El Sloppy Joe’s, uno de los míticos bares de La Habana en el siglo XX por su bohemia, su larga barra y clientes como Hemingway y Spencer Tracy, reabrió este viernes tras casi medio siglo en ruinas.
Camareros, vestidos de negro con camisa naranja y corbata, se apresuraban a servir ronda tras ronda del Sloppy Joe, un refrescante trago preparado con brandy, oporto, Cointreau y un toque frutal de piña, mientras dos docenas de clientes se tomaban un receso del calor primaveral y probaban platillos como ceviche y camarones marinados, reportó la AP.
“Finalmente, el gran día después de tanto esperar, y creo que ha merecido la pena”, dijo Ernesto Iznaga, gerente del renacido Joe’s. “Muchos de nuestros clientes… al entrar al bar, respiran esa atmósfera de los cincuenta que siempre caracterizó el lugar”.
Fotos históricas que cuelgan de las columnas del bar, ahora administrado por la compañía estatal Habaguanex, son grandes recordatorios de la popularidad del Sloppy Joe’s entre los turistas estadounidenses que visitaban La Habana.
Una imagen muestra a Ernest Hemingway, Noel Coward y Sir Alec Guinness cuando éste último estaba en la ciudad para filmar Nuestro hombre en La Habana, que incluyó una escena filmada en el bar. El viernes, Iznaga mostraba la película en un televisor de pantalla plana, colocado en lo alto del bar.
“Todos tenían que tomarse una foto en el Sloppy Joe’s, lo mismo si eran turistas estadounidenses comunes y corrientes o estrellas de cine”, dijo Barbara Bachman, diseñadora de libros de Nueva York que fue una de las primeras en llegar al bar a pedir un trago.
Bachman, que está en la Isla en su viaje anual para visitar a familiares de su esposo nacido en Cuba, dijo que se enteró de la existencia del bar por fotos que encontró en mercados populares en La Habana. Le picó la curiosidad y se puso a preguntar, hasta que finalmente conoció el lugar hace siete años. Mirando por huecos en la pared, dijo, se veía una montaña de polvo y algunos muebles destrozados.
El bar fue cerrado en 1965, cuando el Gobierno de Fidel Castro nacionalizó los negocios privados, y quedó abandonado a lo largo de las décadas hasta que la estatal Oficina del Historiador de la Ciudad comenzó a estudiar en 2007 la idea de reconstruirlo.
Historiadores, arquitectos y diseñadores repasaron con todo cuidado fotografías de la época y entrevistaron a personas que visitaban el bar en sus buenos tiempos para recrear el lugar con la mayor fidelidad posible, hasta las molduras de yeso, las paredes de madera oscura y las coloridas botellas de alcohol colocadas detrás de vitrinas.
La barra de caoba, de 18 metros, que en un tiempo se consideró la más larga de América Latina, con 59 pies (18 metros), se restauró hasta dejarla reluciente.
Según anécdotas reproducidas dentro del propio bar, la pieza original fue cortada en tres partes, una de ellas se recuperó “de milagro” y a partir de ahí los carpinteros de la Oficina del Historiador construyeron una barra similar, también de caoba, con espacio para 25 banquetas, reportó EFE.
“Es muy agradable. No es lo que uno esperaría en La Habana en lo absoluto”, dijo Nick Clough, de visita desde Newcastle, Inglaterra.
“Así es como era antes”, afirmó su esposa, Joanna Clough. “Una siente que ha dado un viaje al pasado, aunque es claramente nuevo y moderno”.
‘Ningún habanero iba al Sloppy Joe’s porque era un lugar para turistas’
En su novela Nuestro hombre en La Habana, Graham Greene dice: “Ningún habanero iba al Sloppy Joe’s porque era un lugar para turistas”.
Probablemente esa seguirá siendo la norma durante la segunda encarnación del Joe’s.
El bar está ubicado muy cerca del Paseo del Prado, el Museo Nacional de Bellas Artes, el Parque Central y varios hoteles de lujo para turistas. Un sándwich y un trago cuestan unos 13 dólares, además de la propina, demasiado costoso para los cubanos, que tienen que arreglárselas con los salarios del Gobierno, de un promedio de 20 dólares al mes.
Pero los turistas en busca de un sitio histórico probablemente peregrinarán al bar a tomarse una foto en el mismo lugar donde muchas estrellas, desde Frank Sinatra y Ava Gardner, hasta Nat King Cole y Ted Williams, en una época saciaron su sed.
“Tómese una foto en el Sloppy Joe’s, su mejor recuerdo de La Habana”, se lee ahora en algunas columnas interiores del restaurado local, junto las fotografías que rinden homenaje a sus años de gloria y sirven de credencial al negocio.
Pese a ese reclamo y a los precios, el historiador de La Habana, Eusebio Leal, dijo a periodistas que la finalidad de reabrir bar “no es comercial” ni para “aprovechar un nombre”, sino que se trata de “recuperar una memoria importante” para la capital.
Insistió en que el Sloppy Joe’s se ha reabierto “en primer lugar para los habaneros y para los cubanos”, y después para “las personas que vienen de todas partes del mundo y particularmente de los Estados Unidos” .
“Tendrán la posibilidad de darse cuenta de lo importante que es para nosotros la historia”, aseveró Leal, y subrayó que esta obra es “una piedra más” en el actual trabajo de restauración que incluye al Capitolio, el Prado, el Gran Teatro y el antiguo Casino de La Habana.
El espacio inicial del Sloppy Joe’s era un bodegón que el gallego José Abeal compró con sus ahorros y después convirtió en bar.
El nombre del negocio (“sloppy” significa descuidado en inglés) le pudo haber sido sugerido por el propio Hemingway, según algunas anécdotas, pero en todo caso Abeal había pasado años trabajando en Nueva Orleans y Miami antes de establecer su negocio en Cuba y conocía el idioma.
La proclamación de la Ley Seca en Estados Unidos influyó el auge del bar, pues Cuba se convirtió en el centro del éxodo de comerciantes norteamericanos dedicados al tráfico de bebidas alcohólicas en la década de los años 20 del siglo pasado.