Wendy Guerra sobre la moda en Cuba

ajustador de algodón

Ajustador de algodón, comercializado por la red minorista de comercio interior cubana. 1980s. Colección Cuba Material.

En el blog Habáname: La moda hoy en Cuba:

Éramos un país de cuello y corbata, trajes de dril, sombreros de pajilla y collares de perlas. Éramos también, un país de discreta elegancia, pobre pero acicalado, la gente se presentaba en el trabajo con su mejor atuendo, planchado, almidonado; bien zurcido.

Luego llegaron décadas de mucho sacrificio y reciclamos la moda, nos hicimos vestidos fabricados con forros de antiguos trajes, sombreamos líneas en las piernas de las mujeres con lápices de maquillaje, para crear el efecto visual de una media fina, transparente, arropando el tramo que viaja de la pantorrilla al muslo. Entraron los años duros con sus pantalones de caqui, los uniformes, las botas de trabajo y el camuflaje. No podemos olvidar los trajes Safari y los zapatos que importaban los rusos y búlgaros.  El servicio secreto se apropió de las Guayaberas, y las mujeres empezaron a salir a la calle con rolos y ropa de andar en casa. Siempre, debo decir, hubo un grupo de personas que luchó porque la moda en Cuba se trazara de modo coherente, pero contra estos diseñadores y creadores se alistó un ejército de mal gusto armados hasta los dientes con escudos creados en la realidad económica de nuestro país.

Vestir bien, para los pocos que podían, era un problema ideológico, una conducta pequeño burguesa que te señalaba de por vida.

Durante el Período Especial -que nadie aquí ha declarado oficialmente extinto-  vivimos una precariedad que daba miedo. Escaseaba el jabón y dejamos de recibir ropa interior del extranjero, la industria cubana no fabricó ni blusas, ni trajes de baño, ni abrigos o faldas, ni una sola pieza que nos pudiera abrigar, vestir, representar o distinguir como el pueblo instruido y sensible que hemos sido.

Nos quedamos desnudos frente al espejo de problemas. Los zapatos se fueron agotando y era muy complicado encontrar la vía de cómo vestir, el tema era simple, lograr andar limpio y calzado.

Los que se fueron o los que murieron nos heredaron sus pertenencias, y desde 1980, en los llamados Viajes de La Comunidad, empezamos a recibir paquetes con una moda importada que sustituyó las necesidades básicas con diseños pocas veces adecuados a nuestro clima, estilo de vida y gustos afines a nuestras aspiraciones. Los artesanos hicieron grandes aportes fabricando con creatividad y entonces empezamos a creer que la inventiva era lo máximo; ropa hecha a mano, imitación en crudo de  nuestros mayores anhelos.

¿Cómo y con qué se viste hoy el cubano?  Ahora ya con muy poca referencia sobre la moda internacional, o simplemente sin una clara idea de lo que es correcto o no llevar puesto en hospitales, oficinas, iglesias o teatros. Es muy común ver en La Habana, a personas en pantalones cortos, chancletas y topes visitando así vestidos  sitios que merecen cierta sobriedad o recato, tal vez respeto en el vestir.

El mal gusto gana y gana seguidores y los valores visuales, las etiquetas o la educación formal se ausenta de la moda cubana actual. La ropa reciclada y el mimetismo han copado nuestros cuerpos que intentan reproducir un lujo inexistente.

¿Qué se lleva hoy en Cuba?

De Miami o Panamá traen de contrabando todo lo peor, de Ecuador o de los polígonos Chinos a las afueras de Madrid, pasando por la aduana de Cuba, recibimos unos modelos espantosos que hoy distinguen la imagen de miles y miles de cubanos. Jeans bordados con  pedrería, licras fosforescentes, carteles y anuncios de todo tipo, unos raros pañuelos que se amarran al cuello luciendo estampados diversos, acompañados con zapatos de madera que suenan y se hacen sentir en los espacios públicos, así como bolsos horribles que agreden la vista, o las siempre falsas  imitaciones de carteras clásicas.

Que lo sepa de una vez Louis Vuitton, en La Habana no resulta nada caro llevar un bolso de ese nombre…

entrevista con Los carpinteros

17m, por Los Carpinteros. 2015. Imagen tomada de internet.

En Sopa de Cabilla, Margaret Miller y Noel Smith conversan con Los Carpinteros (Alexandre Arrechea, Marco Castillo and Dagoberto Rodríguez):

(…)

MM: ‘Los Carpinteros’ comenzaron a trabajar en conjunto a principio de los noventa. Cuéntenme sus impresiones de aquel momento. Descríbanme la atmósfera socio-económica a la cual ustedes respondieron como artistas.

AA: Bueno, para empezar, éramos estudiantes, y cuando uno es estudiante lo que piensa sobre el mundo fuera de la escuela es que uno no está preparado para él. Uno todavía está tratando de llegar a ser alguien en el futuro. Pero un día nos dimos cuenta de que había un espacio para nosotros, y que teníamos que prepararnos para ocupar el centro mismo de aquel escenario. Esto sucedió a finales de los ochenta, cuando muchos plásticos cubanos estaban abandonando el país. Me refiero a la crema y nata de los artistas jóvenes de Cuba. Hubo un éxodo fuerte de artistas, y ello dejó un vacío que había que llenar. La situación económica también era terrible. En aquel momento las cosas estaban peor que hoy, y eso dificultaba la creación, porque se necesitaban materiales. Como nosotros no teníamos con qué comprar materiales caros, desarrollamos una estrategia. Era más fácil conseguir madera en el campo, y allá fuimos, al campo, a cortar árboles. No es que siempre nos fue bien cortando árboles. Era de noche cuando cortamos el primer árbol, a la orilla de un río que se había desbordado. El río se llevó un hermoso cedro que nos había llevado dos días cortar. No sabíamos cortar árboles. Se puede decir que esos comienzos fueron primitivos; hasta cierto punto, casi como en la prehistoria. (Hay risas) Uno corta los árboles, fabrica cosas, y luego las vende.

