Cultura material cubana en el postcomunismo del siglo veintiuno.

la materialidad y los Papas

Procesión del Via Crucis. La Habana, Cuba. 2012. Imagen tomada de El País.

Cuando parecía que todo lo que dejaría el Papa en la materialidad cubana no era más que la efímera imagen de su santa figura como tatuaje temporal en los espacios públicos de La Habana y Santiago de Cuba, este Viernes Santo, el primero que reconoce el gobierno cubano en cinco décadas, recorrió las calles habaneras la procesión del Via Crucis con su simbología cristiana. Si bien la visita de Juan Pablo II en 1998 en tanto “mensajero de la verdad y la esperanza” tuvo mayor impacto en el ámbito doméstico, permitiendo a los cubanos expurgar los relicarios ocultos en baúles y en closets y devolver a las paredes las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, Benedicto XVI, a pesar de ignorar a disidentes y de atenerse fielmente al programa oficial, ha devuelto a los cristianos, por un día, la calle que hasta entonces había pertenecido sólo a los revolucionarios. Y así, quizás porque solo con letra torcida suele escribir Dios, los cubanos han amanecido con un espacio público algo menos monótono.

transporte de alquiler

Carro de alquiler. Imagen tomada de SF Chronicle.

¿Habana?, le pregunto al chofer del lada-taxi con la ilusión de que llegue al final –o el comienzo- del recorrido habitual, el Capitolio a donde todos los caminos conducen, el inicio y el fin de Centro Habana y de la Habana Vieja, La Habana, a secas, a donde todos los caminos conducen menos los de los lada-taxis, aristocracia del transporte de alquiler, que sólo llegan hasta el Habana Libre. ¿Habana?, le pregunto esperando un milagro mientras desaparezco para el ahora disgustado chofer del lada-taxi, que acelera y desaparece para mí.

¡Habana!, grita el chofer del carroamericano mientras se detiene a unos metros de mí, y su voz se distorsiona alargando las aes con el calor de la tarde y el ruido del motor de petróleo, y me monto, todavía pensando en el chofer del lada-taxi. ¡Habana!, vuelve a gritar al pasar por la parada de la guagua, y su voz suena diferente desde adentro, y sube un hombre y se sienta y somos uno el hombre, yo y los dos señores que están a mi otro lado, un gran cuerpo que suda y tiene cuatro cabezas y dieciseis extremidades casi inmovilizadas. Un cuerpo que ha tomado la forma del asiento de atrás del carroamericano y que repite sus mismas sacudidas. Un cuerpo que se derrite en el camino a la Habana, al Capitolio, al mismísimo ombligo de esta horizontal isla, al kilómetro cero que marca un gran diamante ausente.

La Habana, 2001

colectivo dekuba, diseñadores industriales

Sillón Pompa. Colectivo dekuba. Imagen tomada de internet.

Sillón Pompa. Colectivo dekuba. Imagen tomada de internet.

Luis Ramírez y Miguel Garcés forman el colectivo dekuba que, hasta el 2008, ha estado diseñando muebles y accesorios domésticos.

dekuba you too

“You too”, por dekuba. Imagen tomada de internet.

Penúltimos Días: El lento tren cubano, por Michael Kerr

Tren local. Trinidad, Cuba. 1997.

En Penúltimos Días, El lento tren cubano, crónica del periodista de The Daily Telegraph Michael Kerr, publicada en 2012 y traducida por Gerardo Cartaya:

Si de trenes se trata, españoles y cubanos no hablan el mismo idioma. Para un español, un tren rápido es aquel que cubre los 595 kilómetros de Madrid a Barcelona en dos horas y media. Los cubanos no son tan exigentes. El día que yo viajé en él, su tren de alta velocidad se tardó 18 horas entre La Habana y Santiago (unos 860 kilómetros).

Lo tomé por una mezcla de aventura y cobardía. Sería una oportunidad de ver la campiña, conocer al pueblo y aprender algunas frases en español. También era preferible a tomar vuelos internos en aviones cuyo desempeño en el aire se rumoraba era “cuestionable”.

Yo había reservado con bastante anticipación. La empresa de turismo local hizo que —para protegerme a mí o a la seguridad nacional— su representante me acompañara en el taxi desde mi hotel hasta la estación. Sorteamos el trayecto entre bicitaxis, motocicletas y carretillas, y luego zigzagueamos entre las cajas de cartón que sirven de maletas a muchos cubanos.

