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Tarjeta de Navidad del comandante Juan Almeida Bosque. 1960. Colección Cuba Material.

En 1960, cuando el comandante Juan Almeida Bosque envió esta tarjeta de felicitación, ya el Ejército Rebelde había sido convertido en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Desde antes de la constitución de las FAR, en octubre de 1959, Almeida Bosque ocupaba el puesto de jefe de la fuerza aérea, tras la deserción del piloto Pedro Luis Díaz Lanz en junio de ese año.

Llama la atención que, a más de un año de la disolución del Ejército rebelde, sus principales líderes hicieran alusión en sus firmas a sus antiguos rangos militares de la guerrilla, incluso en comunicaciones oficiales como esta tarjeta, que lleva estampado el escudo nacional.

Tarjeta de Navidad del comandante Juan Almeida Bosque. 1960. Colección Cuba Material.
Disco Villancicos cubanos. Dirección General de Cultura del Ministerio de Educación de la República de Cuba. Carátula de Servando Cabrera Moreno. 1959. Colección Cuba Material.

Para las Navidades de 1959, la Dirección General de Cultura del Ministerio de Educación de la República de Cuba realizó, a cargo de la disquera Puchito, segunda empresa discográfica independiente cubana, el disco Villancicos cubanos. Interpretado por el Coro de Madrigalistas de La Habana bajo la dirección de Manuel Ochoa, y con la participación de la soprano Carmelina Rosell, la mezzo-soprano Marta Pérez y el pianista Laurence Davis, pueden escucharse:

Cara A:

  1. Una nave mercantil (tema de 1791 musicalizado por Esteban Salas)
  2. Pues logra ya (tema de origen desconocido y música de Esteban Salas)
  3. Guíame a Belén (tema de 1949 musicalizado por Olga de Blanck, con texto de Julia Casanova y arreglo coral de Gisela Hernández)
  4. Villancico criollo (tema de 1953 con música de Edgardo Martín y texto de Dora Carvajal)
  5. Canción al niño Jesús (tema compuesto en 1959, con música de Harold Gramatges y texto de Gerardo Diego)
  6. Tríptico de villancicos cubanos: Navidad guajira; Al niño le gusta el son; Flor de Pascua bendita (música y textos de César Pérez Setenat)

Cara B:

  1. Son de Navidad (tema compuesto en 1949 por Gisela Hernández)
  2. Palmas reales (tema de 1948, compuesto por Gisela Hernández y escrito por Concha Méndez)
  3. Adios, belenista (tema de 1957 con música de Roberto Marín y texto de Dora Carvajal)
  4. Brazo de mi cruz (tema de 1957 con música de Carlos Borbolla y texto de Fifina del Castillo)
  5. He bajado los cerros (tema de 1957 con música de Carlo Borbolla y letra de Lía Gómez)
  6. Ofrenda de un guajiro (tema de 1956 con letra y música del Hermano Alfredo Gabriel)
  7. Guajiro canta (tema de 1957 con letra y música de Mercedes Pedroso Douglas)
  8. Mensaje de Navidad (tema de 1959 con letra y música de Carmelina Rosell)

Es un disco de diseño y músicas hermosos, y su último tema, «Mensaje de Navidad», interpretado por Carmelina Rosell acompañada por un coro masculino y piano, augura igualdad y felicidad para Cuba.

Disco Villancicos cubanos. Estudios Puchito. Dirección General de Cultura del Ministerio de Educación de la República de Cuba. 1959. Colección Cuba Material.

El escritor, traductor y crítico literario Ernesto Hernández Busto dedicó su columna de opinión en el medio digital ADN Cuba a este disco:

