Barberito

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No sé por qué en mi casa decidieron comprar varios Barberitos. Quizás hayan venido convoyados con algún otro producto, y no les quedó más remedio que comprarlos (es una hipótesis que tendré que comprobar), pero lo cierto es que he encontrado más de uno en mis recogidas de objetos viejos, y también más de un prospecto con las indicaciones de uso. Creo que una vez intenté darme unos cortes con él y, posiblemente a cuenta de las cuchillas melladas, me haló más pelos que los que cortó, por lo que desistí de usarlo. Mi abuela sí peló a mi abuelo con él hasta que ella enfermó y ya no lo peló más. Ahora es mi mamá quien lo pela, pero lo hace con tijeras. No creo que alguien use aún Barberitos en Cuba, por lo que les dejo la imagen e instrucciones de uso, para que quede el “record”.

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certificado SNTECD

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Al trabajo también hay que llegar puntual.

 

reconocimiento Padre Ejemplar en la Educación

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Es curioso que uno de los regímenes políticos que más certificados y diplomas ha producido no tuviera uno para “estimular” a quienes consideró “padres ejemplares en la educación,” pese a que todos los años, al menos durante la primera mitad de los 1980s, un buen número de éstos fuera reconocido en tanto tal por el coordinador nacional de los CDR y el ministro de educación. Resulta significativo asimismo que en el documento en cuestión no se hubiera concebido espacio para estampar el nombre del padre homenajeado, que ha de aparecer por esta causa escrito aprisa y sin gracia, así como también que el del alumno ni siquiera se mencione. Es el estado y sus instituciones el único protagonista, el que, cuando parece que celebra, en realidad se legitima.

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acta de inscripción de los méritos y deméritos laborales

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Es una hoja de papel adosada al expediente laboral. Una entre muchas otras de escalas salariales, verificaciones políticas realizadas en el vecindario, títulos de cursos de superación y seminarios, certificaciones de horas cumplidas en trabajos voluntarios y movilizaciones, y mucha más papelería. Sin embargo, el acta de inscripción de méritos y deméritos laborales era la verdadera puerta que conducía a un mejor puesto con un mejor salario y, con suerte, viajes al extranjero, o que ofrecía la posibilidad de obtener, en las Asambleas de Emulación Socialista, un televisor, un radio, o una casa en la playa. La hojita de papel.

almanaques de bolsillo

Almanaque hecho en la URSS. 1989. Cortesía de Verónica Cervera.

Almanaque hecho en la URSS. 1989. Cortesía de Verónica Cervera.

No sé si a todos les pasaba lo mismo, pero a mí, de niña, me encantaba tener almanaques de bolsillo. Por lo menos uno al comenzar el año. Prefería los de plástico e imágenes en 3D que cambiaban según la posición desde donde las vieras, dando la impresión de movimiento, pero podía llegar a contentarme con uno de cartón cromado, a color. Creo que hasta marcaba fechas en ellos, aunque no recuerdo cuáles. El día de mi cumpleaños con toda seguridad era una de ellas, y quizás los cumpleaños de mis padres, mi hermana y mis abuelos. ¿Qué otra fecha hubiera querido recordar cuando de niña asistía a la escuela primaria Nicolás Estévanes?

Ninguno de los almanaques que ilustran este post fue mío. Con excepción del de Agustino Neto, que perteneció a mi abuela, he podido reunirlos gracias a la gentileza de buenos amigos.

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Almanaque del Ministerio de la Construcción. 1988. Cortesía de Ernesto Hernández Busto.

Almanaque del Ministerio de la Construcción. 1988. Cortesía de Ernesto Hernández Busto.

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Almanaque 1976.

Almanaque 1976.

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Almanaque 3D. 1983. Cortesía de María Luisa Pérez.

Almanaque 3D. 1983. Cortesía de María Luisa Pérez.

 

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almanaques II

almanaques

Empresa de Jabonera y Perfumería Suchel

los Reyes Magos de la revolución

Imagen tomada del libro de Lillian Guerra "Visions of Power in Cuba."

Imagen tomada del libro de Lillian Guerra “Visions of Power in Cuba.”

En Penúltimos Días: La Revolución y los Tres Reyes Magos:

El gigantesco mural muestra un belén revolucionario al que llegan los tres primeros comandantes (Fidel, el Che y Almeida en el obligatorio rol de Baltazar) con sus respectivos dones: la Industrialización, la Reforma Agraria y la Alfabetización.

