cantimploras o pomos de agua

Cantimplora o pomo de agua escolar. Imagen tomada de internet.

Cantimplora o pomo de agua escolar. Imagen tomada de internet.

Las botellas plásticas de agua, como las de Ciego Montero, es decir, los pepinos, no circularon en Cuba hasta llegados los años 1990s. En décadas anteriores llevábamos agua fresca a la escuela en cantimploras plásticas o, en su defecto, cualquier envase del mismo material. Tenía una amigo que usaba un pomo amarillo, con tapa roja y letras árabes y mucho olor a manteca, que había contenido originalmente dátiles manteca que, supe después, Saddam Hussein había enviado a Cuba en los 1980s junto con dátiles. Yo tenía un pomo verde, aplanado, con relieve en forma de escamas de pez y tapa a rayas, a veces algo sucias. A principios de este año mi amiga Axana ha fotografiado uno similar en casa de su tía, en Matanzas. Había algunos más bonitos, en forma de corazón, con tapa que servía de vaso y unas correas que dejaban que lo colgaras terciado. Me cuentan que han visto alguno con un forro tejido a crochet. Todo esto sucedió en la primaria, en los tempranos 1980s. Cuando pasamos a la secundaria nadie volvió a usar pomos de agua. En la nuestra había instalado un bebedero, al igual que el pre. Después aparecieron los pepinos. Es posible que los niños de ahora no conozcan de las cantimploras, ni de los bebederos.

Pomo de agua. Imagen cortesía de Axana Álvarez. 2013.

Pomo de agua. Imagen cortesía de Axana Álvarez. 2013.

Carnaval de la libertad

Imagen

Diario de la Marina. 1959. Imagen tomada de internet.

El 11 de abril de 1959 los cubanos celebraron el Carnaval de la Libertad. Aquí pueden escuchar la música que se tocó por esos días.

Ver también en Cuba Material CarnavalesCarnaval de La HabanaEl blog de Pedraza Ginori…, y desfile de carnaval.

metro de La Habana, documental

 

Corto documental sobre el proyecto del metro de La Habana. Realizado por Ana A. Alpízar en el 2013.

h/t Maikel Colón Pichardo en Ethno Cuba.

burocratismo, planificación, registros, y economía cubana

Fin de siglo. 1980s. Imagen tomada del libro Six Days in Havana, de James A. Michener y John Kings.

Fin de siglo. 1980s. Imagen tomada del libro Six Days in Havana, de James A. Michener y John Kings.

Este es Fidel Castro, publicado en un suplemento del periódico Granma del 21 de febrero de 1967, sobre el burocratismo y la economía nacional (publicado en Pérez-Stable, Marifeli. 2008. La revolución cubana. Orígenes, desarrollo y legado. Madrid: Colibrí, original en inglés publicado en 1993):

Lo que nos importa es que sobren los productos y no los papeles, aunque no haya un solo papel donde se consignen los productos, aunque no los hubiera… Cuando nos sobren los productos ya los problemas serán de otro tipo. Lo que nos interesa es registrar, en todo caso, lo que sobre, y no tener que andar llevando archivo de los déficits. (pp. 196-197)

Así tal cual.

el status, sus símbolos, y las maneras de preservarlo

 

Lada 2105. Foto 1980s. Imagen tomada de Facebook.

Lada 1500 con cortinas en el parabrisas trasero. Foto 1980s. Imagen tomada de Facebook.

En Libreta de apuntes: Labor of love:

Entre 1985 y 1986 yo fui el escritor que más dinero ganó en Cuba. Desde luego, a fines de 1986 todo había sido dilapidado y si tomamos en cuenta que el único vicio que me dominaba entonces era fumar cigarros Populares (o Montecristo, de exportación, cuando se conseguían), nunca más de una cajetilla diaria, y que además, como era un vicio que yo dejaba y volvía a agarrar de vez en vez, pues no puede decirse con exactitud en qué yo boté mi fortuna. Por otro lado, en Cuba no se pagaban impuestos y el whisky me lo suministraba Antonio de la Guardia, el poco que tomaba, y los Rolex son eternos y además hay que comprarlos en dólares; y si empleaba la bolsa negra, era para los Levis, que te podían salir en la enormidad de 150 pesos moneda nacional. ¿Pero cuántos jeans tu gastas en un año? Si acaso dos. Y por último, las compañeras ciudadanas mujeres, que es a lo que más tiempo yo he dedicado en mi vida. Pero en Cuba, realmente, en mi época, lo que le atraía a las ciudadanas no era el dinero. Creo que ni la palabra jinetera se usaba entonces. El Lada, para que tú veas, si ayudaba. Era un buen imán. Pero también deben saber y quiero hacer constar enfáticamente, que mi primer Lada me fue asignado por el compañero Antonio Pérez Herrero, secretario ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en 1983, y que hasta esa fecha nunca me faltó una compañerita al lado. Era un Lada 1500 S, color verde pálido, que yo comencé a llenar de los tarecos que me regalaban o que yo traía de mis viajes. Mas aquella época heroica de la infantería es algo para recordar. Un motivo personal de orgullo para Romeo el Peatón. Y en fin, que toda esta historia es para establecer el hecho de que gracias a Hemingway en Cuba yo fui el escritor más rico de Cuba durante un par de años. Agrego ahora que fue un libro hecho con devoción. Los primeros 50 ejemplares de la primera edición me los empaquetó con papel de estraza y cordel encerado, y entregó en la mano Rafael Almeida, que era viceministro de Cultura, en un llamado Combinado Poligráfico “Alfredo López”. Hubo una especie de ceremonia íntima, un ritual, y recuerdo que afuera del Combinado llovía a cántaros. Yo extraje dos ejemplares del paquete y firmé el primero. Para Fidel, por supuesto….

