polainas

Banda de música con polainas. 1980. La Habana.

Mientras estudiaba en la escuela primaria, participé varias veces en eventos interescolares de bandas de música en las que siempre me tocaba tocar el triángulo. Pensaba entonces que se trataba de un instrumento musical inventado para paliar la escasez material que caracterizaba la vida en la Cuba de mi infancia, pero hoy sé que participa en ciertos ritmos brasileños y de la Luisiana, así como también en algunas sonoridades del rock y hasta Mozart y Beethoven lo incluyeron en sus sinfonías.

Volviendo a aquellas bandas de música en las que participé en mi infancia, recuerdo que todos los estudiantes llevábamos traje blanco de aspecto militar. En las fotografías de entonces todos lucimos igualitos, como si nuestros padres hubieran comprado aquellos trajes en el mismo centro comercial o los hubieran encargado al mismo productor. Sin embargo, me cuenta mi mamá que era ella quien cosía mis uniformes de la banda de música, adornándolos con botones dorados que aún podían comprarse en las tiendas estatales y con un cordón del mismo tono que le quitó a algún cojín o bata de casa de “antes de la revolución”.

Del uniforme de las bandas de música, lo que más me gustaba eran las polainas blancas, lo más parecido a un par de botas que alguna vez calcé en Cuba. Para que yo tuviera las polainas que requería el reglamento de la banda de música, mis padres compraron un pliego de vinyl blanco en un taller de tapizado de automóviles, cerca del Malecón, y le encargaron a un talabartero de la zona que me fabricara un par. El gorro lo construyó mi mamá con cartulina blanca y remates de papel dorado. Yo sólo tuve que golpear el triangulito y posar para las fotos que mis padres me hicieron.

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