Ernesto Oroza: desobediencia tecnológica, de la revolución al revolico

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Foto 2012.

Ernesto Oroza, Desobediencia tecnológica: De la revolución al revolico:

Revolución

“Obrero construye tu maquinaria!” fue la invitación que Ernesto Guevara, el Ministro de Industrias, lanzó a los participantes de laPrimera Reunión Nacional de Producción en agosto de 1961. La frase fue el primer impulso ideológico al movimiento nacional de innovadores e inventores cubanos que se habían agrupado desde 1960 en los Comités de Piezas de Repuesto. Dos años y medio después (1963) queda fundada la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores(ANIR) con el propósito de organizar el movimiento y darle un carácter institucional. Pero la situación que provocó la creación de la ANIR fue la confluencia del deterioro de las industrias y la salida masiva del país, desde inicio de 1960, de ingenieros, técnicos y obreros calificados que buscaban continuidad laboral en suelo estadounidense con las empresas para las cuales habían trabajado en la isla.

El nuevo gobierno nacionalizó las empresas extranjeras y convocó a los obreros como los nuevos “dueños” del parque productivo de la nación y los invitó a asumir la creación de piezas de repuesto y las primeras tareas de reparación. Maquinarias rotas parecían por esos días el enemigo mas temible de la patria. Un torno sin husillo, una sierra sin volantes, moldes desgastados, cientos de artefactos mutilados aterrorizaban como zombis descuartizados el devenir de la nueva sociedad. Los espacios vacíos en las máquinas paralizaban el engranaje de la revolución. Los obreros comenzaron a llenar esos vacíos y lo hicieron tantas veces y durante tantos años que muchas de esas maquinas poseen hoy más piezas hechas por ellos que piezas originales. En el argot popular de los talleres se renombró estas máquinas alteradas o totalmente rehechas como criollas. Si un ingeniero exilado en EUA hubiera regresado a la isla 10 años después, ya no sería un experto. Las vísceras de los aparatos de tecnología norteamericana que el conocía muy bien habían sido sustituidas por otras más toscas y ruidosas, pero igualmente productivas.

He seguido a algunos de estos primeros innovadores cubanos y he notado recurrentemente que a lo largo de su vida dejan una estela de invención que ha transformado todo. No se trataba únicamente de reparar las maquinas que usaban en las fabricas, sus tareas debieron comenzar en los hogares que devinieron los verdaderos laboratorios de invención. El mismo obrero, que arreglaba el motor de un avión de combate soviético MIG15 le fabricaba a su esposa unos portarretratos con clavos, espejos e hilos o hacía un encendedor eléctrico con una bombilla y un bolígrafo cuando ya empezaban a escasear los fósforos.

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Y esta es la paradoja: la desobediencia tecnológica, que nace como una alternativa que la revolución estimuló, devino el principal recurso de los individuos para sobrevivir la ineficiencia productiva de la revolución comunista. El mismo obrero que ha usado por años su imaginación para ayudar a que la revolución no se detenga, la ha usado también para resistir las duras condiciones de vida que el ineficaz gobierno revolucionario le impone.

Acumulación

Durante los primeros meses de 1970 la desolación cubrió la red comercial del país. Los obreros, que ya habían vivido 10 años en revolución, vieron como una década de esfuerzos no resolvía los problemas de la vida cotidiana. En el ámbito familiar se desató un comportamiento preventivo que ha permanecido en la base organizativa del fenómeno creativo cubano: la Acumulación. La desconfianza en el éxito de la revolución convirtió cada espacio de la casa en un área de almacén y cada materia u objeto, o fragmentos de este, devino sujeto de la acumulación. Con este simple y primer gesto se cuestionaron radicalmente los procesos y lógicas industriales, revisándolos desde una perspectiva artesanal. Todo objeto podía ser reparado o reusado en su mismo o en otro contexto. La acumulación, que es un gesto manual, separó al objeto occidental del ciclo de vida asignado por la industria y pospuso el momento de su desecho insertándolo en una nueva línea de tiempo. Este primer desacato organizó e inscribió su propia noción de tiempo al fenómeno productivo cubano que he denominado Desobediencia Tecnológica.