Continuar leyendo.

h/t: Enrique del Risco.

clases, nacionalismo y materialidad

Taburete del siglo XX temprano. Mobiliario de una casa del Vedado. Foto 2012.

Taburete del siglo XX temprano. Mobiliario en el Vedado. Foto 2012.

En Scarpaci, Joseph L.; Roberto Segre and Mario Coyula. 2002. Havana: Two Faces of the Antillean Metropolis. Chapel Hill: University of North Carolina Press:

The dominant classes in the archdioceses imported wine, oil, wheat, tools, arms, furniture, and utensils from Spain. Only the poor Spanish settlers used such indigenous tools as wooden chairs, clay and wooden utensils, hammocks, and poorly spun cotton clothing. (p. 20)

la moda, la elegancia y los rolos

Mi abuela Gertrudis Caraballo Gálvez en 1978.

Mi abuela Gertrudis Caraballo Gálvez en 1978.

Nunca me he puesto rolos y, por ello, no puedo decir que haya jamás salido a la calle con ellos. No creo, tampoco, que me lo hubieran permitido mientras viví con mis padres o cuando visitaba a mis abuelos, como tampoco me dejaban permanecer en pijama cuando me levantaba en las mañanas o andar en bata de casa los días en que no salíamos a ningún sitio. Por la misma razón, creo, me vestían cuando íbamos a pescar al diente de perro de Jibacoa con jeans y botas ortopédicas y no con los bikinis y chancletas conque iban las hijas de los amigos de mi familia con quienes compartíamos.

Por mucho tiempo me parecieron absurdas tantas restricciones, hasta que al fin las identifiqué con rezagos de buenas costumbres que mi familia materna se empecinaba en mantener, a pesar de la debacle circundante que hizo de los rolos, según Lillian Guerra (2012, Visions of Power in Cuba), un “fashion statement” en los años 1960s de modo que, cuando en 1967 comenzaron a escasear, las mujeres recurrieron a tubos de cartón de papel sanitario.

Volviendo a las buenas costumbres, una de las entrevistadas por Guerra cuenta que las mujeres muy educadas no solían llevar rolos en público y que nunca se vería a Celia Sánchez o a Vilma Espín usarlos.

En cuanto a la escasez de rolos, recuerdo el torniquete que se hacía mi mamá para dormir en los 1980s, el mismo que se ha estado haciendo hasta el año pasado en que le regalé una plancha para alisar el pelo. Siempre se lo sostuvo, en el medio de la cabeza, con el tubo de cartón de una caja de talco, gracias a la cual su pelo se ha mantenido lacio.

libretas de racionamiento

Libreta de racionamiento de productos industriales. Imagen tomada de internet.

Libreta de racionamiento de productos industriales. Imagen tomada de internet.

Libreta de racionamiento de productos industriales. Imagen tomada de internet.

Libreta de racionamiento de productos industriales. Imagen tomada de internet.

La libreta de abastecimiento representa la “actitud de la espera” que, según Rafael Rojas, define al totalitarismo cubano (El arte de la espera: Notas al margen de la política cubana. Madrid: Colibrí, 1998). Todos los cubanos, desafectos y entusiastas, de orígenes burgueses y modestos, jóvenes y viejos, del campo y de la ciudad, han estructurado en algún momento su cotidianidad, desde 1962, según los ritmos de la novena de carne, el turno para adquirir los tres juguetes del año, y la alternancia con la cola del plan jaba. Sobre el lado más visible, e individual, del sistema de racionamiento cubano dicen algunos sitios y autores:

The new rationing booklet distributed in the second half of 1973 remained unchanged as far as food was concerned, but introduced significant modifications in manufactured goods. Many of the latter were freed from rationing (“liberados”) and could be bought even when travelling to the interior; among them: film, still and motion-picture cameras, projectors, record players, parts for bicycle and kitchen appliances, coffee sets and crystal cups, silver wedding rings, stationary, plastic shoes and slippers, deodorants, and some cosmetics and perfumes (including brands with such exotic names as “Red Moscow” and “Bulgarian Rose”). A number of goods were put on limited distribution. Two or three times a year each consumer has the option to one or more of the following: toothbrushes, handkerchiefs, socks and stockings, underwear, slacks, pajamas, rubber shoes, raincoats, swimsuits, threads, cream cleansers, pots and pans, irons, meat grinders, hoses, and selected furniture. Hotel and vacation resorts were provided with convenient, freed goods such as swimsuits, lifesavers, sunglasses, cosmetics, and stationary. Some twenty manufactured goods remained strictly rationed such as pants, shirts, dresses, skirts, blouses, leather shoes, and fabrics. To facilitate buying, each member of the family received a booklet allowing direct purchases, certain goods (such as toys at Christmas time) were to be sold by appointment to avoid long queues, and specialized stores (e.g., for infants) were opened. (Mesa-Lago 1978:43. 1978. Cuba in the 1970s: Pragmatism and Institutionalization, revised edition. Albuquerque: University of New Mexico Press)

