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Club nocturno El Avioncito

club nocturno El avioncito

Club El avioncito

Club El avioncito. Vedado. Circa 1977. Imagen tomada de Facebook.

Cuando era niña soñaba con poder al menos asomarme al club El Avioncito. No me dejaban entrar porque, decían mis padres, los menores de edad no podían entrar a ningún centro nocturno y, ya cuando tuve edad para ir a bares, El avioncito había sido desmantelado y retirado del solar entre las calles B y C donde permaneció gran parte de mi infancia. Durante toda ésta, sin embargo, me acostumbré a ubicar cualquier punto de la geografía habanera cercana a la Fuente de la Juventud, del lado donde las calles llevan nombres de letras, con relación a su distancia o cercanía a El avioncito, aún después de que éste fuera removido.

Club nocturno El Avioncito

Club nocturno El Avioncito. Imagen tomada del grupo de FB 3ra y A.

Nota: Una versión de este post se publicó originalmente en enero del 2013 en esta misma página.

El Fogonero: Fidel Castro nunca fue el maquinista de la 61602

Tren local. Trinidad, Cuba. 1997.

Tren local. Trinidad, Cuba. 1997.

En El Fogonero: Fidel Castro nunca fue el maquinista de la 61602:

En un museo de La Habana se exhibe la Locomotora Insignia de los Ferrocarriles de Cuba. Es una M62-K que fue construida en Ucrania en 1975, apenas unos día antes de que entrara en la historia al arribar a la estación de Placetas, en el centro de la isla.
En una placa de broce, fijada a uno de los costados de la máquina, puede leerse: “El Comandante en Jefe Fidel Castro, conduciendo esta locomotora 61602, inauguró el primer tramo Oliver- Calabazas del ferrocarril rápido Habana- Santiago De Cuba, el “Día Ferroviario”. 29 enero de 1975. Año del Primer Congreso”.
Un ferroviario que estuvo allí (fue parte de la operación), Esteban Darias Domínguez, y otro que oyó la historia de testigos presenciales, Graciel Velázquez, sostienen un relato diferente al que cuenta la tarja. Según sus testimonios, quien condujo ese tren realmente fue Papito Villa.
Graciel, que era guardafrenos en ese momento, es uno de los que en verdad saben lo que ocurrió aquel lunes: “El coche motor 2050, un Uerdingen con dos motores Leyland, estaba acoplado a la 61602. Cuando mejor iba marchando el asunto, falla la M62-K, de lo que prácticamente nadie se percató”, dice.
“Papito Villa, maquinista del 2050, lo tenía encendido y con la agilidad y picardía que le caracterizó siempre, fue empujando a la 61602 que Fidel creía conducir como todo un experto. Esa es una de las mejores anécdotas que guardo de mis 20 años en los Ferrocarriles de Cuba”, Asegura Graciel con nostalgia.
En la portada de todos los periódicos cubanos que circularon el martes 30 de enero de 1975, aparece una foto donde Fidel Castro desciende sonriente de la 61602. Desde entonces data la leyenda de una locomotora que siempre se consideró un patrimonio nacional.
Del coche motor 2050 y de Papito Villa no se conservan fotografías.

Leer el resto del texto y ver las imágenes que lo acompañan en El Fogonero.

Sucesos del teatro Villanueva

las Damas de Blanco, la política y la moda

Sucesos del teatro Villanueva. 1969. Imagen tomada de Bohemia en twitter.

Sucesos del teatro Villanueva. 1969. Imagen tomada de Bohemia en twitter.

En 1869, las patriotas criollas exhibieron los colores azul, blanco y rojo de la bandera de Céspedes en las cintas y peinados con que asistieron al teatro Villanueva, en apoyo a la causa independentista. No puede decirse, sin embargo, que en esta acción, como tampoco en otros usos del vestuario como arma política enumerados  más abajo por Enrique del Risco, la ropa haya constituido el elemento de identificación de un movimiento político o partido y, por tanto, su principal y casi único elemento de protesta.

La asociación más coherente y sistemática entre un movimiento de protesta y elementos del vestir corresponde al movimiento de las Damas de Blanco, agrupación de madres y esposas de prisioneros políticos surgida a raíz de la Primavera Negra del 2003. Diario las Américas caracteriza así la simbología del blanco en este grupo: “Damas, porque son mujeres que demuestran su noble ascendencia patriótica con sus valerosos acciones. De blanco, no solo por el color de su vestimenta, sino también por la pureza de sus intenciones en el reclamo de justicia para sus seres queridos.” Sobre dicho movimiento, el ex-prisionero político Arturo Suárez Ramos asegura que fue antecedido por el Comité de Madres y Familiares pro-amnistía Leonor Pérez, que se reunía en la iglesia Santa Rita desde el 2000, vestidas de blanco en verano y de negro en invierno, según Infobae.

En el presidio político, existe el precedente de los llamados “plantados,” quienes para exigir al régimen de Fidel Castro que se les reconociera como prisioneros de conciencia se negaron a vestir el uniforme carcelario, permaneciendo desnudos. También desde los años 1960s, como menciona Enrique del Risco, los testigos de Jehová se han negado a vestir símbolos políticos como la pañoleta de los pioneros. En ambos casos, sin embargo, se trata del rechazo a las políticas impuestas por ciertas instituciones y no de la elección libre del vestuario como discurso, y a la vez elemento de identificación, de una agrupación política.

Otras alianzas de la moda y la política, según Enrique del Risco:

En 1851, a raiz del fusilamiento de Joaquín de Aguero y Aguero y tres de sus compañeros alzados contra España, las mujeres de la aristocracia camagüeyana se cortaron el pelo en señal de luto. Durante la primera guerra mundial, los cocheros se ataviaban en La Habana de colores distintos para indicar que estaban a favor del bando aliado o de la entente. Entre 1933 y 1935 los seguidores del partido ABC desfilaban con camisas verdes imitando a los camisas negras del fascismo italiano y a los camisas pardas del nazismo. Los desfiles de mujeres en Santiago de Cuba en 1957, vestidas de negro para protestar por los asesinatos de la dictadura de Batista. Los famosos batiblancos, como les llamaban a los testigos de Jehová en los 60, convertidos en disidentes por el régimen.

anfiteatro parque lenin

Parque Lenin

Público asistente al concierto de Joan Manuel Serrat en el anfiteatro del Parque Lenin en 1973.

