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venda de gasa
venda de gasa

Envase para venda de gasa. Hecha en Cuba por el Grupo Especial de Materiales de Curación. Colección Cuba Material.

Durante la era soviética, en las farmacias cubanas se vendía venda de gasa de fabricación cubana, comercializada por el Grupo Especial de Materiales de Curación. Los rollos de gasa de 5 x 550 centímetros costaban 15 centavos y los de 10 x 914 centímetros, 40 centavos.

venda de gasa

Envase para venda de gasa. Hecha en Cuba. Colección Cuba Material.

Bolsa de sueros
Bolsa de sueros

Bolsa para extracción de sangre. Colección Cuba Material.

En la consulta de mi abuelo, había un palo de madera de color verdoso, bordes cuadrados y puntas torneadas que se usaba para sostener las bolsas de los sueros. Por su aspecto, estoy segura de que estaba allí desde antes de la revolución, cuando mi abuelo y su papá daban consultas en la casa. Como en Cuba nada se bota, siguió ahí, probablemente hasta el día de hoy.

Mi abuelo reutilizaba los nylons de las bolsas de suero para guardar jeringuillas y otros instrumentos. Por eso, me he encontrado estos dos en la despensa de medicamentos.

Bolsa de sueros

Bolsa de sueros. Colección Cuba Material.

aceite ricino aromatizado
aceite ricino aromatizado

Frasco de aceite ricino aromatizado. Comercializado por el MINSAP, Cuba. 1980s. Colección Cuba Material.

La primera vez que escuché mencionar el aceite ricino, fue en la escuela primaria. De vez en cuando, alguien lo traía a cuento para referirse a su sabor desagradable, siempre agregándole la preposición “de” a su nombre: aceite de ricino.

Este purgante se utilizaba en Cuba, también, para suavizar el pelo y, según la cronología de historia y política cubanas de Leopoldo Fornés Bonavia (publicada por Verbum en el 2008), el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) durante el gobierno provisional de Carlos Mendieta lo utilizó como método de tortura. Le fue administrado así a los periodistas del diario Acción, dirigido por Jorge Mañach, el 12 de diciembre de 1934. Entre ellos se encontraban Francisco Ichaso, Jess Losada y Eduardo Héctor Alonso.

En su historia de Cuba, Hugh Thomas refiere que, “en mayo de 1939, Felipe Rivero, editor del semanario Jorobemos, quien había criticado al gobierno [de Federico Laredo Bru], fue obligado a beberse el contenido de una botella de aceite de ricino por cuatro matones no identificados, sin duda a sueldo del gobierno” (p. 534). También, según Thomas, en su alocución del 5 de agosto de 1951, transmitida por la CMQ, el político y líder del Partido Ortodoxo Eduardo Chibás se refirió a “los coroneles del aceite de ricino” (p. 585) minutos antes de dispararse el tiro fatal en el abdomen.

Wikipedia confirma que el aceite ricino, en efecto, se ha utilizado como método de tortura, ya que en elevadas dosis produce vómitos, diarreas agudas, náuseas y cólicos.

El aceite ricino, uno de los más antiguos que se producen, se conoce también como Palmacristi.

Envase de colirio Borazinc
Caja de ámpulas de Aminofilina intravenosa de 10 ml

Caja de ámpulas de Aminofilina intravenosa de 10 ml cada una. Producidas por Laboratorio Farmacéutico 04. Comercializada a un precio de 0.76 centavos. Colección Cuba Material.

En “Drug Wars: Revolution, Embargo, and the Politics of Scarcity in Cuba, 1959-1964”, originalmente leído en el Cold War Seminar organizado por la Tamiment Library de la Universidad de Nueva York, la historiadora Jennifer Lambe explora el impacto que tuvo en la vida cotidiana de los cubanos la sustitución del régimen farmacéutico capitalista por uno de naturaleza socialista, tras el triunfo de la revolución cubana. En el Resumen del texto, Lambe dice:

La Revolución Cubana de 1959 marcó el comienzo de muchos cambios radicales, tanto socioeconómicos como políticos. Sin embargo, los conflictos macropolíticos del momento también se manifestaron de forma concreta en la vida cotidiana de los cubanos. La repentina escasez de medicamentos de uso diario, vinculada a las tensiones diplomáticas con los Estados Unidos, fue una de ellas. Este artículo rastrea el conflicto transnacional provocado por la repentina desaparición de drogas farmacéuticas norteamericanas de los anaqueles cubanos. El texto trata de entender las carencias farmacéuticas no solo como una consecuencia de lo político, sino también como una realidad social que proveyó un espacio para la articulación de nuevas formas de sociabilidad y de políticas sobre el cuerpo.

A principios de este año ayudé a mi mamá a limpiar la vitrina de medicamentos que alguna vez mi abuelo (y quizás también mi bisabuelo) tuvo en su consulta, hoy escondida en el cuarto de desahogo de su casa (antiguo cuarto de criados). Tenía entonces los cristales empolvados, y la armazón de hierro se veía algo oxidada, y estaba desde hacía ya tiempo atiborrado de medicamentos –emulsiones, colirios, tabletas, ámpulas de inyección–, jeringuillas, agujas hipodérmicas, bandejas, termómetros y estuches de gasa y de algodón.

