Diario de Cuba: Cuando la moda quiere ser arte

Trajes exhibidos en la exposición Divas en Art Deco, celebrada en el Museo Nacional de Artes Decorativas.

Trajes exhibidos en la exposición Divas en Art Deco, celebrada en el Museo Nacional de Artes Decorativas en Mayo del 2014.

En Diario de Cuba: Cuando la moda quiere ser arte:

A Leticia le interesa la moda. Nunca quiso ser modelo, diseñadora, ni siquiera fotógrafa, pero disfruta de un diseño atractivo y de enterarse de lo que se lleva o no en el mundo y en La Habana. También es amante de las artes plásticas y escénicas.

Por eso, sacó su entrada para asistir a la pasarela de Trajes extremos que propuso en Bellas Artes la séptima edición de Arte y Moda.

El concepto del espectáculo era muy atractivo: diseñadores que, inspirados en obras de artistas plásticos cubanos, crearon 25 “trajes extremos”. Cada traje iría acompañado de una pieza musical que lo distinguiría y vendría a formar parte del significado de la obra.

Ya en el lobby de Bellas Artes, lleno de mujeres entaconadas y con vestidos de noche, Leticia escuchó a uno de los diseñadores hablando con amigos. “La organización es un desastre. Ayer, el día de la inauguración, nos pidieron ayuda para conseguir las luces, porque a esas alturas todavía no estaba lista la pasarela.”

Leticia trató de conseguir un programa, pero solo estaban disponibles para los invitados. No tuvo más remedio que pedir uno al señor que se sentó a su lado. El programa, impreso a todo color y en buen papel, era en realidad un catálogo de los trajes que se presentarían. Leticia no pudo evitar pensar que si no hubiesen sido tan pretenciosos, hubiese alcanzado para darle programa a todo el público. Y pensó que la gente de la moda no puede evitar ser elitista.

Sin embargo, las palabras leídas por la locutora al principio del espectáculo le parecieron un poco lastimeras. Esta pasarela era un esfuerzo para tratar de alejar el concepto que habitualmente se tiene de la moda como algo “frívolo y superfluo”. Era como si los creadores estuvieran pidiendo disculpas por dedicarse a la moda en lugar de a las artes plásticas o algo más “elevado”.

Otro detalle que le llamó la atención a Leticia fue el interés por poner la cubanía en primer plano. El desfile fue abierto por el himno nacional, interpretado con una trompeta ensordecedora; los primeros vestidos estaban inspirados en la bandera; abundaron los cantos afrocubanos en la banda sonora. Tanta insistencia era para Leticia una manera de legitimar la moda como algo compatible con la nación. “Como si hiciera falta. Ya el hecho de que los diseñadores sean cubanos le da nacionalidad a las creaciones.”

La presunta desorganización no se hizo notar en la pasarela. En el fondo se proyectaban los cuadros que inspiraron los diseños, mientras los modelos bailaban más que desfilar. Unos trajes eran más atrevidos que otros, la música seleccionada se ajustaba más al diseño de vestuario en algunas ocasiones que en otras. Pero eso se debe más al concepto de cada artista que a la organización, supuso.

Vio danzar sobre la pasarela los más llamativos atuendos. Un traje de aspecto robótico; una armazón con corazoncitos colgando, un vestido con manzanas verdaderas dentro de la falda; vestidos plateados con enormes cuernos rojos o negros; un sombrero en forma de caballito de mar; un traje negro que parecía de samurai, un tocado de varillas con flores.

El público a su alrededor aplaudió mucho un traje de diseño geométrico cuyo sombrero se transformaba, de un panel que no dejaba ver la cara de la modelo en un atrevido tocado que la liberaba. A Leticia también le gustó, pero el que más le llamó la atención fue un vestido confeccionado con material plástico de embalaje, que por el frente conservaba la leyenda “Frágil”, y por la espalda “Made in”. Las mangas y el sombrero eran lámparas japonesas y los zapatos, también de inspiración japonesa, eran de tiras blancas y plástico transparente.

Leticia quedó satisfecha con el espectáculo. “Fue hermoso. Además, se ve que no faltan diseñadores con talento en Cuba. Solo me gustaría que dejaran de tratar de justificarse. Lo que la gente ve como frívolo es la moda que se viste, la utilitaria, y esa idea ya es cuestionable. Estar satisfecho con la imagen de uno no tendría que ser considerado superficial. Imagínate tú estos vestidos… A nadie se le ocurriría salir así a la calle. No fueron pensados para eso, desde su concepción fueron piezas artísticas. Ni siquiera hay que tomar como pretexto la obra de un pintor para ‘acercar la moda al arte’. La moda puede ser arte en sí misma. El buen diseñador es un artista, aunque no exponga en el Museo Nacional.”

expo moda art deco copy 2

vida cotidiana y materialidad

Imagen tomada de internet.

