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Estuche de jabones Nautik

Estuche de jabones Nautik. Hecho en la RDA. 1980s. Regalo de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

Ademas de los jabones de tocador importados de Europa del Este, durante la década de los ochenta se podía comprar en el mercado paralelo estuches de jabones de tocador. Estas cajas —todas de similar tamaño— contenían por lo general tres jabones, envasados individualmente. Sin dudas, a diferencia de los primeros, y a juzgar por su calidad y diseño, además del precio, las autoridades que por entonces regulaban el comercio socialista los consideraban artículos “de lujo”, aunque, cosa rara, la mayoría era de producción nacional. Tal es el caso de la línea de productos de higiene masculina 5 PM o de las marcas comerciales Galeón y Aquazul, todas salidas de las plantas de la industria de jabonería y cosméticos perteneciente del Ministerio de la Industria Ligera. Los jabones Nautik, en cambio, se importaron de la República Democrática Alemana.

La calidad, envase, precio y frecuente escasez de estos estuches de jabones los posicionaron como productos para regalar más que como artículos de higiene personal. Se vendían por lo general en ocasiones especiales tales como los días de los padres, de las madres, de los enamorados o de los maestros, o incluso se adquirían para regalarle a algún médico a quien se quisiera agradecer.

Por regla general, una vez consumidos los jabones, las cajas se guardaban para almacenar otros objetos o adornar las coquetas y los aparadores. La caja de jabones Nautik fotografiada en esta entrada contuvo, hasta hace pocos días, cintas de pelo que, importadas de la URSS, estuvieron muy de moda entre las niñas cubanas durante los setenta y los ochenta.

h/t: Además de a mi abuela, que guardó la caja de jabones Aquazul que aparece en esta entrada, agradezco a Mirta Suquet y a Jorge Pantoja Amengual el haberme regalado para la colección Cuba Material las cajas de jabones Nautik y 5pm y Galeón respectivamente.

Estuche de jabones 5pm

Estuche de jabones 5pm. Hecho en Cuba. 1980s. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones 5pm

Estuche de jabones 5pm. Hecho en Cuba. 1980s. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Jabón 5pm

Jabón 5pm. 1980s. Hecho en Cuba. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones Aquazul

Estuche de jabones Aquazul. Hecho en Cuba. 1980s. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones Aquazul

Estuche de jabones Aquazul. Hecho en Cuba. 1980s. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones Galeón

Estuche de jabones Galeón. Hecho en Cuba. 1980s. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Jabón Galeón.

Jabón Galeón. Hecho en Cuba. 1980s. Regalo de Jorge Pantoja Amengual. Colección Cuba Material.

Polvo facial Minuet
Polvo facial Minuet

Polvo facial Minuet. Colección Cuba Material.

En el libro Más belleza para ti, de Isabel de Amado Blanco, se incluye este glosario de productos de belleza, con recomendaciones sobre cómo y cuándo se deben emplear. Transcribo del libro:

Aceites de belleza: Cirene

Aceites bronceadores: Dorado, Taíno

Cremas: crema nutritiva Cirene, crema para cutis seco Cirene, crema limpiadora para cutis graso Cirene, crema para alrededor de los ojos Cirene, crema desvanecedora Cirene, crema hidratante Cirene, crema para manchas Venus, cold cream Cirene, cold cream Fiesta, crema de almendras Didier, Aquazul

Cremas dentales: crema dental Perla, crema dental Dentol

Productos para el cabello: aceite Acuarela, champú color Aloa, champú líquido Fiesta, champú jalea Alimón, enjuague suavizador Reflejo, loción anticaspa Capilex, loción capilar Rum Quinquina, loción amoldadora Reflejo, agua de portugal [sic] Reflejo, agua de portugal platinada, brillantina líquida Fiesta, brillantina en crema Reflejo, brillantina desrizadora Estilo, brillantina sólida Fiesta, crema acondicionadora Reflejo

Jabones: jabones de tocador Nácar, JP, Tú y Aquazul; jabones neutros Alameda y Atardecer; jabón para cutis normal o graso; jabón facial Venus; jabones medicinales Supergraso, Bacteriostático y de Azufre (los tres con receta médica)