De niñas, a mi hermana y a mí nos gustaba pedirle a mi abuelo que lo abriera para mostrarnos la réplica en cerámica de un corazón que allí guardaba y casi nunca nos dejaba tocar, o el frasquito de Curare, que me decía paralizaba los músculos cuando entraba en el torrente sanguíneo y, por eso, los indios lo untaban en la punta de sus flechas. También sabía que en ese gabinete había otro tipo de venenos –Estricnina y Morfina, por ejemplo– aunque mi abuelo nunca me los enseñó.

Dentro la vitrina se distinguían con claridad tres regímenes farmacéuticos: el del capitalismo, el del socialismo de estado, y el del postsocialismo. Nos tomó dos tardes a mi mamá y a mí deshacernos de la basura que por años también se acumuló en el gabinete de medicamentos. Tuvimos que romper las ámpulas y destruir las pastillas vencidas para prevenir que las personas que viven de lo que recogen de los contenedores de basura las usaran o las distribuyeran. Separamos los medicamentos que podían ser de utilidad y mi mamá los donó al consultorio del médico de la familia. Varias mangueras de suero y un par de guantes quirúrgicos estaban totalmente calcinados y se nos deshicieron en las manos antes de que pudiéramos siquiera tirarlos a la basura.

Conservé para mí muchos envases de medicamentos de la era capitalista, la mayoría de producción nacional, que mi abuelo había guardado por más de cinco décadas. Se trataba, por lo general, de laboratorios norteamericanos o europeos que tenían plantas y/o sucursales en Cuba. Sus envases y frascos exhiben tipografías preciosas.

Para Cuba Material guardé todos los medicamentos producidos o comercializados por la industria farmacéutica socialista, entre ellos los medicamentos genéricos producidos por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) y los que exhiben marcas comerciales, importados de Europa del Este o de la URSS. Tal es el caso del medazepam comercializado bajo la marca Rudotel producida por la empresa de la RDA GERMED en la planta de Dresden Ver Arzneimittelwerk.

Finalmente, mi mamá se quedó para sí los medicamentos que mi papá, mi hermana y, últimamente, yo hemos estado enviando desde principios de los años noventas. De diseño mucho más feo que los otros dos grupos, estos incluyen pomos plásticos de 500 píldoras de vitaminas, Advil (o Ibuprofén), Tylenol (o Acetaminofén) y Tums para los problemas estomacales; tiras de curitas y de Alka Seltzer; pomadas para los dolores reumáticos, pastillas para dormir, laxantes y jeringuillas desechables.

Ahora, la colección de Cuba Material ocupa las dos repisas inferiores, que aún atiborradas de medicamentos. Mi mamá y mi abuelo tienen, en cambio, tres repisas limpias y despejadas para seguir guardando las medicinas que les mandamos desde acá.

Envase del medicamento Avafortán

Envase del medicamento Avafortán. Importado de la RDA. Producido por Asta Werke AG Chem Fabrlk. Evasado en Cuba por Empresa de Suministros Médicos. Precio de venta de un peso. Colección Cuba Material.

Envase de colirio Borazinc

Envase de colirio Borazinc. Hecho en Cuba por el Ministerio de Salud Pública. Precio de venta, 60 centavos. Colección Cuba Material.

Envase del medicamento Avafortán

Envase del medicamento Avafortán. Importado de la RDA. Producido por Asta Werke AG Chem Fabrlk. Evasado en Cuba por Empresa de Suministros Médicos. Precio de venta de un peso. Colección Cuba Material.

En Habanero 2000: Importando productos y recuerdos:

…En días pasados, estuve indispuesto, con nauseas, cuando me incorporé al trabajo, una compañera me pregunto; ¿Que tomaste? Gravinol, le respondí, alguien me pregunto ¿Qué es eso? Un medicamento para los vómitos, aquí lo llaman Dramamine, pero yo lo sigo llamando; Gravinol. Era como si cambiarle el nombre, cubanizarlo, hiciera el milagro de hacer presente las manos de mi madre llevándomelo a la cama. Un nombre, lograba cambiarle el efecto, mejorarlo, hacerlo capaz de curar el cuerpo y el alma.

Cuando me recuperé y conversé con uno de mis grandes amigos, sobre el malestar que había tenido me dijo; ¿Cómo no me avisaste? Yo tenía Novatropin que mande a pedir de Cuba, eso te lo hubiera quitado todo. Cuando vivíamos en Cuba, el Peptobismol, el Tylenol y otros medicamentos nos parecían la panacea universal, el non plus ultra de la medicina moderna. Ahora que estamos del lado de acá, cuando nos llega un medicamento de nuestra islita, nos parece estar a salvo; no hay enfermedad o malestar capaz de resistírsele.

