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juguetes: granjas y camiones

juguete Granja

Juguete Granja, exhibido en la exposición Pioneros: Building Cuba’s Socialista Childhood, curada por Meyken Barreto y María A. Cabrera Arús. 17 de septiembre de 2015 – 1 de octubre de 2015. Arnold and Sheila Aronson Galleries, Sheila C. Johnson Design Center. Parsons School of Design, The New School. New York, NY. Colección Cuba Material.

La granjita era uno de mis juguetes preferidos. Ahora pienso que me gustaba porque me transportaba a un mundo diferente del trópico socialista donde vivía. Uno donde había haciendas y granjeros que tenían tractores, camiones y cosechadoras, animales de corral, estanques y pacas de heno. Y donde vivían en mansiones de dos pisos, bien delimitadas por muros de piedra, de las que sólo conocía por la literatura o la televisión.

La “granjita” me gustaba, además, porque tenía 103 piezas, con las podía entretenerme un largo rato. En mi infancia austera, la granjita fue uno de los mejores juguetes que tuve.

* * *

En Hechos de Hoy: Un camión gallego con volquete, el juguete al que aspiraba todo niño cubano, de Camilo Venegas:

Por estos días, una tres décadas atrás, las tiendas de los pueblos de Cuba se llenaban de juguetes. En su afán por cambiar todas las cosas de lugar, la revolución había removido el Día de Reyes para julio, de manera que coincidiera con la celebración de sus más importantes fechas.
Siguiendo los preceptos del igualitarismo, a cada niño nos correspondían tres juguetes: básico, no básico y dirigido. En el 75 o el 76 (estábamos en 3ro. o 4to. grado), por fin alcancé un camión gallego. Me pasé dos horas mirándolo, sin hacer nada con él.
En el Paradero de Camarones, un camión gallego de volteo -o volquete- era el mejor juguete al que se podía aspirar. El Chiqui tenía uno que llegó a cargar toneladas de fango de la zanja de su casa. Cuando el mío se sumó a las obras, reconstruimos por completo aquella vía fluvial, imprescindible en el desagüe durante los temporales. (…)

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Juguete Granja

Juguete Granja. Foto Geandy Pavón. 2015.

Nota. Una versión anterior de esta entrada se publicó en el 2013.

jaboneras

jaboneras

Jaboneras. Colección Cuba Material. Foto Geandy Pavón.

Las jaboneras se utilizan para guardar el jabón cuando se viaja. En el país de mi niñez no se salía nunca de viaje, o casi nunca. Los hoteles eran caros y escasos, el transporte, difícil, y viajar fuera del país, con la normalidad con que se viaja en otras partes del mundo, no era siquiera una posibilidad. Solamente algunos profesionales viajaban al interior por gestiones de trabajo o, en algunas ocasiones, y con mucha suerte, al extranjero. Los estudiantes becados en La Habana o en los países del campo socialista y las personas residentes en La Habana o cualquier otra provincia con familiares en el interior eran los otros dos grupos para los que viajar constituía una alternativa real.

Sin embargo, en casi todas las casas existían jaboneras. Plásticas, por lo general con tapas adornadas con una flor a relieve, como la de la foto, las usábamos cuando, todos los años, desde que ingresábamos a la secundaria básica y hasta que nos graduábamos de la universidad, la dirección de educación de nuestro municipio nos movilizaba como parte del programa de las Escuelas al Campo (también las usarían, supongo, los movilizados del Servicio Militar y la población penitenciaria).

En los años 1970s, para comprar una jabonera era necesario presentar un cupón de la libreta de la canastilla. En mi casa había varias, las rosadas y las azules tenían el mismo diseño y las deben haber comprado cuando mi hermana y yo nacimos. Había también jaboneras más viejas, que mis abuelos o mis padres habrían comprado para cuando viajaran por trabajo o vacaciones a otras regiones del país. Me he encontrado una con un jabón Nácar, de los de entonces, sin usar. Allí permaneció encerrado durante toda la crisis del Período Especial y sólo por eso se ha preservado hasta hoy, cuando las jaboneras no son más que un objeto sin mucha utilidad que aún se conserva en las gavetas y estantes de las casas.

certificado Familia Destacada

certificado familia destacada

Certificado de Familia Destacada. 1976. Cortesía de Gerardo Fernández Fe. Colección Cuba Material.

Este certificado de Familia Destacada que la Dirección Nacional de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) entregó, en 1976, a las familias habaneras que acumulaban méritos de participación en las actividades cederistas y habían, de diversas maneras, demostrado lealtad a “la revolución” iba dirigido, exclusivamente, al “jefe de familia”. Ellos constituían el principal eslabón de transmisión de la ideología oficial a los demás familiares, de los que sólo se esperaba que reprodujeran el libreto.

