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Revista CUBA

La Rampa, foto-reportaje de 1964

Imagen tomada de Arquitectura Cuba

Imagen tomada de Arquitectura Cuba

En el blog Arquitectura Cuba pueden leer el foto-reportaje que, en 1964, la revista Cuba, dirigida por Lisandro Otero, publicó sobre La Rampa habanera.

almendrones

Imagen tomada de Misceláneas de Cuba. Foto por OLPL, 2012.

Imagen tomada de Misceláneas de Cuba. Foto de Orlando L. Pardo Lazo. 2012.

En el blog Misceláneas de Cuba, viñetas de la Cuba Material por Orlando Luis Pardo Lazo:

Frente de batalla:

Los carros americanos siguen siendo una quinta columna clavada en el corazón comunista de la Revolución. Vienen de la prehistoria republicana y, sin embargo, pertenecen al futuro democrático de la nación. Duraron, a pesar de la asfixia y los represivos talleres sin piezas de repuesto, donde los “adaptaron” al cambiarle sus órganos originales. Pero los carros americanos no son un museo ni mucho menos un mausoleo de la memoria, estos “almendrones” de cáscara dura no son sino un plebiscito rodante.

Gulliver en el país de los proletarios:

Pudo ser un performance de la Bienal de Artes Plásticas de La Habana. Pudo ser el primer plano público de un stop-motion cubano desconocido, ese que, por timidez o tristeza, jamás se filmó. Hombrecitos de plastilina que recorren las aceras cutres de la avenida Galiano en Centro Habana (acaso en Contra Habana). Enanitos en peligro de ser pisados por los titanes que van y vienen de la shopping o del agromercado, con sus viandas y electrodomésticos y piltrafas y productos de aseo, todo disimulado en las consuetudinarias jabitas de nylon (la bandera cubana debiera ser sustituida por una jabita de nylon, que resuena más linda al viento y es un objeto menos biodegradable y sin tanta memoria de la muerte nacional). Pudo ser un set para rodar el clímax de un videoclip de reguetón. Pudo ser labor-terapia grupal para los deprimidos anónimos de la patria. Pudo ser de todo. A mí nadie nunca me dijo nada.

Los viejos carros americanos:

Aferrados a un filito. La mano crispada, tensa hasta el último tendón. La marca del uniforme mitad como maleficio y mitad como talismán. Los viejos carros americanos parecen persistir más allá de la Historia y más acá de la Revolución. Sus carrocerías se maquillan de lujo metálico para un nuevo cambio de velocidad. Los viejos carros americanos se alquilan a miserables y a militares sin hacer distingo, son la encarnación rodante de nuestra demacrada democracia de mercado. Dentro de sus hierros cincuentenarios todos somos iguales, expuestos a la misma contaminación carburante. Los viejos carros americanos son ataúdes en tiempo futuro, cunas de fetos en pasado perfecto. InCUBAdoras de un pueblo en trance de movimiento que por ahora aún se aferra a una idea inercial, inmemorial.

¿Huraco o espejo mágico?

No todas las capitales de América cuentan con paisajes así, de guerra per-manente pero artificial, escaramuzas inocuas excepto para la inteligencia. A La Habana le salen más baches que bares y borrachines. Más baches inclu-so que desfiles de botas violentas en alguna efeméride nacional. A ras de asfalto, el espejo de agua masoquistamente duplica nuestra rala realidad: gente mohína asomada al daño de los edificios, a sus ínfulas heroicas de mostrar las cicatrices de un bombardeo. Y, lo más terrible de esta debacle: es aterrorizantemente bella.

Lápidas:

¿Quién sobrevive a quién? ¿La vieja y orgullosa maquinaria de los años cincuenta, que abortó en Cuba junto al final de su década, o la palabra patria más perversamente repetida desde entonces? ¿Quién rueda todavía sobre el asfalto percudido y quién ya no podría permanecer de pie? ¿Chapistería versus chapucería? ¿Slogan comercial versus lema? ¿Aerodinámica retro versus ideología obsoleta? Pero, ¿quién se atrevería a meterle un buen palancazo a la caja de cambios de velocidad? ¿Nos hará falta alguna licencia histórica de conducción?

Ver la entrada completa en Misceláneas de Cuba.

Carrito de helados

el carrito del helado

Carrito de helados. 1970s. Imagen tomada del grupo de Facebook 3ra y A.

Se anunciaba con La polonesa y, en cuanto la escuchábamos, corríamos a pedirle a nuestros padres que nos compraran helado. Éste se vendía en paleticas, creo que de un solo sabor (vainilla cubierta en chocolate), y venían envueltas en un cartucho de fino papel blanco. También se podía comprar helado en cajas rectangulares de tamaño familiar que siempre combinaban dos sabores, y en pintas y galones de cartón. Ya a finales de los años 1980s habían desaparecido los carritos de helado.

Carrito de helados. Imagen tomada de internet.