El disco, que hoy se percibe inevitablemente como una rareza, es en realidad una perfecta ilustración de la poderosa cultura católica que había en Cuba hasta los años 60 del siglo pasado. La medular generación de la revista Orígenes, por ejemplo, resulta inseparable de esa profunda veta católica, hoy reducida a seminarios de escasa repercusión, jesuitismo de salón y cursillos de oratoria santurrona, que tienen en Eusebio Leal su producto más logrado.
La Revolución se propuso como «borrón y cuenta nueva», pero ese proceso de cambio espiritual estaba condenado a ser gradual: debía lidiar con una tradición de siglos. Aún así, se pudo borrar. Poca gente de mi generación –y ni hablemos de la que hoy tiene menos de 30 años– sabe, por poner un ejemplo, que la obra de Esteban Salas (1725-1803), nacido, por cierto, un 25 de diciembre y considerado uno de los primeros músicos criollos, no sólo abunda en villancicos –¡unos 52!– sino que ese gran compositor cubano hizo del género un puntal de la experimentación barroca, y el puente entre una liturgia en latín y la música no litúrgica en español.
Esa parte de su obra considerada no litúrgica incluye también cantadas y pastorelas, compuestas, en su mayoría, en Santiago de Cuba, donde, desde 1764 y hasta su muerte en 1803, Salas, «el clásico de la música cubana», como lo llama Carpentier, desplegó una intensa actividad musical que produjo más de 100 partituras.
Quien mire con cuidado la lista de compositores contemporáneos que aparece en el disco de 1959, se asomará también, quizás sin saberlo, a la estricta censura que sufrió la música religiosa en Cuba durante la década del 60. En esa época, el mundo de la música llamada «clásica» padeció las consecuencias del enfrentamiento entre José Ardévol, un catalán asentado en la isla y convertido al más dogmático credo revolucionario, y otra tendencia, más cosmopolita y rupturista representada por Julián Orbón y su discípulo Aurelio de la Vega. Pero lo que resulta obvio es que ni siquiera los músicos adscritos a la facción ultranacionalista de Ardévol, como Pérez Sentenat, se atrevieron a componer después de 1959 nada que tuviera que ver con la liturgia o con temas católicos. En la lista de sus obras se salta directamente del «Aguinaldo del negro cristiano», de 1952, a «Cuatro estampas para un pionero», de 1962.
En cuanto a Borbolla, prefirió concentrarse en el estudio de la tradición afrocubana. Tuvo, además, la mala suerte de ser incluido por Carpentier en el mismo capítulo (el doce) de La música en Cuba donde se elogiaba a Orbón. Luego que este último se exiliara, ese capítulo del libro fue eliminado de las reediciones cubanas de 1979 y 1989.
Que conste que no estamos hablando de músicos de segunda fila, sino de compositores centrales en la tradición contemporánea cubana. Sentenat fue uno de los fundadores, junto a Gonzalo Roig y Ernesto Lecuona, de la Orquesta Sinfónica de La Habana. En 1942 se unió a Amadeo Roldán para crear la Filarmónica de La Habana. En 1965 dirigió la parte musical del Consejo Nacional de Cultura y presidió la comisión que debía reformar la enseñanza de la música en la isla. Borbolla, por su parte, fue un investigador y pedagogo fundamental, sin el cual sería imposible entender, por ejemplo, a Leo Brouwer. Sus cinco Cuadernos de Rítmicas Cubanas, dedicados al análisis del sincopado, son un monumento musicológico, a la altura de los trabajos de Fernando Ortiz y Natalio Galán. Murió en 1990, a los 88 años, resentido y olvidado, como muestran algunas de sus cartas a Aurelio de la Vega. En una de ellas, fechada en 1972, le decía: «Desde luego, todos los seres que conocemos continúan viviendo a la sombra del árbol revolucionario: una frasecita aquí, otra allá; un tema guataca que dé fe de ser un adicto y, pare de contar».
De ese Borbolla, marginado después de la Revolución, Carpentier había llegado a decir: «Constituye el caso más extraordinario de la música cubana contemporánea. Todo es singular y digno de atención en este compositor, su formación, su trayectoria al margen de los itinerarios propuestos al artista criollo, su vida, sus actividades, su obra». Y sin embargo, nada suyo se grabó en Cuba hasta que -¡en el 2002!- el pianista Ulises Hernández produjo para el sello Bis Music, la primera grabación mundial de algunas de sus obras más notables.
La música religiosa fue, como hemos visto, una «víctima colateral» de las tensiones entre el gobierno cubano y la Iglesia, que llegaron a un punto irreconciliable en 1961. El año anterior había sido el de la intervención de las escuelas católicas por el estado, las tres cartas pastorales de advertencia y el último Congreso Eucarístico, al que acudieron casi un millón de personas. El incipiente gobierno de los barbudos no veía a la Iglesia con buenos ojos, pero tampoco se atrevía a vetar un culto tan popular. La solución fue ahogarlo en nacionalismo revolucionario.
