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perfumes soviéticos

perfume Violeta
Perfume Moscú Rojo

Perfume Moscú Rojo. 1980s. Donación de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

Además del famoso perfume Moscú Rojo, a partir de la década de los años setenta en Cuba se comenzaron a comercializar perfumes provenientes de Europa del Este, principalmente de Bulgaria, y de la URSS. Éstos son algunos de los perfumes soviéticos que estuvieron a la venta en el mercado paralelo, algunas veces sí, otras no. Llama la atención que sus nombres no hayan sido traducidos al español para el mercado cubano y que, a excepción de Moscú Rojo, todos conservan gran parte del contenido original.

Perfume "Acacia Blanca (Biélaia Acatsia)"

Perfume “Acacia Blanca (Biélaia Acatsia)”. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material.

Perfume Romeo

Perfume Romeo. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material.

perfume Violeta

Perfume Violeta. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material

ht: Tamara Álvarez y Alexis Jardines tradujeron los nombres.

termómetros

Termómetro soviético
Termómetro soviético

Termómetro Normalgias. Hecho en la URSS. 1970s. Colección Cuba Material.

Todos los cubanos usábamos el mismo termómetro, un Normalgias fabricado en la URSS. Antes de la caída del socialismo en Europa del Este y la desintegración de la URSS también se vendieron en Cuba termómetros chinos, más pequeños y embutidos en un estuche de goma, de forma cuadrada y de color azul. Tengo la impresión de que estos últimos eran los que se usaban en los hospitales en los años 1980s. Era difícil leer la temperatura en ellos, pues los ángulos del cuerpo del termómetro no dejaban ver la barra de mercurio. Ambos termómetros se ponían en la axila para medir la temperatura.

Durante la crisis del Período Especial, en la que hasta los termómetros escasearon, éstos se vendían en la bolsa negra. Es posible que todavía se puedan adquirir así.

Termómetro soviético

Termómetro Normalgias. Hecho en la URSS. 1970s. Colección Cuba Material.

fotómetro Leningrad

Fotómetro Leningrad
Fotómetro Leningrad

Fotómetro Leningrad. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material.

Mi abuelo era un aficionado a la fotografía. Ahora que, a sus 99 años, ya no puede hacer fotos, me ha regalado su pequeño arsenal de equipos y papeles relacionados con la fotografía. Entre ellos he encontrado los manuales y vales de compra de muchas de sus cámaras y accesorios, incluido el fotómetro soviético de marca Leningrad 7. No sé si era éste el que utilizaba para medir la luz y ajustar el lente de su cámara cada vez que nos pedía a mi hermana y a mi que posáramos para una sesión de fotos en su casa, pues he encontrado también entre sus cosas el manual de un fotómetro japonés, un Walz Coronet BII, y de un fotómetro inglés, marca Weston, modelo Master III. Los fotómetros Walz de la serie Coronet B se produjeron en 1956, según un sitio dedicado a compilar todas las marcas y modelos de estos artefactos. El Weston Master III data de entre 1956 y 1960, según el mismo sitio. Me llama la atención que teniendo estos equipos, a todas luces más sofisticados, mi abuelo aún comprara el fotómetro soviético, fabricado en 1984, un retroceso tecnológico aún si se compara con versiones anteriores de esta marca, según el articulista, quien enumera una serie de inconvenientes asociados con la serie 7.

Manual del fotómetro Coronet

Manual del fotómetro Walz Coronet BII. Hecho en Japón Colección Cuba Material.

Manual del fotómetro Weston

Manual del fotómetro Weston, modelo Master III. Hecho en el Reino Unido. Colección Cuba Material.

Generación Y: Evocación de los bolos

Envases de productos cánticos del bloque socialista
Envases de productos cánticos del bloque socialista

Envases de productos cánticos del bloque socialista. Imagen tomada de Penúltimos Días.

En Generación Y: Evocación de los bolos:

La lectura del libro “El séptimo secretario” de Michel Heller me ha traído un montón de recuerdos de la “etapa soviética” de esta islita. En ese entonces, yo no pasaba de los quince años y tengo evocaciones muy sensoriales de aquel coloniaje. Rememoro los caramelos y vituallas adquiridos a través del mercado informal que regentaban las esposas de los técnicos soviéticos. Es curioso que no los llamábamos por el gentilicio de la URSS y mucho menos como “camaradas”, sino que usábamos un sustantivo cuya fonética no permitía los detalles. Ellos eran “los bolos”: informes, toscos, un trozo de barro sin trabajar; macizos y sin gracia; capaces de fabricar una lavadora que gastaba la electricidad destinada a toda una casa, pero que -todavía hoy- funciona en no pocos hogares cubanos.

Muchos de nuestros padres habían estudiado o trabajado en la URSS, pero nosotros no conocíamos la sopa borsht ni nos gustaba el vodka, así que todo lo “soviético” nos parecía pasado de moda, rígido y cheo. Lo que nos paralizaba de ellos era el poder osuno que emanaba de sus gestos, la advertencia velada de que ellos sostenían nuestro “paraíso” caribeño.

Aquella mezcla de temor y burla que nos generaban los bolos todavía se mantiene. Si ahora mismo un turista que pasea por la ciudad no quiere ser molestado por los continuos vendedores de tabacos, sexo y ron, sólo debe musitar algo como “Tavarich”, “Niet ponimayo” y el asustado mercader se esfumará.

aerogramas

aerograma
aerograma

Aerograma. 1974. Colección Cuba Material.

No sé por qué mi mamá compró tantos aerogramas, con las pocas cartas que se escribían en Cuba.  Aún se conservan en la segunda gaveta del aparador del comedor.

aerograma

Aerograma. 1986. Colección Cuba Material.

cuchillas de afeitar

cuchilla afeitar venceremos
Cuchillas de afeitar Astra. Hecha en Checoslovaquia.

Cuchillas de afeitar Astra. Hechas en Checoslovaquia. Colección Cuba Material.

Desde que comenzaron a escasear, hace ya varias décadas, mi abuela Gertrudis Caraballo Gálvez ha guardado las hojas usadas de las cuchillas de afeitar. Las escondía en un rincón del escaparate de su cuarto, en donde sobrevivieron incluso el Período Especial.

* * *

En el libro de K. S. Karol Guerrillas in Power: The Course of the Cuban Revolution (1970, New York: Hill & Wang), dice el autor:

The language used by the Castroists at home was full of phrases reminiscent of Chinese arguments. They used the term revisionism as an obvious reference to the U.S.S.R. and its allies abroad. Even merchandise from Eastern Europe was commonly described by this title. Thus on my first day in Havana I learned that revisionist trucks were of very poor quality, or that anyone using revisionist blades needed no shaving cream–his tears would be quite enough. (Pp.306-7)

Esto fue en 1967.

Cuchillas de afeitar Astra. Hechas en Checoslovaquia.

Cuchillas de afeitar Astra. Hechas en Checoslovaquia. Colección Cuba Material.

Cuchillas de afeitar Neva. hechas en la URSS.

Cuchillas de afeitar Neva. Hechas en la URSS. Colección Cuba Material.

 

Cuchillas de afeitar venceremos. hechas en Checoslovaquia.

Cuchillas de afeitar venceremos. Hechas en Checoslovaquia. Colección Cuba Material.

Cuchilla de afeitar Venceremos. Hecha en Cuba. Reverso.

Cuchilla de afeitar Venceremos. Hecha en Checoslovaquia. Reverso. Colección Cuba Material.

Cuchilla de afeitar Rawa Lux. Hecha en Polonia.

Cuchilla de afeitar Rawa Lux. Hecha en Polonia. Colección Cuba Material.

cuchillas afeitar rawalux copy

Cuchilla de afeitar Rawa Lux. Hecha en Polonia. Colección Cuba Material.

Cuchilla de afeitar Leningrad. hecha en la URSS.

Cuchilla de afeitar Leningrad. Hecha en la URSS. Colección Cuba Material.

cuchillas de afeitar Sputnik

Cuchilla de afeitar Sputnik. Hecha en la URSS. Colección Cuba Material.

Cuchillas de afeitar Regina.

Cuchillas de afeitar Regina. Colección Cuba Material.

Cuchillas de afeitar Admiral. Hechas en Dinamarca.

Cuchillas de afeitar Admiral. Colección Cuba Material.

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Sobre las cuchillas de afeitar como armas blancas:

Torcía los labios y decía con voz gangosa: “A él no, aguántenme a mí, que soy el más peligroso”. Cuando su única defensa era una cuchilla de afeitar marca Astra, la tomaba con los dedos y le hablaba: “Cógelo, Astra”, como si el objeto tuviera vida propia, como si fuera un perro guardián. (tomado de Fenelo, Obdulio. 2008. “Florida. Yo soy de donde reinaban los guapos.” Pp. 128-30 in Por los extraños pueblos: otro mapa de la Isla. Crónicas de La Gaceta de Cuba, edited by N. Codina. Havana, Cuba: Unión, p. 129)

* * *

Sobre la escasez de cuchillas de afeitar. En Yglesias, Jose. 1968. In the Fist of the Revolution: Life in a Cuban Country Town:

El Gallego liked to talk, but he had to go home to shave. I offered him a blade–“if you do not mind accepting it,” I said.

“If I do not mind!” he said. “If you know how I have plotted to ask you for one!”

When I saw him later clean-shaven, he said, “What a difference to the Soviet Astras. I can use it many more times.”

From then on, I would give a blade to men and the response was always the same. I gave a package of five to Dr. Padrón and he was quite thrilled. “I think I can make them last until Christmas if I use them right. Look at the shave I got–I do not think I have to shave for the rest of the week. I even cut myself because my beard was so thrilled that it got goose pimples!” (P.112)

bandejas plásticas

bandeja plastica
bandeja plastica

Bandeja plástica de fabricación en el Bloque Socialista. 1980s. Colección Cuba Material.

Durante los años 1980s, se vendieron en Cuba bandejas de plástico con diseños que imitaban el cristal tallado. Siempre he pensado que se importaban de la Unión Soviética, pero no he podido confirmarlo. Verónica Cervera, autora del libro La cocina cubana de Vero, me cuenta que en Miami se venden unas bandejas similares fabricadas en China. Las que se vendían en Cuba tenían diversas formas, tamaños, y colores. Las recuerdo en tonos blancos, verdes, y azules.

bandeja plastica y portava sos

Bandeja y porta vasos plásticos de fabricación en el Bloque Socialista. 1980s. Colección Cuba Material.

bandeja plastica

Bandeja plástica de fabricación en el Bloque Socialista. 1980s. Colección Cuba Material.

bandeja plastica

Bandeja plástica de fabricación en el Bloque Socialista. 1980s. Colección Cuba Material.

La Habana elegante: Resonancias desde la piel de la manzana roja

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Souvenir hecho en la URSS. Comercializado a finales de los años 1980s en Cuba. Foto 2013.

Souvenir hecho en la URSS. Comercializado a finales de los años 1980s en Cuba. Colección Cuba Material.

En La Habana elegante: Resonancias desde la piel de la manzana roja, por Emerio Medina:

Si uno se detiene un poco a examinar lo que nos quedó de la presencia rusa en Cuba, descubriría que estamos rodeados por elementos imprescindibles y variados: medios de transporte, tecnología, vocabulario, nombres propios, cultura cinematográfica, ciertos íconos culturales, abundante literatura impresa (basta revisar los estantes de una biblioteca pública o las colecciones privadas de muchísimos lectores). Para la mayoría de los cubanos de más de 30 años hoy es imposible recordar sus años jóvenes sin evocar un radiorreceptor Rodina o Selena, un televisor Krim o Elektron, una bicicleta Chaika o librosUkrania (más conocida como XBЗ), una cámara fotográfica Zenit o FED, un tocadiscos Ilga, una grabadora VEF o Radiotejnica, las revistas Unión Soviética, Spútnik y Mujer Soviética, un automóvil Lada, Moskvich o Volga, un camión KamAZ, ZIL, GAZ o KpZ, una motocicleta Verjovina, Karpati, Vosjod, Ural, Dniéper o Júpiter, un reloj-pulsera Slava, Raketa o Poljot, un despertador Zariá, una guagua LAZ o PAZ, una lavadora Aurika, una batidora cuya marca nadie nunca supo, un equipo de aire acondicionado BK, una plancha eléctrica de nombre impronunciable, un osito de peluche, una jaba plástica, una escoba del mismo material, un ventilador Orbita inolvidable (se descocotaba, y entonces había que amarrarle el casco del motor con un alambre, y luego se calentaba y el plástico se derretía; se quedaba chamuscado y negruzco pero nunca dejaba de funcionar). Sería imposible privar a la mayoría de los cubanos de una memoria histórica tan fuerte como ésa. (1) Todas las libretas de la escuela se forraban con páginas de la revista Unión Soviética, que eran algo así como el forro ideal por la calidad del papel y los colores de las láminas. . . . El público lector, que tuvo total acceso a las producciones de las editoriales Mir y Progreso en los años setenta y ochenta, recuerda y conserva las colecciones de la época: Ráduga, Planeta. Todavía hoy, a más de veinte años de la caída de Moscú, una gran parte de los cubanos sigue añorando los años en que los dos países compartían un sistema social. Eso es inevitable, si se tiene en cuenta que durante treinta años los cubanos vivimos bajo una influencia total del país soviético. Era imposible, pues, acceder a otra cosa que no fuera un producto de origen ruso: comida (toda clase de enlatados, aceite, granos, arroz, jugos, fórmulas infantiles, harina, pescado, compotas, leche) (3), ropa, efectos eléctricos (prácticamente en exclusiva), publicaciones, películas, series televisivas, automóviles, tecnología en general, materias primas, comunicaciones, equipos de transporte marítimo, aéreo y terrestre. Esa inundación en exclusiva del mercado interno cubano creó una rusomanía tácita que nos dejaría sus huellas para siempre (4). Hoy se puede decir, por ejemplo, que tenemos más de trescientos nombres cubanos modernos que se originan en nombres y sonoridades rusas (5). . . .