Y en Cubanet:

…La cartilla se ha convertido en un documento que forma parte inseparable de cada familia, a tal punto que a cualquier cubano humilde, principalmente del amplio sector de la tercera edad, le preocupa más la pérdida de la cartilla que la de su documento de identidad. Porque no solo se siente parcialmente protegido en sus necesidades de consumo, sino que ésta ha propiciado todo un mecanismo de trueques ideados por la creatividad popular para suplir otras carencias. De esta manera, los productos asignados que algún miembro de la familia no consume son utilizados para intercambiarlos o venderlos y así adquirir otros necesarios. Por demás, también se ha desarrollado un mercado subterráneo, tanto con la certificación ilegal de “dietas” con tarifas fijas como con los productos propiamente dichos, que escapa por completo al control de las autoridades, incapaces de cubrir las necesidades básicas de la población y de eliminar la corrupción que es fuente de subsistencia para la mayoría de los cubanos.

La cartilla además ha dado origen a nuevos vocablos y frases que algún día formarán parte del lexicón socialista que alguien habrá de escribir. Solo los nacidos y crecidos bajo un sistema que tiene el discutible mérito de haber sistematizado la miseria, sembrándola como si de una virtud se tratase en la conciencia de una parte significativa de sus víctimas, conocemos el significado de frases que, en buena lid, resultan ofensivas y humillantes para la dignidad de las personas. Quiénes, si no nosotros, sabrían interpretar el lenguaje cifrado de la pobreza estandarizada: plan jaba, pollo por pescado, pollo de población, picadillo de niño, pescado de dieta, lactoso y para viejitos, café mezclado, arroz adicional… ; o las ya desaparecidas picadillo extendido, carne rusa, fricandel, masa cárnica, perro sin tripa y otras lindezas por el estilo.

Libreta de racionamiento de productos alimenticios. Imagen tomada de internet.

Libreta de racionamiento de productos alimenticios. Imagen tomada de internet.

Libreta de racionamiento de productos alimenticios. Imagen tomada de internet.

Libreta de racionamiento de productos alimenticios. Imagen tomada de internet.

Ver también en Cuba Material libreta de racionamiento de productos industriales, libreta de racionamiento IIlibreta de racionamiento I y OFICODA.

Opus Habana: Dos rostros, dos estatuas habaneras

La República, en el Capitolio de La Habana. Imagen tomada de Havana Retro Cuba.

La República, en el Capitolio de La Habana. Imagen tomada de Havana Retro Cuba.

En Opus Habana: Dos rostros, dos estatuas habaneras:

La Universidad de La Habana, por ejemplo, una de las instituciones más antiguas y prestigiosas de su tipo en el continente, posee una verdadera joya escultórica y patrimonial, emplazada en la cima de la escalinata que conduce al Rectorado. Desde su colocación en este sitio, en 1927, el Alma Mater ha prevalecido indemne a toda clase de inclemencias y ha sido testigo de acontecimientos definitorios en el curso histórico del país. Con su rostro de madre bondadosa, ella recibe con los brazos abiertos a todos los hijos que deciden ligar su suerte a las vetustas construcciones que conforman el campus universitario.
De igual forma, el Capitolio, epicentro por excelencia, majestuoso edificio que marcó un hito en el decursar de la ingeniería civil de la pasada centuria —inaugurado en 1929 y por muchos años sede del Congreso—, está presidido por la colosal Estatua de la República, que se ubica en el Salón de los Pasos Perdidos, a escasa distancia del diamante que señaliza el kilómetro cero de las carreteras del país.
Sin embargo, transcurrido casi un siglo, y pese a que ambas obras de arte recorren el mundo en revistas, diccionarios, enciclopedias, souvenirs, guías de turismo…, todavía muchos desconocen que los rostros de estas diosas de imitación griega o romana estuvieron inspirados en dos hermosas criollas que fascinaron a  igual número de artistas foráneos. ¿Cómo se nombraron aquellas musas terrenales?; ¿quiénes fueron, y a qué núcleo social pertenecieron?; ¿por qué fueron elegidas para tales desempeños?; ¿trascendió semejante honor más allá del círculo familiar?; ¿cuál o cuáles damas posaron para los cuerpos de ambas esculturas? Partiendo de estas interrogantes, imbricadas mediante lazos casi invisibles, al menos para la esfera pública, este texto se propone reconstruir el apasionante itinerario y, hasta donde es posible,  despejar incógnitas, al tiempo que sugerir otros abordajes.

Leer el artículo.

CubaAhora: La lavadora rusa

Lavadora Aurika adaptada. Imagen tomada de Havana Times.

Lavadora Aurika adaptada. Imagen tomada de Havana Times.

En CubaAhora: La lavadora rusa:

La llamada obsolescencia programada nada tenía que ver con los equipos confeccionados en la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, como queda demostrado en Cuba.

