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Reportaje a la vinagreta, Noticiero ICAIC

 

Noticiero ICAIC número 1459, de 1989, realizado por Francisco Pufial.

librerías

Libro Cuentos y estampas, de Vladimir Suteiev
Libro Cuentos y estampas, de Vladimir Suteiev

Libro Cuentos y estampas, de Vladimir Suteiev. Colección Cuba Material.

Durante mi infancia, solía ir con mi abuelo a la librería de 23 y L. Íbamos allí porque quedaba cerca de su casa, y lo hacíamos a pie por la avenida 23. Los libros estaban colocados sobre mesas cuadradas y en los libreros que cubrían las paredes del local, es decir, las paredes del fondo, que eran las únicas que no eran de cristal, y que tenían una forma zigzagueante que aumentaba la superficie de estantes. Yo me tomaba todo el tiempo del mundo en escoger los libros, mientras mi abuelo se entretenía con novelas para adultos y manuales científico-técnicos, de los que por entonces se vendían muchos gracias a la “indestructible amistad” que nos unía al pueblo de la URSS, de donde provenían la mayoría de ellos. Luego hacíamos la fila para pagar frente a un mostrador que se me hacía muy alto, en la esquina izquierda al fondo del local. De regreso, con nuestros cartuchos bajo el brazo, mi abuelo me contaba que en su juventud solía comprar libros de segunda mano en la librería de J y 25, muy cerca de la antigua Facultad de Medicina de la Universidad de la Habana, que hoy es de Biología. Yo jamás había estado en una librería de segunda mano, pero los cuentos de mi abuelo me alejaban por momentos de los libros nuevos de carátulas cromadas que me llevaba a casa.

cepillo de dientes Ideal

Envase de cepillo de dientes Ideal
Envase de cepillo de dientes Ideal

Envase de cepillo de dientes Ideal. 1960s. Colección Cuba Material.

Crecí sin saber que el cepillo de dientes debía sustituirse cada tres meses y que alguna vez en la Cuba postrevolucionaria se fabricaron envases para estos cepillos.

* * *

Virgilio Piñera, en carta a su amigo Humberto, el 2 de octubre de 1963:

Hoy estoy un poco más animado. Dirás, ¿por qué? Pues recibí desde Londres un cepillo de dientes de nylon. No puedes imaginar el valor que tiene para nosotros cualquier bobería de esas. ¡Un cepillo! Es todo un mundo. El que tenía ¿te acuerdas? comprado en Buenos Aires ya era un fleco, y los que venden acá se rompen al día siguiente. (En Virgilio Piñera, de vuelta y vuelta. Correspondencia 1932-1978, p.235)

Envase de cepillo de dientes Ideal

Envase de cepillo de dientes Ideal. 1960s. Colección Cuba Material.

directorio comercial cubano colonial

Directorio comercial. 1884. Imagen tomada de la British Library.

En IguAnalista: Un directorio cubano… de 1884:

Este directorio de empresas, recientemente adquirido por la British Library, es un recurso fascinante sobre las historias económicas y culturales entrelazadas de México, Cuba y Nueva York. Se publicó en La Habana en 1884, justo después del final de la Guerra Chiquita – la segunda de las tres guerras que dieron lugar a la independencia de Cuba. La isla fue devastada por la guerra y el directorio fue sin duda parte de un esfuerzo para apoyar el comercio y la inversión con los vecinos del Golfo de México y del norte. En perspectiva histórica, la introducción del libro, que dice: “No nos hemos olvidado, a la luz de los importantes vínculos con nuestros vecinos de los Estados Unidos, de incluir una guía comercial general de Nueva York […]”, extrañamente presagia la nueva presencia económica imperialista que los EEUU tendrán en Cuba a finales del siglo XIX.

También es importante resaltar que este libro fue publicado dos años antes de la abolición de la esclavitud en Cuba, y ofrece una visión de cómo se articulaban esclavitud y capitalismo a finales del siglo XIX.

La mayor parte del directorio se compone de anuncios de empresas y dibujos de escenas urbanas de las calles, destinados a ayudar a las personas a encontrar los negocios anunciados. Aunque las estadísticas y los anuncios son de gran utilidad para los historiadores económicos, también nos dicen mucho acerca de la tecnología, la organización del trabajo, la vida social, el consumo de alimentos, la moda, el espacio público y el ocio.

Algo que inmediatamente llama la atención del lector es lo absolutamente diverso y completo que es el directorio, con información detallada sobre todo, desde los vendedores de frutas, fabricantes de caramelos, importadores de vino, compañías de seguros, hoteles, librerías, fábricas de azúcar, cigarros, farmacias y equipamiento militar. El directorio también revela facetas “transnacionales” de la vida cubana y mexicana en aquel tiempo – incluyendo la fuerte presencia de las compañías de seguros inglesas y la Royal Mail Steam Packet Company. En la British Library también pueden consultarse mapas y cartas de las vías de navegación de esa compañía en el continente americano.

Traducido del post de Carole Holden, A Cuban directory, BL Americas Collections Blog, 26 de Abril de 2013.

cámaras Kiev

manual camera Kiev
manual camera Kiev

Manual de instrucciones de la cámara Kiev-6C TTL. Colección Cuba Material.

Manual de la cámara Kiev 6-C TTL, comprada  en Cuba en 1982. Precio: 202 pesos.

Manual de la cámara Kiev 4 y 4A y certificado de compra.

compra y venta de casas

Casona en la esquina de las calles 8 y 11
Casona en la esquina de las calles 8 y 11

Casona en la esquina de las calles 8 y 11 en el Vedado. Foto 2002.

Cuando visité Cuba en el año 2012, una vecina me comentó que estaba vendiendo su casa, una propiedad de dos pisos de arquitectura modernista en el barrio de Nuevo Vedado, con sótano sin construir y amplio patio de tierra. La casa en cuestión tiene, en la planta principal, una cocina pequeña, la sala, el comedor, una terraza trasera, un baño para invitados, y un car porch. En la planta superior se ubican los tres cuartos y dos baños de tamaño promedio. Uno de los cuartos tiene un balcón que da a la calle. Mi vecina aspiraba a venderla por 350,000 CUCs.

Por aquellos días también supe que una casa de dos pisos en el municipio Playa, sin patio, pero en excelente estado de mantenimiento, se vendía por un millón de CUCs. Me fui de Cuba con la impresión de que, tras más de 50 años sin un mercado inmobiliario libre, los cubanos se acercaban a éste como a la lotería. Por lo general, te pasas toda la vida comprando uno o dos billetes sabiendo que es poco probable que algún día te ganes el premio principal. Del mismo modo, para muchos dueños de viviendas poner en venta sus propiedades no era un negocio que pensaran cerrar en un plazo más o menos razonable, sino algo así como la compra de un billete de lotería, una botella que lanzaban al mar con la esperanza de que quizás algún día les tocara la suerte de dar con el comprador de sus sueños. A menos que se necesitara el dinero para salir del país, en cuyo caso los precios dejaban de ser escandalosos, lo demás era un juego de azar.

Cuando regresé al año siguiente, mi vecina aún vivía en su casa (todavía, creo, vive allí), y la del municipio Playa también seguía a la venta. Otras casas habían salido al mercado con precios que superaban el millón. Ese verano acompañé a una amiga de la infancia, que quiere cambiar su apartamento del Vedado por una casa más grande con terreno, a visitar algunas de las casas que se encontraban en venta. La casa de sus sueños posee las mismas habitaciones que la de ella, sólo que mucho más amplias y tiene, además, patio. La diferencia entre el precio que ella aspira a conseguir por la suya y la que desea son más de cien 100,000 CUCs. Este año acaba de apagarlos, sólo porque sus hijos puedan jugar en un patio antes de que terminen de crecer.

Sobre el mercado inmobiliario en Cuba, en Financial Times: Cuba: Home of the World´s Oddest Property Market:

It’s only 9am but it’s already 33C on the Malecón, Havana’s corniche, and my brain feels like a conch fritter. I’ve come to meet a man who we will call Rafael – because that’s his name. But that’s the only part of his name he is prepared to reveal. Rafael is an estate agent but he does not want anyone to know it. “Being an estate agent is illegal here,” he says.

(…)

Rafael, 44, wants to show me a penthouse for sale. He says it is worth $2.5m but no one, not even he, really knows the right price because no one has bought or sold houses here for 54 years. “The market changes wildly every day. It’s emotional,” he smiles.

If we do agree a price, Rafael will advise me not to buy the penthouse in the normal way. Instead, to avoid tax, I should pay him a nominal amount locally, say 20 per cent, and “deposit the rest in an account in Spain, please”. I must not talk about the true price because, under new laws, anyone caught lying about the price of property goes to prison. Also, I must not reveal the name of the lawyer who does the paperwork because working as a private property lawyer is illegal.

Undercover estate agents? A legal system that is illegal? Jail for lying about house prices – which everyone the world over does? Welcome to the oddest property market in the world. Welcome to Cuba.

(…)

First-in-a-lifetime buyer Guillermo Rey stands next to the scruffy portico of a four-bedroom, three-bathroom house in Vedado, Havana’s most high-end, fashionable district. The price, says the owner Rosa Marin, is 350,000 CUC, or convertible pesos, Cuba’s hard currency, which is roughly equivalent in value to the US dollar. She is selling because she wants to move into a smaller property “and buy my daughter a car, a good one, a Lada”.

(…)

Other overseas investors get around the restrictions by giving money to a Cuban friend, or more often, girlfriend, to buy a property – although, when the deal is completed, some swiftly discover that their girlfriend is no longer their girlfriend. “I took a risk and it failed,” sighs one Dutch-born investor, whose $400,000 “home” in the fashionable Kholy western suburbs is now home to his former girlfriend and her extended family who cannot believe their luck – and his naivety.

Descargar el texto en PDF aquí.

h/t InCubadora.

Botica Francesa de Matanzas

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Botica Francesa de Matanzas
Botica Francesa de Matanzas. Imagen tomada de Cubadebate.

Botica Francesa de Matanzas. Imagen tomada de Cubadebate.

En Cubadebate: La botica francesa de Matanzas:

Única de su tipo en el mundo, la Botica Francesa del Dr. Triolet, hoy Museo Farmacéutico, se preserva como una de las joyas más valiosas de los matanceros.

Patrimonio de Cuba desde el 2007, Premio Nacional de Conservación al siguiente año y propuesta para ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Botica Francesa del Dr. Ernesto Triolet se describe como uno de esos espacios mágicos que marcan a las personas para toda la vida.

Esa fue la impresión que tuve cuando conversé con Marcia Brito Hernández, su directora; una mujer sencilla y risueña, que por más de 30 años ha llevado consigo la responsabilidad de resguardar las excepcionales piezas de esta droguería.

A cada una de sus respuestas le antecedían suspiros y, más que sus palabras, alcancé a tomar en mi libreta de apuntes toda la información contenida en el brillo de sus ojos, el tono entusiasta de su relato y el amor que inundaba el segundo piso de un recinto pequeño, pero acogedor.

“Estamos en la única botica francesa que se conserva completa en el mundo”, así inició una conversación que hubiese tardado miles de horas, si el tiempo me lo hubiese consentido.

“Todas sus colecciones son originales y fueron adquiridas por los dueños para la misma. Los medicamentos que son mostrados en la colección fueron elaborados aquí (…) Antes existían dos líneas de comercialización: productos que se importaban de laboratorios de España, Francia, Alemania y Estados Unidos, por citar algunos países, y que son piezas muy especiales y de un enorme valor, y medicamentos que se preparaban en este lugar y quedaban registrados en los libros de asentamientos de recetas. Estos documentos son trascendentales, porque te indican, por fecha, la cantidad de recetas que se hacían y que médicos las formulaban, son libros muy importantes (…) Además de la relevancia de su instrumental, completamente artesanal, anterior al siglo XX y que estuvo en funcionamiento hasta el 16 de enero de1964″, expresó Brito al referirse a los valores que distinguen el lugar.

UN POCO DE HISTORIA

La Botica fue fundada el 1 de enero de 1882, en la antigua Plaza de Armas de la ciudad de Matanzas, por los doctores en Farmacia Juan Fermín Figueroa y Ernesto Triolet Teliebre, amigos que se convirtieron en parientes, luego de que María Justa de Figueroa, hermana del primero, contrajera nupcias con el doctor Ernesto Triolet.

A la muerte prematura de Justa, Triolet se casó con la hija de Figueroa, Doña María de los Dolores, la primera mujer cubana que recibiera el título de doctora en Farmacia en 1886, y con la cual fundó una familia de artistas y científicos.

Durante los años que funcionó como farmacia fueron preparadas más de 150 fórmulas, entre las que se destacan los jarabes, tinturas, pomadas, esencias, elixires, ungüentos y píldoras, entre otras.

El emblemático lugar, exponente de la arquitectura neoclásica doméstica de fines del siglo XIX, se nacionaliza el 23 de noviembre de 1963 y continúa su trabajo, hasta su cierre, en enero de 1964. El primero de mayo del mismo año reabre sus puertas, esta vez, como museo. A su cargo estuvo, durante los primeros diez años, el hijo menor del matrimonio, Ernesto Triolet Figueroa.

“La humanidad entera estará en deuda con la familia Triolet Figueroa porque ellos lo dejaron todo tal cual estaba. Se nacionalizaba el negocio pero los bienes eran propiedad de los dueños; pero gracias a Julio Le Riverend y otro grupo de personas se logró que la Botica no pasara al Ministerio de Salud Pública, sino a Patrimonio, y es ahí que se decide convertir en el primer Museo Farmacéutico de Latinoamérica”, expresó Marcia.

Cuervo y Sobrinos

Tienda de Cuervo y Sobrinos

Tienda de Cuervo y Sobrinos. Habana Vieja. 2013.

Este verano, caminando por la Plaza Vieja, pasé por frente a la casa de relojes Cuervo y Sobrinos. Este comercio fue fundado en “1882 cuando Ramón Cuervo inauguró su primer tienda de joyería de lujo en la Calle Muralla 37-1/2, en el centro de La Habana. Pocos años después le ofrece a su sobrino Armando su participación en la empresa. En 1892, es ampliado el negocio y se adquiere un nuevo establecimiento, situado en la calle Teniente Rey No. 13”.

Dice la página de Facebook Cuba en la memoria:

Según el “Libro de Oro Hispano-Americano” editado en 1917, aparece no solo como “una de las empresas de su orden más acreditadas de toda la Isla y de las que dirigen el negocio con mayor competencia y acierto “, sino que también es “una de las entidades mercantiles más sólidas de Cuba”. Por esta misma fuente sabemos que en esa época Don Armando Río y Cuervo era primer vicepresidente del Casino Español de la Habana.

A finales del siglo XIX se produce realmente el nacimiento de la “marca”, con tres sucursales de aprovisionamiento y producción en los puntos neurálgicos de Europa: “Pforzheim” en Alemania, para los metales y las piedras preciosas, Paris para la joyería y La “Chaux-de-Fonds” para la relojería. Cuervo y Sobrinos era la única empresa importadora en Cuba de las afamadas marcas de relojes Roskopf y Longines. Tenía además un amplio surtido de yugos, sortijas, llaveros, presillas para corbatas y billetes, entre otros objetos.

(…)

Durante medio siglo la boutique de joyería y relojería disfruta de un éxito internacional. Numerosas personalidades como Ernest Hemingway, Winston Churchill, Enrico Caruso, Gary Cooper, Clark Gable, Albert Einstein, etc… visitan regularmente “La Casa” para comprar joyas y relojes.

En 1967 o 1968 Cuervo y Sobrinos fue nacionalizado. En un foro de relojes se dice:

Gran parte de estos relojes fueron vendidos al Gobierno de Castro durante las campañas de acopio de oro en los 70 (a precios preferenciales, para el Gobierno por supuesto), cambiados por electrodomésticos rusos a principios de los años 80 en comercios estatales (a precios, nuevamente ridículos), o simplemente vendidos para financiar ropa, alimentos o mobiliario para la familia durante los años más duros del Periodo Especial, donde los suministros básicos para la población, que provenían de la antigua Unión Soviética, escasearon alarmantemente y produjeron, sin lugar a dudas, la etapa más dura que ha vivido la Cuba de Castro.
 Y también:
El establecimiento sito en la esquina del Boulevard San Rafael y la calle Águila cerró definitivamente sus puertas hacia el año 1965.

