Cultura material cubana en el postcomunismo del siglo veintiuno.

Loggages y tolletes de Víazul

Anuncio terminal de Víazul en La Habana. 2014.

Anuncio en la terminal de Víazul en La Habana. 2014.

Anuncio en la temrinal de Víazul de La Habana. 2014.

Anuncio en la temrinal de Víazul de La Habana. 2014.

Las fotos de las señalizaciones las tomó mi hija mientras esperábamos la salida de la guagua de Víazul hacia Trinidad. En una pared cercana se leía: El destino lo decide usted, la exclusividad la ponemos nosotros. Ella se reía de los errores ortográficos. Yo me mortificaba con el estropicio y esa particular manera de concebir la “exclusividad”.

Oficinas de Víazul en La Habana. 2014

Oficinas de Víazul en La Habana. 2014

Oficina y salón de espera de Víazul en Trinidad. 2014.

Oficina y salón de espera de Víazul en Trinidad. 2014.

Trinidad

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souvenir trinidad
Trinidad, Cuba. Julio 2014.

Trinidad, Cuba. Julio 2014.

Cuando, en 1998, fui por primera vez a Trinidad, el dólar había vuelto a tener circulación legal en Cuba y el estado cubano regentaba tiendas y restaurantes que operaban en divisas para un público mayoritariamente extranjero. Los trinitarios, como los habaneros y el resto de los cubanos, huían en masa de casi todos los empleos estatales para trabajar en el turismo, por entonces el más codiciado sector en términos de empleo en la isla.

Cuando regresé este verano, días antes de que el periódico El País le dedicara una nota al emergente capitalismo trinitario, los restaurantes, hostales y galerías de arte privados se extendían por toda la ciudad y sobrepasaban en número y calidad a los negocios estatales, especialmente en la zona del centro histórico, declarado por la UNESCO Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1988. Artesanos y cuentapropistas vendían todo tipo de mantelería bordada y canastas de mimbre en mercadillos callejeros, y los taxistas privados ofrecían viajes mucho más económicos y flexibles que las opciones estatales hacia la península Ancón y el Valle de los Ingenios, en donde el dueño de la estancia Guachinango sirve almuerzos campestres y ofrece excursiones a caballo por sus tierras. El camino que lleva hacia la torre Iznaga lucía ahora más parecido que nunca al de Teotihuacán, en donde los vendedores abruman al turista con la mejor artesanía local a precios que, mientras se avanza, se devalúan hasta llegar a un 10 por ciento de la cifra inicial.

En la Trinidad de hoy el negocio privado ha desplazado al estatal no solamente en cantidad y calidad como anota El País sino también en las ganancias que reporta y, sobre todo, en prestigio en la jerarquía de los puestos de trabajo locales. La prosperidad del negocio privado en Trinidad ha repoblado la villa con jóvenes que emigran desde otras regiones del país, incluyendo La Habana, y tiene cierto peso en la decisión de algunos trinitarios de no emigrar al extranjero. El taxista que contraté para hacer el recorrido por las distintas estancias del Valle de los Ingenios suele viajar a Canadá. El capital que reúne trabajando allí en la construcción lo invierte en mejorar su casa y su automóvil, tras lo cual se asentará definitivamente en tierras trinitarias para dedicarse al transporte de turistas. La habitación que renté, donde losas de barro y cenefas coloniales cohabitan con lámparas y vajilla adquiridos en una sucursal de Ikea europea, climatizada con un moderno y silencioso split, es propiedad de un matrimonio cubano-belga asentado en La Habana. Una joven familia habanera, ella promotora cultural y él músico, gestionan el negocio a cambio de cierta participación en las ganancias de la pequeña galería de arte que ocupa la sala principal de la casa y de la renta de las tres habitaciones de la estancia.

Sólo sobre las chinas pelonas de las calles, bajo el tórrido sol tropical, puede el visitante encontrar algo alegórico a la revolución cubana.

 

Souvenir de la empresa ARTEX. Trinidad. 1998.

Souvenir de la empresa ARTEX. Trinidad. 1998. Colección Cuba Material.

Frank Delgado: Konchalovski hace rato que no monta en Lada (video)

 

Ya no podré leer más ningún libro de esos
de Editorial Raduga, de Editorial Progreso.
No podré disfrutar más de aquel Tío Stiopa
de estatura increíble y tan horrible ropa.
No te puedo negar que los ojos me arden.
Maiakovski ya deja reptar a los cobardes
y no podré tomar el té negro en las tardes.
El teatro Bolshoi aún no ha sido saqueado
hay Noches de Moscú, crimen organizado
los Estudios Mosfilm seguro que han cerrado.

No me volveré a emocionar con “Siberiada”.
Konchalovski hace rato que no monta en Lada.
No podré disfrutar de aquellas olimpíadas
con los soviets ganando todas las medallas.
La Kasánkina grita: no me dejen sola.
Serguei Bubka se venga, toma Coca Cola
con Salenko, que juega en la Liga Española.

Alguien a mí me preguntó si me había leído “El Capital”:
Sí, pero a mí no me gustó, pues la heroína muere al final.
En fin, que no me gusta tanta economía novelada
que escribió el tal Carlos Marx.

Ahora que los censores no pitchean bajito
ya podemos burlarnos de sus muñequitos.
Ahora que los ministros cambiaron las banderas
podemos hablar mal de su industria ligera.
Hoy que llevo en la frente el cuño del vencido
y me acusan de muros que al fin se han caído
puedo ser post-moderno, perder el sentido.
Renegar de las utopías en que creo
o ensañarme con toda la ley y el deseo
con la momia de Lenin y su Mausoleo.

Hoy que sólo del vodka queda la resaca
yo me niego amor mío, cambiarme la casaca.
Hoy que los Konsomoles van pasando de todo
abrázame mi china, y no me dejes solo.
Y mientras Fukuyama repite iracundo
que estamos ante el fin de la historia del mundo
mi amigo Benedetti abre el tomo segundo.

Alguien a mí me preguntó si me había leído “El Capital”:
Sí, pero a mí no me gustó, pues la heroína muere al final.
En fin, que no me sirven estas novelitas de tres tomos
que escribió el tal Carlos Marx.

Dice Jacqueline Loss (2013): More than any other artistic piece, the 1995 nueva trova song “Konchalovsky hace rato que no monta en Lada” (Konchalovsky Hasen’t Ridden a Lada in a While) . . . captures what it feels like to inhabit the remains of the Soviet Bloc in the Caribbean. (Dreaming in Russian: The Cuban Soviet Imaginary. Austin: University of Texas Press)

Generación Y: En venta las medallas

Medalla de la Alfabetización
Medalla de la Alfabetización

Medalla de la Alfabetización. 1986. Colección Cuba Material.

En Generación Y: En venta las medallas:

Grados militares, estrellitas, distinciones de mayor o menor importancia: condecoraciones que remiten a glorias pasadas. Junto a los libros que se venden en la Plaza Vieja -y las postales turísticas con el rostro del Che- tenemos el mayor mercado de medallas de todo el país. Si en Alemania oriental cayó el muro y después el comercio de las insignias ganó la calle, aquí éste ha surgido frente a los ojos de quienes prendieron esas calaminas sobre las solapas. Muchos trabajadores de vanguardia, soldados mutilados y federadas combativas que recibieron tales honores prefieren hoy intercambiarlos por pesos convertibles. Mercadean en moneda fuerte el objeto que los distinguía como modelos sociales a imitar.

Sobre un tapete rojo, carente ya de cualquier sobriedad, se exhiben los emblemas de una nación sofocada entre diplomas y distintivos. La herencia soviética nos dejó esta larguísima fila de órdenes, distinciones, ramas de olivo, laureles de blando metal, certificados de destacado, hoces y martillos pintados en rojo y escudos de la república impresos sobre zinc. Una parafernalia del reconocimiento que calcó el kitsch y la desmesura llegados desde el Kremlin. En aquellos años nadie quería quedarse sin su condecoración, pues esas distinciones se trocaban por prebendas o privilegios. En las asambleas donde se entregaba un refrigerador o una lavadora, los aspirantes al electrodoméstico iban con su ristra de galardones colgada en la camisa. La reunión se convertía así en un ring de méritos, en un carnaval de hazañas exageradas. Pero eso fue hace mucho tiempo…

A estas alturas de tan escéptico 2012, la estética de aquellas insignias nos provoca una mezcla de curiosidad y extrañeza. Algunos vagabundos de la Habana Vieja se las colocan sobre el pecho para que los sonrientes turistas les regalen unas monedas.  También, escondidas en el fondo de innumerables gavetas, yacen muchas de aquellas reliquias por la indiferencia o la decepción de su beneficiario. Otras -sencillamente- tienen un precio. Se venden en el mercado de antigüedades junto a muestras numismáticas del siglo XIX o cámaras Leica octogenarias. Los compradores sopesan las medallas, le regatean al vendedor, para al final descartar o llevarse el frío metal que contiene tanto pompa como fracaso; esplendor y caída.

Rusofilia en Cuba, por Damaris Puñales Alpízar

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Bono de asistencia a la marcha del Primero de Mayo.
Bono de asistencia a la marcha del Primero de Mayo.

Bono de asistencia a la marcha del Primero de Mayo.20

En Soviet Cuba: Identities in Transition: Rusofilia en Cuba: Una mirada a través de la pintura de cinco artistas plásticos, por Damaris Puñales-Alpízar:

Por tercera vez desde el 2011, un grupo de artistas plásticos cubanos reunió a fines del año pasado una exposición de fotografías y de esculturas -con algo de instalación- sobre el tema ruso. De las dos primeras dimos cuenta en este mismo espacio (Ver From Moscow to Havana and back: Notes on the sentimental Soviet-Cuban community y La bota rusa: pinturas y esculturas de herencia soviética). La tercera exposición, titulada Carne rusa, fue presentada en noviembre del 2013 en la Galería Moya de la capital cienfueguera, en Cuba. A Alain Martínez, Juan Karlos Echevarría, Camilo Villalvilla, Rolando Quintero, que habían participado en las dos primeras muestras: Da Kantzá y La bota rusa, la primera en Cienfuegos a fines del 2011 y la segunda en La Habana a mediados 2013, se unió Luis A.P. Copperi.

Los títulos de estas tres exposiciones: Da Kantzá –До конца, que en ruso significa “hasta el fin”- La bota rusa y Carne rusa ofrecen una simbología semántica que traza, tal vez sin intención, una genealogía de las relaciones entre la Unión Soviética y Cuba:

1. Da Kantzá: La “sorpresiva” llegada de lo soviético a la vida de los cubanos: aunque las relaciones entre soviéticos y cubanos no eran extrañas del todo a la isla, pues datan de mucho antes de la entrada de los rebeldes en La Habana aquel enero de 1959, su presencia sí resultó sorpresiva, por lo masiva, a partir sobre todo de 1961, cuando el alineamiento a la URSS fue público. Si antes las relaciones entre ambos se limitaban a áreas muy específicas -recordemos, por ejemplo, las exhibiciones del llamado “cine de octubre” en la Universidad de La Habana; o las visitas de bailarines soviéticos a la isla; o las exposiciones artísticas en ambos países (1). La película Lisanka, de Daniel Díaz, del 2009, da cuenta a nivel ficticio de esa “extrañeza” que sintieron los cubanos ante la llegada intempestiva de los soviéticos. Poco a poco esta presencia fue calando casi todos los ámbitos de la vida diaria.

2. La bota rusa: este tipo de calzado, aunque luego sobrepasó el estrecho marco de lo castrense por las carencias materiales siempre presentes en Cuba -las botas rusas se usaban lo mismo para trabajar en el campo, que en la construcción, que para salir los sábados por la noche-, es la sinécdoque de la presencia militar soviética en la isla. Como se recuerda, tal presencia alcanzó su punto más peligrosamente álgido durante la llamada Crisis de octubre, o de los misiles, en 1962.

3. Carne rusa: además de convertirse en plato principal por antonomasia en unidades militares, becas estudiantiles y comedores obreros, las latas de carne rusa se convirtieron en sostén alimenticio fundamental de las familias cubanas. Con el tiempo, y con la desaparición de lo soviético de la vida cubana, el término “carne rusa” perdió su denominación de origen para significar cualquier tipo de carne enlatada. Así, por ejemplo, se conoció la carne rusa argentina.

La innegable persistencia de una poética de lo ruso en el imaginario creativo de muchos artistas y escritores cubanos, ha permitido que lo soviético/ruso haya sido resemantizado y reapropiado con significaciones diversas para la construcción de nuevas propuestas culturales. Los artistas plásticos que nos ocupan hoy, sin ser los únicos que han abordado el tema, sí lo han hecho de manera colectiva y sistemática, por lo que su propuesta estética es doblemente interesante. Desde miradas nostálgicas, irónicas y hasta burlonas, estos artistas -pertenecientes a lo que en otros espacios he propuesto llamar “comunidad sentimental soviético-cubana” constatan el hondo calado que tuvieron las tres décadas de permanencia soviética en territorio cubano y de cómo la estética rusa hizo parte de la educación sentimental de al menos dos generaciones de cubanos. Del mismo modo en que, hace casi un siglo, en el Brasil de 1928, Osvaldo de Andrade proponía una estética antropófaga, mediante una “absorción del enemigo sacro, para transformarlo en tótem”, lo soviético es digerido y procesado por la cultura cubana para atribuirle nuevos significados. Así, mediante la absorción y reinterpretación de lo soviético: su iconografía, su estética, su poética, la cultura cubana se desovietiza al proponer un nuevo producto cultural que no es ya soviético.

Leer post original.

h/t: Emilio García Montiel.

comunidades cerradas

Nuevos edificios construidos para el personal de las FAR

Nuevos edificios construidos para el personal de las FAR. Imagen tomada de The New York Times. 2014.

The New York Times: Cuba’s Reward for the Dutiful: Gated Housing:

In the splendid neighborhoods of this dilapidated city, old mansions are being upgraded with imported tile. Businessmen go out for sushi and drive home in plush Audis. Now, hoping to keep up, the government is erecting something special for its own: a housing development called Project Granma, featuring hundreds of comfortable apartments in a gated complex set to have its own movie theater and schools.

. . .

Project Granma and similar “military cities” around the country are Caribbean-color edifices of reassurance, set aside for the most ardent defenders of Cuba’s 1959 revolution: families tied to the military and the Interior Ministry. With their balconies, air-conditioning and fresh paint, the new apartments are the government’s most public gifts to its middle ranks and a clear sign of Cuba’s new hybrid economy, in which the state must sometimes compete with private enterprise.

. . .

Project Granma — named after the boat Fidel Castro took from Mexico to Cuba to start the revolution — is one of several new military housing developments around the country. Its equivalent in Santiago de Cuba, where the Castro revolution began, has come under fire from Cubans struggling in rickety homes damaged by Hurricane Sandy. But as an attempt to match the private sector, or life in other countries, it is perhaps no accident that the colors and architecture of the Granma, in the same neighborhood that Raúl Castro calls home, give it the feel of a Florida condo complex.

At its edge, there is a baseball field. Inside the gates, streetlamps resembling classic gaslights line the sidewalks, while cars, another perk, fill lots.

At a building with rounded archways, where a movie theater, market and health clinic are meant to go, one of the project’s engineers said several thousand people would eventually call Granma home. Sweating in green army fatigues, he praised the plan, noting its imported, prefabricated design that allowed walls to be assembled quickly, like puzzle pieces. He failed to mention what a security guard had pointed out: Most of the workers painting were prison inmates.

Leer el texto completo.

h/t: EthnoCuba.

literatura en bolsas de cemento

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Imagen tomada de Diario de Cuba

Imagen tomada de Diario de Cuba

Fragmentos de la reseña, publicada en Diario de Cuba, de P350, una revista de la que el escritor Orlando Luis Pardo Lazo dice que, “según se vaya poniendo dura, como el cemento original de su soporte, …se le atragantará en la garganta a más de un gamberro cubanesco de guayabera y buró”: ¿Cómo hacer revistas con bolsas de cemento?:

…La fiebre constructiva desatada en la nación, por la que los ciudadanos pueden edificar sus viviendas con esfuerzo propio, da lugar a las bolsas de cemento P350, un material de gran calidad para utilizar en exteriores, remendar una azotea o levantar una pared bien sólida. Estas bolsas, después de utilizadas, son desechadas por los constructores. Y acopiadas, recogidas por los “escritores” de la revista, en plan de reciclaje de un excelente papel kraft, llamado papel de estraza o cartucho. Las bolsas son lavadas, dobladas por la mitad y picadas de manera que conforman folios o pliegos.

El formato final resulta algo inhabitual y hasta incómodo a la hora de leer, pero es compensado por los textos, su potencial imaginario, delirante en algunos, de refinamiento emotivo en otros, obvios esquemas, humor, ironía, lirismo, fragmentación y hábil sintaxis en relatos visuales de gran impacto.

El experimento creativo P350 pone patas arriba el apacible y delicado reino de lo consagrado, se pronuncia contra el encartonamiento, el desfase, la desactualización, la falta de inmediatez.

Para el profesor Yornel, graduado de Artes Plásticas en Santiago de Cuba (2001) y del ISA (2007), con 15 exposiciones colectivas y seis personales, esta es una revista de poesía abierta a la poesía, es decir, a “esa fuerza primaria y sutil que conlleva todo acto creativo: no es una revista de poesía cubana, ni de un grupo X de poetas, no tiene una orientación ideológica a priori, no prioriza credo alguno, tampoco es un manifiesto ni nada de eso. No pretende establecer un discurso lineal, ni una filiación ideológica, estética o ética. Si algo se prioriza es un interés común hacia la apertura de pensamiento, de ideas, una cierta frescura”.

Ambiciosos, el listón lo han puesto bien alto, al pretender emular con el perfil visual y estético de revistas desaparecidas como OrígenesNaranja DulceAlburEnema , y el justo homenaje que le rinden a Diásporas. Justo y ¿oportuno?

……….

Vamos a recordar

A Mario Walpole, alumno preferido de Antonia Eiriz y cuyas obras de reciclaje llenaron una época en los años 70… A la editorial matancera Vigía, en los 80, artesanal e independiente en sus inicios, hoy muy institucionalizada y ya menos atractiva visualmente. A los Cuadernos Papiro… Y en la primera década del 2000, la convocatoria de mail-Art librada por el Proyecto Desliz, de la escritora Lizabel Mónica, donde se pedía “enviar en una hoja previamente estrujada, una muestra artística y/o literaria, acompañada por la dirección electrónica del autor (la hoja ha de estar firmada). Todas las obras se encuadernarán en un solo libro, cuya curaduría estará a cargo del equipo desliz. La edición colectiva será expuesta en un espacio cultural cubano. Se enviará a los autores una muestra digital del libro”.

A dicho concurso llegaron obras de todas partes del mundo y se expusieron, junto a computadoras con videos de arte, en la Casa de la Poesía, de la Habana Vieja, en evento que conjugó música, performances, recitales; todo un “suceso cultural”, como se decía entonces, con acogida total de jóvenes que llenaron el recinto hasta donde les fue permitido, pues en la segunda ocasión el mismo centro cerró sus puertas a una propuesta “independiente” como Desliz.