Al fondo, las montañas, y sobre el Nacimiento la figura de un Martí gigante y beatífico. El mural, titulado “Jesús del Bohío”, cuyo estilo naif recuerda las primeras obras monumentales de Siqueiros, se instaló a finales de 1960 en la marquesina de la estación de radio CMQ, en La Habana, y puede verse en el documental de Chris Marker, Cuba sí (1961), cuyos primeros minutos son una antología del mito de la Revolución como consagración navideña.

El documental comienza con escenas tomadas en una famosa tienda de juguetes, entrevistas a un grupo de niños que van desgranando deseos ante la cámara. Se nota el placer de los rebeldes convertidos en representantes de los tres nuevos Reyes. Fidel Castro había anunciado que se regalarían juguetes a todos los niños cubanos, y en varios grandes almacenes se formaron colas gigantescas. Y premonitorias. Los juguetes, por supuesto, no alcanzaron, pero esa frustración sólo puede verse en otras fotos, bastante menos conocidas.

Durante esos primeros años no faltaron pruebas de la “voluntad navideña” de la Revolución. Hasta se intentó sustituir a Santa Claus por la figura autóctona de un “guajiro” barbudo, Don Feliciano, vestido con guayabera y sombrero de yarey. La idea no fue bien acogida, a diferencia de los camiones militares, que el 24 de diciembre de 1960 recorrieron los barrios pobres entregando carne de puerco, frijoles negros, arroz, turrones y golosinas.

El mito de la Revolución navideña, sin embargo, entrañaba un peligro: al convertir a los barbudos en Reyes Magos, el pueblo cubano asumía también una inequívoca condición infantil. Dejaba de ser un ente político adulto para convertirse en el niño que pide deseos, confiado en que, de alguna u otra manera, los regalos llegarán. Los principales dones (Industrialización, Reforma Agraria, Alfabetización) se anunciaban como derechos postergados, pero se entregaban como dádivas, como juguetes. Ayudada por el mito, la política se desligaba de las instituciones y de la sociedad civil para convertirse en ritual de complacencia que consagraba al Nuevo Poder en la esfera de lo inapelable.

En 1959 los juguetes no alcanzaron. A partir de 1969, las Navidades estuvieron prohibidas durante casi tres décadas. Pero todavía seguimos en lo mismo: esperando algún gesto de largueza navideña.

Ernesto Hernández Busto

Feliz 2015

Almanaque 3D. 1983. Cortesia María Luisa Pérez.

Almanaque 3D. 1983. Cortesia María Luisa Pérez.

El abuelo de María Luisa Pérez, un ganadero a quien le intervinieron la finca en 1963 y que, por éste entre otros motivos menos personales, nunca simpatizó con el Gobierno Revolucionario o con el régimen de socialismo de estado hacia el que aquél derivó, visitó los Estados Unidos en el año 1983, gracias a las conversaciones entre la administración de James Carter y el gobierno cubano. Trajo consigo, de regalo para su nieta exiliada desde 1967, un almanaque 3D, el que quizás encontró más atractivo que cualquier otro objeto en su natal Las Tunas. Presumo que, como los marcadores de libros de factura similar, el tal almanaque provenía de alguno de los países socialistas a los que por entonces el gobierno cubano llamaba hermanos, lo que no impidió que su nieta lo conservara con cariño, como un tierno recuerdo de su abuelo.

Deseo que, en el año 2015, la multiplicación de gestos como éste, o como el performance de la artista Tania Bruguera, lamentablemente abortado por las autoridades en la isla, nos ayuden a reelaborar símbolos y a crear espacios públicos plurales e inclusivos.

#YoTambiénExijo

Opus Habana: Ayuso: La Revolución y el vestuario

Diseño de Ayuso.

Diseño de Fernando Ayuso. Imagen tomada de Opus Habana.

En Opus Habana: Ayuso: La Revolución y el vestuario:

