Cuban Heritage Collection: Scholar Spotlight: Alexis Baldacci

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El año pasado me entrevisté con Alexis Baldacci, quien por entonces se encontraba revisando la Cuban Heritage Collection (CHC) de la Universidad de Miami, gracias a la beca que otorga la misma para los doctorandos de universidades norteamericanas. Me comentó entonces que pensaba trabajar en su tesis doctoral el tema de la cultura material en la Cuba revolucionaria, en la que posiblemente, entre otras cosas, hablaría sobre la alimentación y la cocina. Comparto fragmentos del reporte que Baldacci escribió, una vez concluida su estancia en la CHC, pues puede ser de interés a muchos lectores de Cuba Material.

En el blog de la Cuban Heritage Collection: Scholar Spotlight: Alexis Baldacci:

It would be impossible to detail all of the sources that I consulted at the CHC – which ranged from cookbooks to fashion magazines – in the limited space available to me. Instead, I will focus on two collections that were especially rich for my purposes. The first, the Burdsall Papers, is a collection of letters exchanged between Lorna Burdsall, an American dancer who married a Cuban revolutionary and lived on the island from 1955 until her death in 2010, and her family, for the most part located in the United States. The Burdsall Papers span the entire three decades that I am interested in, and form a particularly unique window into revolutionary Cuba for two key reasons. The first is that the Burdsalls were from the United States. This led Lorna and the family members that visited her in Cuba to write their letters with an eye toward their American audience, explaining things in great detail that many Cubans would have taken for granted or expected their audience to be familiar with. The second is that Burdsall was married to Manuel Piniero, a high-ranking Cuban intelligence officer, which granted her privileged opportunities to receive packages from the United States through the Ministry of Exterior Relations and to travel abroad and purchase goods unavailable in Cuba, despite the travel restrictions placed on the greater populace. Burdsall’s letters are a fascinating window into both scarcity and privilege, and the benefits that she received through her husband’s political position cast doubt on the sincerity of Cuban officials’ efforts to build a classless society.

The second collection that was especially useful for my purposes was the Jose Lezama Lima Papers. The often beautiful letters that Lezama Lima wrote to his sisters in Florida clearly reveal preoccupations with scarcity and the changes that it wrought on everyday life in Cuba; however, his concerns are quite different from Burdsall’s, throwing her privileged lifestyle further into relief. Lezama Lima’s discussions of the colas and line culture provide especially interesting insights into the stress that everyday tasks, such as waiting in lines to pick up the dry cleaning or buy groceries, put on the elderly and infirm.

H/T: Ariana Hernández-Reguant.

película de fotografía ORWO

Foto 2014, cortesía de Pepe Menéndez.

Estuche de película ORWO. Foto 2014, cortesía de Pepe Menéndez.

Tengo muchas fotos hechas por mi abuelo. Las tomara él mismo o mis padres, siempre las revelaba e imprimía él. Algunas, a finales de los años 1980s, las tomamos mis amigos y yo. Éstas las llevábamos a revelar al estudio fotográfico de 12 y 23, pues a mi abuelo le escaseaban para entonces la química y el papel, y sospecho además que no estábamos muy interesados en dárselas a él. Unas y otras fueron hechas con películas ORWO, marca producida en la antigua RDA. Por mucho tiempo, una gran parte de mi vida, solo conocí esa marca de películas de fotografía.

Limpiando la barbacoa que mi abuelo construyó hace muchos años para utilizar como closet de desahogo, me encontré un montón de carretes vacíos. Mi amigo Pepe Menéndez conserva aún uno sin utilizar.

Foto 2014, cortesía de Pepe Menéndez.

Estuche de película ORWO. Foto 2014, cortesía de Pepe Menéndez.

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Carretes de película ORWO. Foto 2014.

Foto 2013.

Estuche para negativos ORWO. Foto 2013.

Instrucciones, películas ORWO.

Instrucciones, películas ORWO.

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Recorte de Magacía. 6 de mayo de 1977.