Poco después de las 4 de la tarde abordé el tren. Debía partir a las 4:30. No se movió hasta casi las 6, que fue más o menos cuando vino a arrancar el aire acondicionado. Las luces, salvo una bombilla en cada extremo del coche, no se encendieron en absoluto.

La locomotora diesel y sus cinco vagones estaban tan mugrientos como cualquier tren de vapor. En el interior, sin embargo, las butacas de cuero rojo eran mullidas y me fijé que tenían palancas para reclinarlas. Los vidrios de las ventanas estaban opacos como papel encerado, pero de cualquier modo había muy poco que ver: camiones oxidados; vacas con las costillas a flor de piel; campos de arroz y caña de azúcar; chozas en ruinas, pero con una antena de televisión en el techo. Cuba era una llanura con esporádicas elevaciones: Norfolk con palmeras. (…)

Continuar leyendo en Penúltimos Días.

la herencia material del pasado y la decrepitud de los países

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Gilda Pérez. Serie Sancti Spiritus. 1987.

En el libro de Patrick Wright On Living in an Old Country, el cual trata sobre los significados del patrimonio arquitectónico inglés, dice el autor, refiriéndose a la herencia material del pasado, que al igual que las personas los países se vuelven viejos y decrépitos.

Unos más que otros.

modernidad “a lo grande”

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“Viva Cuba.” Vogue UK. Junio 2010.

El entorno material de Cuba sirvió de escenario a Vogue UK en el 2010. Antes, en los 90s, lo explotó Mango, la marca de ropa española. Éstos no son los únicos fotoshoots en los que el mundo de la moda internacional eligió a Cuba, pero sí los más famosos. Arjun Appadurai reconocería en ellos la incorporación de Cuba al imparable flujo de imágenes, ideas, dineros, tecnología y personas que dan cuerpo a nuestra modernidad.

(h/t Penúltimos Días)

refrigeradores y política energética

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Recibo de compra de refrigerador Admiral
póliza de garantía de refrigerador Admiral

Póliza de garantía de refrigerador Admiral. 1952. Colección Cuba Material.

Apenas comenzado el siglo XXI, a las autoridades cubanas se les ocurrió sustituir todos los refrigeradores soviéticos y norteamericanos que había en el país por unos más modernos de fabricación china. El gobierno envió inspectores a cada una de las casas con la misión de contabilizar los refrigeradores en existencia y presionar a sus dueños para conseguir que accedieran al cambio que se les proponía, para lo cual necesitaban no sólo entregar al estado el antiguo refrigerador sino pagar el nuevo. Casi todos lo hicieron, como puede observarse en una simple visita a los talleres donde se reparan refrigeradores. Las hileras de refrigeradores chinos, todos del mimo color blanco y de tamaño mediano, delatan la homogeneidad material fruto de la nueva política energética. Hoy, muchas familias se quejan de la poca calidad de los equipos adquiridos mientras continúan pagando las mensualidades del préstamo financiero que el estado cubano les facilitó.

Sobre la recogida de los refrigeradores norteamericanos y soviéticos y su sustitución por refrigeradores chinos, ver, en Octavo Cerco“la llegada del refrigerador”.

Reemplazo de refrigeradores. Imagen tomada de internet.

Reemplazo de refrigeradores. Imagen tomada de internet.

Reemplazo de refrigeradores. Imagen tomada de internet.

Reemplazo de refrigeradores. Imagen tomada de internet.

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En la revista de artes visuales Heterogénesis: Good-by Rocco, por Jorge Perugorría y Juan Carlos Tabío:

Compañeras y compañeros:

Aquí yace, en contra de su voluntad, el compañero Rocco. Nace en Detroit en agosto de 1952, en la fábrica de la General Motors. En su más tierna infancia fue testigo de las confrontaciones sindicales y de las reivindicaciones raciales que sacudieron su ciudad de nacimiento, forjando así su inclaudicable espíritu de lucha.

Siendo aún muy jóven, junto a 250 hermanos suyos, es obligado a hacinarse en el vapor General Custer (primo del General Motors), arribando a la bahía de La Habana en enero de 1953. Aquí en La Habana es adquirido, como vulgar mercancía, en la tienda “El Encanto” por la familia Orozco, llevando a partir de ese momento una vida burguesa de abundancias durante la cual enfrió los más exquisitos manjares y licores. No es hasta cinco años después, en 1958, cuando Joaquinito, el benjamín de los Orozco, a la sazón estudiante de derecho en la Universidad de La Habana, comienza a esconder entre champanes y langostas, proclamas subversivas del 26 de julio, lo que provoca una retoma de conciencia del compañero Rocco y su inicio en la lucha revolucionaria, llegando incluso a acoger en sus entrañas a un compañero de Joaquinito perseguido por los Tigres de Masferrer.

