Cultura material cubana en el postcomunismo del siglo veintiuno.

una unidad especial en el CIMEQ

Hospital CIMEQ

Hospital CIMEQ. Imagen tomada de Open Cuba.

En La voz del morro, descripción de una unidad hospitalaria del CIMEQ, Objeto 20, donde sólo se atienden unos pocos privilegiados que, al parecer, tienen muchos motivos para esconderse:

…El cuasi inaccesible, impenetrable y tenebroso “Objeto 20”, enclavado en el laberintico hospital CIMEQ, construido bajo el gusto del gigantismo estalinista.

De audaz ingeniería y espantosa decoración, desde el año 86 el Objeto 20 es un templo a la creencia egipcia de la vida después de la muerte. Una construcción  adjunta al hospital CIMEQ pero con autonomía propia, edificada con el fin de satisfacer el ego y la paranoia del poder y la seguridad….

El objeto 20 es una especie de santuario. Cuando entramos por el sótano, vamos directo a un spa diseñado respetando el ridículo gusto de quien guarda la añoranza por las noches del otrora Moscú comunista. Paredes gruesas, insonorizadas y forradas por inmensas lajas de piedra Jaimanita oscurecen la piscina de dimensiones olímpicas, a la que nunca llega el sol; al costado un gimnasio equipado al grito de moda italiana que permanece en desuso y oscuro, sigue un espacio de musicoterapia, dos baños de vapor, un sauna, dos piletas para baños de contraste, un jacuzzi, un equipo para hidromasaje, y un área para solazar tensiones, con una despensa bien surtida. Todo esto es observado por cuatro guardias que permanecen en alerta, frente a las cámaras del circuito cerrado.

Saliendo por la retaguardia se encuentra una cancha de squash; y una pista para atletismo. Como el spa es de puntal muy alto, este lugar no tiene primer piso, en el segundo están situados los salones de terapia intermedia e intensiva. Y en el último y tercer nivel, después de una habitación de escoltas, una sala-enfermería y un pantry, hay 5 cuartos de ingreso desde los cuales, y a través de un amplio cristal (de alto impacto y fabricación alemana) que siempre mantienen impoluto y con visión de un solo lado, se aprecia un lindo paisaje con árboles de yagruma.

la ruralización de La Habana

Nuevo Vedado

Nuevo Vedado. 2012.

En tumiamiblog: ruralización castrista de La Habana: “en lo invisible, la industria y las inversiones colapsan, la mano de obra especializada se empobrece, el planeamiento urbano brilla por su ausencia. en lo visible, el pavimento se hace tierra, las aceras se parten, el piso se quiebra, los edificios se descuartizan lentamente. las hortalizas toman el lugar de los jardines. chivos, perros, gallinas y cerdos pululan las avenidas. el habanero medio vive en medio de una realidad semiagreste y emprobecida.”

En Mermeladas: Aclarando algunos criterios: “Al hablar de la ruralización, nadie está tratando despectivamente lo rural, sino señalando que tiene muy poco que ver con lo urbano. No es lo mismo vender viandas llenas de tierra y vegetales, y carnes sin refrigeración en una tarima rústica a la entrada o salida de un batey o pueblo, que hacerlo en Galiano, 12 y 17 ó 17 y K, por poner solo algunos ejemplos bien visibles. Esto no solo es rural, sino también medieval. Por eso molesta. La Habana no era así, al igual que no lo eran Santiago de Cuba, Holguín, Camagüey, Sancti Spíritus, Cienfuegos, Santa Clara, Matanzas y Pinar del Río, por citar solo algunas ciudades importantes. Si se agregan las calles destruidas convertidas en vertederos, la falta de higiene generalizada, la destrucción de bancos y áreas verdes en los parques y el cocinar con leña en lo parterres, el espectáculo es francamente caótico. Con todo respeto, esta no era la generalidad, con independencia de que pudiera existir en algún que otro asentamiento marginal.”

Inter Press Service en Cuba: La máquina del tiempo, por Leonardo Padura (ya publicado en Cuba Material).

Tweet de Antonio Rodiles: “1/9/13, 7:45 PM Basta recorrer las calles de Centro Habana para comprobar el crecimiento alarmante de la marginalidad y pobreza en#Cuba“.

Mario Coyula, “En Trinquenio Amargo la ciudad distópica: Autopsia de una utopía”, en Criterios y en Archipiélago, 14(56), aquí con imágenes:

Con ello, el campesino se encontraba con todos los inconvenientes de vivir en plantas altas, de forma muy diferente a la suya habitual, y sin las ventajas de la ciudad. Como resultado, terminó emigrando a una ciudad de verdad. De hecho, se ha producido un reflujo, y la capital se ha ruralizado con ranchones de guano de un vago estilo neo-taíno, platanales y crías de animales en los jardines frontales, cercas de alambre, sopones cocinándose con leña en los parterres, carretones de tiro animal y tractores corriendo por las calles.

 

El fogonero: Bejucal viaja feliz hacia 1837

Estación de Villanueva. La Habana, 1912.

El Granma publica hoy una noticia que ha llenado de júbilo a los pobladores de Bejucal, un pueblo que está 27 kilómetros al sur de La Habana: ya pueden viajar en tren a la capital de Cuba, luego de que por fin pudiera rescatarse la línea que los une.
175 años atrás, Bejucal vivió un momento muy parecido. El 19 de noviembre de 1937 fue inaugurado ese mismo tramo, convirtiéndose en el primer ferrocarril de Iberoamérica y en el séptimo del mundo, después de los de Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Alemania, Bélgica y Rusia.
Y concluye El fogonero: “En un país que no se mueve, tres viajes al día de un coche-motor destartalado son noticia de portada. A una velocidad de 13.5 kilómetros por hora, el Bejucal del siglo XXI ha logrado volver en tren a La Habana.”

entrevista a Alysa Nahmias y Benjamin Murray, realizadores del documental Unfinished Spaces (Espacios Inacabados)

,
Instituto Superior de Arte

Instituto Superior de Arte. Foto 2012.

Espacio Laical: Entrevista a Alysa Nahmias y Benjamin Murray, realizadores del documental Unfinished Spaces (Espacios Inacabados):

A finales de junio, tuve la suerte de ver el filme Unfinished Spaces (Espacios Inacabados) en el Festival de Cine Northside, en Brooklyn, Nueva York. Realizado por dos jóvenes estadounidenses Alysa Nahmias y Benjamin Murray, esta joya del cine documental narra la historia de las Escuelas Nacionales de Arte (ENA), hoy sede del Instituto Superior del Arte, como proyecto cultural, social y, sobre todo, arquitectónico.

El relato empieza con la famosa visita de Fidel Castro y Che Guevara, en enero de 1961, al campo de golf del antiguo Habana Country Club, la cual tuvo como resultado inesperado la propuesta de erigir en ese mismo terreno las mejores escuelas de arte del mundo. De ahí, el filme pasa al frenético diseño del complejo artístico en un período de apenas dos meses y los primeros pasos hacia su realización, hasta llegar a 1965, cuando se decidió suspender la construcción todavía en proceso, después de que las obras y los arquitectos fueron criticados por imprácticos y excesivos. En un contexto de polarización política en que los efectos del embargo económico impuesto por Estados Unidos se hacían sentir por todo el país, y tras el impulso que cobró la adopción del método soviético de prefabricación, la ENA poco a poco llegó ser considerada como un proyecto “improductivo”, mientras que algunos tildaron sus diseños de “elitistas.”

Mediante una hábil combinación de entrevistas, fotografías, imágenes de archivo, y filmaciónin situ—y de algún modo siguiendo la senda marcada por John Loomis en su libro de 1999,Revolution of Forms: Cuba’s Forgotten Art SchoolsUnfinished Spaces se nos cuenta la historia de una serie de edificios únicos, controvertidos en su momento, pero hoy reconocidos mundialmente como obras maestras de su época y de sus arquitectos: Ricardo Porro (cubano), Roberto Gottardi (italiano), y Vittorio Garatti (italiano). Además, el filme funciona como una biografía íntima de estos tres hombres, captando la importancia personal que tuvo para ellos haber sido seleccionados para diseñar la ENA , así como el impacto del ostracismo que sufrieron junto con sus obras en un momento determinado. Porro se marchó a París en 1966, mientras que Garatti se vio obligado a regresar a Italia en 1974, víctima de una serie de malentendidos y acusaciones falsas. Gottardi aún vive en Cuba. No obstante estos itinerarios distintos, el filme transmite la huella que ha dejado en cada uno de los tres el haber vivido tantos años con la esperanza de ver sus originales planos utópicos hechos realidad.

Más que un relato estrechamente arquitectónico o biográfico, Unfinished Spaces también abre una amplia ventana a la historia cultural, artística y social de Cuba durante el pasado medio siglo. Como es conocido, aun cuando se había paralizado la construcción con sólo dos de las escuelas terminadas, la ENA nunca dejó de servir como institución de docencia artística. Pasaron por sus puertas algunas de los más exitosos artistas cubanos en estos tiempos. Y en el filme, varios de estos ex-alumnos (algunos radicados en la Isla y otros fuera de ella) ofrecen ricos testimonios de sus experiencias como estudiantes, desde la efervescencia vivida en los años iniciales, hasta la discriminación sufrida por homosexuales a finales de los 60 y comienzos de los 70. Con igual pasión comentan sobre el ambiente de singular creatividad durante los 80 y 90—cuando el deterioro físico en que habían caído algunos de los edificios, junto con su creciente reabsorción por la naturaleza, como si los árboles estuvieran tragándose a los edificios poco a poco, paradójicamente creó condiciones propicias para la reflexión y la experimentación. Aprendemos, además, cómo en pleno Período Especial algunos de los edificios medio abandonados ofrecían refugio para personas desamparadas, además de convertirse en fuente ilegal de suministro materiales de construcción para otros que buscaban mantener sus hogares. El resultado, por tanto, es una historia compleja y a veces amarga, pero a la vez bella y profundamente inspiradora.

El documental concluye a finales de los años 90 y principios de los 2000, cuando en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) se empezaron a gestionar propuestas para restaurar y completar el proyecto inacabado, y cuando Porro y Garatti pudieron regresar a Cuba con el objetivo de colaborar en ese nuevo esfuerzo. Hasta la fecha, las escuelas de Artes Plásticas y de Danza Moderna diseñadas por Ricardo Porro—las dos cuya construcción ya se había terminado en 1965—han sido renovadas, mientras que las Escuelas de Ballet y Música de Garatti, junto con la Escuela de Teatro de Gottardi, permanecen inconclusas. El conjunto de los edificios fue declarado Monumento Nacional en 2010, y desde 2003 forma parte de la “Lista Tentativa” de Sitios del Patrimonio Mundial, de la UNESCO.

Hace poco pude conversar con Alysa (AN) y Benjamin (BM) sobre su filme, un proyecto que les ocupó nada menos que diez años de trabajo y que ha sido premiado en varios festivales internacionales de cine desde su debut oficial hace un poco más que un año, en Los Ángeles. Con gusto, comparto nuestra conversación con los lectores de Espacio Laical.