Recorte de Magacín, 6 de mayo de 1977.

OnCuba: Una casa, algunos mitos y muchas guayaberas

Nati Abascal entallándose un vestido guayabera en La Maison. 1980s.

Nati Abascal en La Maison entallándose un vestido guayabera con bordado Richelieu. La Habana, 1980s.

En OnCubaUna casa, algunos mitos y muchas guayaberas:

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Desde que el gobierno cubano estableciera en el año 2010 la guayabera como prenda oficial en ceremonias diplomáticas mediante el Decreto-Ley No. 279, la prenda ha adquirido más relevancia. Incluso antes. Actualmente se puede hablar de su retorno a la moda de la Isla, en mayor cantidad de diseños y variantes, aunque a precios elevados. Para develar algunos misterios de su origen y su presencia en la sociedad cubana, OnCuba conversó con Carlos Figueroa, director de la Casa de la Guayabera de Sancti Spíritus.

“La guayabera ha sido objeto de mucho estudio y la historia que la rodea está llena de mitos. Absolutamente todas las referencias históricas de principios del siglo XVIII hablan del famoso cuento del matrimonio andaluz de José Pérez Rodríguez (Joselito) y Encarnación Núñez García, que se asentó a orillas del Río Yayabo y en la que el marido le pidió a la esposa que le cosiera una camisa holgada y cómoda para guardar las herramientas de trabajo. Digamos que ese es el antecedente más antiguo.

“A mí todo eso me parece muy raro. O sea, que hubiese alguien anotando, a inicios del siglo XVIII, este tipo de cosas. Pero ese es el punto de partida que se conoce hasta hoy, y después de eso hay un salto en la historia hasta finales del siglo XIX. Estamos hablando de casi cien años o más sin una mención a la guayabera.

“También se habla de unas décimas de El Cucalambé, de principios del siglo XIX, que las refiere todo el mundo. Digamos que tanto el cuento de Joselito y Encarnación como las décimas de El Cucalambé, son las evidencias mitológicas más fuertes que hay. El Cucalambé nunca pudo escribir estas décimas, porque desaparece en 1862 y la Guerra de Independencia comienza en 1868 y en las décimas se habla de los mambises. De pronto aparecieron fotos y trataron de demostrar que los mambises las usaban, pero no fue así, ellos usaban chamarretas, parecidas a las españolas.

¿Cuándo aparece una evidencia más seria del uso de la prenda?

La gran explosión es a finales del siglo XIX con la conclusión de la guerra, porque si uno busca en la historia, todos los veteranos de la Guerra de Independencia en Cuba se identifican vestidos de guayabera.

Se ha hablado de que Marcos García —anexionista espirituano—, alrededor de 1890 convoca a una reunión contra España en el teatro de Sancti Spíritus y que todos los participantes se vistieron de guayabera, pero no hay evidencia gráfica, aunque sí en la prensa de la época, sobre todo el uso del vocablo guayabera, (corruptela de yayabera, el nombre original).

Ella tuvo además variables dependiendo de la zona, por ejemplo se le ha llamado camagüeyana, o trochana, por la Trocha de Júcaro a Morón en Ciego de Ávila. En La Habana se le dice guayabana a un modelo específico de guayabera, que no lleva bolsillos arriba, solo dos en la parte de abajo.

¿Entonces se defiende el origen espirituano de la guayabera?

No hay ninguna evidencia que diga que la guayabera es espirituana, pero no hay ninguna que lo contradiga. Todo el mundo dice que lo es, de eso no cabe la menor duda.

Lo cierto es que aquí se dinamizó y se apropió la gente de su uso. De hecho el fabricante más importante llamado Rey de las Guayaberas en Cuba fue Ramón Puig, natural de Zaza del Medio en Sancti Spíritus, que emigró a Estados Unidos después de la Revolución y montó en la Calle 8 de Miami su famosa Casa de las Guayaberas donde siguió cortando hasta el año pasado, cuando murió a los 93 años de edad.