Los bolos en Cuba y una eterna amistad, documental

 

Documental de Enrique Colina Los bolos en Cuba y una eterna amistad (2010).

Sobre el mismo, en Havana Times, La época de “los bolos” en Cuba, y en Vercuba, Rusias de mi cabeza o las astillas de Los bolos en Cuba.

género y socialismo

Imagen tomada del libro “Inside Havana“, con fotografías de Andrew Moore, publicado por Chronicle Books, 2002.

Fragmento de la entrevista de Rebeca Monzó, autora del blog Por el ojo de la aguja, publicada en Havana Times:

…En cuanto a la mujer cubana, creo que lo que más la afectó fue la perdida de todas sus comodidades para trabajar en la casa. Espacio a donde llega cansada, a inventar que cocinar, en medio de un mar de carencias que también se extiende a la calle.

Las mujeres cubanas han perdido bastante el gusto por el buen vestir, por la elegancia, por caminar bonito, debido a la falta de referencias, de hecho no pocas han caído  en la vulgaridad.

Te digo que me considero una mujer fuerte, pero para nada digo palabras soeces en público ni acostumbro a usarlas en la intimidad del hogar. No creo que el uso de estas palabras haga a nadie una mujer liberada.

A mi modo de ver, eso se recuperará cuando las condiciones materiales estén al alcance de todos. El hombre, y también la mujer, piensan como viven, aunque algunos digan lo contrario.

Una mejora de las condiciones materiales ayudará a la mujer cubana a sentirse capaz de recuperar el espacio ocupado por las carencias, los miedos y las dependencias espurias….

Cuba por Andrew Moore

Detalle de “Campana”, por Andrew Moore. Imagen tomada del website del artista. Fechada entre 1998 y 2002.

Andrew Moore: Fotografías – Cuba.

(H/T Penúltimos Días)

Cantina

síndrome del envase vacío

 Cantina que circuló en Cuba en los 1980s. Imagen tomada de internet.

Cantina que circuló en Cuba en los 1980s. Imagen tomada de internet.

Es mediodía y pides, frente a la pequeña barra de madera construida a la entrada de un edificio de dos plantas, una ración de arroz frito especial. Es para llevar, pero no tienes que aclararlo pues se trata de un negocio de comida sólo para llevar. Pagas y te vas, dispuesta a regresar en media hora como te sugirió la dependiente. Regresas más tarde y, después de esperar otra media hora, la dependiente, que todo el tiempo ha estado frente a tí, te dirige la palabra para decirte que la comida aún no está lista, pero que saldrá pronto, pues hubo problemas con el gas. Te pide, entonces, el envase donde te llevarás la comida que compraste. Dices, y no mientes, que no tienes un envase, que no sabías que debías llevar uno, y piensas que, cuando minutos antes tu madre te sugirió que llevaras un envase, la tomaste por loca o provinciana. La dependiente te sugiere comprar uno de los contenedores de cartón que se amontonan en una esquina de la barra/mostrador, exactamente iguales a los que te darían en Nueva York o en cualquier parte del mundo. Le dices que no trajiste dinero, pues habías pagado cuando ordenaste la comida, momento en el que nadie te dijo, le dejas saber, que deberías volver con un envase. Para salir del problema, la dependiente te dice que, como la comida tardará aún un poco más, ella te la llevará a casa en los envases de cartón a los que estás acostumbrada y entonces podrás pagarlos. Regresas y le dices a tu madre que ella tenía razón, y que, además, aún deben esperar para comer el arroz frito especial.

Cruzar las Alambradas: La Cuba que dejo (video)

 

Este es el video con el que, hace unos días, Luis Felipe Rojas se despidió de Cuba y Holguín, desde su blog Cruzar las Alambradas.

Recargador de baterías no recargables

los inventos y la ANIR

Recargador de baterías no recargables. Imagen tomada de Ernesto Oroza, arquitecturas de la necesidad. 2005.

Emilio Ichikawa: Inventos y números de la ANIR:

Aunque su referencia suele aparecer en párrafos sobre la dignidad nacional y la resistencia al bloqueo tecnológico del imperialismo, la ANIR forma parte de recuerdos alegres. La ANIR es la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores de Cuba; la elite, el cuajo, la nata y neta en un país de inventores y componedores.

Pero hay que diferenciar dos cosas: los inventos de los “aniristas” en la práctica, instalados, resolviendo de verdad, y las “ponencias” de la ANIR. Los globos en los encuentros teóricos de la ANIR son tan ingeniosos como divertidos. Son también los que aportan premios y reconocimientos. Para ganar un galardón en un forum o expo de la ANIR debes mostrar cuánto puede ahorrar una fábrica si tu invento se aplica; y eso se logra si te enteras del precio del equipo importado o de la zona de “faltante”, y sacas cuentas. Ejemplos que me tocaron de cerca: si Sushel, o la Textilera Ariguanabo, o la destiladora de Santa Cruz del Norte, si alguna de ellas, informa que tuvo 1 millón de dólares en pérdidas en el año 1989 por “robo”, y tu invento es un detector de sustracción ilícita de mercancía, entonces en la ponencia no tienes más que presumir al aparato funcionando al 100% de eficiencia y concluyes que en un quinquenio le estarías ahorrando a la fábrica (a la Patria suena mejor) 5 millones de dólares. Y 10 millones en una década.