De similar o parecido sentido, abundan otros esfuerzos que marcaron la diferencia ante el adocenamiento, la falta de imaginación de la burocracia cultural.

Y en su libro Planet/Cuba: Art, Culture, and the Future of the Island (London: Verso, 2015), la profesora universitaria y crítico cultural Rachel Price dice, sobre este proyecto:

Revista P-350 (Journal P-350, 2009-10) is a series of artisanal artist-magazines, some made by [Yornel] Martínez, she by other artists, many produced collectively. All reuse materials and are drawn, written, painted, or composed of collages on repurposed bags that once contained P 350 Portland cement, the grade used by the military (it carries a fine if used by civilians, who are restricted to grade 250). Repurposing the bags thus puts them back into everyday circulation by artists and readers, while also raising the question of their origins. (P. 53)

Antiguo puente sobre el río Almendras y fábrica de cemento

Antiguo puente sobre el río Almendras y fábrica de cemento.

Parque Lenin

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Interior de restaurante La Faralla, en el Parque Lenin
Restaurante Las Ruinas, en el antiguo Parque Lenin. La Habana, 2013. Imagen tomada de la revista Arquitectura y Urbanismo.

Restaurante Las Ruinas, en el Parque Lenin. La Habana, 2013. Imagen tomada de la revista Arquitectura y Urbanismo.

Tomado de la revista Arquitectura y Urbanismo vol XXXIV no. 1/2013 (h/t Arquitectura Cuba):

El Parque Lenin fue concebido en 1969, durante una visita que hiciera el presidente Fidel Castro a la vecinapresa Ejército Rebelde, en aquel entonces en fase determinación. Aunque las primeras obras comenzarona funcionar desde 1971, no fue hasta el siguiente añoque quedó fijada su inauguración.El Parque forma parte de un complejo paisajísticopropuesto para el sur de la ciudad de La Habana, con elobjetivo de fomentar la recreación sana de la poblacióny aumentar el escaso índice de áreas verdes per cápitaheredado de épocas anteriores.La zona seleccionada, comprendida entre la calle 100,la Calzada de Bejucal, la carretera de El Globo y la hoycarretera a Expocuba, en el municipio Arroyo Naranjo,abarcaba unas 670 hectáreas, y estaba integrada ensu mayoría -con excepción de dos grandes fincas: PasoSeco y Cacahual-, por pequeñas parcelas dedicadas alautoconsumo de los campesinos de la zona, por algunasvaquerías y por tierras improductivas.El equipo designado para realizar el proyecto estuvodirigido por el arquitecto Antonio Quintana e integradopor los también arquitectos Mario Girona, Juan Tosca,Joaquín Galván, Selma Soto, Hugo D’Acosta, MercedesÁlvarez, Thelma Ascanio, Sara Blumenkranz y Rita MaríaGrau, entre otros.

Además del diseño naturalista que protagonizabael concepto del parque, fue creado un conjunto deinstalaciones gastronómicas, recreativas y culturalespara complementar el complejo. Entre las gastronómicasse destacan los restaurantes Las Ruinas, La Farallay Los Jagüeyes; las cafeterías Infusiones 1740 y ElGalápago de Oro; así como un total de trece quioscosdiseminados por el parque. Entre las recreativas yculturales son significativos el acuario en forma deespiral y el anfiteatro al aire libre con pista flotantesobre el embalse de agua.

Restaurante Las Ruinas

Concebido como una instalación de lujo, esterestaurante se levantó sobre los restos de una edificaciónque existía en el área seleccionada. En su arquitecturase destacan los elementos prefabricados de ortogonalgeometría que se superponen unos a otros formandodiversas tramas espaciales, que llega en algunosmomentos a ser más aparatosa que escenográfica(Figura 3). La estructura partió del sistema ideadopara el parque, pero con la adición de una ampliagama de elementos atípicos que permitió la grandezaarquitectónica que se pretendía para esta obra.
Así se mezclan la compleja estructura prefabricada de hormigón armado,con vitrales y rejas de ascendencia tradicional. Posee pisos de mármoles,carpintería de maderas preciosas y un mobiliario de estilo que incluyó variaspiezas extraídas directamente de casas abandonadas por sus propietarios*, así como la reproducción de otras tantas que seguían modelos de probadafrescura y fortaleza. Las barandas del piso alto, las de la escalera y las delos balcones, fueron trabajadas con herrería forjada que, de igual manera,reproducen modelos de la arquitectura colonial.
En la actualidad, el restaurante funciona solamenteen su planta baja; el nivel superior está desmanteladoy cerrado al público, en espera de una próximarestauración. La exquisita carpintería del edificio,concebida de piso a techo con tablillas francesas, estáen mal estado y para su cierre se emplean objetos ajenosal diseño original, lo que ofrece una imagen inapropiada,de abandono y falta de sensibilidad. El mobiliario delbar, que en sus inicios estaba integrado por mesas contapas de mármol y reproducciones de sillas Thonet,ha sido sustituido por ejemplares plásticos, cubiertoscon manteles baratos que desentonan con el lujo queaun se manifiesta en la instalación. Las lámparas devidrio emplomado que complementaban el área todavíaexisten, pero indudablemente no forman parte del actualdiseño del espacio interior. Las terrazas, donde otrorase exhibían juegos de muebles coloniales de hierrofundido, hoy están desamobladas o poseen mobiliarioplástico.
Restaurante La Faralla

Esta sugestiva instalación fue diseñada por losarquitectos Juan Tosca y Selma Soto con el empleo delsistema constructivo ya mencionado. Fue concebidacomo un restaurante de autoservicio al cual se accedepor una amplia escalinata de losas prefabricadas…
En el portal, la presencia de varios juegos demobiliario confeccionados íntegramente con la palmareal como materia prima, le otorgaba al sitio unambiente bucólico y familiar. Los servicios sanitariosfueron ubicados al exterior en cabina independiente,con el objetivo de que pudieran ser usados por otrosvisitantes del parque. Todo el basamento delrestaurante fue recubierto con la piedra local y estabarodeado de áreas verdes, caminos de cemento y murospétreos que alternaban con elementos del mobiliariourbano.
La Faralla fue un sitio de habitual selección paraaquellos que llegaban al parque. Su peculiar fachada,el contacto con la naturaleza y la excelente ofertagastronómica, hacían del mismo una opción congarantía. En la actualidad, el restaurante y los serviciossanitarios están cerrados y con muestras evidentes dedeterioro; no posee mobiliario y sus áreas exteriorespresentan un notable abandono.

Restaurante Los Jagüeyes
Este restaurante, también de autoservicio, eraotro de los más frecuentados por las familias que enépocas pasadas acudían al Parque Lenin en busca de unalmuerzo dominical. Fue proyectado por Andrés Garrudoy Thelma Ascanio, quienes utilizaron la losa típica delparque tanto para cubiertas como para la estructura ylos cierres verticales. Rodeado de un agradable bosque,levanta su imagen nívea y bien proporcionada sobre unbasamento de la ya mencionada piedra local…
Hoy en día la imagen del restaurante ha cambiadobastante: la estructura del inmueble no ha recibidoatención en muchos años, por lo que presenta manchasde humedad y suciedad; en las luminarias del techo,todavía con su diseño original, no hay ni un solobombillo; los muebles están despintados y adolecen dela falta del mantenimiento general tan necesario en unainstalación gastronómica. Los exteriorestambién están abandonados, y para proteger el edificiocontra el vandalismo se han colocado rejas a ventanas ypuertas con un diseño discordante.La dudosa higiene, la desidia y el descuidado aspectode los empleados, producen un efecto negativo en lospocos usuarios que se arriesgan hoy en día a llegarhasta ese intrincado lugar en busca de una comidarápida y económica.
Cafetería El Galápago de Oro

El arquitecto Mario Girona resolvió el gran techopara esta cafetería de autoservicio con el empleo de laestructura de una antigua vaquería existente en el lugar.Las columnas originales fueron embebidas en pesadospilarotes enchapados en la piedra local y la cubierta fuerodeada de un ancho pretil con gárgolas que jalonan elperímetro de la instalación. La decoracióninterior, en un lenguaje rústico y sencillo, fue resueltacon redes de soga y otros materiales naturales quecomplementaban armónicamente la arquitectura de lainstalación, sin llegar a sobrecargarla.Hoy, el gusto kitsch invade el establecimiento: lassogas, redes y otros materiales rústicos han sidosustituidos por cercas de alambrón y planchuelasornamentales pintadas en vivos colores, y la gráfica yotros elementos decorativos discrepan con el discurso original. Afortunadamente, el simpáticomural exterior que enmascaraba el acceso a las áreasde servicio, obra del artista Reinaldo López Hernández,se mantiene en buen estado, así como la jardinería y loscaminos exteriores.
Quioscos

Los quioscos también fueron diseñados con el empleodel elemento prefabricado que caracteriza el parque, ysu concepción como un objeto abierto, espacioso y de justa proporción, se integraba con acierto al paisajecreado en la zona. Fueron distribuidos equitativamenteen las áreas del parque, entre bosques, cercanos a lasvías y a orillas de senderos, de manera que la ofertagastronómica llegara a los más distantes lugares de lainstalación. En las primeras décadas de vida del ParqueLenin, estos quioscos eran los únicos en toda la ciudadque ofrecían una variada gama de confituras, refrescos,y otras golosinas, los cuales se podían alcanzar despuésde una larga y no siempre bien organizada cola. Tambiénlos quioscos fueron pintados en color blanco para dialogarcon el resto de las construcciones y representaban enmedio del paisaje verde un puesto para el descanso y eldiálogo más cercano. En la actualidad, los quioscos seencuentran prácticamente desiertos. Su imagen originalha cambiado, con un color y una gráfica inadecuados.
El Acuario

Esta instalación fue concebida para peces de aguadulce, y su diseño original en forma de espiral permitiósu localización en un terreno relativamente pequeño. Eneste sugerente proyecto la arquitecta Thelma Ascaniono empleó el sistema constructivo utilizado en el restode las edificaciones del parque, y en su defecto creó otragama de componentes prefabricados para darle formaal supuesto caracol.El acuario brinda al espectador la posibilidad de unrecorrido largo, pero agradable: las peceras ocupan unapared de la senda mientras que la otra queda matizadapor los colores de luminosos vitrales.
El Anfiteatro

Quizás una de las edificaciones más atractivas delParque Lenin lo fuera el anfiteatro con un escenarioflotando sobre el embalse de agua que centra elcomplejo. Proyectado por Hugo D´Acosta y MercedesÁlvarez, esta obra constituyó un tributo tropical a losanfiteatros griegos y romanos. Los asientos para elauditorio fueron construidos con bloques de piedracaliza tallada en forma de sillas y butacas, y entreellos crecía la hierba en forma controlada a modo deambientación natural. Se dice que las piedrasutilizadas para esta construcción fueron sobrantesde la construcción del Capitolio Nacional, pero espoco probable que sea cierto, ya que el Capitolio fueconstruido con piedra de Capellanía y las que integranel anfiteatro no lo son.El escenario flotante de esta instalación constituyóen su momento una novedad, ya que era una balsametálica, con tecnología teatral, construida por primeravez en el país. Las funciones nocturnas en este enclavefueron muy acogedoras, descontando el agobio queproducían los siempre impertinentes mosquitos.
En la actualidad, el anfiteatro también ha sido víctimade la desidia. Sus cabinas tecnológicas, serviciossanitarios y otras instalaciones complementarias, todasterminadas en piedra, se encuentran abandonadas,han sido saqueadas y están llenas de desperdicios. La balsa permanece herrumbrosa en susitio original, en el cual el protagonismo de las plantasacuáticas y los desperdicios empaña la transparenciade las aguas.
Conclusiones

El complejo recreativo cultural Parque Lenin fueun ejemplo notable de arquitectura ligada al paisaje,fiel representante de las aspiraciones de la sociedadcubana a principios de la década de 1970. En su creaciónparticiparon los más destacados profesionales cubanosde la época bajo la orientación precisa de Celia SánchezManduley. Aunque puede ser criticable su conceptoproyectual, en función del automóvil, sin caminos oaceras para la circulación de peatones; y su ubicaciónen las afueras de la ciudad, en una zona de difícil accesopara la mayoría de la población, en su diseño aunó piezasarquitectónicas de gran valor, que aun hoy día constituyenun locuaz testimonio de los tiempos en que fue creado.También es digna de destacar la calidad constructivacon que contaron los edificios y el paisaje artificial, y laelegancia y mesura en la decoración de los interiores,en los cuales se supo caracterizar cada una de lasinstalaciones con un mobiliario adecuado a la funciónque desempeñaban, que incluyó hasta el vestuario delos empleados.Hoy en día el carácter primitivo del parque se ha perdidocasi en su totalidad. Varias de las instalaciones másdemandadas están cerradas, abandonadas o carecende mantenimiento. Las que aun funcionan incorporanun cuestionable lenguaje kitsch en la gráfica y en laambientación general de sus espacios, que desentonancon el lugar y des caracterizan la arquitectura. Por otrolado, el paisaje prístino está contaminado con kioscos,parrilladas y otros servicios de carácter provisional,que sumados a la música que se amplifica y a la ventade cervezas y bebidas similares vulgarizan el entornorecreativo y atentan contra la concepción de uso familiarque tuvo en sus orígenes…
Leer el artículo completo y ver imágenes aquí.
Interior de restaurante La Faralla, en el Parque Lenin. Imagen tomada de la revista Arquitectura y Urbanismo. 2013.

Interior de restaurante La Faralla, en el Parque Lenin. Imagen tomada de la revista Arquitectura y Urbanismo. 2013.

Según Damaris Puñales-Alpízar, “en el año 2007, la parte del complejo Parque Lenin dedicada a las diversiones fue nombrada Parque Mariposa, tras ser renovado y rediseñado por una compañía china. Para el 2011, todo el complejo adoptó el nombre de Parque Mariposa, en sustitución a Parque Lenin” (De la materialidad soviética: sus huellas e implicaciones, publicado en La Habana elegante ya citado en Cuba Material).

inventos (video)

 

Video de Jorge Gautier. 2009:

Luchando con los cacharros en Cuba, en este caso un Ford del año 1955 con caja mitsubishi, adaptandole una direccion y embrague de furgoneta hyunday H1, tambien tiene carburador de lada, motor de Ford Falcon del 1977, y un montón de adaptaciones más. Este video está en alta definición Full HD así que se puede ver en toda su calidad pulsando el boton HD o HQ en la parte inferior derecha de la pantalla del reproductor.

probetas de concreto

Probetas
Nuevo Vedado, 2013

Nuevo Vedado, 2013

Texto de Ernesto Oroza en La alcancía del artesano:

La probeta de hormigón (concrete test specimens) es un objeto asociado tecnológica e históricamente a la arquitectura moderna. En Cuba se han acumulado cientos de miles por toda la isla en los últimos setenta años y el conjunto de esta totalidad conforma un estrato reposado y abstracto, un sedimento geológico de hormigón que diagrama el suceso de la modernidad y la implementación de la industrialización en la arquitectura cubana.

El objeto se produce para evaluar y controlar la producción del hormigón ya sea en la fábrica o durante la construcción (in situ) de una obra arquitectónica o ingenieril. Cuando se producen durante el proceso de edificación se usan muestras que comparten similares condiciones con el material empleado en la construcción. Para esto se toman porciones de la mezcla preparada y se vierten en los moldes cilíndricos (metálicos) de los cuales resultan las probetas.
Antes de extraer el cilindro resultante del molde se graban en una de sus caras circulares los códigos de la producción y la fecha del día. Estos datos distinguirán por siempre a la probeta de las otras producidas allí ese día o en cualquier otro lugar y tiempo. Las muestras se secan y curan para evaluarlas posteriormente y constatar la calidad del mortero, la homogeneidad, el peso y la potencial resistencia a distintas presiones y factores ambientales. Las probetas producidas en la fábrica se prueban después de dos meses y medio (72 días) de curadas y las creadas en el lugar de una construcción se prueban rápidamente para responder a la inmediatez del proceso productivo.

Se puede pensar que en algunos casos las probetas condensan el material empleado en los edificios, en otros casos, el material discriminado, la mezcla que fue excluida de los inmuebles. …

Creo que las cifras marcadas en los cilindros, las fechas y otros signos en sus caras circulares, completan la función indicativa en la urbe de los procesos constructivos desarrollados en los últimos decenios.  Por un lado estas fechas se consagran a una epifanía. Al instante milagroso de la dosificación perfecta, a proporciones ideales de agua y cemento, a temperaturas precisas de secado, a un clímax inmejorable de homogeneidad y fusión. Por otro lado estas fechas tienen una latencia biográfica. He buscado por años una que tenga mi fecha de nacimiento. Creo que al menos habrá una en toda la isla y esa probeta probable es también un índice de mi resistencia, o de mi falta de esta. He buscado insistentemente en las probetas que rodean los jardines del Ministerio de la Construcción efemérides marcadas en el cemento húmedo de la historia nacional: miércoles 31de diciembre de 1958, el sábado 15 de Abril de 1961, el martes 15 de Abril de 1980. ¿Será que esos días  no se construyó nada?  He encontrado muchas que parecen menos significativas pero resultan igual de inquietantes porque pueden apelar a historiografías no hechas, a eventos oscuros no contados, a días que solo se nombraron en un cilindro de hormigón: ¿que habrá ocurrido el domingo 30 de Julio de 1972 o el miércoles 13 de Mayo de 1981? Creo que este cilindro tiene una potencialidad enorme para fecundar y constituir diversas nociones historiográficas y sugerir nuevos umbrales especulativos.
Sin duda el conjunto de estos cilindros, desde el primero que se fabricó en la isla hasta el más fresco pueden erigir un museo de la arquitectura moderna cubana. …Los hacedores de este museo no deben ser arquitectos, creo ellos no son los versados en el uso de esta materia, los expertos son los vecinos de los edificios hechos por arquitectos. Las amas de casas que adoran sus jardines, los agricultores aficionados, los adornadores de cuadras, los que han construido con probetas los muros de sus baños improvisados. En este sentido el museo será también un índice de todos esos usos que de la probeta se han hecho en la ciudades cubanas y del mundo. Porque este pudiera ser también un museo internacional. …

Ernesto Oroza, Schöneweide, 2011

Vedado, 2013

Vedado, 2013

compra y venta de casas

Casona en la esquina de las calles 8 y 11
Casona en la esquina de las calles 8 y 11

Casona en la esquina de las calles 8 y 11 en el Vedado. Foto 2002.

Cuando visité Cuba en el año 2012, una vecina me comentó que estaba vendiendo su casa, una propiedad de dos pisos de arquitectura modernista en el barrio de Nuevo Vedado, con sótano sin construir y amplio patio de tierra. La casa en cuestión tiene, en la planta principal, una cocina pequeña, la sala, el comedor, una terraza trasera, un baño para invitados, y un car porch. En la planta superior se ubican los tres cuartos y dos baños de tamaño promedio. Uno de los cuartos tiene un balcón que da a la calle. Mi vecina aspiraba a venderla por 350,000 CUCs.