Pero hubo un grupo importante de generaciones de cubanos que no solamente recibieron la influencia indirecta de una cultura tan lejana, sino que tuvieron la experiencia de primera mano porque, simplemente, vivieron en la Unión Soviética durante una parte importante de su vida: la primera juventud, esos años imprescindibles de la formación profesional. A ese grupo me referiré, en general, y tomaré mi experiencia personal como ejemplo para ilustrar el impacto que pudo haber causado en un joven de 18 años la exposición a la vida en Rusia o en alguna de las repúblicas que integraban la Unión. Hablaré de eso, y a la vez trataré de hurgar en las posibles influencias de ese impacto en un futuro escritor, como es mi caso.

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metro de La Habana

autobuses Hino
autobuses Hino

Autobuses Hino. Imagen tomada de internet.

El periódico digitaln 14ymedio publicó un reportaje sobre el transporte en la capital y el olvidado proyecto del metro de La Habana. En los comentarios al texto, Rubén López abunda sobre el proyecto y explica:

Ruben Lopez

Debo abundar sobre esto para la historia del transporte urbano de la Ciudad de La Habana. #1
Introducción:
Antes del triunfo de la Revolución La Habana tenia uno de los mejores sistema de transporte urbano del continente. La Habana tuvo los primeros tranvías electrificados de América, después de los EEUU. Recuerdo haber ido a la playa de Mariano con mis padres casi todos los días en la tarde en tranvía, yo vivía en la Habana Vieja. El Tranvía cubría Lawton, Satos Suarez, Marianao, toda las zonas más importantes. Luego en los años 50 los eliminamos y se introdujeron los Ómnibus GM y Leyland. La frecuencia de los ómnibus en La Habana estaba a minuto en las horas pico en las principales rutas. Había conductores que cobraban el pasaje, inspectores para comprobar que el pasajero abonó el pasaje, e inspectores para comprobar frecuencia de las rutas, etc . La calidad era óptima, pero llegó el Comandante Fidel Castro y como Rey Midas al revés , convirtió el oro en basura. Nunca el transporte urbano ha estado al nivel de la calidad del año de 1959 o 1960. Hay quien dice, y lo acabo de leer en el artículo que uso como referencia a estas notas, donde se afirma que antes del periodo especial la Habana tenía una frecuencia en sus rutas importantes de menos de un minuto, los que lo afirman es pura propaganda, yo estuve bien dentro del sistema del Transporte de la Capital, lo estudié, conozco las estadísticas, las cifras no publicadas, ¡nunca la Habana en el periodo revolucionario el transporte urbano llego a los niveles de los años de 1958,1959 y 1960!. El transporte urbano de la Habana es el ejemplo del fracaso continuado de un sistema inoperante y de una incapacidad a todos los niveles.

Cuentas básicas, como dijera mi abuelo, cuentas de bodega, nunca la Habana después de 1959 tuvo el número de ómnibus que había antes del triunfo de la Revolución ni la frecuencia, ¡NUNCA! .Nunca la empresa de transporte le ofreció a sus trabajadores los beneficios que tenían antes del triunfo de la Revolución, los salarios eran sustancialmente bajos con el triunfo de la Revolución, nunca los sistemas de mantenimiento y reparación estuvieron a los niveles de antes de la Revolución y con el tiempo todo se fue deteriorando , como se ha deteriorado todo el país.

Se compraron desde 1960 hasta la fecha miles de Omnibus, Hino, Leylan, Ikarus, Sil, Skoda, Pegaso, Yuton , etc y al final todo está peor , pues el sistema operante era el mismo.

Hablemos ahora del El Esquema del Trasporte de la Ciudad de la Habana, su sistema integral

En 1980 fundé, con dos personas más uno de ellos era el Arq. Manuel Alepúz Llansana, ya fallecido, el Instituto de Investigaciones del Transporte. Yo era el vicedirector primero.

Bajo mi dirección comenzamos a realizar el esquema del Transporte Urbano de la Ciudad de la Habana, con más de 20 especialistas soviéticos ( de la otrora URSS) que habían sido parte de los especialistas que habían desarrollado el Plan del Transporte de la Ciudad de Moscú. Habían mas de 30 especialistas cubanos involucrados . Hubo que coordinar con la Policía Nacional ,Planificación Física de la Habana ( la institución encargada del desarrollo de la Habana), el Poder Popular , o Alcaldía de la Habana, Ministerio del Transporte, Ferrocarriles, Partido Comunista de Cuba, CDR, en fin con todo el sistema empresarial cubano, ya que casi todos estaban involucrados de una forma u otra con el Transporte Urbano de la Capital. Fue una tarea titánica, compleja, tratando sobre todo de satisfacer todos los intereses, y de eliminar los obstáculos para un plan de esta naturaleza ( era mucha la ignorancia ). A la sazón yo era además el Presidente de la Comisión de Arquitectura, Urbanismo y Transporte del Parlamento de la Ciudad de la Habana ( Alcadia ), por tanto tenía un enfoque por dos vías del problema.

El esquema se hizo con muchas muestras del movimiento de la población, como se hace en todo el mundo, el movimiento del transporte de carga, etc. Se terminó el estudio con un documento que sustentaba todas las soluciones prop[uestas , y se hicieron mas de 40 pancartas ( de más de 3 metros de alto por dos de ancho ) con las soluciones, todo sobre los planos de la ciudad y la soluciones puntuales que abarcaban:

Nuevas bases de ómnibus , nuevas paradas de ómnibus, nuevas rutas, frecuencias, sistema de pago, remuneración de los empleados, organización, mantenimiento, etc.

Nuevas bases de taxis, y mayor cobertura, con todo lo que lleva un sistema para funcionar, reposición, mantenimiento sistema de pago, etc

Tren urbano y suburbano, con todo lo que lleva un sistema para funcionar, reposición, mantenimiento sistema de pago, etc

Soluciones viales en toda la Habana, todo puntual, indicando el tipo de solución y por supuesto la justificación.

Soluciones de pasos a desnivel como toda ciudad desarrollada necesita

Señalización adecuada

Metro de la Habana, líneas principales

Y muchas más pancartas describiendo con planos todas las soluciones.

Ruben Lopez

COMENTARIO # 2

Se editó un libro con todas las pancartas, en colores, con todas las explicaciones y bases de datos. El libro en aquel momento era público, pero hoy es secreto, por supuesto que hoy es un secreto, pues se comprobaría la incapacidad del gobierno cubano y su sistema en solucionar un problema de esta naturaleza, mientras menos se sepa de los errores cometidos es mejor.

El documento brindaba la solución general del Transporte de la Capital, pero como todo en Cuba, pasó al olvido, no era importante.

Se hizo la presentación en el Salón de Embajadores del Hotel Habana libre, eso fue como en 1982-1983. Por allí pasaron todos los dirigentes del país (ministros , funcionarios ) , estuvo expuesto por varias semanas, pero faltó en ver las soluciones una sola persona , pero clave , Fidel Castro.

El Arq. Alepúz habló con Osmany Cienfuegos, que en aquellos momentos era el Secretario Ejecutivo del Consejo de Ministros de Cuba , ( El Arq. Apelúz y Osmany Cienfuegos era amigos, ambos habían participado el 13 de Marzo en el Asalto al Palacio Presidencial en 1957 y el Arq. Alepúz era muy amigo de José A. Echevarría), para que se incluyera en la agenda del Consejo de Ministros el esquema del Transporte de la Habana, ya que sin la aprobación de Fidel Castro no se podía hacer nada.

Al cabo de varias semanas Osmany Cienfuegos, le dijo al Arq. Alepúz que Fidel Castro estaba dedicado 100% a la Guerra de Angola y no tenía tiempo para ver este esquema en el Consejo Ejecutivo del Consejo de Ministros y allí feneció la solución del trasporte integral de la Habana. Era más importante la Guerra de Angola que el Transporte de la Capital y la calidad de vida de los cubanos.

Después de ello poco a poco fueron implantándose a cuanta gotas algunas soluciones, sobre todo las viales, pero nunca como una solución integral.

Ruben Lopez

COMENTARIO # 3

El Dr. Fernández Mel ( médico de profesión) , que en aquel tiempo estaba de Alcalde de la Ciudad, tenía el concepto de que el Metro de la Habana era la única solución requerida. Le rebatimos ese criterio en más de una oportunidad, pero tenía esa idea bien concebida, su ignorancia lo cegaba.

Había un miembro del parlamento de la ciudad, del cual yo formaba parte también , el Ing. Fernando ahora se me olvida su apellido, conocido mío, Ing civil, que le vendió la idea a Fernández Mel de que la solución si era el Metro. Fernando era profesor de la CUJAE ( Universidad Técnica de la Habana) sin ninguna experiencia empresarial, solo la experiencia de dar clases. Sin estudios del movimiento de pasajeros en la Habana, hicieron un trazado del Metro A VOLUNTAD, repito sin ningún estudio que lo soportara . Porr supuesto hubo varios enfrentamientos técnicos, pues no veían la solución como un sistema, sino puntual, por suerte el Metro, bajo su concepción, no fue construido, pues hubiera sido un gasto enorme sin dar una solución real al gran problema del transporte de la capital . El metro es parte de un sistema , es una solución más, pero no es la solución.

En fin se hicieron calas en toda la Habana, estudios del suelo, se formaron cientos de profesionales en Checoeslovaquia y en Moscú, se viajo por casi todas las capitales del mundo capitalista, para “ obtener experiencia” se contrataron cientos de personas, se empezaron hacer planos y todo fue una perdida de tiempo y de recursos, ¡incluso se empezaron a hacer túneles ¡

En un momento empezaron a incursionar en la tecnología francesa, que era y es mucha más avanzada que la que tenía la URSS entonces y Rusia ahora, pero que estaba fuera del alcance de la mano de Cuba desde el punto de vista financiero, la deuda externa de Cuba era enorme y no se podían encontrar créditos millonarios blandos en ese tiempo, Cuba había despilfarrado cientos de millones de dólares en créditos que no habían sido pagados.

El personal del grupo del Metro de Moscú que estaba en Cuba hizo un reporte a Moscú, a las altas esferas de la URSS sobre la locura que estaba haciendo este famoso grupo del Metro de La Habana, ese grupo se oponía amuchas propuestas que había hecho el grupo de especialistas soviéticos y cubanos sobre el Esquema del Transporte Integral de la Habana.

Ese grupo creado por el Dr. Fernandez Mel y el Ing. Fernando n para el Metro de La Habana no tenía realmente dimensión de los costos de un proyecto de esta naturaleza , una estación sencilla a los precios del año de 1982-1983 estaba en los 20 millones de rublos, un kilometro del metro costaba 20 millones de rublos, sin que se consideraran grandes complicaciones en su construcción, si habían cavernas, como las hay en el subsuelo de La Habana, ríos, el costo se multiplicaba por dos o tres veces más , estamos hablando de un costo de, según el plano presentado aquí de más de 1200 000 000.00 de Rublos en estaciones y más de 2000 000 000 .00 Rublos, mas de ¡3200 billones de Rublos!, en redes sin hablar de los sistemas que alimentan al metro ( ómnibus, bases de taxis , trenes suburbanos, etc) ,luego vendrían las plantas energéticas que abastecerían al metro, los sistemas de aire , los sistemas de reserva energéticos , pues no se podían tener casos de apagones, etc..

Ruben Lopez 

COMENTARIO 4

La URSS estaba en contra de financiar el Metro de la Habana y se hizo evidente en más de una oportunidad , delante de mi varios funcionarios de alto nivel de la URSS nos lo comentaron en el verano de 1989 estando yo en Moscú. Ya la URSS tenia encima la planta nuclear de Jaraguá, que era una obra enorme y que al final era costeada por la URSS totalmente. Cuba no tenia financiamiento para que una empresa francesa suministra la tecnología, por tanto tenía que depender de la URSS y la URSS estaba negada a financiar esta mega obra en La Habana

Ese grupo del Metro de la Habana llenó sobre un plano de la Habana estaciones y líneas , mucho más que las líneas y estaciones que tiene el Metro de ciudad de Toronto en Canadá, o el Metro de Panamá , todo se hizo a capricho o a “ ojo del buen cubero” . Como siempre afirmo… fue una idea calenturienta de Fernando y Fernández Mel , no tenia base técnica, financiera ni económica.

La solución era el esquema del Transporte de la Habana y poco a poco la incorporación de una línea o dos de Metro en las direcciones más importantes por el volumen de personas que podían transportar, según la demanda. Esta solución era más viable técnica y financieramente y era apoyaba por los que tenían que aportar la tecnología y dinero, la URSS, pero esa idea no satisfacía los gustos de otras personas.

Al final no se hizo nada. Hoy varias capitales de nuestro continente tienen Metro y el transporte urbano de la Capital de La Habana está peor del que había en 1959. Llevamos 55 años buscando una solución, sin solución.