MC: Nos fuimos al campo, pero también nos metimos en unas casas que estaban desocupadas. El Instituto Superior de Arte está localizado en una de las áreas más opulentas de Cuba, algo así como Beverly Hills. Para la época en que éramos estudiantes del ISA nadie vivía en aquellas casas, así que nosotros las invadimos. Sabíamos bien que lo que hacíamos era ilegal… pero, no teníamos ninguna otra alternativa disponible. Y además, no éramos los únicos: otra gente en el barrio hacía lo mismo.

DR: Reciclábamos las maderas y los decorados de las casas.

MM: ¿De qué manera tanto la atmósfera del momento como el hecho de tener que resolver la búsqueda de materiales, han moldeado la agudeza y el enfoque hacia lo conceptual que les caracteriza?

AA: En algún momento el trasiego con las casas se convirtió en la fuente abastecedora de nuestro trabajo futuro, porque fue como consecuencia de ello que comenzamos a trabajar con el tema de la arquitectura.

DR: Alex se refiere a un elemento que siempre está presente en nuestra obra: la reflexión sobre los espacios. El haber trabajado con materiales provenientes de aquellas casas… ése fue el principio. Fue como cuando el cazador viste la propia piel de su presa.

MC: Nosotros comenzamos a trabajar juntos justo cuando los rusos se fueron de Cuba y la estética era completamente diferente. Se pusieron de moda muebles más racionales, de corte más como en Europa del Este. Lo que quiero decir es que los materiales eran muy baratos y muy prácticos. Claro que esto tenía más que ver con desarrollo social que con el lujo, y nosotros venimos de áreas muy pero que muy pobres. No sólo eran pobres nuestras familias, sino también los sitios donde fuimos creciendo. Yo nunca había puesto un pie en casa de gente rica hasta que nos metimos en aquellas casas vacías en La Habana. Yo nunca había entrado en una mansión. Fue impresionante y muy “enriquecedor”.

AA: A nosotros nos fascinó. En algún momento tratamos de imitar algunas de las formas que encontramos en aquellas casas, y hasta tratamos de competir con ellas. ¿Cuáles eran mejor, las originales o las nuestras? Si ellos lo habían logrado, por que no nosotros?

Noel Smith (NS): ¿Pueden describir algunos de los elementos que tomaron de esas casas, y otro tanto sobre las obras que crearon como ejercicio retador y transformador de las mismas?

AA: Para nuestra primera exposición importante – Interior habanero – tomamos lo que quedaba de aquellas casas: historia, materiales y riesgo. (El riesgo lo puso la policía, que siempre patrullaba el área para impedir que las residencias fueran saqueadas). El proyecto comprendía cinco inmensos “muebles” que fungían como marcos de cuadros. Cada uno de ellos era una reflexión de la dicotomía “presente-pasado” en que estábamos viviendo en ese momento. El tema de los cuadros éramos nosotros mismos, como protagonistas o como aventureros.

DR: La escuela de arte la fabricaron en un antiguo campo de golf con un hotel que tenía una decoración estilo victoriano. Por esa época hicimos una obra titulada Quemando árboles; era una estufa para el invierno, algo que en este país es completamente anacrónico. En el hotel había una de mármol, nosotros hicimos otra de madera que estaba ricamente decorada. En el área donde va el fuego había un cuadro donde aparecíamos desnudos bailando delante de una gran hoguera…

MC: Habana Country Club era otra de esas piezas. Es un cuadro de gran escala pintado con una técnica que recordaba los cuadros coloniales (los preferidos de aquella clase social). Tenía también un marco robusto de cedro y caoba que tenía una inscripción que decía “Habana Country Club.” El cuadro describía una escena en la que estamos nosotros, estudiantes tratando de jugar golf en los nuevos campos floridos de las escuelas de arte.

DR: También encontramos un nexo político con una cierta obsesión con pinturas ricas pero picúas.

NS: ¿Que quieren decir con eso de “nexo politico”?

DR: La preocupación por el pasado es casi siempre algo político.

MC: Hemos crecido con el pensamiento del presente versus pasado. Las conquistas del presente contra los desastres del pasado. Nos atrevimos a excavar un poco más. Nos metimos en una investigación que por su naturaleza tenía un halo político, pero realmente estábamos más interesados en los hábitos y los objetos de aquella sociedad. Nos sentíamos como antropólogos de la antigua burguesía cubana.

MM: ¿Puede decirse que, al menos a un nivel, hicieron una regresión?

DR: Una regresión, pero sólo en términos de lenguaje… Nosotros encontramos muy atractivo el hecho de poder manipular con nuestras obras los gustos y las obsesiones de toda esa gente relacionada con el ‘Country Club style of life’ porque, así como ellos lo habían logrado, nosotros estábamos buscando nuestra propia ‘sombra en el muro’.

AA: Eso es lo que estábamos haciendo, en realidad. Queríamos presentarle al público lo que considerábamos parte de la historia reciente del país, vista a través del filtro de nuestra propia visión.

DR: No sólo estábamos reciclando madera. Estábamos reciclando todo un concepto del pasado que existe en Cuba.