Pueden ver la entrevista a los realizadores aquí.

Los bolos en Cuba y una eterna amistad, documental

 

Documental de Enrique Colina Los bolos en Cuba y una eterna amistad (2010).

Sobre el mismo, en Havana Times, La época de “los bolos” en Cuba, y en Vercuba, Rusias de mi cabeza o las astillas de Los bolos en Cuba.

género y socialismo

,

Imagen tomada del libro “Inside Havana“, con fotografías de Andrew Moore, publicado por Chronicle Books, 2002.

Fragmento de la entrevista de Rebeca Monzó, autora del blog Por el ojo de la aguja, publicada en Havana Times:

…En cuanto a la mujer cubana, creo que lo que más la afectó fue la perdida de todas sus comodidades para trabajar en la casa. Espacio a donde llega cansada, a inventar que cocinar, en medio de un mar de carencias que también se extiende a la calle.

Las mujeres cubanas han perdido bastante el gusto por el buen vestir, por la elegancia, por caminar bonito, debido a la falta de referencias, de hecho no pocas han caído  en la vulgaridad.

Te digo que me considero una mujer fuerte, pero para nada digo palabras soeces en público ni acostumbro a usarlas en la intimidad del hogar. No creo que el uso de estas palabras haga a nadie una mujer liberada.

A mi modo de ver, eso se recuperará cuando las condiciones materiales estén al alcance de todos. El hombre, y también la mujer, piensan como viven, aunque algunos digan lo contrario.

Una mejora de las condiciones materiales ayudará a la mujer cubana a sentirse capaz de recuperar el espacio ocupado por las carencias, los miedos y las dependencias espurias….

“Fin de silencio”, de Carlos Garaicoa

,

En construcción, exposición personal en Galería Habana en diciembre 2012: “haciendo referencia a la película documental de José Luis Guerín, la exposición se articula en tres fases: Propaganda política, Arquitectura y Decadencia urbana, estableciendo un diálogo directo con la realidad social y política cubana a través de la fotografía documental” (en Cubaencuentro).

Cuba por Andrew Moore

,

Detalle de “Campana”, por Andrew Moore. Imagen tomada del website del artista. Fechada entre 1998 y 2002.

Andrew Moore: Fotografías – Cuba.

(H/T Penúltimos Días)

síndrome del envase vacío

Cantina
 Cantina que circuló en Cuba en los 1980s. Imagen tomada de internet.

Cantina que circuló en Cuba en los 1980s. Imagen tomada de internet.

Es mediodía y pides, frente a la pequeña barra de madera construida a la entrada de un edificio de dos plantas, una ración de arroz frito especial. Es para llevar, pero no tienes que aclararlo pues se trata de un negocio de comida sólo para llevar. Pagas y te vas, dispuesta a regresar en media hora como te sugirió la dependiente. Regresas más tarde y, después de esperar otra media hora, la dependiente, que todo el tiempo ha estado frente a tí, te dirige la palabra para decirte que la comida aún no está lista, pero que saldrá pronto, pues hubo problemas con el gas. Te pide, entonces, el envase donde te llevarás la comida que compraste. Dices, y no mientes, que no tienes un envase, que no sabías que debías llevar uno, y piensas que, cuando minutos antes tu madre te sugirió que llevaras un envase, la tomaste por loca o provinciana. La dependiente te sugiere comprar uno de los contenedores de cartón que se amontonan en una esquina de la barra/mostrador, exactamente iguales a los que te darían en Nueva York o en cualquier parte del mundo. Le dices que no trajiste dinero, pues habías pagado cuando ordenaste la comida, momento en el que nadie te dijo, le dejas saber, que deberías volver con un envase. Para salir del problema, la dependiente te dice que, como la comida tardará aún un poco más, ella te la llevará a casa en los envases de cartón a los que estás acostumbrada y entonces podrás pagarlos. Regresas y le dices a tu madre que ella tenía razón, y que, además, aún deben esperar para comer el arroz frito especial.

La Habana viaja hacia el pasado y hacia lo rural, por Leonardo Padura

Centro Habana, 2012.

   En su célebre conferencia dedicada a La Habana (filmada en los años 1970) Alejo Carpentier evocaba los días de su adolescencia, en las primeras décadas del pasado siglo, cuando, a pesar del rápido crecimiento de la capital cubana, los límites entre la rural y lo urbano todavía eran difusos. Por ese entonces el “campo” aun solía meterse en la ciudad de las más disímiles formas, y el novelista recuerda como ejemplo muy notable el de las lecherías, donde se vendía la leche fresca, recién ordeñada de las vacas que, esa misma mañana, habían sido traídas desde los corrales cercanos a la urbe por unos recorridos fáciles de seguir a través del hedor y la presencia física de las deposiciones que los animales iban dejando a su paso.Ya hacia los finales de la época histórica que recorre la evocación carpenteriana (1912-1930), La Habana era una ciudad con las características fundamentales de la capital moderna y “el campo” se había retirado fuera de sus lindes.   Mercados y negocios de diverso tipo, cada vez más adecuados a la vida del siglo fueron surgiendo no solo en las zonas más comerciales, sino en los barrios de la periferia. Incluso, conceptos como el de la tienda por departamentos y lo que hoy se conoce como mall ya tenían una larga presencia habanera (ahí está, aun de pie aunque llena de heridas, La Manzana de Gómez). Surcada por nuevas y cada vez más amplias avenidas, lo urbano se imponía definitivamente y daba la fisonomía que la ciudad mantuvo hasta la década de 1980.La llegada del período especial, al despuntar el último decenio del siglo XX fue una conmoción para toda la sociedad cubana y especialmente para su economía, desde los niveles macros hasta los más individuales. Fue ése un momento en que comenzó un proceso regresivo de lo urbano que ha sido llamado la ruralización de la ciudad que, en ciertas urbes del interior de la república, llegó a alcanzar niveles alarmantes.
Varios signos muy visibles y otros menos evidentes se conjugaron para ir conformando ese proceso. Un elemento sin duda catalizador de todo el fenómeno fueron las migraciones masivas del campo a la ciudad y del interior a la capital, que empujó a grandes masas de personas en busca de unas posibilidades mejores para su existencia (o simple subsistencia), al punto de que el gobierno trató de regular esos desplazamientos internos con leyes que no parecen haber sido especialmente eficaces. Con esas personas, de hábitos específicos, muchas veces marcadamente rurales, y el crecimiento paralelo de una marginalidad citadina provocada por la propia crisis y las múltiples dificultades cotidianas, La Habana fue sorprendida por acciones como la de colocar ollas en las aceras para cocinar con leña, la cría masiva de cerdos incluso en el interior de viviendas con mínimo espacio y la venta callejera de productos agropecuarios. Todas esas manifestaciones, sumadas al deterioro acumulado, y para ese entonces acelerado, del componente físico de la ciudad (edificios, calles, aceras, alcantarillas, espacios públicos), La Habana fue alejándose rápidamente de su anterior esplendor y adquiriendo la imagen de feria de los milagros con un marcado sabor campestre, surcada por arroyuelos de aguas albañales, lagunas en las furnias callejeras, parques convertidos en solares yermos o vertederos. Lo peor de todo fue que ese espíritu de abandono caló en la conciencia de sus moradores ancestrales o recién llegados, hasta profundidades peligrosas.En las últimas semanas, al calor de las primeras medidas ya en práctica para la actualización del modelo económico cubano, La Habana ha recibido un nuevo impulso en su proceso de ruralización: apresuradas construcciones de zinc para la venta de cualquier artículo, esquinas tomadas por vendedores de productos agrícolas que colocan la mercancía directamente en el cajón en que han sido transportadas, el incremento masivo de la cría de cerdos que luego nutrirán mercados y rústicos puestos de ofertas gastronómicas que se van expandiendo por todo el territorio, en un avance geométrico, sin orden ni concierto, sin respeto por el urbanismo ni demasiadas preocupaciones por la salubridad. Esta avalancha de lo rural y lo efímero se suma a la situación ya existente desde los años 1990 y no superada en la mayoría de los casos (calles intransitables, edificios derruidos, casas mal pintadas o jamás pintadas, rejas sin un atisbo de intención estética, criaderos de cerdos en jardines y patios), creando una sensación de retroceso más que de progreso, de vuelta a los orígenes más que de evolución.
Sin lugar a dudas la causa de este fenómeno es en primer término económica, aunque en sus manifestaciones tiene un fuerte componente social y cultural. Si bien la supervivencia y la búsqueda de alternativas es una reacción inmediata con la que los cubanos tienen que luchar, también resulta evidente que la falta de controles, la degradación de las costumbres, la falta de sentido de respeto por el derecho ajeno, la imposición de la ley del más fuerte, el más inculto, el más pícaro, y la filosofía de que “hay que resolver”, al precio que sea, están bullendo en la misma olla callejera donde se deteriora el aspecto y la cultura de la ciudad.
La ruralización de La Habana (algunos llaman al proceso como haitianización, para hacerlo más doloroso y específico) es una realidad con la que ya estamos conviviendo, y tanto que muchas veces ni siquiera reparamos en ella, como si ver un carretón de caballos o un cerdo paseado como un perro fuese lo más natural del mundo en una capital del siglo XXI. Pero si lo miramos con detenimiento, costaría trabajo admitir que en la época de las grandes superficies comerciales, de la lucha por la conservación y el reciclaje, en tiempos en que se sabe que el mantenimiento de la higiene es uno de los elementos esenciales para el buen funcionamiento de un sistema de salud, La Habana y Cuba, en general, se estén moviendo en sentido contrario, como si hubiéramos abordado una máquina del tiempo enganchada en la marcha atrás, sin que se vislumbre un muro de contención para ese proceso de deterioro que afecta por igual lo físico y lo moral, lo material y lo espiritual.
por  Leonardo Padura
Texto cortesía de Teresa Valladares y de una lectora anónima.
Texto publicado por Inter Press Service en Cuba bajo el título “La máquina del tiempo”.

Cruzar las Alambradas: La Cuba que dejo (video)

 

Este es el video con el que, hace unos días, Luis Felipe Rojas se despidió de Cuba y Holguín, desde su blog Cruzar las Alambradas.

Juventud Rebelde: Coleccionar la revolución

,
despensa
despensa

Despensa. Habana. 2012.

Juventud Rebelde anunció, en Coleccionar la revolución, la celebración en Cienfuegos, el 24 y 25 de octubre pasados, del Taller de Construcción Científica de Colecciones de Museos Puntos de Memorias, bajo el auspicio del Centro Provincial de Patrimonio Cultural. Según el periódico, “el encuentro aúna especialistas de todo el país, quienes debatirán esencialmente sobre la construcción de colecciones en la etapa de la Revolución” con el objetivo de “abordar metodológicamente, de forma coherente y científica, la labor que a lo largo de 53 años ha tenido el sistema de museos cubanos”. Como parte del evento se presentaría “un sitio de coleccionismo, así como el libro La historia del coleccionismo en Matanzas, de Urbano Martínez. En la jornada final se realizará un recorrido por las industrias vinculadas a la historia de la Revolución Cubana y al trabajo con colecciones”.

los inventos y la ANIR

,
Recargador de baterías no recargables

Recargador de baterías no recargables. Imagen tomada de Ernesto Oroza, arquitecturas de la necesidad. 2005.