Los “bolos” (así solían llamar a los soviéticos en su ausencia) fabrican feo, pero -se decía- las cosas son duras y no cambian los modelos todos los años, sino cada 10 o más.

También llamaban “rusos” a los equipos aunque fueran productos de cualquiera de las otras 15 repúblicas que componían la desintegrada unión.

Aunque en 2005 hubo cambio masivo de equipos electrodomésticos en la nación caribeña, hay quienes se aferraron a su refrigerador ruso y todavía los muestran con orgullo, proclamando que durarán más que los nuevos y no faltan quienes adquirieron los modernos y ahora lamentan haberse desprendido del made in URSS.

Recientemente me brindaron un batido de guayaba elaborado en un artefacto que a sus casi 40 años solo ha habido que sustituirle una pieza relacionada con la cuchilla  y el vaso plástico cambiado por otro fundido en aluminio.

Y por si fuera poco, mientras degustaba el frío líquido, apaciguaron el calor con un ventilador plástico marca Orbita que ha resistido los embates de dos generaciones de niños que lo han usado para toda clase de entretenimientos.

Todavía ruedan por las carreteras cubanas modelos de jeep de dos puertas y de cuatro con sus motores originales o en algunos casos remotorizados con otro de auto soviético Volga desde hace más de 30 años.

Hay un chiste: varios países llevaron un reloj a competir en tamaño, y ganó la URSS por ser el más pequeño, exacto y duradero, pero cuando notaron que un cable lo conectaba a un aparato gigantesco como el Hotel Habana Libre, el jurado indagó. La respuesta: Es la batería del relojito.

Pero, de todos los equipos, el más asombroso debe ser la lavadora marca Aurika cuya entrada a Cuba se registra en los años de mediados de la década de 1970 del siglo pasado, cuando las amas de casa se sintieron liberadas de una dura carga domestica con su auxilio.

Todavía las hay funcionando como siempre, es decir, las encienden en un lugar y la vibración las traslada a los sitios más insospechados, con un ruido ensordecedor y mojando toda la vivienda.

Después de tantos años, este equipo no deja de asombrar, pues algunas solo lavan, no secan porque el motor fue utilizado para confeccionar un potente ventilador capaz de lanzar una chorro de aire a más de 10 metros de distancia.

O quizás lo encuentre en una turbina para impulsar el agua, en una podadora de césped como la que usan en los jardines del Monumento a la Acción del Tren Blindado en Santa clara, o en el más increíble de los aparatos manufacturados por la ingeniosidad cubana.

Sin embargo, nadie en otro país que no sea Cuba, puede imaginar que lo inviten a una fiesta y a la hora de brindar la cerveza y asar el pernil de cerdo, convoquen a ubicarse alrededor de una lavadora rusa marca Aurika.

Como por arte de magia, levantan la tapa y extraen una botella de bebida congelada, y también una masa de carne congelada, pues han convertido la lavadora en una nevera.

breve historia de la distribución normada en Cuba

libreta racionamiento (2)

El 12 de marzo de 1962 fue publicada en la Gaceta Oficial de la República de Cuba la Ley 1015 mediante la cual quedaba constituida la Junta Nacional para la Distribución de los Abastecimientos.

Entre las atribuciones dadas a la entidad naciente estaban las dirigidas a proponer al Consejo de Ministros, la lista de artículos que por razones justificadas debían someterse al racionamiento local o nacional. Además, incluía las potestades para sugerir el régimen de distribución y las cantidades de cada producto a suministrar a la población. Fijar las fórmulas a emplear para el abastecimiento de las industrias privada y estatal, así como de la red comercial, gastronomía y otras, de los productos sujetos a control. La entidad formularía los mecanismos mediante los cuales se controlaría su ejecución; de los órganos estarles y populares que tomarían parte en cumplir lo dispuesto en las cuotas estipuladas para cada artículo sometido a limitaciones de consumo.

La Junta quedó integrada por un representante del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA), del Ministerio de Industrias (MININD), del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN), del Ministerio del Trabajo (MINTRAB), del Comité Ejecutivo de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). El 13 d amarzo de 1962 quedó constituida la Junta.

En su primera reunión este órgano, previa aprobación del Consejo de Ministros, dio a conocer los artículos de consumo sujetos a racionamiento en el territorio nacional, los estipulados para la Gran Habana y las normas fijadas para otras 25 grandes ciudades de la Isla. . . . (p.338)

También se otorgaron cuotas especiales para toda persona de avanzada edad, casos de enfermedad o necesidades de regímenes diferenciados de alimentación. . . . (p.339)

. . . Para la organización del racionamiento se instituyó una Libreta de Control de Abastecimiento que el MINCIN y la Dirección Nacional de los CDR, emitieron para ser entregada a cada cabeza de familia. El carácter de este documento fue afinado, con el tiempo pasó toda su verificación al MINCIN, creándose pro este organismo un Departamento que organizó por zonas en los municipios, secciones de control, para atender lo relacionado con las altas y bajas de los consumidores que se daban en cada núcleo familiar. Los hoteles, casas de huéspedes, fondas, hospitales, clínicas, escuelas con seminternado, etcétera, las atendió directamente el MINCIN.

