canicas de cristal

canica

Canica. circa 1980. Colección Cuba Material.

¿Dónde se fabricaban las canicas de cristal con que jugaban los niños cubanos en las décadas de los años 1960s, 1970s y 1980s en Cuba? ¿Se importaban de China? ¿De la URSS? Se compraban una vez al año, durante la venta anual de juguetes que el gobierno organizaba en todas las tiendas del país durante varios días, única oportunidad en que los niños cubanos renovaban, o ampliaban, el repertorio de juguetes con el que jugarían durante los siguientes doce meses y única vez en que sus padres les regalarían juguetes a sus hijos, a menos que se arriesgaran a adquirirlos en la bolsa negra o tuvieran la posibilidad de viajar al extranjero por motivos de trabajo. Como era niña, nunca se me antojó comprar canicas con una de las escasas tres posibilidades de juguetes a que tenía derecho. Pero la forma y los colores de las “bolas”, como les decimos en Cuba a las canicas, me gustaban mucho.

4 comentarios
  1. George Gautier
    George Gautier Dice:

    Venían de China, recuerdo una vez llegué a ver la bolsita original que era como una malla plástica roja con un cierre que asemejaba un candado plástico también y ahí fue donde me fijé en el made in China. Había tres tamaños, unas muy pequeñitas que nadie las quería, las estándar que todos conocemos y una que les llamábamos “bolones” pero al ser tan grandes y pesados, se partían enseguida con la colisión en el juego. Entre las estándares, habían los “tiritos” que no eran transparentes sino blancas con jaspeados de colores, las “cuatripaletas” porque por lo general tenían solo tres pétalos dentro y unas que eran apreciadísimas que venía 5 y hasta siete “paletas” cada paleta con un color distinto y siempre nos rompíamos la cabeza preguntando como podrían hacer tal cosa. Gracias por tu trabajo, siempre muy interesante.

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  2. Teresa Dovalpage
    Teresa Dovalpage Dice:

    ¡Ah, sí, yo también me acuerdo de los bolones! Me encantaban, por lo bonitos. Nunca aprendí a jugar con ellos pero los guardaba en un pomo de cristal. Una vez le mandé un bolón a un carro que pasaba bajo el balcón de nuestro apartamento y le rompí el cristal trasero. (Me acuerdo porque fue una de las pocas maldades que hice, yo era muy bien portada). Pues el chofer subió la escalera hecho una fiera y mi abuela le dijo: “De aquí no se la tiraron, vaya al piso de arriba. ¿Usted no ve que en esta casa nada más hay una niña?”

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