Cubanet: Vedado: de la modernidad a la barbarie

Casas en ruinas. Zona baja del Vedado. 2012.

Casas en ruinas. Zona baja del Vedado. 2012.

En Cubanet: Vedado: de la modernidad a la barbarie:

La identidad de El Vedado peligra desde hace mucho tiempo. Esta barriada de la antigua Habana Elegante dejó de ser un museo de arquitectura moderna. Por aquí entró a Cuba la modernidad, la cual fue siempre un acento de su identidad. No solo fue un barrio fundado por familias patricias, fue también un barrio de turismo y prosperidad.

Este barrio, que germinó del bosque, hoy envejece muy mal. Es un trozo de ciudad que ya no está preparada para asimilar grandes golpes, su paisaje ha sido saqueado, deteriorado y desdibujado, dejó de ser un sitio ostentoso, y hoy sus fachadas son apenas un juego de apariencias.

Recuerdo la patria de mi infancia como un lugar habitable, un asentamiento ecológico en cuya manera de vivir se respiraba dignidad. Haber nacido en el Sagrado Corazón y ser de El Vedado impuso una etiqueta de distinción y elegancia, incluso para los más humildes.

Teresa, una guantanamera que nació en la Loma del Chivo, se impuso, desde muy joven, no regresar a su pueblo natal: “Llegué a este barrio en 1962 –testimonia-, y quedé deslumbrada por El Vedado, uno podía distinguir la personalidad propia que tenía este lugar, tenía su propio glamour, era un lugar donde se respiraba decencia. En aquel entonces, el toque de tambor, la brujería y los sacrificios de animales bajo la ceiba era algo ajeno a este lugar. Hoy esa identidad ha desaparecido y se impuso la cultura de la chancleta y el barracón”.

Con el nuevo contrato social impuesto por la inquisición revolucionaria, las costumbres y la cultura de El Vedado, como estilo de vida propio de las élites habaneras, fue amputada por decreto y sustituida por la cultura de la barbarie.

El Hotel Trotcha, los edificios Govea y Alaska, o la casa jardín de los Loynaz, son algunos de los patrimonios locales perdidos. El edificio Alaska, que pudo ser salvado, fue dinamitado, y hoy ocupa su lugar el parqueo del Comité Provincial del Partido Comunista. Es posible que corra la misma suerte el edificio del Retiro Médico, ubicado en N, entre 23 y 25. Se han perdido salas cinematográficas, como el cine Gris, y plazas culturales, como la Casa de la Cultura Checa.

Según Hilda, una habanera nacida en el barrio de Cayo Hueso, hoy muchas mansiones de El Vedado son ciudadelas: “Recuerdo que aquí no había muchos solares, entre ellos estaba el solar de los Chala, conocido actualmente como Blúmer Caliente, y el solar de Guillermina, donde la familia más conflictiva era la de Silvia, conocida como La Cochina, una blanca de cabellos y ojos oscuros que se fue del país en 1980. Pero se impusieron otros lugares, como La Mierdita, El Sopeña, el Hormiguero y el Pentágono. Se acabó la caballerosidad, el buen gusto y una ética de orgulloso sentimiento por este lugar”.

Lugares vinculados al eco de la buena cocina, como los restaurantes Varsovia, Sofía y El Jardín, así como cafeterías, La Cocinita, El Avioncito, La Piragua, La Fuente y Sol Mar, no existen ya. Otros restaurantes, como Rancho Luna, Los Andes, Vita Nuova, El Cochinito, Centro Vasco, Casa Potin, Las Bulerías, El Castillo de Jagua, La Roca, El Mandarín, Siete Mares, donde ya es muy difícil comer mariscos y pescados, o las pizzerías Cinecittá, Buona Sera y Milán. Todos son lugares grises, abandonados a su suerte.

Los pocos espacios en divisas han cancelado oportunidades para la libre diversión de la gente corriente. El Vedado Tennis, hoy círculo social José Antonio Echevarría, es una jungla en la cual la población flotante libera sus represiones e impone la guapería. El Club Sayonara es un triste almacén de viandas administrado por la Dirección Provincial de Gastronomía del Poder Popular del municipio. También desaparecieron los clubes El Escondite de Hernando y el Club Olokkú, transformado en una piloto para el consumo masivo de cervezas. El feeling se esfumó del Pico Blanco. El hospital infantil Pedro Borrás, y el de maternidad, Clodomira Acosta, esperan por ser dinamitados desde hace más de 20 años.

Mientras El Vedado continúa perdiéndose como el barrio Jardín que fue, se imponen nuevos lugares, como parte de la economía emergente: Dulcilandia, La Farándula y La Moraleja. El paseo de la Avenida de los Presidentes es el santuario de las tribus urbanas (emos, rockeros, mikis y repa). La cultura de parques también se derrumba, el Víctor Hugo (H y 21), o Medina y Menocal son hoy cementerios de animales, por las permanentes ofrendas a la ceiba de los orichas.

Desde hace mucho tiempo, El Vedado dejó de ser ese elegante caballero, intelectual, vestido de blanco con faja azul. De sus tradiciones, que constituían toda una cultura, solo nos queda el erotismo de La Rampa y el romanticismo del Malecón.

