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Wendy Guerra sobre la moda en Cuba

ajustador de algodón

Ajustador de algodón, comercializado por la red minorista de comercio interior cubana. 1980s. Colección Cuba Material.

En el blog Habáname: La moda hoy en Cuba:

Éramos un país de cuello y corbata, trajes de dril, sombreros de pajilla y collares de perlas. Éramos también, un país de discreta elegancia, pobre pero acicalado, la gente se presentaba en el trabajo con su mejor atuendo, planchado, almidonado; bien zurcido.

Luego llegaron décadas de mucho sacrificio y reciclamos la moda, nos hicimos vestidos fabricados con forros de antiguos trajes, sombreamos líneas en las piernas de las mujeres con lápices de maquillaje, para crear el efecto visual de una media fina, transparente, arropando el tramo que viaja de la pantorrilla al muslo. Entraron los años duros con sus pantalones de caqui, los uniformes, las botas de trabajo y el camuflaje. No podemos olvidar los trajes Safari y los zapatos que importaban los rusos y búlgaros.  El servicio secreto se apropió de las Guayaberas, y las mujeres empezaron a salir a la calle con rolos y ropa de andar en casa. Siempre, debo decir, hubo un grupo de personas que luchó porque la moda en Cuba se trazara de modo coherente, pero contra estos diseñadores y creadores se alistó un ejército de mal gusto armados hasta los dientes con escudos creados en la realidad económica de nuestro país.

Vestir bien, para los pocos que podían, era un problema ideológico, una conducta pequeño burguesa que te señalaba de por vida.

Durante el Período Especial -que nadie aquí ha declarado oficialmente extinto-  vivimos una precariedad que daba miedo. Escaseaba el jabón y dejamos de recibir ropa interior del extranjero, la industria cubana no fabricó ni blusas, ni trajes de baño, ni abrigos o faldas, ni una sola pieza que nos pudiera abrigar, vestir, representar o distinguir como el pueblo instruido y sensible que hemos sido.

Nos quedamos desnudos frente al espejo de problemas. Los zapatos se fueron agotando y era muy complicado encontrar la vía de cómo vestir, el tema era simple, lograr andar limpio y calzado.

Los que se fueron o los que murieron nos heredaron sus pertenencias, y desde 1980, en los llamados Viajes de La Comunidad, empezamos a recibir paquetes con una moda importada que sustituyó las necesidades básicas con diseños pocas veces adecuados a nuestro clima, estilo de vida y gustos afines a nuestras aspiraciones. Los artesanos hicieron grandes aportes fabricando con creatividad y entonces empezamos a creer que la inventiva era lo máximo; ropa hecha a mano, imitación en crudo de  nuestros mayores anhelos.

¿Cómo y con qué se viste hoy el cubano?  Ahora ya con muy poca referencia sobre la moda internacional, o simplemente sin una clara idea de lo que es correcto o no llevar puesto en hospitales, oficinas, iglesias o teatros. Es muy común ver en La Habana, a personas en pantalones cortos, chancletas y topes visitando así vestidos  sitios que merecen cierta sobriedad o recato, tal vez respeto en el vestir.

El mal gusto gana y gana seguidores y los valores visuales, las etiquetas o la educación formal se ausenta de la moda cubana actual. La ropa reciclada y el mimetismo han copado nuestros cuerpos que intentan reproducir un lujo inexistente.

¿Qué se lleva hoy en Cuba?

De Miami o Panamá traen de contrabando todo lo peor, de Ecuador o de los polígonos Chinos a las afueras de Madrid, pasando por la aduana de Cuba, recibimos unos modelos espantosos que hoy distinguen la imagen de miles y miles de cubanos. Jeans bordados con  pedrería, licras fosforescentes, carteles y anuncios de todo tipo, unos raros pañuelos que se amarran al cuello luciendo estampados diversos, acompañados con zapatos de madera que suenan y se hacen sentir en los espacios públicos, así como bolsos horribles que agreden la vista, o las siempre falsas  imitaciones de carteras clásicas.

Que lo sepa de una vez Louis Vuitton, en La Habana no resulta nada caro llevar un bolso de ese nombre…

polainas

Banda de música con polainas. 1980. La Habana.

Mientras estudiaba en la escuela primaria, participé varias veces en eventos interescolares de bandas de música en las que siempre me tocaba tocar el triángulo. Pensaba entonces que se trataba de un instrumento musical inventado para paliar la escasez material que caracterizaba la vida en la Cuba de mi infancia, pero hoy sé que participa en ciertos ritmos brasileños y de la Luisiana, así como también en algunas sonoridades del rock y hasta Mozart y Beethoven lo incluyeron en sus sinfonías.

Volviendo a aquellas bandas de música en las que participé en mi infancia, recuerdo que todos los estudiantes llevábamos traje blanco de aspecto militar. En las fotografías de entonces todos lucimos igualitos, como si nuestros padres hubieran comprado aquellos trajes en el mismo centro comercial o los hubieran encargado al mismo productor. Sin embargo, me cuenta mi mamá que era ella quien cosía mis uniformes de la banda de música, adornándolos con botones dorados que aún podían comprarse en las tiendas estatales y con un cordón del mismo tono que le quitó a algún cojín o bata de casa de “antes de la revolución”.

Del uniforme de las bandas de música, lo que más me gustaba eran las polainas blancas, lo más parecido a un par de botas que alguna vez calcé en Cuba. Para que yo tuviera las polainas que requería el reglamento de la banda de música, mis padres compraron un pliego de vinyl blanco en un taller de tapizado de automóviles, cerca del Malecón, y le encargaron a un talabartero de la zona que me fabricara un par. El gorro lo construyó mi mamá con cartulina blanca y remates de papel dorado. Yo sólo tuve que golpear el triangulito y posar para las fotos que mis padres me hicieron.

entrevista con Los carpinteros

17m, por Los Carpinteros. 2015. Imagen tomada de internet.

En Sopa de Cabilla, Margaret Miller y Noel Smith conversan con Los Carpinteros (Alexandre Arrechea, Marco Castillo and Dagoberto Rodríguez):

(…)

MM: ‘Los Carpinteros’ comenzaron a trabajar en conjunto a principio de los noventa. Cuéntenme sus impresiones de aquel momento. Descríbanme la atmósfera socio-económica a la cual ustedes respondieron como artistas.