En el 60 se celebraron las «segundas Navidades Libres», muy distintas a las anteriores. Con el título «Jesús del Bohío» se representó el Nacimiento en la marquesina de la estación de radio CMQ, en La Habana. El gigantesco mural mostraba un belén revolucionario al que llegan los tres primeros comandantes (Fidel, el Che y Almeida en el obligatorio rol de Baltazar) con sus respectivos dones: la Industrialización, la Reforma Agraria y la Alfabetización.
Al fondo, las montañas, y sobre el Nacimiento la figura de un Martí gigante y beatífico. El mural, cuyo estilo naif recuerda las primeras obras monumentales de Siqueiros, puede verse en el documental de Chris MarkerCuba sí! (1961), cuyos primeros minutos son una antología del mito de la Revolución como consagración navideña.
Cuba sí! comienza con escenas tomadas en una famosa tienda de juguetes, entrevistas a un grupo de niños que van desgranando deseos ante la cámara. Se nota el placer de los rebeldes convertidos en representantes de los tres nuevos Reyes. Fidel Castro había anunciado que se regalarían juguetes a todos los niños cubanos, y en varios grandes almacenes se formaron colas gigantescas. Y premonitorias. Los juguetes, por supuesto, no alcanzaron, pero esa frustración sólo puede verse en otras fotos, bastante menos conocidas.
Durante esos primeros años no faltaron pruebas de la “voluntad navideña” de la Revolución. Hasta se intentó sustituir a Santa Claus por la figura autóctona de un “guajiro” barbudo, Don Feliciano, vestido con guayabera y sombrero de yarey. La idea no fue bien acogida, a diferencia de los camiones militares, que el 24 de diciembre de 1960 recorrieron los barrios pobres entregando carne de puerco, frijoles negros, arroz, turrones y golosinas.
El mito de la Revolución navideña, sin embargo, entrañaba un peligro: al convertir a los barbudos en los nuevos Reyes Magos, el pueblo cubano asumía también una condición infantil. Dejaba de ser un ente político adulto para convertirse en el niño que pide deseos, confiado en que, de alguna u otra manera, los regalos llegarán. Los principales dones (Industrialización, Reforma Agraria, Alfabetización) se anunciaban como derechos postergados, pero se entregaban como dádivas, como juguetes. Ayudada por el mito, la política se desligaba de las instituciones y de la sociedad civil para convertirse en ritual de complacencia que consagraba al Nuevo Poder en la esfera de lo inapelable.
En abril de 1961 se produjo la invasión de Bahía de Cochinos. Con la derrota de los mercenarios, quedaron al pairo también las esperanzas de muchos católicos cubanos. En septiembre, después de una manifestación frente a la Iglesia de la Caridad, en la que se coreó el explícito lema «Cuba sí, Rusia no», Fidel Castro decidió expulsar de Cuba a 136 sacerdotes. Quedaron alrededor de 50 para atender a los atemorizados fieles.
Ese fue, también, el comienzo del fin de las Navidades cubanas, en el país que había sido uno de los primeros bastiones del catolicismo en América. En 1962 los alimentos navideños se vieron restringidos por la imposición de la libreta de racionamiento. Ya no se vendían arbolitos de Navidad en las tiendas, aunque se podían comprar a vendedores ambulantes. Todavía, por Reyes, quedaban algunos juguetes para quienes hacían largas colas. El racionamiento se agudizó en 1964, y entonces desaparecieron del mercado artículos que antes se podían permitir hasta los más pobres.
En 1968 se produjo la «Ofensiva Revolucionaria» con la eliminación de los pequeños comercios y los vendedores ambulantes, lo cual redujo aún más todas las celebraciones religiosas, que habían quedado confinadas a las iglesias. A partir de 1969, las Navidades estuvieron prohibidas durante casi tres décadas.
En 1997, regresaron como mismo se había marchado: por decreto (mudo) de Fidel. Poco antes de la visita del Papa Juan Pablo II a La Habana, sin explicación alguna, el gobierno volvió a declarar como día feriado el 25 de diciembre. La Navidad estaba de vuelta.
Pero muchas otras cosas, que la censura revolucionaria y su cruzada contra el catolicismo también se habían llevado, nunca regresaron. Cuba ya era otro país, otra cultura.
Uno de los temas del disco Villancicos cubanos es un poema de Gerardo Diego, «Canción al Niño Jesús», musicalizado por el católico Harold Gramatges. Sus estrofas finales dicen:
Si la palmera supiera
que sus palmas algún día…
Si la palmera supiera
por qué la Virgen María
la mira… Si ella tuviera…