Pueden ver un certificado similar, emitido en 1975, en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Muy similar a este último es el certificado de Cederista Destacado emitido ese mismo año.

Certificado Cederista Destacado. 1975

Certificado Cederista Destacado. 1975. Cortesía de Gerardo Fernández Fe. Colección Cuba Material.

la salida del país y el inventario de bienes

Sello de la Reforma Urbana. Foto de José Figueroa, tomada del libro

Sello de la Reforma Urbana. Foto “Esta es tu casa Fidel”, de José A. Figueroa, tomada del libro José A. Figueroa: Un autorretrato cubano.

El 11 de febrero de 1960, el nuevo gabinete cubano anunció que las propiedades de quienes abandonaban (o habían abandonado) el país serían confiscadas por el estado. En agosto de 1961, el mismo gabinete anunció que quienes tomaran el camino del exilio solamente podrían llevar consigo una pieza de equipaje. Poco más adelante, la ley reduciría la cantidad de bienes que los cubanos exiliados podían sacar del país a tres mudas de ropa. Todo lo demás pasaría a ser propiedad del estado cubano. El economista Armando Navarro Vega pormenoriza en su libro Cuba, el socialismo y sus éxodos (2013, Bloomington, IN: Palibrio):

Un momento cumbre de este proceso es la realización del “inventario”, recibido usualmente con júbilo por ser un indicador de que el expediente se mueve. El inventario es un registro documentado y pormenorizado de todos los bienes y pertenencias del futuro emigrante, que incluye no sólo el recuento físico o cuantitativo, sino también una valoración del grado de conservación del mismo. Se registra todo, desde un automóvil o el saldo de la cuenta en el banco, hasta los libros, los vasos y las cucharas. A la salida se verifica que nada falta, y que todo se mantiene en el estado en que estaba en el momento en que se inventarió. En caso de pérdida o deterioro de algún bien, o se repone, o no hay viaje. (P. 66)

Llega el momento de “chequear” el inventario, y si todo está bien, la familia sale de la casa con el equipaje que le permiten llevar, y la vivienda es precintada con un sello de la Reforma Urbana, el organismo que controla las viviendas. (P. 67)

Los viajeros saben que el valor total de todo cuanto pueden llevar para iniciar una nueva vida no excederá los 50 pesos cubanos. Algunos tratan inútilmente de esconder los pendientes de la abuela, los anillos de boda, el reloj de leontina que ha permanecido en la familia por tres generaciones, ya sea por su valor monetario o sentimental. De nada vale un ruego o una lágrima, salvo para recibir burlas, insultos o amenazas. Es el último despojo, la última humillación. Entre este momento final y la presentación inicial de la solicitud de salida del país han transcurrido varios años. (P. 67)

televisor Krim-218

Manual de usuario. Televisor Krim 2018.

Manual de usuario. Televisor Krim 218. 1981. Colección Cuba Material.

El televisor Krim-218 de mis abuelos fue adquirido en la ferretería Variedades Vedado el 24 de julio de 1981. Costó 650 pesos. El Certificado de Garantía cubrió los desperfectos del tubo de pantalla por un año y los del resto del equipo por tres meses. Para reparaciones, les correspondía el consolidado de Línea entre 4 y 6, en el Vedado. Hace unos cinco años, mi abuelo y mi mamá decidieron deshacerse del viejo televisor Krim, en el que apenas se veían sombras.

En el 2012 “759,164 televisores en blanco y negro . . ., todos con más de 25 años de explotación”, se encontraban en funcionamiento en Cuba, según censo publicado por Café Fuerte. Para descargar el manual presione aquí.

televisor Krim 218

Certificado de propiedad de televisor Krim 218. 1981. Colección Cuba Material.

de la cerámica aborigen a la cerámica sobre el aborigen

adorno artesania (3) copy

Artesanía cubana de los años 1960s ó 1970s. Colección Cuba Material.

En Zumbado, Héctor. 1988. Kitsch, Kitsch, ¡Bang, Bang! Havana, Cuba: Letras Cubanas (gracias a Enrique del Risco por la fotocopia):

Esos ejemplos que pone Slavov de la producción búlgara nos recuerdan demasiado a la producción cubana con sus temibles animalejos de yeso, las detestables jaretas, vasijas y cazuelas de barro y cerámica, los horribles diablillos y otras obscenidades “folclóricas” que no solamente agreden a los consumidores nativos, sino que también se venden en las tiendas INTUR a turistas extranjeros como exponentes de nuestra artesanía y nuestras cultura; y nos recuerdan también nuestras espantosas flores artificiales y otros adefesios, ¡contra los cuales en Cuba ni siquiera existe una campaña nacional! (p. 32)

Barberito

Cuchilla Barberito.

