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morfina

ámpulas inyectables de morfina
ámpulas inyectables de morfina

Envase de ámpulas inyectables de morfina. Hecho en Cuba. MINSAP. Colección Cuba Material.

Cada ámpula de 20 mg de clorhidrato de morfina se vendía, en los años ochenta, a un precio de 30 centavos, bajo receta médica. El envase advertía que “puede causar hábito”. La producía el MINSAP.

ámpulas inyectables de morfina

Envase de ámpulas inyectables de morfina. Hecho en Cuba. MINSAP. Colección Cuba Material.

leche en polvo en paquetes de nylon

Envase de leche en polvo La Lechera
Envase de leche descremada en polvo ECIL

Envase de leche descremada en polvo ECIL. Producida por la Empresa del Combinado Industrial Lácteo (ECIL), hoy Empresa de Productos Lácteos. Colección Cuba Material.

Cuando se vendía leche en polvo en moneda nacional y se podía adquirir por la libreta de abastecimiento, venía envasada en paquetes de nylon. He conseguido dos de éstos, de las marcas ECIL y La Lechera. El diseño e imagen de marca de la leche ECIL remiten a los años setenta. Recuerdo perfectamente, sin embargo, la leche en polvo La Lechera. La consumíamos en los años ochenta, aunque posiblemente se comercializara desde antes.

ECIL es el acrónimo del Combinado Lácteo, empresa fundada en 1971 en la provincia de Las Villas. Es también el nombre con que se conoce el poblado villaclareño El Lácteo, precisamente por la ubicación allí del Combinado de la leche.

La leche descremada en polvo La Lechera se producía, en cambio, en La Habana por la Empresa de Productos Lácteos Metropolitana.

Envase de leche en polvo La Lechera

Envase de leche en polvo descremada La Lechera. Producida por la Empresa de Productos Lácteos Metropolitana. Colección Cuba Material.

estuches de jabones de tocador

Estuche de jabones Aquazul
Estuche de jabones Aquazul

Estuche de jabones Aquazul. 1980s. Colección Cuba Material.

Entre otras cosas, en el mercado paralelo se podían comprar, algunas veces, estuches de jabones de tocador. Algunos eran de fabricación nacional, como los de la línea masculina 5 PM o los de la marca Aquazul. Otros, se importaban de Europa del Este. Tal es el caso de los jabones Nautik, producidos en la RDA.

Estos jabones se compraban, casi siempre, para regalar en ocasiones especiales. A quienes cumplían años, o durante los días de los padres, las madres, o los enamorados, o incluso como detalle de cortesía con un médico a quien se quisiera agradecer.

Por regla general, una vez consumidos los jabones, se guardaban las cajas. Éstas servían para almacenar objetos o, incluso, para adornar coquetas y aparadores. La caja de jabones Nautik fotografiada en esta entrada contuvo, hasta hace pocos días, cintas de pelo importadas de la URSS, en un surtido de variados colores. Las cintas, cuidadosamente dobladas, tenían justo el ancho de la caja de jabones. Quien las guardó en ella tuvo el cuidado de señalizar la caja con el nombre de su nuevo contenido.

Estuche de jabones 5 PM

Estuche de jabones 5 PM. 1980s. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones Nautik

Estuche de jabones Nautik. Hechos en la RDA. Donación de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

crayolas Arcoiris

Estuche de crayolas Arcoiris
Estuche de crayolas Arcoiris

Estuche de crayolas Arcoiris. Hecho en Cuba. 1980s. Donación de Meyken Barreto. Colección Cuba Material.

En Cuba, a los crayones para colorear se les llama crayola, como la marca norteamericana (igual pasa con el detergente de lavar, al que llamamos Fab y los refrigeradores, a los que decimos Frigidaire). Se les llamó así, incluso, durante el período de socialismo de estado, a pesar de la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con los Estados Unidos, del embargo norteamericano, y de la sovietización de la sociedad y la economía cubanas. La marca local Arcoiris identifica correctamente las crayolas como crayones para colorear, aunque utiliza el cubanismo creyones, no reconocido por la RAE.

cold cream Fiesta

Pomo de Cold Cream
Pomo de Cold Cream

Pomo de Cold Cream. 1980s. Colección Cuba Material.

En los años 1960s se emitió una ley que prohibía utilizar nombres en cualquier idioma que no fuera el español en los envases de alimento. El cold cream, sin embargo, continuó llamándose cold cream, a pesar de las políticas más nacionalistas de la era posrevolucionaria. El que se muestra, producido por la Empresa de Perfumería y Jabonería Suchel, fue cubanizado con la marca Fiesta, que atenúa su carácter extranjerizante. El pomo, poco atractivo si se le compara con otros envases de cosméticos de la mima época, incluso con aquellos producidos en Cuba, no deja dudas de que se trata de un producto nacional producido para ser consumido en el país.

