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Armónica Victory

armónica

Armónica Victory.

Armónica Victory. Hecha en China. Cortesía de Yasiel Pavón. Colección Cuba Material.

Cuando dejó Las Tunas, tenía muy pocas cosas que llevarse. Entre lo poco que pudo, o quiso, agarrar para traer a los Estados Unidos estaba una armónica marca Victory, gastada y abollada. Como todo exiliado, aspiraba a asimilarse a la nueva cultura y, quizás pensaría (o simplemente intuiría), la armónica lo podía ayudar.

Yo nunca tuve una armónica, pero alguien que conocí tenía una y jugar con ella equivalía a respirar el aura de las cosas “de afuera”. No lo sabía, pero la armónica, tan diferente al carnaval nacionalista del taburete, las maracas, la guayabera y el sombrero de yarey, tenía un timbre extranjero, tan norteamericano como las formas de los “pitusas” y los “popis”.

Armónica Victory

Armónica Victory. Hecha en China. Cortesía de Yasiel Pavón. Colección Cuba Material.

adorno artesanal

artesanía decorativa cubana

adorno artesanal

Figura artesanal. Hecha en Cuba. Colección Cuba Material.

La figura hecha con alambre e hilo se vendió, a un precio de cinco pesos, en las tiendas cubanas. Tiene, en la base, un cuño que certifica su fabricación nacional y, escrito con lápiz, el precio de venta. Nunca la vi en mi casa, por lo que debe haber aparecido (comprada o regalada) antes de que yo naciera, en los tempranos 1970s o, quizás, en los años 1960s.

Las otras, se usaban para adornar las vidrieras de las tiendas de La Habana. Me las donó una amiga que las descubrió cuando, hace poco, compraba unos cortes de tela de la época de la Guerra Fría que alguien que trabajaba en un almacén estatal se dedicaba a vender. De escaso atractivo ahora (¿siempre?), la persona que vendía las telas le regaló los muñecos.

Figura artesanal usada para adornar vidrieras

Figura artesanal usada para adornar vidrieras. Colección Cuba Material.

Figura artesanal usada para adornar vidrieras

Figura artesanal usada para adornar vidrieras. Colección Cuba Material.

Figura artesanal usada para adornar vidrieras

Figura artesanal usada para adornar vidrieras. Colección Cuba Material.

Figura artesanal usada para adornar vidrieras

Figura artesanal usada para adornar vidrieras. Colección Cuba Material.

Club nocturno El Avioncito

club nocturno El avioncito

Club El avioncito

Club El avioncito. Vedado. Circa 1977. Imagen tomada de Facebook.

Cuando era niña soñaba con poder al menos asomarme al club El Avioncito. No me dejaban entrar porque, decían mis padres, los menores de edad no podían entrar a ningún centro nocturno y, ya cuando tuve edad para ir a bares, El avioncito había sido desmantelado y retirado del solar entre las calles B y C donde permaneció gran parte de mi infancia. Durante toda ésta, sin embargo, me acostumbré a ubicar cualquier punto de la geografía habanera cercana a la Fuente de la Juventud, del lado donde las calles llevan nombres de letras, con relación a su distancia o cercanía a El avioncito, aún después de que éste fuera removido.

Club nocturno El Avioncito

Club nocturno El Avioncito. Imagen tomada del grupo de FB 3ra y A.

Nota: Una versión de este post se publicó originalmente en enero del 2013 en esta misma página.

Portavasos promocional de la Empresa Municipal de Gastronomía Mixta de la Habana Vieja

la gastronomía socialista

Portavasos promocional de la Empresa Municipal de Gastronomía Mixta de la Habana Vieja

Portavasos promocional de la Empresa Municipal de Gastronomía Mixta de la Habana Vieja. 1980s. Colección Cuba Material.

