monumentos mutilados y pedestales vacíos

Monumento al las víctimas del Maine. Vedado, Habana. Imagen tomada del blog “Lo que hay que ver de Cuba”.

La Habana de mi infancia, la de los tardíos 1970s y tempranos 1980s, no era una ciudad presumida, y lo hacía saber de muchísimas maneras. Sus espacios públicos se perdían entre edificios desteñidos y cubiertos de churre, estado que se extendía a detalles que alguna vez fueron hermosos como los paragüitas del ICAIC y el granito de las aceras de la Rampa. No, mi Habana no era una ciudad coqueta. Si se repasa su inventario escultórico, da la idea más bien de una ciudad ultrajada. Sobre todo, si se compara con la Habana que, ahora, levanta en las plazas y lugares públicos, cual figuras troqueladas, estatuas de John Lennon, del Caballero de París, de la Madre Teresa de Calcuta, de Berlioz y de Juárez, y hasta restaura el viejo monumento al Maine. Comparada con ésta, mi Habana era una ciudad de monumentos mutilados y pedestales vacíos.

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