En 1990 o 1992 no recuerdo la fecha exacta, fui invitado a una presentación de una supuesta solución para el transporte de la capital por parte del ISDI, Instituto Superior de Diseño Industrial y de la ONDI ( Oficina Nacional de Diseño Industrial atendida por el Consejo de Estado de Cuba y cuyo ex director había sido el hermano de Wilma Espín, otro intocable , Wilma era la esposa de Raúl Castro entonces ). Yo ya no estaba trabajando más en nada relacionado con el transporte de la Ciudad, estaba de director del Instituto más grande de Cuba en el campo de la computación, ICID, pero era profesor invitado del ISDI, y miembro de su Consejo Científico del ISDI y de la ONDI y ellos sabían que tenía alguna experiencia en el transporte.

Richard , director de la ONDI , me presentó una clase de tráiler con asientos con una cuña de camión , ….me dijo…. este es el Metro Bus, una solución para el Transporte de la Habana…., vi la maqueta y le pregunté ..¿de quién fue la idea?..su respuesta fue rápida…¡la idea fue de un estudiante!. Le dije …. una idea más, pero no es la solución , pueden hacer como se hizo en Colombia, Ottawa u otras ciudades, una senda solo para ómnibus e incrementar la frecuencia de ómnibus ,que es uno de los problemas que tiene el Transporte de la Habana, la poca cantidad de Ómnibus y la baja frecuencia, además, acoté….. esa solución creará un problema para La Habana, las calles de la Habana no resisten esas cargas por eje y se van a deteriorar.

La respuesta de Richard fue como un relámpago … bueno Rubén esto ya fue aprobado por la máxima dirección del Partido y del Estado ( sin decir nombre me dijo Fidel) ….sin pensarlo dos veces lo dije…. esto será un fracaso Richard , la vida lo demostró. El mal de Cuba es el voluntarismo, la falta de profesionalidad, la ignorancia total y la toma de decisiones sin ninguna base técnica, científica o económica. Con esa filosofía llevamos 55 años sin resolver el transporte de la Ciudad de la Habana, lo que demuestra la incapacidad de sus dirigentes y del sistema.

Hay un factor más, Fidel Castro había declarado, en un circulo muy estrecho, de que él no quería que la Capital tuviera un buen transporte urbano ni tampoco interprovincial, así la 5ta columna, la contrarrevolución no tiene medios para moverse. En el fondo lo que a él le interesaba era el poder, como lo afirmó hace unos años en una entrevista con un periodista occidental, se aferró al poder sin importarle el pueblo cubano, su futuro y bienestar. Por menos que eso en cualquier país democrático a ese personaje se le hubiera juzgado por traición a la patria, no en Cuba, donde Fidel Castro está por encima de las leyes.

Todos los vinculados al transporte de la capital deberían renunciar , y sobre todo cambiar el sistema político, que es una de las causas de esta involución en el transporte, como es la involución en la agricultura, vivienda, como es la total involución social, política económica que tiene Cuba hoy.

Buscamos soluciones enormes a lo ruso, a lo soviético, enormes elefantes blancos, que se tornan inoperantes, como ahora el mega Puerto del Mariel , que según algunos “expertos “ será la panacea, y que va a competir con el puerto de Miami, esto da risa.

Seguimos cometiendo los mismos errores, como en un círculo vicioso, pues los que dirigen el país son los mismos que han cometidos todos los mismos errores a lo largo de estos 55 años, son un grupo de incapaces que lo único que persiguen es el poder.

Rubén López Toronto Canadá

Este es también el comentario de un lector que firma como Esopo:

Esopo

Rubén, El Director del GEM rea Fernando Pérez Monteagudo, actualmente tengo entendido que sigue como profesor universitario y es hijo del Profesor Diosdado Pérez Franco, con relación a lo que dices de Fidel Castro estoy totalmente de acuerdo contigo, tus planteamientos son muy esclarecedores y pienso que es un aporte a esta discusión sobre el Metro, pero tu puntos de vista son los argumentos del Instituto del Transporte de la Habana (ITH), que eran contrapuesto al otras de personas también conocedores de la cuestión que porque ciertamente Fidel Castro era la Vaca sagrada mayor de Cuba pero Alepuz fue la Vaca Sagrada del Transporte que paralizaba cualquier iniciativa que no procediera de su feudo particular el ITH. Aquí en Brasil he estado vinculado a la construcción de Túneles de Metro y existen esas controversias que existió entre el GEM i el ITH incluso mucho más complejas porque es entre Universidades, Gobierno Estadual, Alcaldía, Consejo Regional de Ingenieros y Arquitectos (GREA) en portugués, la prensa en sus diferentes variantes entre otros y al final el Estado de Derecho ventila cualquier tipo de controversia y me faltaba que en todo eso están de billones de dólares para las obras, el problema es que no es la Guerrita entre Fernando y Alepuz, Fernando Apoyado por Fernández Mel y Apuz apoyado por Osmani y su grupo, y la sombra del Comandante en jefe riéndose de los pececitos de colores porque en Subfeudo de Fernadez Mel y Fernando y de Osmany Alepuz él era dueño del gran feudo.

Gracias a Ailyn Sánchez por el enlace.

Generación Y: En venta las medallas

Medalla de la Alfabetización
Medalla de la Alfabetización

Medalla de la Alfabetización. 1986. Colección Cuba Material.

En Generación Y: En venta las medallas:

Grados militares, estrellitas, distinciones de mayor o menor importancia: condecoraciones que remiten a glorias pasadas. Junto a los libros que se venden en la Plaza Vieja -y las postales turísticas con el rostro del Che- tenemos el mayor mercado de medallas de todo el país. Si en Alemania oriental cayó el muro y después el comercio de las insignias ganó la calle, aquí éste ha surgido frente a los ojos de quienes prendieron esas calaminas sobre las solapas. Muchos trabajadores de vanguardia, soldados mutilados y federadas combativas que recibieron tales honores prefieren hoy intercambiarlos por pesos convertibles. Mercadean en moneda fuerte el objeto que los distinguía como modelos sociales a imitar.

Sobre un tapete rojo, carente ya de cualquier sobriedad, se exhiben los emblemas de una nación sofocada entre diplomas y distintivos. La herencia soviética nos dejó esta larguísima fila de órdenes, distinciones, ramas de olivo, laureles de blando metal, certificados de destacado, hoces y martillos pintados en rojo y escudos de la república impresos sobre zinc. Una parafernalia del reconocimiento que calcó el kitsch y la desmesura llegados desde el Kremlin. En aquellos años nadie quería quedarse sin su condecoración, pues esas distinciones se trocaban por prebendas o privilegios. En las asambleas donde se entregaba un refrigerador o una lavadora, los aspirantes al electrodoméstico iban con su ristra de galardones colgada en la camisa. La reunión se convertía así en un ring de méritos, en un carnaval de hazañas exageradas. Pero eso fue hace mucho tiempo…

A estas alturas de tan escéptico 2012, la estética de aquellas insignias nos provoca una mezcla de curiosidad y extrañeza. Algunos vagabundos de la Habana Vieja se las colocan sobre el pecho para que los sonrientes turistas les regalen unas monedas.  También, escondidas en el fondo de innumerables gavetas, yacen muchas de aquellas reliquias por la indiferencia o la decepción de su beneficiario. Otras -sencillamente- tienen un precio. Se venden en el mercado de antigüedades junto a muestras numismáticas del siglo XIX o cámaras Leica octogenarias. Los compradores sopesan las medallas, le regatean al vendedor, para al final descartar o llevarse el frío metal que contiene tanto pompa como fracaso; esplendor y caída.

Medio siglo de arquitectura cubana, por Roberto Segre

Comunidad rural pecuaria en la provincia La Habana
Comunidad rural pecuaria en la provincia La Habana. 1970s.

Comunidad rural pecuaria en la provincia La Habana. 1970s.

Texto tomado de Café de las ciudades:

Arquitectos y administradores

Este proceso social y económico [la institucionalización del socialismo en Cuba] no se reflejó mecánica y simétricamente en la arquitectura y el desarrollo cultural cubano. O sea, si existía una ortodoxia ideológica marxista-leninista, que en el arte coincidió con el “realismo socialista”; a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, éste tuvo escaso seguidores en la isla – fue una excepción la multiplicación de monumentos conmemorativos por el territorio – manteniendo Cuba una actitud independiente respecto a la cultura artística predominante en la URSS (José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía). Desde la visita de Fidel al Colegio de Arquitectos en marzo de 1959 para plantear las nuevas tareas que debían acometer los profesionales – cooperativas campesinas, viviendas obreras, centros de educación y salud en la Sierra Maestra, etc. –, los miembros del jet set arquitectónico, opuestos a renunciar al ejercicio privado de la profesión y a los proyectos de temas suntuarios, emigraron hacia los Estados Unidos (Roberto Segre, “Encrucijadas de la arquitectura en Cuba: realismo mágico, realismo socialista y realismo crítico“) ajenos al principio martiano de que “la arquitectura es el espíritu solidario” (Fernando Salinas, “Prólogo: años de nacimiento“).

Ello creó un vacío generacional, ya que los diseñadores que dominaron el escenario de la década de los años cincuenta, con obras de indiscutible calidad estética, formal y espacial, y que ocupaban los cargos directivos en el Colegio de Arquitectos y en la enseñanza universitaria, no habían formado el relevo, en parte debido a la juventud de sus miembros, así como también por el carácter elitista de la profesión. Los pocos recién graduados – que además de su condición de talentosos profesionales, participaron en las acciones contra la tiranía –, decididos a permanecer en la isla y trabajar para el nuevo régimen integrados al Ministerio de la Construcción – Fernando Salinas, Raúl González Romero, Juan Tosca, Ricardo Porro, Andrés Garrudo, Antonio Quintana, Mario Girona, Hugo Dacosta, Vicente Lanz y otros –, no lograban asumir las crecientes demandas de obras y proyectos, además de los cargos docentes y administrativos indispensables para el funcionamiento de la enseñanza y de la producción.

En consecuencia, aconteció la formación acelerada de cuadros técnicos de precario nivel académico; y a la vez, ingenieros, constructores y arquitectos distantes de la práctica proyectual, afrontaron las tareas organizativas y productivas, distanciándose de los fundamentos estéticos de la arquitectura, al privilegiar los aspectos técnicos y económicos, obsesionados por la normalización y tipificación de los componentes constructivos, supuestos símbolos del progreso social y científico. Ellos fueron responsables de la arquitectura mediocre y masiva que surgió a partir de la década de los años setenta, caracterizada por el uso de elementos prefabricados de escasa calidad de diseño.

Influencias recíprocas: estética y construcción

El período comprendido entre 1959 y 1970, correspondió a la etapa más efervescente de la nueva arquitectura cubana. Aunque en términos económicos y tecnológicos se asumieron las experiencias constructivas y de la planificación territorial de la URSS y de otros países del campo socialista – en particular Alemania Democrática, Polonia, Yugoslavia y Checoslovaquia –, no existió una significativa influencia en el diseño o en las formulaciones teóricas. El primer contacto directo entre los arquitectos cubanos y los homólogos del Este europeo ocurrió en el VII Congreso de la UIA (Unión Internacional de Arquitectos) celebrado en La Habana en 1963. En esta ocasión, el arquitecto Reynaldo Estévez – uno de los profesionales más activos en los vínculos con la URSS –, editó las actas del V Congreso de la UIA celebrado en Moscú en 1958 (V Congreso de la UIA. Moscú, 1958), que resumían las realizaciones urbanísticas y arquitectónicas soviéticas de la segunda posguerra.

Sin embargo, cabe suponer que fueron los arquitectos de la URSS quienes admiraron la libertad creadora evidenciada en las obras cubanas, despertando el entusiasmo de Natalia Filipovskaya, autora de un pequeño libro muy ilustrado publicado en Moscú, con ejemplos de la década del cincuenta y primeros años de los sesenta (Natalia Filipovskaya, Arquitectura de la Revolución Cubana). . . .

El rescate del Constructivismo

La primera ayuda significativa de la URSS ocurrió en 1963 a raíz del ciclón Flora que arrasó con campos y poblaciones de las provincias orientales, destruyendo miles de viviendas. Fue obsequiada a Cuba una planta de prefabricación pesada, capaz de producir 1.700 unidades por año, que se instaló en Santiago de Cuba. Allí se construyó el Distrito “José Martí” para 72 mil habitantes, siguiendo las normas de relación servicios-población establecidas en la Unión Soviética (Roberto Segre, La vivienda en Cuba: República y Revolución). Sin embargo, no se aceptó el diseño original de los paneles, poco apropiados al clima tropical. Un equipo de arquitectos cubanos – Fernando Salinas, Enrique De Jongh Julio Dean, Edmundo Azze, Orlando Cárdenas y otros – proyectaron los nuevos modelos semitransparentes que permitían la ventilación cruzada de las habitaciones. O sea, en la década del sesenta resultaba evidente el avance “estético” de la arquitectura cubana, influenciada por el International Style de origen norteamericano, respecto a la tradición monumental aún presente, o al pragmatismo constructivo que prevalecían en la URSS bajo la orientación de Jruschov.