Tras el triunfo de la Revolución en 1959, la tienda mantuvo su actividad pero, lógicamente, condicionada por las “directrices” del Régimen. El volumen del negocio cayó en picado y muchas de las casas suizas y americanas dejaron de suministrar piezas.
Se cree que en la última etapa se vendieron relojes que montaban calibres de la antigua Unión Soviética, principalmente Poljot y Raketa, cuyo antiguo servicio técnico en La Habana, hoy día taller de relojería general, aún conserva su letrero en la puerta.
Sobre los relojes que actualmente se comercializan con esta marca, leo en ese mismo foro:
Se marcan los movimientos con unas siglas y numeración propios, sin darnos cuenta del calibre base (normalmente una Etasa) y sin especificar suficientemente las nimias o sustanciales modificaciones realizadas(estéticas o en profundidad). Ello es esencial para juzgar sobre la justificación del precio impuesto.En definitiva, y volviendo al uso de patentes, lo que se nos oferta es un reloj compuesto de unos elementos externos con apariencia inmejorable al que se ha insertado el nombre de una manufactura histórica y proveído de un calibre genérico con modificaciones. No obstante, se nos quiere dar la idea de que el reloj es descendiente directo de sus homónimo antes de surgir la crisis del cuarzo, cuando resulta que ni siquiera es adoptado y no guarda ningún tipo de parentesco con ella a no ser la compra del nombre, aprovechándose de una situación de total ruina y desamparo.
La revista de la Oficina del historiador de la Ciudad de la Habana, Opus Habana, sin embargo, dice:
Quiso el azar que una empresa italiana, con experiencia en la relojería anticuaria, descubriera la remota existencia de Cuervo y Sobrinos y se hiciera de la antigua marca, extinta hace tantos años.
Tras una rigurosa investigación, en el caveau de la antigua joyería, los nuevos dueños descubrieron un pequeño grupo de mecanismos de época, intactos, pues nunca se habían montado.
Ello permitió recuperar la prestigiosa marca mediante una partida de elegantes modelos que evocan —de manera singular— los famosos cortes de los puros habanos.
«Espléndidos», «Robustos», «Prominentes»… los nuevos relojes tienen el mismo estilo y calidad técnica de sus antepasados, a lo que se suma ahora esa relación con el placer de fumar, en un intento de sus actuales propietarios porque Cuervo y Sobrinos nunca pierda el sello de su originaria cubanidad.
Estos relojes se convirtieron en toda una novedad durante el III Festival Internacional del Habano (19-23 de febrero de 2001, La Habana), una de las citas más importantes para los fumadores de puros de todo el mundo. Entonces, la muestra de Cuervo y Sobrinos fue premiada como Mejor Diseño de Stand Modular y, especialmente, Mejor Diseño de Producto.
A partir de los mecanismos de época que se encontraron, los «nuevos» Cuervo y Sobrinos son frutos de un delicado proceso de elaboración artesanal.
San Rafael.

San Rafael.

ostalgia

Stand de Chamakovic en la feria Arte en la Rampa. 2013. Imagen tomada de OnCuba.

Stand de Chamakovich en la feria Arte en la Rampa. 2013. Imagen tomada de OnCuba.

Se conoce por ostalgia la nostalgia por las cosas de Europa del Este, socialista. Se trata de un acrónimo de Ost, que significa oriente, nombre con que los alemanes occidentales se referían a la Alemania Oriental, y nostalgia. En los últimos años ha venido tomando forma en el imaginario cubano alusiones y referencias, con cierta carga nostálgica, a objetos del pasado socialista. La mayor parte de estos referentes, curiosamente, pertenece al mundo de la infancia.

Stand de Chamakovic en la feria Arte en la Rampa. 2013. Imagen tomada de OnCuba.

Stand de Chamakovich en la feria Arte en la Rampa. 2013. Imagen tomada de OnCuba.

En OnCuba¡Nu, Pogodi! Regresan los Muñequitos Rusos…:

Darwin Fornés no está demasiado seguro de que la creatividad tenga que ver con los tiempos, aunque reconoce que las circunstancias sí influyen, y las actuales le ayudaron a materializar una interesante idea: el Proyecto Chamakovic…

Efectivo neologismo que combina el cubanísimo “chamaco” con el patronímico ruso “kovic”, el nombre mismo del proyecto propone un viaje sentimental a la niñez de varias generaciones de cubanos, en particular los marcados por los vilipendiados –y ahora añorados– “muñequitos rusos”…

Volk y Záyats (El lobo y la liebre), el perro Rex, la insufrible Orejitas a Cuadros, Bólek y Lólek y aquellos dos niños sentados espalda con espalda en nuestras viejas libretas de primaria, saltan de los televisores Krimm y Caribe a los pulóvers y jabas artesanales que vende Chamakovic en la feria comercial Arte en La Rampa.

El taller de serigrafía René Portocarrero produjo esta idea de Darwin, inspirada en la popularidad que aún tienen dichos muñequitos, que no eran todos precisamente rusos. Todo comenzó cuando Darwin se unió a un grupo de Facebook que compartía imágenes de aquellos personajes, y comprobó las emociones que aún provocaban.

Me pareció que esa nostalgia podía funcionar, porque funcionó en mi. Es todo un fenómenos social y generacional, hay blogs, comunidades, íconos, hasta los huevos sorpresas tienen una línea dedicada a esos animados”, contó Darwin a OnCuba, tras la presentación de su proyecto en el Pabellón Cuba.

La plataforma de lanzamiento ha sido más que propicia, porque ninguna feria como Arte en La Rampa tiene tal poder de convocatoria, en el corazón mismo del Vedado habanero, con 80 stands que constituyen todo un bazar contemporáneo de la iniciativa privada. Desde su creación hace 14 años, este espacio veraniego se ha consolidado como un mercado indiscutible del arte más o menos asequible, amén de ser un ágora de intercambio entre poetas, lectores, músicos y artistas de todo tipo.

Entre los sponsors de esta gigantesca feria sobresalen el Ministerio de Cultura, la Casa de las Américas, la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas y el Fondo Cubano de Bienes Culturales, con cabida para profesionales e independientes que hacen aquí no solo su agosto, sino también su julio: las colas no merman, las compras tampoco, y la gente por lo menos pasea y disfruta. Definitivamente, a los cubanos parece gustarles el comercio…

Darwin, nacido en 1984 y graduado hace un lustro de diseñador gráfico, cree que son buenos tiempos para los negocios. Al menos está de acuerdo con que la apertura económica que vive Cuba de cierta manera estimula la creatividad, sobre todo en la búsqueda de nuevos nichos para la diversificación de las iniciativas particulares y el auge de los emprendedores.

En su caso, se concentró en un público-meta adulto, particularmente los nacidos en los años 60, 70 y 80 del pasado siglo. De hecho, en su stand no hay tallas infantiles, porque sabe que los niños de ahora no se identifican con esos personajes.

Más allá del imaginario popular y alguna que otra referencia en la música y las artes gráficas, la memorabilia de corte soviético nunca fue explotada como lo hace Chamakovic. Tal merchandising solo se había visto recientemente con la serie animada cubana Fernanda. Darwin va más atrás y recuerda la parafernalia de artículos con el Tocopán, mascota de los XI Juegos Panamericanos Habana-1991.

Entre los principales retos que enfrentó estuvo reinventar las poses de los personajes, o adaptar al plano serigráfico un orejón tridimensional como Cheburaska, filmado con la técnica de stop-motionRevivir aquellos años fue muy bueno, algo emocionalmente intenso, aseguró el creador. Claro, no todo fue por amor al arte…

El Taller Portocarrero tiene un objetivo social: producir y vender, pero con el interés de mantener un estándar de calidad y de vincularse en proyectos culturales. Se quería que Chamakovic aportara valores, pero que se vendiera también, con garantías de éxitos, precisó Darwin, auspiciado además por la Galería Génesis.

Chamakovic nació como proyecto puntual para Arte en La Rampa, pero… ¿se quedará aquí o crecerá para resucitar a otros personajes como Mikrovitsh, el Mago Jotavish, Tusa Kutuza o el combo Los Yoyo…?

Darwin sonríe y se limita responder: Todo dependerá de la aceptación, pero no dudo nada: la nostalgia vende…

En Soviet Cuba: Identities in Transition pueden encontrar mejores imágenes y similar información.

carretillas de frutas

Puesto de frutas
Vendedor de frutas en el Malecón

Vendedor de frutas en el Malecón, frente al monumento al Maine. 1952.

De niño odiaba las frutas, sobretodo las frutas raras. En Cuba había siempre frutas por donde quiera que miraras. Frutas y más frutas siempre!… Y los fruteros con sus carretillas gritando. Yo odiaba eso. Estaban por todas partes. A veces se aventuraban a las cercanías de donde yo vivía. Los domingos por la mañana, la guagua de la escuela me recogía para ir a misa y era entonces que yo veía y oía a los fruteros gritando, anunciando lo que traían. (ANOOOOONEEEES !!)

El trabajo de los carretilleros de frutas era arduo, pues tenían que empujar su carretilla a uno de los mercados (Plaza Del Vapor, Mercado Único de 4 Caminos, Mercado de Carlos III) y con la carretilla llena, ir a la zona donde iban a vender. Todo eso bajo el sol espantoso, o la lluvia. Es decir, que era un trabajo durísimo. Uno casi les tenía lástima.

De más esta decir que pocos años después comenzaron a gustarme las frutas y cuando (creo alrededor de 1963-1964) desaparecieron los carretilleros de frutas los extrañé mucho pues me había acostumbrado a comprarles naranjas, que ellos pelaban con un aparato de lo más ingenioso.

Ya para 1966  había poquísimos o ningún carretillero de frutas en El Vedado, al menos que yo recuerde. Desaparecieron también los afiladores ambulantes de cuchillos y tijeras que sonaban unos silbatos españoles muy cómicos (éste era otro de esos sonidos raros de La Habana). De golpe desaparecieron cientos de renglones de actividad económica privada.

Y en eso vino en 1968 el golpe final contra toda la actividad económica normal. Le llamaron la “ofensiva revolucionaria ” de 1968 y es una historia que merece su propio espacio, porque tiene mucho que ver con lo que estaba ocurriendo en el Escambray.
Este texto fue enviado por un lector anónimo, junto con todas las imágenes que lo acompañan.
Puesto de frutas frente a la peletería Las Ninfas. 1890s.

Puesto de frutas frente a la peletería Las Ninfas. 1890s.

Puesto de frutas en el Paseo del Prado, frente a la Estación de Villanueva. 1906.

Puesto de frutas en el Paseo del Prado, frente a la Estación de Villanueva. 1906.

Puesto de frutas

Puesto de frutas. 1955.

Puesto de frutas en Malecón y Paseo. pre-1959.

Puesto de frutas en Malecón y Paseo. 1950s.

anuncios y juguetes

Calle Bernaza. 1959.

Calle Bernaza. 1959.

La Habana de los años 1950 ofrecía, para quienes crecieron en ella, un entretenimiento que tal vez pocos niños de otras ciudades tenían: El de mirar y leer cuanto anuncio de neón se veía, al pasear en auto por las noches con los padres.
Mi prima y yo teníamos más o menos la misma edad y vivíamos muy cerca, por lo que muchas veces ella se sumaba y salía con nosotros en el auto de mis padres a pasear en la noche cuando el clima estaba bueno.
Este no era un hábito sólo de mi familia. Por las noches parecía que toda familia con auto salía a mirar los anuncios y las vidrieras de las tiendas. Eran muchos autos, elegantes o modestos, con niños o sin ellos, todos con los ojos apuntando hacia arriba. A veces se escuchaban “!mira mami, mira…!”.
Era de lo más entretenido para mí mirarlo todo y, además, mirar los otros autos.
Algunas avenidas tenían anuuncios que me gustaban mucho como el de amarillo y rojo de la Phillips en la calle Infanta… Este anuncio era inmenso. La fachada de vidrio traslúcido del cine Astral lo hacía aún más llamativo.
Otros que aún recuerdo bien son el anuncio de la Pan American, en 23 y O, con sus avioncitos que salían volando de Cuba hacia USA, Europa y otros puntos. Los de la calle San Rafael eran una secuencia muy buena, y las vidrieras de El Encanto,  Fin De Siglo, J’Vallés, etc., siempre eran distintas, pues las re-diseñaban frecuentemente.
Era muy bueno pasar por el Rex (“despacio”, le decía a mi padre, “please, para ver qué están poniendo”). El Cinecito nunca me gustó. Mi padre doblaba por una de esas calles y regresaba hasta Galiano por (creo) la calle San Miguel, y entonces veíamos a la derecha la gran vidriera de Los Reyes Magos! una de las dos mejores tiendas de juguetes de La Habana y, en mi mente, del universo. (La otra era La Sección Equis, en Obispo, donde vendían trenes eléctricos alemanes en escala HO). Pero ahora que recuerdo, había un tercer lugar para juguetes: El Encanto. Era para quedarse boquiabierto. Aquí te envío una foto que encontré de un juguete del que me antojé y pataleé y grité hasta que me lo compraron ahí mismo en El Encanto en 1958 (con 10 cajas de fulminante). Se trataba de una ametralladora automática de fulminante, hecha por MATTEL. Cosas así ahora no existen y ni siquiera son legales en esta nueva época donde todo es al revés.
Para compensar a mi prima, quien tambien esa noche se antojó de algo, le compraron un juego completo de vajilla de juguete, hecho en Inglaterra. Total, que cuando crecio jamas le gusto cocinar.
Recuerdo la juguetería de El Encanto muy bien. Tenía una plataforma sobre la cual había 4 mesas dedicadas a modelos a escala de famosos aviones, barcos, submarinos, edificios y cientos de cosas más. Esa sección de la tienda me gustaba mucho, y cada vez que iba me compraba algún modelo.
Recuerdo el anuncio de neón verde brillante de la clínica Marfán, de 17 y 2; el inmenso de neón Art-Deco azul y rojo del cine Manzanares (al cual jamás fui); el gigante anuncio rojo de Sarrá sobre uno de los edificios más altos del Malecón (este anuncio pronto lo cambiaron para que dijera Patria o Muerte en lugar de Sarrá); las decenas de anuncios encima del Hotel Telégrafo, que eran muchísimos y te costaba trabajo leerlos todos. Además, estaba la distracción adicional de la música de las mujeres de la Orquesta Anacaona con sus trompetas y saxofones tocando música en la acera, ahí mismo bajo las columnas del Hotel Telégrafo. Me hubiese gustado que los más jóvenes hubiesen podido ver este espectáculo.
Seguro que se me han olvidado muchos otros anuncios luminicos notables… pero no me quiero extender interminablemente.
Los anuncios lumínicos de neón en La Habana comenzaron a finales de los años 30 y se multiplicaron increíblemente entre 1940 y 1959.  Era algo habitual. Casi toda la ciudad estaba iluminada no sólo por el alumbrado público sino también por las decenas de miles de anuncios lumínicos por toda la ciudad, aún en los barrios mas modestos. Los anuncios lumínicos eran sinónimo de vida, actividad, comercio y compañía humana.
Los anuncios comenzaron a deteriorarse y desaparecer casi de inmediato despues de 1959, pues requieren atención y mantenimiento sostenido. Y en el sistema de después de 1959, el mantenimiento es una quimera. Es casi inexistente.
Para 1970 ya quedaban en La Habana sólo una fracción de los anuncios lumínicos que existían pocos años antes.
Texto e imágenes enviados por un lector.
Calle Consulado y Hotel Lido. 1954.

Calle Consulado y Hotel Lido. 1954.

San Rafael.

San Rafael.

Flogar. 1958.

Flogar. 1958.

La Rampa. 1960.

La Rampa. 1960.

 

Calle Consulado. 1957.

Calle Consulado. 1957.

23 y 12, Vedado. 1959.

23 y 12, Vedado. 1959.

Ver también Walker Evans: Radiografía de La Habana (1933).

sombrillas

sombrilla
Sombrilla de fabricación china comprada en 1976. Foto 2013.

Sombrilla. Hecha en la República Popular China. Comprada en 1976.

Vuelven a verse en las calles de La Habana mujeres con sombrilla. Las sombrillas que se comercializaron en los años 1970s eran, como las de ahora, de fabricación china, con coloridas flores y, en ocasiones, elegantes mangos tallados, nada que ver con los paraguas de los años 1950s que se conservaban en casa de mis abuelos, algunos rotos y descoloridos. La señora que a diario cuida y acompaña a mi abuela, quien está enferma de Alzheimer, suele andar siempre con una sombrilla china. Dice que la compró en la tienda Roseland en el año 1976 por 25 pesos. Entonces ganaba 138 pesos. Dice que su sombrilla jamás se ha roto.

Generación Y: Tres parámetros, una casa

Anuncio de venta
Imagen tomada de internet, 2013.

Imagen tomada de internet, 2013.

