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bombillos incandescentes importados de Alemania

Envase del bombillo incandescente Narva
Envase del bombillo incandescente Narva

Envase del bombillo incandescente Osram. Hecho en Alemania occidental. 1980s. Colección Cuba Material.

Además de los bombillos incandescentes Tungsram, fabricados en Hungría, en Cuba se comercializaron dos marcas de bombillos incandescentes fabricados en Alemania, cuando aún quedaba algo de comercio minorista accesible para cualquier ciudadano nacional que percibiera algún tipo de ingreso y cuando aún había dos Alemanias. En los años 1980s, las marcas Osram y Narva, la primera fabricada en Alemania occidental y la segunda en Alemania del Este con tecnología Osram, se vendieron en ferreterías y establecimientos del mercado no racionado durante los años 1980s. Algunos de ellos, atesorados luego de la caída del socialismo de estado en Europa del Este y la desintegración de la URSS, sobrevivieron la recogida de bombillos incandescentes que el gobierno cubano llevo a cabo hace poco más de una década.

Hay una película, All my girls, cuyo drama tiene lugar en la fábrica estatal de bombillos Narva.

Envase del bombillo incandescente Narva

Envase del bombillo incandescente Narva. Hecho en Alemania del Este. 1980s. Colección Cuba Material.

Envase del bombillo incandescente Narva

Envase del bombillo incandescente Narva. Hecho en Alemania del Este. 1980s. Colección Cuba Material.

Envase del bombillo incandescente Narva

Envase del bombillo incandescente Narva. Hecho en Alemania del Este. 1980s. Colección Cuba Material.

perfumes soviéticos

perfume Violeta
Perfume Moscú Rojo

Perfume Moscú Rojo. 1980s. Donación de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

Además del famoso perfume Moscú Rojo, a partir de la década de los años setenta en Cuba se comenzaron a comercializar perfumes provenientes de Europa del Este, principalmente de Bulgaria, y de la URSS. Éstos son algunos de los perfumes soviéticos que estuvieron a la venta en el mercado paralelo, algunas veces sí, otras no. Llama la atención que sus nombres no hayan sido traducidos al español para el mercado cubano y que, a excepción de Moscú Rojo, todos conservan gran parte del contenido original.

Perfume "Acacia Blanca (Biélaia Acatsia)"

Perfume “Acacia Blanca (Biélaia Acatsia)”. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material.

Perfume Romeo

Perfume Romeo. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material.

perfume Violeta

Perfume Violeta. Hecho en la URSS. Colección Cuba Material

ht: Tamara Álvarez y Alexis Jardines tradujeron los nombres.

cosméticos Sah

Agua de colonia en spray Sah
Agua de colonia en spray Sah

Agua de colonia en spray Sah. Hecha en Bulgaria. Colección Cuba Material.

La línea de cosméticos para hombres Sah hoy se produce en Macedonia. Antes del desplome del socialismo de estado en Europa del Este se fabricaba en Bulgaria y se exportaba a Cuba, donde se comercializaba en el mercado paralelo. Para el mercado cubano, las instrucciones sobre cómo aplicarse la colonia en spray fueron traducidas al español. Además de la colonia, en Cuba se vendió la crema de afeitar de la misma marca.

Crema de afeitar Sah

Crema de afeitar Sah. Hecha en Bulgaria. Colección Cuba Material.

bombillos incandescentes Tungsram

Envase de bombillo Tungsram
Envase de bombillo Tungsram

Envase de bombillo Tungsram. Hecho en Hungría. Colección Cuba Material.

Hace unos años, el estado cubano recogió los bombillos incandescentes que aún quedaban en los hogares. Parte de la campaña “revolución energética” consistió en sustituir estos bombillos por focos ahorradores, de filamento fluorescente. Me cuentan que, como cuando sustituyeron los viejos refrigeradores americanos, en cada casa se presentó un inspector estatal que contabilizó los bombillos existentes, posteriormente reemplazados por bombillos ahorradores. Como resultado, los interiores de las casas y comercios cubanos se iluminan hoy con una mortecina e insípida luz blanca.

Hace unos años, mientras registraba la antigua vitrina de la sala de mis abuelos, encontré un bombillo incandescente Tungsram que nadie vio cuando los inspectores estatales se personaron para efectuar el cambio de bombillos. Mi abuelo se preocupó por el gasto energético que sus 100 watts conllevarían, si algún día se veía en la necesidad de utilizarlo. Mi mamá me sugurió fotografiarlo para Cuba Material. Todos estuvimos de acuerdo en devolverlo a su sitio en el fondo de la vitrina. Cualquier día se podría necesitar.

A principios de año, mientras registraba otro de los closets de casa de mis abuelos, una barbacoa de difícil acceso, encontré otro bombillo Tungsram. Se trataba, esta vez, de un foco de 40 watts con base de metal, producido por Action Tungsram, empresa de patente norteamericana, registrada en 1975 en el estado de Pensilvania, según se anuncia en el envase.

En efecto, el sitio de patentes Trademarkia asegura que Action Tungsram fue registrada en el estado de New Jersey en 1976, a nombre de unos propietarios con domicilio legal en Pensilvania. Action Tungsram aparece también listada en el libro Multinationals from the Second World War: Growth of Foreign Investment by Soviet and East European State Enterprisesde Carl H. McMillan, editado en 1987. Allí, en una tabla que lista las inversiones del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) en occidente, se incluyen tres subsidiarias de la empresa húngara: Tungsram, en Austria; Tungsram Manufacturers, en Irlanda; y Action Tungsram, en los Estados Unidos. Según este libro, para 1983 las filiales irlandesa y norteamericana habían dejado de operar.

Envase de bombillo Tungsram

Envase de bombillo Tungsram. Hecho en Hungría. Colección Cuba Material.

tela antiséptica bebitex

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Tela antiséptica Bebitex
Tela antiséptica Bebitex

Tela antiséptica Bebitex. 1973. Colección Cuba Material.

Cuando nació mi hija, en el 2002, el sistema de racionamiento de productos industriales me asignó algunos metros de tela antiséptica para hacer pañales y culeros de bebé. Cuando fui a comprar la tela, por insistencia de mi abuela, me la dieron doblada, sin protección o envase. Tampoco tenía etiqueta o nombre comercial. A cambio del cupón correspondiente y cierta cantidad de dinero, me llevé varios pliegos de la tela blanca con que las madres cubanas han hecho, por décadas, los pañales de sus hijos, festoneados y bordados por ellas mismas o por sus madres, abuelas, vecinas o costureras.

Cuando yo nací, en 1973, ya el gobierno cubano vendía tela antiséptica mediante una libreta de racionamiento emitida especialmente para las embarazadas y los recién nacidos. En aquella época, sin embargo, la tela antiséptica tenía nombre comercial: bebitex, y se vendía empaquetada en nylon, adornado con motivos infantiles. El empaquetamiento establecía, además, la cantidad de tela y su fabricación: cubana.

En algún momento, en las tres décadas que median entre el nacimiento de mi hija y el mío, el empaque de nylon y la marca comercial bebitex se dejaron de producir y comercializar. Los embarazos de las mujeres cubanas transcurrieron, entonces, menos adornados.

Tela antiséptica Bebitex

Tela antiséptica Bebitex. 1973. Colección Cuba Material.

medicamentos

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Frasco de Curare

Frasco de Curare. Producido y comercializado en Cuba por los laboratorios norteamericanos Merck. Pharmaceuticals. Colección Cuba Material.

En su artículo “Drug Wars: Revolution, Embargo, and the Politics of Scarcity in Cuba, 1959-1964”, originalmente leído en el Cold War Seminar organizado por la Tamiment Library de la Universidad de Nueva York, la historiadora Jennifer Lambe explora el impacto que tuvo en la vida cotidiana de los cubanos la sustitución del régimen farmacéutico capitalista por uno de naturaleza socialista, con posterioridad al triunfo de la revolución cubana. Según expresa el Resumen del texto:

La Revolución Cubana de 1959 marcó el comienzo de muchos cambios radicales, tanto socioeconómicos como políticos. Ahora bien, las convulsiones macropolíticas del momento también se manifestaron de forma concreta en las vidas de cubanos ordinarios. La repentina escasez de medicamentos diarios, vinculada estrechamente a las tensiones diplomáticas con los Estados Unidos, fue una de ellas. Este artículo rastrea las batallas transnacionales provocadas por la repentina desaparición de drogas farmacéuticas norteamericanas de los anaqueles cubanos. El material trata de entender las carencias farmacéuticas no sólo como un efecto político sino como una realidad social que proveyó un espacio para la articulación de nuevas formas de sociabilidad y políticas alrededor del cuerpo.

A principios de este año pude organizar la vitrina que antes estuvo en la consulta de mi abuelo, el doctor Leopoldo Arús Gálvez, hoy escondida en el cuarto de desahogo de su casa (antiguo cuarto de criados). Se trata, ahora, de un mueble de cristales empolvados y armazón oxidada que, desde hacía muchos años, se encontraba atiborrado de envases y frascos de medicamentos, emulsiones, colirios, tabletas, ámpulas de inyección, jeringuillas, agujas hipodérmicas, bandejas, termómetros y estuches de gasa y de algodón. Lo recuerdo, sobre todo, como el lugar donde mi abuelo guardaba una réplica de cerámica de un corazón, que de niña me gustaba pedirle que me ensañara, y que casi nunca me dejaba tocar para que no se rompiera. Y también como el lugar donde había un frasco de Curare que nunca vi, y donde sabía que había otros venenos como Estricnina y Morfina, porque mi abuelo también me lo había dicho.

En las cinco repisas de cristal del interior de la vitrina se mezclaban con total promiscuidad tres diferentes regímenes farmacéuticos: el del capitalismo, el del socialismo de estado, y el del postsocialismo. Nos tomó dos tardes a mi mamá y a mí deshacernos de la basura que por años también se acumuló en esa vitrina. Tuvimos que romper las ámpulas y destruir las pastillas vencidas para prevenir que las personas que viven de lo que recogen de los contenedores de basura las usaran o las revendieran. Separamos aquellos medicamentos que podían ser de utilidad, y mi mamá los donó al consultorio del médico de la familia. Alguna manguerita de suero y un par de guantes quirúrgicos estaban ya calcinados, y se deshicieron apenas los toqué.

