borrador

Borrador de pizarra. Imagen tomada de internet.

Borrador de pizarra del Ministerio de Educación. 1980s. Imagen tomada de internet.

Cuando pienso en el entorno material de la casona neoclásica en la que recibí las primeras lecciones escolares, lo primero que me viene a la mente son los bolígrafos desechables con que nos obligaban a escribir en primer grado, el franelógrafo que los profesores no querían utilizar, el radio que una vez a la semana instalaban a la entrada del aula y desde donde escuchábamos la clase de educación musical con sus odiosos ejercicios de vocalización, la merienda que invariablemente alternaba torticas de morón, masas reales, marquesitas y galleticas dulces siempre acompañados de una botella de refresco, las bandejas de aluminio en que nos entregaban, a través de una mugrienta ventanilla, el almuerzo que nunca me atreví a probar, y el borrador verde con el mapa de Cuba dibujado a relieve, destacado aún más por efecto del polvo de tiza que en él se acumulaba. De todos ellos, el único objeto que siempre me acompañó en mi paso por cada una de las aulas en las que me senté –en la casona neoclásica donde cursé la primaria, en la que luego fue mi secundaria, en el preuniversitario, y aún en la universidad– fue el borrador verde, que sólo dejé de ver cuando en el Aula Magna de la Universidad de La Habana recogí mi título de Licenciada.
Era éste un objeto de construcción bastante simple. La felpa que borraba estaba dividida en franjas, que el encofrado de plástico mantenía apretadas y que, aún así, tendían a abrirse y separarse con el uso, que también hacía que el plástico verde acumulara melladuras. Hace tiempo que abandoné las aulas, pero durante casi dos décadas me acostumbré a los rastros de tiza en forma semicircular que solía dejar en las pizarras, o los nítidos surcos de humedad que producía cada vez que se mojaba.

Cuba soviética

Kikos plásticos. Imagen tomada de Facebook.

Kikos plásticos. Imagen tomada de Facebook.

Recién me tropecé, en el foro de Yahoo, con la pregunta ¿que me dicen de esto los cubanos que ya peinamos canas? Quien hace tres años la publicó, identificándose como davidbosnioagain, acompañó su pregunta con varios ejemplos, cada uno con su consiguiente valoración personal, que por su estrecha relación con la materialidad reproduzco en esta página:

- Las escuelas al campo. (horribles!)

- Las colas para comprar los zapatos en ‘Primor’ con la libreta que era
A, y mi mama A1, o C4, y mi prima B2; y tu qué letra eras?; (de madre!)

- Los turnos por teléfono para comer en el Emperador; La Carreta,
Monsigneur, El Conejito, el restaurant Moscú, La Torre, (tenian su
cosa!)

- La durísima y sin igual Playita de 16; (no, que no?)

- Las vacaciones en Varadero y la posiblidad de ir y virar en el día a
Varadero (fuiste?)

- Y almorzar en el Cochinito y no gastar mas de 6 pesos por persona,
(coño de lo último no me acuerdo)

- O Santa María en el refuerzo de guaguas una detras de otras, pasarte
el dia y gastar 40 ctv. (realmente esto no lo hice nunca, nunca?)

- Las meriendas en el Potín y en el Carmelo de Calzada o de 23 (eso
SIEMPRE…siempre)

- Y aspirando para dar La Vuelta a Cuba, los países socialista por 250
pesos por persona, a los cayos de Cuba, (tu si?)

- Yo conocí la espectacular 190 que traía a las maravillas del mundo en
el piquete de estudiantes de la Cujae; también la 37, la 114, la 24,
la 1, la 85, la 7, la 107, la 98 y la 198. (oye esto a mi no me
gustaba ni un poquito, chico que cosa mas grande caballero!)

- Tomé en el Coppelia, Soldadito de Chocolate y el suero de Vainilla
Chip que tenía en el fondo los trocitos…….., Sunday, Copa Lolita con
flancito y Tres Gracias con barquillitos, sirope y merengueee, y las
ensaladas de 5 bolas grandessssssss. (llegabas con la lengua afuera
despues de tanta cola, pero… que ricooooooooooooo el helado no?)

- Mi mamá me regaló un radio Vespa, ‘y un reloj Poljot, tuve un radio
Meridian.

- Y qué me dicen de las quillas a los pantalones para hacerlos campana.
(quien no los tuvo?)

- Todos van a recordar la camisa de mangas largas que nos dieron en el
módulo para la Escuela al Campo y nos bordaron en la espalda, diciendo
‘…..busca un amor, para tu vida…..’ o ‘…..Anduriña dónde
estás….’, ¿se acuerdan? ¡¡¡¡Qué onda!!!!!

- Y los famososssssss tenissss que hoy son el último grito de la
modaaaaaa viraditos hacia arriba

- Y los zapatos plásticos, los kikos????

- Y qué me dicen de las manhatannnnnn, ñoooooo

- Y del juego de pantalón y chaqueta Jiquí, y de las camisas Yumurí (las
tostenemos).

