compra y venta de casas

Casona en la esquina de las calles 8 y 11

Casona en la esquina de las calles 8 y 11 en el Vedado. Foto 2002.

Cuando visité Cuba en el año 2012, una vecina me comentó que estaba vendiendo su casa, una propiedad de dos pisos de arquitectura modernista en el barrio de Nuevo Vedado, con sótano sin construir y amplio patio de tierra. La casa en cuestión tiene, en la planta principal, una cocina pequeña, la sala, el comedor, una terraza trasera, un baño para invitados, y un car porch. En la planta superior se ubican los tres cuartos y dos baños de tamaño promedio. Uno de los cuartos tiene un balcón que da a la calle. Mi vecina aspiraba a venderla por 350,000 CUCs.

Por aquellos días también supe que una casa de dos pisos en el municipio Playa, sin patio, pero en excelente estado de mantenimiento, se vendía por un millón de CUCs. Me fui de Cuba con la impresión de que, tras más de 50 años sin un mercado inmobiliario libre, los cubanos se acercaban a éste como a la lotería. Por lo general, te pasas toda la vida comprando uno o dos billetes sabiendo que es poco probable que algún día te ganes el premio principal. Del mismo modo, para muchos dueños de viviendas poner en venta sus propiedades no era un negocio que pensaran cerrar en un plazo más o menos razonable, sino algo así como la compra de un billete de lotería, una botella que lanzaban al mar con la esperanza de que quizás algún día les tocara la suerte de dar con el comprador de sus sueños. A menos que se necesitara el dinero para salir del país, en cuyo caso los precios dejaban de ser escandalosos, lo demás era un juego de azar.

Cuando regresé al año siguiente, mi vecina aún vivía en su casa (todavía, creo, vive allí), y la del municipio Playa también seguía a la venta. Otras casas habían salido al mercado con precios que superaban el millón. Ese verano acompañé a una amiga de la infancia, que quiere cambiar su apartamento del Vedado por una casa más grande con terreno, a visitar algunas de las casas que se encontraban en venta. La casa de sus sueños posee las mismas habitaciones que la de ella, sólo que mucho más amplias y tiene, además, patio. La diferencia entre el precio que ella aspira a conseguir por la suya y la que desea son más de cien 100,000 CUCs. Este año acaba de apagarlos, sólo porque sus hijos puedan jugar en un patio antes de que terminen de crecer.

Sobre el mercado inmobiliario en Cuba, en Financial Times: Cuba: Home of the World´s Oddest Property Market:

It’s only 9am but it’s already 33C on the Malecón, Havana’s corniche, and my brain feels like a conch fritter. I’ve come to meet a man who we will call Rafael – because that’s his name. But that’s the only part of his name he is prepared to reveal. Rafael is an estate agent but he does not want anyone to know it. “Being an estate agent is illegal here,” he says.

(…)

Rafael, 44, wants to show me a penthouse for sale. He says it is worth $2.5m but no one, not even he, really knows the right price because no one has bought or sold houses here for 54 years. “The market changes wildly every day. It’s emotional,” he smiles.

If we do agree a price, Rafael will advise me not to buy the penthouse in the normal way. Instead, to avoid tax, I should pay him a nominal amount locally, say 20 per cent, and “deposit the rest in an account in Spain, please”. I must not talk about the true price because, under new laws, anyone caught lying about the price of property goes to prison. Also, I must not reveal the name of the lawyer who does the paperwork because working as a private property lawyer is illegal.

Undercover estate agents? A legal system that is illegal? Jail for lying about house prices – which everyone the world over does? Welcome to the oddest property market in the world. Welcome to Cuba.

(…)

First-in-a-lifetime buyer Guillermo Rey stands next to the scruffy portico of a four-bedroom, three-bathroom house in Vedado, Havana’s most high-end, fashionable district. The price, says the owner Rosa Marin, is 350,000 CUC, or convertible pesos, Cuba’s hard currency, which is roughly equivalent in value to the US dollar. She is selling because she wants to move into a smaller property “and buy my daughter a car, a good one, a Lada”.

(…)

Other overseas investors get around the restrictions by giving money to a Cuban friend, or more often, girlfriend, to buy a property – although, when the deal is completed, some swiftly discover that their girlfriend is no longer their girlfriend. “I took a risk and it failed,” sighs one Dutch-born investor, whose $400,000 “home” in the fashionable Kholy western suburbs is now home to his former girlfriend and her extended family who cannot believe their luck – and his naivety.

Descargar el texto en PDF aquí.

h/t InCubadora.

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