adornos domésticos de la República Popular China

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Adorno chino que se supone representa el Buda de la abundancia, adquirido en los años 1960s como habilitación de boda. Foto 2014, cortesía de Mirta Martínez.

Ahora que se conmemora otro aniversario de la operación militar soviética en Checoslovaquia que puso fin, en 1968, a los intentos de reformas al socialismo de estado en ese país, trayendo esta efemérides una vez más a relucir el no menos deleznable apoyo de Cuba a dicha intervención, entendiéndose éste como parteaguas que marcó la alineación de la política exterior cubana con el Bloque del Este y, sobre todo, con la URSS, quiero dejar constancia en este archivo de algunos de los objetos que, anteriores a este evento, representan el temprano acercamiento político de la revolución cubana con un socialismo de corte maoísta. Dichos objetos dan cuenta de los intersticios por lo que la geopolítica, más que insinuarse, penetró en la restringida y nunca más privada esfera del espacio doméstico cubano. Puede verse en ellos cómo, con el cese de la importación de bienes de consumo norteamericanos, en los hogares cubanos aparecieron búcaros, ornamentos, y pequeñas piezas de mobiliario procedentes de la por entonces aliada República Popular China. Gracias a su elaborada confección y, me atrevo a decir, estética foránea, muchas de estas piezas aún ocupan un lugar de privilegio en los hogares cubanos.

Jarrón chino de los años 1960s adquirido como habilitación de boda. Cortesía de Mirta Martínez.

Jarrón chino de los años 1960s adquirido como habilitación de boda. Foto 2014, cortesía de Mirta Martínez.

Baúl chino adquirido en los años 1960s. Foto 2014, cortesía de Ángela Rojas.

Baúl chino adquirido en los años 1960s. Foto 2014, cortesía de Ángela Rojas.

un bordado para cada república socialista

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Entre las revistas de moda y los recortes de revista relacionados con la moda y la costura que mi mama ha guardado, encontré esta hoja, contraportada de alguna publicación de la editorial Gente Nueva de los años 1980s. En el reverso de la contraportada se ofrecen instrucciones para confeccionar muñecos de papel, adornados con los trajes típicos de los principales países que, por entonces, practicaban el socialismo de estado.

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pasarela ReciclArte, Fábrica de Arte Cubano

 

En el mes de julio tuvo lugar en la Fábrica de Arte Cubano, lugar que, como me anunció una amiga, es el Pabellón Cuba de ahora, la 1ra Muestra de Diseño Contemporáneo. Asistí a la presentación de la colección de Vanda, profesora del Instituto Superior de Diseño Indsutrial (ISDI), titulada ReciclArte. Además de filmar el corto promocional conque entretuvieron a la audiencia mientras las modelos se preparaban, tomé algunas fotos del desfile. En la página de Facebook de la Fábrica de Arte encontrarán más imágenes.

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carné de pesca deportiva

Carné de pesca deportiva. 1986.

Carné de pesca deportiva. 1986.

Cuando mi abuelo solicitó el carné de pesca deportiva llevaba muchos años realizándolo. Le escuché decir entonces que, sin él, la ley le prohibía salir a pescar en embarcación alguna, aunque parece ser que infringía la ley mi abuelo cuando lanzaba la pita o el nylon desde tierra, sin el correspondiente carné. Escuché también que, para otorgarlo, los candidatos pasaban estrictos procesos de verificación política con los que se pretendía evitar el darle una coartada a quienes en realidad se proponían abandonar el país. No sé cuánto tiempo duró dicho proceso. En el 86 mi abuelo tuvo el suyo. No sé si alguna vez salió a pescar en una embarcación, pero le gustaba imaginarse que lo haría. Entre tanto, algunos fines de semana se iba con sus avíos y sus nietas a pescar a la Jijiga, después de Santa Cruz.

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Fin de Siglo, documental

 

Documental de 1992, realizado por Madelin Waterlet y Simon Saleski.

H/T: Walfrido Dorta.

uniformes para las escuelas en el campo y el Destacamento Pedagógico

 

Fragmento de un documental sobre el proceso de selección del nuevo modelo de uniformes para los alumnos de las Escuelas Secundarias Básicas en el Campo y los miembros del Destacamento Pedagógico, en 1972. Los dos modelos de uniformes diseñados fueron sometidos a votación, narra el locutor en off, ante 5,723 estudiantes becados y 816 miembros de Destacamento Pedagógico. Llama la atención cómo la minifalda, anatematizada en los años 1960s, es ahora incorporada en el uniforme escolar.