Sobre los Kikos plásticos, imagen que encabeza este post, he escuchado en Facebook:

kikos plasticos recuerdos de antano para los cubanos fb copy

la propiedad privada, la revolución, y la condesa de Revilla de Camargo

anillo rosita

Cuando hace pocos años llevé a mi hija a visitar el Museo de Artes Decorativas de La Habana, la guía que nos mostró la exhibición (gracias a la gestión personal de su abuela paterna) reprochó a la antigua propietaria del inmueble el que, al verse forzada a abandonar el país en 1959 a causa de los radicales cambios políticos que por entonces acontecían, hubiera escondido en el sótano de su mansión parte de sus joyas y objetos de valor. Se regodeó asimismo esta empleada contándonos la suspicacia de uno de los agentes del gobierno que intervino el inmueble, gracias a la cual los tesoros de la condesa eran ahora exhibidos como parte de la colección del museo. Sentí pena entonces por quien escondió, en medio de la prisa y la inseguridad, parte de su patrimonio, en un fútil intento por salvarlo del pillaje y la desgraciadamente inevitable expropiación.

La semana pasada Antonio José Ponte me hizo llegar la información y copia de una entrevista que la revista Vanity Fair hiciera al modisto Hubert de Givenchi, en donde éste menciona a la condesa cubana. Aparece aquí retratada la señora como una aristócrata excéntrica y avara, que se hacía acompañar en sus visitas al atelier del famoso diseñador por una empleada encargada de cargar dos bolsas con sus joyas personales. No pude dejar de asociar la descripción de Givenchi con la anécdota contada por la empleada del Museo de Artes Decorativas de La Habana, y nuevamente sentí mucha pena por ella.

revolución, turismo y tradición

Diseños de Gonzalo Córdoba exhibidos en Cuba en el 2004.

Diseños de Gonzalo Córdoba exhibidos en Cuba en el 2004.

En Hecho a mano en Trinidad de Cuba, libro de Cristina González Béquer (E&A Editions 2013):

En el año 1959, cuando la Comisión Nacional de Turismo se convirtió en el INIT (Instituto Nacional de la Industria Turística) algunos especialistas fueron a conocer y a valorar la obra de los artesanos trinitarios. Una exposición, que debe haber tenido lugar a inhales de ese año o a inicios del 60, recogió los resultados de la pesquisa y del trabajo directo con los artesanos para conseguir piezas de gran calidad. Por ese tiempo, dos arquitectos, Gonzalo Córdoba y María Victoria Caignet, ambientaron las cabañas del Motel Las Cuevas utilizando piezas de artesanía local. Las bases de las lámparas se hicieron en Los Hornos de Cal y fueron modeladas siguiendo los patrones que, unos años antes, habían aprendido los alfareros trinitarios de Amelia Peláez. Las pantallas fueron tejidas de carey, lo mismo que las empleitas con las que crearon vistosas esteras. Más tarde, por obra y gracia de esos pesquisajes, se mezclaron y se estandarizaron las manualidades en todo el país y se formó una mezcolanza de artesanías que impediría, por largo tiempo, reconocer las tradiciones locales.

A mediados de la década de los años setenta, Córdoba y María Victoria regresaron a Trinidad para realizar la ambientación del hotel que se construía entonces en la playa de María Aguilar y que se llamó Costa Sur. . . . Lorenzo Urbistondo y Aurora Mesa, que fueron los diseñadores designados para esa tarea, . . . recorrieron casas y patios trinitarios, visitaron el taller de alfarería de los Santander y conocieron a mucha gente anónima –que seguía trabajando en pequeña escala– con el propósito de utilizar sus obras en los espacios del hotel. Por ejemplo, los pañuelos de malla de Enriqueta Medina, hermana de Merceditas, iban a ser enmarcados para presidir los dormitorios. Llegaron a realizar el diseño para estampar un tejido, cuyo dibujo imitaba las ensaladillas que habían encontrado en las camas trinitarias. Con ese tejido proyectaron la elaboración de las sobrecamas del hotel.

La premura pro inaugurar el hotel hizo que estos proyectos decorativos nunca llegaran a realizarse. Las sobrecamas definitivas fueron de chenille, como las de todos los hoteles cubanos de esa época. (pp. 71-74)

labores de hilo y estambre

estambre copy1

En Hecho a mano en Trinidad de Cuba, libro de Cristina González Béquer (E&A Editions 2013):

Solamente las dos agujas, que no habían sido tan populares en el pasado, cobraron un protagonismo enorme en los primeros sesentas. Esto se debió, seguramente, a la ausencia de ropas de abrigo en el mercado, que ya comenzaba a limitarse, y a una verdadera arribazón de bolas de estambre chino que, según llegaban, se convertían en chalecos, suéteres y, sobre todo, medias para la escuela. No he olvidado nunca la marca de aquellos estambres: Hilo de lana infantil pareja d e mariposas doradas. (p. 15)

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estambre chino foto 2013 copy

 

la política, sus símbolos y el comercio

Brazalete del 26 de julio.

Brazalete del Movimiento 26 de julio. Años 1960s.

