Banda de música con polainas. 1980. La Habana.

En las bandas de música de la escuela primaria, siempre me tocaba tocar el triángulo. En todas ellas llevé un uniforme blanco de aspecto militar, que mi mamá debió coser encargar a una costurera. Los botones dorados, me dice ella, aún podían comprarse en las tiendas estatales. El cordón con que amarraba el chaleco se lo quitó a un cojín o bata de casa de «antes de la revolución», agrega.

Del uniforme de las bandas de música lo que más me gustaba eran las polainas blancas. Eran, quizás, lo más parecido a un par de botas de vestir que alguna vez usé en la Cuba socialista. Para hacerme las polainas que llevaba el uniforme de la banda de música, mis padres compraron un pliego de vinyl blanco en un taller de tapizado de automóviles, cerca del Malecón, y le encargaron a un talabartero que vivía por la casa que me las hiciera. El gorro lo hizo mi mamá con cartulina blanca y remates de papel dorado. Yo solo tuve que golpear el triangulito y posar para las fotos que mis padres me hicieron.

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