Por aquellos días también supe que una casa de dos pisos en el municipio Playa, sin patio, pero en excelente estado de mantenimiento, se vendía por un millón de CUCs. Me fui de Cuba con la impresión de que, tras más de 50 años sin un mercado inmobiliario libre, los cubanos se acercaban a éste como a la lotería. Por lo general, te pasas toda la vida comprando uno o dos billetes sabiendo que es poco probable que algún día te ganes el premio principal. Del mismo modo, para muchos dueños de viviendas poner en venta sus propiedades no era un negocio que pensaran cerrar en un plazo más o menos razonable, sino algo así como la compra de un billete de lotería, una botella que lanzaban al mar con la esperanza de que quizás algún día les tocara la suerte de dar con el comprador de sus sueños. A menos que se necesitara el dinero para salir del país, en cuyo caso los precios dejaban de ser escandalosos, lo demás era un juego de azar.

Cuando regresé al año siguiente, mi vecina aún vivía en su casa (todavía, creo, vive allí), y la del municipio Playa también seguía a la venta. Otras casas habían salido al mercado con precios que superaban el millón. Ese verano acompañé a una amiga de la infancia, que quiere cambiar su apartamento del Vedado por una casa más grande con terreno, a visitar algunas de las casas que se encontraban en venta. La casa de sus sueños posee las mismas habitaciones que la de ella, sólo que mucho más amplias y tiene, además, patio. La diferencia entre el precio que ella aspira a conseguir por la suya y la que desea son más de cien 100,000 CUCs. Este año acaba de apagarlos, sólo porque sus hijos puedan jugar en un patio antes de que terminen de crecer.

Sobre el mercado inmobiliario en Cuba, en Financial Times: Cuba: Home of the World´s Oddest Property Market:

It’s only 9am but it’s already 33C on the Malecón, Havana’s corniche, and my brain feels like a conch fritter. I’ve come to meet a man who we will call Rafael – because that’s his name. But that’s the only part of his name he is prepared to reveal. Rafael is an estate agent but he does not want anyone to know it. “Being an estate agent is illegal here,” he says.

(…)

Rafael, 44, wants to show me a penthouse for sale. He says it is worth $2.5m but no one, not even he, really knows the right price because no one has bought or sold houses here for 54 years. “The market changes wildly every day. It’s emotional,” he smiles.

If we do agree a price, Rafael will advise me not to buy the penthouse in the normal way. Instead, to avoid tax, I should pay him a nominal amount locally, say 20 per cent, and “deposit the rest in an account in Spain, please”. I must not talk about the true price because, under new laws, anyone caught lying about the price of property goes to prison. Also, I must not reveal the name of the lawyer who does the paperwork because working as a private property lawyer is illegal.

Undercover estate agents? A legal system that is illegal? Jail for lying about house prices – which everyone the world over does? Welcome to the oddest property market in the world. Welcome to Cuba.

(…)

First-in-a-lifetime buyer Guillermo Rey stands next to the scruffy portico of a four-bedroom, three-bathroom house in Vedado, Havana’s most high-end, fashionable district. The price, says the owner Rosa Marin, is 350,000 CUC, or convertible pesos, Cuba’s hard currency, which is roughly equivalent in value to the US dollar. She is selling because she wants to move into a smaller property “and buy my daughter a car, a good one, a Lada”.

(…)

Other overseas investors get around the restrictions by giving money to a Cuban friend, or more often, girlfriend, to buy a property – although, when the deal is completed, some swiftly discover that their girlfriend is no longer their girlfriend. “I took a risk and it failed,” sighs one Dutch-born investor, whose $400,000 “home” in the fashionable Kholy western suburbs is now home to his former girlfriend and her extended family who cannot believe their luck – and his naivety.

Descargar el texto en PDF aquí.

h/t InCubadora.

escultura monumentaria

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Monumento a La República. Salón de los pasos perdidos
Monumento a La República. Salón de los pasos perdidos

Monumento a La República. Salón de los pasos perdidos, Capitolio de La Habana. 1931.

En Diario de Cuba: De Ho Chi Min a los espías atómicos:

Cada vez que transito, y lo hago bastante a menudo, por el Parque Acapulco, en la Avenida 26, me resulta chocante el monumento en honor a Ho Chi Minh, colocado como un emplaste en su esquina con la Calle 37. No es que esté en contra de que exista un espacio que recuerde al líder vietnamita, ya que aquí hay espacios hasta para personajes desconocidos por la mayoría, incluyendo los denominados “espías atómicos”, condenados y ajusticiados durante la Guerra Fría en Estados Unidos, sino que el busto, de dorado brillante, y la pirámide esquelética que lo sostiene, no tienen nada que ver con el diseño del parque, con el entorno en que se encuentran y, mucho menos, con el Nuevo Vedado. Es más, no entiendo qué relación existe entre la pirámide y este país asiático: las pirámides, corresponden, principalmente, a las civilizaciones asentadas en Egipto, México y Centroamérica.

Construido en tiempo record por una brigada de Comunales, con el objetivo de agasajar a un importante dirigente vietnamita que visitaría el país, el diseño y ubicación del busto del camarada Minh respondieron a una decisión eminentemente política de carácter coyuntural, sin tener en cuenta la opinión de especialistas en urbanística ni de los vecinos del lugar, si es que fueron consultados, lo cual, a todas luces, parece improbable.

El hecho recuerda una situación similar, cuando también debido a una coyuntura política se ordenó buscar un oficial de origen chino que hubiera participado en la Guerra de Independencia, y pintar a toda prisa un óleo del mismo, para colocarlo en el salón del antiguo Palacio de los Capitanes Generales, donde se encuentran los de importantes próceres, ante la visita inminente del importante dirigente asiático. La pintura fue colocada, aunque para el momento de la visita no había secado totalmente.

Casos parecidos ocurrieron con el General Carlos Roloff, que aquí se considera de origen polaco, y con el Brigadier Henry Reeve, de origen norteamericano, el cual se sacó del olvido para darle apresuradamente nombre a una brigada médica cuando el huracán Katrina, con el objetivo de enviarla a atender a damnificados en Nueva Orleans, algo que nunca sucedió, pues el gobierno de Estados Unidos ni la solicitó ni la aceptó.

No existen dudas de que nuestras autoridades son adictas a estos homenajes y monumentosad hoc, siempre y cuando reporten algún tipo de ganancias. No debe olvidarse el caso del Parque Lenin, para congratular a los soviéticos, cuando estos eran considerados nuestros “hermanos mayores” y gozaban hasta de espacio propio en la Constitución; el del Teatro Karl Marx, en relación con el movimiento comunista internacional y los alemanes de la extinta RDA; la silla-trono ofrecida durante la ya lejana visita del Rey de España, Don Juan Carlos, no aceptada por éste, también en el Palacio de los Capitanes Generales; y la restauración, en el mismo viaje, del apartamento donde había residido el abuelo del Presidente del Gobierno José María Aznar, en la calle San Lázaro.

También nuestro José Martí ha sufrido estos homenajes, con su busto reproducido en serie, colocado en los lugares más absurdos, desde la entrada de un comercio en moneda libremente convertible (CUC), hasta el lobby de un hotel, un taller de reparación de bicicletas, un club o, simplemente, una esquina llena de malezas de cualquier calle. Esto, sin contar los colocados a la entrada de edificios multifamiliares.

Tampoco deben olvidarse las lamentables esculturas del propio Martí en el “tontódromo” antiimperialista y las de algunos personajes latinoamericanos en la Calle G, la antigua Avenida de los Presidentes, cuando la tradición era la de colocar bustos de mandatarios extranjeros en el Parque de La Fraternidad, a un costado del Capitolio, y no en esa Avenida del Vedado

Siguiendo la costumbre, no deberá sorprendernos la aparición, mucho más temprano que tarde, de algún homenaje dedicado al desaparecido presidente bolivariano Hugo Chávez, considerado por las autoridades “el mejor amigo de Cuba”.

Nada, que cuando el respeto a las figuras históricas se diluye y se les rinde homenaje festinadamente, utilizándolas como una especie de moneda de cambio, según dicten las circunstancias políticas, suceden y sucederán éstas y otras aberraciones.

petrocasas (video)

Designing Post-Communism, exposición

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En julio del 2012 tuvo lugar en la Collage Gallery, en Coral Gables, Miami, la exposición Designing Post-comunism: Recent Political Imaginaries in Cuban Contemporary Art. Al respecto, comenta el blog Los lirios del jardín:

La exhibición “Designing Post-Communism: recent political imaginaries in Cuban contemporary art” intenta pensar este cambio paradigmático dentro de la cultura contemporánea desde la experiencia singular de la Revolución Cubana. Los cuatros artistas que figuran en la muestra – Ezequiel Suárez, Filio Gálvez, Hamlet Lavastida, y Rodolfo Peraza – experimentan con la historia y los imaginarios socialistas desde prácticas estéticas disímiles. Obras como un videojuego que expone la moralidad pedagógica del “hombre nuevo”, fotografías sobre las ruinas soviéticas ocultas de la Habana, emblemas y discursos reapropiados de la propaganda socialista de los sesenta, son algunas de las estrategias por las cuales estos artistas trabajan con los restos de la utopía.
Curada por Gerardo Muñoz, esta exhibición busca articular la relación entre los imaginarios socialistas y sus respectivas reconstrucciones desde el arte contemporáneo a través del diseño y las ideologías políticas. (…)

Cuba Today: A Soviet Inventory, exposición

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Damaris Puñales-Alpízar, profesora asistente de la facultad de lenguas modernas de Case Western Reserve University y autora del libro Escrito en cirílico: El ideal soviético en la cultura cubana post-noventa (Editorial Cuarto Propio, Dic. 2012), organizó en el 2012 una exposición fotográfica sobre las huellas soviéticas en La Habana contemporánea en Case Western Reserve University. El siguiente texto fue leído en la inauguración:

The first thing that I have to ask you is that, please, do not judge me as a photographer because I am not. The pictures that you are going to see today, and hopefully, also in the next few days, are part of my research. When I was researching about my topic, the Soviet influence in the Cuban cultural production after the nineties, I realized that there are still a lot of physical traces of the Soviet presence in Cuba. And I started wondering what these physical objects meant to the formation of the Cuban identity. That’s why I started photographing the objects that you are seeing today –and in that sense I am really grateful to all the persons in Cuba who opened the doors of their houses and allowed me to take pictures of their personal belongings. My final inquire here is how the materiality is intertwined with the Cuban identity after the 90s.

As many of you know, Cuba and the Soviet Union had a strong relationship for more than 30 years, from the 60s until the collapse of the Soviet Union in ‘91. These 30 years of relations between the two countries meant not only economic, political and, of course, ideological ties but also a cultural relation that covered basically every aspect of the Cuba life during those years. In a sense, we can say that in those days, or at least in most of them, Cuba was kind of isolated in relation to the rest of the world. The main ties were with the Soviet Union and other countries from the Socialist block, so this isolation and the consumption of symbolic and material Soviet goods allowed the formation of an identity that is in so many ways linked to the Russian heritage.

At least two generations that were born and educated during those Soviet years in Cuba, became adults after the end of the Soviet Union, or close to its end. I have labeled that group of Cubans a sentimental community because all the memories from their childhoods are directly connected with the soviet experience. This is a community formed by Cubans born and educated on the island between the 60s and the 80s, who studied Russian language and literature, watched Soviet cartoons and movies, and in many cases, went to the Soviet Union to study.

In the pictures here, I wanted to also present the artistic work of some of them, so you can have an idea of how much the Soviet influence is present in their cultural production. As it is obvious in these framed images, and also in some of the books that are on display, daily contact with the Soviet experience produced an aesthetic where the use of Soviet references is frequent. This Soviet aesthetic includes literature, cinematography, music, theatrical performances and even online sites. This presence appears not just as physical traces but also as the representation of a nostalgic space and as the allegory of an identity in transition.

The objects you are going to see in these photos are still in use in Cuba. How have these objects constructed a historical identity related to the former Soviet Union and how do they work as symbols of that identity? Is it possible to talk about cultures in suspension taking into consideration that many of these objects work only as an empty shell that it is necessary to fill now?

I hope this exhibition opens a debate about these and many other questions regarding cultural formations in different societies.  I believe that these pictures will work as a perfect complement to the research I have been doing during the last few years. They will illustrate many of the main points I address in my work as literary critic. This exhibition is an example of an innovative approach to literary and cultural criticism, usually confined to academic articles to be read only by scholars working on a specific topic. My project goes beyond traditional ways of thinking about cultural production because it becomes a cultural production itself. The debate and discussion that I hope it will open will help me to advance my research and to incorporate the results of the debates into my analysis.

Since this project is based on the intercultural relations between Cuba and the former Soviet Union, it opens a space to discuss how different societies are configured differently. It will work as a snapshot of a period of time: the decades between the 60s and the 80s, and how those decades have influenced, modified and shaped contemporary Cuban society and cultural production. Cuba, so close to the United States, remains unknown in many aspects to our students and communities. This exposition will function as a starting point to allow a wider vision of Cuban society, its history and its day–to–day problems…

Tomado de Soviet Cuba: Identities in Transition.

Botica Francesa de Matanzas

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Botica Francesa de Matanzas
Botica Francesa de Matanzas. Imagen tomada de Cubadebate.

Botica Francesa de Matanzas. Imagen tomada de Cubadebate.

En Cubadebate: La botica francesa de Matanzas:

Única de su tipo en el mundo, la Botica Francesa del Dr. Triolet, hoy Museo Farmacéutico, se preserva como una de las joyas más valiosas de los matanceros.

Patrimonio de Cuba desde el 2007, Premio Nacional de Conservación al siguiente año y propuesta para ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Botica Francesa del Dr. Ernesto Triolet se describe como uno de esos espacios mágicos que marcan a las personas para toda la vida.

Esa fue la impresión que tuve cuando conversé con Marcia Brito Hernández, su directora; una mujer sencilla y risueña, que por más de 30 años ha llevado consigo la responsabilidad de resguardar las excepcionales piezas de esta droguería.

A cada una de sus respuestas le antecedían suspiros y, más que sus palabras, alcancé a tomar en mi libreta de apuntes toda la información contenida en el brillo de sus ojos, el tono entusiasta de su relato y el amor que inundaba el segundo piso de un recinto pequeño, pero acogedor.

“Estamos en la única botica francesa que se conserva completa en el mundo”, así inició una conversación que hubiese tardado miles de horas, si el tiempo me lo hubiese consentido.

“Todas sus colecciones son originales y fueron adquiridas por los dueños para la misma. Los medicamentos que son mostrados en la colección fueron elaborados aquí (…) Antes existían dos líneas de comercialización: productos que se importaban de laboratorios de España, Francia, Alemania y Estados Unidos, por citar algunos países, y que son piezas muy especiales y de un enorme valor, y medicamentos que se preparaban en este lugar y quedaban registrados en los libros de asentamientos de recetas. Estos documentos son trascendentales, porque te indican, por fecha, la cantidad de recetas que se hacían y que médicos las formulaban, son libros muy importantes (…) Además de la relevancia de su instrumental, completamente artesanal, anterior al siglo XX y que estuvo en funcionamiento hasta el 16 de enero de1964″, expresó Brito al referirse a los valores que distinguen el lugar.

UN POCO DE HISTORIA

La Botica fue fundada el 1 de enero de 1882, en la antigua Plaza de Armas de la ciudad de Matanzas, por los doctores en Farmacia Juan Fermín Figueroa y Ernesto Triolet Teliebre, amigos que se convirtieron en parientes, luego de que María Justa de Figueroa, hermana del primero, contrajera nupcias con el doctor Ernesto Triolet.

A la muerte prematura de Justa, Triolet se casó con la hija de Figueroa, Doña María de los Dolores, la primera mujer cubana que recibiera el título de doctora en Farmacia en 1886, y con la cual fundó una familia de artistas y científicos.

Durante los años que funcionó como farmacia fueron preparadas más de 150 fórmulas, entre las que se destacan los jarabes, tinturas, pomadas, esencias, elixires, ungüentos y píldoras, entre otras.

El emblemático lugar, exponente de la arquitectura neoclásica doméstica de fines del siglo XIX, se nacionaliza el 23 de noviembre de 1963 y continúa su trabajo, hasta su cierre, en enero de 1964. El primero de mayo del mismo año reabre sus puertas, esta vez, como museo. A su cargo estuvo, durante los primeros diez años, el hijo menor del matrimonio, Ernesto Triolet Figueroa.

“La humanidad entera estará en deuda con la familia Triolet Figueroa porque ellos lo dejaron todo tal cual estaba. Se nacionalizaba el negocio pero los bienes eran propiedad de los dueños; pero gracias a Julio Le Riverend y otro grupo de personas se logró que la Botica no pasara al Ministerio de Salud Pública, sino a Patrimonio, y es ahí que se decide convertir en el primer Museo Farmacéutico de Latinoamérica”, expresó Marcia.

ostalgia

Stand de Chamakovic en la feria Arte en la Rampa. 2013. Imagen tomada de OnCuba.

Stand de Chamakovich en la feria Arte en la Rampa. 2013. Imagen tomada de OnCuba.

Se conoce por ostalgia la nostalgia por las cosas de Europa del Este, socialista. Se trata de un acrónimo de Ost, que significa oriente, nombre con que los alemanes occidentales se referían a la Alemania Oriental, y nostalgia. En los últimos años ha venido tomando forma en el imaginario cubano alusiones y referencias, con cierta carga nostálgica, a objetos del pasado socialista. La mayor parte de estos referentes, curiosamente, pertenece al mundo de la infancia.

Stand de Chamakovic en la feria Arte en la Rampa. 2013. Imagen tomada de OnCuba.

Stand de Chamakovich en la feria Arte en la Rampa. 2013. Imagen tomada de OnCuba.

En OnCuba¡Nu, Pogodi! Regresan los Muñequitos Rusos…:

Darwin Fornés no está demasiado seguro de que la creatividad tenga que ver con los tiempos, aunque reconoce que las circunstancias sí influyen, y las actuales le ayudaron a materializar una interesante idea: el Proyecto Chamakovic…

Efectivo neologismo que combina el cubanísimo “chamaco” con el patronímico ruso “kovic”, el nombre mismo del proyecto propone un viaje sentimental a la niñez de varias generaciones de cubanos, en particular los marcados por los vilipendiados –y ahora añorados– “muñequitos rusos”…

Volk y Záyats (El lobo y la liebre), el perro Rex, la insufrible Orejitas a Cuadros, Bólek y Lólek y aquellos dos niños sentados espalda con espalda en nuestras viejas libretas de primaria, saltan de los televisores Krimm y Caribe a los pulóvers y jabas artesanales que vende Chamakovic en la feria comercial Arte en La Rampa.

El taller de serigrafía René Portocarrero produjo esta idea de Darwin, inspirada en la popularidad que aún tienen dichos muñequitos, que no eran todos precisamente rusos. Todo comenzó cuando Darwin se unió a un grupo de Facebook que compartía imágenes de aquellos personajes, y comprobó las emociones que aún provocaban.

Me pareció que esa nostalgia podía funcionar, porque funcionó en mi. Es todo un fenómenos social y generacional, hay blogs, comunidades, íconos, hasta los huevos sorpresas tienen una línea dedicada a esos animados”, contó Darwin a OnCuba, tras la presentación de su proyecto en el Pabellón Cuba.