Luego de que el registro cubano de la propiedad industrial recibiera”una avalancha de solicitudes para patentar productos que llevaran las insignias revolucionarias” (p. 114), el 4 de marzo de 1959 el periódico Revolución anunció, en la primera página, mediante una nota del Movimiento 26 de Julio, “que no se le concederían derechos de marca registrada sobre los símbolos revolucionarios a ninguna entidad lucrativa” (nota número 5 de la p. 114, en Pérez-Stable, Marifeli. 2008. La revolución cubana. Orígenes, desarrollo y legado. Madrid: Colibrí. Original en inglés publicado en 1993).

Duanel Díaz entrevistado por Gerardo Fernández Fe, fragmentos

Foto 2013.

Foto 2013.

Gerardo Fernández Fe entrevista, en Diario de Cuba (Una daga entre pingüinos congelados) a Duanel Díaz Infante, a propósito de su último libro, La revolución congelada: Dialécticas del castrismo (Verbum, Madrid, 2014). Los dejo con algunos fragmentos:

P: Entre 1959 y 1970, eso que llamas “periodo romántico de la Revolución Cubana”, se genera una fascinación estética hacia el evento revolucionario; “la más acabada obra artística”, según Luis Pavón. Y aquí volvemos al tópico francés y ruso de que la poesía, la belleza, están en la calle…

R: . . . Cuba no fue en eso una excepción. Ya desde antes del corrimiento hacia el comunismo, era obvio que la diferencia entre la democracia representativa del antiguo régimen y la “democracia directa” del nuevo equivalía no solo a la diferencia entre lo formal y lo real, sino también al contraste entre lo ordinario y lo sublime.

Hace poco, hojeando el libro Gobierno revolucionario cubano. Primeros pasos (Editorial de Ciencias Sociales, 2009), descubrí un detalle revelador. Para la concentración popular que se celebró a raíz de los sucesos de Huber Matos, Castro había mandado que se construyera un puente sobre la entrada del túnel de la Bahía, con el propósito de que la multitud reunida ocupara sin interrupciones desde la terraza norte del Palacio hasta el Malecón. Ello requirió los servicios de varias carpinterías de la ciudad, pero la idea de Castro iba más allá.

Cuenta Luis M. Buch que “En la madrugada del domingo 26 de octubre, [Fidel] visitó las obras en un jeep; interrogó sobre la posibilidad de retirar provisionalmente los árboles de la Avenida de las Misiones para lograr una completa visibilidad de la multitud, pero lo convencieron de que eso era muy difícil y pondría en peligro la vida de los árboles” (p. 294).

Buch incluye esto en una nota al pie, como un detalle anecdótico, pero me parece sumamente significativo de ese kitsch revolucionario de 1959 donde la visión sublime de la masa concentrada y la sed de sangre de la “justicia revolucionaria” son inseparables. Ese fue el acto donde Camilo Cienfuegos recitó los versos de Byrne y la masa pidió, una vez más, “Paredón”.

P: Es sintomático que a partir del año 2000 se produzcan los trabajos fotográficos de Polidori, Moore y Eastman, quienes, cada uno a su manera, se centran en edificios viejos, en autos antiguos, en ruinas, todos de la etapa previa a 1959, en una evidente restauración de una estética que se supondría dejada atrás gracias al empuje de la Revolución…

R: En efecto, aunque ya en los noventa salen los primeros catálogos de fotos, algunos estudiados por Ana Dopico en su ensayo “Picturing Havana”. Me parece que esa estética de la ruina comienza de algún modo con el documental Havana de Jana Bokova, de 1990, en los umbrales del “periodo especial”. No es casual que ahí aparezca una entrevista a Arenas; él fue de los primeros que llamaron la atención sobre la decadencia de La Habana, en sus notas y ensayos escritos en el exilio.

Me interesan Polidori, Moore y Eastman porque en ellos es donde mejor se ve la tendencia al desplazamiento de las personas del primer plano: si en los 60 aparecen las multitudes y los retratos de héroes, en los 90 las cosas, humanizadas por los años de uso. No es restauración de una estética, sino una estética nueva, que la revolución ha hecho posible al sacar a Cuba del mercado capitalista cuatro décadas atrás. Un carro americano, por ejemplo, no tiene el mismo valor estético en los 50, cuando era nuevo, que en los 90, cuando es una reliquia. Solo ahora tiene aura, en el sentido de Benjamin; devuelve la mirada.

P: Y ahora, nada menos que en 2014, se tiende a recomponer lo que en 1968, tras la Ofensiva Revolucionaria, se consideró que se debía suprimir para siempre. Y no me refiero solamente a objetos, a oficios, sino a cierta simbología.

