Calle del Obispo

Calle del Obispo, a finales del s XIX. Imagen tomada de AAS stereograph collection.

El poeta, filósofo y exprisionero político Jorge Valls me contó que su padre, Alfredo Valls, había sido dueño de una pequeña tienda en Obispo y Villegas a la que había puesto el muy americano nombre de The Quality Shop, donde vendía ropa y confecciones para ambos sexos. Una vez, en los años cincuentas, puso a la venta unas camisas confeccionadas en Guanabacoa, de muy buena hechura y excelente calidad pero que resultaron difíciles de vender. Su padre, ante la necesidad de salir de esa mercancía, mandó a hacer nuevas etiquetas para las camisas que dijeran que habían sido hechas en Brooklyn y no en Guanabacoa, y les aumentó el precio. En poco tiempo, según Valls, se vendieron todas las camisas.

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Dice Jean Paul Sartre en Huracán sobre el azúcar que, durante su primer viaje a Cuba en 1949, cuando quiso comprar un peine, fue advertido por el dependiente sobre la fabricación doméstica de este. El dependiente había querido ser atento y advertirle que se trataba de un producto de menor calidad.

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En casa de mis abuelos he encontrado etiquetas que dicen “Hecho en Cuba” en el interior de carteras de piel, en el lomo de peines plásticos color vainilla, en corbatas que aún cuelgan de la puerta del chiforrover de mi abuelo, en viejos y desteñidos pomos de perfume.

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