Desodorantes: Odelex, Desodoral líquido y sólido, Tú, Odorama

Cremas depilatorias: cera fácil depilatoria Venus, crema depilatoria facial Venus

Limpieza del cutis: mascarilla facial Venus, loción refrescante Cirene, loción astringente Cirene

Maquillaje: creyón labial iridiscente Fantasía (11 tonos), colorete iridiscente Fantasía (polvo compacto en 7 tonalidades), sombra para los ojos iridiscente Fantasía (en polvo compacto en 9 tonos y en casquillo metálico en 10 tonalidades), creyón labial Prisma, creyón labial iridiscente Prisma, brillo labial Prisma, creyón labial Realce (11 tonos), brillo labial Realce, sombra para los ojos Realce (9 tonos no iridiscentes en polvo, 7 tonalidades no iridiscentes en casquillo plástico), delineador para los ojos Realce, máscara para pestañas Realce, maquillaje en crema Alondra, maquillaje sólido Alondra, maquillaje líquido Alondra, polvo compacto Alondra, polvo facial Cirene

Esmaltes de uñas: Fantasía (brillo final, base y 10 colores), quitaesmaltes Prisma

Perfumes: aguas de colonia masculinas aceptables para uso femenino Galeón, Colonia de Yerbas Yal y colonia Madrigal; aguas de colonia Fiesta, Fresca, Fiesta con Vetiver; extractos Fantasía, Diamante Negro, Hechizo, Recuérdame, Capricho y Secreto; perfumes de tocador Fantasía, Hechizo, Éxtasis, Recuérdame, Diamante Negro y Yaite; lociones Tú, Imágenes, Profecía, Carnaval, Fantasía, Misterio, Éxtasis, Recuérdame, Pétalos de Violeta

Cuarto de desahogo
Cuarto de desahogo

Cuarto de desahogo de casa de mis abuelos. Foto 2013.

Bitácora participativa: Un agujero en el recuerdo:

Si usted es cubano y recuerda los pantalones de laxter elastizados, de tela brocada o los “pitusas” (jeans) de corduroy que se combinaban con una manjata o una blusa de jersey, entonces recordará también los aberrantes calores de Agosto que provocaban un sudor insoportable menguado un poco quizás con aquellos desodorantes de tubito donde el alcohol creaba los famosos golondrinos a los que se atacaba enseguida con antibióticos, crema la sal(útil para todo) y después leche magnesia con alcohol. Método infalible para detener el olor pero, sobre todo, le enseñaban desde pequeño a no oler si había “peste”, que eso se pega.

Si haciendo un esfuerzo puede aún sentir el fuerte aroma del Moscú Rojo, un perfume que cegaba los instintos y provocaba mareos o también puede recordar la suavidad de Pétalos de Violeta o el pequeño extracto de Rococó cuando el cristal impactaba con su diseño conocido: el clásico racimo de uvas que solo veíamos en las películas. Si su olfato se detiene en el Bermellón una esencia que dejaba por sentado su uso oficial para ir a la escuela o el trabajo, entonces recordará también “Los Quince”.

Esta celebración quizás esté más a flor de piel porque es una fiesta que jamás ha dejado de tener su lugar aunque ya no se recuerde el motivo.
La figura principal, no es la homenajeada sino el cake, tan grande como la suma de los futuros pedazos a repartir entre amigos, familiares, invitados, ausentes, santos y demás. El diseño de la mesa, la figurita encima del merengue y el relleno no dejaban escapar su importancia por más que siempre se hicieran acompañar de la ensalada que a veces reforzaba su sabor a piña con el polvito de hacer refresco instantáneo. Las croquetas serían el sello. Todo ya preparado en una cajita de cartón lista para repartir. La cuchara podía ser un pedazo de la tapa y los vasos reciclados de antes de 1959 cuando la cerveza polar. Tan magnánimo agasajo tendría garantizada unas cajas de refresco y algunas de cerveza siempre y cuando usted cumpliera con aquello de: “entregar el vacío p’recoger el lleno”.

