emulación socialista en 1994

 

h/t: Marlene Barrios

Fidel, documental de Saul Landau

 

Filmado en 1968 por Saul Landau y exhibido en 1969, puede verse en 9 partes en Youtube o comprarse o alquilarse en Amazon.

Vean en esta parte las opiniones de Fidel Castro sobre el sistema de racionamiento en Cuba y sus diferencias con “el sistema de racionamiento capitalista,” la pasarela del concurso de belleza La estrella del Cordón de La Habana, cuyas estrella y luceros desfilaron vestidas de milicianas, y la inauguración de la fábrica Vita Nuova.

Festivales del Carbón

Broche. II Festival del carbón. 1963.

Broche. II Festival del carbón. 1963.

Tengo, en mi colección de broches del socialismo cubano, uno del Festival del carbón. Los festivales del carbón de la Ciénaga de Zapata, que hoy el gobierno local se propone rescatar en tanto tradición, fueron creados en diciembre de 1962 como parte de la estrategia desarrollista que el régimen cubano desplegó en esta zona de la isla, donde un año antes se había producido el fallido desembarco de la brigada 2106 –como parte de esta estrategia también se abrió, para los pobladores, una exclusiva peluquería y centro de belleza (en Lillian Guerra, Visions of Power in Cuba, 2012). La poca información que he podido encontrar sobre los festivales del carbón dice:

En Cubanow:

Dentro de las tradiciones más oriundas de esta región, destaca, desde los primeros años del triunfo revolucionario, la Fiesta o Festival del Carbón, siempre celebrada en los últimos meses del año. Antaño, en dicha celebración confluían carreras de caballos; peñas campesinas; ferias artísticas y gastronómicas; competencias de llenado de sacos de carbón; la carga de leña al hombro; o bien la selección de la flor y los pétalos, o sea, de las muchachas más bellas del lugar; encuentros recreativos en la playa, siempre con el protagonismo de los entusiastas cenagueros.

Al respecto, una pobladora comentó: “Antiguamente se hacía La Fiesta del Carbón y se seleccionaban la flor carbonera y los pétalos. Se construía un escenario con la misma forma de un horno de carbón y se ubicaban, de abajo hacia arriba, todos los pétalos, que eran muchachas premiadas por su belleza, con la flor en lo más alto.”

El horno de carbón, como insignia representativa de una las actividades económicas fundamentales de la Ciénaga de Zapata, engalanaba el lugar del festejo para exaltar la labor de carboneros y pescadores; aunque la primera fiesta de este tipo se realizó para comprar aviones destinados a la defensa del país.

La situación hoy es un poco distinta: en dicho periodo festivo existen algunas atracciones para los niños, se presentan agrupaciones del país y hay mucha cerveza. Tampoco la actividad carbonera es la misma que solía ser.

El siguiente texto es un fragmento de una entrevista realizada por Yoslavi Jiménez Piñeiro al historiador de la Ciénaga de Zapata Julio Amorín Ponce, publicada en la revista digital Ksimba de Cristal, de la Ciénaga de Zapata:

¿Cómo surge el Festival del Carbón?

“Surgen en el año 1962; pero hay un antecedente. Fue una verbena desarrollada entre los días cinco y seis de diciembre de 1959, la hicieron jagüeyenses y cienagueros para colectar finanzas con el objetivo de comprar aviones para la defensa del país. La Ciénaga como siempre ha sido patriótica contribuyó con la compra de esos aviones. A esa verbena la llamaron “De la Ciénaga nacen alas”. Precisamente alas de los aviones que después nos defenderían. Nació patriótico el Festival del Carbón.

En el año 1960 la mente preclara de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro se volcó hacia la cultura. En lo que es hoy el Hotel Habana Libre, en aquel entonces Habana Hilton, se instruyeron  a los primeros instructores de arte del país. En 1961, después de la invasión por Playa Girón llegan a la Ciénaga de Zapata. Es en 1962 que surge el Festival del Carbón, una idea de la fiel enamorada de este Humedal: Celia Sánchez Manduley”.

Algunas personas declaran sentir nostalgia por el Festival del Carbón. Aseguran que no es el mismo de antes. ¿Qué opina usted?