De allí que pocos arquitectos soviéticos participaron en los equipos de apoyo técnico diseminados en la isla, más vinculados a la planificación económica y a los procesos constructivas. Entre las visitas excepcionales, relacionadas con la cultura arquitectónica y el diseño, podemos citar a M. Soloviev, Director del Departamento de Diseño Industrial y a A. Riabushin, Director del Departamento de Teoría e Historia de la Arquitectura, ambos en Moscú. Sólo una decena de profesionales cubanos se formó en la URSS, sin alcanzar posiciones destacadas en su desarrollo profesional en la isla. En las publicaciones locales el interés estuvo dirigido hacia la experiencia constructivista de los años veinte, y el esclarecimiento de las contradicciones que llevaron a su paralización en los treinta con el fin de evitar que el dogmatismo y el burocratismo arquitectónico se repitiesen en Cuba. En 1968, Fernando Salinas promovió la traducción al español del libro italiano de Vittorio de Feo (Vittorio de Feo, La arquitectura en la URSS 1917-1936); e intenté publicar la emotiva autocrítica de A. K. Burov, miembro de la vanguardia de los “años de fuego”, justificando las concesiones realizadas al historicismo académico en las obras realizadas a partir de 1933 (A.K. Burov, Sobre la Arquitectura).

Regionalismos y folklorismos

El proceso de “institucionalización” del país ocurrido después de la fracasada zafra de los diez millones de toneladas de azúcar de 1970, tuvo su repercusión también en la arquitectura. La autonomía proyectual de los arquitectos quedó doblegada por las estrictas normas establecidas por el Ministerio de la Construcción y la definición de rígidas tipologías planimétricas y compositivas para cada uno de los temas desarrollados, asociadas al empleo de elementos constructivos prefabricados. Cada tema poseía su propia configuración funcional y tecnológica: las industrias, las escuelas, las viviendas, los hospitales, los hoteles, etc.. Proliferaron los folletos técnicos y los libros referidos a la prefabricación y la economía de la construcción (Germán Bode Hernández, Hacia la industrialización del sector de la construcción).

A partir de 1975 la revista Arquitectura Cuba integró en sus páginas la arquitectura y el urbanismo soviéticos, en particular sobre aquellas repúblicas de la URSS que habían desarrollado un lenguaje “regionalista”; también influenciado por las ediciones masivas de los libros de Vladimir Khait sobre la obra de Oscar Niemeyer, demostrativos de la libertad creadora de un diseñador “comunista” latinoamericano (Vladimir Lvovitch Khait, Oskar Nimeeier). Un historicismo acontextuado apareció en la sede de la embajada de la URSS en el barrio residencial de Miramar, cuya alta, compleja y maciza torre era más apropiada para Alma Ata o Krasnoiarsk que para La Habana. Lenguaje formalista de escaso contenido conceptual que incidió localmente en la renovación estética de los años ochenta, al impulsarse nuevamente el turismo en Cuba y construirse algunos conjuntos hoteleros en falso vernáculo indígena.

Un campo ascético y moral

Durante la lucha revolucionaria contra Batista, los planteamientos sociales y económicos contenidos en el “Manifiesto del Moncada”, no estuvieron acompañados de propuestas urbanísticas y arquitectónicas concretas. De allí que las iniciativas ejecutadas desde 1959 se fueron adecuando a las definiciones políticas e ideológicas del momento. Sin embargo, hasta la década de los años ochenta perduró el objetivo de privilegiar el desarrollo del campo y de los asentamientos de los trabajadores rurales sobre las estructuras urbanas. Si por una parte Stalin rechazó el utopismo “urbanista” de Sabsovich y “desurbanista” de Miljutin y fortaleció el desarrollo de Moscú como capital de la URSS; la dirección del nuevo gobierno no se identificó con La Habana, ciudad considerada pecaminosa y representativa de los vicios del capitalismo (Roberto Segre, “Sombres et utopies tropicales de La Havane“), asumiendo un criterio de planificación territorial antiurbano (Felipe J. Prestamo, “City planning in revolution: Cuba, 1959-61“). A finales de los años sesenta, los habitantes de la capital expiaron sus pecados trabajando en el hinterland rural del llamado “Plan del Cordón de La Habana”, de escaso éxito productivo. Surgieron en todo el país las cooperativas rurales, pequeños núcleos de viviendas relacionados con la explotación agrícola y ganadera, equipados con los servicios sociales básicos, que sustituyeron los tradicionales bohíos aislados de los campesinos pobres. Era la aplicación de las tesis de Marx y Engels, quienes imaginaban el fin de la contradicción entre los niveles de vida del campo y la ciudad, con el advenimiento del socialismo. Resultó un modelo paradigmático la Comunidad Forestal “Las Terrazas” en la Sierra del Rosario, Provincia de Pinar del Río (1969).

El objetivo principal de la planificación territorial consistió en crear una estructura homogénea de asentamientos habitacionales y productivos, superando los desequilibrios estructurales profundizados a lo largo de cuatro siglos: por ejemplo en 1958, La Habana moderna y desarrollada concentraba el 30 % de una población de alto nivel de vida, en detrimento de las condiciones precarias existentes en el resto del país. La tecnificación de la producción agrícola y el asentamiento de nuevas industrias crearon “polos” urbanos en las áreas rurales, intercomunicados entre sí por un nuevo sistema vial (Sergio Baroni Bassoni, Hacia una cultura del territorio). Se llevaron a cabo importantes obras de infraestructuras, entre las que predominaron las represas de agua, cuya escasez constituía uno de los principales problemas que confrontaba la isla.

La reorganización del territorio significó también la participación comunitaria en las tareas productivas y en la gestión administrativa, creando una conciencia social del desarrollo económico del Estado, no como consecuencia de directivas del poder distante, sino de las decisiones emanadas de los diferentes niveles políticos del país. El rechazo a la ciudad heredada se manifestó en la construcción de un sistema funcional – escuelas, fábricas, hospitales, centros de investigación, hoteles – en un anillo periférico bordeando las capitales provinciales – Santa Clara, Camagüey, Holguín, etcétera. –, representando lo que se llamó “el mito de lo nuevo”; o sea, el modelo urbano que debía sustituir la ciudad tradicional (Roberto Segre, “La Habana siglo XX: espacio dilatado y tiempo contraído”). Propuesta que fracasó ante la carencia de un tejido conectivo que integrase espacialmente las diferentes funciones y permitiese una vitalidad social similar a la existente en el centro histórico. Cabe señalar también la escasa madurez conceptual de los fundamentos ideológicos del modelo, formulado en otro contexto y otro tiempo histórico, que no fueron adaptados a las condicionantes particulares de la realidad cubana.

La utopía del “hombre nuevo”

Sin lugar a dudas, la organización de la educación en la década del setenta logró la expresión urbanística y arquitectónica más importante del sistema “comunista” cubano. A partir de una tecnología constructiva local – el sistema “Girón” – de elementos prefabricados, fueron realizadas centenares de escuelas de diferentes dimensiones, entre 500 y 5.000 alumnos. A partir del programa definido como “la escuela al campo” para la enseñanza secundaria, se organizaron verdaderas “ciudades” de la educación, sumergidas en el territorio agrícola, con el fin de formar el “hombre nuevo” del siglo XXI caracterizado por el Che Guevara (Ernesto Che Guevara, “El socialismo y el hombre en Cuba”). A pesar de las rígidas normas técnicas y tipológicas imperantes, el equipo de arquitectos del Departamento de Construcciones Escolares del Ministerio de la Construcción, dirigido por Josefina Rebellón, logró combinaciones formales, volumétricas, espaciales y cromáticas que identificaban la particularidad de las composiciones libres y asimétricas, las amplias galerías cubiertas y las plazas interiores de las escuelas.

Entre las más significativas citemos la Escuela Vocacional Lenin (1974) de Andrés Garrudo en La Habana; la Escuela Vocacional Máximo Gómez (1976) en Camaguey y la Escuela Volodia del Parque Lenin (1976) de Heriberto Duverger. Esta tipología constructiva fue aplicada en múltiples obras, entre las que sobresalieron los Palacios de los Pioneros; del Parque Lenin (1978) de Néstor Garmendía, y de Tarará (1975) de Humberto Ramírez, ambos en La Habana. A su vez, el modelo de la Secundaria Básica en el Campo se convirtió en un icono arquitectónico representativo de la nueva pedagogía revolucionaria, siendo exportado a varios países de América Latina y el Caribe: Jamaica, República Dominicana, Nicaragua y Perú.

Las viviendas anónimas

Aunque durante cuarenta años el Estado realizó un promedio de diez mil viviendas anuales, este tema fue el menos exitoso en cuanto al diseño arquitectónico y urbanístico. La Habana del Este (1959-61), primera gran iniciativa de un conjunto habitacional, fue realizado a partir del modelo de la Unidad Vecinal norteamericana y de una tipología de edificios similares a los apartamentos burgueses del barrio del Vedado. Ante el supuesto costo excesivo de esta experiencia – apreciación que se demostró errónea, ya que los edificios se mantienen en perfecto estado de conservación, cosa que no ocurrió con las viviendas de la “Microbrigada” (Mario Coyula, “La ciudad rampante. Cuando éramos jóvenes y hermosos“) –, se comenzaron a construir bloques anónimos de cuatro plantas con elementos prefabricados. Tuvieron mayor calidad constructiva y formal los edificios realizados con las piezas de la fábrica soviética de Santiago de Cuba, aunque la rígida distribución urbanística, creó espacios anónimos y deshumanizados. Otros sistemas importados de Yugoslavia – el IMS – y de Canadá – el LH – también poseían una alto nivel de terminaciones y de combinaciones formales, pero adolecían, en los conjuntos construidos, de los defectos compositivos, rígidos y abstractos, repetidos en todos los países socialistas de Europa del Este.

Las propuestas experimentales de Fernando Salinas – el sistema Multiflex –; del venezolano Fruto Vivas; de las unidades ligeras de Hugo Dacosta; y en los años ochenta, de los jóvenes Juan Luis Morales y Rosendo Mesías para colaborar con la autoconstrucción en la ciudad histórica, no fueron asimiladas por el Ministerio de la Construcción. Cuando en 1970 se inició la construcción de bloques artesanales por el sistema de la “Microbrigada” , la participación popular hubiese permitido una variedad de diseños que no fue implementada: la rígida normativa institucional hizo repetir ad infinitum los bloques de apartamentos. Cierta libertad formal quedó implementada en los años ochenta, al llenarse los vacíos de la ciudad tradicional con edificios atípicos, pero la baja calidad constructiva invalidó cualquier propuesta estética. Al promoverse en los años noventa la realización de viviendas para residentes extranjeros en el aristocrático barrio de Miramar, se utilizaron repertorios historicistas, similares a los utilizados en las viviendas de lujo de los países capitalistas (Joseph L. Scarpaci, Roberto Segre, Mario Coyula, Havana. Two Faces of the Antillean Metrópolis).

La creatividad de los años sesenta

La rigidez característica del estado socialista, implícita en las decisiones emanadas desde el poder central, no pudo doblegar la iniciativa individual de los arquitectos de talento, deseosos de expresar creativamente los contenidos humanistas de la ideología marxista-leninista. Afortunadamente, el sistema cubano de dirección de la construcción no poseía las mismas estructuras burocráticas imperantes en la URSS y los países de Europa del Este. Tampoco fueron promovidas por el gobierno construcciones monumentales de sedes partidarias o de la administración pública, al utilizarse los edificios de la década de los años cincuenta, vaciados al desaparecer la empresa privada. Resultó una excepción el edificio del PCC en Sancti Spíritus, integrando la tribuna para los desfiles patrióticos.

A lo largo de estos cuarenta años existieron algunos pocos grados de libertad que permitieron crear obras arquitectónicas paradigmáticas que caracterizaron la personalidad de las sucesivas décadas. En los años sesenta, la carencia de una clara planificación económica y de una estructura piramidal de decisiones, hizo posible algunos ejemplos de innegable valor estético: en La Habana, el conjunto de las Escuelas Nacionales de Arte, de los arquitectos Ricardo Porro, Vittorio Garatti y Roberto Gottardi (1961-1965), surgió en el bucólico paisaje del Country Club, y sus formas libres, expresivas e inéditas, resumieron las metáforas culturales – la fusión de los códigos de la modernidad, la tradición colonial y el rescate de la cultura negra –, representativas de la etapa “surrealista” de la Revolución (esta obra, difundida mundialmente, en proceso de restauración, luego de décadas de abandono, todavía atrae la atención de las editoras y revistas especializas de Estados Unidos y Europa; ver John Loomis, Revolution of forms. Cuba´s forgotten Art Schools.). La Ciudad Universitaria “José Antonio Echeverría” (1961-1969), también en las afueras de la capital, realizada por un equipo dirigido por Humberto Alonso y posteriormente por Fernando Salinas, demostró la flexibilidad de un sistema de elementos prefabricados – el lift-slab de origen canadiense –, adaptado a la topografía del terreno y a la diversidad de funciones exigidas por el Instituto Politécnico.

También en el céntrico barrio del Vedado – La Rampa –, se quiso demostrar el nuevo uso social de la tierra urbana, en un espacio que en la etapa anterior era reservado para la presencia de costosos edificios de oficinas o hoteles de lujo. La construcción del Pabellón Cuba (1963) de Juan Campos y la heladería Coppelia (1966) de Mario Girona, monumentalizaron dos espacios públicos dedicados a la recreación cotidiana de los habitantes urbanos. En la provincia oriental de Holguín, el arquitecto Walter Betancourt proyectó la Casa de la Cultura de Velasco (1964-1984) por iniciativa del gobierno local, realizada con la participación comunitaria. En ella utilizó un lenguaje regionalista y sincrético, que integró la formación wrightiana del arquitecto con la herencia campesina y los elementos decorativos indígenas de taínos y siboneyes.

