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La Campana, colectivo artístico

Catálogo de la exposición "Los siglos no se olvidan", organizada por el colectivo La Campana.

Catálogo de la exposición “Los siglos no se olvidan”, organizada por el colectivo La Campana. 1989. Colección Cuba Material.

El colectivo artístico La Campana, fundado en 1988 en la capital de las Tunas, permaneció en activo hasta 1993. Lo integraban “jóvenes formados en su mayoría por el sistema nacional de escuelas de arte, que habían llegado a su madurez, criterio que fue ante todo creativo y conceptual. Quienes expandieron tanto sus horizontes que su obra arremetió contra toda barrera”, según el blog Para los disgustos se hicieron los colores. El nombre del colectivo, dice también este blog, fue tomado del de la tienda homónima donde se exhibieron un grupo de obras que habían sido censuradas en el Salón de la Ciudad de Victoria de las Tunas, acción que marcó la fundación del grupo.

En este enlace pueden ver y descargar el catálogo de la exposición Los siglos no se olvidan.

De la jaba al shopping bag, exposición

Bolsa o jaba de compras hecha con alambres eléctricos

Bolsa o jaba de compras hecha con alambres eléctricos. 1980s. Colección Cuba Material.

En 1998 la galería de la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena, en la Habana Vieja, presentó la exposición De la jaba al shopping bag. Sobre ella, dice la revista Opus Habana:

(…) A un grupo de diseñadores cubanos les motivó la idea y se enrolaron en el proyecto «De la jaba al shopping bag», presentado en la Galería de la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena, como parte de las actividades del II Salón de Arte Contemporáneo, en noviembre de 1998.
En el aspecto técnico, el soporte abrió su diapasón entre dos extremos opuestos: metal y papel; las dimensiones variaron desde propuestas gigantescas hasta otras pequeñas, más cercanas a la lógica común. Las formas: flexibles, rígidas, insospechadas.
El carácter funcional, en este caso, no se limitó a la capacidad de contener –endémica de las jabas, los bolsos– sino que explotó las posibilidades comunicativas del diseño: el anuncio, la propaganda. El concepto de la exposición abarcó el puente que existe de la jaba al shopping bag, de la esencia a la periferia, de lo asimilado a lo autóctono, de lo convencional al gesto violento de la osadía.
Fiesta de lujo del diseño cubano. Belleza, utilidad y utopía se tomaron las manos en la muestra para sacralizar, burlar, asumir o negar esa costumbre tan humana de envolver. Sabia noción: guardar, almacenar, empaquetar… en fin, poner a salvo los objetos, los elementos tangibles de la vida.

En Opus Habana vol III no. 1 (1999)

Cuba Art Now! workshop

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Este jueves 6 de octubre tendrá lugar en el Orozco Room de The New School la mesa redonda Cuba Art Now! organizada por el Departamento de Lenguas Extranjeras de esta universidad. El evento es gratis y estará abierto al público.

tratado de guayatola, Cuba Material entrevista a Maldito Menéndez

maleta con guayatola negativo

La guayabera, prenda cubana por atribución más que por origen, ha sido la gran protagonista (junto al uniforme de campaña), de la moda del siglo veinte cubano, pues aunque se diga que ya desde el dieciocho se utilizaba en el país esta camisa holgada de amplios bolsillos “para llevar guayabas,” es en el siglo veinte cuando su uso se desborda, ramifica, y extiende a facetas tan dispares como el traje de andar, la ropa de salir, o el uniforme de los dependientes de gastronomía; a consumidores tan diversos como los hombres, las mujeres y los niños; y a órdenes políticos tan contrapuestos como la república liberal y el socialismo de estado.

El artista Maldito Menéndez ha convertido este símbolo de cubanidad en un discurso de denuncia. Maldito había anunciado que viajaría a Cuba para asistir a la sexta edición del Festival Internacional de Videoarte de Camagüey, FIVAC, en el que concursaba con una de sus obras. Para ello necesitaba, como todos los ciudadanos cubanos por nacimiento que abandonaron el país después del 1 de enero de 1971, un pasaporte cubano vigente y “habilitado.” Al realizar el trámite de renovación del pasaporte, que cada dos años los ciudadanos cubanos que deseen viajar a Cuba deben hacer (abonando para ello el importe correspondiente, que no es poco), el consulado cubano canceló la “habilitación” del pasaporte de Maldito, privándolo de la posibilidad de entrar a su país.