En Navarro Vega, Armando. 2013. Cuba, el socialismo y sus éxodos. Bloomington, IN: Palibrio:

Ya a finales de la primera mitad de los 60′ se podía comer barato y bastante bien en los Círculos Sociales Obreros de las playas. Al que quisiera comerse un sándwich le esperaba una cola más o menos larga y tediosa, según el día y el horario escogido, en la Casa Potin, en El Carmelo de Calzada o en el de 23, en las cafeterías y restaurantes de los hoteles o, si se quería un sándwich “a la cubana” con pan de barra, en el Sloppy Joe’s Bar, en la esquina de Ánimas y Zulueta. Los ingredientes no se podían adquirir en ningún otro sitio, por lo que había que recurrir forzosamente a los establecimientos hosteleros.

Había cosas que comer, cómo no. Se podía degustar una fabada asturiana en el “Centro Vasco”, un lacón con papas o un arroz a la indiana en “Las Bulerías”, un hash gordon blue en el “Club 23”, una crema de queso en el “Monseñor”, un pollo a la barbacoa en el “Polinesio”, una sopa china en el “Yang Tse”, o una pizza de prosciutto en “Montecatini”, en “La Romanita” o en “Doña Rossina”. Estos, entre otros establecimientos, eran la élite de los restaurantes de La Habana (herencia en su mayoría de la etapa republicana) y eso se reflejaba en los precios, por lo que en cualquier caso, y sin llegar a ser prohibitivos en términos generales salvo para las familias y los jubilados de más bajos ingresos, no eran sitios que pudiera frecuentarse asiduamente.

En los antiguos “Ten Cents” de Woolworth (rebautizado con el nombre de “Variedades de Galiano, de Obispo o de 23” según la ubicación física del establecimiento) la cola para almorzar se iniciaba fuera del local hasta la hora de apertura, y después continuaba dentro, detrás d cada puesto en la barra, en filas de dos, tres o cuatro personas en fondo. Los jubilados solían acudir a estos sitios debido a los precios.

No era fácil conseguir pescado, pero en cualquier MARINIT (establecimiento de la red de restaurantes del Instituto Nacional de la Industria Turística especializados en pescados y mariscos) se podía comer cuando se inauguraron, allá por 1964, desde una rueda de largo meniere o unos camarones enchilados, hasta unas ancas de rana.

En los Fruticuba había (cuando había) mangos, melones y piñas. Las Pizzerías que inundaron La Habana tenían al inicio una excelente oferta, que degeneró progresiva y rápidamente. Pese a ello (¿o quizás gracias a ello?) las pizzas “degeneradas” se convirtieron en auténticos matahambre. . . .

El surtido y la calidad de las nuevas pizzerías se mantuvieron poco tiempo; los MARINIT en su mayoría no llegaron abiertos a los 70′, y de su esplendor solo quedaba el recuerdo, o una acera intransitable inundada de un líquido viscoso en el lugar donde se situaban los depósitos de basura, y un olor insoportable pescado podrido en los que aún existían, como en “Los Parados”, en la intersección de las calles Consulado y Neptuno. (Pp. 98-9)

Cuchilla de afeitar Admiral

marinos de la flota mercante

Cuchilla de afeitar Admiral

Cuchilla de afeitar capitalista, marca Admiral. Colección Cuba Material.

En Generación Y: Llévame a navegar por el ancho mar:

En una tierra rodeada de agua, el marinero es un vínculo con el otro lado, el portador de esas imágenes que la insularidad no deja ver. En el caso cubano, quien trabaja en un barco puede, además, comprar en el extranjero muchos productos inexistentes en los mercados locales. Una especie de Ulises, que después de meses navegando, trae su maleta llena de baratijas para la familia. El marino conecta los electrodomésticos trasladados en las barrigas de los buques con el mercado negro; hace que las modas lleguen antes de lo planificado por los burócratas del comercio interior.

Durante varias décadas, ser “marino mercante” era pertenecer a una selecta cofradía que podía ir más allá del horizonte y traer objetos nunca vistos en estas latitudes. Los primeros jeans, grabadoras de cintas y chicles que toqué en mi vida fueron transportados por esos afortunados tripulantes. Lo mismo ocurrió con los relojes digitales, los televisores en colores y algunos autos, que en nada se parecían a los poco atractivos Lada y Moskovich.