Por Juan Antonio Madrazo Luna

H/T: Walfrido Dorta, via InCubadora.

los símbolos de la Concentración Campesina

concentracion campesina recibo copy Dice Graziella Pogolottti en el libro La mujer cubana en el quehacer de la historia:

El 26 de julio, después de la reforma agraria, hubo una concentración muy impresionante en la plaza de la Revolución en donde se hizo expresa la vinculación del campesino y su compromiso con la Revolución. Hubo un momento en que ellos juraron su fidelidad a la Revolución levantando el machete, el machete tradicional, todos lo traían, al aire. Y realmente eso fue un gesto gratuito porque después, cuando se constituyeron las milicias serranas, los campesinos se mostraron dispuestos a integrarse a la milicia y a defender la Revolución. La defendieron. (P.103)

Hay un detalle que la Dra. Pogolotti escamotea. No fue casualidad que todos los campesinos llevaran un machete. Así había sido previsto por los organizadores del evento. De modo que cuando lo alzaron para reclamar el regreso de Fidel Castro al gobierno cubano no hacían más que representar el papel que desde antes les habían asignado. Otros actos simbólicos que recuerda la Dra.:

Llegaron aquellos campesinos desnutridos–gente de 30 años que parecía tener 60, uno no tenía nunca la manera de calcular la edad de aquellos hombres destruidos físicamente, marginados totalmente de la vida moderna, muchos de ellos, que no conocían la electricidad, no conocían el cine; naturalmente, en una isla como ésta no habían visto el mar nunca en su vida. Entonces, iban al malecón y se quedan horas contemplando el mar. La gente realmente se estremeció. Se sintió culpable. Muchísima gente se sintió tremendamente culpable por haber tenido todo lo que tenía, poco o mucho, frente a aquella otra realidad que se presentaba de repente. (p.103)

Otros testimonios:

Los campesinos le piden [a Fidel Castro] que se mantenga en el cargo como primer ministro. Y entonces, es ante aquella masa que él pronuncia su discurso. Los campesinos le piden que se mantenga en el cargo como primer ministro y es inolvidable, inolvidable por completo, el aplauso que se produce chocando los campesinos sus machetes. Entonces el sonido, el sonido del choque de los machetes, de millares y millares de machetes al aire, chocando uno con otro, realmente yo creo que en la historia del mundo nunca se ha producido una cosa semejante. Era un sonido estremecedor, estremecedor. (Maruja Iglesias, p. 105) Cuando comenzaron a llegar los campesinos a La Habana . . .  es que uno puede recordar tantas emociones al mismo tiempo, uno se pregunta a veces ¿qué fue lo que más te impresionó? y no puede saberlo ¡eran tantas cosas! Aquel bullicio de los sombreros, todo el mundo con su sombrero, con su pañoleta . . . Todavía recuerdo la concentración de aquel año, con los machetes aquellos en las manos, “chas, chas” sonando por toda la ciudad. (Carmen Pola, p. 105)

Y lo que dijo Fidel Castro en su discurso de ese día:

Porque ningún espectáculo hemos visto nunca, ni creo que nunca se haya visto, ningún espectáculo semejante al de esos machetes que se empuñan, al de esos machetes que se afilan, al de esos machetes que se rozan unos con otros. Este medio millón de machetes, este medio millón de machetes que se agitan y que hablan con la voz característica de su temple y de su filo, manejados por las manos vigorosas de nuestros campesinos; este medio millón de machetes levantados es el espectáculo más impresionante que hayamos visto en nuestras vidas, es el espectáculo más imponente que se ha visto, posiblemente, en ningún lugar del mundo; ese medio millón de machetes que convierten desde hoy, al machete en el símbolo de nuestra revolución. Si los criminales de guerra . . . pudieran ver a esos campesinos, que son los mismos a los que ayer criminal y brutalmente agredían descargando esos machetes sobre sus espaldas; si pudieran ver a esos campesinos que saben lo que son aquellos abusos felizmente desaparecidos para siempre; aquellos campesinos que antes tuvieron que soportar el plan del machete sobre sus espaldas de hombres nobles y trabajadores; si pudieran ver, sobre todo si pensaran por un minuto que estos campesinos que ahí están haciendo rechinar esos machetes son los mismos campesinos a los que estuvieron humillando, golpeando y dándoles plan de machete durante muchos años, desde el principio de nuestra república . . . es muy posible que desistirían de sus planes. (pp. 105-6)

Pioneros, la exposición

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Con diseño de identidad de Lisbet Corcoba y de sitio web de alcubo.com estrenamos el website de la exposición Pioneros. Building Cuba’s Socialist Childhoodque se inaugurará en la Arnold and Sheila Bronson Galleries de Parsons the New School for Design el 16 de septiembre de 2015. En las próximas semanas les estaré ofreciendo información sobre el proyecto.

 

Cuba Material en El Espejo

 

 

Cortesía de Ana Olema.

Diario de Cuba: La Habana en ruinas

Ruinas. 1987. Tomado del libro Six Days in Havana.

En Diario de Cuba: La Habana en ruinas, mapa reportage.

Dos de los edificios reportados ya han sido demolidos. Ellos son el edificio Tavel y el Hospital Infantil Pedro Borrás.

próxima exposición de Cuba Material y campaña en Indiegogo

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El 16 de septiembre de este año se inaugurará en las galerías Arnold and Sheila Aronson de Parsons, The New School for Design, la exposición “Pioneros: Building Cuba’s Socialist Childhood,” con parte de la colección de Cuba Material. La exposición propone un recorrido por el universo material de la niñez en Cuba durante las tres primeras décadas del régimen de socialismo de estado, y pretende mostrar la participación de los objetos del espacio doméstico y la moda en la socialización política de la niñez con vistas a su posterior incorporación al proyecto socialista y a la formación del “hombre nuevo.”

Cuento con la colaboración de Meyken Barreto como co-curadora, y del artista Geandy Pavón, quien ha realizado una serie fotográfica en donde recrea, en escenarios de su vida actual de exiliado, algunos de los objetos de su niñez.

Además de la exposición, se han programado dos eventos colaterales: la proyección de un documental relacionado con la infancia en Cuba, con una sesión de preguntas y respuestas coordinada por Walfrido Dorta; y un panel de testimonios con profesionales que fueron niños en Cuba o en Europa del Este o la URSS, el cual será moderado por Jacqueline Loss.