La plataforma de lanzamiento ha sido más que propicia, porque ninguna feria como Arte en La Rampa tiene tal poder de convocatoria, en el corazón mismo del Vedado habanero, con 80 stands que constituyen todo un bazar contemporáneo de la iniciativa privada. Desde su creación hace 14 años, este espacio veraniego se ha consolidado como un mercado indiscutible del arte más o menos asequible, amén de ser un ágora de intercambio entre poetas, lectores, músicos y artistas de todo tipo.

Entre los sponsors de esta gigantesca feria sobresalen el Ministerio de Cultura, la Casa de las Américas, la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas y el Fondo Cubano de Bienes Culturales, con cabida para profesionales e independientes que hacen aquí no solo su agosto, sino también su julio: las colas no merman, las compras tampoco, y la gente por lo menos pasea y disfruta. Definitivamente, a los cubanos parece gustarles el comercio…

Darwin, nacido en 1984 y graduado hace un lustro de diseñador gráfico, cree que son buenos tiempos para los negocios. Al menos está de acuerdo con que la apertura económica que vive Cuba de cierta manera estimula la creatividad, sobre todo en la búsqueda de nuevos nichos para la diversificación de las iniciativas particulares y el auge de los emprendedores.

En su caso, se concentró en un público-meta adulto, particularmente los nacidos en los años 60, 70 y 80 del pasado siglo. De hecho, en su stand no hay tallas infantiles, porque sabe que los niños de ahora no se identifican con esos personajes.

Más allá del imaginario popular y alguna que otra referencia en la música y las artes gráficas, la memorabilia de corte soviético nunca fue explotada como lo hace Chamakovic. Tal merchandising solo se había visto recientemente con la serie animada cubana Fernanda. Darwin va más atrás y recuerda la parafernalia de artículos con el Tocopán, mascota de los XI Juegos Panamericanos Habana-1991.

Entre los principales retos que enfrentó estuvo reinventar las poses de los personajes, o adaptar al plano serigráfico un orejón tridimensional como Cheburaska, filmado con la técnica de stop-motionRevivir aquellos años fue muy bueno, algo emocionalmente intenso, aseguró el creador. Claro, no todo fue por amor al arte…

El Taller Portocarrero tiene un objetivo social: producir y vender, pero con el interés de mantener un estándar de calidad y de vincularse en proyectos culturales. Se quería que Chamakovic aportara valores, pero que se vendiera también, con garantías de éxitos, precisó Darwin, auspiciado además por la Galería Génesis.

Chamakovic nació como proyecto puntual para Arte en La Rampa, pero… ¿se quedará aquí o crecerá para resucitar a otros personajes como Mikrovitsh, el Mago Jotavish, Tusa Kutuza o el combo Los Yoyo…?

Darwin sonríe y se limita responder: Todo dependerá de la aceptación, pero no dudo nada: la nostalgia vende…

En Soviet Cuba: Identities in Transition pueden encontrar mejores imágenes y similar información.

chapeadora (video)

 

H/T: Incubadora.

la arquitectura y la ciudad de hoy, video

 

Entrevista al arquitecto Juan García (H/T Ernesto Oroza).

* * *

En Trabajadores (vía Emilio Ichikawa):

El arquitecto y máster José Ángel Aguilera Tamayo, profesor de la Universidad Central de Las Villas, expresa a Buzón abierto su preocupación sobre la proliferación de las llamadas “candongas” y considera que este fenómeno se añade a la ruralización de la ciudad contemporánea, como resultado de la inclusión de tipologías suburbanas en ella.

“No hago alusión solo a los que utilizan parte de su portal, una ventana de la casa, convierten la sala de su vivienda en el escenario de sus ventas de productos o servicios, sino a facilidades temporales no planificadas, que no pueden devenir instalaciones permanentes.

“A ello se suma todo tipo de detalles de mal gusto, que han comprometido en forma paulatina la imagen de la ciudad cubana, en una galopante aproximación al kitsch, sin ningún apego a las más elementales normas de composición, escala o estilo, sin respeto a regulaciones urbanísticas, lo que atenta contra la identidad”, precisa en su misiva…

Habanemia: El edificio del socialismo

Edificio de la esquina de 12 y 23
Imagen tomada de Habanemia. 2013.

Imagen tomada de Habanemia. 2013.

En Habanemia: El edificio del socialismo:

El edificio Sarrá tenía más o menos la edad actual de la revolución cuando esta llegó al poder en 1959. Dos años más tarde, en abril de 1961, a los pies de este inmueble de cinco pisos, enclavado en Veintitrés y Doce, una de las esquinas más céntricas de El Vedado, fue declarado por Fidel Castro el carácter socialista del proceso revolucionario. …
Tal como se derrumbó el llamado socialismo real por el peso abrumador de la realidad, en estos días corre peligro de desplome este simbólico edificio, que había pertenecido a uno de los mayores casa tenientes de la ciudad y, por tanto, uno de los más grandes expropiados por el nuevo gobierno. Como si de un barco se tratara, hace más de veinte años fue empotrada en su quilla una especie de mascarón de proa, una enorme tarja —o tinglado o tropel— que representa un tumulto encabezado por nuestro particular Gran Timonel del Trópico de Cáncer precisamente rumbo al cementerio. …
Desde que vine para La Habana, muy niño, siempre he vivido cerca de la esquina de Veintitrés y Doce y mi primer recuerdo del Sarrá es borroso: una mole todavía con balcones, con dos pequeñas barberías, una hacia Doce y otra hacia Veintitrés, que pronto serían desmanteladas. Desde lejos, por la calle Doce, podía verse un gran letrero encima de la azotea: SARRA LA MAYOR. Los portales en ángulo recto se convertirían entonces en la antesala de un antro sórdido, sembrado de columnas que sostenían un techo muy elevado y costroso, sobresuelo de lo desconocido. …
Un día, también de pronto, la destartalada edificación comenzó a ser remodelada. Desaparecieron los balcones, fue retirado el letrero de la azotea, se esfumó el antro de los bajos, donde se construyeron una pequeña oficina de correos y una galería de arte bastante amplia y rodeada de cristales. Hubo cambios también en otros costados de Veintitrés y Doce. Empotraron por entonces la pesada y tumultuosa tarja de bronce en la columna esquinera. Remozado y pintado, el edificio lucía mucho mejor que antes, aunque en lugar de los balcones aparecían ahora unas toscas ventanas. Pero toda la esquina tenía un aspecto renacido, se veía más céntrica y funcional, con sus dos cines, su pizzería, sus restaurantes, panaderías, tiendas, cafeterías, situados en cien metros a la redonda.
No sé si fue en esa misma época cuando a los inquilinos les dieron materiales de construcción para que repararan sus casas (y algunas quedaron muy bien), pero no se volvió a hacer un trabajo de mantenimiento estructural en el inmueble durante otro largo período de tiempo, lo cual, según una vecina, demuestra el error cometido por el gobierno al eliminar el puesto de “encargado de edificio”, que era quien se encargaba de asuntos tan fundamentales como ese. Dicen que hace un tiempo el poder popular solicitó más de dos mil pesos no convertibles por cada apartamento para pintar el inmueble, pero ellos se negaron porque, dados los numerosos problemas (entre otros, con el ascensor y la escalera), lo primordial era reparar el edificio, no pintarlo. Luego, cuando aumentó el peligro que corrían los residentes, comenzaron a aparecer letreros de protesta y denuncia.
Hasta que, hace solo unos días, se desplomó la escalera y hubo que sacar a los vecinos y sus pertenencias con grúas de bomberos y dispersarlos por albergues de Cojímar y otras localidades, por centros de trabajo, casas de cultura y quién sabe por dónde más, sin que ninguno sepa la suerte que correrá finalmente. Triste desastre predecible. Ahora las autoridades han soldado herméticamente las rejas de la entrada y la policía monta guardia para que no pueda entrar nadie en el Sarrá.
Algunos creen que, luego de que lo apuntalen y lo rodeen con redes, los funcionarios dejarán que el edificio se vaya cayendo a pedazos para, finalmente, despejar el espacio suficiente para construir un pequeño parque, tal como se ha hecho con tantos otros inmuebles de La Habana. En el centro del césped, acaso, quedará un pedazo de la columna esquinera con la tarja de bronce como un mascarón de proa rescatado de un naufragio.
O como una lápida.
Ernesto Santana
Marzo de 2012

el equipaje de regreso, por Wendy Guerra

Frasco de perfume Carven
Frasco de perfume Carven

Frasco de perfume Ma Griffe, producido por la casa francesa Carven. 1950s. Colección Cuba Material.

…¿Qué traigo? Un enorme catálogo general del Musée d’Orsay, otro de impresionismo abstracto, el que me regaló Inés Tolentino con la retrospectiva de su obra. La poesía completa de José Triana (dedicada por el autor de “La noche de los asesinos”) un gran diccionario de francés-español. Traigo cremas, perfumes y condimentos, inciensos, una lámpara de aceite para espantar los mosquitos este verano. Traigo medicinas para el estómago, las gripes, las alergias, los dolores, los mareos; muchas medicinas para repartir y resistir el verano lejos de París, variedades de té, aceite de oliva, una botella de vino tinto, libretas de apuntes, mis dulces preferidos y multicolores de La Durée (casa fundada en 1862); lápices, plumas, zapatos y vestidos, trusas, un cartucho de tinta para mi vieja impresora, ropa interior, abrigos, un caldero pequeño, una cafetera nueva, juntas para mi refrigerador, libros de varios autores de mi generación, aquellos que no encuentro aquí y se prestan interminablemente.

Traigo un costurero, una bolsa para el agua caliente, el aparato para medir la presión  y algunos cuadernos de papel pautado. Dos dibujos que compré en la calle a un pintor muy joven que dibujaba agachado en 13 Rue du Four. Dos discos con versiones magníficas de Sonatas de Scarlatti. Quitamanchas, betún neutral y unas goticas para desinfestar el agua. Qué bueno que no traje el original de William Navarrete, él insistió y tenía razón, ahora lo leerían preguntándose por qué un colega carga con el original del otro. Mi secador de pelo, mi champú….

Leer en Habáname: Volver a Cuba.

Culturas vernáculas y canibalismo sígnico, conferencia de Ernesto Oroza (video)

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Video de la conferencia “Culturas vernáculas y canibalismo sígnico”, de Ernesto Oroza, celebrada el 23 de Junio 2010 durante la XVII edición de las Jornadas de Estudio de la Imagen 2010 organizadas en el Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M).

H/T: inCUBAdora.

Generación Y: Tres parámetros, una casa

Anuncio de venta
Imagen tomada de internet, 2013.

Imagen tomada de internet, 2013.

En Generación Y: Tres parámetros, una casa:

(…) Ahora mismo los parámetros que determinan el costo final de una vivienda son al menos tres: ubicación, estado constructivo y pedigrí. El barrio influye mucho en el monto final del inmueble. En La Habana, las zonas más apetecidas son el Vedado, Miramar, Centro Habana, Víbora y Cerro por su carácter céntrico. Las menos buscadas Alamar, Coronela, Reparto Eléctrico, San Miguel del Padrón y La Lisa. La mala situación del transporte público influye bastante en que la gente prefiera casas que estén cerca de los puntos con mayor fuerza comercial y con abundantes espacios recreativos. Si hay un mercado agrícola en las inmediaciones, la suma a pedir crece; si el Malecón le queda próximo, también. Se rehúye de la periferia, aunque entre los “nuevos ricos” que han alcanzado un poco más de capital –ya sea por vía legal o ilegal- empieza la tendencia de buscar una finca en las afueras. Sin embargo, aún es demasiado temprano para hablar de una tendencia a alejarse hacia zonas más verdes y menos contaminadas. Por el momento, la premisa principal se reduce a mientras más céntrico mejor.

El estado constructivo, se erige como otro de los elementos que definen cuánto costará una vivienda. Si el techo es de viga y loza, los números se caen; mientras que las construcciones de las décadas 40 y 50 del siglo pasado gozan de muy buena reputación y atractivo. Las peor valoradas son las llamadas “obras de microbrigadas” con sus feos edificios de hormigón y sus pequeños apartamentos estilo Europa del Este. La cubierta si es ligera –tejas, zinc, madera, papel de techo- obliga al vendedor a obtener menos. El estado del baño y de la cocina es el otro punto que influye muy directamente en las posibilidades de comercializar el inmueble. La calidad de los pisos, si las ventanas están enrejadas y la puerta es nueva –de cristal y metal- se convierten en puntos a favor. En caso de que no haya vecinos arriba, entonces el propietario se puede sentar a pedir. También están muy valoradas las casas que tiene dos entradas, pensadas para una familia numerosa que busca dividirse e independizarse. Todo cuenta, todo vale.

Hasta aquí parece un mercado inmobiliario como cualquier otro en cualquier lugar del mundo. No obstante, hay una situación que define de manera muy peculiar el valor de las casas en venta. Se trata del pedigrí de las mismas. Con esto se hace referencia a si la vivienda ha pertenecido a una familia desde siempre o si fue confiscada en alguna de las oleadas de expropiaciones que vivió Cuba. Si el anterior dueño se fue cuando la Crisis de los Balseros en 1994 y el Estado entregó la propiedad a una nueva persona, el precio de la misma baja. También puede ocurrir que esto haya sucedido durante las salidas por el Puerto del Mariel en 1980, momento en que la propiedad fue otorgada a otros ante la emigración de quienes la habitaban hasta ese entonces. Pero donde los precios tocan fondo es en aquellos inmuebles confiscados entre 1959 y 1963 cuando las grandes partidas de exiliados. Pocos quieren meterse en el problema de adquirir un sitio que después podría estar en litigio. Aunque hay algunos que aprovechan esta situación para comprar a precio de remate verdaderas mansiones en los barrios más céntricos.

Para lograr comprobar tanto la ubicación, el estado constructivo, como el pasado legal de la casa, los potenciales compradores se auxilian de su propia experiencia, de un buen arquitecto y hasta de un abogado que hurgue en los detalles de la propiedad. Cada elemento pondrá o quitará una cifra, un cero, una centena al precio total que están dispuestos a pagar. (…)

Cubaencuentro: Antonio Castro y sus 18 hoyos

1913.

1913

En Cubaencuentro: Antonio Castro y sus 18 hoyos, por Haroldo Dilla Alfonso:

Cuando leí la noticia sobre la victoria de Antonio Castro en un torneo internacional de golf, no pude evitar pensar en Pierre Bordieu.

Bordieu ha sido uno de esos cientistas sociales imprescindibles que escribió sobre varias temas y siempre dijo cosas interesantes. Entre ellas, escribió sobre lo que llamó “la distinción”. Para Bordieu ésta era una suerte de condensación de hábitos de consumo y comportamientos que enmarcan un estilo de vida clasista.

Todas las élites han cultivado su propia distinción con arreglo a sus historias y sus poderes. Cuando los guerrilleros de la Sierra Maestra se hicieron del poder, comenzaron a construir la suya. En un principio fue basada en un discurso de austeridad plebeya y antiurbanismo que encarnó en la figura de Ernesto Guevara con su innegable estoicismo y su conocida aversión al baño. Luego, sobrepasada la época épico/heroica, la nueva clase política tomó el gusto a las abundancias del poder.

Pero siempre tuvieron que hacerlo guardando ciertas apariencias, a expensas del Estado (nadie tenía bases propias de acumulación) y amenazados por un poder supremo que se encargaba de decapitar a los excedidos, a los escandalosos y a los desleales. Y de cualquier manera, siempre estuvieron limitados por su propia visión del mundo que generalmente confundía la prosperidad con aquello que Marc Bloch llamaba “la abundancia grosera”. Eran gente de grandes comilonas, profundas borracheras, capaces de moverse por el mundo con sus gimnasios personales a cuestas, de llenar aviones con pacotilla madrileña y consumidores incontinentes de sexo, del barato y del caro. Pero eran incapaces de entender la elegancia de un adagio o las diferencias entre los vinos del nuevo y del viejo mundo. No sé si soy excesivamente cruel, pero cuando pienso en ellos siempre me viene a la mente la imagen del último canciller destronado meneando su lipídica humanidad con una botella de cerveza en la mano y los pantalones arremangados, en aquella fiesta campestre cuyo video aún está colgado en internet.

Las reformas económicas desde los 90, y en particular desde 2008, han sido tibias en muchos sentidos. Pero no en abrir espacios de consumo y tolerancia a la acumulación a favor de lo que se perfila como una nueva base social del futuro capitalismo cubano: capos del mercado negro, herederos de fortunas políticas, gerentes invocadores de la competitividad, consultores asalariados y merodeadores de la farándula y de las artes.

Esta nueva élite emergente se distingue de la predecesora por sus medios de vida. Esta última era una clase rentista que medraba como una lamprea sobre el cuerpo productivo. Los emergentes, aunque dependen de la protección y la asignación estatal (sin ello nadie sobrevive en Cuba), sus poderes económicos provienen en buena medida del mercado. Son ellos (y ellas) los que se pueden beneficiar de la asistencia a los hoteles, de la compra de viviendas y autos, de los viajes al extranjero con visas que solo garantizan cuentas bancarias significativas, así como de otros servicios que se adquieren en el mercado negro a precios exorbitantes, internet incluido. Y sólo son ellos —y quizás esto es lo más importante— los que pueden dar continuos saltos desde lo que es privado a lo que es público, desde los CUPs a los CUCs, desde lo que es negocio a lo que es política. Y siempre obteniendo beneficios diferenciales desde los cruces de esas múltiples fronteras que caracterizan la fragmentada realidad nacional.

Y en consecuencia, la nueva élite porta otro conato de distinción burguesa que se impone en las noches de lentejuelas de lugares muy selectos, o en los convites en casas que antes solo poseían los funcionarios consagrados y los embajadores. Es sobre ellos y sus noches de lujo que han escrito varios cronistas de los tiempos, como han sido Lois Parsley y Sandra Weiss. Esta última en un artículo curiosamente titulado “Vuelve el glamour a la Habana” en que describe una hummer anaranjada machacando los baches de las calles de la ciudad.

Y es justamente aquí donde entra la figura de Antonio Castro. La indignación de muchos lectores sobre el probable costo del hobby del hijo de Dalia es lógico. Cuba es un país donde la gente discute un dólar con la misma pasión como Robinson Crusoe cuidaba su corral de cabras esquivas. Pero creo que es un asunto secundario, pues cualquier compañía pudo haberle pagado el entrenamiento y hasta haber teledirigido las peloticas de Antonio para que acertaran en los 18 hoyos disponibles. Pues un ganador tan visible como Antonio Castro vale la pena, y por eso su victoria en un torneo de segunda ha sido repiqueteado con más fuerza que si se tratara de Tiger Woods en un Majors.

A diferencia de sus hermanos —pálidos de diferentes maneras— tiene un rol público visible. Y a diferencia de sus primos, Antonio Castro se perfila como un ser apolítico. No se le ve promoviendo libros antimperialistas ni conduciendo congas LGTBs, sino fumando puros con un jet set internacional amante de la nicotina. No tiene cargos rimbombantes sino una simple vicepresidencia de la federación de béisbol, que, no obstante, le pone en la mano la llave para administrar la apertura del país al profesionalismo. Y eventualmente hacerse de un equipo, como lo han hecho muchos multimillonarios en el mundo, entre ellos Silvio Berlusconi y Sebastián Piñera.

