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Cajetilla de cigarros negros 1975 1er Congreso PCC
Cajetilla de cigarros negros 1975 1er Congreso PCC

Cajetilla de cigarros negros 1975 1er Congreso PCC. 1975. Colección Cuba Material. regalo de Ernesto Celis.

Cuando el gobierno cubano convocó al primer congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) en 1975, comercializó una edición especial de cigarrillos de picadura de tabaco negro para celebrarlo. El envase, sin marca comercial más que la de la casa productora, la Empresa Cubana del Tabaco, es de mejor calidad que los que se vendían regularmente en los establecimientos minoristas nacionales. Es muy posible que haya sido producido en el extranjero.

El logotipo del congreso es un diseño de Orlando Hernández Yanes (h/t César Beltrán).

Cajetilla de cigarros negros 1975 1er Congreso PCC

Cajetilla de cigarros negros 1975 1er Congreso PCC. Regalo de Ernesto Celis. Colección Cuba Material.

h/t. Gracias a Ernesto Celis, por el regalo de la caja de cigarros 1er. Congreso del PCC.

leche en polvo descremada La Lechera
 leche descremada en polvo ECIL

Envase de leche descremada en polvo ECIL. Producida por la Empresa del Combinado Industrial Lácteo (ECIL), hoy Empresa de Productos Lácteos. Colección Cuba Material.

Cuando el gobierno cubano vendía leche en polvo en moneda nacional en el mercado normado, esta venía envasada en paquetes de nylon. Tengo los envases de dos de las marcas, ECIL y La Lechera, la segunda todavía en venta en los años ochenta.

ECIL es el acrónimo del Combinado Lácteo, empresa fundada en 1971 en la provincia de Las Villas. Es también el nombre con que se conoce el poblado villaclareño El Lácteo, precisamente por la ubicación allí del Combinado de la leche. La leche descremada en polvo La Lechera, en cambio, se producía en La Habana en la Empresa de Productos Lácteos Metropolitana.

leche en polvo descremada La Lechera

Envase de leche en polvo descremada La Lechera. Producida por la Empresa de Productos Lácteos Metropolitana. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones Nautik

Estuche de jabones Nautik. Hecho en la RDA. 1980s. Regalo de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

Ademas de los jabones de tocador importados de Europa del Este, durante la década de los ochenta se podía comprar en el mercado paralelo estuches de jabones de tocador. Estas cajas —todas de similar tamaño— contenían por lo general tres jabones, envasados individualmente. Sin dudas, a diferencia de los primeros, y a juzgar por su calidad y diseño, además del precio, las autoridades que por entonces regulaban el comercio socialista los consideraban artículos «de lujo», aunque, cosa rara, la mayoría era de producción nacional. Tal es el caso de la línea de productos de higiene masculina 5 PM o de las marcas comerciales Galeón y Aquazul, todas salidas de las plantas de la industria de jabonería y cosméticos perteneciente del Ministerio de la Industria Ligera. Los jabones Nautik, en cambio, se importaron de la República Democrática Alemana.

La calidad, envase, precio y frecuente escasez de estos estuches de jabones los posicionaron como productos para regalar más que como artículos de higiene personal. Se vendían por lo general en ocasiones especiales tales como los días de los padres, de las madres, de los enamorados o de los maestros, o incluso se adquirían para regalarle a algún médico a quien se quisiera agradecer.

Por regla general, una vez consumidos los jabones, las cajas se guardaban para almacenar otros objetos o adornar las coquetas y los aparadores. La caja de jabones Nautik fotografiada en esta entrada contuvo, hasta hace pocos días, cintas de pelo que, importadas de la URSS, estuvieron muy de moda entre las niñas cubanas durante los setenta y los ochenta.

h/t: Además de a mi abuela, que guardó la caja de jabones Aquazul que aparece en esta entrada, agradezco a Mirta Suquet y a Jorge Pantoja Amengual el haberme regalado para la colección Cuba Material las cajas de jabones Nautik y 5pm y Galeón respectivamente.