Maldito Menéndez decidió, no obstante, viajar a Cuba, donde lo esperaban su madre y su hermano menor, el 31 de marzo. Según cuenta en su blog Castor Jabao, al aterrizar en La Habana no le fue permitido abandonar el avión de Air Europa donde viajaba, siendo interceptado a bordo por oficiales cubanos: “Los oficiales que hablaron conmigo eran dos y vestían de uniforme verde oscuro con una estrella blanca en el cuello de la camisa, pero se negaron a identificarse. Me informaron . . . que no podía entrar al país sin el DIE o permiso de entrada. Les expliqué que me esperaban en el Festival internacional de videoarte de Camaguey FIVAC. Les pregunté por qué y quién había ordenado anular mi DIE después que regresé a España de mi último viaje a La Habana, en diciembre de 2013. Les pregunté por qué un cubano sin antecedentes penales, un artista e intelectual, no puede caminar por su propia tierra.”

Habiéndosele negado la entrada a su país natal, Maldito apareció en las redes sociales vistiendo un traje que tiene algo de guayabera y algo de túnica islámica, y que él denominó guayatola. Con ella quiere denunciar la ausencia de libertad de expresión en su país natal, que abandonó en 1991 por el mismo motivo. Maldito “diseñó y mandó a confeccionar la Guayatola para estrenarla el día de la inauguración de la Bienal de La Habana 2015 (Maldito le llama la Vía anal de La Vana), pero como no le dejan entrar a la isla, la llevará puesta en sus próximas apariciones y gestiones públicas, cuál novia plantada a lo Kill Bill (sediento de respuestas).”

No es la primera vez que la política y la moda se entrelazan en la historia cubana para enfrentar el poder y la censura. A finales del siglo diecinueve, las mujeres criollas asistieron al teatro Villanueva vistiendo cintas rojas, azules y blancas y llevando el pelo suelto, en protesta contra el colonialismo español. Más recientemente, las esposas e hijas de los prisioneros políticos encarcelados durante la Primavera Negra de 2003 salieron a las calles a protestar vestidas de blanco y sosteniendo un gladiolo del mismo color en símbolo de paz, dando origen al movimiento de las Damas de Blanco, símbolo de la oposición política en la isla. El arte de protesta no se ha quedado al margen. El propio Maldito Menéndez ha usado el uniforme verdeolivo en alusión directa al poder político cubano en su arte iconoclasta, lo que también ha hecho la artista Coco Fusco trascendiendo los límites del poder politico cubano.

La guayatola actualiza estos discursos. Es una nueva forma de representar o, si se quiere, darle visibilidad a lo político en la moda. Para entender la relación entre uno y otra, Cuba Material entrevistó a Aldo Menéndez, quien respondió por escrito las siguientes preguntas:

En el año 2010 la guayabera se convirtió en la prenda de reglamento de las ceremonias oficiales cubanas y del cuerpo diplomático de esta nación. Cinco años después, el servicio consular cubano en Madrid te comunica que se te ha retirado la autorización para viajar a tu país. ¿La idea de utilizar la prenda de vestir que representa al estado cubano en tu discurso de protesta contra el atropello que significa el que los ciudadanos cubanos tengan que solicitar una “habilitación” o permiso de entrada para viajar al país donde nacieron y la arbitrariedad que rige el otorgamiento de dicha “habilitación” tiene que ver directamente con la connotación oficialista de la guayabera?

Algunas personas dentro y fuera de Cuba –como Otari Oliva, del espacio independiente de arte Cristo Salvador, en el Vedado, y Carlos A. Aguilera, escritor cubano residente en Praga–, sabían que yo me preparaba para intervenir la Vía anal de La Vana desde el verano del año pasado. Desde entonces tuve varios meses para pensar las obras y reunir los diferentes materiales y elementos que necesitaría para llevarlas a cabo en Cuba. Llevaba tres pares de grilletes o esposas, tres zhaocai mao o gato de la suerte chino, un sentai negro, una bomba (jeje ) de aire, rotuladores, linternas de colores, cámaras, tornillos, un magnético de Abajo Kcho (en la foto, en la nevera), una Guayatola y varias cosas más que aún no puedo decir porque todavía pueden hacerse. Es decir, que no, en un principio la Guayatola no tenía nada que ver directamente con las barbaridades que le hace el régimen a los exiliados, puesto que yo no sabía que no me dejarían entrar al país.

¿En general, puedes hablarme sobre las circunstancias en que surgió la guayatola?

La Guayatola estaba pensada para estrenarla en la Vía anal de La Vana, no en el Festival internacional de videoarte de Camagüey. Mi interés en participar en el FIVAC 2015 no era competir, sino presenciar, verificar uno de esos tantos festivales y eventos internacionales que el régimen celebra en Cuba –financiados con el dinero de los cubanos, pero sin contar con nosotros–, para proyectar ese espejismo de paraíso cultural revolucionario tras el que se esconde la dictadura, y sobre todo, para entrar a la isla con una carta oficial, sin levantar sospechas, casi dos meses antes de la Vía anal. El plan era portarme bien en Camagüey para que los perros se relajaran conmigo. Incluso la selección del video MAO –que tiene cierta carga crítica, pero indirecta, en la justa medida de ambigüedad para que la censura la dejara pasar sin recelos, como de hecho sucedió.