Cuchilla Barberito. Colección Cuba Material.

No logro entender por qué en mi casa se compraron varios Barberitos. Quizás los vendían convoyados con algún otro producto y no quedó más remedio que comprarlos, pero he encontrado más de uno en mis requisas, y también más de un prospecto con las indicaciones de su uso. Creo que una vez intenté darme unos cortes con él y, posiblemente a cuenta de las cuchillas melladas, me haló más pelos que los que cortó, por lo que desistí de usarlo. Mi abuela sí peló a mi abuelo con uno de estos Barberitos hasta que enfermó y ya no pudo más. Ahora es mi mamá quien lo pela, pero lo hace con tijeras.

barberito

Barberito. Manual de instrucciones. Colección Cuba Material.

barberito

Barberito. Manual de instrucciones. Colección Cuba Material.

 

Material World, por Peter Menzel

Imagen tomada de http://www.teacheroz.com/mwi.htm

La Habana, Cuba. Imagen tomada de internet

El proyecto Material World (1994) documenta las posesiones materiales del entorno doméstico alrededor del mundo. Quienes lo ejecutaron escogían cinco hogares de cinco países y convivían con ellas por una semana. Al final de la misma, fotografían a sus miembros junto a los bienes materiales que poseían, en el exterior de la vivienda. La familia Costa, en La Habana, Cuba, fue una de las escogidas por el fotógrafo Peter Menzel.

El libro Material World: A Global Family Portrait, disponible en Amazon, dice en la sinopsis:

In an unprecedented effort, sixteen of the world’s foremost photographers traveled to thirty nations around the globe to live for a week with families that were statistically average for that nation. At the end of each visit, photographer and family collaborated on a remarkable portrait of the family members outside their home, surrounded by all of their possessions—a few jars and jugs for some, an explosion of electronic gadgetry for others. Vividly portraying the look and feel of the human condition everywhere on Earth, this internationally acclaimed bestseller puts a human face on the issues of population, environment, social justice, and consumption as it illuminates the crucial question facing our species today: Can all six billion of us have all the things we want?

La Habana elegante: Resonancias desde la piel de la manzana roja

Souvenir hecho en la URSS. Comercializado a finales de los años 1980s en Cuba. Foto 2013.

Souvenir hecho en la URSS. Comercializado a finales de los años 1980s en Cuba. Colección Cuba Material.

En La Habana elegante: Resonancias desde la piel de la manzana roja, por Emerio Medina:

Si uno se detiene un poco a examinar lo que nos quedó de la presencia rusa en Cuba, descubriría que estamos rodeados por elementos imprescindibles y variados: medios de transporte, tecnología, vocabulario, nombres propios, cultura cinematográfica, ciertos íconos culturales, abundante literatura impresa (basta revisar los estantes de una biblioteca pública o las colecciones privadas de muchísimos lectores). Para la mayoría de los cubanos de más de 30 años hoy es imposible recordar sus años jóvenes sin evocar un radiorreceptor Rodina o Selena, un televisor Krim o Elektron, una bicicleta Chaika o librosUkrania (más conocida como XBЗ), una cámara fotográfica Zenit o FED, un tocadiscos Ilga, una grabadora VEF o Radiotejnica, las revistas Unión Soviética, Spútnik y Mujer Soviética, un automóvil Lada, Moskvich o Volga, un camión KamAZ, ZIL, GAZ o KpZ, una motocicleta Verjovina, Karpati, Vosjod, Ural, Dniéper o Júpiter, un reloj-pulsera Slava, Raketa o Poljot, un despertador Zariá, una guagua LAZ o PAZ, una lavadora Aurika, una batidora cuya marca nadie nunca supo, un equipo de aire acondicionado BK, una plancha eléctrica de nombre impronunciable, un osito de peluche, una jaba plástica, una escoba del mismo material, un ventilador Orbita inolvidable (se descocotaba, y entonces había que amarrarle el casco del motor con un alambre, y luego se calentaba y el plástico se derretía; se quedaba chamuscado y negruzco pero nunca dejaba de funcionar). Sería imposible privar a la mayoría de los cubanos de una memoria histórica tan fuerte como ésa. (1) Todas las libretas de la escuela se forraban con páginas de la revista Unión Soviética, que eran algo así como el forro ideal por la calidad del papel y los colores de las láminas. . . . El público lector, que tuvo total acceso a las producciones de las editoriales Mir y Progreso en los años setenta y ochenta, recuerda y conserva las colecciones de la época: Ráduga, Planeta. Todavía hoy, a más de veinte años de la caída de Moscú, una gran parte de los cubanos sigue añorando los años en que los dos países compartían un sistema social. Eso es inevitable, si se tiene en cuenta que durante treinta años los cubanos vivimos bajo una influencia total del país soviético. Era imposible, pues, acceder a otra cosa que no fuera un producto de origen ruso: comida (toda clase de enlatados, aceite, granos, arroz, jugos, fórmulas infantiles, harina, pescado, compotas, leche) (3), ropa, efectos eléctricos (prácticamente en exclusiva), publicaciones, películas, series televisivas, automóviles, tecnología en general, materias primas, comunicaciones, equipos de transporte marítimo, aéreo y terrestre. Esa inundación en exclusiva del mercado interno cubano creó una rusomanía tácita que nos dejaría sus huellas para siempre (4). Hoy se puede decir, por ejemplo, que tenemos más de trescientos nombres cubanos modernos que se originan en nombres y sonoridades rusas (5). . . .