MM: Vuestro trabajo era ostensiblemente conservador, pero también subversivo sin llegar al cinismo. ¿Es ese humor tan agudo una estrategia dada por cierta timidez en ustedes?

AA: Todo estaba destartalado. Había una desmoronamiento general. La gente usaba todo lo que tenía a mano, y también se puso a vender cosas en la calle. Mientras los demás se deshacían de las cosas, nosotros tratábamos de conservarlas, de recrearlas, haciendo a la vez una reflexión crítica del proceso. Esto se convirtió en algo muy cómico y a la vez ridículo. Quiero también resaltar que después que exhibimos Interior Habanero, hubo mucha gente interesadísima en comprar la obra, excepto que los interesados eran coleccionistas de Miami, donde residen muchos exilados ricos que se establecieron allí luego de abandonar sus residencias en los años sesenta. Cuando formulamos nuestro proyecto para la tesis de grado aprovechamos esa coyuntura. Escribimos una carta falsa de un supuesto coleccionista de Miami, que nos escribía de lo mucho que le gustaba nuestro trabajo y de su deseo de comprarlo. Todo el mundo se creyó que la carta era verdadera, y Art Nexus publicó una nota de prensa que decía que un coleccionista de Miami había comprado toda nuestra obra. Era falso.

(…)

NS: ¿Quiénes de los artistas o teóricos que estudiaron y leyeron en el ISA han sido inspiración para ustedes?

DR: Nosotros nos consideramos muy buenos lectores de ese tipo de publicaciones como Mecánica Popular, que fue una publicación muy común en Cuba en los cincuenta, donde tú podías hacer de todo lo que se te ocurriera. También el programa de la universidad incluía el estudio de autores que hicieron su trabajo muy relacionado con la critica del arte: Eco, Roland Barthes, Foucault, toda estos autores nos dieron claridad a la hora de explicarnos nuestro trabajo desde un punto de vista sociológico – de hecho, ésta era una pregunta típica cuando éramos estudiantes – y todas estas lecturas han continuado hasta el presente. Nos ha interesado siempre el conceptualismo, el minimal art, tanto como la pintura rusa del siglo 19 y los muebles de estilo.

MM: ¿Hasta qué punto, como artistas aún en proceso de maduración, conocían ustedes lo que acontecía en el mundo del arte, en Estados Unidos, en Europa, América Latina, Asia, y hasta en África? ¿Se veían a sí mismos como artistas en un contexto global, o esa percepción cuajó más tarde cuando comenzaron a viajar al exterior?

AA: Fíjate, ése es un punto interesante. La primera vez que viajamos al exterior fue en diciembre de 1994. En aquel entonces fuimos a España (Nota de la Editora: Santa Cruz de Mudela, en Valdepeñas, a unos 100 km al sureste de Madrid). Fuimos invitados a realizar una residencia allí. Cuando llegamos no sabíamos qué hacer.

DR: Me acuerdo del momento en que abrieron las puertas del avión. Salimos a aquel aire congelado, y fue como si se hubiera abierto la puerta de un refrigerador. Fue algo así como “¡Coñóoo!”

MC: Y estamos hablando de las cosas prácticas, vaya: cómo descargar un inodoro, cómo usar una ducha, estábamos estupefactos ante las cosas más elementales, como si hubiéramos llegado del Medievo. Pero en lo concerniente al arte contemporáneo, nosotros tres, y muchos otros artistas cubanos, sabíamos que estábamos bien ubicados, porque nuestros estudios sobre historia del arte fueron realmente muy intensos, muy serios. Sabíamos lo que se estaba realizando en el exterior, ya que muchos de nuestros profesores viajaban bastante, y regresaban con montones de materiales, libros y catálogos, al igual que hacemos nosotros ahora cada vez que regresamos a La Habana. Sabíamos lo que estaba pasando con el arte en Europa, en Estados Unidos, y lo que los artistas contemporáneos en América Latina y África estaban haciendo. Verdaderamente estábamos al día de toda esa información.

(…)

h/t: Incubadora.

Panera. Los Carpinteros. 2004. Imagen tomada de internet.

En Letras Libres, entrevista con Marco Antonio Castillo y Dagoberto Rodríguez. Consultar parte I y parte II:

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Folklórico ingenio cubano

En las obras de Los Carpinteros, el folklore brilla por su ausencia. Ellos prefieren poner el foco en los procesos creativos, en cómo puede haber ideología en la manera en que se construye o diseña un objeto. “Hay una generación cubana que le ha dedicado al folklore una atención marcada: Manuel Mendive, José Bedia, Rubén Torres Llorca… Nosotros somos de una generación que vino después: por un lado había esa tendencia muy folklorista y por otro lado había una tendencia muy política. Nosotros tratamos de meter nuestro surco ni por un lado ni por el otro. Nuestro trabajo tiene un aspecto de folklore, lo que pasa que no es tan obvio como hacer algo con un coco y una palmera”, dice Marco. Ese folklore nacido de la austeridad también los convirtió en lo que son hoy en día.

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La locura resignificadora

Una constante en la obra de Los Carpinteros es la resignificación del sentido de los objetos cotidianos mediante la transformación de sus elementos constitutivos. En el mundo real, dice Marco, “cada objeto que convive con nosotros está cargado de ideología, de significados que van mucho más allá de la utilidad: los objetos son parlantes”. Entonces, ¿por qué esa pasión por reconvertir el significado de los objetos cotidianos? Ellos mismos, como artistas que son, no lo tienen del todo claro.