Si la palmera pudiera…
… la palmera…

Cualquier católico puede entender esa angustia de la Virgen del poema, convertida en reticencia retórica del poeta: la palmera dará las palmas con que Jesús será recibido triunfalmente en Jerusalén, pero eso será poco antes de su Pasión y su Muerte en la Cruz. Y así como María, al mirar una palmera, presentía el dolor futuro de su Hijo, los católicos cubanos deben haber intuido en esas Navidades de 1959, rodeados de palmas, la destrucción que se avecinaba.

Navidad en Santiago de Cuba

Navidad en Santiago de Cuba

Navidad en Santiago de Cuba durante la época republicana. Imagen tomada de la cuenta de Tweeter de Patria Orgullosa.

Carta de un soldado español apostado en Santiago de Cuba. Tomada de la página de Mónica Fraile Martínes: Carta desde Cuba:

Enero de 1889

Santiago de Cuba

Queridos padres:

Después de saludarles, me alegra se hallen buenos en compañía de mis hermanos y de toda la familia. Yo estoy bueno a Dios gracias para lo que gusten mandar que lo haré con mucho gusto y fina voluntad.

Padres, les voy a contar cómo he pasado esta Nochebuena que ha sido la mejor de mi vida porque he tenido de todo lo que puedan imaginar.

¡En Nochebuena mataron una vaca para el batallón!

De primero nos sirvieron un guisao de carne de ternera. Luego carne asada de tostones acompañada de castañas, nueces, avellanas y turrón. ¡Fue increíble!

Además asistieron todos los oficiales a la mesa. ¡Pueden creerlo! Supieron que nos faltaba vino y no dudaron en echarlo ellos mismos en nuestros vasos. Un oficial se sirvió un vaso para él, después otro para mí y entonces me dijo:

– “Choque usted ese vaso” Y brindamos.

En fin, me he acordado mucho de Ustedes pero no se preocupen, he pasado unas buenas fiestas a Dios gracias.

La noche de Los Santos también estuve contento, como si hubiera estado en casa. ¿Saben? Aquí no hay que tener pena, al que se muere lo entierran y ese día hay rancho para todos. Tampoco falta el pan, como si siempre hubiese una gran cosecha.

Madre, le cuento. Aquí las mujeres son muy negras. Al principio, me daban miedo porque iban fumando el puro por la calle como si fueran hombres.

Padres, me mandan a decir si a alguno le ha tocado para Cuba o para la península.

Sin otra cosa, expresiones para mis abuelos y para toda la familia, en particular para mis hermanos que les quiero de corazón. Ustedes reciban el afecto de este su hijo que lo es.

Felipe

Batallón Casadores de la Unión Nº2 1ª Compañía

En Santiago de Cuba

h/t: EthnoCuba en Facebook.

Mural con Fidel Castro, Juan Almeida Bosque y Che Guevara como los Tres Reyes Magos

reyes magos revolucionarios

Mural con Fidel Castro, Juan Almeida Bosque y Che Guevara como los Tres Reyes Magos.

En Penúltimos Días: La Revolución y los Tres Reyes Magos:

El gigantesco mural muestra un belén revolucionario al que llegan los tres primeros comandantes (Fidel, el Che y Almeida en el obligatorio rol de Baltazar) con sus respectivos dones: la Industrialización, la Reforma Agraria y la Alfabetización.

