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Habitación que mi abuelo y bisabuelo usaban para consultas médicas. Vedado, Habana. Foto 2012.

Reinaldo Escobar, en Desde aquí, comenta los cambios en La expresión material del ateísmo:

(…) Recuerdo los días en que concluíamos la construcción del edificio “de microbrigada” donde aun vivo. Fui elegido por los trabajadores para integrar una comisión que analizaría el mejor derecho de los aspirantes a ocupar la vivienda. Si mal no recuerdo, yo era el único comisionado que no era militante del partido comunista. Nos entregaron una planilla donde había que anotar cuidadosamente los datos de cada una de las personas aspirantes a vivir en el nuevo inmueble: nombres y apellidos, sexo, edad, centro de trabajo o estudio, nivel escolar, pertenencia a las organizaciones revolucionarias, si algún miembro de la familia había salido del país o si había sido sancionado por algún tribunal. Había que anotar además si se poseían efectos electrodomésticos, los muebles que tenían y otros detalles sobre el estado en que se encontraba la vivienda en el momento de la inspección. Sí, porque los miembros de la comisión teníamos que inspeccionar y al final, dejar por escrito nuestras valoraciones.

En la última página de la planilla, en el inciso B del Punto II, se abría un espacio para mencionar y describir los objetos religiosos que eran visibles en la casa inspeccionada. En el centenar de hogares visitados no apareció ni un solo corazón de Jesús, ni una postalita de la virgen, ni un solo rincón de Elegguá, ninguna cazuela con Oschún.

Han transcurrido 26 años de aquellos sondeos y ahora en el recibidor de nuestro edificio han puesto un cartel para invitar a creyentes y no creyentes a la misa que Benedicto XVI hará el próximo miércoles en La Habana. Por suerte ninguno de los que entonces creían cometió la ingenuidad (la honestidad) de dejar a la vista aquellos “objetos religiosos” que nosotros debíamos pesquisar. Ellos los ocultaron, yo conservé la planilla.

Estatuilla en bronce de la Virgen de la Caridad del Cobre
Estatuilla en bronce de la Virgen de la Caridad del Cobre

Estatuilla en bronce de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba. En la casa de Gertrudis Caraballo Gálvez y Leopoldo Arús Gálvez.

Cuando parecía que la única huella que dejaría el Papa Benedicto XVI en la materialidad cubana sería apenas la efímera imagen de su santa figura pegada en los espacios públicos de La Habana y Santiago de Cuba, este Viernes Santo, el primero que reconoce el gobierno cubano en cinco décadas, se vio recorrer por las calles habaneras la procesión del Via Crucis. Si bien la visita de Juan Pablo II en 1998 en tanto “mensajero de la verdad y la esperanza” trajo consigo un cambio en los espacios domésticos, que por primera vez en tres décadas volvieron a exhibir crucifijos e imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, Benedicto XVI, a pesar de ignorar los pedidos de la disidencia interna y de atenerse fielmente al programa oficial, ha devuelto a los cristianos, por un día, la calle que hasta entonces había pertenecido solo a los “revolucionarios”. Y así, quizás porque solo con letra torcida dicen que suele escribir Dios, los cubanos han amanecido con un espacio público un poco más plural.