R: Por cierto, hace algunos años en un programa de historia del Canal Habana que se llama o se llamaba “Como me lo contaron”, se habló de la Ofensiva en unos términos bastante críticos. Algo así como: “Mira que ocurrírsele a alguien cerrar los bares y los cabarets en este país…”

El año pasado reabrieron el Sloppy Joe’s, que justamente fue cerrado cuando la Ofensiva. Las paredes están llenas de fotos que ilustran la historia del local, los personajes célebres que pasaron por allí. También se detallan los avatares de la célebre barra de caoba, de la que solo consiguieron recuperar uno de los trozos. Hay en esto, me parece, algo simbólico: es imposible recomponer el precioso jarrón que se rompió en 1968: los oficios, las tradiciones, el estilo que aun sobrevivía; no dentro del orden de cosas actual.

En cuanto a simbología, otro buen ejemplo es la restauración del Capitolio, que está en curso. Vicente Echerri ha llamado la atención sobre un pasaje del libro de Aldo Baroni Cuba, país de poca memoria, donde se describe el gobierno de los “cien días” como “una vergonzosa conga de excesos y raterías en la que el Capitolio se vio obligado a calzar alpargatas y a desgarrarse en lúbricas contorsiones los últimos jirones de su toga deshecha”. Cuenta el periodista italiano que “150 de los acólitos de Grau vivían materialmente en el Capitolio, transformando los salones en dormitorios, los divanes en camas y las mesas bellamente talladas en pesebres”.

En 1959, el Capitolio no fue saqueado; peor aún, fue desconocido. La sede de la legislatura se había movido a otro lugar, que no era un lugar porque pretendía ser todo: el pueblo mismo. A fines de 1960, en sus jardines se celebró una “Feria de la Vaca” que comprendía “cientos de pabellones artísticamente decorados, tómbolas, quioscos, exhibiciones fotográficas murales” (Bohemia, 23 de octubre de 1960). En 1976, hubo otra exposición, “Logros de la ciencia y la técnica soviética”, con camiones, tractores y hasta una reproducción de un spútnik.

Como una anciana inútil a la que se encomiendan labores de poca monta, lo que fuera sede del Senado y de la Cámara de Representantes, quedó para museo. Pero no museo de la República, sino de una historia ajena a las leyes y las constituciones: la de la naturaleza. Ahora quieren restaurar el edificio, eliminar las modificaciones que sufrió cuando fue sede de la Academia de Ciencias, para que sesione allí la Asamblea Nacional. Simbólicamente, es una vuelta a la República, pero sin un reconocimiento del desastre que fue su desmontaje. Se vuelve a la forma, no al contenido. Cuando se instale ahí el Parlamento, el edificio estará más vacío que cuando contenía fósiles, esqueletos de dinosaurios y pingüinos disecados.

P: Curiosamente todo confluye en que, con esos “objetos de melancolía” y ese “turismo revolucionario” de nuevo tipo, pasado por agua, desleído, La Habana sea hoy en día una de las capitales más fotogénicas del mundo.

R: Lo fue en 1959, en la aurora revolucionaria, con los barbudos y las grandes concentraciones de masas. Y lo vuelve a ser a partir de los 90, gracias a esa curiosa “simultaneidad de lo no simultáneo” que ha provocado, paradójicamente, la revolución. Aunque, bien mirado, es solo ahora, en el crepúsculo revolucionario, que la ciudad misma está en primer plano. En 1959 no era La Habana lo que atraía la mirada, sino todo aquello que, por así decir, la amenazaba, la eclipsaba, la tapaba: las grandes concentraciones de masas que ocupaban calles y plazas, la invasión de esa rusticidad sobre una ciudad cosmopolita y disipada que recordaba, desde luego, la toma de Roma por los bárbaros.

Penúltimos Días: Dos “riflexiones” de Héctor Zumbado

 

Cucharas plásticas de los años 1980s.

Cucharas plásticas de los años 1980s.

En Penúltimos Días:

Dos “riflexiones” de Héctor Zumbado

La cuchara

Hoy hablaremos de la cuchara. Los datos que tenemos a mano dicen así, textualmente:

“Cuchara viene del latín cloclea, que quiere decir concha. Es un instrumento que se compone de una palita cóncava y un mango y que sirve para tomar la comida y llevar al interior de la boca sustancias líquidas, caldosas, blandas, etcétera.
”La forma ha variado muy poco desde los principios de la civilización. De los tiempos prehistóricos se encontraron ya en los palafitos suizos algunas escudillas de madera, con mango, que pueden ser consideradas como cucharas. También se hallaron en el período neolítico cucharas de barro, con mango corto, a veces arqueadas o con mango largo y puntiagudo. De esta misma forma se descubrieron cucharas en la ciudad de Troya y en Chipre, procedentes de la edad de bronce.
”En la Antigüedad clásica se hicieron cucharas de piedra, de madera, de hueso, de marfil, de toda clase de metales y hasta de cristal. Sus dimensiones variaban según los usos y las había tan pequeñas como las que se usan hoy para tomar la sal del salero.
”En Egipto se encontraron cucharas con mango de forma muy variada. En Tebas se encontró una cuchara de madera que por su ornamentación recuerda un loto. En Cícico se hallaron dos cucharas con el mango en forma de pie de ciervo; otra, que se guarda en el Museo británico, tiene un mango con un delfín enroscado a una rama.
”En la Edad Media las cucharas de madera eran preferiblemente de boj, por su dureza, y de enebro, por su buen olor. Desde el siglo XIV se hicieron cucharas portátiles con mango plegable.
”La Iglesia empleó cucharas con un agujero para purificar el vino destinado a la consagración.
”Existen cucharas para grajeas, para limonadas, sopas, frutas en almíbar, café, compotas, helados, etcétera.
”Hay cucharas, cucharillas, cucharitas y cucharones…”