Si así lo desean, los lectores de Cuba Material pueden colaborar:

1. Enviando por correo electrónico, a cubamaterialarchivo@gmail.com o tonantonieta@gmail.com, fotografías de su infancia en Cuba (o dejándome saber si disponen de algún objeto relevante que deseen facilitar en calidad de préstamo); o

2. Ayudando financieramente a través de la campaña de recaudación de fondos que actualmente se encuentra abierta en la plataforma Indiegogo

Todos los colaboradores serán mencionados en la página web de la exposición (en construcción) y en el catálogo (si logramos reunir los fondos para producirlo). Agradezco a todos de antemano, y en especial a quienes ya me han enviado objetos y documentos, rollos fotográficos, o contribuido a financiar la campaña.

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Goma de borrar Pionero. Imagen de Cuba Material, modificada, tomada de Cuba Llama.

Parque Lenin II

Público asistente al concierto de Joan Manuel Serrat en el anfiteatro del Parque Lenin en 1973.

Público asistente al concierto de Joan Manuel Serrat en el anfiteatro del Parque Lenin en 1973.

Hace unos días Diario de Cuba comentaba una entrevista a la directora del actual Parque Mariposa, ubicado en el Parque Lenin, que fuera publicada por Cubadebate. La directora se quejaba del mal estado de las instalaciones, recientemente reparadas, y de muchas de sus atracciones, adquiridas en China y, con menos de diez años, ya muchas fuera de servicio. Leyéndolo, recordé no sólo los buenos días de mi niñez que pasé en el que entonces se llamara simplemente Parque Lenin, y la magia de su anfiteatro en ruinas y casi completamente abandonado, sino también las anécdotas sobre el mismo que recientemente había leído en Insider: My Hidden Life as a Revolutionary in Cuba, libro de José Luis Llovio-Menéndez publicado en 1988 por Bantam Books. Nada podemos saber, por la entrevista a la directora del parque o por las fotos publicadas por Cubadebate, de la falta de voluntad para recuperar los bebederos escondidos en las rocas, los quioscos de gastronomía, frescos y abiertos, con columnas de piedra, u otros tantos espacios y detalles bien logrados que alguna vez hicieron de la visita al Parque Lenin un hermoso paseo.

Dice Llovio-Menéndez:

Against all odds the “greatest park in Latin America” was completed too. The installations were put up exactly as they had originally been planned, including the large open-air movie theater, which was a spectacular failure.

For all my skepticism about the project, not even I ever dreamed what a disaster the theatre would prove to be. It was impossible for audiences to sit for more than five minutes on the grass, because a swarm of hungry mosquitoes would attack any human being they came across. At first the administration arranged periodic spraying, but it finally became clear that the number of spectators was not large enough to make the difficult task worthwhile. Surely anyone would prefer the comfort of a traditional movie house, even if the screen was smaller and the environment much less exotic. Finally, after a year, the humidity in the booth ruined the equipment, and the movie theater failed.

. . .

Cubans really had to want to go to the park to get there. Except for those who had a car–the leaders and a very small percentage of the population–you had to spend hours waiting for the park bus, which ran less frequently than busses on other routes. Even if you succeeded in getting to the park, it was a long trek from one side to the other, since the famous little trip sometimes ran and sometimes didn’t, depending on luck. The shows were not performed very often, and they were unappealing, so the greatest incentive for going to the park was the mosquito-infested restaurants–where at least the service was better than in the city–or the treats such as fine caramels or chocolate kisses that were sold only at the park. But these frivolities were too expensive for the workers. Among themselves, the people changed the name from Lenin Park to “Das Kapital,” because of the amount of money needed to enjoy the park.

The most resounding disappointment was the Dry Pass dam, the only hope for the planned lake and its floating scenery. The dam filled up when it rained, but then the water drained out through the cracks into the subsurface. Engineering efforts by the Ministry of Construction were useless; no matter how many thousands of cubic meters of concrete were poured into the cracks, the water continued to leak out. . . .

Thus, there was no water for the lake. As a kind of consolation, it was filled by a well-pumping system. But then the scenery sank, and with it sank the marvelous dream of watching waterborne spectacles in an atmosphere of historical fantasy. The scenery had to be attached to the bottom of the lake and left motionless in front of the coliseum.

Cubans begun to see the park for what it was: an ostentatious display that mocked their real needs. If the project had not been so showy, if so many millions of pesos and so much energy had not been wasted, and if the people’s priorities had been treated with more respect, they surely would have appreciated the park more.

Still, the park partially fulfilled its goal. Lenin Park offered another recreational option as well as more grist for the propaganda mill. Any foreigner who came to Havana was taken to see one of the largest recreational facilities in Latin America.

As for me, I felt that the park was important for the people, who had so few places to relax or take their children. If it had been built more realistically–an amphitheater that wasn’t a Roman imitation, a cinema screen half the size of this custom-built one, aquaria with standard, not specially-treated, glass instead of Caliber–it might have been affordable for more of the country’s citizens. All the cement, iron, imported materials, and labor that had been mobilized toward this luxury park in an underdeveloped country: It was folly. (Pp. 303-304)

Mi mamá en el anfiteatro del Parque Lenin en 1972.

Mi mamá en el anfiteatro del Parque Lenin en 1972.

Dice la directora del renovado Parque Mariposa:

En el 2007, bajo la responsabilidad del Ministerio de la Pesca se decide darle una nueva apariencia al parque de diversiones. La compra del equipamiento se realizó a una cooperativa china, donde se adquirió todo lo necesario para poner en marcha un nuevo mundo de diversiones. Construido completamente por cubanos —el 70 % de los trabajadores del parque fueron quienes lo desmontaron y volvieron a armar— surge el espacio recreativo de nueva temática con 28 equipos.

C.D: ¿Cómo se planifican las labores de mantenimiento y reparación en el parque “La Mariposa”?