Gricín, antimicótico oral

Tabletas antibióticas Gricín
Tabletas antibióticas Gricín

Tabletas antibióticas Gricín. 1980s. Hechas en la RDA. Colección Cuba Material.

El envase de las tabletas antimicóticas Gricín, fabricadas por el laboratorio farmacéutico VEB Arzneimittelwerk Dresden de la antigua RDA, es uno de los pocos envases de medicamentos de la era soviética en la colección de Cuba Material. Estos envases fueron diseñados a partir de normas técnicas, establecidas por la Comisión de Envases del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) de los países del Bloque del Este.

Generación Y: Evocación de los bolos

Envases de productos cánticos del bloque socialista
Envases de productos cánticos del bloque socialista

Envases de productos cánticos del bloque socialista. Imagen tomada de Penúltimos Días.

En Generación Y: Evocación de los bolos:

La lectura del libro “El séptimo secretario” de Michel Heller me ha traído un montón de recuerdos de la “etapa soviética” de esta islita. En ese entonces, yo no pasaba de los quince años y tengo evocaciones muy sensoriales de aquel coloniaje. Rememoro los caramelos y vituallas adquiridos a través del mercado informal que regentaban las esposas de los técnicos soviéticos. Es curioso que no los llamábamos por el gentilicio de la URSS y mucho menos como “camaradas”, sino que usábamos un sustantivo cuya fonética no permitía los detalles. Ellos eran “los bolos”: informes, toscos, un trozo de barro sin trabajar; macizos y sin gracia; capaces de fabricar una lavadora que gastaba la electricidad destinada a toda una casa, pero que -todavía hoy- funciona en no pocos hogares cubanos.

Muchos de nuestros padres habían estudiado o trabajado en la URSS, pero nosotros no conocíamos la sopa borsht ni nos gustaba el vodka, así que todo lo “soviético” nos parecía pasado de moda, rígido y cheo. Lo que nos paralizaba de ellos era el poder osuno que emanaba de sus gestos, la advertencia velada de que ellos sostenían nuestro “paraíso” caribeño.

Aquella mezcla de temor y burla que nos generaban los bolos todavía se mantiene. Si ahora mismo un turista que pasea por la ciudad no quiere ser molestado por los continuos vendedores de tabacos, sexo y ron, sólo debe musitar algo como “Tavarich”, “Niet ponimayo” y el asustado mercader se esfumará.

envases

pinturas siboney
pinturas siboney

Envase de pintura Siboney. Colección Cuba Material.

En Beltrán, Félix. 1984. Acerca del diseño. Havana, Cuba: Letras Cubanas:

Uno de los primeros envases comerciales de cálida fabricados en Cuba es la caja de tabaco. Desde el terminado del cedro hasta las litografías de indios, planas, hermosas mujeres y románticas parejas. Es un envase de acuerdo con la sensualidad aromática del tabaco cubano.

Actualmente estamos fabricando muchos productos que antes importábamos. En otros casos se está mejorando el diseño d productos viejos, como en el caso de las cajitas de fósforos, con sus variados diseños geométricos. El Departamento de Estudios de Productos del Ministerio de Industrias ha diseñado envases y etiquetas para una gran variedad de productos nacionales y de exportación. En muchos casos existen envase tradicionales, asociados durante años al producto por los consumidores, como ocurre con muchas marcas de cigarros y tabacos. En esos casos se ha mantenido el nombre del producto y parte de las formase colores del envase anterior. Esto es resultado de la necesidad de continuar manteniendo la asociación tradicional del producto con su envase y su nombre. Se han eliminado detalles innecesarios del diseño, y se han ordenado las formas conocidas, haciendo el envase más deseable y elegante.

Otro caso es la caja de lápices para profesionales: no es necesario leer el texto para conocer su contenido. Basta con ver el papel de planos, la regla T y el cartabón que aparece por ambos lados del envase.

La caja de colores para niños presenta varios niños jugando con lápices de colores. Aquí también se identifica fácilmente el producto por el envase. El nombre también es explícito: Pionero. (P. 102)

ajedrez

ajedrez batos
ajedrez batos

Caja de ajedrez donde unos balseros cubanos guardaron los documentos de la lancha en que salieron de Cuba. 2013. Cortesía de Vanessa Vallejo.