¿Qué no puede faltar en una guayabera para hacerla lo que es?

Las alforzas, para mí son clave, el uso del botón (una guayabera lleva más de 25 botones), y un elemento importante, muy discutido, pero a mi juicio muy acertado: la guayabera cubana lleva cinco juegos de alforzas y todas comienzan y terminan en forma de triángulo con un botón, y la lectura semiótica es que simboliza a nuestra bandera. Además la guayabera cubana debe ser blanca y llevar entre 27 y 29 botones, en dependencia de si es de mangas largas o cortas.

Continuar leyendo.

La Jornada: Dinorah, la bordadora de Fidel

Imagen tomada de internet.

Imagen tomada de internet.

En La Jornada: Dinorah, la bordadora de Fidel:

El nombre que aparece en su carné de identidad es Lucía Lucinda Betancourt Montenegro, pero para “su familia, sus íntimos y El Jefe” ha sido toda la vida “Dinorah, la bordadora”. Tiene 83 años cumplidos, de los cuales lleva más de 50 bordando los grados de Comandante en el uniforme verde olivo de Fidel Castro -“y en la camisa de hilo que él usaba por debajo del uniforme”, aclara.

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“En 1960 llegó a mi casa un escolta de Fidel. Alguien le había dado una referencia de nosotras, porque mi hermana y yo aprendimos el oficio de mi madre, y con eso nos ganábamos la vida. Él traía un uniforme y me pidió que le bordara los grados de Comandante. Yo no era nadie; qué honor”, se emociona.

En aquel momento el dibujo sólo contemplaba el rombo rojo y negro, con la estrella blanca en el centro, que comenzó a llevar al Triunfo de la Revolución. “Años después, al dibujo original se le incorporaron las dos ramitas. A mí me lo traían trazado en el uniforme, pero no siempre la línea estaba bien hecha”, admite. Su hermana Raquel tercia en la conversación: “Muchas veces la estrella venía con las puntas de diferentes tamaños, y para Dinorah todo tiene que ser perfecto.… Y es la campeona en estrellas.”

Si el rombo de Comandante con sus ramitas se distingue no es sólo por la precisión de este bordado, sino por la superficie exacta y colorida. “Utilizo hilo de algodón 50 mercerizado, que da ese acabado brillante” –explica-. Por supuesto que hay pocas actividades creativas menos instantáneas que el bordado: este tarda tres horas en armar a golpe de pespunte y punto de pasado, que se trabaja siempre con un mismo movimiento de derecha a izquierda con puntadas verticales. “A veces llegaban y me decían: ¡Esto es para ayer. El Comandante se va de viaje mañana!, y yo me quedaba bordando hasta la madrugada.”

En 1986, la bordadora se jubiló, pero siguió en la casa hilando los grados de Fidel, y luego los de Raúl Castro. Raquel apunta otro dato: los bordados de Dinorah han ido hasta el cosmos. “Sí, bordó toda la ropa de Arnaldo Tamayo (el primer cubano que voló al espacio, el 18 de septiembre de 1980, en la Soyuz 38). Esas banderitas cubanas que vimos en la televisión eran de Dinorah”.

Dinorah vio a Fidel frente a frente solo en una ocasión. Ocurrió en 1994, cuando se le entregó un diploma a los empleados de Palacio que llevaban más de 30 años de trabajo junto al Comandante. “El me dio el diploma, tengo la foto”, sonríe. “Una vez me enfermé y no pude trabajar los grados. Pensé: ‘ni sabe quién yo soy, no importa, otra compañera lo hará por mí’. Una persona me contó que había entrado a una reunión, y oyó cuando él dijo: ‘Esto no me lo bordó Dinorah’. ¡Qué lindo! Él sí lo sabía, él sabe quién es Dinorah, la bordadora”.

H/T Cubadebate.

adornos domésticos de la República Popular China

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Adorno chino que se supone representa el Buda de la abundancia, adquirido en los años 1960s como habilitación de boda. Foto 2014, cortesía de Mirta Martínez.