Imagen tomada de internet.

Anna Cristina Pertierra inicia la introducción de su libro Cuba. The Struggle for Cosumption publicado por Caribbean Studies Press en 2011 con una descripción de la población del barrio santiaguero de Tivolí, en la que por dos años realizó la investigación etnográfica que sostiene su libro. De estos pobladores, dice que pasan sus días sentados en los escalones de delante de las puertas de sus casas, las mujeres con el cabello recogido en rolos, las más jóvenes vistiendo licras desteñidas y gastadas, las de más edad balanceándose en sillones. En este modus vivendi detecta la autora el más intenso aburrimiento en medio de una perenne actividad (vendedores callejeros empujando ruidosos carros, jóvenes manejando cocotaxis, muchachas montadas en las parrillas de bicicletas, hombres transportando cakes multicolores, y jineteros). Traduzco con cierta libertad un fragmento de la introducción:

Me impresioné al notar que la gente hacía mucho, pero lograba muy poco, y que esta lógica conformaba no solo los patrones y ritmos de la vida cotidiana sino también las alegrías y frustraciones que los cubanos expresan con relación a la vida en la Cuba contemporánea. El Tivolí es un hormiguero de actividad, pero esta actividad solamente produce socialización y apenas poco más.

Más adelante dice:

Sospechaba que, por detrás de ese sentido de enérgica socialidad, una pena profunda y perturbadora marcaba la vida de la mayoría de esas personas. Parecían sustituir con emociones, placeres y disfrutes otras formas de satisfacción, en parte–aunque no en la totalidad–debido a la pobreza material.

Según Pertierra, la población estudiada dedica gran parte de su día a día a la adquisición y mantenimiento de objetos materiales de origen industrial, a través de los cuales el progreso social y material de los individuos y de la sociedad es juzgado.

Café Fuerte: El doloroso caso del urbanismo cubano

Centro Habana. 2012.

Centro Habana. 2012.

En Café Fuerte: El doloroso caso del urbanismo cubano:

. . .

Deterioro de El Calvario

Muy cerca de donde vivo, el barrio de El Calvario es un ejemplo patente de tales manejos. El Calvario, en especial las edificaciones ubicadas en la arteria principal o muy cerca de ella, conservó hasta los años 1960-70 muchas de sus construcciones originales, algunas de ellas levantadas en el siglo XIX. Pero con el paso del tiempo y el deterioro de la mayoría de ellas o con la necesidad de sus moradores de ganar espacios habitables, los propietarios de muchas de estas edificaciones han realizado las más diversas modificaciones a la estructura original, quitándole el valor de su presencia histórica. El resultado: ya El Calvario no se parece a lo que fue… ni se parece a nada que pueda ser medianamente armónico ni bello.

Pero, al cabo de tantos años y de tanto esfuerzo, ¿cómo pedir a estas personas que deshagan lo que han hecho, en muchos casos con ingentes esfuerzos? ¿Para regresar a qué?… En ejemplos como este, que se observan en todo el país, la causa parece definitivamente perdida. El caos y la fealdad son allí irreversibles.

Como El Calvario (más incluso que en ese pequeño pueblito de la periferia capitalina), hacia el centro de la ciudad también se reproducen actitudes similares pero en condiciones aun peores en diversos sitios. En un reciente recorrido que realicé por las calles aledañas a la Calzada de 10 de Octubre -y por la misma avenida que atraviesa el muy populoso municipio- más que problemas de violaciones de normas urbanísticas, observé las trazas de lo insalvable. La cantidad de casas y edificios que han perdido la cubierta es alarmante, e innumerable la de los inmuebles con grietas que se exhiben como heridas fatales. En medio de eso, algunos moradores de la zona han tratado de salvar lo salvable y, con los medios a su alcance y la inventiva propia, han deformado fachadas y estructuras, dándole a la zona una imagen de ciudad sin normas ni estilos que ha alcanzado también el punto de lo irreversible. ¿Y el Cerro, Centro Habana, Luyanó? Más de lo mismo.

Ruinas que acechan a Matanzas

Algo similar ocurre en ciudades del interior que he visitado en los últimos tiempos, entre las que está el caso doloroso de Matanzas, la llamada Atenas de Cuba, quizás ahora con más razón: las ruinas acechan varios de sus barrios históricos mientras las antes amables orillas de sus ríos hoy exhiben todos los niveles posibles del abandono. ¿Ha habido en todos estos años preocupación urbanística con ese entorno histórico que hizo de Matanzas la bella ciudad por la que a principios del siglo XIX se paseaban José María Heredia y los poetas que lo sucedieron? Salvo algunos edificios específicos, el resto parecer haber sido dejado a su suerte… o su mala suerte.

. . .