Gracias a Ernesto Oroza por el enlace.

Ver también uniformes escolares.

Swing y jabones rusos, por Pepeluí

Botas militares soviéticas. 1980s.

Botas militares soviéticas. 1980s.

Texto enviado por un lector:

Swing y jabones rusos. Breve apunte sobre las guerras culturales en los setenta.

A escasos dos meses de mi cumpleaños número doce me llevaron a Santa Clara en un cromado ómnibus Skoda y me soltaron en medio del polígono en una mañana brillante y verde azul de 1974. Recuerdo el mar de cabezas oscuras, la bulla, los bultos en la hierba, la sensación extraña de saberme separado de mi familia por quién sabe cuánto tiempo. “Si vas para los Camilitos ya lo sabes, no te puedes rajar. “A ver si no te rajas”. Fulano “se rajó”. Rajarse, la peor ofensa, la muda admisión de que uno no tiene lo que hay que tener para aguantar la candela. Y no rajarse. No hay dudas en mi mente de que ese era el mantra entonces. “No nos podemos rajar, caballero” decíamos buscando confirmación en el otro, acentuando que sin importar lo que viniera nada podría ser peor que la defección y volver a casa en escarnio y a la burla de los socios. “Te rajaste, chama, te rajaste”.

La Escuela Militar Camilo Cienfuegos, también conocida como los Camilitos de Santa Clara estaba en el kilómetro once de la carretera a Camajuaní y las instalaciones después pasarían a ser parte de la facultad de ciencias Agropecuarias de la Universidad Central de Las Villas “Marta Abreu” a donde por esas cosas de la vida, volvería yo en 1980 como estudiante de ingeniería. El sitio estaba concebido como una pequeña ciudad escolar con calles, señales de tráfico, cinco bloques de albergues: tres para estudiantes masculinos y dos bloques de hembras, lógicamente más asediados que Nínive por la horda macha rebosando en hormonas; trulla de voraces, pendencieros muchachos hombreando a cómo se pudiera.

El primer día nos dieron un cartón largo que se doblaba como en cuatro partes y nos explicaron que ese era la tarjeta de inventario para los objetos de aseo personal, uniformes y eso. Para asearnos nos dieron: cuatro jabones de baño rusos, un tubo de pasta Perla, dos jabones de lavar Batey, chancletas plásticas y una toalla. Para vestirnos nos dieron: dos overoles verde olivo, un par de botas Centauro, cuatro camisetas blancas, dos pulóveres de algodón blancos, cuatro pañuelos blancos, cuatro pares de medias de algodón y dos pares de medias de nylon negras, un quepis, un traje de gala con gorra de plato y un abrigo. El traje de gala había que usarlo para salir de pase o para asistir a actos oficiales. Recuerdo que la tela era de gabardina, muy incómoda y cuando se mojaba apestaba a pollo mojado, nada infrecuente cuando uno salía a pedir botella en la carretera central bajo un aguacero. La camisa era estilo “guapita” o sea había que ponérsela pasando el torso a través, como un pulóver y picaba mucho especialmente alrededor del cuello. Medio claustrofóbica la cabrona guapita aquella. Los botones eran escudos de la república en metal dorado. La gorra tenía una visera de charolita y algunos le ponían aceite para que brillara más. La gorra tenía también los mismos escuditos de metal dorado a ambos lados de la visera.

Las botas eran marca Centauro como dije y la gente competía a ver quién las hacía brillar más. Las botas más brillantes que he visto en mi vida las vi en los Camilitos de Santa Clara. Tinta primero, betún negro después, cepillo y mucho trapo. Luego betún blanco o brillador que le decían y más trapo, por horas a veces para pulirlas bien y hacer las botas brillar como charol. Los tacones eran otra cosa; lo bacán era cortar los tacones en forma cónica, “tacón joliwu” decían, y no acordonarlos completamente de modo que los bajos del bien planchado overol se metieran por dentro. Esto fue antes de la era del polyester que empezó en 1975.

