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Ausencia no quiere decir olvido, por Ahmel Echevarría

Taza de café Duralex

Taza de café Duralex. Hecha en Francia. 1970s-1980s. Colección Cuba Material.

Publicado en Cuba Contemporánea: Ausencia no quiere decir olvido:

(…) Una tacita de café para comenzar. Porque a mi memoria esta fue la primera imagen que arribó: para la colada en la cafetera INPUD, poner en el embudo, donde va la mezcla de un polvo a base de café y chícharos, aquellas canicas de cristal con aletas de colores en su interior -esas bolas con que los niños jugábamos “a la mentira” o “la verdad”-. En el siglo XX nuestro alguien comenzó a utilizarlas no bajo el concepto de ingredientes, sino con la estrategia de hacer más con menos. Y al parecer algo en verdad sucedía, porque fue un método extendido. Sí, es exagerado. Olvídenlo.

Antes de ir a la cocina a por el café, una mujer se calza sus chancletas de goma. Coloridas, por capas, bordes corrugados. Un modelo similar a las hawaianas. Pero gordas. Chancletas gordas que por el uso y la malformación del pie, y las complicaciones a la hora del recambio por otras nuevas, se desgastaban. ¿La solución?: ponerlas en agua caliente. Y casi se recuperaban -dicen- del fuerte desgaste.

Antes de ir para la escuela o a la jornada laboral, la Revista de la mañana. Noticias y muñequitos en blanco y negro mientras en la mesa estaba la taza de café, o el café con leche, galletas y pan con algo… Por entonces no era “La Habana a todo color” si de televisores se trata. El reinado del Caribe, el Krim 218 y otras pocas marcas. De bombillos fueron en una época, de transistores (creo) más adelante. Un adelantado puso manos a la obra y con una muy pequeña inversión tuvo lo que para él fue su primer TV a color: pintar la pantalla en los bordes con los colores primarios permitiendo siempre la transparencia.

Las guarachas eran unas sandalias que se hacían con neumáticos desechados. En el gusto o en el apartado de los gratos recuerdos de no pocas amigas cuarentonas y cincuentonas que tengo en mi haber, persiste o pervive la imagen del pie calzando aquellos modelos. Incluso, algunas quisieran tener un par flamante para los días de verano y largas caminatas.

Por cierto, si tienes un Lada, los tornillos del chasis de una PC en desuso te pueden servir para resolver, en estos días que corren, problemas de ajuste de la aceleración en el carburador. Y el muelle de cualquier fotocopiadora vieja -es un muelle largo y grueso-, te servirá para arreglar el embrague.

Las etiquetas zurcidas en las patas o el trasero del jean alargaban su vida útil. Cualquier etiqueta servía. Si era grande, colorida, si era una etiqueta de alguna marca bien dura en el ranking internacional, su valor ascendía. El pitusa seguiría sirviendo para el cine, la pizzería, la fiesta, la oficina y la escuela, las salidas con la novia o el novio…

El Período especial en tiempos de paz fue una verdadera guerra. No una guerra a muerte aunque las bajas no fueran pocas. Parece que en ese punto de nuestro pasado cercano no pocos sueños quedaron a la vera del camino, liquidados. Y también cierta ilusión o realidad parecida a la candidez. Una crisis saca lo peor, también lo mejor del individuo en el proceso de adaptación.

Mientras se producía ese proceso de rotación y cambio en la perspectiva y el actuar de los individuos bajo nuevas reglas en el juego, entre nosotros se instauró la orinoterapia -creo haber leído en la prensa un texto para rebatir los supuestos beneficios-. Algo parecido ocurrió con el noni -de la prensa y el noni: recuerdo haber leído acerca de los beneficios, pero de aquella maravilla solo quedan arbustos que paren unos frutos de dudoso aspecto.

Antes de caer en las variantes culinarias a lo largo y ancho de apagones bajo el reinado de… (antes de que lo olvide: los almendrones rodaron en las calles de Qva con luz brillante o queroseno en el tanque)… Hablaba de un terrible reinado y los apagones. El reinado de tú sabes quién: el calor.