Hasta ahí los datos, que parecen demostrar dos cosas: primero, que la cuchara es tan vieja como la sopa de ajo; y segundo: que no hay una sola cuchara, sino varias.
En fin, todo esto que ha parecido una densa y espesa conferencia sobre la cuchara, tiene cierta vinculación con un incidente que experimentó hace poco un amigo mío, arqueólogo e historiador por más señas.
Cuenta que estaba disfrutando de sus vacaciones en Guanabo, en trusa, las canillas al aire, la brisa del mar, las refrescantes olitas, el aceite bronceador, la blanca arena, el ardiente sol, los kicos plásticos, la grata compañía, en fin, el vacilón de las vacaciones.
Me dice que a media mañana sintió, de pronto, el urgente deseo de tomarse un yogurt. Que fue hasta una cafetería; que pidió el yogurt; que le dieron uno delicioso, de sabor de fresa, cremoso y rosado, helado y apetitoso. Lindo yogurt.
Dice que el pomito aquel, refrescante, cremoso y sabrosón, estaba casi congelado. Que al llevarlo a la boca no pasó nada, el yogurt no salía. Que abrió de nuevo la boca, esta vez con la cabeza echada hacia atrás, los ojos mirando al cielo, el pomo vertical y nada. Que sacudió el pomo; que le dio por abajo con la palma de la mano; que lo golpeó por los costados; y nada.
Relata que se sentía salivando como los perros de Pavlov ante la señal rosada y refrescante del yogurt. Estaba ansioso y desesperado, frustrado y al borde de la histeria.
Y entonces (porque el hombre se crece ante las situaciones difíciles) pidió una cuchara.

–– ¿Una cuchara? –respondió la dependiente, perpleja ante el insólito pedido y como herida en su sensibilidad– ¿para qué tú quieres una cuchara mi’jito, si el yogurt se toma directo?

–— Porque no sale –dijo él, sacudiendo el pomo bocabajo, en demostración fehaciente de la categoría filosófica de lo objetivo.

Y le trajeron una cuchara, la cual se negó rotundamente a entrar en el pomo porque el ancho de la misma era mayor que el diámetro del mismo. Entonces, cometió un grave error. Pidió otra cuchara.

–– ¡Otra cuchara! –contestó alarmada la dependiente, en tono que hizo temblar a todos los usuarios–. ¡Mi’jito, lo tuyo es mucho! ¿Qué culpa tengo yo de que la cuchara no entre en el pomito?

El vacacionista–arqueólogo–historiador dejó el yogurt sobre el mostrador y se fue hacia el mar, pensativo y silencioso, recordando las cucharas del período neolítico, las halladas en Tebas y en Egipto, la del Museo británico con forma de delfín, las de madera de boj y enebro de la Edad Media, las descubiertas en Troya y en Chipre procedentes de la Edad del Bronce…
Cabizbajo, clavó la mirada en la arena, y se preguntó: ¿Dónde hallaré una cuchara que entre en mi yogurt?

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El vasito infinito

La categoría de infinito es algo difícil de explicar, es una cuestión compleja, una noción que el hombre, desde que empezó a filosofar, ha tratado de atrapar, definir, enmarcar, precisar.
Ya en los tiempos de Aristóteles y Platón en la vieja Grecia, los dos filósofos que tanto aportaron para confundir a la humanidad por unos cuantos siglos, se planteaban el problema de lo infinito y nos imaginamos las caras que pondrían, la mirada perdida en el horizonte, yéndose en blanco hacia las estrellas, mientras se preguntaban ¡ah, lo infinito! ¿qué será lo infinito?
Gracias a los profundos troques iniciales de estos dos grandes filósofos de la Antigüedad, con el tiempo, otros filósofos llegaron a decir cosas como estas: “lo infinito es el intervalo entre el ser y el no ser.”
¿Fácil, verdad? Jamón. El intervalo entre el ser y el no ser. Es decir, la distancia entre lo que es y lo que no es, eso es lo infinito. ¿Fácil? ¡Que lo explique Aristóteles! Primero entiendo el sistema de bonos de la libreta de productos industriales que esa extraña matraca del intervalo entre el ser y el no ser.
En otras áreas del pensamiento humano el concepto de lo infinito también ha sido trajinado. En las matemáticas, por ejemplo, esa ciencia exacta que todo lo precisa con exactitud –y por eso se llama así– la solución que le dieron al problema fue expresarlo nada menos que con un ocho acostado, que viene siendo un signo más o menos así: \infty
¡Geniales que son las matemáticas! A quién, sino a alguien con imaginación matemática, se le podía haber ocurrido una solución tan sencilla para expresar una cosa tan compleja como el infinito. Acostar un ocho y ya. ¿Qué otra cosa puede ser lo infinito, sino un ocho acostado? Eso lo entiende cualquiera. Sobre todo, cuando se da la siguiente explicación:

1 multiplicado por 0 = 0

Pero 1 dividido entre 0 = \infty (un ocho acostado horizontal, dormido, como los frijoles de la Bodeguita del Medio).
La geometría, por su parte, también da su explicación diciendo que “se da por sentado que las líneas paralelas son infinitas”, explicación que se entiende bastante si uno se monta en La Habana, en un tren que vaya hacia Santiago de Cuba. ¡Esas paralelas parecen que no se acaban nunca!
A su vez, los diccionarios –que a veces sirven para lo que fueron diseñados– dicen que lo infinito es “lo que no tiene fin; lo muy numeroso, grande y excesivo en cualquier línea”.
Y partiendo de ahí, que es una definición bastante comprensible, ya podemos reflexionar mejor acerca de lo infinito, yéndonos hacia los planos objetivos del diario acontecer.
Tomemos, por ejemplo, estos vasitos de cristal que andan por ahí. Realmente, son unos vasitos bonitos, de cristal, achataditos y algo gorditos y con un diseño bastante aceptable.
Los vasitos andan por ahí, continuamente, inacabablemente.
Aparecen por ahí en infinidad de contextos. Están como omnipresentes en el tiempo y en el espacio.
Surgen en los bares de lujo, de medio lujo, de poco lujo y de antilujo. Contienen ron collins, cuba libres, martinis, cerveza, agüita mineral Ciego Montero, daiquirís, etcétera. Ahí cabe cualquier coctel del mundo aunque haya sido diseñado para otro vaso o para una copa. Este vasito es all–around, olímpico.
En el mismo vasito que aparece en bares, roneras, pilotos, tiritos, ranchones de la playa. Está presente también en las mesas del restaurante y en el mostrador de la cafetería o de un ten–cent.
Se le ve en oficinas, viceministerios, talleres automotores, centros de cálculo, terminales de ómnibus, secundarias en el campo, cortes de caña, playas, líneas de producción, fábricas de cemento, hospitales, centrales azucareros y albergues INIT.
Asoma por todas partes, es inacabable en su presencia, trasciende hacia el hogar, se cuela en la cocina, sustituye las tacitas de café y los búcaros con malanguitas. Brota encima de un escaparate, ahuyentando las malas influencias; en el baño, con el cepillo de dientes; y en la mesita de noche, con los dientes…
Es lo infinito.

Vaso irrompible hecho en la URSS, conocido como "vaso ruso".

Vaso irrompible hecho en la URSS, conocido como “vaso ruso”.

ajedreces

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El ajedrez que sé me lo enseñó mi abuelo cuando niña,  los fines de semana que pasaba en su casa. No recuerdo haberlo visto enseñándole ajedrez a mi hermana, pero a mí, que me gustaba estar siempre con él, me enseñaba todo lo que se le ocurría, si yo estaba de acuerdo, como por ejemplo el comenzar de Don Quijote, que se encargaba de hacerme repetir siempre para que no se me olvidara, y para entretenernos. Solíamos jugar en un tablero viejo y con unas fichas de madera, afelpadas en la base para que no dañaran la madera o cartón por donde se movían, pero las clases no duraron mucho porque me aburrí pronto.

Desde entonces me he tropezado con muchos juegos de ajedrez en casa de mi abuelo. No sé por qué ha comprado tantos. El más común, el Batos que viene en una caja plástica con tapa deslizable, lo tiene en dos combinaciones de colores: piezas negras y blancas, y piezas carmelitas y blancas. Una vez, en la escuela al campo, la esposa de mi tío me mandó con mis padres, el día de la visita, natilla de chocolate que envasó en una caja de ajedrez Batos. Durante los días que sucedieron a aquel fin de semana, corría la tapa de la caja cada vez que quería saborear el postre, aunque nunca dejó de parecerme raro encontrarme con la sustancia sólida de la natilla en vez de con las piezas del juego que me enseñara mi abuelo. De todos modos, la disfruté mucho.

Este verano encontré un nuevo ajedrez en casa de mi abuelo. Venía en caja de cartón con marca INDER y, hasta el momento en que me tropecé con él, se estuvo empolvando en el closet-barbacoa a donde va a parar todo lo que no se piensa utilizar más. El suegro de mi amiga Vanessa se encontró también, el año pasado en las playas de Miami, una caja de ajedrez Batos –blanca, a diferencia de la de la natillas que me enviaron a la escuela al campo, que era de color rosado. Adentro venían los papeles de una embarcación en la que acababan de llegar unos balseros.

Caja de ajedrez donde unos balseros cubanos guardaron los documentos de la lancha en que salieron de Cuba. Cortesía de Vanessa Vallejo.