“¿Cuál es el origen de la locura ésta? Podríamos intentar hacer alguna otra cosa, ¿pero por qué hacemos esto siempre? Creo que es una manera de ver el arte, de entender la cultura: a través del testimonio de los objetos cotidianos. Por eso es que nos fascinan tanto”, dice Dago.

“Y de entender al ser humano”, dice Marco.

“Aunque la figura del ser humano nunca ha aparecido en las obras de nosotros, sólo el rastro que deja en sus confecciones”, dice Dago.

“Al pájaro se le conoce por la cagada… Por la mierda que va dejando ya sabes qué pájaro es…”, dice Marco (risas)

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Pasado y presente

En los comienzos de su carrera, Los Carpinteros recorrían mansiones antiguas de La Habana tomando material para sus obras, y eso les permitió asomarse al pasado de la ciudad, y reflexionar sobre la relación entre el pasado y el presente.

Trasladando este proceso a La Habana de hoy, quizás se podría establecer un diálogo artístico entre La Habana de la iconografía de la revolución y La Habana actual, con los nuevos ricos que se están subiendo al negocio de loschavitos (pesos convertibles al dólar).

“Va a llegar ese momento de nostalgia de aquella vida idealista, social y de optimismo colectivo que ya desapareció”, dice Marco, que colecciona objetos de la época de su niñez: “Un poco para agarrarme a esa memoria”. Memoria de una fantasía ideal financiada por el bloque socialista del Este.

“Creo que todos los que conocimos el periodo de oro del socialismo lo extrañamos de alguna manera”, dice Dago. “En Cuba vivíamos en una fantasía total… Las noticias, las fábricas que se empezaron a hacer, las cosas que decían los políticos… Era surrealista lo que se vivió en los 70 y en los 80. Era una locura, aquello. Una locura que se quedó frita en 1989. Se quedó paralizado. Y es lo que tú ves ahora”.

(…)

Supongo que gran parte del diálogo cotidiano de ustedes, cuando están trabajando, es de índole técnico, ¿en qué momento dejan entrar a la teoría?

Dagoberto: Nosotros estamos hablando de qué tipo de rojo llevan esos legos, y ya estamos hablando de teoría. No todos los rojos son iguales. Y así con todos los objetos: cada decisión física, en el arte, implica un cambio de lectura conceptual o ideológica. Y entonces, a lo mejor, una conversación muy técnica entre nosotros, no lo es tanto. Aquí hay un tráfico de significados, y tienes que saber qué significa cada objeto para ti, en tu subconsciente. Eso es como una operación de psicoanálisis en la que estamos traficando con imágenes, poniéndolas más grandes, más chicas, expandiéndolas, poniéndolas junto a otra cosa, combinándolas… y es así como va saliendo. Los diálogos técnicos no son tan inocentes.

Cosas que escuché en La Habana, por Juan Villoro

Foto publicitaria de Alberto Korda para la industria turística. 1980s. Colección Almi Alonso. Imagen tomada del muro de Facebook de Almi Alonso.

Enlace al texto “Cosas que escuché en La Habana“, del escritor y periodista mexicano Juan Villoro, publicado en el libro Safari accidental (México, D.F.: Joaquín Mortiz, 2005, pp: 143-169).

h/t Walfrido Dorta.

"Puente Robado". Pável Acosta

pinturas robadas por Pável Acosta

"Puente Robado". Pável Acosta

“Puente Robado”. Pável Acosta. 2009. Imagen tomada del sitio web del artista.

La serie Pintura Robada (2008-) del artista cubano Pavel Acosta está inspirada en el entorno material cubano y, en particular, el deterioro visible de la arquitectura doméstica y urbana. Para realizar sus piezas, Acosta empleaba la pintura que se levanta de las paredes, puertas, sillas, carros y otros objetos de la ciudad. Reciclando y recodificándola, obtiene un resultado que visualmente se parece mucho a la Cuba posrevolucionaria, un testimonio del deterioro de la materialidad urbana.

 

Canasta de pan en el restaurante La buena vida

paladares

Canasta de pan en el restaurante La buena vida

Canasta de pan en el restaurante La buena vida. Foto 2012.

En los espacios interiores de los restaurantes privados (paladares) que se han abierto en Cuba en las últimas poco más de dos décadas abunda una prolijidad de adornos y una riqueza estética inusuales en una ciudad en donde priman la escasez y el estropicio. Copas de los años 1950s, gramófonos, máquinas de escribir de principios de siglo y cajas registradoras de antiguos negocios privados, discos de acetato, servilletas de hilo, muebles modernistas, santos policromados y vajillas de plata o de rústica confección artesanal contrastan con la falta de creatividad en el menú y la decoración de los restaurantes estatales en moneda nacional. La guía Taca Explore describe, en un texto titulado Sabores de la Habana, escrito por Elio E. Dancausee, el ambiente interior de algunos d los más famosos restaurantes de La Habana:

La Guarida, la joya de las paladares habaneras
Abierta el 14 de julio de 1996, La Guarida mantiene como parte de su decoración elementos que fueron utilizados en la filmación de la aclamada película. Cuadros originales de pintores cubanos, grandes afiches, esculturas y fotos de intelectuales y famosos artistas cubanos llenan las paredes mientras candelabros art déco con velas llorosas iluminan las mesas. Una vajilla tan bella como dispareja sobre una blanca mantelería completa el exquisito ambiente.

La Guarida: Concordia No. 418, entre Gervasio y Escobar. Centro Habana. paladar@laguarida.com. Tel: 866-9047. Abierto todos los días de 12:00 a 11 p.m.