Perdí el hilo de este discurrir. Entonces tomo la madeja por este punto anterior al Período especial: hubo un día en que apareció la Casa del Oro y la Plata. Las gentes vieron allí la posibilidad de mejorar cuanto había colgado en su ropero y/o el calzado. También cabrían allí los deseos de tener una videocasetera o una grabadora -citar solo dos electrodomésticos a modo de ilustración- que antes solo eran posibles si te ganabas el bono otorgado por la CTC (por ejemplo) para llegar al ventilador, la lavadora, la batidora y… Las gentes dieron sus tesoros, nimios o en verdad significativos -un tesoro es un tesoro, da igual cómo lo mires-, por lo que había en esas tiendas. Y lo que había allí solo era un “tesoro” si se comparaba con la necesidad. Por cierto, en ese tiempo corría la leyenda de que en un viejo modelo de máquinas de coser del fabricante Singer los mecanismos eran de platino, un metal precioso que también podías cambiar por los “chavitos” necesarios para el trueque.

Mencioné las artes o la magia culinaria de aquel tiempo dolorosamente humano en tiempos de paz. Rara alquimia para confeccionar un plato; sucedáneos por lo que una vez fue común en la mesa: las fibras de la cáscara o la corteza de vegetales y viandas, molidas o en grandes trozos, adobadas, para simular la añorada carne. Dejemos aquí este párrafo, la sumatoria de ejemplos lo volvería demasiado largo.

Existía el gel de papas o clara de huevos para mantener el cabello engominado.

Existía el ventilador fabricado con el motor de las lavadoras Aurika. Aquellos ventiladores parecían tener alma propia: con la vibración podían desplazarse según el largo del cable mientras no reinara el apagón. Y aparecieron las cocinas eléctricas cuya base era una piedra siporex y un alambre enrollado a manera de resistencia, y las cocinas de luz brillante armadas con trozos reciclados o “conseguidos” Dios o el Diablo mediante, y los calentadores que el ingenio popular resolvió a partir de una vieja lata de leche condensada Nela o las soviéticas, y…

Esos aparatejos no tenían una verdadera ingeniería detrás, consumían a más no poder. Fueron criticados y sustituidos por otros fabricados en serie (y supuestamente en serio), la mitad igual de gastadores. Para muchos aquella crítica en la TV casi fue una burla. Sí, dolió. Muchísimo. Pero “la gente sabe bien lo que no quiere” -como dice Vanito Brown en su disco Vendiéndolo todo-, ante aquella batalla energética hizo lo de siempre: rotación y cambio. Adaptación o muerte -según Ch. Darwin-. Se las seguirán ingeniando, porque, a propósito de la lucha del día a día, “la gente nunca pierde la ilusión”.

Por cierto, ¿también debemos poner como ejemplo el Paquete semanal?

La breve lista anunciada en el inicio de este discurrir es en realidad muy larga. Tan larga como ejemplos desempolvemos de la memoria. Ausencia, en este caso, no quiere decir olvido.

Ahmel Echevaria

Período Especial, video

 

 

Período Especial fue filmado y producido por Ed Evans, quien visitó la isla en 1993 y estuvo allí dos semanas, con una delegación norteamericana. Todavía circulaban las guaguas Icarus, las farmacias no se habían vaciado del todo, alguna carne y ropa se podía adquirir con los cupones de racionamiento, las pizarras de las aulas tenían casi intacta su pintura verde, y circulaban más automóviles que ahora.

H/T: InCubadora

Material World, por Peter Menzel

Imagen tomada de http://www.teacheroz.com/mwi.htm

La Habana, Cuba. Imagen tomada de internet

El proyecto Material World (1994) documenta las posesiones materiales del entorno doméstico alrededor del mundo. Quienes lo ejecutaron escogían cinco hogares de cinco países y convivían con ellas por una semana. Al final de la misma, fotografían a sus miembros junto a los bienes materiales que poseían, en el exterior de la vivienda. La familia Costa, en La Habana, Cuba, fue una de las escogidas por el fotógrafo Peter Menzel.

El libro Material World: A Global Family Portrait, disponible en Amazon, dice en la sinopsis:

In an unprecedented effort, sixteen of the world’s foremost photographers traveled to thirty nations around the globe to live for a week with families that were statistically average for that nation. At the end of each visit, photographer and family collaborated on a remarkable portrait of the family members outside their home, surrounded by all of their possessions—a few jars and jugs for some, an explosion of electronic gadgetry for others. Vividly portraying the look and feel of the human condition everywhere on Earth, this internationally acclaimed bestseller puts a human face on the issues of population, environment, social justice, and consumption as it illuminates the crucial question facing our species today: Can all six billion of us have all the things we want?

