Sello postal con el cosmonaut Arnaldo Tamayo

Guantánamo y la conquista del cosmos por la revolución

A Guantánamo, la tierra natal de Arnaldo Tamayo, el cubano que viajó al cosmos con Yuri Romanenko en 1980 gracias al programa Intercosmos, fueron a parar los objetos personales de éste, junto con el módulo de descenso de la nave Soyuz-38 que los devolvió a tierra. Ésta es la pieza principal de la muestra permanente de la sala dedicada al vuelo espacial conjunto URSS-Cuba en el Museo de Guantánamo. La muestra servirá, según declaró el ex-cosmonauta a Sol Visión, para “divulgar los éxitos científicos de la Revolución y educar a las nuevas generaciones”.

Pueden ver imágenes de los objetos que componen la muestra aquí.

Cuba: the Times are Changing, documental

 

Cuba, los tiempos están cambiando, documental de Aljazeera filmado en la Habana, 2011.

(h/t: Ariana Hernandez-Reguant)

Al final del camino, documental

 

Documental de Diddier Santos y Yaima Pardo sobre la tercera edad, los problemas y carencias que viven los ancianos en la Cuba de hoy, y el envejecimiento poblacional. Obra ganadora de dos premios en la Muestra de Jóvenes Realizadores del ICAIC, 2011.

(h/t: Diario de Cuba)

señales de tránsito

La Habana. Imagen tomada de Noticias 24.

En Cuba, hasta las señales de tránsito sirven para “resolver” (a todos menos al accidentado que nunca se enteró de que en aquella intersección existía un Pare, o que más adelante se incorporaría una senda a la avenida). La señal de Pare tapa ahora el tanque donde se almacena el agua con que se fregará la loza y se bañará la familia de los bajos, la señal que establecía el límite máximo de velocidad es también la bandeja donde la doctora hornea los merenguitos que vende por encargo, y con el Ceda el Paso se hicieron los aretes que mi mamá me mandó de regalo por mi cumpleaños, y los que le traje de regalo a mi amiga de la universidad. Las señales de tránsito más antiguas se venden a turistas y a cubanos que viven en el extranjero, ansiosos por llevarse un pedazo de una Habana que, lejos de ellos, se deshace. Hasta el concreto y las cabillas de algunas señales sirvió para que el pariente de la Lisa reparara las filtraciones del techo, la pareja del Vedado dividiera la sala para crear un dormitorio para el hijo, y la hija del general que murió hace unos años remodelara el garage y lo convirtiera en un pequeño estudio a donde se mudaría y desde donde manejaría el negocio de la renta a turistas de las habitaciones de la casa que heredó de su padre, donde quizás haya vivido el cubano-americano que cuelga ahora en la terraza de su casa en Coral Gables la señal que identificó la calle del Obispo.

Sobre el robo de señales de tránsito: Granma, Martí Noticias.

exvotos

exvotos

Imagen tomada de “Radio Nederland Wereldomroep Latinoamerica”.

Objetos que median, ruegan y suplican. Y también objetos que agradecen y pagan. Algunos de los exvotos que, a diario, dejan en El Cobre los peregrinos cubanos, aparecen recogidos en el calendario de 2012 de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. Rosa Ileana Boudet les dedica una entrada en su blog, Lanzar la flecha bien lejos.

jineterismo

jineterismo

Explanada del Capitolio. 2011.

Iván García abunda en los orígenes y significado del verbo jinetear, en Cuba. Transcribo algunos fragmentos, y enlazo el texto de Diario de Cuba aquí. El autor ubica los orígenes del término en la década del 80:

Pero el jineteo en Cuba es más que sexo. En sus inicios, quienes jineteaban eran los hombres. El verbo jinetear nació a mediados de los 80, y se refería a aquéllos que se dedicaban a la compra y venta de dólares en las calles, un bisne entonces ilegal.