Leer texto completo.

materia prima, artesanía y diseño

Publicado en Magacín. 1976.

Publicado en Magacín. 1976.

Hace dos o tres años, recorriendo una feria de artesanos en Cuba, me tropecé con una vendedora que exhibía vestidos hechos con tela de polyester, los cuales vendía a 18 CUCs. Muy cerca, otra vendedora proponía vestidos tejidos a un precio de 10 CUCs. La primera me dijo, cuando le pregunté la diferencia, que la tela era muy cara. Como en el anuncio de la revista Magacín, en donde el precio de las chancletas de goma se determinó según la cantidad de material empleado en su confección. Indagué entonces si el diseño y el trabajo no entraban en la ecuación con la que una y otra determinaban el precio de sus mercancías, pero la vendedora se enfadó. Eso fue el hombre nuevo.

maletas de palo

Maleta de palo. Circa 1980. Imagen tomada del muro de Facebook de Pepe Franco.

Maleta de palo. Circa 1980. Imagen tomada del muro de Facebook de Pepe Franco.

A mediados de los años 1960s, el estado cubano creó el programa de Escuela al Campo (EAC) como estrategia socializadora de la juventud en los valores políticos vigentes. Según Denise F. Blum, en su libro Cuban Youth and revolutionary Values: Educating the New Socialist Citizen (Austin: University of Texas Press. 2011):

By 1966 the EAC had become a major part of Cuban educational policy, and all urban junior high school students were expected to spend time in the countryside. The social aims of the EAC experiment were clearly defined. It was to produce a new kind of man, imbued with love for his country, ready for reform and desirous of increasing the wealth of the community, realizing the value of labor and prizing it, honorable, devoted, and steadfast. More specifically, the aims of the EAC program were to remove the disparity between urban and rural, to establish close links between school and life, to educate the rising generation for work by actually working, and, in line with a common objective, to demand the highest possible standards while respecting the personality of the pupils (Araujo 1976, 12). (p. 179)

Pocos escaparon de dicho programa. Guardo principalmente malos recuerdos de las semanas (dos en la escuela secundaria, seis en el preuniversitario) que pasé en la EAC, sólo atenuados por la perseverancia con que sabíamos encontrar la felicidad aún en esas particulares circunstancias en que la obligatoriedad del programa nos sacaba de casa, nos hacinaba en albergues fríos e inhóspitos, y nos hacía levantar al amanecer para llevarnos a recoger papas, café, u hojas de tabaco en las mañanas heladas y las tardes de sol, a cambio una magra a insípida comida.

Para representar la materialidad de las EAC basta aludir a las literas y las maletas de palo. Estas últimas constituían quizás el único vínculo, más allá de las visitas familiares del domingo, con el hogar abandonado, en muchos casos a la fuerza. Era, además de las sábanas y colchas con que cubríamos las delgadas colchonetas en donde descansábamos, el único espacio de individualidad en un medio marcado por la vida en colectivo y la estandarización utilitaria. De las maletas de palo dice Denise F. Blum:

The suitcase generic exterior gave no hint as to its interior decor. Photographs and magazine illustrations from different generations were pasted on the inside lid. Some showed treasured, far-away family and friends, while other, black-and-white snapshots chronicled the new camaraderie that blossomed at the EAC and a family history of participation in the program. Intermingled with the photographs were magazine illustrations of trendy icons and forbidden USO candy wrappers, offering a taste of fads from different eras. Even though the state sought to provide the necessary luggage for everyone, it attempted to do so in a way that would mask or even suppress individual differences and competition. Nevertheless, individual identity and sentimentality sprouted on the inside of the suitcase lids like wild weeds on a recently tilled field. The unexpected personal markers of identity and resistance mocked the impersonal, classless, utilitarian appearance of the suitcase exterior that was repainted year after year. To what degree did this maleta de palo (“stick” or “wood” suitcase, as it was called, because of its simple rudimentary appearance) symbolize the actions and effects of the state in its attempts to mold revolutionary citizens? (p. 186)

La investigadora pidió a la psicóloga Carolina de la Torre, quien ha estudiado la construcción de la identidad nacional en Cuba, que valorara los dibujos que los niños habían realizado sobre la experiencia de la EAC como parte de su proyecto de investigación. Según De la Torre:

The quality of the formal discourse is not that bad; it’s just that the drawings are simple and impersonal, as if the children are not mentally retarded but rather identity-retarded. Identity has been transmitted to them as if they were a mirror whose function was to reflect exactly what they are told. (p. 199)

Material World, por Peter Menzel

Imagen tomada de http://www.teacheroz.com/mwi.htm

La Habana, Cuba. Imagen tomada de http://www.teacheroz.com/mwi.htm

El proyecto Material World, realizado en 1994, documenta las posesiones materiales del entorno doméstico de una familia, escogida al azar, en cualquier parte del mundo. Quienes participan escogen cinco hogares de cinco países y conviven con sus miembros por una semana, al final de la cual fotografían a todos sus habitantes, rodeados de sus bienes materiales, en el exterior de la vivienda. La familia Costa, en La Habana, Cuba, fue una de las escogidas por el fotógrafo Peter Menzel.