En Generación Y: Tres parámetros, una casa:

(…) Ahora mismo los parámetros que determinan el costo final de una vivienda son al menos tres: ubicación, estado constructivo y pedigrí. El barrio influye mucho en el monto final del inmueble. En La Habana, las zonas más apetecidas son el Vedado, Miramar, Centro Habana, Víbora y Cerro por su carácter céntrico. Las menos buscadas Alamar, Coronela, Reparto Eléctrico, San Miguel del Padrón y La Lisa. La mala situación del transporte público influye bastante en que la gente prefiera casas que estén cerca de los puntos con mayor fuerza comercial y con abundantes espacios recreativos. Si hay un mercado agrícola en las inmediaciones, la suma a pedir crece; si el Malecón le queda próximo, también. Se rehúye de la periferia, aunque entre los “nuevos ricos” que han alcanzado un poco más de capital –ya sea por vía legal o ilegal- empieza la tendencia de buscar una finca en las afueras. Sin embargo, aún es demasiado temprano para hablar de una tendencia a alejarse hacia zonas más verdes y menos contaminadas. Por el momento, la premisa principal se reduce a mientras más céntrico mejor.

El estado constructivo, se erige como otro de los elementos que definen cuánto costará una vivienda. Si el techo es de viga y loza, los números se caen; mientras que las construcciones de las décadas 40 y 50 del siglo pasado gozan de muy buena reputación y atractivo. Las peor valoradas son las llamadas “obras de microbrigadas” con sus feos edificios de hormigón y sus pequeños apartamentos estilo Europa del Este. La cubierta si es ligera –tejas, zinc, madera, papel de techo- obliga al vendedor a obtener menos. El estado del baño y de la cocina es el otro punto que influye muy directamente en las posibilidades de comercializar el inmueble. La calidad de los pisos, si las ventanas están enrejadas y la puerta es nueva –de cristal y metal- se convierten en puntos a favor. En caso de que no haya vecinos arriba, entonces el propietario se puede sentar a pedir. También están muy valoradas las casas que tiene dos entradas, pensadas para una familia numerosa que busca dividirse e independizarse. Todo cuenta, todo vale.

Hasta aquí parece un mercado inmobiliario como cualquier otro en cualquier lugar del mundo. No obstante, hay una situación que define de manera muy peculiar el valor de las casas en venta. Se trata del pedigrí de las mismas. Con esto se hace referencia a si la vivienda ha pertenecido a una familia desde siempre o si fue confiscada en alguna de las oleadas de expropiaciones que vivió Cuba. Si el anterior dueño se fue cuando la Crisis de los Balseros en 1994 y el Estado entregó la propiedad a una nueva persona, el precio de la misma baja. También puede ocurrir que esto haya sucedido durante las salidas por el Puerto del Mariel en 1980, momento en que la propiedad fue otorgada a otros ante la emigración de quienes la habitaban hasta ese entonces. Pero donde los precios tocan fondo es en aquellos inmuebles confiscados entre 1959 y 1963 cuando las grandes partidas de exiliados. Pocos quieren meterse en el problema de adquirir un sitio que después podría estar en litigio. Aunque hay algunos que aprovechan esta situación para comprar a precio de remate verdaderas mansiones en los barrios más céntricos.

Para lograr comprobar tanto la ubicación, el estado constructivo, como el pasado legal de la casa, los potenciales compradores se auxilian de su propia experiencia, de un buen arquitecto y hasta de un abogado que hurgue en los detalles de la propiedad. Cada elemento pondrá o quitará una cifra, un cero, una centena al precio total que están dispuestos a pagar. (…)

Los días no volverán: Envasado al vacío

Envases de productos cubanos para la exportación
Envases de productos cubanos para la exportación. Publicado en Granma Internacional. 1987.

Envases de productos cubanos para la exportación. Publicado en Granma Internacional. 1987.

En Los días no volverán: Envasado al vacío:

…Ni tan siquiera recuerdo haber visto algún paquete de Cerelac que declarara su composición, pero si lo hubiese habido, tampoco estábamos acostumbrados a escudriñar los envoltorios para leer ingredientes, conservantes o fechas de caducidad, sobre todo porque casi ningún alimento facturado en Cuba estaba envasado. La leche en polvo se vendía a granel: los afortunados que tenían dieta iban a la bodega con una “jabita” para que se la despacharan. El bodeguero abría el saco, se sumergía en él y sacaba con un jarro escachado, como si fuera agua de un pozo, el polvo de leche contaminado con más polvo (ambiental) y cualquier otra impureza que ni nos atrevíamos a imaginar. O el puré de tomate que se almacenaba en aquellos tanques oxidados de 55 galones y que envasábamos en pomos plásticos reciclados, vendidos por un anciano semiindigente que los recogía de la basura; o la cerveza a granel, a la que le echaban cubos de jugo de toronja para aumentarla, según decían por entonces. Y ya ni siquiera me refiero a los productos de reventa, esos que podían venir envueltos en papel de periódico o en cajas de zapatos, sino a los oficiales.

En mi último viaje a la isla compré algunas cajas de jugo que, una vez terminadas, mi madre conservaba para rellenar. Tener aquellos briks de colores en la nevera formaba parte de su fantasía cotidiana que yo no me atrevía a destruir. Así hacía con los potes de helado, con los pomos de cristal que antes habían sido de aceitunas y en los que ahora guardaba ajos pelados o con los geles de ducha, que aunque vacíos ya, seguían ocupando su espacio en la repisa del baño…
En la cómoda, por los siglos de los siglos, unas preciosas cajas de talco heredadas de la abuela (y llenas ahora de botones hasta rebozar), y a su lado, la única de diseño más aceptable que se vendió en los `80: el talco Tú.
Los envases venían a ser como un subproducto capitalista que enmascaraba el producto; un beneficio añadido y prescindible, como la doble moral. (La profesión de diseñador podría ser una de las más obsoletas del Período Especial, e incluso, del Socialismo indigente cubano.)…
Gracias a Axana Álvarez por el enlace.

Las cosas, ejercicio audiovisual

 

Las cosas, ejercicio audiovisual dirigido por Julia Amanda García Saldaña, y producido por la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. (Si no se muestra el video, pueden obtenerlo pinchando sobre el enlace)

H/T: Ernesto Oroza.

Calzada de Infanta, por Ciro Bianchi

San Lázaro y Infanta
San Lázaro e Infanta. La Habana.

San Lázaro e Infanta. La Habana.


Por Ciro Bianchi, en Juventud Rebelde:

Para los habaneros, la calzada de Infanta siempre ha sido Infanta. Hablo de esa vía tan transitada y recurrida que empieza casi en el mar y va a morir a la Esquina de Tejas. En 1921 se le dio de manera oficial el nombre de Avenida Menocal, sin que nadie la haya llamado nunca de esa forma, y tampoco prosperó, en 1928, la propuesta de la Comisión de Historia, Ornato y Urbanismo del municipio habanero de denominarla Avenida Calixto García. Esta vía es Infanta por la infanta Isabel, la hija de Fernando VII y María Cristina, que, con el nombre de Isabel II, ocuparía el trono de España entre 1843 y 1868, cuando fue derrocada.

(…)

Si exceptuamos el edificio de la esquina de Infanta y Carlos III, acera de los pares, que ocupó durante muchos años la funeraria San José, no hay grandes mansiones en esta calzada. La vivienda en ella es más bien popular, sobre todo las casas individuales, y más de clase media en algunos de los edificios de apartamentos.

Abundaban allí —quedan algunos— los establecimientos de servicio y las fábricas. La Pennino Marble Co., procesadora de mármol y granito, en la esquina con Desagüe. La fábrica de muebles de Orbay y Cerrato, en la esquina de Amenidad. Frente, la Canada Dry S.A., embotelladora de refrescos Ginger Ale, Spur Cola y Naranja, así como el agua carbonatada de esa marca, con casa central en Canadá.

El local, hoy vacío, de las Lámparas Quesada, para la exhibición y venta de objetos del hogar, empresa asentada en La Habana —venía de Santiago de Cuba— en 1928, con sucursales en las capitales de provincia y representaciones en Panamá, Venezuela, República Dominicana y Puerto Rico. En los portales de Quesada, pernoctó durante años el Caballero de París. En el bar de enfrente, si se cruza Infanta en diagonal, se han degustado durante años los mejores ostiones de La Habana.

Estamos en Infanta y San Lázaro, esquina eminentemente estudiantil. Las manifestaciones del alumnado universitario contra las dictaduras de Machado y Batista eran aquí reprimidas con saña. No es casual que en este sitio que marca la frontera entre Centro Habana y el Vedado, se erigiera el Parque-Monumento a los Mártires Universitarios, obra de Mario Coyula, Emilio Escobar, Armando Hernández y Sonia Domínguez, y que no es un monumento en medio de una plaza, sino una plaza que es a su vez el monumento. De ahí la originalidad de este proyecto que resulta, en La Habana, la primera intervención contemporánea en un contexto histórico ecléctico. El Parque-Monumento se inauguró en 1967. Hasta poco antes compartieron ese espacio la carpa del circo Santos y Artigas y una cuartería que, recordaba Eduardo Robreño, era conocida con el nombre de Solar de la Mierdita. Así, en diminutivo.

En la esquina de Benjumeda se halla la funeraria La Nacional. Su propietario —dueño asimismo de la casa mortuoria de Calzada y K— fue, dice Guillermo Jiménez en su libroLos propietarios de Cuba, la figura más destacada del giro funerario en la Isla. Sus intereses abarcaban desde la venta de flores y coronas hasta de panteones, ya que él y sus hijos eran fuertes propietarios de bóvedas y terrenos en el cementerio de Colón. José R. Rivero, que así se llamaba el personaje, comenzó con un modesto negocio de venta de flores en los portales de Diez de Octubre y Concepción, en Lawton. Corrían los años 20 del siglo pasado. Le fue bien y con 500 pesos que pidió prestados abrió el jardín Tosca. Lo demás vendría después.

La revista Carteles, en la esquina de Peñalver, llenó toda una época en la vida cubana. Comenzó a aparecer en junio de 1919 y dio a conocer su último número el 31 de julio de 1960. …

Claro que si de las esquinas de Infanta se trata, ninguna es más famosa que la de Tejas. Sigue siendo un lugar de referencia en La Habana, nudo importante del transporte urbano y punto de coincidencia de las calzadas de Monte, Cerro y Diez de Octubre, con una panadería, que ya no existe, que le hacía la competencia a la de Toyo con su pan caliente cada 15 minutos, y una valla de gallos de la que apenas queda memoria.

Dice Robreño que se dio ese nombre a esta esquina por las numerosas casas de tejas francesas de la zona. El Bodegón de Tejas y la fonda El Globo de Tejas consolidaron el nombre del lugar. El Bodegón fue demolido en 1926 para construir allí un edificio de dos plantas donde se instaló, en los bajos, el bar Moral, hoy una cafetería. En el área que ocupan ahora los edificios de 20 pisos, símbolo de los nuevos tiempos, hubo una casa quinta espaciosa, aunque de bajo puntal. En 1912 la habitó José Trillo, que utilizó los terrenos que rodeaban la vivienda para el cultivo de flores que comercializaba en su acreditado jardín La Gardenia.

En 1914 se arrendó la casona para establecer una sala cinematográfica que tuvo diferentes nombres hasta que quebró. Entonces, ya en 1919, sirvió de escenario a los espectáculos llamados Garden Play, con muchachas vistosas y rollizas que atraían a adolescentes y valetudinarios por la posibilidad que les brindaba de sorprender alguna rodilla desnuda cuando la tenista daba una carrera apresurada para contrarrestar un remate. Con posterioridad se instaló allí el cine Ofelia, destruido por un incendio, y en 1921, el cine Valentino, con cuyo nombre se quiso aprovechar la fama del actor.

Pasando Tejas, pero antes de llegar a la calle Universidad, estuvo la fábrica de chocolate La Española. Apropiado, como otros tantos chocolates, para elaborar la sabrosa bebida, pero que los pequeños de hace medio siglo preferían degustar como golosina. Su envoltura mostraba a una mujer que lucía un traje típico de alguna de las regiones de España. ¿Andalucía, Galicia, Murcia…? ¡Vaya usted a saber a la vuelta del tiempo transcurrido!

Personas cercanas a los 80 años que residieron en la zona recuerdan desde siempre el edificio en ruinas de Infanta y Peñalver como una casa de vecindad. Así debe haber sido desde 1930, más o menos. Con anterioridad es posible que fuera una fábrica de chocolate, bombones, caramelos, galletas y confituras en general. Dice el imprescindible Guillermo Jiménez que dicha industria fue el resultado de fusiones y absorciones que ocurrieron en empresas del giro.

La fábrica original se fundó en 1868, según algunos, y en 1881, según otros. Tenía un departamento especial para la producción de pasta de guayaba. Eran 32 000 libras diarias que se envasaban en frágiles cajitas de madera. Una guayaba más tosca y oscura que las que llegaban al mercado envueltas en papel transparente, y sin la barrita de jalea que era una constante en las guayabas más finas. Pero pocas guayabas más sabrosas que aquella prieta de las cajitas de madera que todavía en 1959 se expendían a siete centavos en el comercio minorista.

En 1900 instalaron esta fábrica de Infanta y Peñalver. Se refundiría con otras marcas de confituras, entre estas La Estrella, hasta que en 1930 se constituye la Cuba Industrial Comercial, que se radicó en la calzada de Buenos Aires y comercializaba sus producciones con el nombre de La Estrella. Repárese en la fachada del caserón ya al borde del colapso: luce una estrella en lo alto.

En la esquina de Neptuno se alza el edificio de los Padres Carmelitas Descalzos; iglesia y convento. Tiene dos campanarios y uno, el de la derecha, alcanza una altura de 63 metros. En lo alto se aprecia una imagen de bulto de la virgen del Carmen, con sus 9,5 toneladas y más de siete metros de alto.

Alguien preguntó en una oportunidad a este escribidor cómo pudo colocarse la virgen en su torre monumento, toda vez que el hecho ocurrió en 1927, dos años después de la construcción de la torre. En torno al suceso giran leyendas y especulaciones. El que más y el que menos parece tener en La Habana una explicación que quieren hacer pasar como verídica.

La imagen de bronce se trajo de Italia, y ya frente a la iglesia debió aguardar un mes hasta que 11 operarios de la ferretería y fábrica de estructuras de acero de Celestino Joaristi, con sede en la calle Monte, construyeran por dentro de la torre un andamiaje de metal que apoyaría el ascenso de la virgen. Una vez montada esa estructura, la imagen, elevada por güinches de vapor, demoró 11 minutos en recorrer los 63 metros del campanario. Hubo aplausos y llantos entre los que, en la calle, esperaban el momento. Una paloma blanca se posó en el hombro de la virgen.

Hubo un inconveniente pronto solucionado. A causa de su brazo izquierdo, que la virgen mantiene extendido hacia fuera, la imagen no cabía en la estructura que se preparó para su ascenso. El ingeniero que encabezaba el grupo de operarios no lo pensó dos veces. Determinó cortar el brazo y soldarlo una vez que la imagen llegara a lo alto de campanario.

cifras de población y de bienes de consumo

La Habana. 1950s. Imagen tomada de cjaronus blog.

La Habana. 1950s. Imagen tomada de cjaronus blog.

En Diario de Cuba:

Antes de los Castro, la Isla era un imán para atraer inmigrantes de Europa, Medio Oriente, Asia, el Caribe e incluso de Estados Unidos. Estadísticas del antiguo Ministerio de Hacienda de Cuba revelan que solo entre 1902 y 1930 llegaron a nuestro país 1.3 millones de inmigrantes, 261.587 de ellos en los últimos seis años de ese período.

En esos 28 años, encabezaron la lista 774.123 españoles, 190.046 haitianos, 120.046 jamaicanos, 34.462 estadounidenses, 19.769 ingleses, 13.930 puertorriqueños, 12.926 chinos, 10.428 italianos, 10.305 sirios, 8.895 polacos, 6.632 turcos, 6.222 franceses, 4.850 rusos, 3.726 alemanes y 3.569 griegos.

En años posteriores siguieron llegando a Cuba más inmigrantes de las nacionalidades mencionadas, así como también libaneses, judíos, palestinos, rumanos, húngaros, filipinos y mexicanos (sobre todo de Yucatán), etc. En 1958 había en la embajada de Cuba en Italia 12.000 solicitudes de ciudadanos deseosos de emigrar a la Isla.

