Seminario sobre el diversionismo ideológico

Seminario sobre el diversionismo ideológico. 1974.

En Sopa de cabilla: «Los Beatles nunca estuvieron prohibidos en Cuba.» Entrevista a Jorge (Papito) Serguera:

A mi casa no entró la televisión hasta 1973. Y no por problemas en la antena ni deficiencias de la transmisión, sino porque fue en ese año cuando mi papá se ganó un Rubin 205 en blanco y negro por sus méritos laborales. Hasta ese momento me había conformado con mirar, sin ver nada en la pantalla, un Phillips de bombillos que solo servía para poner adornos de yeso y búcaros con flores sobre él.

Y cuando se ganó, también por merecimiento sindical, un apartamento de microbrigadas en el reparto Bahía, tuvo la mejor excusa para donarlo a un vecino con iguales necesidades ornamentales. Entonces solo me interesaban los Muñe, las Aventuras, Caritas, Amigo y sus amiguitos, Variedades infantiles, Tía Tata, A jugar y La comedia silente. Por mi exigua cultura radial y televisiva, cuando comencé a investigar cómo funcionaba en Cuba la promoción de lo que se conocía como “música popular”, sobre todo la anglófona, traté de localizar a los promotores musicales de aquellos años. Solo que muchos ya no estaban a mi alcance. Unos porque habían dejado el mundo de los pecadores, y otros porque vivían a 90 millas al norte. Pero aún quedaban algunos con memoria suficiente como para recordar aquellos años bajo el azote de mi acucioso cuestionario. Tuve la gran suerte de localizar a Jorge Serguera. El nombre puede sonar ahora algo insípido y común, pero si aclaro que su nom de pluma es Papito Serguera, el director general del ICR entre 1966 y 1973, quizás comience a tomar matices, aunque sea con un cierto sabor amargo, en la memoria de muchos jóvenes de entonces, ahora cincuentones y sesentones.

(…)

¿Y usted escuchaba a los Beatles mientras estaban prohibidos?

¡Los escuchaba y los sigo escuchando! Y quien te diga que no lo hacía te está diciendo mentiras. Mira, yo no quería usar calificativos para no ofender, pero lo que pasó con los Beatles y la música en inglés fue que el ICR era un medio que estaba monopolizado por gente de la pseudocultura.

(…)

¿Cómo era la política que definía qué se podía o no poner en la radio y la televisión?

No existía tal política en la COR (Comisión de Orientación Revolucionaria), hoy DOR (Departamento de Orientación Revolucionaria). Esa tuve que elaborarla yo con la gente que me ayudó en la estructura del ICR.

¿Y cuándo comenzó a desmembrarse esa situación?

No lo sé. El problema es que aquello se convirtió en ley, en directiva, a lo mejor de la COR, a lo mejor del Partido Comunista de Cuba. Y hubo sanciones a los jóvenes, y hasta gente separada de la UJC y del PCC. Y ello también valía para el pelo largo. Ahora, ¿por qué me van a echar a mí la culpa del pelo largo, si no tengo nada que ver con eso, porque yo era de los barbudos y peludos de la Sierra Maestra? ¿Por qué la van a coger conmigo? ¿Por qué van a hacer recaer toda esa responsabilidad en Papito Serguera?

¡Pero en el ICR tampoco dejaban que la gente tuviera el pelo largo!

Coño, pero si te lo estoy diciendo. A mí me llamaban: “¡Oye, no puede ser!” ¿Y qué tú quieres que yo haga? Dime, ¿qué hubieras hecho tú? ¡Es increíble! Yo entré a La Habana el 8 de enero de 1959 con un pelo largo que me daba por aquí. Y lo mantuvimos así hasta que nos pelamos. El pelo largo y la barba los inventamos nosotros mismos, los rebeldes. Y de pronto aquello fue una prohibición… ¿Qué tiene que ver el pelo con la gente o con sus ideas? ¿No te das cuenta de que la contradicción era demasiado grande? Mira, yo tampoco perseguí homosexuales ni los mandé para las UMAP. ¿Por qué la van a coger conmigo?

El mundo del arte y la cultura es muy complejo. Yo no creo que tenga carácter para lidiar con eso. Nunca me imaginé lo que era el ICR, porque si lo hubiera sabido, jamás hubiera aceptado su dirección. Pero te digo una cosa. Ni los Beatles, ni ningún grupo musical extranjero, estuvieron prohibidos en Cuba en mi tiempo. ¿Qué ocurrió? Los Beatles eran, de una manera o de otra, representantes de una música cuyas tonalidades habían cambiado en relación con las anteriores. Entonces, objetivamente, como ocurrió esto de Silvio, se me quiso ver a mí como un enemigo de la llamada “música moderna”.

Ahora bien, los rumores no hay quien los detenga. Había instituciones para discutir eso. ¿Por qué no se va a esas instituciones de origen a pedirles una explicación? ¿Por qué van a decir que todo eso dependió de Serguera porque era el director del ICR? ¿Qué tengo yo que ver con eso? Vamos a hablar de manera institucional y a oírle a cada cual sus razones. A lo mejor vas a descubrir que yo era de los que estaba en contra de que se tomaran esas medidas. La música moderna se consideraba diversionismo ideológico. Y yo no inventé esa frase. Yo consideraba que eso era un error, un absurdo, un disparate, que la música no tiene barreras.

Y si no estaba a favor de todo aquel absurdo, ¿por qué no trató de hacer entrar en razón a quienes pensaban que la música en inglés y el pelo largo eran síntomas de debilidad ideológica?

Sí, lo hice, y aún conservo algunas cartas que escribí a altos dirigentes de este país donde yo doy mi opinión sobre el tema.

¿Y le respondieron?

–No. Esas cosas no se responden.

13 de abril de 2001

Leer la entrevista en Sopa de cabilla.

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