Quienes vivieron los años sesenta recuerdan ese período como la época más hermosa de sus vidas. Fueron años difíciles pero llenos de esperanza, años de ruptura y de fundación. La intensidad con que se vivía, la posibilidad de realizar los sueños, el contacto con tanta gente dispuesta a crear con amor el traje, la casa y el país digno para todos, decidieron al diseñador español Fernando Ayuso (1931-2004) a quedarse en Cuba para siempre. Lo suyo fue el traje, esa «segunda piel» de los humanos, la primera protección del cuerpo y uno de sus medios de expresión e identidad.Los que realizaban una revolución deberían tener un traje revolucionario, un traje tan bello como económico y funcional; esto lo comprendió la heroína y presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas, Vilma Espín, y por ello le encargó a Ayuso –quien ya había dado pruebas de talento en su boutique Corinto y Oro– la creación del Taller Experimental de Diseño.
Ubicado en la céntrica Rampa, el Taller orientaría a la población y a la industria de confecciones en algo que no debía descuidarse: la imagen del hombre y la mujer. En aquel espacio se ubicaron talleres, oficinas y un espacio expositivo vanguardista diseñado por su esposa –la arquitecta cubana Ana Vega– la «vidriera mágica» en la que de un modo novedoso, cada noche de sábado, con acompañamiento musical del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, un equipo de hermosas modelos –entrenadas en el propio taller con el apoyo de expertas como Norka y Norma Martínez– presentaba las propuestas en un nuevo estilo, dinámico, audaz como la ropa que portaban.
Fue Ayuso quien lanzó en Cuba, desde esa vidriera, la mini falda, el empleo del short como prenda de vestir en la ciudad para hombres y mujeres, la ropa en mezclilla de variados colores y gramajes propuestos por el propio Taller a las textileras; estas soluciones luego serían constantes en la moda internacional, pero a ellas se llegó aquí tempranamente como respuesta creativa a condiciones económicas adversas. Todo esto constituyó una verdadera revolución en el vestir, a tono con lo que sucedía en el país en otros sectores de las artes visuales.1 El trabajo de Ayuso en el Taller es trascendente; la enseñanza de lo que allí crearon él y sus eficaces colaboradores es útil y necesaria; aún hoy cuando, a pesar del tiempo transcurrido, la industria nacional no logra satisfacer demandas elementales de la población. En los años sesenta escaseaban también las materias primas para la confección textil; esto llevó al diseñador a la experimentación con textiles económicos de fabricación nacional que no habían sido empleados antes en vestuario social –la lonetilla que se fabricaba para catres, el lienzo de los sacos de azúcar, la gasa para cubrir las siembras de tabaco, el céfiro de la ropa de trabajo– que se enriquecieron con los cortes, combinaciones novedosas de materiales así como tejidos de punto y estampados serigráficos realizados en el propio Taller. Este creador fue profesor de quienes serían nuestros mejores diseñadores de vestuario escénico y social, en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y en el Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI). Su creatividad y nivel de exigencia en cuanto al dominio de la tecnología de la confección, en el Taller Verano de la Empresa de Productos Varios (EMPROVA), su asesoramiento al Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) y al Taller Quitrín son recordados mediante testimonios, dibujos y fotos de sus obras en la exposición que el grupo PERSONA y la Casa de la Obrapía inauguró el 15 de febrero [de 1999], a las 3.00 pm en su sede de Obrapía entre San Ignacio y Teniente Rey, La Habana Vieja. En tal oportunidad se produjo un emotivo encuentro entre familiares, amigos, antiguos colaboradores y un público joven deseoso de conocer sobre una figura y una obra que aún pueden resultar inspiradoras.

navidades, consumo, nacionalismo y revolución (tres discursos)

Navidades de 1961. Imagen tomada del muro de FB de EtnoCuba.

Navidades de 1961. Imagen tomada del muro de FB de EthnoCuba.

En Louis A. Pérez. 1999. On Becoming Cuban: Identity, Nationality, and Culture. NC: University of North Carolina Press:

Artist María Luisa Ríos criticized the reproduction of northern scenes as the representation of Christmas. “We Cuban painters do not have need to seek inspiration in foreign motives to create nativity scenes,” asserted Ríos. “In Cuba there exist untapped motives waiting for the magic of lines and color to shape them on the canvas.” (p. 474)

Holidays were transformed. The celebration of Thanksgiving was suspended. Christmas changed. New emphasis was given to the celebration of a “Cuban Christmas,” which signified the revival of Spanish traditions and the consumption of Cuban products. Fifty years earlier, the means of expressing Cuban involved replacing Spanish customs with North American ones. In 1959 the affirmation of Cuban implied rejection of North American practices for Spanish ones. Merchants, retailers, and advertisers were exhorted to emphasize Kings Day (January 6) as more consistent with Cuban customs. . . .  Carpentier called for te rejection of Santa Claus and the Christmas tree as practices “alien to our traditions.” Roberto Fernandez Retamar agreed . . . The time had come to banish Santa Claus –”difficult to pronounce”– from the “Cuban Christmas” and restore the three wise men. (p. 485)

