olor a Cuba, entre la violeta y el smog

Perfume Fiesta

Perfume Fiesta. Hecho en Cuba. Colección Cuba Material.

La cubanidad no sólo se representa en el discurso, las formas del diseño y la materialidad o las representaciones artísticas y literarias. Algunos discursos nacionalistas nostálgicos también identifican ciertos olores con las maneras de vivir en la isla:

El de la tierra, húmeda tras un aguacero…

El del viento que arrastra los residuos de los cañaverales quemados…

El del jazmín del cabo, mariposa, gardenia y el galán de noche …..

El del frijol “colora’o” y el frijol negro humeando en la cocina…

El de la carne de cerdo asándose entre hojas de guayaba o plátano…

El del mar salpicando la piel en el Malecón de La Habana…

El del agua de violeta de los bebés…

El de las ropas húmedas y almidonadas, al ser planchadas…

El de la suave ternura del agua de coco…

El de los deliciosos postres de canela y vainilla. Arroz con leche, natilla, flanes, mantecados, boniatillos, toronja en almíbar, dulce de leche cortada, casquitos o mermelada de guayaba con quesito crema…

El de las frituras de bacalao, o de malanga, bollitos de carita…

El de los moros y cristianos, el congrí…

El de la sopa cocinándose con cilantro…

Pero el principal es, sin duda, el aroma del cafe colándose…

Pero sobre todo, [Cuba] huele a recuerdos, a tafetanes y tules, a rosas disecadas entre los libros.

Huele a Colonia 1800, a lavanda, a talcos, a romero para ennegrecer el pelo; huele a brillantina (¿Tres Flores o Palmolive?) en el cabello de los hombres; huele a jabón Candado; huele a añil, que es el color del cielo.

Escuché decir a unos turistas franceses que se alojaban en la casa de un vecino que rentaba habitaciones a turistas en el barrio de Nuevo Vedado, que La Habana olía a smog. No les creí, pues me parecía que la poca circulación vehicular de Cuba no podía causar tanta contaminación como para que un francés se percatara de ella, sobre todo porque imaginaba las narices francesas acostumbradas a los contaminantes de la modernidad capitalista. Sin embargo, la última vez que visité Cuba comprobé que los franceses no mintieron y que la carretera de La Habana a Matanzas, tan despoblada y vacía como está, no huele a valle, ni a montañas, ni a palmeras, ni a brisa marina, ni siquiera a los pozos de extracción de petróleo que por muchos años contaminaron el olor del tramo de carretera que pasa frente al Cayuelo, sino al más irrespirable smog.

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