AA: Bueno, para empezar, éramos estudiantes, y cuando uno es estudiante lo que piensa sobre el mundo fuera de la escuela es que uno no está preparado para él. Uno todavía está tratando de llegar a ser alguien en el futuro. Pero un día nos dimos cuenta de que había un espacio para nosotros, y que teníamos que prepararnos para ocupar el centro mismo de aquel escenario. Esto sucedió a finales de los ochenta, cuando muchos plásticos cubanos estaban abandonando el país. Me refiero a la crema y nata de los artistas jóvenes de Cuba. Hubo un éxodo fuerte de artistas, y ello dejó un vacío que había que llenar. La situación económica también era terrible. En aquel momento las cosas estaban peor que hoy, y eso dificultaba la creación, porque se necesitaban materiales. Como nosotros no teníamos con qué comprar materiales caros, desarrollamos una estrategia. Era más fácil conseguir madera en el campo, y allá fuimos, al campo, a cortar árboles. No es que siempre nos fue bien cortando árboles. Era de noche cuando cortamos el primer árbol, a la orilla de un río que se había desbordado. El río se llevó un hermoso cedro que nos había llevado dos días cortar. No sabíamos cortar árboles. Se puede decir que esos comienzos fueron primitivos; hasta cierto punto, casi como en la prehistoria. (Hay risas) Uno corta los árboles, fabrica cosas, y luego las vende.

MC: Nos fuimos al campo, pero también nos metimos en unas casas que estaban desocupadas. El Instituto Superior de Arte está localizado en una de las áreas más opulentas de Cuba, algo así como Beverly Hills. Para la época en que éramos estudiantes del ISA nadie vivía en aquellas casas, así que nosotros las invadimos. Sabíamos bien que lo que hacíamos era ilegal… pero, no teníamos ninguna otra alternativa disponible. Y además, no éramos los únicos: otra gente en el barrio hacía lo mismo.

DR: Reciclábamos las maderas y los decorados de las casas.

MM: ¿De qué manera tanto la atmósfera del momento como el hecho de tener que resolver la búsqueda de materiales, han moldeado la agudeza y el enfoque hacia lo conceptual que les caracteriza?

AA: En algún momento el trasiego con las casas se convirtió en la fuente abastecedora de nuestro trabajo futuro, porque fue como consecuencia de ello que comenzamos a trabajar con el tema de la arquitectura.

DR: Alex se refiere a un elemento que siempre está presente en nuestra obra: la reflexión sobre los espacios. El haber trabajado con materiales provenientes de aquellas casas… ése fue el principio. Fue como cuando el cazador viste la propia piel de su presa.

MC: Nosotros comenzamos a trabajar juntos justo cuando los rusos se fueron de Cuba y la estética era completamente diferente. Se pusieron de moda muebles más racionales, de corte más como en Europa del Este. Lo que quiero decir es que los materiales eran muy baratos y muy prácticos. Claro que esto tenía más que ver con desarrollo social que con el lujo, y nosotros venimos de áreas muy pero que muy pobres. No sólo eran pobres nuestras familias, sino también los sitios donde fuimos creciendo. Yo nunca había puesto un pie en casa de gente rica hasta que nos metimos en aquellas casas vacías en La Habana. Yo nunca había entrado en una mansión. Fue impresionante y muy “enriquecedor”.

AA: A nosotros nos fascinó. En algún momento tratamos de imitar algunas de las formas que encontramos en aquellas casas, y hasta tratamos de competir con ellas. ¿Cuáles eran mejor, las originales o las nuestras? Si ellos lo habían logrado, por que no nosotros?

Noel Smith (NS): ¿Pueden describir algunos de los elementos que tomaron de esas casas, y otro tanto sobre las obras que crearon como ejercicio retador y transformador de las mismas?

AA: Para nuestra primera exposición importante – Interior habanero – tomamos lo que quedaba de aquellas casas: historia, materiales y riesgo. (El riesgo lo puso la policía, que siempre patrullaba el área para impedir que las residencias fueran saqueadas). El proyecto comprendía cinco inmensos “muebles” que fungían como marcos de cuadros. Cada uno de ellos era una reflexión de la dicotomía “presente-pasado” en que estábamos viviendo en ese momento. El tema de los cuadros éramos nosotros mismos, como protagonistas o como aventureros.

DR: La escuela de arte la fabricaron en un antiguo campo de golf con un hotel que tenía una decoración estilo victoriano. Por esa época hicimos una obra titulada Quemando árboles; era una estufa para el invierno, algo que en este país es completamente anacrónico. En el hotel había una de mármol, nosotros hicimos otra de madera que estaba ricamente decorada. En el área donde va el fuego había un cuadro donde aparecíamos desnudos bailando delante de una gran hoguera…

MC: Habana Country Club era otra de esas piezas. Es un cuadro de gran escala pintado con una técnica que recordaba los cuadros coloniales (los preferidos de aquella clase social). Tenía también un marco robusto de cedro y caoba que tenía una inscripción que decía “Habana Country Club.” El cuadro describía una escena en la que estamos nosotros, estudiantes tratando de jugar golf en los nuevos campos floridos de las escuelas de arte.

DR: También encontramos un nexo político con una cierta obsesión con pinturas ricas pero picúas.

NS: ¿Que quieren decir con eso de “nexo politico”?

DR: La preocupación por el pasado es casi siempre algo político.

MC: Hemos crecido con el pensamiento del presente versus pasado. Las conquistas del presente contra los desastres del pasado. Nos atrevimos a excavar un poco más. Nos metimos en una investigación que por su naturaleza tenía un halo político, pero realmente estábamos más interesados en los hábitos y los objetos de aquella sociedad. Nos sentíamos como antropólogos de la antigua burguesía cubana.

MM: ¿Puede decirse que, al menos a un nivel, hicieron una regresión?

DR: Una regresión, pero sólo en términos de lenguaje… Nosotros encontramos muy atractivo el hecho de poder manipular con nuestras obras los gustos y las obsesiones de toda esa gente relacionada con el ‘Country Club style of life’ porque, así como ellos lo habían logrado, nosotros estábamos buscando nuestra propia ‘sombra en el muro’.

AA: Eso es lo que estábamos haciendo, en realidad. Queríamos presentarle al público lo que considerábamos parte de la historia reciente del país, vista a través del filtro de nuestra propia visión.

DR: No sólo estábamos reciclando madera. Estábamos reciclando todo un concepto del pasado que existe en Cuba.

MM: Vuestro trabajo era ostensiblemente conservador, pero también subversivo sin llegar al cinismo. ¿Es ese humor tan agudo una estrategia dada por cierta timidez en ustedes?