Emilio Ichikawa: Inventos y números de la ANIR:

Aunque su referencia suele aparecer en párrafos sobre la dignidad nacional y la resistencia al bloqueo tecnológico del imperialismo, la ANIR forma parte de recuerdos alegres. La ANIR es la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores de Cuba; la elite, el cuajo, la nata y neta en un país de inventores y componedores.

Pero hay que diferenciar dos cosas: los inventos de los “aniristas” en la práctica, instalados, resolviendo de verdad, y las “ponencias” de la ANIR. Los globos en los encuentros teóricos de la ANIR son tan ingeniosos como divertidos. Son también los que aportan premios y reconocimientos. Para ganar un galardón en un forum o expo de la ANIR debes mostrar cuánto puede ahorrar una fábrica si tu invento se aplica; y eso se logra si te enteras del precio del equipo importado o de la zona de “faltante”, y sacas cuentas. Ejemplos que me tocaron de cerca: si Sushel, o la Textilera Ariguanabo, o la destiladora de Santa Cruz del Norte, si alguna de ellas, informa que tuvo 1 millón de dólares en pérdidas en el año 1989 por “robo”, y tu invento es un detector de sustracción ilícita de mercancía, entonces en la ponencia no tienes más que presumir al aparato funcionando al 100% de eficiencia y concluyes que en un quinquenio le estarías ahorrando a la fábrica (a la Patria suena mejor) 5 millones de dólares. Y 10 millones en una década.

Claro que esto no siempre es así y tampoco es tan sencillo, pero sucedía. Como dije al principio, estos recuerdos no molestan ni indignan; al contrario, hacen sonreír. Lo de la ANIR se ha actualizado estos días porque en la prensa de la isla se está informando sobre este tipo de cosas en ocasión de otro aniversario de la asociación y el anuncio del próximo congreso de la CTC. Pero lo que en verdad me despertó la curiosidad fue encontrar un titular sobre la ANIR en el periódico vueltabajero Guerrillero, por aquello del estereotipo de los pinareños en el juego de la identidad cubana. ¿Qué invento se le puede ocurrir a un pinareño para ser destacado en la ANIR? ¿Acaso cómo obtener agua para sofocar el incendio de la estación de bomberos? ¿O un martillo para romper la pared del cine recién construido y dentro del cual dejaron una concretera? ¿Una máscara para no ser identificado cuando le pidas un bolígrafo a un policía para apuntar la hora a la que saldrá la lancha para Miami?

En un artículo aparecido el 5 de octubre (2012) en el periódico Guerrillero, el periodista Edmundo Alemany Gutiérrez dice que los “aniristas” pinareños (23,260 afiliados) aportaron o ahorraron 13,5 millones de pesos por inventos que sustituyeron importaciones. Informa que la delegación provincial seleccionó 250 ponencias de calidad, pero no detalla ninguno de los inventos propuestos. …

Desde aquí: La expresión material del ateísmo

,
consulta
consulta

Local donde mi abuelo y bisabuelo daban consulta y al cual se le sigue llamando así. Vedado, Habana. Foto 2012.

Reinaldo Escobar, en Desde aquí, comenta los cambios en La expresión material del ateísmo:

(…) Recuerdo los días en que concluíamos la construcción del edificio “de microbrigada” donde aun vivo. Fui elegido por los trabajadores para integrar una comisión que analizaría el mejor derecho de los aspirantes a ocupar la vivienda. Si mal no recuerdo, yo era el único comisionado que no era militante del partido comunista. Nos entregaron una planilla donde había que anotar cuidadosamente los datos de cada una de las personas aspirantes a vivir en el nuevo inmueble: nombres y apellidos, sexo, edad, centro de trabajo o estudio, nivel escolar, pertenencia a las organizaciones revolucionarias, si algún miembro de la familia había salido del país o si había sido sancionado por algún tribunal. Había que anotar además si se poseían efectos electrodomésticos, los muebles que tenían y otros detalles sobre el estado en que se encontraba la vivienda en el momento de la inspección. Sí, porque los miembros de la comisión teníamos que inspeccionar y al final, dejar por escrito nuestras valoraciones.

En la última página de la planilla, en el inciso B del Punto II, se abría un espacio para mencionar y describir los objetos religiosos que eran visibles en la casa inspeccionada. En el centenar de hogares visitados no apareció ni un solo corazón de Jesús, ni una postalita de la virgen, ni un solo rincón de Elegguá, ninguna cazuela con Oschún.

Han transcurrido 26 años de aquellos sondeos y ahora en el recibidor de nuestro edificio han puesto un cartel para invitar a creyentes y no creyentes a la misa que Benedicto XVI hará el próximo miércoles en La Habana. Por suerte ninguno de los que entonces creían cometió la ingenuidad (la honestidad) de dejar a la vista aquellos “objetos religiosos” que nosotros debíamos pesquisar. Ellos los ocultaron, yo conservé la planilla.

Enrisco: ¿A qué huele la Habana?

,
Agua de colonia Fiesta
Agua de colonia Fiesta

Agua de colonia Fiesta. Colección Cuba Material.

En el blog de Enrisco, 59 respuestas a la pregunta ¿a qué huele la Habana? que recorren desde el olor del “aire acondiciorrepublicano de los cines” hast el salitre del golfo o el petróleo de la bahía.

las aceras de La Rampa

,
Obra de Amelia Peláez en la acera de La Rampa

Obra de Amelia Peláez. Imagen tomada de El imparcial Digital.

En El imparcial digital, por el Arq. Cheo Malanga: Los mosaicos de La Rampa:

(…) Los mosaicos artísticos de La Rampa fueron realizados en granito integral por la empresa cubana “ORNACEN”, con la intervención de los arquitectos Fernando Salinas y Eduardo Rodríguez. Son 15 diseños originales de algunos de los artistas plásticos más significativos de la época que se van repitiendo desde la Calle J hasta la Calle Infanta, alcanzando la cifra de 180 mosaicos. (…)

Otro post habla de un nuevo proyecto para extender los mosaicos de La Rampa a otro tramo de la avenida 23, en el que participaron artistas contemporáneos: Arq. Cheo Malanga: Mosaicos de La Rampa II:

En octubre de 1963 se celebró en La Habana el VII Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), ocasión para la que se construyó el Pabellón Cuba, se transformó la funeraria Caballero en Casa de Cultura, se hizo las dos paradas del Coppelia, la fuente de la cascada de 23 y Malecón y se remodelaron las aceras de La Rampa con la inclusión de mosaicos de importantes artistas cubanos…

Ver también Arq. Cheo Malanga: Mosaicos de La Rampa III.

Obra de Wifredo Lam en la acera de La Rampa. Imagen tomada de El imparcial digital.

Eduardo del Llano: La cultura del sucedáneo

,
Jarro de beber hecho con un pomo de detergente líquido

Jarro de beber hecho con un pomo de detergente líquido. Tomado de la página de Ernesto Oroza.

Eduardo del Llano: La cultura del sucedáneo:

No tenemos originales.

No tenemos las piezas correctas.

Es normal que alguien empiece a azulejear su baño con losas azules y de pronto se acaben las de ese color y haya que cerrar el hueco con losas verdes.

Es de lo más común que vayas a cocinar un plato y de los diez ingredientes de la receta original sólo haya tres a tu alcance, y debas conformarte con sucedáneos. Digo más: mucha gente no conoce otra cosa que los reemplazos.

En materia de piratería de audiovisuales no hay quien nos gane. Prácticamente ningún cubano ha comprado un CD o un DVD originales en su vida. Se cuenta que en los días del concierto por la paz, Juanes va a almorzar al Aljibe y un tipo se le acerca, elogia su música y luego añade entusiasmado: “compadre, yo le estoy superagradecido. Mi negocio es de discos quemados, y usted no me creería la cantidad de dinero que he hecho vendiendo discos suyos”. Dicen que Juanes no sabía si reírse, estrangular al tipo o ponerle una demanda. Terminó riéndose, supongo.

Estamos tan acostumbrados a copias y soluciones emergentes que nos costaría y nos cuesta movernos en un mundo en que los originales son accesibles y las pequeñas soluciones se compran y no se agotan. Conocí a alguien que sobrevivió los años duros comiendo croquetas de pescado; de pronto le cayó una buena cantidad de dinero, fue al mercado y compró… muchísimas croquetas de pescado.

Es incalculable la cantidad de autos con piezas de otros autos, cuando no francamente inventadas, que circula por nuestras calles. Se desploma un balcónart nouveau y en su lugar se construye uno de concreto. No hay casa sin un ventilador adaptado, sin una llave de agua, una pata de mesa, una bombilla de traza y modelo diferentes al resto, sin una reproducción de Lam, Mariano o la Mona Lisa. Si aquello de que la materia no se crea ni se destruye sino que se transforma no hubiera sido formulado o necesitase confirmación adicional, una casa cubana convencería al más escéptico.

Nuestra prensa es un sucedáneo. Nuestro Parlamento, con voz y aplausos eternamente unánimes y escasa representatividad -¿alguien cree en serio que esa gente vela por nuestros intereses?- también. Nuestros días son días a medio hacer, opacos y apenas funcionales. La verdad, ya no hacen los días como antes.

Este país necesita originales.

Ernesto Oroza: desobediencia tecnológica, de la revolución al revolico

, , ,

Foto 2012.

Ernesto Oroza, Desobediencia tecnológica: De la revolución al revolico:

Revolución

“Obrero construye tu maquinaria!” fue la invitación que Ernesto Guevara, el Ministro de Industrias, lanzó a los participantes de laPrimera Reunión Nacional de Producción en agosto de 1961. La frase fue el primer impulso ideológico al movimiento nacional de innovadores e inventores cubanos que se habían agrupado desde 1960 en los Comités de Piezas de Repuesto. Dos años y medio después (1963) queda fundada la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores(ANIR) con el propósito de organizar el movimiento y darle un carácter institucional. Pero la situación que provocó la creación de la ANIR fue la confluencia del deterioro de las industrias y la salida masiva del país, desde inicio de 1960, de ingenieros, técnicos y obreros calificados que buscaban continuidad laboral en suelo estadounidense con las empresas para las cuales habían trabajado en la isla.