La situación cambió. Hoy solo encuentras unos pocos carritos para los niños, mucha cerveza y la presentación de agrupaciones provinciales y nacionales. !Ah!, y el Korimakao, ese es nuestro. Creo es tiempo de rescatar tradiciones en la Ciénaga de Zapata”.

relojes Seiko para los médicos

reloj seiko 1973 copy

Según declarara Fidel Castro ante la asamblea de galenos reunidos en la Primera Reunión Nacional de Médicos celebrada en 1961, a los médicos que se quedaran en Cuba no se les exigiría ser revolucionarios, dice Lillian Guerra en su libro Visions of Power in Cuba (2012), lo que les otorgaba cierto prestigio y poder sobre sus compatriotas, a quienes sí se les exigía demostrar su posición política, entre otras cosas, asistiendo a marchas y movilizaciones y perteneciendo a organizaciones de masas. Esta excepción aplicaba, eso sí, solamente a los médicos ya graduados, quienes además pudieron conservar sus consultas privadas, algunas todavía operativas en los años 1990s. Me costó trabajo concebir que mi abuelo hubiera decidido no pertenecer al CDR o al partido, y que jamás fuera importunado con guardias cederistas ni asistiera a marchas en la plaza, pues crecí bajo la impresión de que no eran éstas decisiones voluntarias. Más difícil aún fue descubrir que quien a todas luces no lucía muy “revolucionario” lo fuera. Pero no fue en tanto tal sino, una vez más, en tanto médico que gozó de aún otro privilegio: el derecho a adquirir un reloj Seiko que aún conserva en su cómoda y que compró en 1973 por cien pesos.

 

Cubanet: Se alquilan asientos en zona de espera

Banco artesanal usado como mobiliario urbano en la parada del P2, Centro Habana. 2014. Imagen tomada de Cubanet.

Banco artesanal usado como mobiliario urbano en la parada del P2, Centro Habana. 2014. Imagen tomada de Cubanet.

En CubanetSe alquilan asientos en zona de espera:

En el Parque de El Curita, situado en la manzana de las calles de Reina, Galiano, Águila y Dragones, en La Habana, a iniciativa de un ciudadano se inició el pasado 3 de enero el servicio de alquiler de asientos, en la parada del P-12 (ómnibus articulado), para los pasajeros que transitan desde este sitio hasta Santiago de Las Vegas.

Los banquitos fueron construidos y diseñados para que se sienten, en cada uno, tres personas. El experimento se hace con tres bancos. El cobro por su uso y permanencia es por la cantidad de un 1.00 pesos moneda nacional (CUP), o en su caso un centímino [sic] en moneda libremente convertible (CUC). Ahora le faltaría al alquilador presentar su propuesta a las autoridades que rigen el sistema de trabajo por cuenta propia, para que le aprueben esta actividad y realice el pago de sus tributos. …

Leer en Cubanet.

Imagen tomada de Cubanet. 2014.

Imagen tomada de Cubanet. 2014.

h/t: Teresa Valladares y Cuba Llama.

planificación y productividad en los 1970s

Canción Cemento, ladrillo y arena, de José Antonio Méndez, por Isaac Delgado. (composición de los años 1950s)

 

En Rodríguez García, José Luis. 1990. Desarrollo económico de Cuba 1959-1988. Mexico D.F.: Nuestro Tiempo:

En efecto, de 6.7 millones de cabezas de ganado planificadas a alcanzar en 1970, se tenían 6,034 en esa fecha.

Igualmente, de una entrega a sacrificar de 75 millones de aves en 1970, se lograron sólo 6.7 millones ese año; y de una captura pesquera programada de 150 mil toneladas, se alcanzaban en 1960 106,4.

También se confrontaron dificultades en la producciones industriales. Así, por ejemplo, de una producción programada de dos millones de TM de cemento, se alcanzaban en 1970 sólo 742 mil.

En los restantes renglones del plan también se enfrentaron dificultades para cumplir las metas planteadas. (p. 112)

Finalmente, las desproporciones apuntadas se reflejaron en el plano de la circulación monetaria, en el que el total de dinero en circulación pasó de 574 a 3000 millones en 5 años. (p. 116)

estado, ideología y ciudadanía

Propaganda política de los años 1960s. Imagen tomada de internet.

Portada de la revista Mella, 7 de junio de 1965. Imagen tomada de internet.