Ahora que se conmemora otro aniversario de la operación militar soviética en Checoslovaquia que puso fin, en 1968, a los intentos de reformas al socialismo de estado en ese país, trayendo esta efemérides una vez más a relucir el no menos deleznable apoyo de Cuba a dicha intervención, entendiéndose éste como parteaguas que marcó la alineación de la política exterior cubana con el Bloque del Este y, sobre todo, con la URSS, quiero dejar constancia en este archivo de algunos de los objetos que, anteriores a este evento, representan el temprano acercamiento político de la revolución cubana con un socialismo de corte maoísta. Dichos objetos dan cuenta de los intersticios por lo que la geopolítica, más que insinuarse, penetró en la restringida y nunca más privada esfera del espacio doméstico cubano. Puede verse en ellos cómo, con el cese de la importación de bienes de consumo norteamericanos, en los hogares cubanos aparecieron búcaros, ornamentos, y pequeñas piezas de mobiliario procedentes de la por entonces aliada República Popular China. Gracias a su elaborada confección y, me atrevo a decir, estética foránea, muchas de estas piezas aún ocupan un lugar de privilegio en los hogares cubanos.

Jarrón chino de los años 1960s adquirido como habilitación de boda. Cortesía de Mirta Martínez.

Jarrón chino de los años 1960s adquirido como habilitación de boda. Foto 2014, cortesía de Mirta Martínez.

Baúl chino adquirido en los años 1960s. Foto 2014, cortesía de Ángela Rojas.

Baúl chino adquirido en los años 1960s. Foto 2014, cortesía de Ángela Rojas.

un bordado para cada república socialista

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Entre las revistas de moda y los recortes de revista relacionados con la moda y la costura que mi mama ha guardado, encontré esta hoja, contraportada de alguna publicación de la editorial Gente Nueva de los años 1980s. En el reverso de la contraportada se ofrecen instrucciones para confeccionar muñecos de papel, adornados con los trajes típicos de los principales países que, por entonces, practicaban el socialismo de estado.

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pasarela ReciclArte, Fábrica de Arte Cubano

 

En el mes de julio tuvo lugar en la Fábrica de Arte Cubano, lugar que, como me anunció una amiga, es el Pabellón Cuba de ahora, la 1ra Muestra de Diseño Contemporáneo. Asistí a la presentación de la colección de Vanda, profesora del Instituto Superior de Diseño Indsutrial (ISDI), titulada ReciclArte. Además de filmar el corto promocional conque entretuvieron a la audiencia mientras las modelos se preparaban, tomé algunas fotos del desfile. En la página de Facebook de la Fábrica de Arte encontrarán más imágenes.

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carné de pesca deportiva

Carné de pesca deportiva. 1986.

Carné de pesca deportiva. 1986.

Cuando mi abuelo solicitó el carné de pesca deportiva llevaba muchos años realizándolo. Le escuché decir entonces que, sin él, la ley le prohibía salir a pescar en embarcación alguna, aunque parece ser que infringía la ley mi abuelo cuando lanzaba la pita o el nylon desde tierra, sin el correspondiente carné. Escuché también que, para otorgarlo, los candidatos pasaban estrictos procesos de verificación política con los que se pretendía evitar el darle una coartada a quienes en realidad se proponían abandonar el país. No sé cuánto tiempo duró dicho proceso. En el 86 mi abuelo tuvo el suyo. No sé si alguna vez salió a pescar en una embarcación, pero le gustaba imaginarse que lo haría. Entre tanto, algunos fines de semana se iba con sus avíos y sus nietas a pescar a la Jijiga, después de Santa Cruz.

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Fin de Siglo, documental

 

Documental de 1992, realizado por Madelin Waterlet y Simon Saleski.