Antonio Castro es definitivamente un hombre de pasarelas, pero eso no lo hace intrascendente. Es una pieza particular de eso que hemos convenido en llamar el Clan Castro. Y como tal, entre hoyo y hoyo, Antonio Castro es parte de un poder fáctico que incidirá en la política cubana por mucho tiempo.

entrevista a Mario Coyula, arquitecto

Vedado
Vedado

Vedado. 2002.

En Cuba en noticias: Mario Coyula: “La Habana cuesta pero vale”:

…“La Habana podría terminar, en una visión dantesca, como un gran anillo de basura consolidada o como un cráter vacío, que en el centro alguna vez tuvo una ciudad”, alerta y sin pensarlo me hace temer del tema que comienzo a investigar.

El deterioro progresivo de las zonas centrales de La Habana, las modificaciones constructivas implantadas en la mayoría de los edificios de la periferia, casas en muy mal estado e incontables familias que, sin derecho a elección, comparten una misma vivienda, dibujan parte de los problemas que enfrenta hoy la población en cuanto al tema constructivo, pese a los esfuerzos del gobierno desde el Triunfo de la Revolución por dar una vivienda a cada ciudadano.

¿Cuáles son las zonas con mayor peligro desde el punto de vista arquitectónico ante los embates del tiempo y la naturaleza?, ¿Cómo inculcar en la población una cultura de lo que es el buen gusto, de lo que es la buena arquitectura? Qué impacto podría tener la nueva ley de compraventa de la vivienda en Cuba? Durante más de una hora de conversación, Coyula nos ofreció respuestas. A partir de la enorme importancia del tema, Cubahora abre con este trabajo una serie de reportajes y entrevistas sobre el desarrollo y actualidad de los proyectos constructivos en Cuba, con sus diversas implicaciones sociales.

– De manera general, ¿cómo usted valoraría el desarrollo de la vivienda en Cuba, del 59 en adelante?

La vivienda fue un tema que interesó, lógicamente, desde el principio. Uno de los primeros proyectos que se comenzó fue el de Ahorro y vivienda, que estaba a cargo de Pastorita Núñez, que conllevó a la construcción de más de 10 o 12 mil viviendas en el país,  todas con mucha calidad. Hubo también otros planes, como el de esfuerzo propio y ayuda mutua, programas de viviendas campesinas y se construyeron cerca de 600 comunidades por todo el país. En la ciudad se puso en práctica un proyecto llamado “Plan Cuquita”, que pretendía mejorar las cuarterías en las zonas compactas, además de los proyectos de erradicación de barrios insalubres. En este caso se cometió el error de trasladar los barrios completos a lugares nuevos, con lo cual al poco tiempo volvieron a aparecer los barrios insalubres. La experiencia que se sacó de aquella época es que las viviendas en muy malas condiciones no se deben trasladar en bloque hacia otro lugar, es necesario romper esa especie de conexión social y diseminarlos por toda la ciudad.

Durante aquellos primeros años se insidió en el trabajo de bienestar social, que estudiaba los núcleos, la gente, las condiciones. Luego, los diferentes proyectos constructivos se concentraron en el Ministerio de la Construcción. No obstante, desde un inicio primó un enfoque equivocado, el de concentrarse en la construcción de viviendas y no en el mantenimiento de lo que ya existía. Eso ha sido una característica que se ha mantenido durante 50 años, dedicarse a construir y no conservar lo que ya existe.

En la vivienda se crearon algunas instituciones para conservar, pero esas empresas se quedaron por detrás de la necesidad, no dieron abasto. Se empezaron a apuntalar las viviendas en malas condiciones para que pudieran resistir, pero tampoco fue suficiente. Creo que se ha llegado a la conclusión de que el enfoque que se ha seguido en el tema vivienda es equivocado. No puede ser que el gobierno sea el único responsable de resolver los problemas de la gente y que la gente espere pasivamente a que vengan a arreglarle su casa o a construirle una nueva. Raúl ha insistido y ha dejado claro que esto no puede ser de ese modo. La fuente principal de construcción de viviendas es la propia gente.

Ahora bien, eso trae un problema fundamental: las personas por su cuenta pueden arreglar pequeñas viviendas individuales, pero si viven en un edificio, se requieren más recursos para arreglarlo. Entonces se da una paradoja: yo soy dueño del apartamento en que vivo, pero nadie es dueño del edificio, y los edificios se deterioran.

La ironía es que las zonas centrales, que son las que tienen mayor valor arquitectónico histórico, están actualmente en el aire; pero la periferia, que es la que no tiene valor, son las que se van a mantener, porque son más fáciles de reparar. Ese es un problema que puede hacer mucho daño.

Otro problema que es interesante se desprende de la nueva ley que permite la compraventa de viviendas: por un lado va a tener un efecto positivo, porque la gente va a cuidar más su vivienda, no solo porque es el techo que tienen, sino porque es una mercancía que, en un momento dado, puede significarle dinero; pero desde el punto de vista de la sociedad, las personas con mayores ingresos irán a vivir hacia los mejores lugares y entonces los barrios elegantes serán los menos elegantes, porque tenemos el caso ahora de que la gente con dinero no es elegante, sino que es ridícula, tiene mal gusto. Se va a producir una diferencia social ente una franja cerca de la costa, que es donde están los barrios del Vedado, Miramar y una zona al fondo, al sur, La Habana profunda, donde vivirán los pobres. Es un tema muy complejo, hay que ver cómo atender esto, pues por un lado no se puede prohibir que una persona de pocos ingresos, que tiene una casa buena, la venda para irse a vivir a una más mala, es una decisión personal.

El otro peligro que tenemos para esta ciudad es que con el tiempo la gente solo podrá arreglar el anillo de casitas de la periferia, y lo que no se podrá recuperar será la zona central. La Habana podría terminar, en una visión dantesca, como un gran anillo de basura consolidada o como un cráter vacío, que en el centro alguna vez tuvo una ciudad. Catástrofes naturales como la que hubo en Santiago de Cuba son muy peligrosas en La Habana.

– ¿Cuál sería la zona más afectada desde el punto de vista arquitectónico ante los embates del tiempo y de la naturaleza?

Sobre todo la parte más pegada al mar, la costa del Vedado y de Centro Habana, que aunque no haya inundaciones, el efecto corrosivo de la sal encima lo afectan. También ha subido el nivel de mar, y hay partes que serán inundadas. Podrían buscarse soluciones parciales de construir barreras en el mar para que el agua no entre, pero son carísimas. El tema de los vientos y de las lluvias fuertes afecta sobre todo hoy las casas precarias, hechas con materiales de pésima calidad, como lata, cartón, de las que hoy existen muchas en todo el país.

Hay proyectos que plantean hacer viviendas con un local de paredes sólidas, que puede ser el baño, y el resto como la gente pueda, de manera que si viene un ciclón fuerte exista determinada protección para las familias, pero esa persona se quedaría entonces con su casa a medias.

– Usted decía en un artículo que la vivienda era una hija enclenque de muchos padres, que no se habían puesto de acuerdo para ocuparse de ella, ¿por qué?

Siempre se ha hablado de la vivienda pero nunca ha habido una verdadera atención. Parece una broma, pero fue cierta, cuando existía el grupo de desarrollo de edificaciones sociales agropecuarias, institución que sustituyó al MICONS por un tiempo, se creo una comisión con mucho rango que se llamó Comisión para el mantenimiento y construcción de viviendas. La primera reunión se hizo bajo ese nombre, pero en la segunda reunión se le cambió el nombre, ya era la Comisión de Construcción y mantenimiento, mientras que la tercera reunión era la Comisión de construcción. El mantenimiento fue empujado hacia atrás y finalmente desapareció. Nunca se ha atendido el mantenimiento y es lo que tiene lógica actualmente, porque la población no crece; la gente vive mal, pero es preferible que le consoliden el lugar donde vive para que tenga una mayor protección si viene un ciclón.

Ahora la mayor parte de las viviendas que se están haciendo son para quienes perdieron totalmente su vivienda y están albergados. Lo que se ha hecho es construir cuartos y que la gente viva en esos cuartos, pero esas son cuarterías, que además se construyen en lugares alejados, es embarazoso estar haciendo cuarterías. La vivienda es el gran problema que no se ha resuelto, y no es un problema de Cuba, porque en todos los países hay problemas con la vivienda, lo que pasa es que, en los países más ricos, el nivel de lo que se considera una necesidad es diferente.

En Cuba actualmente muchas personas viven agregadas, que realmente no es la manera ideal de vivir, sobre todo cuando uno no la escoge, porque la familia cubana tradicional era grande, de tres generaciones viviendo juntas, pero eran casas alargadas, con sirvientes, y a esas familias les gustaba vivir así. Pero es diferente lo que ocurre hoy, hay matrimonios divorciados que tienen que seguir viviendo juntos, el tema es serio, y aumenta teniendo en cuenta el peligro de una catástrofe climática.

– ¿De dónde viene este estilo que prima en la mayoría de estas casas construidas hoy en distintos barrios de Cuba?

Creo que viene mucho de las telenovelas latinoamericanas, colombianas,  y de Miami también, de personas que tienen familiares afuera y les mandan imágenes de Miami, donde hay barrios con casas muy ridículas, pero que son modas que se imponen. Aquí hay tres factores que han influido en que la marginalidad ya no sea marginal: en primer lugar, la existencia desde antes de un núcleo de marginalidad en las ciudadelas, los barrios insalubres, que eran gente que vivía  en la marginalidad. El segundo grupo de problemas fueron los emigrantes de zonas que venían aquí y querían cultivar, y criar gallinas o sembrar plátanos en la ciudad. Los marginales, los campesinos que vinieron para la ciudad y los parientes copian el estilo de los que se fueron. Creo que de ahí fue saliendo el estilo ridículo ese, que son unos balaustres con unas mujercitas, delfines, leoncitos, tejitas, cuando esos balaustres no van con el estilo de esta época. Estoy hablando de 1920 cuando se usaba eso.

– Si fuéramos a valorar el desarrollo económico y social de Cuba a partir del tema vivienda, si quisiéramos contar su historia por sus viviendas, ¿cómo hacerlo?

La maqueta de La Habana tiene un código de color para mostrar los tiempos de construcción. Por ejemplo, el siglo XX, desde la independencia hasta la Revolución, está pintando de amarillo, y la maqueta de La Habana es amarilla. La Habana tiene un fondo colonial grandísimo, La Habana es de los primeros 60 años del siglo pasado,  lo que está añadido es Alamar, San Agustín, algunas zonas de desarrollo de microbrigadas. Lo que ha ocurrido es que se ha densificado la ciudad, porque se ha incrementado el hacinamiento, sobre todo en zonas de Centro Habana, que tienen mil habitantes por hectáreas  y con baja altura, es decir que las gentes viven una arriba de otras prácticamente.

Esta ciudad creció enormemente a principios del siglo XX. En esos primeros años incluso sobre una infraestructura de acueducto, teléfono, tranvía eléctrico, ómnibus y todo eso permitió que la ciudad creciera increíblemente, asimilando un crecimiento de población que venía impulsado por una bonanza económica. Fue la época de las vacas gordas.

Hablamos muchas veces de la vivienda y las edificaciones; pero habría que empezar por rehacer toda la estructura del acueducto que está colapsada, pues se hizo hace 100 años, en 1913, para una ciudad que tenía 300 mil personas, se calculó para 600 mil, y La Habana tiene hoy 2 millones de habitantes. Entonces, el acueducto está reventado, hay que hacer esa inversión.

Recuerdo que hace muchos años tuvimos una reunión muy interesante con el Grupo de Desarrollo de la Capital y un especialista del Ministerio de la Construcción dijo: “La Habana cuesta 3000 millones arreglarla”. Yo creo que  es mucho más; pero de todas maneras, mi respuesta es que La Habana cuesta, pero vale. Y la única manera de encontrar el dinero para mantener esta ciudad es la que encontró Eusebio Leal, es poner a la ciudad en condiciones de generar dinero para ella misma.

Arquitectura de la necesidad: Gasolina con espuma de poliestireno (poliespuma)

"Perchero", por Ernesto Oroza. 2013.

“Perchero”, por Ernesto Oroza. 2013.

Arquitectura de la necesidad: Gasolina con espuma de poliestireno (poliespuma):

La fusión de gasolina y espuma de poliestireno (poliespuma) se ha usado en Cuba por muchos años. El combustible consume cada molécula de oxigeno derritiendo el plástico hasta convertirlo en una masa grisácea que toma diversas contexturas en relación a la proporción. La voracidad de la gasolina en el proceso produce, al observarlo, cierta fascinación, metros cúbicos de poliespuma son absorbidos hasta desaparecer en un instante. La mezcla se utiliza para sellar peceras y fisuras en las ventanas y muros, reparar espejos, hacer lámparas uniendo fragmentos de vidrio. Recuerdo una guitarra reparada, unos espejuelos, un botón de un televisor, álbumes fotográficos que exhalaban al abrirlos, con las memorias, olor a combustible pues las fotos fueron pegadas con esta supermasa. La preparación de la mezcla, además de oxigeno consume tiempo. Lograr una cantidad útil toma semanas. Miles de envases con unos pocos mililitros de gasolina (dos o tres dedos) se acumulan en los balcones y patios de toda la isla por meses. Cuba es un agujero negro que puede devorar en segundos toda la poliespuma del universo. …

Museo Nacional de Bellas Artes

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Palacio de Bellas Artes
Trabajos de remodelación del edificio que albergaría al Palacio de Bellas Artes.

Trabajos de remodelación del edificio que albergaría al Palacio de Bellas Artes. Tempranos 1950s (Bellas Artes fue inaugurado en 1954).

El 28 de abril de 1913 fue inaugurado el Palacio de Bellas Artes, bajo la dirección del arquitecto Emilio Herrera. Según el periódico  Granma, en una nota donde da cuenta de las actividades realizadas y programadas para celebrar el centenario de la institución:

El Museo tuvo en sus inicios varias ubicaciones en la ciudad, ninguna factibles para albergar la creciente lista de colecciones. Años después las obras nacionales estarían expuestas en un edificio situado en las inmediaciones del Paseo del Prado, el antiguo Mercado de Colón, a pocos metros del famoso hotel Sevilla.

Las actividades conmemorativas comenzaron con:

Un viaje imaginario en el tiempo. Una muestra con las principales piezas exhibidas en su etapa fundacional figura entre las propuestas. Orígenes de la colección es el título de la exposición, con varias reliquias como la mascarilla mortuoria del general Máximo Gómez (1836-1905), ese dominicano, uno de los líderes la Guerra de Independencia cubana en la segunda mitad del siglo XIX, maestro de la carga al machete. También la primera película El parque de Palatino (1906), rodada por uno de los precursores del cine, Enrique Díaz Quesada, en los mismos años de efervescencia de la incipiente técnica cinematográfica, creada por los hermanos Lumiere. Un tambor litúrgico estudiado por el antropólogo Fernando Ortiz, pinturas hispanas del siglo XVIII, objetos aborígenes, de etnología afrocubana y un cepo de castigo para esclavos se incluyen en la muestra. Todo un trabajo, a juicio de los curadores, de rescate arqueológico.

Además, se realizó un muestra de la obra temprana del pintor cubano, también decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana, Ernesto González Puig (1913-1988).

Sobre el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) y su historia, La Jiribilla ha publicado un dossier que incluye una galería de imágenes de las diferentes etapas de la institutción y dos galerías de obras de las colecciones de arte cubano y universal (los enlaces a los diversos textos se pueden encontrar a la derecha de la página). También aparecen entrevistas a Máximo Gómez, curador principal del MNBA; José Linares Ferrera, el arquitecto que dirigió el proyecto de restauración de los edificios donde radica el actual museo; Juan Francisco Olivera Justiniani, conservador principal del MNBA; Lucy Villegas, Pilar Fernández, y Natalia Bolívar, directoras del museo. También merecen atención los textos Las primeras sedes (1913-1951) y El Palacio de Bellas Artes (1954), sobre la historia del museo y sus sedes.

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Palacio de Bellas Artes. Tempranos 1950s (Bellas Artes fue inaugurado en 1954). Imagen tomada de internet.

 

Las cosas, ejercicio audiovisual

 

Las cosas, ejercicio audiovisual dirigido por Julia Amanda García Saldaña, y producido por la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. (Si no se muestra el video, pueden obtenerlo pinchando sobre el enlace)

H/T: Ernesto Oroza.

inventos

Imagen tomada de internet. 2013.

Imagen tomada de internet. 2013.

En Habana por dentro: Si no hay perro se montea con gato:

En Cuba todo tiene arreglo, la vieja cocina de gas, el refrigerador de los años 50 que bota la escarcha, el moskvich heredado, el colchón que dispara el muelle sobre la costilla número tres del lado izquierdo. Al televisor viejo de los 80´ se le pone mando a distancia, se echa a andar una vez más el aire acondicionado ruso y se le adapta una pizarra de Peugeut al almendrón. En la careta vieja de ventilador se siembran los platicerios y de una Forever Bycicle se saca un riquimbili –en ciertos barrios conocidos como espantajevas-, cuyo motorcito hace un ruido enorme pero resuelve el problema del transporte. El portal, para hacerlo más privado, se tapia con cartones o planchas de zinc y si no cabe la defensa del carro en el garaje se le roba un pedacito a la acera. Total, aquí no pasa nada. Si a la lavadora aurika se le pudre una esquina cualquier soldador te la pica por la mitad y te la deja como nueva. Pero eso sí, si en la clínica del celular te dicen que tu iphone último modelo que -con tan puñetera suerte-, traía la placa defectuosa no tiene solución, es que no-tiene-solución. Lo que se arregla en Cuba, sabemos, ya no se arregla en ninguna parte.

el patrimonio arquitectónico, su restauración y sus usos

Capitolio
Imagen tomada de Cubainfo.

Capitolio. Imagen tomada de Cubainfo.

Esta semana se ha anunciado (y comentado en diversos medios) la devolución de un restaurado Capitolio Nacional a su antiguo uso de sede parlamentaria, así como la restauración y próxima inauguración de los por décadas abandonados bar Sloppy Joe´s y Teatro Martí, Hotel Packar y Manzana de Gómez.

Cubadebate:

…El historiador de la capital cubana, Eusebio Leal, anunció que el Teatro Martí, sede en el pasado de la comedia vernácula, reabrirá el 15 de noviembre próximo sus puertas luego de su remodelación.

Leal explicó que se ampliará el Parque Central con vista a los festejos del 494 aniversario de la fundación de La Habana (1519), que se celebra el 16 de noviembre.

El Sloopy Joe era muy visitado antes de su cierre por afamados actores, actrices, escritores y deportistas de Estados Unidos, además de renombrados intelectuales cubanos.

El Teatro Martí, inaugurado en junio de 1844 para ofrecer zarzuelas y operetas pero que el paso del tiempo y la desidia fueron deteriorando, contará ahora con aire acondicionado y medios contra siniestros.