El uniforme de las EMCC cambió en 1975 y también cambió el nombre de las escuelas que empezaron a llamarse Escuelas Vocacionales Militares Camilo Cienfuegos para ponerlas a la par de las otras vocacionales como la Che Guevara y la Lenin y les dijimos adiós al algodón para ponernos polyester. Casi todo el mundo saludó el cambio con entusiasmo pues los camilitos siempre estuvimos considerados como medio cuadrados, tirando a lo cheo. En aquellos tiempos de pelo largo, patillas y bigotes nosotros, con nuestros pelados bajitos y nuestro paso largo asimilado a bases de horas y horas de marchas y a-retaguardias, teníamos una notoria falta ‘e swing. Al menos los nuevos uniformes: camisa verde claro, pantalones verde oscuro y zapatos civiles nos acercaban mas al atuendo del resto de los becarios de la época.

Era los mediados de los setenta y era la época de Los Latinos y La Ritmo Oriental; Fleetwood Mac y los Eagles; Radio Liberación con Sorpresa y A la Veinte Horas; la WQAM y WGBS con las “escalas” a copiar durante los fines de semana y comparar el lunes de vuelta del pase. Era una época de polarización y rechazo por todo aquello que fuera oficial, nacional, u oliera a teque político. Posiciones en el escalafón del swing se otorgaban de acuerdo a diferencias raciales y geográficas, a menudo emparentadas. Por ejemplo la gente de Trinidad, Cruces, Casilda, Sagua, Zulueta, Corralillo eran cheos, generalmente de raza negra, identificados con la música cubana bailable y “rutineros”, esto es: pañuelo en mano con el que tocarse la cara a menudo se sudara o no, toneladas de colonia, y el caminao de rigor, cabeza ladeada y paso de muelle. Pachanga en Carlito’s way camina del mismo modo por si alguien necesita la referencia visual. Los pepillos, por lo general blancos estaban representados en primer lugar por la gente de Cienfuegos. Parece que el hecho de ser Cienfuegos una ciudad con un gran puerto comercial los ponía en contacto con lo último en materia de música y moda. Cuando nadie en Cuba oía a Queen y pocos a Led Zeppelin, los cienfuegueros se apearon con cassettes TDK de 90 conteniendo A Night at the Opera y Houses of the Holy y revistas con fotos de artista de pop y se aplastaban el pelo con brillantina sólida Fiesta para aparentar estar pelados de reglamento. Luego seguían la gente de Santa Clara, Santo Domingo, Caibarién y Fomento (cómo Fomento se convirtió en una potencia del swing rockero es para mí un misterio pero mis primeras copias de Frank Zappa y Yes vinieron de allí). Yo era de Cabaiguán y mis amigos y yo éramos habituales visitantes a “la casa de Brito”. Brito ponía música en quinces, bodas y descarguitas y no solamente tenía toda la música de Los Beatles y Stones sino que podía grabar de cassette a cassette. Nosotros en cambio le traíamos álbumes prestados por nuestros amigos de otros municipios y así creo yo es que se extendía, de mano en mano, el conocimiento y la avidez por conocer más de la cultura anglosajona en aquellos tiempos de tanta censura radial y de rechazo oficial por todo aquello que viniera “en inglés”. Incidentalmente cuando formamos nuestra primera banda, recuerdo que nos dejaron cantar Proud Mary con la condición de que fuera en español. Mary se convirtió así en María Orgullosa y la letra en español nos daba tanta risa que a veces había que parar hasta que recobráramos la compostura. Los que ellos querían que aprendiéramos era ruso.

Los rusos no hacían nada bien. Eran bolos. Ala Pugachova o Muslim Magomaiev no podían competir con el swing de Robert Plant o siquiera Andy Gibb. Y en el mismo saco caían Karel Gott y la Siromajova, Kati Kovacs, Yordanka Kristova, Biser Kirov y hasta Locomotiv GT, una banda húngara de rock cuyo éxito Ringasd el magad salía hasta en la sopa. Todo eso para nosotros era “música rusa” aunque los artistas fueran búlgaros o checos. Lo mismo pasaba con las películas: uno decía “ñó, otra película rusa…” viendo la cartelera del canal 6 anunciando Alarma en el Delta, sin importar que fuera un filme rumano.