En esa época, los jineteros cazaban a los turistas fuera de los hoteles para proponerles cambios de moneda a mejor precio que el ofrecido por el gobierno. Si la policía te pillaba, ibas cuatro años tras las rejas. Jinetear con divisas era un negocio suculento.

“Recuerdo que compraba los dólares a cuatro pesos. Luego a un estudiante africano le pagaba un dólar por cada dos que yo le daba, y éste me adquiría pacotilla: pitusas, zapatillas, camisas de bacterias o shorts reversibles en tiendas para técnicos extranjeros. Las ganancias eran descomunales. Uno compraba un par de zapatillas Cast en dos dólares (ocho pesos) y las vendía en 120”, recuerda Jorge, un jinetero ya jubilado.

Cuando en 1993 Fidel Castro despenalizó el dólar, la palabra jinetera acabó colgada en las despampanantes muchachas que se prostituían, primero en los barrios habaneros, luego en el resto de las provincias.

(…)

Existen jineteras en moneda dura y en pesos cubanos. Las hay de 15 años y de 40 o más. Desde las que cobran 40 cuc, hasta guajiritas apeadas la noche anterior del tren procedente de Santiago o Guantánamo, que se ofertan por 80 pesos. O menos.

También ahora jinetean chicos que se pasan seis horas haciendo pesas en un gimnasio particular. Travestis que madrugan por las avenidas. Y gays orgullosos de los nuevos aires que corren y suelen ofrecer sexo oral en escaleras.

El verbo jinetear llegó para quedarse. Y va más allá. Se utiliza cuando alguien se aprovecha de una persona con dinero y se le pega como una lapa para que lo invite almorzar o le pague unas cervezas.

En aquellos centros de trabajo donde es posible viajar al extranjero, jinetear consiste en “trabajarle fino” al tipo que da luz verde para “fastear” [viajar]. Si el jefe es intransigente, se le hace una brujería. Si es “fácil”, se le ofrecen regalos y promesas de compartir con él una parte del dinero asignado. Cualquier cosa con tal de que tu nombre aparezca en la lista de candidatos del viaje a China o a alguna otra parte.

En ocasiones, incluso, se jinetea a la propia familia. Se acercan los 15 de la hija o las vacaciones están al doblar de la esquina y se quiere pasar un fin de semana en un hotel. Como los familiares viven lejos, se les llama a cobro revertido o se les envían emails. De poco valen los sermones del pariente, de que la crisis económica es real y no un invento del Granma. Después de la descarga, el jineteo sigue en pie: “Mira a ver si puedes mandar algo, hazlo por tu sobrina que este año termina la secundaria”.

El gusto exquisito, documental

Pueden ver aquí el documental, en dos partes, El gusto exquisito, documental de Lluis Hereu (2001), filmado en La Habana, Matanzas, Trinidad y Santiago de Cuba y presentado en You Tube como “una mirada un punto tierna, pero ferozmente irónica, sobre la manera de acicalarse, de adornarse para gustar al otro, de algunos cubanos”:

 

un par de botas

Imagen tomada de “Por el ojo de la aguja”. 1 de mayo de 2012.

Una amiga de la autora del blog Por el ojo de la aguja enseña el par de botas que, como todos los que en su centro de trabajo se comprometieron a desfilar este primero de mayo, recibió a cambio.

(Ampliar aquí)

la materialidad y los Papas

Procesión del Via Crucis. La Habana, Cuba. 2012. Imagen tomada de El País.

Cuando parecía que todo lo que dejaría el Papa en la materialidad cubana no era más que la efímera imagen de su santa figura como tatuaje temporal en los espacios públicos de La Habana y Santiago de Cuba, este Viernes Santo, el primero que reconoce el gobierno cubano en cinco décadas, recorrió las calles habaneras la procesión del Via Crucis con su simbología cristiana. Si bien la visita de Juan Pablo II en 1998 en tanto “mensajero de la verdad y la esperanza” tuvo mayor impacto en el ámbito doméstico, permitiendo a los cubanos expurgar los relicarios ocultos en baúles y en closets y devolver a las paredes las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, Benedicto XVI, a pesar de ignorar a disidentes y de atenerse fielmente al programa oficial, ha devuelto a los cristianos, por un día, la calle que hasta entonces había pertenecido sólo a los revolucionarios. Y así, quizás porque solo con letra torcida suele escribir Dios, los cubanos han amanecido con un espacio público algo menos monótono.

transporte de alquiler

Carro de alquiler. Imagen tomada de SF Chronicle.