Al fondo, las montañas, y sobre el Nacimiento la figura de un Martí gigante y beatífico. El mural, titulado “Jesús del Bohío”, cuyo estilo naif recuerda las primeras obras monumentales de Siqueiros, se instaló a finales de 1960 en la marquesina de la estación de radio CMQ, en La Habana, y puede verse en el documental de Chris Marker, Cuba sí (1961), cuyos primeros minutos son una antología del mito de la Revolución como consagración navideña.

El documental comienza con escenas tomadas en una famosa tienda de juguetes, entrevistas a un grupo de niños que van desgranando deseos ante la cámara. Se nota el placer de los rebeldes convertidos en representantes de los tres nuevos Reyes. Fidel Castro había anunciado que se regalarían juguetes a todos los niños cubanos, y en varios grandes almacenes se formaron colas gigantescas. Y premonitorias. Los juguetes, por supuesto, no alcanzaron, pero esa frustración sólo puede verse en otras fotos, bastante menos conocidas.

Durante esos primeros años no faltaron pruebas de la “voluntad navideña” de la Revolución. Hasta se intentó sustituir a Santa Claus por la figura autóctona de un “guajiro” barbudo, Don Feliciano, vestido con guayabera y sombrero de yarey. La idea no fue bien acogida, a diferencia de los camiones militares, que el 24 de diciembre de 1960 recorrieron los barrios pobres entregando carne de puerco, frijoles negros, arroz, turrones y golosinas.

El mito de la Revolución navideña, sin embargo, entrañaba un peligro: al convertir a los barbudos en Reyes Magos, el pueblo cubano asumía también una inequívoca condición infantil. Dejaba de ser un ente político adulto para convertirse en el niño que pide deseos, confiado en que, de alguna u otra manera, los regalos llegarán. Los principales dones (Industrialización, Reforma Agraria, Alfabetización) se anunciaban como derechos postergados, pero se entregaban como dádivas, como juguetes. Ayudada por el mito, la política se desligaba de las instituciones y de la sociedad civil para convertirse en ritual de complacencia que consagraba al Nuevo Poder en la esfera de lo inapelable.

En 1959 los juguetes no alcanzaron. A partir de 1969, las Navidades estuvieron prohibidas durante casi tres décadas. Pero todavía seguimos en lo mismo: esperando algún gesto de largueza navideña.

Por Ernesto Hernández Busto

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La inauguración del reparto Caprí el 6 de enero de 1960 se presentó como un regalo de los Tres Reyes Magos a las 320 familias de clase media y baja que se beneficiaron con el anuncio. «Like parents delighting their children, INAV officials surprised unsuspecting adult recipients of the houses by publishing their names in morning newspapers on Kings Day» (Guerra 2012:98).

Postal de navidad

Postal de Navidad. Tomada del muro de Facebook de Ernesto Fumero, vía Enrique del Risco.

Postal de Navidad. 1961. Tomada del muro de Facebook de Ernesto Fumero.

En lugar de Santa Claus, las Navidades de 1959 se celebraron con Don Feliciano. María del Pilar Díaz Castañón (Ideología y revolución: Cuba 1959-1962) lo describe como un «sonriente guajiro de polainas y guayabera» (nota 104, página 151), y dice que, para las celebraciones, se conminó a utilizar pinos nacionales, que ya para mediados de diciembre se habían agotado. Por su parte, Aleida Durán recuerda en Cubanet que «chicos y mayores rechazaron a Don Feliciano» y agrega que «el día 24, sin orden ni listado, camiones militares recorrieron los barrios pobres entregando paquetes de alimentos navideños: carne de puerco, frijoles negros, arroz, turrones, golosinas.»

El lema de aquella navidad fue: «Sea feliz revolucionariamente en Pascuas de Cuba libre.» Las navidades del próximo año harían circular el lema «Felices pascuas en casa propia.» Según Cubanet:

Para entonces, con el título «Jesús del Bohío» se representaba la Navidad en la marquesina de la estación de radio CMQ, en La Habana. Los tres Reyes Magos eran Castro, el Ché y Juan Almeida, el único hombre de raza negra en una alta posición dentro de la revolución. Ellos llevaban como regalos la Reforma Agraria, la Reforma Urbana y el Año de la Educación, que sería el próximo.