Caja de ajedrez donde unos balseros cubanos guardaron los documentos de la lancha en que salieron de Cuba. Cortesía de Vanessa Vallejo.

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Collecting and Curating Cuban, conferencia de Raúl Rubio y Christian Larsen

Rubio-Larsen Lecture - Flyer - Sept 2014

El 22 de septiembre, a las 12:30 pm, en FIU.

Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, postal

Tarjeta postal

Tarjeta postal

Tarjeta postal, reverso

Tarjeta postal (reverso) bendecida por el Arzobispo de Santiago de Cuba.

Fray Valentín Zubizarreta y Unamunzaga, nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba en 1925, fue quien construyó el Santuario de la Virgen de la Caridad en el Cobre, presidiendo en 1936 la coronación canónica de la Virgen de la Caridad, patrona de Cuba. Para que la protegiera, mi bisabuela Consuelo tuvo esta postal, cuya valía estaba asegurada por la firma del Excelentísimo e Ilustrísimo Sr. Fray Zubizarreta.

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En Pérez, Louis, Jr. 1999. On Becoming Cuban: Identity, Nationality, and Culture. NC: University of North Carolina Press:

In October 1959 the Agricultural and Industrial Development Bank of Cuba (BANFAIC) sponsored an “Exposition of Cuban Toys,” designed “to exhort the public to buy toys produced in Cuba.” The organizers affirmed: “In addition, the social function of the toy must be stressed, for from the most distant past to the present this has been one of the principal means to promote in the child knowledge of the civilization in which he develops.” (p. 483)

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Pinche aquí para ver el manual en pdf

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Cuban Heritage Collection: Scholar Spotlight: Alexis Baldacci

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El año pasado me entrevisté con Alexis Baldacci, quien por entonces se encontraba revisando la Cuban Heritage Collection (CHC) de la Universidad de Miami, gracias a la beca que otorga la misma para los doctorandos de universidades norteamericanas. Me comentó entonces que pensaba trabajar en su tesis doctoral el tema de la cultura material en la Cuba revolucionaria, en la que posiblemente, entre otras cosas, hablaría sobre la alimentación y la cocina. Comparto fragmentos del reporte que Baldacci escribió, una vez concluida su estancia en la CHC, pues puede ser de interés a muchos lectores de Cuba Material.

En el blog de la Cuban Heritage Collection: Scholar Spotlight: Alexis Baldacci:

It would be impossible to detail all of the sources that I consulted at the CHC – which ranged from cookbooks to fashion magazines – in the limited space available to me. Instead, I will focus on two collections that were especially rich for my purposes. The first, the Burdsall Papers, is a collection of letters exchanged between Lorna Burdsall, an American dancer who married a Cuban revolutionary and lived on the island from 1955 until her death in 2010, and her family, for the most part located in the United States. The Burdsall Papers span the entire three decades that I am interested in, and form a particularly unique window into revolutionary Cuba for two key reasons. The first is that the Burdsalls were from the United States. This led Lorna and the family members that visited her in Cuba to write their letters with an eye toward their American audience, explaining things in great detail that many Cubans would have taken for granted or expected their audience to be familiar with. The second is that Burdsall was married to Manuel Piniero, a high-ranking Cuban intelligence officer, which granted her privileged opportunities to receive packages from the United States through the Ministry of Exterior Relations and to travel abroad and purchase goods unavailable in Cuba, despite the travel restrictions placed on the greater populace. Burdsall’s letters are a fascinating window into both scarcity and privilege, and the benefits that she received through her husband’s political position cast doubt on the sincerity of Cuban officials’ efforts to build a classless society.

The second collection that was especially useful for my purposes was the Jose Lezama Lima Papers. The often beautiful letters that Lezama Lima wrote to his sisters in Florida clearly reveal preoccupations with scarcity and the changes that it wrought on everyday life in Cuba; however, his concerns are quite different from Burdsall’s, throwing her privileged lifestyle further into relief. Lezama Lima’s discussions of the colas and line culture provide especially interesting insights into the stress that everyday tasks, such as waiting in lines to pick up the dry cleaning or buy groceries, put on the elderly and infirm.

H/T: Ariana Hernández-Reguant.

película de fotografía ORWO

Foto 2014, cortesía de Pepe Menéndez.

Estuche de película ORWO. Foto 2014, cortesía de Pepe Menéndez.

Tengo muchas fotos hechas por mi abuelo. Las tomara él mismo o mis padres, siempre las revelaba e imprimía él. Algunas, a finales de los años 1980s, las tomamos mis amigos y yo. Éstas las llevábamos a revelar al estudio fotográfico de 12 y 23, pues a mi abuelo le escaseaban para entonces la química y el papel, y sospecho además que no estábamos muy interesados en dárselas a él. Unas y otras fueron hechas con películas ORWO, marca producida en la antigua RDA. Por mucho tiempo, una gran parte de mi vida, solo conocí esa marca de películas de fotografía.

Limpiando la barbacoa que mi abuelo construyó hace muchos años para utilizar como closet de desahogo, me encontré un montón de carretes vacíos. Mi amigo Pepe Menéndez conserva aún uno sin utilizar.