Estuche de jabones 5pm

Estuche de jabones 5pm. Hecho en Cuba. 1980s. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones 5pm

Estuche de jabones 5pm. Hecho en Cuba. 1980s. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Jabón 5pm

Jabón 5pm. 1980s. Hecho en Cuba. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones Aquazul

Estuche de jabones Aquazul. Hecho en Cuba. 1980s. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones Aquazul

Estuche de jabones Aquazul. Hecho en Cuba. 1980s. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones Galeón

Estuche de jabones Galeón. Hecho en Cuba. 1980s. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Jabón Galeón.

Jabón Galeón. Hecho en Cuba. 1980s. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Estuche de crayolas Arcoiris
Estuche de crayolas Arcoiris

Estuche de crayolas Arcoiris. Hecho en Cuba. 1980s. Regalo de Meyken Barreto. Colección Cuba Material.

En Cuba, a los crayones para colorear se les llama crayola, como la marca norteamericana (igual pasa con el detergente de lavar, al que llamamos Fab y los refrigeradores, a los que decimos Frigidaire). Se les llamó así, incluso, durante el período de socialismo de estado, a pesar de la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con los Estados Unidos, del embargo norteamericano y de la sovietización de la sociedad y la economía cubanas. La marca local Arcoiris llama a las crayolas crayones para colorear, pero utiliza el cubanismo creyones, no reconocido por la RAE.

Cajetillas de cigarros cubanos diseñadas en 1961

Cajetillas de cigarros cubanos diseñadas en 1961. Foto cortesía de Pablo Argüelles.

“El diseño industrial ha convertido objetos que van desde la cajetilla de cigarros hasta las lámparas de mesa, desde las sillas hasta los ceniceros, en pequeñas obras de arte que de cierta manera anuncian la belleza del mundo comunista del futuro,” escribió Ambrosio Fornet en 1964 (en Fornet 2006: 296) para ser secundado, años después, por el diseñador Félix Beltrán, quien se refirió a la cajetilla de Populares diseñada en 1961 como la más hermosa diseñada en la Isla. El diseño al que se refería Beltrán fue concebido cuando el gobierno cubano, tras intervenir las fábricas de cigarros, cambió el nombre y el diseño de todas las marcas nacionales que se comercializaban por entonces circulaban —el 1ro. de junio de 1961 comenzaron a circular las nuevas marcas—. (No sucedió así con los tabacos, que conservaron sus nombres comerciales de siempre, con seguridad debido a su gran popularidad internacional). No he sabido de nadie, sin embargo, que coleccione o haya coleccionado estos envases. Supe de muchos, en cambio, que en los años ochenta coleccionaron cajetillas de cigarros importadas de los países capitalistas, junto a envolturas de caramelos de igual origen.

Sobre los envases de cigarros  y su consumo en Cuba socialista, Pepe Forte cuenta en su blog i-friedegg, donde también pueden verse otros diseños de cajetillas más recientes:

Los fumadores cubanos se dividían pues en dos grupos: los que fumaban cigarrillos negros, y los que fumaban cigarrillos rubios. Era muy común escuchar a un fumador preguntarle al otro, “y tú, ¿qué fumas… suave o fuerte?”

Para los años 60 y 70, los cigarrillos suaves eran más de la predilección de las fumadoras.

En aquellos primeros momentos bajo la égida castrista, todavía los cigarrillos cubanos de venta a la población común tenían cierto nivel de calidad. Las “cajetillas” —como se le llamaba comúnmente al paquete—, tenían doble envoltura con el interior de papel de brillo para hermetizar el aroma y parar la humedad. Pero pronto, paulatinamente comenzaron una carrera hacia la decadencia de la calidad que llegó a su cúspide ya para los años 80. El cigarrillo cubano —qué pena— ni siquiera se quedó congelado en el tiempo, sino que no solo no evolucionó, sino que involucionó.