Las navidades de 1961 serían las «Primeras Navidades socialistas» (en ellas, en lugar de cerdo, cuya grasa escaseaba, se comería pavo). Así las anunciaba el editorial de la revista INRA de diciembre de 1961 (publicado en Díaz Castañón, María del Pilar. 2004. Ideología y Revolución. Cuba, 1959-1962. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, nota 83, p. 209):

La costumbre se hace ley, y nadie intenta afectarla en lo absoluto. Por eso tendremos una Nochebuena acorde con las más puras tradiciones y a nivel de los gustos más exigentes. Digámoslo tajantemente: por una vez, por un día, volveremos al derroche, porque habrá de todo. Solo que también habrá juicio, porque mucho hemos aprendido en la escuela de la vida; cada cual adquirirá sin limitaciones ni cortapisas lo que necesite para una celebración en grande. De nuestras granjas avícolas han salido ya a la venta los pavos, los pollos y el clásico guanajo para el tradicional guanajo relleno.

El mismo editorial también comenta: «¡se ha llegado al extremo de comprar turrones españoles con dólares-convenio!»

En su libro autobiográfico Benjamín: Cuando morir es más sensato que esperar, Carolina de la Torre recuerda que:

Ese diciembre de 1961, a sugerencia del máximo líder, los cerdos no se sacrificaron “para preservar las crías”. En su lugar se vendieron aves, que se comieron acompañadas de diversos productos venidos de los nuevos amigos socialistas (manzanas y uvas búlgaras, cervezas checas, vodka ruso, conservas húngaras, etc.) para que el pueblo los disfrutara después de interminables colas que se soportaban con el mismo espíritu con que la mayoría se mantenía alerta y “con la guardia en alto” por si el enemigo imperialista se decidía a una nueva agresión. (P. 125)

Para el año 1962, durante las que se llamaron «Pascuas de la dignidad,» cuenta Cubanet que «ya no se vendían arbolitos de Navidad en las tiendas, aunque se podían comprar a vendedores ambulantes. Todavía las tiendas tenían algunos juguetes para quienes hacían largas filas (colas).»

Cuenta Carolina de la Torre que:

En las navidades, Blanca y Alfredo pudieron, al fin, ver reunida de nuevo a toda su familia, incluyendo a Salvador que llegó de último. Celebraron la suerte de poder esperar, vivos y sanos, otro aniversario de la Revolución. Muy favorecidos esta vez porque en la bodega se repartieron latas de spam chino y pomos de coles encurtidas, así como de ajíes rellenos con carne de vacas socialistas. (P. 138)

Sobre la navidades de 1964, dice Carolina de la Torre:

Era tan grande la presión a fines de 1964 que hasta se vendieron postales de navidad donde no solo suprimían los símbolos de la tradicional celebración, sino que se ilustraba la felicitación con alguna imagen que aludiera a la persecución de enfermitos y vagos, congratulando a los cubanos por un año nuevo sin lacra social. (P. 203)

En 1969, el gobierno prohibió la celebración de la navidad.

***

En Louis A. Pérez. 1999. On Becoming Cuban: Identity, Nationality, and Culture. NC: University of North Carolina Press:

Artist María Luisa Ríos criticized the reproduction of northern scenes as the representation of Christmas. “We Cuban painters do not have need to seek inspiration in foreign motives to create nativity scenes,” asserted Ríos. “In Cuba there exist untapped motives waiting for the magic of lines and color to shape them on the canvas.” (p. 474)

Holidays were transformed. The celebration of Thanksgiving was suspended. Christmas changed. New emphasis was given to the celebration of a “Cuban Christmas,” which signified the revival of Spanish traditions and the consumption of Cuban products. Fifty years earlier, the means of expressing Cuban involved replacing Spanish customs with North American ones. In 1959 the affirmation of Cuban implied rejection of North American practices for Spanish ones. Merchants, retailers, and advertisers were exhorted to emphasize Kings Day (January 6) as more consistent with Cuban customs. . . .  Carpentier called for te rejection of Santa Claus and the Christmas tree as practices “alien to our traditions.” Roberto Fernandez Retamar agreed . . . The time had come to banish Santa Claus –“difficult to pronounce”– from the “Cuban Christmas” and restore the three wise men. (p. 485)