El libro Material World: A Global Family Portrait, disponible en Amazon, tiene esta sinopsis:

In an unprecedented effort, sixteen of the world’s foremost photographers traveled to thirty nations around the globe to live for a week with families that were statistically average for that nation. At the end of each visit, photographer and family collaborated on a remarkable portrait of the family members outside their home, surrounded by all of their possessions—a few jars and jugs for some, an explosion of electronic gadgetry for others. Vividly portraying the look and feel of the human condition everywhere on Earth, this internationally acclaimed bestseller puts a human face on the issues of population, environment, social justice, and consumption as it illuminates the crucial question facing our species today: Can all six billion of us have all the things we want?

Pedido de colaboración

Foto de Geandy Pavón. 2014.

Foto de Geandy Pavón. 2014.

 

Amigos, el artista Geandy Pavón se encuentra realizando un proyecto fotográfico en colaboración con Cuba Material, para el cual necesitamos utilizar rollos de fotografía vencidos, sin usar. Si alguien conserva alguno(s) y desea donarlo(s) para este proyecto, pedimos nos lo hagan saber por este medio o por correo electrónico (cubamaterialarchivo@gmail.com) para coordinar el envío. En agradecimiento, quienes colaboren aparecerán en los créditos de la futura exposición y catálogo, y recibirán un copia del catálogo de la exposición.

 

Artist Geandy Pavón is currently working on a photographic project in collaboration with Cuba Material, for which we are requesting your help. If you have kept any expired, unused photographic film, and would like to donate it, please let us know or email us (cubamaterialarchivo@gmail.com), so we can coordinate the shipping. In gratitude, in addition to appearing in the credits of the future exhibition and catalogue, collaborators will receive a printed copy of the exhibition catalogue.

José Cuendias, entrevista

ONDI

En el 2009 La Jiribilla entrevistó  a José Cuendias, entonces presidente de la Oficina Nacional de Diseño Industrial:

¿Cuáles son las estrategias que sigue la ONDI para fomentar el desarrollo del diseño en Cuba?

La ONDI es una institución estatal que existe y se creó para contribuir al desarrollo del diseño en el país, en un momento en el que precisamente no se atendían estos temas. Todo el mundo sabe las características de la industria del antiguo campo socialista, y lo que nos llegaba a nosotros, y las aspiraciones que tenía Cuba en desarrollar su propia industria.

En este contexto, la ONDI tenía un poco el papel de ayudar a que tanto la industria, como la sociedad tomaran en cuenta el diseño, que no abarca solo el diseño industrial, sino el de comunicación visual o gráfico y también el de vestuario, desde una óptica más profesional, más dirigida a la industria, por el efecto que estas especialidades podían tener en la eficiencia y en la elevación del nivel de vida de la población.

. . .

La existencia de la ONDI ha procurado fomentar lo que hoy en el mundo se le llama políticas públicas con el objetivo de respaldar siempre con nuevas propuestas aquellas producciones y aquellas áreas protegidas que necesitan una mejor respuesta en términos de diseño. Los equipos médicos son un ejemplo. Son muy pocos los países subdesarrollados que han desplegado a todas sus anchas la capacidad de producir equipos con diseño propio, Cuba lo ha hecho. Ha habido fomento de diseño nacional para grandes producciones, en ocasiones pequeñas, pero siempre dirigidas a satisfacer problemas concretos, objetivos y temporales del país.

. . .

Muchos se preguntan por qué no se lleva a la industria, y es que en muchas ocasiones no se toma en cuenta el diseño, no hay industrias que produzcan nuestras propuestas. Esto tal vez se da porque no tienen recursos; pero en muchos casos, hay empresas que tienen una predisposición negativa a innovar e incorporar nuevas propuestas. Hay otras también que sí tienen la disposición, pero no encuentran cómo hacerlo, o no tienen acceso a determinada tecnología.

Tal vez sea por estas razones que cuando uno va a evaluar hasta dónde se ha desarrollado el diseño en Cuba, hay que tomar en cuenta todos los parámetros antes mencionados, siempre visto desde el ángulo de esta oficina. La ONDI, y lo podemos decir bien, nunca ha dejado de tener trabajo. Hay que tener en cuenta que la oficina no es por sí sola el diseño cubano, muchas veces las personas esperan que la ONDI y el ISDI hagan el diseño de Cuba y este diseño lo hacen los diseñadores cubanos. Ahora mismo hay miles de graduados del instituto produciendo cosas por todos lados. Hay decenas que se formaron antes que surgiera el ISDI, y siguen haciendo trabajos. A veces muchos son desconocidos, y la gente ve cosas excelentes y no sabe quién fue el que las diseñó. Este problema también del anonimato, de la falta de comunicación y de comprensión choca mucho incluso a nivel mundial.