Además, fue racionado…

(…)

En agosto de 1972 los fumadores volvieron a respirar esperanzados: el gobierno anuncio la venta ¡por primera vez! de cigarrillos “por la libre”, es decir sin estar sujetos a la estricta cuota semanal, desde su severa regulación a principios de la Revolución. Fue una de las primeras movidas de lo que luego el gobierno perfeccionó y llamó mercado paralelo: la venta sin restricciones, a distinto precio del subsidiado por el estado. Las cajetilla de cigarrillos “liberados” costaría $1.60, un incremento de más del 30% por sobre el precio de 15 centavos del paquete por la libreta.

El precio era alto para una población asalariada por el estado cuyo sueldo promedio mensual era de $120.00. Aunque fumadores compulsivos consumirían más de una cajetilla al día, en el average de una diaria, un fumador invertiría $48.00 pesos mensualmente en fumar, casi la tercera parte de lo que ganaba.

En realidad el precio de $1.60 era el emblemático porque correspondía a los cigarros fuertes, el sabor predilecto de la mayoría de los fumadores cubanos, o esa el cigarrillo con picadura negra, como ya hemos dicho. Pero era un precio en el centro. Los llamados cigarros suaves —de picadura rubia, como el Aroma, el Dorado… — costaban decenas de centavos menos, $1.40, $1.20… En la cúspide estaban los cigarrillos Vegueros, también fuertes, que alcanzaban los $2.00 ó $2.40, porque aparte de que eran de picadura negra, eran más grandes como ya dijimos arriba.

Con tal de diferenciar los cigarrillos ‘normados’ de los ‘liberados’ la solución fue el cambio de color. Los cigarrillos Populares de la cuota permanecieron con la cajetilla rosada, mientras que a los otros se les aplicó azul (…).

En 1981, las cajetillas de cigarrillos por la libre fueron rediseñadas. La cajetilla de Populares “normada” —es decir, “por la libreta”, o racionada que es como sería correcto definirla— siguió llamándose así, pero la de “por la libre” acortó su nombre a Popular, que en definitiva es como la mayoría de la gente le llamaba (“dame un Popular ahí, mi socio…”).

El hecho también se manifestó en las otras marcas. La mayoría de los cigarrillos cubanos llevaban nombre en plural (Populares; Aromas; Dorados, Ligeros, Vegueros…), y ahora casi todos pasaron al singular con Popular; Aroma; Dorado, Ligero, Veguero…

Cajetilla de cigarros Populares diseñada en 1961

Cajetilla de cigarros Populares diseñada en 1961. Colección Cuba Material.

Cajetillas de cigarros

etiqueta provisional

etiqueta provisional

Envase de resina líquida producido por la EMPROVA con etiqueta provisional. Colección Cuba Material.

Hace un tiempo, una amiga me envió la foto de una botella de quitaesmalte cubano, comentándome lo mucho que se parecía el diseño de su precaria etiqueta «provisional» a los envases de la línea australiana de productos de belleza Aesop. Lo había visto en casa de una chica, en la calle 17, en El Vedado. Lo tenía en «la cesta donde guardaba los esmaltes» de uñas y parecía «algo super fino de Brooklyn/Chelsea, etc.», un «ejemplo de cómo la estética de élite aquí… converge con lo desprovisto allá».

En un evento reciente en la sede de la revista Cabinet, en Brooklyn, uno de esos lugares finos de Nueva York donde se respira (y bebe) la pasión por los objetos (el agua la sirven en antiguos contenedores de química fotográfica), me preguntaron sobre la relación entre los objetos de la era socialista y las dinámicas de distinción en Cuba. No supe entonces articular una respuesta, perdida entre el presente globalizado y el pasado soviético, y sus muy distintos códigos de distinción, pero hubiera podido disertar sobre los nuevos espacios hipsters que han surgido en La Habana, a veces demasiado cercanos a la estética de las etiquetas provisionales —quiero decir, a Aesop— y a una época en la que el mismo frasco podía contener lo mismo quitaesmaltes que una loción bronceadora o Laxagar.

h/t: Rachel Price

* * *

En 1986, durante la celebración del quinto aniversario de la Oficina Nacional de Diseño Industrial (ONDI), Carlos Rafael Rodríguez se refirió al diseño de envases y a la calidad de los productos que el país producía para la exportación:

De manera que en ese mundo es donde nosotros tenemos que meter nuestros productos y, desde luego, ese mundo no admite ni zapatos boludos, ni medicinas en cajitas que no se sabe si son de bicarbonato o de talco, uno tiene que mirarlas bien, no se vaya a echar lo que es para los pies, no se lo vaya a tragar uno, porque son iguales las cajitas de polvo para matar los hongos, son iguales, son exactamente iguales. ¡Cuidado con eso, que puede producir grandes trastornos! (RISAS) Entonces, así no podemos. Nosotros tenemos que exportar sobre la base de la eficiencia de nuestros productos y la eficiencia de nuestra presentación.

Yo puedo anunciarles que en el año 1985 hemos echado a andar muchas de estas cosas. Ya las discusiones de envases, que las tuvimos hace 4 años pero no les hicimos mucho caso, ya ahora han empezado a tener eficiencia, lo que son los envases. Que acá Darias, que está a mi izquierda, es bastante —yo diría lo suficientemente— estricto para impedir que ningún producto tenga el signo de categoría «Calidad Superior» si no lo merece y, además, se les quita cuando la pierden.

Caja de fósforos

Caja de fósforos

Caja de fósforos. Empresa Nacional de Fósforo. Años setentas y/o ochentas. Colección de Ramiro A. Fernández. Foto cortesía de Ramiro A. Fernández.

En Beltrán, Félix. 1984. Acerca del diseño. Havana, Cuba: Letras Cubanas:

Uno de los primeros envases comerciales de cálida fabricados en Cuba es la caja de tabaco. Desde el terminado del cedro hasta las litografías de indios, planas, hermosas mujeres y románticas parejas. Es un envase de acuerdo con la sensualidad aromática del tabaco cubano.

Actualmente estamos fabricando muchos productos que antes importábamos. En otros casos se está mejorando el diseño de productos viejos, como en el caso de las cajitas de fósforos, con sus variados diseños geométricos. El Departamento de Estudios de Productos del Ministerio de Industrias ha diseñado envases y etiquetas para una gran variedad de productos nacionales y de exportación. En muchos casos existen envase tradicionales, asociados durante años al producto por los consumidores, como ocurre con muchas marcas de cigarros y tabacos. En esos casos se ha mantenido el nombre del producto y parte de las formase colores del envase anterior. Esto es resultado de la necesidad de continuar manteniendo la asociación tradicional del producto con su envase y su nombre. Se han eliminado detalles innecesarios del diseño, y se han ordenado las formas conocidas, haciendo el envase más deseable y elegante.

Otro caso es la caja de lápices para profesionales: no es necesario leer el texto para conocer su contenido. Basta con ver el papel de planos, la regla T y el cartabón que aparece por ambos lados del envase.

La caja de colores para niños presenta varios niños jugando con lápices de colores. Aquí también se identifica fácilmente el producto por el envase. El nombre también es explícito: Pionero. (P. 102)

Envase de caramelos surtidos Parque Lenin

Envase de caramelos surtidos Parque Lenin

Envase de caramelos surtidos Parque Lenin. Colección Cuba Material.

Eduardo del Llano: Chucherías:

(…)

No tuvimos chicle. Esa mierdita olorosa venía a ser, para quienes nos educaban, un comprimido de sociedad de consumo, una píldora venenosa que, nada más masticarla, te envenenaba la sangre de capitalismo de alto octanaje. Un recuerdo que habla por sí solo (y que estoy seguro compartirán muchos coetáneos) ha de ser de 1970, año más o menos: la primera vez que tuve un chicle en la boca. Sólo que, antes de llegar a la mía, había pasado por las bocas de una decena de niños del aula, partiendo de una matriz que debió ser el hijo de alguien que viajaba; lo que mastiqué, entonces, fue una cosa insípida, inficionada por restos de comidas ajenas. Luego, ya pasando la secundaria en la Lenin, quien viajó fue mi padre… a la URSS, de donde trajo unos chicles Adams fabricados allá (¡!) que ahorré cuanto pude: inauguraba una tableta el domingo por la noche, a la entrada del pase, y lo conservaba durante toda la semana, pegándola bajo la taquilla, como un moco, a la hora de dormir, y recobrándola a la mañana siguiente.