Pero si en 1958 Cuba era uno de los tres países de Latinoamérica con mayor ingreso per cápita, con 374 dólares —el doble que en España ($180) y casi igual al de Italia—, hoy es uno de los más pobres. Es el único que en vez de avanzar involucionó y presenta ahora un grado menor de desarrollo económico y social que hace media centuria. Ni siquiera Haití sufrió tal retroceso.

Los efectos del castrismo asombran cuando se examinan algunas estadísticas del Anuario Estadístico de Naciones Unidas, el Atlas of Economic Development (1961) de Norton Ginsburg, la FAO, el Departamento de Comercio de EE UU, y el Cuban Center for Cultural Social & Strategic Studies, Inc.

En 1958, como en cualquier nación en desarrollo, había pobreza en la Isla, pero Cuba era el octavo país del mundo con mayor salario promedio en el sector industrial, con $6.00 diarios, por encima de Gran Bretaña ($5.75), Alemania Federal ($4.13) y Francia ($3.26). La lista la encabezaban EE UU ($16.80) y Canadá ($11.73). Cuba, además, ocupaba el séptimo lugar mundial en salario agrícola promedio, con $3 diarios, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Hace 54 años Cuba registraba la mayor longitud de vías férreas en Latinoamérica, con un kilómetro de vía por cada 8 kilómetros cuadrados. Y era líder en televisores, con 28 habitantes por receptor (tercer lugar en el mundo); la primera señal de TV a color en el mundo fuera de EE UU fue lanzada en La Habana por Gaspar Pumarejo, el 19 de marzo de 1958. El país ocupaba el segundo lugar latinoamericano en número de automóviles, con 40 habitantes por vehículo.

También teníamos la más baja tasa de inflación en Latinoamérica, con 1.4%. Nos autoabastecíamos de carne de res (desde 1940), leche, frutas tropicales, café y tabaco; y éramos casi autosuficientes en pescados y mariscos, carne de cerdo, de pollo, viandas, hortalizas y huevos. Éramos el primer país latinoamericano en consumo de pescado y el tercero en consumo de calorías, con 2.682 diarias. Producíamos el 76% de los alimentos que consumíamos (hoy producimos el 21%), y había una vaca por habitante.

La Isla exportaba más de lo que importaba, y era la tercera economía más solvente de la región por sus reservas de oro y de divisas y por la estabilidad del peso, a la par con el dólar. Era el país latinoamericano con menor mortalidad infantil y el que dedicaba mayor porcentaje del gasto público a la educación, con el 23 %. (Costa Rica, 20%; Argentina, 19.6%; y México, el 14.7%). En 1953, Francia, Gran Bretaña, Holanda y Finlandia contaban proporcionalmente con menos médicos y dentistas que Cuba.

Cuba era también proporcionalmente en 1958 el país latinoamericano con más salas de cine, ostentaba el segundo puesto en cantidad de periódico impresos, con ocho habitantes por ejemplar, luego de Uruguay (seis), y tenía el segundo lugar en teléfonos, con 28 habitantes por aparato.

Conclusión, que la debacle económica cubana no es causa, sino efecto. La verdadera razón que fuerza a emigrar de Cuba es el sistema político que sepultó la libertad económica y transformó la Isla en una ameba gigante que se nutre de subsidios extranjeros.

datos de “antes” y “después”

Tienda Fin de Siglo. Imagen tomada de Contextus.

Tienda Fin de Siglo. Imagen tomada de Contextus.

Cubanidades: El Fin de Siglo que no conocieron:


Los nacidos después del 59… vistieron con ropas generacionales pues pasaban de un familiar a otro, zapatos fuera de moda aunque siempre limpios. Perfumes y desodorantes eran una joya arqueológica y el champú “Fiesta” su única opción.

Noches de Habana, sin el glamour de años anteriores, clubes nada exclusivos. Pocas playas, escasas piscinas y abundante malecón. Un par de zapatos de “Primor” para “los quince de la niña” , una fiesta con reducidas ofertas y mucha demanda. Música hasta pasada la media noche resumiendo la alegría de estar vivos. Cajas de talco a modo de rolos para amoldar el pelo. “Chancletas metedeo”, batecasas, palabras que parecían salidas de un idioma que busca el facilismo mental por lo descriptivas.

……………….
En esos momentos era conocida la ropa soviética en pleno verano, circo soviético, exposición rusa, maestrías y postgrados de cultura hispana en la Unión Soviética. Premios de los 9500 millones a la Repúblicas Socialistas. Calzado preparado para frio mas no resistente al calor. Como idioma universal el ruso, inservible y áspero en las costumbres pero útil para negociar en sus colonias. Cintas de seda con grandes lazos, batas vaporosas. Tanta Europa resumida a un solo país. Muñequitos rusos odiados pero necesarios compitiendo con el exclusivo Elpidio Valdés, palmiche y sus contrarios.

De aquellas famosas tiendas quedaron vagos recuerdos reforzados por el deseo desmesurado de aprender de un pasado que tenía un Encantonatural por más que la Época era diferente. Quizás llegaría el Fin de siglo, con otras expectativas ya no tan pendiente de los Ten cent de salario con pensamiento de miseria. Hoy la generación que toma la vanguardia de la juventud conoce de lo aprendido. Sus recuerdos son tan pobres como las vivencias de sus padres y las remembranzas de los abuelos.

Ahora todo es diferente, las famosas escaleras rodantes que cincuenta años atrás causaron impacto hoy son pirámides esculpidas sobre la inmovilidad. Mostradores que no enseñan sino ocultan la ausencia de productos. Lámparas que dejaron de ser luminarias para ocupar el puesto de espacios oscuros. Los aires acondicionados acaparan la atención en días calurosos porque su uso restringido es muestra de un pasado tan remoto como el pensamiento de querer cambiar la vida con adelantos científicos. Cuba, un país que avanza de marcha atrás, no porque busque sus orígenes sino porque desconoce su futuro.

el carrito del helado

Carrito de helados

Carrito de helados. 1970s. Imagen tomada del grupo de Facebook 3ra y A.

Se anunciaba con La polonesa y, en cuanto la escuchábamos, corríamos a pedirle a nuestros padres que nos compraran helado. Éste se vendía en paleticas, creo que de un solo sabor (vainilla cubierta en chocolate), y venían envueltas en un cartucho de fino papel blanco. También se podía comprar helado en cajas rectangulares de tamaño familiar que siempre combinaban dos sabores, y en pintas y galones de cartón. Ya a finales de los años 1980s habían desaparecido los carritos de helado.

Carrito de helados. Imagen tomada de internet.

la industria y el comercio a principios de 1959

Billete de un peso. Serie de 1966
Billete de un peso. Serie de 1966

Billete de un peso. Serie de 1966. Colección Cuba Material.

En Pérez-Stable, Marifeli. 2008. La revolución cubana. Orígenes, desarrollo y legado. Madrid: Colibrí. Original en inglés publicado en 1993):

Según este periódico, en 1959 el poder adquisitivo de la población aumentó en 200 millones de pesos en ocho meses. “Las solicitudes de inversión se multiplicaron por dies y las de licencias para pequeñas empresas crecieron en un 400%” (en Pérez-Stable 2006:116).

Y continúa: “La Asociación Nacional de Industriales de Cuba estuvo de acuerdo en formar parte de las filas revolucionarias, y a pesar de que se quejaba por el aumento de los salarios, respaldaba la industrialización y sometió su propio programa a la consideración del gobierno revolucionario” (p. 117).

“El 1ro de enero de 1960 la ANIC felicitó al gobierno revolucionario en ocasión de su primer aniversario, y elogió el programa de industrialización, la honestidad administrativa, la expansión del mercado nacional y las regulaciones del comercio exterior. De igual manera, los industriales se ofrecieron para lanzar una campaña internacional dirigida a mejorar la imagen de Cuba en el ámbito financiero.” (p. 117)

Esta luna de miel duró mientras el régimen no se radicalizó. “A medida que se definía el carácter del nuevo gobierno, las clases económicas comenzaron a retirar sus inversiones” (p.119).

El tono de la voz: Branson DeCou y La Habana espectral de 1932

Imagen tomada de “El tono de la voz”

El tono de la voz: Branson DeCou y La Habana espectral de 1932:

Las fotografías que tomó DeCou a lo largo de su viaje están imbuidas del evidente pasmo ante el ambiente bucólico que le sugirió la isla. Eso hace que sus fotos resulten apenas distintas de las que llenan el anverso de las tarjetas postales de la Cuba republicana —léase a Gustavo Pérez-Firmat y su magnífico The Havana Habit para el imaginario de los viajeros norteamericanos a Cuba.

Con todo, muchas veces La Habana más genuina es aquella que no se le parece. Y Branson DeCou encontró una fotogenia de La Habana anterior al morboso regodeo entre sus ruinas. Una ciudad entonces en efervescencia política, pero a la vez una urbe ordenada y desierta: un territorio espectral. Más espectral aún, cuando plasmada en fotografías en blanco y negro que eran coloreadas después en un estudio de New Jersey.

Ver todas las fotografías de DeCou en la Universidad de California en Santa Cruz (h/t: El tono de la voz).

Havana. 1932.

Havana. 1932.

heladería Coppelia

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Centro turístico ubicado donde se encuentra ahora la heladería Coppelia

Primer boceto del arquitecto Mario Girona para la heladería Coppelia. 1965. Imagen tomada de internet.

En Apuntes de una periodista, por Angélica Mora:

Una madrugada de enero de 1966 saliendo del hotel Habana Libre, antes Habana Hilton, Fidel Castro medio “prendido”, luego de presidir un congreso internacional, se quedó contemplando la esquina diagonal opuesta donde funcionaba un centro recreativo llamado Nocturnal . Allí había estado el hospital Reina Mercedes construido en 1886 y demolido en 1954 para dar paso a un rascacielos de 50 pisos que nunca se erigió. En un arrebato Fidel hizo llamar al arquitecto Mario Girona y lo obligó a diseñar “la heladería más grande del mundo”. “Pero Comandante balbuceó Girona- no existen referencias de heladerías tan inmensas como la que usted quiere”. La mirada gélida de Fidel fue la respuesta al arquitecto que en tiempo récord construyó la Heladería Coppelia, abierta al público el 4 de junio de 1966. El día de su inauguración se ofreció un menú de 26 sabores y 24 combinaciones, y se vendieron más de 3 mil tinitas de helado durante las doce horas que estuvo abierta, con colas de varias cuadras…

En Univision.com Mi página, por Ciro Bianchi:

La heladería Coppelia cumplió, el pasado 4 de junio, 42 años de construida. Lo curioso es que este establecimiento monumental, enclavado en lo que sigue siendo el corazón de La Habana moderna, no se ha inaugurado nunca de manera oficial. Un día abrió sus áreas al público y la gente entró para saborear los 26 sabores de helados que ofertaba entonces y que, con el tiempo, llegaron a ser 54. Fue en esa época el centro de encuentro y reunión por excelencia, y en buena medida lo sigue siendo. Los jóvenes de entonces, antes de ir a cualquier lugar, iban primero a Coppelia, o terminaban la noche en sus predios. A la oferta de los helados se unía la de sueros y batidos, y los precios eran escandalosamente bajos, más si se comparan con la calidad del producto, sencillamente insuperable. Un helado Coppelia es un helado Coppelia, y punto.

El triunfo de la Revolución no solo propició a las grandes masas el acceso a la educación y la salud. Les abrió también las puertas del consumo y la recreación. Empezó a comer el que no comía, y clubes y centros de esparcimiento que fueron exclusivos de la burguesía se llenaron de trabajadores y estudiantes. El Instituto Nacional de la Industria Turística (INIT) impulsaba un plan de excursiones nacionales, con una campaña publicitaria sin precedentes que giraba en torno al lema «A viajar por mi Cuba que me lleva el INIT» y que podía pagarse hasta doce meses después de la fecha de su disfrute. Los congresos más trascendentes se celebraban entonces en el Hotel Habana Libre, y el Pabellón Cuba pasó a ser sede de grandes exposiciones, en tanto que en las aceras de La Rampa se empotraban losas de granito que reproducían obras de importantes pintores cubanos para convertirlas en una galería de arte sui géneris.

Era la época en que Miriam Acevedo cantaba poemas de Virgilio Piñera en El gato tuerto, y en La Roca, Martha Strada arrebataba con su estilo. Bola de Nieve complacía a sus admiradores en una sala pequeña, casi íntima del Museo Napoleónico y hacía que el público abarrotara el Auditórium Amadeo Roldán para escucharlo en sus recitales de medianoche, y el cantante José Tejedor tenía tres programas diarios en la radio cubana. Aquel año de 1966, cuando se inauguró Coppelia, fue también el de la primera feria del libro, que tuvo lugar en el Pabellón Cuba y sus alrededores. El año en que se reimplantó la venta liberada de los huevos, se inició, con carácter experimental, el plan de la Escuela al Campo y se creó el Centro Nacional de Permutas. Un año en que EE.UU. no pudo impedir la presencia de Cuba en los X Juegos Centroamericanos y del Caribe, que se celebraban en Puerto Rico. También un año de agresiones, sabotajes, infiltraciones enemigas, planes de atentado contra las más altas figuras de la dirección del país. Soldados norteamericanos, desde la base naval en Guantánamo, asesinaban a Luis Ramírez, combatiente del Batallón de la Frontera, y el Gobierno Revolucionario se veía obligado a decretar el estado de alerta ante una cínica declaración injerencista de Washington. Dos ciclones azotaron la Isla; el Alma, en junio, e Inés, en octubre. Se creó el Consejo Nacional de la Defensa Civil en aquel año que concluyó con una cena gigante en la Plaza de la Revolución en saludo a la victoria de enero.

Se extendía la cocina italiana en la preferencia del cubano; había croquetas que se pegaban al velo del paladar y les llamaban «mira cielo» o croquetas de ave… de averigua de qué estaban hechas. Aparecía tímidamente la guachipupa en sustitución del Son, el único refresco (de cola) que se expendía embotellado en la capital. Se comía espléndidamente en restaurantes como 1830 y Centro Vasco, y el espectacular sándwich cubano campeaba por sus respetos en El Carmelo de Calzada, en la Casa Potín y en La Alborada, del Hotel Nacional. Un sándwich y una cerveza por dos pesos de la época. Entonces en los restaurantes se ofertaba un solo plato fuerte por comensal y para repetir el sándwich y la cerveza en aquellas cafeterías se imponía hacer la cola de nuevo. ¡Y qué colas! Porque el ciudadano común de todas las procedencias y colores podía entrar a esos lugares y sentarse a una mesa, y tenía dinero para hacerlo.

El viejo hospital

Solo en una Habana así podía concebirse una heladería con mil capacidades como Coppelia. Hasta ese momento los establecimientos de ese tipo estaban dispersos por la ciudad, y muy célebre seguía siendo la heladería Ward, emplazada en la avenida de Santa Catalina, cerca de la Ciudad Deportiva, luego de haber estado situada en la calle 23. Las fábricas de helados vendían por lo general sus productos en la vía pública. Para ello, El Gallito se valía de coches tirados por caballos, alumbrados por una lámpara de carburo, en tanto que marcas como Hatuey, Guarina y San Bernardo, con un mejor posicionamiento del mercado, utilizaban camiones refrigerados, que se situaban en lugares céntricos, o carritos de mano, que el heladero empujaba mientras que, para anunciarse, hacía sonar su campanilla.

Yo no recuerdo qué hubo en la esquina de 23 y N antes de que allí se construyera, en 1963 y en solo 70 días, el Pabellón Cuba. Me inclino a pensar que se trataba de un terreno yermo que los arquitectos Juan Campos y Enrique Fuentes aprovecharon para emplazar esa edificación abierta a la brisa y a la perspectiva; un alarde de arquitectura aérea donde las suaves pendientes avanzan hacia la vegetación y el agua cristalina. Acogería entre otros eventos, la Primera Muestra de la Cultura Cubana, en 1967, y, en esa misma fecha, el importante Salón de Mayo, que trajo a Cuba desde París lo que en el mundo se hacía en el campo de las artes plásticas.