Claro que esto no siempre es así y tampoco es tan sencillo, pero sucedía. Como dije al principio, estos recuerdos no molestan ni indignan; al contrario, hacen sonreír. Lo de la ANIR se ha actualizado estos días porque en la prensa de la isla se está informando sobre este tipo de cosas en ocasión de otro aniversario de la asociación y el anuncio del próximo congreso de la CTC. Pero lo que en verdad me despertó la curiosidad fue encontrar un titular sobre la ANIR en el periódico vueltabajero Guerrillero, por aquello del estereotipo de los pinareños en el juego de la identidad cubana. ¿Qué invento se le puede ocurrir a un pinareño para ser destacado en la ANIR? ¿Acaso cómo obtener agua para sofocar el incendio de la estación de bomberos? ¿O un martillo para romper la pared del cine recién construido y dentro del cual dejaron una concretera? ¿Una máscara para no ser identificado cuando le pidas un bolígrafo a un policía para apuntar la hora a la que saldrá la lancha para Miami?

En un artículo aparecido el 5 de octubre (2012) en el periódico Guerrillero, el periodista Edmundo Alemany Gutiérrez dice que los “aniristas” pinareños (23,260 afiliados) aportaron o ahorraron 13,5 millones de pesos por inventos que sustituyeron importaciones. Informa que la delegación provincial seleccionó 250 ponencias de calidad, pero no detalla ninguno de los inventos propuestos. …

Agua de colonia Fiesta

Enrisco: ¿A qué huele la Habana?

Agua de colonia Fiesta

Agua de colonia Fiesta. Colección Cuba Material.

En el blog de Enrisco, 59 respuestas a la pregunta ¿a qué huele la Habana? que recorren desde el olor del “aire acondiciorrepublicano de los cines” hast el salitre del golfo o el petróleo de la bahía.

Enrisco/Doimeadios: Oh, San Zumbado! (video)

 

La grabación fue realizada el día del estreno mundial de la obra en el teatro Mella, en el Vedado, durante el festival del humor Aquelarre en su primera edición, en 1993.

Y estas son palabras de Enrisco, autor del texto, quince años después:

En 1993, cuando se iba a inaugurar el primer festival de humor Aquelarre los organizadores me pidieron que le preparara un homenaje a Zumbado. En lugar del collage de los chistes del maestro que era más o menos lo que se esperaba opté por ser fiel a su espíritu, un espíritu inquieto, jodedor e irremediablemente rebencúo. Y eso fue lo que hice: convertirlo en espíritu, en un San Zumbado al que hacía responsable de los horrores del Período Especial. El texto, por supuesto, iba más allá de mencionar aquellas escandalosas miserias. Más bien era un ataque a la nostalgia de los que concebían la década de los 80 como una especie de paraíso, algo que a Zumbado le hubiera parecido una aberración. Y les recordaba a todos (como nunca dejó de hacerlo Zumbado) que Aquello nunca había conseguido organizar un presente más o menos placentero, que la Revolución nunca había cumplido 15.
Como se trataba de un homenaje a nadie se le ocurrió revisar el texto y con menos de 24 horas para prepararlo el actor Osvaldo Doimeadios llevó a las tablas del teatro Mella una interpretación espléndida. Al terminar Zumbado subió al escenario risueño como siempre y tarareando el tema de “Casablanca”. No estoy muy seguro si entendió lo que estaba pasando, si su maltratado cerebro había captado toda la ironía del asunto. Lo cierto es que de inmediato el monólogo se convirtió en parte de la rutina que varios actores repetirían durante años por todo el país sin que se atrevieran a censurarlos. En ese texto yo no había inventado nada nuevo. Apenas sintonicé el espíritu de Zumbado con la nueva época en la que habíamos entrado. Por eso me complació tanto que sin poder escribir una línea, el nombre y los hallazgos de Zumbado se mantuvieran vigentes durante la feroz década del 90 cada vez que algún actor empezara invocándolo con aquél “Oh, San Zumbado, santo patrón de los usuarios, tenaz castigador de administraiciones y/o catástrofes, escudo de los traspapelados en las envolventes aguas de la burocracia ¡auxílianos en esta hora difícil!”. Era un medio de devolverle en parte lo mucho que nos había dado. Su cuerpo no sé por dónde andará. Su espíritu no es difícil de invocar cada vez que un cubano intente entender su realidad (no sé por qué pero así es como insistimos en llamar a una pesadilla de medio siglo: “realidad”) con humor y (valga la redundancia) inteligencia.
Enrique Del Risco
NY 2008