(…)

Como ocurrió con la utopía, la calidad y la presentación de las golosinas fue decayendo. Los caramelos degeneraron de paquetes de unidades primorosamente envueltas a una masa pringosa que se vendía por el peso. El chocolate dejó de tener una denominación concreta. Aparecieron los Extrusos de maíz (debe ser difícil encontrar un nombre comercial más espantoso, probablemente obra del mismo estro sutil que más tarde creó las Tiendas de Recuperación de Divisas) que la gente bautizó Chicoticos, hasta que terminaron por llamarse así. Pero eso fue bien avanzados los ochenta, y ya yo contaba veinticinco años o más.

Botella de aceite vegetal comestible INRA

Botella de aceite vegetal comestible INRA. Hecho en Cuba. 1960s. Colección Cuba Material.

«Informe del Dr. Ernesto Guevara, Ministro de Industrias en la Reunión Nacional de Producción de 1961″ (publicado en Díaz Castañón, María del Pilar. 2004. Ideología y Revolución. Cuba, 1959-1962. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales):

Es decir, había toda una serie de industrias que estaban sufriendo la falta de envases adecuados. La planta de vidrio permanecía parada por falta de capacidad, muy probablemente. (…) Hubo un técnico, checo, que había en la planta, que opinó que se estaba perdiendo mucho tiempo, que había que utilizar la materia prima cubana, que pudiera ser que no saliera exactamente igual el vidrio, pero que iba a ser de calidad.

(…)

Actualmente se ha superado eso, está el horno caminando en buen estado, están utilizándose materias primas cubanas, y la botella sale (…) han dado por decir que la botella esa de color carmelita es para preservar la luz; en realidad es que sale así, carmelita. No sale tan buena, pero es una botella de todas maneras (APLAUSOS). (pp. 230-231)

Sobre la empresa de aguas minerales y refrescos, Guevara dice: «En febrero se ha diseñado la botella única, se envió en marzo a Nicaro para la construcción del molde, pero todavía Nicaro, que tiene la fundición que nos suministra algunos productos, no ha entregado ese molde» (p. 250).

Y sobre los cigarros: «Se planteó la utilización de un nuevo envase que ahorraba un 40 porciento en la cantidad de cartón que llevaba, pero no se hicieron las pruebas necesarias en estos casos y al ponerlo en práctica se redujo la productividad de las compañeras que envasan hasta un 60 porciento en muchos casos» (p. 252).

Sobre el diseño de envases: «y el pueblo debe entender que tenemos que ahorrar en frasco, tenemos que ahorrar en papel, ahorrar en propaganda, ahorrar en trabajo, y lograr productos que sean realmente útiles a la población y que no tengan nada innecesario y que vaya a aumentar el precio, simplemente para dar ganancias a los laboratorios o en este caso al Estado» (p. 260).

Desodorante líquido Desodoral

Desodorante líquido Desodoral

Desodorante líquido Desodoral. Hecho en Cuba. Colección Cuba Material.

Cuando era niña, mi abuelo mandaba a hacer a la farmacia el desodorante que usaban en su casa. Tenía una fórmula que, me decía, era mejor que cualquiera de los productos que se vendían en las tiendas. Pero, para mi gusto, el desodorante que hacía era muy líquido y costaba trabajo usarlo sin que chorreara por el torso o los brazos, a pesar de que mi abuela lo envasaba en unos pomos plásticos con boca de perilla que, si se apretaban o exprimían, dejaban salir solo un pequeño chorro de desodorante. Aun así, había que esperar a que se secara, aireando las axilas durante unos segundos, para después vestirse.