Pocas evidencias hay tan claras del carácter prioritario que ha tenido, siempre, desde 1959, el estado cubano con relación a los otros dos elementos de esta tríada como el siguiente párrafo extraído del Informe del CC del PCC al Primer Congreso del Partido, publicado en La Habana (1978) (p. 49), y tomado de Rodríguez García, José Luis. 1990. Desarrollo económico de Cuba 1959-1988. Mexico D.F.: Nuestro Tiempo, cuyos libros, por cierto, siempre me han parecido verdaderas joyas en tanto compendios de los desmanes económicos perpetrados durante el socialismo cubano:

Tal medida [se refiere a la Ofensiva Revolucionaria de marzo de 1968] no era necesariamente una cuestión de principios en la construcción del socialismo en esa etapa, sino el resultado de la situación específica de nuestro país en las condiciones de duro bloqueo económico impuesto por el imperialismo y la necesidad de utilizar d modo óptimo los recursos humanos y financieros, a lo que se sumaba la acción política negativa de una capa de capitalistas urbanos que obstruían el proceso. (p. 58)

Generación Y: Alquimia y mentira

Cámara de fotos polaroid usada por fotógrafos ambulantes en Cuba. Imagen tomada de internet.

Cámara de fotos polaroid usada por fotógrafos ambulantes en Cuba. Imagen tomada de internet.

En Generación Y: Alquimia y mentira:

Vivimos en una sociedad de alquimistas. No convierten el hierro en oro, pero son hábiles para reemplazar ingredientes y adulterar casi todo. Su meta es timar a cualquier cliente o robarle al mismísimo estado. Para lograrlo despliegan hasta la tabla periódica de Mendeléyev en busca de elementos que puedan ser sustituidos por otros más baratos.

Algunas de estas ingeniosas fórmulas merecerían un anti Nobel de Química, especialmente por los efectos negativos para la salud que llegan a causar. Como es el caso de una extendida receta para hacer salsa de tomate que incluye remolacha y boniato hervidos, especias, maicena y colorante rojo para el pelo. Cuando algún curioso observador pregunta ¿y tomate? los inventores responden casi con un regaño “no, tomate no lleva”.

Así las calles están llenas de tubos de pegamento que al exprimirlos sólo contienen aire. Pomos de champú mezclados con detergente de lavar ropa. Jabones con virutas de plástico agregadas en la fábrica por empleados que revenden la materia prima. Botellas de ron salidas de producciones clandestinas con alcohol de hospital y azúcar requemada para simular los añejos. Agua embotellada, rellenada en algún grifo y puesta a la venta en los estantes de tantos mercados.

Ni que decir de la imitaciones de tabacos Cohiba y demás marcas, vendidos a los ingenuos turistas como si fueran auténticos. Nada es lo que parece. Una buena parte de la población acepta estas engañifas y siente cierta solidaridad con el tramposo. “De algo tiene que vivir la gente”, justifican la tomadura de pelo, incluso los más damnificados.

Dentro de la larga lista de lo falseado, el pan del racionamiento ocupa el primer lugar. Se trata del producto más adulterado de nuestra canasta básica, cuya fórmula se extravió hace décadas por culpa de la estandarización y el desvío de recursos….

el consumo en los años 1980s, según Ana Julia Jatar-Hausmann

Talco con mota "Tú". Imagen tomada de internet.

Talco con mota “Tú”, producido en Cuba en los años 1980s. Imagen tomada de internet.

Tomado del libro de Jatar-Hausmann, Ana Julia (1999) The Cuban Way: Capitalism, Communism and Confrontation, editado por West Hartford, CT: Kumarian Press:

But the ’80s were different. Julio’s wife, Albita, was fortunate to be pregnant in a very different era. Flourishing trade with the socialist bloc and market-oriented reforms had vastly improved life for Cubans. Fruit yogurt with buffalo milk and Coppelia, the best ice cream in Cuba, were sold in food stores; shrimp, crabs, chocolates, Polish pickles, cold cuts, cakes, perfumed soap, and shampoo were among the large variety of products available in pesos at the Amistad  stores. Julio was a university professor. he was making 320 pesos a month and his wife made 280. With the bonus system, he managed to make another 400 pesos by teaching a few more hours a week. Material incentives had also been implemented in the universities. Bonuses were been used to increase productivity and it was working. With a family income of 1,000 pesos, 55 pesos for the libreta, another 100 pesos for rent and transportation, they lived well. And under the new real state law, they could finally buy the apartment they had been living in for the past six years.

Ten years later, the same couple would be earning a salary only fifteen percent higher–without bonuses–while for would be twenty times more expensive. But in those days, Julio was optimistic about the future; he had no reason not to be. (p. 29)

los años 1980s y los administradores estatales

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Sombra para los ojos “Fantasía”, hecha en Cuba y comercializada en los 1980s y 1970s. Foto 2013.