AA: Todo estaba destartalado. Había una desmoronamiento general. La gente usaba todo lo que tenía a mano, y también se puso a vender cosas en la calle. Mientras los demás se deshacían de las cosas, nosotros tratábamos de conservarlas, de recrearlas, haciendo a la vez una reflexión crítica del proceso. Esto se convirtió en algo muy cómico y a la vez ridículo. Quiero también resaltar que después que exhibimos Interior Habanero, hubo mucha gente interesadísima en comprar la obra, excepto que los interesados eran coleccionistas de Miami, donde residen muchos exilados ricos que se establecieron allí luego de abandonar sus residencias en los años sesenta. Cuando formulamos nuestro proyecto para la tesis de grado aprovechamos esa coyuntura. Escribimos una carta falsa de un supuesto coleccionista de Miami, que nos escribía de lo mucho que le gustaba nuestro trabajo y de su deseo de comprarlo. Todo el mundo se creyó que la carta era verdadera, y Art Nexus publicó una nota de prensa que decía que un coleccionista de Miami había comprado toda nuestra obra. Era falso.

(…)

NS: ¿Quiénes de los artistas o teóricos que estudiaron y leyeron en el ISA han sido inspiración para ustedes?

DR: Nosotros nos consideramos muy buenos lectores de ese tipo de publicaciones como Mecánica Popular, que fue una publicación muy común en Cuba en los cincuenta, donde tú podías hacer de todo lo que se te ocurriera. También el programa de la universidad incluía el estudio de autores que hicieron su trabajo muy relacionado con la critica del arte: Eco, Roland Barthes, Foucault, toda estos autores nos dieron claridad a la hora de explicarnos nuestro trabajo desde un punto de vista sociológico – de hecho, ésta era una pregunta típica cuando éramos estudiantes – y todas estas lecturas han continuado hasta el presente. Nos ha interesado siempre el conceptualismo, el minimal art, tanto como la pintura rusa del siglo 19 y los muebles de estilo.

MM: ¿Hasta qué punto, como artistas aún en proceso de maduración, conocían ustedes lo que acontecía en el mundo del arte, en Estados Unidos, en Europa, América Latina, Asia, y hasta en África? ¿Se veían a sí mismos como artistas en un contexto global, o esa percepción cuajó más tarde cuando comenzaron a viajar al exterior?

AA: Fíjate, ése es un punto interesante. La primera vez que viajamos al exterior fue en diciembre de 1994. En aquel entonces fuimos a España (Nota de la Editora: Santa Cruz de Mudela, en Valdepeñas, a unos 100 km al sureste de Madrid). Fuimos invitados a realizar una residencia allí. Cuando llegamos no sabíamos qué hacer.

DR: Me acuerdo del momento en que abrieron las puertas del avión. Salimos a aquel aire congelado, y fue como si se hubiera abierto la puerta de un refrigerador. Fue algo así como “¡Coñóoo!”

MC: Y estamos hablando de las cosas prácticas, vaya: cómo descargar un inodoro, cómo usar una ducha, estábamos estupefactos ante las cosas más elementales, como si hubiéramos llegado del Medievo. Pero en lo concerniente al arte contemporáneo, nosotros tres, y muchos otros artistas cubanos, sabíamos que estábamos bien ubicados, porque nuestros estudios sobre historia del arte fueron realmente muy intensos, muy serios. Sabíamos lo que se estaba realizando en el exterior, ya que muchos de nuestros profesores viajaban bastante, y regresaban con montones de materiales, libros y catálogos, al igual que hacemos nosotros ahora cada vez que regresamos a La Habana. Sabíamos lo que estaba pasando con el arte en Europa, en Estados Unidos, y lo que los artistas contemporáneos en América Latina y África estaban haciendo. Verdaderamente estábamos al día de toda esa información.

(…)

h/t: Incubadora.

Panera. Los Carpinteros. 2004. Imagen tomada de internet.

En Letras Libres, entrevista con Marco Antonio Castillo y Dagoberto Rodríguez. Consultar parte I y parte II:

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Folklórico ingenio cubano

En las obras de Los Carpinteros, el folklore brilla por su ausencia. Ellos prefieren poner el foco en los procesos creativos, en cómo puede haber ideología en la manera en que se construye o diseña un objeto. “Hay una generación cubana que le ha dedicado al folklore una atención marcada: Manuel Mendive, José Bedia, Rubén Torres Llorca… Nosotros somos de una generación que vino después: por un lado había esa tendencia muy folklorista y por otro lado había una tendencia muy política. Nosotros tratamos de meter nuestro surco ni por un lado ni por el otro. Nuestro trabajo tiene un aspecto de folklore, lo que pasa que no es tan obvio como hacer algo con un coco y una palmera”, dice Marco. Ese folklore nacido de la austeridad también los convirtió en lo que son hoy en día.

(…)

La locura resignificadora

Una constante en la obra de Los Carpinteros es la resignificación del sentido de los objetos cotidianos mediante la transformación de sus elementos constitutivos. En el mundo real, dice Marco, “cada objeto que convive con nosotros está cargado de ideología, de significados que van mucho más allá de la utilidad: los objetos son parlantes”. Entonces, ¿por qué esa pasión por reconvertir el significado de los objetos cotidianos? Ellos mismos, como artistas que son, no lo tienen del todo claro.

“¿Cuál es el origen de la locura ésta? Podríamos intentar hacer alguna otra cosa, ¿pero por qué hacemos esto siempre? Creo que es una manera de ver el arte, de entender la cultura: a través del testimonio de los objetos cotidianos. Por eso es que nos fascinan tanto”, dice Dago.

“Y de entender al ser humano”, dice Marco.

“Aunque la figura del ser humano nunca ha aparecido en las obras de nosotros, sólo el rastro que deja en sus confecciones”, dice Dago.

“Al pájaro se le conoce por la cagada… Por la mierda que va dejando ya sabes qué pájaro es…”, dice Marco (risas)

(…)

Pasado y presente

En los comienzos de su carrera, Los Carpinteros recorrían mansiones antiguas de La Habana tomando material para sus obras, y eso les permitió asomarse al pasado de la ciudad, y reflexionar sobre la relación entre el pasado y el presente.

Trasladando este proceso a La Habana de hoy, quizás se podría establecer un diálogo artístico entre La Habana de la iconografía de la revolución y La Habana actual, con los nuevos ricos que se están subiendo al negocio de loschavitos (pesos convertibles al dólar).

“Va a llegar ese momento de nostalgia de aquella vida idealista, social y de optimismo colectivo que ya desapareció”, dice Marco, que colecciona objetos de la época de su niñez: “Un poco para agarrarme a esa memoria”. Memoria de una fantasía ideal financiada por el bloque socialista del Este.