Ya en 1960, los sobrevivientes de la familia Orozco, (incluyendo a Joaquinito) abandonan el país, y la mansión de los Orozco (y por supuesto el mismo compañero Rocco), pasan a ser propiedad del Estado.

Conectado activamente al voltaje de todos los procesos de transformaciones revolucionarias, el compañero Rocco participa en la Campaña de Alfabetización, Crisis de Octubre, Zafra de los 10 Millones (trabajando en ésta más de 365 días al año). En todos estos años el compañero Rocco, lejos de añorar los filetes y caviares que conservó en su juventud, se dedicó, con ahínco encomiable, a enfriar torticas, masareales, croquetas cosmonautas (las que se pegan al cielo”de la boca”) los refrescos conocidos como “líquido de freno” y agua, mucha agua que calmaron la sed de nuestros estudiantes y milicianos.

Ya a principios de los años 70, con la llegada de sus congéneres soviéticos, el compañero Rocco es confinado a un honroso “plan pijama”, olvidado en un oscuro almacén durante todo un quinquenio gris, hasta que el “inventivo” administrador del almacén lo trueca, en una maniobra “por la izquierda” por un juego de “doce sillas” a una humilde familia proletaria, en el seno de la cual, y con su esfuerzo desinteresado de siempre y con la alegría de sentirse útil nuevamente, el compañero Rocco se apresta a congelar sabrosos “durofríos”, convirtiéndose en el sostén de esa familia y ganándose así el cariño de todos los niños del barrio.

Los 80 son años en los que el compañero Rocco puede vivir del fruto de su trabajo. Con el producto de la venta de estos “durofríos” el compañero Rocco es recompensado con quesitos crema, jamón plástico, pollo a la jardinera, vinos búlgaros y algún que otro cake bombón (de los que costaban 10 pesos cubanos), llegando incluso a enfriar su pedacito de carne de puerco y su cervecita en los días festivos. Y por supuesto, los huevos de siempre. A principios de los años 90, y como consecuencia del “Período Especial”, el compañero Rocco es sometido al zozobrante sistema de apagones que lo llevaron al borde del ataque de nervios. Tan prolongados llegaron a ser estos apagones que cuando se restablecía brevemente el fluído eléctrico, el compañero Rocco llegó a pensar que le estaban aplicando “electro shocks”.

Fue en aquellos difíciles momentos que la humilde morada de la familia que acogió al compañero Rocco como a un pariente más, es escogida por el ICAIC como locación principal de la película “Fresa y Chocolate” en la cual el compañero Rocco, no obstante su deteriorada salud física y mental, asume el rol protagónico que le valió la unánime aclamación de público y crítica como (con mucho) el mejor actor de la película.

Lejos de envanecerse con tan ecuménico triunfo, el compañero Rocco acomete con renovados bríos las perspectivas que le depara su nuevo horizonte de sucesos: Jefe de Frigoríficos del Paladar “La Guarida”, porque en paladar deviene su vivienda no bien terminado el rodaje del susodicho filme.

Ahora vuelve el compañero Rocco a enfriar los manjares y licores olvidados de su juventud. En este paladar, la carismática presencia del compañero Rocco es punto de atención de todos los clientes, llegando incluso a departir con La Reina de España, para la cual sacara de sus gélidas entrañas un rotundo y criollo boniatillo que arrancó los más encomiásticos comentarios de Su Majestad.

Así trancurría la plácida vejez del compañero Rocco, esperando que llegara, como en un sueño la muerte natural con esa paz de espíritu propia de quien ha cumplido a cabalidad y conciencia toda tarea que le haya sido encomendada. Pero no, la muerte del compañero Rocco sobreviene de forma trágica y fulminante cuando es públicamente declarado “Devorador Energético”.

Sus relays y reguladores de voltaje no soportaron la vergüenza y el compañero Rocco estalla en un flamígero y fatal cortocircuito que sonó en todo el barrio como un ¡PLAFF! fatídico.

Compañero Rocco, donde quiera que tú estés ahora, que llegue hasta ti nuestro agradecimiento por todos tus desvelos y nuestro más sentido pésame para que de una vez por todas descanses en paz.

Recibo de compra de refrigerador Admiral

Recibo de compra de refrigerador Admiral. 1952. Colección Cuba Material.