Lo que yo no podía calcular era que tenía una orden de anulación de mi habilitación o permiso de entrada a Cuba desde diciembre del 2013, justo después de mi regreso del último (espero que no) viaje que hice a la isla. Si no hubiera tenido que acudir al consulado para prorrogar mi pasaporte, me habría enterado al llegar al aeropuerto José Martí y ser deportado. Por suerte me enteré antes y pude tomar una decisión y pasar por la experiencia voluntariamente; lo cual es clave para transmutar la humillación en desobediencia y el suplicio de las 20 horas de vuelo en acto de arte.

¿Por qué eliges la guayabera, una prenda de vestir que si bien identifica al gobierno cubano también ha identificado, a lo largo del siglo veinte, a los dependientes de gastronomía durante la década de los 1980s y a muchos cubanos nacionalistas lo mismo en el exilio que en la joven república cubana, en lugar de otros elementos del vestir más asociados con el estado cubano y su carácter represor como el uniforme verdeolivo?

Después de lo sucedido a Tania Bruguera a raíz de su intento de performance en la Plaza de la Revolución, cuando fue detenida tres veces y se le retiró el pasaporte en espera de un juicio sin fecha ni sentido, era preciso hilar muy fino para colar una obra insurrecta en la Vía anal sin acabar igual o peor que ella. Por eso no podía emplear símbolos evidentes como la gorra y la camisa verde olivo que suele utilizar Maldito. Nada de banderas, ropa militar o camisetas subversivas podía llevar en mi maleta. Los grilletes, en cambio, pasan fácilmente por la aduana cubana. Y si no pasan, no hay problema, pues lo importante era entrar la Guayatola, dobladita como una fina e inofensiva guayabera.

¿Cómo burlar la censura cubana e intervenir durante la Vía anal de La Vana sin darle el más mínimo pretexto a las autoridades para que me impidan el paso, me detengan, me quiten el pasaporte y me encarcelen? ¿Cómo decirlo todo sin texto, sin decir ni hacer nada y, al mismo tiempo, de forma que pueda entender o empatizar con alguien de cualquier idioma o cultura?

Yo crecí viendo el programa San Nicolás del Peladero, en el que la guayabera era usada por alcaldes, politiqueros y vividores; personajes todos supuestamente desaparecidos tras el triunfo de la revolución. Ahora la guayabera es la piel de cordero oficial del régimen. No puedo evitar recordar la Rebelión en la Granja, de Orwell, y como se van corrompiendo los mandamientos iniciales hasta convertirse en lo opuesto.

¿El hecho de que tu guayatola parezca una bata de mujer y sea, además, de color blanco alude de algún modo al movimiento de las Damas de Blanco? ¿Por qué no utilizaste los colores de la bandera cubana, o el verdeolivo que identifica a los militares que hoy gobiernan el país, o el rojo con que se representa el socialismo de estado?

La Guayatola simboliza el nacionalismo extremo que en Cuba ocupa el lugar de la fe católica durante la colonia y la república (desde el golpe de Batista no ha existido más la república de Cuba). Es el mismo truco de Hitler, Stalin y Mao, pero en versión caribeña: Estructuras y lenguaje religiosos mezclado con orgullo patriótico desmedido; supersticiones y mitos populares sincretizados a la fuerza con el extremismo cultural.

La Guayatola tiene más bolsillos que la guayabera y le caben más guayabas (que en Cuba también significa mentiras). La Guayatola llega hasta los pies, como una túnica; quizás como la túnica de un fundamentalista o extremista islámico, de un fanático. El blanco que disfraza de pureza y justicia, la corrupción y el crimen.

¿El que hayas diseñado una bata, prenda de vestir que en nuestra cultura se asocia con la mujer, para protestar contra un gobierno que, en muchos casos, ha masculinizado la moda como se observa en el uso del uniforme de trabajo y las botas militares en ceremonias tales como los concursos de belleza, constituye una denuncia de cierta misoginia en el discurso y la práctica del poder cubano?