Fin de Siglo, documental

 

Documental de 1992, realizado por Madelin Waterlet y Simon Saleski.

H/T: Walfrido Dorta.

exposición Color Cubano: exilio y ostalgia

Color+Cubano-+bilder+från+Kuba

Este día fui por primera vez a la biblioteca central de Estocolmo y saqué la tarjeta para sacar libros prestados. Habían allí un montón de libros en español y muchos de ellos me interesaban. Empecé, por supuesto, por esos libros y autores que conocía de oídas pero que eran muy difícil de leer en la Habana. Lo primero que leí fue “La Habana para un infante difunto” de Guillermo Cabrera Infante. Luego seguí con Reinaldo Arenas, Kundera y Vargas Llosa. A partir de ese día y durante un año estuve continuamente sacando prestados y leyendo libros por varias ciudades de Suecia. Cada mes leía al menos una decena de libros. Ninguna otra vez en mi vida, ni antes ni después, he leído tanto como durante ese año.
También este día fui a mi primer museo en Suecia. A Pepe, el de mi cuarto, le habían regalado varias entradas al Museo Etnográfico y él me regaló una a mí. El museo estaba lleno de objetos y fotografías que exploradores y aventureros suecos habían recolectado durante siglos. Lo mismo había un tótem de una tribu de indios norteamericanos, que la lanza de un guerrero masái o el bumerán de un aborigen australiano. Había también una exposición temporal con un tema que yo conocía bien: Cuba.
La exposición, llamada Color Cubano, estaba compuesta principalmente de fotografías tomadas en la Habana contemporánea. Había también una típica sala cubana con muebles desvencijados, un televisor Caribe y una mesa cubierta con un nylon a forma de mantel. Sobre la mesa descanzaba una latica vacía de leche condensada que se había usado para medir un montoncito de arroz que alguna abuela iba a escoger. De las paredes colgaba la foto de algún barbudo, líder político o martir, no recuerdo. Los adornos podían ser un indio de yeso o laticas de Coca Cola cortadas para funcionar de búcaro a unas flores de plástico.
En el lugar también había un típico almendrón. Uno entraba por las puertas traseras y al son de música cubana que salía por las bocinas se ponía a mirar una serie de diapositivas que se proyectaban en el parabrisa del carro. Y allí sentado, me dí cuenta que esas escenas y esos objetos que hasta hace unas semanas eran tan familiares para mí, esos niños descamisados jugando al cuatroesquina o esa latica para medir el arroz, serían eso para mí: algo que miraría con la distancia que se mira un objeto de museo. Y por mucho que me alegrara de despedirme de muchas de esas cosas no podía negar el dolor que sentía al separarme de otras tantas. Y, por supuesto, me entró el gorrión y me eché a llorar a moco tendido, con sollozos y todo, por un buen rato. Por suerte ese día los suecos no estaban puestos para la etnografía y nadie se portó por allí durante ese tiempo. Si no, alguien hubiese pasado el embarazo de abrir las puertas de un almendrón y, entre las notas de un bolero, encontrarse a un tipo, flaco y pelúo, llorando desconsoladamente.

Por Ernesto Fumero Ferreiro

Frank Delgado: Konchalovski hace rato que no monta en Lada (video)

 

Ya no podré leer más ningún libro de esos
de Editorial Raduga, de Editorial Progreso.
No podré disfrutar más de aquel Tío Stiopa
de estatura increíble y tan horrible ropa.
No te puedo negar que los ojos me arden.
Maiakovski ya deja reptar a los cobardes
y no podré tomar el té negro en las tardes.
El teatro Bolshoi aún no ha sido saqueado
hay Noches de Moscú, crimen organizado
los Estudios Mosfilm seguro que han cerrado.

No me volveré a emocionar con “Siberiada”.
Konchalovski hace rato que no monta en Lada.
No podré disfrutar de aquellas olimpíadas
con los soviets ganando todas las medallas.
La Kasánkina grita: no me dejen sola.
Serguei Bubka se venga, toma Coca Cola
con Salenko, que juega en la Liga Española.

