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Calle 23. Vedado, La Habana. 2015.

estética de la necesidad

Vedado, Habana. 2015

Vedado, Habana. 2015

En una casa en reparaciones en la avenida 23 del Vedado encontré la careta de un radio empotrada a un muro a medio construir. Lucía muy parecido a las cabezas de muñecas que los choferes de camiones colocan en la defensa delantera de sus carros. Y, como con las muñecas, había algo espeluznante y repulsivo en la careta de radio, vacía, sin dial, pegada al muro, casi a ras del suelo.

El diseñador y artista Ernesto Oroza ha definido ciertos fenómenos “tácticos” (ver Michel de Certeau) de apropiación, canibalismo, desobediencia y subversión tecnológicas que se observaron con regularidad y ubicuidad desde principios de los años 1990s como “desobediencia tecnológica.” Oroza se refiere, en particular, a los inventos domésticos o industriales destinados a extender la vida útil de los productos o instrumentos de la tecnología, mientras que llama “arquitectura de la necesidad” a la proliferación de soluciones arquitectónicas bizarras y subversivos, pensadas para garantizar la reproducción social en una economía deprimida.

No se trata, en el caso de este radio, de uno u otro, pues no se busca función práctica alguna con la acción registrada. Es ésta una práctica estética que solamente es posible en un medio cultural que, si bien empobrecido, adora la tecnología y el progreso. Pudiera llamársele estética de la necesidad, pues es también desobediente, gritona y, sin embargo, completamente desvalida. O, inspirándonos en la académica Ana Dopico, un “cargo cult” que recrea ad hoc ciertos elementos de una cultura material foránea que cumplen, en su medio original, una función enteramente práctica, con el fin de obtener similares beneficios.

radio en muro 3 copy

Lavatin

Lavatín

Lavatin

Lavatín del Vedado. 1980. Imagen de Margaret Randall.

En los años 1980s el gobierno cubano abrió, en los principales vecindarios de La Habana (desconozco si el proyecto se extendió a las provincias), lavanderías de autoservicio. Cerca de casa de mi abuela abrió un nuevo Lavatín, en una edificación que parece haber sido construida para ello en la avenida 23 entre 2 y 4, en el Vedado.

Mi abuela, que no tenía lavadora en casa desde que la que había comprado antes de 1959 dejó de funcionar, y que como ama de casa nunca tuvo derecho a comprar una lavadora semiautomática soviética, iba con regularidad al Lavatín. La acompañé algunas veces hasta la avenida 23, donde tomaba un taxi que, por 80 centavos, la dejaba, cinco cuadras después, en su destino.

Duró poco este servicio de autolavado. Años después, mi abuela compró una lavadora soviética de uso.

* * *

En Penúltimos Días: Lavatín, autoservicio, texto de Emilio García Montiel inspirado en la canción Sube espuma de Juana Bacallao:

 Tal vez el momento más simpático de esta versión de “Sube espuma” no le corresponda precisamente a Juana Bacallao —menos excéntrica aquí que lo habitual—, sino al brevísimo coro con que la Ritmo Oriental introduce la pieza. La composición de Obdulio Morales, también cantada por Xiomara Alfaro, Armando Orefiche y Ninón Sevilla, resulta, de ello, temporalmente contextualizada —ocurrencia, a no dudar, de la propia Juana— a partir de lo que, probablemente, debió constituir la “novedad” de turno dentro de las exiguas disponibilidades tecnológicas en servicios y bienes de consumo de la Cuba revolucionaria: el autoservicio de lavandería o Lavatín.

En la música bailable posterior a 1970, el tema de estas novedades industriales —o mejor, su tardía aparición o reaparición en la isla, así como su relativa posibilidad de adquisición o uso— provocó estribillos, ciertamente más recordados que memorables, dedicados a la olla de presión (“cómo hace la olla cuando pita: pi, pi; cuando explota: po, po”), a la televisión en colores (“televisión a colores, qué bien se ve”), y a los ómnibus japoneses Hino (“la Hino es una guagua nueva”).