La guayabera es un símbolo de la cultura nacional cubana que no ha sido canonizada en el rito revolucionario. No es sagrada, como el escudo o la bandera o la imagen de los gobernantes, por tanto es pública. Y si es pública y no es sagrada, ni su quema o mutación está penalizada (aún) por las leyes castristas, yo puedo, como artista cubano, cogerla para mis cosas. La Guayatola, por tanto, simboliza el estado actual de la cultura oficial cubana, que se parece a la cultura cubana, pero es falsa. Un secuestro y suplantación cultural cada vez más evidente. Todo en ella es falso, desde el Consejo Nacional [de las Artes Plásticas] y el Ministerio de Cultura, la UNEAC, el ISA y todos los espacios, eventos e instituciones oficiales, hasta (cómo no) el Festival internacional de videoarte de Camagüey, son montajes, carrozas vacías. La unanimidad es altamente improbable, pero después de más de cinco décadas es un horrible imposible. La Guayatola es el silencio unánime de los artistas cubanos; es su camisa de fuerza. Al vestirme con su silencio y cargar con sus guayabas los pongo en evidencia. Es una prenda concebida para causar vergüenza en los malos y en los sucios y empatía en los buenos. Y sí, también contiene al machismo-leninismo verde olivo (que es el machismo cubano de toda la vida, pero potenciado, ideologizado y redirigido hacia el mandamiento superior de perpetuarse en el poder), bajo el lino blanco.

¿Qué mensaje(s) quieres transmitir con la guayatola?

La Guayatola es Cuba globalizándose o tratando torpemente de sonreír, como aquél dibujo animado cubano de unos cosmopioneros que llegan a un planeta donde hay una especie de dragón o dinosaurio que tenía muy mal carácter y tratan de enseñarle a sonreír, pero al principio solo le salen muecas feas, distorsiones, rictus.

El color blanco y la ropa blanca poseen muchos significados en Cuba, étnicos, religiosos, culturales y políticos, que son similares en muchas partes del mundo. La pureza y su extremo, el fanatismo violento, el terrorismo, es un tema de interés global. Es una pena que por fin la cultura cubana alcanza la universalidad y lo hace ofreciendo al mundo un casi pornográfico  –a estas alturas y en Cuba, la otrora perla de las Antillas y supuestamente primer territorio libre de América–, espectáculo de extremismo y barbarie bochornoso, pero también peligroso, pues nadie sabe en lo que pueda transformarse el castrismo en los próximos años.

¿Qué otros planes tienes para la guayatola, además de presentarte con ella en las oficinas consulares cubanas para reclamar tu derecho a regresar a tu país?

Cualquiera puede hacerse una Guayatola y viajar a Cuba con ella o confeccionarla en la isla y usarla libremente, causando vergüenza y risas de complicidad a su paso, sin que puedan decirle nada, al menos legalmente, pues, aunque prohibieran la palabra guayatola, aún podría usarse guayabera extra larga.

¿Pensaste, cuando la diseñaste, en la tradición cubana de desobediencia o protesta a través del vestuario o la moda, como la protagonizada por las mujeres cubanas durante los sucesos del teatro Villanueva en el siglo diecinueve o en la guayabera que, hace un año, la familia Payá Acevedo regalara al Papa Francisco?

Lo más simpático (para no llorar) de la cultura cubana actual es que es tremenda locura. Están todos esos artistas en Cuba fingiendo que no pasa nada, cómo si el hecho de mantener la liturgia fuese a obrar el milagro, aún cuando el templo se está cayendo a pedazos. Se harán estudios y se escribirán ensayos (clínicos?) sobre éstos momentos. De una forma u otra, ya sea mediante actos voluntarios y conscientes o histéricos y enagenados, la cultura cubana jugará el papel de des-cubrir la realidad profunda de Cuba.

Por su connotación nacionalista, la guayabera fue también utilizada por el actual gobierno cubano en épocas tan tempranas como el 26 de julio de 1959, cuando encargó, y subsidió parcialmente, la confección de miles de unidades de esta pieza, que habaneros de la clase media donaron al medio millón de campesinos movilizados para asistir a la Concentración Campesina de La Habana. Asimismo, esta prenda fue la elegida por Fidel Castro para presentarse en su primera aparición pública sin el uniforme verdeolivo en 1994. ¿El que planearas asistir al festival de Camagüey vistiendo la guayatola buscaba una renovación de este símbolo, o se trataba más bien de establecer nuevos lazos entre el exilio y la isla, entre la intelectualidad y el campesinado, entre la oposición y el poder?

La Guayatola simboliza lo que viene después de la revolución: la resaca, la involución, el atraso; el triunfo de lo más conservador y bruto del fenómeno castrista; de los talibanes. Una cultura 100% palmas y cañas, puros y ron, como en el edén perdido de la finca de Angel Castro. Una guayabera atrofiada, con gigantismo o manía de grandeza y chaleco de explosivos debajo, como aquellos cohetes que viajaban de polizones bajo toneladas de blanca azúcar cubana en la bodega de un barco norcoreano. La Guayatola es lo que le de la gana a los cubanos –por una vez–; la página en blanco (y como el papel aguanta, mejor acabo aquí 😉 .

Habrá que acompañar a Aldito y presentarnos, aunque sea por una vez, ante un oficial de inmigración, lo mismo en un consulado en el exterior que en el aeropuerto de La Habana, o de cualquier otra ciudad de Cuba, con una larga guayatola blanca (podemos decir, si nos preguntan y si tenemos miedo, que se trata de una copia de un vestido guayabera como el que comprara en Cuba, en los años 1980s, la española Naty Abascal).

