Navidades revolucionarias

,
Postal de Navidad. Tomada del muro de Facebook de Ernesto Fumero, vía Enrique del Risco.

Postal de Navidad. 1961. Tomada del muro de Facebook de Ernesto Fumero.

1959

En lugar de Santa Claus, las Navidades de 1959 se celebraron con Don Feliciano. María del Pilar Díaz Castañón (Ideología y revolución: Cuba 1959-1962) lo describe como un «sonriente guajiro de polainas y guayabera» (nota 104, página 151), y dice que, para las celebraciones, se conminó a utilizar pinos nacionales, que ya para mediados de diciembre se habían agotado. Por su parte, Aleida Durán recuerda en Cubanet que «chicos y mayores rechazaron a Don Feliciano» y agrega que «el día 24, sin orden ni listado, camiones militares recorrieron los barrios pobres entregando paquetes de alimentos navideños: carne de puerco, frijoles negros, arroz, turrones, golosinas.»

El lema de aquella navidad fue: «Sea feliz revolucionariamente en Pascuas de Cuba libre.» Sobre estas navidades, dice Anita Casavantes Bradford en su libro The Revolution is for the Children:

Conscious of the symbolic importance of the holiday season in a family-oriented and at least nominally faithful nation, the government began planning as early as September 1959 for the spirit-filled celebration of “Navidades en Cuba Libre,” or “Christmas in Free Cuba.” Throughout the autumn of 1959 and especially during the month of December, the state-sponsored media portrayed the Revolution, rather than the birth of Jesus, as the source of holiday joy, and drove home new images of Fidel Castro as the benevolent father and giver of gifts to Cubans of all ages. (P. 77)

Work began immediately to organize Cubans to volunteer their time, effort, and resources to prepare for the advent season. Homes and businesses across the island were adorned with Christmas trees, colorful paper chains, and decorations, and brigades of children were mobilized to go house to house to collect donations to decorate the streets of their barrios. Competitions were arranged and medals awarded to neighborhoods with the best decorations. On Nochebuena, dances were held in the streets in towns and cities across the island; revolutionary Santa Clauses sporting black beards, in honor of Fidel and the M-26-7’s rebels, distributed gifts. (P. 78)

In preparation for the arrival of Los Reyes, the Ministry of Social Welfare had launched Operation Toys for Poor Children in early December. After conducting a hasty census to determine the age and gender of the island’s poorest children, the ministry launched a public-private campaign to gather donations of “drums, skates, dolls, and go-karts” from unions, revolutionary organizations, and private citizens. The toys would be distributed to children’s homes in disadvantaged neighborhoods across the island on January 6.

Though Operation Toys depended on collaboration between the state and civil society, revolutionary officials and media depicted the project as an initiative of the revolutionary government and emphasized its exclusive leadership of the campaign. (P. 80)

Throughout the last days of December and into the New Year, cargo loads of gifts were transported to the countryside by truck and train, and by January 3, the Revolutionary Air Force also began airlifting toys to the regions hardest to reach. Acknowledging that “almost all sectors of society, workers, students, professionals, and the middle class, have offered their support,” revolutionary media nonetheless made clear that the leadership of Operation Toys remained the exclusive prerogative of the Castro government. The participation of civic actors in the campaign was described as strictly auxiliary, while photographs of military aircraft loaded with toys vividly reinforced the benevolence of a revolutionary state so committed to children that it was willing to deploy the defenders of the patria to secure their happiness. (P. 81)

On January 6, children across the island were visited not by los magos Melchior, Caspar, and Balthazar but by gift-bearing representatives of the Revolution, clad in olive green. With the assistance of the Banco de Seguros Sociales de Cuba and the Revolutionary Air Force, 25,000 toys were distributed in the most isolated regions of Oriente, including the zones of Songo, La Maya, Sierra Cristal, Calabazas de Sagua, Concepción, and Mayarí, as well as Isla de Pinos and Ciénaga de Zapata. More than twenty military-helicopter loads of toys were distributed to 5,000 children through the region. (P. 81)

Cartoons like those that had appeared in Bohemia during Christmas week similarly appropriated the Catholic imagery of the Epiphany and applied it to Fidel Castro and his government, depicting grateful guajiros clutching gifts from “El Rey Barbudo”—a reference to Fidel’s beard—while others dressed the Three Kings in cloaks labeled “Instituto de Ahorro y Vivienda” and showed the reyes distributing houses to the people.