. . . Quedaron fuera del racionamiento, entre otros muchos comestibles, las conservas de frutas y vegetales, embutidos y conservas cárnicas, azúcar, sal, pan y pastas alimenticias, café, dulces, bebidas, licores, refrescos, caramelos, derivados de los productos lácteos, etcétera. (p.340)

En 1963 son incorporados al racionamiento el calzado, algunas confecciones y otros conjuntos d productos industriales. Aparece, poco tiempo después, la llamada Libreta de Productos Industriales. El MINCIN crea las Oficinas de Control de Abastecimiento (OFICODA) que se encargan a nivel municipal de todo lo concerniente al papeleo burocrático que conlleva todo movimiento para incorporar, dar de baja en el Registro de Consumidores, incluidos los temporales por periodos que pueden oscilar entre uno y tres meses. (pp.340-1)

Para 1970, todos los productos, prácticamente, quedaron sometidos al control normado. Al mismo tiempo, los precios minoristas se mantuvieron congelados hasta inicios de la década de 1980. . . .

Entre 1971 y 1975, ante la acumulación de dinero en poder de la población que, según cálculos de la época rebasó los 4 000 millones de pesos, se llevó a cabo una política de saneamiento financiero con la introducción de un mercado paralelo de tabaco y bebidas a precios diferenciados, aunque manteniendo una cuota básica, la ampliación de los servicios gastronómicos, así como se procedió a estimular a los trabajadores con un sistema que se denominó distribución proletaria.

Esta distribución paralela consistió en otorgar a través de los sindicatos bonos para la adquisición de bienes como: televisores, radios, relojes, planchas, refrigeradores, batidoras, etcétera. Para optar por estos bienes el trabajador o empleado acumulaba un número determinado de méritos o deméritos, de acuerdo con los indicadores previamente determinados en el contexto de la organización sindical, por la emulación socialista.

Al recibirse, cada seis meses o un año por los centros de trabajo el número de artículos que serían objeto de adjudicación, las solicitudes se presentaban ante una comisión creada al efecto por el sindicato con representación de la administración. Los criterios para otorgar los bienes radicaban en el número de méritos cumulados por el obrero. Sólo podía solicitarse un artículo del conjunto de los ofertados, aunque esto sufrió variaciones en el tiempo.

A la vez, los sindicatos y las administraciones, de acuerdo con las prioridades estarles distribuían bonos para la compra de prendas de vestir, ropa de trabajo, calzado, etcétera. Tal como se hacía con los vestuarios de estudiantes y becarios. En el caso de estos últimos, en la beca, se les facilitaba la vestimenta, ropa de cama, artículos de uso personal, alimentación, etcétera, sin pago alguno. (p.341)

. . .

Vale distinguir que clasificaban como productos amparados en cupones anuales o semestrales, aquellos como calzado, prendas de vestir, confecciones, ropa interior, artículos de punto, etcétera, u otros objetos de uso duradero. En tanto, los agrupados en casillas comprendían a variantes que se le ofrecían al comprador, ya fueran artículos de mercería, quincalla, perfumería, etcétera, y que podían, en ocasiones, intercambiarse varias casillas por un objeto determinado o tener alternativas entre géneros. (p.345)

Tomado de Díaz Acosta, Julio C. 2010. “Consumo y distribución normada de alimentos y otros bienes.” Pp. 333-62 in Cincuenta años de la economía cubana, edited by Omar E. Pérez Villanueva. Havana: Ciencias Sociales.

libreta racionamiento productos industriales en cosasycasosdecuba

relojes Raketa

Reloj Raketa adquirido en Cuba y puesto a la venta en el 2012 en un sitio online de clasificados, por un precio de 30 CUCs.

Reloj Raketa adquirido en Cuba y puesto a la venta en el 2012 en un sitio online de clasificados, por un precio de 30 CUCs.

La fábrica de relojes Raketa fue la primera del mundo en fabricar relojes en una línea de producción completamente automatizada. En los años 1980s se había convertido en un complejo que tenía, ente esotras cosas, un centro médico, un estadio, campamentos de verano para los hijos de los 6 mil empleados de la fábrica. Con la caída del socialismo la fábrica quebró. Comenzaron entonces a comercializarse falsificaciones. De hecho, los relojes Raketa son unos de los pocos artículos de consumo soviéticos que han sido falsificados. (Información tomada de Made in the USSR: Unsung Icons of Soviet Design 2011, edited by Michael Idov)

Progreso Semanal: Una niñez muy feliz

Pelota. 1970s y 1980s. Imagen tomada de internet.

Pelota hecha en Cuba. 1970s y 1980s. Imagen tomada de internet.

En Progreso Semanal: Una niñez muy feliz:

Yo tuve una niñez muy feliz en Cuba, y lo siento mucho por aquellos que no la tuvieron. Yo fui pionero y eso no me causó trauma alguno. Todo lo contrario, me educó en el respeto a los símbolos patrios, a mi país.

Yo tuve que ir a la escuela siempre pelado, limpio, abotonado, con las tareas completas, libretas ordenadas. Yo tuve maestros estrictos pero amables y buenos. Tuve amigos, muchos amigos, que nos permitían tener interminables horas de juegos. Yo jugué al cuatro esquinas, la tacha, el pon, el quimbe y cuarta, al taco, al burrito 21, al come fango, a los escondidos, los pistoleros, el pega´o.