Eso mismo, sospecho, sucedía con el desodorante líquido industrial que se comercializaba en los años 1970s y 1980s bajo la marca Desodoral. Ambos tenían la misma consistencia aguada y un color aqua similar, aunque el de mi abuelo tiraba más al verde. A ambos había, también, que re-envasarlos para evitar que, al usarlos, el desodorante se despilfarrara.

Envase de cepillo de dientes Ideal

Envase de cepillo de dientes Ideal

Envase de cepillo de dientes Ideal. Hecho en Cuba por la Empresa Consolidada del Plástico y Goma del Ministerio de Industrias. Tempranos 1960s. Colección Cuba Material.

En mi casa, cuando era niña, el cepillo de dientes no se cambiaba cada tres meses, sino cuando se rompía. Tampoco se compraban estos en envases bonitos. En todo caso, los vendían sin envasar.

* * *

Virgilio Piñera, en carta a su amigo Humberto, el 2 de octubre de 1963:

Hoy estoy un poco más animado. Dirás, ¿por qué? Pues recibí desde Londres un cepillo de dientes de nylon. No puedes imaginar el valor que tiene para nosotros cualquier bobería de esas. ¡Un cepillo! Es todo un mundo. El que tenía ¿te acuerdas? comprado en Buenos Aires ya era un fleco, y los que venden acá se rompen al día siguiente. (En Virgilio Piñera, de vuelta y vuelta. Correspondencia 1932-1978, p.235)

Envase de refresco en polvo Tang

Envase de refresco en polvo Tang

Envase de refresco en polvo Tang. 1961. Colección Cuba Material.

En 1961, el gobierno norteamericano envió a Cuba 52 millones de dólares de mercancías a cambio de la liberación de 1.113 exiliados cubanos, miembros de la brigada de asalto 2506 que desembarcó en la Ciénaga de Zapata en abril de ese año para derrocar al gobierno de Fidel Castro y fueron hechos prisioneros por las fuerzas del régimen. Entre los productos canjeados estaba el refresco en polvo Tang, que antes había estado en el cosmos como parte de la dieta de los cosmonautas norteamericanos.

Cuando saqué el pomo plástico de tapa anaranjada de la despensa de casa de mi abuela, mi mamá identificó el envase. «Ese pomo es de refresco Tang», me dijo, «uno de los productos que cambiaron por los mercenarios de Playa Girón».

«Lo vendieron en las tiendas», creo que agregó.

En Adios, mi Habana (Verbum, 2017), Anna Veltfort menciona una anécdota parecida, y dibuja un envase de tapa anaranjada similar al que guardaba mi abuela (p. 57).

refresco en polvo Tang

Escena de Adios, mi Habana (Verbum, 2017), de Anna Vetfort, donde se recrea el «descubrimiento», por parte de la autora del refresco en polvo Tang. Imagen tomada del libro.

Tapa del envase de refresco en polvo Tang

Tapa del envase de refresco en polvo Tang. 1962. Colección Cuba Material.

Envase de leche entera

Envase de leche entera

Envase de leche entera. Circa 1960s – 1970s.

Reduce, re-use, recicle, le enseñan a mi hija en la escuela pública de Weehawken, en New Jersey, y ella me lo repite, y las dos lo practicamos. De vez en cuando, yo le cuento que en Cuba hemos utilizado los litros de leche y de yogurt como floreros, y que mis abuelos han vendido algunos de estos envases de los años 1950s a compradores ambulantes que luego los revenderían a coleccionistas extranjeros.

Según Ecured, ECIL son las siglas de la Empresa del Combinado Industrial Lácteo y del pueblo epónimo del municipio de Morón, en la provincia Ciego de Ávila, también conocido como El Lácteo.

Envase de leche entera

Envase de leche entera. Circa 1960s – 1970s. Regalo de Leonardo Cano. Colección Cuba Material.

Jugo Taoro

Jugo Taoro

Jugo Taoro para la exportación.