En la manzana comprendida entre las calles 23 y 21, L y K, donde se construyó la heladería Coppelia, estuvo el hospital Reina Mercedes. Se llamó así por la esposa del rey Alfonso XII, de España, bisabuelo del actual rey Juan Carlos. Mercedes murió poco después del matrimonio. Su muerte dio pie, en el Madrid de aquellos días, a un poemita que llega hasta hoy. «¿Dónde vas Alfonso XII? / ¿Dónde vas, triste de ti? / Voy en busca de Mercedes, / que ayer tarde la perdí». Pese al dolor de la pérdida, Alfonso volvió a casarse. El hospital pasó a ser entonces Nuestra Señora de las Mercedes, pero los habaneros terminaron llamándolo Mercedes a secas. Funcionó hasta 1954. Sus terrenos, que en 1886 costaron 7 000 pesos, se vendieron entonces en casi 300 000. Una compañía constructora se empeñó en edificar allí un hotel de 500 habitaciones. El triunfo de la Revolución tronchó el proyecto, y en el espacio del demolido hospital Mercedes se construyó un centro turístico con lagos y montañas artificiales, escenario flotante, bar, cafetería y restaurante para 500 comensales. Por razones que desconoce este escribidor, ese centro turístico no progresó y dio paso a un cabaret que llevó el nombre de Nocturnal. Llegó así el año de 1966. Se dice que de un congreso celebrado en el hotel Habana Libre surgió la iniciativa de convertir la zona recreativa en cuestión en un espacio más silencioso y familiar. Y fue así que alguien precisó la idea de la heladería. Cuando el arquitecto Mario Girona se enteró de que se le había confiado la ejecución del proyecto, se sintió anonadado. Se quería una cosa familiar, pero aquella heladería de mil capacidades, pensó, sería un establecimiento demasiado grande.

La rampa

Ya para entonces La Rampa era La Rampa. Llamada así por su acentuada inclinación, se edificó en un abrir y cerrar de ojos desde que en 1947 se inaugurara el teatro Warner (actual cine Yara) y al año siguiente el edificio Radio Centro. No tardó en construirse el edificio Ambar Motors (actual Ministerio del Comercio Exterior), destinado a oficinas y sede de los distribuidores en Cuba de los automóviles Cadillac, Oldsmobile y Chevrolet y donde se instalaron además los estudios del Canal 12 de TV, y una escuela de dealers para casinos de juego…

Fueron esos inmuebles, situados en los dos extremos de La Rampa y en aceras opuestas, los que impulsaron el desarrollo de la zona. A partir de ellos y en menos de diez años se construyeron allí tal cantidad de edificios para viviendas, comercios, oficinas, agencias de publicidad y lugares de esparcimiento que resulta imposible, por razones de espacio, detallarlos. Se dice que una de las formas de medir la actividad comercial de una zona es por el número de agencias bancarias establecidas en ella. No menos de ocho oficinas centrales y sucursales de bancos se asentaron en La Rampa, y otras tres, que no alcanzaron espacio, lo hicieron en calles aledañas. La Rampa fue también el milagro del comercio habanero. Porque la gente se había acostumbrado a salir de compras por calles sustancialmente planas y cuyos portales la protegían del sol y de la lluvia. Nada de eso había en La Rampa y aun así se impuso.

La obra

Pronto pasó la confusión del arquitecto Mario Girona ante la obra que se le confiaba. Comprendió que era cosa de los tiempos nuevos y había que asumirla. Influido posiblemente por su exitoso proyecto anterior, el centro turístico Guamá, en la Ciénaga de Zapata, le bastó una semana para concebir el croquis de la heladería.

Como la obra seguía pareciéndole demasiado grande, capaz de aplastar al cliente, procuró que quien degustara un helado allí encontrara cierta intimidad a escala humana. Para conseguirlo diseñó cinco áreas pequeñas, una cancha amplia, pero dividida en tres secciones y un piso alto también seccionado. Incluyó asimismo en sus planos una frondosa vegetación natural que, lejos de importunar al cliente, se integraba en alguna medida con las áreas exteriores.

Columnas de hormigón armado, fundidas en el lugar, se emplearon en el edificio central. Se utilizaron en su construcción vigas prefabricadas a pie de obra y un techo circular, cuyo domo de 40 metros de luz libre está rematado por un lucernario de cristales de colores. Las vigas vuelan sobre las terrazas y se apoyan en muros que ofician como contrafuertes. Es de doce metros el diámetro de cada piso de los salones superiores.

«La presión de la edificación fue muy grande», recordaba el arquitecto Mario Girona. Por el sistema prefabricado se buscó la repetición de elementos estructurales como vigas y elementos de cubierta. A lo largo de seis meses se trabajó las 24 horas de cada día… Finalmente se concluyó, en tiempo, la obra ciclópea. Y por esas cosas de la vida ni siquiera tuvo ceremonia de inauguración. Un buen día se abrió, justo en junio de 1966, se empezó a vender y la gente curiosa entró a saborear helados.

El almanaque

Los años han pasado. Los últimos años golpearon a Coppelia de manera sensible. No oferta ya la gama de sabores que tuvo en un tiempo, ni el helado Coppelia es siempre Coppelia. En estos días de verano, niños y adultos hacen con júbilo largas filas bajo un sol de justicia para acceder a alguna de sus áreas. Otros esperan a que llegue el invierno, aunque sea nuestro invierno fementido, para acudir a la entrañable heladería que tantos recuerdos desenreda a los que tuvimos la dicha de visitarla cuando acababa de estrenarse. Solo que ahora acudimos a la caída de la tarde, y no en la noche, como antes. Señal de que esos 42 años que cumplió ahora Coppelia también empiezan a pesar de alguna manera en nuestra alma. Es decir, en nuestro almanaque.

* * *

Aquí pueden encontrar fotos del hospital Reina Mercedes, y aquí del centro turístico que antecedió a la heladería Coppelia, publicadas por Fotos de Cuba.

Centro turístico ubicado donde se encuentra ahora la heladería Coppelia. Aproxiadamente entre 1959 y 1965. Imagen tomada de Fotos de Cuba.

Hospital Reina Mercedes. 1908. Imagen tomada de Fotos de Cuba.

síndrome del envase vacío

Cantina
 Cantina que circuló en Cuba en los 1980s. Imagen tomada de internet.

Cantina que circuló en Cuba en los 1980s. Imagen tomada de internet.

Es mediodía y pides, frente a la pequeña barra de madera construida a la entrada de un edificio de dos plantas, una ración de arroz frito especial. Es para llevar, pero no tienes que aclararlo pues se trata de un negocio de comida sólo para llevar. Pagas y te vas, dispuesta a regresar en media hora como te sugirió la dependiente. Regresas más tarde y, después de esperar otra media hora, la dependiente, que todo el tiempo ha estado frente a tí, te dirige la palabra para decirte que la comida aún no está lista, pero que saldrá pronto, pues hubo problemas con el gas. Te pide, entonces, el envase donde te llevarás la comida que compraste. Dices, y no mientes, que no tienes un envase, que no sabías que debías llevar uno, y piensas que, cuando minutos antes tu madre te sugirió que llevaras un envase, la tomaste por loca o provinciana. La dependiente te sugiere comprar uno de los contenedores de cartón que se amontonan en una esquina de la barra/mostrador, exactamente iguales a los que te darían en Nueva York o en cualquier parte del mundo. Le dices que no trajiste dinero, pues habías pagado cuando ordenaste la comida, momento en el que nadie te dijo, le dejas saber, que deberías volver con un envase. Para salir del problema, la dependiente te dice que, como la comida tardará aún un poco más, ella te la llevará a casa en los envases de cartón a los que estás acostumbrada y entonces podrás pagarlos. Regresas y le dices a tu madre que ella tenía razón, y que, además, aún deben esperar para comer el arroz frito especial.

El Encanto

Christian Dior en El Encanto de La Habana. Imagen tomada de internet.

En los años 50, si un millonario estadounidense quería comprar un modelo de Christian Dior, tenía que viajar a París o La Habana.

En 1956, el modisto francés, Christian Dior, que padecía de fobia a los aviones, no pudo resistir la tentación y se arriesgó a volar hasta Cuba para visitar aquella famosa tienda que había adquirido la exclusiva de sus modelos.

Ubicada en un edificio de seis pisos, con 65 departamentos, El Encanto fue un templo de la elegancia, frecuentado por grandes estrellas internacionales.

Tyrone Power y César Romero iban buscando corbatas de seda italiana.

Ray Milland, uno de los actores preferidos de Alfred Hitchcock, se surtía de camisas deportivas en el Departamento de Caballeros.

Miroslava, la actriz checa que hizo carrera en el cine mexicano, exigía en los contratos de sus películas que los vestidos fueran de El Encanto.

John Wayne confiaba en las camisas a la medida de su estatura que confeccionaban en la sastrería de la tienda.

María Félix prefería el famoso Salón Francés, decorado a imitación del palacio de Versailles y dedicado a dar una atención exquisita a las damas que venían en busca de los exclusivos modelos de Manet.
“Ella era muy elegante, sabía lo que quería”, afirmó el diseñador Alberto Suárez, ‘‘Manet”, de 88 años, que recuerda como si fuera ayer el vestido de noche, “muy escotado y entallado con un cinturón a imitación de una mariposa” que le hizo a la Doña.

“Uno de los éxitos de El Encanto es que confeccionaba la ropa en sus propios talleres”, indicó Darío Miyares, presidente de la Asociación de Antiguos Empleados de las tiendas El Encanto.

La historia se remonta a fines del siglo XIX, cuando el inmigrante asturiano José Solís “Don Pepe” abrió El Encanto en la esquina de Galiano y San Rafael, en abril de 1888. Al principio, fue una sedería y después se convirtió en almacén. A Don Pepe se le unió su hermano Bernardo y más tarde el también español Aquilino Entrialgo, quienes crearon la sociedad Solís, Entrialgo y Compañía en 1900.

Hubo una magnífica cooperación entre ellostres”, comentó José Antonio Solís, nieto de José Solís. “En un discurso en los años 20, tío Bernardo dijo que los hermanos se complementaban muy bien en los negocios. José era el visionario optimista, y Bernardo, prudente y cauteloso”.

Tanto para José Antonio como para su prima Margarita Solís Alió, hija de Humberto Solís Alió, uno de los artífices de la modernización de la tienda en los años 50, el papel de los empleados en el avance de la empresa fue extraordinario. “Nunca he visto una lealtad másgrande”, comentó Margarita.

Mi abuelo valoraba enormemente la contribución de los empleados. Tuvo una gran visión para escoger a las personas y les dio participación para que sacaran beneficios de lo que la tienda producía. Creo que fueron muy adelantados en lo que hoy se llama justicia social”, añadió José Antonio.

La Asociación de Antiguos Empleados de El Encanto se creó en 1980 para mantener vigente el nombre de la tienda y de la empresa cubana en Estados Unidos.

Todos los años, el último domingo de octubre, se reúnen en Miami numerosos ex empleados de otras ciudades y países.
Es la única reunión de cubanos que citan a las 12 y se aparecen a las 11. A las cuatro tienen que botarnos del salón; no paramos de hablar, comentó divertido Miyares, quien consideraba El Encanto como su segunda casa. Empecé a los 16 años, acabado de graduar de segunda enseñanza, y allí conocí a una muchachita que entró a trabajar en losascensores”, dijo, refiriéndose a Olga, su esposa desde hace 54 años, también ex empleada de El Encanto.

El Encanto fue pionero en ofrecer tarjeta de crédito, certificados de regalos y entregas a domicilio. En 1949, con la edificación del nuevo edificio, comenzó un proceso de modernización. Recibíamos mercancía de todo el mundo. Teníamos oficinas de compra en Londres, París, Nápoles, Barcelona, Madrid y Nueva York”, destacó Miyares, que recuerda una campaña de publicidad en la revista Harper’s Bazaar y una valla en la calle 36 y 32 avenida del noroeste en Miami.

El estricto código de etiqueta en el vestuario y la atención al cliente fueron sello de distinción.Desde que entrabas, tenías que dar unas clases de cómo vestirte. En el verano, de blanco; y en el invierno, de negro, con faja, medias largas, pelo arreglado y bien maquillada”, recordó Julie Arias, quien además de trabajar como secretaria fue modelo.
Teníamos que convencer al cliente con mucho respeto y un trato amable, añadió Arias, que solía viajar al menos dos veces al año para presentar las nuevas colecciones en las sucursales de Camagüey, Santiago de Cuba, Varadero, Cienfuegos, Hol-guín y Santa Clara.
Arias, que vivía a escasas cuadras de su lugar de trabajo, fue una de las testigos del fin de El Encanto en el incendio provocado por la explosión de varias bombas el 13 de abril de 1961.
Fui a levantar a mi hijo de la cuna y vi caer el edificio como si fuera polvo. Fue una impresión tan grande que nunca pude volver a pasar por allí”, recordó Arias, quien junto a otros colegas de El Encanto participó en la recreación del ambiente existente en la tienda para el evento anual de Cuba Nostalgia.
Cuando se inaugure la nueva sede del Museo Cubano, El Encanto tendrá allí un espacio exclusivamente dedicado a la memoria   de la célebre tienda habanera, en cuyos antiguos terrenos hoy existe un parque en La Habana.
Cortesía de Diana Arús.

piezas de repuesto para la materialidad del socialismo (video)

(vía Diario de Cuba)

* * *

Fabián Sakharov es el propietario de un negocio de piezas para Ladas y Moskovichs en Hialeah (Miami). Se presentó en el programa A Mano Limpia, donde dijo que, cuando los clientes entran a su negocio y ven que las piezas que vende son “tan originales como las que tenía el carro hace 20 años, se emocionan¨.

En El Nuevo Herald:

Fernando Sardiñas aprovecha los fines de semana para trabajar como taxista ilegal en La Habana. Lo hace en su fiel pero ya estropeado Moskvich, un carro de la era soviética que sigue funcionando por el ingenio y creatividad de su dueño. Pero también gracias a los repuestos y otras piezas de motor que Sardiñas consigue a través de un amigo que frecuenta un negocio al otro lado del Estrecho de la Florida.

………………

Luis García, un residente del suroeste del Condado Miami-Dade, declaró que tiene en alquiler varios automóviles Lada en La Habana. Un par de ellos necesitó recientemente un mantenimiento obligado de transmisión que demandó un paquete de repuestos originales.

“En Cuba hablamos de una falta de piezas que, cuando las consigues, te cobran el precio que quieren”, puntualizó García. En ese contexto, agregó que un carburador puede costar $150 en Miami, mientras que en La Habana fácilmente alcanza un precio de aproximadamente $230.

Disney Serras empezó hace tres años en el rubro. Serras es dueño de la tienda de repuestos para automóviles y motocicletas MZParts Miami, en el 5706 West Flagler. Dijo que su especialidad rápidamente se enfocó en la venta de piezas Lada y otras como Jupiter y MZ, Java y Karpaty. Su negocio es regularmente visitado por clientes que responden a una necesidad inmediata.

“Empecé con algo muy chico”, afirmó Serras. “Nuestro inventario inicial era de $300 y ahora manejamos más de $500,000. Eso te da una idea de la demanda existente”.

agua mineral La Cotorra

Anuncio publicado en Bohemia, 1952. Tomado de elguije.com.

Los días en que venía el camión de los aguadores eran diferentes a todos los demás. Llegaba primero al edificio el rumor de que el camión del agua andaba cerca. Poco después se escuchaban gritos desde la calle de ¡agua!, seguidos por los de los vecinos que pedían ¡dos al tercero!, ¡uno al cuarto! Como vivíamos en el primer piso, veía subir y bajar a los aguadores con uno o, por lo general, dos botellones a los hombros. De todo este alboroto, lo mejor era cuando nos traían un botellón con el sello La Cotorra.

Pasaron muchos años después que dejó de visitarnos el camión del agua para que pudiera convencer a mi mamá de que los armatostes que sostenían los botellones secos no servían más que para acumular polvo, sostener telarañas y producir herrumbre. Ese día, botamos los volteadores de los botellones de agua y le dimos a mi abuelo, para que hiciera vino, los botellones vacíos.

Operación Adoquín

Feria de la Plaza de la Catedral
Feria de la Plaza de la Catedral. 1987. Imagen tomada del libro Six Days in Havana.

Feria de la Plaza de la Catedral. 1987. Imagen tomada del libro Six Days in Havana.

La Operación adoquín fue un operativo policial contra los comerciantes de los Sábados de la plaza, un mercado al aire libre que se celebraba todos los sábados en la Plaza de la Catedral, donde los habaneros podían adquirir, en los años 1980s, bisutería, calzado y confecciones de vestir hechos por artesanos locales. Estos sábados constituyeron, para muchos, un evento cultural que sobrepasó los límites estrictamente comerciales que le dieron origen. La calidad y diseño de los productos a la venta atrajo incluso a firmas comerciales alemanas y francesas, interesadas en patrocinar la pujante artesanía local. Un amigo me contó que, por entonces, por órdenes del gobierno se quemaba la recortería de piel que sobraba de los talleres estatales para evitar que llegara a manos de artesanos privados.