El nuevo gobierno nacionalizó las empresas extranjeras y convocó a los obreros como los nuevos “dueños” del parque productivo de la nación y los invitó a asumir la creación de piezas de repuesto y las primeras tareas de reparación. Maquinarias rotas parecían por esos días el enemigo mas temible de la patria. Un torno sin husillo, una sierra sin volantes, moldes desgastados, cientos de artefactos mutilados aterrorizaban como zombis descuartizados el devenir de la nueva sociedad. Los espacios vacíos en las máquinas paralizaban el engranaje de la revolución. Los obreros comenzaron a llenar esos vacíos y lo hicieron tantas veces y durante tantos años que muchas de esas maquinas poseen hoy más piezas hechas por ellos que piezas originales. En el argot popular de los talleres se renombró estas máquinas alteradas o totalmente rehechas como criollas. Si un ingeniero exilado en EUA hubiera regresado a la isla 10 años después, ya no sería un experto. Las vísceras de los aparatos de tecnología norteamericana que el conocía muy bien habían sido sustituidas por otras más toscas y ruidosas, pero igualmente productivas.

He seguido a algunos de estos primeros innovadores cubanos y he notado recurrentemente que a lo largo de su vida dejan una estela de invención que ha transformado todo. No se trataba únicamente de reparar las maquinas que usaban en las fabricas, sus tareas debieron comenzar en los hogares que devinieron los verdaderos laboratorios de invención. El mismo obrero, que arreglaba el motor de un avión de combate soviético MIG15 le fabricaba a su esposa unos portarretratos con clavos, espejos e hilos o hacía un encendedor eléctrico con una bombilla y un bolígrafo cuando ya empezaban a escasear los fósforos.

………………..

Y esta es la paradoja: la desobediencia tecnológica, que nace como una alternativa que la revolución estimuló, devino el principal recurso de los individuos para sobrevivir la ineficiencia productiva de la revolución comunista. El mismo obrero que ha usado por años su imaginación para ayudar a que la revolución no se detenga, la ha usado también para resistir las duras condiciones de vida que el ineficaz gobierno revolucionario le impone.

Acumulación

Durante los primeros meses de 1970 la desolación cubrió la red comercial del país. Los obreros, que ya habían vivido 10 años en revolución, vieron como una década de esfuerzos no resolvía los problemas de la vida cotidiana. En el ámbito familiar se desató un comportamiento preventivo que ha permanecido en la base organizativa del fenómeno creativo cubano: la Acumulación. La desconfianza en el éxito de la revolución convirtió cada espacio de la casa en un área de almacén y cada materia u objeto, o fragmentos de este, devino sujeto de la acumulación. Con este simple y primer gesto se cuestionaron radicalmente los procesos y lógicas industriales, revisándolos desde una perspectiva artesanal. Todo objeto podía ser reparado o reusado en su mismo o en otro contexto. La acumulación, que es un gesto manual, separó al objeto occidental del ciclo de vida asignado por la industria y pospuso el momento de su desecho insertándolo en una nueva línea de tiempo. Este primer desacato organizó e inscribió su propia noción de tiempo al fenómeno productivo cubano que he denominado Desobediencia Tecnológica.

Cuando los individuos conservaron los objetos guardaron también principios técnicos, ideas de unión y arquetipos formales. En cada momento crítico escarbaron mentalmente en su stock para encontrar la cosa exacta que guardaron con previsión. Cuando faltó la luz, cuando se rompió el ventilador o se fracturó la primera silla, la familia escuchó susurros provenientes de los patios, de abajo de las camas, de los oscuros rincones de la sala donde habían guardado todo tipo de cosas. Pedazos de sillas completaron a las recién rotas. El viejo y deteriorado farol de kerosene (Eagle) reapareció cuando los apagones azotaron la isla. Un envase metálico para leche condensada con unos frijoles secos en su interior sirvió de juguete sonoro a mi hermano mayor, en ese momento recién nacido.

En la década siguiente y por el reforzamiento de las relaciones estratégicas y económicas con la URSS el país pareció salir de la crisis. Los intercambios económicos con el Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON) instauraron en la isla la estandarización. Todos los cubanos conocieron un solo tipo de refrigerador (Minsk), dos tipos de TV (Caribe y Krim), un único ventilador (Orbita), dos generación de una misma lavadora (Aurika). Siete tipos de envases sostenían los intercambios con la Europa comunista, se enviaba dulces de papaya a cambio de peras en sirope a Bulgaria. En la misma botella que se envasaba Vodka en Rusia se distribuía el Ron en la Habana. La base material burguesa pre-revolucionaria se mezcló con sistemas de objetos estandarizados. La industria comunista priorizó las producciones con fines sociales. Las sillas eran las mismas en todas partes. Las acumulaciones en los hogares también recibieron aires de estandarización. Que todos guardaran lo mismo favoreció el asentamiento de un lenguaje técnico común y estandarizó también las soluciones, las ideas de reparación. La racionalización y estandarización dotaron de un patrón al sentido común y este hecho tuvo su efecto posteriormente. Anos después había objetos ingeniosos producidos por cientos de personas al mismo tiempo pero en diversos lugares. La estandarizada bandeja de aluminio usada en los comedores escolares y obreros de toda la isla devino la única antena de televisión posible en la isla. ¿Como fue posible una expansión así? ¿Hubo una primera antena que inspiró a todos? ¿O la antena fue una conjunción fatal de necesidad, estandarización y astucia vernácula? Ciertamente la bandeja era el único pedazo de metal accesible y las antenas normales habían desaparecido del mercado muy prontamente tras la crisis.

……………………..

Desobediencia

Al principio del Periodo Especial los cubanos creaban sucedáneos instantáneos, objetos o soluciones provisionales que le resolviesen sus problemas hasta la desaparición de la nueva crisis. Con los años, y por la continua escasez, ganaron confianza e hicieron frente a todos los problemas de la vivienda, el transporte, la vestimenta, los electrodomésticos. Es decir, las prácticas productivas de los primeros años 90’ eran solo reparativas de una realidad material destruida e insuficiente pero esto fue solo la antesala del fenómeno creativo mas espontáneo y revolucionario de la nación en toda su historia.

Mientras reinventaban su vida, algo inconsciente se perfilaba como una mentalidad. De tanto abrir cuerpos el cirujano se desensibiliza con la estética de la herida, la sangre y la muerte. Y esa es la primera expresión de desobediencia de los cubanos en su relación con los objetos: un irrespeto creciente por la identidad del producto y la verdad y autoridad que esta identidad impone. De tanto abrirlos, repararlos, fragmentarlos y usarlos a su conveniencia terminaron desestimando los signos que hacen de los objetos occidentales una unidad o identidad cerrada. No se atemoriza el cubano con la autoridad emanada de ciertas marcas como Sony, Swatch o la propia NASA. Si está roto él lo arreglará. Si le sirve para reparar otro objeto también lo tomará, a pedazos o íntegramente. El desacato ante la imagen consolidada de los productos industriales se traduce en un proceso de desconstrucción, de fragmentación en materiales, formas y sistemas técnicos. Es como si al tener un conjunto de ventiladores rotos los entendiéramos como un conjunto explotado de estructuras, uniones, motores, cables. Esta liberación, que reconsidera lo que entendemos como materia prima o incluso materia semifinis para rebasarlas con la idea de materia objeto o materia fragmento de objetos, hace cierta omisión del concepto objeto en si mismo, en este caso del ventilador. Es como si el individuo en la isla tuviera la capacidad de no ver los contornos, las articulaciones y signos que semióticamente hacen el objeto, y solo viera un cúmulo de materiales disponibles que son usados ante cualquier emergencia. El proceso remite a la idea del objeto transparente que Boris Arvatov enunció en los albores del produccionismo. Arvatov se refería a lo que debía ser el objeto socialista en oposición al hermetismo del objeto suntuoso burgués. Sin embrago los cubanos ven “a través” de todos los objetos sin importar su procedencia ideológica. La crisis profunda e interminable dotó al individuo de una destreza especial. Si un objeto se rompe, no importa si es un objeto capitalista o socialista, se torna invisible como objeto, para mostrarse como una relación de partes.

…………………..

Para adéntranos en los procesos que dan sentido a la desobediencia tecnológica comentaré a continuación algunas ideas sobre prácticas como la reparación, la refuncionalización y la reinvención, todas ellas con un grado de subversión elevado. En primer lugar, por la reconsideración del objeto industrial desde un ángulo artesanal. En segundo lugar por la forma en que niegan los ciclos de vida de los objetos occidentales prolongando en el tiempo su utilidad, ya sea dentro de la función original o en nuevas funciones. En tercer lugar porque al aplazar la acción consumo, pero satisfaciendo las demandas, devienen dichas prácticas formas productivas alternativas.

Veamos concretamente el caso de la reparación. Esta práctica es la más extendida, se expresa en la escala familiar y en la estatal. Como muchos de los objetos electrodomésticos en Cuba provenían de producciones masivas y estandarizadas las soluciones de reparación se estandarizaron impulsando la creación de un enorme sistema de piezas de repuesto. El gesto más desobediente de la reparación es la capacidad de inmortalizar los objetos conservándoles sus funciones originales. …

La re-funcionalización es el proceso mediante el cual nos aprovechamos de las cualidades (materia, forma, función) de un objeto desechado para hacerlo funcionar de nuevo en su contexto o en otro nuevo. …

La reinvención, de las tres prácticas mencionadas, es la que contiene más actos de desacato ante la cultura industrial y el contexto. Puede ser entendida como el proceso mediante el cual creamos un objeto nuevo usando partes y sistemas de objetos desechados. Los objetos reinventados se parecen a los inventos originales, por la austeridad y desfachatez con que son utilizadas y articuladas sus partes. Las reinvenciones muestran objetos transparentes, sinceros y en proporción en términos de inversión material y simbólica con la necesidad que los provocó. Conservan también el conjunto de gestos manuales, conceptuales y económicos que el operador-creador les añade. …

……………….

Para concluir con la desobediencia tecnológica en Cuba debo aclarar que su existencia no solo tiene que ver con el rechazo y trasgresión de la autoridad de los objetos industriales y los modos de vida que ellos contienen y proyectan. Ella encarna sobre todo un desvío ante las asperezas económicas y las restricciones dominantes en el contexto cubano. Por tanto, la desobediencia que he nombrado tecnológica en el marco de este texto, tiene imbricaciones y variantes en lo social, lo político y económico, por lo que puede ser denominada también con esos apellidos. Es una interrupción al estado de tránsito perenne que impone occidente y al estado de tránsito al comunismo, también interminable, que propone la oficialidad en la isla.

Revolico ( un epílogo provisional)

Hace 5 años, en 2007 apareció www.revolico.com, una pagina web para que los cubanos (los escasos que acceden a internet) hagan sus ventas de casas, autos, y bienes de toda índole. El nombre no podía ser más acertado, la Revolución devino un Revolico. Dicha web es un deposito de descripciones y anagramas, un extenso desglose de artefactos, especialmente de autos híbridos: “Vendo Fiat 125, 1974. Con Motor original en perfecto estado; caja de velocidad 5ta de SEAT; carburador de NISSAN V-12, butacas delanteras de TOYOTA YARI; pizarra de LADA nueva, con todo funcionando; CD player SONY con 4 bocinas y cloche de PEUGEOT todo nuevo…”. Las terminologías y convenciones vernáculas usadas por los usuarios de Revolico son indicativas de un movimiento y un lenguaje de resistencia consolidado. El propio Fidel Castro reconoció los artefactos cubanos como enemigos y los nombro “monstruos devoradores de energía” durante una presentación de objetos electrodomésticos chinos que llegaban a Cuba para sustituir los ventiladores, cocinas y refrigeradores que el pueblo había creado para resistir su ineficiente dictadura.