On the occasions where Santa Claus did appear, his beard was often colored black to resemble a barbudo. The Ministry of Commerce discouraged merchants from importing Christmas trees, Christmas decorations, candies, and other merchandise associated with “traditions foreign to the nation.” The only exception to the ban on foreign imports was the Spanish candy turrón , which was permitted, as it formed part of the “true Spanish-Cuban traditions.” (p. 486)

En Llilian Guerra. 2012. Visions of Power in Cuba: Revolution, Redemption, and Resistance, 1959-1971. Chapel Hill: University of North Carolina Press:

Cuba’s National Institute of Culture, headed by former Ortodoxo Party stalwart Dr. Vicentina Antuña, developed plans to “cubanize” Christmas through politically engaged, commercial means. Cubans had made a “consumerist” not a “communist” Revolution, Antuña’s plan appeared to say. Given Cuba’s international context, expressing Christmas joy itself could be considered revolutionary. With this in mind, INRA’s paid advertisements promoted decorative ideas that deliberately politicized the serving of eggs and chicken (which Beef-loving Cubans apparently disdained for not being real “meat”). Now produced by state-managed cooperatives, displaying these products at holiday meals nt only showed one’s revolutionary stripes but also ensured that state ownership would succeed. In nationalizing their tastes, most Cubans needed little encouragement. In December 1959, Cuban families uncorked bottles of Cuban wines rather than imported varieties for the first time in living memory, while poor neighborhoods took up special collections to buy outdoor Christmas decorations to adorn their blocks.

An additional dimension of the National Institute of Culture’s cubanization of Christmas campaign included the publication of Cuba’s first truly national cookbook. Once again, if buying Cuban and giving Cuban made you more Cuba and therefore, more revolutionary, so did eating Cuban. Featuring recipes from all regions, the book was meant for women in the capital who rarely ventured into the campo and therefore had never discovered its culinary delights. Symbolic of their peasant origins, featured recipes in the book had delightfully ironic names, such as three styles of making the desert matahambre (hunger-killer) (two of which are labeled “traditional”), another recipe called matarrabia (rage-killer) as well as a Caibarién fisherman’s favorite dish, salsa de perro (sauce of a dog). Thus, Recetas Cubanas not only represented the national integration and embrace of the campo into the culture, identity, and kitchens of urban Cubans but also demonstrated how the socioeconomic injustices of the past had deprived affluent habaneros of the beauty of rural culture and its rustic customs.

Maximun expression of revolutionary consumerism could be found in the government campaign to influence the nature of holiday gift shopping. As one reporter put it, “The idea of fusing universal celebration of the birth of Christ with cubanía [is] certainly very patriotic.” In November 1959, officials announced a fair to exhibit different gift ideas for Christmas that would be held at Havana’s prestigious Museo de Bellas Artes on El Prado. Although a few foreign-named franchises like Sears and Escarpines Gold Seal were included, organizers focused on soliciting donations of items for a “Cuban Christmas” from all of the capital’s locally owned department stores and they also contacted Cuban-owned manufacturers such as Muñecas Lili, Camisetas Perro, and Bacardí’s Hatuey beer division. All items displayed had to be Cuban-made.

Not originally intended to solicit individual donations, the campaign nonetheless inspired citizens to donate their own handicrafts to the fair. After all, what could be more “Cuban” than a gift not made by a machine but by a real life Cuban? Organizers seemed to agree. (p. 97)

En Cubadebatepor Antonio Núñez Jiménez (tomado de En marcha con Fidel):

Muy lejos de Soplillar, un automóvil sale de la Capital. En él viaja Fidel Castro, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario. Atravesamos ciudades y pueblos, todos igualmente engalanados con cubanísimas pencas de palmas reales, las casas con bandera y a lo largo de las calles, una profusión de guirnaldas de colores, adornos navideños. Al paso de Fidel, la gente le extiende su saludo emocionado. Todos quieren estrechar su mano, expresarle su apoyo a la Revolución. Son las primeras Navidades libres de Cuba.

En Cubadebate, del mismo texto: La Nochebuena de Fidel con los carboneros:

. . . Es el día de Nochebuena y hay que preparar la cena y traer las cosas de la bodega. Ademas, Rogelio debe pedir la liquidación a la Cooperativa. Quiere comprarales ropa a los muchachos y a Pilar “para que deje de ponerse ese ripio punzó”.

Juntos abandonan la finca Santa Teresa, antiguo latifundio, ahora propiedad del pueblo carbonero. Atraviesan un trillo hasta el campo de aterrizaje, obra construida por el INRA y, siguen la amplia calzada del aeródromo.Llegan a Soplillar. Pasan la escuelita remozada, pintada de verde claro; las casas de madera, adornadas con papelitos de colores, indican la alegría reinante.