En Los días no volverán: Envasado al vacío:

(…) Ni tan siquiera recuerdo haber visto algún paquete de Cerelac que declarara su composición, pero si lo hubiese habido, tampoco estábamos acostumbrados a escudriñar los envoltorios para leer ingredientes, conservantes o fechas de caducidad, sobre todo porque casi ningún alimento facturado en Cuba estaba envasado. La leche en polvo se vendía a granel: los afortunados que tenían dieta iban a la bodega con una “jabita” para que se la despacharan. El bodeguero abría el saco, se sumergía en él y sacaba con un jarro escachado, como si fuera agua de un pozo, el polvo de leche contaminado con más polvo (ambiental) y cualquier otra impureza que ni nos atrevíamos a imaginar. O el puré de tomate que se almacenaba en aquellos tanques oxidados de 55 galones y que envasábamos en pomos plásticos reciclados, vendidos por un anciano semiindigente que los recogía de la basura; o la cerveza a granel, a la que le echaban cubos de jugo de toronja para aumentarla, según decían por entonces. Y ya ni siquiera me refiero a los productos de reventa, esos que podían venir envueltos en papel de periódico o en cajas de zapatos, sino a los oficiales.

En mi último viaje a la isla compré algunas cajas de jugo que, una vez terminadas, mi madre conservaba para rellenar. Tener aquellos briks de colores en la nevera formaba parte de su fantasía cotidiana que yo no me atrevía a destruir. Así hacía con los potes de helado, con los pomos de cristal que antes habían sido de aceitunas y en los que ahora guardaba ajos pelados o con los geles de ducha, que aunque vacíos ya, seguían ocupando su espacio en la repisa del baño…
En la cómoda, por los siglos de los siglos, unas preciosas cajas de talco heredadas de la abuela (y llenas ahora de botones hasta rebozar), y a su lado, la única de diseño más aceptable que se vendió en los `80: el talco Tú.
Los envases venían a ser como un subproducto capitalista que enmascaraba el producto; un beneficio añadido y prescindible, como la doble moral. (La profesión de diseñador podría ser una de las más obsoletas del Período Especial, e incluso, del Socialismo indigente cubano.)…
Gracias a Axana Álvarez por el enlace.
Envase de bombones cubanos

Envase de bombones cubanos

Envase de bombones cubanos. 1980s. Colección Cuba Material.

Solo recuerdo un tipo de bombones de fabricación cubana, aparte de los bombones soviéticos –¿o búlgaros?– rellenos con altea que se vendían en Cuba cuando era niña. Venían, los cubanos, envasados en una pequeña caja de cartón, alta y angosta, que se cerraba arriba como el techo de una casa a dos aguas, y estaban rellenos con una masa azucarada con sabor a frutas. A cada dulce lo envolvía un fino papel de aluminio, y los había de varios colores. Cosa a notar, a estos bombones no los identificaba marca comercial alguna, siendo anunciados por el genérico nombre de «bombones surtidos».

Sin embargo, no son estos los únicos bombones que la industria alimenticia socialista cubana produjera. He descubierto en casa de mis abuelos otra caja de bombones, también de fabricación cubana. No tiene marca comercial visible, pero parece ser de los sesentas. Su tapa reproduce un diseño artístico que bien pudiera tratarse de uno de aquellos que los artistas plásticos crearon por entonces para un grupo de alimentos. Quizás se trate de una obra de Raúl Milián.

He dado también con una caja de bombones de marca Sans Souci, de lujo (de luxe), al parecer también confeccionados en Cuba. Si bien la marca, la calidad de la caja y su tipografía remiten a los cincuentas, un sello de papel –mal pegado– en la parte inferior del envase, donde se lee la palabra «Codificación» seguida de un número o código, quizás sea la clave que delate su factura socialista.

Envase de bombones cubanos

Envase de bombones cubanos. Años sesentas. Colección Cuba Material.

Envase de bombones Sans Souci

Envase de bombones Sans Souci. Años sesentas. Colección Cuba Material.