. . .

En el propio instituto los estudiantes hacen cada vez más propuestas excelentes tanto por la calidad, como por la viabilidad, son mucho más económicas. ¿Considera que se le presta la suficiente atención al diseño joven en nuestro país, sobre todo proposiciones muy interesantes que salen en algunos casos de la propia escuela?

Todo el mundo quisiera que eso se produjera, pero ni es posible, ni es viable. Al trabajo de un estudiante todavía le falta mucho para que sea posible de producir, porque en el trabajo docente no se llega al nivel de detalle para que una idea ya sea un producto. Los estudiantes producen mucho, pero para que un proyecto realizado en 3D en una computadora se convierta en un prototipo, hay una serie de pasos que cubrir, y para que eso se pueda producir en serie y salgan, por ejemplo, 500 sillas, también faltan cosas, donde intervienen tecnólogos, análisis de resistencia de materiales, detalles técnicos del producto, y otras más.

Siempre les digo a los muchachos que de las cosas producidas en la escuela solo un pequeño porcentaje llega después a materializarse. Incluso las empresas que tienen equipos potentes de diseño de los productos que desarrollan, no llegan a producir a gran escala ni el diez por ciento. Pero no puedo generalizar la opinión. Lo que sí es cierto es que los problemas económicos frenan el intercambio entre el instituto y todos sus proyectos, y lo que en realidad se puede concretar. Otras veces ocurre que a la empresa no le interesa el producto diseñado, y eso pudiera decirte que es relativamente común en nuestras empresas.

Nuestras entidades productoras no presentan mucho interés en los productos que propone tanto el Instituto como la Oficina. Esta situación no se da en todos los casos pero llega a ser recurrente con las empresas cubanas. El proceso de producción después de atravesar varias etapas nunca llega a concretarse y eso es algo que nos golpea mucho. Por lo general, en el sector industrial cubano las empresas no cuentan con la preparación necesaria para gestionar la actividad del diseño, lo que impide apreciar las ventajas que esta brinda al desarrollo del país.

Leer la entrevista completa.

 

Operación Industria Cubana

Operación Industria Cubana. 1959.

Operación Industria Cubana. 1959.

En Librínsula: Consuma productos cubanos:

Operación Industria Cubana

Con el advenimiento de la Revolución la primera exposición comercial de producciones cubanas tuvo lugar entre los días 5 y 17 de abril de 1959, en los cuatro pisos y áreas aledañas del edificio que ocupaba la antigua Escuela de Medicina, sita en calles 25 entre J e I, en el capitalino barrio del Vedado.

Esta muestra expositiva fue visitada por miles de personas de la capital y fue considerada por un connotado ejecutivo de agencia publicitaria (Raúl Gutiérrez, presidente de OCLA), como la más grande que jamás hubiera visto.

“La recaudación de aquella exposición se empleó en la construcción de la que llegaría a ser después Escuela de Medicina de Oriente, que estaría ubicada en la provincia de Santiago de Cuba”, explicó el doctor Omar Fernández quien en aquel entonces era Capitán del glorioso Ejército Rebelde.

Meses después (entre el 8 y 18 de mayo del propio año) y, por decisión del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, la muestra fue trasladada hacia el mismo centro de la ciudad de Manhattan, en Nueva York, Estados Unidos, donde fue visitada por miles de personas “con un éxito extraordinario”.

“Ya en plena crisis las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, se presentaron productos cubanos como: azúcar, tabaco, café, ron, cerámica…además de dos mil de plantas, entre ornamentales y medicinales”, puntualizó Fernández.

Recordó que, en aquella ocasión, recibieron la visita del entonces presidente norteamericano Dwight Eisenhower, quien se marchó sumamente complacido de la exhibición luego de recibir “un estuche de habanos, los mejores del mundo”, de manos del Capitán del Ejército Rebelde.

“—Voy a despertar envidia a mis amigos, cuando me fume estos excelentes habanos,” dijo Eisenhower.

Igualmente, y cumpliendo órdenes de Fidel, la exhibición comercial fue mostrada a todo el pueblo de Cuba… a través de un contexto inusual: transportada en ferrocarril. Para ello se dispusieron 62 vagones –de ellos 50 expositivos y un staff conformado por 90 personas—que, entre diciembre de 1959 y mayo1960, realizaron un recorrido por 90 lugares a todo lo largo y ancho de la Isla.