Imaginación vs. masividad

En los años setenta, período caracterizado por el dogmatismo ideológico y la rigidez de las normas constructivas aplicadas en las obras sociales de carácter masivo, los símbolos estuvieron relacionados con la naturaleza recuperada y la significación del “diseño ambiental” como síntesis entre las manifestaciones artísticas, el diseño, la arquitectura y el urbanismo. Antonio Quintana (1919-1993) con un equipo de profesionales realiza el centro recreativo del Parque Lenin (1970), identificado por la espacialidad y transparencia del restaurante “La Ruina” de Joaquín Galbán, quien magnifica y monumentaliza los elementos constructivos prefabricados utilizados en las obras anónimas, otorgándoles una particular significación estética. Luego, Quintana proyecta el ligero y transparente Palacio de las Convenciones (1979) de La Habana, cuyos salones quedan circundados de la exuberante vegetación tropical del lujoso y exclusivo barrio de Cubanacán.

Finalmente, Fernando Salinas (1930-1992) construye la Embajada de Cuba en Ciudad México (1976), obra que sintetiza las búsquedas estéticas y culturales de dos décadas de socialismo: una arquitectura sobria y liviana, metáfora de las escuelas en el campo, caracterizada plásticamente por la presencia de gráficos, escultores y pintores, con obras expresivas de la vanguardia cubana. La fuente “Aguas Territoriales” de Luis Martínez Pedro que preside la entrada, identifica los múltiples tonos turquesa del mar del Caribe que circundan la isla.

El regreso a la ciudad

En los años ochenta ocurrió el rescate de la ciudad tradicional, que había sido abandonada durante casi dos décadas. Al obtener La Habana el reconocimiento de la UNESCO de “Patrimonio Cultural de la Humanidad” (1982), la atención de las intervenciones estatales se orientó hacia la recuperación de los monumentos en los centros históricos: las iniciativas de Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad de La Habana, transformaron la imagen decrépita del centro histórico en un espacio de gran vitalidad social, comercial y turística. A su vez, la descentralización de los proyectos, permitió la ejecución de obras atípicas promovidas por los poderes municipales – en La Habana tuvo particular importancia la gestión de Mario Coyula (Mario Coyula, Editor, La Habana que va conmigo) –, facilitando la participación de los arquitectos jóvenes, quienes cuestionaron el anonimato de la arquitectura prefabricada de la década anterior.

Se creó el movimiento de la “Generación de los Ochenta”, constituida por Emilio Castro, Rafael Fornés, Juan Luis Morales, José Antonio Choy, Emma Álvarez Tabío, Eduardo Luis Rodríguez, Teresa Ayuso, Francisco Bedoya y otros. Ellos intervinieron en los vacíos urbanos con obras que resentían la influencia del historicismo contextualista del “posmodernismo”, proveniente del Primer Mundo. Resultó paradigmática de esta etapa el consultorio del médico de la familia en La Habana Vieja (1988) de Eduardo Luis Rodríguez y la gasolinera “Acapulco” en el Vedado, de Heriberto Duverger (1990). Sin embargo, como los procesos históricos sociales y culturales no resultan lineales, en esta década, caracterizada por la apertura ideológica y el apoyo a las manifestaciones artísticas de vanguardia, coexistió un retorno a las expresiones monumentales del “realismo socialista”. En casi todas las provincias fueron erigidos monumentos conmemorativos que asumieron el modelo soviético, ya presente en La Habana en la escultura de Lenin realizada por el artista ruso Kérbel. Citemos el monumento al Che Guevara en Santa Clara y a Antonio Maceo en Santiago de Cuba. Resultaron una excepción el conjunto conmemorativo a la caída en combate de Antonio Maceo en las afueras de La Habana de Fernando Salinas, y la Plaza de la Revolución Mariana Grajales del equipo Rómulo, Villa, Angulo, García Peña (1986) . En los años noventa, el simbolismo de la estatua de Lenin fue sustituido por la figura en bronce de John Lennon, sentando en un parque del Vedado.

Incógnitas y ambigüedades

En los años noventa, la crisis económica producida por la desintegración del mundo socialista y la desaparición de la URSS, paralizó casi totalmente las obras de contenido social. El turismo se convirtió en el motor de la economía y se importaron proyectos extranjeros de carácter comercial y de escasos contenidos culturales y estéticos. Dentro de la precariedad económica del “Período Especial en Tiempos de Paz”, imperante en la última década del siglo XX, sobresalieron los proyectos de José Antonio Choy y su equipo: el hotel Santiago de Cuba (1990) y el Banco Financiero Internacional (2001) en La Habana, obras que intentaron reintegrar a Cuba en el concierto arquitectónico mundial y en el manejo de los códigos de la contemporaneidad, más allá de todo determinismo ideológico. La presencia del dólar como moneda corriente hizo resurgir el tema de los shoppings, abandonado desde la década de los cincuenta, produciéndose edificios banales de corte kitsch.

Ante las incógnitas de un futuro incierto, algunos críticos y arquitectos locales desataron una crítica contestataria de la arquitectura “comunista”, o sea, de las obras masivas construidas entre las décadas de los años sesenta y ochenta, promoviendo el rescate nostálgico – y veladamente ideológico – de las realizaciones de la década de los años cincuenta (Eduardo Luis Rodríguez, The Habana Guide. Modern Architecture 1925-1965). Postura injusta y tergiversadora de la realidad: a lo largo de más de cuatro décadas de socialismo, jamás se rompió el hilo conductor de la cultura arquitectónica cubana – originada en el Movimiento Moderno de la etapa anterior – en las obras paradigmáticas de cada período.

Por otra parte, es lícito afirmar que un estilo “comunista”, de ascendencia soviética, monumental y apologético, nunca existió en Cuba. Pese a las complejas dificultades que afrontó el país desde 1959, no se doblegó la creatividad y originalidad de los profesionales quienes, luchando a contracorriente del pragmatismo hegemónico de los organismos centrales del Estado, buscaron aplicar los principios del humanismo martiano – en antítesis con dogmas y estructuras burocráticas –, manteniendo viva la tradición y la identidad cultural de la arquitectura – estrechamente vinculados a la vanguardia artística (la UNEAC, Unión de Escritores y Artistas de Cuba, jugó un papel fundamental en la defensa del carácter “artístico” de la obra arquitectónica. En 1990, por iniciativa de su presidente, Abel Prieto, el presidente de la Sección de Crítica, Roberto Segre, creó la Sección de Diseño Ambiental, que fue presidida por Fernando Salinas; a esta iniciativa se opuso el Ministerio de la Construcción y la UNAICC, Unión de Arquitectos, Ingenieros y Constructores de Cuba, aduciendo el carácter “elitista” de aquella agrupación) –, representativas de una cubanidad identificada con el sincretismo de su literatura, música y artes plásticas, surgido del mestizaje social, incapaz de ser destruida por los altibajos de los sistemas políticos.

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ostalgia

Stand de Chamakovic en la feria Arte en la Rampa. 2013. Imagen tomada de OnCuba.

Stand de Chamakovich en la feria Arte en la Rampa. 2013. Imagen tomada de OnCuba.

Se conoce por ostalgia la nostalgia por las cosas de Europa del Este, socialista. Se trata de un acrónimo de Ost, que significa oriente, nombre con que los alemanes occidentales se referían a la Alemania Oriental, y nostalgia. En los últimos años ha venido tomando forma en el imaginario cubano alusiones y referencias, con cierta carga nostálgica, a objetos del pasado socialista. La mayor parte de estos referentes, curiosamente, pertenece al mundo de la infancia.

Stand de Chamakovic en la feria Arte en la Rampa. 2013. Imagen tomada de OnCuba.

Stand de Chamakovich en la feria Arte en la Rampa. 2013. Imagen tomada de OnCuba.

En OnCuba¡Nu, Pogodi! Regresan los Muñequitos Rusos…:

Darwin Fornés no está demasiado seguro de que la creatividad tenga que ver con los tiempos, aunque reconoce que las circunstancias sí influyen, y las actuales le ayudaron a materializar una interesante idea: el Proyecto Chamakovic…

Efectivo neologismo que combina el cubanísimo “chamaco” con el patronímico ruso “kovic”, el nombre mismo del proyecto propone un viaje sentimental a la niñez de varias generaciones de cubanos, en particular los marcados por los vilipendiados –y ahora añorados– “muñequitos rusos”…

Volk y Záyats (El lobo y la liebre), el perro Rex, la insufrible Orejitas a Cuadros, Bólek y Lólek y aquellos dos niños sentados espalda con espalda en nuestras viejas libretas de primaria, saltan de los televisores Krimm y Caribe a los pulóvers y jabas artesanales que vende Chamakovic en la feria comercial Arte en La Rampa.

El taller de serigrafía René Portocarrero produjo esta idea de Darwin, inspirada en la popularidad que aún tienen dichos muñequitos, que no eran todos precisamente rusos. Todo comenzó cuando Darwin se unió a un grupo de Facebook que compartía imágenes de aquellos personajes, y comprobó las emociones que aún provocaban.

Me pareció que esa nostalgia podía funcionar, porque funcionó en mi. Es todo un fenómenos social y generacional, hay blogs, comunidades, íconos, hasta los huevos sorpresas tienen una línea dedicada a esos animados”, contó Darwin a OnCuba, tras la presentación de su proyecto en el Pabellón Cuba.

La plataforma de lanzamiento ha sido más que propicia, porque ninguna feria como Arte en La Rampa tiene tal poder de convocatoria, en el corazón mismo del Vedado habanero, con 80 stands que constituyen todo un bazar contemporáneo de la iniciativa privada. Desde su creación hace 14 años, este espacio veraniego se ha consolidado como un mercado indiscutible del arte más o menos asequible, amén de ser un ágora de intercambio entre poetas, lectores, músicos y artistas de todo tipo.

Entre los sponsors de esta gigantesca feria sobresalen el Ministerio de Cultura, la Casa de las Américas, la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas y el Fondo Cubano de Bienes Culturales, con cabida para profesionales e independientes que hacen aquí no solo su agosto, sino también su julio: las colas no merman, las compras tampoco, y la gente por lo menos pasea y disfruta. Definitivamente, a los cubanos parece gustarles el comercio…

Darwin, nacido en 1984 y graduado hace un lustro de diseñador gráfico, cree que son buenos tiempos para los negocios. Al menos está de acuerdo con que la apertura económica que vive Cuba de cierta manera estimula la creatividad, sobre todo en la búsqueda de nuevos nichos para la diversificación de las iniciativas particulares y el auge de los emprendedores.

En su caso, se concentró en un público-meta adulto, particularmente los nacidos en los años 60, 70 y 80 del pasado siglo. De hecho, en su stand no hay tallas infantiles, porque sabe que los niños de ahora no se identifican con esos personajes.

Más allá del imaginario popular y alguna que otra referencia en la música y las artes gráficas, la memorabilia de corte soviético nunca fue explotada como lo hace Chamakovic. Tal merchandising solo se había visto recientemente con la serie animada cubana Fernanda. Darwin va más atrás y recuerda la parafernalia de artículos con el Tocopán, mascota de los XI Juegos Panamericanos Habana-1991.

Entre los principales retos que enfrentó estuvo reinventar las poses de los personajes, o adaptar al plano serigráfico un orejón tridimensional como Cheburaska, filmado con la técnica de stop-motionRevivir aquellos años fue muy bueno, algo emocionalmente intenso, aseguró el creador. Claro, no todo fue por amor al arte…

El Taller Portocarrero tiene un objetivo social: producir y vender, pero con el interés de mantener un estándar de calidad y de vincularse en proyectos culturales. Se quería que Chamakovic aportara valores, pero que se vendiera también, con garantías de éxitos, precisó Darwin, auspiciado además por la Galería Génesis.

Chamakovic nació como proyecto puntual para Arte en La Rampa, pero… ¿se quedará aquí o crecerá para resucitar a otros personajes como Mikrovitsh, el Mago Jotavish, Tusa Kutuza o el combo Los Yoyo…?

Darwin sonríe y se limita responder: Todo dependerá de la aceptación, pero no dudo nada: la nostalgia vende…

En Soviet Cuba: Identities in Transition pueden encontrar mejores imágenes y similar información.

radios

Radio Selena
Radio Selena. Hecho en la URSS.

Radio Selena. Hecho en la URSS. Imagen tomada de internet.

Era un radio portátil, de dinamo, el que decidía el ritmo del deshije del tabaco en las escuelas al campo de San Juan y Martínez. Estaba envuelto con esparadrapo, para que no se desarmara, y de tiempo en tiempo había que darle vueltas al dinamo para recargar la batería.

En la mesita de noche de mi abuelo siempre había un radio Selena. El de mi casa era de marca Siboney, pero las clases de Educación Musical que recibíamos en la escuela primaria las escuchábamos en un radio de marca Nocturno.

Aunque fueron diseñados en la URSS, el Siboney y el Juvenil 80 se ensamblaban en Cuba, al igual que el Pionero. Cuentan en Facebook que en el preuniversitario de ciencias exactas Lenin, en La Habana, había una línea de producción de radios Juvenil 80, que luego se vendían en las tiendas del gobierno a 120 pesos.

Radio Vef 206. Imagen tomada de Facebook.

Radio Vef 206. Imagen tomada de Facebook.

Radio Juvenil 80.

Radio Juvenil 80. Imagen tomada de internet.

Radio Nocturno. Imagen tomada de Desarraigos provocados.

Radio Nocturno. Imagen tomada de Desarraigos provocados.

Radio/grabadora Vef-Sigma.

Radio/grabadora Vef-Sigma.

