chapillas de inventario

chapilla de inventario

Chapilla con número de inventario. Colección Cuba Material.

No sé cuándo comenzó esa práctica, pero ya en los años setentas y durante todos los ochentas el mobiliario de los centros escolares y de trabajo tenía adherida una chapilla de aluminio o calamina con un número de inventario. A veces, si no había chapa, el número aparecía inscrito con pintura, preferiblemente roja, y una caligrafía primitiva. El estado cubano marcaba así los objetos de su propiedad, que en teoría era la propiedad del pueblo, pero que todos sabíamos no nos pertenecía, entre otras cosas porque jamás tuvimos poder de decisión sobre su estética, conservación o uso. Las chapillas, por lo general, se colocaban en lugares muy visibles, llegando a veces a dificultar el uso correcto de equipos y mobiliario.

De esas chapucerías se burla la viñeta “Ali Wattwatt y los audacios“, escrita por Bruno Enríquez y publicada en Cubasolar, y orientada a “educar” a la ciudadanía el uso correcto de los instrumentos de trabajo.

chapilla de inventario

Chapilla con número de inventario. Colección Cuba Material.

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