El histórico y monumental Capitolio de La Habana, una réplica del de Washington, fue construido en 1929 con un costo de unos 16 millones de dólares, según recordaron historiadores.

Ese edificio, declarado Patrimonio Nacional, fue sede de las dos cámaras del cuerpo legislativo de la República hasta 1959, cuando llegó al poder la Revolución liderada por Fidel Castro, quien disolvió el Congreso.

El Capitolio, con su enorme cúpula de casi 100 metros de altura, es uno de los mayores atractivos para los turistas que visitan con cámara en mano el también histórico Paseo del Prado.

En la confección del edificio se emplearon materiales de excelente calidad, como mármol italiano, los detalles en paredes, techos, puertas y lámparas, la mayoría se fundieron en Francia.

La llamada Manzana de Gómez, que perteneció a una de las familias más adineradas de Cuba, fue en la práctica un Mall tal y como se conoce ahora en Estados Unidos a la aglomeración de tiendas, boutiques y cafeterías en una sola instalación.

Diario de Cuba:

El histórico edificio, anteriormente ocupado por la Academia de Ciencias y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, está siendo restaurado.

El “parlamento” regresará este año a sesionar al emblemático Capitolio Nacional de La Habana, actualmente en reparaciones, después de más de medio siglo de usar otros edificios, informó AFP.

El remozamiento del Capitolio Nacional “es una obra de suma importancia para la arquitectura y para La Habana, como sede, como lo ha anunciado el general-presidente, del Parlamento Nacional”, dijo el historiador de La Habana, Eusebio Leal.

Estos trabajos son parte del remozamiento del centro de la capital, que data de la primera mitad del siglo XX, en procura de “un renacimiento de la ciudad, un renacimiento de su arquitectura”, con vista al aniversario 594 de la fundación de La Habana, en noviembre, indicó Leal.

Otros sitios emblemáticos actualmente en reparaciones son los teatros Martí y García Lorca, el Paseo del Prado y algunos hoteles.

Inaugurado en 1929 tomando como referencia el edificio del Congreso de Washington, el Capitolio devino símbolo de La Habana, junto al Castillo del Morro, la Catedral y el Malecón.

El edificio tiene 13.484 metros cuadrados y posee una amplia área circundante de jardines.

Al tomar el poder en 1959, Fidel Castro dedicó los edificios públicos monumentales a otros fines. Así, el Palacio Presidencial fue dedicado a Museo de la Revolución, mientras que el gobierno revolucionario y el Comité Central del Partido Comunista (único) ocuparon el antiguo Palacio de Justicia.

En el Capitolio sesionaron las dos Cámaras del Congreso cubano desde 1929 a 1959, cuando triunfó la revolución y se cerró el Congreso.

Desde entonces el edificio fue ocupado por la Academia de Ciencias y luego por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, que lo abandonó hace unos meses.

Diario de Cuba:

El Sloppy Joe’s, uno de los míticos bares de La Habana en el siglo XX por su bohemia, su larga barra y clientes como Hemingway y Spencer Tracy, reabrió este viernes tras casi medio siglo en ruinas.

Camareros, vestidos de negro con camisa naranja y corbata, se apresuraban a servir ronda tras ronda del Sloppy Joe, un refrescante trago preparado con brandy, oporto, Cointreau y un toque frutal de piña, mientras dos docenas de clientes se tomaban un receso del calor primaveral y probaban platillos como ceviche y camarones marinados, reportó la AP.

“Finalmente, el gran día después de tanto esperar, y creo que ha merecido la pena”, dijo Ernesto Iznaga, gerente del renacido Joe’s. “Muchos de nuestros clientes… al entrar al bar, respiran esa atmósfera de los cincuenta que siempre caracterizó el lugar”.

Fotos históricas que cuelgan de las columnas del bar, ahora administrado por la compañía estatal Habaguanex, son grandes recordatorios de la popularidad del Sloppy Joe’s entre los turistas estadounidenses que visitaban La Habana.

Una imagen muestra a Ernest Hemingway, Noel Coward y Sir Alec Guinness cuando éste último estaba en la ciudad para filmar Nuestro hombre en La Habana, que incluyó una escena filmada en el bar. El viernes, Iznaga mostraba la película en un televisor de pantalla plana, colocado en lo alto del bar.

“Todos tenían que tomarse una foto en el Sloppy Joe’s, lo mismo si eran turistas estadounidenses comunes y corrientes o estrellas de cine”, dijo Barbara Bachman, diseñadora de libros de Nueva York que fue una de las primeras en llegar al bar a pedir un trago.

Bachman, que está en la Isla en su viaje anual para visitar a familiares de su esposo nacido en Cuba, dijo que se enteró de la existencia del bar por fotos que encontró en mercados populares en La Habana. Le picó la curiosidad y se puso a preguntar, hasta que finalmente conoció el lugar hace siete años. Mirando por huecos en la pared, dijo, se veía una montaña de polvo y algunos muebles destrozados.

El bar fue cerrado en 1965, cuando el Gobierno de Fidel Castro nacionalizó los negocios privados, y quedó abandonado a lo largo de las décadas hasta que la estatal Oficina del Historiador de la Ciudad comenzó a estudiar en 2007 la idea de reconstruirlo.

Historiadores, arquitectos y diseñadores repasaron con todo cuidado fotografías de la época y entrevistaron a personas que visitaban el bar en sus buenos tiempos para recrear el lugar con la mayor fidelidad posible, hasta las molduras de yeso, las paredes de madera oscura y las coloridas botellas de alcohol colocadas detrás de vitrinas.

La barra de caoba, de 18 metros, que en un tiempo se consideró la más larga de América Latina, con 59 pies (18 metros), se restauró hasta dejarla reluciente.

Según anécdotas reproducidas dentro del propio bar, la pieza original fue cortada en tres partes, una de ellas se recuperó “de milagro” y a partir de ahí los carpinteros de la Oficina del Historiador construyeron una barra similar, también de caoba, con espacio para 25 banquetas, reportó EFE.

“Es muy agradable. No es lo que uno esperaría en La Habana en lo absoluto”, dijo Nick Clough, de visita desde Newcastle, Inglaterra.

“Así es como era antes”, afirmó su esposa, Joanna Clough. “Una siente que ha dado un viaje al pasado, aunque es claramente nuevo y moderno”.

‘Ningún habanero iba al Sloppy Joe’s porque era un lugar para turistas’

En su novela Nuestro hombre en La Habana, Graham Greene dice: “Ningún habanero iba al Sloppy Joe’s porque era un lugar para turistas”.

Probablemente esa seguirá siendo la norma durante la segunda encarnación del Joe’s.

El bar está ubicado muy cerca del Paseo del Prado, el Museo Nacional de Bellas Artes, el Parque Central y varios hoteles de lujo para turistas. Un sándwich y un trago cuestan unos 13 dólares, además de la propina, demasiado costoso para los cubanos, que tienen que arreglárselas con los salarios del Gobierno, de un promedio de 20 dólares al mes.

Pero los turistas en busca de un sitio histórico probablemente peregrinarán al bar a tomarse una foto en el mismo lugar donde muchas estrellas, desde Frank Sinatra y Ava Gardner, hasta Nat King Cole y Ted Williams, en una época saciaron su sed.

“Tómese una foto en el Sloppy Joe’s, su mejor recuerdo de La Habana”, se lee ahora en algunas columnas interiores del restaurado local, junto las fotografías que rinden homenaje a sus años de gloria y sirven de credencial al negocio.

Pese a ese reclamo y a los precios, el historiador de La Habana, Eusebio Leal, dijo a periodistas que la finalidad de reabrir bar “no es comercial” ni para “aprovechar un nombre”, sino que se trata de “recuperar una memoria importante” para la capital.

Insistió en que el Sloppy Joe’s se ha reabierto “en primer lugar para los habaneros y para los cubanos”, y después para “las personas que vienen de todas partes del mundo y particularmente de los Estados Unidos” .

“Tendrán la posibilidad de darse cuenta de lo importante que es para nosotros la historia”, aseveró Leal, y subrayó que esta obra es “una piedra más” en el actual trabajo de restauración que incluye al Capitolio, el Prado, el Gran Teatro y el antiguo Casino de La Habana.

El espacio inicial del Sloppy Joe’s era un bodegón que el gallego José Abeal compró con sus ahorros y después convirtió en bar.

El nombre del negocio (“sloppy” significa descuidado en inglés) le pudo haber sido sugerido por el propio Hemingway, según algunas anécdotas, pero en todo caso Abeal había pasado años trabajando en Nueva Orleans y Miami antes de establecer su negocio en Cuba y conocía el idioma.

La proclamación de la Ley Seca en Estados Unidos influyó el auge del bar, pues Cuba se convirtió en el centro del éxodo de comerciantes norteamericanos dedicados al tráfico de bebidas alcohólicas en la década de los años 20 del siglo pasado.

El gerente Iznaga expresó su esperanza de que el bar atraiga nuevamente a turistas norteamericanos.

“Ya nos han visitado algunos señores que pertenecen a un club, el del Sloppy Joe’s de la Florida y están muy interesados en venir”, apuntó.

Aquí encontrarán memorabilia del Sloppy Joe´s (H/T Penúltimos Días).

almendrones

Imagen tomada de Misceláneas de Cuba. Foto por OLPL, 2012.

Imagen tomada de Misceláneas de Cuba. Foto de Orlando L. Pardo Lazo. 2012.

En el blog Misceláneas de Cuba, viñetas de la Cuba Material por Orlando Luis Pardo Lazo:

Frente de batalla:

Los carros americanos siguen siendo una quinta columna clavada en el corazón comunista de la Revolución. Vienen de la prehistoria republicana y, sin embargo, pertenecen al futuro democrático de la nación. Duraron, a pesar de la asfixia y los represivos talleres sin piezas de repuesto, donde los “adaptaron” al cambiarle sus órganos originales. Pero los carros americanos no son un museo ni mucho menos un mausoleo de la memoria, estos “almendrones” de cáscara dura no son sino un plebiscito rodante.

Gulliver en el país de los proletarios:

Pudo ser un performance de la Bienal de Artes Plásticas de La Habana. Pudo ser el primer plano público de un stop-motion cubano desconocido, ese que, por timidez o tristeza, jamás se filmó. Hombrecitos de plastilina que recorren las aceras cutres de la avenida Galiano en Centro Habana (acaso en Contra Habana). Enanitos en peligro de ser pisados por los titanes que van y vienen de la shopping o del agromercado, con sus viandas y electrodomésticos y piltrafas y productos de aseo, todo disimulado en las consuetudinarias jabitas de nylon (la bandera cubana debiera ser sustituida por una jabita de nylon, que resuena más linda al viento y es un objeto menos biodegradable y sin tanta memoria de la muerte nacional). Pudo ser un set para rodar el clímax de un videoclip de reguetón. Pudo ser labor-terapia grupal para los deprimidos anónimos de la patria. Pudo ser de todo. A mí nadie nunca me dijo nada.

Los viejos carros americanos:

Aferrados a un filito. La mano crispada, tensa hasta el último tendón. La marca del uniforme mitad como maleficio y mitad como talismán. Los viejos carros americanos parecen persistir más allá de la Historia y más acá de la Revolución. Sus carrocerías se maquillan de lujo metálico para un nuevo cambio de velocidad. Los viejos carros americanos se alquilan a miserables y a militares sin hacer distingo, son la encarnación rodante de nuestra demacrada democracia de mercado. Dentro de sus hierros cincuentenarios todos somos iguales, expuestos a la misma contaminación carburante. Los viejos carros americanos son ataúdes en tiempo futuro, cunas de fetos en pasado perfecto. InCUBAdoras de un pueblo en trance de movimiento que por ahora aún se aferra a una idea inercial, inmemorial.

¿Huraco o espejo mágico?

No todas las capitales de América cuentan con paisajes así, de guerra per-manente pero artificial, escaramuzas inocuas excepto para la inteligencia. A La Habana le salen más baches que bares y borrachines. Más baches inclu-so que desfiles de botas violentas en alguna efeméride nacional. A ras de asfalto, el espejo de agua masoquistamente duplica nuestra rala realidad: gente mohína asomada al daño de los edificios, a sus ínfulas heroicas de mostrar las cicatrices de un bombardeo. Y, lo más terrible de esta debacle: es aterrorizantemente bella.

Lápidas:

¿Quién sobrevive a quién? ¿La vieja y orgullosa maquinaria de los años cincuenta, que abortó en Cuba junto al final de su década, o la palabra patria más perversamente repetida desde entonces? ¿Quién rueda todavía sobre el asfalto percudido y quién ya no podría permanecer de pie? ¿Chapistería versus chapucería? ¿Slogan comercial versus lema? ¿Aerodinámica retro versus ideología obsoleta? Pero, ¿quién se atrevería a meterle un buen palancazo a la caja de cambios de velocidad? ¿Nos hará falta alguna licencia histórica de conducción?

Ver la entrada completa en Misceláneas de Cuba.

fregadero de madera

Fregadero de madera
Fregadero de madera. 2013. Imagen tomada de Misceláneas de Cuba.

Fregadero de madera. 2013. Imagen tomada de Misceláneas de Cuba.

Cuando leí el titular, pensé en una batea. Se trata, sin embargo, de un fregadero. Me recordó al proyecto que se manejó en la Oficina Nacional de Diseño Industrial en los 1990s de fabricar ataudes reciclables de metal.

En Misceláneas de Cuba: Inventaron en Cuba el fregadero de palo:

Exhibido en una exposición de muebles y adornos supuestamente hechos con desechos de madera encolados trozo a trozo, y con la propuesta de emplear también pedazos de madera como ladrillos.

El cubano tiene inventiva agudizada por la escasez y se fabrica cualquier cosa con cualquier cosa. No se les había ocurrido este fregadero ni a Benjamín Franklin con todos los bosques de Norteamérica a mano, ni a Albert Einstein, quien gozaría mucho  comprobando en Cuba tanta relatividad.

Tal vez porque la madera se pudre, tiene poros y fibras que recogen mugre y crían moho, se agrieta. Pero la TV mostró un bello mueble de pequeños trozos encolados, todos de distintos tipos, supuesto que son desechos de carpintería.

Más interesante resulta que en Cuba los carpinteros carecen de madera, y por tanto de desechos de ésta, el Estado apenas la importa, y de la peor calidad, la basura es prácticamente la única fuente de abastecimiento de madera y allí los carpinteros rebuscan pedazos de cajas de embalaje y de muebles y puertas rotos.

La carencia de clavos, cola y barnices es casi total. Grave problema cuando nos azotan huracanes el que no tiene la gente ni tablas ni clavos para asegurar sus ventanas ni forma de conseguirlos.

Y si por arte de magia abundaran cola, clavos, etc. y desechos de madera de calidad tan especial como para construir fregaderos y  fabricar ladrillos de madera…

¿No resultaría más costoso  e ineficiente que hacérselos producir a las fundiciones y a las fábricas de ladrillos? Como produjeron siempre en Cuba desde la época de las bateas y sin salir en los noticieros. – Hasta que vino el comunismo a confiscar y “planificar” no hubo escasez de materiales y muebles.

¿Y ahora  propagandizan como avance el que a las máquinas que en una línea de producción estampan fregaderos de aluminio las sustituyan por carpinteros que como si hicieran un rompecabezas arman un fregadero con bloques de madera?

La reportera del noticiero lo calificó ejemplo de: “la vastedad de las soluciones construyentes” (así de mal construida la frase).

Un problema que limita estas “vastedades” es que no hay clavos en ninguna ferretería y según el periódico Granma del 8 de abril, en una fábrica de la  “/…Empresa metalúrgica Camagüey, resulta casi imposible dar un paso: la instalación se encuentra abarrotada de pallets cargados de clavos/…/ 897 toneladas/…” porque la empresa transportista no los recoge.

Y explican a Granma que no los pueden transportar por ferrocarril !porque éstos no disponen de grúas! (Pero en Cuba, segundo país en el Continente y séptimo en el mundo en inaugurar su ferrocarril (1837) ¿los ferrocarriles nacidos para transportar cargas… carecen de grúas en el 2013?).

Podrían fabricar clavos de madera y sacarlos por televisión ya que es imposible sacarlos con transportes, o hacer grúas de madera como las que usaban en la antigüedad.

Con aplauso televisivo a esas “vastedades” “construyentes” bien podríamos prescindir de los herrajes del fregadero y sustituirlos por bejucos y cañas huecas. Y hasta “construyentear” locomotoras a vapor hechas de trozos de madera (como el fregadero) que cuando les falte el carbón podrían auto consumirse.

Ahorrar electricidad criando masivamente cocuyos (luciérnagas) para encerrar en bombillas rotas, si acaso el monopolio transportista no deja acumular toneladas de cocuyos o éstos no mueren por incumplimiento del plan de piensos.

Lo que no pueden, por causa de prohibir las leyes económicas, es hacer que la economía funcione y el trabajo produzca para satisfacer necesidades elementales y prefieren exhibir en televisión falsas soluciones. Desde que tenemos memoria las hemos visto: Nuevas máquinas cubanas que ahorrarán importaciones, helado de malanga, !de todo!, pero jamás sale de la pantalla al mercado.

Todo maravilloso e inviable, porque, si los inventos viables los premian en concursos pero nunca los producen, si son incapaces de organizarse para usar esos trozos en algo tan necesario y sencillo como hacerlos cubos de madera para juguete de niños pequeños, el fregadero de palo jamás saldrá del televisor para los hogares.

No pasará de ser una obra de artesanía surrealista exhibida y la Seguridad del Estado no tendrá que prohibirlo por temor a que los balseros lo usen para navegar a Miami.

Es ejemplo este fregadero, junto a las 897 toneladas de clavos que no dejan caminar a sus productores porque el transportista no los saca y  a ferrocarriles que no transportan carga por carencia de grúas, de la ineficiencia del sistema que pregonan como solución de todas las injusticias y pobrezas.

……………

Propongo que le construyan un monumento a ese imposible “perpetum mobile” marxista: La “planificación socialista de la economía”; mas, como ya se acabó el bronce, no habrá transporte para la piedra y somos tan inventivos… constrúyanlo con cáscaras de plátano.

Pero como hasta los plátanos escasean, usen ese fregadero, aunque basta como monumento la vasta vastedad de la devastación de una nación que fue próspera hasta que los “construyentes” Castro decidieron mejorarla.

Apuntes para una cronología del diseño gráfico en Cuba, por Pepe Menéndez

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Imagen tomada de internet.

