Hotel Regina

Postal promocional del antiguo Hotel Regina, ubicado en la calle Industria en La Habana.

Penúltimos Días traduce el texto de Cristopher Gray Havana´s New York Accentpublicado en The New York Times:

Incluso en Cuba saben que es cuestión de esperar: esperar a que los Castro salgan del escenario y que Cuba se abra. Cuando los americanos lleguen finalmente en masa, los neoyorkinos se darán cuenta de que hay algo familiar en La Habana, debido a que una sucesión de arquitectos de Nueva York encontró allí un terreno fértil hace un siglo.

A principios del siglo XX, la capital cubana era espectacularmente rica, rica como Newport, con un amplio cuadro de diseñadores locales bien entrenados. En 1902 The Real Estate Record and Guide daba ya alguna idea del sofisticado nivel de la regulación; cornisas, balcones, ornamentos e incluso colores requerían aprobación, y el arquitecto debía presentar un diseño elevado de toda la cuadra para asegurar que la casa era estéticamente agradable.

Uno de los primeros edificios de un arquitecto cubano fue la Catedral Episcopal de Bertrand Goodhue, diseñada en 1905 y arquitectónicamente optimista en la muy católica isla. Goodhue, un maestro reconocido de la arquitectura eclesial, era un firme goticista, pero para La Habana desarrolló un diseño churrigueresco, una versión florida del estilo colonial español. Donde se alzó no está del todo claro, pero ahora ya no está.

La sección más vieja de la ciudad, La Habana Vieja se enfrenta a la Bahía de La Habana con calles estrechas, casi medievales. Pero a principios del siglo XX la sección en torno a las calles Obispo y O´Reilly alojó tantas construcciones bancarias que se le llamó la “pequeña Wall Street.” En 1913 Arthur Lobo, nacido en las Indias Occidentales y educado en Columbia, trabajó en una exuberante fachada neoclásica para la sede del Bank of Nova Scotia en las calles O’Reilly y Cuba. Encajonado en un estrecho cruce, el banco de Lobo rodea la esquina, creando un vestíbulo semicircular de doble altura.

En las calles de O´Reilly y Compostela, los arquitectos Walker & Gillette, famosos por el Edificio Fuller de Madison y la 57, diseñaron una impresionante filial para el New York’s National City Bank. Construido en 1925 con coquina, la roca marcada de conchas, el banco tiene una amplia recepción, con corrientes que le dan un aire de aeropuerto tropical.

En 1919 The New York Times informaba que el ferry Key West-Havana estaba “repleto de americanos que iban a desafiar las oportunidades de la fortuna.” Uno de ellos era el hotelero Joseph Bowman, que en 1924 instaló un anexo de diez plantas a un hotel en el Prado, un boulevard considerado como la Quinta Avenida de La Habana. Schultze & Weaver, los especialistas en hoteles que hicieron el Waldorf-Astoria, dieron al hotel Sevilla-Biltmore un gran comedor en la décima planta, con vistas sobre lo que es ante todo una ciudad de cinco pisos.

Sin embargo, Bowman tenía los codos afilados de un neoyorkino y dejó las paredes laterales de sus estructuras desnudas y tristonas. Los neoyorkinos no se hubieran preocupado pero el descuido provocó irritación en La Habana.

Al sur del centro de la ciudad, en un español barroco la estación de ferrocarril de 1912 tiene grandes torres gemelas, medallones de terracota y una amplia sala de espera. Eso es bueno porque el servicio ferroviario es infrecuente, incluso errático, y las aproximadamente cincuenta personas que vi allí sentadas podrían igualmente haber estado esperando el vapor semanal. Fue diseñado por el elegante crítico/arquitecto Kenneth Murchison, que ejecutó la Terminal Erie-Lackawanna en Hoboken, y varios edificios a lo largo de Nueva York.

El oeste de La Habana Vieja está el Vedado, una zona construida durante las décadas del 10 y el 20 con confortables residencias suburbana. Muchas llegan a lo suntuoso, como la casa de 1914 de los Marqueses de Avilés, en la Calle 17. Diseñada por Carrère & Hastings, el interior es mucho más rico que su comparable Frick Mansion de Nueva York, básicamente en estilo neoclásico francés pero con toques de renacentismo español.

Otra casa cercana, incluso más exuberantes, es la del banquero Pablo González de Mendoza, famosa por su adición en 1918 de una piscina cubierta, para la que se trajo al arquitecto neoyorkino John H. Duncan. Este desarrolló una larga habitación con una piscina central; puertas de estilo francés abiertas a los vientos en tres de los lados bajo un techo atado cubierto de pinturas. Hermes Mallea, el autor de Great Houses of Havana, dice que lo llamaron el “Baño romano de los Mendoza.”

Más al oeste, en la sección de la Playa, Schultze & Weaver crearon una serie de clubes playeros, el más elaborado de los cuales era el imaginativo La Concha, con una simple torre por única decoración, algo como la torre de McKim, Mead & White en el viejo Madison Square Garden de Nueva York.

En conjunto, hay más de dos docenas de edificios de arquitectos neoyorkinos en La Habana. La estructura que los turistas probablemente conocen mejor es el Hotel Nacional de 1930, diseñado por McKim, Mead & White en un terreno alto sobre el Malecón y el Monumento al Maine. Tiene un aire renacentista español, pero en realidad es sólo un gran hotel estándar de la época.

Cerca está una espina afilada clavada en el gobierno cubano, el edificio de la Embajada de los Estados Unidos de 1953, masivo, brutalista. Diseñado por Harrison & Abramovitz, en aquel seguro, ortodoxo modernismo que nunca provoco el despido de nadie. En 1963, después de que Estados Unidos rompiese relaciones con Cuba, Fidel Castro ordenó la confiscación del edificio, pero este sigue en manos americanas, aunque su estatus esté sujeto a peleas ocasionales entre ambos países.

Por el momento se trata de esperar y vigilar, pero cuando Cuba se abra podrá haber de nuevo oportunidades para los diseñadores de Nueva York; el comunismo ha robado a los arquitectos de la isla medio siglo de experiencia.

Traducción: Juan Carlos Castillón.

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