Conservé, para la colección de Cuba Material, todos aquellos medicamentos del capitalismo que mi abuelo había guardado por más de cinco décadas. Se trataba, por lo general, de muestras médicas que los laboratorios farmacéuticos de entonces le hacían llegar a él y a su papá, que también era doctor. Muchos de estos laboratorios tenían sucursal en Cuba y todos los envases o frascos de medicamentos tenían diseños y tipografías deliciosas. A este grupo pertenece el pequeño frasco de Curare.

Otra gran parte del lote la componen los medicamentos producidos o comercializados por la industria farmacéutica socialista. Ahí encontré los medicamentos genéricos producidos por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) o importados de Europa del Este, similares al antibiótico oral Gricín, al que ya me he referido, vendidos luego de que se decretara el racionamiento d medicamentos el 11 de febrero de 1962. Aún se conservaba, por ejemplo, el envase de píldoras de medazepam, de aspecto bastante moderno, comercializado bajo la marca Rudotel por la empresa de Alemania del Este GERMED y producidas en la planta de Dresden Ver Arzneimittelwerk.

Finalmente, a estos dos regímenes farmacéuticos los completaba una serie de medicamentos que mi papá, mi hermana y, últimamente, yo hemos estado enviando a mis abuelos y mi mamá desde principios de los años 1990s. Pomos plásticos de 500 píldoras de vitaminas, Advil (o Ibuprofén), Tylenol (o Acetaminofén) y Tums para los problemas estomacales; tiras de curitas y de Alka Seltzer; pomadas para los dolores reumáticos, pastillas para dormir, laxantes y jeringuillas desechables. De estos no conservé ninguno. Mi mamá guardó para ella y para mi abuelo los que creyó necesitar.

Al final, tomé para Cuba Material las dos repisas inferiores, que aún siguen luciendo atiborradas de medicamentos. Mi mamá y mi abuelo tienen, en cambio, tres repisas limpias y despejadas para seguir guardando las medicinas que les mandamos desde acá.

Envase de tablets de Rudotel (medazepam). Producidas en la RDA por Ver Arzneimittelwerk y comercializadas en Cuba por GERMED. Colección Cuba Material.

Estuche de tabletas de Estricnina. Producidos y comercializados por el MINSAP. Colección Cuba Material.

algodón y gasa quirúrgicos

Rollo de algodón quirúrgico

Rollo de algodón quirúrgico. Hecho en la República Popular China. 1980s. Colección Cuba Material.

No recuerdo que, antes del desplome del socialismo soviético, en Cuba se vendiera el algodón en motas, como se puede comprar ahora en casi todas partes del mundo. EL algodón se vendía entonces en las farmacias, comprimido en rollos y envuelto en un papel gris, bajo la marca Snowflake. Los rollos más grandes pesaban 25 gramos y la etiqueta los identificaba como fabricados en Shanghai, en la República Popular China (esto lo decía en mandarín, en inglés, y en francés, nunca en español). La etiqueta de estos rollos de algodón también indicaba (sólo en francés) que la exportación de este producto corría a cargo de la Sociedad Nacional China de Importación y de Exportación de Productos Químicos. En la colección de Cuba Material tengo rollos de algodón de esta marca en al menos tres tamaños diferentes, todos más pequeños que el que se describe aquí aunque con igual factura y diseño.

En las farmacias cubanas de la era soviética también se podía adquirir gasa, esta última de fabricación cubana. Envasada en cajas de cartón, la gasa se vendía también en rollos, comercializados por el Grupo Especial de Materiales de Curación, una institución cubana. Se vendía a un precio de 15 centavos en su variante de 5 x 550 cm y de 40 centavos en el caso de vendas de dimensiones de 10 x 914 cm.

Venda de gasa. Hecha en Cuba por el Grupo Especial de Materiales de Curación. Colección Cuba Material.

Venda de gasa. Hecha en Cuba por el Grupo Especial de Materiales de Curación. Colección Cuba Material.

estuches de jabones de tocador

Estuche de jabones Aquazul
Estuche de jabones Aquazul

Estuche de jabones Aquazul. 1980s. Colección Cuba Material.

Entre otras cosas, en el mercado paralelo se podían comprar, algunas veces, estuches de jabones de tocador. Algunos eran de fabricación nacional, como los de la línea masculina 5 PM o los de la marca Aquazul. Otros, se importaban de Europa del Este. Tal es el caso de los jabones Nautik, producidos en la RDA.

Estos jabones se compraban, casi siempre, para regalar en ocasiones especiales. A quienes cumplían años, o durante los días de los padres, las madres, o los enamorados, o incluso como detalle de cortesía con un médico a quien se quisiera agradecer.

Por regla general, una vez consumidos los jabones, se guardaban las cajas. Éstas servían para almacenar objetos o, incluso, para adornar coquetas y aparadores. La caja de jabones Nautik fotografiada en esta entrada contuvo, hasta hace pocos días, cintas de pelo importadas de la URSS, en un surtido de variados colores. Las cintas, cuidadosamente dobladas, tenían justo el ancho de la caja de jabones. Quien las guardó en ella tuvo el cuidado de señalizar la caja con el nombre de su nuevo contenido.

Estuche de jabones 5 PM

Estuche de jabones 5 PM. 1980s. Colección Cuba Material.

Estuche de jabones Nautik

Estuche de jabones Nautik. Hechos en la RDA. Donación de Mirta Suquet. Colección Cuba Material.

conjunto de contenedores de alimentos de la República Popular China

Set de contenedores plásticos
Set de contenedores plásticos

Set de contenedores plásticos para alimentos. Hechos en la República Popular China. 1980s. Colección Cuba Material.

En un país en donde las amas de casa acostumbraban a almacenar la comida en envases de alimentos reutilizados como contenedores, a falta de mejores opciones, este set o conjunto de contenedores plásticos de tres tamaños diferentes, fabricados en la República Popular China, representaba todo un lujo y una certeza de la modernidad que el socialismo era capaz de producir y llevar a los espacios domésticos.

A diferencia de otros productos de la industria china destinados a la exportación, cuyos envases e incluso marcas comerciales aparecen glosados en inglés, a los fabricantes de estos contenedores de alimentos no se les ocurrió traducir la información técnica que aparece en la parte inferior, que a continuación reproduzco, en mandarín, por si alguien se anima a traducirla.

Contenedores plásticos para alimentos

Contenedores plásticos para alimentos. Hechos en la República Popular China. 1980s. Colección Cuba Material.

jabones de tocador del campo socialista

Jabón Palmier
Jabón Palmier

Jabón Palmier. Hecho en Rumanía. 1980s. Colección Cuba Material.

En los años 1980s se comercializaron en Cuba, en la variante conocida como “venta liberada” o “mercado paralelo”, jabones de tocador de mucha mejor calidad y diseño que los jabones Nácar del mercado racionado. Vendidos a precios mucho mayores que el de estos últimos, muchas familias los compraban para regalar o celebrar ocasiones especiales.

Mis abuelos guardaron algunos de estos jabones producidos en Europa del Este (RDA y Rumanía), junto a algunos Nácar, en el fondo de un closet, por tanto tiempo que los olvidaron. Ni siquiera se acordaron de ellos durante los años más difíciles del Período Especial.

Jabón Palmier

Jabón Palmier. Hecho en Rumanía. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Palmier

Jabón Palmier. Hecho en Rumanía. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Palmier

Jabón Palmier. Hecho en Rumanía. 1980s. Colección Cuba Material.

 

Jabón Lili

Jabón Lili. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Lili

Jabón Lili. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

jabon Lili

Jabón Lili. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Lili

Jabón Lili. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Jubileu

Jabón Jubileu. Hecho en Rumanía. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Jubileu

Jabón Jubileu. Hecho en Rumanía. 1980s. Colección Cuba Material.

jabon Eau de Cologne

Jabón Eau de Cologne. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Eau de Cologne

Jabón Eau de Cologne. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

Jabón Pine Needle

Jabón Pine Needle. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

jabón Pine Needle

Jabón Pine Needle. Hecho en la RDA. 1980s. Colección Cuba Material.

los coleros y la venta anual de juguetes

Reconocimiento a trabajadores del MINCIN que participaron en la venta anual de juguetes
Reconocimiento a trabajadores del MINCIN que participaron en la venta anual de juguetes

Reconocimiento a trabajadores del MINCIN que participaron en la venta anual de juguetes. 1971. Carné facilitado por Janet Vega Espinosa. Colección Cuba Material.

En 1971, los turnos para la venta anual de juguetes se repartieron por teléfono. Se dice que en La Habana fueron tantas las llamadas para adquirir un turno que las líneas telefónicas colapsaron. Algunas personas, los llamados “coleros“, se dedicaron a llamar por teléfono para conseguir turnos que después vendían. Contra ellos el estado lanzó una campaña que llevó por título “¿Quién mató a ‘Billy’ el colero?”. El tal Billy, de aspecto medio chulampín, con ropa que parece de procedencia extranjera, como también lo es su nombre, cuelga (posiblemente ajusticiado) del cable de un teléfono alcancía.

juguetes: granjas y camiones

Juguete Granja
juguete Granja

Juguete Granja, exhibido en la exposición Pioneros: Building Cuba’s Socialista Childhood, curada por Meyken Barreto y María A. Cabrera Arús. 17 de septiembre de 2015 – 1 de octubre de 2015. Arnold and Sheila Aronson Galleries, Sheila C. Johnson Design Center. Parsons School of Design, The New School. New York, NY. Colección Cuba Material.

La granjita era uno de mis juguetes preferidos. Ahora pienso que me gustaba porque me transportaba a un mundo diferente del trópico socialista donde vivía. Uno donde había haciendas y granjeros que tenían tractores, camiones y cosechadoras, animales de corral, estanques y pacas de heno. Y donde vivían en mansiones de dos pisos, bien delimitadas por muros de piedra, de las que sólo conocía por la literatura o la televisión.

La “granjita” me gustaba, además, porque tenía 103 piezas, con las podía entretenerme un largo rato. En mi infancia austera, la granjita fue uno de los mejores juguetes que tuve.