Público asistente al concierto de Joan Manuel Serrat en el anfiteatro del Parque Lenin en 1973.

En Insider: My Hidden Life as a Revolutionary in Cuba, libro de José Luis Llovio-Menéndez publicado en 1988 por Bantam Books:

Against all odds the “greatest park in Latin America” was completed too. The installations were put up exactly as they had originally been planned, including the large open-air movie theater, which was a spectacular failure.

For all my skepticism about the project, not even I ever dreamed what a disaster the theatre would prove to be. It was impossible for audiences to sit for more than five minutes on the grass, because a swarm of hungry mosquitoes would attack any human being they came across. At first the administration arranged periodic spraying, but it finally became clear that the number of spectators was not large enough to make the difficult task worthwhile. Surely anyone would prefer the comfort of a traditional movie house, even if the screen was smaller and the environment much less exotic. Finally, after a year, the humidity in the booth ruined the equipment, and the movie theater failed.

(…)

Cubans really had to want to go to the park to get there. Except for those who had a car–the leaders and a very small percentage of the population–you had to spend hours waiting for the park bus, which ran less frequently than busses on other routes. Even if you succeeded in getting to the park, it was a long trek from one side to the other, since the famous little trip sometimes ran and sometimes didn’t, depending on luck. The shows were not performed very often, and they were unappealing, so the greatest incentive for going to the park was the mosquito-infested restaurants–where at least the service was better than in the city–or the treats such as fine caramels or chocolate kisses that were sold only at the park. But these frivolities were too expensive for the workers. Among themselves, the people changed the name from Lenin Park to “Das Kapital,” because of the amount of money needed to enjoy the park.

The most resounding disappointment was the Dry Pass dam, the only hope for the planned lake and its floating scenery. The dam filled up when it rained, but then the water drained out through the cracks into the subsurface. Engineering efforts by the Ministry of Construction were useless; no matter how many thousands of cubic meters of concrete were poured into the cracks, the water continued to leak out. . . .

Thus, there was no water for the lake. As a kind of consolation, it was filled by a well-pumping system. But then the scenery sank, and with it sank the marvelous dream of watching waterborne spectacles in an atmosphere of historical fantasy. The scenery had to be attached to the bottom of the lake and left motionless in front of the coliseum.

Cubans begun to see the park for what it was: an ostentatious display that mocked their real needs. If the project had not been so showy, if so many millions of pesos and so much energy had not been wasted, and if the people’s priorities had been treated with more respect, they surely would have appreciated the park more.

Still, the park partially fulfilled its goal. Lenin Park offered another recreational option as well as more grist for the propaganda mill. Any foreigner who came to Havana was taken to see one of the largest recreational facilities in Latin America.

As for me, I felt that the park was important for the people, who had so few places to relax or take their children. If it had been built more realistically–an amphitheater that wasn’t a Roman imitation, a cinema screen half the size of this custom-built one, aquaria with standard, not specially-treated, glass instead of Caliber–it might have been affordable for more of the country’s citizens. All the cement, iron, imported materials, and labor that had been mobilized toward this luxury park in an underdeveloped country: It was folly. (Pp. 303-304)

Mi mamá en el anfiteatro del Parque Lenin en 1972.

Mi mamá en el anfiteatro del Parque Lenin en 1972.

 

Edificio López Serrano. 1940.

reparando el edificio López Serrano

lopez serrano copy

Folleto convocando a colaborar con la restauración del edificio López Serrano. 2015. Cortesía de Juan García.

El arquitecto Juan García se afana por conseguir recursos para restaurar, con la participación de los vecinos, el edificio López Serrano, obra mayor del patrimonio art deco cubano. Para ello han lanzado el lema “UNA TRADICION VERDADERA NO ES LA PRESENCIA DE UN PASADO MUERTO, ES UNA FUERZA VIVA Q ANIMA E INFORMA EL PRESENTE.” “Ánimo hay,” me cuenta, “empezamos por eso mismo, por el deseo de muchos de sus moradores de salvarlo, lo aman,” y por eso quieren, dice Juan, “informar más al presente con el recuerdo del pasado, con lo que de valioso tiene, de historia.” Sin embargo, “todo está oscuro aún,” se lamenta, y aunque confía en que “ya amanecerá” quiere recabar toda la ayuda que pueda conseguirse. Por eso, desde las páginas de Cuba Material, llama a todos los interesados en preservar este pedazo de historia y de cultura material cubana, mientras aún se oxidan las cabillas que dejó al aire el hospital Pedro Borrás en su estruendosa y polvorienta caída.

El 30 de marzo tendrá lugar en el Ministerio de la Construcción una presentación del proyecto. Quien desee asistir, o ayudar, puede comunicarse con Juan en el correo electrónico juan.garciaprieto@gmail.com.

Folleto López Serrano 1 copy

Folleto convocando a colaborar con la restauración del edificio López Serrano. 2015. Cortesía de Juan García.

Puede ver aquí un documental sobre el estado actual del edificio.

Lopez Serrano 1940 copy

Edificio López Serrano. 1940.

sillas de salvavidas

Silla salvavidas. 1973. Playa Guanabo, Habana del Este.

Silla salvavidas. 1973. Playa Guanabo, Habana del Este.

De niña solía ir con mi familia a la playa de Guanabo y, menos frecuentemente, a Varadero. Si bien mis más vivos recuerdos de Varadero los identifico con el viaje de dos horas, el puente articulado y el símbolo de la campaña de alfabetización pintado en una de las columnas de su base, y las pizzas de Castel Nuovo, las más gruesas que se vendían en toda Cuba, a Guanabo lo asocio con mosquiteros y el crujir de la madera de nuestra casa por las noches, las hojas de los pinos esparcidas por la arena, y las sillas de los salvavidas, altas altas como los pinos. No queda ya ninguna, como tampoco quedan los pinos que ensuciaban la arena, y a nuestra casa de la playa nadie ha vuelto en muchos años. Pero aquí está la foto de la silla desde donde los salvavidas de Guanabo solían cuidar a los bañistas.