Cuando los individuos conservaron los objetos guardaron también principios técnicos, ideas de unión y arquetipos formales. En cada momento crítico escarbaron mentalmente en su stock para encontrar la cosa exacta que guardaron con previsión. Cuando faltó la luz, cuando se rompió el ventilador o se fracturó la primera silla, la familia escuchó susurros provenientes de los patios, de abajo de las camas, de los oscuros rincones de la sala donde habían guardado todo tipo de cosas. Pedazos de sillas completaron a las recién rotas. El viejo y deteriorado farol de kerosene (Eagle) reapareció cuando los apagones azotaron la isla. Un envase metálico para leche condensada con unos frijoles secos en su interior sirvió de juguete sonoro a mi hermano mayor, en ese momento recién nacido.

En la década siguiente y por el reforzamiento de las relaciones estratégicas y económicas con la URSS el país pareció salir de la crisis. Los intercambios económicos con el Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON) instauraron en la isla la estandarización. Todos los cubanos conocieron un solo tipo de refrigerador (Minsk), dos tipos de TV (Caribe y Krim), un único ventilador (Orbita), dos generación de una misma lavadora (Aurika). Siete tipos de envases sostenían los intercambios con la Europa comunista, se enviaba dulces de papaya a cambio de peras en sirope a Bulgaria. En la misma botella que se envasaba Vodka en Rusia se distribuía el Ron en la Habana. La base material burguesa pre-revolucionaria se mezcló con sistemas de objetos estandarizados. La industria comunista priorizó las producciones con fines sociales. Las sillas eran las mismas en todas partes. Las acumulaciones en los hogares también recibieron aires de estandarización. Que todos guardaran lo mismo favoreció el asentamiento de un lenguaje técnico común y estandarizó también las soluciones, las ideas de reparación. La racionalización y estandarización dotaron de un patrón al sentido común y este hecho tuvo su efecto posteriormente. Anos después había objetos ingeniosos producidos por cientos de personas al mismo tiempo pero en diversos lugares. La estandarizada bandeja de aluminio usada en los comedores escolares y obreros de toda la isla devino la única antena de televisión posible en la isla. ¿Como fue posible una expansión así? ¿Hubo una primera antena que inspiró a todos? ¿O la antena fue una conjunción fatal de necesidad, estandarización y astucia vernácula? Ciertamente la bandeja era el único pedazo de metal accesible y las antenas normales habían desaparecido del mercado muy prontamente tras la crisis.

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Desobediencia

Al principio del Periodo Especial los cubanos creaban sucedáneos instantáneos, objetos o soluciones provisionales que le resolviesen sus problemas hasta la desaparición de la nueva crisis. Con los años, y por la continua escasez, ganaron confianza e hicieron frente a todos los problemas de la vivienda, el transporte, la vestimenta, los electrodomésticos. Es decir, las prácticas productivas de los primeros años 90’ eran solo reparativas de una realidad material destruida e insuficiente pero esto fue solo la antesala del fenómeno creativo mas espontáneo y revolucionario de la nación en toda su historia.

Mientras reinventaban su vida, algo inconsciente se perfilaba como una mentalidad. De tanto abrir cuerpos el cirujano se desensibiliza con la estética de la herida, la sangre y la muerte. Y esa es la primera expresión de desobediencia de los cubanos en su relación con los objetos: un irrespeto creciente por la identidad del producto y la verdad y autoridad que esta identidad impone. De tanto abrirlos, repararlos, fragmentarlos y usarlos a su conveniencia terminaron desestimando los signos que hacen de los objetos occidentales una unidad o identidad cerrada. No se atemoriza el cubano con la autoridad emanada de ciertas marcas como Sony, Swatch o la propia NASA. Si está roto él lo arreglará. Si le sirve para reparar otro objeto también lo tomará, a pedazos o íntegramente. El desacato ante la imagen consolidada de los productos industriales se traduce en un proceso de desconstrucción, de fragmentación en materiales, formas y sistemas técnicos. Es como si al tener un conjunto de ventiladores rotos los entendiéramos como un conjunto explotado de estructuras, uniones, motores, cables. Esta liberación, que reconsidera lo que entendemos como materia prima o incluso materia semifinis para rebasarlas con la idea de materia objeto o materia fragmento de objetos, hace cierta omisión del concepto objeto en si mismo, en este caso del ventilador. Es como si el individuo en la isla tuviera la capacidad de no ver los contornos, las articulaciones y signos que semióticamente hacen el objeto, y solo viera un cúmulo de materiales disponibles que son usados ante cualquier emergencia. El proceso remite a la idea del objeto transparente que Boris Arvatov enunció en los albores del produccionismo. Arvatov se refería a lo que debía ser el objeto socialista en oposición al hermetismo del objeto suntuoso burgués. Sin embrago los cubanos ven “a través” de todos los objetos sin importar su procedencia ideológica. La crisis profunda e interminable dotó al individuo de una destreza especial. Si un objeto se rompe, no importa si es un objeto capitalista o socialista, se torna invisible como objeto, para mostrarse como una relación de partes.