Addendum de Aldo Menéndez: Se me olvidó mencionar a Arturo Cuenca, pionero en el uso de la moda para el lenguaje del arte. En los ochenta llevé varios cortes de pelo y algunas prendas loquísimas hechos por él. Los ochenta en Cuba tuvieron un glamour tremendo y la moda era una heramienta de expresión y rebeldía muy importante en el fenómeno cultural de la segunda mitad de esa década. La New Wave y el Punk, los cheos y los pepillos, los frikis y los breakdanceros, etc.

 

Foto cortesía de Maldito Menéndez. 2015.

Foto cortesía de Maldito Menéndez. 2015.

Ver en Castor Jabao Guayatola en el oleaje de tus vuelos.

Nadia García Porras y Maraya Shells: En Cuba todo es aparentar

Maraya Shells. Imagen tomada de Havana Cultura. Cortesía de Lillian Guerra.

Maraya Shells. Imagen tomada de Havana Cultura.

En Havana Culturasobre Maraya Shells:

One morning on a quiet residential street in Havana’s Vedado district, a woman emerges from her apartment building and stands at the entrance, posing. She wears a lacy black top and neon red spandex leggings tucked into black high-heeled boots. The colour of her lipstick and nail polish match her leggings, which also match what are those things in her hair?– oh yes, extra-large, extra-red curlers. “My clothes,” she says by way of introduction, gesturing with slow, elegant hand movements from boots to curlers, “are my life!”

Meet Maraya Shells (“the one and only!”). She speaks in aphorisms usually followed by exclamation marks (“Everyone has the right to shop!” and “We are beautiful and precious, but we have time for nothing!”). She looks like she has been styled by Pedro Almodovar to star in a John Waters movie set in some imaginary Cuban Las Vegas. In fact she is the alter ego and fantasy creation of Nadia García Porras, easily one of the most fascinating and inventive artists working in Havana today.

Not that all this is immediately apparent to Havana Cultura’s film crew, of course. We’ve shown up to interview Porras. Instead we are greeted by Maraya Shells who insists she is Porras’ sister (“Poor Nadia – she doesn’t have the hands of a princess like I do!”) and who finally agrees to be interviewed herself. But the interview will have to take place in a neighbour’s apartment whose décor is, for some reason, more to her liking.

The reason becomes clear once we’re inside. The apartment, inhabited by a kindly, non-spandex-wearing older lady, houses an extensive gathering of plaster Indian chiefs, huge plastic sunflowers, tiny porcelain figurines of children and caged (real) Budgerigars. Maraya Shells treats us to another of her hand gestures, tracing an approving arc from bird cages to framed reproductions of sunsets and waterfalls: “Todo es perfecto aquil!” We can’t help but agree.

When the interview is over she invites us next door to meet her “sister” – with a warning: “She is crazy, you know– she is an artist!” By the time we reconvene, the spandex, curlers and boots that were Maraya Shells seem to have vanished. In their place we find Nadia Porras reclining in a leather armchair, looking distinctly un-crazy in a white long-sleeved sweater and soft brown trousers. There’s not a plaster Indian in sight.

This flat, with its stunning low-rise view of the Malécon and the surf beyond, belongs to Porras’ mother, an art-history professor. On the coffee table sits the latest issue of the American art magazine “Art in America”. The shelves are lined with expensive art books (“From Baudelaire to Bonnard”, in English). The only thing slightly amiss are the photos scattered on the dining room table, showing Porras and some cohorts lugging something large and plastic around Havana, no doubt in preparation for a recent performance or installation.

So how does Nadia become Maraya, or vice-versa? “I’ve always liked camouflage,” Porras explains. “Plus, here in Cuba, everything is about pretending. I’ve always liked that side of this place.” Where her alter ego is all smiles and exuberance, Porras maintains an air of seriousness so convincing it’s hard to know when she’s joking. Maybe that’s part of the camouflage, too.

h/t Lillian Guerra

literatura en bolsas de cemento

Imagen tomada de Diario de Cuba

Imagen tomada de Diario de Cuba

Fragmentos de la reseña, publicada en Diario de Cuba, de P350, una revista de la que el escritor Orlando Luis Pardo Lazo dice que, “según se vaya poniendo dura, como el cemento original de su soporte, …se le atragantará en la garganta a más de un gamberro cubanesco de guayabera y buró”: ¿Cómo hacer revistas con bolsas de cemento?:

…La fiebre constructiva desatada en la nación, por la que los ciudadanos pueden edificar sus viviendas con esfuerzo propio, da lugar a las bolsas de cemento P350, un material de gran calidad para utilizar en exteriores, remendar una azotea o levantar una pared bien sólida. Estas bolsas, después de utilizadas, son desechadas por los constructores. Y acopiadas, recogidas por los “escritores” de la revista, en plan de reciclaje de un excelente papel kraft, llamado papel de estraza o cartucho. Las bolsas son lavadas, dobladas por la mitad y picadas de manera que conforman folios o pliegos.

