Concentración Campesina

Recibo entregado por la Comisión Organizadora de la Concentración Campesina

Recibo entregado por la Comisión Organizadora de la Concentración Campesina. 1959. Colección Cuba Material.

El 26 de julio de 1959 tuvo lugar en la Plaza Cívica de La Habana la Concentración Campesina, “the greatest drama that Cubans had witnessed since the fall of the dictatorship itself” (Guerra 2012:67). Un millón de campesinos visitaron La Habana para asistir a este simbólico evento, siendo alojados en casas de habaneros. De la Concentración, cuenta Ambrosio Fornet que “La Habana se llenó de sombreros de yarey y escarapelas con la visita de miles de campesinos que descubrían asombrados los bombillos y el teléfono” (2009:354). Sombreros, escarapelas y guayaberas que, dice Lillian Guerra, los organizadores del evento mandaron a producir, en cantidades y a una velocidad extraordinarias, a los trabajadores de la industria textil, a “substantially reduced cost” (p. 70). En cuanto a los sombreros de yarey, fueron vendidos “to the wealthy and middle-class residents of Havana who were then expected to give them away” (p. 70) a sus visitantes. Como parte de esta campaña mediática, Cubana de Aviación “took out a large ad featuring a joyful peasant wearing his yarey  hat and linen guayabera, hands thrown up in the air: ‘Brother peasants,’ the ad announced, ‘Habana is yours; feel that the home of habaneros where you are staying are your own homes. . . . At this moment in Cuba, there is no one more important than you.’” (Guerra 2012:71). Asimismo, “clothing stores like Fin de Siglo and La Filosofía also advertised special discounts for the guajiros, while a restaurant named La Pasiega boasted of donating ten thousand plates of macaroni to the nation’s distinguished guests” (Guerra 2012:71).

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Sobre la Concentración Campesina y la contribución de los habaneros, en Lillian Guerra (2006) “Una buena foto es la mejor defensa de la Revolución.’ Imagen, Producción de Imagen y la Imaginación Revolucionaria de 1959.Encuentro 46:11-21:

Traer medio millón de campesinos a La Habana requería un estimado de cinco millones de dólares en transporte, alojamiento y comida para los visitantes, muchos de los cuales no habían viajado nunca fuera de su provincia de origen, por no mencionar que no habían visitado nunca la capital. En algunos casos, los campesinos que iban a La Habana nunca habían salido de sus pequeños pueblos rurales. Al igual que la Reforma Agraria, el éxito de la visita de los guajiros a La Habana dependió, en primera instancia, de la generosidad financiera, del trabajo voluntario, y del apoyo organizativo de la clase media habanera. Igualmente significativa fue la organizada clase obrera habanera que voluntariamente donó en la fábrica su tiempo y, en algunos casos, su salario. Al final, el Gobierno nacional contribuyó, si es que lo hizo, con muy pocos fondos. . . .

Las familias pudientes abrieron sus puertas a cerca de 150.000 visitantes campesinos que no habían conocido antes. La Confederación de Trabajadores de Cuba, el sindicato más grande de Cuba, alentó a los trabajadores a donar un día de salario para la Reforma Agraria y a ofrecer alojamiento a los guajiros. Los estudiantes de la Universidad de La Habana, el personal del Ministerio de Hacienda, clubes de Rotarios y revistas como Carteles, prometieron proveer a 250.000 campesinos adicionales de un lugar donde quedarse en campamentos improvisados sólo para el evento. Los panaderos planearon hacer nueve millones de barras de pan para los desayunos y meriendas de los campesinos. Las compañías de gas acordaron donar combustible para su transportación y los ferrocarriles privados donaron 250.000 billetes gratis para hacer posibles los viajes desde las regiones más apartadas de Cuba.

Igualmente significativa fue la proporción en que los organizadores y los contentos residentes habaneros aseguraron que el espectáculo de la invasión guajira a La Habana fuera un éxito, tanto a nivel simbólico como personal. De esta forma, los trabajadores de la industria textil se ofrecieron para confeccionar, a un precio muy reducido, cientos de miles de guayaberas, las camisas tradicionales, supuestamente, usadas en el campo. Ostensiblemente, los residentes de La Habana esperaban que sus huéspedes campesinos «lucieran» como campesinos vistiendo guayaberas y el peculiar sombrero de yarey de ala ancha. Irónicamente, los campesinos ya no usaban sombreros de este estilo ni poseían guayaberas: la mayoría no podían ni pagarlas. Sabiendo esto, los organizadores movilizaron fábricas y comerciantes para vender las camisas y los sombreros a los residentes habaneros de clase media y adinerados, los cuales se esperaba fueran entregados como regalos de bienvenidas a todos los guajiros que se encontraran en las calles o que alojaran en sus hogares.