¿Habana?, le pregunto al chofer del lada-taxi con la ilusión de que llegue al final –o el comienzo- del recorrido habitual, el Capitolio a donde todos los caminos conducen, el inicio y el fin de Centro Habana y de la Habana Vieja, La Habana, a secas, a donde todos los caminos conducen menos los de los lada-taxis, aristocracia del transporte de alquiler, que sólo llegan hasta el Habana Libre. ¿Habana?, le pregunto esperando un milagro mientras desaparezco para el ahora disgustado chofer del lada-taxi, que acelera y desaparece para mí.

¡Habana!, grita el chofer del carroamericano mientras se detiene a unos metros de mí, y su voz se distorsiona alargando las aes con el calor de la tarde y el ruido del motor de petróleo, y me monto, todavía pensando en el chofer del lada-taxi. ¡Habana!, vuelve a gritar al pasar por la parada de la guagua, y su voz suena diferente desde adentro, y sube un hombre y se sienta y somos uno el hombre, yo y los dos señores que están a mi otro lado, un gran cuerpo que suda y tiene cuatro cabezas y dieciseis extremidades casi inmovilizadas. Un cuerpo que ha tomado la forma del asiento de atrás del carroamericano y que repite sus mismas sacudidas. Un cuerpo que se derrite en el camino a la Habana, al Capitolio, al mismísimo ombligo de esta horizontal isla, al kilómetro cero que marca un gran diamante ausente.

La Habana, 2001

colectivo dekuba, diseñadores industriales

Sillón Pompa. Colectivo dekuba. Imagen tomada de internet.

Sillón Pompa. Colectivo dekuba. Imagen tomada de internet.

Luis Ramírez y Miguel Garcés forman el colectivo dekuba que, hasta el 2008, ha estado diseñando muebles y accesorios domésticos.

dekuba you too

“You too”, por dekuba. Imagen tomada de internet.

Penúltimos Días: El lento tren cubano, por Michael Kerr

Tren local. Trinidad, Cuba. 1997.

En Penúltimos Días, El lento tren cubano, crónica del periodista de The Daily Telegraph Michael Kerr, publicada en 2012 y traducida por Gerardo Cartaya:

Si de trenes se trata, españoles y cubanos no hablan el mismo idioma. Para un español, un tren rápido es aquel que cubre los 595 kilómetros de Madrid a Barcelona en dos horas y media. Los cubanos no son tan exigentes. El día que yo viajé en él, su tren de alta velocidad se tardó 18 horas entre La Habana y Santiago (unos 860 kilómetros).

Lo tomé por una mezcla de aventura y cobardía. Sería una oportunidad de ver la campiña, conocer al pueblo y aprender algunas frases en español. También era preferible a tomar vuelos internos en aviones cuyo desempeño en el aire se rumoraba era “cuestionable”.

Yo había reservado con bastante anticipación. La empresa de turismo local hizo que —para protegerme a mí o a la seguridad nacional— su representante me acompañara en el taxi desde mi hotel hasta la estación. Sorteamos el trayecto entre bicitaxis, motocicletas y carretillas, y luego zigzagueamos entre las cajas de cartón que sirven de maletas a muchos cubanos.

Poco después de las 4 de la tarde abordé el tren. Debía partir a las 4:30. No se movió hasta casi las 6, que fue más o menos cuando vino a arrancar el aire acondicionado. Las luces, salvo una bombilla en cada extremo del coche, no se encendieron en absoluto.