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Para adéntranos en los procesos que dan sentido a la desobediencia tecnológica comentaré a continuación algunas ideas sobre prácticas como la reparación, la refuncionalización y la reinvención, todas ellas con un grado de subversión elevado. En primer lugar, por la reconsideración del objeto industrial desde un ángulo artesanal. En segundo lugar por la forma en que niegan los ciclos de vida de los objetos occidentales prolongando en el tiempo su utilidad, ya sea dentro de la función original o en nuevas funciones. En tercer lugar porque al aplazar la acción consumo, pero satisfaciendo las demandas, devienen dichas prácticas formas productivas alternativas.

Veamos concretamente el caso de la reparación. Esta práctica es la más extendida, se expresa en la escala familiar y en la estatal. Como muchos de los objetos electrodomésticos en Cuba provenían de producciones masivas y estandarizadas las soluciones de reparación se estandarizaron impulsando la creación de un enorme sistema de piezas de repuesto. El gesto más desobediente de la reparación es la capacidad de inmortalizar los objetos conservándoles sus funciones originales. …

La re-funcionalización es el proceso mediante el cual nos aprovechamos de las cualidades (materia, forma, función) de un objeto desechado para hacerlo funcionar de nuevo en su contexto o en otro nuevo. …

La reinvención, de las tres prácticas mencionadas, es la que contiene más actos de desacato ante la cultura industrial y el contexto. Puede ser entendida como el proceso mediante el cual creamos un objeto nuevo usando partes y sistemas de objetos desechados. Los objetos reinventados se parecen a los inventos originales, por la austeridad y desfachatez con que son utilizadas y articuladas sus partes. Las reinvenciones muestran objetos transparentes, sinceros y en proporción en términos de inversión material y simbólica con la necesidad que los provocó. Conservan también el conjunto de gestos manuales, conceptuales y económicos que el operador-creador les añade. …

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Para concluir con la desobediencia tecnológica en Cuba debo aclarar que su existencia no solo tiene que ver con el rechazo y trasgresión de la autoridad de los objetos industriales y los modos de vida que ellos contienen y proyectan. Ella encarna sobre todo un desvío ante las asperezas económicas y las restricciones dominantes en el contexto cubano. Por tanto, la desobediencia que he nombrado tecnológica en el marco de este texto, tiene imbricaciones y variantes en lo social, lo político y económico, por lo que puede ser denominada también con esos apellidos. Es una interrupción al estado de tránsito perenne que impone occidente y al estado de tránsito al comunismo, también interminable, que propone la oficialidad en la isla.

Revolico ( un epílogo provisional)

Hace 5 años, en 2007 apareció www.revolico.com, una pagina web para que los cubanos (los escasos que acceden a internet) hagan sus ventas de casas, autos, y bienes de toda índole. El nombre no podía ser más acertado, la Revolución devino un Revolico. Dicha web es un deposito de descripciones y anagramas, un extenso desglose de artefactos, especialmente de autos híbridos: “Vendo Fiat 125, 1974. Con Motor original en perfecto estado; caja de velocidad 5ta de SEAT; carburador de NISSAN V-12, butacas delanteras de TOYOTA YARI; pizarra de LADA nueva, con todo funcionando; CD player SONY con 4 bocinas y cloche de PEUGEOT todo nuevo…”. Las terminologías y convenciones vernáculas usadas por los usuarios de Revolico son indicativas de un movimiento y un lenguaje de resistencia consolidado. El propio Fidel Castro reconoció los artefactos cubanos como enemigos y los nombro “monstruos devoradores de energía” durante una presentación de objetos electrodomésticos chinos que llegaban a Cuba para sustituir los ventiladores, cocinas y refrigeradores que el pueblo había creado para resistir su ineficiente dictadura.