Arte en la cocina
Localizada en la planta baja de un clásico edificio de 1943 diseñado por el famoso arquitecto cubano Alberto Prieto en el bello barrio del Vedado, la paladar La Galería nos brinda además de su propuesta culinaria internacional muestras de creadores plásticos contemporáneos.

En sus acogedores espacios se exhiben lienzos, fotografías y esculturas que forman el marco artístico de platos de una cocina fusión que combina las últimas tendencias internacionales con auténticas recetas cubanas, así como cocteles. Uno de los grandes atractivos del lugar es su agradable terraza, que en las noches retoma el ambiente de los bares habaneros de la década de 1950.

La Galería: Calle 19 No. 1010 esquina a 12, Vedado.
lagaleria-restaurante.com. Tel: 836-3603

Comida criolla 
Un paseo por la Habana Vieja debe incluir una visita a Doña Eutimia, pequeña y acogedora paladar propiedad de Leticia Abad situada al final del Callejón del Chorro, en la Plaza de la Catedral. Su ambiente se destaca por muebles antiguos y auténticas lámparas art nouveau y una linda colección de relojes de pared. Un pequeño bar localizado estratégicamente al fondo del local armoniza con el ambiente cómodo y familiar que hace de Doña Eutimia el lugar perfecto para saborear la auténtica comida cubana.

Paladar Doña Eutimia: San Ignacio No. 60C, entre O’Reilly y Empedrado. La Habana Vieja. Tel: 281-5883. Abierto todos los días de 12:00 a 11 p.m.

Un toque francés en La Habana
Una espléndida mansión neoclásica situada en el centro del barrio del Vedado es el marco perfecto para la paladar francesa Le Chansonnier. Dos grandes escalinatas llevan a la acogedora terraza-portal e introducen a los enormes salones de la casona. Ambientado con elementos que van del minimalismo a lo postmoderno, el lugar posee grandes candelabros que brindan una iluminación íntima y elegante. Grandes paneles negros cubren las paredes alternando los espacios con lienzos originales de artistas cubanos. El acogedor bar es literalmente el centro de la paladar, y resulta el lugar ideal para tomarse unas copas antes de cenar.

Le Chansonnier: Calle J No. 257, entre Línea y 15, Vedado. Tel: 832-1576. Abierto todos los días, de 12.30 p.m. a 12:30 a.m.

Art OnCuba, entrevista a diseñadores cubanos (video)

A propósito de la primera Bienal de Diseño que se celebró en La Habana del 12 al 14 de mayo de 2016, Art OnCuba entrevistó a algunos diseñadores cubanos.

“Havana Lights”, de Adolfo V. Nodal y Kadir López Nieves

Kadir López Nieves y Afonso V. Nodal. Imagen tomada de internet.

Kadir López Nieves y Afonso V. Nodal. Imagen tomada de internet.

Adolfo V. Nodal y Kadir Lopez reviven el neón republicano en La Habana post-socialista.

Ver el video de la instalación de los lumínicos en Kickstarter y, en Los Angeles Times: L.A. helps Havana’s vintage neon signs glow again: ‘It marks a new era, a return of the light, of hope’.

Chanel en La Habana

el problema no es de la moda mundial . . .

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El desfile. Imagen tomada de CNN.

. . . ni de que haya tan mala memoria . . . (Silvio Rodríguez)

En lo que va de año, tres eventos organizados en Cuba han insertado a la isla en el mercado global: la visita del presidente Obama, el concierto de los Rolling Stones, y el desfile de la colección Cruise de Chanel. Si bien a corto plazo esta inserción es apenas simbólica, queremos creer que a largo plazo lo será de manera más real y provechosa para todos.

Tirios y Troyanos coinciden en que la visita del presidente Obama a Cuba consolidó negociaciones que, entre otras cosas, representan la posibilidad de que el gobierno de la isla obtenga financiamiento e inversiones que ayudarían a desarrollar la economía nacional y que, por tanto, contribuirían de cierto modo a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. El jefe de gobierno de los Estados Unidos se dirigió a los cubanos en todas sus declaraciones e incluyó itinerarios en los que intercambió con diversos representantes de la sociedad cubana: cenó en un restaurante privado, asistió a un multitudinario juego de pelota, participó en varios encuentros con cubanos “de a pie” en los que no faltaron miembros de la sociedad civil opositora.

Asimismo, la celebración del concierto de los Rolling Stones en la Ciudad Deportiva ofreció al pueblo un espectáculo para muchos memorable. Redimió, además, aunque a destiempo, a los aficionados a la música rock, perseguidos en décadas pasadas por el gobierno cubano, que declaró a esta música constituía un arma del “diversionismo ideológico”.

A diferencia de la visita de Obama y del concierto de la banda de rock inglesa, el desfile de la casa Chanel en el Paseo del Prado fue un evento privado. Ni siquiera la prensa nacional fue invitada a cubrir el acontecimiento, según Diario de Cuba. Los cubanos, salvo la minoría que participó como personal de apoyo (choferes de almendrones, personal de seguridad y edecanes, sobre todo) o la élite política invitada, fueron acordonados a varias cuadras de distancia de las famosas modelos para impedirles acercarse a la fiesta. Unos pocos sirvieron de escenografía pintoresca para alguna que otra foto, mas terminaron siendo desplazados de las cámaras y comentarios de le prensa internacional por la flota de coloridos almendrones en que se desplazó la comitiva.

El desfile de Chanel tuvo lugar en una Habana sin cubanos, una ciudad de utilería que quienes toman las decisiones en Cuba pusieron a disposición del gremio de la moda mundial. Sin consultas ni avisos, con el poder de decidir y de actuar de quienes se saben dueños. Ninguno de ellos ha vestido, en mucho tiempo, el uniforme verdeolivo, y si alguna vez se deciden a usar la boina del “guerrillero heroico” será porque ahora tiene el sello de Chanel.