“Creo que todos los que conocimos el periodo de oro del socialismo lo extrañamos de alguna manera”, dice Dago. “En Cuba vivíamos en una fantasía total… Las noticias, las fábricas que se empezaron a hacer, las cosas que decían los políticos… Era surrealista lo que se vivió en los 70 y en los 80. Era una locura, aquello. Una locura que se quedó frita en 1989. Se quedó paralizado. Y es lo que tú ves ahora”.

(…)

Supongo que gran parte del diálogo cotidiano de ustedes, cuando están trabajando, es de índole técnico, ¿en qué momento dejan entrar a la teoría?

Dagoberto: Nosotros estamos hablando de qué tipo de rojo llevan esos legos, y ya estamos hablando de teoría. No todos los rojos son iguales. Y así con todos los objetos: cada decisión física, en el arte, implica un cambio de lectura conceptual o ideológica. Y entonces, a lo mejor, una conversación muy técnica entre nosotros, no lo es tanto. Aquí hay un tráfico de significados, y tienes que saber qué significa cada objeto para ti, en tu subconsciente. Eso es como una operación de psicoanálisis en la que estamos traficando con imágenes, poniéndolas más grandes, más chicas, expandiéndolas, poniéndolas junto a otra cosa, combinándolas… y es así como va saliendo. Los diálogos técnicos no son tan inocentes.

Taza de café Duralex

Ausencia no quiere decir olvido, por Ahmel Echevarría

Taza de café Duralex

Taza de café Duralex. Hecha en Francia. 1970s-1980s. Colección Cuba Material.

Publicado en Cuba Contemporánea: Ausencia no quiere decir olvido:

(…) Una tacita de café para comenzar. Porque a mi memoria esta fue la primera imagen que arribó: para la colada en la cafetera INPUD, poner en el embudo, donde va la mezcla de un polvo a base de café y chícharos, aquellas canicas de cristal con aletas de colores en su interior -esas bolas con que los niños jugábamos “a la mentira” o “la verdad”-. En el siglo XX nuestro alguien comenzó a utilizarlas no bajo el concepto de ingredientes, sino con la estrategia de hacer más con menos. Y al parecer algo en verdad sucedía, porque fue un método extendido. Sí, es exagerado. Olvídenlo.

Antes de ir a la cocina a por el café, una mujer se calza sus chancletas de goma. Coloridas, por capas, bordes corrugados. Un modelo similar a las hawaianas. Pero gordas. Chancletas gordas que por el uso y la malformación del pie, y las complicaciones a la hora del recambio por otras nuevas, se desgastaban. ¿La solución?: ponerlas en agua caliente. Y casi se recuperaban -dicen- del fuerte desgaste.

Antes de ir para la escuela o a la jornada laboral, la Revista de la mañana. Noticias y muñequitos en blanco y negro mientras en la mesa estaba la taza de café, o el café con leche, galletas y pan con algo… Por entonces no era “La Habana a todo color” si de televisores se trata. El reinado del Caribe, el Krim 218 y otras pocas marcas. De bombillos fueron en una época, de transistores (creo) más adelante. Un adelantado puso manos a la obra y con una muy pequeña inversión tuvo lo que para él fue su primer TV a color: pintar la pantalla en los bordes con los colores primarios permitiendo siempre la transparencia.

Las guarachas eran unas sandalias que se hacían con neumáticos desechados. En el gusto o en el apartado de los gratos recuerdos de no pocas amigas cuarentonas y cincuentonas que tengo en mi haber, persiste o pervive la imagen del pie calzando aquellos modelos. Incluso, algunas quisieran tener un par flamante para los días de verano y largas caminatas.

Por cierto, si tienes un Lada, los tornillos del chasis de una PC en desuso te pueden servir para resolver, en estos días que corren, problemas de ajuste de la aceleración en el carburador. Y el muelle de cualquier fotocopiadora vieja -es un muelle largo y grueso-, te servirá para arreglar el embrague.

Las etiquetas zurcidas en las patas o el trasero del jean alargaban su vida útil. Cualquier etiqueta servía. Si era grande, colorida, si era una etiqueta de alguna marca bien dura en el ranking internacional, su valor ascendía. El pitusa seguiría sirviendo para el cine, la pizzería, la fiesta, la oficina y la escuela, las salidas con la novia o el novio…

El Período especial en tiempos de paz fue una verdadera guerra. No una guerra a muerte aunque las bajas no fueran pocas. Parece que en ese punto de nuestro pasado cercano no pocos sueños quedaron a la vera del camino, liquidados. Y también cierta ilusión o realidad parecida a la candidez. Una crisis saca lo peor, también lo mejor del individuo en el proceso de adaptación.

Mientras se producía ese proceso de rotación y cambio en la perspectiva y el actuar de los individuos bajo nuevas reglas en el juego, entre nosotros se instauró la orinoterapia -creo haber leído en la prensa un texto para rebatir los supuestos beneficios-. Algo parecido ocurrió con el noni -de la prensa y el noni: recuerdo haber leído acerca de los beneficios, pero de aquella maravilla solo quedan arbustos que paren unos frutos de dudoso aspecto.

Antes de caer en las variantes culinarias a lo largo y ancho de apagones bajo el reinado de… (antes de que lo olvide: los almendrones rodaron en las calles de Qva con luz brillante o queroseno en el tanque)… Hablaba de un terrible reinado y los apagones. El reinado de tú sabes quién: el calor.

Perdí el hilo de este discurrir. Entonces tomo la madeja por este punto anterior al Período especial: hubo un día en que apareció la Casa del Oro y la Plata. Las gentes vieron allí la posibilidad de mejorar cuanto había colgado en su ropero y/o el calzado. También cabrían allí los deseos de tener una videocasetera o una grabadora -citar solo dos electrodomésticos a modo de ilustración- que antes solo eran posibles si te ganabas el bono otorgado por la CTC (por ejemplo) para llegar al ventilador, la lavadora, la batidora y… Las gentes dieron sus tesoros, nimios o en verdad significativos -un tesoro es un tesoro, da igual cómo lo mires-, por lo que había en esas tiendas. Y lo que había allí solo era un “tesoro” si se comparaba con la necesidad. Por cierto, en ese tiempo corría la leyenda de que en un viejo modelo de máquinas de coser del fabricante Singer los mecanismos eran de platino, un metal precioso que también podías cambiar por los “chavitos” necesarios para el trueque.

Mencioné las artes o la magia culinaria de aquel tiempo dolorosamente humano en tiempos de paz. Rara alquimia para confeccionar un plato; sucedáneos por lo que una vez fue común en la mesa: las fibras de la cáscara o la corteza de vegetales y viandas, molidas o en grandes trozos, adobadas, para simular la añorada carne. Dejemos aquí este párrafo, la sumatoria de ejemplos lo volvería demasiado largo.