Para los parientes de un marinero, los largos meses de ausencia se suavizan con el bálsamo económico que producirá la estancia en puertos con precios más baratos y mejores calidades que las tiendas cubanas. Cuando llega la edad de jubilarse y de echar el ancla, entonces a vivir de lo que se ha podido transportar y de las imágenes que han quedado en la memoria. (…)

Bolsa o jaba de compras hecha con alambres eléctricos

De la jaba al shopping bag, exposición

Bolsa o jaba de compras hecha con alambres eléctricos

Bolsa o jaba de compras hecha con alambres eléctricos. 1980s. Colección Cuba Material.

En 1998 la galería de la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena, en la Habana Vieja, presentó la exposición De la jaba al shopping bag. Sobre ella, dice la revista Opus Habana:

(…) A un grupo de diseñadores cubanos les motivó la idea y se enrolaron en el proyecto «De la jaba al shopping bag», presentado en la Galería de la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena, como parte de las actividades del II Salón de Arte Contemporáneo, en noviembre de 1998.
En el aspecto técnico, el soporte abrió su diapasón entre dos extremos opuestos: metal y papel; las dimensiones variaron desde propuestas gigantescas hasta otras pequeñas, más cercanas a la lógica común. Las formas: flexibles, rígidas, insospechadas.
El carácter funcional, en este caso, no se limitó a la capacidad de contener –endémica de las jabas, los bolsos– sino que explotó las posibilidades comunicativas del diseño: el anuncio, la propaganda. El concepto de la exposición abarcó el puente que existe de la jaba al shopping bag, de la esencia a la periferia, de lo asimilado a lo autóctono, de lo convencional al gesto violento de la osadía.
Fiesta de lujo del diseño cubano. Belleza, utilidad y utopía se tomaron las manos en la muestra para sacralizar, burlar, asumir o negar esa costumbre tan humana de envolver. Sabia noción: guardar, almacenar, empaquetar… en fin, poner a salvo los objetos, los elementos tangibles de la vida.

En Opus Habana vol III no. 1 (1999)

ensalada de pollo

ensalada de pollo

ensalada de pollo

Ensalada de pollo. Foto cortesía de María L. Pérez.

En Cocina con Cuba: Ensalada de pollo:

Una ensalada de este tipo, o al menos muy similar, se servía en [las tiendas por departamentos] Ten Cent de La Habana. Recuerdo que la servían con una boleadora de helados en un plato con algo de verduras y unas tostadas. Era toda una delicia para ese calor intenso que suele tener La Habana. Los Ten Cent de La Habana fueron para mí el primer encuentro de lo que en los tiempos modernos se denomina cocina abierta. Era todo un lujo ver trabajar a aquellas mujeres –pues fue básicamente el sexo femenino que dominaba sus cocinas– con esos aparatos de color metálico y esas butacas rotatorias que se podían subir a la altura necesaria. Era gracioso hacer la cola detrás de otro cliente y tratar de coincidir con mis hermanos y mi mamá para poder comer juntos.

Ver la receta.

billete de un peso

colas

billete de un peso

Billete de un peso. Serie de 1960. Colección Cuba Material.

En Navarro Vega, Armando. 2013. Cuba, el socialismo y sus éxodos. Bloomington, IN: Palibrio:

La vida transcurría en las colas. En todas partes se hacía cola. Había colas organizadas, colas desorganizadas y “molotes”. Colas por orden de llegada, colas por números, colas en las que se permitía “rotar” y en las que no, colas en las que se permitía “marcar” por otras personas y en las que no se podía. Colas para los que tenían reserva o número por anticipado, y “colas para los fallos”.

Colas que duraban meses ratificando el número mediante presencia física al menos una vez al día para, por ejemplo, comprar un colchón. En caso de no poder asistir a dicha “ceremonia de reafirmación” se perdía la vez. De todos modos, hacer esa cola no garantizaba en muchos casos que se pudiese adquirir el producto, porque no se sabía con anterioridad la cantidad que se iba a distribuir.