Muchas de las cosas que comíamos eran rusas: carne enlatada, jurel enlatado, spam. El jabón que usabamos para bañarnos era ruso y de un olor desagradable. Pero limpiaba bien eso sí. Los sabelotodos decían que era por la sosa cáustica, los rusos le ponían mas sosa cáustica. La misma teoría oí acerca de la pasta de dientes Pomorin, de infame memoria: es verdad que sabe mal decían pero es porque tiene más fluor. Pomorin era una marca búlgara pero por supuesto a la gente qué le importaba, para nosotros era pasta ‘e diente’ rusa! Los perfumes rusos no estaban tan mal, digo yo comparados con algunos de factura nacional como el nefasto Imágenes. Vaya que el Moscú Rojo era Nina Ricci comparado con el Imágenes. El Imágenes traía un dibujo de mujeres griegas y un olor muy penetrante a grajo del Peloponeso. Regalo de mi vieja, no pude decir que no y me lo llevé a la beca pero me lo desaparecieron del closet en un par de semanas.

En los camilitos se puso de moda usar jabones para hacer esculturas. La gente se ponía creativa y vi a algunos hacer increíbles regalos para el día de las madres hechos de jabón ruso. Los jabones venían en dos colores que yo recuerde: ámbar y rojo, el rojo en particular olía muy fuerte a desinfectante o ambientador pero los Michelangelos del alberge los fundían juntos y los esculpían y los pulían hasta darles la forma deseada. Ví unicornios, delfines y corazones con cintas alrededor e incripciones de Felicidades Mamá, corazones que se abrían y dentro estaba la foto de la madre…todo hecho de jabón ruso. Otro uso de los jabones era emplearlos como una maza en broncas y eso. Un par de jabones de lavar metidos en una funda y uno se convertía en Vargas Machuca u Olaff el de los Vikingos que ponían en la Aventuras a las siete y media. Pero esa es otra historia.

Por Pepeluí.

Pasta dental producida en la URSS.

Pasta dental producida en la URSS.

 

carné del informante

Centro Nacional de Informacion

Tarjeta del Centro Nacional de Información.

“Al conocer todo hecho o indicio de actividad enemiga o antisocial debe llamar al Centro Nacional de Información. La información debe ser objetiva, oportuna y completa.” Así ordenó el estado cubano, a través del Centro Nacional de Información. Así fueron instruidos los dirigentes cederistas. Así quedó institucionalizado el espionaje doméstico. En cuanto a la “clave” personal, sospecho que, además de encubrir al delator, estimuló la producción de informes . ¿No preferirían muchos pecar por inexactitud antes que mostrarse poco vigilantes o incumplir con su tarea?

Deconstrucción, documental sobre el edificio López Serrano

 

Documental del 2013 dirigido por Sarah Vega.

Loggages y tolletes de Víazul

Anuncio terminal de Víazul en La Habana. 2014.

Anuncio en la terminal de Víazul en La Habana. 2014.

Anuncio en la temrinal de Víazul de La Habana. 2014.

Anuncio en la temrinal de Víazul de La Habana. 2014.

Las fotos de las señalizaciones las tomó mi hija mientras esperábamos la salida de la guagua de Víazul hacia Trinidad. En una pared cercana se leía: El destino lo decide usted, la exclusividad la ponemos nosotros. Las de la guagua y las oficinas de pasajes las tomé yo. Ella se reía de los errores ortográficos. Yo me mortificaba con el estropicio.

Oficinas de Víazul en La Habana. 2014

Oficinas de Víazul en La Habana. 2014

Oficina y salón de espera de Víazul en Trinidad. 2014.

Oficina y salón de espera de Víazul en Trinidad. 2014.

Chofer de Víazul. 2014.

Chofer de Víazul. 2014.

Trinidad

Trinidad, Cuba. Julio 2014.

Trinidad, Cuba. Julio 2014.

Al cabo de un mes en Cuba y luego de haber sorteado, gracias a la gentileza de Ernesto Sánchez de la Osa desde Al Cubo, problemas de actualización de la página, Cuba Material regresa con un comentario sobre el turismo, la economía, y la sociedad cubana de hoy suscitado a raíz de una visita a Trinidad.

Cuando, en 1998, fui por primera vez a esta ciudad del sur, el dólar había vuelto a tener circulación legal en Cuba y el estado cubano regentaba tiendas y restaurantes que operaban en divisas para un público mayoritariamente extranjero. Los trinitarios, como los habaneros y el resto de los cubanos, huían en masa de casi todos los empleos estatales para trabajar en el turismo, por entonces el más codiciado sector en términos de empleo en la isla.