Existía el gel de papas o clara de huevos para mantener el cabello engominado.

Existía el ventilador fabricado con el motor de las lavadoras Aurika. Aquellos ventiladores parecían tener alma propia: con la vibración podían desplazarse según el largo del cable mientras no reinara el apagón. Y aparecieron las cocinas eléctricas cuya base era una piedra siporex y un alambre enrollado a manera de resistencia, y las cocinas de luz brillante armadas con trozos reciclados o “conseguidos” Dios o el Diablo mediante, y los calentadores que el ingenio popular resolvió a partir de una vieja lata de leche condensada Nela o las soviéticas, y…

Esos aparatejos no tenían una verdadera ingeniería detrás, consumían a más no poder. Fueron criticados y sustituidos por otros fabricados en serie (y supuestamente en serio), la mitad igual de gastadores. Para muchos aquella crítica en la TV casi fue una burla. Sí, dolió. Muchísimo. Pero “la gente sabe bien lo que no quiere” -como dice Vanito Brown en su disco Vendiéndolo todo-, ante aquella batalla energética hizo lo de siempre: rotación y cambio. Adaptación o muerte -según Ch. Darwin-. Se las seguirán ingeniando, porque, a propósito de la lucha del día a día, “la gente nunca pierde la ilusión”.

Por cierto, ¿también debemos poner como ejemplo el Paquete semanal?

La breve lista anunciada en el inicio de este discurrir es en realidad muy larga. Tan larga como ejemplos desempolvemos de la memoria. Ausencia, en este caso, no quiere decir olvido.

Ahmel Echevaria

Camisa marca Futura

Cómo será el comunismo, por Luis Rogelio Nogueras

Camisa marca Futura

Camisa de hombre marca Futura. Colección Cuba Material.

En Libreta de apuntes, Norberto Fuentes transcribe un poema de Luis Rogelio Nogueras (no se precisa la fecha):

CÓMO SERÁ EL COMUNISMO

Por Luis Rogelio Nogueras

Habrá inviernos y veranos
otoños y primaveras,
habrá cobas extranjeras
para todos los cubanos.
Se acabarán los gusanos,
habrá jama en abundancia,
se podrá viajar a Francia,
manejar un maquinón
y meterse a maricón
sin perder la militancia.

graduacion Escuela del Hogar 1943

Tania Quintero: La elegancia de La Habana

graduacion Escuela del Hogar 1943

Gertrudis Caraballo Gálvez el día de su graduación de la Escuela del Hogar. 1943.

En el blog de Tania Quintero: La elegancia de La Habana:

 (…) Ella tenía 25 años y todavía estaba soltera. Al verla tan elegantemente vestida, con una chaqueta estilo Chanel, zapatos, bolso, collar, aretes, pañuelo y gafas acordes a la época, se pudiera pensar que era una joven perteneciente a la pequeña o mediana burguesía.
Pero no. Lucrecia se compraba la ropa con el dinero que ya ganaba, trabajando en los archivos del comité nacional del Partido Socialista Popular (PSP), en Carlos III entre Oquendo y Marqués González. Su padre, Armando López, era tabaquero y murió de un infarto durante una discusión sindical. Su madre, Rosa Vega, fue una ama de casa que crió a seis hijos, tres varones y tres hembras y hasta su muerte cuidó a su progenitora, que murió de 95 años. Una familia humilde que vivía en la accesoria de un solar, en la calle Hospital, Centro Habana.
Yo era hija única y también de procedencia humilde. Mi padre, José Manuel Quintero, combinaba su oficio de barbero ambulante con el de guardaespaldas de Blas Roca Calderío, secretario general del PSP. Y mi madre, Carmen Antúnez, de origen campesino, se dedicaba a los quehaceres del hogar. Vivíamos en el barrio El Pilar, Cerro.
El jumper de cuadros y la blusa blanca que llevo puestos me los hicieron mis tías paternas, modistas de profesión. Los zapatos de charol, las medias blancas, la carterita y los lazos en el pelo estaban al alcance de cualquiera, por muy modesto que fuera su nivel de vida.
Entonces, quienes no podían comprarse la ropa vendida en las tiendas -como la exhibida en las vidrieras de El Encanto, con las últimas tendencias de la moda en París, Londres o Nueva York- iban a la calle Muralla, en la Habana Vieja, donde se concentraban almacenes con un gran surtido de tejidos, encajes, hilos, botones, a precios módicos. Y adquirían unas yardas de tela y todo lo que necesitaran para confeccionar uno mismo o su costurera, un vestido igual al mostrado en una tienda o en una revista o catálogo de moda.
En el post De una dama habanera y su familia , publicado en enero de 2010 en el blog Desde La Habana, pueden verse fotos de Alina Johnson de Menocal, mujer perteneciente a la alta sociedad cubana.
Las he traído a colación porque fueron hechas en la década de 1940. Y a pesar de la diferencia de clase social y de raza, puede constatarse que antes de 1959, se fuera rico o se fuera pobre, los habaneros vestíamos correctamente. Incluso con elegancia, como Lucrecia en esa foto, que nada tiene que envidiarle al vestuario de una aristócrata.

Art OnCuba, entrevista a diseñadores cubanos (video)

A propósito de la primera Bienal de Diseño que se celebró en La Habana del 12 al 14 de mayo de 2016, Art OnCuba entrevistó a algunos diseñadores cubanos.

Bocetos de maría Elena Molinet.

bocetos de María Elena Molinet

Algunos de los bocetos producidos por María Elena Molinet para el cine:

Boceto de diseño de traje para el segundo cuento de la película Lucía. Imagen tomada de La jiribilla.

Boceto de diseño de traje para el segundo cuento de la película Lucía. Imagen tomada de La jiribilla.

Boceto de traje para la película María Antonia. Imagen tomada de La Jiribilla.

Boceto de traje para la película María Antonia. Imagen tomada de La Jiribilla.

María Antonia

Boceto de traje para la película María Antonia. Imagen tomada de La jiribilla.

Ver más imágenes aquí.

Chanel en La Habana

el problema no es de la moda mundial . . .

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El desfile. Imagen tomada de CNN.

. . . ni de que haya tan mala memoria . . . (Silvio Rodríguez)

En lo que va de año, tres eventos organizados en Cuba han insertado a la isla en el mercado global: la visita del presidente Obama, el concierto de los Rolling Stones, y el desfile de la colección Cruise de Chanel. Si bien a corto plazo esta inserción es apenas simbólica, queremos creer que a largo plazo lo será de manera más real y provechosa para todos.