* * *

En Hechos de Hoy: Un camión gallego con volquete, el juguete al que aspiraba todo niño cubano, de Camilo Venegas:

Por estos días, una tres décadas atrás, las tiendas de los pueblos de Cuba se llenaban de juguetes. En su afán por cambiar todas las cosas de lugar, la revolución había removido el Día de Reyes para julio, de manera que coincidiera con la celebración de sus más importantes fechas.
Siguiendo los preceptos del igualitarismo, a cada niño nos correspondían tres juguetes: básico, no básico y dirigido. En el 75 o el 76 (estábamos en 3ro. o 4to. grado), por fin alcancé un camión gallego. Me pasé dos horas mirándolo, sin hacer nada con él.
En el Paradero de Camarones, un camión gallego de volteo -o volquete- era el mejor juguete al que se podía aspirar. El Chiqui tenía uno que llegó a cargar toneladas de fango de la zanja de su casa. Cuando el mío se sumó a las obras, reconstruimos por completo aquella vía fluvial, imprescindible en el desagüe durante los temporales. (…)

Continuar leyendo.

Juguete Granja

Juguete Granja. Foto Geandy Pavón. 2015.

Nota. Una versión anterior de esta entrada se publicó en el 2013.

armónica

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Armónica Victory
Armónica Victory.

Armónica Victory. Hecha en China. Cortesía de Yasiel Pavón. Colección Cuba Material.

Cuando dejó Las Tunas, tenía muy pocas cosas que llevarse. Entre lo poco que pudo, o quiso, agarrar para traer a los Estados Unidos estaba una armónica marca Victory, gastada y abollada. Como todo exiliado, aspiraba a asimilarse a la nueva cultura y, quizás pensaría (o simplemente intuiría), la armónica lo podía ayudar.

Yo nunca tuve una armónica, pero alguien que conocí tenía una y jugar con ella equivalía a respirar el aura de las cosas “de afuera”. No lo sabía, pero la armónica, tan diferente al carnaval nacionalista del taburete, las maracas, la guayabera y el sombrero de yarey, tenía un timbre extranjero, tan norteamericano como las formas de los “pitusas” y los “popis”.

Armónica Victory

Armónica Victory. Hecha en China. Cortesía de Yasiel Pavón. Colección Cuba Material.

artesanía decorativa cubana

adorno artesanal
adorno artesanal

Figura artesanal. Hecha en Cuba. Colección Cuba Material.

La figura hecha con alambre e hilo se vendió, a un precio de cinco pesos, en las tiendas cubanas. Tiene, en la base, un cuño que certifica su fabricación nacional y, escrito con lápiz, el precio de venta. Nunca la vi en mi casa, por lo que debe haber aparecido (comprada o regalada) antes de que yo naciera, en los tempranos 1970s o, quizás, en los años 1960s.

Las otras, se usaban para adornar las vidrieras de las tiendas de La Habana. Me las donó una amiga que las descubrió cuando, hace poco, compraba unos cortes de tela de la época de la Guerra Fría que alguien que trabajaba en un almacén estatal se dedicaba a vender. De escaso atractivo ahora (¿siempre?), la persona que vendía las telas le regaló los muñecos.

Figura artesanal usada para adornar vidrieras

Figura artesanal usada para adornar vidrieras. Colección Cuba Material.

Figura artesanal usada para adornar vidrieras

Figura artesanal usada para adornar vidrieras. Colección Cuba Material.

Figura artesanal usada para adornar vidrieras

Figura artesanal usada para adornar vidrieras. Colección Cuba Material.

Figura artesanal usada para adornar vidrieras

Figura artesanal usada para adornar vidrieras. Colección Cuba Material.

club nocturno El avioncito

club nocturno El Avioncito
Club El avioncito

Club El avioncito. Vedado. Circa 1977. Imagen tomada de Facebook.

Cuando era niña soñaba con poder al menos asomarme al club El Avioncito. No me dejaban entrar porque, decían mis padres, los menores de edad no podían entrar a ningún centro nocturno y, ya cuando tuve edad para ir a bares, El avioncito había sido desmantelado y retirado del solar entre las calles B y C donde permaneció gran parte de mi infancia.

Durante mi infancia, sin embargo, solía localizar cualquier punto de la geografía de la zona baja del Vedado a partir de su distancia o cercanía con relación a “el avioncito”, aún después de que el club nocturno cerrara y el avión fuera removido del lugar.

Club nocturno El Avioncito. 1975. Foto cortesía de Ramiro Fernández. Colección Ramiro Fernández.

Club nocturno El Avioncito

Club nocturno El Avioncito (al frente, una carroza construida para los carnavales). Imagen tomada del grupo de FB 3ra y A.

Nota: Una versión de este post se publicó originalmente en enero del 2013 en esta misma página.

la gastronomía socialista

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Portavasos promocional de la Empresa Municipal de Gastronomía Mixta de la Habana Vieja
Portavasos promocional de la Empresa Municipal de Gastronomía Mixta de la Habana Vieja

Portavasos promocional de la Empresa Municipal de Gastronomía Mixta de la Habana Vieja. 1980s. Colección Cuba Material.

En Navarro Vega, Armando. 2013. Cuba, el socialismo y sus éxodos. Bloomington, IN: Palibrio:

Ya a finales de la primera mitad de los 60′ se podía comer barato y bastante bien en los Círculos Sociales Obreros de las playas. Al que quisiera comerse un sándwich le esperaba una cola más o menos larga y tediosa, según el día y el horario escogido, en la Casa Potin, en El Carmelo de Calzada o en el de 23, en las cafeterías y restaurantes de los hoteles o, si se quería un sándwich “a la cubana” con pan de barra, en el Sloppy Joe’s Bar, en la esquina de Ánimas y Zulueta. Los ingredientes no se podían adquirir en ningún otro sitio, por lo que había que recurrir forzosamente a los establecimientos hosteleros.

Había cosas que comer, cómo no. Se podía degustar una fabada asturiana en el “Centro Vasco”, un lacón con papas o un arroz a la indiana en “Las Bulerías”, un hash gordon blue en el “Club 23”, una crema de queso en el “Monseñor”, un pollo a la barbacoa en el “Polinesio”, una sopa china en el “Yang Tse”, o una pizza de prosciutto en “Montecatini”, en “La Romanita” o en “Doña Rossina”. Estos, entre otros establecimientos, eran la élite de los restaurantes de La Habana (herencia en su mayoría de la etapa republicana) y eso se reflejaba en los precios, por lo que en cualquier caso, y sin llegar a ser prohibitivos en términos generales salvo para las familias y los jubilados de más bajos ingresos, no eran sitios que pudiera frecuentarse asiduamente.

En los antiguos “Ten Cents” de Woolworth (rebautizado con el nombre de “Variedades de Galiano, de Obispo o de 23” según la ubicación física del establecimiento) la cola para almorzar se iniciaba fuera del local hasta la hora de apertura, y después continuaba dentro, detrás d cada puesto en la barra, en filas de dos, tres o cuatro personas en fondo. Los jubilados solían acudir a estos sitios debido a los precios.

No era fácil conseguir pescado, pero en cualquier MARINIT (establecimiento de la red de restaurantes del Instituto Nacional de la Industria Turística especializados en pescados y mariscos) se podía comer cuando se inauguraron, allá por 1964, desde una rueda de largo meniere o unos camarones enchilados, hasta unas ancas de rana.

En los Fruticuba había (cuando había) mangos, melones y piñas. Las Pizzerías que inundaron La Habana tenían al inicio una excelente oferta, que degeneró progresiva y rápidamente. Pese a ello (¿o quizás gracias a ello?) las pizzas “degeneradas” se convirtieron en auténticos matahambre. . . .

El surtido y la calidad de las nuevas pizzerías se mantuvieron poco tiempo; los MARINIT en su mayoría no llegaron abiertos a los 70′, y de su esplendor solo quedaba el recuerdo, o una acera intransitable inundada de un líquido viscoso en el lugar donde se situaban los depósitos de basura, y un olor insoportable pescado podrido en los que aún existían, como en “Los Parados”, en la intersección de las calles Consulado y Neptuno. (Pp. 98-9)

marinos de la flota mercante

Cuchilla de afeitar Admiral
Cuchilla de afeitar Admiral

Cuchilla de afeitar capitalista, marca Admiral. Colección Cuba Material.

En Generación Y: Llévame a navegar por el ancho mar:

En una tierra rodeada de agua, el marinero es un vínculo con el otro lado, el portador de esas imágenes que la insularidad no deja ver. En el caso cubano, quien trabaja en un barco puede, además, comprar en el extranjero muchos productos inexistentes en los mercados locales. Una especie de Ulises, que después de meses navegando, trae su maleta llena de baratijas para la familia. El marino conecta los electrodomésticos trasladados en las barrigas de los buques con el mercado negro; hace que las modas lleguen antes de lo planificado por los burócratas del comercio interior.

Durante varias décadas, ser “marino mercante” era pertenecer a una selecta cofradía que podía ir más allá del horizonte y traer objetos nunca vistos en estas latitudes. Los primeros jeans, grabadoras de cintas y chicles que toqué en mi vida fueron transportados por esos afortunados tripulantes. Lo mismo ocurrió con los relojes digitales, los televisores en colores y algunos autos, que en nada se parecían a los poco atractivos Lada y Moskovich.

Para los parientes de un marinero, los largos meses de ausencia se suavizan con el bálsamo económico que producirá la estancia en puertos con precios más baratos y mejores calidades que las tiendas cubanas. Cuando llega la edad de jubilarse y de echar el ancla, entonces a vivir de lo que se ha podido transportar y de las imágenes que han quedado en la memoria. (…)

De la jaba al shopping bag, exposición

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Bolsa o jaba de compras hecha con alambres eléctricos
Bolsa o jaba de compras hecha con alambres eléctricos

Bolsa o jaba de compras hecha con alambres eléctricos. 1980s. Colección Cuba Material.