Además de revolico.com y de aquellos discursos de Castro hay otros espacios que se han hecho eco de las desobediencias tecnológicas, hablo de la prensa oficial y los documentos y declaraciones legales que el estado decreta en su desespero por controlar el torrente de iniciativas individuales. Primero hallé prohibiciones descriptivas como el articulo 215 de la Ley No. 60 del Código de Vialidad y Tránsito: “Se prohíbe la construcción de vehículos y, por tanto, su inscripción en el Registro, mediante el ensamblaje de partes y piezas nuevas o de uso, cualquiera que fuere el título de adquisición de las mismas”. Después encontré notas en la prensa oficial donde algunos periodista del régimen describen con términos peyorativos y dramatismo cuanto perjudican los Rikimbilis a la salud y la ciudad. Los Rikimbilis eran, inicialmente, bicicletas a las cuales les añadían motores de aparatos de fumigación, bombas de agua o de sierras manuales, pero el termino permite nombrar hoy todos los artefactos rodantes hibridados y reinventados en la isla. Una de las notas de prensa que guardé denuncia el robo de señalizaciones del transito para construir las carrocerías de estos artefactos.

Pero hay algo nuevo que supera las descripciones de las notas de prensa, de los documentos legales y de Revolico. Hace algunos meses el estado ha lanzado un decreto ley que permite re-circular aquellos autos destruidos por un choque, corrosión o abandono. Cuando un auto, por estos motivos, salía de circulación resultaba imposible incorporarlo nuevamente a la vía. El nuevo decreto permite inscribir autos si se conserva un 60 por ciento de sus rasgos originales. Esto abre un umbral del 40 por ciento a la fantasía técnica y formal. Las personas en la calle nombran estos autos como “60 por ciento” pero creo que la denominación mas adecuada sería la de “40 por ciento”. Desde ahora el fenómeno empieza por demandar nuevos tipos de expertos. En los años venideros habrán expertos del 60 por ciento compitiendo con expertos del 40 por ciento. En las narrativas legales encontraremos truculentas maravillas. La batalla de por cientos que tomará lugar en el cuerpo de los autos tendrá un impacto en el cuerpo de la ley general del tránsito. ¿Quién y cómo definirá las fronteras legales y físicas entre el 60% y el 40%? En marzo pasado hallé un Peugeot 404 diseñado en 1962 por Pininfarina. El auto muestra el 60 por ciento del diseño original, al menos teóricamente, el 40 por ciento restante no puede ser adjudicado al diseñador italiano. Los nuevos encuentros y líneas que aparecieron en el maletero, los sistemas técnicos ahora híbridos, los plexiglases de colores que sustituyen las ventanas, los guardafangos inflamados entre otras alteraciones conforman el 40% restante.

Creo que las líneas de este auto evocan ahora una aerodinámica vernácula divertidamente especulativa y utópica. La forma de un auto, cuando su fabricante es serio, es también un diagrama de la velocidad, la resistencia del aire, las turbulencias y otras fuerzas del universo sobre el automóvil. Si damos por sentada esa relación y la invertimos, al cambiar la forma del Peugeot estaríamos diagramando y proponiendo las leyes físicas de un nuevo universo. Esta propuesta dejaría de ser delirante si se propone como un modelo de interpretación del caos que provocaran estos autos en su encuentro con la reglas del universo legal.

clubes de amantes de los autos

autos clasicos

Imagen tomada de Excelencias del motor. 2011.

Con el turismo llegaron a Cuba los clubes de los amantes de autos. A aquellos dedicados a los automóviles de Detroit —Club de autos antiguos, Escudería de autos antiguos A lo cubano (con página de Facebook), y Escudería de motores ingleses clásicos de la Habana-les siguieron los clubes de autos socialistas —Peña Amigos de Fangio, Club de autos rusos (ver aquí, o en su página de Facebook), Club de autos polacos– en una efervescencia coleccionística que sorprende si se tiene en cuenta la escasez de automóviles en el país. Más recientemente aparecieron el Club de autos Peugeot, el Club de Fiats 125 argentinos y el Club de Autos Hyundai-Kia (ver aquí), todos compitiendo por los premios que otorgan los patrocinadores de los desfiles que organizan. Debería crearse un club de los inventos, hibridaciones y cacharreos, el verdadero aporte cubano al automovilismo.

Ver galería de fotosExcelencias del motor, y Cuba Old Cars.

Encajes de metal, fotorreportaje

,
reja

Imagen tomada de Cubadebate

Fotorreportaje de Cubadebate: Encajes de , oficio y chapucería, hierro y cemento, cultura material y ruinas.

carnavales (video)

, ,

(vía Penúltimos Días)

 

Este video de los carnavales habaneros de 1950, subido a YouTube por MGCubanHistory, aparece acompañado de de un texto de donde he extraído:

La mencionada ceremonia constituye una de más viejas tradiciones del país, que tiene sus raíces en siglos pasados durante las celebraciones del día del Corpus Christi y la Epifanía, cuando los negros esclavos organizaban danzas y marchas colectivas.

Autorizados por sus amos españoles, los esclavos africanos disfrutaban algunos días de asueto una vez al año, además de que cada seis de enero o Día de Reyes se les permitía reproducir los cantos y danzas de sus tierras nativas.

Las fechas han ido variando con el tiempo, hasta llegar en los últimos años a llenar un espacio en el verano cubano, época preferida por la población para sus vacaciones.

El torbellino de música salsa y color es animado por comparsas con tradiciones de años, entre las cuales figuran La Jardinera, la Giraldilla de La Habana, Guaracheros de Regla, Los Marqueses de Atares y El Alacrán.
………………..
Los desfiles por el paseo del Malecón tienen asimismo entre los personajes mas demandados a los llamados “Muñecones”, enormes figuras que representan a los más diversos personajes, además de los faroleros, artistas que se integran al espectáculo portando aditamentos multicolores que hacen girar de forma continua.

En Cartas desde Cuba: Los entretelones del carnaval de La Habana, Fernando Ravsberg dice que el diseñador Abraham se ha encargado del diseño del vestuario de los carnavales durante los último años. Según Abraham, durante el Período Especial “tuvo que diseñar los trajes de los bailarines y bailarinas ‘con lonas militares y bolsas plásticas de supermercado pintadas para que el carnaval siguiera existiendo'”.

El Cayuelo

, ,

Cafetería El Cayuelo. Imagen tomada de Panoramico.

El viaje a Varadero hubiera sido demasiado largo y aburrido de no ser por el puente de Bacunayagua y la cafetería El Cayuelo. Hace unos días, en el confort climatizado de las guaguas de Vía Azul, recorrí la ruta Habana-Varadero-Habana. Apenas alcancé a ver las ruinas de lo que alguna vez fuera una moderna instalación, uno pasos más allá del litoral habanero.

Lo que dejaron los rusos, por Yoss

,
polvo dental o pasta dental en polvo
polvo dental o pasta dental en polvo

Polvo dental. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material.

Algunos fragmentos del texto de Yoss Lo que dejaron los rusos:

…¿cuántos de nosotros no nos hemos sorprendido en los revueltos años de fin e inicio de milenio, al menos una vez, suspirando de añoranza por algunas de esas cositas Made in URSS que tanto criticábamos antes de 1989?

…La Mujer Soviética, Unión Soviética, El Deporte en la URSS, Panorama Olímpico, Misha, también se leían bastante, además de servir para forrar libretas y libros, por el excelente papel satinado de sus portadas…

Mirando atrás desde el presente, para la más joven generación que creció después del derrumbe del muro de Berlín, y que considera los CD como algo cotidiano y no una maravilla tecnológica, resulta difícil hasta imaginarse lo profundo del desfasaje tecnológico y cultural en que vivíamos entonces aquí en Cuba. Aunque la música y las modas sí entraban. ¿Se acuerdan de los Boney M, los pantalones campana y el espendrum? Lo cierto es que, para nosotros, los crecidos en los 70 y los 80, cuando el último grito de la técnica eran los tocadiscos Radiotécnica y el radio Selena (salvo para aquellos privilegiados hijos de viajeros a las otras partes, que ya le rezaban a los dioses Sony, Sanyo, Philips, Panasonic, TDK, etc.), la cultura rusa fue una influencia subyacente, pero sólida y constante en muchas esferas de la cotidianidad, símbolo contradictorio, a la vez, de modernidad y fealdad, de resistencia extrema y falta de calidad, ambivalencia que moduló por décadas la actitud de los cubanos hacia todo lo ruso, y que está en el origen del término «bolo».

Veamos algunos ejemplos, empezando por el renglón automotor. Los Moskvichs, Volgas, Nivas y Ladas consumían menos gasolina, echaban menos humo, sonaban menos, eran más cómodos y lucían mejor, al menos en teoría; pero tampoco importaba: eran símbolos de estatus, de modernidad, de adelanto. Aunque los viejos carros americanos fueran bombas de humo rodantes, eran para toda la vida, y sus carrocerías mil veces chapisteadas eran de hierro y no de aluminio de tubo de pasta de dientes. Cualquier flamante Lada 1600 que chocara con un tartajeante Plymouth del 49 quedaba para chatarra, lo sabían hasta los niños. Claro, si era un Chaika, ya eran otros cinco pesos.

Las motos Ural, auténticos camiones con sidecar, copiados de las BMW tomadas de trofeo a los nazis en la Gran Guerra Patria, circulan todavía, con bastantes adaptaciones de nuestros Hell Angels insulares. Eran las dos ruedas que había para resolver, y vaya si resolvían. Hasta sofás se cargaban en aquellas heroicas motos. Y cinco pasajeros a bordo de una Ural con sidecar no era record para nada.

De los KP3, Gaz, Kamaz y otros camiones, nuestro gobierno tuvo que confesar en 1990 que eran máquinas muy bien diseñadas para gastar petróleo. Y, hermetizados contra las bajas temperaturas siberianas, eran auténticos hornos rodantes. Pero la fama de «asesinos de choferes» que trajeron de la URSS duró hasta que cayeron en manos de nuestros «paticalientes» ases del volante, que los asesinaron a ellos.

