Eduardo del Llano: La cultura del sucedáneo

Jarro de beber hecho con un pomo de detergente líquido. Tomado de la página de Ernesto Oroza.

Eduardo del Llano: La cultura del sucedáneo:

No tenemos originales.

No tenemos las piezas correctas.

Es normal que alguien empiece a azulejear su baño con losas azules y de pronto se acaben las de ese color y haya que cerrar el hueco con losas verdes.

Es de lo más común que vayas a cocinar un plato y de los diez ingredientes de la receta original sólo haya tres a tu alcance, y debas conformarte con sucedáneos. Digo más: mucha gente no conoce otra cosa que los reemplazos.

En materia de piratería de audiovisuales no hay quien nos gane. Prácticamente ningún cubano ha comprado un CD o un DVD originales en su vida. Se cuenta que en los días del concierto por la paz, Juanes va a almorzar al Aljibe y un tipo se le acerca, elogia su música y luego añade entusiasmado: “compadre, yo le estoy superagradecido. Mi negocio es de discos quemados, y usted no me creería la cantidad de dinero que he hecho vendiendo discos suyos”. Dicen que Juanes no sabía si reírse, estrangular al tipo o ponerle una demanda. Terminó riéndose, supongo.

Estamos tan acostumbrados a copias y soluciones emergentes que nos costaría y nos cuesta movernos en un mundo en que los originales son accesibles y las pequeñas soluciones se compran y no se agotan. Conocí a alguien que sobrevivió los años duros comiendo croquetas de pescado; de pronto le cayó una buena cantidad de dinero, fue al mercado y compró… muchísimas croquetas de pescado.

Es incalculable la cantidad de autos con piezas de otros autos, cuando no francamente inventadas, que circula por nuestras calles. Se desploma un balcónart nouveau y en su lugar se construye uno de concreto. No hay casa sin un ventilador adaptado, sin una llave de agua, una pata de mesa, una bombilla de traza y modelo diferentes al resto, sin una reproducción de Lam, Mariano o la Mona Lisa. Si aquello de que la materia no se crea ni se destruye sino que se transforma no hubiera sido formulado o necesitase confirmación adicional, una casa cubana convencería al más escéptico.

Nuestra prensa es un sucedáneo. Nuestro Parlamento, con voz y aplausos eternamente unánimes y escasa representatividad -¿alguien cree en serio que esa gente vela por nuestros intereses?- también. Nuestros días son días a medio hacer, opacos y apenas funcionales. La verdad, ya no hacen los días como antes.

Este país necesita originales.

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