En 1998 la galería de la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena, en la Habana Vieja, presentó la exposición De la jaba al shopping bag. Sobre ella, dice la revista Opus Habana:

(…) A un grupo de diseñadores cubanos les motivó la idea y se enrolaron en el proyecto «De la jaba al shopping bag», presentado en la Galería de la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena, como parte de las actividades del II Salón de Arte Contemporáneo, en noviembre de 1998.
En el aspecto técnico, el soporte abrió su diapasón entre dos extremos opuestos: metal y papel; las dimensiones variaron desde propuestas gigantescas hasta otras pequeñas, más cercanas a la lógica común. Las formas: flexibles, rígidas, insospechadas.
El carácter funcional, en este caso, no se limitó a la capacidad de contener –endémica de las jabas, los bolsos– sino que explotó las posibilidades comunicativas del diseño: el anuncio, la propaganda. El concepto de la exposición abarcó el puente que existe de la jaba al shopping bag, de la esencia a la periferia, de lo asimilado a lo autóctono, de lo convencional al gesto violento de la osadía.
Fiesta de lujo del diseño cubano. Belleza, utilidad y utopía se tomaron las manos en la muestra para sacralizar, burlar, asumir o negar esa costumbre tan humana de envolver. Sabia noción: guardar, almacenar, empaquetar… en fin, poner a salvo los objetos, los elementos tangibles de la vida.

En Opus Habana vol III no. 1 (1999)

ensalada de pollo

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ensalada de pollo
ensalada de pollo

Ensalada de pollo. Foto cortesía de María L. Pérez.

En Cocina con Cuba: Ensalada de pollo:

Una ensalada de este tipo, o al menos muy similar, se servía en [las tiendas por departamentos] Ten Cent de La Habana. Recuerdo que la servían con una boleadora de helados en un plato con algo de verduras y unas tostadas. Era toda una delicia para ese calor intenso que suele tener La Habana. Los Ten Cent de La Habana fueron para mí el primer encuentro de lo que en los tiempos modernos se denomina cocina abierta. Era todo un lujo ver trabajar a aquellas mujeres –pues fue básicamente el sexo femenino que dominaba sus cocinas– con esos aparatos de color metálico y esas butacas rotatorias que se podían subir a la altura necesaria. Era gracioso hacer la cola detrás de otro cliente y tratar de coincidir con mis hermanos y mi mamá para poder comer juntos.

Ver la receta.

colas

billete de un peso
billete de un peso

Billete de un peso. Serie de 1960. Colección Cuba Material.

En Navarro Vega, Armando. 2013. Cuba, el socialismo y sus éxodos. Bloomington, IN: Palibrio:

La vida transcurría en las colas. En todas partes se hacía cola. Había colas organizadas, colas desorganizadas y “molotes”. Colas por orden de llegada, colas por números, colas en las que se permitía “rotar” y en las que no, colas en las que se permitía “marcar” por otras personas y en las que no se podía. Colas para los que tenían reserva o número por anticipado, y “colas para los fallos”.

Colas que duraban meses ratificando el número mediante presencia física al menos una vez al día para, por ejemplo, comprar un colchón. En caso de no poder asistir a dicha “ceremonia de reafirmación” se perdía la vez. De todos modos, hacer esa cola no garantizaba en muchos casos que se pudiese adquirir el producto, porque no se sabía con anterioridad la cantidad que se iba a distribuir.

En los restaurantes y cafeterías se hacía cola durante horas, incluso para reservar una mesa para el día siguiente. (P. 97)

billete de un peso

Billete de un peso (reverso). Serie de 1960. Colección Cuba Material.

aerogramas

aerograma
aerograma

Aerograma. 1974. Colección Cuba Material.

No sé por qué mi mamá compró tantos aerogramas, con las pocas cartas que se escribían en Cuba.  Aún se conservan en la segunda gaveta del aparador del comedor.

aerograma

Aerograma. 1986. Colección Cuba Material.

toallero expandible

toallero expandible
Toallero. 1980s. Foto 2014. Vedado.

Toallero. 1980s. Foto 2014. Vedado. Colección Cuba Material.

Antes de que desapareciera la URSS, el discurso oficial del estado cubano repetía que el país marchaba hacia el progreso y la modernización, y algunos bienes de consumo debieron convencer al pueblo de la veracidad de tal pronunciamiento. Los toalleros expandibles anunciaban una industria mucho más adelantada que la nuestra en detalles tan simples como el acabado industrial o la cobertura de cada uno de los delgados travesaños con un material plástico para evitar la corrosión. También solucionaban parcialmente los problemas de espacio y funcionalidad de los baños causados por el incremento del tamaño de los núcleos familiares, hinchados para acomodar familias de tres generaciones y más de una decena de miembros en viviendas construidas para familias nucleares.

comercio capitalista y socialismo soviético

autobuses Hino
Barco de la Flota Cubana de Pesca

Barco de la Flota Cubana de Pesca. Imagen de contraportada de la revista Bohemia. 1980s. Colección Cuba Material.

Sobre ciertos elementos de la materialidad del socialismo cubano, Armando Navarro Vega, 2013. Cuba, el socialismo y sus éxodos. Bloomington, IN: Palibrio:

Aquellos días en que los taxis de La Habana eran Ford FalconChevys adquiridos en México y Argentina, o Alfa Romeo italianos, que también se emplearon como coches de patrulla de la policía; en que los autobuses eran Leyland ingleses, o Hino japonés; en que el transporte de mercancías y la recogida de basura se hacía en camiones Barreiro, EbroPegaso españoles (importados de la España de Franco, igual que la gabardina de los uniformes del Comandante); en que se adquirían fábricas y plantas completas en Europa Occidental, como el Complejo Lácteo de La Habana, de diseño exclusivo y tecnología Alfa Laval sueca; en que los tractores que se empleaban en el cultivo de los cítricos en la Isla de la Juventud eran Picolinos italianos, igual que los miles de aparatos de la marca Carpigiani para hacer helados (los llamados Frozzen) que inundaban la ciudad; en que los barcos de la Flota Cubana de Pesca y la Flota Cubana del Golfo se fabricaban y/o reparaban en Japón y en los astilleros Vascos; en que se podían adquirir de vez en cuando tubos de luz fluorescente marca General Electric (comprados en Panamá o en Canadá) en la red de distribución de productos industriales y en moneda nacional; en que aunque el grueso de las importaciones entre 1983 y 1989 provenía de la Unión Soviética y Europa Oriental, el régimen no podía renunciar a un porcentaje fluctuante aproximadamente entre el 11% y el 16% en divisas convertibles (fertilizantes nitrogenados, plantas, partes y piezas para la industria, equipamientos y tecnología occidental), porque resultaban vitales para la economía, y eran inexistentes o de pésima calidad en el campo socialista. (Pp. 54-5)

Período Especial, video

 

 

Período Especial fue filmado y producido por Ed Evans, quien visitó la isla en 1993 y estuvo allí dos semanas, con una delegación norteamericana. Todavía circulaban las guaguas Icarus, las farmacias no se habían vaciado del todo, alguna carne y ropa se podía adquirir con los cupones de racionamiento, las pizarras de las aulas tenían casi intacta su pintura verde, y circulaban más automóviles que ahora.

H/T: InCubadora

televisor Krim-218

Manual de usuario. Televisor Krim 2018.
Manual de usuario. Televisor Krim 2018.

Manual de usuario. Televisor Krim 218. 1981. Colección Cuba Material.

El televisor Krim-218 de mis abuelos fue adquirido en la ferretería Variedades Vedado el 24 de julio de 1981. Costó 650 pesos. El Certificado de Garantía cubrió los desperfectos del tubo de pantalla por un año y los del resto del equipo por tres meses. Para reparaciones, les correspondía el consolidado de Línea entre 4 y 6, en el Vedado. Hace unos cinco años, mi abuelo y mi mamá decidieron deshacerse del viejo televisor Krim, en el que apenas se veían sombras.

En el 2012 “759,164 televisores en blanco y negro . . ., todos con más de 25 años de explotación”, se encontraban en funcionamiento en Cuba, según censo publicado por Café Fuerte. Para descargar el manual presione aquí.

televisor Krim 218

Certificado de propiedad de televisor Krim 218. 1981. Colección Cuba Material.

de la cerámica aborigen a la cerámica sobre el aborigen

artesanía
adorno artesania (3) copy

Artesanía cubana de los años 1960s ó 1970s. Colección Cuba Material.

En Zumbado, Héctor. 1988. Kitsch, Kitsch, ¡Bang, Bang! Havana, Cuba: Letras Cubanas (gracias a Enrique del Risco por la fotocopia):

Esos ejemplos que pone Slavov de la producción búlgara nos recuerdan demasiado a la producción cubana con sus temibles animalejos de yeso, las detestables jaretas, vasijas y cazuelas de barro y cerámica, los horribles diablillos y otras obscenidades “folclóricas” que no solamente agreden a los consumidores nativos, sino que también se venden en las tiendas INTUR a turistas extranjeros como exponentes de nuestra artesanía y nuestras cultura; y nos recuerdan también nuestras espantosas flores artificiales y otros adefesios, ¡contra los cuales en Cuba ni siquiera existe una campaña nacional! (p. 32)

cuchillas de afeitar

cuchilla afeitar venceremos
Cuchillas de afeitar Astra. Hecha en Checoslovaquia.

Cuchillas de afeitar Astra. Hechas en Checoslovaquia. Colección Cuba Material.

Desde que comenzaron a escasear, hace ya varias décadas, mi abuela Gertrudis Caraballo Gálvez ha guardado las hojas usadas de las cuchillas de afeitar. Las escondía en un rincón del escaparate de su cuarto, en donde sobrevivieron incluso el Período Especial.

* * *

En el libro de K. S. Karol Guerrillas in Power: The Course of the Cuban Revolution (1970, New York: Hill & Wang), dice el autor:

The language used by the Castroists at home was full of phrases reminiscent of Chinese arguments. They used the term revisionism as an obvious reference to the U.S.S.R. and its allies abroad. Even merchandise from Eastern Europe was commonly described by this title. Thus on my first day in Havana I learned that revisionist trucks were of very poor quality, or that anyone using revisionist blades needed no shaving cream–his tears would be quite enough. (Pp.306-7)

Esto fue en 1967.

Cuchillas de afeitar Astra. Hechas en Checoslovaquia.

Cuchillas de afeitar Astra. Hechas en Checoslovaquia. Colección Cuba Material.

Cuchillas de afeitar Neva. hechas en la URSS.

Cuchillas de afeitar Neva. Hechas en la URSS. Colección Cuba Material.

 

Cuchillas de afeitar venceremos. hechas en Checoslovaquia.

Cuchillas de afeitar venceremos. Hechas en Checoslovaquia. Colección Cuba Material.

Cuchilla de afeitar Venceremos. Hecha en Cuba. Reverso.

Cuchilla de afeitar Venceremos. Hecha en Checoslovaquia. Reverso. Colección Cuba Material.