Y si de aeronáutica se trata, nuestra Cubana de Aviación ha surcado, por décadas, los cielos del mundo con aviones soviéticos, relativamente lentos y también muy gastadores, pero seguros (mientras hubo piezas de repuesto). Fue así desde que los vetustos Super Constellation y Bristol Britannia de antes del 59 dejaron de creer en milagros mecánicos y se negaron rotundamente a despegar, al menos enteros. Los An-2 de fumigación vuelan aún, los «paticos» An-24 estuvieron haciendo rutas nacionales hasta hace muy poco, como los primos hermanos Yak 40 y 42, los viejos Tu-154 y el antiquísimo Il-18. Y si bien nunca tuvimos chance de ver aterrizar por Boyeros el supersónico y espigado Tu-144, todavía nuestro presidente recurre a su segurísimo Il-62-M cada vez que tiene que viajar.

Dentro de esta nunca demasiado criticada categoría de los electrodomésticos de producción soviética, estaban las indestructibles lavadoras Aurika y los televisores Electrón, Rubin y Krim, que todavía sirven para ver la novela en no pocos hogares cubanos. Tanto aquellos mastodónticos aires acondicionados que enfriaban con un cierto estruendo, como sus primos menos adelantados, los ventiladores Órbita sin careta (porque originalmente estaban concebidos como una pieza más de ciertos refrigeradores), nos aliviaron tantos tórridos veranos. ¿Feos? Vaya si lo eran todos. Verdaderas monstruosidades de diseño, pero hechas a prueba de bala. ¿Y cuántos no echamos de menos aquel piñazo sobre el televisor cuando los controles vertical u horizontal se desajustaban, o la patada al refrigerador cuando el motor se negaba a arrancar? Gestos que ya pasaron a formar parte del acervo mímico nacional, aunque nuestros electrodomésticos de hoy, japoneses, chinos y coreanos, no agradezcan tan «cariñoso» tratamiento.

En el capítulo de la relojería, vale la pena mencionar aquellos Raketa, Zaria y Poljot que pesaban toneladas en la muñeca, y cuyos cristales se empañaban casi de respirarles cerca. Así como aquellos despertadores titánicos, marca Slava y Sevani, que sonaban cuando les daba la gana y daban la hora que mejor les parecía. Ahora, sentir el pitido electrónico de un moderno radio- despertador digital y saber que es esa la hora, la misma que uno eligió para despertarse, inapelable, sin troque ni factor sorpresa que valga, resulta enervante. Qué aburrido, ¿no?

Bajo el genérico rótulo de la industria ligera se agrupan tantos objetos familiares por décadas, casi amigos, ahora vetustas reliquias domésticas que cada día escasean más y ceden más terreno en nuestras casas a sus cromados, ultramodernos émulos capitalistas. Como aquellos bombillos que duraban años derramando su luz amarilla o esas pilas secas que tan fácilmente se mojaban y sulfataban, o aquellos abridores que se oxidaban al primer mes, o perdían el filo, y los otros, de rosca y estilo pinza, cuyo funcionamiento exacto nadie comprendió jamás del todo. ¿Y qué decir de los juguetes rusos? Feos, toscos, con las uniones de plástico llenas de rebabas. Pero eran baratos, y resolvían. Aquellas pistolas espaciales y escudos, espadas y cascos de plástico rojo aguantaban bastante más que aquellos delicados, bellos y añorados básicos, no básicos y dirigidos Made in Hong Kong y Made in Singapore, que conmocionaban a los fiñes una vez al año, por julio. Todavía algunos de aquellos artilugios eslavos, a prueba de chamacos cubanos, andan dando vueltas por ahí, entizados con esparadrapo o tape, pero en servicio activo tras haber divertido a tres generaciones.

Los mismos cubanos que regresaban contando de la nieve en la Plaza Roja, del lujo increíble de las estaciones del metro moscovita y de las bellas noches blancas de Leningrado, trajeron todo un flamante concepto de decoración doméstica, junto con toneladas de souvenirs de la riquísima artesanía popular rusa. ¿Quién no tuvo o soñó tener en el aparador de su casa una matrioshka de veinte o más muñequitas? Algunos cubanos fueron más allá y cargaron a su regreso al terruño con titánicos samovares de cobre, con teteras eléctricas y juegos de té y todo. Así, la costumbre de tomar la delicada infusión, que hasta el 59 se suponía inglesa y aristocrática, se popularizó entre nosotros, y luego se volvió patrimonio de artistas y bohemios tropicales trasnochadores.

Otros cargaron con enormes afiches del Kremlin, de la policromada catedral de San Basilio y hasta del Mausoleo de Lenin, que aún hoy se aferran tercamente a algunas paredes habaneras, muy desteñidos por la sobredosis de luz de este implacable trópico. Y hubo otras mil chucherías rusas adornando las salas cubanas: desde cucharas campesinas talladas en madera, hasta reproducciones de llaves de las murallas de ciudades medievales del Báltico. En los cuartos de las casas cubanas, las alfombras, unas de grueso fieltro industrial y otras notables piezas de artesanía de los pueblos de Asia Central, resistieron largamente una pelea de mono a león con el polvo, el churre y el calor tropicales. Hubo cuernos lituanos para beber hidromiel junto con astas de ciervo y hasta de alce, y cabezas de jabalí para adornar la pared. Tiubeteikas tradicionales uzbekas se colgaron de nuestras sombrereras junto a la boina gallega y el yarey guajiro. Y cuántos gruesos abrigos enguatados y chapkas de piel peluda no permitieron y permiten aún a su orondo y nostálgico poseedor pasearse con la sensación de invulnerabilidad que da una escafandra cósmica en medio de nuestros más helados frentes fríos.

¡Nada en comparación con los veintipico bajo cero de Moscú en diciembre! Sin contar con esas botas altas de mujer, interiormente forradas de cálida piel de cordero, verdaderas saunas de torturar pies en este clima, que enmohecieron en los escaparates caribeños, entretanto no había una salida de verdad. Del resto de la ropa, mejor ni hablar. Los cubanos hemos tenido siempre una sensibilidad especial para detectar «lo cheo». Y aquellos trajes rusos que parecían cortados a serrucho, y aquellos zapatos tan «bolos», sin duda alguna lo eran, y mucho.

Notas
Montados en la máquina del tiempo y la nostalgia, vale la pena puntualizar que no solo a la URSS acudieron a superarse los cubanos, y no solo de ella vinieron los hermanos del CAME y los productos comestibles e industriales, los dibujos animados y otras formas de cultura. ¿Recuerdan las ventas de discos LP de música clásica en la Casa de la Cultura Checoslovaca, de 23 y O, que hoy es el Centro de Prensa Internacional? ¿Los dibujos animados de Aladar Meszga, de Lolek y Bolek, Mati el guardador de gansos, Juan el Paladín y tantos otros? ¿Las latas de Mesa Slava? ¿Las rosas y los jugos de fruta búlgaros y las sopas polacas de paqueticos? ¿Los ciclos de cine polaco en la Cinemateca, que entonces todavía no era el Chaplin? ¿El excelente musical televisivo alemán Ein Kessel Buntes? ¿La peliculaza histórica de Serge Nicolaescu (sí, el mismo famoso «comisario solo») Los dacios? Tantas cosas. Pero solo el considerar superficialmente las diferencias entre las respectivas versiones del socialismo de Rumania, Checoslovaquia, Yugoslavia, Alemania Democrática, Hungría, Bulgaria, etc., y las influencias y experiencias de los cubanos en y con cada uno, llevaría tanto tiempo y extensión como hacer la historia de la Revolución. Quién sabe si más. Y entonces este trabajo debería titularse «Lo que dejó la Europa del Este socialista». Así que, por simplificar las cosas, consideramos aquí solo las relaciones cubanas con la URSS.

2. El trovador Frank Delgado tal vez no pase a la historia de la música cubana como un sublime creador de metáforas ni un romántico bardo, pero en su condición de irónico cronista de finales de los 80 y todos los 90, resultará probablemente tan insoslayable en la sociología nacional como los Van Van en los 70 y tempranos 80. La siguiente letra prácticamente funciona como resumen de todo el artículo anterior. Y si hay algún error, es 100% de mi mala memoria. Konchalovski hace rato que no monta en Lada Ya no podré leer más ningún libro de esos de Editorial Ráduga, de Editorial Progreso. No podré disfrutar más de aquel Tío Stiopa de estatura increíble y tan horrible ropa. No te puedo negar que los ojos me arden. Maiakovski ya deja reptar a los cobardes y no podré tomar el té negro en las tardes. El teatro Bolshoi aún no ha sido saqueado hay Noches de Moscú y crimen organizado los Estudios Mosfilm seguro que han cerrado. No me volveré a emocionar con Siberiada. Konchalovski hace rato que no monta en Lada. No podré disfrutar de aquellas olimpíadas con los soviets ganando todas las medallas. La Kazánkina grita: no me dejen sola. Serguei Bubka se venga y toma Coca Cola, con Salenko jugando en la Liga Española. Alguien a mí me preguntó si me había leído El Capital: Sí, pero a mí no me gustó, pues la heroína muere al final. En fin, que no me gusta tanta economía novelada que escribió el tal Carlos Marx. Ahora que los censores no pitchean bajito ya podemos burlarnos de sus muñequitos. Ahora que los ministros cambiaron las banderas podemos hablar mal de su industria ligera. Hoy que llevo en la frente el cuño del vencido y me acusan de muros que al fin se han caído puedo ser posmoderno y perder el sentido. Renegar de las utopías en que creo o ensañarme con toda la ley del deseo con la momia de Lenin y su Mausoleo. Hoy que solo del vodka queda la resaca yo me niego amor mío, cambiarme la casaca. Hoy que los konsomoles van pasando de todo abrázame, mi china, y no me dejes solo. Y mientras Fukuyama repite iracundo que estamos ante el fin de la historia del mundo mi amigo Benedetti abre el tomo segundo. Alguien a mí me preguntó si me había leído El Capital: Sí, pero a mí no me gustó, pues la heroína muere al final. En fin, que no me sirven estas novelitas de tres tomos que escribió el tal Carlos Marx.

por Yoss

(publicado en la revista “Temas” en abril de 2006 y reproducido con permiso del autor)

Vaso soviético irrompible

Vaso soviético irrompible comercializado en Cuba en los 80s. Colección Cuba Material.

Leer texto completo aquí.

Ernesto Oroza, las derivas del plástico y la arquitectura de la necesidad

,
plástico fundido

Imagen que muestra las modificaciones del plástico tomada del website de Ernesto Oroza y exibida en el 2011 en INOVA.

Sobre las investigaciones de Ernesto Oroza en torno a los objetos y sus metamorfosis trató su exposición en INOVA en febrero del 2011. Las derivas del plástico fueron mostradas allí (de ellas también habló en una entrevista publicada en el tabloide que acompañó al evento, publicada previamente en Francia, 2010). Estas derivas, así como las soluciones que los cubanos han hallado para paliar la escasez material, aparecen recogidas en sus crónicas de las “arquitecturas de la necesidad” y “desobediencia tecnológica”, prácticas de canibalismo tecnológico que, según Oroza, son consumadas por “hordas de buscadores de plástico” que alimentan con este material un “monstruo que expele pequeñas cabecitas de Batman por el otro lado”. Dice Oroza que, muchas veces, las familias conviven con estas máquinas en el interior de sus viviendas, convirtiendo las habitaciones en plantas industriales en donde se producen objetos utilitarios como interruptores eléctricos, y en donde las mesas de noche hacen las veces de cajas de herramientas.