H/T: Walfrido Dorta.

uniformes para las escuelas en el campo y el Destacamento Pedagógico

 

Fragmento de un documental sobre el proceso de selección del nuevo modelo de uniformes para los alumnos de las Escuelas Secundarias Básicas en el Campo y los miembros del Destacamento Pedagógico, en 1972. Los dos modelos de uniformes diseñados fueron sometidos a votación, narra el locutor en off, ante 5,723 estudiantes becados y 816 miembros de Destacamento Pedagógico. Llama la atención cómo la minifalda, anatematizada en los años 1960s, es ahora incorporada en el uniforme escolar.

Gracias a Ernesto Oroza por el enlace.

Ver también uniformes escolares.

Swing y jabones rusos, por Pepeluí

Botas militares soviéticas. 1980s.

Botas militares soviéticas. 1980s.

Texto enviado por un lector:

Swing y jabones rusos. Breve apunte sobre las guerras culturales en los setenta.

A escasos dos meses de mi cumpleaños número doce me llevaron a Santa Clara en un cromado ómnibus Skoda y me soltaron en medio del polígono en una mañana brillante y verde azul de 1974. Recuerdo el mar de cabezas oscuras, la bulla, los bultos en la hierba, la sensación extraña de saberme separado de mi familia por quién sabe cuánto tiempo. “Si vas para los Camilitos ya lo sabes, no te puedes rajar. “A ver si no te rajas”. Fulano “se rajó”. Rajarse, la peor ofensa, la muda admisión de que uno no tiene lo que hay que tener para aguantar la candela. Y no rajarse. No hay dudas en mi mente de que ese era el mantra entonces. “No nos podemos rajar, caballero” decíamos buscando confirmación en el otro, acentuando que sin importar lo que viniera nada podría ser peor que la defección y volver a casa en escarnio y a la burla de los socios. “Te rajaste, chama, te rajaste”.

La Escuela Militar Camilo Cienfuegos, también conocida como los Camilitos de Santa Clara estaba en el kilómetro once de la carretera a Camajuaní y las instalaciones después pasarían a ser parte de la facultad de ciencias Agropecuarias de la Universidad Central de Las Villas “Marta Abreu” a donde por esas cosas de la vida, volvería yo en 1980 como estudiante de ingeniería. El sitio estaba concebido como una pequeña ciudad escolar con calles, señales de tráfico, cinco bloques de albergues: tres para estudiantes masculinos y dos bloques de hembras, lógicamente más asediados que Nínive por la horda macha rebosando en hormonas; trulla de voraces, pendencieros muchachos hombreando a cómo se pudiera.

El primer día nos dieron un cartón largo que se doblaba como en cuatro partes y nos explicaron que ese era la tarjeta de inventario para los objetos de aseo personal, uniformes y eso. Para asearnos nos dieron: cuatro jabones de baño rusos, un tubo de pasta Perla, dos jabones de lavar Batey, chancletas plásticas y una toalla. Para vestirnos nos dieron: dos overoles verde olivo, un par de botas Centauro, cuatro camisetas blancas, dos pulóveres de algodón blancos, cuatro pañuelos blancos, cuatro pares de medias de algodón y dos pares de medias de nylon negras, un quepis, un traje de gala con gorra de plato y un abrigo. El traje de gala había que usarlo para salir de pase o para asistir a actos oficiales. Recuerdo que la tela era de gabardina, muy incómoda y cuando se mojaba apestaba a pollo mojado, nada infrecuente cuando uno salía a pedir botella en la carretera central bajo un aguacero. La camisa era estilo “guapita” o sea había que ponérsela pasando el torso a través, como un pulóver y picaba mucho especialmente alrededor del cuello. Medio claustrofóbica la cabrona guapita aquella. Los botones eran escudos de la república en metal dorado. La gorra tenía una visera de charolita y algunos le ponían aceite para que brillara más. La gorra tenía también los mismos escuditos de metal dorado a ambos lados de la visera.