Tomado del libro de Jatar-Hausmann, Ana Julia (1999) The Cuban Way: Capitalism, Communism and Confrontation, editado por West Hartford, CT: Kumarian Press:

Pedro wasn’t paying much attention. He was really excited; his soaps and perfumes were a hit and sales had been increasingly steadily. After launching five new product lines, profits were skyrocketing. Bonuses were going to be hefty this December; perfect timing for a good New Year’s party.

The 1980s were good years for more than just consumers. For managers, they were times of prosperity, excitement, and choice. For the first time since the nationalizations of 1961, companies were free to make at least some decisions: Basically, a little bit of product design and marketing. Productivity incentives were also introduced: workers and managers could as much as double their basic salary if they substantially increased their productivity. (p. 28)

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Sombra para los ojos "Realce", producida en Cuba y comercializada en los 1970s y 1980s.

Sombra para los ojos “Realce”, producida en Cuba y comercializada en los 1970s y 1980s.

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La magia de Los Reyes Magos, por Vicente Vallejo

La Magia de Los Reyes Magos

         Creer en Los Tres Reyes Magos fue una de las fantasías maravillosas de mi infancia. Como mi familia pertenecía a una clase media, podíamos darnos el lujo de hacer nuestras cartas todos los años a Gaspar, Melchor o Baltasar pidiéndoles los regalos y juguetes que nos harían felices por unos días, porque en la mayor parte de las ocasiones, después de una semana ya no les hacíamos mucho caso a los juguetes nuevos y regresábamos con mucha frecuencia a los más viejos, que eran, al mismo tiempo, los más queridos. Con esta óptica, los juguetes que nos regalaban en un año adquirían su verdadero valor al año siguiente.

Ya desde los primeros días de diciembre comenzaban las promesas de portarnos bien para poder escribir a Los Reyes con la seguridad de ser merecedores de su atención. Si nos portábamos mal, la terrible amenaza consistía en decirnos que los Reyes nos dejarían un saco de carbón debajo de la cama. En las circunstancias actuales de la Isla valdría la pena portarse mal, porque con la escasez energética que hay en la misma, un saco de carbón puede considerarse un regalo de lujo.

No puedo precisar con exactitud el momento exacto en que sufrí la decepción de saber que “los Reyes son los padres”. Si recuerdo que fue un conocimiento adquirido suave, lenta y casi imperceptiblemente, de manera que no resultó una experiencia traumática. Primero fueron las dudas, cuando los niños mayores de la escuela, para demostrar su superioridad y con esa crueldad inocente característica de la infancia, nos explicaban con aire de sabihondos que los Reyes no podían existir, que era imposible que tres personas montadas en camellos repartieran juguetes por todo el mundo en una noche. Cuando no podían imponer este criterio, decían entonces que se habían hecho los dormidos en años anteriores y habían visto a sus padres colocando los juguetes en los sitios convenidos y otras tonterías por el estilo. Los más pequeños escuchábamos lo que decían, y aunque eran de una lógica aplastante, en mis más íntimos pensamientos me negaba a creer en sus argumentos y me aferraba con mi alma infantil a esa bella fantasía que había crecido conmigo. Cómo si la fantasía y los sueños pudiesen ser racionales!  Cuando, lleno de dudas, regresaba a mi casa, mía padres y abuelos me hablaban de que los muchachos mayores decían esas cosas para mortificarnos y que teníamos que creer en los Reyes, de lo contrario estos se disgustaban y no nos traían nada. Así, con una mezcla rara de amores, dudas, amenazas, sueños, ilusiones y fantasías, hacíamos nuestras cartas con las peticiones y esperábamos ansiosos la llegada de Los Magos del Oriente con su preciosa carga para los que nos habíamos portado bien.

Las cartas a Los Reyes eran precedidas por unos paseos que dábamos por el pueblo para “ver las vidrieras”. Estos se hacían temprano en las noches, habitualmente después de la comida, cuando íbamos a las diferentes tiendas que vendían juguetes y los exhibían en sus vidrieras. Además de los juguetes, se adornaban las tiendas con los tradiciones arbolitos de Navidad y los nacimientos de todos los tamaños y decoraciones donde se simbolizaba la venida al mundo del niño Jesús. Los establecimientos comerciales mostraban una variedad multicolor de las más diversas formas y dimensiones. Desde las muñecas y juegos de cocina y enfermeras para las niñas, y los autos, guantes de baseball y pelotas, ametralladoras, juegos de vaqueros y trenes eléctricos para los niños, entre otros. En aquella época no existían los juguetes electrónicos que hacen la delicia de los chicos actuales y que la mayoría de los padres y casi ningún abuelo son capaces de manipular.