El maquillaje era un dilema pero siempre había una peluquera que junto a la costurera del barrio sabían hacer milagros para que los zapatos de Primor parecieran únicos en cada homenajeada. El pelo demostraba su disciplina cuando al intervenir el champú “fiesta” se dejaba moldear para poder lucir los encantos que se descubrían con la llegada al salón, la sala o el espacio, destinado para todos. Rolos de los rollitos de papel sanitario. El inolvidable torniquete que se ajustaba con el gorro formado por la punta de una media de nylon, completaba la escena previa. La casa de los festejados y de los invitados ya desde una semana antes puede parecer un loquero, porque si usted recuerda la madre debía lucir bella y joven montada sobre los fabulosos “catarritos” que hacían una única aparición porque después la suela se abría en eterna carcajada.

Si, usted recuerda seguramente que en esta fiesta no faltaba la historia completa de la parentela. Las baby flowers, los adornos y fotos, tampoco se podía olvidar al combo para amenizar que después seguían al día siguiente con el pique, una celebración más informal. Al pasar unos años la grabadora sería el instrumento de más uso pero siempre necesitaría del tocadiscos Accord para amplificar el sonido y de vez en cuando escuchar el crash de los discos de 45rpm o aquellos azulitos que nunca dejaban claro que música tenían impresa.

El cubano siempre ha asociado las fiestas con la bebida porque con ella los más “patones” (portador de dos pies izquierdo y una caja de fósforo sin fósforo en cada oreja) y penosos se atrevían a bailar. Ronda, Matusalén, Legendario, Castillo, Coronilla, Bocoy, Guayabita del Pinar o Villa Clara, con el tiempo se sintieron abochornados al aparecer el “chispa e’tren” dudoso producto de fabricación casera que parecía más una bomba estomacal que licor de bebederos, pero ya para esa época usted, quizás, estaba tomando otras bebidas más fuertes, más suaves, diferente.

Después de la reseca venía el agotador domingo, un aburrido día que se atraviesa a principio o final de la semana depende como usted lo vea. Este se transformó de la noche a la mañana en el preferido de todos cuando La Tanda del Domingo y Mario Rodríguez Alemán nos dieron la oportunidad de conocer buen cine aun cuando ya existía otro programa de calidad que nos permitió ver la diferencia entre el cine de hollywood y la reserva anterior de pantalla cinco o la película de las 2 y media cada tarde entre semana que aceptaba como únicas las películas mexicanas, argentinas y españolas guardadas en la cinemateca. Colina, un “describidor” de imágenes.

Cuando la quinceañera hacía su desfile en el barrio podía servirse de un carro antiguo funcionando como nuevo o de los carruajes, si era en el campo, pero usted sabía de qué familia venía si el resto llegaba en Lada, Moskovish, Fiat polaco o de 4 puertas que eran los europeos y si por algún motivo alguien se bajaba de un Volga o Peugeot ya ahí si se ponía bueno el festejo porque ella tenía familiares o amigos en el gobierno aunque quedaba por sospecha que pudiera ser un chofer de servicio especial desviando la ruta. Buen motivo para especular con el arte incontrolable del chisme que para un buen cubano es la cienciología sublimada. Un acto secreto y pleno de conjuros.

Llegado el momento no faltaron los recuerdos de toda la familia e incluso el álbum familiar para demostrar que no habías crecido de la nada sino después de un duro esfuerzo de tus padres por hacerte entender que andar con short, pullover y tenis no sería eterno. En algún momento llegaría este día especial, después de haber pasado por varias facetas de uniforme que fueron desde el gris hasta el rojo y ahora el mostaza o el azul dependiendo si estabas becada o estudiabas en la calle. Claro que el verde de las conocidas Macarencos, nunca sería olvidado.