Cuando regresé este verano, días antes de que el periódico El País le dedicara una nota al emergente capitalismo trinitario, los restaurantes, hostales y galerías de arte privados se imponían por toda la ciudad, y sobrepasaban en número y calidad a los negocios estatales, especialmente en la zona del centro histórico declarado por la UNESCO Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1988. Artesanos y cuentapropistas vendían todo tipo de mantelería bordada y canastas de mimbre en varios mercadillos callejeros, y taxistas privados ofrecían viajes mucho más económicos y flexibles que las opciones estatales hacia la península Ancón y el Valle de los Ingenios, en donde el dueño de la estancia Guachinango sirve almuerzos campestres y ofrece excursiones a caballo por sus tierras. El camino que lleva hacia la torre Iznaga lucía ahora más parecido que nunca al de Teotihuacán, en donde los vendedores abruman al turista con la mejor artesanía local a precios que, mientras se avanza, se devalúan hasta llegar a un 10 por ciento de la cifra inicial.

En la Trinidad de hoy el negocio privado ha desplazado al estatal no solamente en cantidad y calidad como anota El País sino también en ganancias que reporta y, sobre todo, prestigio en tanto empleador. La prosperidad del negocio privado en Trinidad ha repoblado la villa con naturales incluso de la capital y tiene ya impacto en la decisión de emigrar al extranjero. El taxista que contraté para hacer el recorrido por las distintas estancias del Valle de los Ingenios suele viajar a Canadá. El capital que reúne trabajando allí en la construcción lo invierte en mejorar su casa y su automóvil, tras lo cual se asentará definitivamente en tierra trinitaria para dedicarse al transporte de turistas. La habitación que renté, donde losas de barro y cenefas coloniales coexisten con lámparas y vajilla adquiridos en una sucursal de Ikea europea, climatizada con un moderno y silencioso split, es propiedad de un matrimonio cubano-belga asentado en La Habana. Una joven familia habanera, ella promotora cultural y él músico, gestionan el negocio a cambio de cierta participación en las ganancias provenientes de la pequeña galería de arte que ocupa la sala principal de la casa y de la renta de tres habitaciones.

Las peculiaridades de la villa trinitaria se normalizan con la estética kitsch de la iconografía guevarista que abunda en gran parte de la artesanía nacional. En salas coloniales y sobre chinas pelonas se vende al menudeo todo cuanto los trinitarios están dispuestos a reproducir de la revolución cubana.

 

Souvenir de la empresa ARTEX. Trinidad. 1998.

Souvenir de la empresa ARTEX. Trinidad. 1998.

Concentración Campesina

"El quijote de la farola," foto de Korda tomada el 26 de julio de 1959.

“El quijote de la farola,” foto de Korda tomada el 26 de julio de 1959. Imagen tomada de internet.

El 26 de julio de 1959 tuvo lugar en la Plaza Cívica de La Habana la Concentración Campesina, “the greatest drama that Cubans had witnessed since the fall of the dictatorship itself” (Guerra 2012:67). Un millón de campesinos visitaron La Habana para asistir a este simbólico evento, siendo alojados en casas de habaneros. De la Concentración, cuenta Ambrosio Fornet que “La Habana se llenó de sombreros de yarey y escarapelas con la visita de miles de campesinos que descubrían asombrados los bombillos y el teléfono” (2009:354). Sombreros, escarapelas y guayaberas que, dice Lillian Guerra, los organizadores del evento mandaron a producir, en cantidades y a una velocidad extraordinarias, a los trabajadores de la industria textil, a “substantially reduced cost” (p. 70). En cuanto a los sombreros de yarey, fueron vendidos “to the wealthy and middle-class residents of Havana who were then expected to give them away” (p. 70) a sus visitantes. Como parte de esta campaña mediática, Cubana de Aviación “took out a large ad featuring a joyful peasant wearing his yarey  hat and linen guayabera, hands thrown up in the air: ‘Brother peasants,’ the ad announced, ‘Habana is yours; feel that the home of habaneros where you are staying are your own homes. . . . At this moment in Cuba, there is no one more important than you.’” (Guerra 2012:71). Asimismo, “clothing stores like Fin de Siglo and La Filosofía also advertised special discounts for the guajiros, while a restaurant named La Pasiega boasted of donating ten thousand plates of macaroni to the nation’s distinguished guests” (Guerra 2012:71).