El ajedrez que sé me lo enseñó mi abuelo cuando niña,  los fines de semana que pasaba en su casa. No recuerdo haberlo visto enseñándole ajedrez a mi hermana, pero a mí, que me gustaba estar siempre con él, me enseñaba todo lo que se le ocurría. Solíamos jugar en un tablero viejo y con unas fichas de madera, afelpadas en la base, hasta que me aburrí.

En casa de mi abuelo hay muchos juegos de ajedrez. No sé por qué ha comprado tantos. El más común, el Batos que viene en una caja plástica con tapa deslizable, lo tiene en dos combinaciones de colores: piezas negras y blancas, y piezas carmelitas y blancas. Nunca he jugado con estas piezas, pero una vez la esposa de mi tío me mandó con mis padres a la escuela al campo una natilla de chocolate envasada en una de las cajas.

El año pasado, el suegro de mi amiga Vanessa se encontró en las playas de Miami una caja de ajedrez Batos –blanca, a diferencia de la de la natillas que me enviaron a la escuela al campo, que era de color rosado. Dentro encontró los papeles de una embarcación en la que acababan de llegar unos balseros.

Eduardo del Llano: Chucherías

Envase de caramelos surtidos Parque Lenin
Envase de caramelos surtidos Parque Lenin

Envase de caramelos surtidos Parque Lenin. Colección Cuba Material.

Eduardo del Llano: Chucherías:

(…)

No tuvimos chicle. Esa mierdita olorosa venía a ser, para quienes nos educaban, un comprimido de sociedad de consumo, una píldora venenosa que, nada más masticarla, te envenenaba la sangre de capitalismo de alto octanaje. Un recuerdo que habla por sí solo (y que estoy seguro compartirán muchos coetáneos) ha de ser de 1970, año más o menos: la primera vez que tuve un chicle en la boca. Sólo que, antes de llegar a la mía, había pasado por las bocas de una decena de niños del aula, partiendo de una matriz que debió ser el hijo de alguien que viajaba; lo que mastiqué, entonces, fue una cosa insípida, inficionada por restos de comidas ajenas. Luego, ya pasando la secundaria en la Lenin, quien viajó fue mi padre… a la URSS, de donde trajo unos chicles Adams fabricados allá (¡!) que ahorré cuanto pude: inauguraba una tableta el domingo por la noche, a la entrada del pase, y lo conservaba durante toda la semana, pegándola bajo la taquilla, como un moco, a la hora de dormir, y recobrándola a la mañana siguiente.

(…)

Como ocurrió con la utopía, la calidad y la presentación de las golosinas fue decayendo. Los caramelos degeneraron de paquetes de unidades primorosamente envueltas a una masa pringosa que se vendía por el peso. El chocolate dejó de tener una denominación concreta. Aparecieron los Extrusos de maíz (debe ser difícil encontrar un nombre comercial más espantoso, probablemente obra del mismo estro sutil que más tarde creó las Tiendas de Recuperación de Divisas) que la gente bautizó Chicoticos, hasta que terminaron por llamarse así. Pero eso fue bien avanzados los ochenta, y ya yo contaba veinticinco años o más.

Reportaje a la vinagreta, Noticiero ICAIC

 

Noticiero ICAIC número 1459, de 1989, realizado por Francisco Pufial.

Desodoral

Desodorante líquido Desodoral

Desodorante líquido Desodoral. Hecho en Cuba. Colección Cuba Material.

Cuando era niña, mi abuelo solía mandar a hacer el desodorante a la farmacia. El compuesto, me decía, era mejor que cualquiera de los productos que se vendían en las tiendas. Sólo que era muy líquido, y costaba trabajo aplicarse aquel desodorante, pese a que mi abuela lo envasaba en unos pomos plásticos con boca de perilla que, si se apretaban o exprimían, dejaban salir un pequeño chorro de desodorante. Debía uno entonces soplarse las exilas o airearlas por un rato para que se secara, antes de vestirse.

Existía muy poca diferencia entre el líquido que mandaba a hacer mi abuelo a la farmacia y el preparado industrial que se vendía en los comercios cubanos en los años 1970s y 1980s bajo la marca Desodoral. Ambos tenían la misma apariencia de mejunje, la misma consistencia aguada. A ambos había que re-envasarlos en otro recipiente con tapa que controlara la cantidad de líquido que dejaba salir, para evitar que, al usarlo, el desodorante se botara.

cepillo de dientes Ideal

Envase de cepillo de dientes Ideal
Envase de cepillo de dientes Ideal

Envase de cepillo de dientes Ideal. 1960s. Colección Cuba Material.