An explicit example of the effort to appropriate the morally and emotionally resonant discourses of the Christian holiday season appeared on the front page of the January 5 edition of the socialist newspaper Hoy. The headline “A Child Asks ‘Rey Mago Fidel’ to Provide Arms to ‘Defend Cuba’” called readers’ attention to a letter from eleven-year-old Enriquito Enríquez Estorino, addressed to “Mister ‘Rey Mago’ Fidel, Dear Commander.” (P. 82)

1960

Las navidades del próximo año harían circular el lema «Felices pascuas en casa propia.» Según Cubanet:

Para entonces, con el título «Jesús del Bohío» se representaba la Navidad en la marquesina de la estación de radio CMQ, en La Habana. Los tres Reyes Magos eran Castro, el Ché y Juan Almeida, el único hombre de raza negra en una alta posición dentro de la revolución. Ellos llevaban como regalos la Reforma Agraria, la Reforma Urbana y el Año de la Educación, que sería el próximo.

Al respecto, dice Anita Casavantes Bradford:

The Revolution thus celebrated its second Christmas in a context of unprecedented hostility between Cuba and the United States and increasingly close ties to the socialist world. News coverage of the holiday season, while still focused on children, accordingly deemphasized many of the “bourgeois” and Catholic images around which the first revolutionary Christmas celebrations had been organized. Havana department stores advertised a selection of toys, prices “newly regulated by the Ministry of Commerce,” that reflected the militant tenor of the times. La Nueva Isla department store offered an extensive collection of “all the toys your child could wish for,” including a militia costume for girls ages two to eight for $6.99; olive green nylon “militia packs” for boys aged three to ten for $4.95; and a militia field campaign tent for $6.50. (P. 98)

A later retrospective of the holiday season included photos of children filling the streets of the city, greeting the costumed kings and receiving gifts from milicianos. (P. 98)

 

1961

Las navidades de 1961 serían las «Primeras Navidades socialistas» (en ellas, en lugar de cerdo, cuya grasa escaseaba, se comería pavo). Así las anunciaba el editorial de la revista INRA de diciembre de 1961 (publicado en Díaz Castañón, María del Pilar. 2004. Ideología y Revolución. Cuba, 1959-1962. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, nota 83, p. 209):

La costumbre se hace ley, y nadie intenta afectarla en lo absoluto. Por eso tendremos una Nochebuena acorde con las más puras tradiciones y a nivel de los gustos más exigentes. Digámoslo tajantemente: por una vez, por un día, volveremos al derroche, porque habrá de todo. Solo que también habrá juicio, porque mucho hemos aprendido en la escuela de la vida; cada cual adquirirá sin limitaciones ni cortapisas lo que necesite para una celebración en grande. De nuestras granjas avícolas han salido ya a la venta los pavos, los pollos y el clásico guanajo para el tradicional guanajo relleno.

El mismo editorial también comenta: «¡se ha llegado al extremo de comprar turrones españoles con dólares-convenio!»