Pero hubo un grupo importante de generaciones de cubanos que no solamente recibieron la influencia indirecta de una cultura tan lejana, sino que tuvieron la experiencia de primera mano porque, simplemente, vivieron en la Unión Soviética durante una parte importante de su vida: la primera juventud, esos años imprescindibles de la formación profesional. A ese grupo me referiré, en general, y tomaré mi experiencia personal como ejemplo para ilustrar el impacto que pudo haber causado en un joven de 18 años la exposición a la vida en Rusia o en alguna de las repúblicas que integraban la Unión. Hablaré de eso, y a la vez trataré de hurgar en las posibles influencias de ese impacto en un futuro escritor, como es mi caso.

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carné del CNI

Tarjeta del Centro Nacional de Información

Tarjeta del Centro Nacional de Información. Colección Cuba Material.

“Al conocer todo hecho o indicio de actividad enemiga o antisocial debe llamar al Centro Nacional de Información. La información debe ser objetiva, oportuna y completa.” Así pidió el gobierno cubano, mediante el Centro Nacional de Información. Así fueron instruidos los dirigentes cederistas. De este modo quedó institucionalizado el espionaje doméstico. En cuanto a la “clave” personal, sospecho que, además de encubrir al delator, estimuló la producción de informes . ¿No preferirían muchos pecar por inexactitud antes que mostrarse poco vigilantes o incumplir con su tarea?

La Habana del matrimonio Lewis (Oscar y Ruth)

Estuche de viaje con artículos de tocador

Estuche de viaje con artículos de tocador. 1940s. Colección Cuba Material.

Tomado del Lewis, Oscar, Lewis, Ruth M. and Rigdon, Susan M. 1978. Neighbors. Living the Revolution. An Oral History of Contemporary Cuba. Urbana: University of Illinois Press:

By the late 1960s, Havana was far from the city of privilege it once had been. The heavy downtown traffic, motor and pedestrian, had disappeared; nightclubs, shops and small businesses, many restaurants, concessions, and vendors had been “intervened” (nationalized) and shut down, or reopened on a part-time basis under state management. Tourism was, of course, greatly curtailed. . . . Hotels, private clubs, and beaches were taken over by the National Institute of the Tourist Industry; clubs and beaches were opened to the public and hotel room rents were lowered by as much as $35 a day, making them available to large number of Cubans. (P. xiv)

In 1960, schools, clinics, and rest homes were established in Miramar’s larger vacated residences. The medium and smaller-sized homes became foreign embassies, administrative offices, and dormitories for boarding students on scholarships. . . . Single-family residences and apartments were assigned to visiting dignitaries, foreign technicians working on agricultural or industrial development programs, and diplomatic personnel. In one part of Miramar a small community was established for the families of counterrevolutionaries who were serving time in prison or on work farms. Brought to the city in 1965 at state expense, these families, once numbering 1,000 people, from rural Pinar del Río and Las Villas provinces, were to be “rehabilitated” and integrated into the Revolution while husbands, sons, and fathers underwent the same process un prison.

For the old residents who remained in Miramar, personal lives were turned upside down. . . . They were no longer able . . . to organize landowners’ associations to maintain the appearance of the community, or a private police force to keep “undesirables” from entering the neighborhood. The “undesirables” had moved next door and had taken over the private beaches and clubs. The scholarship children played in the streets, parks, and yards, picked fruit from private gardens, and marched in formation past their homes, singing and shouting slogans of the Revolution as they went. (Pp. xiv-xv)

El matrimonio Lewis identificó cinco principales áreas de cooperación entre los nuevos y antiguos inquilinos: “(1) borrowing food, household items, and tools, and exchanging foods, (2) running errands, shopping or standing in line for one another, and informing each other of items available in the stores, (3) occasionally taking care of each other’s children, (4) working together in block or neighborhood organizations, (5) sharing items of luxury or privilege, such as telephones, automobiles, refrigerators, and small appliances” (p. xxxvi).

