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Folleto Fidel: Sacude la mata y ...¡adelante!, por José Pardo Llada
Folleto Fidel: Sacude la mata y ...¡adelante!, por José Pardo Llada

Folleto Fidel: Sacude la mata y …¡adelante!, por José Pardo Llada. 1959. Colección Cuba Material.

A finales de 1959, Cadena Oriental de publicó el folleto Fidel: Sacude la mata y …¡adelante! Presentado como “homenaje al pueblo de Cuba” y vendido para recaudar fondos para la campaña “Armas y aviones para Cuba”, el folleto reproduce el editorial que el periodista José Pardo Llada leyó en esa estación de radio el 21 de octubre de 1959, a raíz de la renuncia del comandante Hubert Matos, jefe del Ejército Rebelde en Camagüey.

Lo de sacudir la mata no es una metáfora original de Pardo Llada, ya la venía vociferado Fidel Castro desde meses antes.

Al precio de 20 centavos, este folleto fue impreso en papel bagazo cubano, y que la última página lo diga tiene que ver con los discursos nacionalistas de la época.

En el enlace de arriba, y aquí, pueden ver el documento completo, publicado en El archivo de Connie.

Folleto Fidel: Sacude la mata y ...¡adelante!

Folleto Fidel: Sacude la mata y …¡adelante! (contraportada), por José Pardo Llada. 1959. Colección Cuba Material.

lecciones de idioma ruso
lecciones de idioma ruso

Discos de acetato con lecciones de idioma ruso, editadas por el semanario Novedades de Moscú. 1975-1976. Donación de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

Era bonito el diseño psicodélico de estos discos que enseñaban el vocabulario del casi psicodélico idioma ruso. En la contracubierta, en ruso, inglés, francés, español y árabe, se lee:

El semanario NOVEDADES DE MOSCÚ publicará en los años 1976-1976 una guía de conversación de idioma ruso. Las lecciones correspondientes irán en 6 grabaciones.

Las suscripciones pueden formalizarse a través de las respectivas firmas de su país que mantienen contactos con “Mezhdunaródnaya Kniga” y se encargan de distribuir las publicaciones periódicas soviéticas.

Dirección del semanario Calle Gorki  16/2 Moscú K-9, URSS

h/t: Gracias a Tamara Álvarez por la traducción del título.

calcomania Asociacion de Amistad Cuba China
Calcomanía propagandística de la Asociación Cultural Cubano China

Calcomanía propagandística de la Asociación Cultural Cubano China. 1960s. Foto 2017, Vedado, Ciudad de la Habana.

La Asociación de Amistad Cubano China fue fundada en 1959 con el nombre de Asociación Cultural China-Cuba. Estuvo dirigida por el general retirado Moisés Sio Wong hasta que falleció en el 2010. Desde niña, esta calcomanía adorna una de las alas de la puerta del “cuarto de los tarecos” de casa de mis abuelos. En la otra, cuelga una pequeña placa con un mensaje revolucionario, también de los tempranos 1960s. Por dentro, cuelga de una de las alas de la puerta una imagen de bronce de un Sagrado Corazón de Jesús. Herramientas y quincallas cubren casi toda la superficie de la otra ala y casi sepultan un cuadro con la imagen de José Martí.

Caja de fósforos
Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A: Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Dice Anne E. Gorsuch (2000) en Youth in Revolutionary Russia: Enthusiasts, Bohemians, Delinquents. Bloomington: Indiana University Press) que:

. . . one Bolshevik, Mikhail Ostrich, who was traveling on a boat to America for the first time, saw a book of matches with the ship’s name on it, [and] he whispered to his companion, “What a splendid idea! . . . I shall send some of these home. We should adopt this idea. Only we would not use them to advertise private boat companies. We would write on each match: ‘Wash your hands before eating’ . . . ‘Take a bath every day’ . . .  Eat slowly’ . . . ‘Keep your dinning rooms neat.'” (P.9)

Pensé en las cajas de fósforos cubanas que sugerían ahorrar electricidad, agua o dinero o cuidar la limpieza del entorno o la higiene personal.