Capitolio La Habana

Duanel Díaz entrevistado por Gerardo Fernández Fe, fragmentos

Foto 2013.

Cúpula del Capitolio. 2013. Imagen tomada de internet.

Gerardo Fernández Fe entrevista, en Diario de Cuba (Una daga entre pingüinos congelados) a Duanel Díaz Infante, a propósito de su último libro, La revolución congelada: Dialécticas del castrismo (Verbum, Madrid, 2014). Los dejo con algunos fragmentos:

P: Entre 1959 y 1970, eso que llamas “periodo romántico de la Revolución Cubana”, se genera una fascinación estética hacia el evento revolucionario; “la más acabada obra artística”, según Luis Pavón. Y aquí volvemos al tópico francés y ruso de que la poesía, la belleza, están en la calle…

R: . . . Cuba no fue en eso una excepción. Ya desde antes del corrimiento hacia el comunismo, era obvio que la diferencia entre la democracia representativa del antiguo régimen y la “democracia directa” del nuevo equivalía no solo a la diferencia entre lo formal y lo real, sino también al contraste entre lo ordinario y lo sublime.

Hace poco, hojeando el libro Gobierno revolucionario cubano. Primeros pasos (Editorial de Ciencias Sociales, 2009), descubrí un detalle revelador. Para la concentración popular que se celebró a raíz de los sucesos de Huber Matos, Castro había mandado que se construyera un puente sobre la entrada del túnel de la Bahía, con el propósito de que la multitud reunida ocupara sin interrupciones desde la terraza norte del Palacio hasta el Malecón. Ello requirió los servicios de varias carpinterías de la ciudad, pero la idea de Castro iba más allá.

Cuenta Luis M. Buch que “En la madrugada del domingo 26 de octubre, [Fidel] visitó las obras en un jeep; interrogó sobre la posibilidad de retirar provisionalmente los árboles de la Avenida de las Misiones para lograr una completa visibilidad de la multitud, pero lo convencieron de que eso era muy difícil y pondría en peligro la vida de los árboles” (p. 294).

Buch incluye esto en una nota al pie, como un detalle anecdótico, pero me parece sumamente significativo de ese kitsch revolucionario de 1959 donde la visión sublime de la masa concentrada y la sed de sangre de la “justicia revolucionaria” son inseparables. Ese fue el acto donde Camilo Cienfuegos recitó los versos de Byrne y la masa pidió, una vez más, “Paredón”.

P: Es sintomático que a partir del año 2000 se produzcan los trabajos fotográficos de Polidori, Moore y Eastman, quienes, cada uno a su manera, se centran en edificios viejos, en autos antiguos, en ruinas, todos de la etapa previa a 1959, en una evidente restauración de una estética que se supondría dejada atrás gracias al empuje de la Revolución…

R: En efecto, aunque ya en los noventa salen los primeros catálogos de fotos, algunos estudiados por Ana Dopico en su ensayo “Picturing Havana”. Me parece que esa estética de la ruina comienza de algún modo con el documental Havana de Jana Bokova, de 1990, en los umbrales del “periodo especial”. No es casual que ahí aparezca una entrevista a Arenas; él fue de los primeros que llamaron la atención sobre la decadencia de La Habana, en sus notas y ensayos escritos en el exilio.

Me interesan Polidori, Moore y Eastman porque en ellos es donde mejor se ve la tendencia al desplazamiento de las personas del primer plano: si en los 60 aparecen las multitudes y los retratos de héroes, en los 90 las cosas, humanizadas por los años de uso. No es restauración de una estética, sino una estética nueva, que la revolución ha hecho posible al sacar a Cuba del mercado capitalista cuatro décadas atrás. Un carro americano, por ejemplo, no tiene el mismo valor estético en los 50, cuando era nuevo, que en los 90, cuando es una reliquia. Solo ahora tiene aura, en el sentido de Benjamin; devuelve la mirada.

P: Y ahora, nada menos que en 2014, se tiende a recomponer lo que en 1968, tras la Ofensiva Revolucionaria, se consideró que se debía suprimir para siempre. Y no me refiero solamente a objetos, a oficios, sino a cierta simbología.

R: Por cierto, hace algunos años en un programa de historia del Canal Habana que se llama o se llamaba “Como me lo contaron”, se habló de la Ofensiva en unos términos bastante críticos. Algo así como: “Mira que ocurrírsele a alguien cerrar los bares y los cabarets en este país…”

El año pasado reabrieron el Sloppy Joe’s, que justamente fue cerrado cuando la Ofensiva. Las paredes están llenas de fotos que ilustran la historia del local, los personajes célebres que pasaron por allí. También se detallan los avatares de la célebre barra de caoba, de la que solo consiguieron recuperar uno de los trozos. Hay en esto, me parece, algo simbólico: es imposible recomponer el precioso jarrón que se rompió en 1968: los oficios, las tradiciones, el estilo que aun sobrevivía; no dentro del orden de cosas actual.

En cuanto a simbología, otro buen ejemplo es la restauración del Capitolio, que está en curso. Vicente Echerri ha llamado la atención sobre un pasaje del libro de Aldo Baroni Cuba, país de poca memoria, donde se describe el gobierno de los “cien días” como “una vergonzosa conga de excesos y raterías en la que el Capitolio se vio obligado a calzar alpargatas y a desgarrarse en lúbricas contorsiones los últimos jirones de su toga deshecha”. Cuenta el periodista italiano que “150 de los acólitos de Grau vivían materialmente en el Capitolio, transformando los salones en dormitorios, los divanes en camas y las mesas bellamente talladas en pesebres”.