El 26 de julio de 1959, los habaneros lo celebraban así.

de viaje

Desde hoy, y durante el mes de julio, estaré sin internet y no podré actualizar o responder comentarios. Regresaré de Cuba, en cambio, con una más completa Cuba Material.

Café Fuerte: Las falsas limosinas de Fidel Castro: ¿una engañifa comercial?

ZIL-115 usado por Fidel Castro en los años 1980s. Imagen tomada de Café Fuerte.

ZIL-115 usado por Fidel Castro en los años 1980s. Imagen tomada de Café Fuerte.

En Café Fuerte: Las falsas limosnas de Fidel Castro: ¿una engañifa comercial?

Un reportaje sobre la circulación como taxis en La Habana de los autos soviéticos que presuntamente utilizaba el ex gobernante Fidel Castro, se convirtó este sábado en tópico viral en las redes sociales, con amplio eco en los medios de comunicación en Estados Unidos, incluyendo, obviamente, los de Miami.

Sin embargo, la información difundida es imprecisa y parece más bien conectada a una estrategia de publicidad de la empresa estatal CubaTaxi para despertar el interés de los turistas que recurvan por Cuba en estos días. Puedo afirmar categóricamente que esos autos ZIL de alquiler que circulan en La Habana, con un precio de $100 a $140 en recorrido, no fueron utilizados por Castro.

Si se observan fotos de los carros del mismo modelo empleados para el traslado de Castro, se verán claras diferencias con las limosinas que actualmente se están rentando a los turistas para recorrer la capital cubana. Ciertamente, muchos de estos carros que ahora fueron entregados a CubaTaxi pudieron formar parte de la flota que servía para recibimientos de protocolo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, pero no son los empleados por Seguridad Personal para los movimientos del líder cubano,

En realidad, Castro contaba con tres de estos autos ZIL-115, uno para cada uno de sus choferes personales en aquella época: René Vizcaíno Cruz, Angel Figueroa Peraza y Jesús Castellanos Benítez. Estos vehículos eran blindados, tanto la cabina como los cristales del parabrisas y las ventanillas.

Este modelo se comenzó a fabricar en la Unión Soviética en 1972 y dejó de hacerse en 1988, año en que Castro pasó a utilizar los autos Mercedes Benz.

El ZIL tiene un largo de unos seis metros y aproximadamente dos metros de ancho, motor V-8 de 7.6 litros, con un peso de 3.6 toneladas, y podía alcanzar una velocidad de cero a 60 kilometros en 13 segundos.

Hay otro ZIL (modelo 111), descapotable y de color gris verdoso, que fue empleado solo para recibimientos de presidentes. Fue un obsequio del líder soviético Nikita Jruschov a Castro, pero solo fue utilizado para actividades protocolares.

Cuando Castro decidió no emplear más estos autos soviéticos, entre otras razones porque ya no se fabricarían más, la flota completa fue mandada a conservar y guardar en los talleres de la Seguridad Personal.

También están guardados y debidamente preservados allí los autos que Castro ha utilizado durante toda su vida: el Oldsmobile de los años 60, los tres Alfa Romeo que usó posteriormente y los ZIL mencionados. Igualmente se conservan los automóviles utilizados por Celia Sánchez, Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara.

De manera que habría que indagar de dónde partió la iniciativa publicitaria para arrebatarle los dólares a los turistas haciéndoles creer que viajan en el automóvil que alguna vez sirvió a Castro y su comitiva.

Viajé durante varios años en esos autos ZIL, acompañé a Castro en todos sus recorridos y me son familares todavía hasta los recovecos de sus interiores. Alquilar esos autos pensando que fueron los del ex gobernante es como comprar a sobreprecio un billete falso.

H/T: Walfrido Dorta y Emilio García Montiel.

Cubahora: La tendencia hipster en Cuba

cartera Elite

Lleno de contradicciones y disparates, pero sintomático de un nuevo tejido social en Cuba y de sus paradigmas. En Cubahora: La tendencia hipster en Cuba:

En varias ocasiones se ha hablado en nuestros medios de la existencia en Cuba de tendencias extranjeras, como los emos, los rastafaris, los patinadores, los rockeros, entre otros. Esta vez hablaremos de loshipsters, moda que si bien aún no tiene un término criollo que la defina, sí cuenta con  seguidores a los que se les confunde con los alternativos y hasta con los mikis, los frikis y los nerds, y que, además, apenas conocen que esa tendencia que siguen es llamada así.