Sobre la Operación Adoquín, ver Emilio Ichikawa:

La Operación Adoquín sale a la luz en la prensa oficial como acción policial que depura de artesanos ilícitos a las plazas de Armas y de la Catedral. La venta de artesanía venía arraigando allí desde la década anterior, cuando carpinteros y herreros, modistas y bordadoras, joyeros y talabarteros, alfareros y otros empezaron a plantar los sábados sus timbiriches frente a la catedral.

Aquello se convirtió en mercado abierto y se extendió a la Plaza de Armas, frente al Palalcio de los Capitanes Generales. Las autoridades dieron pita larga para ver hasta dónde llegaba el ingenio cubiche, porque salvo los basureros no había otro mercado de insumos para hacer artesanías que las propias empresas estatales. Ni otras vías de suministro que robo o cambalache.

Entonces pasó algo que se llevó de pronto a la mayoría de los artesanos, quienes fueron a dar a la cárcel bajo cargos de actividad económica ilícita y otros delitos contra la propiedad social de todo el pueblo. De este modo el casco histórico habanero quedó acendrado para su proclamación (diciembre 14, 1982) como Patrimonio Histórico de la Humanidad. La Oficina del Historiador se encargó de controlar administrativamente el movimiento artesano y hacia diciembre de 2009 sobrevino la mudanza y concentración de los artesanos de la Catedral al Centro Cultural Antiguos Almacenes San José (Avenida del Puerto), restaurados ad hoc. Dizque el trámite de acreditación como artesano se cobra en chavitos y la renta de espacios, en pesos cubanos.

El movimiento artesano había cobrado impulso a fines de la década de 1960 con egresados y defectores de la Escuela Nacional de Arte (ENA), quienes se reorientaron al no consagrarse como artistas plásticos. Así mismo se reanimaron otras muchas tradiciones artesanales, como bordado y deshilado, que darían pie (1979) a las Ferias de Arte Popular.

Tras la Operación Adoquín se creó (1986) la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA), como cristalización burocrática de la artesanía redefinida en términos artísticos. El auge del turismo propiciaría que los artesanos se concentraran en obras de carácter único para la venta puntual. Lo funcional artesano cedió a lo artístico profesional y la característica repetitiva de la artesanía deja de ser consustancial.

En Jatar-Hausmann, Ana Julia (1999) The Cuban Way: Capitalism, Communism and Confrontation, editado por West Hartford, CT: Kumarian Press:

Another free market reform during this period was the state’s 1978 decision to allow limited self-employment. Certain professionals such as carpenters, plumbers, electricians, and artisans were allowed to work privately, provided they had first fulfilled their time commitment to the state. Those who were able to buy a state license could essentially go into business for themselves. They charged whatever rate they could get, and payment was often made in kind with goods such as chicken or vegetables. They were not allowed to hire any staff, but they could form business alliances with colleagues.

The 1978  legalization of self-employment was considered an attempt to control what had been occurring for quite some time. Artisans and handymen had seemingly always worked outside the state apparatus, risking detention by the authorities as they attempted to improve their standard of living. Even after the 1978 reforms such work was a potentially dangerous proposition. The state strictly controlled the number of licenses issued for private work, and crackdowns such as the trial of a score of artisans in a public square in Santiago de Cuba in June, 1985, for selling jewelry without a license were common. (p.35)

In 1986, Castro also labeled the thousands of self-employed Cubans “corrupt parasites” on the public sector and curbed their activities with tighter regulations. In an effort to gain greater control over resources, the government imposed a system in which taxi drivers, artisans, street vendors, and private service workers such as plumbers and electricians had to obtain all materials via a state-issued certificate. The number of private wage and self-employed workers fell from 52,100 in 1985 to 43,200 in 1987. In monetary term, private non-farm incomes fell from 102.5 million pesos in the same period. During the Rectification Period, wage incentives for the population were also scaled back. (p. 38)

Ver también la entrevista al actor, director y productor Marcos Miranda, publicada en Cuba Inglesa, sobre las circunstancias que lo convirtieron en artesano y su relación con el movimiento de artesanos de la Plaza de la Catedral:

¿Vienes directamente a Miami o tienes tu “largo viaje” como muchos otros cubanos?

Mi salida definitiva de Cuba no pasó hasta 1984, y lo hice por España, donde viví 7 años. Una experiencia extraordinaria, que me devolvió la fe en la humanidad, que casi pierdo en Cuba. Desde año 1980 hasta el 1984, fue una época muy dura en la isla para todos los que presentamos nuestra salida del país. Nos sacaron del trabajo y sin posibilidades de recuperarlo o encontrar nuevos. Recuérdese que el sistema comunista no permite la actividad laboral privada de manera oficial, y en aquel momento no existían empresas mixtas ni corporaciones extranjeras donde pudiéramos prestar nuestros servicios ni mi esposa ni yo. La única posibilidad o camino a tomar cristalizó en hacernos artesanos (más bien zapateros) y vender nuestra producción en La Plaza de La Catedral.

¿Entonces puedo asumir que te arrestaron en la famosa “Operación Adoquín”, donde muchos artesanos, sin prueba o delito aparente, fueron a parar a los calabozos del DTI en La Habana?

No. Nunca me di a conocer como artesano. Jamás me inscribí como tal. Y aunque lo hubiese querido, como era mi deseo realmente, mi condición de “gusano” que se iba del país, me lo impedía. Mi hermano Carlos, y mi amigo, el actor Mike Romay (e.p.d.), vendían mi producción. Creo que me salvé porque nunca fui a La Plaza, a pesar de que a Norma, mi esposa, y a mí, nos interesaba aquel peculiar movimiento artístico, y también empresarial, donde el arte y la gestión de ventas se pusieron de manifiesto, y de manera muy próspera e independiente, como no había pasado antes del 59. Además, mis pocas apariciones en la calle como cualquier ciudadano de a pie y sin acceso a los medios, que hice luego de mi renuncia al ICRT como director, escritor y actor, bastaron para que fuera llamado nuevamente al Departamento de Seguridad del Estado, donde se me “aconsejó” que no saliera a la calle porque el público me reconocía como El Ingeniero de “En silencio ha tenido que ser” o El Abuelo Paco de “Variedades Infantiles”. Eso, según “ellos”, “ponía en peligro” el permiso para mi salida definitiva de Cuba. De modo que, a partir de ese momento, comenzó mi condena de cuatro años de prisión domiciliaria.

El Cayuelo

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Cafetería El Cayuelo. Imagen tomada de Panoramico.

El viaje a Varadero hubiera sido demasiado largo y aburrido de no ser por el puente de Bacunayagua y la cafetería El Cayuelo. Hace unos días, en el confort climatizado de las guaguas de Vía Azul, recorrí la ruta Habana-Varadero-Habana. Apenas alcancé a ver las ruinas de lo que alguna vez fuera una moderna instalación, uno pasos más allá del litoral habanero.

Lo que dejaron los rusos, por Yoss

Vaso soviético irrompible

Vaso soviético irrompible comercializado en Cuba en los 80s. Foto de 2012.

Algunos fragmentos del texto de Yoss Lo que dejaron los rusos:

…¿cuántos de nosotros no nos hemos sorprendido en los revueltos años de fin e inicio de milenio, al menos una vez, suspirando de añoranza por algunas de esas cositas Made in URSS que tanto criticábamos antes de 1989?

…La Mujer Soviética, Unión Soviética, El Deporte en la URSS, Panorama Olímpico, Misha, también se leían bastante, además de servir para forrar libretas y libros, por el excelente papel satinado de sus portadas…

Mirando atrás desde el presente, para la más joven generación que creció después del derrumbe del muro de Berlín, y que considera los CD como algo cotidiano y no una maravilla tecnológica, resulta difícil hasta imaginarse lo profundo del desfasaje tecnológico y cultural en que vivíamos entonces aquí en Cuba. Aunque la música y las modas sí entraban. ¿Se acuerdan de los Boney M, los pantalones campana y el espendrum? Lo cierto es que, para nosotros, los crecidos en los 70 y los 80, cuando el último grito de la técnica eran los tocadiscos Radiotécnica y el radio Selena (salvo para aquellos privilegiados hijos de viajeros a las otras partes, que ya le rezaban a los dioses Sony, Sanyo, Philips, Panasonic, TDK, etc.), la cultura rusa fue una influencia subyacente, pero sólida y constante en muchas esferas de la cotidianidad, símbolo contradictorio, a la vez, de modernidad y fealdad, de resistencia extrema y falta de calidad, ambivalencia que moduló por décadas la actitud de los cubanos hacia todo lo ruso, y que está en el origen del término «bolo».

Veamos algunos ejemplos, empezando por el renglón automotor. Los Moskvichs, Volgas, Nivas y Ladas consumían menos gasolina, echaban menos humo, sonaban menos, eran más cómodos y lucían mejor, al menos en teoría; pero tampoco importaba: eran símbolos de estatus, de modernidad, de adelanto. Aunque los viejos carros americanos fueran bombas de humo rodantes, eran para toda la vida, y sus carrocerías mil veces chapisteadas eran de hierro y no de aluminio de tubo de pasta de dientes. Cualquier flamante Lada 1600 que chocara con un tartajeante Plymouth del 49 quedaba para chatarra, lo sabían hasta los niños. Claro, si era un Chaika, ya eran otros cinco pesos.

Las motos Ural, auténticos camiones con sidecar, copiados de las BMW tomadas de trofeo a los nazis en la Gran Guerra Patria, circulan todavía, con bastantes adaptaciones de nuestros Hell Angels insulares. Eran las dos ruedas que había para resolver, y vaya si resolvían. Hasta sofás se cargaban en aquellas heroicas motos. Y cinco pasajeros a bordo de una Ural con sidecar no era record para nada.

De los KP3, Gaz, Kamaz y otros camiones, nuestro gobierno tuvo que confesar en 1990 que eran máquinas muy bien diseñadas para gastar petróleo. Y, hermetizados contra las bajas temperaturas siberianas, eran auténticos hornos rodantes. Pero la fama de «asesinos de choferes» que trajeron de la URSS duró hasta que cayeron en manos de nuestros «paticalientes» ases del volante, que los asesinaron a ellos.

Y si de aeronáutica se trata, nuestra Cubana de Aviación ha surcado, por décadas, los cielos del mundo con aviones soviéticos, relativamente lentos y también muy gastadores, pero seguros (mientras hubo piezas de repuesto). Fue así desde que los vetustos Super Constellation y Bristol Britannia de antes del 59 dejaron de creer en milagros mecánicos y se negaron rotundamente a despegar, al menos enteros. Los An-2 de fumigación vuelan aún, los «paticos» An-24 estuvieron haciendo rutas nacionales hasta hace muy poco, como los primos hermanos Yak 40 y 42, los viejos Tu-154 y el antiquísimo Il-18. Y si bien nunca tuvimos chance de ver aterrizar por Boyeros el supersónico y espigado Tu-144, todavía nuestro presidente recurre a su segurísimo Il-62-M cada vez que tiene que viajar.

Dentro de esta nunca demasiado criticada categoría de los electrodomésticos de producción soviética, estaban las indestructibles lavadoras Aurika y los televisores Electrón, Rubin y Krim, que todavía sirven para ver la novela en no pocos hogares cubanos. Tanto aquellos mastodónticos aires acondicionados que enfriaban con un cierto estruendo, como sus primos menos adelantados, los ventiladores Órbita sin careta (porque originalmente estaban concebidos como una pieza más de ciertos refrigeradores), nos aliviaron tantos tórridos veranos. ¿Feos? Vaya si lo eran todos. Verdaderas monstruosidades de diseño, pero hechas a prueba de bala. ¿Y cuántos no echamos de menos aquel piñazo sobre el televisor cuando los controles vertical u horizontal se desajustaban, o la patada al refrigerador cuando el motor se negaba a arrancar? Gestos que ya pasaron a formar parte del acervo mímico nacional, aunque nuestros electrodomésticos de hoy, japoneses, chinos y coreanos, no agradezcan tan «cariñoso» tratamiento.

En el capítulo de la relojería, vale la pena mencionar aquellos Raketa, Zaria y Poljot que pesaban toneladas en la muñeca, y cuyos cristales se empañaban casi de respirarles cerca. Así como aquellos despertadores titánicos, marca Slava y Sevani, que sonaban cuando les daba la gana y daban la hora que mejor les parecía. Ahora, sentir el pitido electrónico de un moderno radio- despertador digital y saber que es esa la hora, la misma que uno eligió para despertarse, inapelable, sin troque ni factor sorpresa que valga, resulta enervante. Qué aburrido, ¿no?

Bajo el genérico rótulo de la industria ligera se agrupan tantos objetos familiares por décadas, casi amigos, ahora vetustas reliquias domésticas que cada día escasean más y ceden más terreno en nuestras casas a sus cromados, ultramodernos émulos capitalistas. Como aquellos bombillos que duraban años derramando su luz amarilla o esas pilas secas que tan fácilmente se mojaban y sulfataban, o aquellos abridores que se oxidaban al primer mes, o perdían el filo, y los otros, de rosca y estilo pinza, cuyo funcionamiento exacto nadie comprendió jamás del todo. ¿Y qué decir de los juguetes rusos? Feos, toscos, con las uniones de plástico llenas de rebabas. Pero eran baratos, y resolvían. Aquellas pistolas espaciales y escudos, espadas y cascos de plástico rojo aguantaban bastante más que aquellos delicados, bellos y añorados básicos, no básicos y dirigidos Made in Hong Kong y Made in Singapore, que conmocionaban a los fiñes una vez al año, por julio. Todavía algunos de aquellos artilugios eslavos, a prueba de chamacos cubanos, andan dando vueltas por ahí, entizados con esparadrapo o tape, pero en servicio activo tras haber divertido a tres generaciones.

Los mismos cubanos que regresaban contando de la nieve en la Plaza Roja, del lujo increíble de las estaciones del metro moscovita y de las bellas noches blancas de Leningrado, trajeron todo un flamante concepto de decoración doméstica, junto con toneladas de souvenirs de la riquísima artesanía popular rusa. ¿Quién no tuvo o soñó tener en el aparador de su casa una matrioshka de veinte o más muñequitas? Algunos cubanos fueron más allá y cargaron a su regreso al terruño con titánicos samovares de cobre, con teteras eléctricas y juegos de té y todo. Así, la costumbre de tomar la delicada infusión, que hasta el 59 se suponía inglesa y aristocrática, se popularizó entre nosotros, y luego se volvió patrimonio de artistas y bohemios tropicales trasnochadores.

Otros cargaron con enormes afiches del Kremlin, de la policromada catedral de San Basilio y hasta del Mausoleo de Lenin, que aún hoy se aferran tercamente a algunas paredes habaneras, muy desteñidos por la sobredosis de luz de este implacable trópico. Y hubo otras mil chucherías rusas adornando las salas cubanas: desde cucharas campesinas talladas en madera, hasta reproducciones de llaves de las murallas de ciudades medievales del Báltico. En los cuartos de las casas cubanas, las alfombras, unas de grueso fieltro industrial y otras notables piezas de artesanía de los pueblos de Asia Central, resistieron largamente una pelea de mono a león con el polvo, el churre y el calor tropicales. Hubo cuernos lituanos para beber hidromiel junto con astas de ciervo y hasta de alce, y cabezas de jabalí para adornar la pared. Tiubeteikas tradicionales uzbekas se colgaron de nuestras sombrereras junto a la boina gallega y el yarey guajiro. Y cuántos gruesos abrigos enguatados y chapkas de piel peluda no permitieron y permiten aún a su orondo y nostálgico poseedor pasearse con la sensación de invulnerabilidad que da una escafandra cósmica en medio de nuestros más helados frentes fríos.

¡Nada en comparación con los veintipico bajo cero de Moscú en diciembre! Sin contar con esas botas altas de mujer, interiormente forradas de cálida piel de cordero, verdaderas saunas de torturar pies en este clima, que enmohecieron en los escaparates caribeños, entretanto no había una salida de verdad. Del resto de la ropa, mejor ni hablar. Los cubanos hemos tenido siempre una sensibilidad especial para detectar «lo cheo». Y aquellos trajes rusos que parecían cortados a serrucho, y aquellos zapatos tan «bolos», sin duda alguna lo eran, y mucho.