De considerar el tema en lo que bien podría ser su opuesto —la inventiva doméstica ante la consuetudinaria carencia de bienes necesarios— habría que añadir composiciones como “dime dónde quieres que te ponga la barbacoa”, de Los Van Van (muy lejos, sin dudas, de aquel despreocupado “Cemento, ladrillo y arena”, de José Antonio Méndez); “El palito de la alcancía”, de El Guayabero (tanto por la alcancía como por el palito, que llegarían a alcanzar la categoría de “innovaciones”); o “El mechón”, de La Monumental, símbolo más de apagón que de luz. Todo ello, obviamente, en contraste con las utopías de bienestar social y personal aludidas no sólo en piezas al uso como “La nueva escuela”, de Silvio Rodríguez, sino, igualmente, en la muy bailada “Me voy pa’ La Habana”, de Sergio Rivero e interpretada por Los Latinos, quizás una de las que mejor sintetiza —desde el irresoluble tema de La Habana y sus inmigrantes— lo que la maquinaria “moderna” gubernamental llegaría a convertir en la mayor —y acaso única— aspiración de muchas familias cubanas de la época: poseer un “… apartamento en el reparto Alamar, con frío y televisor…”. . . .

Ver texto completo en Penúltimos Días.

computadoras cubanas

CID 201. 1969.

CID 201. 1969.

Testimonio de Abel Boca, lector de Cubadebate, y publicado por ese portal:

El fundador de la informática en Cuba es Fidel y se darán cuenta cuando lean mi relato. En el año 1969, en el laboratorio de electrónica de la Universidad de La Habana (UH), bajo la dirección de un brillante ingeniero llamado Luis Julián Carrasco Pérez, rodeado de un pequeño grupo de ingenieros, físicos y matemáticos entre los cuales se destacaba Orlando Ramos y su esposa Mirtha, se estaba tratando de rediseñar (clonar) una computadora de segunda generación Elliott 803B que manos amigas habían hecho llegar a Cuba. Ellos querían producirla también en el país. Estos compañeros ya han fallecido.

Era un sueño casi irrealizable. Una madrugada, como tantas otras en la UH, se aparece Fidel con Chomi (el doctor José Miyar Barruecos) en ese laboratorio para interesarse en lo que estaban haciendo aquellos “muchachos”. Quedó impresionado y les preguntó cuánto les hacía falta para fabricar el prototipo. Se trataba de una cifra irrisoria para un proyecto de esa envergadura (20.000 usd), destinada a la compra de componentes, pasajes, hoteles y comida. Recibieron lo necesario y con ese dinero, Ramos  salieron a Europa Ramos y Carrasco para comprar los componentes “en la calle”, no a una firma reconocida, porque nadie le vendía equipamiento electrónico a Cuba por el bloqueo yanqui (era ya el año 1969…).

Cuando los compañeros estaban en la Plaza L´Invalide de París, en una librería pública, encontraron un librito de la firma norteamericana Digital Equipment Corporation, donde se ofrecía los esquemas estructurales (no los circuitos lógicos) de una minicomputadora de tercera generación: la PDP-8. Compraron los libros, se fueron al hotel y tomaron una decisión magistral: no clonar la Elliott 803B (de segunda generación, vieja y obsoleta), sino crear el prototipo cubano de esa moderna computadora yanqui de tercera generación.

Para ello diseñaron los diagramas lógicos y definieron los componentes básicos para producirla, que no encontraron en Europa, y tuvieron que viajar a Japón, ya sin dinero ni siquiera para dietas y hoteles, donde gracias a la colaboración del Consejero Comercial de Cuba en la embajada, Iraídu Istokazu -cubano de descendencia japonesa, ya fallecido-, se pudo comprar los componentes y embarcarlos en la cabina del avión de regreso hacia Cuba en más de 10 comandos (maletines de mano), que ambos compañeros llevaban en sus hombros.

Como en la Universidad de La Habana no había espacio para “ensamblar aquel “muñeco” de máquina”, Fidel les proporcionó una casa situada junto al Río Kibú (o Quibú), a unos 200 metros del hoy Palacio de las Convenciones, que aún no existía. Aquel grupito de la UH creció con otros ingenieros mecánicos, químicos, técnicos calificados, etc., de tal forma, que a finales de aquel mismo año, a inicios de 1970, ya aquel “Frankenstein” se hizo y lo más sorprendente, funcionaba a las mil maravillas. Se diseñó un software-ensamblador, que nombraron LEAL (Lenguaje Algorítmico), creado por dos matemáticos de la UH, y un programa de aplicación para jugar ajedrez.

