bajo la marca Snowflake. Los rollos más grandes pesaban 25 gramos y la etiqueta los identificaba como fabricados en Shanghai (eso lo decía en mandarín, en inglés y en francés, nunca en español). La etiqueta de esos rollos de algodón también indicaba (esto, solo en francés) que la exportación de ese producto corría a cargo de la Sociedad Nacional China de Importación y de Exportación de Productos Químicos.

Rollo de algodón quirúrgico

Rollo de algodón quirúrgico. Hecho en la República Popular China. 1980s. Colección Cuba Material.

Algodón absorbente

Algodón absorbente. Empresa Consolidada de Productos Farmacéuticos. Colección Cuba Material.

Plastilina para modelar Tainito

Plastilina para modelar Tainito. Hecho en Cuba. Colección Cuba Material.

Por lo general, cuando era niña los juguetes cubanos eran los más feos, los de peor terminación o factura, los menos codiciados por los niños, los que se vendían como «dirigidos», el menos atractivo de los grupos en que el Ministerio de Comercio Interior separaba los juguetes que se vendían anualmente en días indicados. La caja de la plastilina Taínito, dividida en barras de diferentes colores, cada una envuelta en papel encerado, era otra cosa. Traía, incluso, un instrumento de madera con una de las puntas en forma de paleta para modelar la plastilina, y un manual con instrucciones e ideas sobre cómo trabajar la plastifica y qué hacer con ella.

Para socializar a los niños en el nacionalismo revolucionario, esta plastilina lleva por nombre el de una de las principales culturas aborígenes de Cuba, además de incluir en el envase una ilustración de un simpático niño taíno. El manual de instrucciones que la acompaña incluye también consejos sobre cómo modelar utensilios y objetos de la cultura Taína.

***

En On Becoming Cuban: Identity, Nationality, and Culture, por el historiador Louis A. Pérez (1999):

In October 1959 the Agricultural and Industrial Development Bank of Cuba (BANFAIC) sponsored an «Exposition of Cuban Toys,» designed «to exhort the public to buy toys produced in Cuba.» The organizers affirmed: «In addition, the social function of the toy must be stressed, for from the most distant past to the present this has been one of the principal means to promote in the child knowledge of the civilization in which he develops.» (p. 483)

Pinche aquí para ver el manual en pdf de la Plastilina para modelar Tainito.

(nota: Esta entrada es una actualización de una entrada publicada el 3 de septiembre de 2014)

Estuche de jabones Nautik

Estuche de jabones Nautik. Hecho en la RDA. 1980s. Regalo de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

Ademas de los jabones de tocador importados de Europa del Este, durante la década de los ochenta se podía comprar en el mercado paralelo estuches de jabones de tocador de fabricación nacional. Contenían por lo general tres jabones, envasados individualmente, y a juzgar por su calidad y diseño, además del precio, pertenecían a la gama de artículos «de lujo». Entre ellos se encuentran la línea de productos de higiene masculina 5 PM, así como las marcas comerciales Galeón y Aquazul, todas producidas por el Ministerio de la Industria Ligera.

Los jabones Nautik, de similar presentación y factura, se importaban de la República Democrática Alemana.

Estos estuches de jabones eran con frecuencia comprados para regalar y no para ser usados como artículos de higiene personal. Se vendían, además, en ocasiones especiales tales como los días de los padres, de las madres, de los enamorados o de los maestros.

Una vez consumidos los jabones, las cajas se guardaban para almacenar otros objetos o adornar las coquetas y los aparadores. La caja de jabones Nautik fotografiada en esta entrada contuvo, hasta hace pocos días, cintas de pelo que, importadas de la URSS, estuvieron muy de moda entre las niñas cubanas durante los años setenta y los ochenta.

h/t: Además de a mi abuela, que guardó la caja de jabones Aquazul que aparece en esta entrada, agradezco a Mirta Suquet y a Jorge Pantoja Amengual el haberme regalado para la colección Cuba Material las cajas de jabones Nautik y 5pm, y Galeón respectivamente.

Estuche de jabones 5pm

Estuche de jabones 5pm. Hecho en Cuba. 1980s. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones 5pm

Estuche de jabones 5pm. Hecho en Cuba. 1980s. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Jabón 5pm

Jabón 5pm. 1980s. Hecho en Cuba. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones Aquazul

Estuche de jabones Aquazul. Hecho en Cuba. 1980s. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones Aquazul

Estuche de jabones Aquazul. Hecho en Cuba. 1980s. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones Galeón

Estuche de jabones Galeón. Hecho en Cuba. 1980s. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Jabón Galeón.

Jabón Galeón. Hecho en Cuba. 1980s. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Esencias de sabores de alimentos importados de Checoslovaquia
Esencias de sabores de alimentos importados de Checoslovaquia

Esencias de sabores de alimentos importados de Checoslovaquia. 1980s. Colección Cuba Material.

No sé cuándo comenzó mi abuelo a hacer vino casero, al menos desde que tengo memoria. Comenzó haciendo vino de arroz, peor pronto sustituyó el arroz por uvas, a veces de la variedad que en Cuba llaman caleta, la que íbamos a recoger a la playa de Jibacoa.

Era muy pequeña cuando la esposa de un psiquiatra que trabajaba con mi abuelo en el hospital Mazorra le regaló, al morir su marido, un alambique de cristal. Mi abuelo comenzó entonces a destilar el vino que desde siempre hacía, y a producir un ron de sabor muy parecido al pisco peruano, según algunos paladares.

Durante al menos tres décadas, mi abuelo se dedicó a ese conveniente pasatiempo, llegando a ser en los noventas el único proveedor de bebidas alcohólicas de toda la familia y círculo de amigos.

Mi tío, que solía viajar con frecuencia a Checoslovaquia por asuntos de trabajo, solía comprar allí esencias de alimentos, con las que mi abuelo producía licores y vermuts.