Durante las noches, al regresar del paseo con las imágenes caleidoscópicas de los juguetes en nuestras mentes, salíamos al patio a mirar el cielo estrellado, donde podían verse tres estrellas brillantes dispuestas en una hilera casi vertical y separadas una de otra a la misma distancia, a las que identificábamos con Los Reyes Magos. Todas las noches, con ansiedad no disimulada, buscábamos esas estrellas, y no sé si por un fenómeno de autosugestión o por un capricho astronómico, a medida que transcurrían los días se nos antojaban cada vez más cerca. Todavía hoy no sé si estas estrellas pertenecen a alguna constelación, o han sido colocadas por Alguien para estimular la inagotable imaginación infantil y contribuir a la felicidad de millones de criaturas en el mundo. Hoy, con más de sesenta años, en los días cercanos a la Navidad, acostumbro a mirar al cielo y al ver Los Tres Reyes Magos hacer el mismo recorrido durante decenios, no puedo evitar emocionarme y darles las gracias por los maravillosos regalos que me trajeron en los primeros años de mi vida y por haber aceptado siempre, con mucho amor, mi dulce de guayaba con queso. Después de “ver las vidrieras” un sinnúmero de veces, hacíamos la carta con las peticiones con la “ayuda” de las personas mayores, pues había limitaciones que debíamos tener en cuenta a la hora de pedir. Claro que estas limitaciones no dependían de la economía familiar u otras vulgaridades terrenales (los niños no saben de eso), sino de la consideración que debíamos tener con la capacidad de carga de Los Reyes y sus camellos.

Absortos por este ambiente navideño y festivo esperábamos con mucha ansiedad la noche del 5 de Enero. Excitados, nos íbamos a la cama temprano. Había que dormir porque una de las reglas tácitas decía que los niños no podían ver a Los Reyes, pues estos se disgustaban y no dejaban nada de lo que traían. Con esos pensamientos, mi hermano y yo nos acostábamos temprano, pero no sin cumplir antes con un ritual casi religioso: dejar comida a los esperados visitantes. Nosotros vivíamos, a la sazón, en una casa colonial, de esas que tienen un patio interior con un aljibe en el centro del mismo. El aljibe tenía un brocal de más menos un metro cuadrado y unos treinta centímetros de alto, con una tapa metálica justamente en el centro del brocal. En este sitio dejábamos la comida y el agua para nuestros queridos Reyes y sus camellos. Cada año el menú era el mismo: dulce de guayaba en barra con queso blanco para los Reyes, hierba fresca, que cortábamos nosotros mismos, para los camellos y, desde luego, agua, pues no hay ser humano ni divino que se coma un buen pedazo de dulce de guayaba con queso si no tiene un vaso de agua que le “ayude a bajar” la guayaba. Después de acomodar todo cuidadosamente con los nombres de cada Rey y las respectivas cartas, nos íbamos a dormir. Y como no hay excitación, por grande que sea, capaz de quitarle el sueño a un niño, nuestros padres tenían que despertarnos temprano en la mañana con la feliz noticia de que los Reyes habían venido porque la comida que habíamos dejado en la noche no estaba y había huellas alrededor de las vasijas con agua, así como hierbas sobrantes alrededor del aljibe.

Todavía medio adormecidos nos tirábamos de la cama e íbamos directo al patio a comprobar la veracidad de lo que nos habían dicho nuestros padres. Al verificar que sólo quedaban algunas sobras de lo ofrecido no había dudas de que los Reyes nos habían visitado. Casi sin hablar y desbordantes de una alegría babilónica regresábamos a la habitación y buscábamos nuestros regalos debajo de las camas, que era el sitio tradicional de entrega. Aunque muchas veces los juguetes y regalos no coincidían totalmente con nuestros deseos, en lo más íntimo de nuestra alma infantil y de nuestra fantasía, gozábamos de uno de los momentos más sublimes de nuestras vidas y disfrutábamos hasta el éxtasis aquellos breves pero intensos e imperecederos minutos de, hasta entonces, nuestra corta existencia.

Cuando más sumergidos estábamos dentro de nuestro imaginario mundo, los adultos cometían la imperdonable torpeza de inmiscuirse en el mismo para decirnos barbaridades tales como “…los Reyes les trajeron tantos juguetes porque se portaron bien”, o …”si se hubieran portado mejor a lo mejor les hubieran dejado más juguetes”, o también …”tienen que cuidar lo que le trajeron los Reyes porque ya están más grandes y la pelota que les trajeron el año pasado se les perdió en la calle en el primer juego que echaron”.  Con esa crueldad involuntaria propia de los adultos, se ocupaban de regresarnos inmediatamente al mundo real, donde además de disfrutar de los juguetes teníamos que valorarlos y cuidarlos con una madurez que no se correspondía con nuestra edad.