Puede descargar aquí el texto de Pepe Menéndez Apuntes para una cronología del diseño gráfico en Cuba, publicado por Cuba Gráfica en 2007, del que se reproducen algunos fragmentos:

(…)
2. De 1959 a 1964: cambio de paradigma

(…)
En la confrontación ideológica de los primeros años la publicidad fue tildada de perniciosa, y en 1961 fueron definitivamente suprimidos por el gobierno los espacios publicitarios en radio, televisión y prensa plana. Hubo también prejuicios estéticos, fuertes debates, pero en general el diseño logró imponer su libertad expresiva y primó el respeto a sus creadores.
Los dos principales conglomerados de diseñadores que surgieron en estos años fueron el Consolidado de Publicidad (en 1960) y la agencia Intercomunicaciones (en 1961). El primero atendió los contratos de publicidad que existieron hasta 1961 y la segunda se ocupó de los encargos de comunicación de las entidades del gobierno (ministerios, empresas, etc.).
Intercomunicaciones (con creadores como Guillermo Menéndez, Tony Évora, Joaquín Segovia y Silvio Gaytón en la primera etapa, más Olivio Martínez, José Papiol, René Mederos, Ernesto Padrón y Faustino Pérez, entre otros, en un segundo momento) terminaría fundiéndose en 1967 con un grupo de diseñadores que atendía la gráfica propagandística del gobierno en la Comisión de Orientación Revolucionaria (COR).
Los nuevos contextos en que se desarrollaba el diseño gráfico y los contenidos que debía comunicar necesitaron formas diferentes a las que primaban hasta entonces.
Por un tiempo, sin embargo, se produjeron superposiciones de contenidos y formas antagónicas. La publicidad –adaptándose a los nuevos tiempos– intentó mostrar una vocación más nacionalista en el posicionamiento de los productos, y la propaganda no encontraba todavía su propio lenguaje. Los cambios no surgieron por dictamen sino por necesidades intrínsecas de aquel momento histórico.
En 1959 se fundaron dos instituciones culturales muy importantes en la historia de la gráfica cubana: el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la Casa de las Américas. En el ICAIC el primer equipo de diseñadores estuvo integrado por Rafael Morante, Eduardo Muñoz Bachs, Raúl Oliva y Holbein López, con Eladio Rivadulla como impresor de carteles en serigrafía. En años siguientes trabajaron sistemáticamente en esta oficina –entre otros– René Azcuy, Antonio Pérez Ñiko, Antonio Fernández Reboiro, Luis Vega y Julio Eloy Mesa.
La diversidad de estilos entre ellos es notable, como lo es también la intensidad de la producción. En ocasiones llegaron a diseñar un cartel semanal cada uno. Tal demanda continua de soluciones los dotó de una capacidad resolutiva muy eficiente, cuyos mejores frutos han sido ampliamente elogiados y premiados. Los carteles del ICAIC tuvieron en común desde mediados de los años 60 un mismo formato (52 x 76 cms) y una misma técnica (serigrafía), más un grupo de creadores prolíficos (Muñoz Bachs, Azcuy, Ñiko y Reboiro los principales), lo que contribuyó a que hayan sido percibidos como un cuerpo coherente de gráfica promocional mantenida a lo largo de varias décadas.
La Casa de las Américas, por su parte, creó en 1960 la revista de igual nombre, en la que trabajó Umberto Peña con gran creatividad desde 1965 hasta finales de los años 80. Umberto Peña permaneció vinculado a la Casa por más de veinte años, en una relación creador-entidad que puede considerarse como una de las más fructíferas en la historia del diseño cubano, tal vez solo comparable con la de Eduardo Muñoz Bachs y sus carteles para el ICAIC.
Peña aportó a la Casa de las Américas, con la gran cantidad de soportes diseñados, lo que hoy llamaríamos una identidad visual corporativa.
Por otra parte, con forma y contenidos que se consideraron renovadores en Cuba salió a la calle en 1959 el primer número de Lunes de Revolución, suplemento del diario Revolución. En ciertos casos, la experimentación que llevó a cabo el equipo de realizadores de Lunes… en la relación tipografía-fotografía-ilustración puede considerarse precursora de los carteles cubanos posteriores, cuya madurez expresiva se produjo hacia mediados de los años 60. Sus diseñadores principales fueron Jacques Brouté (francés residente en Cuba, en la primera etapa), Tony Évora (segunda etapa) y Raúl Martínez (tercera etapa). La publicación dejó de existir en 1961.
El cartel adquiere por estos años un rol preponderante como medio de divulgación. La vida de los cubanos se hizo muy intensa en las calles, en los sitios públicos; había mucho intercambio social por motivos laborales, estudiantiles, recreativos o de preparación militar. En tales circunstancias el cartel, al estar siempre presente, sirvió de eficaz comunicador, con independencia de la calidad mayor o menor que tuviera. No habiendo madurado aún un estilo gráfico o formas de hacer particulares en el diseño cubano, algunos de los más significativos carteles que pueden mencionarse de esta primera etapa lo son más por la coyuntura en que surgieron que por una calidad notable.
«Es bueno recordar que la eficacia comunicativa de tales objetos visuales fue más un resultado de la significación social del hecho que interpretaban y trasmitían que de los valores intrínsecos de su concepción y plasmación como obra gráfica.» (Bermúdez, J., 2000: 89). Tales son los casos de los diseños para la Campaña de Alfabetización de 1961 y los carteles de movilización y alerta que se hicieron en el contexto de la Crisis de Octubre de 1962.
En 1961 se creó el Consejo Nacional de Cultura (CNC). Algunos de sus diseñadores en los años iniciales fueron: Rolando y Pedro de Oraá, José Manuel Villa, Umberto Peña, Raúl Martínez, Héctor Villaverde, César Mazola, Rafael Zarza, Ricardo Reymena y Juan Boza. Su objeto social era la promoción de eventos e instituciones culturales, y se ocuparon también del diseño de revistas.
Junto al ICAIC, el equipo del CNC se puso en pocos años a la vanguardia del cartel cubano, pero a diferencia de aquel no mantuvo la misma estabilidad de autores, formatos y técnica de reproducción. Lamentablemente, la producción de carteles del CNC no ha sido conservada en archivos o colecciones, lo que unido a los prejuicios y marginaciones en que se vio envuelto el ámbito cultural en la siguiente década dio lugar a que se haya diluido la verdadera importancia de aquella producción en las décadas de los años 60 y 70.
Cierra esta etapa con una clara intención renovadora. Las propuestas visuales iban madurando en una generación numéricamente grande, joven y con ansias de realización, que creaba dentro de una realidad social en transformación y se atrevía a lo nuevo, adaptando sus creaciones a circunstancias muy exigentes. Por un lado las limitaciones económicas extremas de un país bloqueado, y el desenfado utópico por el otro.

3. De 1965 a 1975: maduración de un modo de hacer

Una caracterización del contexto en que se conformó una nueva gráfica en Cuba pasa por considerar que: a) la dinámica de transformación del país producía una demanda constante de comunicación visual, y b) los diseñadores estaban agrupados alrededor de instituciones que les propiciaban una ejercitación sistemática, con mucha libertad expresiva.
Dicho en términos de mercadotecnia, existió un clímax en que se equilibraron demanda y oferta. Ese clímax se puede decir que duró unos 10 años y es considerado por muchos especialistas como la etapa más fértil en la historia del diseño cubano. Algunos autores se refieren a ella como «la era dorada» de nuestro diseño.
La demanda se expresó, por ejemplo, en una eclosión editorial. La poligrafía llegó a alcanzar en su momento máximo cifras anuales de 700 títulos y 50 millones de ejemplares impresos, en un país con una población de alrededor de 7 millones de habitantes. Había decrecido el número de periódicos pero proliferaron las revistas, y las nuevas editoriales crearon una variada gama de colecciones de libros. La producción de carteles se disparó tremendamente, concentrado el grueso, en términos de cifras, en tres entidades: ICAIC, COR y CNC, es decir cine, propaganda política y cartel de promoción cultural no cinematográfica.
A modo de ejemplo vale decir que cuando en 1979 el ICAIC celebró sus 20 años organizó una muestra con el impresionante título de 1000 carteles cubanos de cine (curiosamente los años más representados fueron los finales del decenio 65-75: 1974, con 171 piezas y 1975, con 125 piezas; en cuanto a los autores, de Eduardo Muñoz Bachs fueron seleccionados 284 carteles). En ausencia de publicidad, aumentaron las campañas de bien público en las que tomaron mucha fuerza nuevos soportes como las vallas urbanas y los laminarios.
Aunque Cuba fue durante muchos años un país aislado y el cambio que se operó en estos años tuvo bases endógenas, no deben ignorarse las influencias externas. En 1964 viajó a Cuba Tadeusz Jodlowski, profesor de la Academia Superior de Bellas Artes de Varsovia, para impartir un curso a los diseñadores del CNC. Este primer encuentro directo con la escuela polaca de diseño –tan diferente de los códigos estéticos norteamericanos en boga en Cuba desde los años 50– fue útil para los jóvenes creadores del patio.
Tuvo además continuidad en las posteriores estadías de César Mazola (en 1965), de Héctor Villaverde (en 1966) y de Rolando de Oráa (en 1967) en Polonia, para estudiar durante seis meses bajo la tutoría de Henryk Tomaszewski. Otros antecedentes comparables con esta superación profesional fuera de la Isla serían los estudios de Arte y de Diseño de Félix Beltrán en universidades de primer nivel de los Estados Unidos muy al inicio de la década, y la carrera de nivel superior de Esteban Ayala en la Escuela Superior de Gráfica y Arte del Libro de Leipzig, República Democrática Alemana (entre 1962 y 1966).
En 1969 vinieron a La Habana los diseñadores gráficos polacos Wiktor Gorka, Waldemar Swierzy y Bronislaw Zelek.
Otras visitas de resonancia en el gremio del diseño gráfico cubano en años posteriores fueron las de Shigeo Fukuda en 1970 y 1987 (en esta última con una exposición de sus carteles en el Instituto Superior de Arte); de Albert Kapr en 1983 (dos años después se publicó en Cuba su libro 101 reglas para el diseño de libros); de Jorge Frascara y Gui Bonsieppe en repetidas ocasiones entre los años 80 y 90, y más recientemente de Norberto Chávez, Rubén Fontana, Alain Le Quernec e Isidro Ferrer.
Debe entenderse que a partir de los primeros años 60 los viajes de cubanos al exterior fueron escasos, como también de extranjeros a la Isla. Las «zonas de contacto» entre el diseño cubano y el mundo estuvieron reducidas durante muchos años, sobre todo en las décadas del 60 y 70, quedando los ejemplos que se mencionan más algunas revistas y libros internacionales que se recibían como excepciones de un estado de incomunicación con el mundo.
El primer intento de una revista cubana de diseño se produjo en 1970 cuando la COR editó Diseño. Su existencia se limitó a tres números en ese mismo año. En 1973 la misma entidad sacó a la luz Materiales de Propaganda (luego Propaganda), publicación que ha perdurado hasta hoy aunque con mucha irregularidad.
En 1962 surgió Cuba, una revista concebida para mostrar al mundo la realidad del país. Esta publicación (cuya antecesora directa se llamó INRA) desarrolló un perfil editorial muy visual y dinámico para su época y entorno, sumando para esto el talento de diseñadores y fotógrafos. Inicialmente la dirección de diseño y fotografía la ocupó José Gómez Fresquet Frémez, al que siguió Rafael Morante.
De 1967 a 1977 lo hizo Héctor Villaverde. Contó además, durante muchos años, con los aportes de Roberto Guerrero y de varios otros diseñadores como Luis Gómez y Jorge Chinique. En el equipo de fotógrafos estuvieron Alberto Díaz Korda y Raúl Corrales en la primera etapa y José A. Figueroa, Iván Cañas, el suizo Luc Chessex,Enrique de la Uz, Luis Castañeda y Nicolás Delgado en la década de los años 70.
Junto a Cuba, las revistas más notables de este período fueron La Gaceta de Cuba (surgida en 1962, con diseño de Tony Évora), Pueblo y Cultura y Revolución y Cultura (desde 1963), revistas diferentes pero emparentadas, en las cuales intervinieron por períodos Héctor Villaverde y José Gómez Fresquet Frémez, así como Tricontinental (surgida en 1967, con diseño de Alfredo Rostgaard).
A mediados de la década el cartel cubano empezó a concitar interés en Europa y en algunas otras plazas importantes de las artes visuales en el mundo. A través de artículos en revistas y de exposiciones van dándose a conocer una realidad social particular y un modo de reflejarla a través del diseño, todo lo cual atrajo atención y fue elogiado. Algunas de las exposiciones más importantes de esta etapa fueron: 1968, Galería Ewan Phillips, Londres; 1969, Museo de Arte Moderno, Estocolmo; 1971; Museo Stedelijk, Ámsterdam; Museo del Arte y de la Industria, París, y Biblioteca del Congreso (Sección Fílmica), Washington, todas con el título de Carteles Cubanos.
Sin dudas fue el cartel el género más representativo del auge en la gráfica cubana de esta época, tanto que opacó otros logros que permanecen hasta hoy poco abordados. Dos extremos opuestos por su escala serían el diseño para espacios expositivos o de gráfica urbana y el diseño de sellos de correo.
En el cambio de década se produjeron varias experiencias de interés en diseños de grandes espacios. Para los pabellones cubanos en las exposiciones mundiales de Montreal ‘67 y Osaka ‘70 trabajó el diseñador Félix Beltrán, formando parte de equipos dirigidos por arquitectos (en el primer caso, los italianos residentes en Cuba Sergio Varoni y Vitorio Garatti, en el segundo, Luis Lápidus).
Otra exposición que adquirió una coherencia y expresividad superiores gracias al diseño gráfico fue la Muestra Internacional de Arte del Tercer Mundo, La Habana, 1968, concebida en cuanto a diseño por José Gómez Fresquet Frémez. También se recuerdan las supergráficas que colmaron el edificio del ICAIC en los fines de año, en especial la de 1969, diseñada por Antonio Fernández Reboiro, y la de 1970, debida a Alfredo Rostgaard.
En el diseño de sellos de correo se produjo una evolución paralela a la de los carteles y el diseño editorial de estos años. Los códigos predominantes transitaron de una figuración realista a una conceptuación visual más efectiva. Varios diseñadores se especializaron en este tipo de trabajo y lograron algunas series donde las pretensiones de belleza que solían primar y la funcionalidad requerida del sello no entorpecieron el buen diseño, sino que por el contrario encontraron en él un aliado.
Fue sin embargo un creador que trabajaba en otra entidad quien demostró la mayor maestría para estas minúsculas piezas de comunicación. A Guillermo Menéndez se deben algunos de los más logrados sellos de correo cubanos, como los de las series Año Internacional de la Educación (1970) y xx Aniversario del Triunfo de la Revolución (1979).
Los niveles de calidad promedio que se alcanzaron en el diseño de sellos durante las décadas de los 60 y 70 se perdieron en años siguientes y se impuso de nuevo el modelo de representación con pretensiones de hiperrealismo, tanto en los temas de fauna y naturaleza como en los conmemorativos y de deportes, en ocasiones con un bajo nivel de realización en los dibujos.
En 1966 surge la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL), la entidad que junto al ICAIC y el DOR puede ser considerada la otra gran productora de carteles, más por su singularidad y calidad que por la cifra de sus títulos: alrededor de 340 en los primeros 40 años. Vale apuntar que la producción histórica del ICAIC ha sido estimada entre 2 500 y 3 000 carteles; la del DOR se calcula entre 6 000 y 8 000.
Los carteles de la OSPAAAL estaban destinados a trasmitir mensajes políticos de solidaridad, fundamentalmente con procesos de descolonización / reivindicación social / antimperialismo en diversos países del Tercer Mundo. Inicialmente se hicieron circular doblados y encartados dentro de la revista Tricontinental (cuya tirada llegó a ser de 50 000 ejemplares). Usaban un formato pequeño y un lenguaje gráfico asimilable por individuos de culturas e idiomas diferentes, privilegiando la imagen sobre el texto. La principal figura de la cartelística de la OSPAAAL fue Alfredo Rostgaard. También se destacaron Lázaro Abreu, Olivio Martínez, Rafael Morante, Jesús Forjans, Faustino Pérez, Berta Abelenda, Rafael Enríquez y René Mederos.
La creación del Instituto Cubano del Libro (ICL) da pie a la remodelación de las editoriales y sus perfiles gráficos. En las editoriales Arte y Literatura y Letras Cubanas trabajaron, entre otros, Raúl Martínez, José Manuel Villa, Cecilia Guerra, Carlos Rubido y Luis Vega; en Ciencias Sociales lo hicieron Roberto Casanueva y Francisco Masvidal. Ellos llevaron el diseño de libros dentro del ICL a un nivel cualitativo alto. En otras instituciones, Raúl Martínez y Tony Évora (Ediciones R), Fayad Jamis (Ediciones Unión) y Umberto Peña (Casa de las Américas) fueron los más destacados en esta época.
El libro había dejado de ser un objeto elitista para quedar al alcance de cualquier ciudadano, respaldado esto por una política de precios subvencionados estatalmente a fin de promover la lectura y por ende el enriquecimiento cultural.
Los diseños cubanos de libros de esta época fueron desinhibidos, a veces arriesgados, y aunque respetaban ciertas reglas básicas, no parecían asumirlas como leyes inviolables. En las cubiertas había más búsqueda expresiva que disciplina tipográfica.
Libros sobre diseño no han existido muchos en Cuba. El prolífico Félix Beltrán publicó Desde el diseño, en 1970, Letragrafia (Editorial Pueblo y Educación), en 1973, y Acerca del diseño (Ediciones Unión), en 1975. En años siguientes aparecieron El libro, su diseño, del creador Roberto Casanueva (Editorial Oriente, 1989), El cartel cubano de cine (Editorial Letras Cubanas, 1996) y La imagen constante. El cartel cubano del siglo xx, del estudioso del diseño Jorge Bermúdez (Letras Cubanas, 2000), primer estudio profundo sobre este tema particular.
Las zafras azucareras, principal evento económico del país hasta hace pocos años, estuvieron acompañadas habitualmente de numerosos impresos cuyo propósito era estimular la conciencia laboral de los trabajadores. La campaña propagandística alrededor de la zafra de 1970, en la cual el gobierno se propuso una meta nunca antes alcanzada, tuvo dimensión nacional, con equipos de diseño localizados en cada provincia. Fue concebida una serie de vallas y carteles que anunciaban cada etapa vencida. A diferencia de la profusión de imágenes figurativas (obreros, sembrados de caña, maquinarias y herramientas) con que se había comunicado la movilización hacia las zafras de años anteriores, en esta Olivio Martínez elaboró unas imágenes tipográficas muy coloridas que expresaban la euforia nacional alrededor de este magno empeño productivo. Su concepción seriada resultó de mucho interés.
De este crucial evento económico y político de la Revolución Cubana quedó otro cartel que expresaba, no la euforia con que se inició la zafra sino la consternación de su final frustrado al no cumplirse la meta propuesta. Revés en Victoria (COR, 1970) es un notable ejemplo de economía de medios, que logra visualizar sintética y sugerentemente una frase del momento. Su autora fue Eufemia Álvarez, una de las varias mujeres que se destacaron en la gráfica cubana en estos años sin que se les mencione con la frecuencia y justeza que merecen. Su cartel obtuvo uno de los cinco premios en el Salón Nacional de Carteles de 1970, junto a piezas tan notables como Besos robados (de René Azcuy), Viva el xvii Aniversario del 26 de Julio (de Félix Beltrán), ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (de Rolando de Oraá) y Moler toda la caña y sacarle el máximo (de Antonio Pérez Ñiko).
La COR había organizado el primer Salón un año antes, centrado solamente en la producción de carteles.2 Fue inaugurado con una gran exposición, para la que se seleccionaron y quedaron expuestos trabajos de 70 diseñadores. Cinco diseños –que con el tiempo han pasado a ser considerados antológicos– fueron premiados: Cuba en Grenoble (de Raúl Martínez), Todos a la Plaza con Fidel (de Antonio Pérez Ñiko), Décimo aniversario del ICAIC (de Alfredo Rostgaard), Clik (de Félix Beltrán) y Décimo aniversario del triunfo de la rebelión (del equipo integrado por Ernesto Padrón, José Papiol y Faustino Pérez).
Un desglose de los premiados en las primeras diez ediciones de este Salón Nacional del Cartel (luego renombrado Salón Nacional de la Propaganda Gráfica 26 de Julio) arroja otros datos de interés: los 40 premios otorgados fueron a manos de 26 diseñadores, es decir que existía una calidad repartida; tres fueron ganados por mujeres; el balance temático es de 21 carteles políticos, 12 culturales y 7 sociales. Se evidencia también la distribución geográfica de la actividad de diseño en Cuba por esos años, al recibirse y premiarse trabajos de varias provincias con destaque para Matanzas y Santiago de Cuba.
En 1970 se publicó el libro The Art of Revolution (McGraw-Hill Book), de los autores Susan Sontag y Dougald Stermer. El mismo significó un espaldarazo internacional a la gráfica cubana, especialmente por el ensayo de Sontag y por la espléndida selección de carteles, desplegados en un libro de gran formato. La repercusión internacional de la gráfica cubana era ya un hecho al inicio de la década de los 70.
Se habían obtenido los primeros lauros: un cartel de Esteban Ayala en la República Democrática Alemana, 1964; libros de Santiago Armada Chago, Eduardo Muñoz Bachs, José Manuel Villa, Esteban Ayala y Félix Beltrán en Ferias del Libro IBA de Leipzig entre 1965 y 1971; el cartel Harakiri de Antonio Fernández Reboiro en Sri Lanka, 1965; y finalmente el conjunto de carteles presentado por Cuba, que recibió el primer premio en el Concurso Internacional de Carteles de Cine dentro del Festival Internacional de Cine de Cannes en 1974.
Se alcanzaba así el momento de máximo esplendor, la consolidación de un modo de hacer en función de una coyuntura social muy particular. La generación que la había llevado a cabo estaba en su plena madurez. No había sin embargo un relevo a la vista. Los primeros intentos de fundar una escuela de diseño, la Escuela de Diseño Industrial e Informacional, dentro el Ministerio de la Industria Ligera en 1969, no habían tenido continuidad ni arraigo.