Cuchilla de afeitar Rawa Lux. Hecha en Polonia.

Cuchilla de afeitar Rawa Lux. Hecha en Polonia. Colección Cuba Material.

cuchillas afeitar rawalux copy

Cuchilla de afeitar Rawa Lux. Hecha en Polonia. Colección Cuba Material.

Cuchilla de afeitar Leningrad. hecha en la URSS.

Cuchilla de afeitar Leningrad. Hecha en la URSS. Colección Cuba Material.

cuchillas de afeitar Sputnik

Cuchilla de afeitar Sputnik. Hecha en la URSS. Colección Cuba Material.

Cuchillas de afeitar Regina.

Cuchillas de afeitar Regina. Colección Cuba Material.

Cuchillas de afeitar Admiral. Hechas en Dinamarca.

Cuchillas de afeitar Admiral. Colección Cuba Material.

* * *

Sobre las cuchillas de afeitar como armas blancas:

Torcía los labios y decía con voz gangosa: “A él no, aguántenme a mí, que soy el más peligroso”. Cuando su única defensa era una cuchilla de afeitar marca Astra, la tomaba con los dedos y le hablaba: “Cógelo, Astra”, como si el objeto tuviera vida propia, como si fuera un perro guardián. (tomado de Fenelo, Obdulio. 2008. “Florida. Yo soy de donde reinaban los guapos.” Pp. 128-30 in Por los extraños pueblos: otro mapa de la Isla. Crónicas de La Gaceta de Cuba, edited by N. Codina. Havana, Cuba: Unión, p. 129)

* * *

Sobre la escasez de cuchillas de afeitar. En Yglesias, Jose. 1968. In the Fist of the Revolution: Life in a Cuban Country Town:

El Gallego liked to talk, but he had to go home to shave. I offered him a blade–“if you do not mind accepting it,” I said.

“If I do not mind!” he said. “If you know how I have plotted to ask you for one!”

When I saw him later clean-shaven, he said, “What a difference to the Soviet Astras. I can use it many more times.”

From then on, I would give a blade to men and the response was always the same. I gave a package of five to Dr. Padrón and he was quite thrilled. “I think I can make them last until Christmas if I use them right. Look at the shave I got–I do not think I have to shave for the rest of the week. I even cut myself because my beard was so thrilled that it got goose pimples!” (P.112)

Ofensiva Revolucionaria

ofensiva revolucionaria
Cartel de la Ofensiva Revolucionaria. Imagen tomada de dlproject.

Cartel de la Ofensiva Revolucionaria. Imagen tomada de dlproject.

El 13 de marzo de 1968 se inició la Ofensiva Revolucionaria. Comenta Lillian Guerra (2012) en su libro Visions of Power in Cuba:

  • Se nacionalizaron 58,012 negocios. Entre ellos “woodworking factories, private music academies, small stores, beauty salons, mechanic shops, appliance repair stands, thousand of timbiriches, and makers of household products like brooms.”
  • “Unlike the first campaign of nationalizations in 1960, however, the state did not indemnify most owners and summarily confiscated any vehicles or goods acquired by their businesses.”
  • “Officials also froze all related bank accounts, allowing former property-owners to withdraw a maximum of only $200 by the end of March. According to typical press accounts of the interventions, any large reserves of cash that PCC-CDR teams found in the homes of small businessmen were also fair game for confiscation.”
  • “No more would the Cuban postal service allow citizens to receive the packages of “little gifts” that exiled relatives sent to “humiliate” and “provoke” revolutionaries into feelings of envy and doubt.”
  • “INAV would no longer distribute houses and apartments through a lottery.”
  • “The state did not just close all privately owned bars; it closed all state-owned bars, nightclubs, and liquor stands as well. (pp. 300-301)Una gran parte de los negocios nacionalizados había surgido con posterioridad a 1959.
  • Los negocios nacionalizados pasaron a ser administrados por individuos electos por los CDR, entre ellos muchas amas de casa sin conocimientos empresariales. “Leaders declared that this was not a problem. Together with the basic training that a special radio and television program offered, managers were encouraged to analyze the speeches of Fidel with their local CDR in order to morally prepare themselves for the task at hand.” (pp. 302-3)
  • “De acuerdo con datos publicados por el periódico Granma en marzo de aquel año, se confiscaron 55.636 pequeños negocios, muchos operados por una o dos personas. Entre ellos 11.878 comercios de víveres (bodegas), 3.130 carnicerías, 3.198 bares, 8.101 establecimientos de comida (restaurantes, friterías, cafeterías, etc.), 6.653 lavanderías, 3.643 barberías, 1.188 reparadoras de calzado, 4.544 talleres de mecánica automotriz, 1.598 artesanías y 3.345 carpinterías.” (en Cubaencuentro)

* * *

En Karol, K. S. 1970. Guerrillas in Power: The Course of the Cuban Revolution. New York: Hill & Wang:

According to the official figures published late in March 1968,, altogether 58,012 stalls, shops, and private service establishments were nationalized, and large secret stocks of consumer goods were confiscated. In Havana alone, the authorities closed 16,634 private enterprises.

This figure included 9,179 craftsmen working on their own, with and without licenses. They were all invited to take their righful place in the various factories. As for the illegal traders, a large body of them got together and offered to make good their past lapses with a promise of wholehearted collaboration with the authorities. The official figures tell us nothing about the precise number of people released for “more suitable” employment; they simply reveal that more than 50 per cent of the newly nationalized concerns had sprung up after the Revolution. In fact, 27 per cent of them had been started by workers who “have deserted their factories to turn into bourgeois egotists, and to accumulate riches by exploiting the very people from whom they had sprung.” (P.442)

Samples of the confiscated goods were shown on television; they were mostly spare parts for motor cars or television sets, linen, soap, condensed milk, flour, butter, perfumes, deodorants, and other products in short supply. Many of the traders had lived an extremely simple life, for fear that their neighbors would discover their crimes and become jealous of their good fortune. Other had lived off the fat of the land, flaunting their riches. But no matter what their attitude, all of them–according to the leader-writers–had modeled themselves on Julio Lobo. (P.443)

Datos tomados por K. S. Karol del número 12 de Bohemia, correspondiente al 21 de marzo de 1969.

* * *

En el Informe del CC del PCC al Primer Congreso del Partido, publicado en La Habana (1978) (p. 49), y tomado de Rodríguez García, José Luis. 1990. Desarrollo económico de Cuba 1959-1988. Mexico D.F.: Nuestro Tiempo:

Tal medida [la Ofensiva Revolucionaria de marzo de 1968] no era necesariamente una cuestión de principios en la construcción del socialismo en esa etapa, sino el resultado de la situación específica de nuestro país en las condiciones de duro bloqueo económico impuesto por el imperialismo y la necesidad de utilizar de modo óptimo los recursos humanos y financieros, a lo que se sumaba la acción política negativa de una capa de capitalistas urbanos que obstruían el proceso. (p. 58)

los fósforos, los bolcheviques y el disciplinamiento social

Envases de fósforos
Envases de fósforos

Envase de fósforos. 1984. Imagen tomada de internet.

Dice Anne E. Gorsuch (2000) en Youth in Revolutionary Russia: Enthusiasts, Bohemians, Delinquents. Bloomington: Indiana University Press) que:

. . . one Bolshevik, Mikhail Ostrich, who was traveling on a boat to America for the first time, saw a book of matches with the ship’s name on it, [and] he whispered to his companion, “What a splendid idea! . . . I shall send some of these home. We should adopt this idea. Only we would not use them to advertise private boat companies. We would write on each match: ‘Wash your hands before eating’ . . . ‘Take a bath every day’ . . .  Eat slowly’ . . . ‘Keep your dinning rooms neat.'” (P.9)

Pensé en las cajas de fósforos cubanas que sugerían ahorrar electricidad, agua o dinero o cuidar la limpieza del entorno o la higiene personal.

navidades, consumo, nacionalismo y revolución

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Navidades de 1961. Imagen tomada del muro de FB de EtnoCuba.

Navidades de 1961. Imagen tomada del muro de FB de EthnoCuba.

En Louis A. Pérez. 1999. On Becoming Cuban: Identity, Nationality, and Culture. NC: University of North Carolina Press:

Artist María Luisa Ríos criticized the reproduction of northern scenes as the representation of Christmas. “We Cuban painters do not have need to seek inspiration in foreign motives to create nativity scenes,” asserted Ríos. “In Cuba there exist untapped motives waiting for the magic of lines and color to shape them on the canvas.” (p. 474)

Holidays were transformed. The celebration of Thanksgiving was suspended. Christmas changed. New emphasis was given to the celebration of a “Cuban Christmas,” which signified the revival of Spanish traditions and the consumption of Cuban products. Fifty years earlier, the means of expressing Cuban involved replacing Spanish customs with North American ones. In 1959 the affirmation of Cuban implied rejection of North American practices for Spanish ones. Merchants, retailers, and advertisers were exhorted to emphasize Kings Day (January 6) as more consistent with Cuban customs. . . .  Carpentier called for te rejection of Santa Claus and the Christmas tree as practices “alien to our traditions.” Roberto Fernandez Retamar agreed . . . The time had come to banish Santa Claus –“difficult to pronounce”– from the “Cuban Christmas” and restore the three wise men. (p. 485)

On the occasions where Santa Claus did appear, his beard was often colored black to resemble a barbudo. The Ministry of Commerce discouraged merchants from importing Christmas trees, Christmas decorations, candies, and other merchandise associated with “traditions foreign to the nation.” The only exception to the ban on foreign imports was the Spanish candy turrón , which was permitted, as it formed part of the “true Spanish-Cuban traditions.” (p. 486)

En Llilian Guerra. 2012. Visions of Power in Cuba: Revolution, Redemption, and Resistance, 1959-1971. Chapel Hill: University of North Carolina Press:

Cuba’s National Institute of Culture, headed by former Ortodoxo Party stalwart Dr. Vicentina Antuña, developed plans to “cubanize” Christmas through politically engaged, commercial means. Cubans had made a “consumerist” not a “communist” Revolution, Antuña’s plan appeared to say. Given Cuba’s international context, expressing Christmas joy itself could be considered revolutionary. With this in mind, INRA’s paid advertisements promoted decorative ideas that deliberately politicized the serving of eggs and chicken (which Beef-loving Cubans apparently disdained for not being real “meat”). Now produced by state-managed cooperatives, displaying these products at holiday meals nt only showed one’s revolutionary stripes but also ensured that state ownership would succeed. In nationalizing their tastes, most Cubans needed little encouragement. In December 1959, Cuban families uncorked bottles of Cuban wines rather than imported varieties for the first time in living memory, while poor neighborhoods took up special collections to buy outdoor Christmas decorations to adorn their blocks.