On the occasions where Santa Claus did appear, his beard was often colored black to resemble a barbudo. The Ministry of Commerce discouraged merchants from importing Christmas trees, Christmas decorations, candies, and other merchandise associated with “traditions foreign to the nation.” The only exception to the ban on foreign imports was the Spanish candy turrón , which was permitted, as it formed part of the “true Spanish-Cuban traditions.” (p. 486)

En Llilian Guerra. 2012. Visions of Power in Cuba: Revolution, Redemption, and Resistance, 1959-1971. Chapel Hill: University of North Carolina Press:

Cuba’s National Institute of Culture, headed by former Ortodoxo Party stalwart Dr. Vicentina Antuña, developed plans to “cubanize” Christmas through politically engaged, commercial means. Cubans had made a “consumerist” not a “communist” Revolution, Antuña’s plan appeared to say. Given Cuba’s international context, expressing Christmas joy itself could be considered revolutionary. With this in mind, INRA’s paid advertisements promoted decorative ideas that deliberately politicized the serving of eggs and chicken (which Beef-loving Cubans apparently disdained for not being real “meat”). Now produced by state-managed cooperatives, displaying these products at holiday meals nt only showed one’s revolutionary stripes but also ensured that state ownership would succeed. In nationalizing their tastes, most Cubans needed little encouragement. In December 1959, Cuban families uncorked bottles of Cuban wines rather than imported varieties for the first time in living memory, while poor neighborhoods took up special collections to buy outdoor Christmas decorations to adorn their blocks.

An additional dimension of the National Institute of Culture’s cubanization of Christmas campaign included the publication of Cuba’s first truly national cookbook. Once again, if buying Cuban and giving Cuban made you more Cuba and therefore, more revolutionary, so did eating Cuban. Featuring recipes from all regions, the book was meant for women in the capital who rarely ventured into the campo and therefore had never discovered its culinary delights. Symbolic of their peasant origins, featured recipes in the book had delightfully ironic names, such as three styles of making the desert matahambre (hunger-killer) (two of which are labeled “traditional”), another recipe called matarrabia (rage-killer) as well as a Caibarién fisherman’s favorite dish, salsa de perro (sauce of a dog). Thus, Recetas Cubanas not only represented the national integration and embrace of the campo into the culture, identity, and kitchens of urban Cubans but also demonstrated how the socioeconomic injustices of the past had deprived affluent habaneros of the beauty of rural culture and its rustic customs.

Maximun expression of revolutionary consumerism could be found in the government campaign to influence the nature of holiday gift shopping. As one reporter put it, “The idea of fusing universal celebration of the birth of Christ with cubanía [is] certainly very patriotic.” In November 1959, officials announced a fair to exhibit different gift ideas for Christmas that would be held at Havana’s prestigious Museo de Bellas Artes on El Prado. Although a few foreign-named franchises like Sears and Escarpines Gold Seal were included, organizers focused on soliciting donations of items for a “Cuban Christmas” from all of the capital’s locally owned department stores and they also contacted Cuban-owned manufacturers such as Muñecas Lili, Camisetas Perro, and Bacardí’s Hatuey beer division. All items displayed had to be Cuban-made.

Not originally intended to solicit individual donations, the campaign nonetheless inspired citizens to donate their own handicrafts to the fair. After all, what could be more “Cuban” than a gift not made by a machine but by a real life Cuban? Organizers seemed to agree. (p. 97)

En Cubadebatepor Antonio Núñez Jiménez (tomado de En marcha con Fidel):

Muy lejos de Soplillar, un automóvil sale de la Capital. En él viaja Fidel Castro, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario. Atravesamos ciudades y pueblos, todos igualmente engalanados con cubanísimas pencas de palmas reales, las casas con bandera y a lo largo de las calles, una profusión de guirnaldas de colores, adornos navideños. Al paso de Fidel, la gente le extiende su saludo emocionado. Todos quieren estrechar su mano, expresarle su apoyo a la Revolución. Son las primeras Navidades libres de Cuba.

En Cubadebate, del mismo texto: La Nochebuena de Fidel con los carboneros:

. . . Es el día de Nochebuena y hay que preparar la cena y traer las cosas de la bodega. Ademas, Rogelio debe pedir la liquidación a la Cooperativa. Quiere comprarales ropa a los muchachos y a Pilar “para que deje de ponerse ese ripio punzó”.