Perfume Moscú Rojo

Perfume Moscú Rojo

Perfume Moscú Rojo. Regalo de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

En Granma Internacional, publicado en 1998 por María Elena Capote:

PERO LOS TIEMPOS CAMBIAN:

Algunos especialistas suelen calificar a los años 60 de este siglo, como «la década prodigiosa». En Cuba, en materia de perfumería, no se puede aplicar tal concepto. Desaparecieron de golpe las producciones de casi todos los cosméticos y perfumes, manteniéndose sólo las indispensables para la higiene más elemental. Esta industria es sumamente cara en materias primas. No se llegó a poner de moda el aceite de patchoulí que pregonaron los hippies frente a los sofisticados perfumes, pero sí se usaron determinados «inventos» criollos que se vendían clandestinamente y a precios de oro por fabricantes privados de pequeñas instalaciones caseras. La mujer cubana no se resignaba a no perfumarse para las múltiples actividades que enfrentaba en su nueva vida social. Ya para los años 70, apareció el histórico Moscú Rojo, con su fuerte olor oriental, y le siguieron otros perfumes de la industria búlgara y polaca. Renacía el consumo y una costumbre que nunca se había perdido del todo.

PERFUMES QUE HICIERON HISTORIA

La década de los 80 fue la época dorada de la perfumería nacional. Aguas de colonias, perfumes, lociones, extractos, aparecieron en los comercios y cautivaron el gusto de hombres y mujeres que nunca antes habían sido consumidores habituales y cuyo alto poder adquisitivo les permitía el acceso a este tipo de producción, calificada hasta entonces por muchos como «secundaria», y para otros, tan vital y necesaria como la propia alimentación.
Nombres como Linda, Diamante Negro, Fantasía, Impacto, Profesía, Jaque, Deportes, Bermellón, Folklor, Yoruba, Hechizo, Carnaval, Recuérdame, Agua del Trópico, Tú, Onix, Karate, Cid, Jit, Toqui, encabezaron una larga lista de perfumes cubanos que abarcaban líneas florales, aldehídicas y orientales, además de las conocidas aguas de colonia. No hizo falta una publicidad dedicada a mujeres liberadas y conquistadoras sexualmente, como se anunciaban mundialmente los perfumes en esos años. Las cubanas seleccionaban de acuerdo con su ancestral sentido del gusto y establecieron sus preferencias. Respondían a un cierto toque secreto, mezcla de trópico y sensualidad, que los perfumistas cubanos incluyeron dentro de las corrientes internacionales de moda entonces. A partir de ese tiempo, Alicia Alonso, y más tarde, Coral Negro, identificaron a la perfumería nacional.
Sin embargo, no duró mucho la alegría en casa del pobre, como suele decir un refrán popular. Llegaron los 90 con su terrible carga para finales de siglo, la perfumería sufre otro duro golpe: el Período Especial.

* * *

En el blog Los días no volverán, 2010:

Actualmente, mi madre adorna su tocador con dos frascos de perfumes: uno, es el emblema de unos años que no se anima a dejar atrás; el otro, un perfume que siempre deseó tener y que sólo ahora, al precio impagable de la fragmentación familiar, ha podido disfrutar: Moscú Rojo -el perfume anhelado por la mujer cubana de los 80’- junto a Channel, algo que rompe cualquier esquema ideológico y estético. Esto no es representativo de ningún hogar; no creo que muchas personas conserven un Moscú Rojo. Pero mi madre sí lo tiene en ese país caótico que se ha construido y donde es feliz. Cuando le pregunto por qué no lo tira, me responde con orgullo: “aún le queda un poco”. A qué olerá, es algo que no sé, ni quiero saber.

 * * *

Y en mundoanuncio.com/La Habana:

Vendo Radio Juvenil 80 nuevo en su caja, Colección de Matriuskas de 30 piezas, y mucho más. – Bauta

En venta – se ofrece:

Eso mismo. Un Radio Juvenil 80 en 50 cuc. Un juego de Matriuskas Made in Leningrado en 100 cuc. Un televisor Caribe con pantalla de tres bandas de colores pintado a mano en 300 cuc. Un par de kikos plásticos en 20 cuc. Tenis Robin Hood en 22.99 cuc y tres pomos de perfume KAYAC, HIT y MOSCU ROJO en 5 cuc cada uno… Interesados escribir por aquí y preguntar Gorbachov.