El formato final resulta algo inhabitual y hasta incómodo a la hora de leer, pero es compensado por los textos, su potencial imaginario, delirante en algunos, de refinamiento emotivo en otros, obvios esquemas, humor, ironía, lirismo, fragmentación y hábil sintaxis en relatos visuales de gran impacto.

El experimento creativo P350 pone patas arriba el apacible y delicado reino de lo consagrado, se pronuncia contra el encartonamiento, el desfase, la desactualización, la falta de inmediatez.

Para el profesor Yornel, graduado de Artes Plásticas en Santiago de Cuba (2001) y del ISA (2007), con 15 exposiciones colectivas y seis personales, esta es una revista de poesía abierta a la poesía, es decir, a “esa fuerza primaria y sutil que conlleva todo acto creativo: no es una revista de poesía cubana, ni de un grupo X de poetas, no tiene una orientación ideológica a priori, no prioriza credo alguno, tampoco es un manifiesto ni nada de eso. No pretende establecer un discurso lineal, ni una filiación ideológica, estética o ética. Si algo se prioriza es un interés común hacia la apertura de pensamiento, de ideas, una cierta frescura”.

Ambiciosos, el listón lo han puesto bien alto, al pretender emular con el perfil visual y estético de revistas desaparecidas como OrígenesNaranja DulceAlburEnema , y el justo homenaje que le rinden a Diásporas. Justo y ¿oportuno?

……….

Vamos a recordar

A Mario Walpole, alumno preferido de Antonia Eiriz y cuyas obras de reciclaje llenaron una época en los años 70… A la editorial matancera Vigía, en los 80, artesanal e independiente en sus inicios, hoy muy institucionalizada y ya menos atractiva visualmente. A los Cuadernos Papiro… Y en la primera década del 2000, la convocatoria de mail-Art librada por el Proyecto Desliz, de la escritora Lizabel Mónica, donde se pedía “enviar en una hoja previamente estrujada, una muestra artística y/o literaria, acompañada por la dirección electrónica del autor (la hoja ha de estar firmada). Todas las obras se encuadernarán en un solo libro, cuya curaduría estará a cargo del equipo desliz. La edición colectiva será expuesta en un espacio cultural cubano. Se enviará a los autores una muestra digital del libro”.

A dicho concurso llegaron obras de todas partes del mundo y se expusieron, junto a computadoras con videos de arte, en la Casa de la Poesía, de la Habana Vieja, en evento que conjugó música, performances, recitales; todo un “suceso cultural”, como se decía entonces, con acogida total de jóvenes que llenaron el recinto hasta donde les fue permitido, pues en la segunda ocasión el mismo centro cerró sus puertas a una propuesta “independiente” como Desliz.

De similar o parecido sentido, abundan otros esfuerzos que marcaron la diferencia ante el adocenamiento, la falta de imaginación de la burocracia cultural.

Arquitectura de la necesidad: Gasolina con espuma de poliestireno (poliespuma)

"Perchero", por Ernesto Oroza. 2013.

“Perchero”, por Ernesto Oroza. 2013.

Arquitectura de la necesidad: Gasolina con espuma de poliestireno (poliespuma):

La fusión de gasolina y espuma de poliestireno (poliespuma) se ha usado en Cuba por muchos años. El combustible consume cada molécula de oxigeno derritiendo el plástico hasta convertirlo en una masa grisácea que toma diversas contexturas en relación a la proporción. La voracidad de la gasolina en el proceso produce, al observarlo, cierta fascinación, metros cúbicos de poliespuma son absorbidos hasta desaparecer en un instante. La mezcla se utiliza para sellar peceras y fisuras en las ventanas y muros, reparar espejos, hacer lámparas uniendo fragmentos de vidrio. Recuerdo una guitarra reparada, unos espejuelos, un botón de un televisor, álbumes fotográficos que exhalaban al abrirlos, con las memorias, olor a combustible pues las fotos fueron pegadas con esta supermasa. La preparación de la mezcla, además de oxigeno consume tiempo. Lograr una cantidad útil toma semanas. Miles de envases con unos pocos mililitros de gasolina (dos o tres dedos) se acumulan en los balcones y patios de toda la isla por meses. Cuba es un agujero negro que puede devorar en segundos toda la poliespuma del universo. …

Museo Nacional de Bellas Artes

Trabajos de remodelación del edificio que albergaría al Palacio de Bellas Artes.

Trabajos de remodelación del edificio que albergaría al Palacio de Bellas Artes. Tempranos 1950s (Bellas Artes fue inaugurado en 1954).