En su libro autobiográfico Benjamín: Cuando morir es más sensato que esperar, Carolina de la Torre recuerda que:

Ese diciembre de 1961, a sugerencia del máximo líder, los cerdos no se sacrificaron “para preservar las crías”. En su lugar se vendieron aves, que se comieron acompañadas de diversos productos venidos de los nuevos amigos socialistas (manzanas y uvas búlgaras, cervezas checas, vodka ruso, conservas húngaras, etc.) para que el pueblo los disfrutara después de interminables colas que se soportaban con el mismo espíritu con que la mayoría se mantenía alerta y “con la guardia en alto” por si el enemigo imperialista se decidía a una nueva agresión. (P. 125)

 

1962

Para el año 1962, durante las que se llamaron «Pascuas de la dignidad,» cuenta Cubanet que «ya no se vendían arbolitos de Navidad en las tiendas, aunque se podían comprar a vendedores ambulantes. Todavía las tiendas tenían algunos juguetes para quienes hacían largas filas (colas).»

Cuenta Carolina de la Torre que:

En las navidades, Blanca y Alfredo pudieron, al fin, ver reunida de nuevo a toda su familia, incluyendo a Salvador que llegó de último. Celebraron la suerte de poder esperar, vivos y sanos, otro aniversario de la Revolución. Muy favorecidos esta vez porque en la bodega se repartieron latas de spam chino y pomos de coles encurtidas, así como de ajíes rellenos con carne de vacas socialistas. (P. 138)

 

1964

Sobre la navidades de 1964, dice Carolina de la Torre:

Era tan grande la presión a fines de 1964 que hasta se vendieron postales de navidad donde no solo suprimían los símbolos de la tradicional celebración, sino que se ilustraba la felicitación con alguna imagen que aludiera a la persecución de enfermitos y vagos, congratulando a los cubanos por un año nuevo sin lacra social. (P. 203)

 

1969

En 1969, el gobierno prohibió la celebración de la navidad.

***

En Louis A. Pérez. 1999. On Becoming Cuban: Identity, Nationality, and Culture. NC: University of North Carolina Press:

Artist María Luisa Ríos criticized the reproduction of northern scenes as the representation of Christmas. “We Cuban painters do not have need to seek inspiration in foreign motives to create nativity scenes,” asserted Ríos. “In Cuba there exist untapped motives waiting for the magic of lines and color to shape them on the canvas.” (p. 474)

Holidays were transformed. The celebration of Thanksgiving was suspended. Christmas changed. New emphasis was given to the celebration of a “Cuban Christmas,” which signified the revival of Spanish traditions and the consumption of Cuban products. Fifty years earlier, the means of expressing Cuban involved replacing Spanish customs with North American ones. In 1959 the affirmation of Cuban implied rejection of North American practices for Spanish ones. Merchants, retailers, and advertisers were exhorted to emphasize Kings Day (January 6) as more consistent with Cuban customs. . . .  Carpentier called for te rejection of Santa Claus and the Christmas tree as practices “alien to our traditions.” Roberto Fernandez Retamar agreed . . . The time had come to banish Santa Claus –“difficult to pronounce”– from the “Cuban Christmas” and restore the three wise men. (p. 485)

On the occasions where Santa Claus did appear, his beard was often colored black to resemble a barbudo. The Ministry of Commerce discouraged merchants from importing Christmas trees, Christmas decorations, candies, and other merchandise associated with “traditions foreign to the nation.” The only exception to the ban on foreign imports was the Spanish candy turrón , which was permitted, as it formed part of the “true Spanish-Cuban traditions.” (p. 486)

En Llilian Guerra. 2012. Visions of Power in Cuba: Revolution, Redemption, and Resistance, 1959-1971. Chapel Hill: University of North Carolina Press:

Cuba’s National Institute of Culture, headed by former Ortodoxo Party stalwart Dr. Vicentina Antuña, developed plans to “cubanize” Christmas through politically engaged, commercial means. Cubans had made a “consumerist” not a “communist” Revolution, Antuña’s plan appeared to say. Given Cuba’s international context, expressing Christmas joy itself could be considered revolutionary. With this in mind, INRA’s paid advertisements promoted decorative ideas that deliberately politicized the serving of eggs and chicken (which Beef-loving Cubans apparently disdained for not being real “meat”). Now produced by state-managed cooperatives, displaying these products at holiday meals nt only showed one’s revolutionary stripes but also ensured that state ownership would succeed. In nationalizing their tastes, most Cubans needed little encouragement. In December 1959, Cuban families uncorked bottles of Cuban wines rather than imported varieties for the first time in living memory, while poor neighborhoods took up special collections to buy outdoor Christmas decorations to adorn their blocks.

