Foto Geandy Pavón. 2015

Foto Geandy Pavón. 2015

Ahora que los gobiernos de Washington y La Habana restablecieron relaciones, que tienen embajadas y programas de cooperación, y hasta tractores (pronto), ¿sería mucho pedir algo de transparencia por parte d, al menos, el primero para con su constituencia? Aceptar el secreto como garantía de éxito en las conversaciones entre Washington y La Habana reproduce el modus operandi del régimen de Fidel Castro, quien demandó del pueblo una fe ciega en él (que lo dejaran hacer, que él sabía bien), erosionando así el debate público en tanto práctica democrática.

Tras dos años de conversaciones (que celebro) y la apertura de las embajadas (que me parece mejor), ¿el mejor motivo para celebrar es la firma de un acuerdo para ensamblar, en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel (ZEDM), unos tractores producidos por la compañía norteamericana Cleber que los campesinos cubanos no tendrán cómo pagar?

Así me luce el saldo:

  • Cleber obtendrá ganancias a partir del ensamblaje de tractores Oggún mediante un contrato de operación en la ZEDM que, se supone, reducirá el costo de producción (o ensamblaje). También es de esperar que ganará con la venta del producto terminado que, se dice, se orientará al sector campesino.
  • El gobierno cubano también ganará con la concesión de licencias, permisos y autorizaciones para operar en la ZEDM que administra a través de “la Oficina de la ZEDM”, institución “investida con carácter de entidad nacional adscripta al Consejo de Ministros”, según la EcuRed. Y ganará con la subcontratación de los cubanos que trabajarán en la planta que instalará Cleber, pues, hasta donde sé, solamente la empresa estatal cubana Acorex posee autorización para gestionar y contratar el personal cubano que trabaja en compañías extranjeras. Y ganará, también, si actúa de intermediario en la venta  minorista de los tractores Oggún.
  • Los campesinos cubanos, esos a quienes, se dice, beneficiará el contrato de ensamblaje de tractores Oggún, podrán comprar un tractor solo si posean la cantidad de dólares o CUCs que el vendedor (Cleber o el gobierno cubano) decida pedir por la unidad. Ganarán, también, aquellos que logren integrar la mano de obra que Cleber contratará, ya que se echarán en los bolsillos no solo el magro salario en pesos que Acorex les pagaría, sino también algunos  dólares que los administradores de Cleber, como todos los representantes de empresas extranjeras en Cuba, les pagarán “por debajo de la mesa.”

Al exilio, una vez más, le tocará desembolsar el dinero.

UPDATE: The New York Times: Culture Gap Impedes U.S. Business Efforts for Trade With Cuba:

As President Obama prepares to visit Cuba this month, the lack of trade with the former foe threatens to sap momentum from the process of building relations. It is also a reminder that beyond tourism — which satisfies Cuba’s need for foreign currency and the desire of Americans to visit the island — the countries have very different visions of economic engagement.

“The litmus test of normalization is trade and investment,” said Robert Muse, a Washington lawyer who specializes in Cuba-related law. “That’s how the Obama legacy will be judged.”
Eager to show results, the Obama administration in late January made the biggest breach yet in the embargo by permitting Americans to trade with state-owned companies, which control much of Cuba’s commerce and are run, mostly, by the military.

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The move was a concession to reality: Efforts at opening commerce had, until then, targeted everyday Cubans. But with the island’s trade apparatus controlled by the state, trying to sell American cement to Cuban homeowners or stoves to privately owned restaurants is impractical and of little interest to the Cuban government.

The Obama administration has “accepted the fact that they have to do business with Cuban state enterprise,” Mr. Propst said. The administration is expected to loosen restrictions on trade and travel even further and announce new commercial deals with Cuba before Mr. Obama’s arrival on March 21.

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John S. Kavulich, the president of the U.S.-Cuba Trade and Economic Council, said he had counted about 500 visits to Cuba by American businesspeople since December 2014 and more than 140 visits by United States representatives and officials. But, he said, he could count the number of business deals they had reached on his fingers.

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In interviews, American entrepreneurs, business lawyers and consultants described a culture gap that often seems the size of the Florida Straits, with Americans expecting swift decisions and baffled by the time and meetings required to get answers from Cuban officials.

Kevin Ellis, the chief executive of Cayuga Milk Ingredients, a dairy company in Auburn, N.Y., met with officials at Alimport, a state import company, in Havana in April about selling milk powder. The officials were polite, said Mr. Ellis, who was part of a whirlwind delegation led by Gov. Andrew M. Cuomo of New York. But they seemed more interested in talking about the embargo than about milk, he said.

On his return, Mr. Ellis twice emailed Alimport, in Spanish, about sending samples, but did not get a response.

“I took that as a ‘No,’ ” he said.

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