En 1959, el Capitolio no fue saqueado; peor aún, fue desconocido. La sede de la legislatura se había movido a otro lugar, que no era un lugar porque pretendía ser todo: el pueblo mismo. A fines de 1960, en sus jardines se celebró una “Feria de la Vaca” que comprendía “cientos de pabellones artísticamente decorados, tómbolas, quioscos, exhibiciones fotográficas murales” (Bohemia, 23 de octubre de 1960). En 1976, hubo otra exposición, “Logros de la ciencia y la técnica soviética”, con camiones, tractores y hasta una reproducción de un spútnik.

Como una anciana inútil a la que se encomiendan labores de poca monta, lo que fuera sede del Senado y de la Cámara de Representantes, quedó para museo. Pero no museo de la República, sino de una historia ajena a las leyes y las constituciones: la de la naturaleza. Ahora quieren restaurar el edificio, eliminar las modificaciones que sufrió cuando fue sede de la Academia de Ciencias, para que sesione allí la Asamblea Nacional. Simbólicamente, es una vuelta a la República, pero sin un reconocimiento del desastre que fue su desmontaje. Se vuelve a la forma, no al contenido. Cuando se instale ahí el Parlamento, el edificio estará más vacío que cuando contenía fósiles, esqueletos de dinosaurios y pingüinos disecados.

P: Curiosamente todo confluye en que, con esos “objetos de melancolía” y ese “turismo revolucionario” de nuevo tipo, pasado por agua, desleído, La Habana sea hoy en día una de las capitales más fotogénicas del mundo.

R: Lo fue en 1959, en la aurora revolucionaria, con los barbudos y las grandes concentraciones de masas. Y lo vuelve a ser a partir de los 90, gracias a esa curiosa “simultaneidad de lo no simultáneo” que ha provocado, paradójicamente, la revolución. Aunque, bien mirado, es solo ahora, en el crepúsculo revolucionario, que la ciudad misma está en primer plano. En 1959 no era La Habana lo que atraía la mirada, sino todo aquello que, por así decir, la amenazaba, la eclipsaba, la tapaba: las grandes concentraciones de masas que ocupaban calles y plazas, la invasión de esa rusticidad sobre una ciudad cosmopolita y disipada que recordaba, desde luego, la toma de Roma por los bárbaros.

estatua de la republica

dos estatuas habaneras

La República, en el Capitolio de La Habana. Imagen tomada de Havana Retro Cuba.

La República, en el Capitolio de La Habana. Imagen tomada de Havana Retro Cuba.

En Opus Habana: Dos rostros, dos estatuas habaneras:

La Universidad de La Habana, por ejemplo, una de las instituciones más antiguas y prestigiosas de su tipo en el continente, posee una verdadera joya escultórica y patrimonial, emplazada en la cima de la escalinata que conduce al Rectorado. Desde su colocación en este sitio, en 1927, el Alma Mater ha prevalecido indemne a toda clase de inclemencias y ha sido testigo de acontecimientos definitorios en el curso histórico del país. Con su rostro de madre bondadosa, ella recibe con los brazos abiertos a todos los hijos que deciden ligar su suerte a las vetustas construcciones que conforman el campus universitario.
De igual forma, el Capitolio, epicentro por excelencia, majestuoso edificio que marcó un hito en el decursar de la ingeniería civil de la pasada centuria —inaugurado en 1929 y por muchos años sede del Congreso—, está presidido por la colosal Estatua de la República, que se ubica en el Salón de los Pasos Perdidos, a escasa distancia del diamante que señaliza el kilómetro cero de las carreteras del país.
Sin embargo, transcurrido casi un siglo, y pese a que ambas obras de arte recorren el mundo en revistas, diccionarios, enciclopedias, souvenirs, guías de turismo…, todavía muchos desconocen que los rostros de estas diosas de imitación griega o romana estuvieron inspirados en dos hermosas criollas que fascinaron a  igual número de artistas foráneos. ¿Cómo se nombraron aquellas musas terrenales?; ¿quiénes fueron, y a qué núcleo social pertenecieron?; ¿por qué fueron elegidas para tales desempeños?; ¿trascendió semejante honor más allá del círculo familiar?; ¿cuál o cuáles damas posaron para los cuerpos de ambas esculturas? Partiendo de estas interrogantes, imbricadas mediante lazos casi invisibles, al menos para la esfera pública, este texto se propone reconstruir el apasionante itinerario y, hasta donde es posible,  despejar incógnitas, al tiempo que sugerir otros abordajes.

Leer el artículo.

la lenin

Escuela Vocacional Lenin

Invitación a la inauguración de la Escuela Vocacional Lenin. 1974. Imagen enviada por Damaris Puñales-Alpízar.

Invitación a la inauguración de la Escuela Vocacional Lenin. 1974. Imagen enviada por Damaris Puñales-Alpízar.

Ayer se cumplieron 40 años de la inauguración de la Escuela Vocacional Lenin, luego convertida en Preuniversitario de Ciencias Exactas y, con mucho, la mejor escuela de enseñanza media del país en los años 1980s, junto con la también de régimen interno Humbolt 7. El 31 de enero de 1974, el Comite Central del Partido Comunista de Cuba fue el anfitrión de la actividad cultural con la que quedaría inaugurado el ambicioso proyecto educativo. Ya he dicho en otro post la visión de progreso tecnológico con que regresé a casa el día que este preuniversitario abrió las puertas a los mejores alumnos de mi escuela secundaria en el Vedado para convencernos de que consideráramos realizar los estudios de enseñanza media superior allí. Muchos de mis amigos lo hicieron, con lo que me despedí, en la mayoría de los casos para siempre, de quienes me habían acompañado en la secundaria y el pre, más dispuestos que yo a soportar el régimen becado.

En el exilio, muchos de mis nuevos amigos cursaron el bachillerato en la Lenin. Cuando se encuentran más de uno, no faltan las preguntas sobre las unidades, los maestros, los años en los que estuvieron internados, los amigos que hicieron, las indisciplinas, las parejas, las exigencias del código disciplinario. En esos casos me consuelo pensando en la libertad de que gocé en mi preuniversitario urbano en el Vedado.