Mi Habana, por Jorge Bacalao (video)

 

Mi Habana:

Mi Habana es una ciudad única, seductora, enajenante, histórica, histérica; Con mucho sol y poca luz; con mucho agua… albañal.

Es una ciudad de muchas mujeres. Ciudad de contradicciones.

La Habana es la única ciudad del mundo donde tu le preguntas a los taxistas para donde van, y ellos te responden a voces, a veces. Los taxistas son como los dueños de la ciudad; y no solo de la ciudad, sino también del lenguaje.

La Habana es una ciudad maravillosa. Es la ciudad de las colas; colas del pan, colas de guagua, refresco gaseado de cola. La ciudad de las colas: La Habana; es inconfundible. Imagínense por ejemplo, 200 italianos haciendo cola en Roma pa’ comerse una pizza. ( No pueden ). Yo tampoco; porque desafortunadamente, jamás he ido a Roma. La cola en la Habana tiene su ética y sus reglas. Se puede poner un amigo, se puede rotar, y se puede marcar 2 veces. Párese 5 minutos donde usted quiera, y vera como se forma una cola detrás de usted. En la cola de la guagua de la Habana hay una química. Un compromiso, una empatía entre sus integrantes. Por ejemplo: Se puede llegar a la cola y decir: – Por favor, quien es la ultima persona de la cola de la ruta 195 ? … y te entienden!. O Puedes llegar y decir: – 95? – y También te entienden!.

La Habana es la ciudad más culta del mundo, donde se han hecho descubrimientos científicos inéditos. Por ejemplo, se ha logrado darle sabor a la temperatura, con la fabricación del ” Frozzen “, que sabe a frío.

La Habana, ciudad con un medico por cada 120 habitantes, y 1 vendedor de aromatizantes por cada 10. Un medico por cada 120 habitantes! … que cifra esa! Sólo superada por algunas ciudades de Venezuela.

La Habana es la ciudad libertad, donde se puede poner música a cualquier hora, donde se puede salir sin camisa, y botar basura donde quiera; incluso donde diga: No botar basura PNR. La Habana!, ciudad que te desafía, que te seduce, que te dice: – A que no encuentras un teléfono público ¡?

La Habana donde se derrumban edificios, y se construyen parques, parqueos y organopónicos. La Habana, que como vieja coqueta le agradece la cirugía estética a Eusebio Leal con un guiño lascivo.

La Habana que ha sido tomada por los Ingleses y por los orientales.

La Habana donde los guapos se saludan con besitos, como si fueran mafiosos de la cosa nostra; donde los testigos de Jehová, que aman al prójimo como a si mismos, venden los aguacates a 15 pesos, como si fueran mafiosos de la cosa nostra.

La Habana donde las palmas dan plátanos, amarrados con una cinta roja.
La Habana con sus lugares sagrados: Los leones de prado, los venados del zoológico de 26, los Pájaros del YARA; y Coppelia, la catedral del helado, la catedral del amor. Agarre a su pareja de la mano y llévela a Coppelia; pero no espere mas, no deje el amor para otro DIA; el mismo lunes lleve a su pareja a Coppelia y disfrute del rico rizado de vainilla. Advertencia: Tenga cuidado no quemarse con el agua.La Habana, con 2 periódicos: Granma, para que te enteres de las noticias y Juventud Rebelde para explicártelas.
La Habana, ciudad de los niños que juegan pelota en los jardines del Capitolio.Tres primeras causas de muerte en la Habana:
Infarto por encabronamiento con la luz.
Infarto por encabronamiento con el agua.
Fractura de cráneo por pelotazo mientras paseabas por el Capitolio.La Habana, donde nadie se acuesta sin comer. ( Ya lo sabe, el día que usted no haya comido, no se acueste! ). A mi me encanta mi Habana!
Mi Habana querida, yo la quiero! … No como el amor ridículo a la tierra, ni a la hierba que pisan nuestras plantas. La quiero de verdad!.
Cuantos recuerdos!. Cada plan tareco, cada salidero, cada tupición, cada bronca. Cada ripio blanco colgando en los balcones; cada balcón colgando de un ripio, cada bache.
En mi Habana existen baches legendarios. Baches patrimonio natural de la humanidad. Baches de más de 60 años de existencia, baches que si pudieran hablar; narrarían la historia de la lucha de nuestro pueblo por la soberanía.Mi Habana con su pueblo amante y conocedor del deporte; un pueblo que sabe que en el Karate, la parte de exhibición se llama: Catá, y la parte del combate se llama: Comité. Y mi pueblo, mi pueblo de la Habana, siempre esta en combate! Por eso en cada cuadra hay un comité.
Dentro de la Habana, esta su Lawton: premio nacional al mercado negro 2011. Muchos nacieron en Lawton, viven en Lawton, y por lo que veo, morirán en Lawton.Amigo europeo, ven a la Habana!
Mi Habana te recibe con los brazos abiertos! … mejor, con las piernas abiertas!. Ven a caminar conmigo por una ciudad que erradicó el racismo; por cuyas calles se pasean alemanes de 6 pies, con negras de 8 pies.Yo nací en la Habana, y siempre me sentiré orgulloso de eso. Hasta ahora nacer en la Habana , no me ha traído problemas, ni prohibiciones… bueno, en realidad solo 1: Como nací en la Habana, no puedo ser policía.Entonces habanero, date cuenta del don que te ha sido otorgado. Vives en la Habana! No en Madrid, no en Canadá, no en Miami; porque si vivieras en Madrid, serias madrileño, si vivieras en Canadá, serias canadiense, y si vivieras en Miami, serias de la mafia .
Quiere a tu Habana, a mi Habana, a nuestra Habana.
No tienes agua? Ya lloverá!
No tienes luz? Ya saldrá el sol!
No tienes transporte? … bueno, ya eso es un poco más complicado!.Cuando se pone el sol, me subo a una azotea, y miro el resto de miHabana! ….Perdón! …
los restos de la Habana!, porque yo, además de cubano, soy Habanero.
Carlos Ruiz de la Tejera
Jorge Bacallao  (gracias a Emilio García Montiel por la rectificación)
Texto enviado por Teresa Valladares.

tecnología y política

Third World Internet Cafe
Third World Internet Cafe

Third World Internet Cafe. Obra de Abel Barroso. Imagen tomada de internet.

En el libro American Philosophy of Technology: The Empirical Turn (2001. Bloomington, IN: Indiana University Press), Pieter Tijmes escribe sobre Borgmann y la relación entre tecnología y política. Dice Tijmes que no solamente existe entre ambas realidades una relación de afinidad, sino que la democracia depende, y subraya el verbo depender, de la tecnología para realizar sus metas. Según este filósofo, una elección en contra de la tecnología o en contra de una democracia tecnológicamente impreganada es una elección que va en contra de la libertad y en favor del prejuicio y el paternalismo, pues rechazar la promesa de libración y enriquecimiento es aceptar la opresión, la pobreza y el sufrimiento, y ésto, dice, no es una opción democrática.

Guantánamo y la conquista del cosmos por la revolución

,
Sello postal con el cosmonaut Arnaldo Tamayo

A Guantánamo, la tierra natal de Arnaldo Tamayo, el cubano que viajó al cosmos con Yuri Romanenko en 1980 gracias al programa Intercosmos, fueron a parar los objetos personales de éste, junto con el módulo de descenso de la nave Soyuz-38 que los devolvió a tierra. Ésta es la pieza principal de la muestra permanente de la sala dedicada al vuelo espacial conjunto URSS-Cuba en el Museo de Guantánamo. La muestra servirá, según declaró el ex-cosmonauta a Sol Visión, para “divulgar los éxitos científicos de la Revolución y educar a las nuevas generaciones”.

Pueden ver imágenes de los objetos que componen la muestra aquí.

huellas de la materialidad soviética

Perfume Romeo
Perfume Romeo

Perfume Romeo. 1980s. Colección Cuba Material.

Huellas del pasado en la vida cotidiana trae una galería de imágenes creada por BBC sobre los vestigios de la materialidad soviética en Cuba. Estas fotografías acompañan el artículo Las diez huellas soviéticas en Cuba, de donde extraigo algunos fragmentos:

Modelo de desarrollo

En términos económicos, la Unión Soviética era el referente teórico y el modelo de desarrollo que seguía Cuba.

El socialismo cubano se pensaba como un modelo parecido al de la URSS, desde el punto de vista ideológico, político y económico. Esa concepción tuvo que ser replanteada tras la caída del campo socialista.

“Ése es otro impacto de los soviéticos en Cuba pero también de su colapso. Cuba tuvo que cambiar su modelo de desarrollo y sus paradigmas”, explica a BBC Mundo Juan Triana, director del Centro de Estudios de la Economía Cubana.

Transporte automotriz

En las calles cubanas queda una huella evidente de las relaciones con el mercado del campo socialista.

Los autos que más abundan en Cuba son soviéticos, tanto Moskvichs, Volgas, Nivas y Ladas, así como las motos Ural y los camiones Kamaz.

También el transporte aéreo es mayoritariamente ruso. La aerolínea estatal Cubana de Aviación ha surcado, por décadas, los cielos del mundo con aviones soviéticos y aún su flota es mayoritariamente rusa.

El sentimiento hacia los autos soviéticos es mixto. Para algunos son autos fuertes y duraderos. Para otros son inseguros y de tecnología vieja.

“El Lada es como un tanque de guerra. Este tiene 1 millón de kilómetros recorridos y todavía no se le ha reparado el motor”, confesó un taxista a BBC Mundo.

El artículo concluye con una reflexión sobre el aumento del turismo ruso en Cuba en los últimos años, el cual define como un turismo de nostalgia. En esta nueva condición de gran parque temático del socialismo, Cuba puede llegar a ser para los visitantes de Europa del Este y de la desaparecida URSS el profiláctico “coco” con que nuestros abuelos solían amenazarnos cuando no queríamos comer.

h/t: Laura Freyre.

Cuba: the Times are Changing, documental

 

Cuba, los tiempos están cambiando, documental de Aljazeera filmado en la Habana, 2011.

(h/t: Ariana Hernandez-Reguant)

Al final del camino, documental

 

Documental de Diddier Santos y Yaima Pardo sobre la tercera edad, los problemas y carencias que viven los ancianos en la Cuba de hoy, y el envejecimiento poblacional. Obra ganadora de dos premios en la Muestra de Jóvenes Realizadores del ICAIC, 2011.

(h/t: Diario de Cuba)

señales de tránsito

La Habana. Imagen tomada de Noticias 24.