Rogelio y Carlos se abren paso hasta el mostrador de la Tienda del Pueblo para cobrar el dinero que la Cooperativa les adeuda y comprar los víveres de la Nochebuena Carmelo Hernández, el administrador, le extiende a Carlos un cheque. No lo cambie, paga con lo que le ha quedado de meses anteriores y comenta que antes el cobro de los carboneros sólo servía para pagar lo consumido y abonar los abusivos intereses. La lista de precios que cuelga de la pared es elocuente: al aumentar los jornales del carbonero casi al doble y reducirse el costo de la vida, el nivel económico en la ciénaga se eleva en pocos meses.

Una hora después de su entrada en la Tienda del Pueblo, Rogelio y Carlos, con sendos sacos repletos de víveres, turrones y otros dulces para sus hijos, regresan a sus hogares.

. . .

-¡Que diferencia! Hace un año los amarillos vinieron a llevarme la lechona y me mataron a un sobrino que todavía nadie sabe donde lo enterraron. Señores, ¡esto ha vuelto a nacer!.

. . .

-Cuando ustedes luchaban en las montañas, para serles franco, no creía que esta Revolución iba ser tan pura. ¡Eran tantas las decepciones del pasado! Yo conozco como nadie la ciénaga y ahorita no se va a conocer. En Soplillar ya hay ciento cuarenta y ocho cooperativas, en Buenaventura ciento noventa y en Pálpite pasan de ochenta. Y a eso, súmele las carreteras, las playas, las Tiendas del Pueblo.

Antes de las doce de la noche ya todos estamos sentados frente a una mesa de rústicas tablas donde se coloca el lechón asado, una fuente de yuca, la ensalada de lechuga y rábanos y el arroz blanco. El vino es de frutas cubanas y los turrones comprador en la Tienda del Pueblo han sido producidos en el país.

Texto tomado por Cubadebate de Núñez Jiménez, Antonio (1982). En marcha con Fidel. Habana: Letras Cubanas.

Pocos años después, la revista humorística El Sable, clausurada por el gobierno en 1967, reportó en su columna Fotoveneno, que desde marzo de 1966 publicaba fotos de negligencias y malas conductas en el espacio público, de las que los oficiales del gobierno eran responsables, el abandono al descampado y en un espacio público de cientos de bancos de madera utilizados en la cena multitudinaria conque se celebraron las “Navidades Socialistas” de 1966. (Guerra, 2012)

envases

Imagen tomada de Nostalgias de mi Cuba.

Imagen tomada de Nostalgias de mi Cuba.

En Beltrán, Félix. 1984. Acerca del diseño. Havana, Cuba: Letras Cubanas:

Uno de los primeros envases comerciales de cálida fabricados en Cuba es la caja de tabaco. Desde el terminado del cedro hasta as litografías d indios, planas, hermosas mujeres y románticas parejas. Es un envase de acuerdo con la sensualidad aromática del tabaco cubano.

Actualmente estamos fabricando muchos productos que antes importábamos. En otros casos se está mejorando el diseño d productos viejos, como en el caso de las cajitas de fósforos, con sus variados diseños geométricos. El Departamento de Estudios de Productos del Ministerio de Industrias ha diseñado envases y etiquetas para una gran variedad de productos nacionales y de exportación. En muchos casos existen envase tradicionales, asociados durante años al producto por los consumidores, como ocurre con muchas marcas de cigarros y tabacos. En esos casos se ha mantenido el nombre del producto y parte de las formase colores del envase anterior. Esto es resultado de la necesidad de continuar manteniendo la asociación tradicional del producto con su envase y su nombre. Se han eliminado detalles innecesarios del diseño, y se han ordenado las formas conocidas, haciendo el envase más deseable y elegante.

Otro caso es la caja de lápices para profesionales: no es necesario leer el texto para conocer su contenido. Basta con ver el papel de planos, la regla T y el cartabón que aparece por ambos lados del envase.

La caja de colores para niños presenta varios niños jugando con lápices de colores. Aquí también se identifica fácilmente el producto por el envase. El nombre también es explícito: Pionero. (P. 102)

Diario de Cuba: Cuando la moda quiere ser arte

Trajes exhibidos en la exposición Divas en Art Deco, celebrada en el Museo Nacional de Artes Decorativas.

Trajes exhibidos en la exposición Divas en Art Deco, celebrada en el Museo Nacional de Artes Decorativas en Mayo del 2014.