An additional dimension of the National Institute of Culture’s cubanization of Christmas campaign included the publication of Cuba’s first truly national cookbook. Once again, if buying Cuban and giving Cuban made you more Cuba and therefore, more revolutionary, so did eating Cuban. Featuring recipes from all regions, the book was meant for women in the capital who rarely ventured into the campo and therefore had never discovered its culinary delights. Symbolic of their peasant origins, featured recipes in the book had delightfully ironic names, such as three styles of making the desert matahambre (hunger-killer) (two of which are labeled “traditional”), another recipe called matarrabia (rage-killer) as well as a Caibarién fisherman’s favorite dish, salsa de perro (sauce of a dog). Thus, Recetas Cubanas not only represented the national integration and embrace of the campo into the culture, identity, and kitchens of urban Cubans but also demonstrated how the socioeconomic injustices of the past had deprived affluent habaneros of the beauty of rural culture and its rustic customs.

Maximun expression of revolutionary consumerism could be found in the government campaign to influence the nature of holiday gift shopping. As one reporter put it, “The idea of fusing universal celebration of the birth of Christ with cubanía [is] certainly very patriotic.” In November 1959, officials announced a fair to exhibit different gift ideas for Christmas that would be held at Havana’s prestigious Museo de Bellas Artes on El Prado. Although a few foreign-named franchises like Sears and Escarpines Gold Seal were included, organizers focused on soliciting donations of items for a “Cuban Christmas” from all of the capital’s locally owned department stores and they also contacted Cuban-owned manufacturers such as Muñecas Lili, Camisetas Perro, and Bacardí’s Hatuey beer division. All items displayed had to be Cuban-made.

Not originally intended to solicit individual donations, the campaign nonetheless inspired citizens to donate their own handicrafts to the fair. After all, what could be more “Cuban” than a gift not made by a machine but by a real life Cuban? Organizers seemed to agree. (p. 97)

En Cubadebatepor Antonio Núñez Jiménez (tomado de En marcha con Fidel):

Muy lejos de Soplillar, un automóvil sale de la Capital. En él viaja Fidel Castro, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario. Atravesamos ciudades y pueblos, todos igualmente engalanados con cubanísimas pencas de palmas reales, las casas con bandera y a lo largo de las calles, una profusión de guirnaldas de colores, adornos navideños. Al paso de Fidel, la gente le extiende su saludo emocionado. Todos quieren estrechar su mano, expresarle su apoyo a la Revolución. Son las primeras Navidades libres de Cuba.

En Cubadebate, del mismo texto: La Nochebuena de Fidel con los carboneros:

. . . Es el día de Nochebuena y hay que preparar la cena y traer las cosas de la bodega. Ademas, Rogelio debe pedir la liquidación a la Cooperativa. Quiere comprarales ropa a los muchachos y a Pilar “para que deje de ponerse ese ripio punzó”.

Juntos abandonan la finca Santa Teresa, antiguo latifundio, ahora propiedad del pueblo carbonero. Atraviesan un trillo hasta el campo de aterrizaje, obra construida por el INRA y, siguen la amplia calzada del aeródromo.Llegan a Soplillar. Pasan la escuelita remozada, pintada de verde claro; las casas de madera, adornadas con papelitos de colores, indican la alegría reinante.

Rogelio y Carlos se abren paso hasta el mostrador de la Tienda del Pueblo para cobrar el dinero que la Cooperativa les adeuda y comprar los víveres de la Nochebuena Carmelo Hernández, el administrador, le extiende a Carlos un cheque. No lo cambie, paga con lo que le ha quedado de meses anteriores y comenta que antes el cobro de los carboneros sólo servía para pagar lo consumido y abonar los abusivos intereses. La lista de precios que cuelga de la pared es elocuente: al aumentar los jornales del carbonero casi al doble y reducirse el costo de la vida, el nivel económico en la ciénaga se eleva en pocos meses.