Lavatín

Lavatin

Lavatín del Vedado. 1980. Imagen de Margaret Randall.

En los años 1980s el gobierno cubano abrió, en los principales vecindarios de La Habana (desconozco si el proyecto se extendió a las provincias), lavanderías de autoservicio. Cerca de casa de mi abuela abrió un nuevo Lavatín, en una edificación que parece haber sido construida para ello en la avenida 23 entre 2 y 4, en el Vedado.

Mi abuela, que no tenía lavadora en casa desde que la que había comprado antes de 1959 dejó de funcionar, y que como ama de casa nunca tuvo derecho a comprar una lavadora semiautomática soviética, iba con regularidad al Lavatín. La acompañé algunas veces hasta la avenida 23, donde tomaba un taxi que, por 80 centavos, la dejaba, cinco cuadras después, en su destino.

Duró poco este servicio de autolavado. Años después, mi abuela compró una lavadora soviética de uso.

* * *

En Penúltimos Días: Lavatín, autoservicio, texto de Emilio García Montiel inspirado en la canción Sube espuma de Juana Bacallao:

 Tal vez el momento más simpático de esta versión de “Sube espuma” no le corresponda precisamente a Juana Bacallao —menos excéntrica aquí que lo habitual—, sino al brevísimo coro con que la Ritmo Oriental introduce la pieza. La composición de Obdulio Morales, también cantada por Xiomara Alfaro, Armando Orefiche y Ninón Sevilla, resulta, de ello, temporalmente contextualizada —ocurrencia, a no dudar, de la propia Juana— a partir de lo que, probablemente, debió constituir la “novedad” de turno dentro de las exiguas disponibilidades tecnológicas en servicios y bienes de consumo de la Cuba revolucionaria: el autoservicio de lavandería o Lavatín.

En la música bailable posterior a 1970, el tema de estas novedades industriales —o mejor, su tardía aparición o reaparición en la isla, así como su relativa posibilidad de adquisición o uso— provocó estribillos, ciertamente más recordados que memorables, dedicados a la olla de presión (“cómo hace la olla cuando pita: pi, pi; cuando explota: po, po”), a la televisión en colores (“televisión a colores, qué bien se ve”), y a los ómnibus japoneses Hino (“la Hino es una guagua nueva”).

De considerar el tema en lo que bien podría ser su opuesto —la inventiva doméstica ante la consuetudinaria carencia de bienes necesarios— habría que añadir composiciones como “dime dónde quieres que te ponga la barbacoa”, de Los Van Van (muy lejos, sin dudas, de aquel despreocupado “Cemento, ladrillo y arena”, de José Antonio Méndez); “El palito de la alcancía”, de El Guayabero (tanto por la alcancía como por el palito, que llegarían a alcanzar la categoría de “innovaciones”); o “El mechón”, de La Monumental, símbolo más de apagón que de luz. Todo ello, obviamente, en contraste con las utopías de bienestar social y personal aludidas no sólo en piezas al uso como “La nueva escuela”, de Silvio Rodríguez, sino, igualmente, en la muy bailada “Me voy pa’ La Habana”, de Sergio Rivero e interpretada por Los Latinos, quizás una de las que mejor sintetiza —desde el irresoluble tema de La Habana y sus inmigrantes— lo que la maquinaria “moderna” gubernamental llegaría a convertir en la mayor —y acaso única— aspiración de muchas familias cubanas de la época: poseer un “… apartamento en el reparto Alamar, con frío y televisor…”. . . .

Ver texto completo en Penúltimos Días.

cámaras Kiev

manual camera Kiev

Manual de instrucciones de la cámara Kiev-6C TTL. Colección Cuba Material.

Manual de la cámara Kiev 6-C TTL, comprada  en Cuba en 1982. Precio: 202 pesos.

Manual de la cámara Kiev 4 y 4A y certificado de compra.

reparto La Yaya

La Yaya. Imagen tomada de On Cuba. 2013.

La Yaya. Imagen tomada de On Cuba. 2013.