En Diario de Cuba: Cuando la moda quiere ser arte:

A Leticia le interesa la moda. Nunca quiso ser modelo, diseñadora, ni siquiera fotógrafa, pero disfruta de un diseño atractivo y de enterarse de lo que se lleva o no en el mundo y en La Habana. También es amante de las artes plásticas y escénicas.

Por eso, sacó su entrada para asistir a la pasarela de Trajes extremos que propuso en Bellas Artes la séptima edición de Arte y Moda.

El concepto del espectáculo era muy atractivo: diseñadores que, inspirados en obras de artistas plásticos cubanos, crearon 25 “trajes extremos”. Cada traje iría acompañado de una pieza musical que lo distinguiría y vendría a formar parte del significado de la obra.

Ya en el lobby de Bellas Artes, lleno de mujeres entaconadas y con vestidos de noche, Leticia escuchó a uno de los diseñadores hablando con amigos. “La organización es un desastre. Ayer, el día de la inauguración, nos pidieron ayuda para conseguir las luces, porque a esas alturas todavía no estaba lista la pasarela.”

Leticia trató de conseguir un programa, pero solo estaban disponibles para los invitados. No tuvo más remedio que pedir uno al señor que se sentó a su lado. El programa, impreso a todo color y en buen papel, era en realidad un catálogo de los trajes que se presentarían. Leticia no pudo evitar pensar que si no hubiesen sido tan pretenciosos, hubiese alcanzado para darle programa a todo el público. Y pensó que la gente de la moda no puede evitar ser elitista.

Sin embargo, las palabras leídas por la locutora al principio del espectáculo le parecieron un poco lastimeras. Esta pasarela era un esfuerzo para tratar de alejar el concepto que habitualmente se tiene de la moda como algo “frívolo y superfluo”. Era como si los creadores estuvieran pidiendo disculpas por dedicarse a la moda en lugar de a las artes plásticas o algo más “elevado”.

Otro detalle que le llamó la atención a Leticia fue el interés por poner la cubanía en primer plano. El desfile fue abierto por el himno nacional, interpretado con una trompeta ensordecedora; los primeros vestidos estaban inspirados en la bandera; abundaron los cantos afrocubanos en la banda sonora. Tanta insistencia era para Leticia una manera de legitimar la moda como algo compatible con la nación. “Como si hiciera falta. Ya el hecho de que los diseñadores sean cubanos le da nacionalidad a las creaciones.”

La presunta desorganización no se hizo notar en la pasarela. En el fondo se proyectaban los cuadros que inspiraron los diseños, mientras los modelos bailaban más que desfilar. Unos trajes eran más atrevidos que otros, la música seleccionada se ajustaba más al diseño de vestuario en algunas ocasiones que en otras. Pero eso se debe más al concepto de cada artista que a la organización, supuso.

Vio danzar sobre la pasarela los más llamativos atuendos. Un traje de aspecto robótico; una armazón con corazoncitos colgando, un vestido con manzanas verdaderas dentro de la falda; vestidos plateados con enormes cuernos rojos o negros; un sombrero en forma de caballito de mar; un traje negro que parecía de samurai, un tocado de varillas con flores.

El público a su alrededor aplaudió mucho un traje de diseño geométrico cuyo sombrero se transformaba, de un panel que no dejaba ver la cara de la modelo en un atrevido tocado que la liberaba. A Leticia también le gustó, pero el que más le llamó la atención fue un vestido confeccionado con material plástico de embalaje, que por el frente conservaba la leyenda “Frágil”, y por la espalda “Made in”. Las mangas y el sombrero eran lámparas japonesas y los zapatos, también de inspiración japonesa, eran de tiras blancas y plástico transparente.

Leticia quedó satisfecha con el espectáculo. “Fue hermoso. Además, se ve que no faltan diseñadores con talento en Cuba. Solo me gustaría que dejaran de tratar de justificarse. Lo que la gente ve como frívolo es la moda que se viste, la utilitaria, y esa idea ya es cuestionable. Estar satisfecho con la imagen de uno no tendría que ser considerado superficial. Imagínate tú estos vestidos… A nadie se le ocurriría salir así a la calle. No fueron pensados para eso, desde su concepción fueron piezas artísticas. Ni siquiera hay que tomar como pretexto la obra de un pintor para ‘acercar la moda al arte’. La moda puede ser arte en sí misma. El buen diseñador es un artista, aunque no exponga en el Museo Nacional.”

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vida cotidiana y materialidad

Imagen tomada de internet.

Imagen tomada de internet.