h/t: Todas las cajas de fotos que se reproducen (menos una) pertenecen a la colección de Ramiro A. Fernández. Ver in Instagram @cuba–then

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos Chispa. Empresa Nacional de Fósforo. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos Chispa. Empresa Nacional de Fósforo. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos Chispa. Empresa Nacional de Fósforo. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos Chispa. Empresa Nacional de Fósforo. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos Chispa. Empresa Nacional de Fósforo. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. 1984. Imagen tomada de internet.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos Chispa

Caja de fósforos Chispa. Empresa Nacional de Fósforo. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

Operación Industria Cubana
Operación Industria Cubana

Operación Industria Cubana. 1959. Captura de pantalla.

En Librínsula: Consuma productos cubanos:

(…) Con el advenimiento de la Revolución la primera exposición comercial de producciones cubanas tuvo lugar entre los días 5 y 17 de abril de 1959, en los cuatro pisos y áreas aledañas del edificio que ocupaba la antigua Escuela de Medicina, sita en calles 25 entre J e I, en el capitalino barrio del Vedado.

Esta muestra expositiva fue visitada por miles de personas de la capital y fue considerada por un connotado ejecutivo de agencia publicitaria (Raúl Gutiérrez, presidente de OCLA), como la más grande que jamás hubiera visto.

“La recaudación de aquella exposición se empleó en la construcción de la que llegaría a ser después Escuela de Medicina de Oriente, que estaría ubicada en la provincia de Santiago de Cuba”, explicó el doctor Omar Fernández quien en aquel entonces era Capitán del glorioso Ejército Rebelde.

Meses después (entre el 8 y 18 de mayo del propio año) y, por decisión del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, la muestra fue trasladada hacia el mismo centro de la ciudad de Manhattan, en Nueva York, Estados Unidos, donde fue visitada por miles de personas “con un éxito extraordinario”.

“Ya en plena crisis las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, se presentaron productos cubanos como: azúcar, tabaco, café, ron, cerámica…además de dos mil de plantas, entre ornamentales y medicinales”, puntualizó Fernández.

Recordó que, en aquella ocasión, recibieron la visita del entonces presidente norteamericano Dwight Eisenhower, quien se marchó sumamente complacido de la exhibición luego de recibir “un estuche de habanos, los mejores del mundo”, de manos del Capitán del Ejército Rebelde.

“—Voy a despertar envidia a mis amigos, cuando me fume estos excelentes habanos,” dijo Eisenhower.

Igualmente, y cumpliendo órdenes de Fidel, la exhibición comercial fue mostrada a todo el pueblo de Cuba… a través de un contexto inusual: transportada en ferrocarril. Para ello se dispusieron 62 vagones –de ellos 50 expositivos y un staff conformado por 90 personas—que, entre diciembre de 1959 y mayo1960, realizaron un recorrido por 90 lugares a todo lo largo y ancho de la Isla.

“Se partió de la ciudad pinareña de Isabel Rubio y, seis meses después de trabajo titánico y, de regreso a La Habana, la clausura la hizo el Comandante Ernesto Che Guevara…Unas 750 000 personas de otras provincias tuvieron la oportunidad de visitar la muestra, partir del tren más largo de Cuba”, rememoró en esta oportunidad Amadeo Blanco, uno de los principales coordinadores de aquella Primera Exposición de Productos Cubanos en la Acción Ferrocarril.

En esa oportunidad, algunos industriales cubanos fueron abandonando poco a poco la muestra ferroviaria debido al proceso de nacionalización de industrias y empresas privadas que se estaba desarrollando en el país. (…)

Interior de almendrón
Interior de almendrón

Interior de almendrón. Foto 2013.

En La fiesta vigilada, de Antonio José Ponte (2007, Anagrama, p. 86):

Taxis de color amarillo y negro pertenecían a la Asociación Nacional de Choferes de Alquiler Revolucionarios (ANCHAR, ya que en la nueva sociedad todo adoptaba siglas), y en taxis de color violeta trabajaban las prostitutas reeducadas.