Crecí sin saber que el cepillo de dientes debía sustituirse cada tres meses y que alguna vez en la Cuba postrevolucionaria se fabricaron envases para estos cepillos.

* * *

Virgilio Piñera, en carta a su amigo Humberto, el 2 de octubre de 1963:

Hoy estoy un poco más animado. Dirás, ¿por qué? Pues recibí desde Londres un cepillo de dientes de nylon. No puedes imaginar el valor que tiene para nosotros cualquier bobería de esas. ¡Un cepillo! Es todo un mundo. El que tenía ¿te acuerdas? comprado en Buenos Aires ya era un fleco, y los que venden acá se rompen al día siguiente. (En Virgilio Piñera, de vuelta y vuelta. Correspondencia 1932-1978, p.235)

Envase de cepillo de dientes Ideal

Envase de cepillo de dientes Ideal. 1960s. Colección Cuba Material.

colecciones

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Imagen promocional de la mayonesa Doña Delicias
Imagen tomada de Collectibles Havana.

Imagen promocional de la mayonesa Doña Delicias. 1950s. Imagen tomada de Collectibles Havana.

En Alejo3399: La colección:

Cuando se reúne una familia cubana, en cumpleaños, bodas o tomadera sin motivo definido, aflora siempre el recuerdo del picadillo de cáscara de plátanos y el baño con un trapo untado en alcohol del Período Especial. De aquella época es también la colección. Y cualquiera puede pensar que coleccionar es un comportamiento natural del homo ludens, pero la colección cubana es única, épica, lírica, y sin duda alguna, parte de ese patrimonio cultural escasamente documentado de los momentos más jodidos de la historia de esta nación.

Aquí la gente siempre tuvo hábito guardador de tarecos, de modo que ese Trastorno Obsesivo Compulsivo de preservar sellos de cartas, monedas antiguas y/o de remotas regiones, chapas de autos extranjeros, chapitas de cervezas, fósforos y cualquier bobería en general, avalado como no patológico por los sicólogos, no llegó con las carencias de la década del 90. Hasta hace poco en muchas casas por ahí podían verse colecciones de botella de Coca Cola y de cuanta marca nueva comenzara a entrar al país.

Descubriendo un nuevo mundo

Sin embargo, la moda de la colección en el sentido que hoy le damos la mayoría de quienes vivimos aquella furia, sí fue algo novedoso en Cuba, a juzgar por el hecho de que hasta los viejos coleccionaron. La colección cubana no fue entonces solo cosa de niños y adolescentes sin TV; las personas adultas también tenían sus propias etiquetas de pitusas Zingaro, estuches de nylon de chocolates Sapito, o de jabones Sue, o de Zap (que se pegaban a la piel como tatuajes luego de una untada de alcohol de la tienda).

Lo lindo del caso no es que se guardaran todas estas porquerías de latón de basura de hotel, lo cual es ya de por sí bastante lindo; más curioso es recordar ahora como se olían los estuches y etiquetas, como si se oliera el perfume de Jean Baptiste Grenouville, el personaje diabólico de Patrick Susking; como si el aroma sicodélico de lo hecho fuera de la URRS nos descubriera un nuevo mundo de sensaciones ignotas y deseables.

Las prendas coleccionables, pronto adquirieron valor comercial, y la gente las vendía, las cambiaba y no pocos niños del Período Especial recibieron su primer trompón durante a una vendetta por un Triunfo (estuche dorado de galletas dulces). Se ponían en álbumes, y se contaban y clasificaban, quien tuviera más y más bonitas iba delante en la inocente competencia. Los domingos por las mañanas, cuando se acababa el show de Pocholo y su pandilla, salíamos a la calle con los álbumes de estuches y etiquetas a mercantilizar lo inaudito, a darle valor a la miseria y a hacer vida social con ella. Quien no tenía álbum ponía sus valores entre las páginas de un libro de Fidel y la Religión, o en un Atlas General.

Cristalitos y agua con azúcar

Yo, además, coleccioné cristalitos de colores, y piedras que brillaban al sol. Y en mi adolescencia conocí un retrasado mental famoso que coleccionaba botones y andaba descalzo por la tierra colorada: no recuerdo su nombre, pero sí que habitaba en una comunidad del municipio Sierra de Cubitas llamada Navarro, y que presumía de poderse comer de un solo viaje dos coles (repollos) hervidos, y beberse un jarro de cinco libras lleno de agua de azúcar. Había un hambre del carajo en aquel lugar, como en casi todos.