Anna Cristina Pertierra inicia la introducción de su libro Cuba. The Struggle for Cosumption publicado por Caribbean Studies Press en 2011 con una descripción de la población del barrio santiaguero de Tivolí, en la que por dos años realizó la investigación etnográfica que sostiene su libro. De estos pobladores, dice que pasan sus días sentados en los escalones de delante de las puertas de sus casas, las mujeres con el cabello recogido en rolos, las más jóvenes vistiendo licras desteñidas y gastadas, las de más edad balanceándose en sillones. En este modus vivendi detecta la autora el más intenso aburrimiento en medio de una perenne actividad (vendedores callejeros empujando ruidosos carros, jóvenes manejando cocotaxis, muchachas montadas en las parrillas de bicicletas, hombres transportando cakes multicolores, y jineteros). Traduzco con cierta libertad un fragmento de la introducción:

Me impresioné al notar que la gente hacía mucho, pero lograba muy poco, y que esta lógica conformaba no solo los patrones y ritmos de la vida cotidiana sino también las alegrías y frustraciones que los cubanos expresan con relación a la vida en la Cuba contemporánea. El Tivolí es un hormiguero de actividad, pero esta actividad solamente produce socialización y apenas poco más.

Más adelante dice:

Sospechaba que, por detrás de ese sentido de enérgica socialidad, una pena profunda y perturbadora marcaba la vida de la mayoría de esas personas. Parecían sustituir con emociones, placeres y disfrutes otras formas de satisfacción, en parte–aunque no en la totalidad–debido a la pobreza material.

Según Pertierra, la población estudiada dedica gran parte de su día a día a la adquisición y mantenimiento de objetos materiales de origen industrial, a través de los cuales el progreso social y material de los individuos y de la sociedad es juzgado.

Café Fuerte: El doloroso caso del urbanismo cubano

Centro Habana. 2012.

Centro Habana. 2012.

En Café Fuerte: El doloroso caso del urbanismo cubano:

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Deterioro de El Calvario

Muy cerca de donde vivo, el barrio de El Calvario es un ejemplo patente de tales manejos. El Calvario, en especial las edificaciones ubicadas en la arteria principal o muy cerca de ella, conservó hasta los años 1960-70 muchas de sus construcciones originales, algunas de ellas levantadas en el siglo XIX. Pero con el paso del tiempo y el deterioro de la mayoría de ellas o con la necesidad de sus moradores de ganar espacios habitables, los propietarios de muchas de estas edificaciones han realizado las más diversas modificaciones a la estructura original, quitándole el valor de su presencia histórica. El resultado: ya El Calvario no se parece a lo que fue… ni se parece a nada que pueda ser medianamente armónico ni bello.

Pero, al cabo de tantos años y de tanto esfuerzo, ¿cómo pedir a estas personas que deshagan lo que han hecho, en muchos casos con ingentes esfuerzos? ¿Para regresar a qué?… En ejemplos como este, que se observan en todo el país, la causa parece definitivamente perdida. El caos y la fealdad son allí irreversibles.

Como El Calvario (más incluso que en ese pequeño pueblito de la periferia capitalina), hacia el centro de la ciudad también se reproducen actitudes similares pero en condiciones aun peores en diversos sitios. En un reciente recorrido que realicé por las calles aledañas a la Calzada de 10 de Octubre -y por la misma avenida que atraviesa el muy populoso municipio- más que problemas de violaciones de normas urbanísticas, observé las trazas de lo insalvable. La cantidad de casas y edificios que han perdido la cubierta es alarmante, e innumerable la de los inmuebles con grietas que se exhiben como heridas fatales. En medio de eso, algunos moradores de la zona han tratado de salvar lo salvable y, con los medios a su alcance y la inventiva propia, han deformado fachadas y estructuras, dándole a la zona una imagen de ciudad sin normas ni estilos que ha alcanzado también el punto de lo irreversible. ¿Y el Cerro, Centro Habana, Luyanó? Más de lo mismo.

Ruinas que acechan a Matanzas

Algo similar ocurre en ciudades del interior que he visitado en los últimos tiempos, entre las que está el caso doloroso de Matanzas, la llamada Atenas de Cuba, quizás ahora con más razón: las ruinas acechan varios de sus barrios históricos mientras las antes amables orillas de sus ríos hoy exhiben todos los niveles posibles del abandono. ¿Ha habido en todos estos años preocupación urbanística con ese entorno histórico que hizo de Matanzas la bella ciudad por la que a principios del siglo XIX se paseaban José María Heredia y los poetas que lo sucedieron? Salvo algunos edificios específicos, el resto parecer haber sido dejado a su suerte… o su mala suerte.