El parque se compró con diez años de garantía, por lo cual las labores de mantenimiento planificadas para el equipamiento cubrían los aspectos básicos como electricidad y lubricación sin tener en cuenta otros elementos importantes que permitieran la preservación a largo plazo del centro.

Se suponía que todo lo que fue montado iba a durar diez años, pero no se tuvo en cuenta un sistema de pintura y anticorrosivo que permitiera una conservación de las estructuras. Recordemos que el clima en esta región es muy húmedo, con muchos cambios. La instalación se encuentra enclavada en un microclima debajo del corredor aéreo y las lluvias ácidas afectan bastante las estructuras.

A todo esto se sumó la pérdida de un grupo de equipos que eran menos complejos (entre ellos los inflables), los cuales tenían un período de vida muy corto y no hubo posibilidades económicas de reponerlos y hacer una nueva inversión.

. . .

C.D: El parque es grande ¿existe algún medio de transporte para que las personas puedan moverse con más facilidad?

El parque no está concebido para transporte público. Nosotros tenemos el trencito loco, que casualmente se rompió recientemente, pero no tenemos otros medios dentro del propio parque que pueda servir para ayudar y acercar a las personas. Pero en realidad, el parque se concibió así. Tal vez en algún momento nosotros podamos disponer de dos o tres medios de transporte más para facilitarles la estancia a las personas, pero hoy por hoy no tenemos solución para eso.

. . .

C.D: El parque no tiene muchos lugares donde guarecerse del intenso sol que caracteriza el clima de Cuba. ¿Tienen pensado alguna reforma que ayude con esto?

Es verdad que Cuba es un país bastante caluroso, pero reforestar o crear lugares que resguarden a las personas del calor no es una opción. Eso es algo que resulta complicado, ya que las raíces de los árboles remueven los cimientos de los aparatos y traen consecuencias como las que presentamos ahora con la Montaña Rusa.

Por otra parte, el parque tiene la misma disposición que en un inicio. Ninguno de los equipos vino diseñado con área de sombra ni para la cola, ni para el operador (en su gran mayoría).

La intención es lograr algo como el laberinto que tenemos al lado de la Oruga, pero es complicado porque no todos los equipos te lo permiten. Pero en realidad, no se avanza más rápido porque tenemos que hacerlo con los mismos compañeros que dan mantenimiento y en dependencia de los recursos que tengamos.

Hay algo importante que señalar aquí, y es que dependemos de los suministros que nos puedan ofrecer, y está claro que hay ministerios que los necesitan por encima de nosotros. El de la construcción por ejemplo, necesita mucho de este tipo de materiales.

anfiteatro parque lenin oct 1972 copy

Mi bisabuela y mi papá en el anfiteatro del Parque Lenin en 1972.

Diario de Cuba: Canibalismo social

Puerta forrada con césped sintético. Vedado. 2013.

Puerta forrada con césped sintético. Vedado. 2013.

En Diario de Cuba: Canibalismo social:

Al parecer, esto comenzó en los felices 60, cuando los jóvenes rockeros empezaron a reciclar los teléfonos públicos para manufacturar sus instrumentos musicales alternativos.

Luego se manifestó de manera pluriforme en el cementerio de Colón, emporio de tesoros del arte necrológico: desde la violación de tumbas para extraer restos óseos con fines religiosos hasta la sustracción de tarjas y lápidas, con fines de lucro, como publica a menudo el diario Granma.

De este vandalismo no escaparon panteones famosos, como el edificado por Juan Pedro Baró para su amada Catalina Lasa ni el del ABC, cuyas sobrias placas de mármol verde fueron desmontadas una tras otra, así como las broncíneas letras de su lema: “El ABC es la esperanza de Cuba”. Ni hablar de los esqueletos de sus militantes allí sepultados.

Hoy este canibalismo se ha vuelto cotidiano en La Habana. Las pequeñas ruedas de los depósitos de basura, los teléfonos públicos, por supuesto, incluso los angulares metálicos de las torres de alto voltaje, al parecer muy apropiados para jaulas de pollos, son algunos de los renglones que participan de este peculiar mercado negro, exclusivo de Cuba.

Sin necesidad de rastrear, detrás de cada uno de ellos encontramos siempre una necesidad real desatendida por el tan prepotente como ineficaz totalitarismo estatal, diseñado para controlar y prohibir la actividad comercial, no para satisfacer las demandas de su población.

Hace unos años, para escándalo general, cargaron con la estatua del violinista, donada a Cuba por el Instituto Mozart de Viena, que había sido colocada en el parquecito de Línea y Avenida de los Presidentes, frente al antiguo Colegio Baldor.

Son bien conocidos los reiterados despojos sufridos por la estatua a tamaño natural del beatle Lennon en otro parque del Vedado.

Se repite con frecuencia que el pueblo cubano acata las imposiciones del régimen sin protestar. Esto no es enteramente cierto. El pueblo no manifiesta su descontento mediante acciones políticas tradicionales, sin embargo nunca ha dejado de tomar parte en actividades económicas ilícitas, tanto activa como pasivamente.

Estas operaciones de pequeño alcance, en las que interviene de buena gana un sector del aparato burocrático, proliferan enmascaradas bajo la aparente docilidad y están minando los cimientos del régimen totalitario.

La retórica oficial las llama “indisciplinas sociales”, y trata de castigarlas mediante multas. Su frecuencia ya es alarmante. Ayer mismo noté desde el ómnibus P3 en que viajaba, que la tarja colocada junto a la acera, en Porvenir entre San Francisco y Concepción, marcando el sitio donde fueron hallados los cuerpos sin vida de dos jóvenes revolucionarios viboreños, ya no está allí.