Notas
Montados en la máquina del tiempo y la nostalgia, vale la pena puntualizar que no solo a la URSS acudieron a superarse los cubanos, y no solo de ella vinieron los hermanos del CAME y los productos comestibles e industriales, los dibujos animados y otras formas de cultura. ¿Recuerdan las ventas de discos LP de música clásica en la Casa de la Cultura Checoslovaca, de 23 y O, que hoy es el Centro de Prensa Internacional? ¿Los dibujos animados de Aladar Meszga, de Lolek y Bolek, Mati el guardador de gansos, Juan el Paladín y tantos otros? ¿Las latas de Mesa Slava? ¿Las rosas y los jugos de fruta búlgaros y las sopas polacas de paqueticos? ¿Los ciclos de cine polaco en la Cinemateca, que entonces todavía no era el Chaplin? ¿El excelente musical televisivo alemán Ein Kessel Buntes? ¿La peliculaza histórica de Serge Nicolaescu (sí, el mismo famoso «comisario solo») Los dacios? Tantas cosas. Pero solo el considerar superficialmente las diferencias entre las respectivas versiones del socialismo de Rumania, Checoslovaquia, Yugoslavia, Alemania Democrática, Hungría, Bulgaria, etc., y las influencias y experiencias de los cubanos en y con cada uno, llevaría tanto tiempo y extensión como hacer la historia de la Revolución. Quién sabe si más. Y entonces este trabajo debería titularse «Lo que dejó la Europa del Este socialista». Así que, por simplificar las cosas, consideramos aquí solo las relaciones cubanas con la URSS.

2. El trovador Frank Delgado tal vez no pase a la historia de la música cubana como un sublime creador de metáforas ni un romántico bardo, pero en su condición de irónico cronista de finales de los 80 y todos los 90, resultará probablemente tan insoslayable en la sociología nacional como los Van Van en los 70 y tempranos 80. La siguiente letra prácticamente funciona como resumen de todo el artículo anterior. Y si hay algún error, es 100% de mi mala memoria. Konchalovski hace rato que no monta en Lada Ya no podré leer más ningún libro de esos de Editorial Ráduga, de Editorial Progreso. No podré disfrutar más de aquel Tío Stiopa de estatura increíble y tan horrible ropa. No te puedo negar que los ojos me arden. Maiakovski ya deja reptar a los cobardes y no podré tomar el té negro en las tardes. El teatro Bolshoi aún no ha sido saqueado hay Noches de Moscú y crimen organizado los Estudios Mosfilm seguro que han cerrado. No me volveré a emocionar con Siberiada. Konchalovski hace rato que no monta en Lada. No podré disfrutar de aquellas olimpíadas con los soviets ganando todas las medallas. La Kazánkina grita: no me dejen sola. Serguei Bubka se venga y toma Coca Cola, con Salenko jugando en la Liga Española. Alguien a mí me preguntó si me había leído El Capital: Sí, pero a mí no me gustó, pues la heroína muere al final. En fin, que no me gusta tanta economía novelada que escribió el tal Carlos Marx. Ahora que los censores no pitchean bajito ya podemos burlarnos de sus muñequitos. Ahora que los ministros cambiaron las banderas podemos hablar mal de su industria ligera. Hoy que llevo en la frente el cuño del vencido y me acusan de muros que al fin se han caído puedo ser posmoderno y perder el sentido. Renegar de las utopías en que creo o ensañarme con toda la ley del deseo con la momia de Lenin y su Mausoleo. Hoy que solo del vodka queda la resaca yo me niego amor mío, cambiarme la casaca. Hoy que los konsomoles van pasando de todo abrázame, mi china, y no me dejes solo. Y mientras Fukuyama repite iracundo que estamos ante el fin de la historia del mundo mi amigo Benedetti abre el tomo segundo. Alguien a mí me preguntó si me había leído El Capital: Sí, pero a mí no me gustó, pues la heroína muere al final. En fin, que no me sirven estas novelitas de tres tomos que escribió el tal Carlos Marx.

por Yoss

(publicado en la revista “Temas” en abril de 2006 y reproducido con permiso del autor)

Leer texto completo aquí.

Moscú rojo, perfume

Perfume Moscú Rojo
Perfume Moscú Rojo

Perfume Moscú Rojo. 1980s. Donación de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

En Granma Internacional, publicado en 1998 por María Elena Capote:

PERO LOS TIEMPOS CAMBIAN:

Algunos especialistas suelen calificar a los años 60 de este siglo, como “la década prodigiosa”. En Cuba, en materia de perfumería, no se puede aplicar tal concepto. Desaparecieron de golpe las producciones de casi todos los cosméticos y perfumes, manteniéndose sólo las indispensables para la higiene más elemental. Esta industria es sumamente cara en materias primas. No se llegó a poner de moda el aceite de patchoulí que pregonaron los hippies frente a los sofisticados perfumes, pero sí se usaron determinados “inventos” criollos que se vendían clandestinamente y a precios de oro por fabricantes privados de pequeñas instalaciones caseras. La mujer cubana no se resignaba a no perfumarse para las múltiples actividades que enfrentaba en su nueva vida social. Ya para los años 70, apareció el histórico Moscú Rojo, con su fuerte olor oriental, y le siguieron otros perfumes de la industria búlgara y polaca. Renacía el consumo y una costumbre que nunca se había perdido del todo.

PERFUMES QUE HICIERON HISTORIA

La década de los 80 fue la época dorada de la perfumería nacional. Aguas de colonias, perfumes, lociones, extractos, aparecieron en los comercios y cautivaron el gusto de hombres y mujeres que nunca antes habían sido consumidores habituales y cuyo alto poder adquisitivo les permitía el acceso a este tipo de producción, calificada hasta entonces por muchos como “secundaria”, y para otros, tan vital y necesaria como la propia alimentación.
Nombres como Linda, Diamante Negro, Fantasía, Impacto, Profesía, Jaque, Deportes, Bermellón, Folklor, Yoruba, Hechizo, Carnaval, Recuérdame, Agua del Trópico, Tú, Onix, Karate, Cid, Jit, Toqui, encabezaron una larga lista de perfumes cubanos que abarcaban líneas florales, aldehídicas y orientales, además de las conocidas aguas de colonia. No hizo falta una publicidad dedicada a mujeres liberadas y conquistadoras sexualmente, como se anunciaban mundialmente los perfumes en esos años. Las cubanas seleccionaban de acuerdo con su ancestral sentido del gusto y establecieron sus preferencias. Respondían a un cierto toque secreto, mezcla de trópico y sensualidad, que los perfumistas cubanos incluyeron dentro de las corrientes internacionales de moda entonces. A partir de ese tiempo, Alicia Alonso, y más tarde, Coral Negro, identificaron a la perfumería nacional.
Sin embargo, no duró mucho la alegría en casa del pobre, como suele decir un refrán popular. Llegaron los 90 con su terrible carga para finales de siglo, la perfumería sufre otro duro golpe: el Período Especial.

* * *

En el blog Los días no volverán, 2010:

Actualmente, mi madre adorna su tocador con dos frascos de perfumes: uno, es el emblema de unos años que no se anima a dejar atrás; el otro, un perfume que siempre deseó tener y que sólo ahora, al precio impagable de la fragmentación familiar, ha podido disfrutar: Moscú Rojo -el perfume anhelado por la mujer cubana de los 80’- junto a Channel, algo que rompe cualquier esquema ideológico y estético. Esto no es representativo de ningún hogar; no creo que muchas personas conserven un Moscú Rojo. Pero mi madre sí lo tiene en ese país caótico que se ha construido y donde es feliz. Cuando le pregunto por qué no lo tira, me responde con orgullo: “aún le queda un poco”. A qué olerá, es algo que no sé, ni quiero saber.

 * * *

Y en mundoanuncio.com/La Habana:

Vendo Radio Juvenil 80 nuevo en su caja, Colección de Matriuskas de 30 piezas, y mucho más. – Bauta

En venta – se ofrece:

Eso mismo. Un Radio Juvenil 80 en 50 cuc. Un juego de Matriuskas Made in Leningrado en 100 cuc. Un televisor Caribe con pantalla de tres bandas de colores pintado a mano en 300 cuc. Un par de kikos plásticos en 20 cuc. Tenis Robin Hood en 22.99 cuc y tres pomos de perfume KAYAC, HIT y MOSCU ROJO en 5 cuc cada uno… Interesados escribir por aquí y preguntar Gorbachov.

feliz día de los padres

Postal de felicitación por el día de los padres
Postal de felicitación por el día de los padres

Postal de felicitación por el día de los padres. Tempranos 1970s. Colección Cuba Material.

Todos los años, en mi escuela primaria nos hacían fotos para celebrar los días de las madres y de los padres. Con antelación se anunciaba la fecha en que vendría el fotógrafo, y el día señalado nos peinábamos lo mejor que podíamos para lucir nuestro mejor aspecto en el momento en el que el flash nos alumbraba el rostro y el obturador sonaba con el único chasquido que nos estaba destinado. Ese día, aula por aula, nos llamaban al vestíbulo de la escuela, un gran salón de piso de granito frene a la dirección y, de a uno, dejábamos nuestro lugar en la fila y nos colocábamos detrás de una pantalla de cartón sobre un caballete de tres patas y asomábamos nuestra mejor cara por el agujero a cuyo lado se leía “Felicidades mamá” o “Felicidades papá“, según el caso. Nunca había pensado en lo raro de que esta actividad privada tuviera lugar dentro de instituciones estatales.

The Quality Shop

Calle del Obispo, a finales del s XIX. Imagen tomada de AAS stereograph collection.

Cuenta el poeta Jorge Valls que su padre, Alfredo Valls, poseía una pequeña tienda en Obispo y Villegas. The Quality Shop vendía confecciones variadas, incluidas camisas para hombre. Dice Valls que una vez, alrededor de los años 1950s, su padre puso a la venta unas camisas confeccionadas en Guanabacoa, de muy buena hechura y excelente calidad, resultando de poco movimiento. Su padre, entonces, apremiado por la necesidad de vender las camisas, cambió las etiquetas donde se declaraba el lugar de confección. Allí donde decía Guanabacoa el viejo Valls encargó poner Brooklyn y, para dar más credibilidad al asunto, aumentó el precio de venta. En poco tiempo, dicen Valls, se vendieron todas las camisas.

Variedades de Galiano, de Reina María Rodríguez, por Walfrido Dorta

Calle Galiano
Calle Galiano

Calle Galiano. Circa 1940s.

Los textos de Variedades de Galiano, de Reina María Rodríguez (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2008), quieren dar cuenta de las dimensiones afectivas y materiales de la “devastación”: ese proceso implacable de desgaste, desaparición, arruinamiento, agrietamiento de los espacios y de los sujetos. Si prácticamente todo discurso producido en el campo literario insular pasa por la sobredeterminación ideológica de la Revolución como marco, entonces cabe reconocer que la fuerza de señalamiento de Variedades… tiene una potencia desestabilizadora. El ahora de Variedades… está poblado por los fragmentos desvencijados de una comunidad fantasmal de sujetos que apenas se sostienen en su integridad, porque dependen de los restos, las sobras, las menudencias escasas de la realidad. El aquí de estos textos señala unos espacios donde se superponen las imágenes del tiempo de lo ido para siempre –evocado una y otra vez, como mantra que interroga el destino de eso que se perdió, un deseo de saber a qué región se marcharon las “glorias”, el esplendor, las aristas espesas (por variadas), de lo real, frente a la monotonía y la igualdad castrante del presente-, y las terribles evidencias de lo que queda después de una guerra no sucedida­ –otra dimensión fantasmal, pero al mismo tiempo material, que también se subraya, por ejemplo, en La fiesta vigilada, de Antonio José PonteInteresa también a la voz de algunos textos de Variedades… dejar constancia de la dimensión agónica del discurso que quiere ser de la memoria, pero que se encuentra con la imposibilidad de la nostalgia.

Cuando se podría pensar que el Periodo Especial, y sus extensiones estéticas, fueron de alguna manera “agotados” a nivel de representación por la proliferación de textos sometidos a la estética de la decadencia y la precariedad, vienen La fiesta… y Variedades… a proponer otras miradas posibles. El primero, desde sus atrevimientos ideológicos, su voluntad ensayística. El segundo, desde un cuidado de la escritura y una ética de la literatura frente a la ruina, que sobrepasan con creces el tráfico a veces desquiciado de esa otra literatura cubana.

Una pregunta como esta: “¿Sobre qué posibilidad de sentir, confiar y escrutar el corazón de los objetos se arma una cultura?” (RMR) en Variedades…, bien podría haber presidido, por ejemplo, Las comidas profundas de Ponte. Y estas preocupaciones, que son centrales en la obra de Reina María Rodríguez –cuyos textos de una u otra manera remiten casi siempre a la interrogación del acto de escribir en un contexto de precariedad material, de desolación moral, de falta de ataduras a los rituales felices-, podrían verse como la continuación metaliteraria de algunas preguntas de Las comidas…: “Asustada por las sustituciones hechas [recordar las sustituciones del libro de Ponte] cuyo producto final nunca sabré con qué fue compuesto. ¿Hubiera escrito menos? ¿Hubiera escrito mejor?” (RMR)

En Variedades… se reconoce muchas veces un vínculo innegable del poema con lo real. De tal manera que las preguntas a partir de las cuales se constituye el poema, pasan por interrogar justamente ese vínculo. Esta dimensión agónica es central en la poesía de Reina María Rodríguez, y las respuestas o balbuceos (en el sentido de ensayos sin voluntad definitiva) a estas cuestiones, informan su política de escritura. “El poema, al participar de la propia enfermedad y muerte de cada día en uno, aflora y se expande por las rutinas, ‘murumacas’ y ‘abusos de confianza’ que neutralizan aquello que lo saca a flote y lo provoca a cada rato: la realidad” (RMR).

Walfrido Dorta

*  * *

“La feria del parque Fe” (fragmentos)

(…) Estaba sentada otra vez desde mi mesa (mirador del Info) cuando pasó, frente al cristal, la banda de los niños. Todos venían con sus estandartes, la ropa rayada, las polainas de disímiles materiales (a veces separadas en demasía de los zapatos dejando al aire unas medias variopintas). Todos cantaban y la música, los tambores del redoble y la batuta –a pesar de lo arrugados que estaban los trajes y de la profesora gorda que conducía la comitiva y seguro desentonaba también- me impresionaron. Era una orquesta muy pobre aquella y los estandartes rojos y azules estaban zurcidos por los bordes del satén. Pero me alegraron la mañana, como promesa a la carencia de recursos.

“¿Qué pasará este verano? ¿Cómo se aguantará?” –pregunta un joven que está sentado a mi derecha tomándose una cerveza clara, espumosa.

El humo prieto del cerdo se recalienta en las pailas donde hombres y mujeres uniformados de camareros se disponen a vender comida. Es una feria en el parque Fe. El lugar se va matizando con muchos colores. (…) (Estoy buscando un sentido a mi ubicación dentro del tapiz que acabará por tejerse este domingo). (…)

Las botellas de ron: Puerto Príncipe, Mulata y Niño liberadas de sus etiquetas por cientos de manos que las manosean, brillan entre los reflejos del sol mañanero y después sudan como “marimba de alcohol” en los labios secos. Habrá panes de variados tamaños rellenos “con algo” y peces anaranjados saltarán dentro de enormes peceras donde los niños meten los brazos y sacan “sus peleadores”. (…)

“¿Somos esto?” –pregunta el joven a la dependienta que lo atiende indicando los “tacos” rellenos de diferentes materias (con otoño, invierno, nostalgia), todo lo que nos falta, y vuelven a redoblar los tambores de la banda de los niños. (…)

Hacia una esquina opuesta, hay una improvisada barbería-peluquería donde cortan y tiñen las cabezas. (…) esas sillas de tijeras y con otras tijeras más afiladas que las sillas, cortan, tiñen, ondulan, suben o bajan a picotazos, los promontorios de la mente para lograr un cambio. (…)

Pasa otra señora con un caballo plástico (un juguete) que seguro ha comprado barato y parecería que va montada sobre él, como una mujer que sueña feliz con su infancia, pero cuando se detiene: es una bruja. La dependiente que vende frituras de maíz y otras que imitan ser de bacalao, miente con una sonrisa indulgente sobre las diferencias. (…)

Un desfile de modas hecho con pedazos de materiales sobrantes  (soga, cuero, nailon, pedrería, “tostenemos” –grita alguien) se realiza por detrás de la palma, y los muchachos y las muchachas como bellos exponentes del trópico y de la exposición que este día inauguran, sonríen bajo el entalle perfecto de una colección que se llama Vida.

Todo está tan concurrido que no queda espacio para la soledad.