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Leer texto completo.

materia prima, artesanía y diseño

Publicado en Magacín. 1976.

Publicado en Magacín. 1976.

Hace dos o tres años, recorriendo una feria de artesanos en Cuba, me tropecé con una vendedora que exhibía vestidos hechos con tela de polyester, los cuales vendía a 18 CUCs. Muy cerca, otra vendedora proponía vestidos tejidos a un precio de 10 CUCs. La primera me dijo, cuando le pregunté la diferencia, que la tela era muy cara. Como en el anuncio de la revista Magacín, en donde el precio de las chancletas de goma se determinó según la cantidad de material empleado en su confección. Indagué entonces si el diseño y el trabajo no entraban en la ecuación con la que una y otra determinaban el precio de sus mercancías, pero la vendedora se enfadó. Eso fue el hombre nuevo.

maletas de palo

Maleta de palo. Circa 1980. Imagen tomada del muro de Facebook de Pepe Franco.

Maleta de palo. Circa 1980. Imagen tomada del muro de Facebook de Pepe Franco.

A mediados de los años 1960s, el estado cubano creó el programa de Escuela al Campo (EAC) como estrategia socializadora de la juventud en los valores políticos vigentes. Según Denise F. Blum, en su libro Cuban Youth and revolutionary Values: Educating the New Socialist Citizen (Austin: University of Texas Press. 2011):

By 1966 the EAC had become a major part of Cuban educational policy, and all urban junior high school students were expected to spend time in the countryside. The social aims of the EAC experiment were clearly defined. It was to produce a new kind of man, imbued with love for his country, ready for reform and desirous of increasing the wealth of the community, realizing the value of labor and prizing it, honorable, devoted, and steadfast. More specifically, the aims of the EAC program were to remove the disparity between urban and rural, to establish close links between school and life, to educate the rising generation for work by actually working, and, in line with a common objective, to demand the highest possible standards while respecting the personality of the pupils (Araujo 1976, 12). (p. 179)

Pocos escaparon de dicho programa. Guardo principalmente malos recuerdos de las semanas (dos en la escuela secundaria, seis en el preuniversitario) que pasé en la EAC, sólo atenuados por la perseverancia con que sabíamos encontrar la felicidad aún en esas particulares circunstancias en que la obligatoriedad del programa nos sacaba de casa, nos hacinaba en albergues fríos e inhóspitos, y nos hacía levantar al amanecer para llevarnos a recoger papas, café, u hojas de tabaco en las mañanas heladas y las tardes de sol, a cambio una magra a insípida comida.

Para representar la materialidad de las EAC basta aludir a las literas y las maletas de palo. Estas últimas constituían quizás el único vínculo, más allá de las visitas familiares del domingo, con el hogar abandonado, en muchos casos a la fuerza. Era, además de las sábanas y colchas con que cubríamos las delgadas colchonetas en donde descansábamos, el único espacio de individualidad en un medio marcado por la vida en colectivo y la estandarización utilitaria. De las maletas de palo dice Denise F. Blum:

The suitcase generic exterior gave no hint as to its interior decor. Photographs and magazine illustrations from different generations were pasted on the inside lid. Some showed treasured, far-away family and friends, while other, black-and-white snapshots chronicled the new camaraderie that blossomed at the EAC and a family history of participation in the program. Intermingled with the photographs were magazine illustrations of trendy icons and forbidden USO candy wrappers, offering a taste of fads from different eras. Even though the state sought to provide the necessary luggage for everyone, it attempted to do so in a way that would mask or even suppress individual differences and competition. Nevertheless, individual identity and sentimentality sprouted on the inside of the suitcase lids like wild weeds on a recently tilled field. The unexpected personal markers of identity and resistance mocked the impersonal, classless, utilitarian appearance of the suitcase exterior that was repainted year after year. To what degree did this maleta de palo (“stick” or “wood” suitcase, as it was called, because of its simple rudimentary appearance) symbolize the actions and effects of the state in its attempts to mold revolutionary citizens? (p. 186)

La investigadora pidió a la psicóloga Carolina de la Torre, quien ha estudiado la construcción de la identidad nacional en Cuba, que valorara los dibujos que los niños habían realizado sobre la experiencia de la EAC como parte de su proyecto de investigación. Según De la Torre:

The quality of the formal discourse is not that bad; it’s just that the drawings are simple and impersonal, as if the children are not mentally retarded but rather identity-retarded. Identity has been transmitted to them as if they were a mirror whose function was to reflect exactly what they are told. (p. 199)

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