“Se partió de la ciudad pinareña de Isabel Rubio y, seis meses después de trabajo titánico y, de regreso a La Habana, la clausura la hizo el Comandante Ernesto Che Guevara…Unas 750 000 personas de otras provincias tuvieron la oportunidad de visitar la muestra, partir del tren más largo de Cuba”, rememoró en esta oportunidad Amadeo Blanco, uno de los principales coordinadores de aquella Primera Exposición de Productos Cubanos en la Acción Ferrocarril.

En esa oportunidad, algunos industriales cubanos fueron abandonando poco a poco la muestra ferroviaria debido al proceso de nacionalización de industrias y empresas privadas que se estaba desarrollando en el país….

transporte

Imagen tomada de internet.

Imagen tomada de internet.

En On Cuba:

Camionetas particulares: la avaricia rompe el saco:

Las camionetas particulares se han convertido en Cuba en un medio de transporte que, si bien ha aliviado un poco la precaria situación, es uno de los medios más peligrosos, por las altas velocidades a las que conducen los choferes, la sobresaturación de pasajeros y el estado
técnico defectuoso de muchos de esos vehículos.

Hace unos años, apenas se veían estas camionetas en La Habana. Han sido, desde el inicio, un medio de transporte más bien en el interior del país, para viajes interprovinciales. Ahora siguen incluso algunas de las rutas de los ómnibus estatales en la capital, cobrando por lo
general 5 pesos (0.20 dólares) más económico que los almendrones, cuyos precios oscilan entre los 10 y los 20 pesos.

A estas camionetas se les permite llevar tantos pasajeros como asientos tenga. Pero los choferes y los conductores transportan a las personas como vacas, después de recoger tantas como haya en la calle. La avaricia, como veremos más adelante, también rompió el saco esta
vez.

Continuar leyendo en On Cuba.

La triste historia del transporte cubano:

Existen en Cuba pocos sectores que hayan acumulado tanta ineficiencia durante tantos años como el transporte de pasajeros. Las cosas ni siquiera funcionaron bien en la época de la abundancia, cuando la ayuda soviética se contaba por miles de millones y el petróleo se
pagaba con azúcar.

Hasta el humor lo refleja. Antes de que Cuba entrara en la crisis de los 90 ya una pancarta mostraba la pintura de una guagua (bus cubano) abarrotada de escenas del Guernica, el cuadro de Pablo Picasso que representa el caos en un pueblo vasco tras el bombardeo de la aviación nazi.

Hoy pocos creen que ese servicio vaya a mejorar, recientemente un cubano me decía que invertiría todo lo que tiene en un “almendrón”, un automóvil estadounidense de los años 50. El taxi “es un negocio al seguro, sin riesgos, porque el transporte del Estado nunca va a mejorar en Cuba”, me dijo.

En el 2009 se gastaron 180 millones de dólares en buses y el director de desarrollo provincial, Carlos González, nos aseguró que “es un plan a mediano plazo para, en 2012, satisfacer el 85 por ciento de la demanda, es decir, transportar más de 3,5 millones de pasajeros al día”. Fue una de las tantas promesas incumplidas.

Basándonos en la historia del último medio siglo hay que aceptar que el Ministerio difícilmente pueda organizar bien el transporte ahora si no fue capaz de hacerlo cuando tenían todos los buses “socialistas” que necesitaban y la asesoría francesa, una de las más capacitadas.

Continuar leyendo, y ver video, en On Cuba.

Café Fuerte: De El Calvario a Matanzas: El doloroso caso del urbanismo cubano

Calle Norte, entre 35 y 35, Nuevo Vedado. Foto 2012.

Calle Norte, entre 35 y 35, Nuevo Vedado. Foto 2012.

Café Fuerte publicó un texto de Leonardo Padura sobre las violaciones a los códigos urbanísticos cubanos:

El complicado tema de las regulaciones urbanísticas -o más bien de sus violaciones- y de las construcciones ilegales ha vuelto a aparecer con fuerza en los medios institucionales cubanos encargados de vigilar, regular y preservar su funcionamiento.

El hecho visible de que, durante demasiados años, en ciudades y pueblos de todo el país se haya tenido una actitud que va de la tolerancia a la indolencia, pesa hoy como una montaña no ya sobre la imagen física de los asentamientos urbanos, sino y muy especialmente, sobre la vida cotidiana de miles de familias que, a veces por gusto, pero muchas veces por necesidad, han deformado lo que urbanísticamente está reglamentado y hoy viven en sitios sensibles de ser catalogados como violaciones inadmisibles por los códigos existentes -y que pueden ser condenados incluso a la demolición si se aplican drásticamente los reglamentos existentes… que tantas personas e instituciones olvidaron por décadas.