Las botas eran marca Centauro como dije y la gente competía a ver quién las hacía brillar más. Las botas más brillantes que he visto en mi vida las vi en los Camilitos de Santa Clara. Tinta primero, betún negro después, cepillo y mucho trapo. Luego betún blanco o brillador que le decían y más trapo, por horas a veces para pulirlas bien y hacer las botas brillar como charol. Los tacones eran otra cosa; lo bacán era cortar los tacones en forma cónica, “tacón joliwu” decían, y no acordonarlos completamente de modo que los bajos del bien planchado overol se metieran por dentro. Esto fue antes de la era del polyester que empezó en 1975.

El uniforme de las EMCC cambió en 1975 y también cambió el nombre de las escuelas que empezaron a llamarse Escuelas Vocacionales Militares Camilo Cienfuegos para ponerlas a la par de las otras vocacionales como la Che Guevara y la Lenin y les dijimos adiós al algodón para ponernos polyester. Casi todo el mundo saludó el cambio con entusiasmo pues los camilitos siempre estuvimos considerados como medio cuadrados, tirando a lo cheo. En aquellos tiempos de pelo largo, patillas y bigotes nosotros, con nuestros pelados bajitos y nuestro paso largo asimilado a bases de horas y horas de marchas y a-retaguardias, teníamos una notoria falta ‘e swing. Al menos los nuevos uniformes: camisa verde claro, pantalones verde oscuro y zapatos civiles nos acercaban mas al atuendo del resto de los becarios de la época.

Era los mediados de los setenta y era la época de Los Latinos y La Ritmo Oriental; Fleetwood Mac y los Eagles; Radio Liberación con Sorpresa y A la Veinte Horas; la WQAM y WGBS con las “escalas” a copiar durante los fines de semana y comparar el lunes de vuelta del pase. Era una época de polarización y rechazo por todo aquello que fuera oficial, nacional, u oliera a teque político. Posiciones en el escalafón del swing se otorgaban de acuerdo a diferencias raciales y geográficas, a menudo emparentadas. Por ejemplo la gente de Trinidad, Cruces, Casilda, Sagua, Zulueta, Corralillo eran cheos, generalmente de raza negra, identificados con la música cubana bailable y “rutineros”, esto es: pañuelo en mano con el que tocarse la cara a menudo se sudara o no, toneladas de colonia, y el caminao de rigor, cabeza ladeada y paso de muelle. Pachanga en Carlito’s way camina del mismo modo por si alguien necesita la referencia visual. Los pepillos, por lo general blancos estaban representados en primer lugar por la gente de Cienfuegos. Parece que el hecho de ser Cienfuegos una ciudad con un gran puerto comercial los ponía en contacto con lo último en materia de música y moda. Cuando nadie en Cuba oía a Queen y pocos a Led Zeppelin, los cienfuegueros se apearon con cassettes TDK de 90 conteniendo A Night at the Opera y Houses of the Holy y revistas con fotos de artista de pop y se aplastaban el pelo con brillantina sólida Fiesta para aparentar estar pelados de reglamento. Luego seguían la gente de Santa Clara, Santo Domingo, Caibarién y Fomento (cómo Fomento se convirtió en una potencia del swing rockero es para mí un misterio pero mis primeras copias de Frank Zappa y Yes vinieron de allí). Yo era de Cabaiguán y mis amigos y yo éramos habituales visitantes a “la casa de Brito”. Brito ponía música en quinces, bodas y descarguitas y no solamente tenía toda la música de Los Beatles y Stones sino que podía grabar de cassette a cassette. Nosotros en cambio le traíamos álbumes prestados por nuestros amigos de otros municipios y así creo yo es que se extendía, de mano en mano, el conocimiento y la avidez por conocer más de la cultura anglosajona en aquellos tiempos de tanta censura radial y de rechazo oficial por todo aquello que viniera “en inglés”. Incidentalmente cuando formamos nuestra primera banda, recuerdo que nos dejaron cantar Proud Mary con la condición de que fuera en español. Mary se convirtió así en María Orgullosa y la letra en español nos daba tanta risa que a veces había que parar hasta que recobráramos la compostura. Los que ellos querían que aprendiéramos era ruso.