Una hora después de su entrada en la Tienda del Pueblo, Rogelio y Carlos, con sendos sacos repletos de víveres, turrones y otros dulces para sus hijos, regresan a sus hogares.

. . .

-¡Que diferencia! Hace un año los amarillos vinieron a llevarme la lechona y me mataron a un sobrino que todavía nadie sabe donde lo enterraron. Señores, ¡esto ha vuelto a nacer!.

. . .

-Cuando ustedes luchaban en las montañas, para serles franco, no creía que esta Revolución iba ser tan pura. ¡Eran tantas las decepciones del pasado! Yo conozco como nadie la ciénaga y ahorita no se va a conocer. En Soplillar ya hay ciento cuarenta y ocho cooperativas, en Buenaventura ciento noventa y en Pálpite pasan de ochenta. Y a eso, súmele las carreteras, las playas, las Tiendas del Pueblo.

Antes de las doce de la noche ya todos estamos sentados frente a una mesa de rústicas tablas donde se coloca el lechón asado, una fuente de yuca, la ensalada de lechuga y rábanos y el arroz blanco. El vino es de frutas cubanas y los turrones comprador en la Tienda del Pueblo han sido producidos en el país.

Texto tomado por Cubadebate de Núñez Jiménez, Antonio (1982). En marcha con Fidel. Habana: Letras Cubanas.

Navidades de 1961

Navidades de 1961. Imagen tomada del muro de FB de EtnoCuba.

6 comentarios
  1. Julio de la Nuez
    Julio de la Nuez Dice:

    ¿Por qué ese complejo absurdo que tenemos los cubanos de eliminar la palabra cola y sustituírla por fila o línea? La palabra cola está perfectamente definida en el diccionario de la real academia con la siguiente acepción, entre otras: 10. f. Hilera de personas que esperan vez (desde un punto de vista más formal podríamos sustituir «vez» por «un recurso»). Además en matemática hay la especialidad de Teoría de Colas, definida en Wikipedia como sigue: «La teoría de colas es el estudio matemático de las colas o líneas de espera dentro de un sistema. Ésta teoría estudia factores como el tiempo de espera medio en las colas o la capacidad de trabajo del sistema sin que llegue a colapsarse. Dentro de las matemáticas, la teoría de colas se engloba en la investigación de operaciones y es un complemento muy importante a la teoría de sistemas y la teoría de control. Se trata así de una teoría que encuentra aplicación en una amplia variedad de situaciones como negocios, comercio, industria, ingenierías, transporte y logística o telecomunicaciones…..»

    Responder
  2. Emilio García Montiel
    Emilio García Montiel Dice:

    Tengo dudas sobre si las naviadades se suprimieron en el 1969 o el el 1970, porque todavía en este último año se emitió la colección de sellos de correos alegóricos a la navidad que se habían hecho habituales desde principios de la revolución. Si mal no recuerdo, quince sellos tres sueltos y tres hojas de cuatro. También es posible, que aunque se emitiera la colección- que, creo, fue la ùltima hasta otras más recientes- las navidades fueran suprimidas de modo efectivo desde el 1969. Es sólo una duda. http://www.philateca.com/stamp/14878/1c_-_Navidad_1970/71_-_Toti_(Dives_atroviolaceus_(d'Orbigny))

    Responder
    • Maria A Cabrera Arus
      Maria A Cabrera Arus Dice:

      Emilio, ahora que veo los sellos, veo que no tienen elementos festivos, lo que me hace pensar que sí deben haberse suprimido, en efecto, las celebraciones navideñas en el 69. en el 70 fuera quizás muy fuerte ni siquiera recordar el día de navidad, q es, me parece, lo que hacen estos sellos, a juzgar por el que vi. no crees?

      Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.