Acto de inauguración de la Escuela Vocacional Lenin. Imagen tomada del muro de FB de Willy Castellanos.

Acto de inauguración de la Escuela Vocacional Lenin. 1974. Imagen tomada del muro de FB de Willy Castellanos.

Dice el periódico Trabajadores:

Ese día se hacía realidad uno de sus grandes sueños [de Fidel Castro]: crear una escuela  vocacional en la que los estudiantes   se vinculaban a círculos de interés   atendidos por otras instituciones interesadas,   para ir formando el amor   hacia diferentes especialidades que   eran de importancia para el desarrollo   económico de nuestro país.

La nueva escuela era una fusión   de la Vocacional de Vento y el Instituto   Preuniversitario Especial Raúl Cepero   Bonilla, ambas con muy buenos profesores,   pero sin todos los recursos para la   formación integral de sus estudiantes.

La Lenin surgía con los más adelantados   laboratorios de física, química   e idiomas, donados por la antigua URSS, teníamos piscinas olímpicas y un tanque de clavados, un gimnasio   con todas las condiciones, un edificio   completo dedicado a la formación cultural,   un teatro y varios anfiteatros,   industrias para vincular el estudio   con el trabajo, etcétera.

Ya la escuela ha logrado 39 graduaciones   y este que trascurre es nuestro   año del aniversario 40. Por parte   de los egresados va estar lleno de actividades   conmemorativas. ¿Pero tiene   para el país (MINED, MES, la propia   escuela Lenin, etcétera) este año la   misma importancia que para los miles   que hemos pasado por ella? Para mi   dolor, al parecer la respuesta es NO.

Aunque hace pocos años la prensa   habló de la importancia de esta escuela   para formar los futuros ingenieros,   científicos (y yo agregaría también dirigentes,   artistas y muchísimos ejemplos   más en todas las esferas), no se ha   hecho nada, o muy poco, por ella. Esto a pesar de ser una de las   pocas escuelas internas que aún tenemos,   lo que podría ser una ventaja   para recibir un apoyo económico institucional   diferenciado.

La realidad es   que incluso muchos estudiantes muy   buenos han dejado de optar por ella,   por sus malas condiciones de vida, lo   que considero una gran derrota. ¿No es posible vincular la escuela   con centros de investigación como el   CIGB, CIM, universidades, industrias,   etcétera, y así poder trabajar por recuperar   el espíritu por el que fue creada?   ¿No es posible que centros del país que   sientan interés en recibir en un futuro   trabajadores con una buena formación,   aporten para que la escuela pueda tener   de nuevo buenos laboratorios? Creo que todos unidos podemos lograr   que la escuela Lenin de nuevo tenga   el esplendor que tuvo y que los jóvenes   al poner en una balanza las ventajas   de estar en un Pre de la calle o acceder   a todas estas posibilidades de estudios,   decidan por esto último.

Yo fui estudiante, profesor de la   Lenin y aún sigo siendo profesor, lo   que me permite tener una visión de ella   desde muchos ángulos. Ahora en la CUJAE   he tenido la oportunidad de recibir   magníficos estudiantes para formarlos   como ingenieros y una buena parte de   ellos son egresados de esa maravillosa   escuela. ¿Dejará de existir este sueño que el   Comandante en Jefe logró hacer realidad?   Me gustaría que, junto con las   autoridades pertinentes, reflexionemos   sobre este tema, encontremos las respuestas   y emprendamos acciones para   revertir esta situación.

Distintivo de la Escuela Vocacional Lenin. Imagen tomada de Generación Asere.

Distintivo de la Escuela Vocacional Lenin. Imagen tomada de Generación Asere.

Revista CUBA

La Rampa, foto-reportaje de 1964

Imagen tomada de Arquitectura Cuba

Imagen tomada de Arquitectura Cuba

En el blog Arquitectura Cuba pueden leer el foto-reportaje que, en 1964, la revista Cuba, dirigida por Lisandro Otero, publicó sobre La Rampa habanera.

Antiguo monumento a Tomás Estrada Palma

política y monumentos

Antiguo monumento a Tomás Estrada Palma, al inicio de la calle G, también conocida como Avenida de los Presidentes. Imagen tomada de Desde La Habana.

Antiguo monumento a Tomás Estrada Palma, al inicio de la calle G, también conocida como Avenida de los Presidentes. Imagen tomada de Desde La Habana.

En los primeros meses de 1959, cuando la revolución encabezada por Fidel Castro trataba de tomar el control absoluto en Cuba, se destruyeron los símbolos más visibles que había dejado la República. Comenzaron por las máquinas tragamonedas y siguieron por las estatuas.

La Avenida de los Presidentes, una rambla que desciende por todo El Vedado hasta desembocar en el mar, fue una de las principales víctimas de esa euforia revolucionaria. Todas y cada una de las estatuas que se habían sembrado allí a lo largo de 50 años fueron derribadas.

La de Tomás Estrada Palma (quien sustituyó a José Martí como Delegado del Partido Revolucionario Cubano y luego se convirtió en el primer Presidente de la República) tuvo un final tragicómico. Cuando lograron tumbar al hombrecito de bronce, sus zapatos se quedaron asidos al mármol.

Durante medio siglo, los zapatos de Estrada Palma han permanecido allí. Si la estatua entera encarnaba un símbolo, su calzado es aún hoy una metáfora. Mientras las hordas derribaban los símbolos del pasado cubano; en la fortaleza de la Cabaña, un argentino se hacía cargo de los que lo habían defendido.

Según se ha podido documentar, Ernesto Guevara fusiló a 167 cubanos en apenas 3 años. 15 en la Sierra Maestra (entre 1957 y 1958), 17 en Santa Clara (del 1 al 3 de enero de 1959) y 135 en la fortaleza de la Cabaña. Sin embargo, varias estatuas le rinden homenaje por toda la isla, sobre todo en la ciudad que posee la isla en el centro. Allí, es un inmenso mausoleo, dicen que descansan sus restos.