Radio Sokol. Imagen tomada de Facebook.

Radio Sokol. Imagen tomada de Facebook.

Enlazo aquí dos páginas (en inglés) sobre los radios de transistores soviéticos y el la fábrica de Latvia donde se producían algunos.

colecciones

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Imagen promocional de la mayonesa Doña Delicias
Imagen tomada de Collectibles Havana.

Imagen promocional de la mayonesa Doña Delicias. 1950s. Imagen tomada de Collectibles Havana.

En Alejo3399: La colección:

Cuando se reúne una familia cubana, en cumpleaños, bodas o tomadera sin motivo definido, aflora siempre el recuerdo del picadillo de cáscara de plátanos y el baño con un trapo untado en alcohol del Período Especial. De aquella época es también la colección. Y cualquiera puede pensar que coleccionar es un comportamiento natural del homo ludens, pero la colección cubana es única, épica, lírica, y sin duda alguna, parte de ese patrimonio cultural escasamente documentado de los momentos más jodidos de la historia de esta nación.

Aquí la gente siempre tuvo hábito guardador de tarecos, de modo que ese Trastorno Obsesivo Compulsivo de preservar sellos de cartas, monedas antiguas y/o de remotas regiones, chapas de autos extranjeros, chapitas de cervezas, fósforos y cualquier bobería en general, avalado como no patológico por los sicólogos, no llegó con las carencias de la década del 90. Hasta hace poco en muchas casas por ahí podían verse colecciones de botella de Coca Cola y de cuanta marca nueva comenzara a entrar al país.

Descubriendo un nuevo mundo

Sin embargo, la moda de la colección en el sentido que hoy le damos la mayoría de quienes vivimos aquella furia, sí fue algo novedoso en Cuba, a juzgar por el hecho de que hasta los viejos coleccionaron. La colección cubana no fue entonces solo cosa de niños y adolescentes sin TV; las personas adultas también tenían sus propias etiquetas de pitusas Zingaro, estuches de nylon de chocolates Sapito, o de jabones Sue, o de Zap (que se pegaban a la piel como tatuajes luego de una untada de alcohol de la tienda).

Lo lindo del caso no es que se guardaran todas estas porquerías de latón de basura de hotel, lo cual es ya de por sí bastante lindo; más curioso es recordar ahora como se olían los estuches y etiquetas, como si se oliera el perfume de Jean Baptiste Grenouville, el personaje diabólico de Patrick Susking; como si el aroma sicodélico de lo hecho fuera de la URRS nos descubriera un nuevo mundo de sensaciones ignotas y deseables.

Las prendas coleccionables, pronto adquirieron valor comercial, y la gente las vendía, las cambiaba y no pocos niños del Período Especial recibieron su primer trompón durante a una vendetta por un Triunfo (estuche dorado de galletas dulces). Se ponían en álbumes, y se contaban y clasificaban, quien tuviera más y más bonitas iba delante en la inocente competencia. Los domingos por las mañanas, cuando se acababa el show de Pocholo y su pandilla, salíamos a la calle con los álbumes de estuches y etiquetas a mercantilizar lo inaudito, a darle valor a la miseria y a hacer vida social con ella. Quien no tenía álbum ponía sus valores entre las páginas de un libro de Fidel y la Religión, o en un Atlas General.

Cristalitos y agua con azúcar

Yo, además, coleccioné cristalitos de colores, y piedras que brillaban al sol. Y en mi adolescencia conocí un retrasado mental famoso que coleccionaba botones y andaba descalzo por la tierra colorada: no recuerdo su nombre, pero sí que habitaba en una comunidad del municipio Sierra de Cubitas llamada Navarro, y que presumía de poderse comer de un solo viaje dos coles (repollos) hervidos, y beberse un jarro de cinco libras lleno de agua de azúcar. Había un hambre del carajo en aquel lugar, como en casi todos.

Ya más recientemente, adquirí un adoquín camagüeyano que fue arrancado del lugar de donde estuvo por más de cien años por los “embellecedores” autorizados de la ciudad, de modo que la colección la llevo en las venas, no la puedo evitar, como tampoco se deja evitar el recuerdo de aquellos tiempos de miseria tremenda siempre que uno ve por ahí alguna escena que los repite. (…)

A mí me parece que por cuestiones sicosociales equiparables, en cierto sentido, a las teorías locas de Einstein, uno cree que en algún punto se acabó la colección en Cuba, que se acabó el Período Especial, el duro, el de verdad. Sin embargo la colección cubana está lejos de ser cosa del pretérito, simplemente ha mutado, como mismo mutan esos parásitos indeseables que habitan en lo más profundo del intestino de un animal carnívoro que camina sin encontrar presa en medio de la sequía. Todavía para mucha gente una latica de cerveza Bucanero, por lejana y desconocida, es algo muy bonito y merecedor de ocupar el espacio preferencial de encima del TV Panda de la sala de su casa.

H/T Café Fuerte.

Caviar con Ron

caviar with rum

En Diario de Cuba:

Caviar with Rum es un nuevo volumen de ensayos compilado por Jacqueline Loss y José Manuel Prieto, dedicado a la historia y el legado de la relación entre la antigua URSS y Cuba, desde sus primeras aproximaciones hasta más allá de su desenlace tras la disolución de la URSS en 1990, para incluso comprender varias formas de nostalgia contemporánea ante tal pasado. Pero el libro no trata de la complicada política, o de la historia de grandes figuras de estos países: aborda, más bien, las memorias cubanas de tal relación, memorias íntimas, subjetivas, reveladoras, dulceamargas.

(…)

Los ensayos aquí reunidos ofrecen, sin embargo, varias metáforas alternativas a las del título. La relación entre la isla caribeña y el imperio euroasiático es, no pocas veces, de índole sexual, y los resultados demasiado literales de esta unión sexual son tachados de aguastibias, hijos nacidos de una mezcla de climas fríos y calientes. Pero al retratar la relación, los autores de este volumen recurren también a otras figuras: ya a un catálogo de productos desaparecidos (carne rusa, el perfume Moscú Rojo),  ya a una cosmología en la que Cuba es satélite, o, trocando lo espacial por lo temporal, a temporalidades disyuntivas en las que la URSS representaba un inminente futuro al que la Isla llegaría dentro de poco y al que, sin embargo, nunca llegó.

(…)

Gracias a este volumen, tenemos noticia de otros vestigios de la influencia soviética: la importancia del arte de la Perestroika; el destino de jóvenes rusos-cubanos decididos a honrar su doble herencia; el legado material de tantos Ladas, televisores Krim, alarmas Sevani, carne rusa, Stolichnaya… Pero lejos de recuperar estos productos soviéticos como meras curiosidades para ser parodiadas o anheladas, estas memorias confirman la permanencia de la Guerra Fría tres décadas después del supuesto fin de la historia.

 

datos de “antes” y “después”

Tienda Fin de Siglo. Imagen tomada de Contextus.

Tienda Fin de Siglo. Imagen tomada de Contextus.

Cubanidades: El Fin de Siglo que no conocieron:


Los nacidos después del 59… vistieron con ropas generacionales pues pasaban de un familiar a otro, zapatos fuera de moda aunque siempre limpios. Perfumes y desodorantes eran una joya arqueológica y el champú “Fiesta” su única opción.

Noches de Habana, sin el glamour de años anteriores, clubes nada exclusivos. Pocas playas, escasas piscinas y abundante malecón. Un par de zapatos de “Primor” para “los quince de la niña” , una fiesta con reducidas ofertas y mucha demanda. Música hasta pasada la media noche resumiendo la alegría de estar vivos. Cajas de talco a modo de rolos para amoldar el pelo. “Chancletas metedeo”, batecasas, palabras que parecían salidas de un idioma que busca el facilismo mental por lo descriptivas.

……………….
En esos momentos era conocida la ropa soviética en pleno verano, circo soviético, exposición rusa, maestrías y postgrados de cultura hispana en la Unión Soviética. Premios de los 9500 millones a la Repúblicas Socialistas. Calzado preparado para frio mas no resistente al calor. Como idioma universal el ruso, inservible y áspero en las costumbres pero útil para negociar en sus colonias. Cintas de seda con grandes lazos, batas vaporosas. Tanta Europa resumida a un solo país. Muñequitos rusos odiados pero necesarios compitiendo con el exclusivo Elpidio Valdés, palmiche y sus contrarios.

De aquellas famosas tiendas quedaron vagos recuerdos reforzados por el deseo desmesurado de aprender de un pasado que tenía un Encantonatural por más que la Época era diferente. Quizás llegaría el Fin de siglo, con otras expectativas ya no tan pendiente de los Ten cent de salario con pensamiento de miseria. Hoy la generación que toma la vanguardia de la juventud conoce de lo aprendido. Sus recuerdos son tan pobres como las vivencias de sus padres y las remembranzas de los abuelos.

Ahora todo es diferente, las famosas escaleras rodantes que cincuenta años atrás causaron impacto hoy son pirámides esculpidas sobre la inmovilidad. Mostradores que no enseñan sino ocultan la ausencia de productos. Lámparas que dejaron de ser luminarias para ocupar el puesto de espacios oscuros. Los aires acondicionados acaparan la atención en días calurosos porque su uso restringido es muestra de un pasado tan remoto como el pensamiento de querer cambiar la vida con adelantos científicos. Cuba, un país que avanza de marcha atrás, no porque busque sus orígenes sino porque desconoce su futuro.

Los bolos en Cuba y una eterna amistad, documental

 

Documental de Enrique Colina Los bolos en Cuba y una eterna amistad (2010).

Sobre el mismo, en Havana Times, La época de “los bolos” en Cuba, y en Vercuba, Rusias de mi cabeza o las astillas de Los bolos en Cuba.

piezas de repuesto para la materialidad del socialismo (video)

(vía Diario de Cuba)

* * *

Fabián Sakharov es el propietario de un negocio de piezas para Ladas y Moskovichs en Hialeah (Miami). Se presentó en el programa A Mano Limpia, donde dijo que, cuando los clientes entran a su negocio y ven que las piezas que vende son “tan originales como las que tenía el carro hace 20 años, se emocionan¨.

En El Nuevo Herald:

Fernando Sardiñas aprovecha los fines de semana para trabajar como taxista ilegal en La Habana. Lo hace en su fiel pero ya estropeado Moskvich, un carro de la era soviética que sigue funcionando por el ingenio y creatividad de su dueño. Pero también gracias a los repuestos y otras piezas de motor que Sardiñas consigue a través de un amigo que frecuenta un negocio al otro lado del Estrecho de la Florida.

………………

Luis García, un residente del suroeste del Condado Miami-Dade, declaró que tiene en alquiler varios automóviles Lada en La Habana. Un par de ellos necesitó recientemente un mantenimiento obligado de transmisión que demandó un paquete de repuestos originales.

“En Cuba hablamos de una falta de piezas que, cuando las consigues, te cobran el precio que quieren”, puntualizó García. En ese contexto, agregó que un carburador puede costar $150 en Miami, mientras que en La Habana fácilmente alcanza un precio de aproximadamente $230.

Disney Serras empezó hace tres años en el rubro. Serras es dueño de la tienda de repuestos para automóviles y motocicletas MZParts Miami, en el 5706 West Flagler. Dijo que su especialidad rápidamente se enfocó en la venta de piezas Lada y otras como Jupiter y MZ, Java y Karpaty. Su negocio es regularmente visitado por clientes que responden a una necesidad inmediata.

“Empecé con algo muy chico”, afirmó Serras. “Nuestro inventario inicial era de $300 y ahora manejamos más de $500,000. Eso te da una idea de la demanda existente”.

autos soviéticos

Moskovitch
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Holguín, 2011. Foto Olmis Leyva.

Algunos datos de los automóviles fabricados en la URSS:

El primer Moskovich se comenzó a fabricar en 1946, en la fábrica moscovita MZMA, y salió a la calle un año después. Por entonces la URSS solamente contaba con esta fábrica y una en Gorky (aquí se hacía el GAZ -20 o Pobeda). Hasta ese momento, la producción de ambas era principalmente camiones. Si bien en un inicio los Moskovich eran asignados a trabajadores vanguardias, luego su venta se liberalizó.

El primer Volga (o GAZ-21) se produjo en 1956, en Gorky, y rápidamente se convirtió en el automóvil de la KGB, el Partido, y otros funcionarios importantes, siempre de color negro. Los más poderosos, sin embargo, viajaban en Chaika, una limosina negra con capacidad para siete pasajeros, producida en relativamente pequeñas cantidades, también en Gorky, a partir de 1958. Algunos pocos Volgas fueron vendidos a la población.

En 1960 se comenzó a producir el más pequeño de los automóviles soviéticos, el Zaporozhet, de solo dos velocidades, por el mismo fabricante de Moskovichs.

En 1971 la fábrica MZMA de Moscú fue renombrada Fábrica de Automóviles Konsomol Lenin (AZLK) y se destinó a producir carros para la clase media soviética. El primer Moskovich-412 se fabricó en septiembre de ese año.

En 1970 se creó una nueva fábrica, VAZ, en Togliatti, con tecnología Fiat. El primer VAZ-2101 (Lada Zhiguli) salió a la calle en 1971. Además de los modelos VAZ 2101 al 2107 producidos en Togliatti, otros dos modelos salieron de esta fábrica: el jeep urbano NIVA, y el Lada-Samara (VAZ 2108 and 2109). Este último, producido en los años 80s.

EL VAZ-2101 es la copia más cercana al Fiat, mucho más parecida a éste que los modelos posteriormente producidos, y se mantuvo siempre a la cabeza del mercado de autos en la URSS.