En los restaurantes y cafeterías se hacía cola durante horas, incluso para reservar una mesa para el día siguiente. (P. 97)

billete de un peso

Billete de un peso (reverso). Serie de 1960. Colección Cuba Material.

aerograma

aerogramas

aerograma

Aerograma. 1974. Colección Cuba Material.

No sé por qué mi mamá compró tantos aerogramas, con las pocas cartas que se escribían en Cuba.  Aún se conservan en la segunda gaveta del aparador del comedor.

aerograma

Aerograma. 1986. Colección Cuba Material.

toallero expandible

toallero expandible

Toallero. 1980s. Foto 2014. Vedado.

Toallero. 1980s. Foto 2014. Vedado. Colección Cuba Material.

Antes de que desapareciera la URSS, el discurso oficial del estado cubano repetía que el país marchaba hacia el progreso y la modernización, y algunos bienes de consumo debieron convencer al pueblo de la veracidad de tal pronunciamiento. Los toalleros expandibles anunciaban una industria mucho más adelantada que la nuestra en detalles tan simples como el acabado industrial o la cobertura de cada uno de los delgados travesaños con un material plástico para evitar la corrosión. También solucionaban parcialmente los problemas de espacio y funcionalidad de los baños causados por el incremento del tamaño de los núcleos familiares, hinchados para acomodar familias de tres generaciones y más de una decena de miembros en viviendas construidas para familias nucleares.

Período Especial, video

 

 

Período Especial fue filmado y producido por Ed Evans, quien visitó la isla en 1993 y estuvo allí dos semanas, con una delegación norteamericana. Todavía circulaban las guaguas Icarus, las farmacias no se habían vaciado del todo, alguna carne y ropa se podía adquirir con los cupones de racionamiento, las pizarras de las aulas tenían casi intacta su pintura verde, y circulaban más automóviles que ahora.

H/T: InCubadora

Manual de usuario. Televisor Krim 2018.

televisor Krim-218

Manual de usuario. Televisor Krim 2018.

Manual de usuario. Televisor Krim 218. 1981. Colección Cuba Material.

El televisor Krim-218 de mis abuelos fue adquirido en la ferretería Variedades Vedado el 24 de julio de 1981. Costó 650 pesos. El Certificado de Garantía cubrió los desperfectos del tubo de pantalla por un año y los del resto del equipo por tres meses. Para reparaciones, les correspondía el consolidado de Línea entre 4 y 6, en el Vedado. Hace unos cinco años, mi abuelo y mi mamá decidieron deshacerse del viejo televisor Krim, en el que apenas se veían sombras.

En el 2012 “759,164 televisores en blanco y negro . . ., todos con más de 25 años de explotación”, se encontraban en funcionamiento en Cuba, según censo publicado por Café Fuerte. Para descargar el manual presione aquí.

televisor Krim 218

Certificado de propiedad de televisor Krim 218. 1981. Colección Cuba Material.

artesanía

de la cerámica aborigen a la cerámica sobre el aborigen

adorno artesania (3) copy

Artesanía cubana de los años 1960s ó 1970s. Colección Cuba Material.

En Zumbado, Héctor. 1988. Kitsch, Kitsch, ¡Bang, Bang! Havana, Cuba: Letras Cubanas (gracias a Enrique del Risco por la fotocopia):

Esos ejemplos que pone Slavov de la producción búlgara nos recuerdan demasiado a la producción cubana con sus temibles animalejos de yeso, las detestables jaretas, vasijas y cazuelas de barro y cerámica, los horribles diablillos y otras obscenidades “folclóricas” que no solamente agreden a los consumidores nativos, sino que también se venden en las tiendas INTUR a turistas extranjeros como exponentes de nuestra artesanía y nuestras cultura; y nos recuerdan también nuestras espantosas flores artificiales y otros adefesios, ¡contra los cuales en Cuba ni siquiera existe una campaña nacional! (p. 32)

cuchilla afeitar venceremos

cuchillas de afeitar

Cuchillas de afeitar Astra. Hecha en Checoslovaquia.