Después de tomar obligados un apresurado desayuno salíamos a la calle a ver que habían dejado los Reyes en las casas de nuestros amiguitos y vecinos más cercanos e intercambiar los regalos. De esta manera, con los bates de unos los guantes y pelotas de otros se organizaba un juego de pelota (baseball) que duraba unos minutos pues inmediatamente después se intercambiaban bicicletas y patines, ametralladoras, arcos y flechas, pistolas y espadas, y todo lo que nuestra amistad infantil, despojada de todo egoísmo, pudiera concebir. Agotados los intercambios iniciales, al regresar a la casa, empezaban a llegar otros familiares y algunos amigos interesados en saber que nos habían traído los Reyes. Con exclamaciones de sorpresa compartían, entonces, nuestra alegría y excitación. Más tarde, salíamos a mostrar con orgullo parte de los juguetes que podíamos llevar con nosotros. La visita a la casa de los abuelos era también muy excitante, pues los Reyes eran tan generosos que siempre nos dejaban algún regalo deseado en la casa de nuestros abuelos. Así transcurría el día, y la impronta de la visita de aquellos magos del Oriente contribuía a forjar nuestro carácter futuro y a darnos una visión optimista del mundo, sin egoísmos y con un sentimiento, quizás inadvertido entonces, de profundo agradecimiento a todo lo bello, noble y generoso que nos ofrecía el mismo.

Todos mis Días de Reyes fueron excitantes y felices. El último que recuerdo, en 1959 ( también el último que tuve), fue quizás el más excitante y feliz de todos, pero fue también el que precedió a toda la desdicha, infelicidad e infortunio que se adueñó, casi sin darnos cuenta, de todo un país. Lo más premonitorio e irónico de todo lo que aconteció después es que en mis últimos Reyes yo tenía trece años y ya conocía la triste realidad de que los Reyes eran los padres. A alguien podrá parecerle una ingenuidad sin paralelos el hecho de que yo haya descubierto esta injusta realidad tardíamente, pero a fines de la década de los 50, en un pueblo oriental de la Isla, un niño de doce años era justamente eso: un niño. Las semanas previa al día de Reyes del año 1959 fueron días de una enorme tensión en Cuba. La lucha armada contra la dictadura de Batista estaba en su punto más álgido y todo el pueblo rezaba porque la guerra entre hermanos y el luto terminaran de una vez por todas en nuestra sufrida Patria. Nadie pudo imaginar nunca que estas últimas fiestas navideñas serían el desolador comienzo de un sinnúmero de navidades tristes para las familias cubanas que conocerían, a partir de ahora, el dolor y la tristeza de la separación, la división y hasta el odio entre seres de una misma sangre, y que permanece hasta hoy. Después de una nochebuena y una navidad marcadas por el dolor de la guerra, llegó el año nuevo con la inesperada, y entonces feliz noticia, de que el tirano había huido, que la revolución había triunfado, y que después de tanto luto, dolor y sacrificio, parecía que los cubanos íbamos a disfrutar de una vez y para siempre de los ideales de paz, libertad e independencia. Yo no entendía muy bien el alcance de todo esto, pero me sentía muy feliz porque la alegría era contagiosa.

El hecho de tener barba fue una característica importante en los combatientes de la Sierra Maestra (les llamaban barbudos), y se convirtió en un símbolo que sirvió para establecer una analogía entre los combatientes que “bajaban” de la Sierra y los Tres Reyes Magos. Lamentablemente para los cubanos, el símbolo cristiano asociado a los rebeldes de la Sierra fié brutalmente torcido, y el malvado Rey Mago Mayor en un acto de prestidigitación sin precedentes en la historia moderna de la humanidad, con un movimiento de su vara mágica hizo desaparecer los más caros y anhelados sueños de libertad e independencia de todo un país. En su brutal acto de magia desapareció la vergüenza, la ética, los principios, la moral y todas las tradiciones, cristianas o no, que contribuían a exaltar la nobleza, la humildad, la paciencia, la tolerancia y otras virtudes encaminadas a mejorarnos como seres humanos. Insatisfecho con el daño moral y en un acto de traición que haría palidecer de envidia a Judas Iscariote, el mago se propuso hundir en la más terrible miseria al heroico pueblo que lo condujo a la victoria, y utilizando de nuevo esa vara mágica que es la prepotencia y arrogancia combinada con el poder y la ineptitud hizo desaparecer, ante los ojos de todos, las infraestructuras existentes en el país, los alimentos tradicionales y no tradicionales, la ropa, el calzado y todo lo demás que tuviera relación con el bienestar de los cubanos. Al terminar el maquiavélico acto, el tenebroso  Merlín del Caribe enterró su vara y ya no sabe, ni le interesa, como restaurar lo que eliminó con una indolencia sin precedentes. Lo único alentador en toda esta desgracia es que los cubanos encuentren un día la vara enterrada y la recuperen para que en nuestra Patria sea restaurados los valores y bienes temporalmente perdidos.