Los periféricos de aquella primera máquina cubana, bautizada con el nombre de CID-201, eran un teletipo RFT convencional (que servía de impresora y teclado), una grabadora de audio convencional SONY (que era el soporte de almacenamiento magnético externo) y una cassetera de audio para cargar el LEAL y los software de aplicación. El prototipo no tenía pantalla, luego se le incorporó un televisor soviético de entonces. La caja de la Unidad Central (de la lógica) era de madera, y todos los cables de conexiones con la periferia estaban regados en la sala de la casa donde se ensambló. Cuando todo estuvo listo se invitó a Fidel a una demostración. El Comandante llegó a la casa en horas de la madrugada, vio aquello y preguntó si funcionaba. Todos dijeron que sí, que si él quería podía jugar ajedrez con ella. Se sentó ante la máquina y estuvo más de una hora jugando al ajedrez hasta que la máquina perdió. A Fidel nunca le gustaba perder en nada…

Enseguida, con la visión tremenda que le caracteriza, dijo que le pasaran la mano a aquel equipo para que apoyara la Zafra de los Diez Millones. Propuso que se instalara en el central Smith Comas para controlar el “chucho” del ferrocarril del central y algunas tareas de control estadístico de la zafra. Así se hizo, y durante toda esa zafra el primer prototipo de computadora cubana se ocupó de cumplir aquella misión asignada por nuestro querido Comandante en Jefe.

Viendo el éxito del equipo, Fidel sugirió que se le asignaran a la Universidad de La Habana otras casas alrededor de la primera, y así surgiría oficialmente el Centro de Investigación Digital (CID), o Planta Piloto, que derivó en el actual Instituto Central de Investigación Digital (ICID), cuyo director actual fue uno de aquellos enormes “muchachos”. Así empezó en Cuba la Informática, gracias a Fidel, a su genio visionario. Con el tiempo se produjeron, bajo otras condiciones técnicas, y siempre con el apoyo directo del líder cubano, más de 400 minicomputadoras de la serie CID cubanas -en universidades, politécnicos, empresas, fábricas en todos los territorios del país-, que constituyeron la base de la preparación de muchísimos especialistas de alto nivel en la Informática, hoy profesores de nuestros hijos y nietos. Espero que esta historia les haya resultado de interés. Gracias por publicarla, y por  leerla.

CID 201a. 1971.

CID 201a. 1971.

La primera vez que vi una computadora en Cuba fue en el preuniversitario, en 1989. La asignatura Computación formaba parte del currículum docente del bachillerato. Como parte de la misma, todos debíamos crear algoritmos elementales capaces de hacer aparecer, en pantallas muy similares a las de nuestros televisores domésticos, las figuras geométricas que el profesor nos asignaba, por lo general rectángulos o cuadrados de coordenadas y dimensiones precisas. Eran tan primitivos los equipos y tan tediosos los procedimientos que no creo que hayamos aprendido algo de utilidad en aquellas clases. Muchos antiguos estudiantes del pre Saúl Delgado sólo guardamos un recuerdo grato de nuestro profesor, Amaury, a quien años después encontraríamos hablando disparates y oliendo a la goma de pegar que en Cuba llaman garrapata. Pude constatar cuán atrasados se encontraban, en cuanto a tecnología y diseño, aquellos equipos con que nos adentramos al mundo de la computación, cuando al año siguiente mi papá me llevó a tomar junto con él un curso de programación que se impartía en una oficina del Ministerio de la Agricultura. Gracias al mismo, cuando pocos meses después comencé á estudiar en la universidad, pude convalidar las clases de computación al presentar mi diploma de programadora.

 

Third World Internet Cafe

tecnología y política

Third World Internet Cafe

Third World Internet Cafe. Obra de Abel Barroso. Imagen tomada de internet.