Además de revolico.com y de aquellos discursos de Castro hay otros espacios que se han hecho eco de las desobediencias tecnológicas, hablo de la prensa oficial y los documentos y declaraciones legales que el estado decreta en su desespero por controlar el torrente de iniciativas individuales. Primero hallé prohibiciones descriptivas como el articulo 215 de la Ley No. 60 del Código de Vialidad y Tránsito: “Se prohíbe la construcción de vehículos y, por tanto, su inscripción en el Registro, mediante el ensamblaje de partes y piezas nuevas o de uso, cualquiera que fuere el título de adquisición de las mismas”. Después encontré notas en la prensa oficial donde algunos periodista del régimen describen con términos peyorativos y dramatismo cuanto perjudican los Rikimbilis a la salud y la ciudad. Los Rikimbilis eran, inicialmente, bicicletas a las cuales les añadían motores de aparatos de fumigación, bombas de agua o de sierras manuales, pero el termino permite nombrar hoy todos los artefactos rodantes hibridados y reinventados en la isla. Una de las notas de prensa que guardé denuncia el robo de señalizaciones del transito para construir las carrocerías de estos artefactos.

Pero hay algo nuevo que supera las descripciones de las notas de prensa, de los documentos legales y de Revolico. Hace algunos meses el estado ha lanzado un decreto ley que permite re-circular aquellos autos destruidos por un choque, corrosión o abandono. Cuando un auto, por estos motivos, salía de circulación resultaba imposible incorporarlo nuevamente a la vía. El nuevo decreto permite inscribir autos si se conserva un 60 por ciento de sus rasgos originales. Esto abre un umbral del 40 por ciento a la fantasía técnica y formal. Las personas en la calle nombran estos autos como “60 por ciento” pero creo que la denominación mas adecuada sería la de “40 por ciento”. Desde ahora el fenómeno empieza por demandar nuevos tipos de expertos. En los años venideros habrán expertos del 60 por ciento compitiendo con expertos del 40 por ciento. En las narrativas legales encontraremos truculentas maravillas. La batalla de por cientos que tomará lugar en el cuerpo de los autos tendrá un impacto en el cuerpo de la ley general del tránsito. ¿Quién y cómo definirá las fronteras legales y físicas entre el 60% y el 40%? En marzo pasado hallé un Peugeot 404 diseñado en 1962 por Pininfarina. El auto muestra el 60 por ciento del diseño original, al menos teóricamente, el 40 por ciento restante no puede ser adjudicado al diseñador italiano. Los nuevos encuentros y líneas que aparecieron en el maletero, los sistemas técnicos ahora híbridos, los plexiglases de colores que sustituyen las ventanas, los guardafangos inflamados entre otras alteraciones conforman el 40% restante.

Creo que las líneas de este auto evocan ahora una aerodinámica vernácula divertidamente especulativa y utópica. La forma de un auto, cuando su fabricante es serio, es también un diagrama de la velocidad, la resistencia del aire, las turbulencias y otras fuerzas del universo sobre el automóvil. Si damos por sentada esa relación y la invertimos, al cambiar la forma del Peugeot estaríamos diagramando y proponiendo las leyes físicas de un nuevo universo. Esta propuesta dejaría de ser delirante si se propone como un modelo de interpretación del caos que provocaran estos autos en su encuentro con la reglas del universo legal.

1 comentario
  1. Bebe
    Bebe Dice:

    buen dia acabo de enterarme de tu web y la verdad es que me parece genial no sabia de mas personas interesadas en estos temas, aqui tienes un nuevo lector que seguira visitandote constantemente.

    Responder

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