Pastorita y la Lotería Nacional

Billete de lotería, 1951.

Cuando aún se encontraba enamorado de la revolución cubana, Sartre intentó explicársela al mundo, deteniéndose a explicar incluso el contubernio entre los dineros de la Lotería Nacional y el Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas (INAV), fundado el 18 de febrero de 1959 bajo la dirección de Pastorita Núñez. Desde entonces, los billetes de lotería pasaron a llamarse Bonos de Ahorro y Vivienda.

Cuenta el francés que, enterados del decreto que abolía el juego y la prostitución en Cuba, croupieres y prostitutas se presentaron en el Habana Libre (todavía Habana Hilton), donde Fidel Castro tenía sus oficinas por entonces. Castro les prometió dejar para más adelante los asuntos de orden moral, una vez que tuviera un trabajo diferente que ofrecerles a estos padres y madres de familia, prohibiendo inicialmente sólo las máquinas de juego (traga monedas) y el proxenetismo. El Instituo de la Vivienda se encargaría de administrar la lotería.

Con sus dineros se construyeron los edificios conocidos como Pastorita (pues Pastorita Núñez era la directora del INAV) que antecedieron a las microbrigadas. Los edificios Pastorita, construidos con la técnica de prefabricado, venían equipados con calentador de agua en cada apartamento y garage colectivo en muchos casos. Las paredes de los apartamentos estaban repelladas con yeso, los closets tenían puertas, las mesetas de la cocina formica, y todos poseían un amplio patiecito con lavadero y vertedero.

En uno de esos apartamentos crecí yo, compartiendo el edificio con otras 15 familias distribuidas en cuatro pisos y dos torres de escaleras. Supe por mi bisabuela que, cuando decidió dejar su apartamento de alquiler frente al parque Mariana Grajales para estrenar un reluciente apartamento Pastorita, pidió que el closet del cuarto principal abriera hacia el pasillo en lugar de hacia el cuarto, para que así su enorme escaparate de tres puertas cupiera en el dormitorio principal. Cada uno de los días que viví en aquel apartamento fui consciente de la singularidad de este closet.

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