Tirios y Troyanos coinciden en que la visita del presidente Obama a Cuba consolidó negociaciones que, entre otras cosas, representan la posibilidad de que el gobierno de la isla obtenga financiamiento e inversiones que ayudarían a desarrollar la economía nacional y que, por tanto, contribuirían de cierto modo a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. El jefe de gobierno de los Estados Unidos se dirigió a los cubanos en todas sus declaraciones e incluyó itinerarios en los que intercambió con diversos representantes de la sociedad cubana: cenó en un restaurante privado, asistió a un multitudinario juego de pelota, participó en varios encuentros con cubanos “de a pie” en los que no faltaron miembros de la sociedad civil opositora.

Asimismo, la celebración del concierto de los Rolling Stones en la Ciudad Deportiva ofreció al pueblo un espectáculo para muchos memorable. Redimió, además, aunque a destiempo, a los aficionados a la música rock, perseguidos en décadas pasadas por el gobierno cubano, que declaró a esta música constituía un arma del “diversionismo ideológico”.

A diferencia de la visita de Obama y del concierto de la banda de rock inglesa, el desfile de la casa Chanel en el Paseo del Prado fue un evento privado. Ni siquiera la prensa nacional fue invitada a cubrir el acontecimiento, según Diario de Cuba. Los cubanos, salvo la minoría que participó como personal de apoyo (choferes de almendrones, personal de seguridad y edecanes, sobre todo) o la élite política invitada, fueron acordonados a varias cuadras de distancia de las famosas modelos para impedirles acercarse a la fiesta. Unos pocos sirvieron de escenografía pintoresca para alguna que otra foto, mas terminaron siendo desplazados de las cámaras y comentarios de le prensa internacional por la flota de coloridos almendrones en que se desplazó la comitiva.

El desfile de Chanel tuvo lugar en una Habana sin cubanos, una ciudad de utilería que quienes toman las decisiones en Cuba pusieron a disposición del gremio de la moda mundial. Sin consultas ni avisos, con el poder de decidir y de actuar de quienes se saben dueños. Ninguno de ellos ha vestido, en mucho tiempo, el uniforme verdeolivo, y si alguna vez se deciden a usar la boina del “guerrillero heroico” será porque ahora tiene el sello de Chanel.

El afterparty. Screen capture del perfil de Instagram de Jakerosenberg.

El afterparty. Screen capture del perfil de Instagram de Jakerosenberg.

UMAP

los inventos, la moda y las UMAPs

Imagen tomada de internet.

Imagen tomada de internet.

En el número 44 de Cuban Studies, entrevista realizada por Abel Sierra Madero a una de las psicólogas que trabajó en la rehabilitación de los homosexuales recluidos en la UMAP:

Esos que tenían conducta tan aspaventosa, ellos hacían allí concursos y nos invitaban a nosotros— los guardias no se tenían que enterar: rompían los mosquiteros, raspaban los ladrillos para echarse en la cara, raspaban las cazuelas para pintarse el pelo de negro, se hacían tremendos trajes con los mosquiteros y hacían desfiles de moda.

Ver dossier con artículos sobre las UMAP publicado por la prensa cubana, preparado por Manuel Zayas.

También en el número 44 de Cuban Studies, en el artículo de Sierra Madero “‘El trabajo os hará hombres.’ Masculinización nacional, trabajo forzado y control social en Cuba durante los años sesenta”:

 La “comunidad” homoerótica dentro de las UMAP desarrolló varias estrategias para contrarrestar el proceso de masculinización surgió una especie teatro de resistencia en las algunas unidades. Las “locas”, dice Santiago, hacían shows de travestis en los que se representaban películas mejicanas y algunos imitaban a las vedetes nacionales como Rosa Fornés y las del ámbito internacional como Tongolele, Ninón Sevilla y Carmen Miranda. La creatividad era tal que teñían mosquiteros con sustancias médicas como el mercurocromo, violeta genciana y azul de metileno. De esta manera decoraban el rústico escenario y se auxiliaban de otros materiales como sacos de yute y sogas para hacer pelucas, manillas hechas de semillas, latas de aceite en función de tambores y se maquillaban las pestañas con betún negro para limpiar zapatos y la sombra la recolectaban del hollín de las cazuelas, polvo de ladrillo. (Sierra Madero: 336)

 

uniforme verdeolivo. Celia Sánchez, Fidel Castro

la diplomacia de la moda

Foto de la cena de estado ofrecida por el presidente Raúl Castro al matrimonio Obama en el  Palacio de la Revolución. Imagen tomada de internet.

Raúl Castro y el matrimonio Obama, durante  la cena de estado ofrecida por el presidente Raúl Castro al presidente Obama en el Palacio de la Revolución. Marzo de 2016. Imagen tomada de internet.

Según la biógrafa de Celia Sánchez, a su llegada a La Habana al triunfo de la revolución ésta se fue de compras a El Encanto. Adquirió cuatro vestidos, uno de ellos de seda azul marino con lunares blancos, y varios pares de zapatos de tacón y puntera, pensando quizás en una posible coronación como Primera Dama. La Habana, explica la biógrafa, esperaba a una guerrillera veterana. Celia Sánchez se presentó, en cambio, como una dama fina y elegante. Así también la conoció, en un cóctel, el escritor Miguel Barnet, quien confesó luego que quedó impresionado con la elegancia de la guerrillera.

Una foto de Raúl Corrales tomada en Abril de 1959 en Nueva York muestra a Celia Sánchez al teléfono, vestida con un traje entallado y adornada con un llamativo collar. Días antes se la había visto, en la recepción ofrecida por la embajada cubana, luciendo un vestido de gala y un peinado con tocado, junto a un elegante Fidel Castro en traje civil. Sin embargo, las demás fotos del recorrido de la delegación cubana en los Estados Unidos muestran a Fidel Castro y a Celia en el uniforme verde olivo que desde entonces siempre los identificará. Nunca más usó Celia sus vestidos de El Encanto salvo, quizás, en una rara fotografía de Korda tomada en la sala de su casa, conservada en la Universidad de Duke.

Cincuenta y siete años después, cuando el primer jefe de estado norteamericano que visita La Habana en la era post-revolucionaria aterrizó en la isla, la Primera Dama de los Estados Unidos saludó a los cubanos desde la puerta del Air Force One vestida por la venezolana Carolina Herrera. Durante ninguna de sus apariciones públicas en Cuba, en las que exhibió otros tres modelos diferentes, se vio a Michelle Obama con un traje diseñado por un cubano-americano. Tampoco se le vieron muestras exageradas de lujo o elegancia.