Alguien a mí me preguntó si me había leído “El Capital”:
Sí, pero a mí no me gustó, pues la heroína muere al final.
En fin, que no me gusta tanta economía novelada
que escribió el tal Carlos Marx.

Ahora que los censores no pitchean bajito
ya podemos burlarnos de sus muñequitos.
Ahora que los ministros cambiaron las banderas
podemos hablar mal de su industria ligera.
Hoy que llevo en la frente el cuño del vencido
y me acusan de muros que al fin se han caído
puedo ser post-moderno, perder el sentido.
Renegar de las utopías en que creo
o ensañarme con toda la ley y el deseo
con la momia de Lenin y su Mausoleo.

Hoy que sólo del vodka queda la resaca
yo me niego amor mío, cambiarme la casaca.
Hoy que los Konsomoles van pasando de todo
abrázame mi china, y no me dejes solo.
Y mientras Fukuyama repite iracundo
que estamos ante el fin de la historia del mundo
mi amigo Benedetti abre el tomo segundo.

Alguien a mí me preguntó si me había leído “El Capital”:
Sí, pero a mí no me gustó, pues la heroína muere al final.
En fin, que no me sirven estas novelitas de tres tomos
que escribió el tal Carlos Marx.

Dice Jacqueline Loss (2013): More than any other artistic piece, the 1995 nueva trova song “Konchalovsky hace rato que no monta en Lada” (Konchalovsky Hasen’t Ridden a Lada in a While) . . . captures what it feels like to inhabit the remains of the Soviet Bloc in the Caribbean. (Dreaming in Russian: The Cuban Soviet Imaginary. Austin: University of Texas Press)

comercio (video)

 

Video sobre el comercio normado en la tienda Fin de Siglo, 1994.

h/t Armando Chaguaceda.

* * *

En el Informe del Dr. Ernesto Guevara, Ministro de Industrias en la Reunión Nacional de Producción de 1961 (publicado en Díaz Castañón, María del Pilar. 2004. Ideología y Revolución. Cuba, 1959-1962. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales):

Pero es verdad que al pueblo no le gustan algunas cosas, que desgraciadamente suceden, y para eso nos hemos reunido: para que no sucedan más. No es bueno, por ejemplo, que haya jabón en La Habana si no hay jabón en el campo: si no hay jabón en el campo, no debe haber jabón en La Habana (APLAUSOS). O debe distribuirse el jabón de tal forma que haya en todos lados. (p. 233)

Zoé Valdés: Los tenicitos viejos de la yuma

Imagen tomada de Facebook. 2013

Imagen tomada de Facebook. 2013

Zoé Valdés: Los tenicitos viejos de la yuma:

En el año 1979 los “gusanos” … pudieron volver, y lo hacían cargados con regalos para sus parientes perdónandolos por su obligado olvido, también dejaban miles de millones en la isla, y así regresaron una y otra vez, invirtiendo el dinero ganado con su esfuerzo y dolor de exiliado. Un gran negociazo de los Castro.

(…)

En los años ochenta nos visitó también una Comunidad de intelectuales cubanos del exilio, la mayoría eran profesores de universidades norteamericanas, progresistas se hacían llamar varios de ellos, hijos de exiliados que habían crecido lejos de su país, o niños cuyos padres tuvoeron que enviarlos solos al exilio en la Operación Peter Pan para salvarlos del comunismo, y se habían criado y crecido en hogares ajenos al suyo. Niños desgarrados de cuyo desgarro el castrismo se iría a beneficiar una vez más.

Algunos entraron como Maceítos en esa Cuba de la escasez, otros volvieron como rescatados del “imperialismo yanqui”, por varias vías, llámense por Areítos o por componendas de Institutos de Estudios Cubanos en ciudades importantes de los Estados Unidos. (…)

Los cubanos nunca hemos tenido zapatos. Cuando habían no te tocaban y cuando te tocaban no habían. Por la libreta de racionamiento, claro. Los que viajaban a Cuba lucían zapatos que para nosotros significaban mucho, por vergüenza apenas osábamos clavarles la mirada para no parecer indiscretos.