La locomotora diesel y sus cinco vagones estaban tan mugrientos como cualquier tren de vapor. En el interior, sin embargo, las butacas de cuero rojo eran mullidas y me fijé que tenían palancas para reclinarlas. Los vidrios de las ventanas estaban opacos como papel encerado, pero de cualquier modo había muy poco que ver: camiones oxidados; vacas con las costillas a flor de piel; campos de arroz y caña de azúcar; chozas en ruinas, pero con una antena de televisión en el techo. Cuba era una llanura con esporádicas elevaciones: Norfolk con palmeras. (…)

Continuar leyendo en Penúltimos Días.

modernidad “a lo grande”

“Viva Cuba.” Vogue UK. Junio 2010.

El entorno material de Cuba sirvió de escenario a Vogue UK en el 2010. Antes, en los 90s, lo explotó Mango, la marca de ropa española. Éstos no son los únicos fotoshoots en los que el mundo de la moda internacional eligió a Cuba, pero sí los más famosos. Arjun Appadurai reconocería en ellos la incorporación de Cuba al imparable flujo de imágenes, ideas, dineros, tecnología y personas que dan cuerpo a nuestra modernidad.

(h/t Penúltimos Días)

Recibo de compra de refrigerador Admiral

refrigeradores

póliza de garantía de refrigerador Admiral

Póliza de garantía de refrigerador Admiral. 1952. Colección Cuba Material.

Publicado en la revista de artes visuales Heterogénesis: Good-by Rocco, por Jorge Perugorría y Juan Carlos Tabío:

Compañeras y compañeros:

Aquí yace, en contra de su voluntad, el compañero Rocco. Nace en Detroit en agosto de 1952, en la fábrica de la General Motors. En su más tierna infancia fue testigo de las confrontaciones sindicales y de las reivindicaciones raciales que sacudieron su ciudad de nacimiento, forjando así su inclaudicable espíritu de lucha.

Siendo aún muy jóven, junto a 250 hermanos suyos, es obligado a hacinarse en el vapor General Custer (primo del General Motors), arribando a la bahía de La Habana en enero de 1953. Aquí en La Habana es adquirido, como vulgar mercancía, en la tienda “El Encanto” por la familia Orozco, llevando a partir de ese momento una vida burguesa de abundancias durante la cual enfrió los más exquisitos manjares y licores. No es hasta cinco años después, en 1958, cuando Joaquinito, el benjamín de los Orozco, a la sazón estudiante de derecho en la Universidad de La Habana, comienza a esconder entre champanes y langostas, proclamas subversivas del 26 de julio, lo que provoca una retoma de conciencia del compañero Rocco y su inicio en la lucha revolucionaria, llegando incluso a acoger en sus entrañas a un compañero de Joaquinito perseguido por los Tigres de Masferrer.

Ya en 1960, los sobrevivientes de la familia Orozco, (incluyendo a Joaquinito) abandonan el país, y la mansión de los Orozco (y por supuesto el mismo compañero Rocco), pasan a ser propiedad del Estado.

Conectado activamente al voltaje de todos los procesos de transformaciones revolucionarias, el compañero Rocco participa en la Campaña de Alfabetización, Crisis de Octubre, Zafra de los 10 Millones (trabajando en ésta más de 365 días al año). En todos estos años el compañero Rocco, lejos de añorar los filetes y caviares que conservó en su juventud, se dedicó, con ahínco encomiable, a enfriar torticas, masareales, croquetas cosmonautas (las que se pegan al cielo”de la boca”) los refrescos conocidos como “líquido de freno” y agua, mucha agua que calmaron la sed de nuestros estudiantes y milicianos.

Ya a principios de los años 70, con la llegada de sus congéneres soviéticos, el compañero Rocco es confinado a un honroso “plan pijama”, olvidado en un oscuro almacén durante todo un quinquenio gris, hasta que el “inventivo” administrador del almacén lo trueca, en una maniobra “por la izquierda” por un juego de “doce sillas” a una humilde familia proletaria, en el seno de la cual, y con su esfuerzo desinteresado de siempre y con la alegría de sentirse útil nuevamente, el compañero Rocco se apresta a congelar sabrosos “durofríos”, convirtiéndose en el sostén de esa familia y ganándose así el cariño de todos los niños del barrio.