En Cuba, hasta las señales de tránsito sirven para “resolver” (a todos menos al accidentado que nunca se enteró de que en aquella intersección existía un Pare, o que más adelante se incorporaría una senda a la avenida). La señal de Pare tapa ahora el tanque donde se almacena el agua con que se fregará la loza y se bañará la familia de los bajos, la señal que establecía el límite máximo de velocidad es también la bandeja donde la doctora hornea los merenguitos que vende por encargo, y con el Ceda el Paso se hicieron los aretes que mi mamá me mandó de regalo por mi cumpleaños, y los que le traje de regalo a mi amiga de la universidad. Las señales de tránsito más antiguas se venden a turistas y a cubanos que viven en el extranjero, ansiosos por llevarse un pedazo de una Habana que, lejos de ellos, se deshace. Hasta el concreto y las cabillas de algunas señales sirvió para que el pariente de la Lisa reparara las filtraciones del techo, la pareja del Vedado dividiera la sala para crear un dormitorio para el hijo, y la hija del general que murió hace unos años remodelara el garage y lo convirtiera en un pequeño estudio a donde se mudaría y desde donde manejaría el negocio de la renta a turistas de las habitaciones de la casa que heredó de su padre, donde quizás haya vivido el cubano-americano que cuelga ahora en la terraza de su casa en Coral Gables la señal que identificó la calle del Obispo.

Sobre el robo de señales de tránsito: Granma, Martí Noticias.

exvotos

,
exvotos

Imagen tomada de “Radio Nederland Wereldomroep Latinoamerica”.

Objetos que median, ruegan y suplican. Y también objetos que agradecen y pagan. Algunos de los exvotos que, a diario, dejan en El Cobre los peregrinos cubanos, aparecen recogidos en el calendario de 2012 de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. Rosa Ileana Boudet les dedica una entrada en su blog, Lanzar la flecha bien lejos.

jineterismo

, ,
jineterismo

Explanada del Capitolio. 2011.

Iván García abunda en los orígenes y significado del verbo jinetear, en Cuba. Transcribo algunos fragmentos, y enlazo el texto de Diario de Cuba aquí. El autor ubica los orígenes del término en la década del 80:

Pero el jineteo en Cuba es más que sexo. En sus inicios, quienes jineteaban eran los hombres. El verbo jinetear nació a mediados de los 80, y se refería a aquéllos que se dedicaban a la compra y venta de dólares en las calles, un bisne entonces ilegal.

En esa época, los jineteros cazaban a los turistas fuera de los hoteles para proponerles cambios de moneda a mejor precio que el ofrecido por el gobierno. Si la policía te pillaba, ibas cuatro años tras las rejas. Jinetear con divisas era un negocio suculento.

“Recuerdo que compraba los dólares a cuatro pesos. Luego a un estudiante africano le pagaba un dólar por cada dos que yo le daba, y éste me adquiría pacotilla: pitusas, zapatillas, camisas de bacterias o shorts reversibles en tiendas para técnicos extranjeros. Las ganancias eran descomunales. Uno compraba un par de zapatillas Cast en dos dólares (ocho pesos) y las vendía en 120”, recuerda Jorge, un jinetero ya jubilado.

Cuando en 1993 Fidel Castro despenalizó el dólar, la palabra jinetera acabó colgada en las despampanantes muchachas que se prostituían, primero en los barrios habaneros, luego en el resto de las provincias.

(…)

Existen jineteras en moneda dura y en pesos cubanos. Las hay de 15 años y de 40 o más. Desde las que cobran 40 cuc, hasta guajiritas apeadas la noche anterior del tren procedente de Santiago o Guantánamo, que se ofertan por 80 pesos. O menos.

También ahora jinetean chicos que se pasan seis horas haciendo pesas en un gimnasio particular. Travestis que madrugan por las avenidas. Y gays orgullosos de los nuevos aires que corren y suelen ofrecer sexo oral en escaleras.

El verbo jinetear llegó para quedarse. Y va más allá. Se utiliza cuando alguien se aprovecha de una persona con dinero y se le pega como una lapa para que lo invite almorzar o le pague unas cervezas.

En aquellos centros de trabajo donde es posible viajar al extranjero, jinetear consiste en “trabajarle fino” al tipo que da luz verde para “fastear” [viajar]. Si el jefe es intransigente, se le hace una brujería. Si es “fácil”, se le ofrecen regalos y promesas de compartir con él una parte del dinero asignado. Cualquier cosa con tal de que tu nombre aparezca en la lista de candidatos del viaje a China o a alguna otra parte.

En ocasiones, incluso, se jinetea a la propia familia. Se acercan los 15 de la hija o las vacaciones están al doblar de la esquina y se quiere pasar un fin de semana en un hotel. Como los familiares viven lejos, se les llama a cobro revertido o se les envían emails. De poco valen los sermones del pariente, de que la crisis económica es real y no un invento del Granma. Después de la descarga, el jineteo sigue en pie: “Mira a ver si puedes mandar algo, hazlo por tu sobrina que este año termina la secundaria”.

El gusto exquisito, documental

Pueden ver aquí el documental, en dos partes, El gusto exquisito, documental de Lluis Hereu (2001), filmado en La Habana, Matanzas, Trinidad y Santiago de Cuba y presentado en You Tube como “una mirada un punto tierna, pero ferozmente irónica, sobre la manera de acicalarse, de adornarse para gustar al otro, de algunos cubanos”:

 

un par de botas

Imagen tomada de “Por el ojo de la aguja”. 1 de mayo de 2012.

Una amiga de la autora del blog Por el ojo de la aguja enseña el par de botas que, como todos los que en su centro de trabajo se comprometieron a desfilar este primero de mayo, recibió a cambio.

(Ampliar aquí)

automóviles – almendrones

,

En Diario de Cuba, trailer del documental Car Havana, de Manuel Montejo Moreno:

 

 

En el capítulo “Our cars in Havana” (Nuestros carros en La Habana) del libro Autopia, Cars and Culture editado por Peter Wollen y Joe Kerr y publicado en 2002 por Reaktion Books, Viviana Narotzky dice que en los años 1980s el estado cubano intentó adquirir carros norteamericanos antiguos, cambiándolos por Ladas, para luego venderlos en casas de subasta y a coleccionistas privados. Narotzky estima en más de 5,000 los Chevrolets registrados en el 2002. Narotzky evalúa la prosperidad económica del músico Eliades Ochoa a través de las actualizaciones de su automóvil: dice la autora que Ochoa mejoró el Chevrolet de 1954 que poseía en los años 1970s cuando adquirió un Dodge de ese mismo año, que después cambió por un Peugeot 504, éste por un Lada 2105, y este último por un Mitsubishi 4×4.

la materialidad soviética en Cuba

Perfume "Acacia Blanca (Biélaia Acatsia)"
Perfume "Acacia Blanca (Biélaia Acatsia)"

Perfume “Acacia Blanca (Biélaia Acatsia)”. 1980s. .Colección Cuba Material

En La Habana Elegante, “De la materialidad soviética, sus huellas e implicaciones. Apuntes para una reflexión,” por Damaris Puñales-Alpízar:

Pero además de esta presencia subjetiva de lo soviético en Cuba (1), que se ha traducido en una producción cultural cubana pos–noventa donde abundan los referentes soviético–rusos, otra parte importante dellegado soviético está constituida por la permanencia física, después de los noventa, de automóviles, maquinaria pesada, electrodomésticos, libros, juguetes y edificios, principalmente habitacionales y escolares, cuya arquitectura siguió estándares socialistas: la carencia de cualquier ornamento. (…)

En este artículo propongo analizar cómo la permanencia de estos objetos se ha convertido en una poética del fracaso de un proyecto social, y cómo puede entenderse su persistencia en Cuba después del fin de la Unión Soviética. ¿Qué significa tal presencia, cómo proporciona una determinada lectura de la realidad y de cierto grupo social? En este análisis intento establecer un contraste entre esta materialidad específica, y una subjetividad afectiva que se manifiesta a través de la producción cultural.

(…) Presento el término de ‘comunidad sentimental soviético–cubana’ (3) para agrupar a los cubanos educados entre 1960 y 1980, para quienes los referentes soviético–socialistas comunes de la infancia y la educación recibida, facilitaron la creación de un imaginario de comunidad sentimental, que otorga pertenencia y cohesión entre sus miembros, a la vez que la diferencia de otras comunidades también imaginadas, incluso cuando la mayoría de los miembros de esta comunidad sentimental soviético–cubana no comparta el mismo territorio geográfico, ni la misma formación académica y mucho menos, la misma ideología social.

(…) Para las décadas de los setenta y los ochenta, los hogares cubanos parecían copia unos de otros: no sólo se repetían las mismas marcas de electrodomésticos, sino que las decoraciones y los muebles en general también eran similares, cuando no idénticos. Este inventario homogéneo proveyó, durante algunos años, una representación idealizada de la igualdad social, a la vez que otorgó un sentido de estabilidad y de pertenencia subjetiva de los cubanos –o al menos, la gran mayoría de ellos– a una imagen de la nación impulsada desde el gobierno, y sostenida gracias a la ayuda financiera, técnica y humana de la Unión Soviética a Cuba.

(…) La materialidad homogénea de la sociedad cubana permitió el surgimiento de una subjetividad histórica que explica, en conjunción con otros factores que he detallado antes, la conformación de una comunidad sentimental soviético–cubana. Los objetos soviéticos, dada la imposibilidad de su sustitución, se convertían no sólo en parte del hogar, sino también en parte de la familia. Una batidora era “la” batidora y lo sería por ‘siempre’; un ventilador, “el” ventilador. De tal modo, los objetos rusos lograron lo que las imposiciones ideológicas, políticas y culturales no pudieron del todo: la aceptación y su conversión en parte del escenario familiar, diario, de los cubanos. Esta familiaridad de los cubanos con los objetos soviéticos es depositaria de un significado de íntima afección y se convirtió no sólo en uno de los recuerdos más perdurables, sino también más entrañables para los individuos que se acostumbraron a ayudarse en sus labores domésticas con aparatos soviéticos.

(…) La permanencia de equipos soviéticos se convierte en un signo social de exclusión: los que tienen objetos, electrodomésticos soviéticos, son principalmente aquellos que no han podido insertarse en la nueva dinámica mercantil laboral que depende principalmente de una economía capitalista, ya sea a través de la contratación en empresas extranjeras –principalmente turísticas–, mediante las remesas familiares provenientes de Estados Unidos y a partir del VI Congreso del PCC (6), en abril del 2011, del crecimiento de negocios de iniciativa privada. Aunque no hay cifras oficiales que lo confirmen, se estima que el envío de dinero desde Miami, sobre todo, constituye, junto al turismo, el principal sostén de la economía cubana, luego del debilitamiento, hasta la desaparición casi, de la industria más tradicional cubana: la producción de caña de azúcar.
Lo soviético funciona así como una atadura que liga a un segmento de la población al pasado, ante la incapacidad de acceder a otros objetos. Es una doble marca: el recuerdo de un pasado que fue ‘mejor’ –en términos de estabilidad y accesibilidad–, y la constatación de que ese pasado se perpetúa sólo en cierto sector.

H/T Walfrido Dorta.