An additional dimension of the National Institute of Culture’s cubanization of Christmas campaign included the publication of Cuba’s first truly national cookbook. Once again, if buying Cuban and giving Cuban made you more Cuba and therefore, more revolutionary, so did eating Cuban. Featuring recipes from all regions, the book was meant for women in the capital who rarely ventured into the campo and therefore had never discovered its culinary delights. Symbolic of their peasant origins, featured recipes in the book had delightfully ironic names, such as three styles of making the desert matahambre (hunger-killer) (two of which are labeled “traditional”), another recipe called matarrabia (rage-killer) as well as a Caibarién fisherman’s favorite dish, salsa de perro (sauce of a dog). Thus, Recetas Cubanas not only represented the national integration and embrace of the campo into the culture, identity, and kitchens of urban Cubans but also demonstrated how the socioeconomic injustices of the past had deprived affluent habaneros of the beauty of rural culture and its rustic customs.

Maximun expression of revolutionary consumerism could be found in the government campaign to influence the nature of holiday gift shopping. As one reporter put it, “The idea of fusing universal celebration of the birth of Christ with cubanía [is] certainly very patriotic.” In November 1959, officials announced a fair to exhibit different gift ideas for Christmas that would be held at Havana’s prestigious Museo de Bellas Artes on El Prado. Although a few foreign-named franchises like Sears and Escarpines Gold Seal were included, organizers focused on soliciting donations of items for a “Cuban Christmas” from all of the capital’s locally owned department stores and they also contacted Cuban-owned manufacturers such as Muñecas Lili, Camisetas Perro, and Bacardí’s Hatuey beer division. All items displayed had to be Cuban-made.

Not originally intended to solicit individual donations, the campaign nonetheless inspired citizens to donate their own handicrafts to the fair. After all, what could be more “Cuban” than a gift not made by a machine but by a real life Cuban? Organizers seemed to agree. (p. 97)

En Cubadebatepor Antonio Núñez Jiménez (tomado de En marcha con Fidel):

Muy lejos de Soplillar, un automóvil sale de la Capital. En él viaja Fidel Castro, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario. Atravesamos ciudades y pueblos, todos igualmente engalanados con cubanísimas pencas de palmas reales, las casas con bandera y a lo largo de las calles, una profusión de guirnaldas de colores, adornos navideños. Al paso de Fidel, la gente le extiende su saludo emocionado. Todos quieren estrechar su mano, expresarle su apoyo a la Revolución. Son las primeras Navidades libres de Cuba.

En Cubadebate, del mismo texto: La Nochebuena de Fidel con los carboneros:

. . . Es el día de Nochebuena y hay que preparar la cena y traer las cosas de la bodega. Ademas, Rogelio debe pedir la liquidación a la Cooperativa. Quiere comprarales ropa a los muchachos y a Pilar “para que deje de ponerse ese ripio punzó”.

Juntos abandonan la finca Santa Teresa, antiguo latifundio, ahora propiedad del pueblo carbonero. Atraviesan un trillo hasta el campo de aterrizaje, obra construida por el INRA y, siguen la amplia calzada del aeródromo.Llegan a Soplillar. Pasan la escuelita remozada, pintada de verde claro; las casas de madera, adornadas con papelitos de colores, indican la alegría reinante.

Rogelio y Carlos se abren paso hasta el mostrador de la Tienda del Pueblo para cobrar el dinero que la Cooperativa les adeuda y comprar los víveres de la Nochebuena Carmelo Hernández, el administrador, le extiende a Carlos un cheque. No lo cambie, paga con lo que le ha quedado de meses anteriores y comenta que antes el cobro de los carboneros sólo servía para pagar lo consumido y abonar los abusivos intereses. La lista de precios que cuelga de la pared es elocuente: al aumentar los jornales del carbonero casi al doble y reducirse el costo de la vida, el nivel económico en la ciénaga se eleva en pocos meses.

Una hora después de su entrada en la Tienda del Pueblo, Rogelio y Carlos, con sendos sacos repletos de víveres, turrones y otros dulces para sus hijos, regresan a sus hogares.

. . .

-¡Que diferencia! Hace un año los amarillos vinieron a llevarme la lechona y me mataron a un sobrino que todavía nadie sabe donde lo enterraron. Señores, ¡esto ha vuelto a nacer!.

. . .

-Cuando ustedes luchaban en las montañas, para serles franco, no creía que esta Revolución iba ser tan pura. ¡Eran tantas las decepciones del pasado! Yo conozco como nadie la ciénaga y ahorita no se va a conocer. En Soplillar ya hay ciento cuarenta y ocho cooperativas, en Buenaventura ciento noventa y en Pálpite pasan de ochenta. Y a eso, súmele las carreteras, las playas, las Tiendas del Pueblo.

Antes de las doce de la noche ya todos estamos sentados frente a una mesa de rústicas tablas donde se coloca el lechón asado, una fuente de yuca, la ensalada de lechuga y rábanos y el arroz blanco. El vino es de frutas cubanas y los turrones comprador en la Tienda del Pueblo han sido producidos en el país.

Texto tomado por Cubadebate de Núñez Jiménez, Antonio (1982). En marcha con Fidel. Habana: Letras Cubanas.

sillas de salvavidas

Silla salvavidas. 1973. Playa Guanabo, Habana del Este.

Silla salvavidas. 1973. Playa Guanabo, Habana del Este.

De niña solía ir con mi familia a la playa de Guanabo y, menos frecuentemente, a Varadero. Si bien mis más vivos recuerdos de Varadero los identifico con el viaje de dos horas, el puente articulado y el símbolo de la campaña de alfabetización pintado en una de las columnas de su base, y las pizzas de Castel Nuovo, las más gruesas que se vendían en toda Cuba, a Guanabo lo asocio con mosquiteros y el crujir de la madera de nuestra casa por las noches, las hojas de los pinos esparcidas por la arena, y las sillas de los salvavidas, altas altas como los pinos. No queda ya ninguna, como tampoco quedan los pinos que ensuciaban la arena, y a nuestra casa de la playa nadie ha vuelto en muchos años. Pero aquí está la foto de la silla desde donde los salvavidas de Guanabo solían cuidar a los bañistas.

Cuba soviética

kikos plásticos
Kikos plásticos. Imagen tomada de Facebook.

Kikos plásticos. Imagen tomada de Facebook.

En un foro de Yahoo, respondiendo a la pregunta ¿que me dicen de esto los cubanos que ya peinamos canas?:

– Las escuelas al campo. (horribles!)

– Las colas para comprar los zapatos en ‘Primor’ con la libreta que era
A, y mi mama A1, o C4, y mi prima B2; y tu qué letra eras?; (de madre!)

– Los turnos por teléfono para comer en el Emperador; La Carreta,
Monsigneur, El Conejito, el restaurant Moscú, La Torre, (tenian su
cosa!)

– La durísima y sin igual Playita de 16; (no, que no?)

– Las vacaciones en Varadero y la posiblidad de ir y virar en el día a
Varadero (fuiste?)

– Y almorzar en el Cochinito y no gastar mas de 6 pesos por persona,
(coño de lo último no me acuerdo)

– O Santa María en el refuerzo de guaguas una detras de otras, pasarte
el dia y gastar 40 ctv. (realmente esto no lo hice nunca, nunca?)

– Las meriendas en el Potín y en el Carmelo de Calzada o de 23 (eso
SIEMPRE…siempre)

– Y aspirando para dar La Vuelta a Cuba, los países socialista por 250
pesos por persona, a los cayos de Cuba, (tu si?)

– Yo conocí la espectacular 190 que traía a las maravillas del mundo en
el piquete de estudiantes de la Cujae; también la 37, la 114, la 24,
la 1, la 85, la 7, la 107, la 98 y la 198. (oye esto a mi no me
gustaba ni un poquito, chico que cosa mas grande caballero!)

– Tomé en el Coppelia, Soldadito de Chocolate y el suero de Vainilla
Chip que tenía en el fondo los trocitos…….., Sunday, Copa Lolita con
flancito y Tres Gracias con barquillitos, sirope y merengueee, y las
ensaladas de 5 bolas grandessssssss. (llegabas con la lengua afuera
despues de tanta cola, pero… que ricooooooooooooo el helado no?)

– Mi mamá me regaló un radio Vespa, ‘y un reloj Poljot, tuve un radio
Meridian.

– Y qué me dicen de las quillas a los pantalones para hacerlos campana.
(quien no los tuvo?)

– Todos van a recordar la camisa de mangas largas que nos dieron en el
módulo para la Escuela al Campo y nos bordaron en la espalda, diciendo
‘…..busca un amor, para tu vida…..’ o ‘…..Anduriña dónde
estás….’, ¿se acuerdan? ¡¡¡¡Qué onda!!!!!

– Y los famososssssss tenissss que hoy son el último grito de la
modaaaaaa viraditos hacia arriba

– Y los zapatos plásticos, los kikos????

– Y qué me dicen de las manhatannnnnn, ñoooooo

– Y del juego de pantalón y chaqueta Jiquí, y de las camisas Yumurí (las
tostenemos).

Fin de Siglo, documental

 

Documental de 1992, realizado por Madelin Waterlet y Simon Saleski.

H/T: Walfrido Dorta.

Trinidad

,
souvenir trinidad
Trinidad, Cuba. Julio 2014.

Trinidad, Cuba. Julio 2014.

Cuando, en 1998, fui por primera vez a Trinidad, el dólar había vuelto a tener circulación legal en Cuba y el estado cubano regentaba tiendas y restaurantes que operaban en divisas para un público mayoritariamente extranjero. Los trinitarios, como los habaneros y el resto de los cubanos, huían en masa de casi todos los empleos estatales para trabajar en el turismo, por entonces el más codiciado sector en términos de empleo en la isla.