Publicado en On Cuba sobre el poblado La Yaya, 240 apartamentos en cinco edificios de microbrigada, inaugurados en 1972 en las montañas del Escambray:

De 61 años, Tiburcia Hernández López: “El 25 de enero fue la primera mudada y ese día vine a conocer el pueblo, y me gustó, y me mudé el 6 de febrero de 1972. Yo vivía en Biajaca, después de aquel valle que ves allá, en una casa de campo. Tenía que pasar el  fango y el río para ir al trabajo. Había viviendas y tierras por esa zona que estaban donde iban a hacer las vaquerías. Estuvimos de acuerdo con venir a vivir aquí. La casa nos la daban con todo. Ya de esas cosas quedan pocas, pero la daban con fogón, juego de muebles, juego de cuarto y, según los miembros del núcleo, daban la cantidad de camas. A mi papá le pagaban una pensión por esa tierra que dejó  y que, cuando  aquello, era de sesenta  y pico de pesos.

“Sí, aquí vivió mucho tiempo Sergio Corrieri y su mamá. Vivieron también la doctora Graziella Pogolotti y Flora Lauten, que fundó un grupo de teatro, La Yaya se llamaba, y en el que  estuvo mi papá. Flora montaba las obras y ellos las hacían. Fueron a La Habana a actuar y cogieron hasta fama por aquí por la zona. Yo vi La Vitrina tonga de veces. Mi esposo tenía un camión y, cuando el grupo Escambray hacía función, nos montábamos y corríamos detrás de ellos para donde fueran”.

De 65 años, Omar Jaime: “Cuando vine en el 72, el pueblo estaba nuevo. Cuando aquello, todo era nuevo, pero al pueblo le pasan los años como a nosotros, que estamos viejos ya. Mira, yo vine aquí porque tenía casa en Las Torres, y  allí iban a hacer una vaquería. Yo no quería venir para acá. Teníamos la tierrita y cuando empezó la empresa La Vitrina, fuimos afectados por las vaquerías. Fíjate que yo ni pago esta casa, ni pienso pagarla, porque yo tenía mi casa allá con todo y no molestaba a nadie. Sí, estos apartamentos hay que pagarlos, pero yo no lo voy a pagar. No estuve de acuerdo con venir. Vine porque decían que mi casa estorbaba. Allá yo criaba y aquí es difícil.

“¿Que te hable del teatro? Habla tú con aquel hombre de la camisa roja que está jugando dominó, Jesús, que él trabajaba en un grupo de teatro”.

De 85 años, Jesús Oliva López: “Yo actuaba en el grupo de teatro La Yaya, que fundó en este pueblo Flora Lauten. Muchos de los actores que estaban ya fallecieron, éramos más o menos 12 personas. El que quisiera podía estar en el grupo. Nosotros aquí hicimos muchas obras, Los dos hermanosLa Vitrina, y más. Había una en que yo era un personaje llamado Iluminado, y mi mujer, que en paz descanse, se llamaba Rosa. Yo me acuerdo que en la obra le decía “Edelmira, cállate que te voy a dar un planazo”. Y fuimos a actuar a La Habana y todo.

“Vivo allí, en la casa 24 del edificio 3. Antes vivía en Los Cocos, eso queda en Barajagua, y nos mudaron para aquí porque el terreno que yo tenía hacía falta para  hacer un plan lechero, y fue una comisión y conversó conmigo para que entregara la tierra. ¿De acuerdo? Sí, estuve de acuerdo”.

La gente vieja de La Yaya recuerda el día en que Fidel se paró en la loma donde ahora está el pueblo y miró el valle, o sea, la parte de Escambray que le quedaba en frente, y dijo que ese era el lugar donde se construiría una empresa para la producción de leche, una empresa tan “transparente como una vitrina” de cristal.

Eso sucedió en el 1970, y dos años después recién se terminaba de construir La Yaya, y la gente que nació en el lugar equivocado, la gente que hoy es gente vieja allí y a la que yo fui buscando, comenzó a mudarse al pueblo.

De acuerdo con la resolución No259/76 del Ministro de La Agricultura, el día  15 de diciembre de 1976 quedó oficialmente constituida la Empresa Pecuaria La Vitrina, cuyo propósito fundamental entonces era la producción de leche.

Las tierras pertenecientes a la empresa serían las tierras donde vivía la gente vieja de La Yaya, y ellos mismos serían los trabajadores de la empresa, y el Escambray empezaría a desarrollarse económicamente como región con uno de sus sectores fundamentales: la ganadería.

Al Escambray se trasladaron grupos de ordeño mecanizado tipo ALFABAL, de procedencia sueca, termos de frío, camiones, cosechadoras. Era esta una empresa pensada para la cría artificial de terneras y la aplicación de inseminación también artificial. Vaquerías por toda esta zona del Escambray. Mucha pangola sembrada, que es adecuada para que el ganado se alimente. Vacas de buenas razas europeas, Holstein y Bronwi Swis, que darían treinta y dos litros de leche diarios cada una.