Los rusos no hacían nada bien. Eran bolos. Ala Pugachova o Muslim Magomaiev no podían competir con el swing de Robert Plant o siquiera Andy Gibb. Y en el mismo saco caían Karel Gott y la Siromajova, Kati Kovacs, Yordanka Kristova, Biser Kirov y hasta Locomotiv GT, una banda húngara de rock cuyo éxito Ringasd el magad salía hasta en la sopa. Todo eso para nosotros era “música rusa” aunque los artistas fueran búlgaros o checos. Lo mismo pasaba con las películas: uno decía “ñó, otra película rusa…” viendo la cartelera del canal 6 anunciando Alarma en el Delta, sin importar que fuera un filme rumano.

Muchas de las cosas que comíamos eran rusas: carne enlatada, jurel enlatado, spam. El jabón que usabamos para bañarnos era ruso y de un olor desagradable. Pero limpiaba bien eso sí. Los sabelotodos decían que era por la sosa cáustica, los rusos le ponían mas sosa cáustica. La misma teoría oí acerca de la pasta de dientes Pomorin, de infame memoria: es verdad que sabe mal decían pero es porque tiene más fluor. Pomorin era una marca búlgara pero por supuesto a la gente qué le importaba, para nosotros era pasta ‘e diente’ rusa! Los perfumes rusos no estaban tan mal, digo yo comparados con algunos de factura nacional como el nefasto Imágenes. Vaya que el Moscú Rojo era Nina Ricci comparado con el Imágenes. El Imágenes traía un dibujo de mujeres griegas y un olor muy penetrante a grajo del Peloponeso. Regalo de mi vieja, no pude decir que no y me lo llevé a la beca pero me lo desaparecieron del closet en un par de semanas.

En los camilitos se puso de moda usar jabones para hacer esculturas. La gente se ponía creativa y vi a algunos hacer increíbles regalos para el día de las madres hechos de jabón ruso. Los jabones venían en dos colores que yo recuerde: ámbar y rojo, el rojo en particular olía muy fuerte a desinfectante o ambientador pero los Michelangelos del alberge los fundían juntos y los esculpían y los pulían hasta darles la forma deseada. Ví unicornios, delfines y corazones con cintas alrededor e incripciones de Felicidades Mamá, corazones que se abrían y dentro estaba la foto de la madre…todo hecho de jabón ruso. Otro uso de los jabones era emplearlos como una maza en broncas y eso. Un par de jabones de lavar metidos en una funda y uno se convertía en Vargas Machuca u Olaff el de los Vikingos que ponían en la Aventuras a las siete y media. Pero esa es otra historia.

Por Pepeluí.

Pasta dental producida en la URSS.

Pasta dental producida en la URSS.

 

carné del informante

Centro Nacional de Informacion

Tarjeta del Centro Nacional de Información.

“Al conocer todo hecho o indicio de actividad enemiga o antisocial debe llamar al Centro Nacional de Información. La información debe ser objetiva, oportuna y completa.” Así ordenó el estado cubano, a través del Centro Nacional de Información. Así fueron instruidos los dirigentes cederistas. Así quedó institucionalizado el espionaje doméstico. En cuanto a la “clave” personal, sospecho que, además de encubrir al delator, estimuló la producción de informes . ¿No preferirían muchos pecar por inexactitud antes que mostrarse poco vigilantes o incumplir con su tarea?

Deconstrucción, documental sobre el edificio López Serrano

 

Documental del 2013 dirigido por Sarah Vega.

Loggages y tolletes de Víazul

Anuncio terminal de Víazul en La Habana. 2014.

Anuncio en la terminal de Víazul en La Habana. 2014.

Anuncio en la temrinal de Víazul de La Habana. 2014.

Anuncio en la temrinal de Víazul de La Habana. 2014.