Cuando regresé este verano, días antes de que el periódico El País le dedicara una nota al emergente capitalismo trinitario, los restaurantes, hostales y galerías de arte privados se extendían por toda la ciudad y sobrepasaban en número y calidad a los negocios estatales, especialmente en la zona del centro histórico, declarado por la UNESCO Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1988. Artesanos y cuentapropistas vendían todo tipo de mantelería bordada y canastas de mimbre en mercadillos callejeros, y los taxistas privados ofrecían viajes mucho más económicos y flexibles que las opciones estatales hacia la península Ancón y el Valle de los Ingenios, en donde el dueño de la estancia Guachinango sirve almuerzos campestres y ofrece excursiones a caballo por sus tierras. El camino que lleva hacia la torre Iznaga lucía ahora más parecido que nunca al de Teotihuacán, en donde los vendedores abruman al turista con la mejor artesanía local a precios que, mientras se avanza, se devalúan hasta llegar a un 10 por ciento de la cifra inicial.

En la Trinidad de hoy el negocio privado ha desplazado al estatal no solamente en cantidad y calidad como anota El País sino también en las ganancias que reporta y, sobre todo, en prestigio en la jerarquía de los puestos de trabajo locales. La prosperidad del negocio privado en Trinidad ha repoblado la villa con jóvenes que emigran desde otras regiones del país, incluyendo La Habana, y tiene cierto peso en la decisión de algunos trinitarios de no emigrar al extranjero. El taxista que contraté para hacer el recorrido por las distintas estancias del Valle de los Ingenios suele viajar a Canadá. El capital que reúne trabajando allí en la construcción lo invierte en mejorar su casa y su automóvil, tras lo cual se asentará definitivamente en tierras trinitarias para dedicarse al transporte de turistas. La habitación que renté, donde losas de barro y cenefas coloniales cohabitan con lámparas y vajilla adquiridos en una sucursal de Ikea europea, climatizada con un moderno y silencioso split, es propiedad de un matrimonio cubano-belga asentado en La Habana. Una joven familia habanera, ella promotora cultural y él músico, gestionan el negocio a cambio de cierta participación en las ganancias de la pequeña galería de arte que ocupa la sala principal de la casa y de la renta de las tres habitaciones de la estancia.

Sólo sobre las chinas pelonas de las calles, bajo el tórrido sol tropical, puede el visitante encontrar algo alegórico a la revolución cubana.

 

Souvenir de la empresa ARTEX. Trinidad. 1998.

Souvenir de la empresa ARTEX. Trinidad. 1998. Colección Cuba Material.

Código de Defensa Socialista

cuchillas afeitar astra
cuchillas afeitar astra

Cuchillas de afeitar Astra. Hecha en Checoslovaquia. Colección Cuba Material.

El Código de Defensa Socialista, promulgado en 1961 contra el acaparamiento y la especulación, prohibía, según Díaz Castañón (2004), “la venta callejera de 15 artículos: ‘cuchillas de afeitar, hilo de coser, jabón, sábanas y fundas, pasta dental, papel sanitario, vasos, platos, tazas, juegos de cristal, loza y plástico, pilas, linternas, detergente, tela antiséptica, mosquiteros, bombillos, desodorante, biberones y pezones de goma’.” (p. 169). En Díaz Castañón, María del Pilar. 2004. Ideología y Revolución. Cuba, 1959-1962. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

Generación Y: En venta las medallas

Medalla de la Alfabetización
Medalla de la Alfabetización

Medalla de la Alfabetización. 1986. Colección Cuba Material.

En Generación Y: En venta las medallas:

Grados militares, estrellitas, distinciones de mayor o menor importancia: condecoraciones que remiten a glorias pasadas. Junto a los libros que se venden en la Plaza Vieja -y las postales turísticas con el rostro del Che- tenemos el mayor mercado de medallas de todo el país. Si en Alemania oriental cayó el muro y después el comercio de las insignias ganó la calle, aquí éste ha surgido frente a los ojos de quienes prendieron esas calaminas sobre las solapas. Muchos trabajadores de vanguardia, soldados mutilados y federadas combativas que recibieron tales honores prefieren hoy intercambiarlos por pesos convertibles. Mercadean en moneda fuerte el objeto que los distinguía como modelos sociales a imitar.

Sobre un tapete rojo, carente ya de cualquier sobriedad, se exhiben los emblemas de una nación sofocada entre diplomas y distintivos. La herencia soviética nos dejó esta larguísima fila de órdenes, distinciones, ramas de olivo, laureles de blando metal, certificados de destacado, hoces y martillos pintados en rojo y escudos de la república impresos sobre zinc. Una parafernalia del reconocimiento que calcó el kitsch y la desmesura llegados desde el Kremlin. En aquellos años nadie quería quedarse sin su condecoración, pues esas distinciones se trocaban por prebendas o privilegios. En las asambleas donde se entregaba un refrigerador o una lavadora, los aspirantes al electrodoméstico iban con su ristra de galardones colgada en la camisa. La reunión se convertía así en un ring de méritos, en un carnaval de hazañas exageradas. Pero eso fue hace mucho tiempo…

A estas alturas de tan escéptico 2012, la estética de aquellas insignias nos provoca una mezcla de curiosidad y extrañeza. Algunos vagabundos de la Habana Vieja se las colocan sobre el pecho para que los sonrientes turistas les regalen unas monedas.  También, escondidas en el fondo de innumerables gavetas, yacen muchas de aquellas reliquias por la indiferencia o la decepción de su beneficiario. Otras -sencillamente- tienen un precio. Se venden en el mercado de antigüedades junto a muestras numismáticas del siglo XIX o cámaras Leica octogenarias. Los compradores sopesan las medallas, le regatean al vendedor, para al final descartar o llevarse el frío metal que contiene tanto pompa como fracaso; esplendor y caída.

libretas de racionamiento

Libreta de racionamiento de productos alimenticios
Libreta de racionamiento de productos industriales. Imagen tomada de internet.

Libreta de racionamiento de productos industriales. Imagen tomada de internet.

Libreta de racionamiento de productos industriales. Imagen tomada de internet.

Libreta de racionamiento de productos industriales. Imagen tomada de internet.

La libreta de racionamiento pudiera considerarse como una metáfora de la “actitud de la espera” que, según Rafael Rojas, define al totalitarismo cubano (El arte de la espera: Notas al margen de la política cubana. Madrid: Colibrí, 1998). Por décadas, la cotidianidad de los cubanos–desafectos y entusiastas, de origen burgueses tanto como de las clases más humildes, jóvenes y viejos, del campo y de la ciudad–ha sido parcial o totalmente estructurada por los ritmos de la novena de carne, el turno para adquirir los tres juguetes del año, y la alternancia con la cola del plan jaba.

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El 12 de marzo de 1962 fue publicada en la Gaceta Oficial de la República de Cuba la Ley 1015 mediante la cual quedaba constituida la Junta Nacional para la Distribución de los Abastecimientos.

Entre las atribuciones dadas a la entidad naciente estaban las dirigidas a proponer al Consejo de Ministros, la lista de artículos que por razones justificadas debían someterse al racionamiento local o nacional. Además, incluía las potestades para sugerir el régimen de distribución y las cantidades de cada producto a suministrar a la población. Fijar las fórmulas a emplear para el abastecimiento de las industrias privada y estatal, así como de la red comercial, gastronomía y otras, de los productos sujetos a control. La entidad formularía los mecanismos mediante los cuales se controlaría su ejecución; de los órganos estarles y populares que tomarían parte en cumplir lo dispuesto en las cuotas estipuladas para cada artículo sometido a limitaciones de consumo.

La Junta quedó integrada por un representante del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA), del Ministerio de Industrias (MININD), del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN), del Ministerio del Trabajo (MINTRAB), del Comité Ejecutivo de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). El 13 d amarzo de 1962 quedó constituida la Junta.

En su primera reunión este órgano, previa aprobación del Consejo de Ministros, dio a conocer los artículos de consumo sujetos a racionamiento en el territorio nacional, los estipulados para la Gran Habana y las normas fijadas para otras 25 grandes ciudades de la Isla. . . . (p.338)

También se otorgaron cuotas especiales para toda persona de avanzada edad, casos de enfermedad o necesidades de regímenes diferenciados de alimentación. . . . (p.339)

. . . Para la organización del racionamiento se instituyó una Libreta de Control de Abastecimiento que el MINCIN y la Dirección Nacional de los CDR, emitieron para ser entregada a cada cabeza de familia. El carácter de este documento fue afinado, con el tiempo pasó toda su verificación al MINCIN, creándose pro este organismo un Departamento que organizó por zonas en los municipios, secciones de control, para atender lo relacionado con las altas y bajas de los consumidores que se daban en cada núcleo familiar. Los hoteles, casas de huéspedes, fondas, hospitales, clínicas, escuelas con seminternado, etcétera, las atendió directamente el MINCIN.

. . . Quedaron fuera del racionamiento, entre otros muchos comestibles, las conservas de frutas y vegetales, embutidos y conservas cárnicas, azúcar, sal, pan y pastas alimenticias, café, dulces, bebidas, licores, refrescos, caramelos, derivados de los productos lácteos, etcétera. (p.340)

En 1963 son incorporados al racionamiento el calzado, algunas confecciones y otros conjuntos d productos industriales. Aparece, poco tiempo después, la llamada Libreta de Productos Industriales. El MINCIN crea las Oficinas de Control de Abastecimiento (OFICODA) que se encargan a nivel municipal de todo lo concerniente al papeleo burocrático que conlleva todo movimiento para incorporar, dar de baja en el Registro de Consumidores, incluidos los temporales por periodos que pueden oscilar entre uno y tres meses. (pp.340-1)

Para 1970, todos los productos, prácticamente, quedaron sometidos al control normado. Al mismo tiempo, los precios minoristas se mantuvieron congelados hasta inicios de la década de 1980. . . .

Entre 1971 y 1975, ante la acumulación de dinero en poder de la población que, según cálculos de la época rebasó los 4 000 millones de pesos, se llevó a cabo una política de saneamiento financiero con la introducción de un mercado paralelo de tabaco y bebidas a precios diferenciados, aunque manteniendo una cuota básica, la ampliación de los servicios gastronómicos, así como se procedió a estimular a los trabajadores con un sistema que se denominó distribución proletaria.