De 67 años, María Eugenia Álvarez: “Nosotros fuimos de la segunda mudada para acá, hizo el  otro día cuarenta y un años de eso. Yo vivía allá, mira, por aquellas lomas, allá vivíamos nosotros, lejísimo en el campo, en una granja que ahora es una cooperativa. Mi esposo tenía un pedazo de tierra y entonces nos dieron esta casa. Iba una comisión y hablaban con los campesinos, para ver si estaban o no de acuerdo con venir para la  comunidad. Nosotros sí quisimos porque teníamos tres niñas y vivíamos muy lejos en el campo, y la escuela quedaba como a 4 o 5 kilómetros, pero muchos no estaban de acuerdo porque no les gustaba el pueblo. A mí sí, no quería que las niñas pasaran trabajo y le dije a mi esposo “yo me voy”, y nos dieron esta casita con todo dentro, estos muebles, fogones, cama, ropa de cama, todo. Y de aquí no me voy hasta que me saquen para el cementerio.

“Sí, tú dices La Vitrina, la obra, sí, si nosotros fuimos los fundadores de todo eso. Yo y mi esposo trabajábamos en el ordeño mecánico. Esa obra la hizo aquí el grupo Escambray”.   

radios

Radio Selena. Hecho en la URSS.

Radio Selena. Hecho en la URSS. Imagen tomada de internet.

Era un radio portátil, de dinamo, el que decidía el ritmo del deshije del tabaco en las escuelas al campo de San Juan y Martínez. Estaba envuelto con esparadrapo, para que no se desarmara, y de tiempo en tiempo había que darle vueltas al dinamo para recargar la batería.

En la mesita de noche de mi abuelo siempre había un radio Selena. El de mi casa era de marca Siboney, pero las clases de Educación Musical que recibíamos en la escuela primaria las escuchábamos en un radio de marca Nocturno.

Aunque fueron diseñados en la URSS, el Siboney y el Juvenil 80 se ensamblaban en Cuba, al igual que el Pionero. Cuentan en Facebook que en el preuniversitario de ciencias exactas Lenin, en La Habana, había una línea de producción de radios Juvenil 80, que luego se vendían en las tiendas del gobierno a 120 pesos.

Radio Vef 206. Imagen tomada de Facebook.

Radio Vef 206. Imagen tomada de Facebook.

Radio Juvenil 80.

Radio Juvenil 80. Imagen tomada de internet.

Radio Nocturno. Imagen tomada de Desarraigos provocados.

Radio Nocturno. Imagen tomada de Desarraigos provocados.

Radio/grabadora Vef-Sigma.

Radio/grabadora Vef-Sigma.

Radio Sokol. Imagen tomada de Facebook.

Radio Sokol. Imagen tomada de Facebook.

Enlazo aquí dos páginas (en inglés) sobre los radios de transistores soviéticos y el la fábrica de Latvia donde se producían algunos.

baños

Baño de antigua casa del Vedado. Foto 2012.

Baño de antigua casa del Vedado. Foto 2012.

He visto en Cuba baños recubiertos de mármol, de azulejos y de paredes de cemento; baños con agua fría y caliente y baños sin una gota de agua; baños sin ducha y baños con duchas a donde no sube el agua; baños con indoros que descargan y tienen asentadero y tapa y baños con inodoros que sólo descargan con un cubo de agua; baños grandes como salones de baile y baños pequeños y atestados de cosas; baños para visitantes, antiguos baños de criados, y baños colectivos, compartidos por más de una familia; baños con pinturas al fresco, con coquetas y armarios empotrados, y baños con sólo un inodoro y una pila; baños con espejos y sin ellos; y baños limpios y mugrientos y apestosos. Nada, quizás, distingue más las diferencias sociales en la Cuba de hoy que las condiciones de los baños. Nunca me imaginé, en cambio, que hubiera baños de letrina en capitales de provincia como Victoria de las Tunas.

El de la foto es el baño de la casa de mis abuelos, una casona del Vedado construida en 1911, con techos de viga y losa. Antes, cuando yo era niña, tenía una bañadera de hierro, cuyas patas se fueron sustituyendo, a medida que se rompían, por lomitas de ladrillos, hasta que finalmente todos los ahorros de mi abuelo se covirtieron en una nueva poceta y en el repello del techo, que ya soltaba pedazos del revoque. Cuando era niña, este baño tenía una taza de inodoro blanca, que fuera reemplazada después por una de porcelana azul, fabricada en Cuba, sin orificios para la tapa y el asentadero. Hace tiempo que el mecanismo que permitía descargarla se rompió, por lo que mi abuelo le amarró un hilito que, cada vez que se descarga, cae al agua del tanque. La más reciente adquisición ha sido el lavamanos, que mi mamá compró con lo que ahorra de las remesas que recibe de sus hijas. Eligió un modelo lo más parecido al de su infancia.