Quiero creer que ha sido momentáneamente retirada, para restaurarla, pero…

Y ni las obras expuestas en la Bienal de La Habana se salvan de ello.

actividades del plan de reconstrucción del edificio López Serrano

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Enviado por el arquitecto Juan García, quien participa en la coordinación del proyecto.

estética de la necesidad

Vedado, Habana. 2015

Vedado, Habana. 2015

En una casa en reparaciones en la avenida 23 del Vedado encontré la careta de un radio empotrada a un muro a medio construir. Lucía muy parecido a las cabezas de muñecas que los choferes de camiones colocan en la defensa delantera de sus carros. Y, como con las muñecas, había algo espeluznante y repulsivo en la careta de radio, vacía, sin dial, pegada en aquel muro, casi a ras del suelo. Y había también arte y creatividad.

El diseñador y artista Ernesto Oroza ha definido ciertos fenómenos “tácticos” (diría Michel de Certeau) de apropiación, canibalismo tecnológico, desobediencia y subversión del uso de las cosas, que con mucha mayor regularidad y ubicuidad que en periodos anteriores comenzaron a manifestarse en la Cuba de los años 1990s, como “desobediencia tecnológica” para el caso de los inventos domésticos o industriales destinados a extender la vida útil de los productos o instrumentos de la tecnología, y “arquitectura de la necesidad” con relación a la proliferación de inventos bizarros, subversivos, que garantizan la reproducción social en una economía deprimida. No se trata, en el caso de este radio, de uno u otro, pues no se busca función práctica alguna con la acción registrada. Se trata aquí de un fenómeno enteramente estético que solamente es posible en un medio cultural que, si bien empobrecido, adora la tecnología y el progreso. Algo así como una estética de la necesidad, desobediente, gritona y, sin embargo, completamente desvalida. O, también, un “cargo cult,” concepto traído al ámbito cubano por la profesora Ana Dopico que, entre otras cosas, describe la recreación simbólica y ad hoc de ciertos elementos de una cultura material foránea que cumplen, en su medio original, una función enteramente práctica, con el fin de obtener los mismo resultados y beneficios.

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bisturí

Bisturí. 1980s.

Bisturí. 1980s.

La falta de sacapuntas nos llevó a convertir el bisturí en lo que Ernesto Oroza llamaría un “objeto de necesidad.” Con apenas 6 ó 7 años ya andábamos con él en nuestras maletas escolares, o tomábamos prestado el de nuestros compañeros de aula si no teníamos uno. Creo haber afilado más veces la punta de mis lápices con bisturíes que con sacapuntas, y llegué a preferirlos, pues podía dejar tanto grafito expuesto como quisiera, siempre y cuando lograra manipular correctamente la hoja, que a diferencia de la de las muy flexibles cuchillas de afeitar no se doblaba nunca. Los más afortunados lograban conseguir el mango al que se acopla y que los cirujanos sujetan cuando penetran la piel, pero la mayoría apenas alcanzaríamos a tener sólo la hoja de acero inoxidable. Y, ya en nuestro poder, la atesoraríamos hasta que el óxido o la mala suerte nos jugaran una mala pasada.

envases de medicamentos

Envase de talco medicinal Micocilén (para los pies).

Envase de talco medicinal Micocilén (para los pies).

Palabras de Carlos Rafael Rodríguez en el quinto aniversario de la Oficina Nacional de Diseño Industrial (ONDI), refiriéndose a la calidad necesaria para la exportación (el evento tuvo lugar el 6 de enero de 1986):

De manera que en ese mundo es donde nosotros tenemos que meter nuestros productos y, desde luego, ese mundo no admite ni zapatos boludos, ni medicinas en cajitas que no se sabe si son de bicarbonato o de talco, uno tiene que mirarlas bien, no se vaya a echar lo que es para los pies, no se lo vaya a tragar uno, porque son iguales las cajitas de polvo para matar los hongos, son iguales, son exactamente iguales. ¡Cuidado con eso, que puede producir grandes trastornos! (RISAS) Entonces, así no podemos. Nosotros tenemos que exportar sobre la base de la eficiencia de nuestros productos y la eficiencia de nuestra presentación.

Yo puedo anunciarles que en el año 1985 hemos echado a andar muchas de estas cosas. Ya las discusiones de envases, que las tuvimos hace 4 años pero no les hicimos mucho caso, ya ahora han empezado a tener eficiencia, lo que son los envases. Que acá Darias, que está a mi izquierda, es bastante–yo diría lo suficientemente–estricto para impedir que ningún producto tenga el signo de categoría “Calidad Superior” si no lo merece y, además, se les quita cuando la pierden.

broches, II Festival del Carbón

parque nacional peninsula de zapata

Broche conmemorativo del 2do Festival del Carbón. 1963.

El primer festival tuvo lugar en 1962 y se celebró en noviembre, atribuyéndose la iniciativa a Celia Sánchez.

Antaño, en dicha celebración confluían carreras de caballos; peñas campesinas; ferias artísticas y gastronómicas; competencias de llenado de sacos de carbón; la carga de leña al hombro; o bien la selección de la flor y los pétalos, o sea, de las muchachas más bellas del lugar; encuentros recreativos en la playa, siempre con el protagonismo de los entusiastas cenagueros. (en Cubanow)

 

 

adornos, o de cómo se llegó de la cerámica aborigen a la cerámica sobre el aborigen

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Artesanía cubana de los años 1960s ó 1970s.