(…)

La lista de los productos de Cuba, que pedimos desde acá, es larga. Una vez un amigo me pidió, casi me suplico le trajera unas latas de Vitanuova, según me dijo; ninguna salsa para pastas podía compararse con la fabricada en nuestra Isla. Más de una vez me han pedido frazadas de piso. Les explico que siempre le llevo a mi mamá las de aquí, y que las amigas de mi hermana cuando las ven, siempre suplican les regalen una y se van felices con su frazada amarilla, que vino directo de la Yuma. De nada valen mis explicaciones; frazadas como las de Cuba, no hay, son las mejores.

De pronto, por decreto nuestro, acuñado por la nostalgia y las ganas inmensas de traernos a nuestra islita y a nuestros seres queridos hasta acá; Cuba se ha convertido en exportadora de medicinas y artículos para el hogar. Me han contado de algunos que, ahora que pueden comprar los mejores perfumes, mandan a buscar aquellos que venden en la Isla.

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En Emilio Ichikawa: Quien se fue de MEGA TV no fue María Elvira, fue una época:

En la noche de hoy viernes (julio 5-2011) el presentador Tony Cortés comentó en su programa en MEGA TV, junto a un actor invitado, un reportaje fílmico que muestra el estado de destrucción en que se encuentran inmuebles, calles y huertas urbanas de la ciudad costera de Guanabo, al este de La Habana.

Nadie se atrevería a desmentir la realidad presentada por Cortés; o la lógica de sus comentarios. Lo que sí provocó extrañeza fueron los sentimientos de nostalgia que trató de mover al respecto; y que confirmaron lo errático que es ya tratar de sacar dividendos ideológicos a la exhibición del consabido deterioro urbanístico cubano. Cuyo estado ruinoso se ha llegado incluso a estetizar (con notable éxito en los centros dominantes de la cultura Occidental).

Es un hecho: las instalaciones del noreste habanero no son ya como eran en los años ´80 (que es aproximadamente el tiempo que añoran Cortés y su invitado). Ni eran en los ´80 como habían sido antes de 1959.

Ahora bien, cuando se decía, por ejemplo en 1983, que Cuba no era como en 1953 o 43, se quería significar que existía un pasado hermoso, utópico, erigido a través de acciones asentadas en un sistema de propiedad privada capitalista; y que otro régimen, comunista, había malogrado al instaurarse desde 1959.

Pero, cuando Cortés y su invitado “denuncian” que el Guanabo de hoy es un desastre comparado con el Guanabo paradisíaco de 1983, ¿qué sugieren, qué mensaje envían, en qué concepto dan sentido al regodeo fotográfico? Pues en ninguno. Es más, muchas de las lecturas posibles de su reportaje gráfico son contraproducentes, como esa que deja caer que con Fidel Castro y el Kremlin en forma los cubanos estaban mucho mejor que ahora. Algo alarmante, porque… ¿y si fuera verdad?…

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En Emilio Ichikawa: Radio Mambí: Un desplazamiento hacia la “sensibilidad ’70”:

El espacio del antiguo Noticiero de RADIO MAMBI (Miami 7.10 AM) a las 5:00 de la tarde, fue ocupado hoy por un programa de participación que convergió en la evocación de “las fiestas de 15” en los años ’70 en Cuba.

Una oyente recordó como muy grata la experiencia de su fiesta en el Hotel Nacional de Cuba; mientras otra refirió su celebración en una Escuela en el Campo. Alguien agregó que esas reuniones se realizaban con esfuerzo propio, porque “en ese época no se recibía dinero de remesas” (desde el extranjero). También echaron de menos bailar canciones de amor como “Candilejas”, popularizada en la Cuba de entonces por José Augusto. También se refirió al grupo Los Barba como música del momento. Un señor recordó una experiencia singular, cuando él y un amigo se “colaron” en una fiesta que resultó ser la de un familiar de Ramiro Valdés. Fueron sacados por unos “ayudantes”, lo que fue comentado por el conductor del programa (Pepe) como algo lógico tratándose del personaje citado.

Los oyentes proyectaron sobre los años ’70 un sentimiento nostálgico, romántico (centrado en el regreso y recuperación de lo perdido), similar al que una generación anterior ha proyectado sobre la Cuba de antes de 1959; con la peculiaridad de que “la pérdida” del paraíso de los ’70 se da en el marco del mismo sistema político y, según analistas, del predominio del mismo grupo político. A primera vista, juzgando por el trato personal, esta “oleada de los ‘70” está notablemente identificada con los valores de la cultura norteamericana, son críticos del socialismo cubano y no se identifican demasiado con la Cuba republicana (pre-1959).

En agosto de 2011 el actor y periodista Tony Cortés condujo un interesante programa en MEGA TV, donde se hizo un ejercicio de la nostalgia en la pérdida y recuperación de “el Guanabo de los ‘80”. La nostalgia por los ’90, incluso por el Periodo Especial, está tocando a las puertas de la sensibilidad pública de la comunidad cubana de Miami.