El término hipster significa, en inglés, “persona sofisticada o en onda”, y menos modernamente, “pantalón o falda que se lleva a la altura de la cadera”, “personas que gustan del jazz caliente”, entre otras acepciones.

. . .

Los cubanos, que nunca queremos quedarnos atrás en nada, también nos hemos sumado a esta moda, no todos, por supuesto, sino una parte entre los jóvenes y algunos que otros adultos.

El hipster es una supuesta tendencia a la antimoda. Supuesta, porque de alguna manera esto que era una corriente alternativa ya se ha vuelto estilo, al que apuntan muchos diseñadores. Es una moda urbana y bohemia por excelencia, en la cual se mezclan ropas usadas y algo vintage (anticuado), con piezas modernas, preferentemente de marca.

Aunque el modo de llevar el cabello parezca descuidado, en realidad se trata de un arreglo meticuloso, que busca el modo en que mejor asiente el “desorden”. En los hombres es usual la barba, lo mismo larga que corta, y en las mujeres, vestidos con botas o zapatos Converse.

Es una tendencia que sigue la gente de clase media y alta, por el costo de las prendas y accesorios. En Cuba, donde sucede similar, es señal de las diferencias sociales que hemos venido experimentando durante los últimos años.

En Internet se pueden encontrar manuales con tips que ayudan a entender la ideología y la estética Hipster, que claro está, varía según el contexto, aunque suelen permanecer detalles como audífonos grandes, zapatos, gafas, sombreros, bufandas, y bolsos o mochilas que por sus marcas o estilos no son nada baratos.

Por lo general, los hipsters en Cuba son nacidos a finales de los ochenta y principios de los noventa, con altos ingresos, algunos trabajadores por cuenta propia, beneficiarios de remesas o poseedores de nacionalidad extranjera. Algunos, de posibilidades más modestas, combinan ropa de segunda mano con algunas prendas nuevas, y no suelen llevar bufanda ni chaqueta, por razones de clima y de economía.

Según “las reglas” —de acuerdo con las revistas internacionales— un hipster tiene el último modelo de celular; escucha música alternativa, o menos popular o comercial; son fanáticos de la tecnología y tienen un aire entre intelectual, nerd y alternativo. Suelen andar con sus audífonos grandes, laptop, cámara, revistas, libros y ven cine independiente.

Supuestamente, el hipster se opone al cuerpo perfecto de gimnasio que imponen los medios. Tiene una actitud relajada, aunque el estilo puede llegar a ser como una especie de postal que hace lucir un poco forzado el personaje, excepto en quienes son muy naturales y lo adoptan porque les acomoda a la perfección.

Los hipsters originales, en la década de los cuarenta del siglo anterior, tenían un modo de vivir poco cercano a la ideología burguesa, más bien relacionado con el mundo negro del jazz, la libertad sexual, la pobreza como modo de existencia conformista y casi de protesta. Luego, en la década de los sesenta, pasaron a llamarse hippies, término acuñado por los veteranos de la onda hipster, y en los ochenta, yuppies, como se llamó a los de mejor posición económica que fueron adoptando esta tendencia.

Como resultado, lo que vemos hoy es un híbrido de los mencionados estilos, con el nombre inicial.

A algunos artistas del patio les agrada la tendencia y la han adoptado, aunque su influencia es poca en los jóvenes cubanos, más dados a seguir los referentes internacionales que les llegan por vía de series, películas y revistas. Algunos hipsters cubanos populares son Adrián Berazaín, Yoyo Ibarra, Jorge Luis Robaina (vocalista de Karamba) y David Blanco. Algunas, también del mundo artístico, musical, como M Alfonso y Diana Fuentes, de manera esporádica salen a escena con atuendos combinados de la manera típica hipster.

Estamos, en fin, ante otra influencia de códigos internacionales que los cubanos adoptamos y que, poco a poco, se ha diseminado por el país, con predominio en la capital, pues recordemos que esta es una moda esencialmente urbana que viene con una ideología y un concepto bastante bohemio.

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