En Zumbado, Héctor. 1988. Kitsch, Kitsch, ¡Bang, Bang! Havana, Cuba: Letras Cubanas (gracias a Enrique del Risco por la fotocopia):

Esos ejemplos que pone Slavov de la producción búlgara nos recuerdan demasiado a la producción cubana con sus temibles animalejos de yeso, las detestables jaretas, vasijas y cazuelas de barro y cerámica, los horribles diablillos y otras obscenidades “folclóricas” que no solamente agreden a los consumidores nativos, sino que también se venden en las tiendas INTUR a turistas extranjeros como exponentes de nuestra artesanía y nuestras cultura; y nos recuerdan también nuestras espantosas flores artificiales y otros adefesios, ¡contra los cuales en Cuba ni siquiera existe una campaña nacional! (p. 32)

tratado de guayatola, entrevista a Maldito Menéndez

maleta con guayatola negativo

La guayabera, prenda cubana por atribución más que por origen, ha sido la gran protagonista (junto al uniforme de campaña), de la moda del siglo veinte cubano, pues aunque se diga que ya desde el dieciocho se utilizaba en el país esta camisa holgada de amplios bolsillos “para llevar guayabas,” es en el siglo veinte cuando su uso se desborda, ramifica, y extiende a facetas tan dispares como el traje de andar, la ropa de salir, o el uniforme de los dependientes de gastronomía; a consumidores tan diversos como los hombres, las mujeres y los niños; y a órdenes políticos tan contrapuestos como la república liberal y el socialismo de estado.

Hace pocos días, el artista Aldo Menéndez, cuya presencia en las redes sociales se asocia al nombre Maldito Menéndez, convirtió este símbolo de cubanidad en discurso político en toda regla. Maldito había anunciado que viajaría a Cuba para asistir a la sexta edición del Festival Internacional de Videoarte de Camagüey, FIVAC, en el que concursaba con una de sus obras. Para ello necesitaba, como todos los ciudadanos cubanos al nacer que hayan abandonado el país con posterioridad al 1 de enero de 1971, de un pasaporte cubano vigente y “habilitado.” Al realizar el trámite de renovación del pasaporte, que cada dos años quienes deseen viajar a Cuba deben hacer (abonando para ello el importe correspondiente, que no es poco), el consulado cubano canceló la “habilitación” del pasaporte de Aldo el pasado 27 de marzo, privando a Maldito del permiso de rigor para entrar a su país.

Aldo Menéndez insistió en tomar un avión rumbo a Cuba, donde lo esperaban su madre y su hermano menor, el 31 de marzo. Según cuenta en su blog Castor Jabao, al aterrizar en La Habana no le fue permitido abandonar el avión de Air Europa donde viajaba, siendo interceptado a bordo por oficiales cubanos: “Los oficiales que hablaron conmigo eran dos y vestían de uniforme verde oscuro con una estrella blanca en el cuello de la camisa, pero se negaron a identificarse. Me informaron de que no podía entrar al país sin el DIE o permiso de entrada. Les expliqué que me esperaban en el Festival internacional de videoarte de Camaguey FIVAC. Les pregunté por qué y quién había ordenado anular mi DIE después que regresé a España de mi último viaje a La Habana, en diciembre de 2013. Les pregunté porqué un cubano sin antecedentes penales, un artista e intelectual, no puede caminar por su propia tierra.”

Habiéndosele negado la entrada a su país natal, Maldito apareció en las redes sociales vistiendo un traje que tiene algo de guayabera y algo de túnica fundamentalista, y que él denominó guayatola. Con ella quiere armar una batahola de protesta contra la ausencia de libertad de expresión en su país natal, que abandonó en 1991 por el mismo motivo. Maldito cuenta que “diseñó y mandó a confeccionar la Guayatola para estrenarla el día de la inauguración de la Bienal de La Habana 2015 (Maldito le llama la Vía anal de La Vana), pero como no le dejan entrar a la isla, la llevará puesta en sus próximas apariciones y gestiones públicas, cuál novia plantada a lo Kill Bill (sediento de respuestas).”

No es la primera vez que la política y la moda se entrelazan en la historia cubana para enfrentar el poder y la censura. A finales del siglo diecinueve, las mujeres criollas asistieron al teatro Villanueva vistiendo cintas rojas, azules y blancas y llevando el pelo suelto, en protesta contra el colonialismo español. Más recientemente, las esposas e hijas de los prisioneros políticos encarcelados durante la Primavera Negra de 2003 salieron a las calles a protestar vestidas de blanco y sosteniendo un gladiolo del mismo color en símbolo de paz, dando origen al movimiento de las Damas de Blanco, uno de los símbolos de la oposición política en la isla. El arte de protesta no se ha quedado al margen. El propio Maldito Menéndez ha usado el uniforme verdeolivo en alusión directa al poder político cubano como parte del arte iconoclasta con el que se enfrenta al gobierno de la isla, como también lo ha hecho la artista Coco Fusco en un discurso que no se limita al poder politico cubano.

La guayatola actualiza estos discursos. Es una nueva forma de representar o, si se quiere, darle visibilidad a lo politico en la moda. Para entender la relación entre uno y otra, Cuba Material entrevistó a Aldo Menéndez, quien respondió por escrito las siguientes preguntas (a veces sintetizando más de una respuesta):

En el año 2010 la guayabera se convirtió en la prenda de reglamento de las ceremonias oficiales cubanas y del cuerpo diplomático de esta nación. Cinco años después, el servicio consular cubano en Madrid te comunica que se te ha retirado la autorización para viajar a tu país. ¿La idea de utilizar la prenda de vestir que representa al estado cubano en tu discurso de protesta contra el atropello que significa el que los ciudadanos cubanos tengan que solicitar una “habilitación” o permiso de entrada para viajar al país donde nacieron y la arbitrariedad que rige el otorgamiento de dicha “habilitación” tiene que ver directamente con la connotación oficialista de la guayabera?

Algunas personas dentro y fuera de Cuba –como Otari Oliva, del espacio independiente de arte Cristo Salvador, en el Vedado, y Carlos A. Aguilera, escritor cubano residente en Praga–, sabían que yo me preparaba para intervenir la Vía anal de La Vana desde el verano del año pasado. Desde entonces tuve varios meses para pensar las obras y reunir los diferentes materiales y elementos que necesitaría para llevarlas a cabo en Cuba. Llevaba tres pares de grilletes o esposas, tres zhaocai mao o gato de la suerte chino, un sentai negro, una bomba (jeje ) de aire, rotuladores, linternas de colores, cámaras, tornillos, un magnético de Abajo Kcho (en la foto, en la nevera), una Guayatola y varias cosas más que aún no puedo decir porque todavía pueden hacerse. Es decir, que no, en un principio la Guayatola no tenía nada que ver directamente con las barbaridades que le hace el régimen a los exiliados, puesto que yo no sabía que no me dejarían entrar al país.