Los 80 son años en los que el compañero Rocco puede vivir del fruto de su trabajo. Con el producto de la venta de estos “durofríos” el compañero Rocco es recompensado con quesitos crema, jamón plástico, pollo a la jardinera, vinos búlgaros y algún que otro cake bombón (de los que costaban 10 pesos cubanos), llegando incluso a enfriar su pedacito de carne de puerco y su cervecita en los días festivos. Y por supuesto, los huevos de siempre. A principios de los años 90, y como consecuencia del “Período Especial”, el compañero Rocco es sometido al zozobrante sistema de apagones que lo llevaron al borde del ataque de nervios. Tan prolongados llegaron a ser estos apagones que cuando se restablecía brevemente el fluído eléctrico, el compañero Rocco llegó a pensar que le estaban aplicando “electro shocks”.

Fue en aquellos difíciles momentos que la humilde morada de la familia que acogió al compañero Rocco como a un pariente más, es escogida por el ICAIC como locación principal de la película “Fresa y Chocolate” en la cual el compañero Rocco, no obstante su deteriorada salud física y mental, asume el rol protagónico que le valió la unánime aclamación de público y crítica como (con mucho) el mejor actor de la película.

Lejos de envanecerse con tan ecuménico triunfo, el compañero Rocco acomete con renovados bríos las perspectivas que le depara su nuevo horizonte de sucesos: Jefe de Frigoríficos del Paladar “La Guarida”, porque en paladar deviene su vivienda no bien terminado el rodaje del susodicho filme.

Ahora vuelve el compañero Rocco a enfriar los manjares y licores olvidados de su juventud. En este paladar, la carismática presencia del compañero Rocco es punto de atención de todos los clientes, llegando incluso a departir con La Reina de España, para la cual sacara de sus gélidas entrañas un rotundo y criollo boniatillo que arrancó los más encomiásticos comentarios de Su Majestad.

Así trancurría la plácida vejez del compañero Rocco, esperando que llegara, como en un sueño la muerte natural con esa paz de espíritu propia de quien ha cumplido a cabalidad y conciencia toda tarea que le haya sido encomendada. Pero no, la muerte del compañero Rocco sobreviene de forma trágica y fulminante cuando es públicamente declarado “Devorador Energético”.

Sus relays y reguladores de voltaje no soportaron la vergüenza y el compañero Rocco estalla en un flamígero y fatal cortocircuito que sonó en todo el barrio como un ¡PLAFF! fatídico.

Compañero Rocco, donde quiera que tú estés ahora, que llegue hasta ti nuestro agradecimiento por todos tus desvelos y nuestro más sentido pésame para que de una vez por todas descanses en paz.

Recibo de compra de refrigerador Admiral

Recibo de compra de refrigerador Admiral. 1952. Colección Cuba Material.

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Sobre la recogida de los refrigeradores norteamericanos y soviéticos y su sustitución por refrigeradores chinos, ver, en Octavo Cerco“la llegada del refrigerador”.

sillones de portal

Sillones de portal. Nuevo Vedado, Habana. 2003

De niña detestaba los sillones de portal. Me parecían muy cubanos y de muy poco glamour. Eran, además, muy toscos como mobiliario de interiores, habiendo sido pensados para el exterior. Sin embargo, crecí, heredé un apartamento, y con él dos de estos sillones, que al portal fueron. Encontré en una revista de decoración una combinación de colores que me pareció decente, y con unos pigmentos que mi abuelo conservaba y una lata de pintura blanca de aceite que compré, con dólares, en la shopping, pude adecentarlos. Cuando, en el año 2000, viajé a la Ciudad de México, mi esposo los redecoróy para darme la bienvenida y desde entonces adornaron mi portal.