Las fotos de las señalizaciones las tomó mi hija mientras esperábamos la salida de la guagua de Víazul hacia Trinidad. En una pared cercana se leía: El destino lo decide usted, la exclusividad la ponemos nosotros. Las de la guagua y las oficinas de pasajes las tomé yo. Ella se reía de los errores ortográficos. Yo me mortificaba con el estropicio.

Oficinas de Víazul en La Habana. 2014

Oficinas de Víazul en La Habana. 2014

Oficina y salón de espera de Víazul en Trinidad. 2014.

Oficina y salón de espera de Víazul en Trinidad. 2014.

Chofer de Víazul. 2014.

Chofer de Víazul. 2014.

Trinidad

Trinidad, Cuba. Julio 2014.

Trinidad, Cuba. Julio 2014.

Al cabo de un mes en Cuba y luego de haber sorteado, gracias a la gentileza de Ernesto Sánchez de la Osa desde Al Cubo, problemas de actualización de la página, Cuba Material regresa con un comentario sobre el turismo, la economía, y la sociedad cubana de hoy suscitado a raíz de una visita a Trinidad.

Cuando, en 1998, fui por primera vez a esta ciudad del sur, el dólar había vuelto a tener circulación legal en Cuba y el estado cubano regentaba tiendas y restaurantes que operaban en divisas para un público mayoritariamente extranjero. Los trinitarios, como los habaneros y el resto de los cubanos, huían en masa de casi todos los empleos estatales para trabajar en el turismo, por entonces el más codiciado sector en términos de empleo en la isla.

Cuando regresé este verano, días antes de que el periódico El País le dedicara una nota al emergente capitalismo trinitario, los restaurantes, hostales y galerías de arte privados se imponían por toda la ciudad, y sobrepasaban en número y calidad a los negocios estatales, especialmente en la zona del centro histórico declarado por la UNESCO Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1988. Artesanos y cuentapropistas vendían todo tipo de mantelería bordada y canastas de mimbre en varios mercadillos callejeros, y taxistas privados ofrecían viajes mucho más económicos y flexibles que las opciones estatales hacia la península Ancón y el Valle de los Ingenios, en donde el dueño de la estancia Guachinango sirve almuerzos campestres y ofrece excursiones a caballo por sus tierras. El camino que lleva hacia la torre Iznaga lucía ahora más parecido que nunca al de Teotihuacán, en donde los vendedores abruman al turista con la mejor artesanía local a precios que, mientras se avanza, se devalúan hasta llegar a un 10 por ciento de la cifra inicial.

En la Trinidad de hoy el negocio privado ha desplazado al estatal no solamente en cantidad y calidad como anota El País sino también en ganancias que reporta y, sobre todo, prestigio en tanto empleador. La prosperidad del negocio privado en Trinidad ha repoblado la villa con naturales incluso de la capital y tiene ya impacto en la decisión de emigrar al extranjero. El taxista que contraté para hacer el recorrido por las distintas estancias del Valle de los Ingenios suele viajar a Canadá. El capital que reúne trabajando allí en la construcción lo invierte en mejorar su casa y su automóvil, tras lo cual se asentará definitivamente en tierra trinitaria para dedicarse al transporte de turistas. La habitación que renté, donde losas de barro y cenefas coloniales coexisten con lámparas y vajilla adquiridos en una sucursal de Ikea europea, climatizada con un moderno y silencioso split, es propiedad de un matrimonio cubano-belga asentado en La Habana. Una joven familia habanera, ella promotora cultural y él músico, gestionan el negocio a cambio de cierta participación en las ganancias provenientes de la pequeña galería de arte que ocupa la sala principal de la casa y de la renta de tres habitaciones.

Las peculiaridades de la villa trinitaria se normalizan con la estética kitsch de la iconografía guevarista que abunda en gran parte de la artesanía nacional. En salas coloniales y sobre chinas pelonas se vende al menudeo todo cuanto los trinitarios están dispuestos a reproducir de la revolución cubana.

 

Souvenir de la empresa ARTEX. Trinidad. 1998.

Souvenir de la empresa ARTEX. Trinidad. 1998.

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