¿En general, puedes hablarme sobre las circunstancias en que surgió la guayatola?

La Guayatola estaba pensada para estrenarla en la Vía anal de La Vana, no en el Festival internacional de videoarte de Camagüey. Mi interés en participar en el FIVAC 2015 no era competir, sino presenciar, verificar uno de esos tantos festivales y eventos internacionales que el régimen celebra en Cuba –financiados con el dinero de los cubanos, pero sin contar con nosotros–, para proyectar ese espejismo de paraíso cultural revolucionario tras el que se esconde la dictadura, y sobre todo, para entrar a la isla con una carta oficial, sin levantar sospechas, casi dos meses antes de la Vía anal. El plan era portarme bien en Camagüey para que los perros se relajaran conmigo. Incluso la selección del video MAO –que tiene cierta carga crítica, pero indirecta, en la justa medida de ambigüedad para que la censura la dejara pasar sin recelos, como de hecho sucedió.

Lo que yo no podía calcular era que tenía una orden de anulación de mi habilitación o permiso de entrada a Cuba desde diciembre del 2013, justo después de mi regreso del último (espero que no) viaje que hice a la isla. Si no hubiera tenido que acudir al consulado para prorrogar mi pasaporte, me habría enterado al llegar al aeropuerto José Martí y ser deportado. Por suerte me enteré antes y pude tomar una decisión y pasar por la experiencia voluntariamente; lo cual es clave para transmutar la humillación en desobediencia y el suplicio de las 20 horas de vuelo en acto de arte.

¿Por qué eliges la guayabera, una prenda de vestir que si bien identifica al gobierno cubano también ha identificado, a lo largo del siglo veinte, a los dependientes de gastronomía durante la década de los 1980s y a muchos cubanos nacionalistas lo mismo en el exilio que en la joven república cubana, en lugar de otros elementos del vestir más asociados con el estado cubano y su carácter represor como el uniforme verdeolivo?

Después de lo sucedido a Tania Bruguera a raíz de su intento de performance en la Plaza de la Revolución, cuando fue detenida tres veces y se le retiró el pasaporte en espera de un juicio sin fecha ni sentido, era preciso hilar muy fino para colar una obra insurrecta en la Vía anal sin acabar igual o peor que ella. Por eso no podía emplear símbolos evidentes como la gorra y la camisa verde olivo que suele utilizar Maldito. Nada de banderas, ropa militar o camisetas subversivas podía llevar en mi maleta. Los grilletes, en cambio, pasan fácilmente por la aduana cubana. Y si no pasan, no hay problema, pues lo importante era entrar la Guayatola, dobladita como una fina e inofensiva guayabera.

¿Cómo burlar la censura cubana e intervenir durante la Vía anal de La Vana sin darle el más mínimo pretexto a las autoridades para que me impidan el paso, me detengan, me quiten el pasaporte y me encarcelen? ¿Cómo decirlo todo sin texto, sin decir ni hacer nada y, al mismo tiempo, de forma que pueda entender o empatizar con alguien de cualquier idioma o cultura?

Yo crecí viendo el programa San Nicolás del Peladero, en el que la guayabera era usada por alcaldes, politiqueros y vividores; personajes todos supuestamente desaparecidos tras el triunfo de la revolución. Ahora la guayabera es la piel de cordero oficial del régimen. No puedo evitar recordar la Rebelión en la Granja, de Orwell, y como se van corrompiendo los mandamientos iniciales hasta convertirse en lo opuesto.

¿El hecho de que tu guayatola parezca una bata de mujer y sea, además, de color blanco alude de algún modo al movimiento de las Damas de Blanco? ¿Por qué no utilizaste los colores de la bandera cubana, o el verdeolivo que identifica a los militares que hoy gobiernan el país, o el rojo con que se representa el socialismo de estado?

La Guayatola simboliza el nacionalismo extremo que en Cuba ocupa el lugar de la fe católica durante la colonia y la república (desde el golpe de Batista no ha existido más la república de Cuba). Es el mismo truco de Hitler, Stalin y Mao, pero en versión caribeña: Estructuras y lenguaje religiosos mezclado con orgullo patriótico desmedido; supersticiones y mitos populares sincretizados a la fuerza con el extremismo cultural.

La Guayatola tiene más bolsillos que la guayabera y le caben más guayabas (que en Cuba también significa mentiras). La Guayatola llega hasta los pies, como una túnica; quizás como la túnica de un fundamentalista o extremista islámico, de un fanático. El blanco que disfraza de pureza y justicia, la corrupción y el crimen.

¿El que hayas diseñado una bata, prenda de vestir que en nuestra cultura se asocia con la mujer, para protestar contra un gobierno que, en muchos casos, ha masculinizado la moda como se observa en el uso del uniforme de trabajo y las botas militares en ceremonias tales como los concursos de belleza, constituye una denuncia de cierta misoginia en el discurso y la práctica del poder cubano?

