Entradas

bolsas de suero


No recuerdo cuándo fue que supe que el palo de madera de color verde-azul, grisoso ya al cabo de muchos años de uso, de bordes cuadrados y puntas torneadas, que siempre veía en la consulta de mi abuelo tenía por única utilidad sostener bolsas de suero. Sí recuerdo haberlo visto, después, en el cuarto de desahogo de su casa, donde quizás aún pueda encontrarlo cuando regrese de visita. Alguna que otra vez lo vi en uso. Colgaban de él equipos para venoclisis. Bolsas, como las de las fotos, en la parte más alta, y gotas cayendo en el regulador, donde se acumulaban en un pequeño charquito antes de diluirse en las venas ¿de mi mamá, de mi abuela, o de mi bisabuela?

Estos nylons para administrar suero o extraer sangre terminaron guardando cajas de jeringuillas de metal y agujas romas, y acumulaban mucho polvo cuando los “descubrí” en la vitrina del cuarto de desahogo, la que siempre estuvo llena de medicamentos. Antes de la muerte de mi abuelo, la penúltima vez que lo visité en La Habana, me los traje.

medicamentos

, ,
Frasco de Curare
Frasco de Curare

Frasco de Curare. Producido y comercializado en Cuba por los laboratorios norteamericanos Merck. Pharmaceuticals. Colección Cuba Material.

En su artículo “Drug Wars: Revolution, Embargo, and the Politics of Scarcity in Cuba, 1959-1964”, originalmente leído en el Cold War Seminar organizado por la Tamiment Library de la Universidad de Nueva York, la historiadora Jennifer Lambe explora el impacto que tuvo en la vida cotidiana de los cubanos la sustitución del régimen farmacéutico capitalista por uno de naturaleza socialista, con posterioridad al triunfo de la revolución cubana. Según expresa el Resumen del texto:

La Revolución Cubana de 1959 marcó el comienzo de muchos cambios radicales, tanto socioeconómicos como políticos. Ahora bien, las convulsiones macropolíticas del momento también se manifestaron de forma concreta en las vidas de cubanos ordinarios. La repentina escasez de medicamentos diarios, vinculada estrechamente a las tensiones diplomáticas con los Estados Unidos, fue una de ellas. Este artículo rastrea las batallas transnacionales provocadas por la repentina desaparición de drogas farmacéuticas norteamericanas de los anaqueles cubanos. El material trata de entender las carencias farmacéuticas no sólo como un efecto político sino como una realidad social que proveyó un espacio para la articulación de nuevas formas de sociabilidad y políticas alrededor del cuerpo.

A principios de este año pude organizar la vitrina que antes estuvo en la consulta de mi abuelo, el doctor Leopoldo Arús Gálvez, hoy escondida en el cuarto de desahogo de su casa (antiguo cuarto de criados). Se trata, ahora, de un mueble de cristales empolvados y armazón oxidada que, desde hacía muchos años, se encontraba atiborrado de envases y frascos de medicamentos, emulsiones, colirios, tabletas, ámpulas de inyección, jeringuillas, agujas hipodérmicas, bandejas, termómetros y estuches de gasa y de algodón. Lo recuerdo, sobre todo, como el lugar donde mi abuelo guardaba una réplica de cerámica de un corazón, que de niña me gustaba pedirle que me ensañara, y que casi nunca me dejaba tocar para que no se rompiera. Y también como el lugar donde había un frasco de Curare que nunca vi, y donde sabía que había otros venenos como Estricnina y Morfina, porque mi abuelo también me lo había dicho.

En las cinco repisas de cristal del interior de la vitrina se mezclaban con total promiscuidad tres diferentes regímenes farmacéuticos: el del capitalismo, el del socialismo de estado, y el del postsocialismo. Nos tomó dos tardes a mi mamá y a mí deshacernos de la basura que por años también se acumuló en esa vitrina. Tuvimos que romper las ámpulas y destruir las pastillas vencidas para prevenir que las personas que viven de lo que recogen de los contenedores de basura las usaran o las revendieran. Separamos aquellos medicamentos que podían ser de utilidad, y mi mamá los donó al consultorio del médico de la familia. Alguna manguerita de suero y un par de guantes quirúrgicos estaban ya calcinados, y se deshicieron apenas los toqué.

Conservé, para la colección de Cuba Material, todos aquellos medicamentos del capitalismo que mi abuelo había guardado por más de cinco décadas. Se trataba, por lo general, de muestras médicas que los laboratorios farmacéuticos de entonces le hacían llegar a él y a su papá, que también era doctor. Muchos de estos laboratorios tenían sucursal en Cuba y todos los envases o frascos de medicamentos tenían diseños y tipografías deliciosas. A este grupo pertenece el pequeño frasco de Curare.

Otra gran parte del lote la componen los medicamentos producidos o comercializados por la industria farmacéutica socialista. Ahí encontré los medicamentos genéricos producidos por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) o importados de Europa del Este, similares al antibiótico oral Gricín, al que ya me he referido, vendidos luego de que se decretara el racionamiento d medicamentos el 11 de febrero de 1962. Aún se conservaba, por ejemplo, el envase de píldoras de medazepam, de aspecto bastante moderno, comercializado bajo la marca Rudotel por la empresa de Alemania del Este GERMED y producidas en la planta de Dresden Ver Arzneimittelwerk.

Finalmente, a estos dos regímenes farmacéuticos los completaba una serie de medicamentos que mi papá, mi hermana y, últimamente, yo hemos estado enviando a mis abuelos y mi mamá desde principios de los años 1990s. Pomos plásticos de 500 píldoras de vitaminas, Advil (o Ibuprofén), Tylenol (o Acetaminofén) y Tums para los problemas estomacales; tiras de curitas y de Alka Seltzer; pomadas para los dolores reumáticos, pastillas para dormir, laxantes y jeringuillas desechables. De estos no conservé ninguno. Mi mamá guardó para ella y para mi abuelo los que creyó necesitar.

Al final, tomé para Cuba Material las dos repisas inferiores, que aún siguen luciendo atiborradas de medicamentos. Mi mamá y mi abuelo tienen, en cambio, tres repisas limpias y despejadas para seguir guardando las medicinas que les mandamos desde acá.

Envase de tablets de Rudotel (medazepam). Producidas en la RDA por Ver Arzneimittelwerk y comercializadas en Cuba por GERMED. Colección Cuba Material.

Estuche de tabletas de Estricnina. Producidos y comercializados por el MINSAP. Colección Cuba Material.

termómetros

Termómetro soviético
Termómetro soviético

Termómetro Normalgias. Hecho en la URSS. 1970s. Colección Cuba Material.

Todos los cubanos usábamos el mismo termómetro, un Normalgias fabricado en la URSS. Antes de la caída del socialismo en Europa del Este y la desintegración de la URSS también se vendieron en Cuba termómetros chinos, más pequeños y embutidos en un estuche de goma, de forma cuadrada y de color azul. Tengo la impresión de que estos últimos eran los que se usaban en los hospitales en los años 1980s. Era difícil leer la temperatura en ellos, pues los ángulos del cuerpo del termómetro no dejaban ver la barra de mercurio. Ambos termómetros se ponían en la axila para medir la temperatura.

Durante la crisis del Período Especial, en la que hasta los termómetros escasearon, éstos se vendían en la bolsa negra. Es posible que todavía se puedan adquirir así.

Termómetro soviético

Termómetro Normalgias. Hecho en la URSS. 1970s. Colección Cuba Material.