estética de la necesidad

Vedado, Habana. 2015

Vedado, Habana. 2015

En una casa en reparaciones en la avenida 23 del Vedado encontré la careta de un radio empotrada a un muro a medio construir. Lucía muy parecido a las cabezas de muñecas que los choferes de camiones colocan en la defensa delantera de sus carros. Y, como con las muñecas, había algo espeluznante y repulsivo en la careta de radio, vacía, sin dial, pegada al muro, casi a ras del suelo.

El diseñador y artista Ernesto Oroza ha definido ciertos fenómenos “tácticos” (ver Michel de Certeau) de apropiación, canibalismo, desobediencia y subversión tecnológicas que se observaron con regularidad y ubicuidad desde principios de los años 1990s como “desobediencia tecnológica.” Oroza se refiere, en particular, a los inventos domésticos o industriales destinados a extender la vida útil de los productos o instrumentos de la tecnología, mientras que llama “arquitectura de la necesidad” a la proliferación de soluciones arquitectónicas bizarras y subversivos, pensadas para garantizar la reproducción social en una economía deprimida.

No se trata, en el caso de este radio, de uno u otro, pues no se busca función práctica alguna con la acción registrada. Es ésta una práctica estética que solamente es posible en un medio cultural que, si bien empobrecido, adora la tecnología y el progreso. Pudiera llamársele estética de la necesidad, pues es también desobediente, gritona y, sin embargo, completamente desvalida. O, inspirándonos en la académica Ana Dopico, un “cargo cult” que recrea ad hoc ciertos elementos de una cultura material foránea que cumplen, en su medio original, una función enteramente práctica, con el fin de obtener similares beneficios.

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