Trinidad

Trinidad, Cuba. Julio 2014.

Trinidad, Cuba. Julio 2014.

Cuando, en 1998, fui por primera vez a Trinidad, el dólar había vuelto a tener circulación legal en Cuba y el estado cubano regentaba tiendas y restaurantes que operaban en divisas para un público mayoritariamente extranjero. Los trinitarios, como los habaneros y el resto de los cubanos, huían en masa de casi todos los empleos estatales para trabajar en el turismo, por entonces el más codiciado sector en términos de empleo en la isla.

Cuando regresé este verano, días antes de que el periódico El País le dedicara una nota al emergente capitalismo trinitario, los restaurantes, hostales y galerías de arte privados se extendían por toda la ciudad y sobrepasaban en número y calidad a los negocios estatales, especialmente en la zona del centro histórico, declarado por la UNESCO Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1988. Artesanos y cuentapropistas vendían todo tipo de mantelería bordada y canastas de mimbre en mercadillos callejeros, y los taxistas privados ofrecían viajes mucho más económicos y flexibles que las opciones estatales hacia la península Ancón y el Valle de los Ingenios, en donde el dueño de la estancia Guachinango sirve almuerzos campestres y ofrece excursiones a caballo por sus tierras. El camino que lleva hacia la torre Iznaga lucía ahora más parecido que nunca al de Teotihuacán, en donde los vendedores abruman al turista con la mejor artesanía local a precios que, mientras se avanza, se devalúan hasta llegar a un 10 por ciento de la cifra inicial.

En la Trinidad de hoy el negocio privado ha desplazado al estatal no solamente en cantidad y calidad como anota El País sino también en las ganancias que reporta y, sobre todo, en prestigio en la jerarquía de los puestos de trabajo locales. La prosperidad del negocio privado en Trinidad ha repoblado la villa con jóvenes que emigran desde otras regiones del país, incluyendo La Habana, y tiene cierto peso en la decisión de algunos trinitarios de no emigrar al extranjero. El taxista que contraté para hacer el recorrido por las distintas estancias del Valle de los Ingenios suele viajar a Canadá. El capital que reúne trabajando allí en la construcción lo invierte en mejorar su casa y su automóvil, tras lo cual se asentará definitivamente en tierras trinitarias para dedicarse al transporte de turistas. La habitación que renté, donde losas de barro y cenefas coloniales cohabitan con lámparas y vajilla adquiridos en una sucursal de Ikea europea, climatizada con un moderno y silencioso split, es propiedad de un matrimonio cubano-belga asentado en La Habana. Una joven familia habanera, ella promotora cultural y él músico, gestionan el negocio a cambio de cierta participación en las ganancias de la pequeña galería de arte que ocupa la sala principal de la casa y de la renta de las tres habitaciones de la estancia.

Sólo sobre las chinas pelonas de las calles, bajo el tórrido sol tropical, puede el visitante encontrar algo alegórico a la revolución cubana.

 

Souvenir de la empresa ARTEX. Trinidad. 1998.

Souvenir de la empresa ARTEX. Trinidad. 1998. Colección Cuba Material.

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