Hacían, de otro modo, la calle. TP eran las siglas de sus vehículos: Transporte Popular.

“Todas Putas”, les llamaba la gente.

Y aquellas conductoras recibieron enseguida, por el color de los autos, el mote popular de “violeteras”.

***

En Misceláneas de Cuba, viñetas de la Cuba Material por Orlando Luis Pardo Lazo:

Frente de batalla:

Los carros americanos siguen siendo una quinta columna clavada en el corazón comunista de la Revolución. Vienen de la prehistoria republicana y, sin embargo, pertenecen al futuro democrático de la nación. Duraron, a pesar de la asfixia y los represivos talleres sin piezas de repuesto, donde los “adaptaron” al cambiarle sus órganos originales. Pero los carros americanos no son un museo ni mucho menos un mausoleo de la memoria, estos “almendrones” de cáscara dura no son sino un plebiscito rodante.

Gulliver en el país de los proletarios:

Pudo ser un performance de la Bienal de Artes Plásticas de La Habana. Pudo ser el primer plano público de un stop-motion cubano desconocido, ese que, por timidez o tristeza, jamás se filmó. Hombrecitos de plastilina que recorren las aceras cutres de la avenida Galiano en Centro Habana (acaso en Contra Habana). Enanitos en peligro de ser pisados por los titanes que van y vienen de la shopping o del agromercado, con sus viandas y electrodomésticos y piltrafas y productos de aseo, todo disimulado en las consuetudinarias jabitas de nylon (la bandera cubana debiera ser sustituida por una jabita de nylon, que resuena más linda al viento y es un objeto menos biodegradable y sin tanta memoria de la muerte nacional). Pudo ser un set para rodar el clímax de un videoclip de reguetón. Pudo ser labor-terapia grupal para los deprimidos anónimos de la patria. Pudo ser de todo. A mí nadie nunca me dijo nada.

Los viejos carros americanos:

Aferrados a un filito. La mano crispada, tensa hasta el último tendón. La marca del uniforme mitad como maleficio y mitad como talismán. Los viejos carros americanos parecen persistir más allá de la Historia y más acá de la Revolución. Sus carrocerías se maquillan de lujo metálico para un nuevo cambio de velocidad. Los viejos carros americanos se alquilan a miserables y a militares sin hacer distingo, son la encarnación rodante de nuestra demacrada democracia de mercado. Dentro de sus hierros cincuentenarios todos somos iguales, expuestos a la misma contaminación carburante. Los viejos carros americanos son ataúdes en tiempo futuro, cunas de fetos en pasado perfecto. InCUBAdoras de un pueblo en trance de movimiento que por ahora aún se aferra a una idea inercial, inmemorial.

¿Huraco o espejo mágico?

No todas las capitales de América cuentan con paisajes así, de guerra per-manente pero artificial, escaramuzas inocuas excepto para la inteligencia. A La Habana le salen más baches que bares y borrachines. Más baches inclu-so que desfiles de botas violentas en alguna efeméride nacional. A ras de asfalto, el espejo de agua masoquistamente duplica nuestra rala realidad: gente mohína asomada al daño de los edificios, a sus ínfulas heroicas de mostrar las cicatrices de un bombardeo. Y, lo más terrible de esta debacle: es aterrorizantemente bella.

Lápidas:

¿Quién sobrevive a quién? ¿La vieja y orgullosa maquinaria de los años cincuenta, que abortó en Cuba junto al final de su década, o la palabra patria más perversamente repetida desde entonces? ¿Quién rueda todavía sobre el asfalto percudido y quién ya no podría permanecer de pie? ¿Chapistería versus chapucería? ¿Slogan comercial versus lema? ¿Aerodinámica retro versus ideología obsoleta? Pero, ¿quién se atrevería a meterle un buen palancazo a la caja de cambios de velocidad? ¿Nos hará falta alguna licencia histórica de conducción?

Ver la entrada completa en Misceláneas de Cuba.