El afterparty. Screen capture del perfil de Instagram de Jakerosenberg.

El afterparty. Screen capture del perfil de Instagram de Jakerosenberg.

uniforme verdeolivo. Celia Sánchez, Fidel Castro

la diplomacia de la moda

Foto de la cena de estado ofrecida por el presidente Raúl Castro al matrimonio Obama en el  Palacio de la Revolución. Imagen tomada de internet.

Raúl Castro y el matrimonio Obama, durante  la cena de estado ofrecida por el presidente Raúl Castro al presidente Obama en el Palacio de la Revolución. Marzo de 2016. Imagen tomada de internet.

Según la biógrafa de Celia Sánchez, a su llegada a La Habana al triunfo de la revolución ésta se fue de compras a El Encanto. Adquirió cuatro vestidos, uno de ellos de seda azul marino con lunares blancos, y varios pares de zapatos de tacón y puntera, pensando quizás en una posible coronación como Primera Dama. La Habana, explica la biógrafa, esperaba a una guerrillera veterana. Celia Sánchez se presentó, en cambio, como una dama fina y elegante. Así también la conoció, en un cóctel, el escritor Miguel Barnet, quien confesó luego que quedó impresionado con la elegancia de la guerrillera.

Una foto de Raúl Corrales tomada en Abril de 1959 en Nueva York muestra a Celia Sánchez al teléfono, vestida con un traje entallado y adornada con un llamativo collar. Días antes se la había visto, en la recepción ofrecida por la embajada cubana, luciendo un vestido de gala y un peinado con tocado, junto a un elegante Fidel Castro en traje civil. Sin embargo, las demás fotos del recorrido de la delegación cubana en los Estados Unidos muestran a Fidel Castro y a Celia en el uniforme verde olivo que desde entonces siempre los identificará. Nunca más usó Celia sus vestidos de El Encanto salvo, quizás, en una rara fotografía de Korda tomada en la sala de su casa, conservada en la Universidad de Duke.

Cincuenta y siete años después, cuando el primer jefe de estado norteamericano que visita La Habana en la era post-revolucionaria aterrizó en la isla, la Primera Dama de los Estados Unidos saludó a los cubanos desde la puerta del Air Force One vestida por la venezolana Carolina Herrera. Durante ninguna de sus apariciones públicas en Cuba, en las que exhibió otros tres modelos diferentes, se vio a Michelle Obama con un traje diseñado por un cubano-americano. Tampoco se le vieron muestras exageradas de lujo o elegancia.

Los medios de comunicación de casi todo el hemisferio llevaban días tratando de adivinar quiénes serían los modistos elegidos por la Primera Dama durante su histórica visita a Cuba, pues se conoce su costumbre de agasajar a anfitriones y huéspedes extranjeros con trajes diseñados por ciudadanos norteamericanos nacidos en el país de los interlocutores. Resultaba entonces lógico pensar que Mrs. Obama desplegaría su diplomacia de la moda en Cuba, teniendo en cuenta, además, la inclinación de la Primera Dama por los diseñadores cubano-americanos –fue Isabel Toledo quien diseñó su vestido para la toma de posesión presidencial en el año 2008.

Es curioso que los Obamas hayan dejado pasar la ocasión de ofrecer otro simbólico guiño a la comunidad cubana en el exilio, a la que el presidente de los Estados Unidos dedicó, sin embargo, los minutos finales de su brillante discurso en el Gran Teatro de La Habana, admitiendo que gracias a dicha comunidad pudo llevarse a buen término la apertura diplomática hacia Cuba impulsada por su administración. Bien hubiera podido Michelle Obama mostrarse en Cuba vistiendo un traje diseñado por algún modisto cubano del exilio.

h/t Odette Casamayor, que puso el tema sobre el tapete en su muro de Facebook y me dio entrada en la conversación.

uniforme verdeolivo. Celia Sánchez, Fidel Castro

Celia Sánchez y Fidel Castro en uniforme verdeolivo. Imagen tomada de internet.

NDDV: Vista del interior del palacio de la revolución, la habana, 21 de marzo, 2016

Imagen tomada del blog del autor.

Imagen tomada del blog del autor.

En el blog de Néstor Díaz de Villegas: “Vista del interior del palacio de la revolución, la habana, 21 de marzo, 2016”:

Podríamos estar en el salón de exhibiciones de la mueblería El Dorado, de la Calle Ocho, o en la gigantesca recámara de algún capo de Sinaloa. Tal vez en el estudio de la cadena Telemundo donde se grabó la telenovela Cañaveral de pasiones.

Hay algo musolinesco, babilónico y tolteca en el gran salón del Palacio construido por Fulgencio Batista en vísperas del triunfo de la Revolución: Batista no llegó a inaugurarlo, y podría hablarse aquí de arquitectura de anticipación. El Palacio es el templo del sincretismo político.

La estética artesanal de mortero para machacar ajos presente en los podios, en los escudos cubanos tallados en jiquí, una madera extinta, sobretalada por tenientes coroneles que adoran los ambientes oficinescos empanelados. Con esto se pretende mantener viva la conexión histórica con el pasado taíno: José Cemí como decorador de interiores.

Porque el Palacio de la Revolución es la representación decorativa de la Cuba lezamiana, un bosque primordial y un Paradiso con arecas de vivero. Debían soltar tocororos y tomeguines entre los helechos, y convertirlo en un aviario.

