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150 preguntas a un guerrillero

150 preguntas a un guerrillero, por Alberto Bayo. 1960. Ejemplar número 4672. Colección Cuba Material.

El libro 150 preguntas a un guerrillero, escrito por Alberto Bayo, oficial guerrillero hispanocubano, fue editado 19 veces entre 1959 y 1960. La decimonovena edición contó con 10 000 ejemplares, y el importe de la venta de estos, se dijo, se destinaría a la campaña Armas y Aviones recientemente lanzada por el gobierno cubano para recaudar fondos para la compra de armamento. 

La portada de este pequeño manual muestra a un guerrillero en las montañas, vestido con uniforme de campaña de color verde olivo y armado con un fusil, una mochila, una incipiente barba y el brazalete del Movimiento 26 de Julio. Los miembros de esta organización, fundada por Fidel Castro tras el fallido ataque a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en 1953, se presentan aquí como arquetípicos guerrilleros.

Pan sin Terror

Pan sin Terror

Pan sin Terror. Discurso de Fidel Castro en el Parque Central de Nueva York. 1959. Ediciones Movimiento. Colección Cuba Material.

Pan sin terror es el título con que Ediciones Movimiento publicó en 1959 el discurso que Fidel Castro diera en el Parque Central en la ciudad de Nueva York. Google no me devuelve ninguna referencia cuando entro el nombre de esta editorial como criterio de búsqueda. Se trata de una empresa administrada por la Dirección Provincial del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, y el panfleto en cuestión, según esta, el primer (y al parecer único) volumen publicado.

Brazalete de felpa del Movimiento 26 de julio. Colección Cuba Material.

Sobre la ropa que se gastan Hugo Chávez y Fidel Castro, en El tono de la voz: Otra ropa de la decadencia:

La levita de José Martí…, el uniforme de gala de Simón Bolívar y estos dos calamitosos epígonos vestidos como narcos que charlan un domingo cualquiera en una valla de gallos…

En tiempos dominados por la apoteosis visual, ya no se trata de preguntarse si cada pueblo tiene los gobernantes que merece. Más bien de constatar la imagen que transmiten sus líderes. “Revoluciones pujantes”, dicen mientras se muestran como atletas en retiro esos dos fantoches. ¡Vaya pujo!

Botella de licor con texto de propaganda política «Habana en 26», celebrando el 26 de julio. Colección Cuba Material

La otra noche, una amiga trajo a casa una botella de licor de anís Marie Brizard. Lo conocía desde niña, el envase, si bien no su sabor, porque mi mamá coleccionaba botellas de bebida, por supuesto vacías. Durante muchos años «adornaron» el piso de mi casa, primero distribuidas entre un pequeño barcito de madera que la hermana de mi abuela había hecho cuando estudiaba en la Escuela del Hogar, en los años cuarenta, y una alfombra que era la piel de un leopardo, de la que aún queda parte de lo que fuera el cuerpo del animal (mi padre se la tiraba a veces encima, y gateaba tras mi hermana y yo por toda la casa; a veces nos decía que él mismo había cazado ese leopardo en África, y que por eso tenía la herida que tenía en la espalda, fruto en realidad de una intervención quirúrgica); y más tarde en varias de las repisas de un multimuebles de plywood que mi papá construyó y que ocupaba toda la pared de la sala de mi casa.

Una de las botellas más lindas de la colección era la de Marie Brizard, pero no he podido encontrar en la internet ninguna parecida a aquella de mi infancia. No recuerdo los detalles de su diseño, solamente que el rostro de su fundadora, una señora mayor, aparecía enmarcado en un óvalo, más o menos cerca del cuello de la botella, encima de la etiqueta. Luego supe que había fundado la marca de bebidas en 1755.

Mi hermana y yo jugábamos a veces con la colección, reordenándola a nuestro gusto. No tengo idea de cómo se las ingeniaba mi mamá para conseguir las botellas de su colección, todas hermosas y exóticas (entiéndase de bebidas extranjeras). En raras ocasiones conseguía una llena.

Un día, las botellas desaparecieron en el closet de mi madre. Para entonces, la decoración de la sala de nuestro apartamento Pastorita no interesaba nadie. Mi papá y mi hermana vivían ya en Estados Unidos, yo me mudaba a Nuevo Vedado a un recién heredado apartamento, y mi mamá se disponía a alquilar el sitio que por veinte años fuera nuestro hogar.