En el libro American Philosophy of Technology: The Empirical Turn (2001. Bloomington, IN: Indiana University Press), Pieter Tijmes escribe sobre Borgmann y la relación entre tecnología y política. Dice Tijmes que no solamente existe entre ambas realidades una relación de afinidad, sino que la democracia depende, y subraya el verbo depender, de la tecnología para realizar sus metas. Según este filósofo, una elección en contra de la tecnología o en contra de una democracia tecnológicamente impreganada es una elección que va en contra de la libertad y en favor del prejuicio y el paternalismo, pues rechazar la promesa de libración y enriquecimiento es aceptar la opresión, la pobreza y el sufrimiento, y ésto, dice, no es una opción democrática.

Sello postal con el cosmonaut Arnaldo Tamayo

Guantánamo y la conquista del cosmos por la revolución

A Guantánamo, la tierra natal de Arnaldo Tamayo, el cubano que viajó al cosmos con Yuri Romanenko en 1980 gracias al programa Intercosmos, fueron a parar los objetos personales de éste, junto con el módulo de descenso de la nave Soyuz-38 que los devolvió a tierra. Ésta es la pieza principal de la muestra permanente de la sala dedicada al vuelo espacial conjunto URSS-Cuba en el Museo de Guantánamo. La muestra servirá, según declaró el ex-cosmonauta a Sol Visión, para “divulgar los éxitos científicos de la Revolución y educar a las nuevas generaciones”.

Pueden ver imágenes de los objetos que componen la muestra aquí.

Detalle en el piso de los jardines del Hotel Nacional de Cuba

república y modernidad

automóviles

Automóviles. La Habana.

Cortesía de Teresa Valladares:

El PRIMER TRANVÍA que se conoció en Latinoamérica circuló en la Habana en el año 1900.

También en 1900, antes que a ningún otro país de Latinoamérica llegó a la Habana EL PRIMER AUTOMÓVIL.

La PRIMERA CIUDAD DEL MUNDO en tener  TELEFONÍA CON DISCADO DIRECTO (sin necesidad de operadora) fue LA HABANA en 1906.

El 19 de Mayo de 1913 se realizó EL PRIMER VUELO AÉREO LATINOAMERICANO por los cubanos Agustín Parlá y Domingo Rosillo, el cual duró 2 horas y 40 minutos entre Cuba y Cayo Hueso.

En 1915 se acuña el PRIMER PESO CUBANO con un valor desde el primer día idéntico al del dólar, en muchas ocasiones hasta 1959, sobrepasando un centavo al valor del dólar norteamericano.

En 1928 Cuba tenía ya 61 EMISORAS DE RADIO, 43 de ellas en la Habana , ocupando el CUARTO LUGAR DEL MUNDO, superada solamente por E.U., Canadá y la Unión Soviética.   Fue Cuba, la PRIMERA EN EL MUNDO en número de emisoras por número de habitantes y extensión territorial.

EL PRIMER HOTEL DEL MUNDO CON AIRE ACONDICIONADO CENTRAL se construyó en la Habana : El Hotel Riviera, en 1951

EL PRIMER EDIFICIO DE APARTAMENTOS del mundo CONSTRUIDO CON HORMIGÓN se hizo en la Habana : (El FOCSA) en 1952.

En el 1953 se construyeron en este edificio los más modernos ESTUDIOS DE TV del mundo de aquellos tiempos: (C.M.Q. Televisión).

En 1957 la Habana se convierte en la SEGUNDA CIUDAD DEL MUNDO en tener cine en 3D y multipantallas (El Cine Radiocentro)

En 1958 Cuba es el SEGUNDO PAÍS DEL MUNDO en difundir  TELEVISIÓN A COLOR y posee el tercer canal de TV a color de todo el mundo.

En 1958, Cuba es el país de Iberoamérica CON MAS AUTOMÓVILES  (160 mil, uno por cada 38 habitantes).  El que más electrodomésticos tenía.  El país con más kilómetros de líneas férreas por Km2. y el SEGUNDO en el número total de receptores de radio.

En 1959,  la Habana era la ciudad del mundo con el MAYOR NÚMERO DE SALAS DE CINE: (358)  superando a Nueva York y París, que ocupaban el segundo y tercer lugar respectivamente.