Los medios de comunicación de casi todo el hemisferio llevaban días tratando de adivinar quiénes serían los modistos elegidos por la Primera Dama durante su histórica visita a Cuba, pues se conoce su costumbre de agasajar a anfitriones y huéspedes extranjeros con trajes diseñados por ciudadanos norteamericanos nacidos en el país de los interlocutores. Resultaba entonces lógico pensar que Mrs. Obama desplegaría su diplomacia de la moda en Cuba, teniendo en cuenta, además, la inclinación de la Primera Dama por los diseñadores cubano-americanos –fue Isabel Toledo quien diseñó su vestido para la toma de posesión presidencial en el año 2008.

Es curioso que los Obamas hayan dejado pasar la ocasión de ofrecer otro simbólico guiño a la comunidad cubana en el exilio, a la que el presidente de los Estados Unidos dedicó, sin embargo, los minutos finales de su brillante discurso en el Gran Teatro de La Habana, admitiendo que gracias a dicha comunidad pudo llevarse a buen término la apertura diplomática hacia Cuba impulsada por su administración. Bien hubiera podido Michelle Obama mostrarse en Cuba vistiendo un traje diseñado por algún modisto cubano del exilio.

h/t Odette Casamayor, que puso el tema sobre el tapete en su muro de Facebook y me dio entrada en la conversación.

uniforme verdeolivo. Celia Sánchez, Fidel Castro

Celia Sánchez y Fidel Castro en uniforme verdeolivo. Imagen tomada de internet.

trajes de baño Nicolita

 

Do you hate when your bikini bottoms dig into your hips? Have no fear, Nicolita NO PINCH FIT Cuban Style Bottoms are here!!

Así se anuncia la marca de trajes de baño Nicolita, de la californiana Nicole di Rocco, hija de emigrantes cubanos. Para buscar inspiración, Nicole se fue a Cuba, viaje durante el que filmó el documental Pastport Cuba, cuyo trailer he enlazado y que puede adquirirse desde la página de la diseñadora. Allí se muestra, también, una sesión de fotos ambientada en la isla en donde, por supuesto, no falta el almendrón:

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Tomado de la página de Nicolita. 2011.

 

Cuquitas de Gertrudis Rivalta.

las cuquitas de Gertrudis Rivalta

Cuquitas de Gertrudis Rivalta.

Cuquitas de Gertrudis Rivalta.

Ángeles de la Torre y Lucía Cintas sobre la obra de Gertrudis Rivalta:

¿Qué ha estado buscando Cuquita-Gertrudis? ¿Qué busca? Y nos lo dice:
La medida de uno mismo.
Y para mayor evidencia sitúa en unos teatrillos de papel,frágil como el mundo de lo ilusorio, la figura que se manipula fácilmente y con la que se juega sin que,desde esa perspectiva cartesiana,pueda ella intervenir para nada (Cuquita). Como consecuencia de esa visión separada del todo a causa del yo, ilusorio y permanente, Cuquita vive mirando hacia fuera y se mide y se compara. Con todo. Con todos. Y se busca,busca su yo identitario permanente en todo y en todos. Y sufre y se pierde.Y Gertrudis mide a Cuquita con todo.Y en eso radica su ilusoria búsqueda.
Y Cuquita no “ve”: sus ojos están tapados. Y no puede hacer nada: sus manos están a la espalda. Aunque sean múltiples dedos en aparentes múltiples manos, que son la misma, que son una. Cuquita escucha las voces y los ecos y surge Matriuska,otra ilusión con otro color que tampoco le puede dar la medida porque es un reflejo equivocado, y por lo tanto no le puede ayudar. La solución para Cuquita-Gertrudis es adentrarse, ensimismarse.Investigar hasta descubrir cuál es la razón,la causa que le lleva a medirse. Siempre en el gran teatro de la vida. En el laberinto de la vida.Tratando de alcanzar un yo permanente que le dé seguridad,que elimine los automáticos e involuntarios miedos. Al final del recorrido,del paso por todos los escenarios de todos los teatros, de todas las vueltas y revueltas se ha des-ilusionado y ha encontrado lo que cada uno debe encontrar. Y no lo define, pero…

Ver un dossier sobre la obra de Gertrudis Rivalta.

camisetas perro

camisetas Perro

identidad corporativa de las camisetas perro

Sobre de correos con la identidad corporativa de las camisetas Perro. 1960s. Colección Cuba Material.

Cuando mi tía abuela se casó con un técnico inglés que trabajaba en Cuba en los tempranos 1960s, era secretaria en la fábrica de camisetas Perro. Poco después se mudó a Londres. En este sobre recibió la confirmación de su renuncia a su puesto laboral.

Esta famosa marca prerevolucionaria fue registrada en el registro de marcas y patentes cubano en el año 1979, siendo aprobada como marca en 1981.

Marca PERRO
     F.solicitud 10/04/1979
Camisetas atléticas de hombre, joven y niño
    Titular EMPRESA DE CONFECCIONES PUNTEX
     Estado administrativo Concedida desde 24/11/81
     Fecha registro 24/11/1981
     Fecha vigencia 10/04/1979
     Fecha expiración 24/11/2016
Hapers Bazaar 1992

los almendrones y la alta costura

Fotografía de Haper's Bazaar. 1992. Imagen tomada de Pinterest.

Fotografía de Haper’s Bazaar. 1992. Imagen tomada de Pinterest.

Hace ya unos días, el periódico español El País publicó el texto “La moda enloquece con Cuba.” No puede describirse mejor el último episodio del no tan nuevo maridaje entre los discursos simbólicos de la industria de la alta costura internacional y la cultura material de la Cuba post-soviética, país donde, sin embargo, se emite desde hace décadas una libreta de racionamiento anual para la adquisición de prendas de vestir que ni siquiera logra satisfacer las necesidades de uniforme escolar.

El compadrazgo entre la alta costura y las representaciones de la isla debutó en 1992, aún cuando ya en la “era soviética” el país se acercó a la industria de la moda internacional al invitar a creadores tan reconocidos como Emilio Pucci y Paco Rabanne, por sólo mencionar algunos de los modistos que visitaron el país en los años 1980s. Sin embargo, durante el período denominado Especial (eufemismo que distinguió a la crisis provocada en Cuba por el desplome del socialismo en Europa del Este y la desintegración de la URSS) se forjó un nuevo vínculo entre la industria de la moda foránea y algunas formas de representación de Cuba y la cubanidad que perduran hasta hoy.

Un lugar preponderante en esta identificación lo ocupan los automóviles clásicos norteamericanos, en gran medida debido a que remiten a un período anterior a 1959, con toda la nostalgia y, sobre todo, el anacronismo que ello implica en un país que, más o menos a partir de ese año, se pasó al bando contrario en el conflicto mundial conocido como la Guerra Fría. Los almendrones, como se les conoce desde hace tiempo en Cuba, constituyen la herencia más conspicua de aquel pasado donde los estrechos vínculos con los Estados Unidos, la relativamente buena salud de una abundante clase media, y las garantías a la gestión y propiedad privadas condujeron a que La Habana tuviera en su momento más Cadillacs per cápita que Nueva York.

