Argolla para cortina de baño

Argolla para cortina de baño. Colección Cuba Material.

El baño del apartamento Pastorita donde vivía con mis padres y mi bisabuela, tenía azulejos rosados y piezas sanitarias de cerámica blanca. Cuando mi bisabuela se mudó para allí, recién inaugurado, tenía calentador y, por tanto, los herrajes de la ducha y del lavamanos tenían instalación para agua caliente. Cuando nací, sin embargo —o poco después, porque así es como siempre lo he recordado—, ya por esas tuberías no circulaba más que aire. Me acostumbré a que la llave izquierda de la ducha no servía para nada (la derecha se utilizaba poco, pues muchas veces cuando ponían el agua no llegaba con fuerza para subir hasta la regadera de la ducha), como tampoco servían las del lado izquierdo del lavamanos y del fregadero.

Nuestra ducha hacía un rectángulo en un extremo del baño y tenía el tubo para la cortina empotrado en las paredes de los lados. No sé si tuvimos más de una cortina de baño, pero solo recuerdo una de color rosado y dibujos en blanco que se deshizo en pedazos, manchada de moho, al paso de los años. Cuando era niña, sin embargo, aún era una cortina nueva y colgaba de unas argollas con forma de caballito de mar. Luego, cuando no quedó más remedio que botar la cortina, los caballitos de mar continuaron colgando de la barra de aluminio hasta que, ya con dólares, durante el Período Especial, pudimos al fin comprar una cortina nueva que, esta vez, venía con sus ganchos. Entonces, mi mamá guardó los caballitos de mar para cuando los volviera a necesitar.

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