(tomado de Jukka Gronow y Sergei Zhuravlev. 2010. “Soviet Luxuries from Champagne to Private Cars.” Pp. 121-146 in Pleasures in Socialism. Leisure and Luxury in the Eastern Bloc, edited by David Crowley and Susan E. Reid. Evanston, IL: Northwestern University Press)

Lo que dejaron los rusos, por Yoss

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polvo dental o pasta dental en polvo
polvo dental o pasta dental en polvo

Polvo dental. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material.

Algunos fragmentos del texto de Yoss Lo que dejaron los rusos:

…¿cuántos de nosotros no nos hemos sorprendido en los revueltos años de fin e inicio de milenio, al menos una vez, suspirando de añoranza por algunas de esas cositas Made in URSS que tanto criticábamos antes de 1989?

…La Mujer Soviética, Unión Soviética, El Deporte en la URSS, Panorama Olímpico, Misha, también se leían bastante, además de servir para forrar libretas y libros, por el excelente papel satinado de sus portadas…

Mirando atrás desde el presente, para la más joven generación que creció después del derrumbe del muro de Berlín, y que considera los CD como algo cotidiano y no una maravilla tecnológica, resulta difícil hasta imaginarse lo profundo del desfasaje tecnológico y cultural en que vivíamos entonces aquí en Cuba. Aunque la música y las modas sí entraban. ¿Se acuerdan de los Boney M, los pantalones campana y el espendrum? Lo cierto es que, para nosotros, los crecidos en los 70 y los 80, cuando el último grito de la técnica eran los tocadiscos Radiotécnica y el radio Selena (salvo para aquellos privilegiados hijos de viajeros a las otras partes, que ya le rezaban a los dioses Sony, Sanyo, Philips, Panasonic, TDK, etc.), la cultura rusa fue una influencia subyacente, pero sólida y constante en muchas esferas de la cotidianidad, símbolo contradictorio, a la vez, de modernidad y fealdad, de resistencia extrema y falta de calidad, ambivalencia que moduló por décadas la actitud de los cubanos hacia todo lo ruso, y que está en el origen del término «bolo».

Veamos algunos ejemplos, empezando por el renglón automotor. Los Moskvichs, Volgas, Nivas y Ladas consumían menos gasolina, echaban menos humo, sonaban menos, eran más cómodos y lucían mejor, al menos en teoría; pero tampoco importaba: eran símbolos de estatus, de modernidad, de adelanto. Aunque los viejos carros americanos fueran bombas de humo rodantes, eran para toda la vida, y sus carrocerías mil veces chapisteadas eran de hierro y no de aluminio de tubo de pasta de dientes. Cualquier flamante Lada 1600 que chocara con un tartajeante Plymouth del 49 quedaba para chatarra, lo sabían hasta los niños. Claro, si era un Chaika, ya eran otros cinco pesos.

Las motos Ural, auténticos camiones con sidecar, copiados de las BMW tomadas de trofeo a los nazis en la Gran Guerra Patria, circulan todavía, con bastantes adaptaciones de nuestros Hell Angels insulares. Eran las dos ruedas que había para resolver, y vaya si resolvían. Hasta sofás se cargaban en aquellas heroicas motos. Y cinco pasajeros a bordo de una Ural con sidecar no era record para nada.

De los KP3, Gaz, Kamaz y otros camiones, nuestro gobierno tuvo que confesar en 1990 que eran máquinas muy bien diseñadas para gastar petróleo. Y, hermetizados contra las bajas temperaturas siberianas, eran auténticos hornos rodantes. Pero la fama de «asesinos de choferes» que trajeron de la URSS duró hasta que cayeron en manos de nuestros «paticalientes» ases del volante, que los asesinaron a ellos.

Y si de aeronáutica se trata, nuestra Cubana de Aviación ha surcado, por décadas, los cielos del mundo con aviones soviéticos, relativamente lentos y también muy gastadores, pero seguros (mientras hubo piezas de repuesto). Fue así desde que los vetustos Super Constellation y Bristol Britannia de antes del 59 dejaron de creer en milagros mecánicos y se negaron rotundamente a despegar, al menos enteros. Los An-2 de fumigación vuelan aún, los «paticos» An-24 estuvieron haciendo rutas nacionales hasta hace muy poco, como los primos hermanos Yak 40 y 42, los viejos Tu-154 y el antiquísimo Il-18. Y si bien nunca tuvimos chance de ver aterrizar por Boyeros el supersónico y espigado Tu-144, todavía nuestro presidente recurre a su segurísimo Il-62-M cada vez que tiene que viajar.

Dentro de esta nunca demasiado criticada categoría de los electrodomésticos de producción soviética, estaban las indestructibles lavadoras Aurika y los televisores Electrón, Rubin y Krim, que todavía sirven para ver la novela en no pocos hogares cubanos. Tanto aquellos mastodónticos aires acondicionados que enfriaban con un cierto estruendo, como sus primos menos adelantados, los ventiladores Órbita sin careta (porque originalmente estaban concebidos como una pieza más de ciertos refrigeradores), nos aliviaron tantos tórridos veranos. ¿Feos? Vaya si lo eran todos. Verdaderas monstruosidades de diseño, pero hechas a prueba de bala. ¿Y cuántos no echamos de menos aquel piñazo sobre el televisor cuando los controles vertical u horizontal se desajustaban, o la patada al refrigerador cuando el motor se negaba a arrancar? Gestos que ya pasaron a formar parte del acervo mímico nacional, aunque nuestros electrodomésticos de hoy, japoneses, chinos y coreanos, no agradezcan tan «cariñoso» tratamiento.

En el capítulo de la relojería, vale la pena mencionar aquellos Raketa, Zaria y Poljot que pesaban toneladas en la muñeca, y cuyos cristales se empañaban casi de respirarles cerca. Así como aquellos despertadores titánicos, marca Slava y Sevani, que sonaban cuando les daba la gana y daban la hora que mejor les parecía. Ahora, sentir el pitido electrónico de un moderno radio- despertador digital y saber que es esa la hora, la misma que uno eligió para despertarse, inapelable, sin troque ni factor sorpresa que valga, resulta enervante. Qué aburrido, ¿no?

Bajo el genérico rótulo de la industria ligera se agrupan tantos objetos familiares por décadas, casi amigos, ahora vetustas reliquias domésticas que cada día escasean más y ceden más terreno en nuestras casas a sus cromados, ultramodernos émulos capitalistas. Como aquellos bombillos que duraban años derramando su luz amarilla o esas pilas secas que tan fácilmente se mojaban y sulfataban, o aquellos abridores que se oxidaban al primer mes, o perdían el filo, y los otros, de rosca y estilo pinza, cuyo funcionamiento exacto nadie comprendió jamás del todo. ¿Y qué decir de los juguetes rusos? Feos, toscos, con las uniones de plástico llenas de rebabas. Pero eran baratos, y resolvían. Aquellas pistolas espaciales y escudos, espadas y cascos de plástico rojo aguantaban bastante más que aquellos delicados, bellos y añorados básicos, no básicos y dirigidos Made in Hong Kong y Made in Singapore, que conmocionaban a los fiñes una vez al año, por julio. Todavía algunos de aquellos artilugios eslavos, a prueba de chamacos cubanos, andan dando vueltas por ahí, entizados con esparadrapo o tape, pero en servicio activo tras haber divertido a tres generaciones.

Los mismos cubanos que regresaban contando de la nieve en la Plaza Roja, del lujo increíble de las estaciones del metro moscovita y de las bellas noches blancas de Leningrado, trajeron todo un flamante concepto de decoración doméstica, junto con toneladas de souvenirs de la riquísima artesanía popular rusa. ¿Quién no tuvo o soñó tener en el aparador de su casa una matrioshka de veinte o más muñequitas? Algunos cubanos fueron más allá y cargaron a su regreso al terruño con titánicos samovares de cobre, con teteras eléctricas y juegos de té y todo. Así, la costumbre de tomar la delicada infusión, que hasta el 59 se suponía inglesa y aristocrática, se popularizó entre nosotros, y luego se volvió patrimonio de artistas y bohemios tropicales trasnochadores.

Otros cargaron con enormes afiches del Kremlin, de la policromada catedral de San Basilio y hasta del Mausoleo de Lenin, que aún hoy se aferran tercamente a algunas paredes habaneras, muy desteñidos por la sobredosis de luz de este implacable trópico. Y hubo otras mil chucherías rusas adornando las salas cubanas: desde cucharas campesinas talladas en madera, hasta reproducciones de llaves de las murallas de ciudades medievales del Báltico. En los cuartos de las casas cubanas, las alfombras, unas de grueso fieltro industrial y otras notables piezas de artesanía de los pueblos de Asia Central, resistieron largamente una pelea de mono a león con el polvo, el churre y el calor tropicales. Hubo cuernos lituanos para beber hidromiel junto con astas de ciervo y hasta de alce, y cabezas de jabalí para adornar la pared. Tiubeteikas tradicionales uzbekas se colgaron de nuestras sombrereras junto a la boina gallega y el yarey guajiro. Y cuántos gruesos abrigos enguatados y chapkas de piel peluda no permitieron y permiten aún a su orondo y nostálgico poseedor pasearse con la sensación de invulnerabilidad que da una escafandra cósmica en medio de nuestros más helados frentes fríos.

¡Nada en comparación con los veintipico bajo cero de Moscú en diciembre! Sin contar con esas botas altas de mujer, interiormente forradas de cálida piel de cordero, verdaderas saunas de torturar pies en este clima, que enmohecieron en los escaparates caribeños, entretanto no había una salida de verdad. Del resto de la ropa, mejor ni hablar. Los cubanos hemos tenido siempre una sensibilidad especial para detectar «lo cheo». Y aquellos trajes rusos que parecían cortados a serrucho, y aquellos zapatos tan «bolos», sin duda alguna lo eran, y mucho.

Notas
Montados en la máquina del tiempo y la nostalgia, vale la pena puntualizar que no solo a la URSS acudieron a superarse los cubanos, y no solo de ella vinieron los hermanos del CAME y los productos comestibles e industriales, los dibujos animados y otras formas de cultura. ¿Recuerdan las ventas de discos LP de música clásica en la Casa de la Cultura Checoslovaca, de 23 y O, que hoy es el Centro de Prensa Internacional? ¿Los dibujos animados de Aladar Meszga, de Lolek y Bolek, Mati el guardador de gansos, Juan el Paladín y tantos otros? ¿Las latas de Mesa Slava? ¿Las rosas y los jugos de fruta búlgaros y las sopas polacas de paqueticos? ¿Los ciclos de cine polaco en la Cinemateca, que entonces todavía no era el Chaplin? ¿El excelente musical televisivo alemán Ein Kessel Buntes? ¿La peliculaza histórica de Serge Nicolaescu (sí, el mismo famoso «comisario solo») Los dacios? Tantas cosas. Pero solo el considerar superficialmente las diferencias entre las respectivas versiones del socialismo de Rumania, Checoslovaquia, Yugoslavia, Alemania Democrática, Hungría, Bulgaria, etc., y las influencias y experiencias de los cubanos en y con cada uno, llevaría tanto tiempo y extensión como hacer la historia de la Revolución. Quién sabe si más. Y entonces este trabajo debería titularse «Lo que dejó la Europa del Este socialista». Así que, por simplificar las cosas, consideramos aquí solo las relaciones cubanas con la URSS.

2. El trovador Frank Delgado tal vez no pase a la historia de la música cubana como un sublime creador de metáforas ni un romántico bardo, pero en su condición de irónico cronista de finales de los 80 y todos los 90, resultará probablemente tan insoslayable en la sociología nacional como los Van Van en los 70 y tempranos 80. La siguiente letra prácticamente funciona como resumen de todo el artículo anterior. Y si hay algún error, es 100% de mi mala memoria. Konchalovski hace rato que no monta en Lada Ya no podré leer más ningún libro de esos de Editorial Ráduga, de Editorial Progreso. No podré disfrutar más de aquel Tío Stiopa de estatura increíble y tan horrible ropa. No te puedo negar que los ojos me arden. Maiakovski ya deja reptar a los cobardes y no podré tomar el té negro en las tardes. El teatro Bolshoi aún no ha sido saqueado hay Noches de Moscú y crimen organizado los Estudios Mosfilm seguro que han cerrado. No me volveré a emocionar con Siberiada. Konchalovski hace rato que no monta en Lada. No podré disfrutar de aquellas olimpíadas con los soviets ganando todas las medallas. La Kazánkina grita: no me dejen sola. Serguei Bubka se venga y toma Coca Cola, con Salenko jugando en la Liga Española. Alguien a mí me preguntó si me había leído El Capital: Sí, pero a mí no me gustó, pues la heroína muere al final. En fin, que no me gusta tanta economía novelada que escribió el tal Carlos Marx. Ahora que los censores no pitchean bajito ya podemos burlarnos de sus muñequitos. Ahora que los ministros cambiaron las banderas podemos hablar mal de su industria ligera. Hoy que llevo en la frente el cuño del vencido y me acusan de muros que al fin se han caído puedo ser posmoderno y perder el sentido. Renegar de las utopías en que creo o ensañarme con toda la ley del deseo con la momia de Lenin y su Mausoleo. Hoy que solo del vodka queda la resaca yo me niego amor mío, cambiarme la casaca. Hoy que los konsomoles van pasando de todo abrázame, mi china, y no me dejes solo. Y mientras Fukuyama repite iracundo que estamos ante el fin de la historia del mundo mi amigo Benedetti abre el tomo segundo. Alguien a mí me preguntó si me había leído El Capital: Sí, pero a mí no me gustó, pues la heroína muere al final. En fin, que no me sirven estas novelitas de tres tomos que escribió el tal Carlos Marx.

por Yoss

(publicado en la revista “Temas” en abril de 2006 y reproducido con permiso del autor)

Vaso soviético irrompible

Vaso soviético irrompible comercializado en Cuba en los 80s. Colección Cuba Material.