Recuerdo que cuando transcribí los cassettes de una famosa millonaria cubana recibida en Cuba con ciertos honores, para un libro que escribió en conjunto con una ilustre investigadora del patio, me mandó sin que yo se lo pidiera a través de su chofer particular (empleado del Comité Central desde luego) unos tenicitos usados dentro de una caja de otra marca de zapatos de lujo, como agradecimiento a mi trabajo que ella no remuneró nunca. La gran señora, ex propietaria de centrales azucareros, se había enterado en aquel momento de que los cubanos no teníamos con qué calzarnos, y eso que ya llevaba meses en Cuba. Los tenis no eran mi número de pie, y por supuesto estaban gastados, viejos y hasta sucios. Los boté directamente a la basura.

La americana de la galletica de las que les hablé ayer en otro post, al parecer también oyó la bola de que los cubanos no teníamos con qué abrigar nuestros miembros inferiores. Estando yo una vez en la oficina del ICAIC se apareció con un nailon rayado y descolorido que contenían unos tenicitos también usados y viejos, no eran para mí, sino para una joven secretaria que iba a trabajar en chancleticas de goma metededos (en ella me inspiré para describir los pies de la secretaria de Yocandra en La nada cotidiana). En la guagua que tenía que coger cada mañana repleta a más no poder, le habían pisoteado los pies hasta el abuso y había debido de pedir baja médica por fracturas de los dedos en múltiples ocasiones. La muchacha no botó los tenis que le regaló la americana, como hice yo, al contrario, se puso contentísima, y aunque tampoco eran su número, pues la americana caballona usaba como el 45 se los probó metiendo en la punta papel arrugado del Diario Granma, y daba saltos y palmoteaba de alegría. La caballona se ‘venía’ en un orgasmo de felicidad al notar cómo humillaba a esa pobre cubana, o cubana pobre.

En otra oportunidad, una de esas viajantes, llegó de los Estados Unidos con una bolsa repleta de las astillas de jabón que durante un año ella y su familia habían usado hasta dejarlos casi en la nada, se dio a la tarea de repartirlos entre nosotros. Ella sabía que en Cuba carecíamos de jabones. Cuando una de las empleadas de la Cinemateca abrió la bolsa, hasta pelos de fondillo venían pegados a las astillas de jabón apurruñado y maloliente. (…)

Los días no volverán: Envasado al vacío

Envases de productos cubanos para la exportación. Publicado en Granma Internacional. 1987.

Envases de productos cubanos para la exportación. Publicado en Granma Internacional. 1987.

En Los días no volverán: Envasado al vacío:

…Ni tan siquiera recuerdo haber visto algún paquete de Cerelac que declarara su composición, pero si lo hubiese habido, tampoco estábamos acostumbrados a escudriñar los envoltorios para leer ingredientes, conservantes o fechas de caducidad, sobre todo porque casi ningún alimento facturado en Cuba estaba envasado. La leche en polvo se vendía a granel: los afortunados que tenían dieta iban a la bodega con una “jabita” para que se la despacharan. El bodeguero abría el saco, se sumergía en él y sacaba con un jarro escachado, como si fuera agua de un pozo, el polvo de leche contaminado con más polvo (ambiental) y cualquier otra impureza que ni nos atrevíamos a imaginar. O el puré de tomate que se almacenaba en aquellos tanques oxidados de 55 galones y que envasábamos en pomos plásticos reciclados, vendidos por un anciano semiindigente que los recogía de la basura; o la cerveza a granel, a la que le echaban cubos de jugo de toronja para aumentarla, según decían por entonces. Y ya ni siquiera me refiero a los productos de reventa, esos que podían venir envueltos en papel de periódico o en cajas de zapatos, sino a los oficiales.

En mi último viaje a la isla compré algunas cajas de jugo que, una vez terminadas, mi madre conservaba para rellenar. Tener aquellos briks de colores en la nevera formaba parte de su fantasía cotidiana que yo no me atrevía a destruir. Así hacía con los potes de helado, con los pomos de cristal que antes habían sido de aceitunas y en los que ahora guardaba ajos pelados o con los geles de ducha, que aunque vacíos ya, seguían ocupando su espacio en la repisa del baño…
En la cómoda, por los siglos de los siglos, unas preciosas cajas de talco heredadas de la abuela (y llenas ahora de botones hasta rebozar), y a su lado, la única de diseño más aceptable que se vendió en los `80: el talco Tú.
Los envases venían a ser como un subproducto capitalista que enmascaraba el producto; un beneficio añadido y prescindible, como la doble moral. (La profesión de diseñador podría ser una de las más obsoletas del Período Especial, e incluso, del Socialismo indigente cubano.)…
Gracias a Axana Álvarez por el enlace.