Yo toqué puertas en las noches, tiré huevos, puse alambres entre los canteros. Yo tuve muchas novias que nunca lo supieron pero que me hicieron muy feliz. Yo aprendí a hacer papalotes, chiringas, picuas; aprendí a hacerles los frenillos, a ponerle cuchilla en el rabo para la competencia. Yo tuve un guante de pelota marca Batos y una pelota de poli que era roja y blanca, también un bate que me regaló un pelotero pero que estaba astillado. Todo me duró una inmensidad.

Yo tuve un triciclo de rueditas macizas y una vez arrollé a mi abuelita porque se le fue la catalina. Yo tuve patines de hierro, una carriola china inmortal y veloz. Yo hice tacos con pomos de alcohol boricado relleno con trapos y quemada la punta para que no se salieran los trapos…rompí cristales con algún batazo incierto y fui regañado muchas veces por malcriadeces típicas de niño libre y despierto.

Yo tuve un hermano que me preparaba las cervatanas plásticas con mirillas hechas por él; que me engrasaba mis patines para poder ser yo el ganador; que me enseñó a trabajar la madera haciendo avioncitos pequeños a pura talla sin recurso alguno. Yo tuve siempre una madre y un padre a mi lado…siempre…nunca faltaron, nunca faltarán.

Yo tuve unas plataformas de charol y un jeans Levi’s rojo marrón que me mandó el tío que un día abandonó Cuba. Me los ponía con una manhattan que heredé de mi hermano que era de barcos y otra de betas naranjas y blancas.

Es bueno tener poco por que uno puede recordarlo todo, y añorarlo. La abundancia atenta contra la memoria, te hace frágil al olvido, evita que puedas contar historias.

Yo tuve mis cumpleaños siempre repletos de niños, tomando refresco blanco y esperando la rifa. Tuve un beisbolito que era un juego de beisbol de mesa, con él pasaba horas, días, y me sabía todas las reglas del béisbol…todas.

Yo fuí a todas las escuelas al campo y no me rajé en ninguna. Tuve miedo en algunos momentos pero aprendí a superarlo con el pasar del tiempo. Yo pasé horas acostado mirando a las estrellas, con un libro que describía las constelaciones; un libro de astronomía que me regaló mi amigo Jorge Luis. Yo aprendí a defenderme solo, a cuidar de mis alimentos, de mi maleta siempre abierta. Yo nunca fui bueno en combates por lo que el campo me enseñó la habilidad del convencimiento y terminé siendo siempre el chico protegido por los guapos del barrio: Amió, Julian, Tony…esos eran los jefes, y yo su guía espiritual.

Yo aprendí a cortar caña, a sembrar tabaco y recogerlo, aprendí tambien a dormir encima de los cujes resecos y polvorientos. Yo supe cómo trabajar la col, el tomate, la lechuga; aprendí a entender la naturaleza, a ser parte de ella, a refugiarme cuando era necesario y a disfrutarla cuando lo merecía.

Yo corría por las calles, me iba lejos de casa, horas enteras, era libre, muy libre; nunca sentí miedo de la lejanía. Yo nunca tuve un amigo raptado, violado, con problemas de violencia doméstica.

Yo me iba solo con 12 años para la playa todo un fin de semana, con amigos claro está; era la época de la cacería de chicas, la pubertad entretenedora y dislocante de la adolescencia. Yo nunca supe qué era la marihuana, el crack, la heroína. Mi español se enriqueció en el exilio.

Yo nunca vi a mis padres pelear, por el contrario, mi hogar fue un hogar de fiestas constantes, de visitas inoportunas, de dominó, de guateque, de casino…luego lo fué (por mi hermano mayor) de rock and roll y trova. Yo me levantaba los domingos esperando ansioso el plan de la calle, eran domingos felices, alegres.

Yo tuve un papá que muchas veces me despertó en la madrugada para irnos a pescar y que no era más que un pretexto para estar a mi lado, para rellenar esos días de semana en que llegaba tarde del trabajo y no tenía tiempo para mí.

Yo inauguré el palacio de los pioneros Ernesto Guevara; trabajaba en la sección de video y edición, aunque tuve que ser camarógrafo. Yo pasaba horas pintando y nunca guardé una de mis pinturas… Lo hacía con un lapiz HB, no había otro. Pintaba rostros y competía con mi amigo Tonito a ver quién tenía la letra mas bonita.

Yo sentí amor siempre, sentí compañerismo, no recuerdo ningún sufrimiento, no recuerdo a alguien hablando de odio y de venganza. Yo fui muy feliz cuando niño…tan feliz que hoy puedo, cada día, dormir a mis hijos con una historia diferente de mi niñez; historias que ellos me piden ansiosos antes de ir al sueño. Yo no puedo odiar entonces; no puedo ser cruel, no puedo ser vil; yo solo puedo hacer felices a quienes me rodean porque no tengo otra cosa en mi interior que paz y lindos recuerdos.

h/t: Sandra Álvarez, la negra cubana.

entrevista a Gladys Egües, periodista de la revista Mujeres

imagenes de la cuba de hoy

De Gladys Egües, periodista de la revista Mujeres, dice La Jiribilla:

Si alguien quiere contar la historia de la revista Mujeres, no podrá jamás dejar de interrogar a esta mujer. Sus criterios, aderezados además por un impresionante conocimiento de nuestras historias culturales, porque las ha vivido de cerca, incluso algunas de las que no se habla comúnmente, son invaluables. Si, además, se revisa la nómina de la Editorial de la Mujer en labores como la orientación de la cultura del vestir y la imagen personal, consejos para el hogar y hasta observaciones para simplemente transmitir y asentar una mejor educación, en las páginas de no pocos libros y en todas las revistas, estará esta periodista.