Me muevo como un ciempiés, fisgoneo entre las carolinas. Por algo de todo esto vale la pena entrar hacia tal confusión de estilos, religiones, pieles y maraña de una vegetación sin podar. Por algo de todo esto. Mañana quedarán los restos de comida, las banderitas caídas y los viejos volverán a tomar su lugar (su asilo) permanente bajo los mismos árboles. Mañana la poesía estará estructurada de los huesos de pollos fritos y mollejas que los perros vagabundos hociquean dejando sobras para un después. Olerá a cosas que fueron calientes, ya calcinadas. A los globos de colores que guindan de tronco en tronco (hechos con preservativos teñidos que se habrán reventado) y a las palomitas de maíz que salpican grasa desde las cacerolas de aluminio. (…)

Otro señor vende recogedores de hojalata y, para probarlos, barre las hojas amarillas. Otro, aguacates morados, pulposos, prietos. No faltan las escobas de guano (amargas) como colas de cometas extraviados.

Cuando la prosa también se ha recalentado en su caldero, no queda otro resquicio que girar y, en el vértigo por tanta luz (donde nada se omite), comer las simples palomitas de maíz sin muchos conceptos o justificaciones. Algo se muerde y cruje. Y en los pechos, azabaches prendidos con alfileres de crianderas (rojo y negro) para los malos ojos. (…)

La mayoría, apretujada, grita, corre, vocifera, revienta, y yo escribo, yo escribo, yo escribo… palabras pisoteadas por las sandalias de otras mujeres de corvas venosas, pero flexibles. (…) De pronto, una fuente que estuvo rota por muchos años, salpica a los jugadores de dominó sobre tablas improvisadas. Salpica a los vendedores de comida frita, a los tamaleros, a los maniceros, a los “merolicos” ¡que esperaron toda la vida por el brote de esa dichosa fuente! El agua reciclada purifica las fichas, el cartón, las chapas de metal oxidadas.

(…) Por eso, en la pose definitiva que tomo dentro del tapiz este domingo, extiendo el cuerpo sobre la hierba que arranco con las uñas (pica demasiado) y reclamo un parque que se llame Fe, aunque la fe no exista.

Reina María Rodríguez

Ver también, en Libros del crepúsculo:

Hay en la poesía de Reina María Rodríguez de los 90 tanta conciencia de una escritura producida a fines del siglo XX como impulso de colección de reliquias de un mundo perdido. Celebración y duelo del naufragio de la utopía, que se manifiestan por medio de una extravagante memorabilia: miniaturas de la Atlántida, muñecas egipcias, retratos de Durero, esculturas de Zadkine, tablillas de terracota, polvo verde del Taj Mahal, flores insectívoras, un vidrio de mar en la ventana.
Podría hacerse una lectura de esa poesía como relicario o museo de la resaca de algún paraíso perdido. Una escritura de la memoria que presta más atención a ciertos desechos del pasado que a la cultura material, archivable y refuncionalizable, heredada del antiguo régimen. No sería imposible leer esa poesía como un discurso de sutil cuestionamiento a las narrativas turísticas e ideológicas que se tejieron en torno a aquella Habana, que se presentaba como escenario de la “muerte real de un pasado imaginario”.

la vida cotidiana en Cuba según Monika Krause, sexóloga

Habana. Imagen tomada de Conexión Cubana.

En Diario de Cuba, entrevista a Monika Krause, sexóloga alemana y antigua directora del CENESEX, institución cubana encargada de elaborar y aplicar la política del estado cubano con relación a la sexualidad. En el siguiente fragmento, Krause compara la vida en Cuba y la extinta RDA:

¿Cuál es el balance que hace de su vida en un sistema comunista tropical? ¿Se vivía en Cuba mucho mejor o peor que en la Alemania comunista?

La primera fase de mi vida en Cuba la pasé en un estado de euforia, de expectativa, de ilusiones, de poder participar de algún modo en el proceso de cambios revolucionarios. Al mismo tiempo veía y sentía constantemente el desmejoramiento, la falta cada día más abrumadora de los productos alimentarios más elementales.

En pocas semanas —me remonto a los mediados del año 1962—,  nuestra dieta diaria, invariablemente, constaba de arroz y frijoles, frijoles y arroz, arroz congrí. Conseguir un huevo equivalía a un premio en la lotería (el Combinado Avícola Nacional aun no existía).

Para aquellos que no disponían de contactos con familiares o amigos en el campo, la carestía de todo era la normalidad. Claro, el clima cubano —en comparación con el de Alemania— tiene muchas ventajas: no hace falta la calefacción, no se necesita ropa apropiada para cada estación del año, se puede vivir con muy pocas prendas de vestir.

Sin embargo, el transporte público adquirió características de servicio desconfiable. Escaseaban, o no existían ya, todo tipo de materiales de construcción para el mantenimiento de la vivienda. Mi primer hijo, nacido en febrero de 1963, tuvo que conformarse con que constantemente cambiara la composición de la leche (no había suficiente leche fresca, de forma que se la preparaba con leche en polvo, proveniente de diversas fuentes de importación).

La cantidad de pañales recibida por “la libreta” no alcanzaba ni para comenzar. La falta de agua —por apagones o por rotura de la bomba de agua, que para repararse demoraba semanas, meses— me tenía al borde de la crisis: bajar tres pisos para llenar cubos, palanganas, cazuelas de agua de la cisterna y luego subirlos tres pisos —sin elevador—  constituía una prueba de nervios casi insoportable. La tubería de gas estaba defectuosa y pasé un mes sin poder arreglarla.

¿Polvo de lavar? ¿Jabón de tocador y amarillo? Eran productos que aparecían de vez en cuando, pero nunca en cantidades suficientes. Durante mis casi 30 años en Cuba, la falta de agua, de gas, de alimentos, de prendas de vestir, de artículos electrodomésticos, de materiales imprescindibles para el mantenimiento de la vivienda, eran una constante.

En la RDA, ya en este tiempo el racionamiento de los alimentos no existía. Nunca faltaban los productos alimentarios esenciales: había pan (de diversas variedades), leche fresca y los derivados de la leche —quesos, mantequilla— y carne —de res, de puerco y pollo—, embutidos variados, todo tipo de granos, arroz, aceite vegetal, frutas y vegetales de estación (no se conseguían grandes variedades, puesto que apenas se importaban del área “capitalista”). Pero nunca a un niño le faltó la leche o su comida, ni a los adultos tampoco.

Podían adquirirse materiales de construcción para el mantenimiento de las viviendas. El surtido era pobre, pero nadie ha tenido que verse en la imposibilidad de pintar la casa, de arreglar una pila de agua, de comprarse una cocina nueva o una lavadora.

Los círculos infantiles ofrecían la capacidad requerida para permitir a las madres trabajadoras la permanencia en sus puestos de trabajo. El sistema de transporte público funcionaba, cumpliéndose los horarios puntualmente. Sin embargo, la tensión, la imposibilidad en la RDA de expresar libremente criterios inconformes con la línea política, el miedo de contradecir, de desacatar, de no haber sabido guardar la apariencia, de no haber respetado “las reglas de juego” de una sociedad socialista, costaba muchos nervios portarse como una ciudadana “digna de ser estudiante en una universidad socialista”, admirar incondicionalmente al gran país hermano, la Unión Soviética.

Los cubanos —chistosos, ocurrentes, afables, hospitalarios, sobre todo los amigos nuestros— me brindaron una acogida muy agradable. Lo mismo sucedió luego con mis colegas, pero siempre hubo un “pero”. Me resultaba difícil aceptar la falta de constancia, la exageración, los frenos, los obstáculos, los problemas reales e inventados y el eterno: “¡Ya verás, todo esto se resolverá!” “¡Patria o muerte!”

Por un lado me fascinaba mi trabajo; por el otro, me desesperaba vivir constantemente las contradicciones a todos los niveles: entre las declaraciones, las disposiciones, los lineamientos y la implementación de los mismos.

Para regresar al inicio, a la pregunta de si en Cuba se vivía mucho mejor o peor que en Alemania, mi respuesta es: ni mejor ni peor, sino muy diferente. Y al final, cuando había decidido regresar definitivamente a Alemania, sencillamente estaban gastadas mis energías, después de haberle dedicado a Cuba casi treinta años de mi vida, los años más importantes, cuando mi rendimiento intelectual, mis fuerzas y también mi capacidad de soportar reveses, estaban al máximo. Ya no quería batallar como Don Quijote contra los molinos.

Ver el resto de la entrevista aquí.

Ver también La vida cotidiana, texto de Raúl Rivero publicado por Le Monde el 2 de enero de 1999, en Carta de Cuba.

automóviles – almendrones

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En Diario de Cuba, trailer del documental Car Havana, de Manuel Montejo Moreno:

 

 

En el capítulo “Our cars in Havana” (Nuestros carros en La Habana) del libro Autopia, Cars and Culture editado por Peter Wollen y Joe Kerr y publicado en 2002 por Reaktion Books, Viviana Narotzky dice que en los años 1980s el estado cubano intentó adquirir carros norteamericanos antiguos, cambiándolos por Ladas, para luego venderlos en casas de subasta y a coleccionistas privados. Narotzky estima en más de 5,000 los Chevrolets registrados en el 2002. Narotzky evalúa la prosperidad económica del músico Eliades Ochoa a través de las actualizaciones de su automóvil: dice la autora que Ochoa mejoró el Chevrolet de 1954 que poseía en los años 1970s cuando adquirió un Dodge de ese mismo año, que después cambió por un Peugeot 504, éste por un Lada 2105, y este último por un Mitsubishi 4×4.

La Habana republicana

Calle Neptuno. 1941. En la foto, Consuelo Gálvez Alum, mi bisabuela.

La entrada “Habana” de la Enciclopedia Espasa-Calpe ocupa más de 30 páginas. En ella se describe la vida en la única ciudad de Cuba cuyos habitantes superan el millón (desde 1943), una ciudad pintoresca, colorida, de ebullente comercio y rica vida social. Se parece mucho esa ciudad a la que conoció mi abuelo, ahora de 94 años, cuando sus padres se trasladaron a La Habana a principios de los años 1930s. Una ciudad con tranvías; baños públicos allí donde la calle E se encuentra con el Malecón (avenida que mi abuelo sigue llamando Baños), con áreas separadas para hombres y mujeres y casillas privadas; con trenes de lavado chino como el de la esquina de 21 y C; con dulcerías de lujo como la casa Potin y el Carmelo. Una ciudad donde la Escuela de Medicina de la Universidad de la Habana aún radicaba en donde ahora está la Facultad de Biología, y cuyo claustro hoy da nombre a algunos hospitales como el Aballís; con Casas de Socorro donde muchos recibían los primeros auxilios; con Caballero de París antes de que ingresara en el hospital Mazorra. En La Habana de los años 1930s se vivía así:



Estética, documental de Enrique Colina

Estética, dirigido por Enrique Colina, fue producido por el ICAIC en 1984. Para entonces, ya desde finales de los años 1970s, existían, según el Instituto Cubano de Investigación y Orientación de la Demanda Interna (ICIODI), 809 millones de pesos en inventarios de productos ociosos, sin salida en el mercado minorista.

 

refrigeradores

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Recibo de compra de refrigerador Admiral
póliza de garantía de refrigerador Admiral

Póliza de garantía de refrigerador Admiral. 1952. Colección Cuba Material.

Publicado en la revista de artes visuales Heterogénesis: Good-by Rocco, por Jorge Perugorría y Juan Carlos Tabío:

Compañeras y compañeros:

Aquí yace, en contra de su voluntad, el compañero Rocco. Nace en Detroit en agosto de 1952, en la fábrica de la General Motors. En su más tierna infancia fue testigo de las confrontaciones sindicales y de las reivindicaciones raciales que sacudieron su ciudad de nacimiento, forjando así su inclaudicable espíritu de lucha.

Siendo aún muy jóven, junto a 250 hermanos suyos, es obligado a hacinarse en el vapor General Custer (primo del General Motors), arribando a la bahía de La Habana en enero de 1953. Aquí en La Habana es adquirido, como vulgar mercancía, en la tienda “El Encanto” por la familia Orozco, llevando a partir de ese momento una vida burguesa de abundancias durante la cual enfrió los más exquisitos manjares y licores. No es hasta cinco años después, en 1958, cuando Joaquinito, el benjamín de los Orozco, a la sazón estudiante de derecho en la Universidad de La Habana, comienza a esconder entre champanes y langostas, proclamas subversivas del 26 de julio, lo que provoca una retoma de conciencia del compañero Rocco y su inicio en la lucha revolucionaria, llegando incluso a acoger en sus entrañas a un compañero de Joaquinito perseguido por los Tigres de Masferrer.

Ya en 1960, los sobrevivientes de la familia Orozco, (incluyendo a Joaquinito) abandonan el país, y la mansión de los Orozco (y por supuesto el mismo compañero Rocco), pasan a ser propiedad del Estado.

Conectado activamente al voltaje de todos los procesos de transformaciones revolucionarias, el compañero Rocco participa en la Campaña de Alfabetización, Crisis de Octubre, Zafra de los 10 Millones (trabajando en ésta más de 365 días al año). En todos estos años el compañero Rocco, lejos de añorar los filetes y caviares que conservó en su juventud, se dedicó, con ahínco encomiable, a enfriar torticas, masareales, croquetas cosmonautas (las que se pegan al cielo”de la boca”) los refrescos conocidos como “líquido de freno” y agua, mucha agua que calmaron la sed de nuestros estudiantes y milicianos.

Ya a principios de los años 70, con la llegada de sus congéneres soviéticos, el compañero Rocco es confinado a un honroso “plan pijama”, olvidado en un oscuro almacén durante todo un quinquenio gris, hasta que el “inventivo” administrador del almacén lo trueca, en una maniobra “por la izquierda” por un juego de “doce sillas” a una humilde familia proletaria, en el seno de la cual, y con su esfuerzo desinteresado de siempre y con la alegría de sentirse útil nuevamente, el compañero Rocco se apresta a congelar sabrosos “durofríos”, convirtiéndose en el sostén de esa familia y ganándose así el cariño de todos los niños del barrio.

Los 80 son años en los que el compañero Rocco puede vivir del fruto de su trabajo. Con el producto de la venta de estos “durofríos” el compañero Rocco es recompensado con quesitos crema, jamón plástico, pollo a la jardinera, vinos búlgaros y algún que otro cake bombón (de los que costaban 10 pesos cubanos), llegando incluso a enfriar su pedacito de carne de puerco y su cervecita en los días festivos. Y por supuesto, los huevos de siempre. A principios de los años 90, y como consecuencia del “Período Especial”, el compañero Rocco es sometido al zozobrante sistema de apagones que lo llevaron al borde del ataque de nervios. Tan prolongados llegaron a ser estos apagones que cuando se restablecía brevemente el fluído eléctrico, el compañero Rocco llegó a pensar que le estaban aplicando “electro shocks”.

Fue en aquellos difíciles momentos que la humilde morada de la familia que acogió al compañero Rocco como a un pariente más, es escogida por el ICAIC como locación principal de la película “Fresa y Chocolate” en la cual el compañero Rocco, no obstante su deteriorada salud física y mental, asume el rol protagónico que le valió la unánime aclamación de público y crítica como (con mucho) el mejor actor de la película.

Lejos de envanecerse con tan ecuménico triunfo, el compañero Rocco acomete con renovados bríos las perspectivas que le depara su nuevo horizonte de sucesos: Jefe de Frigoríficos del Paladar “La Guarida”, porque en paladar deviene su vivienda no bien terminado el rodaje del susodicho filme.

Ahora vuelve el compañero Rocco a enfriar los manjares y licores olvidados de su juventud. En este paladar, la carismática presencia del compañero Rocco es punto de atención de todos los clientes, llegando incluso a departir con La Reina de España, para la cual sacara de sus gélidas entrañas un rotundo y criollo boniatillo que arrancó los más encomiásticos comentarios de Su Majestad.

Así trancurría la plácida vejez del compañero Rocco, esperando que llegara, como en un sueño la muerte natural con esa paz de espíritu propia de quien ha cumplido a cabalidad y conciencia toda tarea que le haya sido encomendada. Pero no, la muerte del compañero Rocco sobreviene de forma trágica y fulminante cuando es públicamente declarado “Devorador Energético”.

Sus relays y reguladores de voltaje no soportaron la vergüenza y el compañero Rocco estalla en un flamígero y fatal cortocircuito que sonó en todo el barrio como un ¡PLAFF! fatídico.

Compañero Rocco, donde quiera que tú estés ahora, que llegue hasta ti nuestro agradecimiento por todos tus desvelos y nuestro más sentido pésame para que de una vez por todas descanses en paz.

Recibo de compra de refrigerador Admiral

Recibo de compra de refrigerador Admiral. 1952. Colección Cuba Material.

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Sobre la recogida de los refrigeradores norteamericanos y soviéticos y su sustitución por refrigeradores chinos, ver, en Octavo Cerco“la llegada del refrigerador”.