Por las viejas fotos recordarías que de niña usaste medias tejidas con hilo ´´osito´´, suéteres de estambre y un elástico impediría que tus medias blancas cayeran sobre el zapato, ese mismo elástico blanco de un rollo comprado sabe Dios donde, sostenía tu pelo que lucía motonetas amarradas con bolitas de diferentes colores. ¿Podrás recordar que escuchaste Nocturno en tu radio Siboney, quizás en el Taíno?, si tuvistes suerte tus padres te regalarían el Sokol, pequeño, portátil y todo un éxito que no te prohibía hacer las tareas mientras escuchaba lo último en el hit -parade de los años 60´. Lo máximo podía ser tener un Veff o un Selena para sintonizar la Voz de los Estados Unidos de América o poder estar “alante” con la música.

Todos esos recuerdo, incluidas las fotos donde tu mamá lucia espectacular al lado de un padre galante y nada gordo quizás con espejuelos de armadura de pasta, están en tu memoria pero es probable que no puedas descifrar aquella de la esquina que tiene unas chancletas “metedeo con un floripondio” dejando entrever el increíble arreglo de sus pies con una luna de preciso diseño y en la cabeza un pañuelo de seda con hilos plateados. La moda cambia, pero la personalidad se mantiene y a esa, la conoces por la parada y el cigarro. Te queda una duda ¿qué fumaba la tía? Vegueros, Populares, Ligeros porque si había otra no te acuerdas. Cuando aquello no estaba la furia del cáncer por fumar, todo se solucionaba con un pomo de bicomplex, viña 95 y una yema de huevo, aceite de hígado de bacalao y si se ponía muy difícil la situación la penicilina o la gamma resolvían el problema.

Al pasar de los años quizás lo hayas olvidado, pero si te lo menciono, tú te emocionas cuando recuerdas las Aventuras, San Nicolás del Peladero y su Juan primito, la alcaldesa, una mujer bella y calmada, símbolo de rebeldía y elegancia que contrataba con la potente voz de Raquel Revuelta en su inolvidable Doña Bárbara en el gustado espacio de la novela cuando de un momento a otro comenzaron a competir las nacionales y las extranjeras que bajo su influencia soñábamos. De lo que si no te olvidas es de la Comedia Silente, Nitza Villapol, Detrás de la Fachada un programa que no nos permitía odiar a Consuelito porque sus constantes intervenciones servían de pie al inolvidable Bernabé para hacer de las suyas.

Aunque la televisión a color se conocía en Cuba hacía mucho tiempo atrás, siempre decíamos ¡bendito televisor! Que nos permitía entretenernos. Un Caribe, con sus delgadas patas a punto de caer, el Krim 218 u otro cualquiera que en blanco y negro o más adelante, pintada la pantalla serviría para descubrir un mundo de conocimientos. Escriba y lea, el panel de los sabios con su clásico “vamos a la siguiente vuelta” del moderador, después de las preguntas que aquellos catedráticos respondían sin temor- ¿posterior a la edad media?, ¿siglo XIX o XX?. De la Gran Escena nos obligaba a entender la música más allá de las orquestas. ¡ahhh!, no te escapas, “Tía Tata cuenta cuentos”, fue tu primer despertador.

Seguro ahora te vendrá a la memoria que después de abrir las ventanas y puertas para soportar las noches de poca brisa sin perder un detalle de la programación, dormir en cama generacional o el viejo pimpampum no sería un problema. El dilema comenzaba cuando el ventilador General Electric después 2millones de reparaciones y cables “enteipados” fue sustituido en sus funciones. Un aparato blanquito, plástico, y con paletas, aparecía en escena con la arrogante osadía de querer llamarse ventilador. Por ser moderno venía sin protector. Su único problema es que había sido creado para ayudar a descongelar un refrigerador y su uso continuo le provoca ansias de rebeldía por lo que había que amarrarlo a la silla y calzarle la cabeza. Ruso al fin y al cabo no nos entendía y quería salir caminando pero ante nuestra actitud inconsecuente bajaba la cabeza y se suicidaba en su propio calor. Quedaba reducido a la nada plástica.