Juntos abandonan la finca Santa Teresa, antiguo latifundio, ahora propiedad del pueblo carbonero. Atraviesan un trillo hasta el campo de aterrizaje, obra construida por el INRA y, siguen la amplia calzada del aeródromo.Llegan a Soplillar. Pasan la escuelita remozada, pintada de verde claro; las casas de madera, adornadas con papelitos de colores, indican la alegría reinante.

Rogelio y Carlos se abren paso hasta el mostrador de la Tienda del Pueblo para cobrar el dinero que la Cooperativa les adeuda y comprar los víveres de la Nochebuena Carmelo Hernández, el administrador, le extiende a Carlos un cheque. No lo cambie, paga con lo que le ha quedado de meses anteriores y comenta que antes el cobro de los carboneros sólo servía para pagar lo consumido y abonar los abusivos intereses. La lista de precios que cuelga de la pared es elocuente: al aumentar los jornales del carbonero casi al doble y reducirse el costo de la vida, el nivel económico en la ciénaga se eleva en pocos meses.

Una hora después de su entrada en la Tienda del Pueblo, Rogelio y Carlos, con sendos sacos repletos de víveres, turrones y otros dulces para sus hijos, regresan a sus hogares.

. . .

-¡Que diferencia! Hace un año los amarillos vinieron a llevarme la lechona y me mataron a un sobrino que todavía nadie sabe donde lo enterraron. Señores, ¡esto ha vuelto a nacer!.

. . .

-Cuando ustedes luchaban en las montañas, para serles franco, no creía que esta Revolución iba ser tan pura. ¡Eran tantas las decepciones del pasado! Yo conozco como nadie la ciénaga y ahorita no se va a conocer. En Soplillar ya hay ciento cuarenta y ocho cooperativas, en Buenaventura ciento noventa y en Pálpite pasan de ochenta. Y a eso, súmele las carreteras, las playas, las Tiendas del Pueblo.

Antes de las doce de la noche ya todos estamos sentados frente a una mesa de rústicas tablas donde se coloca el lechón asado, una fuente de yuca, la ensalada de lechuga y rábanos y el arroz blanco. El vino es de frutas cubanas y los turrones comprador en la Tienda del Pueblo han sido producidos en el país.

Texto tomado por Cubadebate de Núñez Jiménez, Antonio (1982). En marcha con Fidel. Habana: Letras Cubanas.

Navidades de 1961

Navidades de 1961. Imagen tomada del muro de FB de EtnoCuba.

Postal de navidad

Postal de navidad

Postal de navidad. 1961. Imagen tomada del blog Libreta de apuntes.

En Libreta de apuntes:

…Ocurrió en diciembre de 1961. La postal fue distribuida por correo a dirigentes revolucionarios y algunos cientos de militantes de la AJR. La pieza es un incunable. Solo existe este ejemplar en mi poder. Ejemplar único que, pese a todo, muestra la agudeza política de Carlos Quintela Rodríguez “El Quinte”, jefe de la Comisión Nacional de Propaganda de la AJR y director a la vez de la revista Mella, y su esfuerzo por preservar algo —más que una festividad religiosa, se trataba de una tradición familiar cubana. El negro viejo, pero aún vigoroso —¡miren esos brazos, los dorsales!—, que representa el año que termina viste el uniforme de los alfabetizadores, puesto que 1961 había sido nombrado Año de la Educación. El parvulito que se apresta a descargarle un golpe con su enorme llave inglesa al vapuleado Tío Sam (al dorso de la postal), representa a su modo —aunque no de una forma tan evidente—, el ideario ideológico de los nuevos empeños del proceso revolucionario: 1962 será el Año de la Planificación. …

Postal de navidad 1962 (reverso). Imagen tomada de Libreta de apuntes.

Postal de navidad 1962 (reverso). Imagen tomada de Libreta de apuntes.

Postal de navidad

Postal de navidad

Postal de navidad. 1959. Festivales del Libro Cubano. La Habana. Colección Cuba Material.

A todos los lectores y colaboradores de Cuba Material, ¡felices navidad y año nuevo!