Ya más recientemente, adquirí un adoquín camagüeyano que fue arrancado del lugar de donde estuvo por más de cien años por los “embellecedores” autorizados de la ciudad, de modo que la colección la llevo en las venas, no la puedo evitar, como tampoco se deja evitar el recuerdo de aquellos tiempos de miseria tremenda siempre que uno ve por ahí alguna escena que los repite. (…)

A mí me parece que por cuestiones sicosociales equiparables, en cierto sentido, a las teorías locas de Einstein, uno cree que en algún punto se acabó la colección en Cuba, que se acabó el Período Especial, el duro, el de verdad. Sin embargo la colección cubana está lejos de ser cosa del pretérito, simplemente ha mutado, como mismo mutan esos parásitos indeseables que habitan en lo más profundo del intestino de un animal carnívoro que camina sin encontrar presa en medio de la sequía. Todavía para mucha gente una latica de cerveza Bucanero, por lejana y desconocida, es algo muy bonito y merecedor de ocupar el espacio preferencial de encima del TV Panda de la sala de su casa.

H/T Café Fuerte.

Los días no volverán: Envasado al vacío

Envases de productos cubanos para la exportación
Envases de productos cubanos para la exportación. Publicado en Granma Internacional. 1987.

Envases de productos cubanos para la exportación. Publicado en Granma Internacional. 1987.

En Los días no volverán: Envasado al vacío:

…Ni tan siquiera recuerdo haber visto algún paquete de Cerelac que declarara su composición, pero si lo hubiese habido, tampoco estábamos acostumbrados a escudriñar los envoltorios para leer ingredientes, conservantes o fechas de caducidad, sobre todo porque casi ningún alimento facturado en Cuba estaba envasado. La leche en polvo se vendía a granel: los afortunados que tenían dieta iban a la bodega con una “jabita” para que se la despacharan. El bodeguero abría el saco, se sumergía en él y sacaba con un jarro escachado, como si fuera agua de un pozo, el polvo de leche contaminado con más polvo (ambiental) y cualquier otra impureza que ni nos atrevíamos a imaginar. O el puré de tomate que se almacenaba en aquellos tanques oxidados de 55 galones y que envasábamos en pomos plásticos reciclados, vendidos por un anciano semiindigente que los recogía de la basura; o la cerveza a granel, a la que le echaban cubos de jugo de toronja para aumentarla, según decían por entonces. Y ya ni siquiera me refiero a los productos de reventa, esos que podían venir envueltos en papel de periódico o en cajas de zapatos, sino a los oficiales.

En mi último viaje a la isla compré algunas cajas de jugo que, una vez terminadas, mi madre conservaba para rellenar. Tener aquellos briks de colores en la nevera formaba parte de su fantasía cotidiana que yo no me atrevía a destruir. Así hacía con los potes de helado, con los pomos de cristal que antes habían sido de aceitunas y en los que ahora guardaba ajos pelados o con los geles de ducha, que aunque vacíos ya, seguían ocupando su espacio en la repisa del baño…
En la cómoda, por los siglos de los siglos, unas preciosas cajas de talco heredadas de la abuela (y llenas ahora de botones hasta rebozar), y a su lado, la única de diseño más aceptable que se vendió en los `80: el talco Tú.
Los envases venían a ser como un subproducto capitalista que enmascaraba el producto; un beneficio añadido y prescindible, como la doble moral. (La profesión de diseñador podría ser una de las más obsoletas del Período Especial, e incluso, del Socialismo indigente cubano.)…
Gracias a Axana Álvarez por el enlace.

antiguas latas de conserva

Envase de conservas de mediados del siglo XIX

Envase de sardinas en aceite, de mediados del siglo XIX, encontrado en excavaciones en la Habana Vieja. Imagen tomada de Opus Habana.

En Opus Habana:

…en La Habana Vieja se han localizado en labores arqueológicas latas consumidas de estos primeros momentos. En sus etiquetas refieren el contenido de sardinas en aceite procedente de la fábrica de Santa María en Deusto, Bilbao, y rodaballo frito puesto en aceite del establecimiento de Andrés Cifuentes Prada, de Gijón. Además, se halló una para aceite y un pequeño bote de contenido desconocido, que se cerraba mediante tapa de presión.
El hallazgo tuvo lugar en la casa de Merced 318, donde los arqueólogos de la Empresa Constructora Puerto de Carena de la Oficina del Historiador excavaron una letrina fechada hacia mediados del siglo XIX y en su fondo, inundado por las aguas freáticas, se preservaron las piezas debido a las condiciones anaeróbicas imperantes. El envase más completo es el de sardinas en aceite, en el que se puede apreciar lo rudimentario de su apertura, realizada con algún cuchillo o mediante un martillo y punzón. Solo a mediados del siglo XIX se emplea una hojalata más fina y se inventa el abrelatas. En la prensa periódica habanera de 1849 encontramos la promoción y venta de frutas en conserva, como novedad, en las confiterías y reposterías La Dominica y La Meridiana —tanto en botellas como en latas y medias latas— españolas y francesas de «fabricantes de nombradía», con especificación de la previa extracción del aire y la inmersión en almíbar.
Dos años antes a La Dominica se le había otorgado una mención honorífica que recibiera su director, don Ramón Sendra, al presentar varios productos en la exposición pública celebrada en La Habana, dedicada a los resultados de la industria cubana. El catálogo correspondiente enumera: seis pomos de dulces en conserva y extraído el aire, una lata en igual condición y tres cajas largas de pastas y jaleas, junto a dos redondas. Para esta muestra los trabajos de hojalatería se consideraban como objeto de arte e industria, y se promovía la presentación de compuestos de los reinos vegetal y animal en todo género de conservas. La extracción del aire en los envases de dulces y manjares garantizaba su posibilidad de exportación.
En el directorio mercantil de La Habana de 1892 a 1893 se anuncian las fábricas de dulces elaborados con máquinas de vapor, así como las de conservas al natural y en dulce —para la exportación— de todas las frutas del país, con un constante surtido de novedosos envases con pasta y jalea de guayaba. Estas nuevas conductas industriales permitieron a la Isla una mayor difusión de la calidad de sus frutas y, en consecuencia, el ingreso de miles de pesos, a pesar de que todavía se considerase una industria menor.
A finales del siglo XIX, la industria conservera amplió y diversificó sus producciones. Esto propició el surgimiento de manufacturas auxiliares como las empresas metalgráficas, responsables de producir envases más adecuados que cubrieran las nuevas demandas. Antiguas latas, como las encontradas en Merced 318, dieron paso a las litografiadas con bellos anuncios, que permitieron a los productores plasmar de manera más atractiva su sello distintivo.

Ver la publicación.

Imagen tomada de Opus Habana.

Envase de conservas de mediados del siglo XIX encontrado en excavaciones en la Habana Vieja. Imagen tomada de Opus Habana.

bombones

envase de bombones cubanos
envase de bombones cubanos

Envase de bombones cubanos. 1980s. Colección Cuba Material.

De niña sólo conocí dos variedades de bombones. Los de fabricación cubana venían rellenos con sabores de frutas, envueltos individualmente en papel de aluminio de colores, y envasados en un estuche vertical que, cuando lo miraba de costado, siempre me parecía una catedral gótica o una casa de techo de dos aguas. Los otros, venían de la Unión Soviética, envasados en una caja blanca, cromada, que tenía un pollito o pajarito amarillo. Estos bombones eran rectangulares y formaban pequeños bloquecitos, también envueltos en papel de aluminio en colores que variaban según el sabor del malvavisco que había dentro, envuelto en una capa de chocolate negro.

Revisando en los estantes de mis abuelos, encontré otra caja de bombones de fabricación cubana. No tiene marca comercial visible y no recuerdo haberla visto antes, por lo que deben haber sido comercializados en los años 1960s. El envase puede estar asociado con un proyecto en el que se pidió a los artistas plásticos que contribuyeran con el diseño de envases de alimentos. La obra que se reproduce en esta caja pudiera haber sido realizada por Raúl Milián (h/t Ernesto Hernández Busto).

También he encontrado una caja de bombones de marca Sans Souci, fabricados en Cuba. Por su diseño exterior parecen más bien de los años cincuenta, antes de las nacionalizaciones socialistas. Sin embargo, un sello de papel en la parte inferior de la lujosa caja de cartón, mal pegado, que dice “Codificación”, seguido de un número o código, sugiere una factura socialista.

Envase de bombones de fabricación cubana

Envase de bombones de fabricación cubana. Circa 1960s. Colección Cuba Material.

Envase de bombones de fabricación cubana

Envase de bombones de fabricación cubana. Circa 1960s. Colección Cuba Material.

Caja de bombones Sans Souci.

Caja de bombones Sans Souci. Hechos en Cuba. Colección Cuba Material.

síndrome del envase vacío

Cantina
 Cantina que circuló en Cuba en los 1980s. Imagen tomada de internet.

Cantina que circuló en Cuba en los 1980s. Imagen tomada de internet.