Cuchillas de afeitar Astra. Hechas en Checoslovaquia. Colección Cuba Material.

Desde que comenzaron a escasear, hace ya varias décadas, mi abuela Gertrudis Caraballo Gálvez ha guardado las hojas usadas de las cuchillas de afeitar. Las escondía en un rincón del escaparate de su cuarto, en donde sobrevivieron incluso el Período Especial.

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En el libro de K. S. Karol Guerrillas in Power: The Course of the Cuban Revolution (1970, New York: Hill & Wang), dice el autor:

The language used by the Castroists at home was full of phrases reminiscent of Chinese arguments. They used the term revisionism as an obvious reference to the U.S.S.R. and its allies abroad. Even merchandise from Eastern Europe was commonly described by this title. Thus on my first day in Havana I learned that revisionist trucks were of very poor quality, or that anyone using revisionist blades needed no shaving cream–his tears would be quite enough. (Pp.306-7)

Esto fue en 1967.

Cuchillas de afeitar Astra. Hechas en Checoslovaquia.

Cuchillas de afeitar Astra. Hechas en Checoslovaquia. Colección Cuba Material.

Cuchillas de afeitar Neva. hechas en la URSS.

Cuchillas de afeitar Neva. Hechas en la URSS. Colección Cuba Material.

 

Cuchillas de afeitar venceremos. hechas en Checoslovaquia.

Cuchillas de afeitar venceremos. Hechas en Checoslovaquia. Colección Cuba Material.

Cuchilla de afeitar Venceremos. Hecha en Cuba. Reverso.

Cuchilla de afeitar Venceremos. Hecha en Checoslovaquia. Reverso. Colección Cuba Material.

Cuchilla de afeitar Rawa Lux. Hecha en Polonia.

Cuchilla de afeitar Rawa Lux. Hecha en Polonia. Colección Cuba Material.

cuchillas afeitar rawalux copy

Cuchilla de afeitar Rawa Lux. Hecha en Polonia. Colección Cuba Material.

Cuchilla de afeitar Leningrad. hecha en la URSS.

Cuchilla de afeitar Leningrad. Hecha en la URSS. Colección Cuba Material.

Cuchillas de afeitar Regina.

Cuchillas de afeitar Regina. Colección Cuba Material.

Cuchillas de afeitar Admiral. Hechas en Dinamarca.

Cuchillas de afeitar Admiral. Colección Cuba Material.

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Sobre las cuchillas de afeitar como armas blancas:

Torcía los labios y decía con voz gangosa: “A él no, aguántenme a mí, que soy el más peligroso”. Cuando su única defensa era una cuchilla de afeitar marca Astra, la tomaba con los dedos y le hablaba: “Cógelo, Astra”, como si el objeto tuviera vida propia, como si fuera un perro guardián. (tomado de Fenelo, Obdulio. 2008. “Florida. Yo soy de donde reinaban los guapos.” Pp. 128-30 in Por los extraños pueblos: otro mapa de la Isla. Crónicas de La Gaceta de Cuba, edited by N. Codina. Havana, Cuba: Unión, p. 129)

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Sobre la escasez de cuchillas de afeitar. En Yglesias, Jose. 1968. In the Fist of the Revolution: Life in a Cuban Country Town:

El Gallego liked to talk, but he had to go home to shave. I offered him a blade–“if you do not mind accepting it,” I said.

“If I do not mind!” he said. “If you know how I have plotted to ask you for one!”

When I saw him later clean-shaven, he said, “What a difference to the Soviet Astras. I can use it many more times.”

From then on, I would give a blade to men and the response was always the same. I gave a package of five to Dr. Padrón and he was quite thrilled. “I think I can make them last until Christmas if I use them right. Look at the shave I got–I do not think I have to shave for the rest of the week. I even cut myself because my beard was so thrilled that it got goose pimples!” (P.112)