Como atrás queda dicho, existen diversas razones que han provocado tal acumulación de problemas en el entorno arquitectónico y urbanístico cubano. Si bien es cierto que muchas personas han realizado obras constructivas con clara conciencia de que violaban algunos de los reglamentos existentes, lo cierto es que en la mayoría de los casos lo que hoy vemos es resultado de dos actitudes cercanas pero diferentes: de un lado la indolencia de las autoridades que en su momento dejaron que se cometiera la violación y del otro la necesidad de la mayoría de las personas de buscar soluciones a sus problemas de espacio y vivienda, según sus condiciones económicas, posibilidades para realizar la obra y hasta sus criterios estéticos.

Continuar leyendo en Café Fuerte.

“construya su propia máquina”

Imagen de Ernesto Oroza.

Imagen de Ernesto Oroza.

En el Informe del Dr. Ernesto Guevara, Ministro de Industrias en la Reunión Nacional de Producción de 1961 (publicado en Díaz Castañón, María del Pilar. 2004. Ideología y Revolución. Cuba, 1959-1962. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales):

En este momento estamos estudiando una segunda campaña de emulación, basada en parecidas características, y que tendrá por nombre “Construya su propia máquina”. Es decir, tomar a los obreros, a los técnicos de mayor categoría y de más empuje revolucionario, porque también hay que tener empuje revolucionario para esto, y crear equipos de trabajo que vayan copiando todas las máquinas que hay en el país, reproduciéndolas y aumentando nuestro equipamiento industrial con los materiales que existan en el país, cuando no se pueda otra cosa comprando algunos para completar maquinarias nuevas. Es ya la tarea que va a separar nuestra lucha pasiva por mantener la máquina andando con la pieza de repuesto, y nuestra lucha activa correspondiente a un nuevo escalón en el desarrollo de la producción, con los obreros y técnicos cubanos construyendo las máquinas para producir más en el país. (p. 228)

Y así se hicieron las cosechadoras de marca Libertadora, copia cubana de las norteamericanas Henderson.

abrecartas

Abrecartas. 1970s. Imagen cortesía de Teresa Cruz.

Abrecartas hecho en China. 1960s. Imagen cortesía de Teresa Cruz.

En Cuba se reciben pocas cartas. Comparado con el servicio postal de los Estados Unidos, su homólogo cubano trabaja poco. Y las cartas que se reciben se abren como se puede. Le he preguntado a mis amigos más cercanos y ninguno usó en Cuba un abrecartas. Los únicos objetos de este tipo que vi en Cuba estaban, junto con un par de espuelas, algunas miniaturas de marfil, y dos o tres de figuras de biscuit, en la vitrina de la sala de la casa de mis abuelos. Aquellos abrecartas eran de metal e imitaban floretes. A cada rato también aparecían otros más ordinarios en las gavetas de su casa. Tengo aquí uno plástico, cuyo extremo más ancho es una lupa ya mellada, que alguna vez sirvió de propaganda del medicamento Premarin, producido por el laboratorio Averst. Todavía tiene dentro las píldoras amarillentas del por entonces novedoso compuesto. Lo traje conmigo en unas vacaciones. Tuve uno de carey, que nunca fue muy bueno, y que un día se partió en dos. Me lo había mandado mi abuelo con alguien que llegó de Cuba. El que se muestra lo envió Teresa Cruz, quien dice que fue fabricado en China y adquirido en Cuba a principios de los años 1960s, junto con unos cortes de tela que también se adquirieron en el mismo país.

Nadia García Porras y Maraya Shells: En Cuba todo es aparentar

Maraya Shells. Imagen tomada de Havana Cultura. Cortesía de Lillian Guerra.

Maraya Shells. Imagen tomada de Havana Cultura.

En Havana Culturasobre Maraya Shells:

One morning on a quiet residential street in Havana’s Vedado district, a woman emerges from her apartment building and stands at the entrance, posing. She wears a lacy black top and neon red spandex leggings tucked into black high-heeled boots. The colour of her lipstick and nail polish match her leggings, which also match what are those things in her hair?– oh yes, extra-large, extra-red curlers. “My clothes,” she says by way of introduction, gesturing with slow, elegant hand movements from boots to curlers, “are my life!”

Meet Maraya Shells (“the one and only!”). She speaks in aphorisms usually followed by exclamation marks (“Everyone has the right to shop!” and “We are beautiful and precious, but we have time for nothing!”). She looks like she has been styled by Pedro Almodovar to star in a John Waters movie set in some imaginary Cuban Las Vegas. In fact she is the alter ego and fantasy creation of Nadia García Porras, easily one of the most fascinating and inventive artists working in Havana today.

Not that all this is immediately apparent to Havana Cultura’s film crew, of course. We’ve shown up to interview Porras. Instead we are greeted by Maraya Shells who insists she is Porras’ sister (“Poor Nadia – she doesn’t have the hands of a princess like I do!”) and who finally agrees to be interviewed herself. But the interview will have to take place in a neighbour’s apartment whose décor is, for some reason, more to her liking.