Y esto es lo que conversaron:

¿Por qué llegas a la Editorial de la Mujer?

Vengo de la revista Romances. Comencé en agosto de 1973. Esa publicación era de prensa independiente, eran Ellas y Romances, con capital cubano. De esas revistas, de buen desempeño en la década de los 50, se mantuvo Romances. En honor a Ellas, fundada en la década de los 30, se nombró Ellas en romances. No soy fundadora del primer equipo después del triunfo de la Revolución, sino de la tercera hornada. Y al final, Romances se une a la Editorial de la Mujer el 18 de enero de 1978, cuando se decide que toda la prensa femenina sea dirigida y orientada bajo la égida de la Federación de Mujeres Cubanas.

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Sin embargo, andando las cosas, desde muy joven, desde mis primeras tareas con la Revolución siempre tuve conceptos muy claros de mi identidad, de la situación de lo que significa ser caribeña y ser cubana. Entonces, lo primero que descubrí al empezar a manejar estos asuntos, al hojear las revistas, era que se intentaba, con mujeres blancas, hacer maniquíes mestizas. También me parecía que le faltaba un poco de ciudad, un poco de tranquilidad, un modo diferente de ver la forma, el vestir, la imagen personal de la gente.

A la sazón, voy  a casa de la pintora Antonia Eiriz a hacer un trabajo. Por entonces, Antonia había comenzado una serie de proyectos, las primeras bisuterías en papier maché y todo aquella labor comunitaria que se iniciaba. Se me ocurrió que una colega mía, mestiza, casi negra, fuera la maniquí de aquel trabajo. Se publicó enRomances y me fascinó extraordinariamente. A partir de entonces comencé mis pininos, me acerqué a ver lo que hacían las personas que más conocían en esos temas: Yara Luisa González, Silvia Bota… Unido a eso, como periodista comencé a cubrir los sectores de la Industria Ligera y Comercio Interior. Me ligué mucho al tabloide Opina que editaba el Ministerio de Comercio Interior. Allí conocí a los últimos publicistas que quedaban en el país; me adentré en ese mundo de la imagen, de la publicidad, del marketing.

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Siempre hubo cosas, desde un principio, que me chocaban un poco pero no sabía analizarlas ni verlas. Pero tuve la suerte de conocer a las personas que desde los años 60 y 70 empezaron a determinar en el vestuario en Cuba. Manolo, Rafael de León, a quien tanto le tengo que agradecer; Agustín; el Centro de la Moda de la Federación de Mujeres Cubanas, que creo que ocupó un espacio trascendente.

Por ejemplo, iba a Matanzas, al Festival del Carbón, traía a las niñas carboneras, ya comenzaban a haber problemas de la imagen, y las vestían. Pasó con las muchachas que manejaban los tractores Piccolinos, las piccolineras, en los años 68 y 69, y se les hacían ropas especiales para ellas. Ese Centro de la FMC tuvo un papel preponderante para cambiar las concepciones de la imagen. Y todo ese mundo nuevo que estaba comenzando, que estaba tratando de hacer rompimientos, donde había todavía muchas cosas por definir, donde se usaron las primeras maniquíes negras… me fue atrapando, y cuando ya pasé a la Editorial de la Mujer, seguí tratando los temas de las tareas y asuntos del hogar.

Una vez creada la Editorial de la Mujer, seguiste profundizando en esos temas. ¿Ya tenías secciones fijas desde entonces?

Desde Romances ya atendía secciones como Gavetero, Secretos, varias secciones que se implementaron luego en las revistas Mujeres y Muchacha. De Muchachahay que decir dos cosas: soy del grupo que inició esta publicación. Y de ella hay que decir que jugó un papel muy determinante en las formas del vestir, porque rompió con la imagen del maniquí tradicional. Se trajeron a las niñas de su casa, a las jovencitas de toda Cuba, con sus ropas, coordinando su imagen y viendo cómo instruir a la población para lograr una apariencia equilibrada y bonita con lo que se tenía en el escaparate. Creo que esa década de los 80 fue un momento muy importante, y puedo asegurarte que se logró algo dentro de nuestro país.

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¿Te ha pasado que se menosprecie tu trabajo, por considerarlo un tema menor, poco trascendente para las academias?

Soy una periodista de temas menores. Nunca seré una periodista multipremiada.

¿Pero lo crees así o es tu percepción del pensar de los otros?