Si usted recuerda los cubanos podían ser pobres pero limpios por eso hervir la ropa blanca, lavarla con Batey y ponerla al sol era la mejor manera para conservarla ¡qué debía durar unos cuántos años! Lavarla en la Aurica y después en la centrífuga, un equipo pequeño pero útil lo único es que con el uso podía destrozar lo que costó mucho conseguir. Los zapatos de tela, ni soñarlo, esos se lavaban con un cepillito y jabón de olor después se colgaban al sol, cogidos con palitos de tendedera por la lengüeta.

Aunque su mente se ponga a vagar en los recuerdos, tiene fija la foto que recoge cuando tomaste de encima de la cama los regalos, el “pitusa Jiquí con la chaqueta”, no sabes si fue tu tía o tu mamá pero alguien convirtió en batalla conseguir este preciado regalo. El Caribú te lo regaló tu abuela que estuvo esperando conseguirlo por la libreta y cuando lo compró todo el mundo se le quedó mirando porque nadie imaginó a tan respetable señora en aquellos pantalones tan delgados. El mundo corría rápido sólo en tres generaciones y la sociedad se veía distinta. Todos fueros a formar parte de tus prendas personales dentro del escaparatico.

El talco, los perfumes, jabones, las “cocalecas” (con suela de goma de carro) . Tu papá hizo uno que otro negocio entre los conocidos y te compró unos pullovers que venían con unas mariposas delante, una enguatada de las que daban para la escuela al campo que con un amigo le mandó a pintar una pareja bailando aquello de bim bóm bim bóm..¡.era gracioso! Se usaban la plataforma y había un tenis que se los habías visto a tus amiguitas y sin saber que ellos te guardaban un par les confesaste que te gustaría tener uno. Eran puntiagudos delante y negros, muy bonitos.

Para aquel entonces podías conseguir un pitusa JOUJOU que todavía si cierras los ojos sientes el olor de la mezclilla y la alegría de tener uno de verdad. Muchas de estas cosas te las mandaban de “afuera” y otras se las compraba tu familia a los rusos del Focsa o los marinos mercante. Todo venía de 15 años reuniendo porque desde que tu naciste se esperaba este día como “cosa buena”. Incluso Bruce Lee, entró en Cuba con aquellos pullovers que se pegaban al cuerpo con el más mínimo sudor.

Pasadas las fiestas, un momento único, se volvía a la realidad y si todavía a la menoria te llega el olor de tus pies después de usar los kikos plásticos entonces es que nunca tuvo tu familia un amigo médico que declarara tu defecto en la columna lo que impedía usaras un zapato que no fuese cerrado y para ello lo mejor serían los colegiales. Claro que tampoco estuviste ajena de los dos tonos, la puntera de piel y el resto de lona. El fin de semana siempre fue distinto, cuando te quitabas el uniforme y podías discutir tu entrada al cine o al teatro. Seguro no olvidas las Ferias de Telarte, con telas que hicieron furor. La moda de los 80′, la costumbre del libro bajo el brazo que mirándolo bien debajo de tu brazo siempre se acomodaba la cultura y la comida: el pan y el libro.

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Desodorante líquido Desodoral
Desodorante líquido Desodoral

Desodorante líquido Desodoral. Hecho en Cuba. Colección Cuba Material.

Cuando era niña, mi abuelo mandaba a hacer a la farmacia el desodorante que usaban en su casa. Tenía una fórmula que, me decía, era mejor que cualquiera de los productos que se vendían en las tiendas. Pero, para mi gusto, el desodorante que hacía era muy líquido y costaba trabajo usarlo sin que chorreara por el torso o los brazos, a pesar de que mi abuela lo envasaba en unos pomos plásticos con boca de perilla que, si se apretaban o exprimían, dejaban salir solo un pequeño chorro de desodorante. Aun así, había que esperar a que se secara, aireando las axilas durante unos segundos, para después vestirse.

Eso mismo, sospecho, sucedía con el desodorante líquido industrial que se comercializaba en los años 1970s y 1980s bajo la marca Desodoral. Ambos tenían la misma consistencia aguada y un color aqua similar, aunque el de mi abuelo tiraba más al verde. A ambos había, también, que re-envasarlos para evitar que, al usarlos, el desodorante se despilfarrara.