Teléfono público

Teléfono público en uso en Cuba desde los cincuenta hasta los ochentas.

En Diario de Cuba: Canibalismo social:

Al parecer, esto comenzó en los felices 60, cuando los jóvenes rockeros empezaron a reciclar los teléfonos públicos para manufacturar sus instrumentos musicales alternativos.

Luego se manifestó de manera pluriforme en el cementerio de Colón, emporio de tesoros del arte necrológico: desde la violación de tumbas para extraer restos óseos con fines religiosos hasta la sustracción de tarjas y lápidas, con fines de lucro, como publica a menudo el diario Granma.

De este vandalismo no escaparon panteones famosos, como el edificado por Juan Pedro Baró para su amada Catalina Lasa ni el del ABC, cuyas sobrias placas de mármol verde fueron desmontadas una tras otra, así como las broncíneas letras de su lema: “El ABC es la esperanza de Cuba”. Ni hablar de los esqueletos de sus militantes allí sepultados.

Hoy este canibalismo se ha vuelto cotidiano en La Habana. Las pequeñas ruedas de los depósitos de basura, los teléfonos públicos, por supuesto, incluso los angulares metálicos de las torres de alto voltaje, al parecer muy apropiados para jaulas de pollos, son algunos de los renglones que participan de este peculiar mercado negro, exclusivo de Cuba.

Sin necesidad de rastrear, detrás de cada uno de ellos encontramos siempre una necesidad real desatendida por el tan prepotente como ineficaz totalitarismo estatal, diseñado para controlar y prohibir la actividad comercial, no para satisfacer las demandas de su población.

Hace unos años, para escándalo general, cargaron con la estatua del violinista, donada a Cuba por el Instituto Mozart de Viena, que había sido colocada en el parquecito de Línea y Avenida de los Presidentes, frente al antiguo Colegio Baldor.

Son bien conocidos los reiterados despojos sufridos por la estatua a tamaño natural del beatle Lennon en otro parque del Vedado.

Se repite con frecuencia que el pueblo cubano acata las imposiciones del régimen sin protestar. Esto no es enteramente cierto. El pueblo no manifiesta su descontento mediante acciones políticas tradicionales, sin embargo nunca ha dejado de tomar parte en actividades económicas ilícitas, tanto activa como pasivamente.

Estas operaciones de pequeño alcance, en las que interviene de buena gana un sector del aparato burocrático, proliferan enmascaradas bajo la aparente docilidad y están minando los cimientos del régimen totalitario.

La retórica oficial las llama “indisciplinas sociales”, y trata de castigarlas mediante multas. Su frecuencia ya es alarmante. Ayer mismo noté desde el ómnibus P3 en que viajaba, que la tarja colocada junto a la acera, en Porvenir entre San Francisco y Concepción, marcando el sitio donde fueron hallados los cuerpos sin vida de dos jóvenes revolucionarios viboreños, ya no está allí.

Quiero creer que ha sido momentáneamente retirada, para restaurarla, pero…

2 comentarios
  1. Maria Pere
    Maria Pere Dice:

    Un extraño modo de rebelarse. Destruyendo su propia comunidad y el patrimonio nacional. Algo parecido sucede entre las comunidades negras de Estados Unidos que expresan su frustración ante la injusticia saqueando negocios y quemando automóviles estacionados en la vía pública. No se si me convence esta manera de protestar.

    Responder

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