Es mediodía y pides, frente a la pequeña barra de madera construida a la entrada de un edificio de dos plantas, una ración de arroz frito especial. Es para llevar, pero no tienes que aclararlo pues se trata de un negocio de comida sólo para llevar. Pagas y te vas, dispuesta a regresar en media hora como te sugirió la dependiente. Regresas más tarde y, después de esperar otra media hora, la dependiente, que todo el tiempo ha estado frente a tí, te dirige la palabra para decirte que la comida aún no está lista, pero que saldrá pronto, pues hubo problemas con el gas. Te pide, entonces, el envase donde te llevarás la comida que compraste. Dices, y no mientes, que no tienes un envase, que no sabías que debías llevar uno, y piensas que, cuando minutos antes tu madre te sugirió que llevaras un envase, la tomaste por loca o provinciana. La dependiente te sugiere comprar uno de los contenedores de cartón que se amontonan en una esquina de la barra/mostrador, exactamente iguales a los que te darían en Nueva York o en cualquier parte del mundo. Le dices que no trajiste dinero, pues habías pagado cuando ordenaste la comida, momento en el que nadie te dijo, le dejas saber, que deberías volver con un envase. Para salir del problema, la dependiente te dice que, como la comida tardará aún un poco más, ella te la llevará a casa en los envases de cartón a los que estás acostumbrada y entonces podrás pagarlos. Regresas y le dices a tu madre que ella tenía razón, y que, además, aún deben esperar para comer el arroz frito especial.

Moscú rojo, perfume

Perfume Moscú Rojo
Perfume Moscú Rojo

Perfume Moscú Rojo. 1980s. Donación de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

En Granma Internacional, publicado en 1998 por María Elena Capote:

PERO LOS TIEMPOS CAMBIAN:

Algunos especialistas suelen calificar a los años 60 de este siglo, como “la década prodigiosa”. En Cuba, en materia de perfumería, no se puede aplicar tal concepto. Desaparecieron de golpe las producciones de casi todos los cosméticos y perfumes, manteniéndose sólo las indispensables para la higiene más elemental. Esta industria es sumamente cara en materias primas. No se llegó a poner de moda el aceite de patchoulí que pregonaron los hippies frente a los sofisticados perfumes, pero sí se usaron determinados “inventos” criollos que se vendían clandestinamente y a precios de oro por fabricantes privados de pequeñas instalaciones caseras. La mujer cubana no se resignaba a no perfumarse para las múltiples actividades que enfrentaba en su nueva vida social. Ya para los años 70, apareció el histórico Moscú Rojo, con su fuerte olor oriental, y le siguieron otros perfumes de la industria búlgara y polaca. Renacía el consumo y una costumbre que nunca se había perdido del todo.

PERFUMES QUE HICIERON HISTORIA

La década de los 80 fue la época dorada de la perfumería nacional. Aguas de colonias, perfumes, lociones, extractos, aparecieron en los comercios y cautivaron el gusto de hombres y mujeres que nunca antes habían sido consumidores habituales y cuyo alto poder adquisitivo les permitía el acceso a este tipo de producción, calificada hasta entonces por muchos como “secundaria”, y para otros, tan vital y necesaria como la propia alimentación.
Nombres como Linda, Diamante Negro, Fantasía, Impacto, Profesía, Jaque, Deportes, Bermellón, Folklor, Yoruba, Hechizo, Carnaval, Recuérdame, Agua del Trópico, Tú, Onix, Karate, Cid, Jit, Toqui, encabezaron una larga lista de perfumes cubanos que abarcaban líneas florales, aldehídicas y orientales, además de las conocidas aguas de colonia. No hizo falta una publicidad dedicada a mujeres liberadas y conquistadoras sexualmente, como se anunciaban mundialmente los perfumes en esos años. Las cubanas seleccionaban de acuerdo con su ancestral sentido del gusto y establecieron sus preferencias. Respondían a un cierto toque secreto, mezcla de trópico y sensualidad, que los perfumistas cubanos incluyeron dentro de las corrientes internacionales de moda entonces. A partir de ese tiempo, Alicia Alonso, y más tarde, Coral Negro, identificaron a la perfumería nacional.
Sin embargo, no duró mucho la alegría en casa del pobre, como suele decir un refrán popular. Llegaron los 90 con su terrible carga para finales de siglo, la perfumería sufre otro duro golpe: el Período Especial.

* * *

En el blog Los días no volverán, 2010:

Actualmente, mi madre adorna su tocador con dos frascos de perfumes: uno, es el emblema de unos años que no se anima a dejar atrás; el otro, un perfume que siempre deseó tener y que sólo ahora, al precio impagable de la fragmentación familiar, ha podido disfrutar: Moscú Rojo -el perfume anhelado por la mujer cubana de los 80’- junto a Channel, algo que rompe cualquier esquema ideológico y estético. Esto no es representativo de ningún hogar; no creo que muchas personas conserven un Moscú Rojo. Pero mi madre sí lo tiene en ese país caótico que se ha construido y donde es feliz. Cuando le pregunto por qué no lo tira, me responde con orgullo: “aún le queda un poco”. A qué olerá, es algo que no sé, ni quiero saber.