El 28 de abril de 1913 fue inaugurado el Palacio de Bellas Artes, bajo la dirección del arquitecto Emilio Herrera. Según el periódico  Granma, en una nota donde da cuenta de las actividades realizadas y programadas para celebrar el centenario de la institución:

El Museo tuvo en sus inicios varias ubicaciones en la ciudad, ninguna factibles para albergar la creciente lista de colecciones. Años después las obras nacionales estarían expuestas en un edificio situado en las inmediaciones del Paseo del Prado, el antiguo Mercado de Colón, a pocos metros del famoso hotel Sevilla.

Las actividades conmemorativas comenzaron con:

Un viaje imaginario en el tiempo. Una muestra con las principales piezas exhibidas en su etapa fundacional figura entre las propuestas. Orígenes de la colección es el título de la exposición, con varias reliquias como la mascarilla mortuoria del general Máximo Gómez (1836-1905), ese dominicano, uno de los líderes la Guerra de Independencia cubana en la segunda mitad del siglo XIX, maestro de la carga al machete. También la primera película El parque de Palatino (1906), rodada por uno de los precursores del cine, Enrique Díaz Quesada, en los mismos años de efervescencia de la incipiente técnica cinematográfica, creada por los hermanos Lumiere. Un tambor litúrgico estudiado por el antropólogo Fernando Ortiz, pinturas hispanas del siglo XVIII, objetos aborígenes, de etnología afrocubana y un cepo de castigo para esclavos se incluyen en la muestra. Todo un trabajo, a juicio de los curadores, de rescate arqueológico.

Además, se realizó un muestra de la obra temprana del pintor cubano, también decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana, Ernesto González Puig (1913-1988).

Sobre el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) y su historia, La Jiribilla ha publicado un dossier que incluye una galería de imágenes de las diferentes etapas de la institutción y dos galerías de obras de las colecciones de arte cubano y universal (los enlaces a los diversos textos se pueden encontrar a la derecha de la página). También aparecen entrevistas a Máximo Gómez, curador principal del MNBA; José Linares Ferrera, el arquitecto que dirigió el proyecto de restauración de los edificios donde radica el actual museo; Juan Francisco Olivera Justiniani, conservador principal del MNBA; Lucy Villegas, Pilar Fernández, y Natalia Bolívar, directoras del museo. También merecen atención los textos Las primeras sedes (1913-1951) y El Palacio de Bellas Artes (1954), sobre la historia del museo y sus sedes.

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Palacio de Bellas Artes. Tempranos 1950s (Bellas Artes fue inaugurado en 1954). Imagen tomada de internet.

 

bombones

envase de bombones cubanos

Envase de bombones cubanos. 1980s. Colección Cuba Material.

De niña sólo conocí dos variedades de bombones. Los de fabricación cubana venían rellenos con sabores de frutas, envueltos individualmente en papel de aluminio de colores, y envasados en un estuche vertical que, cuando lo miraba de costado, siempre me parecía una catedral gótica o una casa de techo de dos aguas. Los otros, venían de la Unión Soviética, envasados en una caja blanca, cromada, que tenía un pollito o pajarito amarillo. Estos bombones eran rectangulares y formaban pequeños bloquecitos, también envueltos en papel de aluminio en colores que variaban según el sabor del malvavisco que había dentro, envuelto en una capa de chocolate negro.

Revisando en los estantes de mis abuelos, encontré otra caja de bombones de fabricación cubana. No tiene marca comercial visible y no recuerdo haberla visto antes, por lo que deben haber sido comercializados en los años 1960s. El envase puede estar asociado con un proyecto en el que se pidió a los artistas plásticos que contribuyeran con el diseño de envases de alimentos. La obra que se reproduce en esta caja pudiera haber sido realizada por Raúl Milián (h/t Ernesto Hernández Busto).

Envase de bombones de fabricación cubana

Envase de bombones de fabricación cubana. Circa 1960s. Colección Cuba Material.

Envase de bombones de fabricación cubana

Envase de bombones de fabricación cubana. Circa 1960s. Colección Cuba Material.

Cuba por Andrew Moore

Detalle de “Campana”, por Andrew Moore. Imagen tomada del website del artista. Fechada entre 1998 y 2002.

Andrew Moore: Fotografías – Cuba.

(H/T Penúltimos Días)

las aceras de La Rampa

Obra de Amelia Peláez. Imagen tomada de El imparcial Digital.