Foto 2014, cortesía de Pepe Menéndez.

Estuche de película ORWO. Foto 2014, cortesía de Pepe Menéndez.

peliculas fotos copy

Carretes de película ORWO. Foto 2014.

Foto 2013.

Estuche para negativos ORWO. Foto 2013.

Instrucciones, películas ORWO.

Instrucciones, películas ORWO.

peliculas ORWO fotografia negativos (2) copy

Recorte de Magacía. 6 de mayo de 1977.

Recorte de Magacín, 6 de mayo de 1977.

OnCuba: Una casa, algunos mitos y muchas guayaberas

Nati Abascal entallándose un vestido guayabera en La Maison. 1980s.

Nati Abascal en La Maison entallándose un vestido guayabera con bordado Richelieu. La Habana, 1980s.

En OnCubaUna casa, algunos mitos y muchas guayaberas:

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Desde que el gobierno cubano estableciera en el año 2010 la guayabera como prenda oficial en ceremonias diplomáticas mediante el Decreto-Ley No. 279, la prenda ha adquirido más relevancia. Incluso antes. Actualmente se puede hablar de su retorno a la moda de la Isla, en mayor cantidad de diseños y variantes, aunque a precios elevados. Para develar algunos misterios de su origen y su presencia en la sociedad cubana, OnCuba conversó con Carlos Figueroa, director de la Casa de la Guayabera de Sancti Spíritus.

“La guayabera ha sido objeto de mucho estudio y la historia que la rodea está llena de mitos. Absolutamente todas las referencias históricas de principios del siglo XVIII hablan del famoso cuento del matrimonio andaluz de José Pérez Rodríguez (Joselito) y Encarnación Núñez García, que se asentó a orillas del Río Yayabo y en la que el marido le pidió a la esposa que le cosiera una camisa holgada y cómoda para guardar las herramientas de trabajo. Digamos que ese es el antecedente más antiguo.

“A mí todo eso me parece muy raro. O sea, que hubiese alguien anotando, a inicios del siglo XVIII, este tipo de cosas. Pero ese es el punto de partida que se conoce hasta hoy, y después de eso hay un salto en la historia hasta finales del siglo XIX. Estamos hablando de casi cien años o más sin una mención a la guayabera.

“También se habla de unas décimas de El Cucalambé, de principios del siglo XIX, que las refiere todo el mundo. Digamos que tanto el cuento de Joselito y Encarnación como las décimas de El Cucalambé, son las evidencias mitológicas más fuertes que hay. El Cucalambé nunca pudo escribir estas décimas, porque desaparece en 1862 y la Guerra de Independencia comienza en 1868 y en las décimas se habla de los mambises. De pronto aparecieron fotos y trataron de demostrar que los mambises las usaban, pero no fue así, ellos usaban chamarretas, parecidas a las españolas.

¿Cuándo aparece una evidencia más seria del uso de la prenda?

La gran explosión es a finales del siglo XIX con la conclusión de la guerra, porque si uno busca en la historia, todos los veteranos de la Guerra de Independencia en Cuba se identifican vestidos de guayabera.

Se ha hablado de que Marcos García —anexionista espirituano—, alrededor de 1890 convoca a una reunión contra España en el teatro de Sancti Spíritus y que todos los participantes se vistieron de guayabera, pero no hay evidencia gráfica, aunque sí en la prensa de la época, sobre todo el uso del vocablo guayabera, (corruptela de yayabera, el nombre original).

Ella tuvo además variables dependiendo de la zona, por ejemplo se le ha llamado camagüeyana, o trochana, por la Trocha de Júcaro a Morón en Ciego de Ávila. En La Habana se le dice guayabana a un modelo específico de guayabera, que no lleva bolsillos arriba, solo dos en la parte de abajo.

¿Entonces se defiende el origen espirituano de la guayabera?

No hay ninguna evidencia que diga que la guayabera es espirituana, pero no hay ninguna que lo contradiga. Todo el mundo dice que lo es, de eso no cabe la menor duda.

Lo cierto es que aquí se dinamizó y se apropió la gente de su uso. De hecho el fabricante más importante llamado Rey de las Guayaberas en Cuba fue Ramón Puig, natural de Zaza del Medio en Sancti Spíritus, que emigró a Estados Unidos después de la Revolución y montó en la Calle 8 de Miami su famosa Casa de las Guayaberas donde siguió cortando hasta el año pasado, cuando murió a los 93 años de edad.

¿Qué no puede faltar en una guayabera para hacerla lo que es?

Las alforzas, para mí son clave, el uso del botón (una guayabera lleva más de 25 botones), y un elemento importante, muy discutido, pero a mi juicio muy acertado: la guayabera cubana lleva cinco juegos de alforzas y todas comienzan y terminan en forma de triángulo con un botón, y la lectura semiótica es que simboliza a nuestra bandera. Además la guayabera cubana debe ser blanca y llevar entre 27 y 29 botones, en dependencia de si es de mangas largas o cortas.

Continuar leyendo.

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