El maderamen es asfixiante y antiestético, hunde en la oscuridad el modernismo batistiano. Onerosos paneles y divisiones de jiquí, biombos de quiebra hacha, despachos con celosías de majagua. Las butacas son de cedro patriótico, forradas con seda martiana, y el búcaro de girasoles, el modelo que la Casa Capó dejó en vidriera antes de partir al Exilio.

Estamos también dentro de una celda de interrogatorios. La luz fría hace las veces de reflector que da en la cara, aquí se viene a pedir indulgencia y hacer la confesión. El Palacio es un inmenso confesionario, una celda jesuita. Si se cerrara Guantánamo, los terroristas musulmanes deberían ser trasladados a esta mazmorra cruelmente iluminada.

Continuar leyendo en el blog del autor.

Pánfilo, desmontando el socialismo material

Hay algo raro en el decorado de la escena en donde se desarrolló la “conversación” que Pánfilo, el humorista cubano, sostuvo ayer con el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, horas antes de que este último aterrizara en La Habana. No he podido encontrar en dicho decorado un solo objeto de la cultura material del socialismo cubano. Más allá de las alusiones verbales al Moscovich que escuchamos en la voz de Pánfilo, todos los elementos que configuran la escena (los muebles, el portarretratos, el radio, el reloj de pared y hasta la ropa del buen hombre) datan de la época republicana.

granja, juguete

tractores, democracia y totalitarismo

Foto Geandy Pavón. 2015

Foto Geandy Pavón. 2015

Ahora que los gobiernos de Washington y La Habana restablecieron relaciones, que tienen embajadas y programas de cooperación, y hasta tractores (pronto), ¿sería mucho pedir que haya también transparencia?

Las conversaciones que Washington sostiene con La Habana no pueden compararse, como acabo de leer en un periódico, con las que ha sostenido el Vaticano con La Habana. Sobre todo, no deben transcurrir en secreto y confiar en que todo saldrá bien. No sólo porque se trata de lo mismo que el primero de los Castro solía pedir al pueblo: una fe ciega en él (que lo dejaran hacer, que él sabía bien). Sino, principalmente, porque no es ésa una manera democrática de manejar asuntos públicos.

Hay, por ejemplo, una cuenta que me inquieta. ¿Dos años de conversaciones (que celebro) y apertura de embajadas (que me parece mejor) para que al pueblo de Cuba, algunos de cuyos representantes siguen cogiendo palos los domingos, le vendan unos tractores que no tendrá cómo pagar? Y todo, mientras los que dan los palazos se llenan los bolsillos con el negocio de ensamblaje de la compañía norteamericana Cleber, en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel (ZEDM).

Que alguien me explique si no se pueden obtener mejor términos que éstos:

  • Cleber obtendrá ganancias a partir del ensamblaje de tractores Oggún mediante un contrato de operación en la ZEDM que, se supone, reduzca el costo de producción (o ensamblaje). También es de esperar que ganará con la venta del producto terminado que, se dice, se orientará al sector campesino.
  • El gobierno cubano también ganará con la concesión de licencias, permisos y autorizaciones para operar en la ZEDM que administra a través de “la Oficina de la ZEDM,” “investida con carácter de entidad nacional adscripta al Consejo de Ministros,” según dice la EcuRed. Y ganará con la subcontratación de los cubanos que trabajarán en la planta que instalará Cleber, pues, hasta donde sé, solamente la empresa estatal cubana Acorex posee autorización para gestionar y contratar el personal cubano que trabaja en compañías extranjeras. (Y ganará, también, si actúa de intermediario en la venta  minorista de los tractores Oggún)
  • Quedan, finalmente, los cubanos “de a pie,” esos a los que, se dice, beneficiará el contrato de ensamblaje de tractores Oggún. Ganarán un tractor sólo aquellos afortunados que posean la cantidad de dólares o CUCs que el vendedor (Cleber o el gobierno cubano) decida pedir por la unidad. Ganarán, también, los igualmente afortunados que consigan trabajar para Cleber, que se echarán en los bolsillos no sólo el magro salario en pesos que Acorex les pagaría, sino también algunos  dólares que los patronos de Cleber, como todos los administradores de empresas extranjeras con oficina en Cuba, les pasarán “por debajo de la mesa.”

Al exilio, una vez más, le tocará desembolsar el dinero.

¿Alguien me rectifica la cuenta?

UPDATE: The New York Times: Culture Gap Impedes U.S. Business Efforts for Trade With Cuba:

As President Obama prepares to visit Cuba this month, the lack of trade with the former foe threatens to sap momentum from the process of building relations. It is also a reminder that beyond tourism — which satisfies Cuba’s need for foreign currency and the desire of Americans to visit the island — the countries have very different visions of economic engagement.

“The litmus test of normalization is trade and investment,” said Robert Muse, a Washington lawyer who specializes in Cuba-related law. “That’s how the Obama legacy will be judged.”
Eager to show results, the Obama administration in late January made the biggest breach yet in the embargo by permitting Americans to trade with state-owned companies, which control much of Cuba’s commerce and are run, mostly, by the military.

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The move was a concession to reality: Efforts at opening commerce had, until then, targeted everyday Cubans. But with the island’s trade apparatus controlled by the state, trying to sell American cement to Cuban homeowners or stoves to privately owned restaurants is impractical and of little interest to the Cuban government.

The Obama administration has “accepted the fact that they have to do business with Cuban state enterprise,” Mr. Propst said. The administration is expected to loosen restrictions on trade and travel even further and announce new commercial deals with Cuba before Mr. Obama’s arrival on March 21.