Todo parece haber comenzado en mayo de 1992, cuando el editorial “Cuba Libre” de Harper’s Bazaar mostró a la modelo Kara Young sobre un flamante auto clásico descapotable de color rosa pelícano, en una escena con visibles errores de ambientación como el anuncio que se lee en un segundo plano. En la escena, obviamente no construida en Cuba, el único elemento que denota cubanía, más allá de dos ralas palmeras, es la presencia central del almendrón. La revista estadounidense volvió a abordar el tema cubano en 1998 cuando, esta vez sí, envió a las modelos Naomi Campbell y Kate Moss a La Habana, lo que le costó $31,000.00 de multa por infringir los términos del embargo norteamericano a la isla. En esta ocasión, puede verse a las modelos compartiendo escenas de la vida cubana, una de ellas viajando en lo que se intuye como un descapotable que necesariamente tiene que ser antiguo, pues no se importaron automóviles de este tipo con posterioridad. Éste, sin embargo, no se muestra en la imagen, que se concentra en los cabellos revueltos por la brisa, mostrando como fondo una calle habanera.

Algo después, en el 2010, la French Revue de Modes incluyó en su edición de primavera un foto-reportaje de ficción cuyo tema central eran los paseos de una pareja en una Habana ruinosa. En una escena urbana se muestra a la modelo, morena, recostada a un viejo almendrón de alquiler, azul cobalto, en una pose que sin dudas alude al fenómeno dea la prostitución en Cuba. Ese mismo año, Vogue UK 2010 también ambientó en Cuba una sesión de fotos. En “Viva Cuba”, título dado al reportaje, una modelo rubia se pasea por calles rotas, por donde circulan viejos almendrones.

En el 2012, la edición de marzo de Marie Claire France mostró a la modelo Cris Urena combinando lo mejor de la alta costura internacional con el decadente entorno de La Habana, en escenas que también incluyen automóviles clásicos. El reportaje, titulado “Mambo Show”, dice recrear el ambiente de los años 50. También en 2012, la revista Elle mostró a Rihanna viajando en un envejecido almendrón descapotable junto a un modelo que encarna el clásico estereotipo del latin lover latino, en una escena que supuestamente recrea La Habana de 1956. Para la ocasión, la revista produjo un video clip de la cantante en el que también se incluyen almendrones despintados. Ese mismo año, la firma española YERSE ambientó su colección de primavera-verano en una Cuba cuyo elemento más conspicuo parece ser el clásico almendrón. En una de las imágenes, YERSE utiliza como único “soporte” de uno de los pañuelos de su colección el asiento trasero de un auto clásico norteamericano, tapizado con un bien cuidado cuero, cosa poco común en una Cuba por décadas abatida por la escasez.

Al año siguiente, la edición de abril de Cosmopolitan UK colocó a la modelo Michelle McCallum junto a un flamante descapotable rojo. Otras imágenes también la muestran sobre el capó de un almendrón rojo un poco más deteriorado, en cuyo parabrisas puede verse la bandera cubana, o caminando por una calle desolada donde sólo circulan almendrones.

Sin embargo, como anota Begoña Gómez Urzaiz, autora del texto de El País “La moda enloquece…”, en los últimos meses la mentada componenda entre La Habana y la moda parece haber adquirido visos apoteósicos y, con ellos, también el vínculo entre los almendrones y la industria de la alta costura internacional. Está por ver si Karl Lagerfeld, que acaba de anunciar que en mayo próximo tendrá lugar en Cuba el desfile de la colección Crucero 2017 de Chanel, hará desfilar a las modelos sobre descapotables, o las pondrá a caminar en tacones en forma de almendrón, o cualquier otra variante. A día de hoy, las revistas Vanity Fair, en su edición de noviembre -cuya portada ha dedicado a la cantante y modelo Rihanna-, Marie Claire US, en su edición de septiembre, W, en su edición de agosto, y Porter Magazine, en su edición de otoño, todas con sesiones fotográficas ambientadas en una muy deteriorada, y a estas alturas pueblerina, Habana, incluyen en sus fotos al menos un almendrón.

En la última entrega de Vanity Fair, los almendrones llegan incluso a desplazar a la popularísima Rihanna, como se ve en la imagen a dos páginas que encabeza el artículo dedicado a la cantante. En ella, la estrella del mundo del espectáculo, de rojo, se pierde entre las paredes también rojas de un bar de mala muerte, ambos en un segundo plano dominado por un lustroso Lincoln Continental rojo que, según aclara el pie de foto, perteneció a Marta Fernández de Batista, la última Primera Dama que conocieron los cubanos (como también, me dijeron, perteneció a ella el Lincoln Capri de color negro en que una vez me trasladé al aeropuerto).

La revista W, por su parte, no conjuga carísimos diseños de alta costura con automóviles clásicos, pero no deja de incluir una fotografía en donde, sin que se muestre ninguna prenda de vestir, sólo aparece un automóvil clásico. Como si de no dejar ninguna duda sobre la identificación del almendrón con la isla se tratara, la disposición de los diferentes elementos de la fotografía parece sugerir el diseño de la bandera cubana, el rojo almendrón representando el escudo que, ni más ni menos, simboliza la sangre que los patriotas cubanos alguna vez derramaron por la patria.

El capital simbólico acumulado por los autos clásicos antiguos es compartido también tanto por las actrices y modelos que usualmente aparecen en las páginas de las revistas de moda como por la gente común que consume estos medios. Paris Hilton y Naomi CampbellBeyoncé y Jay Z son algunos ejemplos que han inspirado a otros a fabricar en Cuba sus escapadas de ensueño, en las que nunca falta el ubicuo almendrón. Tal es el caso de Suzie y Max, cuya boda, según la propia Suzie, hubiera estado incompleta “without a fleet of classic American cars”.

Los almendrones cargan una gran dosis nostalgia, elemento al que la industria de la moda gusta apelar, contrastando lo nuevo con lo viejo, el hoy con el ayer, el nosotros con el ellos, el imperio con las dependencias de ultramar, la modernidad con las ruinas. Es por ello que no hay en este repaso otra intención que la de anotar el recorrido, más o menos predecible, del encuentro de algunos de los discursos simbólicos de la moda contemporánea con el anacronismo de la cultura material cubana.

 

Fotografía publicada por Vanity Fair. Noviembre del 2015.