Leer texto completo aquí.

Moscú rojo, perfume

Perfume Moscú Rojo
Perfume Moscú Rojo

Perfume Moscú Rojo. 1980s. Donación de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

En Granma Internacional, publicado en 1998 por María Elena Capote:

PERO LOS TIEMPOS CAMBIAN:

Algunos especialistas suelen calificar a los años 60 de este siglo, como “la década prodigiosa”. En Cuba, en materia de perfumería, no se puede aplicar tal concepto. Desaparecieron de golpe las producciones de casi todos los cosméticos y perfumes, manteniéndose sólo las indispensables para la higiene más elemental. Esta industria es sumamente cara en materias primas. No se llegó a poner de moda el aceite de patchoulí que pregonaron los hippies frente a los sofisticados perfumes, pero sí se usaron determinados “inventos” criollos que se vendían clandestinamente y a precios de oro por fabricantes privados de pequeñas instalaciones caseras. La mujer cubana no se resignaba a no perfumarse para las múltiples actividades que enfrentaba en su nueva vida social. Ya para los años 70, apareció el histórico Moscú Rojo, con su fuerte olor oriental, y le siguieron otros perfumes de la industria búlgara y polaca. Renacía el consumo y una costumbre que nunca se había perdido del todo.

PERFUMES QUE HICIERON HISTORIA

La década de los 80 fue la época dorada de la perfumería nacional. Aguas de colonias, perfumes, lociones, extractos, aparecieron en los comercios y cautivaron el gusto de hombres y mujeres que nunca antes habían sido consumidores habituales y cuyo alto poder adquisitivo les permitía el acceso a este tipo de producción, calificada hasta entonces por muchos como “secundaria”, y para otros, tan vital y necesaria como la propia alimentación.
Nombres como Linda, Diamante Negro, Fantasía, Impacto, Profesía, Jaque, Deportes, Bermellón, Folklor, Yoruba, Hechizo, Carnaval, Recuérdame, Agua del Trópico, Tú, Onix, Karate, Cid, Jit, Toqui, encabezaron una larga lista de perfumes cubanos que abarcaban líneas florales, aldehídicas y orientales, además de las conocidas aguas de colonia. No hizo falta una publicidad dedicada a mujeres liberadas y conquistadoras sexualmente, como se anunciaban mundialmente los perfumes en esos años. Las cubanas seleccionaban de acuerdo con su ancestral sentido del gusto y establecieron sus preferencias. Respondían a un cierto toque secreto, mezcla de trópico y sensualidad, que los perfumistas cubanos incluyeron dentro de las corrientes internacionales de moda entonces. A partir de ese tiempo, Alicia Alonso, y más tarde, Coral Negro, identificaron a la perfumería nacional.
Sin embargo, no duró mucho la alegría en casa del pobre, como suele decir un refrán popular. Llegaron los 90 con su terrible carga para finales de siglo, la perfumería sufre otro duro golpe: el Período Especial.

* * *

En el blog Los días no volverán, 2010:

Actualmente, mi madre adorna su tocador con dos frascos de perfumes: uno, es el emblema de unos años que no se anima a dejar atrás; el otro, un perfume que siempre deseó tener y que sólo ahora, al precio impagable de la fragmentación familiar, ha podido disfrutar: Moscú Rojo -el perfume anhelado por la mujer cubana de los 80’- junto a Channel, algo que rompe cualquier esquema ideológico y estético. Esto no es representativo de ningún hogar; no creo que muchas personas conserven un Moscú Rojo. Pero mi madre sí lo tiene en ese país caótico que se ha construido y donde es feliz. Cuando le pregunto por qué no lo tira, me responde con orgullo: “aún le queda un poco”. A qué olerá, es algo que no sé, ni quiero saber.

 * * *

Y en mundoanuncio.com/La Habana:

Vendo Radio Juvenil 80 nuevo en su caja, Colección de Matriuskas de 30 piezas, y mucho más. – Bauta

En venta – se ofrece:

Eso mismo. Un Radio Juvenil 80 en 50 cuc. Un juego de Matriuskas Made in Leningrado en 100 cuc. Un televisor Caribe con pantalla de tres bandas de colores pintado a mano en 300 cuc. Un par de kikos plásticos en 20 cuc. Tenis Robin Hood en 22.99 cuc y tres pomos de perfume KAYAC, HIT y MOSCU ROJO en 5 cuc cada uno… Interesados escribir por aquí y preguntar Gorbachov.

huellas de la materialidad soviética

Perfume Romeo
Perfume Romeo

Perfume Romeo. 1980s. Colección Cuba Material.

Huellas del pasado en la vida cotidiana trae una galería de imágenes creada por BBC sobre los vestigios de la materialidad soviética en Cuba. Estas fotografías acompañan el artículo Las diez huellas soviéticas en Cuba, de donde extraigo algunos fragmentos:

Modelo de desarrollo

En términos económicos, la Unión Soviética era el referente teórico y el modelo de desarrollo que seguía Cuba.

El socialismo cubano se pensaba como un modelo parecido al de la URSS, desde el punto de vista ideológico, político y económico. Esa concepción tuvo que ser replanteada tras la caída del campo socialista.

“Ése es otro impacto de los soviéticos en Cuba pero también de su colapso. Cuba tuvo que cambiar su modelo de desarrollo y sus paradigmas”, explica a BBC Mundo Juan Triana, director del Centro de Estudios de la Economía Cubana.

Transporte automotriz

En las calles cubanas queda una huella evidente de las relaciones con el mercado del campo socialista.

Los autos que más abundan en Cuba son soviéticos, tanto Moskvichs, Volgas, Nivas y Ladas, así como las motos Ural y los camiones Kamaz.

También el transporte aéreo es mayoritariamente ruso. La aerolínea estatal Cubana de Aviación ha surcado, por décadas, los cielos del mundo con aviones soviéticos y aún su flota es mayoritariamente rusa.

El sentimiento hacia los autos soviéticos es mixto. Para algunos son autos fuertes y duraderos. Para otros son inseguros y de tecnología vieja.

“El Lada es como un tanque de guerra. Este tiene 1 millón de kilómetros recorridos y todavía no se le ha reparado el motor”, confesó un taxista a BBC Mundo.

El artículo concluye con una reflexión sobre el aumento del turismo ruso en Cuba en los últimos años, el cual define como un turismo de nostalgia. En esta nueva condición de gran parque temático del socialismo, Cuba puede llegar a ser para los visitantes de Europa del Este y de la desaparecida URSS el profiláctico “coco” con que nuestros abuelos solían amenazarnos cuando no queríamos comer.

h/t: Laura Freyre.

la materialidad soviética en Cuba

Perfume "Acacia Blanca (Biélaia Acatsia)"
Perfume "Acacia Blanca (Biélaia Acatsia)"

Perfume “Acacia Blanca (Biélaia Acatsia)”. 1980s. .Colección Cuba Material

En La Habana Elegante, “De la materialidad soviética, sus huellas e implicaciones. Apuntes para una reflexión,” por Damaris Puñales-Alpízar:

Pero además de esta presencia subjetiva de lo soviético en Cuba (1), que se ha traducido en una producción cultural cubana pos–noventa donde abundan los referentes soviético–rusos, otra parte importante dellegado soviético está constituida por la permanencia física, después de los noventa, de automóviles, maquinaria pesada, electrodomésticos, libros, juguetes y edificios, principalmente habitacionales y escolares, cuya arquitectura siguió estándares socialistas: la carencia de cualquier ornamento. (…)

En este artículo propongo analizar cómo la permanencia de estos objetos se ha convertido en una poética del fracaso de un proyecto social, y cómo puede entenderse su persistencia en Cuba después del fin de la Unión Soviética. ¿Qué significa tal presencia, cómo proporciona una determinada lectura de la realidad y de cierto grupo social? En este análisis intento establecer un contraste entre esta materialidad específica, y una subjetividad afectiva que se manifiesta a través de la producción cultural.

(…) Presento el término de ‘comunidad sentimental soviético–cubana’ (3) para agrupar a los cubanos educados entre 1960 y 1980, para quienes los referentes soviético–socialistas comunes de la infancia y la educación recibida, facilitaron la creación de un imaginario de comunidad sentimental, que otorga pertenencia y cohesión entre sus miembros, a la vez que la diferencia de otras comunidades también imaginadas, incluso cuando la mayoría de los miembros de esta comunidad sentimental soviético–cubana no comparta el mismo territorio geográfico, ni la misma formación académica y mucho menos, la misma ideología social.

(…) Para las décadas de los setenta y los ochenta, los hogares cubanos parecían copia unos de otros: no sólo se repetían las mismas marcas de electrodomésticos, sino que las decoraciones y los muebles en general también eran similares, cuando no idénticos. Este inventario homogéneo proveyó, durante algunos años, una representación idealizada de la igualdad social, a la vez que otorgó un sentido de estabilidad y de pertenencia subjetiva de los cubanos –o al menos, la gran mayoría de ellos– a una imagen de la nación impulsada desde el gobierno, y sostenida gracias a la ayuda financiera, técnica y humana de la Unión Soviética a Cuba.

(…) La materialidad homogénea de la sociedad cubana permitió el surgimiento de una subjetividad histórica que explica, en conjunción con otros factores que he detallado antes, la conformación de una comunidad sentimental soviético–cubana. Los objetos soviéticos, dada la imposibilidad de su sustitución, se convertían no sólo en parte del hogar, sino también en parte de la familia. Una batidora era “la” batidora y lo sería por ‘siempre’; un ventilador, “el” ventilador. De tal modo, los objetos rusos lograron lo que las imposiciones ideológicas, políticas y culturales no pudieron del todo: la aceptación y su conversión en parte del escenario familiar, diario, de los cubanos. Esta familiaridad de los cubanos con los objetos soviéticos es depositaria de un significado de íntima afección y se convirtió no sólo en uno de los recuerdos más perdurables, sino también más entrañables para los individuos que se acostumbraron a ayudarse en sus labores domésticas con aparatos soviéticos.

(…) La permanencia de equipos soviéticos se convierte en un signo social de exclusión: los que tienen objetos, electrodomésticos soviéticos, son principalmente aquellos que no han podido insertarse en la nueva dinámica mercantil laboral que depende principalmente de una economía capitalista, ya sea a través de la contratación en empresas extranjeras –principalmente turísticas–, mediante las remesas familiares provenientes de Estados Unidos y a partir del VI Congreso del PCC (6), en abril del 2011, del crecimiento de negocios de iniciativa privada. Aunque no hay cifras oficiales que lo confirmen, se estima que el envío de dinero desde Miami, sobre todo, constituye, junto al turismo, el principal sostén de la economía cubana, luego del debilitamiento, hasta la desaparición casi, de la industria más tradicional cubana: la producción de caña de azúcar.
Lo soviético funciona así como una atadura que liga a un segmento de la población al pasado, ante la incapacidad de acceder a otros objetos. Es una doble marca: el recuerdo de un pasado que fue ‘mejor’ –en términos de estabilidad y accesibilidad–, y la constatación de que ese pasado se perpetúa sólo en cierto sector.

H/T Walfrido Dorta.

medallas, por Alexis Jardines

broche de graduado de la Universidad Estatal de Leningrado
broche de graduado de la Universidad Estatal de Leningrado

Broche de graduado de la Universidad Estatal de Leningrado. Foto cortesía Alexis Jardines.

El filósofo Alexis Jardines escribe para Cuba Material sobre su broche de graduado de la Universidad Estatal de Leningrado, ahora San Petersburgo:

Hará unos cuatro años decidí sacar de su estuche un pequeño objeto que todavía no he podido clasificar. Me preguntaba qué hacer con aquello que dormitaba casi tres décadas en una gaveta. No es una medalla, no es un broche ni un prendedor. Se encuentra en la misma situación de los invertebrados, grupo que ―en opinión de los cladistas como C. Patterson― al ser definido únicamente por rasgos negativos no existe en la naturaleza (ya sea por el solo hecho que también abarca a las peras y a los puentes). Lo cierto es que me lo gané como se ganan las medallas y también es obvio que se prende en las solapas. Aquél día (estoy en el Vedado, en 23 y 26) no supe finalmente qué hacer con él. Lo llevé conmigo en el bolsillo hasta el garaje de 28, donde algo compré y me regresé enseguida. Sentía vergüenza de lucirlo porque tenía a relieve una hoz y un martillo, pero, al propio tiempo, experimentaba cierto orgullo ya que no eran muchos los cubanos que atesoraban algo semejante (tomando en cuenta que con el paso de los años no pocos lo habrían extraviado). De modo que volvió a su caja. Solo hoy salió de nuevo a la luz (ya en Puerto Rico) y fue para tomarle la foto que acompaña el presente texto. ¿Qué es? Todavía no puedo definirlo, solo sé que lo tienen todos los que se graduaron en universidades soviéticas por aquellos años grises que solo la nostalgia es capaz de matizar, pero que a pesar de todo fueron años felices.

Por Alexis Jardines