Además, los hoteles de cuatro y cinco estrellas ofrecieron cientos de paquetes vacacionales en sus habitaciones y suites, pagadas completamente, para los campesinos de Oriente, considerados los más pobres, los más olvidados, y los realmente heroicos por sus contribuciones al éxito de la lucha guerrillera. Miembros del Miramar Yacht Club, posiblemente el club social más exclusivo del país, proveyeron alojamiento en sus lujosos cuartos de huéspedes a treinta campesinos. Al final, ni los dueños de grandes extensiones de tierras, que habían sido el blanco de la Reforma Agraria, pudieron resistir el involucrarse. De acuerdo con Revolución, un grupo de hacendados pagó por 300 habitaciones en los hoteles Inglaterra y Plaza, en el corazón de la ciudad, así como un estipendio de tres pesos por campesino —¡lo cual resultaba ser mucho más de lo que ellos mismos ganarían trabajando en sus fincas! (Pp. 14-15)

Dice Graziella Pogolotti en el libro La mujer cubana en el quehacer de la historia:

El 26 de julio, después de la reforma agraria, hubo una concentración muy impresionante en la plaza de la Revolución en donde se hizo expresa la vinculación del campesino y su compromiso con la Revolución. Hubo un momento en que ellos juraron su fidelidad a la Revolución levantando el machete, el machete tradicional, todos lo traían, al aire. Y realmente eso fue un gesto gratuito porque después, cuando se constituyeron las milicias serranas, los campesinos se mostraron dispuestos a integrarse a la milicia y a defender la Revolución. La defendieron. (P.103)

Hay un detalle que la Dra. Pogolotti escamotea. No fue casualidad que todos los campesinos llevaran un machete. Así había sido previsto por los organizadores del evento. De modo que cuando éste fue blandido para reclamar el regreso de Fidel Castro al gobierno cubano no se trató más que de una representación previamente concebida.

También recuerda la Dra. Pogolotti:

Llegaron aquellos campesinos desnutridos–gente de 30 años que parecía tener 60, uno no tenía nunca la manera de calcular la edad de aquellos hombres destruidos físicamente, marginados totalmente de la vida moderna, muchos de ellos, que no conocían la electricidad, no conocían el cine; naturalmente, en una isla como ésta no habían visto el mar nunca en su vida. Entonces, iban al malecón y se quedan horas contemplando el mar. La gente realmente se estremeció. Se sintió culpable. Muchísima gente se sintió tremendamente culpable por haber tenido todo lo que tenía, poco o mucho, frente a aquella otra realidad que se presentaba de repente. (p.103)

Otros testimonios sobre la Concentración Campesina:

Los campesinos le piden [a Fidel Castro] que se mantenga en el cargo como primer ministro. Y entonces, es ante aquella masa que él pronuncia su discurso. Los campesinos le piden que se mantenga en el cargo como primer ministro y es inolvidable, inolvidable por completo, el aplauso que se produce chocando los campesinos sus machetes. Entonces el sonido, el sonido del choque de los machetes, de millares y millares de machetes al aire, chocando uno con otro, realmente yo creo que en la historia del mundo nunca se ha producido una cosa semejante. Era un sonido estremecedor, estremecedor. (Maruja Iglesias, p. 105) Cuando comenzaron a llegar los campesinos a La Habana . . .  es que uno puede recordar tantas emociones al mismo tiempo, uno se pregunta a veces ¿qué fue lo que más te impresionó? y no puede saberlo ¡eran tantas cosas! Aquel bullicio de los sombreros, todo el mundo con su sombrero, con su pañoleta . . . Todavía recuerdo la concentración de aquel año, con los machetes aquellos en las manos, “chas, chas” sonando por toda la ciudad. (Carmen Pola, p. 105)

Fidel Castro en su discurso del 26 de julio de 1959:

Porque ningún espectáculo hemos visto nunca, ni creo que nunca se haya visto, ningún espectáculo semejante al de esos machetes que se empuñan, al de esos machetes que se afilan, al de esos machetes que se rozan unos con otros. Este medio millón de machetes, este medio millón de machetes que se agitan y que hablan con la voz característica de su temple y de su filo, manejados por las manos vigorosas de nuestros campesinos; este medio millón de machetes levantados es el espectáculo más impresionante que hayamos visto en nuestras vidas, es el espectáculo más imponente que se ha visto, posiblemente, en ningún lugar del mundo; ese medio millón de machetes que convierten desde hoy, al machete en el símbolo de nuestra revolución. Si los criminales de guerra . . . pudieran ver a esos campesinos, que son los mismos a los que ayer criminal y brutalmente agredían descargando esos machetes sobre sus espaldas; si pudieran ver a esos campesinos que saben lo que son aquellos abusos felizmente desaparecidos para siempre; aquellos campesinos que antes tuvieron que soportar el plan del machete sobre sus espaldas de hombres nobles y trabajadores; si pudieran ver, sobre todo si pensaran por un minuto que estos campesinos que ahí están haciendo rechinar esos machetes son los mismos campesinos a los que estuvieron humillando, golpeando y dándoles plan de machete durante muchos años, desde el principio de nuestra república . . . es muy posible que desistirían de sus planes. (pp. 105-6)

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