4. De 1976 a 1989: estancamiento y retroceso

En este período se producen cambios importantes en la estructura político-administrativa y de gobierno que guardan relación con la incorporación del país al bloque económico de los países socialistas.
Variedad de factores condicionaron la crisis del diseño gráfico cubano que se hizo evidente en este período:
Se saturó el código visual creado en los años 60 y no llegó a tiempo la necesaria renovación tanto visual-expresiva como humana, es decir, de profesionales con similar o mejor nivel profesional que sus antecesores.
Las relaciones laborales entre los diseñadores y profesionales afines y sus superiores se tornaron rígidas, imponiéndose un estilo burocrático de encargo / aprobación de diseños.
Hacia el final de los años 80 comienza a conocerse en Cuba la tecnología digital, avance al que no todos los diseñadores por entonces activos pudieron incorporarse –con lo cual quedó marginado un sector de profesionales maduros respecto a los jóvenes que entraban al gremio– y que por otro lado hizo posible que personas con poca preparación específica en comunicación visual accedieran a trabajos de diseño en detrimento de la calidad resultante.
Hubo conciencia bastante generalizada de la crisis (al menos entre los diseñadores y demás especialistas) pero no soluciones.
Al parecer las instituciones no reaccionaron ante las señales: en 1978 la revista Revolución y Cultura publicó un conjunto de artículos-encuestas debatiendo las encrucijadas a que se enfrentaba la cartelística nacional desde hacía algunos años. De Raúl Martínez es esta afirmación: «Quizás nos hemos dormido en los laureles, los artistas que los elaboramos (los carteles) y los organismos y funcionarios que se encargaron con entusiasmo de pedírnoslos y difundirlos a la vez». Todavía diez años después, en un informe redactado por profesionales de la comunicación y puesto a debate en las instituciones vinculadas directamente con esta actividad, se repite que «el diseño gráfico ha presentado en la última década una baja sustancial en lo cualitativo y cuantitativo». Los factores fundamentales que inciden son (selecciono algunos): la inexistencia de una política institucional de promoción al diseño gráfico, la limitación profesional y cultural de las personas que dirigen en las instituciones, la deficiente calificación de numerosas personas que trabajan como diseñadores y la necesaria renovación de diseñadores que deben promover los centros docentes especializados.
La Sección de Diseño de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), dirigida por Héctor Villaverde y Alfredo Rostgaard, organizó los Encuentros de Diseño Gráfico (el primero tuvo lugar en 1979, el segundo en 1985), en un intento por tomar la iniciativa y debatir públicamente los asuntos de la profesión, pero dándole la palabra a los creadores. Sintomáticamente, el cartel del evento, debido a Francisco Masvidal, muestra los entonces habituales instrumentos del diseñador: cuchilla de cortar, pincel, rotulador de tinta y lápiz con forma de proyectiles.
Por esos años algunos diseñadores notables salen definitivamente del país (por ejemplo, Antonio Fernández Reboiro y Félix Beltrán; mucho antes ya lo había hecho Tony Évora) y otros dejan los puestos de trabajo donde estaban (Umberto Peña, Eduardo Muñoz Bachs, René Azcuy). Cuando en 1980 se funda la Oficina Nacional de Diseño Industrial (ONDI), el diseño gráfico cubano ya está en franca crisis. La ONDI pone entre sus prioridades la formación de diseñadores y funda el Instituto Politécnico para el Diseño Industrial en 1983 y el Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) en 1984, siendo esta la primera –y hasta el momento única– universidad de diseño en Cuba, de donde salieron los primeros veintiún egresados en 1989, nueve de ellos como diseñadores informacionales.
El claustro inicial del ISDI estaba formado por arquitectos. Antonio Cuan Chang, formado como docente en Diseño Básico en la escuela de arquitectura, encabezó la facultad de Diseño Informacional desde su fundación hasta 1993. Las dos grandes excepciones a esta tendencia fueron Esteban Ayala y el profesor chileno Hugo Rivera.
Los arquitectos, con su dominio de las leyes generadoras de la forma y de la Gestalt, habían alcanzado cierto éxito en la gráfica cubana desde los años 70, en especial en la creación de logotipos. En una época en que se hicieron frecuentes los concursos abiertos para crear la identificación de eventos e instituciones, los arquitectos probaron ser muy certeros.
Salidos de concursos públicos o no, algunos logotipos de gran visibilidad se han mantenido hasta hoy por su pregnancia y eficiencia marcaria, como son los casos de: Helados Coppelia (de Guillermo Menéndez, 1964), Ministerio de la Construcción, y Parque Lenin (ambos de Félix Beltrán, años 70), Ministerio de la Pesca (René Azcuy, años 70), Aerolínea Cubana de Aviación (de Juan Antonio Gómez Tito, años 70) y Asociación Cubana de Artesanos Artistas (Antonio Cuan Chang, 1980).
El crecimiento de la industria ligera experimentado en la década de los 70 motivó un desarrollo del diseño de envases. En particular para el sector de los productos alimenticios fueron creados sistemas completos de marcas, etiquetas, envases y embalajes desde el Centro de Diseño de Envases y Divulgación. Ello se extendió también a los habanos y su promoción en el extranjero. De aquel equipo pueden mencionarse los nombres de Luis Rolando Potts, Antonio Goicochea, Santiago Pujol y
Carlos Espinosa Vega, representantes los tres primeros de la poco numerosa generación intermedia, la que siguió a los iniciadores de los años 60 y antecedió a la nueva hornada de los 90.
Entre 1977 y 1978, con motivo de la celebración en Cuba del xi Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, tomó mucha fuerza en La Habana el tema de las gráficas urbanas. Formando parte de equipos multidisciplinarios junto a arquitectos, urbanistas e ingenieros, el diseñador concibió las llamadas supergráficas que colmaron zonas de gran circulación en La Habana.
En 1983 se fundó el Taller de Serigrafía René Portocarrero, donde se han impreso a lo largo de estos años muchos carteles para pintores y cantautores jóvenes. También con la técnica serigráfica pero diferente finalidad, en el Instituto Nacional del Turismo (INTUR) –anteriormente Instituto Nacional de la Industria Turística (INIT)– se diseñaron varias series de carteles cuya coherencia los hizo relativamente distinguibles. Producidos en la segunda mitad de la década del 70 para promover destinos turísticos particulares o elementos de la flora y la fauna del país, estaban destinados al turismo internacional pero resultaron muy atractivos también para los cubanos, que los adquirieron y usaron en la decoración de sus hogares. Predominaba en ellos un dibujo geometrizado, con un intenso colorido rematado casi siempre por líneas negras. Sus autores fueron Jorge Hernández, Armando Alonso, Arnoldo Jordi, Raymundo García, Enrique Vidán y Francisco Yanes Mayán.
Una revista que consolidó una visualidad muy atractiva para su época apoyada en el uso de la fuente Avant Garde cuando el diseño editorial privilegiaba las tipografías suizas fue Mar y Pesca, bajo la dirección artística de Jacques Brouté. Otras publicaciones periódicas que surgieron o se destacaron en esos años fueron: Opina (diseñada por Arístides Pumariega), El Caimán Barbudo (por donde han pasado varios diseñadores en casi cuatro decenios de vida), y Juventud Técnica (en la década de los años 80; con una dinámica visual basada en la ilustración muy atractiva para los jóvenes, diseñada por Carlos Alberto Masvidal).

(…)

electrodomésticos de la república

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Tostadora y plancha
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Plancha para sandwiches de los años 1950s. Colección Cuba Material.

En casa de mis abuelos se conservan algunos equipos electrodomésticos de los años 1950s. Una tostadora, una plancha para hacer sandwiches y una cafetera de café americano cuyas porciones de agua y polvo mi abuela aprendió a dosificar hasta obtener en ella algo muy parecido al café cubano acumulan herrumbre sobre un aparador del comedor. Aunque en algún momento anterior a mi infancia dejaron de funcionar, nadie los movió de sus lugares, pensando en algún día cambiarles la resistencia y volverlos a poner a funcionar.

El año pasado, mientras buscaba en las tiendas en divisas un colchón nuevo para la cama de mis abuelos, vi que de nuevo se vendían en Cuba una diversa gamas de efectos electrodomésticos, en divisas y a precios elevados, aún si se comparan con los estándares de los Estados Unidos. Mis abuelos no pueden adquirir ninguno, pues hace tiempo que gastaron, cuando tuvieron que arreglar el techo, los ahorros que acumularon durante toda su vida. Tampoco han podido reparar  la vieja tostadora, la sandwichera, o la cafetera de café americano en la que alguna vez hicieron el café cubano.

baños

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Baño en el Vedado
Baño de antigua casa del Vedado. Foto 2012.

Baño de antigua casa del Vedado. Foto 2012.

He visto en Cuba baños recubiertos de mármol, de azulejos y de paredes de cemento; baños con agua fría y caliente y baños sin una gota de agua; baños sin ducha y baños con duchas a donde no sube el agua; baños con indoros que descargan y tienen asentadero y tapa y baños con inodoros que sólo descargan con un cubo de agua; baños grandes como salones de baile y baños pequeños y atestados de cosas; baños para visitantes, antiguos baños de criados, y baños colectivos, compartidos por más de una familia; baños con pinturas al fresco, con coquetas y armarios empotrados, y baños con sólo un inodoro y una pila; baños con espejos y sin ellos; y baños limpios y mugrientos y apestosos. Nada, quizás, distingue más las diferencias sociales en la Cuba de hoy que las condiciones de los baños. Nunca me imaginé, en cambio, que hubiera baños de letrina en capitales de provincia como Victoria de las Tunas.

El de la foto es el baño de la casa de mis abuelos, una casona del Vedado construida en 1911, con techos de viga y losa. Antes, cuando yo era niña, tenía una bañadera de hierro, cuyas patas se fueron sustituyendo, a medida que se rompían, por lomitas de ladrillos, hasta que finalmente todos los ahorros de mi abuelo se covirtieron en una nueva poceta y en el repello del techo, que ya soltaba pedazos del revoque. Cuando era niña, este baño tenía una taza de inodoro blanca, que fuera reemplazada después por una de porcelana azul, fabricada en Cuba, sin orificios para la tapa y el asentadero. Hace tiempo que el mecanismo que permitía descargarla se rompió, por lo que mi abuelo le amarró un hilito que, cada vez que se descarga, cae al agua del tanque. La más reciente adquisición ha sido el lavamanos, que mi mamá compró con lo que ahorra de las remesas que recibe de sus hijas. Eligió un modelo lo más parecido al de su infancia.

H/T: María Paula Gómez Cabrera

talleres de oficios, cooperación internacional y cuentapropismo

Luthiers Sans Frontiers
Imagen tomada de Sopa de cabilla. 2013.

Imagen tomada de Sopa de cabilla. 2013.

Según Sopa de cabilladesde hace dos años funciona en La Habana un taller de reparación de instrumentos musicales que, además, ofrece formación técnica a cinco alumnos. De ellos se espera que, una vez graduados, abran sus propios talleres privados. La idea es resultado “del proyecto Gestión y difusión del patrimonio musical de Cuba y Latinoamérica: luthería, investigación y docencia, auspiciado por la Unión Europea, la Organización No Gubernamental belga Luthier sin fronteras y la Oficina del Historiador”. Según la fuente, “el objetivo del proyecto era la creación de un taller y un curso -ya en marcha desde 2011 y que concluirá en septiembre de 2013- con jóvenes interesados en el oficio y que pudieran recibir experiencias y conocimientos de importantes Maestros franceses y belgas para la especialización y perfeccionamiento de métodos de trabajo”.

Sobre el futuro de los graduados y de la profesión, “el Jefe del Taller de Luthería aseveró que, como el espacio es pequeño, y se han abierto las posibilidades para que los cuentapropistas pueden desarrollarse, los alumnos deberán crear sus propios lugares, aunque siempre tendrían el apoyo de la organización: “Es un oficio solitario, cada uno debe crear su espacio de trabajo y crear su taller. Hemos podido comprobar que en otros países se organiza de esa manera y da resultado”. Y agrega: “Según Dariel Moreira, se siente atraído desde la niñez por la música, aunque se graduó como Instructor de Arte en la especialidad de Artes Plásticas: “Mi mayor motivación ha sido la posibilidad de crear un instrumento y tenga mi propio sello, mi marca personal. Es un trabajo difícil de gran precisión y detalle”.

videojuegos cubanos: la violencia, la legitimidad y la historia

Videojuego Gesta Final.
Imagen tomada de Cubadebate. 2013.

Videojuego Gesta Final. Imagen tomada de Cubadebate. 2013.

Cuba presentó, durante la XV Convención y Feria Internacional Informática 2013, el videojuego Gesta final: Camino a la victoria, promocionado por los Joven Club de Computación y Electrónica (JCCE). El mismo forma parte, según el sitio Cubadebate, de la colección JUGANDO, “basada en personajes cubanos y realizados en coproducción con el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos” que también incluye “La Gata Mini, Pinta Conmigo, Cocojugando, Comando de Pintura y Beisbolito, softwares que incentivan el desarrollo de habilidades desde edades tempranas”.

Hace algunos años, la revista digital Tino, desarrollada por un Joven Club villaclareño, presentó el videojuego, según la fuente el primero de su tipo en Cuba:

En tercera dimensión, y de corte histórico, describe el período de 1956 a 1959, últimos años de la lucha de liberación armada. El videojuego destaca los escenarios donde se efectuaron los hechos y combates más importantes librados por el Ejército Rebelde, iniciados el 2 de diciembre de 1956. Justo comienza con el desembarco del Granma, y el jugador, convertido en un rebelde más, podrá ser parte de la historia librando batallas hasta el primero de enero de 1959….

De manera general, será, un videojuego de acción, desarrollado en tres dimensiones, exclusivamente para PC, correrá solamente sobre la plataforma Windows y la vista del jugador será 1ra persona….

El diseño de ambiente del juego se basa desde el relieve de la zona, la flora, la fauna, el horario en el que se desarrolla la acción, etc… todo en los ambientes reales donde sucedieron los hechos. Se ha trabajado cuidadosamente en el momento de graficar la historia, es importante no ser esquemáticos, hemos sido muy exigentes para ambientar los escenarios del juego, de manera general depende muchísimo el consumo, o no, del producto si posee este un buen diseño. Intentado simular un mundo real al jugador, sin afectar la idea inicial y el concepto del juego.
………………..

En la etapa final (jugable), el jugador podrá escoger solamente 1 personaje de tres existentes en el juego. La diferencia entre ellos, está dada por algunas características como la edad, peso, tamaño, personalidad, y habilidades con el armamento.

Cada personaje inicia con tres tipos de armas: un arma cuerpo a cuerpo, un arma corta y un arma larga, pero no precisamente estará obligado a transitar con ellas por toda la campaña, podrá cambiar su armamento en el momento oportuno. Es importante las características del personaje elegido porque de allí depende del porciento de efectividad con una u otra arma, la velocidad en la que podrá correr, la máxima altura que tomará al saltar, el buen sentido de la orientación, etc.

Según esta revista, que no se actualiza desde 2010, Gesta Final fue edesarrollado por Cayosoft, un equipo de ingenieros de computación de Caibarién, en la provincia de Villa Clara.

Tomado de la revista digital Tino.

Videojuego Gesta Final. Tomado de la revista digital Tino.

Tomado de la revista digital Tino.

Videojuego Gesta Final. Tomado de la revista digital Tino.

de Remedios a Morón, en Ómnibus Nacionales de la Delegación Centro

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Pasaje de ómnibus Delegación Centro
Pasaje de ómnibus Delegación Centro. 1980s.

Boleto de ómnibus Delegación Centro. 1980s. Cortesía de Emilio García Montiel.

Viajar en ómnibus desde Remedios a Morón costaba menos de cuatro pesos con 95 centavos. 4.95 $ (pesos) es el precio máximo de un pasaje dentro de la Delegación Centro de los Ómnibus Nacionales, que cubre (¿cubría?) desde Varadero hasta Morón. Fíjense que entre los destinos aparece uno “Sin Nombre”.

El billete fotografiado fue enviado por Emilio García Montiel, quien lo encontró dentro de un libro que la familia de su esposa envió desde Cuba.

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Pasaje de ómnibus Delegación Centro (reverso). 1980s. Cortesía de Emilio García Montiel.

El año pasado compré por 10 CUCs (pesos cubanos convertibles, más o menos equivalente a 11.00 USD ó 250.00 pesos cubanos) un pasaje de La Habana a Varadero en la agencia Viazul. Esta es la foto de la ventanilla donde adquirí el pasaje, que no era más que un pequeño pedazo de cinta de la máquina registradora que aparece en la foto.

Interior de la Agencia Viazul. Nuevo Vedado, La Habana. 2012.

Interior de la Agencia Viazul. Nuevo Vedado, La Habana. 2012.