H/T: María Paula Gómez Cabrera

género y socialismo

Imagen tomada del libro “Inside Havana“, con fotografías de Andrew Moore, publicado por Chronicle Books, 2002.

Fragmento de la entrevista de Rebeca Monzó, autora del blog Por el ojo de la aguja, publicada en Havana Times:

…En cuanto a la mujer cubana, creo que lo que más la afectó fue la perdida de todas sus comodidades para trabajar en la casa. Espacio a donde llega cansada, a inventar que cocinar, en medio de un mar de carencias que también se extiende a la calle.

Las mujeres cubanas han perdido bastante el gusto por el buen vestir, por la elegancia, por caminar bonito, debido a la falta de referencias, de hecho no pocas han caído  en la vulgaridad.

Te digo que me considero una mujer fuerte, pero para nada digo palabras soeces en público ni acostumbro a usarlas en la intimidad del hogar. No creo que el uso de estas palabras haga a nadie una mujer liberada.

A mi modo de ver, eso se recuperará cuando las condiciones materiales estén al alcance de todos. El hombre, y también la mujer, piensan como viven, aunque algunos digan lo contrario.

Una mejora de las condiciones materiales ayudará a la mujer cubana a sentirse capaz de recuperar el espacio ocupado por las carencias, los miedos y las dependencias espurias….

Pastorita y la Lotería Nacional

Billete de lotería, 1951.

Cuando aún se encontraba enamorado de la revolución cubana, Sartre intentó explicársela al mundo, deteniéndose a explicar incluso el contubernio entre los dineros de la Lotería Nacional y el Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas (INAV), fundado el 18 de febrero de 1959 bajo la dirección de Pastorita Núñez. Desde entonces, los billetes de lotería pasaron a llamarse Bonos de Ahorro y Vivienda.

Cuenta el francés que, enterados del decreto que abolía el juego y la prostitución en Cuba, croupieres y prostitutas se presentaron en el Habana Libre (todavía Habana Hilton), donde Fidel Castro tenía sus oficinas por entonces. Castro les prometió dejar para más adelante los asuntos de orden moral, una vez que tuviera un trabajo diferente que ofrecerles a estos padres y madres de familia, prohibiendo inicialmente sólo las máquinas de juego (traga monedas) y el proxenetismo. El Instituo de la Vivienda se encargaría de administrar la lotería.

Con sus dineros se construyeron los edificios conocidos como Pastorita (pues Pastorita Núñez era la directora del INAV) que antecedieron a las microbrigadas. Los edificios Pastorita, construidos con la técnica de prefabricado, venían equipados con calentador de agua en cada apartamento y garage colectivo en muchos casos. Las paredes de los apartamentos estaban repelladas con yeso, los closets tenían puertas, las mesetas de la cocina formica, y todos poseían un amplio patiecito con lavadero y vertedero.

En uno de esos apartamentos crecí yo, compartiendo el edificio con otras 15 familias distribuidas en cuatro pisos y dos torres de escaleras. Supe por mi bisabuela que, cuando decidió dejar su apartamento de alquiler frente al parque Mariana Grajales para estrenar un reluciente apartamento Pastorita, pidió que el closet del cuarto principal abriera hacia el pasillo en lugar de hacia el cuarto, para que así su enorme escaparate de tres puertas cupiera en el dormitorio principal. Cada uno de los días que viví en aquel apartamento fui consciente de la singularidad de este closet.

Los días no volverán: Por si acaso

Despensa. Foto 2012.

En Los días no volverán:

(…) Abro una gaveta y me encuentro unos espejuelos sin una pata, y cuando pregunto a mis padres por qué los guardan, me dicen con toda la lógica del mundo: por si el tornillito de la pata que queda se puede usar de repuesto. Los frascos vacíos ni se botan ni se reciclan, se acumulan por si hacen falta; algunas medicinas se atesoranpor si escasean cuando se necesiten.

Una batidora nueva, por muy sofisticada que sea, jamás echará a la basura la batidora rusa con el vaso de aluminio. Cuanto más, la desplazará hacia un lugar menos estratégico en la meseta. Y en efecto, mis padres saben lo que hacen: los equipos rusos parecen eternos, irrompibles. Las lavadoras Aurika continúan funcionando, aunque la mayoría esté mutilada -es preferible exprimir la ropa con las manos a cambio de tener un potente ventilador en casa, hecho con el motor de la centrífuga. Y la Aurika de mis padres no se usa porque otra más moderna hace su trabajo, pero está ahí, como la reina vaga de la casa, por si.

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