La guayabera es un símbolo de la cultura nacional cubana que no ha sido canonizada en el rito revolucionario. No es sagrada, como el escudo o la bandera o la imagen de los gobernantes, por tanto es pública. Y si es pública y no es sagrada, ni su quema o mutación está penalizada (aún) por las leyes castristas, yo puedo, como artista cubano, cogerla para mis cosas. La Guayatola, por tanto, simboliza el estado actual de la cultura oficial cubana, que se parece a la cultura cubana, pero es falsa. Un secuestro y suplantación cultural cada vez más evidente. Todo en ella es falso, desde el Consejo Nacional [de las Artes Plásticas] y el Ministerio de Cultura, la UNEAC, el ISA y todos los espacios, eventos e instituciones oficiales, hasta (cómo no) el Festival internacional de videoarte de Camagüey, son montajes, carrozas vacías. La unanimidad es altamente improbable, pero después de más de cinco décadas es un horrible imposible. La Guayatola es el silencio unánime de los artistas cubanos; es su camisa de fuerza. Al vestirme con su silencio y cargar con sus guayabas los pongo en evidencia. Es una prenda concebida para causar vergüenza en los malos y en los sucios y empatía en los buenos. Y sí, también contiene al machismo-leninismo verde olivo (que es el machismo cubano de toda la vida, pero potenciado, ideologizado y redirigido hacia el mandamiento superior de perpetuarse en el poder), bajo el lino blanco.

¿Qué mensaje(s) quieres transmitir con la guayatola?

La Guayatola es Cuba globalizándose o tratando torpemente de sonreír, como aquél dibujo animado cubano de unos cosmopioneros que llegan a un planeta donde hay una especie de dragón o dinosaurio que tenía muy mal carácter y tratan de enseñarle a sonreír, pero al principio solo le salen muecas feas, distorsiones, rictus.

El color blanco y la ropa blanca poseen muchos significados en Cuba, étnicos, religiosos, culturales y políticos, que son similares en muchas partes del mundo. La pureza y su extremo, el fanatismo violento, el terrorismo, es un tema de interés global. Es una pena que por fin la cultura cubana alcanza la universalidad y lo hace ofreciendo al mundo un casi pornográfico  –a estas alturas y en Cuba, la otrora perla de las Antillas y supuestamente primer territorio libre de América–, espectáculo de extremismo y barbarie bochornoso, pero también peligroso, pues nadie sabe en lo que pueda transformarse el castrismo en los próximos años.

¿Qué otros planes tienes para la guayatola, además de presentarte con ella en las oficinas consulares cubanas para reclamar tu derecho a regresar a tu país?

Cualquiera puede hacerse una Guayatola y viajar a Cuba con ella o confeccionarla en la isla y usarla libremente, causando vergüenza y risas de complicidad a su paso, sin que puedan decirle nada, al menos legalmente, pues, aunque prohibieran la palabra guayatola, aún podría usarse guayabera extra larga.

¿Pensaste, cuando la diseñaste, en la tradición cubana de desobediencia o protesta a través del vestuario o la moda, como la protagonizada por las mujeres cubanas durante los sucesos del teatro Villanueva en el siglo diecinueve o en la guayabera que, hace un año, la familia Payá Acevedo regalara al Papa Francisco?

Lo más simpático (para no llorar) de la cultura cubana actual es que es tremenda locura. Están todos esos artistas en Cuba fingiendo que no pasa nada, cómo si el hecho de mantener la liturgia fuese a obrar el milagro, aún cuando el templo se está cayendo a pedazos. Se harán estudios y se escribirán ensayos (clínicos?) sobre éstos momentos. De una forma u otra, ya sea mediante actos voluntarios y conscientes o histéricos y enagenados, la cultura cubana jugará el papel de des-cubrir la realidad profunda de Cuba.

Por su connotación nacionalista, la guayabera fue también utilizada por el actual gobierno cubano en épocas tan tempranas como el 26 de julio de 1959, cuando encargó, y subsidió parcialmente, la confección de miles de unidades de esta pieza, que habaneros de la clase media donaron al medio millón de campesinos movilizados para asistir a la Concentración Campesina de La Habana. Asimismo, esta prenda fue la elegida por Fidel Castro para presentarse en su primera aparición pública sin el uniforme verdeolivo en 1994. ¿El que planearas asistir al festival de Camagüey vistiendo la guayatola buscaba una renovación de este símbolo, o se trataba más bien de establecer nuevos lazos entre el exilio y la isla, entre la intelectualidad y el campesinado, entre la oposición y el poder?

La Guayatola simboliza lo que viene después de la revolución: la resaca, la involución, el atraso; el triunfo de lo más conservador y bruto del fenómeno castrista; de los talibanes. Una cultura 100% palmas y cañas, puros y ron, como en el edén perdido de la finca de Angel Castro. Una guayabera atrofiada, con gigantismo o manía de grandeza y chaleco de explosivos debajo, como aquellos cohetes que viajaban de polizones bajo toneladas de blanca azúcar cubana en la bodega de un barco norcoreano. La Guayatola es lo que le de la gana a los cubanos –por una vez–; la página en blanco (y como el papel aguanta, mejor acabo aquí 😉 .

Habrá que acompañar a Aldito y presentarnos, aunque sea por una vez, ante un oficial de inmigración, lo mismo en un consulado en el exterior que en el aeropuerto de La Habana, o de cualquier otra ciudad de Cuba, con una larga guayatola blanca (podemos decir, si nos preguntan y si tenemos miedo, que se trata de una copia de un vestido guayabera como el que comprara en Cuba, en los años 1980s, la española Naty Abascal).

Addendum de Aldo Menéndez: Se me olvidó mencionar a Arturo Cuenca, pionero en el uso de la moda para el lenguaje del arte. En los ochenta llevé varios cortes de pelo y algunas prendas loquísimas hechos por él. Los ochenta en Cuba tuvieron un glamour tremendo y la moda era una heramienta de expresión y rebeldía muy importante en el fenómeno cultural de la segunda mitad de esa década. La New Wave y el Punk, los cheos y los pepillos, los frikis y los breakdanceros, etc.

 

Foto cortesía de Maldito Menéndez. 2015.

Foto cortesía de Maldito Menéndez. 2015.

Ver en Castor Jabao Guayatola en el oleaje de tus vuelos.

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