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artesanía decorativa cubana

adorno artesanal
adorno artesanal

Figura artesanal. Hecha en Cuba. Colección Cuba Material.

La figura hecha con alambre e hilo se vendió, a un precio de cinco pesos, en las tiendas cubanas. Tiene, en la base, un cuño que certifica su fabricación nacional y, escrito con lápiz, el precio de venta. Nunca la vi en mi casa, por lo que debe haber aparecido (comprada o regalada) antes de que yo naciera, en los tempranos 1970s o, quizás, en los años 1960s.

Las otras, se usaban para adornar las vidrieras de las tiendas de La Habana. Me las donó una amiga que las descubrió cuando, hace poco, compraba unos cortes de tela de la época de la Guerra Fría que alguien que trabajaba en un almacén estatal se dedicaba a vender. De escaso atractivo ahora (¿siempre?), la persona que vendía las telas le regaló los muñecos.

Figura artesanal usada para adornar vidrieras

Figura artesanal usada para adornar vidrieras. Colección Cuba Material.

Figura artesanal usada para adornar vidrieras

Figura artesanal usada para adornar vidrieras. Colección Cuba Material.

Figura artesanal usada para adornar vidrieras

Figura artesanal usada para adornar vidrieras. Colección Cuba Material.

Figura artesanal usada para adornar vidrieras

Figura artesanal usada para adornar vidrieras. Colección Cuba Material.

de la cerámica aborigen a la cerámica sobre el aborigen

artesanía
adorno artesania (3) copy

Artesanía cubana de los años 1960s ó 1970s. Colección Cuba Material.

En Zumbado, Héctor. 1988. Kitsch, Kitsch, ¡Bang, Bang! Havana, Cuba: Letras Cubanas (gracias a Enrique del Risco por la fotocopia):

Esos ejemplos que pone Slavov de la producción búlgara nos recuerdan demasiado a la producción cubana con sus temibles animalejos de yeso, las detestables jaretas, vasijas y cazuelas de barro y cerámica, los horribles diablillos y otras obscenidades “folclóricas” que no solamente agreden a los consumidores nativos, sino que también se venden en las tiendas INTUR a turistas extranjeros como exponentes de nuestra artesanía y nuestras cultura; y nos recuerdan también nuestras espantosas flores artificiales y otros adefesios, ¡contra los cuales en Cuba ni siquiera existe una campaña nacional! (p. 32)

revolución, turismo y tradición

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copas de gonzalo cordoba
copas de gonzalo cordoba

Juego de copas diseñado por Gonzalo Córdoba. Foto tomada de la página de FB de Ernesto Oroza.

En Hecho a mano en Trinidad de Cuba, libro de Cristina González Béquer (E&A Editions 2013):

En el año 1959, cuando la Comisión Nacional de Turismo se convirtió en el INIT (Instituto Nacional de la Industria Turística) algunos especialistas fueron a conocer y a valorar la obra de los artesanos trinitarios. Una exposición, que debe haber tenido lugar a finales de ese año o a inicios del 60, recogió los resultados de la pesquisa y del trabajo directo con los artesanos para conseguir piezas de gran calidad. Por ese tiempo, dos arquitectos, Gonzalo Córdoba y María Victoria Caignet, ambientaron las cabañas del Motel Las Cuevas utilizando piezas de artesanía local. Las bases de las lámparas se hicieron en Los Hornos de Cal y fueron modeladas siguiendo los patrones que, unos años antes, habían aprendido los alfareros trinitarios de Amelia Peláez. Las pantallas fueron tejidas de carey, lo mismo que las empleitas con las que crearon vistosas esteras. Más tarde, por obra y gracia de esos pesquisajes, se mezclaron y se estandarizaron las manualidades en todo el país y se formó una mezcolanza de artesanías que impediría, por largo tiempo, reconocer las tradiciones locales.

A mediados de la década de los años setenta, Córdoba y María Victoria regresaron a Trinidad para realizar la ambientación del hotel que se construía entonces en la playa de María Aguilar y que se llamó Costa Sur. . . . Lorenzo Urbistondo y Aurora Mesa, que fueron los diseñadores designados para esa tarea, . . . recorrieron casas y patios trinitarios, visitaron el taller de alfarería de los Santander y conocieron a mucha gente anónima –que seguía trabajando en pequeña escala– con el propósito de utilizar sus obras en los espacios del hotel. Por ejemplo, los pañuelos de malla de Enriqueta Medina, hermana de Merceditas, iban a ser enmarcados para presidir los dormitorios. Llegaron a realizar el diseño para estampar un tejido, cuyo dibujo imitaba las ensaladillas que habían encontrado en las camas trinitarias. Con ese tejido proyectaron la elaboración de las sobrecamas del hotel.

La premura pro inaugurar el hotel hizo que estos proyectos decorativos nunca llegaran a realizarse. Las sobrecamas definitivas fueron de chenille, como las de todos los hoteles cubanos de esa época. (pp. 71-74)