sillones de portal

Sillones de portal. Nuevo Vedado, Habana. 2003

De niña detestaba los sillones de portal. Me parecían muy cubanos y de muy poco glamour. Eran, además, muy toscos como mobiliario de interiores, habiendo sido pensados para el exterior. Sin embargo, crecí, heredé un apartamento, y con él dos de estos sillones, que al portal fueron. Encontré en una revista de decoración una combinación de colores que me pareció decente, y con unos pigmentos que mi abuelo conservaba y una lata de pintura blanca de aceite que compré, con dólares, en la shopping, pude adecentarlos. Cuando, en el año 2000, viajé a la Ciudad de México, mi esposo los redecoróy para darme la bienvenida y desde entonces adornaron mi portal.

1 comentario
  1. Maria A Cabrera Arus
    Maria A Cabrera Arus Dice:

    Recibí este comentario por correo electrónico:

    Es interesante como funcionan las asociaciones. Me ha pasado otras veces que cuando los amigos se ponen a recordar sobre las cosas en Cuba, quizas por todavia ser tan frescas y no considerarlas “perdidas” del todo, no me causan interes. Pero siempre aparece un detalle que me activa la nostalgia y me conecta de una manera diferente de nuevo, con todo lo demas. Esos fueron los sillones de tu blog!!! Como los de mi abuelo!!!
    La casa de mis abuelitos fue tambien un lugar muy especial. Los objetos tan aparentemente modernos y sofisticados eran, en realidad, de los 50s. Se construian para toda la vida y tenian un encanto del que carecian los productos del CAME. Pero tambien fueron la ultima aportacion capitalista, hasta los annos 90s. Y ya para entonces las reglas del mercado internacional habian cambiado y predominaban los objetos efimeros. Esto, y la imposibilidad de comprar cosas de buena calidad en la Isla, conyevo a que todo se rompiera o se desapareciera antes de volverse mitico. Esa memoria fue borrando. Se trata tambien de una triste combinacion entre la falta de carisma de los objetos mas recientes y, como bien tu dices, el hecho de ya no ser ninnos… Ahora volvemos a estar rodeados de objetos capitalistas, pero acaso podremos dejarnos encantar por ellos, nuevamente? Habra que preguntarle a nuestros ninnos dentro de un par de annos 🙂

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