En Venezuela, donde tratan de replicar un régimen similar al de Cuba, acaban de derribar una estatua de Che. Esta vez no fue una horda enardecida sino algún contrabandista de metales. Ya deben haber fundido el cuerpo del Comandante, pero sus botas, como los zapatos de Estrada Palma, se quedaron firmes sobre el pedestal.

Ambos actos se parecen mucho. Además del hecho tragicómico que encierran, representan la lucha del presente contra el pasado. Tanto en Venezuela como en Cuba, el primero derribó al segundo.

* * *
En Desde La Habana: Monumentos extraños:

La solemnidad y el culto ciego a los benefactores de carne y hueso -a los simples mortales- no es, precisamente, una virtud reconocible en los habitantes de América Latina. Allá, con tanta música, tanta claridad, con los huracanes y los terremotos emboscados en el mar y en la tierra, perseguidos por una obscena tradición de dictadores y gorilas, las imágenes que se adoran son las de los antepasados, los santos y los artistas.

Las estatuas que más interesan y llaman la atención de los cubanos, por ejemplo, son una que está en lo alto de una avenida de La Habana en la que se conservan los zapatos del primer presidente, Tomás Estrada Palma. Y otra, en la Isla de Pinos, al sur de la capital, levantada en honor a una vaca lechera.

La de los zapatones solitarios se debe a que un grupo de habaneros derrumbó, a golpe de mandarria, en enero de 1959, el monumento al político porque lo consideraron demasiado amigo de Norteamérica. Como los zapatos eran parte de la base de la escultura no los pudieron destrozar. Y ahí están como un homenaje silencioso a la historia criolla del calzado. O a la estupidez.

La orden de inmortalizar a la vaca Ubre Blanca, un cruce de holstein con cebú, se dio al más alto nivel del Gobierno en 1987. El animal murió en esa fecha, unos meses después de que, según la prensa oficial, aportara a la economía nacional 109,5 litros de leche en un día.

John Lennon, cuya música estuvo prohibida en Cuba durante 40 años, consiguió también que le hicieran una escultura sentado en un parque habanero. Pero al artista inglés han tenido que ponerle una guardia de 24 horas porque, durante su primer mes de eternidad en el Caribe, le robaron dos pares de espejuelos.

No se nota por allá una inclinación por la idolatría al bronce estático y al gesto congelado. Pero hay excepciones. Esta semana se anunció en Caracas que en septiembre desvelarán un busto de Fidel Castro frente al edificio de la Asamblea Nacional de Venezuela.

Para que Castro esté a gusto, en la céntrica zona donde aparecerá su figura se ordenará el cierre de un establecimiento de comida basura propiedad de una transnacional estadounidense.

Hay sitios en el mundo alumbrados por una estrella oscura.

Los antepasados, los santos y los artistas recomiendan hielo, agua fría y muchas flores blancas para esa esquina de Caracas. Cosa de que el espacio se refresque y, poco a poco, pacíficamente, se le abran los caminos.

Raúl Rivero

Ver en Cuba Material: monumentos y estatuas ecuestres.

Gran Prix de La Habana. 1958.

Grand Prix de La Habana

Imagen tomada de Sopa de cabilla. 1958.

Gran Prix de La Habana. 1958. Imagen tomada de Sopa de cabilla. 1958.

Sopa de cabilla: Memorias del Grand Prix de La Habana:

 En el año 1956 el gobierno cubano decidio organizar un gran evento automovilistico de Formula 1 en la ciudad de La Habana con el objetivo de atraer al turismo. En el participarian los pilotos mas afamados dle momento, inlcuyendo al legendario argentino Juan Manuel Fangio que en aquel entonces corria con la escuderia italiana Maseratti.

A pesar de no tener las condiciones adecuadas se designo como circuito la Avenida Malecon, en su tramo alrededor del monumento a los fallecido en la explosion del acorazado Maine. Realizar la carrera alli resaltaria el potencias inmobiliario de la avenida, donde a poca distancia ya se habia construido el lujoso hotel Habana Riviera, y los terrenos aledaños ya estaban vendidos a compañias constructoras.

En febrero de 1957 todo estaba listo para celebrar el Grand Prix de la Habana, a pesar que en pocos meses la situacion del pais se habia tornado cada vez mas inestable. Se calcula que en su primera edicion reunio a un publico de aproximadamente 200 mil personas. La carrera fue ganada por al astro argentino al timon de un Maseratti 300s dejando a tras a los Ferraris e sus contrincantes.

Al año siguinte se repitio el evento, ocurriendo dos hechos por los que mayormente se recuerda el Grand Prix. Un comando del Movimiento 26 de Julio secuestro a Fangio que para ese entonces ya habia anunciado su pronto retiro, para impedirle participar en la carrera y llamar la atencion sobre el conflicto que convulsionaba al pais, que para principios de 1958 estaba envuelto en una guerra civil en la zona oriental. Fangio fue liberado poco despues sin mayores consecuencias.

El otro hecho vistio de luto la carrera, siendo una de las mas tragicas en la historia del automovilismo mundial. En una de las vueltas el piloto cubano Armando Garcia Cifuentes se salio de la via con su Ferrari y sebio a la acera a toda velocidad. Las precarias barreras de seguridad no fueron suficientes para detener el bolido que arraso a la multitud, matando a  7 personas e hiriendo a otras 30.

La tercera edicion del Grand Prix fijada para principios de 1959 fue cancelada por la caida del gobierno de Fulgencio Batista y la entrada de las tropas del Ejercito Rebelde a la capital del pais. La conmosion social que se vivia en esos meses hacia intrancendente y casi inviable cualquier evento.

Pero si se continuo en 1960 cambiando su nombre a Gran Premio Libertad. La tragica experiencia de 1958, hizo que los organizadores traladaran el circuito para la pista del Aeropuerto Militar de Columbia en Marianao, menos centrico pero mas seguro. El ganador fue el norteamericano Sterling Moss con un Maseratti Birdcage.