Tarequex 91, exposición

Dos de los integrantes del grupo 30 de febrero: Enrique del Risco y Armando Tejuca, a la derecha del Bobo. 1992. Imagen tomada del blog de Enrisco.

Es una pena que no existan imágenes de Tarequex 91. Queda, en cambio, la descripción de Enrique del Risco, por partida triple:

Enrisco: London, London:

Un post de Penúltimos Días sobre una exposición en Londres curada por Gerardo Mosquera [dale Infortunato, mete un chistecito] en la que una de las principales atracciones es un rollo de papel sanitario hecho con el Juventud Rebelde me remonta a 17 años atrás. Enero de 1991, Galería del cine Yara en La Habana: Tejuca, otro amigo que esta en Cuba y yo inauguramos Tarequex 91, una parodia de las exposiciones de la ANIR y de los Forjadores del Futuro. Exponíamos piezas y tarecos que supuestamente promovían el ahorro (“sobre todo de neuronas” acotábamos). Había allí: un machete de tres filos para convertir a los macheteros millonarios en trimillonarios; un convertidor de chistes de doble sentido en chistes de un solo sentido; luz natural (para ahorrar luz artificial); el diseño de un futuro museo de la Zafra de los Diez Millones; y condones de tallas mínimas TTD (Todos Tenemos Derecho) elaborados con dedos de guantes de goma entre otras cosas que no me acuerdo. Una de las piezas que mostrábamos era justamente un rollo de papel sanitario elaborado a partir de periódicos Granma. Éramos unos vanguardistas y no lo sabíamos. Es una lastima que Gerardo Mosquera no hubiera estado por ahí para darse cuenta de nuestro hallazgo y habernos llevado a Londres con los que nos hubiéramos ahorrado un montón de trámites. En aquella ocasión lo único que conseguimos fue que nos cerraran la exposición al cuarto día de inaugurada. Estamos decidiendo entre exigir que se nos reconozca como precursores de la nueva vanguardia cubana o establecer una demanda por plagio.

Enrisco: 30 de febrero, una página olvidada del arte cubano (I):

 …Corrían los últimos meses del año 90 hacia el barranco sin fondo que se dio en llamar con no poca poesía “Período Especial” cuando estudiantes de último año de ingeniería civil con apellidos de predestinados a cursar dicha carrera –Castillo y Tejuca- decidieron unir fuerzas –es un decir- y fundaron un grupo que de momento no pasaba de dúo. Y no se les ocurrió mejor nombre que el de una fecha que resumía lo mejor posible la firmeza de su compromiso con la realidad y esta fue la de 30 de febrero. Algo destacaba en ellos a simple vista y era la cantidad de pelo que cubría sus cabezas con el que bien se podría haber rellenado un colchón. Poco después se les unió Enrisco, no menos peludo en esos días y fue un milagro que como primer proyecto no se les ocurriera raparse y dedicarse a la fabricación de colchones. En cambio en aquellos días hablaron de varias ideas entre las que estaban: 1) la creación de un periódico mural llamado “Aquelarre” para suplir la desaparición de papel en La Habana. 2) la creación de una exposición homenaje a la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadotes (ANIR) a la que finalmente titularon Tarequex 91.

La exposición finalmente se inauguró en la galería Juan David adjunta al cine Yara sito en ese centro del universo que los habaneros suelen llamar El Vedado con éxito de critica, de público pero sobre todo de los dirigentes del municipio del Partido (Comunista de Cuba) de Plaza que consiguieron cerrar la exposición apenas al cuarto día de inaugurada con el pretexto que necesitaban hacer reparaciones de plomería. Derrotados pero no vencidos los integrantes de 30 de Febrero decidieron trasladar la exposición al Museo del Humor de San Antonio de los Baños iniciando una persistente tradición dentro del grupo: poco importaba que todas y cada una de las exposiciones que exhibieran en La Habana por esos años fuera censurada que esta sería recibida en San Antonio de los Baños con los brazos abiertos….

(Continuar leyendo la crónica de Enrisco aquí)

Enrisco: Inventos (actualizado).

Gracias a Enrique del Risco por proporcionar los enlaces. Gracias a todos los que han dado a conocer este evento a Cuba Material.