The reason becomes clear once we’re inside. The apartment, inhabited by a kindly, non-spandex-wearing older lady, houses an extensive gathering of plaster Indian chiefs, huge plastic sunflowers, tiny porcelain figurines of children and caged (real) Budgerigars. Maraya Shells treats us to another of her hand gestures, tracing an approving arc from bird cages to framed reproductions of sunsets and waterfalls: “Todo es perfecto aquil!” We can’t help but agree.

When the interview is over she invites us next door to meet her “sister” – with a warning: “She is crazy, you know– she is an artist!” By the time we reconvene, the spandex, curlers and boots that were Maraya Shells seem to have vanished. In their place we find Nadia Porras reclining in a leather armchair, looking distinctly un-crazy in a white long-sleeved sweater and soft brown trousers. There’s not a plaster Indian in sight.

This flat, with its stunning low-rise view of the Malécon and the surf beyond, belongs to Porras’ mother, an art-history professor. On the coffee table sits the latest issue of the American art magazine “Art in America”. The shelves are lined with expensive art books (“From Baudelaire to Bonnard”, in English). The only thing slightly amiss are the photos scattered on the dining room table, showing Porras and some cohorts lugging something large and plastic around Havana, no doubt in preparation for a recent performance or installation.

So how does Nadia become Maraya, or vice-versa? “I’ve always liked camouflage,” Porras explains. “Plus, here in Cuba, everything is about pretending. I’ve always liked that side of this place.” Where her alter ego is all smiles and exuberance, Porras maintains an air of seriousness so convincing it’s hard to know when she’s joking. Maybe that’s part of the camouflage, too.

h/t Lillian Guerra

On Cuba: El año en que nos comimos los muebles

Foto 2012. Vedado.

Foto 2012. Vedado.

En On Cuba: El año en que nos comimos los muebles:

Un día ya no había con qué cocinar, ni dónde buscar leña. María Cureaux se revolvió en su apartamento. Se revolvieron sus ancestros mambises, sus ancestros francohaitianos. La tabla de planchar se le apareció como tabla de salvación. A la mañana siguiente, miró con picardía una silla que estaba floja. La madera parecía buena…

En aquella cocina improvisada con dos ladrillos y en el pequeño balcón del tercer piso, ardió todo el juego de comedor, una cama, y hasta se vació el librero. El Decamerón y La dama de las camelias sirvieron para ablandar los chícharos.

Dos laticas de arroz, el doble de agua y el efecto del vapor conseguían el milagro de llenar la olla. Aquel procedimiento de emergencia se conocía como arroz microjet. María Cureaux Savigne lo dice con una sonrisa desbordada. Ahora puede, pero a principios de los noventa; con cuatro hijos a su cuidado y un esposo que trabajaba lejos, no tenía ánimos para hilaridad alguna.

El llamado “período especial” sobrevino en esa época tras la caída del campo socialista y la desintegración de la Unión Soviética. La economía tocó fondo. El ingenio del cubano se disparó.

María Cureaux se volvió experta. Cuando ya no hubo zapatos, se procuró unos pedazos de cámaras de neumáticos que cortaba y calaba a la medida. Al regresar de su guardia nocturna, se lavaba el rostro y a dar pedal en su máquina Singer. Fiel e invicta. De allí salieron calzados para la familia… y para la calle.

Había que aprovechar la luz solar. El único bombillo de la casa iba de la cocina a la sala, de la sala al cuarto: un viaje de ida y vuelta. Se transformó en poco menos que un objeto de culto. Era de admirar, el primor con que se quitaba y se volvía a enroscar; mas todo empezó a tornarse inútil ante los largos apagones.

La alergia de los hijos lo complicaba todo, pero María Cureaux no conocía la rendición. Se ahorró la larga cola del queroseno, y tuvo que arreglárselas con unas velas fabricadas de panal, con unos mecheros alimentados de aceite comestible, aceite de ricino, brillantina para el pelo, lo que apareciera.

Como tantos otros, redescubrió al maguey. La planta salió de la humildad al estrellato. Sus hojas carnosas y su sustancia blanquecina sustituyeron al jabón… hasta una tarde en que las manos de María salieron inflamadas.

Todavía hay tiempo para explicar cómo aderezaba el picadillo de cáscara de plátano, como convirtió las cortinas en vestidos, como…

María Cureaux vive en el Reparto Rajayoga en Santiago de Cuba y ha visto crecer a sus hijos con orgullo. Intenta explicarlo todo con indulgencia, casi con ternura. Y mientras mece sus libras, hay un destello que no descifro, un ardor en su mirada que no alcanzo.

Page 1 of 4912345»102030...Last »