Para mi y otros muchos, sin embargo, lo mas doloroso de todo lo perdido fueron nuestros sueños. Nunca pude decirle a mis hijos que le escribieran una carta a Gaspar, Melchor o Baltasar, o que en la víspera del Día de Reyes, les dejaran comida y agua a los Reyes y sus camellos, porque cuando ellos nacieron ya hacía muchos (demasiados) años que los Tres Reyes Magos habían muerto para nuestros niños. Habían sido fusilados junto a los mejores sueños de los cubanos.

Vicente Vallejo

Harrison, NJ.

Diciembre, 2013.

Diario de Cuba: Del Papá Estado al sálvese quien pueda

Ventilador fabricado en la URSS. Santa Fe, Habana. Foto 2013.

Ventilador fabricado en la URSS. Santa Fe, Habana. Foto 2013.

En Diario de Cuba: Del Papá Estado al sálvese quien pueda:

La casa de Otilio es un museo de artefactos facturados tras la otrora cortina de hierro. Jubilado hace 21 años, Otilio es un octogenario solitario y sin hijos, rodeado de objetos anacrónicos y gatos famélicos.

En una pared que una vez fue de color marfil, de medio lado cuelga un diploma concedido por su quehacer laboral tras 45 años al frente de una cuadrilla de plomeros.

Como premio por sus hazañas laborales y por haber sido un revolucionario ejemplar, también le otorgaron medallas bronceadas y varios artículos que tres décadas después se resisten a morir.

De su colección de objetos de la era soviética forman parte un reloj Poljot cromado, una lavadora Aurika que yace en el cuarto de los trastos obsoletos, una moto Karpaty de dos velocidades de la cual solo queda el esqueleto, y un viejo radio Selena que después de golpearlo se logra sintonizar el béisbol.

“Era otra época. El Estado te otorgaba desde una casa en la playa hasta un ventilador ruso. No sé si estos cambios de ahora serán para mejorar o empeorar. Lo que pasa que mucha gente no está preparada. De depender para todo del Estado, al arréglatelas como puedas. Por suerte yo ya estoy de vuelta”, comenta Otilio sentado en el portal de su casa, un gato en el regazo.

En aquella etapa era imprescindible ser un fidelista a prueba de bombas. En caso contrario, había que marcharse 90 millas al norte o saber que el reconocimiento y la posibilidad de adquirir ciertos bienes te estaba vedada.

Han pasado más de tres décadas de aquellos años, donde los caramelos de cumpleaños y las cajas de cervezas para bodas se adquirían por la libreta de racionamiento.

Pero muchos trabajadores y funcionarios aún viven anclados en la mentalidad de esperar órdenes y regalías de Papá Estado. Es lo aprendido en 53 años. Las iniciativas personales siempre fueron mal vistas y consideradas peligrosas.

Aunque racionado y de baja calidad, el Estado garantizaba lo mínimamente necesario para vivir. Pero si aplaudías los discursos de Fidel Castro, asistías a las concentraciones en la Plaza de la Revolución, a las Marchas del Pueblo Combatiente y participabas en los Domingos Rojos, te podías ganar un cupón para comprar un artículo soviético.

Una especie de contrato social basado en la fe ciega y el canje. Época dorada la de Castro, quien gobernaba de manera casi absoluta y con unos pocos locos valientes que se atrevían a disentir.