En El imparcial digital, por el Arq. Cheo Malanga: Los mosaicos de La Rampa:

(…) Los mosaicos artísticos de La Rampa fueron realizados en granito integral por la empresa cubana “ORNACEN”, con la intervención de los arquitectos Fernando Salinas y Eduardo Rodríguez. Son 15 diseños originales de algunos de los artistas plásticos más significativos de la época que se van repitiendo desde la Calle J hasta la Calle Infanta, alcanzando la cifra de 180 mosaicos. (…)

Otro post habla de un nuevo proyecto para extender los mosaicos de La Rampa a otro tramo de la avenida 23, en el que participaron artistas contemporáneos: Arq. Cheo Malanga: Mosaicos de La Rampa II:

En octubre de 1963 se celebró en La Habana el VII Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), ocasión para la que se construyó el Pabellón Cuba, se transformó la funeraria Caballero en Casa de Cultura, se hizo las dos paradas del Coppelia, la fuente de la cascada de 23 y Malecón y se remodelaron las aceras de La Rampa con la inclusión de mosaicos de importantes artistas cubanos…

Ver también Arq. Cheo Malanga: Mosaicos de La Rampa III.

Obra de Wifredo Lam en la acera de La Rampa. Imagen tomada de El imparcial digital.

Galería A55, proyecto que busca financiamiento en Yagruma (video)

 

“Galería A55”, un nuevo proyecto en Yagruma propuesto por Minerva, pretende “demostrar la influencia que ejerce sobre nosotros el medio en el que habitamos”. Para ello convertirá las áreas comunes de un edificio de microbrigadas en el barrio habanero de Alamar (el edificio número A55) en una galería de arte por un día:

Todo esto ocurre en un edificio de 12 plantas en Alamar, modelo copiado de la Europa del este, terminado en el año 1980, donde muchos de sus largos, estrechos y oscuros pasillos no han sido pintados desde entonces. Es casi un pueblo vertical con sus 139 apartamentos, donde, en la mayoría, cohabitan tres generaciones. El espacio común es grande, pero la precariedad con que se vive en la Cuba de hoy, apenas alcanza para garantizar algunas cuestiones básicas, por lo que el interior de esta enorme caja habitada es un oscuro y tenebroso laberinto por el que diariamente transitan los seres que conviven y algún que otro visitante. Tiene records de suicidio, entre ahorcados y gentes que se lanzan al vacío, peleas con cuchillos, delincuentes y hasta homicidios en primer grado. Paradójicamente también conviven artistas y otras personas con ciertos éxitos laborales, pero nada enuncia señales de cambio.

Esperamos que encuentre financiación.

Exposición: “Designing post-communism: Recent political imaginaries in Cuban contemporary art” (video)

 

El pasado 6 de julio se inauguró en Collage Gallery, Miami, la exposición Designing Post-Communism: recent political imaginaries in Cuban contemporary art. Sobre la misma dice Diario de Cuba:

Obras como un videojuego que expone la moralidad pedagógica del “hombre nuevo”, fotografías sobre las ruinas soviéticas ocultas de la Habana, emblemas y discursos reapropiados de la propaganda socialista de los sesenta, son algunas de las estrategias por las cuales estos artistas trabajan con los restos de la utopía.

Curada por Gerardo Muñoz, esta exhibición busca articular la relación entre los imaginarios socialistas y sus respectivas reconstrucciones desde el arte contemporáneo a través del diseño y las ideologías políticas.

más…

Pueden leer aquí los textos (en inglés) de Gerardo Muñoz, curador de la exposición, e Iván de la Nuez, crítico de arte, escritos para el evento. Éste, según Muñoz, juega con el gran interés que el comunismo, más que cualquier otro experimento social del siglo XX, puso en la imagen visual, la que llegó a ser mucho más importante, incluso, que la producción de bienes de consumo. Las obras expuestas constituyen, desde esta perspectiva, una reflección crítica sobre el pasado.

Gracias a Walfrido Dorta por el enlace.

Ernesto Oroza, las derivas del plástico y la arquitectura de la necesidad

Imagen que muestra las modificaciones del plástico tomada del website de Ernesto Oroza y exibida en el 2011 en INOVA.

Sobre las investigaciones de Ernesto Oroza en torno a los objetos y sus metamorfosis trató su exposición en INOVA en febrero del 2011. Las derivas del plástico fueron mostradas allí (de ellas también habló en una entrevista publicada en el tabloide que acompañó al evento, publicada previamente en Francia, 2010). Estas derivas, así como las soluciones que los cubanos han hallado para paliar la escasez material, aparecen recogidas en sus crónicas de las “arquitecturas de la necesidad” y “desobediencia tecnológica”, prácticas de canibalismo tecnológico que, según Oroza, son consumadas por “hordas de buscadores de plástico” que alimentan con este material un “monstruo que expele pequeñas cabecitas de Batman por el otro lado”. Dice Oroza que, muchas veces, las familias conviven con estas máquinas en el interior de sus viviendas, convirtiendo las habitaciones en plantas industriales en donde se producen objetos utilitarios como interruptores eléctricos, y en donde las mesas de noche hacen las veces de cajas de herramientas.