Lo siento así, sencillamente, lo siento. Incluso, entre mis propios compañeros, si se va a dar un premio, casi nunca se me tiene en cuenta, pues la moda no es más que un concepto, un conglomerado. Pero hasta las cosas mínimas que hace el diseñador pasan por delante de mis ojos porque yo sí defino lo que va a salir en mis páginas, lo acomodo. Puede tener un aderezo, puede tener una visión o puede ser completado por otra mirada, por supuesto, pero debe partir primero de mi punto de vista en líneas generales.

Te voy a poner un ejemplo. El libro Mil ideas tiene por dos años consecutivos uno de los más altos lugares en ventas en todas las provincias. Pero no es trascendente, porque no es el libro de un gran escritor, porque no es un tema que vaya a definir absolutamente nada.

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Desde ese aprendizaje sobre la marcha, ¿cómo resolviste el posible antagonismo moda versus perspectiva de género?

Se fue definiendo, se fue decantando por sí mismo. Hay un asunto que siempre hemos tenido muy claro. Como en Cuba no hay revistas o publicaciones de algún tipo, especializadas en vestuario, pues hay que tratarlo dentro de la prensa femenina. Y han sido tan bien tratados estos temas que, en la década de los 80, los soviéticos querían comprarnos 20 mil revistas mensuales, de Mujeres y deMuchacha. En México querían comprar ambas publicaciones, como diez mil revistas, por el modo en que nosotros tratábamos esas temáticas.

Eso, sin papel cromo, sin computadoras, hecho todo a mano, por los métodos antiguos de cortar y pegar figuritas, con rotativa, dibujando sobre fotos… Sin embargo, tanto para la Unión Soviética, como para México o para Canadá, que también se interesaban, con ese mismo papel malo y todo, era un producto muy interesante. Algo diferente.

Para cualquier feminista debe ser evidente el tratamiento distinto que se le da a la cultura del vestir en nuestra revista. Quizá se nos carga un poco la mano en la orientación. Pero es que aquí no se trata de vender nada, ni de un asunto comercial, ni de imponer qué se usa o no. El objetivo es orientar a las personas para que sepan cómo equilibrar mejor su imagen, cómo cuidar su salud y cómo, a partir de su cuerpo gordo, bajito, delgado, puedan lucir mejor. Y hasta el un poco mejor puede ser una trampa. Digo, un poco mejor, pero me refiero al estilo quizá más convencional. Es decir, tener un porte más elegante, vestirse en función de cada hora o de cada lugar, de qué te funciona según tu físico, cómo esconder grasitas… No hemos avanzado lo suficiente como para decir que una mujer gruesa, rumbosa con la barriga afuera, sea algo bello. Me parece que es algo de mal gusto. Como mismo, una flaca, rumbosa y con la barriga afuera es de mal gusto; ambas cosas.

Leer toda la entrevista en La Jiribila.

Carnaval de La Habana

Sobre de 1980. Foto 2013. Cortesía de Juan García.

Sobre de papel para golosinas o serpentinas. Posiblemente de los años 1980. Foto 2013. Cortesía de Juan García.

Los carnavales que conocí se celebraban a finales de julio, pero hubo épocas en que fueron en febrero o en mayo. Fue en los años 1960s en que se trasladaron a julio para hacerlos coincidir con los tres días de celebración nacional que el estado decretó en conmemoración al asalto al cuartel Moncada en 1953. Según mis abuelos maternos, los carnavales eran una ordinariez y jamás los vi poner un pie cerca del Malecón por esas fechas. A mi papá, sin embargo, le encantaban y nos llevaba a mi hermana y a mí casi todas las tardes. Lo que más me gustaba de los carnavales eran las serpentinas, pero también disfrutaba mucho de los panes con lechón, los enchilados de muelas de cangrejo, y las carrozas. Hacia finales de los años 1980s comencé a ir sola, con mis amigos del preuniversitario. A veces conseguíamos entradas para la tribuna, un espacio “exclusivo,” al cual sólo se podía acceder mediante invitación, frente al Hotel Nacional, donde abundaba la comida y la cerveza fría, aunque los baños improvisados olían tan mal como los de cualquier esquina del por esas fechas concurridísimo Malecón. Cuando no podía conseguir entradas para la tribuna, merodeaba por los alrededores de la Fuente de la Juventud, lugar de concurrencia de quienes comulgaban con la estética rockera.

El primer Carnaval Socialista se celebró en Febrero de 1962, y fue planeado por los funcionarios del Instituto Nacional de Cultura con el fin de erradicar “los falsos conceptos” carnavalescos heredados del capitalismo, así como para estimular la interacción de blancos y negros dentro de marcos institucionales controlados (Guerra 2012:157). Según Lillian Guerra, los flyers promocionales insistían en la espontánea concurrencia habiéndose ya, sin embargo, seleccionado quienes asistirían a esta fiesta.

En 1964 se incorporó como requisito para ser elegido estrella o lucero del carnaval las cualidades revolucionarias. Las ganadoras de los concursos de belleza realizados entre 1968 y 1971 fueron coronadas “Estrellas de la Cosecha,” cada una en representación de un cultivo diferente (entre ellos el café y los cítricos). La escritora norteamericana feminista, por entonces residente en Cuba, Margaret Randall fue jurado del concurso de 1970. (Guerra 2012)

Ver también en Cuba Material carnavales y pergas y serpentinas, y en Por el ojo de la aguja Carnaval de La Habana, otra tradición perdida.

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