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literatura en bolsas de cemento

Imagen tomada de Diario de Cuba

Imagen tomada de Diario de Cuba

Fragmentos de la reseña, publicada en Diario de Cuba, de P350, una revista de la que el escritor Orlando Luis Pardo Lazo dice que, “según se vaya poniendo dura, como el cemento original de su soporte, …se le atragantará en la garganta a más de un gamberro cubanesco de guayabera y buró”: ¿Cómo hacer revistas con bolsas de cemento?:

…La fiebre constructiva desatada en la nación, por la que los ciudadanos pueden edificar sus viviendas con esfuerzo propio, da lugar a las bolsas de cemento P350, un material de gran calidad para utilizar en exteriores, remendar una azotea o levantar una pared bien sólida. Estas bolsas, después de utilizadas, son desechadas por los constructores. Y acopiadas, recogidas por los “escritores” de la revista, en plan de reciclaje de un excelente papel kraft, llamado papel de estraza o cartucho. Las bolsas son lavadas, dobladas por la mitad y picadas de manera que conforman folios o pliegos.

El formato final resulta algo inhabitual y hasta incómodo a la hora de leer, pero es compensado por los textos, su potencial imaginario, delirante en algunos, de refinamiento emotivo en otros, obvios esquemas, humor, ironía, lirismo, fragmentación y hábil sintaxis en relatos visuales de gran impacto.

El experimento creativo P350 pone patas arriba el apacible y delicado reino de lo consagrado, se pronuncia contra el encartonamiento, el desfase, la desactualización, la falta de inmediatez.

Para el profesor Yornel, graduado de Artes Plásticas en Santiago de Cuba (2001) y del ISA (2007), con 15 exposiciones colectivas y seis personales, esta es una revista de poesía abierta a la poesía, es decir, a “esa fuerza primaria y sutil que conlleva todo acto creativo: no es una revista de poesía cubana, ni de un grupo X de poetas, no tiene una orientación ideológica a priori, no prioriza credo alguno, tampoco es un manifiesto ni nada de eso. No pretende establecer un discurso lineal, ni una filiación ideológica, estética o ética. Si algo se prioriza es un interés común hacia la apertura de pensamiento, de ideas, una cierta frescura”.

Ambiciosos, el listón lo han puesto bien alto, al pretender emular con el perfil visual y estético de revistas desaparecidas como OrígenesNaranja DulceAlburEnema , y el justo homenaje que le rinden a Diásporas. Justo y ¿oportuno?

……….

Vamos a recordar

A Mario Walpole, alumno preferido de Antonia Eiriz y cuyas obras de reciclaje llenaron una época en los años 70… A la editorial matancera Vigía, en los 80, artesanal e independiente en sus inicios, hoy muy institucionalizada y ya menos atractiva visualmente. A los Cuadernos Papiro… Y en la primera década del 2000, la convocatoria de mail-Art librada por el Proyecto Desliz, de la escritora Lizabel Mónica, donde se pedía “enviar en una hoja previamente estrujada, una muestra artística y/o literaria, acompañada por la dirección electrónica del autor (la hoja ha de estar firmada). Todas las obras se encuadernarán en un solo libro, cuya curaduría estará a cargo del equipo desliz. La edición colectiva será expuesta en un espacio cultural cubano. Se enviará a los autores una muestra digital del libro”.

A dicho concurso llegaron obras de todas partes del mundo y se expusieron, junto a computadoras con videos de arte, en la Casa de la Poesía, de la Habana Vieja, en evento que conjugó música, performances, recitales; todo un “suceso cultural”, como se decía entonces, con acogida total de jóvenes que llenaron el recinto hasta donde les fue permitido, pues en la segunda ocasión el mismo centro cerró sus puertas a una propuesta “independiente” como Desliz.

De similar o parecido sentido, abundan otros esfuerzos que marcaron la diferencia ante el adocenamiento, la falta de imaginación de la burocracia cultural.

Imagen tomada de Boring Home Utopics.

Imagen tomada de Boring Home Utopics. 2010.

Yo también te haré llorar, documental

 

 

Documental de Enrique Colina, 1984.

comercio

En el Informe del Dr. Ernesto Guevara, Ministro de Industrias en la Reunión Nacional de Producción de 1961 (publicado en Díaz Castañón, María del Pilar. 2004. Ideología y Revolución. Cuba, 1959-1962. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales):

Pero es verdad que al pueblo no le gustan algunas cosas, que desgraciadamente suceden, y para eso nos hemos reunido: para que no sucedan más. No es bueno, por ejemplo, que haya jabón en La Habana si no hay jabón en el campo: si no hay jabón en el campo, no debe haber jabón en La Habana (APLAUSOS). O debe distribuirse el jabón de tal forma que haya en todos lados. (p. 233)

 

 

Video sobre el comercio normado en la tienda Fin de Siglo, 1994

h/t Armando Chaguaceda.

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