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John S. Kavulich, the president of the U.S.-Cuba Trade and Economic Council, said he had counted about 500 visits to Cuba by American businesspeople since December 2014 and more than 140 visits by United States representatives and officials. But, he said, he could count the number of business deals they had reached on his fingers.

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In interviews, American entrepreneurs, business lawyers and consultants described a culture gap that often seems the size of the Florida Straits, with Americans expecting swift decisions and baffled by the time and meetings required to get answers from Cuban officials.

Kevin Ellis, the chief executive of Cayuga Milk Ingredients, a dairy company in Auburn, N.Y., met with officials at Alimport, a state import company, in Havana in April about selling milk powder. The officials were polite, said Mr. Ellis, who was part of a whirlwind delegation led by Gov. Andrew M. Cuomo of New York. But they seemed more interested in talking about the embargo than about milk, he said.

On his return, Mr. Ellis twice emailed Alimport, in Spanish, about sending samples, but did not get a response.

“I took that as a ‘No,’ ” he said.

almendrones y política

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Gobernador Terry McAuliffe en La Habana (hotel Habana Libre), al timón de un Chevrolet BelAir de 1956. Imagen tomada de la cuenta de Twitter del gobernador. 5 de enero de 2016.

Ahora fue el turno del gobernador del estado de Virginia, Terry McAuliffe. No más viajó a Cuba a inicios del 2016 se retrató con Lola, el automóvil clásico con nombre de puta y color de conejita de Playboy que los anfitriones cubanos ponen siempre a disposición de los más ilustres de sus vecinos del norte que se llegan de visita a la isla. Antes, ya la había trajinado el gobernador de Nueva York Andrew Cuomo, el primero en visitar la isla después del deshielo diplomático entre los dos países. De ello comenté en el texto Los almendrones, la política y la moda, del que reproduzco, con ligeros cambios, la segunda mitad, Almendrones y política:

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Menos predecible es, en cambio, la afiliación del almendrón con los discursos simbólicos que han acompañado el deshielo diplomático entre Cuba y los Estados Unidos. En agosto pasado, casi todos los medios de prensa que cubrieron la noticia comentaron sobre los tres almendrones estacionados tras el podio del secretario de Estado de los Estados Unidos John Kerry, justo frente al mar que separa a La Habana del punto más al sur de la Florida, durante la ceremonia que oficializó la reapertura de la embajada norteamericana en Cuba.

Con posterioridad, Kerry saludó al dueño de un flamante Chevrolet Impala de 1959 de color negro, estacionado en la Plaza de San Francisco al lado de un almendrón blanco y turquesa, durante el recorrido que realizara por la Habana Vieja, como también hiciera el gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, en su visita a La Habana algunos meses antes, posando para la ocasión junto a un igualmente esplendoroso Chevrolet de 1956 en tonos de rosado, estacionado en algún punto de su recorrido.

Un simple repaso a las fotos publicadas en torno a la visita del secretario de Estado John Kerry a Cuba revela que los almendrones estacionados en la Plaza de San Francisco fueron los mismos que “adornaron” la escena del podio desde donde se oficializó la última maniobra del “deshielo” diplomático entre los dos países, lo que podría indicar que estos emplazamientos fueron planificados. La prístina apariencia de todos los almendrones con que se han “tropezado” los políticos de Estados Unidos de visita en Cuba, tan diferente de los desvencijados almendrones que a diario recorren las calles habaneras, sugiere también una intención de construir cierta escenografía.

Solo el Gobierno de la Isla puede haber “construido” estas escenas. Es la única instancia con poder para contravenir las regulaciones de la policía de tránsito y estacionar vehículos en zonas cerradas al tráfico motorizado, como son la Plaza de San Francisco y el tramo del Malecón donde se encuentra la embajada norteamericana, cerrado desde horas antes del inicio de la ceremonia que oficializó la reapertura de la sede diplomática.

Poco se ha revelado de los acuerdos a los que han llegado, tras año y medio de conversaciones secretas, los gobiernos de los Estados Unidos y de Cuba, y poco se puede anticipar del curso que tomarán los cambios que se deriven de los mismos. Sin embargo, la recurrente apelación al automóvil clásico como recurso escenográfico, con todo y cuanto remite a una tácita sinergia entre la vida cotidiana cubana y los productos de la industria del “vecino del norte”, debe pensarse como algo más que un guiño de aprobación al nuevo acercamiento diplomático y al florecimiento de la gestión privada en Cuba.

Estos automóviles evocan una década que, si bien mucho más próspera, fue testigo de cortapisas al ejercicio democrático en Cuba por parte de un poder usurpador que nunca fue legitimado en las urnas, con el que, sin embargo, los Estados Unidos mantuvieron excelentes relaciones. El actual poder político cubano pudiera querer insinuar, con esta utilería cincuentera, la posibilidad de relaciones entre las dos naciones independientemente de la existencia de un orden político no democrático en la Isla. La diplomacia norteamericana, por su parte, pudiera buscar una tácita alusión a los millones de dólares reclamados como compensación por las propiedades expropiadas por el Gobierno cubano.

Son sólo hipótesis, pero, en cualquier caso, la protagónica presencia de almendrones en los discursos simbólicos de la diplomacia bilateral da cuentas del bien llevado equilibrio entre el poder y las mitologías estéticas. No sería entonces fútil proponer trascender el clásico almendrón para buscar nuevas metáforas con las cuales impulsar una Cuba tan próspera como genuinamente democrática.

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Gobernador del estado de Nuevo York Andrew Cuomo al timón del almendro Lola. 2015. Imagen tomada de internet.