Luego la situacion cada vez mas insegura y el peligro de un conflicto belico, asi como el alto costo organizativo,  disminuyo el interes delas autoridades. En 1961 no se celebraron carreras y las ultimas se efectuaron en 1962 en la Avenida del Puerto. Poco despues estallo la Crisis de los Misiles y el gobierno de Kennedy declaro un bloqueo naval a la isla asi como un embargo comercial. Las esperanzas de un nuevo Grand Prix desaparecieron.

En años posteriores pilotos y organizadores cubanos realizaron el Grand prix de Miami en el circuito de Homestead. La complejidad que fue trayendo el desarrollo de la Formula 1, especialmente en materia de seguridad y costos, la convirtio en exclusividad de unos pocos circuitos.

El malecon habanero continuo siendo escenario de carreras de motociclismo y karting. En sus aguas incluso se celebraron vistosas competencias de Formula 1 Nautica y Motos Acuaticas. En 1997 el campeon de F1 Nikki Lauda participo en un proyecto que buscaba organizar un evento automovilisto en la ciudad para el ano 2000, pero nunca se concreto.

Hoy, bajo las capas del asfalto de La Habana sobre las que hoy ruedan muchos de los mismos autos que entonces, yace sepultada aquella que vio correr a los mejores pilotos del mundo.

Imagen tomada de Sopa de cabilla. 1958.

Gran Prix de La Habana. 1958. Imagen tomada de Sopa de cabilla.

reparto La Yaya

La Yaya. Imagen tomada de On Cuba. 2013.

La Yaya. Imagen tomada de On Cuba. 2013.

Publicado en On Cuba sobre el poblado La Yaya, 240 apartamentos en cinco edificios de microbrigada, inaugurados en 1972 en las montañas del Escambray:

De 61 años, Tiburcia Hernández López: “El 25 de enero fue la primera mudada y ese día vine a conocer el pueblo, y me gustó, y me mudé el 6 de febrero de 1972. Yo vivía en Biajaca, después de aquel valle que ves allá, en una casa de campo. Tenía que pasar el  fango y el río para ir al trabajo. Había viviendas y tierras por esa zona que estaban donde iban a hacer las vaquerías. Estuvimos de acuerdo con venir a vivir aquí. La casa nos la daban con todo. Ya de esas cosas quedan pocas, pero la daban con fogón, juego de muebles, juego de cuarto y, según los miembros del núcleo, daban la cantidad de camas. A mi papá le pagaban una pensión por esa tierra que dejó  y que, cuando  aquello, era de sesenta  y pico de pesos.

“Sí, aquí vivió mucho tiempo Sergio Corrieri y su mamá. Vivieron también la doctora Graziella Pogolotti y Flora Lauten, que fundó un grupo de teatro, La Yaya se llamaba, y en el que  estuvo mi papá. Flora montaba las obras y ellos las hacían. Fueron a La Habana a actuar y cogieron hasta fama por aquí por la zona. Yo vi La Vitrina tonga de veces. Mi esposo tenía un camión y, cuando el grupo Escambray hacía función, nos montábamos y corríamos detrás de ellos para donde fueran”.

De 65 años, Omar Jaime: “Cuando vine en el 72, el pueblo estaba nuevo. Cuando aquello, todo era nuevo, pero al pueblo le pasan los años como a nosotros, que estamos viejos ya. Mira, yo vine aquí porque tenía casa en Las Torres, y  allí iban a hacer una vaquería. Yo no quería venir para acá. Teníamos la tierrita y cuando empezó la empresa La Vitrina, fuimos afectados por las vaquerías. Fíjate que yo ni pago esta casa, ni pienso pagarla, porque yo tenía mi casa allá con todo y no molestaba a nadie. Sí, estos apartamentos hay que pagarlos, pero yo no lo voy a pagar. No estuve de acuerdo con venir. Vine porque decían que mi casa estorbaba. Allá yo criaba y aquí es difícil.

“¿Que te hable del teatro? Habla tú con aquel hombre de la camisa roja que está jugando dominó, Jesús, que él trabajaba en un grupo de teatro”.

De 85 años, Jesús Oliva López: “Yo actuaba en el grupo de teatro La Yaya, que fundó en este pueblo Flora Lauten. Muchos de los actores que estaban ya fallecieron, éramos más o menos 12 personas. El que quisiera podía estar en el grupo. Nosotros aquí hicimos muchas obras, Los dos hermanosLa Vitrina, y más. Había una en que yo era un personaje llamado Iluminado, y mi mujer, que en paz descanse, se llamaba Rosa. Yo me acuerdo que en la obra le decía “Edelmira, cállate que te voy a dar un planazo”. Y fuimos a actuar a La Habana y todo.

“Vivo allí, en la casa 24 del edificio 3. Antes vivía en Los Cocos, eso queda en Barajagua, y nos mudaron para aquí porque el terreno que yo tenía hacía falta para  hacer un plan lechero, y fue una comisión y conversó conmigo para que entregara la tierra. ¿De acuerdo? Sí, estuve de acuerdo”.

La gente vieja de La Yaya recuerda el día en que Fidel se paró en la loma donde ahora está el pueblo y miró el valle, o sea, la parte de Escambray que le quedaba en frente, y dijo que ese era el lugar donde se construiría una empresa para la producción de leche, una empresa tan “transparente como una vitrina” de cristal.

Eso sucedió en el 1970, y dos años después recién se terminaba de construir La Yaya, y la gente que nació en el lugar equivocado, la gente que hoy es gente vieja allí y a la que yo fui buscando, comenzó a mudarse al pueblo.

De acuerdo con la resolución No259/76 del Ministro de La Agricultura, el día  15 de diciembre de 1976 quedó oficialmente constituida la Empresa Pecuaria La Vitrina, cuyo propósito fundamental entonces era la producción de leche.

Las tierras pertenecientes a la empresa serían las tierras donde vivía la gente vieja de La Yaya, y ellos mismos serían los trabajadores de la empresa, y el Escambray empezaría a desarrollarse económicamente como región con uno de sus sectores fundamentales: la ganadería.