Esta distribución paralela consistió en otorgar a través de los sindicatos bonos para la adquisición de bienes como: televisores, radios, relojes, planchas, refrigeradores, batidoras, etcétera. Para optar por estos bienes el trabajador o empleado acumulaba un número determinado de méritos o deméritos, de acuerdo con los indicadores previamente determinados en el contexto de la organización sindical, por la emulación socialista.

Al recibirse, cada seis meses o un año por los centros de trabajo el número de artículos que serían objeto de adjudicación, las solicitudes se presentaban ante una comisión creada al efecto por el sindicato con representación de la administración. Los criterios para otorgar los bienes radicaban en el número de méritos cumulados por el obrero. Sólo podía solicitarse un artículo del conjunto de los ofertados, aunque esto sufrió variaciones en el tiempo.

A la vez, los sindicatos y las administraciones, de acuerdo con las prioridades estarles distribuían bonos para la compra de prendas de vestir, ropa de trabajo, calzado, etcétera. Tal como se hacía con los vestuarios de estudiantes y becarios. En el caso de estos últimos, en la beca, se les facilitaba la vestimenta, ropa de cama, artículos de uso personal, alimentación, etcétera, sin pago alguno. (p.341)

. . .

Vale distinguir que clasificaban como productos amparados en cupones anuales o semestrales, aquellos como calzado, prendas de vestir, confecciones, ropa interior, artículos de punto, etcétera, u otros objetos de uso duradero. En tanto, los agrupados en casillas comprendían a variantes que se le ofrecían al comprador, ya fueran artículos de mercería, quincalla, perfumería, etcétera, y que podían, en ocasiones, intercambiarse varias casillas por un objeto determinado o tener alternativas entre géneros. (p.345)

Tomado de Díaz Acosta, Julio C. 2010. “Consumo y distribución normada de alimentos y otros bienes.” Pp. 333-62 in Cincuenta años de la economía cubana, edited by Omar E. Pérez Villanueva. Havana: Ciencias Sociales.

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The new rationing booklet distributed in the second half of 1973 remained unchanged as far as food was concerned, but introduced significant modifications in manufactured goods. Many of the latter were freed from rationing (“liberados”) and could be bought even when travelling to the interior; among them: film, still and motion-picture cameras, projectors, record players, parts for bicycle and kitchen appliances, coffee sets and crystal cups, silver wedding rings, stationary, plastic shoes and slippers, deodorants, and some cosmetics and perfumes (including brands with such exotic names as “Red Moscow” and “Bulgarian Rose”). A number of goods were put on limited distribution. Two or three times a year each consumer has the option to one or more of the following: toothbrushes, handkerchiefs, socks and stockings, underwear, slacks, pajamas, rubber shoes, raincoats, swimsuits, threads, cream cleansers, pots and pans, irons, meat grinders, hoses, and selected furniture. Hotel and vacation resorts were provided with convenient, freed goods such as swimsuits, lifesavers, sunglasses, cosmetics, and stationary. Some twenty manufactured goods remained strictly rationed such as pants, shirts, dresses, skirts, blouses, leather shoes, and fabrics. To facilitate buying, each member of the family received a booklet allowing direct purchases, certain goods (such as toys at Christmas time) were to be sold by appointment to avoid long queues, and specialized stores (e.g., for infants) were opened. (Mesa-Lago 1978:43. 1978. Cuba in the 1970s: Pragmatism and Institutionalization, revised edition. Albuquerque: University of New Mexico Press)

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En Cubanet:

…La cartilla se ha convertido en un documento que forma parte inseparable de cada familia, a tal punto que a cualquier cubano humilde, principalmente del amplio sector de la tercera edad, le preocupa más la pérdida de la cartilla que la de su documento de identidad. Porque no solo se siente parcialmente protegido en sus necesidades de consumo, sino que ésta ha propiciado todo un mecanismo de trueques ideados por la creatividad popular para suplir otras carencias. De esta manera, los productos asignados que algún miembro de la familia no consume son utilizados para intercambiarlos o venderlos y así adquirir otros necesarios. Por demás, también se ha desarrollado un mercado subterráneo, tanto con la certificación ilegal de “dietas” con tarifas fijas como con los productos propiamente dichos, que escapa por completo al control de las autoridades, incapaces de cubrir las necesidades básicas de la población y de eliminar la corrupción que es fuente de subsistencia para la mayoría de los cubanos.

La cartilla además ha dado origen a nuevos vocablos y frases que algún día formarán parte del lexicón socialista que alguien habrá de escribir. Solo los nacidos y crecidos bajo un sistema que tiene el discutible mérito de haber sistematizado la miseria, sembrándola como si de una virtud se tratase en la conciencia de una parte significativa de sus víctimas, conocemos el significado de frases que, en buena lid, resultan ofensivas y humillantes para la dignidad de las personas. Quiénes, si no nosotros, sabrían interpretar el lenguaje cifrado de la pobreza estandarizada: plan jaba, pollo por pescado, pollo de población, picadillo de niño, pescado de dieta, lactoso y para viejitos, café mezclado, arroz adicional… ; o las ya desaparecidas picadillo extendido, carne rusa, fricandel, masa cárnica, perro sin tripa y otras lindezas por el estilo.

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En i-friedegg:

La tarjeta de “productos industriales”, conocida popularmente como “la libreta de la tienda”, era la variante de la cartilla para el calzar, el vestir y adquirir productos para el hogar, no comestibles. Ésta, fue tan o más severa que la de la comida, y también se fue devorando a sí misma. Para 1973 cambió su diseño de casillas a uno más comprensivo de cupones a tirar que ofrecía la compra a través de la disyuntiva. Adquirías con el cupón número tal una camiseta o un pote de pulimento para muebles, y con otro un destornillador o una dulcera de cristal. La gente la bautizó como María La O. Y las combinaciones eran tan alucinantes que parecían escapadas de “El Maestro y Margarita” de Bulgákov.

Al principio se podía comprar cualquier día. Después esta tarjeta fue subdividida en “grupos de compra” identificados con letras y números (A1, A2, A3, A4; B1, B2…), de manera que había que acudir a las tiendas exclusivamente de acuerdo con un calendario que disponía un ventana de tiempo para comprar aquello con lo que se tenía la fortuna de coincidir durante el día que le tocaba a cada quien, según su grupo.

Esta libreta igualmente tenía su glosario de palabras oficiales como “básico” y “no básico” y “dirigido” para el caso de los juguetes; además de producto “adicional” y “convoyado”, éste último un engendro satánico de mercado en que el consumidor para llevarse a casa algo que podría usar —como un cepillo para el cabello— tenía que pagar también por un guante de soldador (como ha relatado el periodista y escritor Andrés Reynaldo que le pasó a su madre).

Libreta de racionamiento de productos alimenticios

Libreta de racionamiento de productos alimenticios. Imagen tomada de internet.

Libreta de racionamiento prenatal e infantil

Libreta de racionamiento prenatal e infantil. 1973. Colección Cuba Material.

Ver también en Cuba Material: OFICODA.

zapatos plásticos

Zapatos plásticos
Zapatos plásticos

Zapatos plásticos hechos en los EEUU, comercializados en Cuba en los años 1950s. Colección Cuba Material.

Si bien los zapatos plásticos –importados– que se comercializan hoy en Cuba nada tienen que ver con los Kikos plásticos de antaño, les dejo el testimonio de la autora sobre la venta y consumo de calzado algunas décadas atrás:

En Radio Coco: Kikos plásticos modernos regresan a las zapateras cubanas:

Los kikos plásticos son una leyenda en Cuba. Quienes nacieron en los años 60 del pasado siglo en Cuba los recuerdan con una mezcla extraña de cariño y desprecio: cariño porque para algunos fueron sus únicos zapatos, compañeros de escuela y travesuras en la niñez y con desprecio por lo feos y calurosos que resultaban.

Los kikos que llegué a ver en mi infancia eran unos zapatos negros, con huequitos y cordones, aunque también los había modelo mocasín. Cuentan que se hacían aquí mismo y que fueron una opción a la crisis de aquellos años, cuando escaseaban la ropa y el calzado.

Cuando yo nací a finales de la década del 70 ya los kikos habían pasado a la historia y particularmente no recuerdo haberme puesto nunca un par. Pero mi tío Juancito, 12 años mayor que yo, me contaba que los kikos fueron sus zapatos escolares durante toda la primaria. Me decía cuánto odiaba aquellos zapatos horribles, con los cuales sin embargo se conformaba, “porque eran los que teníamos todos”.

Pero que no haya llevado kikos, no quiere decir que yo no haya sufrido también la escasez de calzado. Tuve mi época de zapatos ortopédicos, después de tenis de campo pintados con tinta negra durante la secundaria, las chancletas de lacito y los zapatos Puccini de charol para mis quince y las zapatillas Yutapai ya en el pre-universitario.

La verdad es que en mi etapa de adolescente (ya tengo 35 años) no había muchas posibilidades de tener los zapatos que queríamos, sino los que se podían, y llegué a la universidad con un par para las clases, otros para salir y para de contar.

No obstante, los de mi generación nos consideramos afortunados porque jamás tuvimos que ponernos un par de esos kikos plásticos de los cuales hablaban nuestros padres y que eran el colmo del mal gusto.

. . .

Al final parece que los cubanos hemos encontrado la manera de reconciliarnos con los kikos. Llevar zapatos plásticos ha dejado de cargar con la mala fama que precedía a los kikos plásticos de los años 60 y 70 del siglo 20 cubano.

Más modernos e ideales para nuestro clima y nuestro bolsillo, los kikos plásticos han vuelto. Bienvenidos a nuestras zapateras.

Leer todo el texto aquí.

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En su libro The Problem of Democracy in Cuba: Between Vision and Reality, Carollee Bengelsdorf (1994) comenta que la Ofensiva Revolucionaria de 1968 redujo los volúmenes de producción de calzado en el país, la cual dependía grandemente de la producción privada, en pequeños talleres. Según Bengelsdorf, estos talleres fueron sustituidos por una fábrica de zapatos plásticos, adquirida en la República Popular China.

kikos plásticos

Kikos plásticos. Imagen tomada de Facebook.

La Habana no aguanta más (video)

Decían los Van Van que el gobierno cubano había construido nuevas bibliotecas, cines de estreno, y apartamentos bien amueblados en el interior del país y, sin embargo, la migración hacia La Habana estaba a punto de hacerla colapsar.

Escuchar la canción en Spotify.