 * * *

Y en mundoanuncio.com/La Habana:

Vendo Radio Juvenil 80 nuevo en su caja, Colección de Matriuskas de 30 piezas, y mucho más. – Bauta

En venta – se ofrece:

Eso mismo. Un Radio Juvenil 80 en 50 cuc. Un juego de Matriuskas Made in Leningrado en 100 cuc. Un televisor Caribe con pantalla de tres bandas de colores pintado a mano en 300 cuc. Un par de kikos plásticos en 20 cuc. Tenis Robin Hood en 22.99 cuc y tres pomos de perfume KAYAC, HIT y MOSCU ROJO en 5 cuc cada uno… Interesados escribir por aquí y preguntar Gorbachov.

olor a Cuba, entre la violeta y el smog

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Placa promocional del jabón Candado
Perfume Fiesta

Perfume Fiesta. Hecho en Cuba. Colección Cuba Material.

La cubanidad no sólo se representa en el discurso, las formas del diseño y la materialidad o las representaciones artísticas y literarias. Algunos discursos nacionalistas nostálgicos también identifican ciertos olores con las maneras de vivir en la isla:

El de la tierra, húmeda tras un aguacero…

El del viento que arrastra los residuos de los cañaverales quemados…

El del jazmín del cabo, mariposa, gardenia y el galán de noche …..

El del frijol “colora’o” y el frijol negro humeando en la cocina…

El de la carne de cerdo asándose entre hojas de guayaba o plátano…

El del mar salpicando la piel en el Malecón de La Habana…

El del agua de violeta de los bebés…

El de las ropas húmedas y almidonadas, al ser planchadas…

El de la suave ternura del agua de coco…

El de los deliciosos postres de canela y vainilla. Arroz con leche, natilla, flanes, mantecados, boniatillos, toronja en almíbar, dulce de leche cortada, casquitos o mermelada de guayaba con quesito crema…

El de las frituras de bacalao, o de malanga, bollitos de carita…

El de los moros y cristianos, el congrí…

El de la sopa cocinándose con cilantro…

Pero el principal es, sin duda, el aroma del cafe colándose…

Pero sobre todo, [Cuba] huele a recuerdos, a tafetanes y tules, a rosas disecadas entre los libros.

Huele a Colonia 1800, a lavanda, a talcos, a romero para ennegrecer el pelo; huele a brillantina (¿Tres Flores o Palmolive?) en el cabello de los hombres; huele a jabón Candado; huele a añil, que es el color del cielo.

Escuché decir a unos turistas franceses que se alojaban en la casa de un vecino que rentaba habitaciones a turistas en el barrio de Nuevo Vedado, que La Habana olía a smog. No les creí, pues me parecía que la poca circulación vehicular de Cuba no podía causar tanta contaminación como para que un francés se percatara de ella, sobre todo porque imaginaba las narices francesas acostumbradas a los contaminantes de la modernidad capitalista. Sin embargo, la última vez que visité Cuba comprobé que los franceses no mintieron y que la carretera de La Habana a Matanzas, tan despoblada y vacía como está, no huele a valle, ni a montañas, ni a palmeras, ni a brisa marina, ni siquiera a los pozos de extracción de petróleo que por muchos años contaminaron el olor del tramo de carretera que pasa frente al Cayuelo, sino al más irrespirable smog.

las estéticas de la Lenin

Perfume Fiesta
Perfume Fiesta

Perfume Fiesta. Hecho en Cuba. Colección Cuba Material.

Yo no estudié en la Lenin, el preuniversitario de régimen becado a donde iban los alumnos más inteligentes. Cuando visité esta institución poco antes de decidir el preuniversitario al que iría, me impresionaron dos cosas: la merienda y los laboratorios de idioma. Sin embargo, no me convencieron y decidí tomar el riesgo de estudiar el “en la calle”. Con tristeza me despedí de una gran parte de mis mejores amigos, que pasaron a formar parte del más prestigioso grupo de jóvenes preuniversitarios del país.

Según me comentan, uno de los acápites del reglamento de la Lenin evaluaba la cantidad de adornos con que los alumnos “embellecían” los albergues. Así, si para adornar habías colocado en una repisa un frasco de perfume vacío vuelto a llenar con agua coloreada, tenías una estética y recibías un punto en la evaluación entre albergues.