Al Escambray se trasladaron grupos de ordeño mecanizado tipo ALFABAL, de procedencia sueca, termos de frío, camiones, cosechadoras. Era esta una empresa pensada para la cría artificial de terneras y la aplicación de inseminación también artificial. Vaquerías por toda esta zona del Escambray. Mucha pangola sembrada, que es adecuada para que el ganado se alimente. Vacas de buenas razas europeas, Holstein y Bronwi Swis, que darían treinta y dos litros de leche diarios cada una.

De 67 años, María Eugenia Álvarez: “Nosotros fuimos de la segunda mudada para acá, hizo el  otro día cuarenta y un años de eso. Yo vivía allá, mira, por aquellas lomas, allá vivíamos nosotros, lejísimo en el campo, en una granja que ahora es una cooperativa. Mi esposo tenía un pedazo de tierra y entonces nos dieron esta casa. Iba una comisión y hablaban con los campesinos, para ver si estaban o no de acuerdo con venir para la  comunidad. Nosotros sí quisimos porque teníamos tres niñas y vivíamos muy lejos en el campo, y la escuela quedaba como a 4 o 5 kilómetros, pero muchos no estaban de acuerdo porque no les gustaba el pueblo. A mí sí, no quería que las niñas pasaran trabajo y le dije a mi esposo “yo me voy”, y nos dieron esta casita con todo dentro, estos muebles, fogones, cama, ropa de cama, todo. Y de aquí no me voy hasta que me saquen para el cementerio.

“Sí, tú dices La Vitrina, la obra, sí, si nosotros fuimos los fundadores de todo eso. Yo y mi esposo trabajábamos en el ordeño mecánico. Esa obra la hizo aquí el grupo Escambray”.   

Monumento a La República. Salón de los pasos perdidos

escultura monumentaria

Monumento a La República. Salón de los pasos perdidos

Monumento a La República. Salón de los pasos perdidos, Capitolio de La Habana. 1931.

En Diario de Cuba: De Ho Chi Min a los espías atómicos:

Cada vez que transito, y lo hago bastante a menudo, por el Parque Acapulco, en la Avenida 26, me resulta chocante el monumento en honor a Ho Chi Minh, colocado como un emplaste en su esquina con la Calle 37. No es que esté en contra de que exista un espacio que recuerde al líder vietnamita, ya que aquí hay espacios hasta para personajes desconocidos por la mayoría, incluyendo los denominados “espías atómicos”, condenados y ajusticiados durante la Guerra Fría en Estados Unidos, sino que el busto, de dorado brillante, y la pirámide esquelética que lo sostiene, no tienen nada que ver con el diseño del parque, con el entorno en que se encuentran y, mucho menos, con el Nuevo Vedado. Es más, no entiendo qué relación existe entre la pirámide y este país asiático: las pirámides, corresponden, principalmente, a las civilizaciones asentadas en Egipto, México y Centroamérica.

Construido en tiempo record por una brigada de Comunales, con el objetivo de agasajar a un importante dirigente vietnamita que visitaría el país, el diseño y ubicación del busto del camarada Minh respondieron a una decisión eminentemente política de carácter coyuntural, sin tener en cuenta la opinión de especialistas en urbanística ni de los vecinos del lugar, si es que fueron consultados, lo cual, a todas luces, parece improbable.

El hecho recuerda una situación similar, cuando también debido a una coyuntura política se ordenó buscar un oficial de origen chino que hubiera participado en la Guerra de Independencia, y pintar a toda prisa un óleo del mismo, para colocarlo en el salón del antiguo Palacio de los Capitanes Generales, donde se encuentran los de importantes próceres, ante la visita inminente del importante dirigente asiático. La pintura fue colocada, aunque para el momento de la visita no había secado totalmente.

Casos parecidos ocurrieron con el General Carlos Roloff, que aquí se considera de origen polaco, y con el Brigadier Henry Reeve, de origen norteamericano, el cual se sacó del olvido para darle apresuradamente nombre a una brigada médica cuando el huracán Katrina, con el objetivo de enviarla a atender a damnificados en Nueva Orleans, algo que nunca sucedió, pues el gobierno de Estados Unidos ni la solicitó ni la aceptó.

No existen dudas de que nuestras autoridades son adictas a estos homenajes y monumentosad hoc, siempre y cuando reporten algún tipo de ganancias. No debe olvidarse el caso del Parque Lenin, para congratular a los soviéticos, cuando estos eran considerados nuestros “hermanos mayores” y gozaban hasta de espacio propio en la Constitución; el del Teatro Karl Marx, en relación con el movimiento comunista internacional y los alemanes de la extinta RDA; la silla-trono ofrecida durante la ya lejana visita del Rey de España, Don Juan Carlos, no aceptada por éste, también en el Palacio de los Capitanes Generales; y la restauración, en el mismo viaje, del apartamento donde había residido el abuelo del Presidente del Gobierno José María Aznar, en la calle San Lázaro.

También nuestro José Martí ha sufrido estos homenajes, con su busto reproducido en serie, colocado en los lugares más absurdos, desde la entrada de un comercio en moneda libremente convertible (CUC), hasta el lobby de un hotel, un taller de reparación de bicicletas, un club o, simplemente, una esquina llena de malezas de cualquier calle. Esto, sin contar los colocados a la entrada de edificios multifamiliares.

Tampoco deben olvidarse las lamentables esculturas del propio Martí en el “tontódromo” antiimperialista y las de algunos personajes latinoamericanos en la Calle G, la antigua Avenida de los Presidentes, cuando la tradición era la de colocar bustos de mandatarios extranjeros en el Parque de La Fraternidad, a un costado del Capitolio, y no en esa Avenida del Vedado

Siguiendo la costumbre, no deberá sorprendernos la aparición, mucho más temprano que tarde, de algún homenaje dedicado al desaparecido presidente bolivariano Hugo Chávez, considerado por las autoridades “el mejor amigo de Cuba”.

Nada, que cuando el respeto a las figuras históricas se diluye y se les rinde homenaje festinadamente, utilizándolas como una especie de moneda de cambio, según dicten las circunstancias políticas, suceden y sucederán éstas y otras aberraciones.